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Aqu� es donde vivo, en el barrio de Mile-End,
en Montreal, Canad�.
Todos creen que soy canadiense franc�s.
Porque sue�o, yo no lo soy.
Porque sue�o, yo no lo soy.
Los que no creen m�s que su propia verdad...
me llaman Leo Lozeau.
Dicen que es mi padre.
Pero yo s� que no soy su hijo.
Porque ese hombre est� loco, y yo no.
Porque sue�o, yo no lo estoy.
Como se manten�a escondido,
nunca vi la cara de mi verdadero padre.
Ante la histeria de mi madre...
el doctor no tuvo valor...
para decirle que estaba embarazada...
de un tomate contaminado.
Desde este sue�o, exijo que me llamen...
Leolo Lozone.
Nadie tiene derecho a decir que no soy italiano.
Italia es demasiado bonita...
para pertenecer s�lo a los italianos.
Entre mi habitaci�n y Sicilia...
hay 6.889 km.
Entre mi habitaci�n y la casa de Bianca...
hay 5,80 metros.
Y sin embargo,
�est� tan lejos de m�!
"Bianca, amor m�o.
Bastan tres palabras para escribir.
Bianca, amor m�o.
He tomado el camino m�s corto".
�Le�n! �Acu�state!
�Leolo!
�Leolo Lozone!
�Me llamo Leolo!
�C�llate, idiota!
�Cierra la puerta o nos helaremos!
�Leo, a tu habitaci�n!
No intento recordar las cosas que ocurren en los libros.
Lo �nico que le pido a un libro...
es que me inspire energ�a y valor.
Que me diga que hay m�s vida de la que puedo abarcar.
Que me recuerde la urgencia de actuar.
Era el �nico libro que hab�a en casa.
Nunca me pregunt� c�mo hab�a ido a parar all�.
Era gordo.
Las palabras se amontonaban.
Y exig�an gran concentraci�n para desvelar sus secretos.
En casa, nunca vi a nadie leer o escribir.
La tele y los carteles publicitarios invad�an mi mente.
Al principio,
s�lo le�a las frases subrayadas sin entender demasiado.
Recuerdo haber querido dejarlo...
porque no ten�a ilustraciones.
"S�lo encuentro momentos felices de soledad.
Mi soledad es mi palacio.
Ah� tengo mi silla, mi mesa y mi cama,
mi viento y mi sol.
Cuando me siento fuera de mi soledad,
estoy sentada en el exilio.
Estoy sentada en "El Pa�s del Enga�o".
Porque sue�o, yo no lo estoy".
Como sue�o, no estoy loco.
No lo estoy.
Como sue�o, no lo estoy.
Empec� a escribir todo lo que me pasaba por la cabeza.
Mis familiares se convirtieron en personajes de ficci�n.
Y hablaba de ellos como de extra�os.
Hasta donde alcanza mi memoria,
los olores y la luz soldaron mis primeros recuerdos.
Mi abuela convenci� a mi padre de que la salud...
florece al cagar.
No llores, cari�o.
Haz como mam�.
Empuja, Leo.
Empuja, amor m�o.
"Hasta donde alcanza mi memoria,
los olores y la luz soldaron mis primeros recuerdos.
Mi abuela convenci� a mi padre...
de que la salud florece al cagar".
As� que todos los viernes,
nos hac�a engullir laxantes...
para purificarnos de todas las enfermedades del mundo.
Ven, Leo. Ven a ver a pap�.
Ven hijo. No te doler�.
La mierda se hab�a convertido...
en la obsesi�n de la familia.
Hasta donde llegan mis recuerdos,
hab�a una rata en la ba�era...
y una noche,
hasta hubo una pava...
que mi madre hab�a ganado en el cine.
Era gorda y sucia.
Lo que le quedaba de pluma estaba h�medo y ol�a mal.
No llores, cari�o.
Haz como mam�.
Empuja, empuja.
Empuja, amor m�o.
No llores, cari�o.
Haz como mam�.
Haz como mam�.
No llores, cari�o.
Haz como mam�.
Este era el domador de versos.
El domador hurgaba por las noches en todas las basuras del mundo.
S�lo le interesaban las cartas y las fotos.
Llevaba cada sonrisa,
cada mirada, cada frase de amor...
o cada separaci�n,
como si se tratara de su propia historia.
El domador cree que las im�genes y las palabras...
deben mezclarse en las cenizas de los versos para renacer...
en la imaginaci�n de los hombres.
Hay que so�ar, Leolo.
Hay que so�ar.
Me llev� tiempo comprender...
que �l era la reencarnaci�n de Don Quijote...
y que hab�a decidido luchar contra la ignorancia...
y protegerme del abismo de mi familia.
Porque sue�o, yo no lo estoy.
Yo no lo estoy.
S�lo el papel.
No agarres basura.
Eso no sirve para nada, est� roto.
Aunque el disco estaba roto,
recuerdo haber guardado el �lbum...
por su preciosa funda.
Vamos, Leo. Te pago para que trabajes.
Hola, Mo.
Oye, Mo.
�Todav�a compras a los hermanitos franchutes?
Escucha, Mo.
Te dar� todo el papel que necesites a mejor precio.
Te lo digo en serio.
Leo, retoma el resto y m�telo en el coche.
Trabaja bien este Leo, �eh?
Fernand, hazme caso.
El papel es asunto m�o.
No vas a seguir trat�ndome as� de mal, �no? Ya entiendes.
Lozeau.
Oye, Lozeau.
Vas a tener que cambiar de zona.
Este es mi territorio, �verdad?
�Fernand!
Desde esa fecha,
el miedo dio a mi hermano...
la raz�n de ser.
Vamos, chico. Echa m�s piedras. Tiene que pesar.
Vamos, m�telas. Aunque se salgan.
As�, Fernand nunca m�s tendr�a miedo de nadie.
Y, cuando mi hermano sea una monta�a,
yo tampoco tendr� miedo.
Y podr� ir por todas las callejuelas de la tierra...
a decir a todos los mierdas de este mundo lo que pienso de ellos.
�Ay del que no incline la cabeza a nuestro paso!
Hasta los moros y los jud�os tendr�n miedo de nosotros...
de lo alto que estar�, sobre los hombros de mi hermano.
Me despierto muy temprano.
Volver de los sue�os a lo cotidiano es brutal.
Como siempre, duermo con Fernand.
En una cama grande, la de mis abuelos,
gastada por mis padres y quemada por nosotros.
Rasco pegotes de chicle pegados en el colch�n,
de cuando mi padre tem�a despertar a mi madre...
con su aliento de hombre de taberna.
"�Ay de aquellos que no inclinen la cabeza a nuestro paso!
Los �rabes y los jud�os...
tendr�n miedo de m�.
De lo alto que estar� sobre los hombros de mi hermano".
Si te lavas las manos, podr�s sentarte a comer tarta.
No se preocupe. Est� como nuevo. Va envuelto en pl�stico.
Mi abuelo, sin ser un hombre malo,
ya hab�a intentado matarme.
�Ni�os, cuidado! �No vayan a salpicar al abuelo!
Vengan a comer papas fritas.
�Eh, abuelo!
Recuerdo que no me asust�...
y que so�� con la hermosura del tesoro.
A lo mejor era porque ya estaba muerto.
Sobre todo, recuerdo la blancura de esa luz...
que vi por primera vez.
�Albert! �Suelta al ni�o!
�Su�ltalo, Albert, lo vas a matar! �Suelta al ni�o!
Era un grito horroroso.
Un gran "Te quiero" que resonaba como si viniera del fondo del alma.
Te quiero, mam�.
Mi madre ten�a la fuerza de un gran barco,
en un oc�ano enfermo.
�Albert, suelta al ni�o!
Esta vez, p�rtate bien, Leo.
Mama, Leolo. Leolo Lozone.
S�, Antonio.
Cuando te hable la doctora, contesta. Lo hace por tu bien.
A veces, en el hospital, tambi�n estaban mi hermana Nanette,
mi hermana Rita,
mi hermano Fernand...
y mi padre.
Como si la herencia de mi abuelo hubiera afectado a toda la familia.
Como si la c�lula sobrante...
hubiera germinado en el cerebro de todos.
Hola.
�Qui�n hablar� primero hoy?
�Por qu� no t�, Leo?
Porque me llamo...
Leolo Lozone.
Adem�s, no se habla con desconocidos.
Bajo la influencia de su madre, a�oraba Sicilia.
Su voz desgarrada rayaba el talento.
En aquella �poca, nuestra diferencia de edad...
parec�a una frontera infranqueable.
Y yo viv�a mi deseo en silencio.
Pocas veces nos reun�amos todos en casa...
o parec�amos una verdadera familia.
�Cu�ndo vas a bajar de las nubes?
Deber�as hacer los deberes, en vez de escribir tus tonter�as.
Mi padre era un hombre como tantos otros.
Un perro que mord�a su vida perra.
Bajito, rechoncho, rubicundo,
surcado por arrugas que nada dec�an de su cara,
salvo para gritar la edad que las hab�a clavado.
Ten�a una expresi�n entre "hola" y "adi�s",
como de un eterno mediod�a...
mermado por un pu�ado de tiempo.
Su frente se extend�a hasta el d�a siguiente de su barbilla,
donde el cuello se aferraba desesperadamente a unos hombros.
Nanette.
Mi querida Nanette. No te guardo ning�n rencor.
A veces, se encontraban al mismo nivel, en su delirio,
y era f�cil visitarlos, los domingos, en la sala principal.
Pero, otras veces,
hab�a que ir de un lado a otro para verlos a todos,
y los pasillos eran inmensos.
Uno pod�a pasarse all� el d�a entero.
Leo.
Me han robado a mi beb�, Leo.
Me han robado a mi beb�.
Eran hermosos los domingos del invierno.
Extra�a.
Angustiosa.
Pestilente.
Sin amigos.
Sin luz.
Oculta en las profundidades de la Tierra,
mi hermana,
la Reina Rita,
se hab�a convertido en un guardi�n de mi colecci�n de bichos.
Me quedo con tus bichos.
Eso no, Rita.
Toma esto, pero mis bichos, no.
�Leo!
�Espera, pap�!
No te preocupes, te va a gustar.
Mi padre era tan alentador como un entrenador de b�isbol.
La mierda lo enorgullec�a como si yo volviera de la guerra.
Mi amor.
Mi dulce amor.
Era c�lida y amorosa.
Mi �nico amor.
Me gustaba que me abrazara entre sus grasas.
El olor de su sudor me tranquilizaba.
Una noche mi padre descubri� nuestro escondite...
y conden� la puerta del s�tano.
Atrapada en la trampa de la luz diurna,
sola, despojada de su reino,
sin el zumbido de los bichos para tranquilizarla,
mi hermanita, tan fr�gil,
la Reina Rita,
se abandon� a la deriva.
En su infancia, Fernand hab�a tenido problemas escolares.
En quinto a�o,
lo pusieron en una clase de retrasados, con esquizofr�nicos,
psic�patas,
dos gemelos epil�pticos, un travest� y un albino.
Hasta en esa clase,
cate� los ex�menes finales 3 a�os seguidos.
Se�ora Lozeau.
Un orientador que visit� su colegio...
le pidi� que hiciera un dibujo.
Una hora despu�s, Fernand entreg� una hoja en blanco,
declarando que hab�a dibujado un conejo blanco en la nieve.
En la nieve, por los dos lados.
Pero si est� aqu�, �no lo ve? Est� aqu�.
Sr. Director, a lo mejor podr�a...
Orientador, Sra. No director.
Sr. Orientador.
Pues podr�a orientarme...
sobre un ni�o de 14 a�os...
que no va al colegio.
Lo siento, Sra. Lozeau. Pero esto no puede seguir as�.
Lo siento.
Anda, vamos a casa, hijo.
Tres d�as despu�s, entr� a trabajar en Dominion Glass.
�Idiota!
�Qui�n te has cre�do que eres?
Cagas y apestas tanto como yo.
Yo tambi�n podr�a haber ido a la escuela hasta los 40 a�os,
si ese no me hubiera jodido con sus cuatro cuartos de pensi�n.
�Qui�nes se creen que son? Me metieron en 5� con los tontos.
Se creyeron que era anormal.
Que se vayan todos a la mierda.
No te hagas el fino, mocoso...
que vienes del mismo agujero que yo.
S�lo que yo nac� mucho antes que t�.
�No juegues con la comida!
Se acerca la primavera.
Los p�jaros no paran de berrear que est�n hartos del invierno.
Fernand los acompa�a...
con sus ronquidos grasos y mocosos.
Siento arcadas cada vez que aspira.
Adopta una posici�n fetal.
Su camiseta es el �nico escudo de su pudor.
Descansa, tan consciente como de costumbre.
Cien kilos de m�sculos.
Un magn�fico beb� demasiado grande.
La habitaci�n est� dividida en dos:
Mi lado y el de Fernand.
El suyo se agranda a medida que se hinchan sus brazos.
En la habitaci�n est�n su radio y mi tocadiscos.
La radio de Fernand tiene prioridad porque...
paga pensi�n y sus b�ceps entierran mi m�sica al enfadarse.
Bianca, amor m�o.
Mi dulce amor.
Mi �nico amor.
Mi Italia.
No, esto no. As� no.
Me aburre.
Ya sabes lo que quiero.
- S�lo una vez m�s - No.
Hazlo por m�.
Leolo.
Leolo, ven.
Y una noche, entend� de d�nde ven�a esa luz.
Era Bianca que, desde hac�a tiempo,
cantaba para m� en el fondo del armario.
Bastaba con tomarse el tiempo de escribir:
"Bianca, amor m�o.
Mi dulce amor.
Mi �nico amor.
Mi Italia".
John y Mary eran nuestros gu�as de la lengua inglesa.
Los modelos de la perfecta convivencia.
En la escuela, me parec�a que yo era el �nico inquieto.
El �nico en angustiarse porque faltasen detalles...
en el cuerpo de John y de Tint�n.
A los doce a�os, sab�a que "nose" quer�a decir nariz,
en ingl�s.
Y que el Congo era una antigua colonia belga de �frica Ecuatorial.
Pero nadie hablaba de esa cola que se hinchaba entre mis piernas.
Estaba ausente en la tabla de los �rganos de John.
No sab�a el nombre ni en ingl�s ni en franc�s de esa cosa.
Durante mucho tiempo, cre� que los ingleses no ten�an.
Casablanca.
�Capital?
Dakar.
�Pa�s?
Senegal.
�Vamos, carajo!
�Voy!
Leo, abre la puerta.
Espera, ahora voy.
Espera.
Espera.
Ya voy.
�Ya!
�Un momento!
Voy a tirar la puerta.
Abre de una vez.
�Qu� pasa aqu�?
Me iba a ba�ar,
y el agua est� tan caliente, que me he quemado.
Huele raro aqu�.
No.
�Carajo!
De todos modos...
No tardes una hora.
Dej� de ver el rosa, un rosa sucio.
Un rosa muerto.
Ya no siento mi carne.
Ya no estoy en ella.
Cada vez m�s atra�do por el placer,
llegu� a olvidar a Tint�n...
y que el Congo Belga se hab�a convertido en Zaire...
en 1960.
Me hab�a convertido en un obseso.
Fernand ya no consegu�a agotarse s�lo con sus abdominales...
y decidi� pagarme...
para que me sentara en sus hombros.
De esta manera, empec� a disfrutar con la lectura.
Toma, �seguro que no quieres?
No. No me gustan los animales muertos.
Mira tu hermano. A �l s� que le gusta.
Tiene mucho hierro.
Mira lo fuerte que est�.
�Qu� es esto?
Pues... no s�.
A lo mejor era un cerdo con piedras en el h�gado.
Hasta donde llegan mis recuerdos de haberme empalmado...
estaba Bianca.
Ese era el nombre de una hermosa vecina siciliana...
que nunca hab�a visto Italia, y que me cuidaba de vez en cuando.
Mi abuelo le redondeaba sus ingresos.
No, con las tijeras no.
Con amor.
Toma.
Toma lo que quieras.
Todo esto es para ti.
Pero h�zmelo una vez m�s.
No.
�Por favor!
H�zmelo una vez m�s.
S�lo una vez.
Vamos, h�zmelo.
Muy joven, me encantaba refugiarme bajo el agua.
El fondo de nuestra piscina era azul cielo.
Hab�a un tesoro de piratas...
en los restos destripados de un barco.
Empec� a robar para comprarme mi primer equipo de buceo.
Tus tetitas.
Ens��ame tus tetas.
Estaba siempre confuso entre las ganas de vomitar...
y las de masturbarme.
Entre las ganas de odiar a esa chica...
o de matar a mi abuelo.
Hazlo otra vez.
No.
S�.
Cerdo, asqueroso.
Mi madre nos regal� una bonita rosa de pl�stico.
Para alegrar la habitaci�n.
Por eso de que la flor es una imagen...
o m�s bien una idea de la naturaleza.
Su rojo escarlata estaba asfixiado por el polvo...
que cada vez la iba enterrando m�s.
Si al menos...
alguien de la familia pudiera darse cuenta...
de que esa flor carece de naturalidad...
con su etiquetita dorada...
"Made in Hong Kong", pegada bajo un p�talo.
Bastar�a...
con un peque�o gesto, sin esfuerzo...
para despegar esa etiqueta...
y empezar a creer en esa ilusi�n.
Pero me niego a tocarla.
No quiero quedarme...
en este cementerio de muertos vivientes.
Pero mis dedos del pie me recuerdan que estoy aqu�.
Salen de un agujerito, en el extremo de mi manta.
Cada d�a, sin que yo mismo me d� cuenta,
consigo asomar un dedo m�s que el d�a anterior.
Ma�ana asomar� mi pie entero.
Y mi pierna.
Y pronto ser� mi cuerpo.
He de abandonar esta vida,
antes de estrangularme con este agujero.
No corran por el pasillo. Se�or.
�Es usted el Sr. Deguire, el maestro de Leolo?
�Leo qu�?
Leo. Leo Lozeau.
Ah, s�, s�. �Es usted el padre?
No, s�lo un amigo.
�Ha le�do usted los textos de Leolo?
Deber�a echarles una ojeada.
Tengo 40 alumnos.
Si dedicara una hora m�s a cada uno,
me pasar�a la vida aqu�.
Pero, Lozeau, como todos los dem�s,
acabar� de carpintero o de mec�nico.
Los m�s intelectuales acabar�n escribiendo multas, con suerte.
Aqu�, la poes�a no sirve para cambiar pistones.
Pero usted es su profesor. Podr�a aconsejarle ciertas lecturas.
Soy el tercer profesor del curso de Lozeau en lo que va de a�o.
A los dos, les dieron una paliza.
Mi especialidad no son las letras, es el judo.
Y pienso acabar el curso.
�Leo, a cenar!
�Leolo!
�Leolo Lozone!
Yo quer�a a Fernand. Por la ternura de su ignorancia.
Como yo sue�o, yo no lo soy.
Me la has apretado demasiado. Duele.
Otra vez no ir� en autob�s a retomarte a la quinta pu�eta.
Pero si ni siquiera me he acabado el bocadillo.
No vas a conseguir la bici comiendo bocadillos.
Y viendo pasar los barcos. Vamos, mueve el culo.
�Me ayudas?
Mira, Fernand.
Si fueran m�s baratas, te las comprar�a todas.
Cada semana me regateas 25 centavos.
Si te hiciera caso, te las tendr�a que regalar.
Tres billetes por la caldera.
Pero si est� oxidada, Fernand. Es car�sima.
Oye, �has trabajado alguna vez en tu vida?
Ya pican.
Rebobina y tira.
�Mierda! Lo he perdido.
- Te dije que rebobinaras. No. Me dijiste que tirara.
- Dije "rebobina y tira". - No. Me dijiste "tira y rebobina".
Menos mal que no eres friolero, Leo.
As� podr�s comprarte la bici.
Fernand, hazme una rebaja, tres billetes es demasiado.
Mi hermano casi toma una pulmon�a por nadar en esa mierda...
y te parece caro.
Dos billetes y dos anguilas.
�Hecho?
De acuerdo. Voy por ellas.
�Hombre! �Los franchutes en persona!
Oye, Fernand.
�Qu� tal te ha tratado Ben Weider?
Parece que da dinero eso de hacer trabajar al hermanito Leo.
No nos toques las bolas.
�Quieres que mi hermano te parta la cara...
y que te haga morder el polvo?
Suj�tala, Leo.
�Es de verdad, Fernand?
�Has tomado las vitaminas?
Impresionante, Fernand.
�Puedo tocar?
�Quieres que te ense�e algo mejor?
Mira, mira. Vas a ver lo que tengo aqu�.
Ven, Fernand. Ven a pegarme. Anda, ven.
Vamos, Fernand. Ven a pegarme.
Vamos, Leo.
�Fernand?
Vamos, Fernand.
Ven a pegarme, carajo.
Suelta la bici.
Vamos, lev�ntate. Ven a pegarme.
Vamos, Fernand. Ven a pegarme, chico.
Y ese d�a...
entend� que el miedo habitaba en lo m�s profundo.
Y que una monta�a de m�sculos
o un millar de soldados no podr�an cambiar nada.
Juzgado y condenado responsable de los problemas de la familia...
en un momento de desesperaci�n...
hab�a decidido matar a mi abuelo, a quien quer�a.
�Leo, a cenar!
�Leo?
�Albert! �Leo! �Leo!
�Sabes lo que significar�a un intento de asesinato?
Nunca fuiste violento.
Te vas a destrozar...
si sigues creyendo que tu abuelo es responsable de lo que pasa.
Tu madre es fuerte.
Muy fuerte.
Es una fuerza de la naturaleza.
Nunca se ha venido abajo.
A pesar de los malos momentos que ha tenido que soportar.
Leo, t� te pareces mucho a ella.
Conozco tu miedo.
Pero no puedo hacer nada...
si te niegas a hablar conmigo.
Para hacer los deberes, dispongo de la mitad de un pupitre.
Cuando Fernand no lo necesita para contar los 42 billetes...
que gana en Dominion Glass.
Veintisiete...
Fui al cine.
Ci-ne.
Dos billetes.
Com� patatas fritas. Pa-ta-tas.
Diez centavos.
Autob�s. Au-to-b�s.
Bastaba con que me pusiera a leer o escribir...
para que Bianca viniera a cantar para m�.
El domador ten�a raz�n.
Hab�a un secreto en las palabras engarzadas.
Bianca, amor m�o.
Mi �nico amor.
Mi dulce amor.
Bianca, amor m�o.
Mi dulce amor.
Mi �nico amor.
Un vendedor ambulante grita en el vac�o.
A�n queda sangre, esta ma�ana, para emborronar cien p�ginas.
A�n hay gente que las compra para satisfacer su rabia.
Desenfundo mi pistola y disparo a los coches.
Miro el ca��n y apunto hacia mi padre.
Me gustar�a tomar un gran petardo y met�rselo por el culo.
Porque estoy esperando el autob�s.
Y lo esperar� la semana que viene...
seguir� esperando.
Todos los domingos,
nos vamos de p�cnic a la isla de Sainte H�l�ne.
Como mi padre no tiene coche...
Es como nuestro campo, en un rinc�n de la ciudad.
Nos aburrimos junto a los muelles,
mirando c�mo pasan los barcos.
Comemos pepinos en la hierba.
A lo mejor ya va siendo hora...
de que me meta el ca��n en las narices...
y esparza mi pensamiento.
A los muy hijos de puta...
les dar�a algo al verme reventar antes del retiro.
Aunque el instinto me gui� hasta all� directamente,
pregunt� el n�mero de su habitaci�n.
Se me hizo raro pronunciar su apellido,
porque tambi�n era el m�o.
Rita...
Te he tra�do mis bichos.
Te los puedes quedar.
�Rita?
Esa fue la �nica vez que me atrev� a acariciar a mi hermana.
En ese momento s�lo pod�a pensar...
en una escena de pel�cula.
Y, como siempre,
me contemplaba a m� mismo jugar a la vida.
Que sea la �ltima vez que llevas bichos vivos al hospital.
No los guardes en tu habitaci�n. �Apestan!
�Cobarde! �Cobarde!
�C�mo que no soy capaz?
Poned 5 billetes en la mesa y ver�is.
Vosotros no ten�is huevos.
Pongan 5 billetes en la mesa y ver�n.
No hay aqu� ni un maldito que se atreva.
Ni siquiera t�. Ni t�.
Pongan 5 billetes en la mesa y ver�n.
Esta noche el ni�o Godin volver� tarde a casa.
Su madre le mirar� los dedos...
por miedo a que el nene fume a escondidas.
No, Sra. Godin.
Su hijo se folla todo lo que pilla.
Tiene la pilila devorada por las bacterias.
Y se traga todas las pastillas que encuentra...
para olvidarla a usted.
Los domingos, cuando le obliga a ba�arse para ir a la iglesia,
�l aprovecha para prostituirse...
con su entrenador de hockey.
La carne blanca se vende mejor.
Pero, sobre todo, no se preocupe.
No fuma, porque se asfixia.
Sexo.
Descubr� lo que era follar entre la ignorancia y el horror.
En lo m�s profundo de nuestros seres,
sab�amos que el dinero no era m�s que un pretexto...
y que lo har�a de todas formas.
Pero el parip� de nuestras apuestas calmaba la angustia del miedo.
La pobre gata no se defendi�.
No ten�a u�as.
La Sra. Quimet cuidaba mucho sus cortinas.
�Ah, qu� suerte tuviste, Mil�!
El ni�o Godin no era vecino de Tint�n.
Como no ten�a el valor de asumir mi amor por Bianca,
me conformaba con Regina.
�Voy a acabar! �Qu� bien hueles! �Vamos, Regina!
�M�s deprisa! �M�s deprisa!
A veces, me pasaba noches enteras...
leyendo o escribiendo decenas de p�ginas sin verla.
Bianca se hab�a vuelto exigente.
Sab�a que la enga�aba con Regina...
y hab�a decidido castigarme.
�Bianca!
�Bianca!
�Leo!
�Mam�!
�Leo est� malo!
�Leo!
No me hagas esto.
T� no.
Eres tan fuerte.
Aguanta.
No te me vayas.
�Leo!
No me hagas esto.
�Leolo!
Como sue�o, yo no lo estoy.
Como sue�o...
sue�o.
Porque me abandono por las noches a mis sue�os,
antes de que me dejen el d�a.
Porque no amo.
Porque me asusta amar.
Ya no sue�o.
Ya no sue�o.
"Como sue�o, yo no lo estoy.
Como sue�o, sue�o.
Porque me abandono por las noches a mis sue�os,
antes de que me dejen el d�a.
Porque no amo.
Porque me asusta amar.
Ya no sue�o.
Ya no sue�o".
Habr� que disminuir...
la dosis de Largactil a 100 mg, intramuscular.
Ya no sue�o.
Ma�ana, ll�velo...
con los dem�s miembros de su familia.
En la sala com�n.
"A ti, la dama,
la audaz melancol�a...
que, con grito solitario, hiendes mis carnes ofreci�ndolas al tedio.
T� que atormentas mis noches, cuando no s� qu� camino tomar,
te he pagado cien veces mi deuda".
A ti, la dama,
la audaz melancol�a...
que, con grito solitario, hiendes mis carnes ofreci�ndolas al tedio.
T� que atormentas mis noches, cuando no s� qu� camino tomar,
te he pagado cien veces mi deuda.
Con las brasas del ensue�o,
no me quedan m�s que cenizas de una sombra de la mentira...
que t� misma me hab�as obligado a o�r.
Y la blanca plenitud...
que no era como el viejo interludio.
Y s� una morena de finos tobillos...
que me clav� la pena...
de un pecho punzante en el que cre�.
Y que no me dej� m�s que remordimiento de haber visto...
la luz nacer sobre mi soledad.
"E ir� a descansar,con la cabeza entre dos palabras...
en el Valle de los Avasallados".
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