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Lo que les vamos a contar ha pasado realmente.
Y, como todas las historias verdaderas, les parecerá increíble.
Cuando en Italia habían más escombros que casas,
y millares de sin techo
estaban empeñados en una auténtica caza de vivienda
quien tuviese la suerte de encontrar una libre,
si quería que se la asignasen,
debía correr a denunciarla al Instituto de la Vivienda.
Tiempos duros,
en los que para sobrevivir hacia falta temple, ojo
y buenos reflejos.
- ¿Qué ha pasado? - Han asesinado a una pintora.
- ¡Le han dado 39 cuchilladas! - ¡No, una!
- ¿Vivía sola? - Sí.
- ¿En qué piso? - En el último.
- ¿Cuántas habitaciones? - 2, 3... Yo qué sé.
- Perdone, ¿pero a usted qué le importa? - ¡Permiso!
- ¿Dónde van? - Un momento. ¡Lo he visto primero!
¡Oh, espera!
ARREGLAOS
¡Plaza Vittorio, San Giovanni!
- ¡Venga, arriba, chiquillo! - ¡Vamos!
¡Plaza Vittorio, San Giovanni!
- ¡Dese prisa, señora! ¡Va, deprisa! - ¡Vamos!
¡Deprisa! ¡Vamos!
Pero, ¿qué hace éste? ¿Va a remolque?
¿A ti qué te importa? ¡Ahora somos libres! ¡La guerra ha terminado!
- ¡Está prohibido! - Eh... - ¡Sinvergüenza!
- Déjelo en paz... - ¡Es un abuso! ¡Va a remolque! ¡Está prohibido!
¡Taxi!
- ¡Mira qué vendo! ¡Qué cosas! ¡Señora! - ¡Taxi!
Y una chaqueta de caza, ¡venga, cazadores!
¡Calle Pistoia 45!
- ¡Lo he dicho primero! - ¡No, he sido yo!
- ¡Yo soy un indemnizado! - ¡Y yo prófugo!
¡Yo soy un indemnizado!
No me gustan, Peppino. Tienen cara de malos.
Tienen los pómulos altos, eslavos. Y además, será poco tiempo.
¡Sé superior! ¡En un mes vuelven a su casa!
¡Peppino!
¡Peppino!
¿Hemos llegado?
¡Sí, papá! ¡Venga con los niños!
¿De qué clase es usted?
¿Mande?
No, digo, ustedes los istríanos, son bilingües, ¿verdad?
¿Mande?
- Vaya a coger una silla, ¡venga! - ¿Quién? ¿Yo?
¡Cójasela usted! ¡Yo no soy su criado!
Lleva tres horas diciendo "¿mande?" y yo le mando, ¿no?
¿Cómo que me manda? ¡Yo no recibo órdenes de nadie!
Han pasado 13 años.
Hoy en Italia, hay más casas que inquilinos,
pero en calle Pistoia 45, en el último piso,
hay más niños que camas.
¡Voy! ¡Voy!
¡Vosotros, a la escuela!
¡Mamá se ocupa!
Ahora vamos aquí, ¡y te lo dejo bien limpito!
- ¡Un momento! - ¡Eh! Y si está ocupado, ¿qué pasa?
Eso, así, muy bien... Ya está...
¡No te suenes en el lavabo!
¡Llevo 13 años diciéndolo!
Si para sonaros la nariz no queréis usar los dedos...
¡utilizad un pañuelo! ¡Guarros!
- Papá, ¿qué querías? - Ah, eres tú...
- ¡Era él! - Eso mismo decía: ¡esta mañana se suenan la nariz con delicadeza!
- Permiso. - Pase.
¡Un momento! ¡Estaba primero!
¡Sí, pero dese prisa, que tengo que trabajar!
¡Yo me lavo! ¡No como usted!
¡Escóndela! ¡Viene papá!
- ¡Buenos días, papá! - Hola, Bianchina.
- ¡Maria, el café! - Buenos días, papá.
- Hola. ¿Ya trabajando? - Debo entregar un trabajo esta noche.
¡Maria, el café! ¡Es tarde!
¡Tengo cuatro sesiones esta mañana!
- Lo siento, querido, ¡pero nada de café!
¡Sin darse cuenta se lo ha tomado la señora!
¡Vaya tontería! ¡Hago otro enseguida! ¡Un poco de paciencia!
Maria, por favor,
¡deja el café, que hace daño al hígado!
Un buen vaso de agua fresca, ¡pasa y lava!
¡Si te quedas contento! ¡Te lo traigo enseguida!
Aquí tienes el agua.
A propósito, hoy nos tocaba lavar.
Bueno, ¡ella ha puesto toda su ropa en el barreño!
Está bien, no es el fin del mundo:
¡si no lavas hoy, lavarás mañana!
- ¡Ah, claro! - Otro día.
- ¡Ah, qué cómodo! - ¡Es normal! ¡Siéntete superior!
¡Siempre te lo digo!
¡Tú eres una señora, eres más educada!
¡Mira qué sol, qué día más bueno!
¡Cuando hace sol, esta casa es bonita, bonita!
- Hasta luego, Maria. Me voy. - Hasta luego. ¡Qué poca cabeza!
¿Aún está aquí? ¡Cáspita, cuánto aguantan estos eslavos!
¡Y por favor, no se suene en el lavabo! ¡Vaya! ¡Vaya!
- ¿Qué haces? - Coso.
Abuelo, no atormentes al pobre viejo.
¡Es el único que no molesta a nadie!
¡Tengo en otras cosas en qué pensar, figúrate!
- ¡Mamá! - ¿Qué pasa?
- ¡Mira! ¿Te gusta? - ¿Cuándo se la vas a dar al campeón?
Dentro de poco.
¡Ve, entonces! Pero yo no sé nada, ¿eh?
De modo que,
según su mentalidad pasada y rancia,
¡Nazario Sauro lo he ahorcado yo!
¡Pero no lo hemos ahorcado nosotros!
¡Habéis sido vosotros! ¡Ignorante, más que ignorante!
¡No ofenda! ¡No ofenda!
Sólo sé una cosa:
cuando Nazario Sauro estaba aquí, en Italia, estaba bien:
comía, bebía, se divertía,
iba al cine, etc.
En cuanto puso un momentito un pie en vuestra parte
le habéis jugado una mala pasada.
Y, yo, estúpido,
en el monte Carso, a la intemperie,
a luchar por liberar ¿a quién? ¿A usted?
¡Por favor, cambiemos de tema!
Oiga,
¿qué opina de todos esos Cardenales que llegan para votar al nuevo Papa?
¿Y a mí que más me da los Cardenales?
- Hay uno de 92 años, como usted. - ¿Qué quiere decir?
Y digo yo, pongamos que...
hagan al Papa. A los Cardenales no les conviene volverse.
¿Cuánto puede vivir? ¿Una semana? Un mes como máximo,
¡siendo exagerados!
¡Es usted un gafe! ¡Es usted un gafe!
Eh, no. ¡No, eh!
- ¡Se ha pasado dos baldosas! - Perdone, ¡no lo he hecho aposta!
- ¿Ah, no? - ¡Eh, no!
Perdone, pero si de 22 baldosas se pasa de dos, ¿cómo acabaremos?
¿No tiene bastante con 12 baldosas? ¿Qué quiere, 14, 15, 18?
¿Pero qué quiere? ¿Trieste, Gorizia, el Carso?
- ¡Qué paz! - La paz del espíritu es envidiable,
...¡querido Armentano! - ¡Ésa la tengo!
¡Y también tengo la conciencia limpia!
Empiece con el meñique. ¡Pero no empuje!
Yo no empujo, pero ya estamos como siempre:
¡ha usado la cuchilla!
Oh, apenas nada, sólo un poquito
para arruinarlo todo.
Si seguimos así, si usted usa la cuchilla,
yo abandono el pie. - Nooo... - ¡Eso espero!
- Hablábamos de la familia. - Sí, sí.
Mi hijo mayor es aparejador, pero hace de militar.
- No trae a casa ni una lira. - Ah, ya...
El otro ha sentido la llamada, gracias a su interés.
Le he metido en el seminario a media jornada, pero siempre es un gasto.
La pequeña hace Magisterio. La mayor no tiene muchas luces,
y, gracias a Dios, no estudia. Así que es un gasto menos.
¿Y mi mujer? No se entera de nada.
- ¡Las mujeres son curiosas, Monseñor! - ¿Pero no lo está haciendo demasiado rápido
con este cacharro? ¡Fri-fri! ¡No es un lápiz!
- No tema... - ¡Monseñor!
- ¡Monseñor! - Pero, Calamai, ¿quién le ha dejado entrar?
¿Que quién me ha dejado entrar?
Su benevolencia me permite considerarme ya
alguien de casa. ¿Le sostengo el paraguas?
- ¡No, no, gracias! - ¡No, no! - ¡No se moleste!
Me he permitido molestarle a causa de un negocio muy urgente.
- Sólo le digo el nombre. - ¿Eh?
San Giorgio.
- ¿Y qué? - ¿Cómo "y qué"?
¡La vida de los santos en cómic, para divulgar el espíritu religioso!
¿Quién conoce a San Giorgio? Si no le hacemos un poco de publicidad,
...la gente cómo le va a coger cariño. - Oh... Oh...
¿Pero qué clase de propuesta me hace?
¿Me permite? Mi señora está esperando para besarle la mano.
¿Me permite? ¡Marisa!
¡Marisa, ven a besarle la mano a Monseñor!
¡Marisa! Marisa, ¿dónde vas? ¡Marisa!
Debajo de la camiseta lleva un colgante de Santa Rita.
Y yo tengo un anillo de San Antonio Abad. ¡Soy muy devoto!
Muy bien, muy bien, pero...
- ¡Le espero aquí! - ¡Estoy ocupado! - ¡Haga, haga!
- Diga, ¿qué estaba diciendo? - Yo, nada.
¿Pero no estábamos hablando mientras el señor...?
- ¡Ah, hablaba de mi mujer! - ¡Diga, diga! - ¡Eh!
Querido Monseñor, no me va a creer, pero aquellas 70-80.000 liras
que necesito para entrar en una casa, no las tengo.
- Me permite, ¿disculpe? - Desde luego, la cohabitación no es agradable.
Y éstos, tienen 8 hijos. ¡Dios les bendiga!
¡Échelos fuera! ¡Desáhucielos!
¡Ojalá! No hay motivo para echarlos, querido... ¡San Giorgio!
- ¡Calamai! - ¡Calamai!
- ¡Pino! - ¡Pino!
Si quiere, le doy la dirección de un abogado amigo mío.
Imagínese cómo es: no lo hace por dinero,
sino por el gusto de echar la gente a la calle.
Calamai, hágame un favor: ¡lárguese!
¿Pero cómo? ¿Él le hace daño y usted la toma conmigo, Eminencia?
¡Se lo he dicho mil veces!
¡No se puede hacer nada!
¡Antes! Ahora, con la llegada del nuevo Papa, ¡se puede volver a la carga!
¡Pero no! ¡No me interesa, es una estupidez!
Está algo nervioso. Si le hace ilusión, vuelva otro día.
¡No, no, por Dios!
Un empresario bresciano que quiere construir un par de iglesias...
- ¿Le interesa con campanario? - ¡No! - Tienen que hacerlo conde. - ¡No!
- ¿Lo hacemos marqués? - ¡No!
Le beso la mano, Eminencia.
¿Ha acabado usted?
Le he dejado un pie... ¡que puede irse a bailar!
¡Perdón!
¡Profesor, me he tomado la libertad de esperarle! ¡Profesor!
- No, usted, ¡señor callista! - ¿Yo? - ¿Cómo debo llamarle?
Eh, sí... también profesor...
...profesor especialista en estética de pie.
Señor callista, ¡tengo algo bueno para usted!
En el corazón de la vieja Roma, un palacete, con dos plantas...
10 habitaciones, tres baños, todo equipado, teléfono. ¿Le va bien?
- ¡Venga, adiós! - Aún no le he dicho el precio...
¿y ya dice "adiós"?
- ¡10.000 liras al mes! - ¿10.000 liras al mes?
- ¿Cuántas habitaciones? - 10.
- ¿Teléfono? ¿Baño? - Tres baños.
Oiga, eso de la casa va en serio.
Usted me toma el pelo.
¿Cómo? ¿Le parezco un payaso que le toma el pelo?
Se lo juro por la honra de mi mujer. ¿Me permite?
¡Marisa, ven aquí!
- ¡Anda! - Un momento, voy con tacones del 12.
¿Es cierto que hay un piso para el señor? Y, ¿cómo es?
¡Ya vacío!
- Y, ¿cuánto vale? - 10 mil al mes, sin anticipo y sin fianza.
El único gasto son las 15 mil liras para el intermediario.
De momento, no tengo dinero pero enséñemelo igual
porque, para una ocasión como ésa, juntaría esa suma.
Yo veo las 15 mil liras, ¡y usted ve el piso!
- Déme un poco de tiempo... - ¡A las 16:00 en la Plaza del Popolo!
¿A las 16:00h. en la Plaza del Popolo?
¿No es broma? No, porque el dinero lo encuentro.
¡Vaya, a buscar 15 mil liras que no es fácil encontrar! ¡Vaya!
¡A las 16:00h en la Plaza del Popolo! ¡Le saludo, Caballero!
¡Vamos, va!
- Pino, ¿me dejas aquí? - ¡Anda, va! ¡Vamos!
- ¿Cuándo me das las 15 mil liras? - ¡Anda!
¡Sabes que las necesito ya! ¡Pino, espérame!
- lannacone Quintilio 50, 700. - ¡Deshuesado!
- ¡Ezio De Luca! - ¡Siguiente!
- ¡Oh! ¡Vaya capa! - ¡Piérdete!
- ¡No se te puede decir nada! - ¡Para ya!
¡Las mangas son demasiado estrechas, no pasan los guantes!
¡Qué estúpida! Esta noche lo tienes arreglado.
No, no, mejor no. En el ring, mejor no llevar ropa nueva.
- Trae mala suerte y queda hortera. - ¡Escupe, que ganas gramos!
- ¡Estoy bien de peso! - No te has cortado el pelo,
...al menos escupe, ¿no? - ¡Está bien!
- Has hecho bien en no cortarte el cabello. - ¡Van listos!
¿Pero cuánto aire te entra en los pulmones?
Casi 9 litros, ¡uno más que Coppi!
- ¡Ah, ahí está el mío! - ¡Qué pinta de bestia! ¡Ten cuidado!
Cuanto más feos, más hostias han recibido.
- ¡Pero tengo miedo! - No te preocupes, está medio sonado.
Por cierto, ¿qué noticias me traes de casa?
- ¿Has hablado con tu padre? - Aún no.
¿De qué tienes miedo? ¡Con la buena propuesta que te he hecho!
- Hoy o mañana se lo digo. - ¡Romano Dalla Giacoma!
- Voy. Lo hablamos esta noche. - Adiós.
- ¡Romano Dalla Giacoma! - Gracias.
- ¿Cómo está? - Bien.
Preciosa escena romántica de la película "No escupas, bésame".
- ¿Hace falta ser tan desagradable? - No se enfade. Bromeaba.
- ¡Cambie de tema, al final cansa! - ¡Caballero!
¡Oh, Dios mío! ¡Mi padre! ¡Escóndame, por favor!
¡Escóndame!
¡Entonces, su padre no está de acuerdo!
No quiere ni que lo vea.
- ¿Por qué? - ¡Porque es un púgil!
¡Su padre es inteligente! ¡Venga, salgamos por ahí!
¿Qué son para usted 15 mil? Llevo años prestando servicio a su gimnasio.
Usted lo sabe, menudos callos tienen los púgiles,
los más complicados, unos callos de gran responsabilidad.
¡Ayúdeme! ¡En poco tiempo, se lo devuelvo con trabajo! ¡Lo necesito!
Si se me escapa esta ocasión, ¿dónde la vuelvo a encontrar? ¡Ayúdeme!
Vaya a la caja de mi parte y que le den 10 mil liras.
- ¡Gracias! ¿Ha dicho 20 mil? - ¡No, 10 mil! - Ah, perdone.
¿Por qué escribe siempre mal de él, incluso cuando gana?
¿Y por qué si publica una foto, elige una en la que recibe un golpe?
Está bien, dejaré de hacerlo. Se lo prometo.
- Venga, tengo coche. - Pero vivo a dos pasos de aquí. - ¡Espere!
Quiero explicarle el misterio.
No es cierto que haya escrito siempre mal de él, incluso una vez...
- Perdone, tengo prisa. - ¡Un momento!
Es importante.
He empezado a escribir mal de él por razones no deportivas.
- He empezado... - Adiós.
He empezado desde que una noche os vi cogidos del brazo.
¡Le explico cómo me he sentido!
¡Maria Berta!
¡Nicola!
¡Nicola!
¡Nicola!
¡Cáspita!
- ¡Nicola! - ¡Papá!
- Del dinero que te di el domingo, ¿cuánto te ha sobrado? - Nada.
¡Cáspita! Antes de las 16:00h. debo reunir una suma.
- ¡Pide un préstamo, haz una colecta! - ¡No es tan fácil!
¡Oh, Dios! ¡Uf! ¡No puedo más! ¡Nicola!
Se trata de algo importante. ¡A las 16:00h!
- ¿Te has enterado? - Lo intento. Luego paso por casa. Ahora vete,
¡si no, me arrestan!
¡Corren, corren!
¿Por qué corren?
- Pero, ¿a qué hora ha salido? - En cuanto ha acabado la pelea.
Sobre las 9:00h. Toda teñida..
¡y con el conjunto!
¡Hasta se ha bañado!
- ¡No! ¿Se ha bañado? - ¡Mh!
Mh... A mí... me parece que...
- Me parece que éste... - ¡¿Pero qué dice?!
¡No puedo chillar!
A mí me parece que éste...
Para mí, una mujer que se baña un jueves...
quiere decir que algo pasa...
¿Entendido?
Nunca había vuelto tan tarde. ¡Son las 14:00h pasadas!
- Y Nicola, ¿qué hace? - ¡No te preocupes por él!
- Nicola no es civil. - ¡No, es un salvaje!
No, digo yo, es soldado, militar. ¡Y además, está reclutado!
- ¿Dice que le habrán podido punir? - ¿Eh, le habrán podido pulir?
- ¡No, punir! - Eso mismo.
- A lo mejor lo han entregado. - ¿Cómo? - Lo han entregado.
No lo sé. ¿Quién le iba a entregar?
¿Quién le iba a entregar?
Nicola es mono. A lo mejor lo han entregado a alguien..
.. diciendo: "Quédeselo usted, luego venimos a recogerlo".
¿Tú qué sabes? Habrá cometido una falta
...y por una estupidez dan 15-30-90. - ¡Eh!
Y si quieren, ¡hasta te pueden fusilar!
¡A un militar se le fusila! ¡Te lo digo yo!
¡Mirko!
Mira. Ahí viene.
- ¿Eh? - Ahí viene.
Se encierran en el cuarto.
¡Nicola! ¡Nicola! ¿Lo habrán fusilado de verdad?
- Eh... ¿lo habrán entregado de verdad? - ¿Pero qué dices?
"Entrucasina".
"Entrucasina".
¿Qué pasa?
"Entrucasina".
- ¡Oh, Dios! - ¿Qué?
- Estoy embarazado. - ¡¿Usted?! - ¡¿Yo?!
- ¿Eres tonto? - ¡Estoy embarazada!
- ¿Tú? - ¡¿Cómo que tú?! ¡La eslava! - ¡Ella!
¡Ah, por favor! ¡Papá ha confundido una cosa por otra!
En italiano también hay palabras que parecen iguales,
y no significan lo mismo.
No, no, querido Peppino, en esta casa desde hace 8 años,
cada vez que le oigo decir a esta gente "entrucasina"
¡la cigüeña les trae un niño!
¡Pero es el colmo! Acabamos de ver al al último y otro nuevo!
- ¡Son unos criminales! - ¡Espera! - ¿Quieres montar una tragedia?
- Ya no podemos hacer nada. - ¡Oh!
Puede que no lo creas, te lo quería decir cuando estuviera hecho,
...pero me estoy ocupando. - ¿De qué?
- ¡De encontrar una casa! - ¡Peppino!
Son 20...
¡Dejadme! ¡Estoy muy tranquila! No voy a subir la voz, pero...
¡lo que tengo aquí lo quiero decir!
- ¡Deja que lo diga, lo tiene aquí! - ¡¿Volvemos a empezar?!
¡Mamá! ¡Mamá! ¡Abra!
- ¿Qué pasa? - "Entrucasina". - ¡Por Dios!
- ¿Has encontrado el dinero? - Aquí tienes. 4 mil.
¿4 mil? ¡Déjalo!
- ¿Qué hacen? ¿Se pegan? - Yo puedo.
¡Mamá!
- ¡Basta! ¡Sois unos criminales! - ¡Mamá, ven! ¡Déjalos!
- ¡Cálmese! ¡Calma! - ¡¿Que me calme?! - ¡Señora, cálmese!
¡Yo soy objetivo! Nosotros éramos 7 y seguimos siendo 7.
Ustedes eran tres y ahora Dios sabe cuántos son.
- ¡Esto no es cuartel! - ¿Y qué quiere que haga?
- Quiere decir que le gusto a mi marido, ¿no? - ¡Eh!
¡Un poco de contención!
No aguanto más.
La sola idea de que empiecen los gritos, estar despierta toda la noche.
Creo que, después de tantos años, vuestra madre
tendría derecho, al menos, a tener una casa.
¡Maria!
Si quieres seguir llorando, llora.
Pero te lo juro, créeme, a partir de esta noche tendremos nuestra casa.
¡Oíd a éste! ¡Oídlo!
Lo dice 15 veces al año.
- ¡Me toma el pelo! - ¡Mamá, en cuanto acabe la mili,
te haré un palacio, una villa, con 5 sirvientes!
- ¡Nicola! - ¡Eh, Armentano! - Mamá, perdona.
- ¿Qué pasa? - ¡Baja! ¡Vamos! ¡Es algo muy importante!
- ¡Hay que ir al zoo! - ¡Sí, bajo!
- ¿Quién es? - ¿Quién?
- El alto... - ¿A ti qué te importa?
- ¿Cómo se llama? - ¡Se llama "No te importa"!
De los soldados, aléjate, ¡sobre todo de estos dos!
¡Son los peores canallas del regimiento!
- Mamá. - ¿Eh?
Nicola y papá son dos chiquillos, pero a mí créeme.
En serio, tengo la manera de salvar la situación y encontrar la casa.
¿Cómo? ¿De qué manera?
Se trata de Romano.
Pero hay que convencer a papá.
Es inútil que insistáis, ¡yo no voy!
Yo, mamá, ¡en estas condiciones no la dejo!
¿Pero es posible que con éste nunca se pueda contar?
- ¡Siempre lo desmonta todo! - ¿Qué se desmonta?
¡Si queréis ir de sirvientas, podéis ir solos!
¿O es que tenéis otra jorobada, como aquella de Frascati?
¿Qué tiene que ver ella? ¡Aquello fue una desgracia!
- ¡Venga, Neri, vamos! ¡Nos apañamos solos! - ¡No, espera!
Si tiene algún problema o preocupación, le echamos una mano, ¿no?
Si no nos ayudamos entre colegas... Si se bromea, se bromea...
pero frente a ciertas cosas, ¡hay que pasar de las sirvientas!
¡Acompáñanos a la esquina! Haz que lo entienda:
...¿cómo está la situación? - ¡Mal, muy mal!
Pero que en todos estos años no pudierais echar a esa gente...
a mí me parece raro.
Mientras paguen la renta, están en regla.
- ¿La pagan? - Pues sí.
Haría falta que no la pagasen.
- ¡Neri! - Déjame pensar.
- Acompáñanos al tranvía. - No, déjame.
- ¡Solo hasta el tranvía! - ¡No!
La única manera es hacerles tener un colapso financiero.
Así no pagan la renta y los echan.
Ahora hay algo en Italia capaz de romper a una familia...
...y meterla en una crisis económica durante 10 años, ¿sabes qué es?
Los gastos médicos.
Con la otitis de mi abuela tuvimos que vender un terreno y dos vacas.
- ¿Viene? - Lo está trabajando... - Estamos cansadas de esperarlo.
Con lo que me ha costado traer a ésta.
- No, no me gusta. Además tengo miedo. - ¿Miedo de qué?
¡Pero mírale, es un militar!
- Esa es la clave. Piénsalo. - ¿Pienso en quién?
Piensa, y algo te vendrá a la mente.
- Buenas tardes... - La señorita es...
- Hola. - Buenas tardes.
¡Neri!
¡Lo he pensado! El viejo tiene una hernia. ¿Puede servir?
¡Magnífico! ¡Estás en marcha! ¡Piensa en los detalles, eh!
Ya que estás ahí, vigila a los niños.
- ¡Por favor! - ¡Y el gorrito para el sol!
¡Sinvergüenzas, volved! ¡Asquerosos!
- ¡Que los tiro a las focas! - ¡Dales la papilla!
¡Volved! ¡Desgraciados!
No llores. Sé bueno...
Vamos, tranquilo...
Tiene usted razón en sorprenderse, profesor.
Una casa así por 10 mil liras al mes parece increíble.
Y en el corazón de la vieja Roma, entre los antiguos palacios, en una calle pintoresca.
Algún defectillo tiene... No es que...
- ¿Un defecto? ¿No habrá fantasmas? - ¡No, por Dios!
Es cuestión de mentalidad. Yo la mentalidad de vivir ahí la tendría.
Despéjeme una curiosidad, Calamai.
- ¿Esta no es la calle de la Fontanella? - Sí. - ¡Oh!
Aquí estaba el...
- ¿Estaba? - ¡Vaya! - ¡Vaya que sí!
- Me atormentaba... ¡Es él! - Lo conocía. Usted había venido, ¿eh?
¡Tenía razón, ya lo creo!
La última vez que estuve aquí fue el día de la proclamación del Imperio.
- ¡Ah! Vinieron... - Vinimos con camisa negra.
Para celebrarlo...
A mí me tocó una genovesa, una anti-fascista. ¡Cómo lloraba!
- ¿Por qué? - Estaba desesperada.
Decía que aquél era el día de la ruina de Italia.
- ¡Fíjese usted! - Eh, a veces esas mujeres...
Dígame, estas casas, ahora que las han cerrado...
...¿qué hacen? ¿Las derriban?
¿Derribarlas? ¡Las alquilan!
- ¿Qué? - Las alquilan.
¿A quién las alquilan?
¡A los espabilados!
- ¿Cuánto cuesta al mes? - 10 mil liras al mes.
Calamai, lo he entendido. Pero, ¿por quién me ha tomado?
¡Ya he picado!
- ¡No la quiero ver! - Buenos días, hermana Gina.
- Ah, eres tú, Pino. - Le traigo un nuevo cliente.
- ¡Entren! - ¡Basta! - ¡Déjeme, Calamai!
¡Pino, Pino, Pino! ¿Yo me quedo fuera? ¡Que me arrestan!
- Yo guío. - Venga, pase.
- ¿Es usted de Roma? - Vine cuando era un muchacho.
Entonces quién sabe cuántas veces vino, en los buenos tiempos.
¡Ya lo ha contado todo!
- ¡Es un gran "habitué"! - No exageremos.
- ¿Se lo llevo yo? - ¡No, no! Es algo mío particular...
- ¿Le pesa? ¿Le ayudo? - No me pesa.
Entonces usted también era parte de la gran familia de la hermana Gina.
¡Me cago en...!
- ¿Le guía usted o quiere que...? - Me duelen los pies,
...no quiero subir las escaleras. - Yo me encargo. - ¡Siberia! ¡Siberia!
Es mi esposa, también llamada Siberia.
¡Qué amor! Me llama siempre Siberia...
¡porque soy tan sensible al frío!
Pero puede estar tranquilo. ¡Con la calefacción hay un calor!
Se puede estar en salto de cama incluso en invierno.
- Puede decírselo a su esposa. ¿Viene, doctor? - Por favor...
Marisa, muéstrale todo al abogado.
- ¡No soy abogado, soy profesor! - ¡Vale, es lo mismo!
Como antes, más que antes, te amaré...
¡Vamos!
¿Ha visto que le he traído a todo un señor?
- Cuando se empeña Calamai... - Eh, esperemos conseguirlo...
- ¿Me quiere usted? - Sí, lo sabes.
- Soy su amorcito... - ¡Tranquilo!
¿Cómo me llamaba usted? ¿Tontín?
- ¿Me da un pequeño anticipo? - No.
- 5 mil liras. - No.
- 2 mil. - ¡No!
- El broche. - ¡He dicho no!
Son diez habitaciones: 8 dormitorios y dos 2 salones.
¿Ha visto a lo que se ha reducido la hermana Gina?
¡De un día al otro: cerrado!
Pero los cuartos se los sacó antes porque cobraba 100 liras por manzana.
- Ah, porque usted estuvo aquí... - ¡Eeeeh... tanto!
Pase. Este es el salón de la directora.
Mire el fresco. Qué bonito. Quizá un poco forzado porque
...sabe usted, es afrodisíaco. - ¿Cómo?
¡Afrodisíaco!
Quizá si usted quiere, la hermana Gina lo hace cubrir, pero será una lástima.
¿Ha visto qué frisos? Qué bonitos.
Ahí un salón hay con una fila de pavos reales...
Un señor de Milán lo quería comprar para llevárselo a su mujer.
¡Oh, qué bonita Eliana en esta foto!
¡Qué bonita!
Ahora está en Beirut, en África.
Tenía una tía en Addis Abeba...
porque para ir al extranjero se necesita recomendación.
Yo, si tuviera que volver a empezar, me embarcaría.
Por la calle, jamás. ¿Las ha visto por la calle? Qué horror.
Yo no podría.
¡Será que soy tan mujer! Si no estoy protegida por una casa...
...no se hacer nada. Me equivocaré...
Sí, pero tengo cosas que hacer. Me gustaría irme.
¿Qué? ¿Quiere irse sin ver las habitaciones?
- Ya me he dado cuenta de qué se trata. - ¡Eh, no!
- No puede irse sin ver las habitaciones. - No me entretenga, Siberia.
Le mostraré una que jamás ha visto.
- No, señorita. - ¡Venga! - Tengo cosas que hacer. ¡Siberia!
¡Venga, profesor!
¡Uh! ¡La ventana abierta! ¡Mira cómo era la vista!
Imagine que siempre he pensado que se veía el Pincio.
¡Curioso!
¡Pero luminoso! ¿Eh?
Profesor...
...¿sabe por qué dejan una casa así por 10 mil liras al mes?
¡Sí! ¡Porque si no, no se la queda nadie!
¿Quién quiere que venga a vivir aquí?
¡Ha tenido tantas propuestas la hermana Gina!
Solo que ella la quiere dar a una familia de bien, respetable...
...para darle un buen nombre.
- ¿Tiene usted un hijo cura? - ¡Ah, sí! ¡Salvatore!
- Oh, por caridad... - Ah... ahora está todo en orden.
Le puedo decir algo a la hermana Gina, porque ella me escucha.
Y usted me hace un regalito, una cosita de 10 mil...
¡Eh! ¡10 mil liras, señora! ¿Por quién me toma?
Hágase a la idea de que jamás vendré. ¿Entendido?
- ¡Me largo! ¡Adiós! - ¡Profesor! - ¡Adiós!
- ¡Tal vez 5 mil! - ¡Sí, 5 mil! - ¡Negociables!
¡Esto es de locos!
¡Salvatore me mata!
Yo me voy. Señora, perdone la molestia.
¡Abogado! ¿Todo bien, todo en su sitio, a su gusto?
- Sí, he hablado con su señora, ¡la Siberia! - ¿Hay algo que esté mal? ¡Diga!
¡Usted está loco!
¡Sea moderno, abogado! ¿De qué sirven esos prejuicios?
¡Es una casa como cualquier otra!
Usted me mete en una situación... ¿Qué le voy a decir a mi mujer?
¡Maldito el día en que le he encontrado!
Redecoramos la casa, con buenos colores...
...blanco, celeste, rosa, rojo y azul.
- ¡Pero qué blanco ni celeste! - Para lo que sea, recuérdeme:
...Calamai Pino, hijo de Andrea, Vicolo delle Gatte 3, piso 15.
- Está bien. - ¡A su entera disposición!
Hágase un nudo en el pañuelo. Lo que sea que necesite...
llame a Calamai. Y él acude raudo a su servicio.
- Está bien, pero... - ¡Aaah!
- Le llevo la maleta. - ¡No necesito nada!
¡No necesito ni a Calamai, ni plumas, ni nada!
¡No quiero volver a verlo! ¿Entendido?
- ¡Señor general! - ¡Qué general, ni general!
- ¡Déjeme su dirección! - ¡Esto es de locos!
¿Le interesa una buena bata con dos leones bordados para su señora?
¡Qué modales!
¿Qué le has dicho que me has hecho perder un cliente?
¡No digas nada!
¡Madre mía, me has movido el puente!
- ¡Óptima, buenísima idea! ¿Es tuya? - Bueno, mía y de un amigo.
¡Magnífica! ¡Buenísima! ¡Muy bien!
- ¿Habéis pensado cómo hacerlo, abuelo? - ¡Se entiende!
¿Qué crees, que tu abuelo es un estúpido?
- ¿Y piensas hacerlo todo solo? - Sí, pero no hay que decírselo a nadie.
Así, el mérito es sólo nuestro. ¡Agua en boca!
- ¡Ahí está! Lo abordo enseguida. - Yo te espero fuera.
- ¡Buenas noches! - ¡Buenas noches!
¡Buenas noches!
- ¿Me permite? - ¡Por favor, póngase cómodo!
- ¿Qué tal? - ¡Bien, bien! Y usted, ¿cómo está?
¡Eh! Oiga un poco...
.. usted me dijo una vez que de joven, ¿era usted fuerte?
- ¡Fuerte como un toro! - ¿Ah, sí?
¡Ah, usted de joven era un toro!
¡Abuelo!
Ha ido mal. ¡Qué se le va a hacer!
Hernia bilateral, los dos.
¡Bilateral!
- No se lo digo, aún está débil. - ¡No, dígalo! ¡Dígalo todo! ¡Vamos!
- ¿Y si luego se le abre la herida? - No se me va a abrir nada.
¡Adelante, diga!
- ¿Lo quiere saber? - Sí, todo.
- No asumo ninguna responsabilidad. - ¡No asuma ninguna!
- En este hospital, usted se ha convertido en el hazmerreír. - ¿Yo?
- ¡Usted! - ¿Por qué? - ¿Cómo que por qué?
Por la escenita que hizo en la sala de operaciones.
- ¿Qué escenita? - ¡De cobarde! - ¿Yo? - ¡Usted!
Yo, sin embargo, modestamente, me operé a ojos abiertos.
Para no quedarme dormido.
El médico y yo sonreía, ¡cantaba!
- ¿No me oyó cantar? - ¡Qué va! - Ya, usted estaba desmayado.
¡¿Cuánta pimienta han puesto en esta sopa?!
Esta da asco, no sabe a nada.
¡Ah, ahora me acuerdo! Ayer, el médico, después de la operación,
para que usted no lo oyese le decía a la hermana en voz baja:
"Al 18, nada de pimienta. Al 19, lo que quiera".
"Al 18 no, porque tiene pronóstico reservado".
- ¿Qué es eso? - Usted tiene pronóstico reservado.
- ¿Yo? - ¡Usted, usted!
Pronóstico reservado...
¡Vejestorio senil!
¡Señor Illuminato!
- ¿Quién es? - Soy yo. - ¡Ah!
- ¿Cómo está? - ¡Eh! - ¿Está bien?
- ¿Y los míos, por qué no han venido? - ¡Sí que han venido!
Hemos llegado en el mismo tranvía.
- Se han parado en el economato para pedir la factura. - ¿La factura?
- Sí, llegarán ahora. - ¡La factura!
Perdone, ¿por qué me ha despertado? ¡Cuando uno duerme, tiene que dormir!
¿Es posible que no podamos estar en paz ni en un hospital?
¡Ah!
- ¿Duerme? - "Da".
- ¿Qué hacemos? ¿Lo despertamos? - No se mueve. ¿Está muerto?
- Respira, está muy bien. - ¡Ya lo creo! 63 mil hasta ahora...
...más los días que quedan. ¿Pero qué le han hecho?
¿Qué le han dado de comer a tu padre? ¡Ha comido segundos platos!
¿Y de dónde sacamos todo este dinero?
- ¡Calla! - Papá, pregunta cuánto han gastado los eslavos.
- ¿Por qué? - Por curiosidad...
No es por entrometerme, pero ¿cuánto han gastado de factura?
Ni una lira, somos prófugos.
¡Ni un duro, nada!
¡No, no y no! No pondré a mi hija en manos de ese filetón.
Y me sorprendes, que lo has ocultado todo este tiempo.
No has comprendido. Mira que este filetón se ha demostrado...
...tan generoso que quiere pagar los gastos de la casa.
Sí, y espontáneamente. Se ocupará de todo: alquiler, anticipo...
¡Razón de más! ¿Por qué querer impedir a un pobre hombre...
...asistir solo a su familia? ¡No entendéis nada!
¿Con qué derecho y valor continúas rehusándolo?
¿No sabes que con esta nueva desgracia nos arriesgamos a no poder
...pagar el alquiler y que nos echen? - ¡Vale, dejaré de fumar!
200 liras al día son 6 mil al mes,
72 mil en un año y sin necesidad de vender a nuestra hija.
¿Pero qué vender? ¡Si se quieren!
¡Jamás, jamás, jamás!
¡Viva el vino!
Si para la mujer el varón es una diversión...
hago este brindis a esta guapa pareja.
- ¿Quiere? - Gracias.
Como le decía, señora, en nuestro oficio...
una esposa equivocada y el chico derrapa, se queda K.O.
pero no por 10 segundos, ¡por toda la vida!
- Pero eso en todos los casos, ¿no? - Eh, no, querida señora.
Un ingeniero, por ejemplo, los cuernos los soporta mejor que mi protegido.
¡Bravo, exacto! ¡Ingeniero, tiene usted razón!
- ¡No, yo no soy ingeniero! - ¡No, papá, no soy ingeniero!
- ¿Es el padre? - No, es el manager, el entrenador...
- Mejor te lo explico yo. - Pe... Pero.
Yo soy algo más y algo menos.
- ¿Cómo se dice? El ma... - Luego. - ¡El manager!
¡Manager! ¡Boh! No es el padre, no es ingeniero...
...es algo más y algo menos...
Papá, déjame en paz. No es el momento. Estoy desilusionado...
Oh, no serás tú también ingeniero.
Mire, señora, para un púgil, el ridículo es como la muerte, el primer desastre.
Segundo desastre: la intemperancia. Aquí está.
¿Ve? ¡La Cicetti lo ha comprendido y se ha puesto roja! ¡Sinvergüenza!
- ¿Qué pasa? - Nada.
- Te veo así... - No.
- Te veo más feo de lo habitual. - Gracias.
No, digo más que cuando te enfadas otras veces.
- ¿Te encuentras mal? - No, no.
- ¿Quieres algo? - No, no.
Tienes la copa llena. No has bebido nada.
Si supieras que amargo está.
- Señora, salude a su marido. - Sin falta. Hasta la vista.
Chao, Romano. ¡Peppino! ¡Peppino!
¡Peppino! ¡Peppino! ¡Peppino! ¡Abre! ¡Abre!
¡Ya está! ¡El cheque! ¡100 mil liras! ¡Peppino!
No me lo enseñes, por favor. ¡No lo quiero ver!
¡Peppino! ¡Abre! ¿Estás loco? ¡Peppino!
Peppino, no bromees. Ahora estamos comprometidos.
No lo toco, no voy al banco.
No quiero hacer nada. Por lo menos esto.
Me basta con que lo gires.
- ¡Maestro Bruno! - ¿Quién es? - Soy yo.
- Querría subir a la casa un momento. - ¿Otra vez?
Mi hija ha de pedir su dormitorio y debemos tomar las medidas.
¿Cómo puedo trabajar si me interrumpen cada 5 minutos?
No se moleste. Basta con que me mande las llaves.
¿Las llaves? No se las puedo dar a los visitantes.
¿Visitantes? Si mi marido está ahora firmando el contrato.
Somos inquilinos con derecho de entrar en casa cuando queramos.
- ¡Ven, Maria Berta! - Está bien.
- ¿Qué? - ¡Tráeme las llaves!
- ¿Cuáles? - ¡Las de siempre!
- Disculpe. - Diga.
¿Sabe decirme dónde son las carreras de perros?
¡El canódromo! Todo recto, al final de la calle.
- Gracias. - No hay de qué.
Bueno, Calamai, éste es el cheque.
Perdone.
Un cheque de 100 mil liras.
Usted, con sus embrollos, debe doblarlo.
100 mil liras.
Lo he girado.
- ¿Y bien? - ¿100 para mí y 100 para usted?
- No. 100 para mí, y 100 para el novio de mi hija. - ¿Y para mí?
- ¡Mi amistad! - Disculpe, uno se levanta, y sale a la calle...
para buscar un tonto que le arregle el día.
Encuentra al tonto, y éste, ¿qué le ofrece? ¡Su amistad!
- ¿No le basta? - ¡Pues no!
Si quiere le puedo hacer la pedicura a usted, a su señora...
- ¡No me apetece! - Pino, tú que eres tan señor, ayuda a este desgraciado.
¡Silencio!
¿Y qué hago con 100 mil liras?
Estoy acostumbrado a manejar millones, con los caballos, los perros...
¡negocios importantes!
¡100 mil liras! ¿Y qué hago con ellas?
Haría falta un milagro, y los milagros los hacen los santos.
Pino, ¿por qué no le metes en la "fumata"? Ya pusiste a tantos.
- No es un negocio seguro. - Bueno, casi, ya está filtrado...
- ¿El qué? - El secreto del cónclave.
- ¿El cónclave? - Eeeh... ahora decimos "urbis et orbis"!
Nada. Información segura...
Hemos sabido que ya han elegido al nuevo pontífice...
Y se apuesta en la fumata: fumata blanca se dobla...
...fumata negra, no puede venir.
Fumata blanca se doble, fumata negra no puede venir...
Escuche, Pino vendrá con un cliente para la fumata.
- Ha dicho que usted sabe lo que hacer. - Okay.
¿Sabe que está usted más guapo? Está más fuerte.
¡Aparta, Marisa! Este amigo mío quiere apostar 100 mil por fumata blanca.
Si sale negra, pierde, y si sale blanca, gana.
- Sí. - Yo tengo el dinero.
Tenga.
¡La chimenea!
¡Es blanca! ¡Es blanca! ¡Ahí está!
- Ahora sale negra. - ¡Oh! Pero...
- ¡Cómo! ¡Pero era blanca! - Ahora sale negra. - ¡Negrísima!
- ¡Será sucia! ¡Es el hollín! - Profesor, era lo mismo esta mañana.
Era blanca, era blanca...
- ¡Abogado! ¡Llamen a un médico! - ¡Ayuda!
¡Y luego un sol! ¡El día entero!
- ¿También en mi habitación? - Serían las 5 hoy,
...y seguía sin poder abrir los ojos. Estaba cegada.
Y para ti, abuelo, hay una terraza con 147 baldosas. ¡147!
- ¿Las contaste todas? - Sí. - Bien.
- ¡Ahí está papá! - ¡Por fin!
- Entonces, ¿firmaste el contrato? - Sí, pero...
Y de ambiente, vecinos, mejor no se podía conseguir.
Papá, delante de nosotros, en la misma planta, hay un abogado.
- ¡No me digas! - Sí. Y arriba, en el ático...
...hay un magistrado de la Corte de cuentas. - Ah, ¿sí?
¡Tenemos en el ático a un magistrado!
Bien, Peppino, ¿has firmado el contrato, eh?
Sí, lo he firmado. Prepara las copas.
¡Hagamos un bonito brindis! Claro que he firmado el contrato,
...pero no por esa casa. - ¿Qué? - ¿No es ésa?
- Es otra casa. - ¿Y el magistrado?
¡Pero ni punto de comparación! Por el mismo precio,
dos plantas, 10 habitaciones, salón, teléfono, garaje...
- ¿Y dónde está esta casa? - En el centro, en el corazón de la antigua Roma,
...entre los antiguos palacios. - ¿Quién te deja por tan poco esa casa?
Imaginaba que me dirías eso. ¿Quién da tanta casa, por tan poco dinero?
Una vieja loca, una loca.
Un cierre obligado.
- ¡Rápido, rápido! - ¿Más rápido? Aún es de noche.
Se lo he dicho: en esa calle está prohibido aparcar desde las 7.
- ¿Se puede saber qué calle es? - Por la Piazza del Popolo, luego hay que...
¡Suba! ¡Yo le acompaño!
- ¡Nicola! - ¿Qué pasa, mamá?
¡Estas también! ¡No entran en la maleta!
- ¡Venga, sube! - ¡Sí, papá!
- ¡Eh, venid directos a casa! - ¡Sí! - ¿Entendido?
- ¿Lo has cogido todo? - Todo.
- ¿También mi camisa que estaba secando? - Sí. - Bien.
Papá, ya nos vamos. ¿Aún estás así? ¡Date prisa!
¡Eh, eh, eh! ¡Pero qué prisa!
Quién sabe qué cara pondrá Nicola cuando vea la casa.
Te reto. Se te ha subido a la cabeza, como si fuera el Quirinale.
¿Qué será? ¡Una casa como esta, como todas las demás!
¿Bromeas, verdad? ¿No te disgustará dejar esta casa?
- Sí. - ¿Eh? - Sí, me disgusta.
- Papá. - Ya estaba acostumbrado.
En el fondo, ellos eran pobre gente, pero buena gente.
Me acostumbré a los gritos de los niños...
...a tener a ese vejestorio por pasatiempo, podía hasta discutir...
...¿y ahora? - Por suerte, no podrás discutir con nadie.
- ¿Y te parece poco? - ¡Daos prisa, chicos!
¡Mierda!
¡Ocupado!
¿Quién es? Ah, es usted.
- Entonces, ¿se va? - Sí.
- Adiós. - Adiós. ¡Oh, oiga!
- Aquí le dejo medio bote de gomina. Úsela. - Gracias.
No hagas ruido, que se despierta la gente.
¡Adelante!
Pero papá, ¿es aquí?
- Esta es nuestra casa. - ¿Nuestra? ¿Donde la hermana Gina?
¿Y tú qué sabes de la hermana Gina? ¡Te doy un sopapo!
Y yo que pensaba que aún eras un niño.
- Solo me lo han dicho... - Ya ajustaremos cuentas solos.
¡Entra, sabandija!
¡La hermana Gina!
Aparta.
Le enseño el camino.
No hace falta. La conocemos bien.
- ¿Lo sabe mamá? - No. Y pobre del que se lo diga.
- Pero tarde o temprano lo sabrá. - ¡Lo más tarde posible!
Y tú has tenido el valor de traer a mamá a una casa de p-
¡Ssst! ¡Entra, sabandija!
Nicola, lo he pensado bien, y me he convencido de que se trata...
.. de estúpidos prejuicios que un hombre moderno debe superar.
- Sí, pero ¿y las mujeres? - Sí, las mujeres...
Lo sé, a las mujeres será difícil de explicar...
Por eso no le dije nada a tu madre.
Tenemos que hacer que se encariñe con este lugar...
...y sobre todo, de hacerle entender, que vivir aquí no tiene nada de especial.
Cuando le hayamos dicho la verdad, estará tan acostumbrada...
...que no hará caso y le disgustaría irse.
- ¿Entendido? - ¡Esperemos!
- ¿Y el púgil? - ¡Uuuh! El púgil, las mujeres... ¡Me estás atormentando!
¿Quieres que un hombre obligado a traer a su familia aquí...
...se preocupe de un púgil?
Está bien, ahora está en el extranjero... Cuando regrese, se verá.
Mientras, ¿dónde colocamos este tocador?
Ahí, donde estaba la caja.
Ah, donde estaba la caja... Es verdad.
Has dicho que solo te lo dijeron. ¡Sabandija!
- ¡Soy militar, papá! - ¡Bonita excusa!
Además, solo vine una vez.
Decían que si no venía al menos una vez, no era un hombre...
¡Ya! Porque los que nacen ahora, ¿cómo crecen?
¡Ah... Si lo supiese tu madre, esa santa!
- Oh, por favor... - Bueno, esto lo ponemos...
...donde estaba la sala verde. - ¡Ah! La sala verde, ¿eh?
- Sí. Yo también fui militar. - Sí, pero tú estabas en Palermo.
¡A trabajar!
¡Ahí están, Nicola! ¡Ahí están!
- Por favor, has prometido ayudar a papá. - Sí.
- Por favor, hijo mío. - Sí.
Olvidemos la sala roja, la verde... Era un salón de belleza.
- Un salón de belleza. - Yo vigilo a tu madre...
...y tú a las chicas. ¡No las abandonemos un minuto! - No.
- ¿Abro? - ¡Abre, papá!
¡Abre!
Aquí estamos.
¡Niñas!
¡Bienvenidas a la nueva casa!
- Papá, ¿ha llegado el abuelo? - ¡No, cuanto más tarde llegue, mejor!
¡Bien! Nicola, ¿no dices nada? Te ha gustado, ¿no?
- Sí. - ¡Le ha gustado!
- ¡Niñas, rápido, a trabajar! - ¿Dónde vas con las niñas?
Arriba, ¿no?
¡Ánimo, niñas! ¡Deprisa!
- ¡Los niñas! - ¡Pero qué niñas!
- ¡Yo, a las 9:00, tengo que estar en el cuartel! - ¿Y qué?
- ¡Aparte de eso, no puedo estar siempre detrás de ellas! - ¡Lo estás!
¿No habíamos hecho un pacto? ¡Yo vigilo a mamá, tú a las niñas!
- ¿Y qué hacemos? - ¡Está bien, vigilo a las niñas!
¡Nicola, no bromees, que te doy una patada!
¡Yo te la doy!
- ¡Qué bonito! - ¡Maria, entra! ¡Tenemos mucho que hacer!
- ¡Qué alegre! ¿Eh? - ¡Ya te lo dije!
Pero en esta casa hay demasiados lavabos.
¡Ya, era un instituto de belleza! Además, resulta cómodo, ¡somos tantos!
- ¿De qué se ríen? - No, no. Sonríen. ¡Somos los nuevos vecinos!
¡Es cierto! ¡Qué simpáticos! ¡Buenos días!
¡Maria! ¡Maria, entra! ¡No seamos la comidilla!
¡Pardiez! Lo sabes de sobra, luego empiezan a pedir ajos, perejil, etc.
¡Y acaban por invadirte la casa!
¿Quién será?
¿Diga?
- Si hemos reabierto, ¿qué? - ¡Oh!
- ¡¿Qué precios?! - Los precios del Instituto de belleza.
- ¡Fuera! - ¡Pero, papá! - Pongamos las cosas en su sitio.
- ¡Movámonos! - ¿Y qué estamos haciendo, papá?
Nicola, ¿lo ves?
¡Te dije que estuvieras atento! ¡Ya empiezan con las bromas!
¡Papá! ¡Si se enteran en el cuartel, seré el hazmerreír del regimiento!
¡Regimiento! Con todas las preocupaciones que hay, ¿debo preocuparme de los soldados
y todo lo demás? ¡No des la lata!
- ¡Aquel portal de ahí! - ¿El segundo? - Sí.
- Gracias. - ¡De nada!
¿Pero qué va a hacer? ¡Lo han cerrado!
- ¿Quién es? - ¡El abuelo, papá!
- Tu padre. - ¡Bianca, baja! ¡Es el abuelo!
¡Maria Berta, baja! ¡Corre! ¡Vamos a recibirle!
¡Veamos qué le parece!
- Entonces, papá, ¿no te gusta? - No, no, ¡es bonita!
Tengo la impresión de haber estado en esta casa.
- ¡Eh! ¡Por Dios! ¡Haz el favor! - Eh, haz el favor...
Por ejemplo, ¡esta escalera la conozco!
- ¡Las escaleras son todas iguales! - Lo sé, pero digo...
- ¡Esa fuente! - ¿Es una fuente? ¡¿Esa es una fuente?!
¿Admites que conocías esa fuente?
¡Venga, chicas, vamos!
Antes de ir a la cama, ¡debe estar todo en orden! ¡Deprisa!
¡Escúchame un momento!
- ¡Escucha! ¿Esto no es una fuente? - ¡Y dale, Papá!
¡Es una mujer lavándose los pies!
- Esto, por ejemplo. - ¡La imagen de la servidumbre!
- Todos esos números... - Era un instituto de belleza.
- ¿Un Instituto...? - ¡De belleza!
Papá, son las 8:15. Tengo que irme, sino me arrestan.
- ¡Nicola! - ¡No puedo, papá!
- ¿Y qué hago? - ¡Vuelvo lo antes posible!
- Mamá, ¿dónde estás? - Está cosiéndole un botón a la vecina.
- ¡Un momento, papá! - ¿Qué pasa?
- ¡Un momento, papá! - ¿Qué ha pasado?
- ¡Un momento! - ¡No me llames "papá"! ¡Oh!
¡Vaya!
¡De todas formas, yo en este instituto de belleza ya he estado!
¿Qué me hice?
¡Vaya! El cabello...
¡Maria! ¡Maria! ¡Maria! Ya ha llegado eso...
- ¡Un momento! - El comendador Eso.
Pero, en cuanto todo esté en orden, la esperamos.
Gracias. ¡No faltaré! Hace 20 años que vivo aquí al lado, tranquila
y tengo curiosidad por saber cómo es por dentro.
¡Maria, vamos! Disculpe, señora, tenemos que poner las cortinas.
¡Adiós, señora! ¡Señora, la estamos saludando!
¡Eh, usted alarga el cuello! Maria, te he dicho muchas veces
...que no empieces a pelearte con los vecinos. - ¿Quién se pelea?
¡Yo ya sé cómo acaban estas cosas!
- ¡Lo cojo yo! ¡Quietos todos! - ¿Qué te pasa hoy? ¿Te has vuelto loco?
¡Voy yo! ¡Ay, ay! ¡Mierda!
¡Ay, ay, ay!
- ¿Diga? - ¿Han vuelto abrir?
¡Se ha equivocado!
- Papá, ¿cómo estás? - ¡Salvatore!
¿Y tú, qué haces aquí? ¿No estabas en Campobasso?
He venido con el seminario a rendir homenaje al nuevo Papa.
Pero yo tengo permiso para estar estos días en casa.
- Eh... - No veía la hora de...
- ¡Espera, Salvatore! - Pero, papá, ¿qué haces?
- ¿No me dejas entrar? - ¿Cómo que no? ¡Qué remedio!
Entra, Salvatore. Entra.
Sabes, somos nuevos en este barrio. Hemos llegado esta mañana.
- ¿Y a él qué le importa? - ¡Claro que sí! Si que le interesa, ¡puede hacer un cliente!
¡Claro! Yo se lo mato, señora.
Sí, gracias. Me lo despluma y me lo manda a casa.
- ¡Calle de la Fontanella, 25! - Oh, al 25, donde antes estaba...
...¡el instituto de belleza! - Aquel palacete, ¿sabe?
- ¡Lo sabe, señora mía! - ¿Lo conoce?
¡Démela a mí, lo mato yo!
- ¿Pero por qué, Peppino? - ¡Adiós!
¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no des nuestra dirección a perros y cerdos?!
¡Te dije que sólo la podía dar yo en casos desesperados!
- ¡Y luego con ese tono! - ¿Qué tono?
Sí. ¡Calle de la Fontanella! ¡Ni que fuera el Palacio Venezia!
¡No lo digas tan fuerte! ¡No lo divulguemos!
- ¿Has cogido los tomates? - Sí. ¡Vamos!
¡Menudo desorden! ¡Cada vez que busco algo, nunca lo encuentro!
- ¿Qué buscas, abuelo? - El biombo. ¿Dónde está?
- En el cuartito, al lado de la puerta. - Sí.
- ¡Ten cuidado! ¿Pesa mucho? - No.
¡Papá, arriba hay gente que quiere hablar contigo!
- ¿Son hombres? - También hay una señora.
Les hemos acomodado en el salón.
- ¿Y quiénes son? - ¡Qué sé yo! Ahora veremos.
- ¡Espera! ¡El pollo! - El pollo tienes que matarlo, ¿no?
- ¡Claro! ¿Qué quieres que lo comamos vivo? - Si esperas que lo mate yo... - No.
- Bossi. - Armentano.
- Burdini. - Armentano.
- De Santis. - Armentano.
- Lupi. - Armentano.
Usted se preguntará qué hacemos aquí.
Somos fundadores de una Asociación llamada ACIECC.
- ¿ACI...? - ECC. Con dos C.
Asociación ciudadana de inquilinos de ex casas cerradas.
Ustedes también, ¿eh?
- ¡Bueno, pónganse cómodos! - Gracias. - Gracias.
De momento somos 4, 5 con usted. Pero si se alquilan todas,
podríamos convertirnos en una gran categoría
...¡y podríamos defendernos mejor! - ¡Eso, defendernos, es una verdad sacrosanta!
¿Qué pasa, Peppino?
- ¿Defenderse de quién? - No, nada.
Son colegas. Miembros de la Asociación ciudadana de callistas.
- ¡¿Callistas?! - Perdonen, pedicura.
¡Si no se defiende la invasión de los hongos, pasaremos hambre!
Te lo ruego, déjanos hablar. Anda, Maria, ve.
- ¿Decía? - Le mandaremos un manifiesto...
Le mandaremos un manifiesto para firmar.
- Ahora examinamos los problemas más gordos, luego repartiremos tareas. - Sí.
- Antes que nada, ¡la abolición de los oprobiosos recuerdos! - ¿Cuáles?
- ¡Los urinarios! - ¿De eso se ocupará usted?
No, de esto, si me permite, me encargo yo.
Segundo: ¡cambio del nombre de la calle!
Tercero: cambio de los números de teléfono,
porque el número viejo lo conoce toda Roma.
Cuarto: lucha a través de frecuentes y despiadadas vigilancias de la policía
contra las bromas vulgares e inciviles a las que los socios nos vemos expuestos,
bromas que, con el tiempo, nada indica que vayan a disminuir.
- No señalan, ¿eh? - El sábado pasado he encontrado en la puerta
- un cartel que decía: "sin límites". - Los días festivos son siempre un desastre.
- Son los nostálgicos. - A mí la lápida me la mancharon el día de fiesta,
...la noche del viernes pasado. - ¡¿La lápida?!
¡Estos cornudos!
- ¡Justo debajo de la ventana de mi mujer! - ¡Madre mía!
Entonces, mi mujer podría encontrar una lápida... ¿Y qué había escrito?
Que por esa casa había pasado Giuseppe Mazzini...
y se le había ocurrido la idea de dar el voto a las mujeres.
¡No, no, no! ¡Hay que hacer algo!
¡Yo voy a empezar escribiendo una carta al alcalde!
¡Que por lo menos sepa que existimos!
¡Un manifiesto claro, impoluto! Lo escribo yo y os lo mando a vosotros.
- ¿Lo aprueba? - ¡Naturalmente! ¡Y no sean ceremoniosos!
Hace falta ser duros, muy duros,
es más, durezas, de las mismas que se forman en la planta del pie,
sin raíces profundas de difícil extracción y muy dolorosas.
Y luego no hablemos de ciertas callosidades,
el llamado "ojo de pollo".
¡Nicola! ¡Hola, Nicola! ¡Hazme un favor!
- Como hay una gran fiesta en casa de ciertos señores... - ¡¿Una qué?!
¡Una fiesta de los jefes! En resumen, que los jefes se van.
Y como los soldados ya no gustan, y los señores son más astutos,
...hemos pensado en disfrazarnos de ingenieros. - ¿Cómo?
¡Sí, de burgueses! ¿Nos dejas ir a tu casa a cambiarnos?
- ¡No, en mi casa imposible! - ¿Por qué?
Porque no voy a casa, ¡tengo un compromiso!
- ¡No seas malo! - ¡Dejadme! ¡No voy!
- ¡¿Pero dónde vas?! - ¡A la estación, a recoger a mi tía!
¡Pero la estación no es por ahí!
- ¿Pero dónde va? ¡Qué misterioso! - ¡Echemos una ojeada! ¡Esperadme allí!
- ¡Bajo el portal de los sirvientes! - ¿Dónde nos cambiamos? - ¡En las escaleras!
¡Está rodeando la calle Fontanella!
¡Ahí está!
Pero, ¿dónde va?
- ¡Salvatore! - ¡Nicola!
- ¿Cuándo las llegado? - Esta mañana.
- ¿Has visto qué sorpresa? - Ya veo, ya veo.
- ¿Papá lo sabe? - ¡Claro que lo sabe!
¡Me ha abierto él! ¡Ha puesto una cara cuando me ha visto!
- ¡Me lo creo! - ¿Por qué? - ¡De la alegría!
¡Salvatore, ven aquí! ¡Échame una mano!
- ¡Nicola, por fin! - ¿Cómo ha ido?
Hasta ahora como la seda, pero no veía la hora de que llegases.
- ¿Por qué? - ¡Me tengo que dar un baño caliente!
- ¡Ve! ¡Ahora estoy aquí! - ¿Te ocupas tú? - Sí, quédate tranquilo.
- ¿Palabra de soldado? - ¡Eh!
- ¡Cuidado con el cura! - ¡Está bien!
- ¡Mamá! ¿Quién me ayuda con las cortinas? - ¡Voy yo!
- ¡Nicola, abre tú, por favor! - ¡Sí, mamá! - Toma.
- ¡Quieto! - ¿Qué queréis?
- ¿Y está será la estación? - No.
- ¿Qué se hace aquí dentro? - ¡Nada!
- ¿Y qué has venido a hacer a casa de la hermana Gina? - ¡Gina! - ¡Calla!
Escucha, Cabo, si has venido, quiere decir que aquí hay algo que te interesa.
- Y si te interesa a ti... - ¡Nos interesa a nosotros!
- ¡Adelante! - ¿Qué hacéis?
- Querías pegárnosla, ¿eh? - ¡Marchaos, sinvergüenzas!
- Entonces, ¿qué se hace aquí dentro? - ¡Nada!
Nada, ¿eh?
Está bien... Aún hay un pequeño trajín clandestino.
- ¿Has oído? ¿Qué te decía? - ¡Pero es muy peligroso, chicos!
- ¡Me estaba yendo hasta yo! - ¿Y quién te retiene? - ¡Vamos a dar un paseíto! - ¡Parad!
¡Si nos pillan, nos mandarán a todos a Gaeta!
¡Esperad, chicos! Os llevo a un saloncito privado, ¿eh?
- ¿Pero si te he traído yo a la hermana Gina? - ¡Ya no está ella! ¡Es otra cosa!
- ¿Y quién está? - Luego te lo explico.
¡Chicos, vámonos! ¡Aún estamos a tiempo!
- ¡Y además son adefesios! - ¡Nicola!
- ¡Nicola! - Son amigos míos.
- Buenos días. - Madame. - ¡Buenos días!
- ¡Va, va! - Entonces, ven... - Voy enseguida.
- ¡¿Esta es un adefesio?! - ¡A mí, te lo juro, no me dice nada!
- ¡Es que es así, este asqueroso! - ¡Aquí, aquí! ¡Entrad aquí!
¡Pero! Está mucho peor que antes.
¡Además, hace una peste a col que me recuerda a mi casa!
¡Es un local clandestino! ¿Qué esperabais? ¡Sentaos!
- ¡Mira! ¡Vaya, qué cosas! - ¡Dame eso!
- ¡Cómo se lo monta! ¿Te las traes aquí? - ¡Sí, me las traigo! - ¡Va, va!
¿Cómo se habrá enterado que aquí dentro...?
¡Ocupado!
- ¡Papá, abre! ¡Es urgente! - ¡Hay tres baños!
- ¡Abre! - ¡Mierda! ¡No se puede estar ni un minuto tranquilo!
- ¿Qué? - ¡Papá, tenemos problemas!
- ¡Dios! ¿Lo han descubierto todo? - ¡Aún no, pero hace falta tapar!
Tapar, tapar... ¡Desde esta mañana que estoy tapando!
¿Te acuerdas de la noche que lo cerraron?
¡Se esperaba la medianoche como si fuese la última del año!
¡Menos 5, 4, 3, 2, 1! ¡Bang!
¡Italianos, fin de la transmisión!
- Buenos días. - Buenos días.
Hola.
- Sois amigos de Nicola, si no me equivoco. - Sí.
- Yo soy Bianca. - Mucho gusto.
- Naturalmente el palurdo de Nicola no os ha ofrecido nada, ¿no? - No.
Ese palurdo de Nicola no...
- ¡Lástima! Es tan joven... - ¿A ti qué te importa?
¡Dios, espero que baste! Hoy hemos tenido muchas visitas.
¡Ah!
¡Chin, chin!
- ¡Fuera! ¡Nos han pillado! ¡La policía! - ¡Escapa! ¡Déjalo estar! ¡Deprisa!
- ¡Corre! - ¡Rápido! - ¡Ya te he dicho que era peligroso!
- ¡Adiós! - Pero... - ¡Fuera, fuera!
- ¿Qué policía? - ¡Quiero decir la policía militar, la ronda!
¡Salen sin permiso y luego acaban en el calabozo!
- ¡Por aquí! - ¡Ahora la cerrarán para siempre!
- ¿Y las chicas? - ¡Todas en prisión! ¡Olvídate de ellas!
¡Mamá, los eslavos han vuelto a robar el jabón!
¡Vosotros reíos, pero yo aún me lo creo!
Si mañana me despertase y me encontrará aún en Via Pistoia 45,
último piso, interior 18. ¡No, no!
Me había jurado que tendría casa nueva para las bodas de plata.
Y lo he mantenido. ¡Es más, con tres días de antelación! ¿Verdad, Peppino?
¡Sí, ya me acuerdo! ¡Ah!
Así, haciendo un esfuerzo, he recordado que yo...
Papá, ¿quieres dejar de exprimir la memoria?
¡A tu edad puede darte una trombosis cerebral!
- ¿Qué me puede dar? - ¡Una trombosis! - ¡¿Pero eres tonto?!
Debe haber sido en un tiempo lejano, quizá en otra vida... ¿Quién sabe?
Yo he estado en esta casa...
Escucha, ¿cuándo tienes que ir a ese encuentro?
- Puede que mañana, papá. - Puede que mañana.
- Así pues, cuando... - Disculpa, papá. ¿Cómo que "puede"?
Mañana temprano si están todos en San Giacomo y, si llega la orden, vamos.
- Yo estoy... - Sí, pero debe llegar la orden,
¿o se aplaza por los calendarios griegos?
¡Déjale hablar! ¡Estás hecho un aguafiestas hoy!
- Así que, yo... - Escucha esto, eh...
¡Esta casa! ¿Me dejas hablar? ¡Un poco de respeto, pardiez!
- Yo... - ¡Ah!
- ¡Tú siempre con las manos delante! - Aaah...
Di, abuelo.
Quería decir que esta casa ha pertenecido nada menos que...
a la prima de la tía Minda.
¡Qué fea era la tía Minda!
¡Tú no puedes saberlo!
¡Ponte un momento las gafas!
- ¿Por qué? - ¡Es preciso!
- ¡Como dos gotas de agua! - ¿Con quién? - Con la tía Minda.
¡No bromeemos!
¡Me vuelve todo: la entrada, la escalera, la fuente! ¡Eso es una fuente!
- Pero esos timbres... - Permíteme decirte,
...¡esos timbres los han puesto luego! - Ponte las gafas.
¡No bromeemos! Queremos ir a la cama, que son las 11
y nosotros estamos levantados desde las 4 de la mañana. ¡Tengo sueño!
¿Han llamado?
¡Será Romano desde Alemania!
¿Qué novela lees?
¿Diga? Sí.
¡Sí, mamá, es él! ¡Ha recibido el telegrama!
¡Hola, Romano! ¿Cómo ha ido?
- Oh, Lo siento... - ¿La dejamos un poco sola con su novio?
¡A la cama, Bianca, Salvatore, papá!
¿Te has hecho daño? ¿La ceja? ¿Derecha o izquierda?
- Ah, las dos. Oh... - ¡¿Y ninguna pupa en la nariz?!
Sí, la casa es preciosa. ¿Cuándo vuelves? ¿Mañana?
Está bien, lo hacemos así.
No voy a buscarte al aeropuerto. Te espero aquí.
En cuanto llegues, ven enseguida a casa.
- Escucha, ¿tienes papel y boli? Ahora te lo doy... - ¡Déjame a mí!
¿Diga?
¡Soy yo, el padre! ¡Yo te lo explico!
No hace falta el nombre de la calle.
Plaza del Popolo, ¿no?
Plaza del Popolo, ¿no? ¡Eh! La primera calle a la izquierda.
¡La más estrecha! El portal grande.
¡El grande!
¡He dicho el grande!
- ¡Sí, está bien! ¡Tanta historia! - ¡Pero no me dejas despedirme!
- Se ha cortado la comunicación. - ¿Cuándo llega?
- Mañana, en avión. - ¿En avión? - Sí.
- ¿A Ciampino? - Sí. - ¿Este, Oeste?
- ¡Oeste! ¿Por qué? - No, nada. Vete a la cama.
- Buenas noches, papá. - Buenas noches, tesoro.
¡Peppino!
¿Qué quieres, papá?
- Estamos como al principio. - ¿Qué?
Antes te he dicho que me parecía la casa de la prima de mi pobre tía Minta.
- Sí. - ¡Pues no!
¿Pero si antes te encajaba muy bien?
Me he acordado de una cosa que corta el aliento a un toro.
- ¿Qué? - ¡La casa de la prima de la pobre tía estaba en Nápoles!
- ¡Papá! - ¡Oh!
¡La próxima vez que te acuerdes de algo dímelo antes a mí!
- ¿De acuerdo? - Está bien.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- ¿Ya estás en la cama? - Eh, no podía más.
¡Peppino, vaya día!
Por fin aquí, ¿eh?
- ¡Mira! ¿Lo reconoces? - ¡No!
Lo compré cuando gané aquel premio de lotería.
- La tenía en un cajón. - ¡Has hecho bien! Nunca se sabe, una enfermedad...
No.
Era para... la primera noche en la nueva casa.
- ¿Te gusta? - Bonito.
¿Pero qué le pasa a esta ventana?
¡Señora, tenga paciencia! ¡Tiene que intentarlo poco a poco, hasta que se abra!
- ¿Pero qué ha dicho ese idiota? - ¿Qué ha dicho?
- ¿Pero estás sordo? - No, no lo he oído.
- ¿Qué es esto? - ¿Qué es? ¿Unas esposas?
¿Y qué hacen aquí?
¡Ah, cadenas anti robo! Se ponen en las bicicletas.
Las familias las ponen en las ventanas cuando se van de veraneo
por miedo a los ladrones. ¡Por tanto, úsalas!
- ¡Por Dios! ¡Me parece estar en una casa de tolerancia! - ¡Ah!
- ¿Lees? - Sí. Estoy leyendo lo de la captura de ese ladrón de hoteles.
En el fondo, ¿sabes qué te digo? Que ahora el matrimonio es más bonito que al principio.
En serio. Creo que la luna de miel debería hacerse después,
cuando se ha probado que están bien juntos.
Peppino, ya lo tenemos, ¿eh? Hemos llegado a las bodas de plata.
Bueno, aún no. Faltan tres días.
25 años...
Bueno...
- ¿Dónde está el interruptor? - No me parece el momento. Y luego aquí...
¿Dónde está el interruptor? ¿En tu parte o en la mía?
En la tuya.
- ¡Peppino! ¡Bianca! - ¡Sí, mamá! - ¡Date prisa que llegas tarde a la escuela!
- ¡Estoy casi lista! - ¡Buenos días! - ¡Buenos días!
- ¿Salvatore aún sigue en la cama? - No, se ha ido esta mañana antes de las 7.
¡Voy yo!
- No, que vas en camisa. ¡Ve tú, Maria Berta! - ¡Sí!
- ¡No, deja que vaya yo! - No. ¡Cierra la ventana! ¡Sacude todo!
¡Mierda! ¿Qué es, un tornado?
Certificado.
¿Eh? Disculpe, ¿qué mira?
Nada...
- Me ha entrado nostalgia. ¡Me cago en...! - ¿Qué pasa?
- Un certificado. - ¡Déjame ver! ¡Dame! ¿Qué puede ser?
- Viene a nombre de ACIECC. - A ver qué es. Veamos.
"Queridísimo profesor Armentano,
la sacrosanta exigencia de los inquilinos de las ex-casas cerradas:
eliminación de recuerdos oprobiosos, urinarios,
especial vigilancia a las frases obscenas
y demás bromas.
- "Querido Armentano... - ¡Maria!
...que su señora esposa pueda... - Voy a hacer la compra.
- ¡Peppino! - ¿Qué?
Por el amor de Dios, ¿dónde nos has traído?
- ¿Cómo que dónde os he traído? - ¡Peppino!
¡Peppino! ¡Lo sé todo!
¿Sabes quién estaba en esta casa?
¡La hermana Gina!
¡La hermana Gina!
¿Pero es cierto?
Pero, ¿por qué?
¡Habla!
¡Habla!
No me entenderías.
¡Peppino! ¡Peppino, ven aquí!
¡No te vayas! ¡Bellaco!
¡¿Bellaco?!
- ¿Qué pasa? - ¿Yo qué sé?
Mamá, ¿qué pasa?
¡Dios, la niña! ¡Por lo que más quieras, que no se entere!
- Mamá, ¿ha pasado algo? - Nada. Me he peleado con papá
y me he enfadado un poco, pero tú ahora vete a la escuela.
- No, si quieres, me quedo. - Vete, cariño, ve.
- Esta mañana no hay clases importantes. - No, vete a la escuela.
- Pero yo... - Adiós. - ¡Vete a la escuela, Bianca! Adiós.
Adiós.
¡Ahora entiendo las bromas, los chistes graciosos!
¡¿Bianca se ha ido?!
¡Bianca, no hables con nadie! ¡No te pares por nadie!
Está bien, mamá, quédate tranquila.
¡Dios, qué vergüenza!
- ¡Dios mío! ¡A las 3 llega Romano! - ¡Maria!
No te preocupes. Iré al aeropuerto y le detendré.
¡Por Dios, invéntate una excusa! ¡No dejes que entre aquí dentro!
¿Lo sabéis también vosotras?
¿Y Peppino lo sabía antes de venir?
¡Hijo de perra!
¡Venga, no llores!
¡Mírame a mí! ¿Acaso lloro yo? ¿Entonces? Oooh...
¡No entiendo porqué llora! Una bonita casa, el alquiler congelado...
¡Y, además, yo estoy a gusto!
- Disculpe, ¿trabaja usted siempre aquí? - Desde julio de 1926.
¿No sabrá si ayer noche, en esta calle, hubo una redada?
- ¿Yo qué sé? Pregunte al quiosquero. - No importa. Gracias.
- Hola, Bianca. - Hola.
- ¿Qué más ocurrió ayer noche? - Nosotros no vimos nada, ¿y usted?
Bueno, después de un minuto, ¡era sólo un puntito en el horizonte!
- Venga, volvamos a casa. - ¿Por qué?
- Retomemos donde lo dejamos ayer. - Lo retomamos en el 52.
- ¡¿En el autobús?! - Sí. - ¡Pero no es el lugar más adecuado!
- Escucha, llego tarde a la escuela. - ¡¿Vas a la escuela?!
- ¿A qué escuela? - Magisterio. - ¡¿Eh?!
¿Qué tiene de raro? ¡Venga, deprisa!
- ¿Volumen de la esfera? - 4/3 P griego R3.
- ¿Área del diámetro esférico? - 4 P griego R2 alfa sobre 90.
¡Oh, la campana! ¡Está la hermana! ¡Para!
- ¿También vas a las monjas? - ¡Ven a recogerme mañana!
- ¡Sí, pero nada de geometría! - Sí. - Luego voy a por ti a casa, ¿vale?
- ¿Cómo que a casa? ¡Mejor al cine! - ¡¿Cómo que mejor?! - ¡Adiós!
"Sueño".
- ¿Qué pasa? - ¡Se lo decía a él! ¡Buenas tardes!
Profesor, ¿qué le pasa? ¿Le tiembla la mano?
- Nada. - ¿Cómo que nada? ¡Me ha pinchado el dedo! - ¿Me he pasado?
¡Sí, no venga a hacerme la pedicura si le va el santo al cielo!
¡Atención! Alitalia anuncia la salida del vuelo...
¡Señor Luciano!
- ¿Qué hace aquí? - Espero el vuelo de Berlín.
- ¿Ha visto qué guapos? - ¿Quiénes son?
5 princesitas de la India.
- ¡Piense que dan la vuelta al mundo ellos solos! - ¿Sí?
¡El mayor no tiene ni 8 años!
- ¿A quién está esperando? - A Romano.
¡A propósito, felicidades!
- Ha ganado el puslo con su padre, ¿eh? - ¿Cómo se ha enterado?
No sea tan modesta.
¡Es una noticia de primera página deportiva!
- ¡Pero he sido yo quien le ha dado suerte! - ¿Usted cree? - ¡Seguro!
¡Mire, en cuanto una se hace amiga mía, se casa enseguida! ¡Todas!
¡Ricas, pobres, guapas, feas!
Hasta aquella con la que me casaría yo.
Les recordamos que se prohíbe fumar.
- ¿Es la primera vez que viene al aeropuerto? - Sí, y me han entrado ganas de volar.
- ¿A qué hora ha dicho que llega su vuelo? - A las 15:05.
- ¿El de las 15:05 de Berlín? - Sí.
¡Viene con una hora de retraso! Lo han anunciado hace un momento.
- ¿Está seguro? ¿Lo ha oído bien? - ¡Sí, segurísimo!
En vez de esperar aquí, ¿por qué no damos una vuelta?
- ¡La hago visitar el aeropuerto! - Pero no puedo... - ¡Va, venga!
¡Vaya, qué grande! ¿Dónde me pongo?
- Siéntese, allí al fondo. - ¿Dónde? ¿Aquí? - Sí.
Y ahora, ¿qué hago?
Mire fuera, como si viese a alguien que ha venido a buscarla.
- Oh, Dios. - ¿Qué le pasa?
- Nada... - ¡Ah, no! ¡Ahora, me lo cuenta todo! ¿Qué le ocurre?
No podría decírselo, aunque quisiera.
¡Bien, pruebe!
No, no puedo.
- ¿Se trata de Romano? - También.
Bueno, ¿es algo... tan grave?
- Verá, ayer nos mudamos de casa. - Bien, hasta aquí...
- ¡Venga! - Esta mañana nos hemos enterado de que...
¿De qué?
Que papá... nos ha llevado a vivir a una de esas casas.
¡Oh, santo cielo!
- ¿Por qué se ríe? - No, querida. Al contrario, me conmueve.
- ¿Por qué lo ha hecho? - No sé, es lo menos que podía hacer.
Usted es un personaje extraordinario,
pero termine de contarlo. Romano no lo sabe, ¿verdad?
¡No lo sabe! Por eso he venido a recogerlo, ¡tengo que pararle!
No debe saberlo, ¡porque si se llega a enterar, todo habrá acabado!
Escuche, creo que la he hecho buena.
- ¡Venga, rápido! ¡Vamos! - ¿Por qué?
- Ya ha llegado. - ¡No! - ¡Sí, puntualísimo!
Venga, tengo coche.
Quizá tengamos tiempo de pararle.
Y además, esté tranquila. ¿Qué quiere que pase?
- Ya hemos llegado. Ahí está su coche. Adiós. - ¡Espere!
- ¡No! ¿Quiere que descubra que he venido en coche con usted? - ¡Un momento!
Tengo que preguntarle tres cosas, pero son importantísimas.
Piénselo bien antes de responder.
Jurándole que estoy dispuesto a todo,
...¿hay algo que pueda hacer para ayudarla? - No, no.
- ¿Sería una tragedia para usted que terminase todo con Romano? - No lo sé.
¿No debemos pensar más... en lo de antes?
- ¿Lo de cuándo? - Lo de antes.
No.
Está bien. Entonces,
¡buena suerte!
Adiós.
- La llamaré para saber cómo ha ido. - Sí.
Adiós.
¡Lástima que llueva! Cuando hace sol, ¡esta casa es otra cosa!
- ¡Maria Berta! - ¡Hola, Romano!
¿Se puede saber dónde has estado hasta ahora?
Me he equivocado de aeropuerto. Perdona.
Con toda esa confusión no me he enterado de nada.
- ¿Y qué has ido a hacer al aeropuerto? - Bueno, así...
- ¿No te había dicho que te quedaras en casa? - ¡Quería darte una sorpresa!
- ¡Bueno, ahora sube y luego hablamos! - Sí.
¿Lo ves? ¿Lo ves?
Por darle una sorpresa, has perdido la ocasión de enseñarle la casa,
...que le ha gustado muchísimo, ¿eh? - ¡Bonita!
Me ha dicho nunca había estado en una casa así, ¿no es cierto?
- ¡Nunca había estado! - ¡Nunca ha estado en una casa así en su vida!
Ven, quiero enseñarte otras comodidades que tenemos.
- Ha ido bien, Maria Berta. Nunca ha estado. - ¡¿Cómo?!
Nada, cariño. Es un buen chico.
Luego, los timbres.
En otras casas, suelen estar en la cocina.
- ¡Aquí no! ¡Tenemos en el salón! - Como en los hoteles. - ¡Exacto!
- ¡Romano! - ¿Sí?
- ¿Quieres que te haga un café? - Gracias, para mí es veneno.
Es más, también para el futuro: nada de café, ni licor, ni vino.
¿Has entendido? De esto... ¡nunca nada!
¡Romano, por un vez tómate un café! Yo sé que te gusta.
- Me gusta, pero no me lo tomo. - ¡Por una vez, haz una excepción!
¡Haz una excepción a la regla! ¡Haz esta gamberrada!
No insistáis. Más bien, ¿no ves que vas toda chopada?
¡Ve a cambiarte, si no pillarás un resfriado y me lo pegarás a mí!
¡Ven! Éste es el salón ruso.
Próximo al de los cosacos y a la izquierda, el chino.
- ¿Diga? - Maria, vuelvo, pero con Salvatore.
Si montamos una escena, este ángel lo descubrirá todo,
y yo no puedo calcular las consecuencias de semejante turbación.
¡Ahí está! Lo tengo delante. Acaba de salir del Santo Padre.
Tendremos todo el tiempo que quieras para hablar cuando nos vayamos a la cama. Adiós.
¡1, 2 y 3! Eeeh...
¡Te he comido la dama!
¡Venga, va! ¡Despierta, despierta!
¡Eso!
Entonces...
¡Salvatore, te toca a ti!
- ¡Tienes que comer! - No tengo hambre.
¡Tienes que comerte la ficha!
- Ah... - ¡Si no te doy un cachete!
Eh, ¿tengo que darte un cachete?
¡Salvatore, va! ¡Así, así, así!
¡Oh! ¿Qué quiere?
¡Salvatore, va!
Ahora mamá te hace una taza de café fuerte, fuerte,
...busca algo de música en la radio y... - ¡Basta!
- Nosotros... - ¡Basta!
¡Si es por mí, le puedes también mandar a la cama!
- ¿Has visto qué has hecho? - ¿Qué? - "¿Qué?"
Conociéndolo, es exactamente como lo imaginaba:
muy simpático, siempre alegre, y un poco granuja.
- ¡Todo lo contrario que Romano! - ¡Pero en el fondo es muy serio!
- ¡Mira, insiste en venir a buscarme a casa! - ¿Aquí? - Sí.
- Es mamá, que llora. - Sí. Eso, ¿qué le ha pasado con papá?
Te lo contaré, ya no eres una chiquilla.
Será mejor que te enteres, así sabrás qué hacer con ese chico.
- Buenas noches, Salvatore. - Buenas noches, papá.
¡Maria!
¿Duermes?
Has llorado, ¿eh?
Bien, te has desahogado.
No podemos discutir en un momento que estás muy nerviosa.
Habríamos acabado peleando y ya está.
Ahora que estás con más calma, tranquila, serena,
podemos discutir de forma más distendida,
llegar a un acuerdo sin ponernos graves. ¿Verdad, Maria?
Te doy dos días de tiempo para llevarme a otro sitio.
Buenas noches.
- Pero, Maria... - No quiero oír nada más.
Te doy dos días de tiempo para llevarme a otro sitio.
Buenas noches.
¡Giuseppe! ¡Giuseppe!
Dime la verdad:
- ¿Tú ya habías estado aquí? - Aquí, ¿dónde?
¡No finjas que no me entiendes! ¡En esta casa, cuando estaba abierta!
- ¡Cuando estaba cerrada! - ¿Qué cosas se te ocurren a esta hora?
¡Contéstame! ¿Ya habías estado?
- No, no me... - ¡Oh, Dios, ya habías estado!
¡Pero de paso! ¡Maria! ¡Maria!
- Discúlpame, Maria Berta, ¿puedo estar aquí contigo? - Claro.
Siento molestarte, pero allí, con papá, no podía soportarlo más.
Total, yo tampoco dormía...
¿Sabes que tu padre ya había estado aquí, antes?
¡En cambio Romano nunca ha estado!
¡Todos los hombres son iguales, unos asquerosos!
¡Salvatore! ¡Armentano!
¡Ahí están!
- ¡Hey, hola! - ¡Hola!
¡Buenos días, Padre! ¡Bajo a abrirle!
- ¡Es una sorpresa! - ¿Eh?
- ¡Papá! - ¡Oh, Dios! - ¡Os he preparado una sorpresa!
¡Bianca, Maria Berta, despertad! ¡Bajad!
- ¿Qué pasa? - He traído aquí a todo el seminario.
- ¡¿Qué?! - ¡Espabila! ¡Hay que sacarlos de aquí! ¡Corre, Peppino!
¡Papá! ¡Mamá!
- ¡Buenos días a todos! - ¡Fijaos qué bonita sorpresa!
¡Le he pedido al Padre Superior que fuese el primero en bendecir la nueva casa!
Muy bien, Salvatore. Gracias, Padre.
- Oh, lo hago con mucho gusto. - No es posible...
Está todo patas arriba. Y además la casa...
Hay ciertas cosas que nuestro Señor no mira. ¿Entonces?
- ¡Vamos, arrodillaos! - Por favor.
¿Se puede aquí dentro? ¡Es un sacrilegio!
¡Es una casa como todas las demás! ¡Métetelo en la cabeza!
- Dominus vobiscum. - Et cum spiritu tuo.
- Eh, gente, ¿dónde estáis? - Pax vobiscum.
¿En esta casa no se desayuna esta mañana?
In nomine Patris...
- ¡Adiós! - ¡Adiós, papá! ¡Adiós, mamá!
¡Bueno, ahora está hasta bendecida!
¡Y por fin podemos desayunar!
Maria, ¿qué haces? ¿Qué haces?
- ¡Cierro! ¡Lo sello todo! ¡Todo! - Pero...
¿Y quién va a por el pan?
¡Chicos, aquí falta ir a por el pan!
Ahora que ese inocente se ha ido, ¡no hace falta hacer ninguna comedia!
¡Qué comedia! No voy a insistir, pero quiero que entiendas...
- ¿Qué quiere aquella idiota? - ¡Maria! - ¿Qué está mirando?
¡Déjame, te lo ruego!
¡El espectáculo ha terminado!
¡Piensa en Bianca! ¡Aún no sabe nada!
¡Bianca lo sabe todo! ¡Ven!
¡Bianca!
- ¡Dile a papá que lo sabes todo! - Sí, papá.
En resumen, ¿quién va a por pan?
¡Yo no, y las niñas tampoco! Y apañaos:
¡en esta casa, todas nos hemos sepultado vivas!
¡No exageremos! ¡Sepultadas vivas o sepultadas muertas!
Además, la niña debe ir a la escuela.
¡No, la niña no sale! No la mando salir para que se deje insultar y le falten el respeto.
¡No, mamá! ¡Aquél que me interesa no me falta el respeto!
- ¿Ah, sí? ¿Y de quién se trata? - De uno que sabe donde vivo,
y que ha tenido la delicadeza de no hablarme de ello.
¡Yo te encierro en la habitación!
- Y yo me escapo por la ventana. - ¡Tienes razón, Bianchina, vete!
¡Papá te da permiso!
¡Estaré orgulloso de conocer a un hombre de una mente tan abierta!
¡Sí, haz caso a tu padre! ¡Vete!
Pero acuérdate: ¡mamá te ha avisado!
¡Maria Berta, ayudadme a cerrar todas las ventanas! ¡Todas!
Bueno, papá, entonces yo me voy. Adiós.
Ya que la niña baja, ¡dile que compre pan!
¡Ah, papá, deja en paz el pan! ¿Te parece momento de pensar en comer?
¡Maria! ¿Cómo voy a encontrar una casa?
Si no la he encontrado en 12 años, ¿cómo voy a encontrarla en dos días?
- ¡Maria! - ¡Tengo hambre!
¡Cuando yo os mantenía, nunca faltaba pan fresco por las mañanas!
¡Os poníais morados!
Os doy toda la pensión, ¡hasta el último céntimo! ¡Ladrones!
Pero a partir de este mes... ¡que os den! ¡Desgraciados!
¡Pero tendrías que verla! ¡Si no la conocieras, te casarías con ella!
¡Es un misterio! ¡Quizá un desdoblamiento de personalidad como el doctor Jekyll!
¡Haz el favor! ¡Es la clásica prostituta con las manos sucias de tinta!
¡Se ponen la cartera y se van a trabajar!
¡Retoman la cartera y se van a la escuela de monjas!
- Enséñale un billete de 5 mil y después... - Aparte de que no lo tengo,
pero, aunque lo tuviese, me sentiría con las manos atadas.
¡Entonces, tienes un complejo! Pide visita o ve al Capellán,
...¡pero cúrate porque es grave! - ¡Eh, chicos!
- ¿Qué hacéis? - Estamos discutiendo.
- A propósito, ¿sabéis la novedad? - ¿Cuál?
- ¡La casa está abierta, abiertísima! - ¿Cuál?
¿Cómo, cuál? La casa, ¿no? ¡La hermana Gina!
Sólo que Felice no tiene ni una lira y yo tampoco.
Tendrías que convencerle tú de que pidiera un préstamo, ¿no?
- No. ¿Sabes qué le pasa a éste? Está celoso. - ¡Qué va a estar celoso!
¡Nunca ha tenido nada con una chica! Te lo digo yo,
y yo se lo he preguntado: "¿Nicola qué quieres para ti?".
- " Un hermano". - ¡De leche!
¿En serio que esperas que te confíen los niños para educar?
- ¿Por qué, tú no me los confiarías? - Quizá de pequeños, con menos de 10 años.
- ¡Ay! - Felice, ¿te has hecho daño?
- Felice, ¿qué tienes? - Un tirón.
- Bien, así mañana voy de visita. - Entonces, ¿no nos vemos?
- ¡Pero salgo hacia las 5! - Ya es hora de irnos.
- ¡No! - ¡Sí!
No! ¿Me has traído aquí sólo para dar saltos mortales?
No puedo llegar tarde. Esta mañana, para que me dieran permiso para salir,
me he tenido que pelear.
Sabes, en casa estamos atravesando un mal periodo.
Y tú eres un encanto al fingir que no pasa nada. Pero sabes que en casa estoy...
¡Exacto! ¡Y ya estoy harto de fingir que no pasa nada!
- ¡No lo vuelvas a hacer! - ¡Deja de hacerte la estrecha conmigo!
- ¡Sinvergüenza! ¡Maldito! - ¡Espera! ¡Para!
- Con otros sí, y conmigo no, ¿eh? ¡Porque no tengo dinero! - ¡Déjame!
En definitiva, ¿sí o no?
Mejor que me vaya. ¡En qué mala hora te he conocido!
¡Vamos, adelante! ¡Echadme la culpa de todo esto!
Ahí la tienes. ¿No ves a tu hija? ¿No te has enterado de lo que le han hecho?
¡Ya te dije que era un sinvergüenza, un delincuente!
Tú ahora ves a vestirte. No hagas esperar a Romano,
...que quizá sea lo único que se pueda salvar. - Sí, mamá, voy.
- Basta, Bianchina, cálmate. - ¡Aún te ha ido bien!
¡Yo a ése lo conozco! Para él no hay nada sagrado.
¡Ni siquiera respeta a la hermana de un amigo!
¡Nicola, no digas nada, es mejor!
Llega un punto en que a mí también me resulta pesado!
- ¡Papá! - ¡Sí! ¡Aquí se está abusando de cargar con todo sobre mis espaldas!
¡Llega un punto, en que cada uno debe cargar con su propia responsabilidad!
¿Cómo se dice? ¡Dale al César lo que es del César!
- ¡Y damos a Nicola lo que es de Nicola! - ¡Papá, no!
- Madre mía, ¿qué más quieres? - ¡Este señorito,
como se avergonzaba frente a sus colegas, ha dicho que todavía estaban
las prostitutas! ¡Por eso no han respetado a tu hija!
Nicola, ¿es cierto?
- Mamá, perdóname. - ¡Bianca! - ¿Y tú por qué se lo has dicho?
Sí, lo he hecho por... ¡No me mires así, mamá!
¡Yo... hago que me trasladen!
- ¡Haré que me manden a Catania! - ¿Vas a dejar que se vaya así?
- ¡Ve detrás! - ¡Sí, me voy a Catania!
¡Nicola, oye! ¡Nicola!
¡Eh! ¡Ey, dónde estáis?
¿Dónde estáis?
¿Dónde estáis? ¡Salimos en el periódico!
¡Vamos a hacernos famosos! ¡Mira un momento! ¡Aquí está! ¿Ves?
Éste es el Ministro de Asuntos Exteriores. Éste soy yo, asomado a la ventana.
Esta es nuestra casa. ¡Cómo me han rejuvenecido!
Eh, sí...
¡Por lo que más quieras, Maria Berta, que Romano no lea el periódico esta tarde!
- Ya lo ha leído. Era él, al teléfono. - ¡¿Y?!
No hace falta que vaya a vestirme.
- Abuelo, ¿me das el periódico? - ¡Sí, cariño!
A este periodista, le caemos muy bien
¡especialmente tú! Parece que te conozca.
- ¿Te ha dejado? - Sí.
¿Estarás contenta ahora, eh? ¡Sé superior, Maria!
¡Sé superior!
¿Por qué no me lo dices ahora? ¡Dímelo!
¡No! Te diré otra cosa, ¡y se la digo a todos!
¡Oídme todos!
Como soy un incapaz, un fracasado, un inconsciente,
un desgraciado que en la vida siempre ha fallado en todo,
desde este momento, declaro disuelta la familia.
- ¿En qué sentido? - En el sentido de que presento mi dimisión.
Desde este momento, cada uno puede hacer lo que quiera.
Quien quiera quedarse, que se quede; quien no, que se vaya.
¡Ya no tengo deberes ni derechos, ni de padre, ni de hijo, ni con mi mujer, ni como marido!
- ¡Pero con los abuelos no! - ¡Sobre todo con los abuelos!
¿Está claro? ¡Ah! ¡Qué ligero me siento!
Y por lo que a mí respecta, me voy al cine,
a echarme cuatro risas. Buenas noches.
¡Mamá! ¡Mamá, perdóname! ¡No podía!
¿Qué es lo que no podías?
¡Mamá!
Sí, tesoro, soy tu mamita. Desahógate...
- He pasado vergüenza delante de los amigos. - ¿De qué?
De que en la hermana Gina vivamos ma madre, y mis hermanas.
- ¿Ah, sí? Desgracia... - ¡No, mamá! ¡Perdóname!
Sí, tesoro, te perdono. Ahora duerme. Date la vuelta, venga... Duerme.
Ninna, nanna.
- ¡Carbone! ¡Eh, Carbone! - ¿Qué pasa?
- ¿Te gustaría pasar mañana un buen domingo? - ¡Ojalá!
La hermana Gina no ha cerrado. Sigue de forma clandestina.
- ¡Anda ya! - ¡Te digo que sí! Sólo debes decir que te manda Nicola.
Pero te lo pido: ¡no digas ni mu!
- ¡Quédate tranquilo! Gracias. - De nada.
Ya sabes que cuando puedo ayudar a un amigo...
¡Eh! La hermana Gina ha vuelto abrir clandestinamente.
- ¡¿En serio?! - ¡Pasa la voz!
- ¡Eh! ¡La hermana Gina ha vuelto a abrir! - ¡Ha vuelto a abrir! ¡Ha vuelto a abrir!
- ¡Hay que decir que te manda Nicola! - ¡Despierta!
¡Silencio, chicos! ¿Queréis pasar un buen domingo?
¡Yo voy enseguida!
- ¿Se han marchado fuera? - ¡Están, están! ¡Pero sienten vergüenza!
¡Maria Berta!
- ¡Oh, es usted! - ¿Qué ocurre? El teléfono está cortado,
el timbre no funciona, está todo cerrado...
- ¿Por qué? ¿Qué quiere? - ¡Quería saber cómo ha ido!
- ¡Muy mal! - Entonces, ¡mi artículo no ha servido para nada!
¡Al contrario, ha empeorado las cosas!
Lo siento. Pensé que ayudaría.
Estaba convencido que dejándolo en una broma...
- Se lo juro, la intención era buena. - Lo he entendido.
- Me manda Nicola. - ¡¿Nicola?! ¿A hacer qué?
¿Cómo, que a qué? ¡Nicola nos manda! ¡Somos 1, 2, 3, 4 y 5!
¡Mire, hay una confusión! ¡Váyanse enseguida!
¡Está bien, no se enfade! ¡Disculpe!
- ¿Qué quieren? - Nada. Ahora márchese también, se lo ruego.
- ¿Cuándo volveré a verla? - Un día de éstos.
- ¿Prometido? - Prometido.
- Adiós. - Adiós.
Un beso.
Adiós.
- ¡Maria Berta! - ¿Qué pasa? - ¡Ven! ¡Mamá empieza a exagerar!
Llamo por el anuncio.
Ah.
¿Sólo media jornada?
No, lo siento. Yo voy sólo a jornada completa.
Sí, soy de Roma,
pero no tengo casa y necesito también quedarme a dormir.
- Lo siento. Buenos días. - ¡¿Papá, la oyes?!
La escucho. ¡Habla así a propósito, para que se la oiga!
- ¡Y no haces nada! - ¡Figúrate, si fuese en serio!
- ¿Se va a hacer de criada? ¡Díselo tú, papá! - ¡Por Dios!
- No tiene referencias. - ¡Dile que lo deje!
¡Bianca! ¡Bianca!
Sí, hola. Llamo por el anuncio.
Gracias, espero.
- Mamá... - ¿Qué quieres?
Yo no sé qué quieres hacer.
Yo aquí dentro ya no entiendo nada, pero hay algo que debo decirte.
Que no me importa nada que Romano y yo hayamos acabado.
Más aún, si no fuera por esta casa, puede que hubiese sido infeliz toda la vida.
Te lo cuento para que sepas que, al menos por mi parte, no hay ningún drama.
Sí, hola. Buenos días. Llamo por el anuncio.
He leído que necesitan una sirvienta y un jardinero.
Sí, disponibilidad inmediata, pero no somos marido y mujer,
...somos padre e hija. - ¿Eh?
- Sí, señora. Tengo 42 años y mi padre 65. - ¡72!
Pero es fuerte como un roble. Ya verá.
¿Pero qué roble, si no me mantengo en pie?
- ¿Estás loca? - Dígame.
- ¡Yo no sé hacer de jardinero! - Aprenderás.
- ¿Hablas en serio? - ¿No oíste ayer noche? ¡No te quiere!
- ¿No tienes dignidad? - No.
Claro, señora. ¡No!
- Desde esta noche, vivimos en el Instituto Pío Maria Immacolata. - ¡Ah, inmaculada!
Si quiere, nos presentamos de inmediato. ¡Vístete! ¡Empieza a preparar la maleta!
- ¡Qué casa de locos! - Sí, señora. De acuerdo. Gracias.
- ¿Quién es? - Vámonos, papá.
Voy. Estoy enseguida.
Adiós.
Hoy le he hecho poner un marco de plata, pero estoy seguro de que
dentro de otros 25 años le pondré también uno de oro. " Tuyo, Peppino.
Gracias por el detalle, Peppino, pero no lo puedo aceptar.
Hoy no es el aniversario de nuestras bodas de plata.
- Es el primer día de nuestra separación. - ¡Maria!
Peppino, enviaré a alguien por el equipaje y os haré saber la dirección.
Pero no dejéis de mandarme noticias. No digo que tenga que acabar así.
Mamá siempre estará dispuesta a volver a casa. Siempre que sea una verdadera casa.
- Vamos, papá. - ¡No, no voy!
Peppino, ¿puedo quedarme contigo? Te doy toda mi pensión,
14 mil liras al mes. ¡Además, puedo ser útil!
Voy a hacer la compra, lavo los platos, te remiendo los calcetines.
¡De jardinero no hago! ¡Eso es todo!
¡Las lombrices me dan asco! ¿Puedo quedarme contigo?
- Claro. Podéis quedaros todos. - Entonces, yo aprovecho.
¡Ten, toma!
¡Papá! ¡Se va de verdad!
No. No se va, ¿eh? Eso es imposible.
Ella sabe muy bien que otra casa nunca podré dársela. Entonces, ¿qué hace?
¿Se va para siempre? ¡No, vuelve!
- ¡Están abriendo! - ¡Enrico, date prisa! ¡Están abriendo!
- ¿Qué pasa? ¿Qué quieren? - Señora, nos manda Nicola. - ¡Quítate!
- ¡He llegado primero! - ¿Qué hace? ¡Quietos!
- ¿A quién buscan? - ¿Pero cómo, señora?
- ¿A las chicas? - ¡Eh!
- ¿Bianca? - ¡Sí, Bianca!
- ¿Y también a Maria Berta? - ¡También!
- Señora, a mí me viene bien usted. - ¿Ah, sí? - ¡Eh, sí!
¡Fuera, fuera, fuera! ¡Fuera, fuera, fuera!
¡Este lugar no es el que pensáis! ¡Es una casa de bien!
¡Aquí ya no está la hermana Gina! ¡Vive una familia honesta!
¡Metéoslo bien en la cabeza! ¡Una familia honesta!
¡Os lo digo a vosotros y se lo digo a todos!
¡Aquí vive la señora Armentano con su marido y sus hijos!
- ¡Y queremos que nos dejen en paz! - ¡Muy bien, Maria! ¡Muy bien!
¡Y en cuento a vosotros, será mejor que lo sepáis!
¡Soy la madre de vuestro Cabo Nicola Armentano! ¿Está claro?
¡Bellacos! ¡Bellacos! ¡No la toquéis, es mi madre!
¡Ha llegado el héroe! ¡Vete a casa! ¡Y vosotros, fuera, largo, en marcha!
- ¡Largo! ¡Fuera de mi vista! - ¡Fuera, fuera, fuera!
¡Recurriré al ejército!
¡Mamá!
- ¿Queréis un consejo? ¡Militares y civiles,...! - ¡Calla!
dejémonos de nostalgias!
¡Además de ser bárbaro es inútil! ¡Ya lo han cerrado!
¡A vosotros, italianos, se os ha quedado aquí una idea fija! ¡Quitáosla!
¡Ahora lo han cerrado! ¡Apañaos!
- ¡Papá! - ¡Déjame! - ¡Basta, nos van a arrestar!
¡Papá!
¡Hola!
¡Muy bien, Maria! ¡Muy bien!
Como bien has dicho: ¡La nuestra es una familia honesta!
- ¿Y ése qué quiere? - Ya. ¿Qué espera?
¿No se ha convencido?
Sí, pero quería aclarar un equívoco.
Con Bianca, ¿eh? ¿Qué equívoco?
Yo, de paisano, soy perito industrial.
Subtítulos: Antonella Bambina, Dani Gascó & Vozidar
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