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Pero... Pero...
- Antonio, no sabes hacer nada. - Siempre problemas.
- Lo puse del revés. - No hay nada que hacer.
Eso es! Mira.
TOTO', FABRIZI Y LOS JOVENES DE HOY
- Abuelo, te acuerdas de la lluvia? - Novia mojada, novia afortunada.
A toro pasado, parece que fue todo fácil,
pero para llegar a esta boda, qué problemas, gritos y sacrificios!
Sobretodo para el Señor Antonio Cocozza,
famoso pastelero desde el 1902, padre de la novia,
y para el contable Giuseppe D'Amore, no tan famoso,
pero apreciado funcionario del Estado, padre del novio.
Todo empezó hace un año, cuando Gabriella y Carlo se conocieron.
Él estudiaba para ser geómetra y ella iba a la escuela de intérpretes.
Se conocieron en un bonito día de mayo,
en el lugar donde los jóvenes suelen pasar
las mañanas estudiando.
- Qué miras? - Quién es esa chica tan guapa?
Quiero conocerla.
Preséntate!
- Quién ha sido? - Él.
Perdóname, no volveré a hacerlo.
No tengas miedo, te lo agradezco.
- De nada. - Gracias.
Es verdad que en la vida hace falta un empujoncito.
Y no sabes dónde te lleva!
Pasó el verano, llegó el difícil periodo de los exámenes
y Carlo se puso a estudiar en serio.
El amor es capaz de todo!
Los últimos exámenes fueron los más pesados. Así que un día...
Gabriella. Gabriella.
Gabriella, ven, tengo una gran noticia.
- Qué pasa? - Lo he conseguido!
Lo he conseguido.
- Me he sacado el diploma. - Bravo!
Señorita!
Señorita, qué ha hecho? Justo ahora que iba a ganar!
Ya ha ganado. Conmigo!
Gabriella! Estás loca?
- Quieres casarte conmigo? - Sí!
Y no hubo nada más que hacer que informar a los padres.
Aquí empezaron los problemas. El padre de ella enseguida dijo...
He dicho que no!
No se lo diré a tu madre que te has prometido, díselo tú.
Y quién lo conoce a este novio tuyo? Tú lo conoces?
Claro, tiene carrera, es simpático,
me quiere y es guapo. - Es guapo?
- Sí. - Entiendo todo.
- Es que no tiene dinero. - Cómo lo sabes?
Los novios ricos son feos.
Mientras los guapos son pobres y buscan la dote.
- Carlo no es un cazafortunas. - Ah no?
- No. - Ya tendrá que vérselas con tu madre.
Con el guardia!
- Se lo dices tú al guardia? - Me aburres, hija mía.
- Vale, se lo diré. - Cuándo se lo dirás?
Hoy, mañana, pasado mañana, dentro de 20 años, en el día del Juicio.
- No lo sé. - He entendido.
Te da miedo hablar con mamá.
Eh, jovencita, no exageres!
Estás diciendo que tu padre en casa no pinta nada?
Qué soy súcube de tu madre?
- Se dice "súcubo". - Cómo se dice?
- Súcubo. - No, se dice "súcube".
De niño decía súcube, todos dicen súcube, ahora tú lo cambias!
Si no me crees, te enseño el diccionario.
Súcubo?
- Marietta! - Diga.
Llévate estas cosas. Súcube, súcubo, súcube...
- Qué desea? - Te llamas súcube?
- No. - Pues llévate estas cosas.
Súcubo? No es posible.
"Súcubo, súcubos, súcuba, súcubas."
Déjame ver... Tienes razón.
En esta posguerra ya no se entiende nada.
Los americanos lo han cambiado todo!
Pero que sepas que no soy súcubo de nadie.
Con estos calcetines que zapatos te pondrías?
- Las botas, así no se ven. - Esta es tu respuesta?
Un caballero pide consejo a su hija
y ella contesta así?
Gabriella, tienes que respetarme por las canas
y por los calcetines de rayas rojas que llevo.
Dónde vas? Te ofendes?
Es increíble, la hija que se ofende!
Ven aquí.
Dime...
Este chico y tú de verdad os queréis?
- Es algo serio o es un juego? - Es una cosa muy seria.
Habrá que decírselo a tu madre.
Y tú confías en que ella diga que sí?
Lo intentamos...
He dicho que no! No insistas!
Qué vergüenza! Con tu edad! Y dónde estamos?
No! He dicho que no y ya está!
Mando yo en esta casa!
Uno, dos, tres... "Estamos en la taberna?"
Estamos en la taberna?
Qué ha pasado?
Esta inconsciente de tu hija tiene novio.
- Quién es? - Un hombre! Y quiere casarse.
- Con quién? - Con el mismo hombre.
- Es un buen chico, es geómetra. - A nosotros no nos interesa.
- Pues muy mal! - No, muy bien.
- Yo digo que no. - Yo digo que sí.
- Quítate esa corbata horrorosa. - Horrorosa?
Una corbata con la cabeza de Nearco, el campeón del hipódromo?
No escuches a tu padre, no sabe elegir las corbatas,
imagínate un novio para su hija!
Ven, cuéntame... Dónde conociste a este chico?
Mientras tanto en casa del novio todo parecía tranquilo.
Parecía!
Ahora papá te enseña como se arregla tu situación.
Disculpe, Teresa.
No estés triste porque aquí tenemos una variedad
que ni siquiera encuentras en la galería La Rinascente. Mira.
Cómo se llevan este año los abrigos para una niña de esta edad?
- Sólo un color? - No, estampado.
Ahora buscamos los estampados. Aquí tenemos todo lo que se desea.
Esta es franela gris.
Esto es gabardina.
Pues, mira este enredado.
Esto es estampado.
Te acuerdas donde lo compré? En Via Nazionale antes de la guerra.
Fue un chollo, todavía está nuevo.
- Nunca se lo ha puesto. - Nunca! Me daba vergüenza.
Pero te quedará bien.
Es un tejido femenino.
- Pues... - Hola.
No hace falta ajustarlo, se llevan anchos.
Solo hace falta reducir las mangas y poner un cinturón.
El viejo abrigo lo regalamos a la hija de la portera?
No, haré un chaleco para mí, se ha puesto de moda.
Nos hemos enterado de todo.
- Tu madre me lo ha contado. - Y tú qué opinas?
Yo creo que... Perdona.
Con 19 años no habría que pensar en tales tonterías.
Hay una edad mínima para casarse?
No, pero un mínimo de sentido común.
Casarse a los 19 años! Ni siquiera a los 40!
Con cuántos años te casaste?
- Había cumplido los 20. - Por qué te casaste entonces?
- Era tonto. - No puedo serlo yo también?
No, en una familia tan pequeña con uno vale.
No volvamos a hablar de ello.
Entonces... Pues, con una buena...
- Le has humillado. - Él es como un niño.
Déjalo en mis manos.
Hijo mío, tienes que dejarte aconsejar por quien tiene más experiencia que tú
porque el matrimonio no es un juego.
No te puedes casar con la primera chica que has encontrado.
Gabriella no es la primera que he encontrado.
Por suerte! Llevas hablando de la boda desde la primaria.
Te acuerdas de cuando te enamoraste de la maestra?
Papá, no puedes entender, eres de otra generación.
Ya, yo soy de la generación de los que no entienden nada.
Oye, chaval...
Yo tengo la mala costumbre de fumar, por desgracia,
y hago de todo para acabar con ello.
Hasta me escondo los cigarros! Por qué no lo haces tú también?
Por qué vosotros los jóvenes no dejáis de pensar en el matrimonio?
Hay que tener fuerza de voluntad!
Qué cosas! Cuál es la relación entre los cigarros y el matrimonio?
Ahora te la enseño.
Yo no entiendo nada, pero tú eres inteligente
y lo entenderás enseguida.
Crees que no me gustaría fumar más
o comprar un abrigo a tu hermana?
Pero el presupuesto familiar tiene un limite que no se puede pasar.
Hemos hecho tantos sacrificios
para que estudiaras y tuvieras un diploma.
Ahora que lo tienes, podrías ayudarnos económicamente y...
"Me caso."
La familia es como una partida doble, dar y recibir, ingresos y gastos.
Nosotros siempre hemos dado, desde hace 18 años, y ahora te vas?
- Entendido, tranquilo. - Bien.
- Os daré mi sueldo. - Bien.
- Más bien prefiero no casarme. - Bravo, así se habla.
- Y ahora dónde vas? - A ver a Gabriella.
- Pero... - Para decirle que no nos casamos.
- Tiene derecho a saberlo. - Claro, pero con educación.
Sabes...
Podía haber llamado...
En esta casa hay demasiadas chinchetas.
Dónde se ha metido?
Teresa!
Mientras tanto, el otro bando,
ajeno a lo que había pasado en casa de Carlo,
esperaba con calma la visita oficial del novio.
Os estáis comiendo todas las pastas.
- Está todo bien. - Muy bien.
- No, tías, tenéis que desaparecer. - Por qué?
Si os ve el joven, podría asustarse y cancelar todo.
- Cómo? - Es una orden!
No te enfades.
Papá, cállate, es mejor.
- Tú, con ese escote... Es demasiado. - Yo estoy bien así.
De acuerdo.
Te acuerdas de la charla que debes dar a Carlo?
- Aquí dentro no tengo cerebro. - Ya lo sé desde hace tiempo.
- No tengo cerebro, tengo un disco! - Pues establece bien los pactos.
Un largo noviazgo, un año o incluso dos.
Mejor dos años con la condicional.
- Fuera! Esconderos. - Dónde?
Debajo de la cama, en cualquier sitio. Fuera!
Querida, tú también. Fuera!
Qué haces ahí parada? Abre la puerta, tonta!
Tengo que dirigir yo todo.
- Adelante... - Buenos días, papá.
Buenos días. Adelante, hijo.
No sea tímido, venga.
No la voy a comer!
- Carlo no va a venir. - Cómo?
- Carlo no va a venir. - Y ahora qué hacemos?
Hemos preparado las pastas de té, el vermú, las bebidas.
Habéis oído? No va a venir.
- Qué ha pasado? - Ya, qué ha pasado?
Hemos cambiado de idea, es pronto, es precipitado.
Hemos decidido seguir como antes.
- Qué quiere decir? - Qué significa?
- Sin compromiso. - Qué vergüenza!
No te dejaremos salir con alguien sin compromiso!
Es cierto, hay que comprometerse.
Es muy cómodo. Uno se compromete, se descompromete... No!
Os ruego, imaginaros que no os he dicho nada.
- Disculpadme. - Dime qué ha pasado.
Su padre ha dicho que no.
Su padre se ha atrevido a decir que no?
Y la mujer le ha hecho caso? Ciertos hombres son afortunados.
Eso es algo...
Siempre me pasa eso.
- Qué buscas? - Los cigarros.
Nunca me acuerdo donde los escondí.
- En el salón, detrás de la radio. - Es verdad, tienes razón.
Pero no tendrías que habérmelo dicho.
Si fumas, te hace daño. Si no fumas te pones nervioso y eso es peor.
Pues debería fumar.
No, deberías dejarlo sin ponerte nervioso.
Eso es imposible, es difícil.
Con mi edad...
Por favor...
Por suerte, no tengo cerillas.
Así que...
- Ha llegado el cartero? - No, la he encontrado por ahí.
- Quieres oír? - Si se puede...
"Querida mía, todavía no puedo percatarme
de cómo mi padre ha negado su consentimiento."
No deberíamos leer las cartas de Carlo.
- Pero como padres... Tú sigue. - Escucha.
"La actitud de mi padre es absurda."
- No, es lógica. - "Algo que se hacía hace 100 años."
- "Querida mío..." - Otra vez!
"Tengo el corazón en pedazos, no tengo más lágrimas."
Los jóvenes de hoy son ridículos.
Parece una carta copiada de "Cartas de amor famosas".
"Estoy decepcionado e humilado."
"Humilado", con una L.
Cómo? Con todo el dinero gastado en sus estudios?
"Pero, conociendo a mi padre,
reconozco que ha sido coherente consigo mismo."
- Por suerte lo reconoce. - "Porque es un testarudo."
"Es un egoísta estúpido,
incapaz de comprender un sentimiento tan bonito como el nuestro."
Yo sería estúpido?
- Voy a decirle algo a tu hijo. - No, Giuseppe! Qué haces?
"Humilado"? Ahora sí!
- Aquí está. - Te equivocaste.
No, así aprende a respetar a su padre.
Yo nunca hubiera soñado con decir a mi padre algo así.
- Pero lo hiciste. - Cómo?
Esta carta es tuya, me la escribiste el 12 de mayo de 1939.
Perdona...
- Bueno, era joven. - La edad de Carlo.
Tu padre no daba su consentimiento y tú querías secuestrarme.
No te acuerdas? Viniste a mi casa con un gran ramo de rosas.
Sí... Me acuerdo.
Podrías habérmelo dicho que esta carta era mía.
Bien escrita, a parte la "L"...
Clara.
Ahora... Perdóname.
Podrías habérmelo dicho...
No tengas miedo, he venido a pedirte...
Las cerillas. Dame las cerillas, por favor.
Gracias.
Yo te pido las cerillas y me las das enseguida?
Así me ayudas a dejar de fumar?
Pues devuélvemelas.
Carletto, hablemos con sinceridad.
Perdona.
- Tú contestas demasiado rápido. - Cómo?
Tu obediencia es irritante.
- Tienes que ser un hombre. - Siempre dices que soy un chico.
Los chicos también tienen que ser hombres.
Obedecer a los padres está bien,
pero un chico, aunque si es joven,
debe de tener personalidad,
debe ser independiente...
Ayer hiciste sangre y fuego...
- A propósito... Dame las cerillas. - No.
- Cómo? - No!
Sí, muy bien, bravo.
Así se hace! Personalidad, independencia.
Ayer hiciste sangre y fuego por esa chica,
y ahora haces garabatos en un trozo de papel.
Estos no son garabatos, son proyecciones ortográficas.
Vale, perdona, no digo nada más.
Pero si un joven quiere algo, tiene que ir a por ello.
Debe tenerla a cualquier precio.
En un momento de cansancio,
podría incluso ceder y decir que sí. Entiendes?
- Sí, papá... - Por eso.
Entiendo, pero he pensado que no es tiempo de casarse.
Yo pienso en estas cosas, tú no.
- Lo he anulado todo. - Cómo? Quién te ha autorizado?
- Tú. - Yo?
Eres un crio! Tienes que ser un hombre.
Ahora tú...
Ahora te digo una cosa, yo exijo, como padre,
sin discutir más,
dar mi consentimiento para esa boda.
Así que llama, pide una cita,
y vas con un gran ramo de rosas.
Esas cuestan mucho! Compra unos clavos, no muchos.
Dile al florista que parezcan más...
- Y pides la mano. - Yo...
No discuto con un soltero. Ve!
- Fuma, papá! - Gracias.
Maldita sea!
Mete las chinchetas por todas partes!
Teresa!
Dame.
Recién hechas.
- Para mí un cannolo. - Por favor.
- Caballero... - Sí?
- Al teléfono. - Ahora voy.
- Quién es? - Su hija.
- Gabriella. - Papá ven enseguida.
Carlo viene a hablarte.
Sí, ahora voy.
Pero hoy es martes.
El refrán dice: "En viernes y martes ni te cases ni te embarques."
Qué mano viene a pedir? Ah, la tuya! He entendido.
Primero se hace esperar medio día y luego de repente...
Pero date prisa.
Sí, voy enseguida.
- Cuánto es? - Se paga en la caja.
- Cuánto paga el caballero? - 350 liras.
- Me he comido una. - Sí, con la mano izquierda.
Pero con la derecha se ha tragado nueve.
Es la suma que hace el total. Por favor...
Tengo que subir.
Parad todos! Es él. De prisa, de prisa...
Maldita sea! Quitad esos tiestos.
Tú abre la puerta. Los tiestos...
Qué no nos vea.
- Buenos días. - Buenos días.
- Adelante. - Gracias.
Adelante.
Adelante.
- Buenos días. - Buenos días.
Adelante.
- Tome. - No tenía que molestarse.
Gracias, muy amable. Si me permite...
- Gracias. - De nada.
Cierra la puerta y vete. Usted siéntese.
Como usted bien sabe, yo soy el señor Cocozza,
caballero Antonio de la homónima y premiada pastelería.
- Y usted? - Carlo D'Amore.
D'Amore! Este apellido lo dice todo!
- Qué te parece, mamá? - Solo veo el codo.
Espera, perdona...
Disculpe, muévase hacia su derecha.
Así, dese la vuelta.
Luego le diré por qué. Sonría. Pare...
Es simpático!
Ya está. Estaba desenfocado.
Las tías, escondidas,
están espiando por el cerrojo para conocerle.
Tienen curiosidad de mujer.
Bravo, bravo, bravo...
Querido jovencito, en calidad de padre de la novia,
tengo que hacerle unas preguntas actas para conocerle.
- Dígame. - Actas... Cómo?
- Quiere conocerme. - Sí, pero usted me ha interrumpido.
Le interesa la política?
Bravo. Está inscrito en algún partido?
Bravo. Milita? Bravo, respuesta exacta.
Ahora tendría que hacerle otra pregunta importante
e incluso seria.
No me haga levantar la voz, acérquese.
Usted ha visto "La Dolce Vita"?
Sí.
Le ha gustado?
Bueno... A usted?
Dígame si le ha gustado.
- Desde qué punto de vista? - El suyo.
- Sí. - Bravo!
Mi mujer dice que es un asco.
Yo comparto...
Lo que le voy a decir es algo muy serio,
es importante,
y es grave! Está claro?
Pero usted no tiene que interrumpirme, porque lo llevo aquí dentro.
Si me interrumpe, estoy perdido.
Pues... Sí.
El paso que usted se apresta a dar no es simple.
Sois dos, así que es un paso doble.
Asomándose a esta barandilla montañosa,
a la cumbre, se dice: "Es oro todo lo que reluce."
"Es así, querido?" "Sí, querida."
"Queremos hacer este camino hacía abajo?
- La bajada es más fácil. - Caballero...
Es la suma que hace el total. Entonces... Qué quería decir?
Nos queremos casar dentro de un mes y medio. Usted está libre?
No soy un taxi! Claro, estoy libre.
- Quisiera hablar de la boda. - Así de repente?
Esta es una boda entre telegrafistas!
En América, primero se casan y luego avisan a los padres.
Los americanos hacen cosas raras!
Yo soy tradicionalista, primero os he avisado.
Se lo agradezco, pero me esperaba un discurso de corazón.
Yo tenía un discurso, pero usted me ha interrumpido. No importa.
Vale. Adelante, ha llegado el tradicionalista!
Él es el nuevo. Mi mujer. Mi hija. Ya, os conocéis.
La tía Adelaide, la tía Carlotta y el abuelo no importan.
Aquí están las pastas, el vermú... Qué aprovechen.
Ha ido muy bien.
Lo he interrogado, lo he machacado.
Modestia aparte, tienes un marido terrible.
- Se casan dentro de dos meses. - Dos meses?
- Sí. Estarás libre? - Habíamos dicho dos años.
Se nota que no has estado en América!
Finalmente llegó el gran día en el que las dos familias tenían que conocerse.
Decidieron encontrarse en un lugar neutro,
una taberna en las afueras.
Gabriella, con encomiable tacto,
había convencido al padre de no ir en coche
para no incomodar a la familia D'Amore, con menos recursos,
que sin duda hubiera llegado en bus.
Pero llegó en coche
para no pasar vergüenza frente al rico Cocozza.
Un coche alquilado, claramente. No lo había comprado.
Parecía "Solo ante el peligro".
Contable Giuseppe D'Amore.
Caballero Cocozza Antonio, de la homónima y premiada pastelería.
Por aquí.
- Abuelo, usted ahí. - Abuelo, venga.
Tía, usted aquí, cerca de mí.
Pagan ellos o nosotros?
Yo creo que debería pagar el padre del novio.
Por eso se ha traído al abuelo y a las tías!
- Pero de costumbre... - Queréis ordenar?
Sí, para nosotros cuatro sopas.
- Cuatro sopas. - !Señor contable!
Estamos en el campo y tomamos sopa?
Anoche comimos demasiado.
- Lo sé, pero... - Antonio.
- Ven. - Ahora mismo. Con permiso.
Cuatro sopas.
- Estás segura? - No lo sé.
Ha pasado mucho tiempo desde la boda.
Tú ve a sentarte, yo voy a informarme.
Voy un momento...
Disculpe, quisiera pedirle una información.
En los banquetes de boda,
paga el padre del novio o de la novia?
Nunca pregunto si paga el padre de él o de ella.
- Usted está casada? - Sí.
- Dio un banquete cuando se prometió? - Sí.
- Quién pagó? - Mi padre.
- Segura? - Sí.
Pues traiga la cuenta
a ese bajito con el bigote de cola de rata.
- Gracias, buen día. - Buen día.
- Señor contable, a la mesa. - Ahora mismo.
- Pues, señora? - Todo en orden.
- Vale. - Para mí los agnolotti.
- Agnolotti para mí también. - Camarero...
- Cuatro sopas. - No.
Cuatro fettuccini con mantequilla, salsa, queso y harapos de pollo.
- Calma. - Ha cambiado de idea.
Me he movido, el campo...
- Una ración doble. - Doble...
Con este vino, que borra todo lo malo,
brindamos a la salud de Carlo y Gabriella.
Bravo!
Bravo, señor contable!
- Ahora es mi turno. - No...
- Dejadme hablar. - No!
- Vale, dilo. - Escuchemos al abuelo.
Lo que mal empieza bien acaba.
- Señor contable, si me permite... - Sí?
Podemos hablar a solas para acordar los detalles de la boda?
Muy buena idea.
Con permiso, señora.
- Antonio... - Qué pasa?
- Te lo ruego... - Tranquila.
Siéntese.
- Usted primero. - Gracias.
Señor contable, mientras los chicos piensan en el amor...
- Qué suerte! - Nosotros pensamos en cosas serias.
- En su interés, por supuesto! - Eso es.
- Quería decirle... - Sí?
- Cómo? - No recuerdo donde la vi.
Me ha asustado, creía que estaba mal.
Me habrá visto en Roma, por alguna parte, Roma es pequeña.
Usted ha viajado?
- He viajado a muchos lugares. - Y no recuerda los nombres?
- Pero qué nombres? - El nombre de donde la vi.
- Si no me lo sabe decir usted... - Será uno de esos sitios.
- Pero de qué sitios? - Lo dejamos, ya está.
- Sino nos volvemos locos. - Lo dejamos.
Yo había preparado unos apuntes para...
- Para aclarar muchos puntos. - Yo también hice un recordatorio.
- Usted también? - Sí.
- Claro, es un contable! - No quería olvidar.
Contable significa recordatorio. Esa es telepatía.
- Es mejor aclararnos. - Pues...
- Boda de blanco. - Por supuesto, nosotros en negro.
- De luto? - No, en negro...
- Ha muerto alguien? - No!
- Si dice en negro... - Es un traje especial.
No, en este caso, yo me lo compro nuevo.
- Mi hija se casa... - No ha entendido.
Por la boda vamos de traje negro.
- Usted lo tiene? - Sí.
- Tiene algún tic? - No, no tengo tics.
Para una boda hay que ponerse el "tic".
- Querrá decir el tight. - El tight?
- El tight. - Qué nombre raro!
En Nápoles la llamamos "sciammèria".
Usted tiene que ponerse la sciammèria.
- Se lo dice un amigo. - Tengo un vestido azul.
- Cree que es mejor la sciammèria? - Sí, hágame caso.
Yo quisiera, pero mi mujer me va a decir que gasto mucho.
- Luego se lo diremos. - Cuesta mucho?
- Cómprese la sciammèria. - Cuánto cuesta?
- Casi 80.000 liras. - 80.000 liras...
- Es caro? - Sí.
Venga a ver a mi costurero, se pondrá de acuerdo, todo irá bien.
- Vale. - Por favor...
- Me ha pillado fuerte. - Hay que tener cuidado.
- Me ha pillado fuerte. - El cambio de clima...
- Perdón. - Debería tener más cuidado!
Disculpe.
Pone la servilleta delante de la boca y luego la quita...
- Le he manchado la boca. - Me ha mojado todo.
Déjelo, me limpio solo.
- Me pilla aquí. - A mí, me ha pillado en un ojo!
No importa. Pues, ropa, sciammèria... Está todo arreglado.
Para simplificar la cosa, he hecho un listado.
Por un lado, lo que me espera a mí, por otro, lo que le espera a usted.
Léalo, para que lo sepas.
Entonces usted lea mi recordatorio, así es más simple.
Es más simple. Lea.
- Hay un error, el viaje... - Lo he escrito mal.
- Lo ve? - Sí, he escrito "viajo".
No, el error está en que lo ha puesto a mi cuenta,
mientras el viaje lo paga usted. - Pero no ha leído lo siguiente.
- Lo siguiente... - La tarta nupcial, las pastas,
los buñuelos, los pasteles... Todo de producción de la pastelería Cocozza.
- Producción artesanal! - Vale, pero...
- En otras tonterías pensará usted. - Qué tonterías?
La luna de miel, los muebles, el piso.
- Dé cuantas habitaciones? 4 o 5? - Ni 4 ni 5.
- Y si llegan los nietos? - Deje los nietos.
- Usted prevé que... - Yo preveo mal.
Está preocupado? No puede pagar?
- No, es una cuestión de principios. - De verdad?
- Ya. - Así, por su principio,
mi hija debería estar en un piso amueblado?
Su hijo no se casa con una chica cualquiera.
Se casa con una Cocozza!
Y, modestia aparte, somos gente conocida.
Incluso por la dignidad, la moralidad de su hijo...
Si da vueltas por la ciudad,
entra en un teatro o restaurante con una Cocozza bajo el brazo,
va a caer bien.
- Permítame decirle algo. - Tenga paciencia...
- Sin ofensa... - Sin ofensa.
He tenido dudas justo por el apellido Cocozza.
- Qué quiere decir? - "Cocozza" significa calabaza...
- Y qué? - Comparado con D'Amore...
- Qué tiene que decir sobre Cocozza? - Déjelo.
Usted no conoce los Cocozza. Yo soy un comerciante honesto!
No lo sé, no soy un hortelano.
- Hortelano? - Disculpe.
Usted no tiene que imponerme sus opiniones
y no levante la voz porque no soy ni un niño ni un súcube.
- Sucúbe? - Ya.
Ha dicho súcube!
Se dice súcubo.
Está en algún diccionario, pero qué raza de contable es?
Lea el diccionario y verá "Súcubo, súcubos, súcuba, súcubas."
- Entendido? - Yo no entiendo nada.
- Claro, con esa cara! - Pues....
Hablando de caras, pero usted...
vendía los cigarros en la esquina de Via San Silvestro?
Ahora me cambia por uno que tenía un estanco?
No, de contrabando. Me acuerdo de su voz.
Usted está superando los limites de la educación.
- No vamos a hacer nada... - Quiere enseñarme educación a mí?
- Yo no pago nada. - Yo tampoco!
Dice cosas sin sentido. Y me estornuda en la cara!
- Qué pasa? - Nada.
El contable no quiere sacar el dinero.
Nos quiere imponer una boda de mendigos.
- Teresa, vamos. - Los D'Amore!
- De Amor se muere... de hambre. - No le oigo. Chicos, vamos.
Deberíamos dejar que nuestra hija se case con esa gente?
Vuestra hija no es la princesa Soraya
y "esa gente" trabaja en el Ministerio desde hace 40 años con honor.
- Y yo soy un caballero. - No importa.
- El título se obtiene con facilidad. - El título?
- Yo tengo... - Señora, qué quiere?
- A quién tengo que dar la cuenta? - Al señor.
De costumbre, paga el padre de la novia.
- Eso no es así. - Por qué?
- Lea los periódicos. - No hace falta.
- Lea el Diario Oficial. - No hace falta, tome, por favor.
- Aquí se celebran muchos banquetes. - Y qué?
- Disculpe, señora. - Dígame.
Cuándo usted se prometió, quien pagó el banquete?
- Mi padre. - Lo ve?
- No le toca al padre del novio? - Sí, pero mi novio era huérfano.
Pero usted está vivo!
ESCUELA DE INTERPRETES
Gabriella... Gabriella!
- Tu padre ha cambiado de idea? - No. Y el tuyo?
No, dice que el tuyo es un paleto y que le ha pegado el resfriado.
- La culpa sería de mi padre? - Sí, piensa en lo grande.
Tus padres quieren la boda del siglo!
No grites, están haciendo los exámenes.
Tienes que reconocer que estamos así por culpa de tus padres.
- Yo no reconozco nada. - Cariño, no hagas así.
Lo arreglaremos, hay que pensar en algo.
Es inútil, no tengo suerte, todos se enfadan conmigo.
- Ha ido mal? - Sí.
- Son muy severos? - Demasiado!
Yo no sé nada.
Ya volveré en la siguiente fecha.
Con permiso, señor contable.
Adelante.
- Me ha mandado llamar? - Adelante.
Por favor, no se acerque demasiado, está resfriado.
Sí. Me lo ha pegado un amigo, no, un enemigo.
No me importa, no me lo pegues a mí.
Me ha llegado una comunicación
para examinar una probable promoción.
Me he tomado la libertad de solicitar...
- Adelante, siéntese. - Gracias.
- Cuidado, no sople en mi cara. - Perdón.
Sobre su labor no hay nada que opinar.
Cuándo le dieron la última promoción?
- Estornude por otra parte. - No, decía...
- En el 1948. - Hace 12 años!
Sí. Toda una vida.
- Cómo? - He dicho: "Toda una vida".
Entendido, la ancianidad la tiene. Este es un pasaje importante,
un cambio de categoría. Usted está seguro de merecerlo?
Está todo en orden en el trabajo y en casa?
- Usted tiene mujer. - Sí, una mujer de otros tiempos.
Es una santa mujer.
- Tiene una hija de trece. - Sí, muy buena chica.
Al segundo trimestre, ya tiene un promedio de ocho.
Es una cría...
- De otros tiempos. - Sí. Y un chico de 20 años.
Diploma de geómetra, obediente, respetuoso, bueno.
No es como esos jóvenes modernos.
No es un Teddy... Teddy...
- Se llama Teddy? - No, quiero decir Teddy Bo...
Cuidado! Qué pasa? Adelante!
Adelante. Qué pasa?
Una comunicación urgente para el contable.
- Urgente? Hable y váyase. - Gracias.
- Diga. - Ha llamado su mujer.
Estaba agitada. Dice que corra a casa
porque su hijo ha huido con una mujer.
- Estornude. - No, quería decir: "Ha oído?"
Pero no se preocupe, habrá huido como se hacía antes, en carro.
Váyase, D'Amore. Váyase. Váyase!
Váyase!
- Salud! - Gracias.
ARCHIVADA
Por qué ha huido? No estaba en una prisión.
Y ha dejado la nota como el conde de Montecristo!
No hagas un drama, no ha ido a alistarse en la Legión Extranjera.
Me hace gracia...
Y si hubiera ido a alistarse en la Legión Extranjera?
- Carlo ha huido con Gabriella. - Y entonces qué?
No aceptan a las mujeres en la Legión Extranjera.
- Y tú has hecho que se vaya. - Yo?
Sí, tú. Sí, llora, mucho mejor.
No lloro, ese maldito me ha pegado el resfriado.
- Yo quería salvarlo de los Cocozza. - Pobres chicos!
Pobre él, no pobre ella! Debe haber sido ella
que ha organizado el secuestro para que dijéramos que sí.
Yo conozco a esas Lolitas!
- Dónde las has encontrado? - Quién?
- Las Lolitas. - Hablo de las de la novela...
Ese será él, ese sinvergüenza! Gracias a Dios!
- Sí, agradece a Dios! - Abre, seré inflexible.
- Un momento. - Qué pasa?
- Carlo tiene las llaves. - Es verdad.
La niña está en la escuela... Quién será?
Puede ser la policía? La Cruz Roja?
- Ve tú a abrir. - No, ve tú.
Tú eres inflexible, verdad? Pero no tienes el valor de abrir la puerta!
Abre, yo soy el padre y no puedo...
Gabriella! Dónde está mi hija?
- Aquí está el sinvergüenza! - Pero qué hace?
- Antonio, déjalo! - Giuseppe, déjalo, le haces daño!
Él me está ahogando y soy yo el que le hace daño?
Yo le denuncio por secuestro de menores y luego le parto la cabeza.
Yo primero le parto la cabeza y luego le denuncio por violación de domicilio.
A mí? Dónde está? Gabriella!
- Gabriella! - Qué hace?
- Dónde está Gabriella? - Para, no estás en tu casa.
- Señora, déjelo. - Su marido está loco.
- Pero qué busca? - Sal de ahí!
- Dónde están las otras habitaciones? - No hay más.
Y eso es todo? Y esta es una casa?
- Esto es una cueva, un tugurio. - Esta es una casa honorable!
- A ver esas casas honorables! - Qué quiere insinuar?
Es tan honorable que su hijo ha huido...
- Convencido por su hija! - Basta!
En lugar de discutir, hagamos algo para encontrarles.
- Habrán hecho una tontería? - No, son gente seria. Ellos!
- Señora, toma algo? - Sí, gracias, estoy turbada.
- Un vermú. Usted también? - A él no!
- Por qué? - Me ha pegado el resfriado!
- Siéntese. - Gracias.
Sé donde Carlo ha llevado a Gabriella.
En un piso amueblado para aprovecharse de ella!
- Pero.... - Su hijo es un "tricho".
Si mi hijo es un trigo, su hija es una espiga.
- Qué cosa? - Si mi hijo es un trigo...
No ha entendido, lo he dicho en francés.
Usted quiere decir "tricheur". Pues su hija es una ninfita.
- Giuseppe! - Cuidado con lo que dice!
Todos tenemos buena salud.
Mi hija no "ninfita" a nadie!
- Debe de ser Carlo. - Han llamado?
No, es Carlo.
- Diga. - Perdón. Diga?
- Perdón. Diga? Es su hijo. - Déme a mí.
Llama para chantajearme. Cuánto es?
No diga tonterías. No queríamos llegar a eso,
pero es lo único que nos queda.
- Y es culpa suya y de mi padre. - Mía no, solo de tu padre.
Pero qué dice? Carlo, de dónde llamas?
Carlo tienes que volver!
Carlo, dile a Gabriella que vuelva.
- Tú huyes, pero que vuelva ella. - No, Carlo!
- Haz que huya Gabriella y vuelves tú. - Aquí no huye nadie.
Es cierto que no habéis huido?
Todavía no, pero estamos en la estación a punto de salir.
- Estoy en la estación. - Adónde queréis ir?
Carlo, os prohíbo partir.
- Coge un taxi y vuelve a casa. - Díselo tú también!
- Me permite? Ahora hablo yo. - Hable.
- Diga? - Toma.
- Diga? - Gabriella, eres tú? Es Gabriella.
Es la voz de tu padre la que habla. Te lo ruego, te suplico, no te vayas.
- No te vayas! - No se lo diga así, oblíguela!
- Te obligo! - No, es demasiado tarde, nos vamos.
Nos casamos. Adiós, el tren va a salir.
Un silbato, un silbido. El tren ha hecho...
Paradlo. Parad a ese tren!
Fogoneros, maquinistas, trabajadores, un mozo!
- Llamadme al jefe de la estación! - Dile que estamos de acuerdo.
- Haremos lo que dicen ellos. - Y usted?
- Hago lo que queréis vosotros. - No se lo dice?
- A quién? - Quiere hablar con el jefe?
- Lo he llamado, pero no ha venido. - Diga a los chicos que nos rendimos.
Chicos, nos rendimos.
- Cómo? - Gabriella!
El tren sale. Gabriella!
Llamadme a Gabriella! Estará en un coche trasero.
Papá ha dicho que lo arreglará todo. Lo hemos conseguido!
Vale, papá, ahora volvemos.
Sí, enseguida, estamos en el bar cerca de casa.
- Y entonces? - Qué cuentan?
A estas condiciones, no! Eso es aprovecharse.
- Quieren chantajearnos. - Pero qué quieren?
El piso de cinco habitaciones no os lo doy.
Espere, no hay que ser tan duro en un momento tan trágico.
- El piso de cinco habitaciones? - Pero usted rechaza algo
que puede comprometer el destino de nuestros niños.
Si usted es tan tacaño, el piso lo compro yo.
- Con dos baños. - Sí.
- Dos baños y terraza. - Sí.
- Trato hecho. - Dígaselo!
Diga? El contable, con su magnanimidad,
delante de cuatro testigos...
ha dicho que él compra el piso.
Así que no os vayáis, volved ahora. Vale, dentro de poco.
Está contento? He hecho todo lo que quería usted.
He aceptado sus últimas voluntades.
Usted obtiene lo que quiere, es "independiente".
Usted es un duce! Dux!
- Nos podemos abrazar, verdad? - Sí.
- Ustedes también podríais abrazaros. - Ya sois parientes.
- Un momento, él tiene resfriado. - Me lo ha pegado usted.
Pero a mí se me ha ido, el suyo está activo.
Salud! Coja una de estas pastillas, hacen milagros.
- Me ayudarán? - Sí.
Gracias.
No hay que tragarlas, hay que chuparlas.
- De qué marca son? - Son mentas Cocozza.
Las hago yo con mis manos. Hago así y le doy la vuelta...
- Qué asco! - Cómo?
- Me da de comer esta porquería? - Porquería?
Hablando de porquería...
Usted no es el que iba por ahí recogiendo basura?
- No puede ser que sean ellos. - Por qué?
- Gabriella! - Carlo!
- Mamá! - Por fin...
Un momento, chicos.
- Llamaste desde la estación? - Sí.
Y habéis llegado en 5 minutos?
Señor contable, en esa época del nuclear, usted habla de esas cosas?
Época de reactores, misiles, bengalas y metropolitanas...
- Un momento. - Usted se va por las ramas.
No, querido contable, usted prometió
que iba a comprar casa a los chicos.
Cinco habitaciones, dos aseos...
Salud!
El contable Giuseppe D'Amore se había metido en un lío.
Sus ingresos no le permitían la compra de un piso,
así se había unido como socio a una cooperativa de su Ministerio.
Las casas de las cooperativas tienen muchas ventajas,
excepto la de estar en el centro de la ciudad.
De hecho, esta se encontraba a veinte kilómetros de Ciampino.
Está en las afueras.
Pero según lo que decía el papá de Carlo,
dentro de 100 años, el campo se unirá a la ciudad.
Venga, caballero.
Venga.
- Vaya motor! Es inglés. - Este?
- Va a Londres. - Y pasa por aquí?
- Estamos cerca del aeropuerto. - Estamos dentro del aeropuerto!
Y ese sería el barrio silencioso, tranquilo,
en desarrollo?
No sabemos lo que nos espera en el futuro.
Si un día, su hijo comprara un coche,
aunque yo no me lo creo... - Vuelve a empezar?
Debería matricularlo Nápoles. Estamos cerca!
- Respira el aire de mar? - No me haga reír!
Subimos.
- Jovencito... - Dígame.
- Dónde está el ascensor? - Aquí no hay.
- Es una casa en coo... - Déjelo, yo se lo explico.
Está construida según un criterio moderno, americano, sin ascensor.
Moverse da salud. Moverse arriba, abajo...
- El deporte evita el infarto. - Es normal.
- He entendido. - Esta es la escalera principal.
- Tan fea? - La cambiarán.
Hasta querían el ascensor en una casa de cooperativa!
- Dónde está la barandilla? - Se pondrá en mármol.
- Mah! Si usted lo dice... - Aparatos inocentes.
No hacen daño a nadie.
Señor contable...
- Usted jadea. - Cómo?
Está jadeando. Ve lo que significa ir andando?
Yo vivo en un piso antiguo y tengo ascensor...
- Ese dónde va? - Viene de Londres, es el mismo avión.
- No ha parado? - No, es el mismo tipo de avión.
- Uno llega y el otro se va. - Y todos sobrevuelan por la terraza?
- Sí, siguen la misma ruta. - La misma...?
- Ruta. - La misma ruptura!
- Caballero... - Me refería a los tímpanos.
Hablando de tímpanos...
Dígame la verdad...
Usted tocaba el trombón en la banda del ayuntamiento de Tivoli?
- Esta vez he acertado. - Nunca he estado en Tivoli.
Pues me he confundido con el perrero de Frascati.
- Yo nunca he tocado a un perro. - De verdad?
- Aquí está! - Me lo creo.
- En cuanto le ven, los perros huyen. - Pero....
- Pero bueno... - Cómo?
- Quiere ver... - A ver.
Le ruego no confundirme con nadie más.
- Usted es irritable! - Acabamos con esos discursos.
- Mire, aquí. - Sí...
La entrada no está mal, es grande.
- Un momento... - Y el resto del piso?
- No está. - Cómo?
Eso no es la entrada.
Esta es una casa construida de manera racional,
ahorrando el más mínimo espacio, hasta un centímetro.
- Sí? - Eso es todo el piso.
- Este? - Sí. Ahora le explico.
Estos son los trazados de los ambientes que hay que construir.
- Estos ladrillos? - Sí.
Ahí está la entrada, aquí el pasillo para llegar a la habitación.
- Esta es la habitación? - Para los novios.
- Y yo dónde estoy? - En el baño.
- Pero llevo ropa! - Pase al salón.
- Paso al salón. - Este es el salón.
Y dónde metemos a Blancanieves?
- Blancanieves? - Sí...
Los siete enanos pueden encontrar su sitio,
pero Blancanieves es alta.
Usted siempre bromea.
Si supiera cuanto me cuesta este piso, no lo haría.
Este cuarto que es?
Aquí hay que poner dos ventanillas para que no se vea lo que hay detrás.
- Es un armario empotrado? - No, es una cocina, estilo americano.
Pero por favor...
La cocina? Disculpe.
Y los pagos como los hace?
- No podría ayudarme? - No, yo respeto lo pactado.
Son pagos que tocan a usted como padre del novio.
- Me la pagará! - Yo pago lo que me toca.
- Sabe lo que quiero decir. - Quieto! No me llenes de polvo.
- Mi abrigo vale mucho. - Y el mío no vale nada?
- Es tan fino! - Es tan fino?
- Pero... Esta casa es sólida? - Le parece de mentira?
Yo me preocupo porque vendrá mi hija!
- También mi hijo vendrá. - De él no me importa.
- Qué significa? - Miro por los intereses de mi hija
porque soy el padre. - Y yo soy el padre de mi hijo.
- Quién sabe. - Cómo?
A saber como está acostumbrado. Mi hija está acostumbrada bien.
- Y el mío como está acostumbrada? - No lo sé, no estaba en su casa.
- Baje el martillo. - Y usted baje el dedo.
- Compara el martillo con el dedo? - Y usted...
- Cocozza... - Llámeme caballero.
- No empieces con las palabrotas! - Oiga, caballero Cocozza...
Si la casa le vale, acetela, sino lo dejamos.
- Debo probarla. - Hágalo.
Muévase.
- Lo oye? Es sonido de ladrillos? - Hay que ponerle un carillón?
- Pero usted no lo oye? - Qué cosa?
- Estúpido! - No me ofenda!
Es estúpido el ladrillo, el sonido.
- Mire... - Entendido? Y cálmese!
- No puedo más. - Lo ves?
- Qué? - En cuanto lo toco, se cae el yeso.
Está penetrando el muro! No es travertino.
Mira con quien debo emparentarme!
- Ahora qué quiere hacer? - Hay humedad.
No, es la pintura. La han hecho esta mañana y tiene que secarse.
- No se ha secado todavía? - Me lo pregunta a mí?
- Debería saberlo? - Pero qué quiere?
- No soy un albañil! - Pero qué dice?
Quite las manos!
Pero... Qué hace?
- Qué hace? - Qué hace loco?
- Destructor! - Así atasca el agujero, para el agua.
Usted quiere agua?
- Tengo que controlar. - Qué quiere controlar?
Tengo que mirar la humedad, las tuberías... El agua está húmeda!
- La Virgen! Qué cosas me pasan! - Mi hija
nunca entrará en esta casa.
- Nunca se empadronará aquí. - Claro. Lo he dicho yo primero.
No, lo he dicho yo primero, esta boda no se va a celebrar.
- Teresa! - Le ha gustado la casa?
- Sí! Ven un momento aquí. - No puedo, estoy cocinando.
- Solo un minuto. - Qué ha pasado?
Ahora te lo explico. Lo fastidio todo.
- Cómo? - Un momento.
Imprenta Regolini? Es el dueño? Escúcheme bien.
De acuerdo, contable D'Amore. Buen día.
- Hacemos 500? - Nada, suspendido, cancelado.
Señorita, joven, si queréis deciros algo, salid.
Podemos trabajar solos.
Pasa algo? Qué cuenta tu padre?
Que por culpa de Atila hemos perdido el piso.
- Atila sería mi padre? - Sí.
Ha llegado la cuenta de los daños a la obra.
- Estoy hasta las trancas! - No seas vulgar.
Estoy enfadado, mi padre me hace la vida imposible.
Hoy le he contestado mal.
- Le has contestado mal? - A ti que te importa?
Me ha dado una bofetada.
Incluso las bofetadas!
Me cambio de escuela. Adiós.
Ya se habrán arrepentido.
Mi padre lo aceptaría, si el tuyo pidiera perdón.
Claro!
Cada uno de ellos quiere que el otro pida perdón.
Y entonces qué?
Tienes razón!
- Vendrá aquí? - Sí, viene a disculparse.
Yo acepto las disculpas en mi casa entre las 17 y las 20, no después.
Venir a casa era rebajarse demasiado, no tienes que ponerte así.
No me pongo de ninguna manera, solo me vale con que pida perdón.
No ha sido buena idea venir aquí, era él que tenía que venir a nuestra casa.
Déjale un poco de dignidad.
Y este es un sitio público, campo neutral.
Vamos.
- Caballero... - Buenos días.
Yo creo que...
Si tenéis que deciros algo, creo que deberíais alejaros.
- Como quiera. - Como quiera usted.
- Quiere alejarse? - No.
Diga usted donde quiere que se haga...
- Vamos al laboratorio. - Sí.
- Adelante. - Disculpe.
- Adelante. - Con permiso.
- Se lo envio contra rembolso? - Sí.
- Vale. - De prisa!
Adelante.
El encuentro en Teano empieza.
- Qué Dios nos ayude! - Hay muchos objetos frágiles?
Sí, por desgracia. Por favor, señora.
- Aquí hace mucho calor. - Sí, están los hornos.
Pero es un calor seco, no hace daño.
- Quiere un cannolo? - No, gracias.
No puedo comer cosas dulces.
- Es un rechazo? - No.
Pero estoy a régimen.
Qué más da! Una prueba.
Vale.
Ve? Son condescendiente.
- Qué es? - Déjelo.
Hable incluso con la boca llena, si quiere.
En francés se dice: "Pour moi, c'est la meme chose."
- Hable usted. - No, hable usted.
- No, hable usted, si permite... - No, usted!
Bueno...
Estas son pizzas napolitanas?
Sí. Imagino que usted nunca las ha comido.
- Las comí en Velletri. - Y dónde está?
Exportamos a todo el mundo, incluso en América,
cada día en avión. - Usted permite, verdad?
Por favor...
Me parece que no se lo está tomando demasiado en serio.
- Yo me lo tomo así. - Venga...
- No, venga usted. - No, diga. Estas disculpas?
Eso es, discúlpese. Si le da vergüenza, me doy la vuelta.
Disculparme? Se da la vuelta? No entiendo.
Yo espero sus disculpas.
- Es un malentendido. - De verdad?
- Sí. - He sido engañado?
- No, es mi estilo. - Sí? Las cosas están así?
- Están así. - A la caja.
- Dos pizzas y un cannolo. - Cómo?
- Le devuelvo la pizza. - Ahora es un asco.
- Ya era un asco antes. - Guárdela en el bolsillo.
- Pero dónde la ha metido? - En el bolsillo.
- Adelante... - Venga aquí. Un momento...
Jovencitos, iros a fumar un cigarro fuera.
Siéntese.
Oiga, Cocozza...
No ponga las manos ahí.
Pues...
Escúcheme.
Podríamos arreglarlo de otra forma
y llegar a un acuerdo.
- Podríamos... - Si me permite, le diré
que tengo la sensación de que nunca se llega... a nada.
- Usted opina? - Opino.
- Permite que insista? - Insista.
Tengo 200 cajas de huevos búlgaros que han llegado de Monza por mar.
Ahora tengo que decirle con todo el respecto
que no me importa un pepino.
- Permite que insista? - Insista.
Con estos huevos búlgaros
yo hago miles de dulces de Pascua, "las palomas Cocozza".
Quiero decirle de nuevo
que sigue sin importarme nada.
- Seguro? - Sí.
Solo debería hablar con el Ministerio
y por Semana Santa, cada empleado tendría su paloma Cocozza.
3.000 empleados, 3.000 palomas.
Usted ha dicho 3.000 palomas? Y por qué 3.000 palomas?
- Y cuántas, si no? - Todo el palomar, si permite!
- Lo permito. - Quiere jugar?
Debería hablar bien de usted al Ministerio?
- Pero usted... - Escuche.
Yo voy hacia usted.
- Bien! - No, estoy perdiendo el equilibrio.
- Déjeme levantar. - Levántese, pero escúcheme.
- Cómo se atreve? - Me atrevo porque... Así!
- Pongámosle una piedra encima. - No volvemos a hablar de ello.
Una canción napolitana dice: "Quien ha tenido, ha tenido,
quien ha dado, ha dado." - Y entonces?
Las disculpas se las hago yo,
pero a cambio usted habla con el Ministerio
así podré usar los huevos búlgaros que le he mencionado.
Ha sido amable por cantar esa canción conciliadora,
pero se ha olvidado del final. Yo se lo canto. Me permite?
- Zum zum! - No!
- No me toque! - No se levante, tiene que escucharme.
Usted con el "zum zum" me impide seguir con el segundo verso.
Continúe.
Además de las disculpas, añado los gastos de la luna de miel
y el banquete para 150 personas. 150 personas!
Son cosas que le tocarían a usted.
- Y yo sigo con el "zum zum". - Es una obsesión!
- Permítame decirle algo. - Diga.
Añado los recuerdos y los bombones con las almendras sin piel. Vale?
No, yo repito el Zum zum.
Prefiero pagar lo que ni siquiera he consumido, no insista.
Pago todo antes que ceder a sus negocios sucios.
Si quiere trapichear
le hago una contra propuesta. Vale?
- Contra proponga. - Pues, yo accedo...
- No, levántese. - Déjeme terminar.
Yo accedo a pedirle perdón, y es la primera vez que lo hago,
y usted paga la luna de miel y el banquete...
No, hay una equivocación, las disculpas se las hago yo.
- Las hago yo. - No!
Yo seré el proveedor del Ministerio y le pido perdón.
No, usted paga todo y yo le pido perdón, he venido aquí aposta.
- Pero yo estoy en mi casa. - Qué significa?
- Yo le pido perdón. - No.
- Perdón. Perdón! - No insista, yo le pido perdón!
- Yo lo he dicho más alto. - Y yo me arrodillo.
- Yo... - Por qué gritáis?
Nos estamos disculpando.
- Yo le he pedido perdón. - Yo lo he pedido antes.
- Pues nada de boda! - Lo oyes?
- Gabriella! - Carlo no vayas detrás de ella!
- Ahora basta! - Sí.
Yo sé la palabra que habría que decir a vosotros dos.
Gracias. Gabriella...
Matilde!
- Cuál es la palabra? - No lo sé.
- Giuseppe. - Qué hora es?
- Las 2:45. - No he podido dormir.
- Buscas los cigarros? - No, el somnífero.
Yo sé qué es que no te deja dormir.
Debe haber sido la tortilla de patatas de anoche.
No, es el remordimiento.
- El remordimiento de qué? - Por lo que puede pasar.
Si no ha pasado nada, cómo puedo tener remordimientos?
- Te habrá venido antes. - Antes de qué?
- Pueden pasar muchas cosas. - Cómo?
En los periódicos cada día se lee de enamorados que se matan.
En los periódicos se lee también de los que ganan la lotería.
- Y a nosotros nunca nos toca. - Claro!
Cada vez que te pasa algo bueno, lo alejas.
Qué hay de malo? Alguien tendrá que ser el proveedor del Ministerio.
Acabemos con esos discursos.
Siempre hemos ido adelante con nuestras fuerzas.
Yo nunca le hablaré al Ministerio de ese pastelero.
No te importa la felicidad de tu hijo.
Esto es un chantaje.
No, es un consejo. Tú harías algo que no te cuesta nada,
y él pagaría todos los gastos de la boda.
Jamás!
Dios mío!
- Se han quedado pilladas. - Pero qué haces?
Son amargas.
- Amargas! - Enséñame el envase.
- Tendrías que haberte puesto gafas. - Por qué?
Es un medicamento que tomaba Carlo cuando estudiaba.
- El que te tiene despierto? - Sí.
Maldita sea!
Dios mío!
Y ahora dónde voy?
El hombre propone y la mujer dispone.
La señora Teresa consiguió convencer a su marido
con la más terrible de las armas de las madres, el porvenir del hijo.
Así llegaron al Ministerio las 3.000 palomas.
El martes después de Semana Santa, D'Amore, de vuelta al trabajo,
encontró, pasillos, habitación y mesas vacías.
"Ir enseguida a ver al Jefe de Gabinete."
Contable, qué tal? Es un placer!
Baje, baje...
- No usted, su voz. - Ah, la voz!
El comendador no debe saber que nos conocemos.
- Nos conocemos desde hace poco. - El comendador no debe saberlo.
- Según él, no nos conocemos. - Somos extraños.
No tiene que hablar con gestos, tiene que bajar su voz.
- Para que le oiga solo yo. - Perdón.
- El Jefe de los Gabinetes... - Se dice Jefe de Gabinete.
- Cómo? - Jefe de Gabinete.
En un edificio tan grande, hay solo un gabinete?
El Jefe de Gabinete es el comendador La Sarda.
- La Sarda me ha mandado llamar. - A mí también.
Querrá agradecerle por haberme sostenido como proveedor.
- No lo sé. - Le ayudará para la promoción.
Mi promoción es casi segura.
Muy pronto el comendador llevará los papeles al ministro para la firma.
- Tengo que agradecer... - No, no tiene que darme las gracias.
- Tengo que agradecer mi ancianidad. - Eso sí, se lo aconsejo.
- Usted es un poco anciano. - Hablo de la ancianidad del trabajo.
- Usted tampoco es joven. - Pero llevo bien mis años.
Tiene el cabello sal y pimienta! Yo, modestia aparte, lo tengo oscuro.
- Un poco de color... - Cómo?
Color de luna, color de leche...
- Ahora canta? - Te vuelves cándida.
- Es usted que me sigue. - Pero qué siguo?
No estamos cantando canciones. Pasamos?
Luego le llevaré a mi costurero para medir el tight.
- De acuerdo. - Le quedará perfecto!
Hablando de eso... Dígame la verdad.
- Diga. - Hacía el peluquero en Centocelle?
- Pero.... - Ah, sois vosotros, adelante.
- Gracias. - Buenos días.
Por favor...
Contable D'Amore, usted conoce al caballero Cocozza?
- No tengo este honor. - Si conozco al contable D'Amore?
En realidad, estábamos de acuerdo... Es decir, no le conozco.
- Usted me conoce? - No!
Pero estoy encantado de conocerle.
- Encantado. - No, es él.
Me permite? Cocozza Antonio, de la homónima y premiada pastelería.
Por favor.
- Adelante. - Donde?
- Ahí. - Molesto? Si molesto me voy.
Por favor...
Nosotros los pasteleros somos educados.
El caballero Cocozza ha entregado unas palomas de Pascua...
Y le digo que todavía no he recibido el pago.
- Luego lo hablamos. - Confío en usted, tranquilo.
El contable ha garantizado.
Ha garantizado para nosotros, pero también para usted.
Aquí consta que ha apoyado la petición
con esta relación en la que elogia...
- Le duele el cuello? - Un poco de ácido úrico.
Así que elogia...
Sí, me he dado cuenta de que el producto estaba bueno.
- Exquisito, diría. - Exquisito? !La paloma es un asco!
- Cómo se atreve? - Me atrevo.
- Me lo explica? - Es fácil de explicar.
La mitad de los empleados del Ministerio están enfermos en casa.
Es la gripe.
- No, cólico! - Gripe alcohólica.
- No, cólico espantoso! - Gripe alcohólica espantosa.
Las farmacias están llenas, los hospitales también,
los cementerios a tope, ya no se encuentra un sitio ni pagando!
Pero solo los que han comido esta porquería.
Porquería? Usted insiste! Insiste e instiga.
Usted difama, quiere una querella.
Sabe los expertos como llaman a esa paloma?
- No. - La Sophia Loren de las palomas.
- Venga ya! - Pruébela.
- No estoy loco. - Entonces no le gusta Sophia Loren.
Pruébela usted.
Soy pastelero, no pruebo los pasteles.
Si tuviera que probar todos los postres que hago...
- Cálmese. - Puede probarla el contable.
Bravo, señor contable! Pruébela usted.
Cuándo se dió cuenta de la exquisitez del producto, no lo probó?
No, he tenido una óptima sensación "ad hoc",
porque intento no comer las cosas que engordan.
- Esta engorda. - Pues coma un trozo ahora.
- Cómalo usted. - Yo no.
- Coma un trozo. - Yo? Pero los empleados...
- Dele una bofetada. - A quién?
- Una bofetada moral. - Adelante.
- Si tiene valor, coma un trozo. - De prisa.
- Engordaré un kilo. - Un quintal de más, uno de menos...
Un quintal...
Qué tal está?
Qué le decía? Sophia Loren!
- Está buena? - Buena.
- Qué? - Sophia Loren.
- Yo hablo de la paloma. - Me parece muy buena.
- Le aconsejo no comer más. - Por qué?
Un kilo de más, uno de menos... Ahora me como esa también.
- No siente nada? - Qué debo sentir?
- Usted cómo se siente? - Me siento estupendamente.
- Usted cómo se siente? - Mal.
- Hay visitas. - Es mi mujer?
- No, son dos señores. - Serán dos compañeros.
- Déjeles pasar. - Sí, pero cálmese.
Estoy calmado.
Tengo unas serpientes aquí dentro.
Quién es?
Cómo nos hemos reducido! Un hombre tan fuerte...
Un gesto muy amable, dos crisantemos.
Quíteme esas cosas de encima! No estoy muerto, estoy bien.
Está bien! Lo ha declarado delante a dos testigos,
la Cruz Roja Italiana y el abate Faria.
De acuerdo, contable D'Amore, como quiera.
Pero la factura se la envío sin falta.
Suspende definitivamente estas participaciones.
- Ahora tampoco se casan. - Vale.
El comendador La Sarda invitó al contable D'Amore a su casa
para una noche extraordinaria.
Nadie podía imaginar el piano que tenían dos madres
para que los hijos fueran felices.
- Le agradezco la invitación. - Tiene alguna otra molestia?
No! Me han ayudado esos cinco días en la clínica.
Espero que le hayan sido de ayuda para demostrarle mi buena fe.
No hablamos más. Cuándo echaran el programa?
Dentro de poco, en cuanto acabe la peli.
- Ven, está a punto de empezar. - Disculpe.
Señora, venga a ver la tele, está la hija del caballero.
Caballero, es un gran placer ver a su hija en la tele.
- Sí. - Está emocionado?
Un poco.
Señoras y señores, buenas noches.
En unos instantes podéis ver un nuevo capitulo
del programa de investigación "Jóvenes de hoy".
JOVENES DE HOY
Esta noche se hablará de un aspecto interesante
de la juventud de hoy.
La influencia de la familia sobre los actos de los jóvenes.
Están enfadados, violentos, infelices.
Pero qué quieren?
Cómo te llamas?
Ermanno Tazzoli, pero me llaman el Diablo del domingo,
el carnicero de las sirvientas.
Ermanno, a qué se debe este sufrimiento tuyo
y este espíritu de rebelión? Tu padre te descuida?
Él es hijo de... Nomen nescio.
Y aquí está el clásico caso en el que la actitud de los padres
ha influido negativamente sobre la formación del carácter del joven.
Eh, vosotros dos!
- Es mi hijo. - Pero que lleva!
Por qué no habéis ido al colegio?
Ella no quería y yo ya no voy, me he diplomado.
- Tu padre estará feliz. - A mi padre no le importa nada.
- Le oyes? - De qué habláis en casa?
Yo no hablo, habla solo él.
Repite siempre lo mismo: el trabajo en el Ministerio es una agonía,
los compañeros han ido adelante con los empujones, y el jefe...
- Carlo... - No.
- Es un histérico testarudo. - Soy un histérico testarudo?
Este chico siempre me ha gustado, es leal.
- Esa es su hija? - Sí, se me parece. Es un ángel.
Así que tienes el peor padre del mundo?
No! Creía que mi padre era el peor hasta que vi el suyo.
Hijo de...
Gabriella tú no dices nada?
- No defiendes a tu padre? - Gabriella, defiende a tu padre.
- El que calla otorga. - Me ha defendido.
Tú también estás enfadada con tu padre.
Claro, mi padre es un egoísta, no entiende nada,
discute siempre, y tengo problemas por su culpa.
- Qué problemas tienes? - Estoy embarazada.
Él es el responsable?
- Por desgracia. - Por qué?
Por desgracia para mi hijo! Con los abuelos que tendrá...
Ahora qué vais a hacer? Os casáis?
Nos gustaría, pero los viejos no quieren.
- Entonces? - Empezaré una nueva vida.
- A saber! La Legión Extranjera... - A la cárcel te mandaría!
La falta de comprensión de los padres ha generado un drama.
Padres, madres, no todo está perdido, estáis a tiempo de arreglarlo.
Permiso? Permiso...
Basta, se acabó el espectáculo. Todos fuera!
Aire! Fuera! Condesa, mañana le enviaré las pastas.
- No, no volveré a este local. - Como quieras.
Intente ser un buen abuelo.
- Coronel, tiene que pagar 10 cannoli. - Usted piense en su hija!
Son mis asuntos, pase. Fuera! Aire! Aire!
Ninguna menor de edad seducida fue tan sensacional.
12 millones de espectadores sabían que Gabriella Cocozza
esperaba a un hijo.
La nación entera exigía una solución adecuada.
El caballero Cocozza no se preguntó porque su hija, a pesar de todo,
se casó con un precioso traje blanco con velo y flores de naranjo.
Está muy bien.
- Antonio! Estás listo? - Se ha equivocado con las medidas.
Es posible que en dos días haya adelgazado?
Me ha hecho un chaleco para tres, una americana para dos!
Estás bien, date prisa, en media hora empieza la función. Vamos.
Adónde vamos? Así yo puedo ir solo al circo y hacer de payaso.
- Mira. - Déjame ver... Tienes razón.
- Nunca has tenido esta panza. - Ni siquiera durante la guerra.
- Te pareces al contable D'Amore. - D'Amore! Ha cogido mi tight.
D'Amore me persigue. Es la suma que hace el total.
Ahora te vas a enterar.
- Qué ha pasado? - Ese cabrón ha cogido mi tight.
- Yo soy el testigo. - Que pesado!
Ocupado.
- Siempre ocupado! - Si aprietas un poco, se cierran.
- Qué hago? - Se ha roto aquí.
- Cuidado! - Tú dices de apretar...
Si se rompen los pantalones, tendré que pagárselos.
- No te miran a ti, miran al novio. - Así seré el hazmerreír.
- Este costurero es idiota. - Prueba el 110.
Sí, tienes razón.
Pues...
- Está ocupado también. - Vuelve a probar a los Cocozza.
Malditos los Cocozza!
Está ocupado.
- Dale al 110 para desbloquearlo. - Sí.
- El 110? Tú crees? - Sí.
Lo hago.
Está ocupado también el 110.
Al segundo tono ya me da señal de ocupado.
Será una señal del destino.
Todavía estás a tiempo de salvarte de los Cocozza.
- Seguro que el número es correcto? - Sí!
El numero llamado no es correcto, consulte la guía telefónica.
Has entendido? Mira la guía telefónica. Cocozza.
En la guía estará hasta la nobleza. Mira.
- Aquí está. - Cuantos son?
- Tres Cocozza y un Cocozziello. - Y el número está?
- Es lo que te he dicho. - Pero de qué año es?
Es del 1952! Aquí no hay nunca una guía del año en curso.
Ahora tengo que irme.
- Pero yo no consigo andar. - Inténtalo.
Si abro las piernas, se me caen los pantalones. Debería andar así.
Papá, pareces Frankenstein.
- Ponte una gabardina. Nos vamos. - Vale, vamos.
Luego veremos...
Un momento! Debe de ser él.
Cocozza! Vaya!
Sí, a mí me ha mandado el suyo.
Qué hacemos?
Venga aquí, nos cambiamos de tight y luego vamos a la iglesia.
Es la suma que hace el total!
No puedo ir en bus vestido de Frankenstein.
Me tomarían por loco. Venga a recogerme con su coche.
Claro, le hace falta a su familia.
Coja un taxi, yo también lo cojo,
y nos vemos fuera de la iglesia.
Sí.
- Papá que hace? - Ahora llegan.
Señores, hay que darse prisa.
Son las 10.45 y a las 11 tenemos un funeral. Tenemos que entrar.
Mi marido y el caballero Cocozza vienen enseguida.
- Verdad, Matilde? - Sí.
- Es demasiado tarde. - Vamos.
Por fin lo consiguen!
Esta vez será la vencida.
- Y entonces? - Es culpa del costurero.
- Dese prisa! - Pero se lo ha puesto?
- Claro. - Ahora cuanto tardamos?
- Un minuto. - Póngase el suyo y me da el mío.
- Son 990 liras. - Un momento.
No puedo quedarme.
- No le da vergüenza? - Venga!
- Un momento... - No estamos haciendo un striptease.
Señor, las 990 liras!
- Espere un momento. - No puedo esperar... Dónde vas?
- Dese prisa. - Dese prisa usted!
- Deme las 990 liras, tengo que irme. - Y yo donde me visto?
- Donde quiere. - Vale. Deme 1.000 liras.
- Es tonto? No las tenemos. - Tú tienes 1.000 liras?
- Tiene que darmelas a mí! - No grites!
- Pues estamos bien. - No, las 1.000 liras.
Ah, ya! Me confunde. Las 1.000 liras.
Señores, se acabó el espectáculo.
- Vamos. - No puedo entrar!
Y yo como entro?
- No me empujes más. - Usted nos deja vestir?
- Perdón. Deme mi tight. - Y el mío dónde está?
- No lo sé. A quién se lo ha dado? - Lo he puesto en la ventanilla.
Yo no he visto nada, tal vez lo ha cogido el conductor.
No, el conductor...
Lo esconde aquí dentro?
- Estaba distraído. - Me ha asustado.
- En la confusión... - Por favor.
- Con cuidado. - Me permite?
- Y el chaleco dónde está? - Qué chaleco?
- No está. - Lo he guardado dentro.
- Me permite? Se da la vuelta? - Disculpe...
- Ha visto donde estaba el chaleco? - Empiezo a desnudarme.
Pero qué hace? Me pone el...
- Usted me ha dado un mordisco! - Me permite? Pero...
Un momento.
Con cuidado.
- Los pantalones. - Los pantalones.
- Quítese los pantalones. - Me da vergüenza.
- No mire. - Qué mira?
Somos dos padres que se cambian la ropa.
Me permite? Déjelo en mis manos.
- Aquí, en el agujero. - Qué agujero?
Así... Quítese.
- Lo ve? - Empuje!
Deme la otra pierna...
- Esta no sirve. - El zapato!
- Dónde lo pongo? - Malditos tirantes! Fuera!
- Démelos. - Aquí están los míos.
- Esa es la americana. - Cuál?
Esa es mi americana. Se pone la americana?
- Pero... - Se ha roto.
- Con la prisa... - Pero qué hace?
Qué hace ahora? Este es mi chaleco!
- Quítese ese sombrero. - No!
- Abajo el sombrero! - Abajo el sombrero?
- Abajo. - Ahora recuerdo donde le vi.
Un, dos, un, dos...
Abajo el sombrero!
Usted es el que abofeteaba en Via dell'Impero.
No, yo siempre he estado en contra...
- Cayese, payaso de uniforme! - Desgraciado de civil!
No voy a permitir que mi hija sea la nuera de un hombre así.
- Pues anulamos todo! - Lo fastidiamos todo!
- Todo. - De acuerdo.
- Alto! - Parad todos!
- No hay que celebrar esta boda. - No tienen que casarse.
- Ya se han casado. - Cómo? Ya se han casado?
- Sin mí? - Por suerte!
- Pero yo pido la anulación! - No, yo la pido.
- Lo he dicho yo primero. - Yo la pido al Tribunal de la Rota.
- Qué ruta? - La de Roma.
- Y yo en todas las rutas! - Vamos, llueve!
Hasta llueve por su culpa.
- Mi culpa? El gafe es usted. - No, usted.
- Es la suma que hace el total. - Devuélvame mi guante!
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