Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Sigo pensando en el homicidio de esa noche, Lupa.
Arturo Michelini entra en casa...
y se pone a buscar... algo que no encuentra.
En un momento determinado, Romano Favre regresa...
y el hijo de puta se siente descubierto, ¿y qué hace?
Le mata.
Luego escapa y se lleva el móvil.
Después alguien entra en la casa.
Y deja el encendedor de Cecilia, seguramente para incriminarla.
Yo me pregunto: ¿es la misma persona que ha matado a Favre?
Para mí, no.
Para mí que Michelini no ha actuado solo.
¿Por qué lo mataron precisamente a él?
¿Qué tiene en el móvil, Lupa?
Luego están esas tres letras, A, B y C.
No logro descifrarlo.
Vamos, Lupa.
Www.SubAdictos.Net presenta:
Una traducción de Mady70.
Corrección de livinginthepast.
ROCCO SCHIAVONE - S03E04.
HAGAN JUEGO
Así.
¿Son las entradas en el casino de los últimos meses?
Sí. Día a día.
Es un documento reservado.
Para dejárselo necesito una orden firmada.
- Se trata de privacidad. - Claro.
Está bien, después...
Oiga, ya que estamos...
¿Podría descifrar esto que está escrito por detrás?
¿"A, B, C"?
Sí.
Eso.
Sí, Ljubljanska Bank.
Es un banco esloveno.
- Pero esto no lo entiendo, lo siento. - Gracias.
¿Lo dejo cinco minutos?
Si quiere dar una ojeada...
Chicos, estas son las listas de las entradas en el casino.
Miren los nombres y hagan comprobaciones.
¿Los miramos todos?
Sí, todos. Por si ven, por ejemplo Romano Favre.
Controlen la lista y anoten los nombres que aparecen junto a él.
No sólo clientes, también los crupieres.
¿O sea que debemos ver si Favre iba allí para verse con alguien?
- No para verse sino para controlar. - No entiendo.
Romano Favre no era un jugador...
pero últimamente invertía algún dinero en las tragamonedas.
Me parece algo extraño.
Seguramente escondía algún motivo.
- ¿Cuál? - No lo sabemos.
Puedo decirles que he enseñado el ticket a Berardi.
Dice que es el nombre de un banco esloveno.
- ¿Eslovenia? - Sí.
Como el número que llamó a Favre la noche que murió.
Bravo. Pongámonos a trabajar.
Está bien.
- Furio, ¿qué me cuentas? - Aquí no se mueve nada.
En cuanto pueda, escapo y voy por allí.
- ¿Este hombre es de fiar? - Es de fiar.
Quiere 50.000 euros para excavar antes que la policía.
¿Y después?
¿Borra las huellas?
- ¿Qué quieres decir? - ¿Qué quiero decir?
Cuando empiecen a excavar ellos, la magistratura...
¿qué encontrarán? ¿Cemento removido, un hueco?
- Pero no encontrarán el cadáver. - Sí, pero no me dejarán en paz.
Harán el test de ADN, buscarán huellas.
- ¿Entonces? - Quizás no lo has entendido.
Se acabó para mí.
Se acabó, Furio. Tengo que fiarme sólo de la burocracia.
Adiós, Furio.
Te lo digo, es así.
- Hay que estar atentos. - Sí.
- Hay que vigilar la zona. - Se los he dicho, yo me ocupo.
La vigilo yo, tengo a mi gente, me avisarán si vienen los guardias.
Vigilancia 24 horas, se los pido.
Tranquilo, lo mejor es el vigilante nocturno.
- ¿Quieren excavar? - Déjalo.
De acuerdo.
Señor Schiavone, ¿cómo está?
- No muy mal, gracias. - Un placer volverle a ver.
¿Por qué el asesino de Romano Favre está todavía libre?
- ¿O me equivoco? - Por poco tiempo.
El día que le ponga las manos encima...
- quisiera saberlo yo también. - No dudaré en avisarle.
- ¿Otra vez en un hotel? - Sí. Sabe, las obras...
Si hubiese acudido a mí, ya tendría la casa lista.
- Así fueron las cosas. - Está bien.
Señor Roversi.
- Señor Schiavone. - Lada.
- Señor Baldi. - Hola.
¿Molesto? Le falta el aire.
Estoy haciendo gimnasia, abre la mente.
Oiga, necesito una autorización.
Sí, a su servicio.
La sociedad de Guido Roversi.
Si ocupa de transportes en Grand Chemin.
¿Qué quiere saber?
Con qué bancos trabaja.
Sería estupendo si trabajase con un banco esloveno.
- ¿Cree que tiene algo que ver? - No lo sé.
El y su novia están siempre detrás de mí.
Está bien, le haré saber.
Ahora me voy, tengo que hacer mis repeticiones.
Hola.
- Hola, Vittorio. - Hola.
Hazme un buen café.
- ¿Quién molesta? - Ya está.
En los fines de semana de los últimos dos meses aparecen dos nombres.
Giovanni Mieli y Rosanna Sbardella, en el último mes también Goran Mirkovic.
- ¿Qué se sabe de ellos? - Deruta está cruzando datos.
Gracias, Antonio.
Ella es Rosanna Sbardella.
Iba al casino los fines de semana...
en los que también estaba la víctima, Romano Favre.
Él es Giovanni Mieli.
- Aquí está. - Se parece a mi primo.
- Es igual a Peppe el torcido. - ¿Qué?
- El herrero de Tortoreto Lido. - ¡Por favor!
Por ultimo Goran Mirkovic.
Si lo arrestan, me ofrezco para interrogarlo.
¿También tú empiezas?
Vamos chicos...
quédense bien con estas caras...
quizás tienen que ver con el móvil del homicidio.
Esta noche los llevo a todos al casino.
Vístanse de un modo sobrio, no debemos llamar la atención.
A ver qué traman estos tres idiotas. Buen trabajo.
Italo... Tú te quedas aquí.
Michelini te conoce, es mejor que no te vea.
Rocco, perdona, ¿me permites una cosa?
En vez de jodernos a nosotros, ¿no puedes llevarte a dos policías?
Necesito gente despierta.
Pues entonces estamos bien.
- Hola. - Hola.
Tienen que vigilarlo todo ahí. Se los lo pido.
Aquí está todo vigilado las 24 horas.
Estoy aquí todos los días y todas las noches.
De acuerdo.
- Adiós. - Adiós.
- Chicos. - Buenas noches.
- Hola. - Hola, Rocco.
¿Qué pasa?
¡Lo has entendido, Michela! Nada mal, ¿verdad, Alberto?
- Bella, ¿no? - Bella, sí.
- Perdona solo he dicho: "Bella". - ¡Otra persona! Ya era hora.
- ¿Qué te has hecho en el pelo? - Me lo ha arreglado mi mujer.
- Me quitaré la pinza cuando entre. - ¡Por favor!
¿Qué haces?
En el pueblo me conocen como el rey del baile que enciende la noche.
¡Esto es el avance del espectáculo!
Menos mal que no teníamos que llamar la atención.
Pareces un loco que se ha escapado.
Entonces, tenemos que formar parejas, ¿está bien?
- Deruta con Casella. - Sí.
¿Dónde vas?
- Quiero estar con la mujer. - ¿"Con la mujer"? ¡Camina!
¿Tienes seis años?
Decíamos... Casella y Deruta. Anto', D'Intino se queda contigo.
Michela con Alberto.
- ¿No vienes? - ¿Cómo hago? Me reconocerían.
Cuidado, este es el dinero. 300 debería bastar.
- Tenlos tú. Aquí está. - No, yo llevo el mío.
Observo, miro, escucho, juego y sobre todo, gano.
Buena suerte a todos.
- Cualquier cosa, dígansela a Alberto. - ¿Por qué?
Eres el menos reconocible.
Ven conmigo.
¿Si no aparecen los que buscamos?
Pensemos en positivo, Casella. Pensemos en positivo, por lo menos eso.
Dios...
¿Qué pasa?
¿Si gano, me puedo quedar con el dinero?
Vete a cagar.
No va más.
Trece, negro, impar, segunda docena.
Has ganado, has hecho columna y docena.
¿De verdad?
Sí, la típica suerte del principiante.
No va más. 36, rojo, par, tercera docena.
¡No! Ahora que no jugaba ha salido.
Te estás dejando perder la mano, tienes que observar a la gente.
- Anto'. - ¿Sí?
- Esa me está mirando. - ¿Quién?
Allí, allí, allí.
- ¿Dónde? - Esa de delante.
La del vestido negro.
Es una prostituta.
Me mira a mí y es una prostituta, ¿si te mirase a ti, era Santa Rufina?
Llegó el bonito del pueblo.
- Yo a echar un vistazo, investigo. - D'Intino.
- Un placer, Domenico. - Fiona.
- ¿Fiona? - ¿Te gusta Fiona?
Voy a dar una vuelta.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- Dime, Ugo. - Está Sbardella.
¿Qué hace?
Está en la caja, está cambiando mucho dinero.
- ¿Cómo aviso a Fumagalli? - Le aviso yo.
- Tenla vigilada. - Está bien.
Entonces 11, 12, 23, 24, los caballos.
- Bien, 11, 12, 23, 24. - ¿Tú no juegas?
- No, me estoy aburriendo. Juega tú. - ¿Yo?
Sí.
¿Puedo ofrecerle una copa?
- Hecho el juego. - Ve, ve.
Deja sitio a los profesionales, nos vemos luego.
Por favor.
- Rocco. - Dime.
- Tenemos a Mieli. - Bien, gracias.
- De acuerdo. - No va más.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Hagan juego, señores.
- Perdone, ¿me puede ayudar? - ¿En qué?
¿Tiene 100 euros?
- ¿Quiere mis fichas? - Me gustaría apostar...
- ¿Se conocen? - No.
Entonces yo no he visto nada y usted se va del casino.
Se los habría devuelto.
- Candreva, del control. ¿Usted es? - Giulio Gaudenzi.
- Si vuelve a pasar, avíseme. - Claro, gracias.
- Adiós. - Adiós.
¿Me pone un gin tonic, por favor?
¿Sí?
- ¿Has visto a ese? - Sí, no debes hablar conmigo.
Casella se ha ido, no tengo dinero y no sé qué hacer.
Di a Fumagalli que Goran Mirkovic está aquí.
Recibido.
- Joven, dos prosecos, por favor. - Enseguida.
Y bien, ¿es la primera vez?
No contesto a las preguntas de quien no sé el nombre.
Tiene razón.
¿Me permite?
- Sí. - Giovanni Mieli.
- Gracias. - Gracias.
Foggia.
- ¿Foggia? - Un pueblito cerca de Andria.
Vengo aquí por trabajo... y...
me gusta jugar.
- ¿En qué trabaja? - En el ámbito agroalimentario.
- Mozzarella. - ¿Mozzarella Mieli?
No.
Belcuore. Mozzarella Belcuore.
- Belcuore. - ¿La conoce?
No, pero yo no como lácteos. En la leche hay microdepósitos...
que entran en la circulación de la sangre...
e infectan el aparato digestivo.
Voy al baño, si me permite...
- Adelante. - Gracias.
¿D'Intino?
Le he perdido.
¿Cómo le has perdido? Ugo.
Sbardella ha pasado la noche sentada fumando.
No ha jugado nada, pero luego fue a la caja...
y cambió 13.000 euros de fichas.
- Tomó el dinero y se fue. - Lo mismo Mirkovic.
- Ha cambiado, pero no ha jugado. - Mieli estuvo siempre pegado a mí...
- y alguno no ha movido un dedo. - Yo no soy tu marido.
- ¿Mieli ha cambiado dinero? - No.
Hemos salido, me invitó a su hotel pero lo rechacé.
¿Qué hotel?
El del casino. Pero yo me preguntaba:
Uno que juega habitualmente, ¿por qué no tiene fichas?
¿Por qué no tiene fichas? Estos reciclan dinero.
Sbardella y Goran entran y cambian dinero...
mientras Mieli entra sin una lira.
A la salida Mieli cambia las fichas de los dos, porque el dinero es suyo.
- Los cómplices fingen perder. - Mieli se va con dinero limpio.
Solo que esta noche no han hecho el jueguecito, nos han descubierto.
¿Se han dado cuenta de que estábamos allí?
Claro... claro...
Entonces, esa "C"...
¿qué puede ser?
Goran es croata, ¿no? La "C" puede ser "croata". ¿La "B"?
Puede ser "Belcuore". Es el nombre de la empresa de Mieli.
- Bien, falta la "A". - ¿"Arturo Michelini"?
No, Favre... se fiaba de Michelini, no creo.
Voy a dar una vuelta con Italo. Voy al hotel de Sbardella y Mirkovic.
Antonio y Casella, permanezcan detrás de Mieli.
Los demás pueden ir a dormir.
- Bien. - Menos mal.
- Adiós, Albe'. - Adiós.
- Italo, reúnete conmigo en casa. - Me ha dicho que Mazzanti...
- ¿Conoces a Mazzanti? - Sí.
- Le han robado la villa. - ¿Sí?
- Sí, sí, pero por qué... - Hola.
- ¿Otra vez allí prestando dinero - No, una charla con los amigos.
- He pasado la vida ahí fuera. - Lo sé.
- ¿Hay algún problema? - No, en absoluto.
Si me ha dicho la verdad, no.
Si no, me veré obligado a darles patadas en el culo.
- Perdone, pero... - No, "perdone" ¡una mierda!
No es la primera vez que le prevengo.
¿De acuerdo? Nos vemos.
Dime.
Estamos viendo el hotel, todo tranquilo.
Comunícame inmediatamente cualquier movimiento de Mieli.
Claro, pero parece que ya se ha ido a dormir.
- Bien, adiós - Adiós.
Yo entro, tú esperas cuatro minutos y luego llamas.
- ¿Qué dialectos sabes? - El romanesco.
Déjame oír.
Necesito una habitación.
Eso es rumano, no romano.
Está bien, da igual. Ve así. Hazle hablar lo más posible.
Voy.
¿Le meto en la cárcel?
- Hola. - Hola. Diga.
Policía, control.
¿A esta hora?
Los controles se hacen cuando nos da la gana.
- ¿Me enseña el registro? - Sí, claro.
Aquí está.
- Gracias - De nada.
¿Todos los huéspedes están en sus habitaciones?
Sí. Aparte de la 22 y la 24 en el piso bajo, las demás están ocupadas.
¿Hay caja fuerte en las habitaciones?
Soy subcomisario, ¿quiere responder a la pregunta?
¿Hay caja fuerte?
- No. - No costaba tanto.
- ¿Qué debe hacer? Responde o... - Respondo.
- Vaya. - Sí.
¿Sí? Diga.
¿Quiere una habitación? Claro.
La pensión, sí, buenos días. No le oigo bien, ¿de Roma?
- ¿El baño? - Un momento.
- ¿Aquí? - A la izquierda, por las escaleras.
- Gracias, disculpe. - De nada.
Sí, ¿decía? Sí. No tenemos barreras arquitectónicas.
Hay aparcamiento en el patio.
Tenemos habitaciones en el piso bajo, sí.
Tiene que decirme en qué período.
Tenemos un servicio de media pensión con el desayuno.
Para comer hay restaurante.
Sí, claro.
De acuerdo, de acuerdo, sí.
¿Cómo? Me repite el apellido, por favor.
- Oiga... - Bulveri...
- Gracias. - De nada.
¿Sí, Bulverigi o Pulverigi?
Está bien, ahora espero que mamá se despierte...
y le vuelvo a llamar.
Gracias y adiós.
Intenta tú hablar el valdostano.
Cuando seas un un subcomisario muy bueno...
con grandes dotes investigativas...
y yo un agente que no cuenta para nada...
hablaré valdostano, ¿está bien?
- ¿Qué hacemos? - ¿Qué hacemos? Entramos.
Esperamos 20 minutos.
- Sbardella. - ¿Cómo entramos?
- ¿Qué es? - Un passe- partout.
Han dejado la puerta abierta.
Yo sé quien la ha dejado abierta, el de la 114.
Está bien.
¿Y ahora?
Vamos a abajo.
La habitación 22 está libre.
- ¿Cómo lo sabes? - Lo sé... Lo sé.
- ¿Cómo entramos? - Como antes.
- Con el passe- partout. - Déjame pasar.
¿Qué has aprendido esta noche?
Que si sigo contigo, antes o después acabo en la cárcel.
No.
Has aprendido que si tienes las llaves, no tienes que forzar una ventana.
- Debes tener estas cosas en la mente. - Lo haré.
Lo digo en serio, Italo.
¿Has entendido? Vamos a dormir.
Mira quién está.
- Dame noticias, Casella. - Tenemos una buena noticia.
Dímela.
¿Sabe quién acaba de entrar en el hotel?
- Candreva. - ¿Quién diablos es?
El inspector de sala del casino.
El que habló con Antonio.
Ahora discute con Mieli.
Lo sabía, no me quitaba ojo. Olía a quemado.
¿Y si él fuese la letra "C"?
Antonio dice que quizás sea Candreva la letra "C".
Luego hablamos, vuelvan a la base, nos vemos en la oficina.
Hasta luego, señor.
- ¿Qué ha dicho? - Tenemos que volver a la oficina.
Sé buena, Lupa. Hola.
¿Señor Schiavone?
- Hola. - Hola.
Oiga, tengo que hablarle de una cosa muy importante.
- Diga. - Voy al grano directamente.
El banco se lleva la casa.
¿Necesita un préstamo?
No, digamos que con los préstamos tengo para dos vidas.
Una amiga mía me deja su monolocal en Breuil...
pero yo no le puedo pedir a mi hijo que me siga.
He pensado que como Gabriele le quiere mucho...
- y usted también le quiere... - Claro.
Entonces, quizás...
¿Quizás pudiera ser tan generoso de acogerle por un tiempo?
Sólo un par de meses.
El tiempo que resuelva una serie de problemas...
Es una tontería, créame.
A él le digo que voy fuera por trabajo...
Este es el problema, las mentiras.
Le ha dicho tantas que me extraña que él se fie de usted.
¿Qué puedo hacer? ¿Llevarle a Cervinia conmigo?
¿En un agujero de 18 metros cuadrados? ¿A hora y media de la escuela?
Y cuando tenga que irme por trabajo, ¿le dejo allí solo?
Estarán en mi casa los dos, yo estoy bien donde estoy.
No, no puedo...
- Haga como si no hubiera venido. - ¿Dónde va? Perdone.
Voy con su padre, tiene que asumir su responsabilidad.
Quizás no lo ha entendido, Gabriele tiene problemas.
En la escuela va muy mal. La necesita.
Necesita entender qué hacer con su vida.
Se quedarán en mi casa, los dos, ¿está bien?
Solo que nosotros dos...
debemos encontrar la mejor manera, la manera más...
buena y formal para decírselo.
¿Lo hacemos así?
De acuerdo.
- Me han puesto un 5 en historia. - Bien.
El año pasado tuve 4.
¿Te han puesto un 5? Por lo menos un 6. Hace dos años que estudias eso.
- ¡No me puedes dar un discurso! - ¿A quién le gritas?
- Respeta a tu madre. - La respeto como ella a mí.
Ven fuera conmigo, tengo que hablarte.
Perdona, aparte de que un 5 es una mierda...
¿Esta es la manera de estar cerca de tu madre?
Te dije que la abrazaras, no que la escupieras en la cara.
- No le he escupido. - ¡Es una metáfora!
- ¿Sabes lo que es? - Es una figura retórica.
Implica una transferencia de significado.
Bravo.
Si te digo imbécil, ¿qué piensas?
- ¿Es una metáfora? - Es la verdad.
Es la verdad, ¿no?
¿Por qué no le muestras respeto?
No está bien, ¿entiendes?
Ahora entras y le pides perdón.
- ¿Por qué tengo que hacer como si nada? - Porque ahora eres un hombre.
- ¿Qué hacen los hombres? - ¿Tragan?
Bravo, ¿ves como sí te acuerdas? Tragan y arreglan cosas.
Eso haremos.
Vamos, quiero verlo ¿sí?
Cierra.
Perdón.
Perdona, mamá.
Estoy seguro de que sabes hacerlo mejor.
Vuelve a intentarlo.
Perdóname, mamá.
Más convincente que antes. Lo ha hecho lo mejor que podía.
Oye... Gabriele, tu madre y yo tenemos que decirte algo.
Quizás... ¿No? ¿Gustaría usted, sí?
Bien, Gabriele, sabes que dentro de poco tenemos que irnos de casa, ¿no?
¿A dónde vamos?
Durante un tiempo...
seremos huéspedes de Rocco.
- Sí... - ¡Gracias, Rocco!
Está bien.
Está bien.
- ¡Qué bien! - Sí.
- Siempre soñaba con esto. - ¿De verdad?
- ¿Usted vuelve a vivir aquí? - No lo sé.
No lo sé.
Pero hay reglas para la convivencia.
La primera... es que cuando duermo no debe volar una mosca.
¿De acuerdo? La segunda regla...
Si te digo que lleves a Lupa de paseo, la llevas.
- Sí, sí. - Y luego la tercera.
La tercera es... No lo sé.
Cada uno se ocupa de sus cosas.
- Dentro de casa, eso es. - Claro.
Está bien...
¡Dios mío! Bravo.
Ven, Casella.
- ¿Y bien? - No tengo buenas noticias.
Nivel 10.
¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuando? ¿Cómo?
Alessio Duranti, dentro del baño de su casa, esta mañana temprano.
- ¿La cuarta? - ¿Qué?
Parece que se ha cortado las venas.
¡Buen día... de mierda!
Hola.
Fumagalli ya está aquí.
- ¿Usted quién es? - Soy el portero.
Subí para arreglar las persianas y lo encontré.
- Alessio Duranti, está en el baño. - ¿Parientes? ¿Mujer?
La mujer trabaja en el hospital, junto a él, ahora está de turno.
- ¿Se lo dice usted? - Se lo diré yo.
No puedo perder tiempo, tengo muchas cosas que hacer.
¿Quiere hacer algo por mí? Quítese de en medio. Vamos.
- Hola, Albe'. - Hola.
¿Y bien?
La causa es de una claridad cristalina.
Lo ha hecho, yo diría...
esta mañana, mientras la mujer estaba en el trabajo...
con la hoja de afeitar.
- ¿Le llevas a la morgue? - No, lo dejo al baño maría. ¡Claro!
En cualquier caso, se abrió las venas él solo, hazme caso.
El magistrado ha abierto una investigación...
pero todo hace pensar en suicidio.
- Una cosa terrible. - Sí.
Esperen aquí, por favor. Voy a avisar a la mujer.
Lo habían despedido, era enfermero en quirófano. Era bueno.
- ¿Y qué más? - Empezó a jugar.
Un día despareció instrumental, quisimos evitar la denuncia.
Evitamos la denuncia pero no el despido.
Entiendo. Que usted sepa, ¿tenía deudas?
Anita, la mujer, habla poco pero en mi opinión...
no lo estaban pasando bien.
Claro. A propósito de la mujer, ¿cuándo podré hablar con ella?
Cuando se reponga, la mando a casa. Esta noche se queda aquí.
Gracias.
- De nada. - Gracias, de verdad.
- ¿Usted es romano? - Sí, Spinaceto.
¿Has visto lo que pasa?
- ¿Qué pasa con qué? - ¿Tú también juegas?
¿Cómo se lo tengo que decir? No.
Sí, Antonio.
He encontrado los últimos contactos de Duranti.
Hay llamadas a un notario de Saint- Vincent, Cangemi.
Está bien, contacta con Cangemi y hazlo venir a la comisaría.
De acuerdo.
- Hola, ¿Bri'? - Escucha...
Estaba caminando por via Nazionale y la he visto.
- ¿Quién? - La policía, Caterina.
La he seguido.
Un bandido que sigue a una agente es noticia.
La mejor noticia es...
- La vi entrar en Asuntos Internos. - ¿Sola?
Sí.
Oye, aquí hay un bar. Yo me siento y espero.
- Si sale con alguien, te llamo. - Bravo. Adiós, eres un buen amigo.
¡Un suicidio de manual!
- ¿Qué quiere decir? - Los análisis son diferentes.
Hay restos de anticoagulantes, yo creo que tomó ansiolíticos.
- Bien. ¿Quería atontarse? - ¿Qué investigación haces? Es suicidio.
Tengo una curiosidad, ¿no se puede?
¡Claro!
¿Por qué no te ocupas de tus asuntos?
Educado, ¿no?
¿Bri'?
Ha salido, le tomé una foto, pero no se entiende nada.
- Te la mando. - ¿Sigue sola?
No, con un hombre. Chaqueta, corbata y chaleco tres cuartos, azul.
- Un guardia. - Bien, gracias.
- Adiós. - Adiós, amigo mío.
¿Con quién hablas?
Está aquí el notario Cangemi, ¿le hago pasar?
Voy yo.
- Por favor. - Gracias.
Hola.
- Subcomisario Schiavone. - Cangemi.
Aquí estamos.
Tricheco, odobenus rosmarus.
Mamífero marino famoso por su tamaño. Es propenso a la sociabilidad.
No es agresivo, pero reacciona si lo provocan.
Es por la historia del señor Duranti, imagino.
Sí.
- Sé que últimamente se veían mucho. - Sí.
¿Puedo saber por qué?
Duranti puso la casa a nombre de su mujer.
- ¿Por qué hizo el trámite con usted? - Ya no quería la propiedad.
Estaba en manos de los prestamistas de Saint- Vincent.
Había vendido el coche, el oro y quedaba la casa.
Así que la puso a otro nombre y se quitó la vida.
¿A quién debía dinero?
Aquí están sus cuentas, está todo escrito.
Gracias.
- Comisario. - Subcomisario.
- Hay té, quiere... - No.
- ¿Quiere probar? - ¿Qué le trae aquí?
Quite esa expresión de la cara.
¿Vale una vida 50.000 euros?
Si uno no tiene dinero, no debe jugar.
¡Vete a la mierda!
Estoy hasta los huevos. Estoy hasta los huevos.
Hay que hacer algo de limpieza.
- ¿Estarás aquí mañana por la mañana? - Tengo un servicio, vuelvo a la una.
- De acuerdo. - Bien.
Hasta mañana, adiós.
Schiavone, ¿qué tal?
- Hola. - Hola.
Estaba yendo a verte.
Trabajas aquí, ¿no? - Sí.
Debes golpear duro en el asunto del juego.
Tienes el homicidio de Favre, los ludópatas suicidas.
Tienes a Alessio Duranti, se suicidó porque debía dinero.
¿A quién?
A Marcello Morin, un usurero de Saint- Vincent.
Quería quedarse con su casa por 50.000 euros.
Él la puso a nombre de su mujer... y se quitó la vida.
¿Por qué quiere hacer esta cruzada?
Estoy hasta los huevos de toda esta mierda.
Está bien, perdona.
Sabes dónde encontrarme, si necesitas algo.
Bien.
- Hola. - Hola.
Va a conocer a una de las personas más válidas e inteligentes...
que haya encontrado nunca.
Disfrute la oportunidad y déjese ayudar.
Aquí está.
Hola.
¿De qué se trata?
¿Quiere decírselo usted?
Tengo...
Tengo un problema con el juego.
He perdido mucho dinero...
- es algo que no consigo... - Pare.
Si me lo permite, quiero estar a solas con la señora.
Claro. Le dejo en las mejores manos.
Schiavone.
- ¿Sí? - Antes o después...
también tendré que hablar con usted.
Sería su primer fracaso profesional, créame.
Adiós.
Entonces...
- usted tiene problemas con el juego. - Sí.
Perdón, se lo pido, no abandone.
- De acuerdo. - Perdone.
Hola. ¿Es de ese señor de allí?
Yo me lo quedo, soy de la policía. Gracias.
Aquí estamos.
- Aquí estamos. - ¿Usted quién es?
Señor Mieli, soy el subcomisario Rocco Schiavone.
Policía de Estado.
¿Qué quiere de mí, mientras me relajo?
Conocemos el hecho de que usted utiliza el casino como lavadora...
para lavar el dinero sucio con la señora Sbardella...
Goran Mirkovic y Candreva, el inspector de sala.
No los conozco.
Por favor, Mieli, evite decir tonterías...
porque tengo quintales de fotos del circuito cerrado.
Vayamos a lo importante, le haré una propuesta. ¿Puedo?
Yo quiero entrar en el juego.
O me deja entrar o se van un tiempo a la cárcel. ¿Qué dice?
Tienen hasta mañana para decidir, quiero el 10% de lo que laven.
No puedo contentarme con 30.000 euros. Usted entiende.
- ¿Usted cómo lo sabe? - Cómo lo sé...
Debe decirle a sus colaboradores... que encuentren un escondite mejor.
- ¿Así que ha sido ella? - Claro.
No me considere un ladrón, soy un hombre de negocios.
¿Está bien?
- Mañana la primera gran entrega. - Mañana es pronto.
¿Quién para a los de la comisaría? No ven el momento de arrestarlo.
Nos vemos mañana. Perdone un momento que...
Mierda, ¿qué bebe?
¿Habla español?
Perdona.
- ¿Furio? - ¿Hola?
- ¿Nada todavía? - Por ahora no se mueve nada.
- Los necesito a Brizio y a ti. - ¿De qué se trata?
- Tienen que venir, hay 80.000. - ¿Fáciles?
Fáciles, fáciles.
- ¿Cuánto para ti? - Es todo para ustedes.
- ¿Por qué este regalo? - Porque los quiero.
¿No te basta? Adiós, Furio.
¿Es... beber? ¿Es bar? Está bien... Roma.
Ven aquí.
¿Qué pasa?
¿Te molesto? Soy Lada.
No, no.
¿Cómo estás? ¿Guido?
Se ha ido a Rho, problemas con el hijo mayor.
- ¿Estás en el hotel? - ¿Quieres venir?
En 20 minutos estoy allí. ¿Quieres que lleve algo?
Gracias.
¿Piensas que soy tonta?
Tengo pareja, le estoy traicionando y no es la primera vez.
Pienso todo el tiempo en ti, ¿qué puedo hacer?
Yo creo que Guido sabe todo.
- ¿Crees? - Sí.
Claro que lo sabe, pero lo deja pasar.
Evidentemente lo que le das le basta y le sobra.
Conocí a Guido en el pub donde trabajaba.
Llegó como un salvador. Tomé ese tren. ¿Hice mal?
- No lo sé, ¿tenías alternativas? - Sí.
Seguir trabajando en el pub...
y evitar que el dueño me pusiera las manos encima.
¿Sí?
- Ya estoy acostumbrada. - ¿A qué?
A las manos encima.
Desde que tenía 16 años, desde mi tío en adelante, todos lo intentan.
Quiero a Guido.
No le amo, pero lo quiero.
¿Por qué vas a la cama conmigo? ¿Sólo porque soy bella?
¿Te parece poco? Al límite, debería hacerte yo esa pregunta.
- ¿Tú por qué te acuestas conmigo? - No entiendo.
Creo que tengo una idea. Corrígeme si me equivoco.
¿Quizás porque soy el jefe de la policía de Aosta?
- ¿Qué estás diciendo? - ¿Qué quieres de mí?
¿Quieres saber quién mató a Favre? ¿Lo quiere saber Guido?
¿Tienen algo que ver con esa historia?
- Eres un loco y un idiota. - Me hacen muchas preguntas.
¿Por qué todas esas preguntas? ¿Qué quieres de mí? ¿Qué quieres saber?
¡Vete a la mierda, Rocco!
La empresa de Roversi está limpia, no hay nada extraño.
Movimiento de tierra, camión... Todo en regla.
- ¿Sin antecedentes? ¿Deudas? - No, está todo bien.
Pagos en regla, los sueldos... O sea, nada raro.
No es que tengan una facturación exorbitante.
¿Trabajan con un banco esloveno?
No hay cheques ni de entrada ni de salida.
¿Por qué esa fijación con el banco esloveno?
- Quizás tiene razón, es una idea fija. - Ya.
- Está bien, señor, gracias. - Adiós.
¿Sí?
- He hablado con los otros. - ¿Y bien?
- Empezamos esta noche. - Bien.
¡Pudieron venir!
¿Novedades de Roma?
El Búlgaro dice que todo está bien.
Igual la burocracia te salva.
- Explícanos que tenemos que hacer. - Una cosa fácil, fácil.
- ¿Y bien? - Hemos empezado.
Entonces, 15.000 con Sbardella y 13.000 con Goran.
Dentro de una hora vamos al cambio.
- ¿Y el resto? - Tenemos toda la noche, tranquilo.
La cifra pactada será esa. Y tú, ¿qué dices?
- ¿Sobre qué? - Los matones.
Están en la comisaría arreglando tonterías. Espero en el bar.
¡Mierda, qué frío!
Gracias.
¿A dónde van?
Ahora van al hotel. No te preocupes.
Tengo todas sus fichas.
Treinta mil euros. Nada mal por hora y media de trabajo.
No, nada mal.
Un bonito juego.
Dinero sucio que se lava con un cheque del casino.
Exacto.
Bueno, Schiavone, vamos.
Dentro de tres horas, la última hornada, otros 30.000. ¿Vamos a comer?
Me da la impresión de que esta noche te saltas la cena.
- ¡Eres un hijo de puta! - Es verdad, es verdad.
¿Tú no?
Este micrófono es para Gambino, ten cuidado.
Si no me jode. Tengo algo que hacer, espera aquí.
- Sí. - Por favor, regreso enseguida.
- Te espero. - Sí.
Ve.
Ve, ve.
¡D'Intino!
¿Dónde mierda estabas? Te hemos buscado 36 horas.
No se puede explicar. Señor, he conocido a Fiona.
En el casino, algo grande.
¡Tiene los pechos así! Me ha llevado arriba, ni sé dónde.
Tengo que comer, no me cuentes los detalles.
Tiene que oír toda la historia porque entrará en los anales.
- Se me ha echado encima. - ¡Quita las manos!
- ¡Me quitó la vida, el aire! - Haber inventado una excusa.
Un resfriado, una fiebre. ¿No podías llamarnos?
- No, no me dejaba recargar. - Nada, ¿no?
La puse a la hora con el reloj nacional. ¡Dale y dale!
¡Un martillo neumático!
¿Dale y dale? D'Intino, ¿cómo que dale y dale? ¡Por favor!
Vamos, te estás congelando. Tómate un té.
¡D'Intino! ¿Pero el dinero que te di?
¡Señor, Fiona cuesta un dinero!
¡Tus muertos!
¿Y bien?
Toma, diez mil son tuyos y no quiero oír tonterías.
Fácil, fácil, ¿por qué esto?
¿Siempre tiene que haber un porqué?
Esta vez tiene un gusto distinto, parece un regalo.
Un gusto distinto...
Porque los quiero. ¿No basta?
- Quién sabe cuándo los volveré a ver. - Es un regalo de adiós.
Medio adiós...
¡Caramba! Déjame tomar uno.
- ¿Regresan enseguida? - Sí. ¿Y tú qué haces?
Tengo algo que hacer.
Por favor, acabo de regresar.
¿Puedo ofrecerles algo?
- No, gracias. Yo estoy bien. ¿Italo? - No, gracias.
- Bien. - Pero puede hacer algo por nosotros.
Puede ir a recoger la ropa y los zapatos que tenía...
la noche del homicidio.
- Pero yo, perdonen... - Señor.
Si un policía le pide algo, obedezca.
Si es subcomisario, aún más.
- Dígame por qué. - ¿Por qué?
Si puedo decirle una cosa, usted se ha equivocado de trabajo.
Usted debió ser actor. Ha actuado muy bien.
La noche entre el domingo y el lunes, usted estaba de servicio.
¿Qué hizo?
Volví a casa hacia las tres. Ya se lo conté.
Sí, me lo contó.
Pero hay un agujero de media hora. Sé que le sustituyeron.
Sí, había olvidado mis medicinas.
Le diré yo que hizo.
Primero tomó cinta aislante...
y la puso en la mirilla de la señora Martini...
porque siempre está fisgando.
Después con las llaves entró en casa de Favre...
buscando el fantasmagórico tesoro, llamémosle así...
sin saber que lo que buscaba estaba en el móvil de Favre.
En un momento dado, él regresó a casa.
Usted fue atrapado por sorpresa y le dio dos buenas cuchilladas.
- Y adiós al ingeniero. - ¡Usted está loco!
Sí, seguramente. No es el primero que me lo dice.
Seguramente estoy loco, pero usted cometió varios errores.
Lo primero, las llaves.
La señora Bianca intentó entrar en el apartamento...
pero no pudo, no pudieron...
porque las llaves estaban en la cerradura.
No gira.
Así que entró por la ventana y actuó su comedia.
¿Ingeniero Favre?
Las llaves de Favre seguían en la cerradura.
Pero la puerta sólo se abre con llaves.
En las llaves había sangre de la víctima. ¿Quién la puso?
Por supuesto, el asesino.
Usted dijo que no tocó el cadáver.
Luego hizo otra tontería, aún peor.
Llevó su ropa a la tintorería...
sin saber que la sangre no desaparece fácilmente.
¿Y el encendedor de Cecilia?
¿Cómo sabe lo del encendedor?
Estamos delante de un principiante.
Antes de que le patee el culo, tome la ropa y los zapatos.
Italo, acompaña al señor.
Voy delante.
¿Y bien? ¿Nada?
Llévatelo.
Para Mieli, Sbardella, Mirkovic y Candreva es participación en homicidio.
Queda fuera Guido Roversi.
Hay sospecha de que esté implicado pero no tenemos pruebas.
Mientras tanto hemos desmontado el reciclaje de dinero en el casino...
y encontrado al asesino de Favre.
- Falta el móvil. - ¿En qué punto estamos?
Lo ve usted mismo, Michelini no habla.
Cuando interrogue a los tres del reciclaje...
descubriremos algo más sobre el móvil.
Quizás descubramos el significado de las letras en el ticket.
Sí, claro. La "A" podría ser por Arturo Michelini.
No, no creo, porque si Favre hubiera sabido que Arturo estaba relacionado...
le habría quitado las llaves de casa.
Exacto. ¿Y ahora?
Entonces nada. Tenemos al asesino, y a tres posibles mandatarios.
- Aún tenemos que trabajar sobre eso. - Sí.
Sí, pero ustedes...
dicen que Favre escondía cosas en el móvil para hacer chantaje.
Es posible.
- Está bien, póngase a trabajar. - Sí, entendemos porqué mataron a Favre.
Sí, por eso estamos aquí.
- Hola, Brizio. ¿Qué pasa? - Pasa que tenemos un lío.
Ha llamado el Búlgaro. En Fiumicino empieza la excavación.
¿Qué haces?
¿Cuántos días tardarán?
Cemento armado... Un par.
Voy a Roma.
Tú pide cita con un notario, ¿sí?
Pongo a tu nombre la casa, libero la cuenta...
y me despido. ¿Dónde tienes que ir?
Para relacionarlo con la bala tardarán... otras 48 horas.
Yo tendré que estar ya lejos.
No precipitemos las cosas.
Las cosas ya se han precipitado, hermano mío.
Yo organizo todo, tú sigue disponible.
Está bien. ¡Mierda!
¿No me quieres hablar?
¿Quieres conocer la historia?
Era julio, hace tantos años.
Tú ya no estabas.
Pero yo seguía allí. Era de noche.
Nada, yo lo busqué...
y le encontré.
¿Entiendes? ¿No?
Le maté yo.
Si Sebastiano aquella noche...
no me hubiese impedido apretar el gatillo una segunda vez...
ahora estaría ahí contigo.
Sí, lo maté yo. Esto me he vuelto. Un asesino.
En esto se ha convertido tu marido.
- ¿Qué pasa?¿Ya ha vuelto? - Adiós, Gabriele.
Dale esto a tu madre mañana cuando despierte.
- ¿Has entendido? - ¿Qué pasa?
No te preocupes.
¿A dónde va?
Tu madre y tú se pueden quedar cuanto quieran. ¿De acuerdo?
Te quiero mucho, Gabriele.
Duerme, ponte ahí. Adiós.
¡Sebastiano!
Antes o después tendrá que abrir.
El mecánico dice: "¿Crees que Rocco debe saltar cada vez?".
¿Qué tengo que hacer, Hermana Letizia?
Yo entro, me duelen las cervicales. ¡Adiós!
Adiós.
¡Abre!
Abre.
No te rindes.
Ni siquiera respondes.
Ni al teléfono ni aquí. No abres.
¡Tengo que hablar contigo! ¡Tengo que hablar contigo!
HABLÉ CON BRIZZIO LO SÉ TODO
VAN A EXCAVAR
HABLAMOS CUANDO TODO TERMINE
¡Caramba! Me has quemado los oídos con esa música.
¿Por qué no te duchas? ¿Por eso del tobillo?
No, basta con una bolsa de plástico.
No me lavo porque no espero visitas. No te esperaba.
- ¿Necesitas algo? - Sí, que te vayas.
Vamos.
Hola, chicos.
No puedo ver esta casa así.
Hemos llevado todo al depósito.
Ya tengo un par de ofertas. La vendemos enseguida.
He ido a casa de Sebastiano.
No habla.
Cree que tiene micrófonos en casa.
- ¿Le espían? - ¿Quién?
No lo sé, Furio.
Está bien. Luego hablamos.
Adiós, chicos, gracias.
Querida Laura, querido Camillo.
Vendo la casa de Marina y mía.
Regalaré los muebles y los cuadros pero este limonero no.
En nuestra terraza se moriría de frío.
Háblenle de vez en cuando.
Marina decía que le venía bien.
Me despido, los llevo siempre en el corazón.
He hablado con los obreros, se necesitan 24 horas.
Mañana tendremos el veredicto.
Mañana me voy.
Furio, quédate con Lupa, hasta que te diga donde estoy. ¿Puedes?
Claro que puedo, pero ¿luego?
Cuando te diga donde estoy vienes y me la traes.
Debimos matar a Baiocchi cuando estaba suelto.
Debíamos haberle matado en la cuna.
¡Qué pedazo de mierda!
Siempre supo dónde estaba el hermano.
Cantó cuando vio que no me podía echar el guante.
¿Has entendido?
No pensé que acabaría así.
De hecho, no puede acabar así.
No quiero que me justifiques.
No podría hacerlo.
Nadie puede hacerlo.
¿Sabes lo que he aprendido?
Tus actos solo te implican a ti.
Sólo tú puedes juzgarlos.
Has matado a un hombre, Rocco.
Eso nunca se borrará.
- ¿Cuánto tenemos que quedarnos? - Hasta que lo encuentren.
Embarque inmediato por puerta 10.
Lo han encontrado.
Gracias por seguir Rocco Schiavone por Www.SubAdictos.Net...
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.