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Corrección de livinginthepast.
ROCCO SCHIAVONE - S03E03.
DESPUÉS DE QUE LA BOLA CORRA
Hagan juego.
¿Todo bien? ¿Has tomado la píldora?
Gracias por sustituirme. Señores, hagan juego.
No va más.
Quince, negro, impar y primera docena. Semipleno.
¡Eres un gran hijo de puta! Al menos dime por qué.
Tú crees que no quiero ayudarte, pero yo nunca podré ayudarte.
Esta es la primera vez que te oigo decir una verdad.
- ¡Estoy arruinada! - Lo siento.
¡No es verdad! Me has destruido, me has arruinado la vida.
¡Estás enferma, no sabes alejarte del tapete verde!
- Pero tú me decías... - ¡Basta! ¡Basta! ¡Basta!
No existe ni existirá un hombre que saque los números que deseas.
Cuando nos acostábamos juntos decías otra cosa.
¡Jugábamos, Cecilia! ¡Decíamos tonterías!
¡Puedes irte a la mierda!
Arturo, ¿va todo bien? He oído una pelea en la calle.
Perdona, Bianca. Nada, ya pasó. ¿La desperté?
No, a mi edad el sueño llega tarde y se va pronto.
El ingeniero ha dejado fuera a Pallina.
Si mañana no la ve, le dará un ataque.
- Ya es tarde para llamar. - Sí.
- Subo para tomar las llaves. - Tomemos las mías, será más rápido.
Ahora abrimos la puerta y dejamos a Pallina al calorcito.
No gira.
Habrá dejado las llaves en la cerradura.
- Sí. - ¿Sabe qué vamos a hacer?
No, ¿qué hacemos?
Bueno... le aviso que tengo yo a Pallina.
- Buena idea. - Así se tranquiliza.
Pallina está conmigo.
¡De verdad que es una buena idea!
Me quedo yo con Pallina.
Aquí.
- Buenas noches, Pallina. - Buenas noches, Bianca.
Buenas noches, Arturo.
- Perdone por los gritos. - No se preocupe. Buenas noches.
- Buenos días. - Hola.
Hola, señor.
- Tengo que decirle algo de ayer. - D'Intino, ¿no duermes nunca?
Son las 7:45, acaba de salir el sol, quédate en la cama.
Desde que cambiaron la hora estoy desfasado.
- Es importante. - Dime.
La colecta para el agente Curti. ¡Se casa!
Mierda.
Vamos. ¿Es de puño cerrado? La otra vez dijo que sí.
- ¿Cuánto quiere poner? - Nada, D'Intino.
- Pero me había dicho... - Espera un momento. ¿Dónde están?
¡Estamos bien! Toma.
Así, me ha quedado esto.
¡Caramba! ¿Cincuenta euros? ¡Buscaré mujer también yo!
¡Madre mía! Vamos.
- Buenos días, señor. - Buenos días.
Vengo de la panadería. ¿Tiene órdenes para mí?
- Sí, lávate, estás siempre grasiento. - Enseguida, señor.
- ¿Dónde vas?¿Es Navidad? - ¿Qué?
¿Qué pasa?
Esto... Lo ha visto.
Es un regalo de mi mujer, cumplimos 15 años de matrimonio.
- ¿Sí? - Sí.
Según tú, a tu subcomisario...
en una escala de uno a diez ¿cuánto le importa?
- Digamos dos. - Has sido optimista.
- Gracias, señor. - A ver si consigo tomarme un café.
Buenos días. He intentado llamar pero nadie abre.
He visto que la puerta ventana del ingeniero está abierta.
¿No le habrá pasado algo?
- Tenga a Pallina. - Sí. ¡Amor!
- No la ha recuperado. - ¿Y bien?
Se habrá sentido mal, tenemos que entrar en la casa.
Pasaremos por el jardín, venga conmigo.
¿Sr. Favre?
¿Sr. Favre?
Ven, Italo.
Yo ya estoy deprimido y llegas tú con esa cara.
¿Qué pasa? ¿No has dormido?
- ¿Cuando? - Esta mañana.
- ¿Dónde? - En Saint Vincent.
- ¿Por qué? - Tenemos que descubrirlo nosotros.
No me refiero al homicidio. ¿Por qué a mí? ¿Por qué?
Es tu trabajo.
- Me duelen los pies, no me apetece. - Cambia de zapatos.
Ve, yo voy ahora.
¡Por fin llegaron!
La victima es Romano Favre, ingeniero, jubilado.
Era inspector de juegos de mesa.
- ¿Familia? - Todo bien, gracias.
- Gracias. - La familia, idiota. ¿Tenía familia?
¿El sujeto?
Viudo, perdió a su mujer hace años, sin hijos.
La mujer era de Buenos Aires.
- Buenos días. - Buenos días.
Bianca Martini, una vecina de la víctima.
Quien encontró el cuerpo fue Arturo Michelini, del segundo piso.
- Ahora está en la cama porque está mal. - Se desmayó.
- Encantada. - Encantado, subcomisario Schiavone.
Encantada.
Hylobates lar, simio de manos blancas.
Animal social y territorial que protege su territorio...
y mantiene alejados a los potenciales rivales...
mediante una serie de manifestaciones vocales.
Yo vivo aquí, en el bajo.
¿Qué hace aquí afuera? ¿No siente la gianna?
¿Gianna? ¿Quién es Gianna?
- Soy Bianca Martini. - Sí, señora.
Gianna o giannetta en dialecto romano es viento frio.
- Subcomisario. - Gracias, puedes irte.
Está bien.
No, señora. Vaya a su casa, vaya.
- Esta se va a entrometer. - ¿Quién vive ahí, Gruñón?
- ¿Qué quieres decir? - La mirilla Montessori, está baja.
Es por la viejita, si no, no llega.
Claro.
Ve a llamar a Gambino. Yo entro, solo.
Ve, ve.
Italo.
- ¿Todo en orden? - Sí.
Oigamos a la señora.
¡Caramba! Ha sido rápida.
- Diga. - Señora mía...
¿Recuerda algo?
Esta noche hacia las 3 estaba despierta.
Arturo peleaba con una señora en la calle, pero no es asunto mío.
¡Menos mal!
Después vimos a Pallina, la gata del ingeniero.
Estaba fuera y queríamos meterla dentro...
porque el ingeniero la quería mucho.
Tomé las llaves para abrir, tengo copia para cualquier imprevisto...
pero no pudimos abrir, del otro lado las llaves estaban en la cerradura.
Sí, las he visto.
Luego, esta mañana, le hemos...
Hemos encontrado... lo que ya saben.
Claro. ¿Oyó algún ruido o algo extraño?
Sí, hacia la medianoche oí algo, un poco de ruido.
Viene a ver por la mirilla pero todo estaba oscuro.
No vi nada y volví a la cama.
Entiendo. ¿Estaba oscuro?
Quizá la luz automática de la escalera estaba apagada.
- Puede ser. - Sí.
Está bien, ha sido una ayuda preciosa.
- Gracias. - Gracias a usted.
- Con su permiso. - Por favor, por favor.
Un golpe violento en la yugular.
Uno también en el hígado, si no me equivoco.
Sí, diría que se hicieron con la misma arma.
Ahora también querrás saber la hora de la muerte.
- Quizás. - Sigue mi razonamiento.
Aquí habrá unos 2 grados de temperatura.
Tú dirás: "Mierda". Pero es importante.
Ahora le tomo la temperatura rectal...
la comparo con la temperatura ambiente...
¡Mis huevos! ¡Alberto, vamos! ¿Se puede saber la hora exacta o no?
Estás hablando con Fumagalli.
Yo me graduaba de mi segunda carrera cuando tú seguías en el instituto.
Claro que lo sabrás. ¿Qué es esa ficha?
¡Qué diablos sé! Eres tú quien tiene dos carreras.
Cuando sepas algo más preciso, llámame, hazme el favor.
Me duele la espalda. Perdona, de todas formas llevo guantes.
- Es todo... - Muy profesional.
Dos carreras y aún no entiendo por qué la gente hace estas cosas.
Vamos, nene, ven. Te tomo la temperatura.
Lo hago rápido y te dejo dormir.
Señor Michelini, ¿está mejor? ¿Se ha recuperado?
No sé si podré recuperarme de algo así.
Creo que no.
- ¿Hoy no va a trabajar? - No, lo siento, no soy capaz.
Perdone, es una medicina para la presión.
Según su opinión, ¿el ingeniero jugaba?
No, es la persona más alejada de los juegos de azar...
que yo haya conocido nunca.
De vez en cuando nos venía a ver porque echaba de menos su trabajo.
¿Entonces, la víctima era solitaria, tranquila?
Sí, pero tenía amigos Por ejemplo los de la promoción del 48.
Cada tres meses comía con los de su promoción...
en el restaurante Il Griglo.
En el pueblo todos nos conocemos.
Entiendo. ¿Desde cuándo trabaja en el casino?
Desde el 90. Eran buenos tiempos, no como ahora.
¿En qué sentido?
Antes venían emprendedores famosos, políticos.
Ahora todo se juega online, se apuesta sobre cualquier cosa.
Entiendo, entiendo.
Oiga, quería hacerle una pregunta.
Por favor, piénselo bien, es muy importante.
¿Tocó algo cuando entró en el apartamento?
No, entré... y vi al ingeniero.
¿Cómo salió por la puerta si no tiene picaporte?
No lo sé, no recuerdo bien, me daba vueltas la cabeza...
Debo de haber girado la llave, si no, ¿cómo habría abierto la puerta?
Es muy importante. ¿No ha tocado o rozado el cadáver?
No. La llave sí.
Estaba en la cerradura. Ayer con Bianca intentamos entrar.
Lo sé, sí, lo sé.
¿Con quién peleaba anoche en el portón?
Con una mujer, una historia antigua.
- ¿Esta mujer tiene un nombre? - Claro.
Cecilia Porta, de Aosta.
¿Pero cómo se puede? ¿Cómo se puede matar a una persona así?
Créame, hago este trabajo desde hace muchos años...
y aún me lo pregunto.
¡No puedo trabajar si montas un lío en la escena del crimen!
Perdón, Ilustrísima Excelencia. Solo quiero mejorar.
- ¿Qué errores he cometido esta vez? - ¿En serio o te burlas de mí?
- Comes en la escena del crimen. - No como, chupo.
Has abierto la camisa, le has dado la vuelta al cuerpo...
has desparramado tus cosas por el suelo...
Mira lo que hay aquí.
Un encendedor.
- Un encendedor blanco. - ¿Qué quiere decir?
¿Pero cómo? ¿No conoces la historia del encendedor blanco?
Me ocupo de ciencia, no de chácharas.
Brian Jones, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain...
- El Club de los 27, lo conoces? - Cómo no.
Cuando murieron... todos tenían un encendedor blanco.
¡Qué bonito! Es una gran intuición investigativa.
Este no era un ingeniero jubilado, era un punk.
Pero había un encendedor. ¿Qué significa?
¡Quiere decir una estupidez!
¡Eres peor que Schiavone! ¡No tienes ni puta idea!
Di esas tonterías fuera, así se expanden por el aire.
Gracias, como siempre, ha sido un estupendo encuentro profesional.
¡Madre mía, qué rompe pelotas es esta!
¿No pueden estar tranquilos?
Claro... ¡Párate!
Cuando aprenda a moverse por la escena del crimen, lo mismo que tú.
Has olvidado el cubrezapatos.
Dejaron huellas también en el baño.
- No quiero saber nada más. - Está bien. ¿Puedo hablar?
Sí.
¿Dónde está la llave que estaba en la cerradura?
La clasifiqué y la llevé fuera.
La tocó el vecino.
- Está bien. Está bien que lo sepas.
¿Habrán encontrado documentos, facturas, cosas de contabilidad, tickets?
- Por ahora nada. - ¿Ordenador?
No había, pero quizás se lo han llevado.
- Claro. ¿El móvil? - Sólo estaba el cargador.
Se habrán llevado también el teléfono. ¿Has visto la ventana?
Sí, hay señales evidentes de rotura.
El asesino entró pasando por el jardín.
Sí, fácil. ¿Por qué hablamos bajo?
- Alguien puede oírnos. - Las paredes tienen oídos, claro.
Está bien, ¿me tengo que quedar aquí tieso o me puedo ir?
No, ve, ve.
- Ve volando, Rocco. - Caramba, qué pesada eres.
- Hola. - Hola.
- Subcomisario Schiavone. - Elisa Bruneau.
Italo, espérame fuera, anda, ve.
- Por favor, sígame. - Gracias.
Gracias, Elisa. Encantada. Oriana Berardi, equipo directivo.
- Subcomisario Schiavone. - ¿Qué puedo hacer?
¿Usted conocía a Romano Favre?
Claro, ¿por qué?
Desgraciadamente, lo han asesinado.
Lo siento. ¿Trabajaba aquí?
Sí, como inspector de juego, pero se jubiló hace siete años.
¿Hay un lugar más tranquilo para hablar?
- Venga conmigo. - Gracias.
Estos son los contratos temporales del personal externo.
¡Dios mío! No lo puedo creer. ¡Pobre ingeniero!
Me interesan sólo las personas que le conocían bien.
Si me da tiempo, puedo darle una lista...
pero serán al menos 500 personas.
Los que tenían contacto con él, contactos de trabajo.
¿Solo la sala?
Bueno, así el numero disminuye notablemente.
Bien.
¿Me da medio día?
Claro.
Cuando termine me paso por la comisaría, dígame usted.
Cena conmigo esta noche a las ocho y media.
- ¿Ocho y media? - No me diga que prefiere antes.
Bien.
Hola, chicos.
Señor, ¿le gusta?
Usted se lo había prometido al comisario.
- Así que pensamos que... - Hemos hecho una colecta.
¿La colecta no era para el que se casaba?
No había bastante dinero, así que...
¿Qué clase de regalo es si me lo pago yo?
Quedan 23 euros de sus 50, tómelos.
Abajo esas manos. Cómpranos café.
¡Ya he comprado las cápsulas. ¡Número uno!
- Hazme uno. - Ya está listo.
Vamos a probar este café.
Antonio, hazme una investigación sobre la víctima.
Encuentra el número de móvil, las facturas...
Recibido.
¿Cómo está?
Es bueno, sí.
Tú búscame el club del '48.
- ¿Asunto porno? - No, no es porno.
¿Por qué porno, Casella?
Señor, me llamo Ugo. Usted siempre me llama por el apellido.
Sería más feliz si me llamara por mi nombre de bautismo.
Está bien, Ugo. Mírame lo del club del '48, que no es porno.
Luego me explicas por qué llegaste a esa conclusión.
Es un grupo de antiguos estudiantes del que Favre formaba parte...
que se reúnen cada tres meses en el restaurante "Il Giglio".
- Recibido. - Bien.
El 48 es el muerto que habla.
- ¿No era el 47? - No, es sólo el muerto.
El que habla es el 48.
En Navidad, en Mozzagrogna...
en lugar de números usamos nombres de cosas.
Te pongo un ejemplo.
Si uno dice 77, todos en coro dicen: "Las caderas de las mujeres!".
Si uno dice 22, todos dicen: "Los patitos".
- Me tocas los huevos. - Eso es el 36.
Chicos, ustedes dos, D'Intino y Deruta...
comprueben si alguien de la calle oyó ruidos...
o vio algo.
¿Entienden?
Sólo lo pueden hacer ustedes dos, me fío de ustedes.
Gracias.
Anoten todo en un cuaderno porque después no se acuerdan.
No tenemos; aquí no nos dan nada.
Usa el dinero del resto.
Podemos comprar también los marcadores.
Y yo, ¿qué hago?
Tú vienes conmigo. Vamos. ¿Han entendido bien?
Claro como el agua.
- ¿Te ha hecho daño? - Mira.
¡Me has matado ¡Vete a la mierda, Italo!
Este es un verdadero caso. Necesitaría diez años de análisis.
¿Por qué nos obstinamos con un bobo así?
¿Diversión?
Nos hace entender la vida de mierda que llevamos.
Por suerte nunca veremos nuestros cuerpos muertos.
Quién sabe dónde acabará la luz de nuestros ojos.
Yo siempre he pensado en una linterna.
¿Dónde acaba la luz cuando se funde?
Se va, desaparece.
Lo mismo el cuerpo. No era nada antes y no queda nada después.
Samuel Beckett dice: "Las mujeres paren entre las tumbas."
"La luz brilla un instante... y de nuevo la noche".
¡Mierda!
Cuando esté bajo de ánimo vendré aquí contigo.
- También tú me alegras. - Cierto.
Vamos a lo nuestro. Favre murió entre las doce y media y la una...
tras la segunda cuchillada.
La primera traspasó el hígado. Fue dolorosa pero no letal.
La segunda le dio en la yugular y en 20 minutos falleció.
La primera se la dio de pie y luego la segunda ya en el suelo.
Sí, como en las imágenes que te enseño porque si no, no entiendes una mierda".
Esta es una hoja de 205 milímetros de larga...
y de ancho más de 100 milímetros.
He mirado el ángulo de incidencia, él medía 1, 72 metros...
entonces, el primer golpe en el hígado fue asestado de abajo a arriba.
Pero el de la yugular fue asestado de frente.
Podemos decir que el asesino mide lo mismo que la víctima.
¡Exacto! ¡Bravo!
A fuerza de trabajar conmigo, mejoras. Bravo, ¡buen trabajo!
Ahora quítate de en medio, tengo que bañarlo.
- Está bien. Adiós, Alberto. Gracias. - Adiós.
Vamos, no está fría.
Oiga, he estado pensando...
La mujer con la que discutía esa noche, Cecilia Porta...
Tuvimos una historia, pero se acabó enseguida.
¿Qué quiere decir sobre ella?
Es una jugadora compulsiva, juega fuerte.
¿Ha venido aquí para decirme esto?
No, estaba convencida de que un croupier puede sacar los números que quiera.
O sea que, según ella, nosotros sabemos dónde caerá la bolita.
- ¿Y es verdad? - No, claro que no.
Cecilia esa noche había jugado mucho como siempre, y había perdido.
- Y la tomó con usted. - Sí, estaba mal, me agredió.
- El juego es un feo vicio. - Imagino.
¿Por qué ha venido a decirme esto?
Para decirle que Cecilia no tiene nada que ver con el homicidio.
Tengo miedo de que tenga problemas.
Pero si ella no tiene nada que ver y no ha hecho nada...
¿qué problemas puede tener peores de los que tiene?
¿Sí?
- ¿Cecilia Porta? - Sí, ¿Quién es?
Subcomisario Schiavone, comisaría de Aosta. ¿Dónde está?
- ¿La policía? - Claro, la policía.
- Allí es donde trabaja el subcomisario. - ¿Qué pasa?
Tiene la fea costumbre de hacer preguntas...
pero las preguntas las hago yo. ¿Dónde está?
- ¿Pero ahora? - ¿Y cuándo? ¿Mañana? Sí, ahora.
Estoy en Turín.
Mañana por la mañana debe venir a comisaría.
No, mañana de mañana no puedo, tengo una reunión de trabajo.
Mierda... ¡perdone!
¿Cómo que mierda? ¿Puede anticiparme algo?
¿Oiga?
- Aquí está. - Sí.
Se lo he traído.
Son las personas que se relacionaron profesionalmente con Romano.
- Son más de cien nombres. - Claro.
Bueno, esperaba menos.
Está bien, lo miraré con calma.
Ahora estamos aquí... empezaré por usted.
- ¿Qué puede decirme de Favre? - Lo que ya le he dicho.
Nos conocíamos poco. Un saludo de vez en cuando, nada más.
Era un tipo común, tranquilo. No bebía, no fumaba, era viudo.
Arturo Michelini, el croupier...
- ¿Qué relación tenía con él? - Muy buena.
Creo que eran vecinos de casa.
Sí, lo confirmo, he ido a verle.
Además, él encontró el cadáver.
¿Por qué cenando y no en la oficina?
¿Hubiera preferido en la comisaría?
No, mejor aquí.
Lo sé, quizás pecaré de mala educación...
pero a mi edad no tengo tiempo de darle vueltas a los asuntos.
Esta noche pasaríamos una noche ardiente.
No se puede decir que no sea directo.
Sí, es mi defecto.
¿Qué le hace pensar que yo aceptaría?
No, nada. ¿Pero es broma?
No pensaba en eso para nada, pero convendrá conmigo...
que jugar con las cartas boca arriba hace ganar tiempo.
¿Sí o no?
- Oiga, Schiavone... - Rocco.
Oye, Rocco...
Yo estoy felizmente divorciada desde hace seis años.
Me gusta mi vida así, y pretendo que siga así.
Quizás se me ha escapado la palabra matrimonio.
- ¿He dicho matrimonio? - No.
¿Entonces es un no?
Me parece que entiendes.
- A la sinceridad. - Claro.
Bueno, Rocco, tengo novedades importantes.
El encendedor blanco...
La víctima no fumaba y las huellas que he encontrado no eran suyas.
Podrían ser del asesino.
Claro, o de alguien que vino a buscarlo.
- La llave en la cerradura, ¿te acuerdas? - Claro.
Había huellas de sangre.
- ¿Sangre? - Sí.
- ¿Cómo? - Curioso, ¿verdad?
¿Cómo acabó allí?
No lo sé, yo también me lo he preguntado.
Y ahora debo llegar al grupo sanguíneo.
Tengo que llamar a Alberto.
Quién sabe si me hará el honor de darme la información.
Michela... Sí, claro.
Tercer asunto: la ventana. ¿Ves?
La han forzado de mala manera, no son profesionales.
Debieron utilizar un objeto metálico afilado.
- No entraron de la planta baja. - No, diría que no.
Cuarto y último...
Por fin...
He encontrado algo por ahí.
Mira, puede servir.
- Buen trabajo. - Gracias.
Señora Porta, usted el lunes por la mañana, sobre las 3...
estaba afuera de la casa de Arturo Michelini, ¿qué hacía?
Ha hablado con Arturo, ¿verdad?
Yo hago las preguntas.
Está bien. Sí, nos peleamos. ¿He cometido algún delito?
Dígamelo usted.
- ¿Se puede fumar? - No, no. No se fuma.
¿Conoce a Romano Favre?
No, no lo conozco.
¿Qué hacía allí a las 3 de la mañana?
Hace tiempo Arturo y yo estuvimos juntos...
y él me dijo que un crupier podía sacar números.
Yo le creí porque yo juego... mucho.
No sé por qué, pero ya hace cinco años...
que pierdo tiempo y dinero.
Mentalmente apuesto sobre todo, el juego siempre está en mi cabeza.
Si el próximo coche que pase será blanco o rojo...
si lloverá mañana o hará sol, si ladrará un perro...
- ¿Pierde mucho? - Todo.
- ¿Es hombre o mujer? - Mujer.
Adelante.
Buenos días. Rocco, ¿tienes un minuto?
Voy.
Con permiso.
Vuelvo enseguida.
- Dime, Antonio. - Bien...
Favre el domingo a las diez recibió una llamada de este número.
- ¿Qué número es? - Eslovenia.
¿Eslovenia?
Un número que no aparece en los últimos seis meses.
La noche del homicidio recibe una llamada de Eslovenia. ¿Qué quiere decir?
¡No lo sé!
Perdone.
Oiga, volvamos un momento a ese lunes.
¿Cuánto tiempo esperó a Michelini fuera?
- Un poco. - ¿Qué hizo mientras tanto?
No me acuerdo... Seguramente fumé un cigarrillo.
- ¿Puedo? - Claro, claro.
Mientras esperaba, ¿notó algo extraño, pasó alguien?
No, nadie.
- ¿Movimientos extraños? - No.
Nada.
Por el momento es todo, he terminado.
Oiga...
¿Por qué me pregunta si conocía a Romano Favre?
Sí. Bueno, porque...
entre el domingo y el lunes hacia las doce y media...
lo mataron.
Le han asesinado.
- Adiós. - Adiós.
- Casella. - ¿Sí?
Ugo.
Oye, hazme un favor...
Lleva esta prueba a Gambino.
- ¿Está bien? - Está bien.
- Por favor. - De acuerdo.
Señor, el club del '48 son en total 18 personas.
- Les he oído a todos. - ¿Qué te han dicho?
Más o menos lo mismo, que Romano era una buena persona.
Solo uno, Guido Roversi, para los amigos Farinet...
puso una cara un poco rara.
Farinet... Será "Fariné".
- Sí. - ¡Farinet!
- ¿Qué cara puso? - No lo sé.
Más o menos dijo que Romano de vez en cuando tenía asuntos suyos.
¿Qué quería decir?
Puede preguntarle usted mismo.
Me he informado, vive en Aosta. Piazza Chanoux, 14.
- Dale la prueba a Gambino. - No se preocupe.
- ¿Quién es? - Subcomisario Schiavone.
¿Me permite subir, por favor?
Gracias.
Señor Schiavone, ¿cómo puedo ayudarlo?
Creo que usted habló con mi compañero.
Me ha referido una frase bastante... sibilina...
- sobre Romano Favre. - Sí, lo recuerdo.
Digamos que sé bastante sobre su pasado.
Permítame que le presente a Lada, mi compañera.
- Buenos días. - Hola. Rocco.
Panthera pardus orientalis, uno de los felinos más raros del mundo.
Es una subespecie de leopardo.
Son animales elegantes, solitarios, cazadores, con hábitos nocturnos.
- ¿Quiere un café? - ¡Sí, cómo no! ¡Un buen café!
Gracias, Lada. Yo nada.
1, 75 centímetros, 32 años y está conmigo. ¿Lo puede creer?
- No. - Yo tampoco.
Hace seis años que me libré de mi mujer y mis hijos son mayores.
Con ella he renacido, pero cuesta.
- ¿Consume? - Sí.
De vez en cuando un regalo, dinero para su familia.
Es dinero bien gastado.
Mi mujer no me da el divorcio.
Lada quiere casarse. Usted imaginará el motivo.
- Lo sospecho. - ¡Tiene 32 años!
¿Perdería tiempo con una chatarra como yo sin nada a cambio?
No. Volvamos a Romano Favre.
¿Cuándo dijo que tenía sus propios asuntos, a qué se refería?
Cuando estaba en el casino tenía contacto con prestamistas.
- Gracias. - Gracias, Lada.
Delante de la sala del casino...
hay personas que prestan dinero a quien lo necesita.
¿No se ocupa el casino?
Son emprendedores famosos, maridos en traslado...
personas que no deberían estar allí.
Gente que no quiere publicidad.
En el casino los préstamos quedan registrados.
Se necesita personas que presten dinero sin hacer preguntas.
Bajos intereses, algo tranquilo pero no legal.
¿Qué quiere decir que Favre tenía algo que ver con esa gente?
No lo sé, pero no son gente frecuentable.
Romano tenía contacto con uno en particular...
que sigue ejerciendo...
Se llama Marcello Morin, vive en Saint Vincent.
Morin. Gracias.
Quería hacerle una pregunta... personal, ¿puedo?
Depende. Sí.
¿Por qué le llaman Farinet?
- Lo ha sabido. - Sí.
Una historia antigua. Farinet era un antiguo falsificador del Valle.
Cuando era pequeño, en grandes botes de cristal...
se vendían chicles por 5 liras.
- Los chewing gum. - Eran tabletas rosa.
Podía decir dentro "Has ganado" y te daban otro chicle...
o "No has ganado".
- Yo falsificaba los letreritos. - Bien.
- Sí. - Está bien, ya no le molesto más.
Oiga...
- ¿Puedo preguntarle en qué trabaja? - Claro. Transportes.
Transportes es algo vago.
¿Trasporta chicles, heroína?
- Usted es simpático. - No.
Simpático no, yo no diría eso.
Pequeños portes, grandes... movimiento por tierra.
Está bien, gracias de veras.
Yo puedo solo, adiós.
Adiós, Señor Schiavone.
He hecho algunas averiguaciones sobre el pobre Favre.
Todo tranquilo, aparte de un descubierto en el banco.
¿Cree que jugaba?
- No, no creo. - ¿En qué dirección investiga?
En la dirección que nos indica la víctima.
Favre es un muerto que habla.
Dejó una ficha del casino, como diciendo: "Busquen allí."
Y yo busco allí.
Siempre me apoyo en las cosas importantes.
Iré a hablar con Baiocchi, para saber qué quiere.
- Usted aún está a tiempo. - ¿De qué?
De decirme algo que no sé, antes de que lo diga él.
Buen viaje.
Nada.
Bienaventurada tú, Lupa, que tienes croquetas.
¡Gabriele!
Gabri, ¡basta!
¡Gabriele!
¡Gabriele!
¿Qué pasa? ¿Quién grita?
No es nada, se me había olvidado que mamá estaba en casa.
- Le molesta la música alta. - ¡Gabri!
- ¿Quién es? - ¡El vecino, mamá!
- ¿El vecino? - Espera, espera.
- Voy, quiero conocerlo. - Le toca conocerla.
- Está bien. - Hace tiempo que quería.
Nunca le he dicho nada de usted.
- ¿Por qué? - Así creo un halo de misterio.
Gabriele, creo que has entendido mal...
Subcomisario.
- ¿Se conocen? - Está bien...
Sí, hace unos días.
Vino a la comisaría, ¿no?
Nos vimos... Denunció la pérdida de la tarjeta de identidad.
Está bien, Rocco.
Pasen una buena tarde, ¿sí?
Nos vemos mañana.
Hasta mañana.
Ve.
Tenemos que mudarnos, Lupa.
Mohamed, ¿le pusiste arena a esta pizza?
- ¿La quieres con anchoas? - ¿Qué? ¿Anchoas?
Si la quisiera con anchoas, habría pedido una napolitana.
Una margarita, mozzarella y tomate. ¿Es tan difícil?
¡Madre mía!
Buenas noches. Esperaba encontrarlo.
- ¿No le da curiosidad saber por qué? - No.
Usted es como mi exmarido odia a los periodistas.
Sí, usted es la responsable de esa actitud.
- Los llama gacetilleros. - Sí, lo sé.
Enzo Baiocchi colabora con la justicia...
y acusa a asesores, emprendedores, políticos, crimen organizado.
- Una gran tela de araña. - ¿Y bien?
Tengo una propuesta para usted.
Una entrevista exclusiva donde usted podrá decir lo que quiera.
Claro. ¿Puedo decir lo quiera?
Por el momento le digo a Mohamed que la pizza da asco.
- Adiós, Mohamed. - Adiós.
Vamos, Lupa.
Y bien, ¿qué me dice?
- Señora Buccellato. - Sandra.
Sandra... Yo hago mi trabajo, de hablar se ocupan otros.
- ¿No tiene miedo? - ¿De qué?
Ahora para Baiocchi será más fácil escapar.
¿Para vengarse?
Ya lo ha hecho una vez, ¿por qué no intentarlo de nuevo?
Está en la naturaleza de la venganza, percibe el tiempo al revés...
cuanto más pasa, más aumenta el deseo.
- Adiós, Rocco. - Adiós, Sandra.
¡Lupa!
Marina.
¿Ya no estás? ¿Ya no vienes a verme?
Hay cosas que no queremos que salgan a flote...
porque nos avergüenzan. ¿No es así?
Así que preferimos quedárnoslas dentro.
No tengas miedo, Rocco.
Yo no tengo miedo. No tengo miedo de nada.
No tengo miedo de decir cómo son las cosas.
- ¿Estás seguro? - Sí.
¿Te refieres a Gabriele?
Lo quiero mucho.
Pero tiene un padre y una madre...
y yo estoy fuera.
Antes o después tendrás que arreglar cuentas con esto.
Todos los animales salen del letargo, ¿no?
¿Qué pasa, Lupa? Lo sé...
Me venía grande, un príncipe azul fracasado.
Empecemos otra jornada de mierda.
Este ticket...
estaba entre los papeles que la Gambino encontró en la casa de Favre.
Están las letras: A, B y C.
No sabemos qué quiere decir. Aquí hay otra cosa escrita.
También incomprensible, por el momento.
Yo he interrogado a todos los vecinos nadie vio ni oyó nada.
He hablado con un par de croupiers.
Favre estuvo últimamente en el casino.
¿Jugaba?
Tonteaba con las máquinas tragaperras.
Entiendo. Vamos, Italo.
Me has asustado.
¡Exagerado! He mirado el encendedor que me diste.
- ¿Y bien? - Las huellas son iguales, idénticas...
a las que tenía el encendedor blanco de la casa de Favre.
¿Hemos encontrado al asesino?
No lo sé.
Muy buen trabajo. Gracias.
¿De quién son las huellas?
Son de Cecilia Porta.
La señora estuvo esperando horas a Arturo Michelini a bajo de su casa.
Arturo y Favre viven en el mismo edifico.
Así es.
¿Crees que fue ella?
¿Qué hace? ¿Espera a Favre durante horas...
lo mata y después espera a Michelini para hacerle una escena?
- Improbable. - No me parece una asesina.
Pero podría estar implicada en el homicidio.
Sí, podría.
¿Por qué estás triste?
Porque Cecilia Porta es la mamá de Gabriele.
- ¿Él lo sabe? - Claro que no.
Y nosotros no se lo diremos.
Vamos.
Morin debería estar aquí arriba.
¿Aquí?
¡Ten cuidado!
Hemos venido por Romano Favre.
Habrá leído los periódicos, usted le conocía.
Sí, como no. Un buen hombre.
- Usted prestaba dinero en el casino - Hace tiempo.
Le aseguro que pedía el mismo interés que un banco.
Mis clientes eran todos gente respetable.
Me está recitando un currículo inmaculado...
del que nos ocuparemos luego, pero yo le preguntaba por Favre.
Había más personas que prestaban dinero, no sólo yo.
- ¿Romano le traía clientes? - Sí.
- ¿Ya no trabaja? - Poco.
Buenos días. Querido, ¿les has ofrecido algo? ¿Les traigo un té?
- No, gracias. - Bien.
- Adiós. - Gracias.
Cecilia Porta... ¿Ese nombre le dice algo?
No, no me dice nada.
Pero hoy me vino a la mente una cosa.
Favre fue asesinado en la noche del domingo al lunes.
- Eso dicen los periódicos - Exacto.
Esa noche yo fui a cenar con mi mujer...
en un restaurante de la calle Ponte Romano.
Vi a Favre paseando solo por esa calle.
- ¿Recuerda la hora? - Medianoche o más tarde.
Por ahora me parece bien. Muy bien.
Bueno, bien, en realidad...
Sería mejor decir mal, muy mal...
Acompáñame al restaurante donde estaba Morin aquella noche.
Después ve a casa del ingeniero y yo voy a pie a reunirme contigo.
Apenas veinte minutos, del restaurante a aquí.
Espérame un momento, Italo.
- Hola. - Buenos días.
- ¿Le echo una mano? - No, gracias, puedo solo.
Aprovecho mi día libre, el miércoles, para ir de compras.
¿Cómo está?
Como si me hubiera dado un golpe en la cabeza.
¿Venía a mi casa?
No, a casa del ingeniero.
¿Hay novedades?
No, desgraciadamente, por ahora nada.
Señor... sueño por las noches con Romano.
Lo sé, ciertas cosas permanecen pegadas a la piel y no se van.
- Adiós. - Adiós.
- ¿Qué haces? - Se me escapa algo.
¡Me has cegado!
Pero la cámara fotográfica fija las cosas.
¡Me has cegado!
Oye, estaba pensando...
Dos cuchilladas y ni una huella... un zapato, una mano.
Huella de un zapato, seguro. El tuyo.
Rocco, ¡ponte el cubrezapatos!
¡Qué pesado eres!
Un zapato se mojó de sangre, pero sólo dejó una huella.
Para mí que el asesino estaba descalzo...
se inclinó, golpeó y después se levantó.
O sea, como retrocediendo.
- ¿Dónde está el arma del delito? - Ven, te voy a enseñar una cosa.
- ¿Has encontrado algo? - Sí.
¿Ves esto? Aquí está.
Falta uno de estos.
Es el espeto, la brocheta para el churrasco.
¿Tú crees que pudieron forzar la entrada con esto?
Sí, haciendo palanca. Podría incluso ser el arma del delito.
Oye, llévasela a Fumagalli.
- No... - Entiendo, pero tenemos que colaborar.
Si no simpatizan, yo no puedo trabajar.
Veamos si es compatible con las heridas.
- Está bien. - ¿De acuerdo?
Si esa es el arma del delito...
desde luego el asesino no llegó preparado para matarlo.
Es poco, pero seguro.
Claro, lo pensó después.
Claro, después. Andando, vamos.
Cuidado por donde pisas.
Por aquí.
Oye, Rocco... voy a echar otra ojeada al jardín.
Quizás le dio allí la primera cuchillada.
No creo.
- Buenos días. - Hola.
Buenos días.
- ¿Hay novedades? - No.
No hay novedades, pero cuando las haya, será la primera en saberlas.
Es tan amable. Adiós.
Adiós.
Siempre está ahí en la mirilla.
Michela, hay algo que se pega.
Parecen restos de cinta adhesiva.
A eso llegaba yo solo, adhesivo.
- ¿Lo analizo? - Sí, mejor así.
- Adiós. - Adiós.
Ve, señora Porta...
En estas ocasiones me doy cuenta de que no me gusta mucho mi trabajo.
Se debe entrar en la cabeza de un psicópata.
A fuerza de tenerlo en la cabeza...
se te pega toda la mierda.
Se acumula mes tras mes, año tras año...
y no es fácil sacarla.
¿Por qué me dice esas cosas?
Usted debe decirme cuando fue a casa de Romano Favre.
Y le ruego, le ruego...
dígame la verdad, porque corre un gran riesgo.
Nunca he estado en esa casa.
Pero le conocía, eso sí. Pero no estuve en esa casa.
¿Cuándo le conoció?
El año pasado.
Necesitaba ayuda y alguien, ahora no recuerdo quién, me dijo...
que era una persona sensible, eficaz.
Sensible y capaz, ¿para qué?
Necesitaba dinero y él me dijo a quién podía dirigirme.
- ¿A quién se dirigió? - Marcello Morin.
Marcello Morin.
¿Cuánto le pidió?
Ocho mil.
Pero, juro que no he estado en esa casa.
Me encontré con Favre en un bar.
Entonces me ha mentido.
Dijo que no lo conocía, pero lo conoce.
¿Por qué me mintió?
Tenía miedo. ¿Usted nunca ha tenido miedo?
No lo sé.
Eso es.
Hola. ¿Qué pasa?
¿Usted piensa que soy imbécil?
Usted conoce a Cecilia Porta, le prestó 8.000 euros.
- ¿Por qué no me lo dijo? - Querida, todo está bien.
- ¿Por qué no me lo dijo? - Sí, es verdad, vino hace algún tiempo.
Le hice un primer préstamo que ella devolvió solo a medias.
Después volvió y le di más dinero...
porque me daba pena, pero ni siquiera me lo ha devuelto.
No ha contestado. ¿Por qué no me lo dijo?
Porque es una buena mujer.
Me pidió que mantuviera la máxima discreción.
La señora tiene muchos problemas, ¿me entiende?
Le aconsejo que aproveche esta oportunidad y me diga lo que sabe...
porque la próxima vez que venga...
si descubro que ha omitido sólo una cosa, le meto en la cárcel.
Le garantizo que le he contado todo.
Si encuentra al asesino de Romano, seré el primero en festejarlo.
Espero que sea verdad.
- Señor Schiavone. - Buenas noches, señor Roversi.
Por favor, buenas noches.
¿Le puedo ofrecer algo de beber?
No, no. Estoy bien así. Gracias.
¿Cómo va la investigación?
Roversi, usted no es un magistrado, no puedo decírselo.
Tiene razón, llámeme Guido.
Tesoro, ¿tomas algo?
- No, gracias. - Yo tomaré un amaretto.
En unos minutos me voy a Turín.
Primero bebe y luego conduce.
No, no conduzco. Alguien lo hace por mí.
Quiere decir que beberé solo. ¿Fue a ver a Morin?
Sí, gracias por la información.
Pero, corríjame si me equivoco...
Usted sabe mucho más de cuanto parece, ¿verdad?
No, yo no sé más de cuanto le he dicho.
Estoy a su disposición, puede fiarse.
Lada es testigo.
- ¿Hay un perro abajo? - Sí. Es mi perra, Lupa.
No me pregunte la raza, me lo pone difícil.
Aquí está.
Pero... quizás pueda decirle algo.
En las últimas cenas del club del 48, Romano me confió...
que una mujer le estaba molestando.
- ¿Una mujer? - Sí, una bella señora...
que se había arruinado con el juego.
- ¿Recuerda el nombre? - No, decía solo que vivía en Aosta.
Ya es algo, está bien, me retiro a mis habitaciones.
- ¿Por qué aquí en un hotel? - Hay obras en mi casa.
Debía habérmelo dicho.
Conozco muchas agencias, le habrían hecho un buen precio.
No, pero al subcomisario le hacen descuentos. Buenas noches.
Adiós. Vamos, Lupa.
¡Oplá! Ven.
Gabriele. Vamos, Lupa.
- ¿Qué haces? - ¿Por qué está aquí y no en casa?
Vigilo a una persona. No sabe que soy policía.
¿Entiendes? Cree que soy agente comercial.
- ¿No lo sabe nadie? - No, nadie a parte de ti.
Ve a casa con tu madre, yo volveré pronto.
Mamá no está. ¿Puedo quedarme aquí?
No, claro que no, me estropeas la cobertura.
Vamos, ve a casa. Duerme tranquilo y te llamo mañana.
¿Está bien?
- Adiós - Adiós, Gabriele.
Claro.
- Te lo olvidaste en el restaurante. - Sí.
Perdona, es la edad.
- ¿Guido? - Se ha ido.
Se ha ido.
De algún modo tengo que pagarle.
Me ofrece algo de beber.
Sí, claro.
¡Gabriele!
Son las siete y media. Levántate, lávate y vístete.
Está bien.
¿Con quién hablabas?
Con un chico, amigo mío. Tiene que ir al colegio.
Oye, yo voy a trabajar. Tu haz lo que sea con calma.
Que te traigan el desayuno.
¿No te importa si lo dejamos aquí?
No, al contrario, te lo iba a pedir.
No puedo darte lo que te da Guido.
- Eres un imbécil. - Es verdad.
No puedo decir que te equivoques.
Adiós, Lada.
Esto es un microscopio con pantalla y videocámara.
¡Petrográfico! ¡No!
¡Petrográfico con luz de transmisión!
Con cabeza trinocular de 30 grados.
- ¿Trinocular? - Con rotación a 360.
¿Qué condensadores tiene?
¡Basta! ¡Chicos, basta! La tienda se la enseñas más tarde.
Me duele decirlo, pero es una obra de arte.
No es un laboratorio, es el país de nunca jamás.
Alberto, el arma del homicidio... ¿Has descubierto si es la brocheta?
¡Pero qué brocheta! Es un cuchillo de hoja larga, lo tomarían de la cocina.
La brocheta sirvió sólo...
- para forzar la entrada. - Sí.
¿Y las huellas sobre la mirilla de la vecina?
Poliisopreno natural.
¡No sabes nada! Vamos, es cinta adhesiva, simplex.
Favre tenía una cita, sobre la media noche, a 2 km de casa.
Alguien sabía que regresaría pasado un tiempo.
- Pero regresó antes. - El homicida encontró algo en la casa.
O quizás en el móvil.
Debemos encontrar con quién tenía la cita...
y quién ha puesto la cinta adhesiva en la puerta.
Alberto, ¿me puedes decir el grupo sanguíneo de Favre?
Claro, Michela. Cero Rh positivo.
La sangre que encontramos en la llave es del mismo grupo.
¿Cómo llegó hasta allí la sangre de la víctima?
- Hablamos luego. - Adiós.
- Michela, ¿me abres? - Sí.
Que piensas, ¿quieres ver el resto del laboratorio?
Claro, tesorito, indícame el camino.
Tenemos un ticket indescifrable...
y esta mujer que la noche del homicidio...
estaba abajo de la casa de la víctima.
Las huellas en el encendedor en casa de Favre.
Ella lo conocía, incluso le había pedido ayuda para el dinero.
Y luego tenemos un prestamista que niega conocerla.
Un muerto que volvía al casino visto a 20 minutos de casa.
- Le debía dinero a alguien. - Probable.
Luego está Roversi, un antiguo compañero del instituto...
que parece querer decir algo, pero que no dice nada.
¿Y bien?
Tengo la sensación de que nos están tomando el pelo.
No es agradable.
- ¿Gabriele? - Ha ido a estudiar a casa de un amigo.
Usted dice que tiene miedo, pero no es así, usted no piensa.
- ¿Yo no pienso? - ¡Sí!
No entiendo a qué se refiere.
- ¿Qué diablos hacía en casa de Favre? - ¿Otra vez?
Se lo repito, yo nunca he ido a casa de Favre.
¿Por qué su encendedor estaba en casa de la víctima?
¿Cómo sabe que es mío? ¡Nunca he estado en esa casa!
¿Por qué no me cree?
Sé que no ha matado a Romano Favre...
pero quiero que sea precisa cuando responda.
No diga tonterías o nos vamos a la mierda.
¿Quién estaba al tanto de la relación que tenía con él?
Dios, no lo sé...
Seguramente Marcello Morin... Arturo Michelini...
y alguien del casino.
Me encontré con Romano justo allí, había empezado a jugar.
- ¿Desde cuándo no le veía? - Dos semanas.
Volví donde Morin por el préstamo.
Poco antes vi a Romano en un bar, para que me ayudara.
Le pedí que me respaldara con Morin...
y con los otros.
Porque debo dinero a mucha gente.
Lo sé. ¿Y él?
Me dijo que no podía hacer nada por mí...
que no tenía más conocidos.
Total, muchas palabras bonitas. Intentó animarme.
Esa fue la última vez que lo vi.
¿Por qué no me lo dijo?
Una cosa es deberle dinero a alguien, ¡y otra cosa es un homicidio!
¿Qué pasa?
- Gabriele. - ¡Dios! ¡No!
- Habrá oído todo. - ¡No!
Voy a buscarlo.
No sirve de nada escapar. De nada.
- ¿Por qué no hablas con tu madre? - No.
Quiero saberlo por usted.
¿Mi madre juega y pierde dinero?
- ¿Desde cuándo? - Desde hace algún tiempo, creo.
No es posible. ¿Pero qué le he hecho yo?
¿Qué le has hecho? No has hecho nada.
Absolutamente nada. Tu madre tiene un problema.
- Ahora está intentando resolverlo. - No lo creo.
¿Por qué hablaban de un homicidio? ¿Qué tiene que ver mi madre?
Conocía a la víctima.
No siempre los padres son fuertes...
como quisiéramos, y felices...
- ¿Entiendes? - Sí, entiendo.
Me ocurrió lo mismo con mi padre.
Pensaba que mi madre era diferente.
Es diferente. Esto se considera una enfermedad.
- ¿Qué enfermedad es? - Se llama ludopatía.
- De ludus, juego. - Griego.
¡Pero qué griego! Es latín. ¡Eres un bobo!
Del latín ludus, juego.
Hay quien juega a las cartas, a las tragamonedas...
a los caballos, a la raspadita...
Muchos se arruinan con ese asunto.
- ¿Y los venden en el estanco? - Sí.
La buena noticia es que se puede curar.
- ¿Cómo? - Hay médicos especialistas que lo hacen.
Tu madre necesita tu ayuda.
Sí, pero... yo no sé qué hacer...
Quédate con ella, no le eches nada en cara...
que casi nunca está contigo y no peleen entre ustedes.
Tienes que estar con ella para resolver los problemas juntos.
El amor, ¿sabes?
La vida no siempre va a la misma velocidad.
A veces camina, a veces corre. Tienes que estar tras ella, ¿entiendes?
Pero esta noche no vuelvo a casa.
No soy capaz, Rocco.
Está bien, esta noche duermes conmigo.
A la primera patada que me des...
porque tú das patadas durmiendo, no sé si lo sabes...
te vas a dormir con Lupa a la bañera, sin manta ni almohada.
Dormirás ahí, en la cerámica. ¿De acuerdo?
La cosa no tiene misterio, hemos repetido el experimento.
Imagina que este sea Favre...
un hombre de más de 70 años acuchillado en el hígado.
Me parece medio cojín.
Tú usas la fantasía sólo para masturbarte.
Escucha bien. Hemos calculado la presión arterial de Favre.
Podría ser de unos 135 milímetros de mercurio...
pero debemos aumentarla.
El miedo, la adrenalina...
Pongamos 170 milímetros, pero le han acuchillado en el hígado.
Luego está teniendo una hemorragia...
que disminuye bastante la presión arterial.
- La lleva hasta 100. - Sí.
- ¿Vamos al asunto? - No.
He notado que entre una cuchillada y la otra pasaron algunos minutos.
Lo veo por la cantidad de sangre que perdía del hígado.
¿Minutos?
Esta bolsa es de 100 milímetros de mercurio...
como la presión arterial.
La meto en este hatillo y hago como el asesino.
Me pongo de pie y lo acuchillo.
- ¿Y? - ¿Cómo que "y"?
¿No has entendido un carajo?
- Está confirmado científicamente. - Probado.
Uno: no hay excesiva sangre.
Dos: el asesino pudo pasear por la ciudad...
con su ropa limpia.
Tres: lo único que se manchó de sangre...
es la mano del asesino, y por eso las huellas en la cerradura.
Ahora lo entiendo, si me dan algo de tiempo...
Muy bien, muy bien, bonito espectáculo.
Gracias.
Schiavone, infórmeme. ¿Ha resuelto algo del homicidio?
El asesino entró en la casa de Favre para buscar algo.
El homicidio fue un incidente.
¿Un robo que terminó mal?
No creo, un ladrón de apartamento, si se ve descubierto, escapa.
- ¿Arma del delito? - Un cuchillo de cocina.
Sé quién es el asesino.
¿Quién es?
Arturo Michelini.
- ¿El croupier que encontró el cadáver? - Sí.
¿Está seguro? ¿Cómo llegó a esa conclusión?
Hay muchos indicios.
Arturo Michelini entra dentro de la casa y se pone a buscar.
Busca algo que no encuentra.
Favre regresa y ese hijo de puta se sabe descubierto...
y entonces lo mata.
Luego escapa llevándose el teléfono.
Luego alguien entra en la casa...
y deja el encendedor de Cecilia Porta...
seguramente para incriminarla.
Pero necesito más tiempo, le iré diciendo.
¿No lo arrestamos?
No, porque si lo arrestamos ahora...
los jefes huirían y no los atraparíamos.
¿Qué le hace pensar que haya alguien detrás de él?
Michelini no es un tipo que haga esto él solo.
Hay que buscar en el casino.
- Estoy en ello. - Está en ello.
Haré una rueda de prensa a la defensiva.
Pero si el asesino se nos escapa, no lo cubriré.
Asumo el riesgo.
Schiavone. ¿Has cambiado de idea? ¿Vienes a la entrevista?
- Hemos pasado al tuteo. - Me parece que sí. ¿Y bien?
No, no he cambiado de idea. Tengo que irme.
Corre la voz de que anteayer el magistrado vio a Baiocchi.
El encuentro no fue una iniciativa del magistrado...
si no del arrepentido, ¿lo sabías?
Sabes muchas cosas.
¿No te parece extraño? ¿Por qué quiere hablar con Baldi?
¿Qué sentido tiene? A menos que no quiera decirle algo relacionado contigo.
¿Tú qué crees?
Si supiera algo más, no te lo preguntaría.
Exacto.
Ve, empieza la rueda de prensa de tu ex marido.
- Me parece. - Sí.
Cuando eras joven. Adiós.
Adiós.
Déjeme decirle, Schiavone...
que su idea de dejar libre al asesino es más bien extraña...
aunque tenga un lado cómico.
El subcomisario arriesga todo en la mesa del croupier.
No, hay una gran diferencia entre usted y esos que se arruinan en el casino.
¿No cree?
Sí, pero no lo hago por un asunto personal.
No, claro, usted lo hace para descubrir la verdad escondida detrás del homicidio.
No podía expresarlo mejor.
A propósito de verdad, como le había anunciado...
fui a Udine para hablar con ese hijo de puta.
Han emergido cosas muy interesantes.
Por ejemplo que no estaba tan lejos de la verdad.
Usted es un hombre de leyes, sabe que las verdades pueden ser muchas.
Depende de la perspectiva desde donde se mira.
No.
No, Schiavone, la verdad es una y sólo una.
Baiocchi ha revelado el motivo por el que quería matarle.
Me lo ha dicho explícitamente. ¿Quiere saber las palabras precisas?
Sí, por favor.
"Había matado a mi hermano y yo le tenía que despanzurrar."
Usó esa expresión colorida pero tan descriptiva.
¿Usted le creyó?
En ese momento, no mucho.
Pero después añadió un detalle que me puso la piel de gallina.
Dijo: "Yo sé dónde está escondido el cuerpo de mi hermano".
¿Qué quiere decir? Yo también lo sé. En algún lugar de Sudamérica.
No, no ha hablado de Sudamérica...
si no de un escondite cerca de Fiumicino...
bajo una tonelada de cemento.
- ¿Cómo le suena? - ¿Cómo me suena?
Según él, yo maté al hermano...
y lo habría enterrado bajo una tonelada de cemento.
Él dice eso.
Si ya sabía esto, ¿por qué lo dice recién ahora?
Claro, tiene razón.
Pero, según usted, ¿lo puedo dejar pasar?
No, claro.
Giuseppe, vamos.
- Hola, Rocco. ¿Cómo estás? - Hola, Furio.
El magistrado, Baldi...
- ha ido a ver a Baiocchi. - ¿Fue idea suya o le llamó el infame?
- La segunda. - ¿Y bien?
Nada, le ha dicho todo.
Lo del cadáver, lo de Fiumicino, todo.
- ¿Cómo mierda sabe lo del cadáver? - No lo sé.
¿Crees que excavarán?
Van a echar un vistazo por esa parte.
Si encuentran lo que buscan, en 24 horas llegan hasta mí.
Quédate tranquilo, vamos. Nos ocupamos nosotros.
De acuerdo, adiós.
¿A quién tenemos en Fiumicino?
Está el Búlgaro. ¿Qué pasó?
:::Traducción de Mady70:::
:::Corrección de livinginthepast:::
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