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(Música)
(Música)
(Música)
Claro, los resultados y el mantenerlo en secreto,
no lo olvides.
Y tampoco olvides que don Fermín, ese loco soñador,
Di mejor que aún está libre Juana.
Es más peligrosa ella que cien don Fermines.
Creo que deberías dar un ejemplo.
¿Otro?
Don Jaime es un cabeza dura,
ha rechazado tu ofrecimiento.
Está ahí fuera.
Sam, eres la parte negra de mi conciencia.
Hazlo pasar.
Coronel, haga pasar a don Jaime.
Sea bienvenido, don Jaime.
Aunque debiera estar enfadado con usted
si es cierto lo que me han contado.
¿Es verdad que no quiere volver a ocupar su puesto
en el ministerio del nuevo gobierno?
Perdón, general... Presidente, don Jaime.
Presidente.
El presidente legítimo es don Fermín Mendoza, general.
El pueblo lo eligió y yo le juré fidelidad.
Así que piensa dejarnos, don Jaime.
¡Alto!
Eh, vosotros,
¿está ahí el general Ubarte?
Por favor, debería renovármela ya que es el nuevo presidente.
No, yo he hecho la revolución solo para el pueblo
y no dejaré que lo despojen los americanos.
Pero no te enfades, extranjero.
En confianza,
no existe tal oro en nuestras montañas.
Este es un país pobre: piedras y sol.
En Morelos el oro es solo una leyenda.
El que nada tiene sueña. (RÍE)
Gracias por la confidencia, general.
Nos veremos. Espera un momento.
Si te hace falta algo de dinero,
yo necesito gente valiente.
Aquí el sillón del poder es incómodo.
Bueno, aún me quedan algunos billetes.
Pero tendré presente su oferta,
quiero pensarlo con más calma.
Mi presidente, don Fermín y su hija han huido.
Parece ser que alguien les ayudó a escapar.
¿Quién ha sido? Un gringo, señor presidente,
le llaman Johnny el Halcón.
¡Detened a ese hombre!
Quiero aclararle que no es una cuestión personal,
por el momento.
Don Fermín me interesa solo por lo de la concesión.
No suelo equivocarme al juzgar a los hombres.
Te renuevo mi oferta, fija tú mismo el precio.
Déjeme pensarlo.
¿Y bien, está decidido?
¿Dónde estás, papaíto? ¡Estoy aquí!
Estoy aquí.
Le estaba diciendo al buen Esteban que mi corazón se queda en Morelos.
Tu corazón vendrá con nosotros a Estados Unidos
porque está bastante malparado. Vamos.
Señor, ¿quién le dirá al pueblo qué es lo que debe hacer
si se marcha? Yo, Esteban.
Volveré para organizar la revolución.
Me parece estar oyendo a su mujer, señor.
Dios la bendiga.
Doña Luz disparaba y combatía como un hombre.
Oh, ¿qué digo? Soy un necio.
Voy a preparar los caballos.
Gracias, Esteban.
Debéis pasar la frontera pronto, antes de la noche.
La revolución, ay...
¿Lo has pensado bien, hija mía?
¿Cómo quieres triunfar tú sola? El ejército nos ha traicionado,
los nuestros están presos y el pueblo le tiene miedo a Ubarte.
Papá, el pueblo combatirá, solo hay que darles un ejemplo.
Y yo sé cuál.
(Música)
Para hacer la revolución se ha de ser un idealista
o un místico. Y ese hombre no me parece ni lo uno ni lo otro.
¡Don Fermín, los soldados!
¡Alto!
¡A tierra, vamos, rápido!
¡Rodead la casa!
Vamos.
Bienvenidos, señores. ¿En qué puedo servirles?
Don Fermín Mendoza,
estamos dispuestos a pagártelo muy bien.
¿No oyes nada, Juana? Más bajo, más bajo.
Están ahí arriba.
No tengas miedo, Esteban no hablará. Lo sé muy bien.
Le conozco desde que hizo la revolución conmigo.
Qué bellos tiempos.
Ese hombre era capaz de dejarse matar antes que traicionarnos.
En el sótano, capitán.
Ya lo habéis oído. -Pero yo no tengo nada que ver.
Yo no he dicho nada. -Sí, comprendo.
¿Por qué iba a dejarme matar por un cobarde que escapaba?
Tienes mucha razón.
¿Entonces no quieres el dinero?
No, señor, ya me desprecio bastante. -Muchas gracias.
Así me lo quedaré yo.
¡Ah!
¡Traedlos de una vez! -¡Sí, capitán!
Vino y cubiertos para dos.
Ya que has matado al tabernero,
sírveme tú de comer.
Creo que no he entendido bien, gringo.
Bien, aún no he elegido los platos.
En fin, carne y frijoles para mí
y trigo y maíz para ella. ¿Quién es ella? No veo a nadie.
Águila. ¿Águila?
Ese estúpido pájaro no es un... (SISEA)
Ella está convencida de que sí.
Oye, gringo,
me temo que pronto serviré a los dos, pero plomo.
¿Tú qué crees? Que no debiste matar al patrón.
Ante un cliente, tú no haces las cosas bien.
Tal vez no, gringo,
pero hay otras cosas que las hago de maravilla:
fusilar a los que me fastidian.
Dame tu revólver.
¿Quieres guardármela tú, por favor? Pero...
¿Vas a dejarte matar así sin defenderte?
Espero que la cuides bien. Llevadlo al muro.
No, capitán, no puede hacerlo. Ese hombre es extranjero,
hay unas convenciones internacionales que le protegen.
Estupideces.
Durante años nos han metido en la cabeza esas teorías
que nadie respetaba.
Es tiempo perdido, papá.
Escuchad, muchachos, ¿no os parece que lo hacéis al revés?
Precisamente este no es mi puesto. Si el sol está ahí,
no puedo estar ahí, ¿de acuerdo? Atrás, atrás.
Hacedme caso, no es la primera vez que me fusilan
y este fusilamiento será un desastre.
(FARFULLAN)
¿Qué es lo que pasa? -Está protestando, señor.
Les estoy explicando que el sol de frente les deslumbrará.
Enseguida lo arreglo. ¡Eh, soldados,
poneos en su lugar y a ver si acabamos de una vez!
Así está mejor.
¿Y ahora está satisfecho del servicio?
Muy complacido. Será un hermoso fusilamiento.
¿Cuánto somos? Diez contándote a ti.
Diez menos nueve es uno, ¿verdad?
Sí, con la diferencia de que nosotros nos quedamos
y eres tú el que se va. Así es la vida.
Bien, estoy dispuesto.
En fin, ¿empezamos?
Ahora mismo puesto que tiene tanta prisa.
¡Pelotón, preparado!
¡Atención, carguen! ¡Apunten!
¡Fuego!
¡Ah!
¡Parece un milagro!
Bueno, no exageremos.
Me ha salido bien por un pelo.
Estaba a punto de llegar una nube.
¿Qué te había dicho, papá?
Si él nos echa una mano, estamos salvados.
Es el hombre ideal.
Precisamente el hombre ideal.
¿El hombre ideal para qué?
Para la revolución. Sospechaba que seguías con nosotros.
Si no, no estarías aquí para salvar a mi padre.
Lo lamento, pero debo desilusionarte.
Si lo mataban, no podía hacerle ciertas preguntas.
Sí, no hay la menor duda. ¿Qué quiere saber?
Aquí se pierde mucho tiempo haciendo las cosas con legalidad.
Renovado o no, quiero saber dónde está mi mina.
Muy justo. Y tan justo.
Aquí decía dónde estaba.
No sé cómo encontrarla. ¿Eres su dueño y no lo sabes?
Verás, la concesión no era mía,
se la gané a uno que se llamaba Pennyweather.
¿Por qué ha dicho se llamaba?
Es que la bala que lo mató pasó justo por aquí.
Yo estaba al otro lado del documento.
Era uno de esos tipos que hacen trampas,
pierden igual y después quieren matarle a uno.
En fin, ¿dónde está la mina? Vamos.
Ah, sí, espere.
Tendría que acordarme, pero resultaba tan raro
que alguien buscase oro en Morelos... Vamos a ver, espere.
Lo tengo en la punta de la lengua. Espera, papá,
será mejor que esperes un poco.
Que nos diga primero si tiene intención de ayudarnos.
Una mano lava la otra, como decimos por aquí.
Pues en mi país dicen:
"Aunque es bueno fiarse, es mejor desconfiar".
Exactamente.
Mientras tú nos ayudas a hacer la revolución,
mi padre tendrá tiempo de recordar.
¿Y tengo que hacer la revolución a cambio de un pequeño informe?
No, antes prefiero buscar a Samuel Crow.
¿Y quién es Samuel Crow? El otro titular de la concesión.
Mire, está escrito aquí. Ven, Águila.
Tiene razón, ¿qué loco iba a querer exponerse a hacer una revolución?
¡Papá! Te lo ruego, eres el mejor, eres el único.
Bueno, francamente sí.
En cualquier caso, quisiera ayudarles.
¿De veras? Sí.
¿Dónde pensabas llevar a tu padre?
El Paso, a los EE.UU. Allí estará seguro.
Entonces no tendréis problemas.
El Paso está lleno de tipos decididos.
Yo digo otros 50.
Yo voy.
300.
No. 300...
y otros 50.
No.
¿Eres sordo, hermano John?
He dicho 350. Hermano Carezza,
está bien que los caminos del Señor sean infinitos,
pero es la primera vez que pasan por una apuesta así.
Un momento. ¿Cuánto dinero falta para arreglar la iglesia?
Tenemos solo 1000. Teníamos 1000.
Trae, mete, mete. ¡Eh!
Imagínate que estás dando una limosna.
Un botón, qué herejes.
Ahora podemos ganar.
Es el único modo de reunir 5000 dólares.
Basta de cuchicheos, estamos cansados de esperar.
Ya está bien, párroco. -Venga ya, la pasta.
43, 44, 45,
46, 47, 48... 50.
Tres pequeños y graciosos chicos.
Graciosos e inútiles.
Mira esto qué bonito.
Tres ases y dos bellezas.
Full. Vaya un golpe.
Escucha, cuando te lo diga, agarra la tela y huye.
¿Qué? La pasta.
El dinero y desaparece.
¡Eh, no! ¡Ah!
¡Oh!
¡Ah!
(RÍE)
¡Oh!
¿Qué haces? ¿Estás loco?
¡No tan loco como para pagar!
¡Ah!
¡No eres buen perdedor! Nunca lo he sido.
¡Granuja!
¡Ah!
Sois unos pecadores, muchachos. Deberíais avergonzaros.
¿Qué ha ocurrido? ¡Enciendan la luz!
(RÍE)
¿Cómo voy a decirte que no tengo nada contra ti? ¿Eh?
¡Ay, ay!
Formidable.
Si pudiéramos contratar a uno así.
¿Eh?
Eh, Oli, tenemos visita.
Hola. Hola.
¿Un pariente? No, un curioso.
¿Qué viene hacer aquí, preguntas o de paseo?
Preguntas...
a Samuel Crow.
¡Eh, Vern, ven aquí! -¿Qué es lo que pasa?
Anda buscando a nuestro hermano. -¿Ah, sí?
Bien, puede hablar usted.
¿Es amigo suyo? Más que eso.
Digamos una especie de socio. ¿Socio?
¿Y en qué negocio?
Una mina. Ah, qué agradable sorpresa.
¿Para mí o para él?
Para usted, naturalmente.
¿Por qué no viene ahí dentro a tomar un bocado?
Qué perfume tan especial. ¿Cómo? Parece que no le gusta.
Estas porquerías las he olido a menudo,
pero jamás las he comido.
(RÍEN)
Dime dónde está la gracia.
Se lo diré.
Vea, es una papilla que ofrecemos a los tipos listos como usted.
Es una receta de Oli, barro y estiércol de mulo.
Bueno, la materia prima será fácil de conseguir,
sois cuatro mulos. Te haré tragar el perol entero
si encima te haces el gracioso.
Pero aún podrías evitarte ese banquete.
¿No me digas? ¿Y cómo?
Escupe toda la verdad, la concesión no es tuya.
Tú no eres Max Pennyweather.
Después de todo, nunca he dicho que lo fuera.
Y ahora basta de juegos.
¿Dónde está vuestro hermano Samuel?
Las preguntas las hago yo. Sí, pero con más cortesía.
¡Ah!
¡Ah, eso no! ¡Qué asco! (CON ARCADAS)
Os creía más hospitalarios.
Eh, Oli,
¿quieres buscarme una cuerda?
No pongas esa cara que habrá para todos.
¿Me diréis dónde está Samuel? ¿No?
Entonces empezaremos por Vern,
es el cabeza de familia, ¿no?
En la ausencia de Samuel tú eres el jefe, ¿no es verdad?
No seas tan mulo, ¿por qué no me lo dices?
No hablaré, puerco asqueroso.
No puedo pregonar los asuntos de familia
y menos ante un extraño. Pero, Vern, yo soy de la casa.
No seré Max Pennyweather, pero seré el socio de tu hermano.
Ubarte, lo ha apresado esa carroña del general Ubarte.
Si tratamos de liberar a Samuel, él lo matará.
Pregúntale a estos. -Es verdad.
-¡Lo juro por mamá! -¡Sí!
Bueno, bueno, comprendido.
Y dime,
¿no tienes una pequeña idea de lo que el general Ubarte
está tramando con vuestro hermano Samuel?
Apuesto a que me respondéis que lo ignoráis.
Bueno, si insiste, no me lo hubiera tomado
a título personal, pero la iglesia sin órgano sería un cementerio.
Pero ¿qué pasa? ¿Qué sucede?
¡Es un oficial de Ubarte!
¡Johnny el Halcón!
¡Un halcón en el templo!
No se preocupe, padre, se refería a mí.
¿Sorprendida?
Vengo a hacer la revolución.
¡Estupendo, es magnífico! Ahora el caballo, papá.
Tenemos a los dos más valientes, a los dos más bravos.
¿A los dos? ¿Y quién es el otro?
Un verdadero ciclón. Yo lo he visto y lo garantizo.
¿Es de confianza? Es un idealista sincero.
Combatirá gratis por nosotros.
Es un verdadero santo. ¿Sí?
¿Cómo se llama?
Carezza, Carezza el Gordo.
(GRAJEA)
Quieta, Águila, seguro que se trata de un error.
¿Estás hablando de Carezza el pistolero?
¿Carezza el dinamitero? ¿Carezza el amigo del oro ajeno?
Ese Carezza ha muerto. Ah, lo comprendo.
Muerto para el pecado he querido decir.
Estaban a punto de ahorcarlo, pero el hermano aquí presente
le salvó y luego le convirtió. Un verdadero milagro.
¡Si supiese con cuánto celo me ayuda en la iglesia!
Vea, ni siquiera tenemos bancos y nuestro buen Carezza
anda buscando dinero para comprarlos. Hará la colecta rifle en mano.
Carezza ya no mata. Tendrá un encuentro
con un cierto Cody llamado el Toro. Es el hombre ideal
y ha aceptado pelear por nuestra causa.
¿Qué te pasa?
¿Acaso no estás de acuerdo? Por mí no hay inconveniente.
¿Qué te parece si hablamos de mi contrato?
Ya está hablado.
Lograremos el poder con tu ayuda
y mi padre te dirá dónde está la mina. ¿De acuerdo?
De acuerdo.
Pero, hija mío... Vamos, papá, es tarde.
No olvides tu cita con el gobernador.
¡Santo Dios, tienes razón, Juana! ¿Quieren excusarme?
Nos veremos más tarde.
Muy bien.
¿Y ese?
Es verdad, no puede quedarse aquí.
¿Me echa una mano para llevarlo al cementerio?
(ÁGUILA GORJEA)
Eres un desastre, papaíto. Hago un esfuerzo por convencerle...
Pero no recuerdo dónde se encuentra su mina.
Y tú lo estás engañando, Juana, y eso no es honesto.
¿Y qué importa? Tampoco lo es el Halcón.
¿Por qué me dices que trate bien a ese tipo?
En cuanto le eche la mano encima... Mira, ese hombre es tu hermano.
Y el Señor dijo: "No pegarás a tu hermano".
Ya. Pero ¿él también lo sabe? Carezza, eres el más fuerte.
Puedes matarlo de un solo puñetazo. ¿Me estás diciendo que debo perder?
Esta mañana tuve una visión, se me apareció uno vestido de blanco
y me dijo: "No dejes que Carezza destroce a un semejante
y menos por dinero". Lo hago por los bancos.
Además, ¿has pensado en los otros? ¿Quiénes?
Sabes muy bien de quién hablo. Tú has dicho: "Dios lo quiere".
Y también yo lo deseo. Ya me explicarás cómo voy a quedar
para hacer una revolución urgente si el Toro me aplasta
como a un grano de café. No debe preocuparte,
Cody será como una madre buena. Hay acordado un tongo.
¡Empezamos, señores! ¡A ver, un aplauso!
(GRITAN)
En ese ángulo, presento al campeón,
el hombre más fuerte del Estado, ¡Cody el Toro!
(GRITAN)
Y en este ángulo,
al aspirante a campeón, Carezza, llamado el Cerdo.
¿Por qué me has traído aquí, hija? Para que lo veas en acción,
él solo vale por 100 hombres.
Venid aquí, valientes. Vamos.
Cody, dale la mano.
Le daré las dos, pero en el hocico. -Bien.
Espero que el combate sea limpio.
Nada de golpes bajos,
solo valen puñetazos.
Ni rodillazos ni pellizcos ni cabezazos.
Nada de pistolas, cuchillos, dinamita ni herraduras. ¿Está claro?
Como si fuese una lucha entre caballeros.
Debéis pegar solo con las manos. ¿Me he explicado bien?
Y no os paséis de listos conmigo. -¿A cuánto está el Toro?
-Tres a uno. -Y tened cuidado.
Si cuando uno está en el suelo el otro trata de sacudirle...
Entonces por Toro. -De acuerdo.
Al oír el gong podéis empezar. ¡Sacudíos fuerte!
Perdóname, Señor, si levanto la mano contra mi semejante.
Pero le daré suave... ¡Oh!
(GRITAN)
Oye, ¿no estaba preparado?
Te lo tomas en serio, ¿eh? ¡Oh!
Tenías razón, hija, qué bárbaro, cómo pega.
No, papá, es el otro.
¡Uno, dos...! No, al rincón, ¿no ves que estoy contando?
¡Tres, cuatro,
cinco! Déjame en paz.
Escucha, tengo que hablarte. Y párate un poco.
Tengo que hablarte. Te he dicho... ¿Estás sordo?
(GRITAN)
¡Ah!
¡Oh!
Toro, trata de calmarte. Si no, conseguirás que me enfade.
Admito que el combate es un tongo, pero los golpes no lo son.
Y la cara es mía.
¡Ah! (GRITAN)
¡Que te la estás jugando!
¡Dale, Toro, sacúdelo!
¡Rómpelo en pedazos!
¡Ya basta!
¡Quita!
¡Toro!
(GRITAN)
¡Oh, oh!
¡Cerdo! Juana, ¿qué dices?
Perdona, papá, pero lo está destrozando.
Me temo que sí.
¿Se lo imagina haciendo la revolución
desde un carrito de inválidos?
Un gigante que no sabe defenderse no le servirá de nada.
¡Oh!
¡Toro, no te lo diré más!
¡Mira que te aplasto!
¡Oh! ¡Ah!
(Aplauso)
¿Qué ocurre aquí? ¿Acaso no lo ves?
Estoy sufriendo por ti.
¡Maldito bastardo!
¡Vamos, dentro, hijo de Satanás!
Verte me recuerda todos mis pecados.
Qué memoria. Calma, es con él con quien debes luchar,
no conmigo.
Tú, imbécil, estate quieto.
¿No ves que estoy hablando, maleducado?
No te muevas, vuelvo enseguida.
¡Final del primer asalto!
¡Yo a este lo muelo, lo muelo!
(Gorjeo)
¿Has oído? Hasta Águila está contenta de verte aquí.
¡Embustero! Tú y tu condenado pajarraco.
Estoy muy contenta de que seáis amigos.
Carezza, Johnny viene con nosotros.
¡Oh, no! Es verdad.
Halcón, jamás creeré que has elegido el camino del bien.
No es eso precisamente. El hecho es...
Escucha, Carezza, ¿cómo es que te dejas pisotear así?
¡Maldito hijo...! ¡Eh, eh!
El Señor ha dicho no golpearás a tu semejante.
Está bien poner la otra mejilla, pero ya no eres el mismo
de otros tiempos. ¡Si te cojo...!
¡Segundo asalto!
(GRITAN)
¡Ah! ¡Oh!
Ja, sí, ¿eh?
¡Dale, que es tuyo! ¡Vamos!
¡Vamos, que ya es tuyo!
¿Por qué se ha decidido el Halcón a venir con nosotros?
Por nada, solo trata de encontrar una mina.
¿Qué? ¿Una mina?
(Crujido)
¡Ah! ¡Ah!
Silbidos)
Es cierto que las mujeres saben tener la boca cerrada.
Oh, espera, fuiste tú quien arregló el combate.
¿Yo? ¿Y por qué iba a hacerlo? Está bien claro,
porque no quieres que venga con nosotros.
¡Vamos, Toro!
(GRITAN)
(Silbidos)
El tiempo ha terminado.
¡Quieto, suelta eso!
Soy yo quien dice cuándo ha terminado el tiempo.
¡Uno, dos y tres!
¡Socorro!
¡Bravo!
Ya veo que no te gusta la idea, pero yo no le dejo escapar.
Bueno, es cosa tuya.
¡Eh! Pero ¿qué hace?
¡Quita las manos de ahí!
(GRITAN)
¿Qué pasa? -¡Uno que se hace el gracioso!
¡Baja y verás!
¡Calma, hermanos! Portaos bien.
Uno de los dos tenía que perder, ¿no? Entonces...
¿Las señoras permiten? -No faltaba más.
¡Ah!
Gracias, ya está. Pueden acomodarse.
Qué amable.
¡Calma, señores, calma!
¡Me estáis destrozando el local!
¡Me lo hacéis trizas!
¡Toma, toma!
¡Calma! ¿Queréis arruinarme?
Creo que será mejor que nos esfumemos. Vamos.
Vamos, papá.
¡Ah!
¡Fuera de aquí, la lucha ha terminado!
Oh, perdona.
¡Ah!
¡Socorro! ¡Socorro!
¡Ayúdame, Carezza, por favor! ¡Han raptado a mi padre!
Permiso. Permiso.
Con permiso. ¡Oh!
Lamento interrumpirles,
pero quisiera hablar con la señorita.
¿Está usted bien? Sí.
Pero mi padre, ¡se lo están llevando!
Fuera de aquí. ¿Te hago daño?
¡Mañana!
Con permiso.
¡Con permiso!
Con permiso.
¿Qué permiso ni qué historia?
Toro, pero ¿aún no tienes bastante?
Te romperé... ¿El qué?
¡Ah!
¡Rápido, a los caballos!
¿Falta alguno? No,
ninguno.
Bueno, ¿cómo va esto? ¿Se encuentra bien, don Fermín?
Sí, me parece que sí.
Papá, ¿cómo estás? Oh, bien.
Esos eran hombres de Ubarte, no creí que vinieran a buscarme
a los EE.UU. A Ubarte le gustan esas bromas.
Oye, Carezza,
quizá ha llegado el momento de enseñarle...
algo de diplomacia.
¿Le habéis registrado? Sí, mi general.
¿Eh? Perdone, quiero decir mi presidente.
No va armado, dice que es un parlamentario.
Que pase.
Adelante.
Adelante.
¿Qué es lo que quieres, buen hombre?
Vengo a declararte la guerra, señor. (RÍEN)
Pero la idea no es mía, señor,
me manda don Fermín Mendoza. (RÍEN)
¡Basta de risas!
Sois unos idiotas.
Don Fermín no tiene nada que ver.
Esta es la declaración de guerra de Johnny el Halcón.
Esto es Morelos.
¡Aleluya! Me siento como Moisés al ver la Tierra Prometida.
Um... ¿Qué quiere decir "um"?
Um y basta.
¡Empuñaré la espada de la justicia en nombre del Señor
y el malvado caerá!
Querido Carezza. ¿Qué?
Discursea menos y abre bien los ojos.
¡Bah, pecador!
Veo que estás aquí solo por la mina.
No crees en mi conversión, ¿eh?
Yo no, ¿y tú? ¡Bah!
(GRITAN)
¡Mirad, el pueblo nos espera! ¡Forman casi un ejército!
¡Venid, compañeros, venid!
¡Se han enterado de que combatiremos por la libertad!
(GRITAN)
¡Maldito gringo bastardo!
¿Por qué lo has hecho? Espera.
(RELINCHA)
¡Ja! Mira, Juana,
no eran campesinos,
eran todos hombres de Ubarte.
Bueno, lo siento.
No lo sabía. Pero ellos sí.
Esperaban que pasáramos por aquí.
Si esta es la bienvenida, sospecho que nos resultará dura
la vida en Morelos.
Si consigo poner las manos sobre ese general Ubarte,
te juro que le voy... Así está mejor, querido Carezza.
Y ahora, ¿podemos conocer tus planes?
Nos uniremos a las partidas que aún luchan por la patria.
Están en las montañas.
Ahí está su refugio. Demasiado tranquilo.
No me gusta nada. (SISEA)
Pero ¿qué te pasa?
Me parece que... (SISEA)
Eh, eh.
(Música de tensión)
¡Ah! -¡Ah!
¡Oh!
Eh, ¿quién me ha empujado?
(Golpe)
(Gorjeos)
(Disparo)
Alguien ha disparado. -¿Qué ha sido eso?
¡A las celdas, pronto!
Dios mío.
Antonio,
Miguel,
Fernando.
Pablo... ¡Pobres amigos míos!
Juana... ¿Cómo es posible
que seres humanos lleguen a esto? ¡Juana!
Ahora ya sabes lo que significa una guerra como esta.
Pero hay algo que tú y tu gente aún no sabéis,
el modo de vencer.
Yo sí lo sé, pero debes dejarme actuar a mi modo.
¿No es así, Carezza?
Halcón,
si te viese envuelto en llamas,
ni escupiría el fuego para apagarlo.
Pero lo que has dicho es la verdad
y yo estoy de acuerdo.
Aún no he comprendido qué diablos es.
Ya te lo he dicho, es una trampa. Ja,
que me ahorquen si funciona.
Hasta un ciego vería que hay algo debajo.
Perfecto, esperaba que dijeses eso.
Yo... Al caballo, Carezza.
Si es que tienes interés en ver cómo funciona.
(SISEA) No funcionará.
Uno, dos. Uno, dos.
Paso, ¡ar!
Uno, dos. Uno, dos.
Uno, dos... Sánchez, ¿qué diablos haces?
¿No ves que está borracho? ¡Ar!
Uno...
¿Quién ha disparado? -¿Qué ha sido eso?
¡Han matado al centinela! -¿Quién ha sido?
¿Me buscáis a mí, cerdos?
¡A los caballos, sigámosle!
¡Ah!
¡Ah, ah!
¡A la carga!
(Trompeta)
¡Eh, caza niños, por aquí!
(Música)
(SILBA)
¡Alto, es una trampa! A tierra.
Vamos a ver.
Idiotas, pensaban reírse de mí, del capitán García.
(GRITAN)
(RÍE)
Te lo dije, has visto cómo funciona.
Despacio, Águila, despacio. (RÍE)
Ya sabes que cuando comes tanto por la noche,
te asaltan pesadillas y hasta me hace soñar a mí.
(RÍE)
¡Yo no revelo secretos militares!
No comprendo que lo encuentre divertido.
Mucha gente ha muerto de un ataque de risa.
(RÍE)
¡Basta, basta, hablaré! Bravo.
Me parece una buena idea, capitán García.
Veamos, ese ingeniero Hernández, ¿es prisionero vuestro?
¿Qué es eso tan extraño que le das de comer a las gallinas?
Dinamita. ¿Dinamita?
(SISEA) Cuidado, ellas no lo saben.
Carezza. ¿Sí?
Puedo confiar ciegamente en ti, ¿no es cierto?
¿Qué? Oh, sí, claro.
Me temo que el Halcón persigue un solo fin,
el suyo, le importa la mina, no la revolución.
No exageremos. Si el Halcón ha dado su palabra,
seguro que la cumplirá. Y por otra parte, estoy yo aquí.
¿Lo vigilará? Voy a ser su sombra.
Oye, señor, ¿mis pobres gallinas se morirán?
Es posible.
Pero serán las primeras gallinas que pasarán a la historia,
la historia de la revolución contra Ubarte, naturalmente.
Oye, mira, la chica se mueve como una palmera.
-Las palmeras no andan así, amigo.
¿A dónde vas? -Lárgate.
Los civiles no pueden estar aquí. Solo quiero vender huevos.
No insistas, he dicho que te vayas. -¡Preciosa!
¿No sabes que está prohibido acercarse aquí?
Vendo huevos, mi capitán.
¿Nadie quiere comprármelos?
Si fuera capitán, te compraba a ti, preciosa.
Déjala pasar.
Una idea como esta solo podía ocurrírsele
a un loco como tú. Y solo un loco como tú
podía ayudarme a llevarla a cabo.
Esto no funcionará. Funcionará, funcionará.
Bah, esperemos.
Porque si hemos de contar con estos, vaya birria de revolución.
Míralos.
Quita de aquí esa trompeta. ¿Sabes disparar?
No, no sé, pero estoy deseando hacerlo.
Me gustan las armas.
Si dispara como mira...
Solo quiero ver si la mercancía es buena.
¿Qué te parece, amigo, es buena? Vamos, sea buen chico.
Es una maravilla. Capitán...
Escucha, preciosa, ¿nos vemos esta noche?
¡Por favor! (RÍE)
¿Has visto? No hay ni un paisano en el pueblo.
Y pocos soldados. ¿Y sabes por qué?
No. Los soldados se han llevado
a los hombres útiles. ¿Ah, sí?
Sí, a las montañas.
Oye, Halcón.
tu mina está en esas montañas, ¿no?
Y se necesitan muchos brazos para excavar, ¿no te parece?
¿Qué estás tratando de decirme, que Ubarte está robando mi oro?
Recuerda que yo... ¿Qué haces tú aquí?
Te he dicho mil veces que no quiero que me sigas.
Compréndelo, es para protegerte.
El capitán García ha sido un imbécil.
Le tendieron una trampa y cayó en ella.
El enemigo utiliza la táctica del Alejandro ese...
-El Grande. -¿Cómo?
-Alejandro Magno. -Es lo que he dicho.
La táctica de ese colega es debilitar al enemigo
para después atacar de nuevo. -Sí, señor.
(FARFULLA) Sargento, ¿qué sucede ahí fuera?
Nada, teniente, es una chica que viene a vender huevos.
¿Qué es esto, un mercado? -¿Me permite?
Quisiera ofrecerle algo distinto al rancho de la tropa.
¿Quiere huevos fritos, mi coronel? -¿Por qué no?
Háganme unos huevos fritos, enseguida.
¡Cuidado! (FARFULLAN)
¡Se acabó la diversión!
Estos huevos me los quedo yo.
¿Y mi dinero, capitán?
Son siete pesos. Desvergonzada.
¿Tendrías el cinismo de aceptar dinero
de quien te defiende de los rebeldes? Echadla de aquí.
Yo te daré el dinero, ven esta noche y hablamos.
Barreremos a esos malditos rebeldes gracias a mi plan
digno del Alejandro ese. -El Grande.
-Creen encontrar a cuatro gatos y se enfrentarán con nosotros.
Aquí estoy yo con 50 hombres y tres ametralladoras.
Eso sí que es dar una sorpresa. -Sí.
-¿Como prefiere los huevos, coronel? ¿Poco fritos?
-Muy hechos, soldado. Los huevos deben estar bien fritos.
Le salió torcida. ¿Has visto cómo ha funcionado?
¡Los pobres no sabían que eran huevos con sorpresa!
¡Vamos, amigos, libertad o muerte! ¡Libertad!
(TODOS) ¡Libertad, libertad!
¡Libertad o muerte!
¡Vamos!
¡Libertad!
(Música)
¡Libertad!
Perdón, señor.
¿Cuántas veces debo decirte que no me vayas siempre detrás?
Eres tú el que siempre está delante. ¿Yo?
¡Ah!
¡Sacadnos de aquí! -¡Por favor, sacadnos!
¡Sacadnos! -¡Sacadnos, por favor!
¿Está Hernández? ¡Sí, está aquí!
¡Sacadnos de aquí!
Pero ¿qué haces?
¿Te has vuelto loco?
¿Me permites?
Adelante. Escucha,
Juana sabe dónde está la mina. No, ella no lo sabe
y don Fermín no se acuerda. ¿Y a ti qué te importa?
Nada.
¡Ja!
(Griterío)
Señores, que Dios os tenga en su paz. Procura recordárselo.
Viva la libertad. ¿Hernández?
No. Pues vete.
Gracias, señores. ¿Quiénes sois? Las preguntas las hago yo.
¿Se llama Hernández? Sí.
Oh, ya era hora. Vamos.
Querido ingeniero Hernández...
En realidad soy el abogado Hernández. ¿Cómo? ¿Abogado?
Exacto. ¿No es ingeniero?
No, soy abogado. Me confunde usted con mi hermano Eufemio,
él es el ingeniero.
¿Por qué lo anda buscando, señor? Para salvarlo, ¿no?
Porque Eufemio es un buen patriota.
¡Dios mío, seguro que también es prisionero de Ubarte!
Tal vez peor. ¡Señor, es terrible, quizá lo han fusilado, pobrecillo!
No, solo faltaría eso.
Halcón, tú que ni siquiera sabes lo que es una casa,
¿qué quieres hacer con un ingeniero?
Este es un modelo que el ingeniero Essen
ha perfeccionado últimamente. Tiene una enorme capacidad de fuego
y puede causar 100 bajas por minuto. Es realmente interesante.
Tenga en cuenta, excelencia, que el emperador del Japón
ha adquirido un buen lote de nuestras ametralladoras
para utilizarlas contra los chinos y quedó encantado de su eficacia.
La compro.
¡Llega el coronel Matadodos! Ya era hora.
Cabo de guardia, abrid la puerta.
Tengo que dejarte. Continuaremos más tarde.
Cuando usted quiera.
¡Guardias, atención! ¡El coronel!
Cabo, ayúdale a bajar.
Coronel.
Johnny el Halcón.
Maldito, nos está poniendo en ridículo.
Utiliza la peor de las armas.
Ahora son solo unos cuantos,
pero cuando nos pierdan el miedo se convertirán en millares.
Mi presidente, trae un mensaje.
Fusiladlo.
Está bien. -Pero ¿cómo que me fusilan?
¡El plan era bueno!
"Señor presidente, dame la mitad o te lo quitaré todo. El Halcón".
Jamás. ¿Jamás qué, mi presidente?
Ese perro pretende que le deje Morelos
y además amenaza con quitármelo todo.
Ahora verá. Capitán, corta cabezas. Sí, mi presidente.
Quiero tener rehenes,
pero no rehenes de poca monta.
¡Agua!
¡Agua!
Buenos días, señor.
¿Hay novedad? -Vía libre, capitán.
¡Adelante!
¡Tenemos sed!
¡Agua!
¡Una gota de agua!
¡Tenemos sed!
¡Agua! -¡Agua!
¡Un poco de agua!
¡Tenemos sed!
¡Agua!
¡Alto!
¡Quitad de en medio ese carro!
(Relinchos)
¡Es una trampa! ¡Atrás! ¡Atrás todos!
¡Fuera de aquí!
¡Que den la vuelta los carros! ¡Vosotros, venid conmigo!
¡Trataremos de salir por la otra calle!
¡Por piedad!
¡Por piedad!
¡Cuidado!
¡Malditos, nos han rodeado! -¡Disparad!
Buen tiro.
¡Con permiso!
¡Premio!
¿Está Hernández aquí?
(GRITAN)
Ya me estás fastidiando con tanto Hernández.
¿Cuándo haremos la revolución? ¿En ratos perdidos?
Vamos, salid, daos prisa.
¡Deprisa, deprisa!
¡Se están escapando, disparad!
Vamos, rápido.
¡Ah!
¿Está aquí Hernández, el ingeniero?
Sí, yo soy el ingeniero Hernández. ¿Por qué?
Sois tantos Hernández en la familia.
¿Me permites? Adelante.
Supongamos que Ubarte se está llevando a sacos
el oro de tu mina, ¿dónde lo habrá escondido?
¿Y a mí qué me cuentas? Eres tú quien supone.
El tipo lo habrá escondido donde nadie se lo pueda robar,
o sea, en la fortaleza. ¿Estás seguro?
Sí.
No me dirás que no había pasado por tu cabeza, ¿eh?
Yo no digo nada.
Hablemos claro, ¿no te fías de mí? No.
Ese oro no me interesa. ¡Oh!
¡Ah!
El oro y Ubarte se encuentran en la misma fortaleza.
Solo hay que asaltarla. Así Juana se libera de Ubarte,
tú te llevas el oro y yo me reúno otra vez con el hermano John
para terminar la iglesia. No busco otra cosa.
Hermano Carezza, ¿cómo habré podido sospechar de ti?
Hala, camina, hombre.
Querías robarme el asno, ¿eh?
Y ahora el asno eres tú. Vamos, camina.
(Bullicio)
Compañero, traigo noticias importantes.
Llévame ante la señorita.
Mandad este edicto a los alcaldes de todos los pueblos.
Necesitamos todos los hombres que puedan luchar
y cuantas armas puedan usarse. Señorita Juana.
¿Qué hay, Lucas?
¡Ah!
¡Ah!
¡Oh!
Es un placer conocerla, señorita Mendoza.
Va a emprender un agradable viaje metida en una cesta.
(GRITAN)
Cuando construí la fortaleza hace unos 20 años,
no podía imaginar que un día llegaría a utilizarla un tirano.
Construcciones como esa ya no se hacen en nuestros días.
Sí, ya no se hacen. A propósito,
he oído contar que en la fortaleza hay un sistema de cloacas
realmente ingenioso. No, subterráneos querrá decir.
Sí, claro, subterráneos. Y aún me parece más apropiada
la denominación de laberinto.
Le he diseñado un plano de memoria. Es una red de galerías
y no fue nada fácil construirla porque el terreno era arcilloso.
Pero yo hice... -¡Señor, ha sucedido algo terrible!
Han raptado a Juana.
Entérate bien, no haré ningún pacto contigo.
De nada te ha servido raptarme. Puedes fusilarme a mí,
pero no conseguirás fusilar la libertad;
las ideas no pueden matarse.
Un temperamento delicioso.
Querida niña, he mandado llamar a tu padre
y estoy seguro de que vendrá. Harías cualquier cosa para salvarle
y para salvarle tendrás que colaborar.
Con don Fermín apoyándome, gobernaré tranquilo.
Ya no es posible continuar así.
Comprende que Morelos no tiene bastantes árboles
para colgarlos a todos.
Has olvidado a alguien, asesino,
Johnny el Halcón.
¿Has oído, querido Sam?
Libertad, ideas.
Qué tonterías dicen estos intelectuales.
No tienen sentido de la realidad.
Sam, amigo mío, ¿qué haría yo sin tu ayuda?
Reconozco que el tuyo es el plan perfecto, tienes razón.
El pueblo sigue a un jefe como sigue a todo aquel
que sobresale de los demás. Basta con cortar esa cabeza
y el pueblo se detiene. Pero si no resulta,
tus días están contados. Estoy seguro que Johnny el Halcón
sabe que el oro está en la fortaleza. Tenemos que estar en todo.
Querido Sam, no eres tú solo quien tiene ideas.
He pensado que si debiésemos dejar Morelos con prisas,
andaríamos más ligeros sin ese oro. He aquí por qué alquilé
un barco cubano con un capitán sin escrúpulos, el capitán Ortega.
Está esperando en el puerto de Veracruz
y serás tú, Sam, quien me lo traerá aquí.
¿No estarás pensando en desembarazarte de mí?
Quizá no pueda llegar con todos esos rebeldes.
Qué idea...
¿Por qué iba a querer matar a mi gallina de los huevos de oro?
Mayor Alvarado.
A la orden, mi presidente.
Partirás inmediatamente para Veracruz.
Deberás escoltar a míster Crow.
Y recuérdalo, me respondes de su seguridad
con tu propia vida.
¡Fuera los dos de esta casa! ¡A la calle!
¡Fuera!
¡Eso no es propio de una dama educada!
No quiero mangantes aquí. Y tú igual.
Esto es una casa respetable.
¿Una casa esto?
¡Imbécil! -¡Huy!
Mae. ¡Halcón, tesoro!
¡Has vuelto! ¡Déjame ya!
Has vuelto por mí. Bueno...
No, no me lo digas. ¿Qué es lo que quieres?
¡Apártate! ¡Vamos, quita de en medio!
Halcón, están ahí dentro discutiendo.
Oh, por fin. ¿Has podido convencerles?
¡Hola, Mae! ¡Hola, grandullón!
¿Qué dices? Lo he propuesto, Halcón.
Pero esos tipos no quieren ni oír hablar de asaltar la fortaleza.
Dicen que sería una carnicería. Yo lo intentaré.
Tiempo perdido, con ellos no cuentes.
Ya lo veremos.
(FARFULLAN)
¡Callaos! -¡Es una locura!
¡Basta, silencio!
¿Qué es esto?
¿Juana y don Fermín están en peligro y perdéis el tiempo en discusiones?
¿Sabéis lo que os digo?
Que esta revolución solo puede terminar de una manera:
con cabareteras.
¡Vamos, niñas, todas abajo! Y no os alejéis de aquí.
¡Oh! ¡Eh!
Mae, ¿a esta dónde la pescaste? Es una nueva, se llama Sally.
Antes levantaba pesas en un circo. Ah...
¡Oh! ¡Qué simpático! Pero ¿a quién veo?
¡Hola! ¡Molly!
¿Cómo estás, muñeca? Muy bien.
Quería decir, ¿cómo estás, hermana? ¿Hermana yo?
No te habrás convertido del todo si aún te acuerdas de ella.
Vaya si me acuerdo. Eh... Quiero decir,
me acuerdo para vergüenza mía. ¿Cómo te atreves?
¡Venga, señoritas! De frente. Basta de parloteo.
Colocaos, vamos.
Formad en filas de a dos. Adelante.
¡Adiós!
(Silbidos)
¡Ya te enseñaré yo!
Es el único modo de entrar en la fortaleza,
Señores, les presento a mi...
caballo de Troya.
Hola.
¡Hola, cariño!
¿Cómo van esas revoluciones? ¿Eh?
Señores, por favor.
¡Por favor!
(Bullicio)
Gracias. -Como ve, respeto las órdenes
con toda consideración. -Ese cerdo de Ubarte.
Aunque ya sospechaba que me haría una jugarreta.
¿Qué dice? Por favor. -Nada.
¿Cuánto debe durar aún esta comedia? -Son órdenes.
El presidente dice que le debe mucho.
Dice que debe morir cómodamente.
¿Tiene algún último deseo que exponer?
Sí, uno,
volver a ver a mis hermanos.
Imposible. Preparados.
Carguen,
apunten...
¡Fuego!
(GRITAN)
Madre, qué cintura.
Qué pedazo de revolucionaria. -Juana, ¿eh?
Si yo fuera el general, yo no la fusilaba.
¡Cómo iba...! -¡Cabo de guardia!
¡Se acercan mujeres!
Mujeres...
Mujeres, ¿eh? No debes beber cuando estás de servicio.
Pero vea usted.
Es verdad.
También viene un hombre. -Será su papá.
¡Adelante, muchachas, adelante!
(TODAS) ¡Hola!
Mis admirados soldados,
permitidme que me presente, me llamo Ferguson,
Cupido Ferguson, vendedor de amor.
Mirad y juzgad vosotros mismos, mis valientes.
Jamás tanta fascinación fue reunida para la delicia de los hombres.
Aquí os traigo a mis sacerdotisas del amor.
Venimos desde EE.UU., oh, invencibles soldados,
para ofreceros las delicias y el dulce néctar
que os mandará al séptimo cielo.
Pero ¿qué está diciendo? -Que son cariñosas.
Adelante, ¿a qué esperáis?
Apuesto a que no te tomaste tus píldoras, papá.
Abre la boca. Vamos, papaíto. Por favor, Juana,
dignidad.
Vamos a morir y la historia nos contempla.
No exageremos, don Fermín.
No me haga melodramas.
Traten de ser un poco razonables y no les mataré.
Usted no es mi prisionero, le considero como a un invitado.
Lombriz asquerosa, falso ladrón... ¡Juana!
Un poco de educación. Ah, estos jóvenes...
No razonan, son impulsivos.
Le decía, querido don Fermín,
que si me ayuda a pacificar al pueblo,
prestará un gran servicio al país y podrá reintegrarse al gobierno
sirviéndome a mí, claro está.
(Música)
¡Hola, chicos!
(Jaleo)
¡Cucú!
¡Uh!
(Risas)
¿Habías visto a una rubia semejante? -¡Mira la pelirroja!
¡Qué mujer tan bien provista de todo!
Dirigiré una proclama al pueblo para que deponga las armas.
Después obligaremos a don Fermín a que la suscriba.
Veo que lo tiene todo previsto, mi presidente.
Señor presidente. ¿Qué hay?
Mujeres para diversión y recreo de la tropa han llegado.
¿Mujeres?
Teniente, esto es una fortaleza militar, no un burdel.
¿Dónde irá a parar la disciplina?
La tropa está muy nerviosa, presidente.
Lleva meses de inactividad y un poco de distracción
levantará su moral. ¿Su moral? Ya.
Ah, coronel,
quizá ha llegado el momento de distraer un poco a los hombres.
Concedo mi permiso, adelante. Gracias, mi presidente.
Adiós.
Papá, ¿su adiós no te pareció extraño?
¡Y por vuestra valentía os otorgan el premio
de poder visitar el templo del amor! ¡Adelante, mis hombres!
(FARFULLAN)
Pero... -A mí estas me parecen rancias.
Estamos en guerra. Preciosa... -Bueno.
No empuje, hay para todos, loco. -Procuro hacer memoria,
¿no nos hemos visto antes? -Es posible, viajamos tanto.
Qué manos tan grandes tienes.
Son para abrazarte mejor.
Creo que hemos bailado juntos. -Oh, no, tendría gracia.
¡Oh, ahora!
Ya sé a quién me recuerda,
es el vivo retrato de mi tío Samuel. -¡Oh, que no cuela!
(RÍEN)
¡No está mal de piernas! -¡Te comería entera!
¿Sabéis lo que os digo, chicos?
Que estas de aquí, al contrario de las otras,
tienen un cierto no sé qué. -Lárgate, tú eres de la otra acera.
¡Impúdica!
Tú eres precisamente mi tipo. (AMBOS) ¿Yo?
No, ha dicho que yo. -Se dirigió a mí.
¡Calma, hombres, que habrá para todos!
Eres encantadora, guapa.
Pero ¿qué es lo que tienes, fuego?
¡Ah! -¡Así me gustan las mujeres!
¡Las chicas así me mandan al manicomio!
¡No, al hospital!
(Jaleo)
¡Eh, Cupido!
A estos no los aguanto más.
¿Cuándo empezamos? Enseguida, Carmencita.
Pero te ruego que empieces con mucho fuego.
Claro, nena. -Pero ¿quién eres tú?
¡Eres un hombre! ¿A quién esperabas, a Mesalina?
¡Atrás!
Papá, es Johnny el Halcón, estoy segura.
¿Qué diablos ocurre? ¿Dónde está el presidente?
Creía que estaba aquí. -Buscadlo, quizá esté en peligro.
Al ataque, señoritas, cuerpo a cuerpo.
Supongo que estáis entrenadas. -¡Carguen!
-¡Abajo todas! -¡Vamos!
¡Adelante!
(GRITAN)
¡Cuidado!
¡Trompeta, toca la alarma!
(Trompeta)
¡Sinvergüenza!
¡Te atreves a meterte con una chiquilla! ¡Bruto, canalla!
¡Oh!
¡Eh!
Ten cuidado, bailarina, o te sacudo. -¡Oh, me he equivocado!
¡Ah!
¡Ah!
Mira quién viene.
¡Ah!
Permiso.
He dicho con permiso.
¡Fuera de aquí!
Gracias. De nada.
Ánimo.
¡Ah!
Rápido, los fusiles.
Fuego a discreción.
Pero si es él.
Está rica.
¡Oh!
¡Ah!
¡Oh!
¿Qué eras, un hombre?
¿Y qué? ¿Es culpa suya?
Un momento.
Así.
¡Toma, toma! ¡Oh!
¡Adelante, mis hombres!
¡Seguidme, al ataque!
Uno, dos, tres, cuatro, cinco...
(GRITAN)
¡Muchachas, la artillería! ¡Pronto, chiquillas!
¿Habéis oído? ¡Pronto, todas al carro!
Desmontad las piezas.
Vosotras, ayudadlas.
¡Vamos, moveos! -¡Rápido!
Poned las piezas aquí. Cargadlas.
Apunten.
Primera batería, ¡fuego!
(GRITAN)
Segunda batería, ¡fuego!
(GRITAN)
Águila, sé que te diviertes mucho, pero ahora debes llevar mi mensaje.
(GORJEA)
¡Eh, Halcón! ¿Sí?
¿Te importaría echarme una mano?
Claro que no, Carezza.
¡Toma!
No te expongas, parece que se han vuelto rabiosos.
Déjalos salir.
¿Eh?
Apunta y dispara.
Yo también juego.
Fuera.
¿Eh? Ajá.
¡Seguidme!
¡Oye, tú...! -Uno,
dos,
tres,
cuatro,
cinco,
siete,
ocho
y nueve.
¿Qué ocurrirá ahí arriba?
¿Quién va? No disparéis, soldados, soy yo.
Bienvenido, capitán, veo que ha sido puntual.
Me gusta la puntualidad, presidente.
Aquí me tiene dispuesto a llevarle a Europa en mi barco;
a usted y a su oro, naturalmente.
Carezza, ocúpate tú de esto. Me temo que Ubarte va a escapar.
No, mientras yo esté ahí dentro, tú te quedas aquí.
Si insistes. Insisto.
Con permiso.
Somos demasiados aquí dentro. ¡Fuera!
¡Oh!
¡Ah!
¡Oh!
Y ahora veamos si el plano es este. 14 pasos hacia el norte.
Uno, dos, tres, cuatro...
Gracias. De nada.
Cinco, seis, siete...
Ocho, nueve, diez...
11, 12,
13 y 14.
(Griterío)
(Música de tensión)
Aquí es.
¡Ah!
¡De pie, imbéciles!
¡Carezza! ¡Aquí estoy!
¡Disparad!
Conque sí, ¿eh? Ahora me has hecho enfadar.
¡No le deis tregua!
(GRITA)
No me parece correcto, gringo.
Ni yo trato de serlo.
¡Eh!
Esto es el fin del mundo. ¿Se puede?
¡Oh!
¡Entrad! ¡Entrad a ayudarnos! ¡Entrad!
(GRITAN)
¡Viva la revolución! ¡Viva don Fermín!
(TODOS) ¡Viva!
(Música)
¿Quién es ese?
¿Eres tú, Halcón?
¿Te sorprende?
¡Matadlo!
(GRITAN)
(TODOS) ¡Libertad!
¿Habéis visto a Johnny el Halcón?
(TODOS) ¡Viva don Fermín!
Muchachas, ¿habéis visto a Johnny el Halcón?
-No, no.
(TODOS) ¡Don Fermín!
Oye, ¿has visto al Halcón? -Yo no.
(TODOS) ¡Don Fermín! Si me había prometido...
(GRITAN)
Juana, ¿le has visto?
¿A quién? Sabes muy bien de quién hablo.
Me refiero al Halcón. ¿Qué importa?
Piensa en la alegría de nuestro triunfo.
Al diablo el triunfo.
Plomo, plomo dorado.
Tienes razón, Águila,
hasta Ubarte fue engañado.
Pero creo que podremos encontrar al autor de la broma.
¡Oh!
Estamos aquí reunidos, hermanos míos,
para celebrar el éxito de mi empresa.
Este oro, el oro de Ubarte, me lo he ganado.
He mentido, he robado, he matado.
Y no me ha sido fácil
porque ninguno de vosotros, en realidad,
se ha molestado mucho en ayudarme. -Samuel,
me parece haber visto un pájaro blanco.
Y lo peor es que este oro tan duramente ganado
tengo que repartirlo con vosotros
aunque seáis un atajo de idiotas como Vern,
al que además ya le he explicado mil veces
que el Halcón y su maldito aguilucho blanco
siguen jugando a la revolución.
¡Sam, ha vuelto!
Hola.
Mira, Sam, pensarás que la he tomado contigo
a causa de ese oro. Lo cierto es que tú se lo quitaste a Ubarte,
pero he de cobrarme de algún modo el tiempo que me has hecho perder.
Muy razonable.
Pero ¿qué has venido a hacer aquí?
¿Quiere suicidarte?
Nosotros somos cuatro y cuando disparamos,
acostumbramos a dar en el blanco.
¿Sabes? Es la primera vez que me encuentro reunido
con una familia tan simpática y complaciente.
No es la primera, Halcón, es la última.
Con ese oro falso tú has engañado a Ubarte
y yo te he engañado a ti.
¡Ah!
¿Qué pasa?
(GORJEA)
Sí, tienes razón, Águila,
qué no haría la gente por un gramo de oro.
Y yo.
Bueno, supongo que aquí hay más de un gramo.
(Música)
Pero ¿dónde está? Se ha desvanecido.
¡Oh!
Eres cabezota.
¿Aún nos has comprendido cómo funcionan estas trampas?
¡Oh! Alégrate.
¡Oh! Es para ti.
¡Oh!
Pero ¿qué es esto? ¿Eh?
¡Pero si es oro!
¡Pepitas de oro!
¡Oh, qué preciosas!
¡Qué doradas!
¡Oh, milagro!
¡Milagro!
Me gusta.
Tira más saquitos.
Siempre serás un pecador, Carezza,
siempre. (RÍE)
¡Eh! ¿Adónde vas?
¡Halcón, sácame de aquí!
¡Ladrón, la mitad de ese oro es mío y solo me diste dos saquitos!
¡Maldita seas tú y tu maldita paloma!
¡Si os agarro, os hago trizas a los dos!
Confórmate con lo que tienes.
Te costaría mucho tiempo y dinero darme alcance.
¡Explotador de revoluciones!
¡Maldito!
¡Ya te denunciaré a la ley!
¡Sí, a la ley de los mudos!
¿Qué quieres decir con eso?
¡Que quien reparte se lleva la mejor parte!
¡Adiós, pecador!
(Música)
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