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Buenos días, señorita.
Qué día más hermoso, ¿verdad?
Sólo estoy colgando la ropa lavada. Debí colgarla hace mucho tiempo.
Si busca a la tía Dicey Johnson, aquí me tiene.
¿Pinky?
- ¿Pinky, hija mía? - Sí, abuelita. Soy yo.
¡Mi Pinky!
Gracias, Señor, por devolverme a mi pequeña.
Ha venido desde tan lejos...
y regresó esta mañana.
- Amén. - ¡Abuelita!
No te preocupes, hija. Estás en casa, sana y salva.
Entra y deja que la abuelita te prepare el desayuno.
Vamos.
Vamos, querida. Anda.
Cielos, cómo me alegra verte ahí de pie.
Mi pequeña Pinky toda crecidita ha regresado con su abuelita.
- ¿Cómo sabías que regresaría? - Por eso te envié, para que regresaras.
Para que regresaras a ayudar a los enfermos y necesitados.
¿Recuerdas lo que te dije el día que te subí al tren?
Te dije: "Pinky, querida, vayas adonde vayas...
aprendas lo que aprendas, tráelo todo de regreso contigo.
Por eso te envío. Porque la Biblia dice...
'Un poco de levadura leuda toda la masa"'.
Abuelita...
Abuelita, ¿no pensaste que quizá querría quedarme en el norte?
Algunas cosas se las debemos confiar al Señor.
Algunas cosas no podemos hacerlas nosotras mismas.
Dependemos de ÉIl
Todo está igual que lo dejaste, cariño.
- ¿Qué ocurre, Pinky? - Ojalá no me hubiera ido.
¿Preferirías haber sido una ignorante que no sabe hacer nada?
¿No haber aprendido a leer y escribir?
Lo sé, pero, ¿no lo entiendes?
Sí, Pinky, lo entiendo.
Déjame decirte una cosa de una vez y no volveré a decírtela.
¿Por qué me escribes cada vez menos a medida que pasa el tiempo?
¿Por qué no me escribiste después de que fuiste al hospital?
No, no necesitas decir nada. Crees que no lo sé.
Crees que una pobre ignorante como yo que vive en esta choza...
no sabe nada, pero te equivocas, Pinky.
Sí lo sé. Y sé lo que hiciste.
Y sabes que nunca te he dicho que finjas ser lo que no eres.
No fue a propósito, abuelita. Ocurrió por sí solo.
¡Pero es un pecado a ojos de Dios y lo sabes!
Fue el revisor en el tren.
Me puso en otro vagón, el de los blancos.
Pero él sabía quién eras. Yo te puse donde debías estar.
Fue después de eso, cuando cambiaron al revisor.
¿Y por qué no se lo dijiste al revisor nuevo?
Abuelita, no lo sé. Sólo era una niña.
Entonces, ¿y la escuela qué?
Los demás niños hablan de su familia, ¿no?
¿Qué dijiste cuando te preguntaron a ti? ¿Les dijiste quién era tu abuelita?
Ay, deberías avergonzarte, Pinky.
Negarte a ti misma como Pedro negó a Jesús.
Ven, arrodíllate. ¡Arrodíllate!
Eso es lo que debes hacer. Ahora, dile al Señor lo que hiciste.
Dile que perdone tu alma inmortal.
Sal aquí a desayunar. No quiero oír una palabra más...
sobre lo que hiciste mientras vivas.
Tom.
Tom, por favor.
- Por favor, Tom. - Tom.
- Buenos días. Te levantaste. - Sí, abuelita.
¿Haces esto todos los días?
No he dejado de hacerlo un solo día excepto cuando tuve pulmonía hace 3 años.
Espera, te ayudaré.
No te fuiste para regresar aquí a lavar la ropa.
Abuelita, me alegré mucho cuando dejaste de enviarme dinero.
- ¿Qué quieres decir? - No quería que te mataras a trabajar.
No dejé de enviártelo una sola vez.
Le di a Jake Waters ese dinero todas las semanas desde que murió su papá.
Tengo que hablar con Jake sobre eso. Algo me huele mal.
Yo iré a hablar con Jake. Conseguiré que te devuelva el dinero.
¿Cuánto te pagan por esto?
Nada, en cuanto a dinero.
- ¿No te pagan por esto? - Claro que no. Es de la Srta. Em.
Sí, ya veo que es de la Srta. Em. ¿No te paga por hacer esto?
No con dinero. La Srta. Em no tiene dinero.
Además, es vieja. Es vieja y está enferma.
Tiene una casa llena de antigüedades valiosas, ¿no?
Pero son reliquias de familia. No puede venderlas.
Además... ¿qué tienes contra la Srta. Em?
- Nunca te hizo nada. - Mira su casa.
Construida y mantenida con esclavos y ahora está en ruinas.
Crucé la puerta de su jardín una vez. Sólo una vez, cuando era pequeña.
Me ordenó que me fuera y nunca lo olvidaré.
Nunca le gustó que los niños se metieran en su jardín.
Cuando tenía ese internado, obligaba a las niñas a jugar...
al otro lado de la casa.
Ahora iré a verla como hago todas las mañanas para ver si está bien.
Le enviaré un telegrama. Western Unión.
Quiero enviar un telegrama. Sí, un telegrama directo.
"Dr. Thomas Adams.
Hospital St. Bartholomew, Boston.
Querido, todo fue un error tremendo.
Tomaré el primer tren de regreso.
Ven a recogerme a la estación, por favor.
¡: Te quiero, te quiero, te quiero.!"
¡Arre! Vamos, diablillo vago. ¡Vamos!
¿Pueden decirme dónde vive Jake Waters?
- En la esquina. - Gracias.
- Hola, Tommy. - Hola.
¿Jake Waters vive aquí?
Ud. Es Jake Waters, ¿verdad?
Sí, señorita, lo soy. Ésta es mi casa.
- Soy Patricia Johnson. - ¿Quién?
Conoce a la Sra. Dicey Johnson, ¿verdad? Pues soy su nieta.
Vaya, ¿qué te parece? Entre, Srta. Pinky.
Me alegro mucho de verla. ¡Me alegro mucho! Sí.
Vengo por el dinero que le dio mi abuela para mí.
¡Ay, el dinero! Entre. He querido ir a ver a su abuela...
pero siempre que voy a ir, algo me lo impide.
Sí, últimamente estoy muy ocupado. Muy ocupado.
Esto tomará poco. No le preguntaré por qué no envió el dinero si lo devuelve.
Claro, claro. No se preocupe. Siéntese.
¿Sabe? Lleva fuera mucho tiempo.
- ¿Y el dinero qué? - Lo recibirá, hasta el último centavo.
Siéntese.
¿Por qué regresó, Srta. Pinky? No pensé que regresaría.
¿Por qué no? Éste es mi hogar.
No me venga con eso, Srta. Pinky. Jake es listo. Ve cosas.
Un hombre, seguramente, ¿eh? ¿Un hombre blanco?
No pudo decírselo, pero no pudo ocultárselo, ¿eh?
- No tengo todo el día... - Claro, no quise ser entrometido.
Jake es su amigo. Sólo quiero ayudarla.
Ayúdeme devolviendo el dinero de mi abuela.
Sí, el dinero. Bueno, nunca llevo dinero en efectivo.
- Lo guardo todo en el banco. - ¿El banco queda lejos?
El banco está cerrado hoy. Es sábado.
Muy bien, puede darme todo lo que tenga aquí...
y le diré a mi abuela que le pagará el resto el lunes.
Claro, nunca guardo mucho dinero en casa...
¿Le importa darme lo que tenga?
Un momento. Echaré un vistazo.
Esto es todo lo que tengo. 10 y 5 son 15 dólares.
Le diré que le dará el resto el lunes.
- El lunes, claro. - Asegúrese de venir.
- Ahí estaré. - Jake, ¿qué hace con mi dinero?
- Rozelia... - ¿Qué hace con mi dinero?
- ¿Sabes quién es? La Srta. Pinky. - Me da igual.
- Pues es mi dinero. - ¡Suélteme!
Qué humos. Suelte ese dinero.
La abriré en canal si no me da mi dinero.
¿Qué ocurre?
- ¿Qué ocurre aquí? - Nada, capitán.
- Todo está bien. - ¿La estaban molestando?
Súbete el vestido.
- Tiene un cuchillo, jefe. - Quítaselo.
Bueno, menos mal que vinimos.
¿Qué problema había, señorita?
- No quiero presentar cargos. - Un momento, por favor.
Supongo que es una forastera aquí...
pero este tipo, Jake... ¿la molestó de alguna forma?
No.
Y la muchacha... ¿Y ella qué, señorita?
Si la amenazó, queremos saberlo.
- O si la trató con descaro... - Cállate.
Disculpe, pero, ¿por qué la tratan de señorita?
No es más que una sucia muchacha de color.
- Intentó robarme a mi hombre. - ¡Dígale que pare!
Ya oyó lo que dijo. Tiene que golpearla, a menos que sea cierto.
Sí, es cierto. Soy una persona de color. Mi abuela es la Sra. Dicey Johnson.
¡La Sra. Dicey Johnson! Las debería abofetear a las dos.
No, espera.
Bien... creo que me iré.
No irás a ningún lado hasta que te lo diga. Sube al auto.
- ¿Estoy arrestada? - ¿Tú qué crees?
- ¿Acusada de qué? - Ya me oíste. ¡Sube al auto!
No se preocupe, yo solucionaré esto. Conozco al juez.
Yo me encargo de esto.
Parecía un altercado y la registré.
Le quité este cuchillo, juez Walker. Lo llevaba en su liga.
- Así que los arresté a todos. - ¿Es su cuchillo?
Ella lo empezó todo llevándose mi dinero.
Ya es suficiente. ¿Encontró algo en la otra?
No la registré.
- No lleva nada, juez. - Tuvo tiempo de sobra para tirarlo...
- Podría enviarla a la cárcel por esto. - Sí.
Y lo haré si vuelvo a oír una palabra más...
sobre un cuchillo, una navaja o cualquier otro problema.
- ¿Queda claro? - Sí.
- Ahora, váyase. - Gracias, señor.
- En cuanto a ti, Jake... - Sí, señor. Yo...
Ésta no es la primera vez. No toques el dinero de los demás.
No, señor. Nunca le he quitado un centavo a nadie.
Ya es suficiente. Esta vez lo dejaré pasar.
- Gracias, juez Walker. - Pero la próxima vez será la última.
Sí, señor. Gracias.
Ahora tú, Pinky. Si Jake te debe dinero y no te lo paga, dímelo.
- Me encargaré de que te lo pague. - Gracias.
Recuerdo hace años, cuando murió tu madre.
Recuerdo cuando Dicey te envió a la escuela. Es una mujer buena.
Siempre tuve una gran opinión de ella y quiero tenerla de su nieta.
No hice nada. Le estoy diciendo la verdad.
- No digo que no, pero... - Como soy de color, no me cree.
Es eso, ¿verdad?
¿Cómo te fue en el norte?
Me gradué y luego estudié tres años para ser enfermera.
Ah, no lo sabía. ¿Lo hiciste todo con lo que te enviaba Dicey?
Sí. Conseguí becas, trabajé, fui camarera. Me las arreglé.
Qué bien. Eso está muy bien.
Razón de más para que tu abuela pueda seguir estando orgullosa de ti.
Has tenido privilegios que no tienen muchos de tu raza...
gente como Jake y Rozelia, por ejemplo.
Intenta no meterte en problemas. Eso es todo.
Gracias, señor.
- ¿Sí, abuelita? - ¿Por qué no intentas...?
- ¿Vas a algún lado? - Sólo a dar un paseo.
- Buenas noches, hermana Johnson. - Entra, Jake.
Y no me sorprendas de esa forma.
Le dije a la Srta. Pinky que vendría y aquí estoy. Soy un hombre de palabra.
Bien. Pinky me dio los $15 y me dijo que vendrías a darme el resto.
Supongo que estaba un poco enojada después del incidente.
- ¿Incidente? ¿Qué incidente? - Nada.
- Trabaja hasta muy tarde. - Supongo que moriré...
de pie y con la plancha en la mano, si Dios lo quiere.
Es muy trabajadora. Sí, señor.
- Siempre admiré a la gente trabajadora. - Mira quién habla.
Hay diferentes clases de trabajo. Yo trabajo sobre todo con el cerebro.
Te pesará mucho la cabeza si trabajas demasiado con el cerebro.
Así es como se asciende en este mundo.
Jake dejará de ser la leche descremada. Será la crema que está arriba del todo.
- La crema tiene que subir primero. - ¿Adónde va?
Tengo que llevarle la ropa a la Srta. Em.
- Dame eso. - ¿No quiere que se lo lea?
- Devuélvemelo, he dicho. Es mío. - Ya lo veo.
¡Dame esa carta!
Nadie leerá esta carta.
La quemó, ¿eh? No conseguirá nada con eso.
Algo me dice que una carta como ésa tiene una sombra que le sigue.
- ¿Tú crees? - Va a venir, como sombra que le sigue.
Claro que, yo puedo detenerlo. Tengo su nombre y dirección en mi cabeza.
¿No le dije que trabajaba con el cerebro? Puedo escribirle una carta.
Nunca he visto a un hombre de color escribir de esa forma.
Dos sellos y su nombre y dirección, con "Dr." delante de su nombre.
- Eso significa "doctor". - ¿Crees que eso estaría bien?
No quiere perder a la Srta. Pinky, ¿verdad? Le enviaré un telegrama.
Eso le detendrá así...
No se preocupe, hermana. Jake se encargará de todo.
Claro que, los telegramas cuestan dinero...
y me gusta hacer las cosas de manera profesional.
Lo restaremos de lo que le debo.
- Buenas noches. ¿Podemos llevarla? - No, gracias.
Disculpe, señorita. Seguro que no es de por aquí.
No podemos dejar que una blanca camine sola por esta zona de negros.
- Vivo en esta zona. - ¿Cómo?
He dicho que vivo aquí. Ahora, déjenme en paz.
- ¿Vive aquí? ¿Qué te parece? - ¿Quién lo hubiera imaginado?
- Es la negra más blanca que he visto. - Mira cómo corre ese conejito.
- ¿Vamos por ella? - ¡Vamos!
No te vamos a lastimar, nena. No tengas miedo.
No te lastimaremos. Sólo queremos divertirnos un poco, nena.
Tranquila. Ven aquí, preciosa.
¡No! ¡Alto!
¡Por favor! ¡No! No.
Qué cuerpo tiene.
A ver tu cara, nena. Levanta esa cara.
Ay, eres hermosa. Eres hermosa. Eres muy hermosa.
¿Qué ocurre, nena? ¿Quieres un trago?
Al, dame la botella.
- ¡Regresa aquí, muchacha! - Deja que se vaya.
- ¿Abuelita? - Sí.
- ¿Por qué cerraste con llave? - Abuelita, ¿qué ocurre?
- ¿Qué sucede? Dímelo. - Es la Srta. Em, querida.
- ¿Qué le ocurre? - El Dr. Joe dice que es su corazón.
Su corazón le falló. Ocurrió mientras metía la ropa en el armario.
Estaba hablando con ella cuando se mareó.
Así que fui corriendo a la esquina lo más aprisa que pude y llamé al Dr. Joe.
Me recogió cuando regresaba. Vino así de rápido.
- ¿Su corazón? ¿Qué edad tiene? - Tiene un año o dos más que yo.
Claro que, nunca lo reconoció.
Señor, esperaba que me llevaras a mí contigo antes que a la Srta. Em.
Eso esperaba. Hágase tu voluntad.
Todos tenemos que morir, abuelita.
Tienes razón, pero lo menos que podemos hacer es que no sufran al morir.
Cuánto me alegro de que estés aquí. Parece que el Señor te envió.
- ¿A mí? - "Dr. Joe", le dije, "no se preocupe".
Cómo me enorgullecí de decírselo. Le dije: "No se preocupe, señor.
Mi Pinky está aquí y es una buena enfermera".
Así que está ahí esperándote.
- ¿Le dijiste que la atendería? - Claro, cariño.
El Dr. Joe dice que todo depende de que sea bien atendida.
Necesita a una enfermera licenciada, pero no encuentra a ninguna...
por ningún lado... aunque la Srta. Em tuviera dinero, que no lo tiene.
Pues dile que siga buscando. No me interesa.
- Pero morirá. - Que muera.
No quise decir eso, abuelita, pero intenta comprenderlo.
Sólo regresé aquí porque no tenía adónde ir.
Olvidé cómo era esto. Llevo fuera mucho tiempo.
He conocido otro tipo de vida. Me han tratado como un ser humano.
Intenta comprenderlo... como a una igual. ¿No ves que no puedo entrar en esa casa?
¿Acaso no he sufrido ya lo suficiente?
He trabajado muy duro para ofrecerte una educación...
y si al educarte te dejaron sin corazón...
todo por lo que he trabajado y me he matado estaba mal.
¡Escúchame! Irás a casa de la Srta. Em.
Vas a cuidar bien de ella, como la enfermera que eres...
¡o juro por la santa Biblia que te mataré de una paliza!
Sí, me voy. Jamás debí regresar.
Déjame ayudarte.
Está un poco arrugado, será mejor que lo planche...
antes de que lo empaques.
Y es bonito. Tendrás que estudiar mucho para aprender a ser una enfermera.
El curso dura 3 años, como sabes.
- La Srta. Em no estudió nada. - ¿Por qué debería?
La gente como ella nunca aprende nada útil.
Eso no le impidió atenderme cuando me moría de una pulmonía.
¿La Srta. Em te atendió? Eso me gustaría verlo.
¿Dónde has estado, hija mía? ¿Qué cosas te enseñan en el norte?
¿Me he matado a trabajar para que te conviertas en una indeseable?
Sí, Pinky. La Srta. Em me atendió. Si no me crees, pregúntaselo al Dr. Joe.
La Srta. Em vivía aquí. Dormía en tu cuarto.
Cocinaba para mí, me daba de comer con una cuchara y me lavaba el cuerpo.
Incluso vaciaba mi orinal como si fuera mi sirvienta.
Ahora, está a punto de morir...
y mi propia nieta no tiene el corazón para ayudarla.
- Doctor. - Ah, sí. Gracias por venir.
Está bastante débil.
Está sedada ahora mismo.
No la molestará.
Ah, sí, Pinky, ¿verdad? Una enfermera, claro.
Tu abuela me habló mucho de ti, pero no sabía que...
Bueno, te anoté algunas cosas aquí.
No podemos hacer mucho ahora mismo.
Ha llegado a una edad en la que el corazón está cansado.
Si sufre otro infarto... ¿Has inyectado a alguien alguna vez?
- Soy una enfermera licenciada. - Sí, claro.
Me alegro de dejar a la Srta. Em en manos de una enfermera licenciada.
No hay un teléfono en esta casa y es difícil dar conmigo...
así que tendrás que usar tu buen juicio.
Lo comprendo, doctor. Su sombrero.
Aquí está. Gracias.
Ya sabes que la Srta. Em no tiene dinero para pagar a una enfermera licenciada.
- ¿O no lo sabes? - Lo sé, doctor.
Quizá algunas de sus antiguas alumnas puedan pagarte algo.
- La mayoría aún viven... - No lo hago por dinero.
Lo hago por mi abuela.
- Bien, vendré mañana por la tarde. - Buenas noches, doctor.
- ¿Quién eres? - Soy su enfermera.
La hija de Dicey. Eres Pinky, ¿verdad?
- Sí. - ¿Por qué no me lo dijiste?
Ven aquí y déjame verte.
No te llamabas Pinky cuando estabas en el norte, ¿verdad?
- No. - Habla más alto. ¿Qué nombre usabas?
Patricia.
Pinky es mejor.
- ¿Qué haces? - El Dr. McGill le dejó unas píldoras.
No creerás que me tomaré esos sedantes estúpidos de Joe McGill.
Le aliviarán el dolor, Srta. Em. Siente dolor.
Claro que siento dolor. ¿Qué crees? ¿Qué una está extasiada al morir?
- ¿Qué tengo en los pies? - Una bolsa de agua caliente.
- Tenía los pies fríos. - Llévatela, no la quiero.
Un ladrillo es mucho mejor. Ahí en la chimenea.
Ponlo sobre las brasas.
Ve al armario. Abre la puerta.
Mira en el segundo estante. Verás una manta para cubrir el ladrillo.
¡Saca tus manos de ahí! Dije que en el segundo estante.
Srta. Em, no soy deshonesta, si es lo que insinúa.
Es más, no necesito... ¿Srta. Em?
¡Váyanse! No los quiero ver por aquí hasta mañana.
- ¿Eres tú, Pinky? - Sí, abuelita.
¿La Srta. Em...?
No, está mejor.
Alabado sea el Señor.
El Dr. Joe está con ella. Me dijo que descansara un poco.
Tú tienes que cuidarla el resto de la tarde.
- Entonces duerme, cariño. - No tengo sueño.
¿Qué haces con mi ropa?
Ya que estás tan ocupada, pensé desempacar tu maleta.
Déjala donde estaba. Estará empacada hasta que me vaya.
Sólo es cuestión de un par de días, como mucho.
¿El Dr. Joe dijo eso? ¿Un par de días?
Lo puedo ver yo misma.
¡Por el amor de Dios! Sólo es una vieja antipática.
Lleva regañándome desde que se levantó esta mañana.
¿Eso hizo? Eso es bueno.
- ¿Qué tiene eso de bueno? - Entonces sí se siente mejor.
Cuanto mejor se siente la Srta. Em, más pendenciera es.
No hagas caso a lo que te diga, querida. No lo dice en serio.
Quiere ponerme en mi sitio y mantenerme ahí...
igual que ha hecho contigo todos estos años.
Hija mía, cuando eres amiga de alguien no existe eso de estar en tu sitio.
¿Hola? ¿Hay alguien en casa?
¿Srta. Johnson?
Disculpe. ¿Es la Srta. Pinky Johnson?
Sí, señor. ¿Me busca a mí?
- Soy el Dr. Canady, de Leesburg. - ¿Cómo está, doctor?
Mi esposa y yo oímos que estaba aquí. Queremos invitarla a cenar.
Sólo díganos cuándo, cualquier noche que le venga bien.
Ahora mismo atiendo a una paciente y después, me iré.
Entonces cuando regrese. Tenerla aquí es lo mejor que ha ocurrido en mucho tiempo.
Tenemos a chicas en Leesburg que terminaron la secundaria...
sin ninguna posibilidad de ser enfermeras.
Con su ayuda, tendremos una escuela para enfermeras.
Lo siento, pero es imposible. Verá...
Disculpe. ¿Cómo están Ud. Y su familia, doctor?
- Muy bien. Gracias, tía Dicey. - Verá, yo...
No tengo pensado regresar.
Entiendo. Nunca he ido al norte. Estudié medicina en Meharry.
Tenía ganas de ir, por supuesto, pero creí que me necesitaban aquí.
Estas muchachas de las que le hablo, será duro decepcionarlas.
Lo siento, pero ya lo he decidido.
Bueno, pues buena suerte, Srta. Johnson.
Limpia las patas.
Cuidado con el candelabro.
Mi bisabuelo lo compró cuando vendieron las cosas de Thomas Jefferson.
Las cosas. Duran más que las personas.
Estos muebles fueron fabricados para Henry Clay si lo elegían...
pero los votantes no le votaron y mi abuelo lo compró en una subasta.
Mira lo que hiciste. Mi mejor broche.
Bueno, ya lo miraste lo suficiente.
- ¿Qué te parece? - Es muy bonito, Srta. Em.
Déjate de evasivas. Dime la verdad. ¿Qué te parece?
Es una de esas buenas imitaciones que cuestan un dólar en las tiendas.
98 centavos. Cualquier tonto lo sabría.
Ahora, limpia el polvo de la mesa y tráeme una jarra de agua.
Srta. Em, ya hice eso y lo sabe.
- No seas insolente. - No es una insolencia decir la verdad.
Soy una enfermera licenciada y no me hablará de esa forma.
Si no te gusta estar aquí, ¿por qué viniste?
Porque mi abuela me dijo que me mataría de una paliza.
¡Esa Dicey! Es única. ¿De veras dijo eso?
Ésa es la clase de respuesta que quería oír, ¿verdad?
No. Prefiero la verdad.
Olvidaste la pantalla de la chimenea.
No te enojes tanto, pronto estaré muerta...
y podrás irte al norte otra vez.
¿Dejarás de ser enfermera cuando regreses al norte?
Ser enfermera es mi profesión.
En algunos lugares, a las enfermeras se las trata con respeto.
No mereces ser respetada si finges ser algo que no eres.
Cómo vivo mi vida es asunto mío, Srta. Em.
Claro que sí. No concierne a tu esposo ni... a tus hijos.
Puedes irte, Pinky. Estaré bien hasta que llegue tu abuela.
No puede decir que me vaya de esa forma...
como hizo cuando era una niña y me echó de su jardín.
Ah, lo recuerdas.
Sí, perfectamente.
¿Quiere que me quede aquí y viva esta vida si no tengo que hacerlo?
Sólo demuestra que eres honesta, como finges ser.
Estés donde estés, sé tú misma.
Entonces, ¿qué soy? Dígamelo Ud.
Uds. Los blancos fijan las normas.
Uds. Juzgan a las personas por el color de su piel.
Pues según sus normas, las únicas que les importan, soy tan blanca como Uds.
Por eso me odian todos. ¿Qué debo hacer? ¿Teñirme la cara?
¿Qué implore y me arrastre? ¿Decir "sí, señora" y "no, señora"?
¿Qué me case con alguien como Jake Waters? ¿Qué lleve una cuchilla en mis medias?
Nadie te odia, Pinky.
No te quedes ahí de pie. Cuando salgas de la habitación, sal aprisa.
Odio la parsimonia.
¡Pat!
Si sólo supieras por lo que pasé para encontrarte.
¿Qué ocurre? ¿Por qué te fuiste de esa forma?
¿Cómo me encontraste?
Conseguí tu antigua dirección en la escuela de monjas...
y luego me llegó un telegrama muy raro con el nombre "Pinky Johnson".
- ¿Por qué "Pinky"? - No te envié ningún telegrama.
Vamos, ven a la casa.
¿Qué ocurre? Veo que estás trabajando, pero, ¿por qué aquí?
¿Por qué no querías que lo supiera? ¿Trabajas para una organización benéfica?
No. Vivo aquí.
¿Es por eso?
¿Te daba vergüenza decirme que vivías en un lugar así?
Siempre me pregunté por qué nunca hablabas de tu hogar y tu familia...
¿No sabes quién vive en una casa así?
Entra.
Ven aquí, Tom.
Hay una mujer vieja de color que no sabe leer ni escribir...
una lavandera a la que llaman tía Dicey.
Ése es el canasto en el que lleva la ropa. Ésa es la mesa de planchar que usa.
Y ésas son las planchas pesadas que caliente con esa vieja estufa.
Año tras año, ha lavado y planchado...
y llevado la ropa lavada a la puerta trasera de la gente...
con lluvia y con frío, y con el calor del verano.
Ahorró su dinero y vivió de las sobras que le daba la gente blanca.
¿Por qué? Por mí. Para poder enviarme a la escuela...
para convertirme en una enfermera.
Para que su nieta no tuviera la vida que tuvo que soportar ella.
- ¿Su nieta? - Sí, su nieta.
Yo.
Ahora ya lo comprendes.
- Pat... - Me llamo Pinky.
Ya viene. ¡Tom, por favor, vete!
- No quiero que te vea aquí. - Tengo un auto, daremos un paseo...
No hasta que me cuentes toda la historia. Tengo derecho a saberla. Vamos.
Y luego, aquel día en el hospital, te conocí.
Al principio, intenté ignorarte. Incluso fui grosera. Es cierto, ¿verdad?
¿Te acuerdas? Pero no te rendiste.
Luego pensé que podía arriesgarme a verte, a estar contigo.
Nunca me había enamorado.
Nunca pensé que sería algo serio.
Cuando vi que lo era, me envalentoné... con tu amor.
Creí que lo podía tener todo. Durante varias semanas lo creí.
Hasta que quisiste casarte inmediatamente.
¿Te acuerdas? Dijiste que tendría que decidirme en algún momento.
Y entonces me di cuenta de cuál tendría que ser mi decisión.
- Así que huí. - Pobre Pat...
No quiero que te compadezcas de mí. Y no me digas que no importa.
- No lo soportaría. - No te mentiré. Claro que importa.
Nos crea... problemas. Problemas importantes.
- Afrontémoslos como personas racionales. - ¡Racionales!
¿Qué tienen de racional los prejuicios?
No creo que tenga prejuicios. Soy médico...
y espero que científico suficiente para no creer...
en el mito de las razas superiores e inferiores.
Pero no es tan sencillo.
Nunca sabes lo que sientes verdaderamente por dentro.
Quiero estar completamente seguro de que no existe nada así adentro de mí.
Sería tan fácil herirte, Pat.
En este caso, demasiado cariño se podría malinterpretar...
y podría doler más que la crueldad.
Un hombre tiene derecho a regañar a su esposa...
de vez en cuando sin que ella le malinterprete.
Por eso no me dejé llevar por mis impulsos cuando me lo dijiste.
Quería analizarme a mí mismo un poco más...
hasta estar seguro.
- ¿Qué quieres decir? - Tengo dos pasajes...
para el vuelo al norte desde Birmingham esta noche.
No lo sé.
No lo sé.
- El tren sale dentro de una hora. - Espera, espera.
- Cariño, te quiero. - Tom, no podemos... Espera.
- No puedo contenerme, aunque quisiera. - No lo sé...
Eso es lo que importa. Resolveremos lo otro. Será nuestro secreto.
Nadie más lo sabrá.
Toma.
- Vamos, recogeremos tus cosas. - No puedo irme ahora.
- ¿Por qué no? - Atiendo a alguien.
- Que contraten a otra. - No es sólo una paciente, es una deuda.
- ¿Ésa es la verdadera razón? - Lo juro. Estoy harta de huir.
¿Estás siendo honesta? ¿Vendrás en cuanto puedas?
Te enviaré un telegrama y tomaré el primer tren.
Si no lo haces, vendré aquí a averiguar por qué.
¡Lo haré!
- George, conduces demasiado aprisa. - Sí, señora.
Apaga el motor.
Ya era hora.
Ah, así que eres tú.
Oí que tenías la piel clara, pero no tenía ni idea...
Eres prácticamente blanca.
- ¿Qué desea, señora? - Vengo a ver a la Srta. Emma.
Lo siento, no puede recibir visitas.
- Soy su prima, la Sra. Wooley. - Ah, sí, Sra. Wooley.
Si espera aquí, iré a ver si la Srta. Em puede recibirla.
- ¿Cómo está? - Está mejorando.
¿Quiere sentarse, por favor?
- Srta. Em, me temo... - Lo sé, que suba.
- Pero no me dejes sola con ella. - Querrá estar a solas con Ud.
- Pues yo no quiero. - ¿Cómo está mi querida prima Em?
Pues subiré a averiguarlo.
Siéntate en esa silla.
Si toco la campana dile que necesito un enema. Deshazte de ella.
- Le preparé el almuerzo... - Haz lo que te digo.
- Sra. Wooley, la Srta. Em la recibirá ahora. - Lo sé, tengo oídos.
Prima Em, ¿cómo enfermas de esta forma?
Cuando una tiene 80 años, enfermar es normal. Siéntate.
¡Vamos, no seas mala! Yo digo que 80 años no es nada.
Yo no digo eso. Soy vieja y no le restaré importancia.
Hay que vivir mucho para cumplirlos y tener mucho aguante.
- ¡80 años no es nada! - Sí, prima Em. Claro.
- Puedes irte. Yo me quedaré con ella. - Quédate, Pinky.
Es una enfermera licenciada. La quiero ahí por si me mareo.
Dime, querida. ¿Te están atendiendo bien?
- ¿Qué puedo hacer por ti? - Nada.
Jeffers y yo estábamos de vacaciones y no nos enteramos hasta ayer.
Le dije anoche: "Iré a ver a la prima Em mañana, por muy ocupada que esté.
Necesito saber si tiene todo lo que necesita".
Y Jeffers me dijo: "Melba, es típico de ti.
No descansas hasta saber que has cumplido con tu deber.
Si puedes alegrar un poco la vida de esa pobre..."
¿Prima Em?
Está durmiendo.
- ¿O está sedada? - Sólo cansada. Ha estado muy enferma.
Bueno, me quedaré aquí sentada hasta que despierte.
Pinky, creo que olvidé decirle a George que pusiera el freno de mano.
Baja y asegúrate de que esté puesto.
- Prima Em... - Nunca duermo y no estoy sedada.
- ¡Cielos, es más blanca que yo! - Y más hermosa.
Me da escalofríos.
En serio, necesito hablar contigo a solas. Es importante.
Vine a prevenirte sobre Pinky.
- Mi criada, Rozelia, sabe cosas sobre ella. - Vamos, Melba.
No ensuciarás mis oídos con chismes de la cocina.
Podría estar robándote todo lo que tienes mientras estás aquí en la cama.
Creo que dejé mi broche ahí sobre la cómoda.
- Mira si sigue ahí. - Por supuesto.
¡Por supuesto que miraré! A eso me refería precisamente.
- ¿Es éste? - Sí.
Gracias a Dios. Sigue aquí.
Sra. Wooley, George dice que el freno de mano está puesto.
- ¿Qué te parece el broche? - ¿Eh?
Es precioso, prima Em. ¡Valiosísimo! Una verdadera antigüedad.
- ¿Por qué lo preguntas? - Sé que te gustan las joyas.
Sólo quería estar segura. Estoy pensando en hacer mi testamento.
Prima Em, no debes pensar en esas cosas.
Tampoco es que tengas muchos parientes. Jeffers y yo somos los únicos que tienes.
Y sé cómo quieres que las cosas sigan en la familia.
¡Qué ideas tienes, hacer tu testamento! Vivirás muchos años más, querida.
Pinky es enfermera. Estudió en uno de los mejores hospitales del norte.
Se lo preguntaremos a ella. ¿Crees que debería hacer mi testamento?
Si quiere hacer su testamento, ahora es un buen momento para hacerlo.
Ahí tienes, Melba. La opinión de una enfermera.
Muy razonable... sobre todo, porque concuerda con la mía.
Lo siento, Sra. Wooley. La Srta. Em debe descansar.
Yo no veo que esté cansada y aún no he terminado mi visita, ¿verdad?
No me siento del todo bien. Quizá me dé otro patatús.
- ¿Patatús? - Así es como empieza.
Y pierdo la cabeza por completo.
Bueno, en ese caso, supongo que será mejor que me vaya.
¿Te vas? Pero regresarás, ¿verdad?
Sí, querida. Vendré la semana que viene. Desde luego que sí.
Y olvida esa bobada de hacer tu testamento, niña traviesa.
¡Déjate de bobadas!
¡Basta! No permitiré que te rías de mis parientes.
Lo siento, Srta. Em. No es una parienta sanguínea, ¿verdad?
Está casada con mi primo Jeffers Wooley. Es mi primo segundo.
Casi lo desheredan de la familia cuando se casó con ella.
Jeffers nunca fue muy listo.
Su padre quería que estudiara abogacía. No era lo suficientemente inteligente.
Se hizo agente de seguros. Intentó venderme una póliza.
Un seguro de vida, lo llamaba. Le pregunté si me garantizaría...
que viviría un día más de lo que me permitiera el Señor.
Me dijo que no, así que le dije: "Entonces llámalo un seguro de muerte.
Debería darte vergüenza mencionárselo a una parienta tuya".
¿Por qué estás ahí de pie?
¿Quiere té o leche con el almuerzo?
- Café. - Srta. Em, el médico dijo...
He dicho café, y que sea fuerte.
Sí, Srta. Em.
Y, Pinky, cuando traigas la bandeja...
tráeme papel, una pluma y tinta.
Cuando laves los platos, tómate el resto de la tarde libre.
No quiero dejarla sola, Srta. Em.
- Entonces envía a Dicey. - No puede quedarse mucho tiempo.
Esta tarde lleva la ropa lavada al pueblo.
No discutas. Haz lo que te digo. No te quiero aquí hasta las 5:00.
- Sí, Srta. Em. - Y que el café sea fuerte.
- Lo quiero bien espeso. - Sí, Srta. Em.
¡Srta. Em!
- ¡Srta. Em! - ¿Por qué estoy en la cama?
- Creí que estaba sentada en una silla. - Sufrió otro ataque.
Estuvo levantada y haciendo esfuerzos.
¿A quién le importa si hago esfuerzos?
A nadie si quiere acortar su vida.
- Recuéstala. - No, ponme derecha.
Tráeme unas almohadas.
No me quedaré echada hasta que esté muerta.
- Lo cual ocurrirá bien pronto. - Déjala que haga lo que quiera.
Es todo lo que siempre he querido... hacer lo que quiero.
Tenga, abra la boca.
- ¿Qué es eso? ¿Un sedante? - Abra la boca.
Quiero agua fresca. La tengo atascada en la garganta.
No, he dicho que agua fresca.
Cierra la puerta al salir. Hay corriente.
No quiero que esa muchacha sepa mis cosas.
Ahora, vaya ahí y mire en el segundo estante. El libro.
Al otro extremo. Ahí.
Ahora, abra el libro. Hay un sobre adentro.
Agarre el sobre y tráigalo aquí.
Es mi testamento y quiero que lo atestigüe.
- Claro, por supuesto. - No necesita leerlo.
- Sólo quiero que lo firme. - Tenga.
Tendrá que firmarlo otra vez en mi presencia.
- ¿Conoce mi firma? - Fírmelo de nuevo, por favor.
Estas cosas deben hacerse legalmente.
Los abogados tienen más formulismos tontos que los médicos.
Ya está. Ahora vuelva a meterlo en el sobre.
Y ciérrelo.
Guárdelo.
¿Quién será el albacea testamentario?
- Usted. - ¿Yo?
- ¿El juez Walker no es su abogado? - Se va a retirar. ¿Ud. No es mi amigo?
Olvídalo. No lo necesito, ya me lo tragué.
No pensarás que voy a morirme ahora mismo.
Estaré levantada para recibir a mis alumnas después de las vacaciones.
Mi escuela...
¿Qué harán las muchachas si estoy en la cama?
No se preocupe. Dentro de unos días estará levantada.
Ahora intente dormir.
Una gran mujer. De la vieja escuela.
Nunca ha tenido miedo a decir lo que piensa ni a defender...
Lo que ella piensa que es justo.
- ¿Cuánto tiempo, doctor? - No lo sé.
Tiene una vitalidad extraordinaria, pero el último ataque...
Tal vez una semana. Tal vez sólo unas horas.
¿No hay nada que...?
Vamos, hiciste un buen trabajo.
Yo diría que incluso un trabajo abnegado.
Vendré mañana a primera hora.
- Buenas noches. - Buenas noches, doctor.
"Tienda de Tejidos"
20 céntimos, por favor.
- ¿Desea algo, señorita? - Sí. ¿Tienen velos de luto?
Por aquí, señorita.
Éstos son los de mejor calidad que tenemos. $2.98.
Son los últimos que nos quedan.
Sí, éste está bien. Me lo llevaré.
Supongo que va al funeral de la Srta. Em.
- Dicen que tenía muchos amigos. - Srta. Viola, venga a atenderme.
Lo siento, Sra. Wooley. Un segundo, enseguida voy.
- ¿Dónde está el Sr. Goolby? - Por favor, señora.
- Estoy atendiendo a alguien. - ¡Sr. Goolby!
Sólo tengo que envolver esto y devolverle el cambio.
Sí, Sra. Wooley. ¿Qué puedo hacer por Ud.?
¿Desde cuándo atienden antes a las negras que a la gente blanca?
Vaya, yo... Lo siento, Sra. Wooley.
Seguro que la Srta. Viola no la vio. ¿Srta. Viola?
- Lo siento, Sra. Wooley. - Más vale.
Bien, Sr. Goolby, se lo repetiré: ¿desde cuándo...?
¿En qué está interesada esta mañana? Tenemos unos paños nuevos.
- También tenemos... - ¿Qué es eso?
Es el dinero. El dinero que me dio. 5 dólares.
- ¿Es el dinero de la Srta. Em? - No, Sra. Wooley.
¿Te importa decirme de dónde lo conseguiste?
No tengo ganas de decirle de dónde lo conseguí, Sra. Wooley.
Pues es todo lo que conseguirás, eso tenlo por seguro.
Anótelo a mi cuenta.
¿Qué ocurre?
Me llevaré el velo, Sr. Goolby...
a menos que no le venda a la gente de color.
Soy un vendedor y su dinero es tan válido como el de cualquiera si es dinero honesto.
Es dinero honesto. Lo ganó mi abuela...
con un trabajo más duro que vendiendo artículos en una tienda.
¿Desea venderme el velo?
4.98.
Muy bien, Sr. Goolby. Déme mi cambio, por favor.
¿Cuándo tienes pensado irte, cariño?
Por la mañana. Hay un tren a las 9:00.
Entonces, en ese caso, esta noche te cocinaré una buena cena caliente.
Abuelita, no te tomes la molestia. No quiero...
- Hola, tía Dicey. - Hola, Dr. Joe.
- Hola, Pinky. - Tenga, siéntese.
- ¿Hay alguien enfermo por aquí? - No, nadie.
Les traigo noticias y cuanto antes lo sepan, mejor.
Es una copia del testamento de la Srta. Em.
Le dejó los libros de Derecho de su padre a su primo, el Sr. Wooley.
Y los retratos de familia, también.
Y sus joyas a la Sra. Wooley.
Muy bien, porque a la Sra. Wooley le encantan todos esos adornos.
"A mi leal sirvienta y amiga de color, Dicey Johnson...
le dejo toda la ropa personal que poseía al morir".
Que Dios la bendiga. Creo que compraba sus zapatos una talla más grande...
porque cuando eran de su talla, a mí me apretaban.
Y me enorgullezco mucho de tener su ropa.
La Srta. Em te dejó su casa, Pinky, y todo lo que contiene.
Y las tierras también... unos 20 acres.
"El resto de mi patrimonio se lo lego...
a la nieta de la anteriormente mencionada Dicey Johnson, Pinky.
Este legado expresa mi gran estima por ella...
y mi confianza en el uso que hará de la propiedad".
- ¿Eso dice ese papel? - Ten, léelo tú misma.
¿Eso dice de verdad, Dr. Joe?
Eso es lo que escribió.
Pero yo en tu lugar, no lo daría por seguro aún.
Verás, los Wooley... la Sra. Wooley en particular...
esperaba heredar todo eso.
Oí que ya contrataron a un abogado.
¿Lo van a impugnar? ¿Basándose en qué?
Influencia excesiva, supongo.
Cuestionarán la cordura de la Srta. Em. Ese tipo de cosas.
Ya están corriendo los rumores.
Por eso la Sra. Wooley y esos hombres del pueblo...
¿No cree Ud. Que la Srta. Em estaba cuerda?
Que yo sepa, sí.
La última noche, estaba un poco confundida...
pero eso es normal.
Quédatelo, si quieres echarle otro vistazo.
Pero yo no contaría con recibirlo.
Será mejor esperar y ver.
No sé cómo se lo tomará la gente de por aquí.
Me pregunto por qué lo hizo.
¿No vas a terminar tu pollo frito?
Lo siento, abuelita.
Me pregunto por qué lo hizo.
Bueno, la Srta. Em te tomó muchísimo cariño.
Pero debió saber que era una equivocación.
Pinky, he vivido mucho tiempo, el suficiente tiempo para saber...
que si es algo que los blancos no quieren que tengas...
o es algo que quieren para sí mismos, será mejor que lo olvides.
Pero ella quiso que fuera mío.
"...expresa mi gran estima por ella...
y mi confianza en el uso que hará de la propiedad".
- ¿Qué quiso decir? - Eso no significa nada para los blancos.
Además, vas a regresar al norte, así que...
Buenas noches, hermana Johnson. Buenas noches, Srta. Pinky.
Hola, Jake.
Pasaba por aquí y pensé venir a saludar.
Srta. Pinky, oí que heredó una propiedad.
- ¿Qué más oyó? - Los blancos están diciendo...
que tenía a la Srta. Em drogada todo el tiempo.
Dicen que perdió el juicio y que la obligó a escribir ese testamento.
- Eso es una tontería y lo saben. - Eso no lo sé, pero habrá problemas.
Yo en su lugar, Srta. Pinky, no saldría de la casa.
- Se irá por la mañana. - ¿Regresa al norte?
- Sí. - Eso está bien.
Eso está muy bien.
Entonces la Sra. Wooley heredará la propiedad por incomparecencia.
Y todos contentos.
- ¿Eso dice la ley? - ¿Por incomparecencia?
A menos que consiga a un abogado que presente una contestación.
Yo he tenido mis escarceos con la ley, pero no soy un licenciado.
Pero aunque fuera licenciado, no aceptaría su caso...
ni por una pila de billetes de $100 así de alta.
Tengo una casa linda sin seguro contra incendios.
Me alegra que quisiera ser razonable.
Porque si no, iba a salir del estado...
e irme a pescar 3 ó 4 semanas.
¿Qué ocurre? ¿Qué ocurre, hija mía?
Pinky, dímelo. ¿Qué tienes pensado hacer?
Me quedaré un tiempo, hasta aclarar esta cuestión.
La Srta. Em quiso que la casa fuera mía y no renunciaré a ella...
para contentar a la Sra. Wooley... ni a nadie.
Abuelita.
- No puedo, sabes que voy a retirarme. - Como juez, así podrá aceptar mi caso.
No quiero involucrarme en todo esto.
Los ánimos están caldeados. Corren rumores sobre ti y la Srta. Em.
- No son ciertos. - Posiblemente, pero...
Quizá puedan llegar a un acuerdo extrajudicial.
- La Sra. Wooley será generosa. - ¿Con mi propiedad?
- Eso lo decidirá el tribunal. - No llegará a los tribunales.
A menos que consiga a un abogado.
Pero no quieres a un abogado que crea que el testamento fue una equivocación.
De acuerdo. Adiós.
Juez Walker, la Srta. Em era amiga suya de toda la vida.
Si el testamento fue un error o no, ella querría...
que ayudara a que se cumpliera su voluntad.
- Aceptaré tu caso. - Gracias, señor.
Por supuesto, le pagaré sus honorarios.
Tendrás que cubrir algunos gastos, pero no mis honorarios.
Soy un tonto aceptando tu caso...
pero si voy a enfrentarme a medio pueblo, lo haré con la conciencia tranquila.
Ven a verme mañana.
La Srta. Em era la dueña de esa propiedad y quiso dársela a la muchacha.
- Pero no se trata de eso. - ¿Dr. Joe?
- Vamos. Hasta luego, doctor. - Nos vemos.
Dr. Joe, ¿puede ayudarme a encontrar trabajo?
Sólo necesito unos cuantos días para cubrir las costas del juicio.
No puedo pedírselo a la abuelita.
Ha estado enferma últimamente, no ha podido trabajar.
Será mejor que lo aceptes, Pinky.
Es imposible que te consiga un trabajo ahora mismo.
Tengo a mucha gente enojada conmigo...
culpándome a mí por haberte llevado a esa casa para empezar.
- Si no es mucho, puedo adelantarte... - Ay, no, doctor.
Gracias. Me las arreglaré.
Adiós.
"Avisos"
"Jeffers y Melba Wooley Contra Pinky Johnson, persona de color"
Hola.
¿Sí, abuelita?
Cariño, ven aquí. Abuelita.
Abuelita, éste es el Dr. Thomas Adams.
- ¿Cómo está? - Encantada de conocerlo, señor.
Supongo que tendrán cosas de las que hablar.
- ¿Por qué diablos haces esto? - Necesitaba dinero. Mi abuela está enferma.
- Pudiste pedírmelo. - No, Tom.
Esto es algo que debo hacer yo sola.
Sigo sin saber qué ocurre, o por qué crees...
que es más importante que nuestros planes.
Causaste un gran revuelo en el norte. En los periódicos negros sobre todo.
Te recorté algunos artículos.
Leí en uno de ellos que el juicio comenzará mañana.
Léelos.
"Heredera Negra Desafía Ley de Lynch".
Sí, vino un reportero aquí, pero no le dije nada.
"Negra Lucha Por Conservar..."
No tenía ni idea de que le darían tanta importancia.
¿Por qué seguir con esto? Aún puedes echarte atrás.
- El juicio es mañana. - Renuncia por incomparecencia.
No necesitamos la casa. Tengo de sobra para los dos.
- Sé razonable, empaca y larguémonos. - No puedo hacer eso, Tom.
¿Por una casa en ruinas y unos acres de tierra que no vale nada?
Si me echo atrás ahora le fallaré a la Srta. Em.
No puedo hacer eso, no puedo fallarle, no puedo fallarme a mí misma...
ni a mi gente.
- ¡No es tu gente, Pat! - ¿Qué?
No. Ya no serás Pinky Johnson cuando nos casemos.
Serás la Sra. De Thomas Adams el resto de tu vida.
Tom, uno puede cambiar de nombre, pero me pregunto...
si puedes cambiar lo que eres realmente por dentro.
¿Cuál es la razón detrás de todo esto? No me lo has dicho.
No lo sé. No quiero ser una heroína. Eso lo odio.
Sólo sé que no puedo rendirme.
Verás, intentan robar la propiedad.
Robársela tanto a la Srta. Em como a mí.
Seguramente, se saldrán con la suya.
Pero les obligaré a hacerlo públicamente...
en la sala de un tribunal, para que todos lo vean y lo oigan.
No será agradable. Mentirán. Intentarán humillarme.
Recurrirán a todos los trucos racistas.
Pero yo sólo...
De acuerdo, Pat. Estaré ahí. Lo comprendo.
También demostraremos, Su Señoría, que la demandada, Pinky Johnson...
mujer de color... tiene un carácter violento...
es una pendenciera, una alborotadora...
que es capaz de ejecutar el plan que le he descrito...
y tuvo todas las oportunidades posibles para hacerlo.
La fallecida estaba senil sin duda.
El hecho de que firmara su testamento dos veces es prueba de ello.
Fue influida en exceso por la demandada, como he señalado...
y estaba bajo los efectos de las drogas...
que le administró la demandada.
Es más, este testamento fue escrito en un momento...
en el que testigos fehacientes demostrarán...
que tenía perturbadas sus facultades mentales.
¿Puedo ver ese testamento otra vez?
En vista de esto, pedimos que el testamento sea ignorado...
y que la propiedad sea heredada por el pariente más cercano.
Le cedo la palabra, juez Walker.
Su Señoría.
Acepté defender a la demandada...
porque temía que estaba a punto de cometerse una injusticia.
Su Señoría, al parecer, mis temores resultaron ser justificados.
El abogado del demandante ha dejado claro...
que mi clienta será juzgada en efecto porque es negra...
y porque no se le debe permitir heredar a un negro en esta comunidad.
Es la dura realidad, pero la debemos afrontar.
Si bien muchos podemos criticar este legado...
ninguno que conociera a la Srta. Em... y la mayoría la conocíamos y queríamos...
podemos aceptar el argumento de que estaba loca.
No creo que el abogado de la demandante pueda demostrar...
que mi clienta ejerció una influencia excesiva.
Todos sabemos lo difícil que era influir en la Srta. Em en todos los sentidos.
No miremos demasiado lejos para encontrar el motivo de este legado.
Era una mujer orgullosa que no dejaba una sola deuda insatisfecha.
Ésta era una obligación real.
Recurrió al único medio que tenía para pagar los servicios de mi clienta...
a través de las disposiciones de su testamento.
Los deseos expresos de los muertos no deben ser ignorados...
para satisfacer la codicia o los prejuicios de los vivos.
Su Señoría, éste es un pueblo rural pequeño.
Siempre hemos pensado que lo que ocurre aquí es asunto nuestro.
Eso ya no es cierto, como tampoco es cierto...
que nuestro país en su totalidad pueda existir de manera aislada.
Lo que decidimos en nuestros tribunales y en casos como éste...
se ha convertido en algo importante a ojos de todo el mundo.
Examinemos nuestra conciencia, nuestra actitud y nuestras tradiciones.
Tengamos cuidado de que no digan que aquí...
no existe ni la ley ni la justicia.
Señoría, todos estamos ansiosos por resolver esto lo antes posible...
antes de que la temperatura en esta sala llegue al punto de ebullición.
Hay un solo testigo capacitado para testificar...
sobre la única cuestión que concierne a esta vista...
si la Srta. Em estaba cuerda y si hubo una influencia excesiva.
Por cierto, será el único testigo de la defensa.
Era el médico de la Srta. Em y la atendió constantemente antes de morir.
También era su confidente, atestiguó su testamento...
y es su albacea testamentario... el Dr. Joseph McGill.
Señoría, no estoy de acuerdo con la noción de mi estimado colega...
de lo que concierne y no concierne a esta vista.
Pero no tengo objeción alguna a que el Dr. McGill suba al estrado.
- Muy bien. Llamen al Dr. McGill. - ¿Crees que es...?
Deja que declare su testigo primero. Acabaremos con el nuestro.
El Dr. Joe no parece estar aquí.
Miren en el pasillo, a ver si está ahí.
- No está aquí, Su Señoría. - Bueno, en ese caso...
tendremos que seguir con los testigos del demandante.
- ¿Está listo, Sr. Stanley? - Sí, Su Señoría.
- Encuentra al Dr. Joe y tráelo. - Sí, juez Walker.
Dinero y un hombre es lo que creo que causó todo este problema.
Lo de siempre.
Las arrestamos a las dos, y al hombre por el que se peleaban.
El juez Walker oyó el caso. Eso es todo lo que sé.
Sí, dinero y un hombre.
Gracias. Su testigo.
Jefe Anderson, ¿cuál fue la multa o condena impuesta a mi clienta?
Vaya, sabe que no fue condenada.
Así que fue absuelta de todos los cargos, ¿correcto?
- Bueno, yo no diría eso exactamente. - ¿No?
Normalmente, siempre los deja en libertad con una advertencia, como con ella.
Ya sabe cómo es.
Si metiera en la cárcel a esos negros siempre...
Ya basta.
Su testimonio debe ser ignorado por ser totalmente irrelevante a esta causa.
- ¡Protesto! - Un momento.
Este tribunal es capaz de decidir cualquier cuestión de relevancia.
Petición denegada. Llamen al próximo testigo.
Pues, para empezar, en mi última visita...
esta muchacha no quería salir de la habitación.
Y vi que la prima Em no se atrevía a decirle que se retirara.
Luego la prima Em comenzó a hablar de hacer su testamento.
Intenté animarla, pero se volvió hacia Pinky...
y dijo: "¿Qué te parece?", como si no se atreviera a decidirlo sola...
y la prima Em nunca había sido así... ¡Nunca!
- ¿Qué dijo la muchacha? - Le dijo con todo el descaro del mundo...
que era el mejor momento para hacer su testamento.
- Eso es lo que le mencioné. - Una insolencia, sí.
Pero por la forma en que se lo dijo, también era una amenaza.
Menos mal que la prima Em tuvo una muerte natural en su lecho.
Creo que todos aquí comprenden lo que quiere decir, señora.
¿Algo en concreto le llamó la atención sobre su condición aquel día?
¡Ay, sí! Cerró los ojos mientras hablaba con ella.
Estaba aletargada. ¡Estaba drogada!
Y luego me dijo que sufría ataques...
y que no estaba en sus cabales la mitad del tiempo.
Pobrecita. Pobrecita.
Gracias, Sra. Wooley. Su testigo.
Sra. Wooley, ha declarado que el tono de mi clienta era amenazador.
La Srta. Em debió contestar algo si estaba siendo amenazada.
- ¿Cuáles fueron sus palabras? - No lo recuerdo, estaba drogada.
¿No dijo que la opinión de Pinky le parecía muy sensata...
porque estaba de acuerdo con ella?
¿Estaba ahí, juez Walker, o es lo que le dijo ella?
¿Oíste alguna vez algo parecido?
Conteste a la pregunta, por favor.
- ¿Eso no es lo que dijo la Srta. Em? - Lo recordaría si fuera así.
Sra. Wooley, ¿sabe cuál es la pena por cometer perjurio?
¡Protesto! Me opongo a este intento de intimidar a la testigo.
Ya contestó la pregunta. No lo recuerda.
Que mi rival deje de atribuirle a la fallecida algo que no dijo...
Calmen los ánimos, caballeros. Ya hace mucho calor de por sí.
¿Quiere pronunciarse sobre mi objeción?
- Se acepta. - ¡Gracias!
¿No les dije que era bueno?
Así que estaba ahí en la habitación cuando escribió su testamento.
Sí, señor. Estaba ahí sentada, como siempre hacía cuando Pinky salía.
Y la Srta. Em seguía escribiendo cuando me fui a llevar la ropa al pueblo.
El juez Walker y algunos son quisquillosos con cuándo reciben la ropa lavada.
Comprendo, tía Dicey.
- ¿Sabe qué es una aguja hipodérmica? - Sí, señor.
¿Vio a su nieta clavarle una alguna vez a la Srta. Em?
Sí, señor. La vi hacerlo dos veces.
¿Qué ocurrió?
La Srta. Em... habló sola un rato.
¿Deliró, quiere decir?
Farfullaba. Y luego se durmió como un bebé.
Ahora, una pregunta más, tía Dicey.
¿Por qué cree que era su testamento lo que escribía la Srta. Em aquel día?
Sé que lo era, señor.
Verá, tía Dicey, estamos en la sala de un tribunal...
y ha jurado decir la verdad ante Dios.
Algunos creemos que el testamento fue escrito en otro momento...
cuando estaba presente su nieta.
¿La Srta. Em le dijo que estaba escribiendo su testamento?
No, Sr. Stanley.
Pero desde donde estaba sentada, veía el papel en el que escribía, ¿verdad?
Sí, Sr. Stanley.
¿No veía lo suficiente para saber lo que era?
Es una trampa. Sabe que ella no sabe leer y nunca lo reconocerá.
- Del Dr. Joe. - Vamos, tía Dicey.
Conteste.
Sabe tan bien como yo que es de mala educación...
leer las cosas privadas de los demás.
¿Cómo puede jurar ante Dios que sabía que era su testamento?
¡Tía Dicey, dígame la verdad!
¿No pudo ser escrito el testamento en otro momento?
- ¿Verdad? - Sí.
¿No pudo Pinky ayudarla a escribirlo cuando Ud. No estaba?
- Supongo que sí, señor. - ¡Su testigo!
Su Señoría, renunciaremos a repreguntar a esta testigo.
De acuerdo, tía Dicey. Puede bajar del estrado.
Tengo aquí una nota del Dr. Joe en la que dice que se demorará.
En virtud de esta nota, pido que se levante la sesión.
¿Puedo ver la nota, por favor?
¿Tengo su permiso, juez Walker, para leerla en voz alta?
- Por supuesto. - "Lo siento.
El bebé de Mary Picken se adelantó. Cuando llegue aquí, yo llegaré ahí.
Joe McGill".
En serio, Su Señoría, me opongo a esta petición...
o a cualquier estrategia legal...
que tenga como único fin alargar este desafortunado caso...
que nunca debió ver la luz del día.
Tuvo tanto tiempo como nosotros para citar a los testigos...
y para asegurarse de que vinieran.
En cuanto a esta nota, es fácil leer entre líneas.
Naturalmente, el Dr. Joe no quiso herir los sentimientos de su buen amigo...
negándose a comparecer como testigo en este desagradable juicio.
Es obvio, sin embargo, que la generosa naturaleza...
y la ética de su profesión vinieron en su ayuda.
Ay, éste será un parto muy largo.
No pide que se levante la sesión. ¡Pide un aplazamiento!
- Petición denegada, juez Walker. - Gracias, juez Shoreham.
Si no se callan mandaré vaciar la sala.
- ¿Tiene más testigos? - No, Señoría.
Estoy de acuerdo con el abogado del demandante.
No tiene sentido alargar esto.
Gracias.
El tribunal ha oído todos los hechos y está listo para fallar.
Gracias, señor.
No es mi intención defender si este legado es acertado...
como tampoco voy a basar mi fallo en las conclusiones de los testigos...
ni en el testimonio de oídas admitido hoy aquí.
Este testamento es un documento legal.
Lo he examinado y no tengo razones para dudar que fue escrito...
por una mujer con pleno uso de sus facultades mentales.
Es más, los demandantes no han logrado demostrar...
que la demandada ejerció una influencia excesiva.
El testamento, por lo tanto, es bueno y válido...
y el albacea lo ejecutará según sus disposiciones.
¡Pero, juez Shoreham!
Quiero dejar muy claro que cualquiera que intente interferir con la demandada...
o con su propiedad tendrá que responder ante este tribunal.
¡Se levanta la sesión!
¡Silencio! ¡Silencio, por favor!
Juez Walker, no sé cómo darle las gracias.
Bueno, Pinky, ganaste. Conseguiste la casa y las tierras.
Y se hizo justicia.
Pero dudo que hayamos servido los intereses de esta comunidad.
Anda, cariño. Vámonos.
De acuerdo, Tom. De acuerdo.
El mercado está saturado de casas grandes y viejas como ésta.
Hallaremos a un buen agente inmobiliario y dejaremos que la venda.
Remataremos los muebles y la plata por separado.
¿Sabes? Algunas de esas cosas parecen muy valiosas.
Las venderemos todas a tu nombre para que tengas tu independencia...
por si acaso decides huir de mí otra vez.
Qué... habitación.
Sí.
¿No es una pantalla preciosa?
La Srta. Em estaba muy orgullosa de ella.
Se supone que lo bordó Martha Washington.
Esto no lo podemos dejar escapar. Lo enviaremos a Denver.
¿Denver?
¿No te lo dije? Yo...
Acepté un trabajo en una clínica allá.
Pero tu vida está en Boston... tu familia.
- La publicidad. - En parte.
Pero siempre he querido mudarme al oeste.
Además, lo sabe demasiada gente en Boston... o lo averiguarán.
Pat, Denver te encantará. Unos amigos míos fundaron una clínica.
Quieren que me una a ellos.
No puedo vender la casa, Tom. No me la dejó para que la vendiera...
ni es la razón por la que fui a juicio.
Dijo que confiaba en el uso que haría de la casa.
Seamos prácticos. Su abogado dijo que sólo quería satisfacer su deuda contigo.
- Si me dejas... - No, ésa no era la razón.
Se la hubiera dejado a la abuelita. Le debía mucho más a ella.
La Srta. Em consideraba que era una obligación servirla.
No, tenía un propósito, algo que quería que hiciera.
Vamos, Pat. Sé que era una anciana maravillosa...
y te causó una gran impresión, pero está muerta.
Tu vida es mucho más importante que su propósito, si lo tenía.
Es mi vida en la que pensaba.
Me dijo una vez que fuera yo misma, estuviera donde estuviera.
- Es un buen consejo, pero... - Pero ayer dijiste...
que Pinky Johnson dejaría de existir después de casarnos.
- ¿Cómo puedo ser yo misma? - Es sólo un decir.
Vayámonos de este lugar. Estás dejando que el juicio te afecte.
- ¿Olvidarás esto? - Que huya de esto, querrás decir.
Esta vez a Denver, huyendo el resto de nuestras vidas.
- Estás toda confundida. - No, empiezo a comprenderlo.
Ella no quería que me fuera, no quería que fingiera. Hablamos de ello.
Por eso escribió el testamento. Pensó que la casa me mantendría aquí.
- Pero se equivocó. - Por eso lo escribió.
Estaba equivocada, ¿verdad? ¿Verdad?
No puedo irme contigo.
Estoy harta de mentir, Tom. No seríamos felices, ninguno de los dos.
¿Qué vas a hacer? ¿Vivir encerrada en un armario el resto de tu vida?
¿Cerrarás la puerta con llave? ¿Cerrarás todo con llave? ¡Pat, mírame!
¿Quieres entrar en razón? ¡Tienes que irte, huir de aquí!
No quiero huir de nada.
Soy una negra. No puedo olvidarlo y no puedo negarlo.
No puedo fingir ser otra cosa y no quiero ser otra cosa.
- ¿No lo ves, Tom? - No.
No se puede vivir sin tener amor propio.
Lo siento, Tom.
Jamás te olvidaré ni lo que intentaste hacer.
Pero vete, por favor. No digas nada.
Sólo vete.
¿Cuál fue su intención, Srta. Em?
Dígamelo.
Ven aquí un momento.
Seguro que sí.
Srta. Pinky, tiene que hacer algo con la tía Dicey.
- ¿Ahora qué ocurrió? - No deja en paz la nueva esterilizadora.
Siempre que esterilizo las sábanas, las mete de nuevo...
diciendo que no están blancas.
Hablaré con ella, pero dudo que sirva de algo.
- El almuerzo está servido. - De acuerdo, los llevaré al comedor.
- Buenos días, Srta. Pinky. - Hola, Teejoe.
Teejoe va a volar un poco. ¿Verdad, Teejoe?
- Sí, Dr. Canady. - Bien, Pinky.
- Hola, Dr. Joe. - Buenos días.
- Buenos días, doctor. - Vine a ver al hijo de los Freeman.
Está en el antiguo comedor.
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