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(BSO "Sangre en la pradera")
(Golpes en acero)
Hola, Tom. -Hola, Dick. ¿Qué tal?
¿Ha perdido una herradura? -Sí.
-Espero que vuelva pronto, Dan McCormick.
No me interesa, sheriff.
Mis nervios no soportan la ciudad.
Lo comprendo. ¿Quiere venir al Salón de Fielding?
Gracias. Pero prefiero mi cabaña.
¿Qué querrá ese indio? Seguro que aguardiente.
¿Qué es lo que quieres?
¿Y de esto qué? ¿Nada?
-Pepitas.
Seguro que ha encontrado un filón de oro.
-Es oro auténtico.
-¡Jefe! ¿Puede venir?
Fíjate, Matt, la bolsa de pepitas de oro que tiene este.
A cambio pide whisky.
-¿Y a qué esperas? Dale whisky.
Bonito tamaño.
Con esto puedes agarrar la mejor borrachera.
-Esto no es oro de río.
Lo habrá desenterrado.
Habrá descubierto un filón de oro.
¿De dónde lo has sacado?
-¡Este es mi negocio!
-¡Te digo que quiero...! -¡Cállate!
Eh, tú.
Las pepitas.
¿De dónde?
¿Dónde las encontraste?
-Matt, ¿desde cuándo pueden los indios emborracharse aquí?
Ha encontrado oro; unas pepitas así.
¿Y queréis emborracharle?
-Bueno, ¿y eso qué? Los indios hablan cuando están borrachos.
Anda, sírvele otro vaso.
Si me dices dónde encontraste el oro,
te daré mucho whisky. ¿Entendido?
Déjame probar a mí. Conozco palabras indias.
(HABLA EN LENGUA AMERINDIA)
Marble City.
(HABLA EN LENGUA AMERINDIA)
Montaña.
Montaña.
Aquí río.
Mescaleros.
¿Dónde pepitas?
Diga pepitas.
Foster, como no abra la boca, lo llevamos al pajar
y le obligamos a hablar. No, no. Dame una pepita.
Oro. Oro.
(HABLA EN LENGUA AMERINDIA)
(HABLA EN LENGUA AMERINDIA)
¡Detenedle! ¡Que no se escape!
-¿Qué ha pasado? -¡Lo ha matado de un flechazo!
-¿Quién era? Era Flecha de Fuego.
-Contra ese no puedo hacer nada.
Maldita sea.
Supuso que se iría de la lengua.
-¿De qué se trata? -Ese indio
tenía una bolsa llena de oro. -Pedruscos así.
Lo habrán descubierto en su territorio.
-¿Y dónde estará?
-Eso es lo que no sabemos.
¿Te lo dijo a ti?
No. No tuve tiempo para ello.
¿No dijo él algo de montañas?
Sí, pero hay muchas montañas.
Tal vez lleve consigo algún plano. -¿Tú crees?
Vamos a ver si hay suerte.
Nada. Mala suerte.
Os prevengo:
los Mescaleros no bromean
cuando entran extranjeros en su territorio.
Esos ya no piensan en la guerra.
-Sí, desde que no nos metemos con ellos.
Si queréis un consejo: olvidad esto pronto.
Enterradlo y no hablad más de ello.
Donde encontraron esas piedras habrá un filón.
-Dejad ya este asunto.
Como se diga que hay oro, se desatarán todos los demonios.
¡A vuestro trabajo!
¿Es que no habéis visto un indio muerto?
(Canción en inglés)
¡Alto!
¿Qué pasa?
¿Vamos a tomarnos ya un descanso?
-Sí, es un sitio muy bueno.
Luego entramos en las montañas y hay mucha vueltas.
-Se lo diré a la gente. ¡Eh! ¡Vamos a descansar!
-¿Qué pasa? -¿Por qué nos detenemos?
-¡Vamos a descansar!
Flecha de Fuego ve con alegría a su hermano blanco.
Pero la mirada del gran jefe es dura.
La sed de oro de los blancos no conoce límites;
tampoco las fronteras de los cotos.
Si los blancos penetran en nuestro territorio,
desenterraremos el hacha de guerra. Olvidas que fue un Mescalero
quien trajo la noticia del oro.
Pero viste cómo fue castigado.
Y eso le pasará también
a los que penetren en nuestros cotos de caza.
Mis rojos hermanos saben que estoy a su lado.
Pero todos los demás hombres blancos son nuestros enemigos.
¡Alto!
¡Maldita sea! ¿Dónde se habrá metido?
Como si se lo hubiera tragado la tierra.
Ese Foster es muy vivo.
-No le creí capaz de una mala partida.
-¿Y ahora? -Tenemos que encontrarle.
Claro que sí.
McKelly se pondrá furioso si volvemos con las manos vacías.
Mirad allí.
Un fuego de indios.
Vamos a verlo de cerca.
¿Para qué? ¿Que para qué?
Hay que tener cabeza, muchacho.
¿Crees tú que el indio muerto en el salón de Fielding
era el único que conoce el filón de oro?
Los indios no hablan.
(RÍE)
Digamos que no hablan por la buenas.
(Grito en indio)
No, no os pongáis así.
Bueno, amigo.
Venimos a hablar un poco con vosotros.
No os molestéis.
¿Qué? ¿Qué hay de bueno por aquí?
¡Mmm...! Conejos, ¿eh?
¿Habéis perdido la lengua
o es que no queréis hablar?
Somos amigos. (HABLA EN LENGUA AMERINDIA)
Despacio, viejo pellejo.
No os haremos nada. Somos amigos. Dame la botella.
Demasiado bueno para ellos.
¡Anda, bocazas!
Sírvete tú.
Bebe whisky. ¡Más whisky!
¡Imbécil! ¿Te crees que no cuesta dinero?
¡Alto! ¿Por qué le has matado?
Ahora es cuando hablará el otro. Está bien. Ven.
-No te pasará nada si nos dices dónde habéis encontrado el oro.
¡Las pepitas!
¡Abre la boca de una vez!
¿O te hago cosquillas antes?
¿Dónde habéis encontrado el oro?
¿En aquellas peñas?
Bien. Esto ha sido el principio.
Ya ves que yo no bromeo.
¿Dónde está el oro? ¿Dónde está la mina?
Oye, ¿no te parece que estás demasiado suave?
¡Maldito perro! ¡Habla ahora!
¡Pero hombre! ¿Te has vuelto loco?
No lo entiendo.
Si apenas le he tocado.
Qué pena. Antes eran más duros los indios.
-¡Ah!
¡Vamos! ¡Deprisa!
(Disparos)
¡Ah!
Pepitas.
Oro.
¿Tan convencidos estáis de que lo encontraremos?
-Claro. ¿Crees que hubiera movido a madre
para unirnos a los buscadores de oro?
-Qué va.
-No hemos venido aquí en busca de aventura,
si no de tierra de siembra.
El que la tierra pueda dar oro no lo sabemos, pero seguro grano y fruta.
-Y entonces a trabajar como esclavos hasta que se nos rompan las manos.
Si con solo agacharse se puede encontrar la suerte.
-Sooo.
-¿Qué ocurre ahora?
-La rueda.
(RÍE)
Lo que nos faltaba.
(Suspiro)
-Válgame Dios.
-Anda, ahora ya puedes agacharte y ayudar a cambiar la rueda.
Un momento.
López, tengo un caballo para ti. ¿Dónde?
Allá abajo.
Vamos a preguntarle algo a aquellos señores.
¡Hey!
Buenos días. Hola.
-Buenos días.
¿Tendría usted un caballo para nosotros?
No. Ya lo ve usted, no llegarán muy lejos.
Pues parecen bien fuertes.
No importa.
Ese penco podrá cargar con mi amigo herido.
-Pronto. -¡Erik, nuestro caballo!
-¡No! ¡Santo Dios!
¡Dejen nuestro caballo! -¡Ni un paso más!
-¡Erik! -Chist.
Le queríamos comprar el caballo,
pero como no es amable, no le damos nada.
¡Bandidos! ¡Quieto!
Bravo, madame.
Es usted inteligente.
Los testarudos siempre lo pasan mal.
¡Jía!
¡Jía! ¡Jía!
(RELINCHA) ¡Eh! ¡Quieto!
¿Quién será aquella gente?
¡Johnson!
¡Ven!
Sujeta.
¡Jía, jía!
Eh, quieto, caballito.
Quieto.
Y nos pueden dar las gracias que les dejamos un caballo.
¿Qué pasa aquí?
Tirad las armas.
He dicho que tiréis las armas.
Tú también.
¡Erik! -¡Erik!
¡Suelte esa pistola!
¡Suéltela! ¡Erik!
¿Estás loca, vieja?
¡Quietos!
Lárgate de aquí.
He dicho que te largues.
Ya lo he oído. Pronto sabrás de mí.
Andando.
Gracias. -Gracias.
-Ha sido usted la providencia. -Gracias. Gracias.
De verdad, no hay de qué, madame.
Pero con bandidos así hay que saber entenderse con ellos.
Tenga, a lo mejor pueden usarlas.
(RÍEN) -Gracias.
Les ayudaré con la rueda. Muy amable de su parte.
-Desde Ohio hasta aquí vinimos sin accidentes.
Sí. Aquí reinaba la tranquilidad
hasta que lo del oro nos trajo a esa gentuza.
Oh...
Usted perdone, claro, no me refería a ustedes.
No tiene importancia. Me alegro de conocerles,
me llamo Phil Stone.
-Seguro que es granjero. Sí, pero no yo solo.
Mi padre y yo poseemos el rancho Media Luna,
abajo en el valle.
¡Padre!
Padre...
(LLORA)
¡So, so!
So...
So.
¿Qué hay, señor Fielding? Buenos días.
¿Esperáis la diligencia?
No. Queríamos tomar una copa. Hacedlo. Entrad.
Irene, mi vida,
siento en la punta de los dedos que hemos dado con el oro.
-En otras ciudades no hemos vivido del todo mal.
-Sí, pero aquí es otra cosa.
Esta vez...
me lo juego todo.
(SILBA)
Este es el salón que buscamos.
Esto me gusta.
Me llamo Matt Ellis. ¿Es usted el propietario?
-Sí, pero no me quedan habitaciones. -La tendrá cuando me escuche.
Quisiera poner aquí una mesa de póquer.
-Espero que sea un jugador decente. -¿Por quién me ha tomado usted?
Le ofrezco la mitad.
-¿La mitad...? ¿La mitad de qué?
-Hágame otra proposición.
-100 diarios para mí.
-Veo que es buen hombre de negocios. Conforme.
-¿Y quién es la dama?
-Su prometida y su mascota.
-Enhorabuena, con una mascota así no se puede perder.
-Muchas gracias.
Jefe, los nuevos dicen que no tienen dinero.
-¿Y a mí qué me importa?
Si no pueden pagar, que se queden ahí tirados.
-¡Qué avariento!
-Peor que un recaudador de contribuciones.
-Qué asco.
-¡Alto! -So.
-Usted no, padre. El último carro.
No hay más remedio, tienen que ser diez dólares.
Buscad bien en los bolsillos.
Quizás podáis reunirlos.
-Diez dólares por el último carro.
Antes de que lleguemos, los de delante habrán cogido el oro.
-Por eso los primeros sitios son más caros.
-No tengo más que esto,
aunque me ponga cabeza abajo.
-Señores,
si de mí dependiera, les llevaría a todos de balde,
pero el jefe es más duro
que una roca. -¿Cuánto les falta a ustedes?
-6,30 dólares, padre Benson.
-Aquí los tienes.
No podemos dejar a la familia en medio
de todos estos peligros. -Gracias. ¡Con propina!
-Dios se lo pague, padre.
-Como criado del Señor, tengo el deber de ayudar.
(HABLAN EN LENGUA AMERINDIA)
(GRITAN)
Nos han dejado los bolsillos vacíos. -Bah...
Aquí, por lo menos, tenemos la vida segura.
-¡Venga, cruzad los carros!
-¡Los indios!
(GRITAN)
-¡Cruzad los carros!
(GRITAN)
(Disparos)
¡Fletcher! -¿Sí?
-¡Oh!
-Dios santo. ¡Señor!
(GRITAN)
-¡Padre Benson, no rece usted ya más!
¡Hemos derrotado a los indios que huyen!
-Alabad al Señor y glorificadle.
(Trinos)
Hola, Phil. ¿Qué tal?
¿Qué te trae a mi coto de caza?
¿Cómo andáis por la granja, Phil?
¿Ha pasado algo?
Mi padre.
¿Muerto?
Asesinado.
¿Bandidos?
No lo sé.
No robaron nada.
Mataron también a mi perro.
No puedo comprender
por qué han asesinado a mi padre. No tenía un solo enemigos.
¿Han dejado huellas?
Solo los zapatos,
con un círculo en las suelas.
Parecía una O.
No es mucho, tendrá que bastar.
Nos vamos a Marble City. Te lo agradezco.
Iba a ir allí a ver si puedo dar con alguno de esos tipos.
Habrá que mirarles bien las suelas de los zapatos.
(Música y murmullos)
¡Johnny!
-Toma pan. -Trae una rueda.
-Esto no será nada.
-¡Nina, coge esto, que enseguida voy yo!
-Ayúdame a levantarla. -¡Coge ese carro!
-Pensad en las palabras del Señor, que no dijo:
"Buscad primero el oro",
sino "buscad primero el reino de Dios y la justicia".
Lo demás os será dado por añadidura.
Sé cómo turba a los hombres el vértigo del oro,
nadie está libre de ello,
y cómo ciega el espíritu de los hombres
y engaña y trastorna el corazón de los hombres
porque no logra calmar sus ansias.
Yo os digo que el oro es el peor de todos los males.
Y pensad en esto:
en el día del Juicio Final,
no se pesará el oro,
sino las buenas acciones contra las malas.
(Ladridos)
El tipo andaba por las cercanías de nuestro rancho.
Llegué cuando intentaba quitar el caballo a una familia.
Había otros dos.
No sabía yo aún lo que pasaba en la granja.
Vamos a comprobarlo enseguida.
(CANTA EN INGLÉS)
¿Puedo ayudarle?
¿Fue con intención? Exacto.
No tengo tiempo ahora,
pero volveremos a vernos.
Es posible.
Ahora le toca a usted.
Foster ha perdido más de 200 dólares.
Para seguir jugando ha cambiado oro.
¿Del lavadero? Sí, cinco pedruscos así.
Gracias.
(CANTA EN INGLÉS)
(RÍEN) ¡Muy bien!
-¡Guapa! -¡Muy bien!
-¡Guapa! -Gracias.
-¡Que cante otra! -¡Otra canción!
(Piano)
-Buenas noches, señor Foster. ¿Se marcha usted ya?
Tengo bastante por hoy. Me han desplumado.
Para alguien como usted no es difícil recuperar ese dinero.
Eso sí, pero lo dejo por hoy. Mañana será otro día.
Hay ocasiones que no se repiten.
Yo traigo suerte a los jugadores cuando me pongo detrás de ellos.
Estaré cerca de usted y lo recuperará todo.
Ajá.
Como usted quiera.
Fuera de aquí.
-¡Ah, señor Foster!
Venga usted aquí.
Hay un sitio para usted. Siéntese.
Vamos, señores.
¿Quién abre?
-Yo con diez.
-Y cinco más.
-Y diez más.
-Pero parecen ustedes colegiales.
25 y 100 más.
-Nunca hemos jugado cantidades tan altas.
No somos millonarios.
Usted está en camino de serlo, señor Foster.
¿Quién tiene esas pepitas tan grandes?
Bah, un par de piedras.
Tendrá el plano, es lo más lógico.
¿A qué plano se refiere?
Al de la mina,
de donde salen a montones esas piedras tan magníficas.
No sé nada de un plano así.
-No se marche, señor Foster.
Ha sido solo una broma.
Usted quiere recuperar su dinero y con mi ayuda lo conseguirá.
Renuncio a su ayuda.
Si imagina que soy idiota y no veo el juego que se traen,
se equivoca.
-Hijo, ¿puedo pedirte un donativo para los necesitados?
Quien pierde tanto en el juego
puede dar dos dólares para los pobres.
-Oiga, que tanto no ha perdido.
No le sobra dinero para nadie.
Desde luego, para usted, jamás.
A usted, con mucho gusto.
-¡Diez dólares! ¡Qué barbaridad!
-Ese ha perdido una fortuna. -Más de 200.
Este antro no me gusta nada.
Ellis fuerza el juego y gana siempre.
Ya es hora de volver a casa.
Esto no me gusta nada.
¡Ah!
Ah...
¡Socorro! ¡Socorro!
Vamos.
¡Alto! ¡Quietos!
¡Cogedle! ¡Cogedle!
-¡Por allí! ¡Se están pegando! ¡Detenedle!
¿Está muerto? Tiene una puñalada, pero vive aún.
¿No hay médicos aquí?
-Sí, pero por las noches está siempre borracho.
-Está sangrando. Es un rasguño. Ayudadme.
-Nos lo llevamos al carro. -Cuidado.
-¡Señor Foster! -¿Y el sheriff?
-¡Buscad al sheriff! -¡Llama al sheriff!
-¡Busca al sheriff, corriendo! ¡Enseguida!
¡Vamos, hombre!
Tal vez podamos descubrir algunas huellas.
Sí, es posible. Gira por ahí.
Aquí hay algo.
La misma O.
El asesino de mi padre.
Cuidado al echarlo. -Así.
-Buscaré una almohada. Si viniese un médico...
-Te voy a vendar. -No es para tanto, madre.
Paso.
¿Luchó usted contra ese tipo? Sí.
¿Qué aspecto tenía?
No puedo decírselo, estaba muy oscuro.
Todo pasó muy deprisa.
(SILBA)
Lo han apuñalado en medio del pueblo.
Bonitas costumbres aquí. Calla la boca.
¿Qué, sheriff?
¿Ha descubierto ya quién ha sido el asesino?
-No.
No se preocupe,
estoy seguro de que el sheriff dará con él.
¿Quién es usted?
Alguien que quisiera ver colgado al asesino.
¿Y por qué me mira de ese modo?
No me es usted simpático.
Dígame, ¿es que está cansado de la vida?
No me dejo insultar así como así por un cowboy cualquiera.
Ande, repita eso.
-Por favor, señores, que haya paz.
Phil, estás en una falsa pista.
Si alguien no necesita matar a un hombre por dos dólares,
ese es el señor Ellis.
-Gracias, sheriff.
No creo que hayan atacado a Foster por dinero.
-Entonces, ¿por qué?
-Había cambiado pepitas de oro.
-¿Y qué?
-Acaso sea verdad lo que se dice por ahí.
Que poseía un plano que lleva a la mina.
-Eso ya es otra cosa.
Vamos a ver si lo tiene.
-¡Sitio...! ¡Sitio, hermanos!
Dejadme pasar.
Necesito llegar hasta él.
Tal vez pueda darle consuelo todavía.
-Y es tarde, padre.
El señor Foster ha muerto.
-Dios mío.
-El oro lo tenía aquí,
pero no llevaba encima ningún plano.
-Algún canalla se ha adelantado.
Dígame,
¿no fue usted el primero en llegar al lugar del suceso?
-¿Qué quiere decir con eso? -Mi hijo es honrado.
-¿Quiere usted decir...? -¡Eric!
Un momento.
Por este joven respondo yo.
Si no desaparece de aquí deprisa, lo pasará mal.
Por favor, déjense de peleas a la vista de un muerto.
Oremos por él.
(REZAN)
-Recibe, Señor, esta pobre alma en tu reino.
-Pobre hombre, poco a disfrutado de su riqueza.
-No sé, madre, tengo la impresión de que el oro trae desgracias.
Tiene usted razón.
Conseguido con sangre, no sirve de nada.
-Tonterías. Hay peligros en todas partes.
Quien no se arriesga, nunca gana.
-Oye,
a ese muchacho, Eric,
no me lo pierdas de vista, y cuando salga la caravana,
te vas con ella.
(Explosiones)
¡Ya podéis seguir trabajando!
-Jack, toma, bebe. -Gracias.
-Dame a mí también.
-¡Qué pena dan esos idiotas!
-Alégrate de que lo sean.
Viejos conocidos.
¿Por qué andan siempre alrededor del campamento?
Como los buitres husmeando carroña.
Piensan que el joven le quitó el plano.
Sí.
¡Señor Stone, Señor McCormick!
Buenos días. Buenos días.
Buenos días.
Pasábamos por aquí y pensamos...
Sí, solo hay 35 millas hasta su rancho.
-Me alegro de verles.
-Espero que coman con nosotros.
Muy modestamente, pero... Con mucho gusto.
Usted también. Es muy amable, muchas gracias.
Antes quiero echar un vistazo. Espero que estén contentos.
Tanto como contentos...
El pobre Eric trabaja sin descanso.
-Y el polvillo de oro que logra reunir no da ni para comer.
-Lo que le pasa a Eric, les pasa a los demás.
Ojalá no hubiéramos venido.
¿Les ha molestado a ustedes alguien?
¿Quién quiere usted que nos moleste?
No, no, quería decir que convendrá que no pierda de vista a Eric.
Ese Ellis... -El señor Ellis es un caballero.
No se mancha los dedos.
Los trabajos sucios los hacen otros por él.
(MURMURAN)
-En fin, ¿qué queréis? -Seguir adelante. ¡Hoy mismo!
-¡Sí, señor! -¿Adónde?
-¡A las montañas!
Solo allí encontraremos una veta de oro.
-¡Eso es absolutamente imposible!
Las montañas pertenecen al territorio de los indios.
El río es la frontera.
-¿Qué fronteras?
¡Las fronteras las fijamos nosotros!
-Aunque vengan esos malditos con sus flechas.
-Les obsequiaremos con fuego hasta que pidan la paz.
(RÍEN)
¿Tan seguros estáis?
¿Habéis olvidado ya lo que os ha pasado?
Los Mescaleros saben luchar.
¿Quién es usted para mezclarse en esto?
-¿Es amigo de los indios?
Sí, lo soy. ¿Hay quien se oponga?
-Déjese crecer coleta y hágase nombrar su jefe.
(RÍEN) -¡Está bien!
Yo propongo levantar las tiendas e ir a las montañas.
Mañana por la mañana.
Y quien tema a los indios, que se quede aquí.
-¡Vamos a la montaña! ¡Vamos a la montaña!
-¡Vamos!
-¿Cómo se puede ser tan loco por una porquería de oro?
En lugar de buscar en la propia cabeza.
El botín no fue grande allá arriba tampoco.
(Murmullos)
(HABLAN EN LENGUA AMERINDIA)
(GRITAN)
¿Qué?
¿Habéis descubierto algo?
No, jefe, seguimos una falsa pista.
Eric no tiene el plano. No ha encontrado una pepita.
-Idiotas. Eso lo hace para despistar.
-¿Cree que lo tiene? -Está claro.
-Creo que se equivoca usted, jefe.
-No me equivoco nunca,
pero no perdáis de vista a ese tipo.
-Bien, jefe.
-¡Señor Ellis!
Señor Ellis.
-¡Ah, buenas noches, señorita....!
-Brendel. -Brendel.
-Jane Brendel. -Sí, claro, Brendel.
Hermana de Eric Brendel.
Pero, dígame, ¿qué hacen ustedes aquí?
¿No es espantosa esta vida en el campamento?
¿Este polvo, este duro trabajo...?
Nada de eso es para una señorita tan bonita como usted.
-Por fin alguien me comprende.
Señor Ellis, quiero marcharme, huir de aquí,
estar entre gentes civilizadas, en una ciudad.
Tal vez en Marble City.
-Bien. Si puedo yo puedo ayudarle... -Pues claro.
Lléveme con usted.
-Bueno, no es tan sencillo. (RÍE)
-Usted es influyente en Marble City.
Encontrará una ocupación para mí.
-De eso estoy seguro, pero ¿qué dirá su familia cuando lo sepa?
-No deben enterarse de nada, al menos por ahora.
-Está bien.
Vendrá usted conmigo, pero tendrá que darse prisa.
(RÍE) -Ajá.
-¿Le molesto?
No, no, al contrario.
Me alegro de que haya venido.
Así no se me hará el tiempo tan largo.
Phil, ¿qué significa ese ruido de tambores?
Los indios se habrán enterado
de que los buscadores quieren entrar en su territorio.
¿Cree usted que nos atacarán?
Esperemos que no,
aunque es muy posible.
¿Y por qué hacen ese ruido?
Mientras suenan los tambores, no hay nada que temer.
Pero cuando acabe este tamtam...
¡Cómo ha cambiado este valle!
Cuando vine por primera vez, esto era el paraíso.
Nunca se encontraba uno con otro ser humano.
Le gusta la soledad, ¿verdad?
No, no es precisamente eso.
Me encuentro a gusto entre gentes, claro que tienen que gustarme.
No soy como Dan,
que es feliz si pasa semanas enteras sin ver a nadie.
Yo crecí en una granja.
Y él, en Pittsburgh.
¿Procede de una gran ciudad? No lo hubiera imaginado.
(RÍE) No habla de su pasado,
pero sé que era un abogado famoso.
Poseía una gran casa,
un coche...
con cochero.
Y tenía mujer.
¿Tenía esposa? Sí.
Un día desapareció y no supo más de ella.
Se marcho acompañada de un tipo,
a quien Dan, como abogado, había librado de la horca.
Esto le derrumbó totalmente.
Entonces lo abandonó todo y se vino a Arkansas.
¿Cómo puede una mujer hacer una cosa así?
¿No te extraña algo?
No.
Este silencio.
Ya no se oyen los tambores.
(Grillos)
¡Los Mescaleros han desenterrado el hacha y atacan!
¡Alarma!
¡Alarma!
-¡Alarma! -¡Nos atacan!
James se ha ido, ha dejado esta carta.
Estaba sobre su cama. -¡Señora, cúbrase en el carro!
Mary, venga. -Sí.
(Gritos)
(Gritos)
Por allí atacan también.
Si cruzan el río, estamos perdidos.
-¡Phil, van a cruzar el río!
Entonces, usaremos el petróleo.
Sí. Ayúdame.
¡Phil!
-¡Mary!
-(LLORA) ¡Mamá! ¡Mamá! -¡Madre!
A mi señal. Bien.
Malditos pieles rojas...
¿Qué os dije? ¡Les he hecho huir! ¡No volverán más!
¡No sé nadar!
¡Déjame, viejo pellejo, que no sé nadar!
(Relinchos)
Maldita seas...
No, Phil.
Es mi amigo.
¿Los Mescaleros le han liberado?
Esto seguramente tiene una causa.
Os traigo un mensaje de...
de parte del cacique.
Si permanecemos aquí hasta la noche,
volverán a atacarnos.
Esta vez con armas de fuego. -¿De dónde van a sacarlas?
-Eso no puedo decírselo a ustedes, pero estoy seguro...
de que no es una vana amenaza.
Y mucho me temo...
que no podríamos resistir un tercer ataque.
No quedaríamos ni uno solo de nosotros.
Tenemos que irnos rápidamente. -¿Adónde?
-A Marble City. (MURMURAN)
-¿Qué vamos a hacer allí?
Al oeste de Marble City hay tierra de sobra,
podréis asentaros todos.
La tierra es buena y hay agua. Debimos quedarnos donde estábamos.
-¿No hemos hecho 1000 millas para buscar tierra?
-No quiero volver.
Tampoco habéis venido aquí para ahogaros en arena.
Sed razonables, reunid vuestras cosas
y preparad los carros. -Eso es lo sensato.
-Mary, hay que escapar de aquí. -¿Por qué?
-Los indios atacarán otra vez.
-¿Adónde iremos?
De momento, a Marble City. Yo te ayudo.
Gracias.
-¿Llegaremos a alguna parte con nuestro carro?
-Hay que intentarlo. Descuida. No temas, Mary.
Mary.
-¿Qué?
-¿No será mejor el caballo de Dawson?
Se ha quedado sin dueño.
-Como tú quieras.
¿Le ocurre algo?
No sé qué le pasa a mi silla.
¡Jía, jía!
Eric ha pasado a la otra orilla.
¿Cómo? Jim ha ido detrás.
Hay que seguirles. Se lo diré a Mary.
De acuerdo.
Eric se ha detenido.
Tal vez le pase algo a su caballo. Voy a buscarle.
Bien.
(SILBA)
¿Te ayudo a llevarlo?
¿Qué fuego es aquel?
(Disparos)
¡Ah!
¡Ya me lo puedes agradecer, Jim!
Si no llego a tiempo, te agujerean la piel esos indios.
¿Qué, sigues sin reconocerme?
En la cárcel de Ohio parecíamos otros, ¿no es verdad?
¡Snack!
¡Vaya, por fin!
Tú no tenías antes la mollera tan dura.
También tus nervios eran entonces mejores.
En fin, has sido muy amable
conduciéndome directamente a la mina.
Ja...
Ya lo sabía yo, hay que confiar siempre
en los buenos amigos.
Claro, y siempre nos entendimos muy bien, ¿no es cierto?
Sí.
Y espero que siga siendo así.
Ni una palabra a Ellis, ¿comprendido?
Con nosotros dos basta y sobra.
Es una cuestión de honor. Somos viejos camaradas.
Muy bien.
De lo contrario tendría que retirarte mi amistad,
y ya sabes lo que eso significa.
¡Eric!
Esos malditos entrometidos... Escapa.
¡Eric!
Tiene que estar por aquí. Ven.
¡Jía!
Este es el caballo de Eric. Él no estará lejos.
¡Mira!
¡Jim Donovan!
Esto no me gusta nada. Tenemos que encontrar a Eric.
Ven, Phil.
Aquí parece que hay huellas.
Seguiremos por aquí.
(Viento fuerte)
Conozco bien estos lugares.
¿Ves algo más?
Solo veo el cielo.
Sígueme.
(Viento fuerte)
Hay huellas por todas partes.
¡Eric!
(ECO) ¡Eric!
Por aquí no está.
Continuemos.
(Viento fuerte)
¡El plano!
¡Eric!
Muerto.
Soy yo.
Eric yace muerto en la mina.
He encontrado el plano.
Habrá sido Jim.
Ajá.
¿Eh?
Mira esto.
Siempre la misma huella del zapato.
Junto a mi padre, junto a Foster, siempre este círculo.
No es ningún círculo, Phil.
Esto es una O. ¿Eh?
Como en Ohio.
Allí se marcan así los zapatos de los presidiarios.
No cabe duda, ha sido Jim. Volvamos.
Se lo comunicaremos al sheriff.
(Música alegre)
¡Señores, pasen ustedes!
-No es este el sitio, señores. Vayan allí.
El señor Ellis inaugura su salón.
-Vayan, señores.
-¿Ha dicho usted algo?
(Ladridos)
-¡Eh! ¡Alto!
-¡Jesús! -¡Fuera de ahí!
¡Deja el camino libre!
-Tenga cuidado. La calle es ancha, ¿no? ¡Ay!
-¡Fuera!
Gentuza... -¡Es lo último que nos queda!
-Señor Ellis...,
paso libre.
-¡Jía! ¡Vamos!
-¡Ah, Fielding!
¿Por qué pones esa cara tan larga?
No será porque le voy a hacer la competencia.
Le queda su vieja tienda.
-Sus métodos para llevarse a mi clientela no son correctos.
Si sigue así, tendré que cerrar.
-Oh. Lo sentiría en el alma,
pero hasta ahí no han llegado las cosas.
Está invitado a la inauguración.
Todos mis amigos de Marble City han aceptado.
-Lo siento mucho, no puedo abandonar mi negocio.
-Lástima, me hubiese gustado beber con usted una botella de champán
a la salud del salón, pero otra vez será, amigo.
¡Jía!
-En orden.
¡Ah, sheriff!
¿Quería usted hablar conmigo?
-Ya me he enterado de que inaugura su salón.
Hay la costumbre de que en estas fiestas
los clientes entreguen sus armas.
Porque cuando ya están borrachos, no se les puede contener.
-A mi local solo viene público distinguido, sheriff.
Sería ofensivo para mis invitados si yo les exigiese
una cosa así. -Señor Ellis,
así lo manda la ley en Marble City.
-Sus leyes, sheriff, ¡terminan delante de mi puerta!
¡Jía!
(Ladridos)
(Canción en inglés)
(Aplausos y vítores)
-¡Viva el señor Ellis, nuestro anfitrión!
(TODOS) ¡Viva!
-¡Viva el señor Ellis! -¡Que viva!
-¡Viva el señor Ellis! -¡Viva!
-Es una salva de honor. -¡Viva!
(Risas)
-¡Eh, muchachos, fijaos!
(Silbidos)
-¿De dónde ha salido? -¡Ven a tomar una copa!
-¡Ven! -¡Ven con nosotros!
-Señor Ellis. (SILBAN)
¿Qué pasa aquí? -Jane, está usted encantadora.
-¡Qué gente más horrible!
-Todos son mis amigos.
-Es espantoso.
¡Cómo me miran!
¿Y aquí tengo que presentarme? -¿Por qué no?
Lo que bailó para mí era precioso.
Todo ha sido deseo de usted.
-Sí. No me había imaginado nunca nada semejante.
-No quisiera obligarle, pero... si usted quiere,
suba arriba y póngase otra ropa, ¿de acuerdo?
-Gracias, señor Ellis.
-Jane. -¿Qué?
-Ciérrese bien por dentro. Será lo mejor.
-Pareces estar muy enamorado. -Qué tontería.
¿No sabes quién es?
La hermana de Eric, el que tiene el plano de la mina.
Es un buen medio para ablandar al hermanito.
-¿De veras? -Seguro.
Phil, ni una palabra sobre el plano.
O habrá muchos crímenes. Sí.
Ahí está el sheriff.
Necesitamos hablar con usted, sheriff.
¿Sí? Eric ha sido asesinado.
Le hemos encontrado muerto en la montaña.
¿Sabéis quién le mató?
Sí, le hemos visto, pero no pudimos alcanzarle.
¿Quién es? Jim Donovan.
¿Jim Donovan?
Contra ese no podré hacer nada. ¿Por qué no?
Porque está al servicio de Matt Ellis.
Aquí ha habido cambios
y por no para bien.
¿La ley no es igual para todos?
No.
Ya no puedo hacer nada contra sus protegidos.
¿Y ni siquiera contra un asesino?
No, siquiera contra un asesino.
Bien. Lo arreglaremos nosotros.
Algo para los pobres, amigos.
Dios os lo pague.
¿Puedo pediros una limosna para los pobres?
-(RÍE) -Gracias.
Para los pobres, por favor.
Gracias.
-Sí, ya me has contado eso.
Conque no quieres decirme qué ha sido de Brendel, ¿eh?
No lo sé, lo perdí de vista.
A otro perro con ese hueso.
A ti no se te ha escapado nadie.
Ea... Dime dónde está. No lo sé, te lo juro.
-Matt, ven deprisa, el sheriff está camino de aquí.
-Ni una palabra.
Piensa en lo que hablamos.
¿Tienes idea de lo que quiere?
-Espero que pronto lo sepamos.
-¿Cómo es que viene con los otros dos?
-No lo sé todavía.
Calma, nada de tonterías.
No puedes ir contra Matt Ellis.
¿Qué desea?
Quiero hablar con Jim Donovan.
¿Y si él no quiere hablar con usted?
Entraré y le obligaré.
-Se le acusa de asesinato.
-¿Sí? ¿De asesinato?
Sí, asesinó a Eric Brendel.
¡No!
¡Mi hermano no ha muerto!
¡Dime que no es verdad, Phil! ¡Dime que no es verdad!
Tú dices que no sabes dónde está Brendel, ¿eh?
No, yo no lo sé.
Entonces, ¿cómo es posible que tú le asesinases?
O acaba usted inmediatamente con esos bandidos,
o pronto Marble City será un nido de criminales.
Sí, pero uno solo contra todos...
Stone, usted y yo.
¡Solo tres!
¿No hay dos personas decentes más en la ciudad?
No crea que es fácil.
Bien, pero si son decididos, arrastrarán a los demás.
¿Vas a decirme dónde lo mataste?
No, yo no fui. -¿Qué ocurre?
-No se siente bien. Entra.
Vamos. Habla, tú le mataste.
No, Matt, no fui yo.
Debieron ser los indios.
¿Los indios?
¿Con balas?
¡No, Matt, no!
¡No puedo ya más!
Escúchame, Matt,
voy a decirte la verdad.
Habla.
El joven Brendel descubrió la mina.
Ah, ¿sí? Yo sé dónde está.
Puedo llevarte allí.
Por lo visto, son muchos lo saben.
No. Solo uno. ¿Quién?
Benson.
¿Benson?
¿El padre Benson? Sí.
-Jefe. -¿Qué hay?
-Los buscadores de oro huyen.
-No solo ellos.
-En efecto, esto parece una fuga.
También los de aquí parecen huir.
Quisiera saber qué significa esto.
Seguro que ha sido cosa de este sheriff.
López...
Entérate de sus intenciones.
Date prisa. -Ya voy, jefe.
-Vosotros dos os quedáis.
Si tratase de escapar, le pegáis dos tiros.
-Bien, jefe.
-Le he buscado a usted en todo el local, señor Ellis.
-Pues ya me ha encontrado.
-Había olvidado pedirle permiso para hacer aquí una colecta
en favor de enfermos y necesitados.
-Naturalmente. La beneficencia es mi lado flaco.
-Si quisiera contribuir con su donativo...
-Con mucho gusto, pero con una condición:
que beba usted una copa de champán conmigo.
-No puedo aceptarlo.
El alcohol es uno de los vicios que más...
-Comprendo.
Pero alguna vez hará una excepción, respetable padre Benson.
-¡Ah!
Ve con tu gente a la casa de correos.
Desde allí podéis disparar sobre la entrada.
Elvis, Tom, Richard, vigilaréis las puertas de atrás.
-De acuerdo.
-Para que no puedan escapar de ninguna manera.
¿Qué pasa con los caballos de Ellis?
Fletcher se encarga.
-Necesitaremos más fusiles. -Tengo existencias.
Oye, amigo,
dame un trago.
Gracias.
-¡Ah!
-Eh, sheriff, venga aquí.
-Trae.
(Ladridos)
Ya veo que no le disgusta el champán.
¿Una copita más, padre?
-¡Con mucho gusto, señor Ellis!
Gracias.
(RÍE)
Entonces...
-Por la mina.
-¿Mina?
-Sí, mina.
Para ser más exactos, de oro.
-No sé a qué se refiere usted.
-Benson, conmigo no necesita hacerse el piadoso,
sé que no es sacerdote.
-Si supiera qué poco me interesa a mí eso ahora...
Solo estoy dos horas en Marble City. Me marcho mañana temprano.
-¡Qué cosas dice! Mire a su alrededor,
cualquiera de estos hombres le dispararía al menor gesto mío.
Así que no piense usted en salir vivo de esta casa.
-En peores situaciones me he visto y siempre encontré una salida.
Le propongo a usted unirnos.
Que seamos dos buenos socios. -¿Buenos socios?
No acostumbro a partir con nadie.
-Jefe...
Quieren acabar con nosotros como si fuéramos ratas.
-¿Quiénes son? -El sheriff y su gente.
El granjero y su amigo están con ellos.
-Ese cowboy... Quiero verlo. ¡Vete!
Déjalo aquí.
-Ven, Phil.
-¡Escuchad!
¡Escuchadme!
-¡Chist!
Mis queridos amigos:
acaban de decirme en estos momentos,
que los virtuosos de Marble City
tienen la intención de asaltarnos. (RÍEN)
No os preocupéis. No es motivo para inquietarse.
¡Nuestra fiesta continúa!
Silencio.
Si alguno tiene miedo, puede abandonar el local.
¡Por favor, Benson!
Vosotros cuidad de que al padre Benson no le pase nada.
-De acuerdo.
-¡Música!
(Música alegre)
(GRITAN)
¡Abran!
-¡Ah!
-¡Ah!
-¡Ah!
Cúbrase, Fielding. ¿No tendría para mí otra pistola?
-Me alegra que le guste el güisqui. ¿Una copita más, padre?
No te escondas.
¡Quietos! ¡Alto!
¿Es que Dios os ha abandonado a todos?
¡No disparéis contra un siervo del Señor!
-¡Disparan sobre todas las salidas! ¿Qué vamos a hacer?
-Querías huir, ¿no es eso?
¡Ah! -Este es tu castigo.
-¡Socorro!
¡Ah!
El jefe de los Mescaleros al frente de sus hombres.
¿Qué significa esto?
¿Es que el rostro pálido ha venido para saber de mis propósitos?
He venido para pedir ayuda a mi hermano.
Ningún hombre blanco es ya hermano mío.
Mis hermanos de sangre querían mantener la paz con los blancos,
pero vuestra sed de oro
me ha obligado a desenterrar el hacha de guerra para protegernos
frente a vosotros.
El cuidado de su pueblo honra a Flecha Ardiente,
pero su celo ha cegado sus ojos
y con el hacha se ha oscurecido su mente.
Si no, recordaría que fue un Mescalero sediento de alcohol
quien cometió la traición. Y fue castigado en el acto.
Y seguiremos luchando hasta que se respeten
nuestros derechos.
Allí abajo hay una ciudad en llamas
y un puñado de hombres blancos defienden vuestros derechos
con las manos desnudas.
Solo porque Flecha Ardiente
no sabe distinguir el bien del mal.
Muerte y ruina caerán sobre vuestro pueblo
si tú no vuelves de nuevo a la razón.
Había un plano...
que mostraba el camino hacia nuestro oro.
Los hombres blancos lo robaron.
Devuélvemelo.
Yo no te ayudaré...
si no puedo confiar en ti.
Aquí lo tienes.
(Disparos)
¡Ah!
-¡Maldita sea!
-¡Se acabó la munición!
-Habrá que ir a buscar más.
-¿Dónde está Phil Stone? -En la casa de la esquina.
-Gracias. -¡No puede ir! ¡Sería un suicidio!
-¡Socorro!
Mi hermana...
(Disparos)
Son duros esos perros.
Phil, ahí arriba está mi hermana Jane.
-¡Socorro!
¡Socorro! Voy a buscarla.
¡Vamos por detrás de la casa!
-Necesitamos más munición.
¡Matt! -¡Déjame en paz!
No puedo marcharme así como así. -¡Huyamos!
-Te lo suplico. -La muchacha está arriba, ¡traedla!
-¡Matt, tengo mucho miedo! ¡Huyamos!
-¡Huye tú si es eso lo que quieres!
(Disparos)
¡Phil Stone!
¡Ah!
¡Socorro!
¡Socorro!
¡Deprisa, Jane!
Venga, señorita.
Mary. -Jane.
¡Alto! ¡Maldita sea!
¡Quietos! ¡Dejádmelo a mí!
¿Por qué mataste a mi padre, asesino?
¡No fui yo! ¡Te lo juro! Fue...
(Disparo)
No pude hacer otra cosa.
¡Que Dios me perdone!
Todos hemos perdido la razón.
Me obligó a mancharme las manos con sangre.
Conque tú fuiste el asesino.
Pero ¿por qué?
¿Qué te hizo mi padre para que le matases?
-Yo se lo puedo decir.
Le mató porque su padre era el único que sabía que Benson
no era sacerdote.
Creía Benson... que para ti siempre había una salida.
-¡Eres un perro!
-Y ahora, Phil Stone, arriba las manos.
Para ti no será la mina.
He venido a Marble City y he luchado contra los indios.
¡Habéis destrozado mi negocio
y no voy a marcharme ahora con las manos vacías!
-¡Los indios, jefe! ¡Los indios vienen!
(Gritos)
¡Jía!
¡Jía!
-¡Matt!
¡Llévame contigo!
¡Matt!
-¡Jía!
¡No!
¡Ah!
(BSO "Sangre en la pradera")
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