Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
¿Lo sospechabas?
He sufrido mucho, pero no me arrepiento de lo que soy.
-Dígame, ¿qué ha hecho con mi hija?
Maldito perro. Sé para quién trabajas
y sé lo que habéis hecho.
¿Cómo se sabe? -¿Si estás enamorada?
Bueno, te das cuenta de que quieres estar
con esa persona todo el tiempo.
A ojos de los demás, mi padre es un asesino.
Pero yo sé que no hizo nada malo.
(Disparo)
¡No!
(LLORA) Diego, Diego.
Diego, mírame. Mírame.
Diego, por favor. Diego, no.
(LLORA) No, no.
No, no.
No, no.
(Latidos)
Diego.
¡Ayuda!
¡Ayuda! ¡Ayuda!
¡Diego! Diego, hijo mío.
¡Diego, hijo!
¿Qué ha pasado? Hijo mío, Diego.
¡Diego!
Hijo mío.
¿Qué ha pasado, por Dios? Hijo.
Ya nos ocupamos nosotros. Hijo mío, Diego. Hijo.
He dicho que ya nos ocupamos nosotros.
-Con permiso.
Pues parece ser que primero le ha disparado el marqués de Soto.
Y después... (CARMEN) ¡Ah! Virgen Santa.
(ELISA) ¿Estás bien?
Clara. Clara, ¿estás herida?
Ven que te vea.
(ÚRSULA) Salgan todos de la cocina.
Todos, ya. He dicho todos fuera.
Elisa y Carmen, vosotras también.
Ven.
Oh, Dios mío.
Tranquila, tranquila. Ya está.
(CHISTA) Ya pasó.
Ya estás aquí.
Está grave, aunque don Evaristo cree
que se pondrá bien.
(AMELIA) ¿Diego? (GABRIEL) Diego.
(AMELIA) ¡Diego!
¿Cómo te encuentras?
(GABRIEL) Llevas días inconsciente.
¿Dónde está Clara?
Está bien.
Agua, por favor. Sí.
Ah.
Tengo que hablar con el rey. Qué alegría verte mejor.
Si llega a ocurrirte algo, nunca me lo habría perdonado.
Clara, me han dicho que el señor se ha despertado.
Supongo entonces que seguirán adelante con la boda.
-Mañana es la ejecución de su padre.
-¿Estás segura que quieres ir mañana tú sola?
No lo voy a dejar solo.
Señorita Castro.
(AMELIA) Quiero hablar con la cocinera,
a solas.
-Todo el mundo fuera de la cocina.
No había tenido oportunidad de agradecerle
lo que hizo por Diego.
Si no llega a ser por usted... No hay nada que agradecer.
Usted habría hecho lo mismo en mi lugar.
Sé que mañana
ajustician a su padre.
Imagino que después de algo así, necesitará tiempo.
Y, bueno, las dos sabemos que no querrá estar aquí
cuando se celebre la boda.
Mañana a primera hora me iré.
Siento mucho lo de su padre.
Te estaba buscando.
Creo que, dadas las circunstancias,
nos conviene que la boda
sea discreta y cuanto antes.
Escribiré a la reina.
Ya se me ocurrirá alguna disculpa.
Como usted diga.
Amelia. -¡Ah!
Me ha asustado.
-Lleva días evitándome. -No.
Diego ha estado muy grave.
Estaba muy preocupada.
-Pero ahora está mejor.
-Sí.
-Amelia, la echo de menos.
Sí, echo de menos su voz, su risa.
¿Por qué lo hace?
¿Por qué se casa con mi hermano? -Pueden vernos.
-Amelia, que lo hagan.
No quiero seguir fingiendo que no existe nada entre nosotros.
-Quiero a su hermano.
-Cancele la boda.
-No.
-Sí, hágalo, Amelia.
Reconozca que soy yo quien está en sus pensamientos.
Reconózcalo.
Créame si le digo que Diego lo entenderá.
-Se trata de mi futuro, Gabriel.
No puede pedirme eso, lo siento. Váyase.
-La amo.
La amo, Amelia.
Dígame que no siente nada por mí y me iré para siempre, se lo juro.
Dígamelo.
Dígamelo.
¿Lo ve? Hace tiempo que lo sé.
Merecemos intentarlo.
-Estoy embarazada.
Gabriel.
(GABRIEL) ¿Madre sí lo sabe? ¿Eh?
Que Amelia está encinta, ¿lo sabe? Responde.
Lo siento, Gabriel, tendría que habértelo dicho.
Pero, bueno, tú sabías que ella y yo...
¿Qué? ¿Qué ella y tú qué?
Esto no cambia nada. Lo cambia todo, Diego. Todo.
¿No lo entiendes?
La quiero.
Gabriel...
Y tú, ¿podrías decir lo mismo? ¿La quieres?
Es mi prometida.
¿Y qué? ¿Sientes algo por ella o no? Responde.
Pero por el amor de Dios, Gabriel, ¿qué es lo que quieres? Dime.
Irme. Irme con ella lejos, empezar de cero, encontrar mi lugar.
¿Irte con ella? Sí.
Nunca lo aceptaría. ¿Adónde quieres ir? Dime, ¿adónde?
Este es tu lugar, Gabriel. Deberías estar agradecido a la vida.
¿Por qué?
Responde.
¿Por tener una vida que no deseo?
Pues no, Diego.
Castamar, Castamar es una jaula de oro.
(RECUERDA) "Creo que ya conoce este libro.
Es el mejor tratado de botánica que se ha escrito hasta la fecha.
Si no recuerdo mal, estaba interesada en él.
Sería una pena que nadie le sacara partido. Quédeselo."
(Puerta)
Señor.
Clara. ¿Cómo está?
No debería haber bajado.
Pero ¿qué es esto?
¿Se va?
Mañana es la ejecución de mi padre.
Pero ¿por qué se va?
Ya.
(CARRASPEA)
Simplemente he bajado para...
Para decirle que he escrito una confesión al rey
contándole lo sucedido.
Su nombre no aparece en ella.
Así que será como si nunca hubiera estado en Castamar.
Pero sí he estado.
Y no me arrepiento de nada.
Tampoco yo.
Ojalá
nos hubiésemos conocido en otro momento.
Espero que consiga lo que desea.
Solo quiero una cosa.
Justicia.
Yo también.
Esta es una declaración de todos los delitos cometidos
por el marqués de Soto y esta es mi confesión
sobre lo sucedido en el duelo que acabó con su vida.
Necesito que transcriba estos documentos
para dárselos a su majestad, el rey. Póngale mi sello
y que lo lleven al Alcázar de inmediato.
Amelia.
¿Está bien? -Solo pensaba.
Lo único que he hecho en esta vida es servir en Castamar.
Si al señor le pasase algo... -El señor sabrá cuidarse.
Y usted debería hacer lo mismo.
Buenas noches. -Señora Berenguer,
estaba pensando en ir a leer un rato al comedor.
Si usted todavía no se va a acostar.
-¿Me está proponiendo que le acompañe mientras lee?
-Podemos charlar.
Está bien, le acompaño.
Pero casi prefiero que lea.
(Pasos)
No podía dormir.
¿Te importa que te acompañemos?
Por supuesto que no.
No podíamos dormir.
-Hemos escuchado voces.
¿Estás despierta?
-Sí.
No quiero que se haga de día.
-¿Y por qué no nos vamos?
Sí. ¿Por qué no nos vamos juntos, los dos, mañana mismo?
-¿Adónde nos iríamos?
-A... -¿Um?
-Cierra los ojos.
(RÍE)
A Cuba. -¿A Cuba?
-Sí. ¿Por qué no?
Allí a nadie le extrañaría mi color.
Tengo la herencia de mi padre. Podríamos comprar una plantación
de azúcar, empezar de cero, ganar mucho dinero.
-Pero ¿que estás hablando, en serio?
-Estaríamos juntos el resto de nuestra vida.
-Es una locura.
-¿No quieres ser feliz?
-Y... -¿Y qué?
-¿Tendríamos una casa muy grande? -Cerca de la playa.
Sí.
-¿Y despertarme contigo
cada día?
-Y despertarme contigo
cada día.
(ELQUIZA) Señor, han encontrado esto. Es de Sol Montijos.
Llevaba más de dos semanas en un bosque muerta,
cerca del camino.
Seguramente su caballo la tiró.
Qué ironía. Los dos, al final,
han pagado por lo que hicieron.
Si de verdad lo cree, lo que ha hecho esa mujer
no lo paga con la vida. Señor.
No permita que, después de todo, le sigan robando su vida.
¿Seguro que vas a estar bien?
¿Ya no podrás volver nunca?
No quiero que te vayas, Clara.
(ÚRSULA) El carruaje.
Está aquí.
Os enviaré las señas en cuanto me instale.
Venid a verme alguna vez. Y tú a nosotras.
Gracias
por todo.
Clara,
Castamar no será lo mismo sin usted.
Señor, su majestad ha enviado a la Guardia Real a buscarle.
¿Qué significa esto?
Madre,
el rey ya sabe la verdad.
Por Dios, hijo.
Debo ir con ellos.
Diego. Cuida de madre y de Amelia.
Escribiré una nota a la reina.
Ella nos ayudará.
Amelia,
Diego estará bien. Esto no cambia nada.
-Por favor, Gabriel.
Ayer no hablabas en serio, ¿verdad? Solo era un juego.
-No. -Entonces ¿vendrás conmigo?
-¿No lo entiendes?
Soy una mujer. Para mí, no hay opción. No puedo elegir.
-¿No puedes o no quieres? -¡Gabriel!
-¿No quieres?
-Anoche fui más sincera de lo que seré nunca.
Pero mi sitio está aquí.
Gabriel.
Majestad.
Uy. Dejadnos solos.
Majestad, siento mucho... ¿Cómo te encuentras?
Bien. No es esta herida lo que más duele.
Bien. Me alegro que ese hijo de Satanás
esté ardiendo en el infierno.
Nunca me gustó, pero no apruebo lo sucedido.
Majestad, humildemente le pido que todo el mundo sepa
de qué clase de personas se trataba. (FARFULLA)
Da igual. No he mandado a la Guardia a buscarte por él.
Tengo un asunto de Estado.
Este reloj me lo regaló mi abuelo cuando llegué a España.
Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. ¿Lo oyes? ¿No lo oyes?
Es tiempo para ser tan grande como el Rey Sol, Diego.
Tengo grandes planes y te necesito.
Sabe que soy su humilde servidor, señor.
Muy bien, así me gusta.
Mi hijo Luis pronto va a heredar el trono.
Y míralo. Ahí está.
Quiero que le enseñes a ser un buen rey.
Vaya, un buen rey para España.
¿Quién mejor que su padre, majestad? ¿Quién, yo? No.
Yo no. Yo no, tú. Tú serás su tutor.
Mañana anunciaré en el Consejo que la educación del príncipe
queda en manos del duque de Castamar.
Será un honor, majestad. Un honor...
Un honor, un honor, pero también un sacrificio.
Su majestad Luis XIV de Francia agradeció el mío
con esta maquinita perfecta. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.
Y ahora dime, oh, Diego,
¿qué quieres de este humilde servidor?
No, majestad, yo nunca consentiría...
No, pide. Pide, hombre, ¿qué quieres?
¿Quieres desenterrar a Enrique de Arcona?
Y lo desmembramos y lo colgamos, colgamos sus trocitos por Castamar.
Si eso te hace sentir mejor, tienes mi bendición.
(RÍE) No. Majestad, con su permiso,
sí que hay una cosa que verdaderamente me ayudaría.
(Campanadas)
Armando Belmonte,
acusado de asesinato, traición y fuga.
-La viuda de Quintanilla ha pedido asistir.
-Culpable de todos los cargos y condenado a morir en la horca.
¡Padre! Clara.
¡Padre! ¡Padre! ¡No! Hija, ¡vete!
¡Padre! Déjame. ¡Dejadme ir con él! ¡Padre!
No quiero que me recuerdes así. ¡Dejadme ir con él, por favor!
¡Padre! Padre, por favor.
¡Es inocente! Por favor.
Vete. Por favor, que se vaya.
(LLORA)
No. No, por favor.
¡Alto! ¡Alto!
¡Alto la ejecución!
¡Alto la ejecución en nombre del rey!
Traigo un indulto de su majestad, el rey.
Padre.
Padre.
Espere un momento, padre.
No sé como lo ha hecho, pero gracias.
Fue fácil. Solo tuve que pedir justicia.
Le deseo toda la suerte del mundo.
Yo también.
Clara.
No cambiaría por nada, por nada,
cada minuto que has pasado en Castamar.
Buenas noticias de tu hermano. Todo ha ido bien con su majestad.
En unas horas, estará de vuelta.
Bueno, veo que te animas a poner orden.
Deberías avisar a un criado.
Solo estoy escogiendo lo que quiero llevarme.
¿Llevarte? ¿Dónde?
Me voy, madre.
Al menos, un tiempo.
¿Es por Amelia?
He visto cómo la miras.
Gabriel, huir solo hará más grande algo...
Huir no sirve de nada. No estoy huyendo.
Solo necesito irme a un sitio donde nada ni nadie
me recuerde constantemente lo que nunca voy a tener.
Ese lugar no existe. Tal vez lejos.
¿Qué cambiará estando lejos?
Sabré quién soy.
Eres mi hijo.
Gabriel,
si quieres irte, no me opondré.
Pero antes me gustaría enseñarte algo.
El documento de compraventa para conseguir tu libertad.
Y el de tu madre.
Mi madre.
La conocieron.
No, no, no, no puede ser.
¿Mi madre nació en Castamar?
Había esclavos.
En tiempos del primer duque de Castamar,
tu abuelo, la casa estaba llena.
¿Qué quiere decir?
Tu madre era hija del duque.
Heredó sus ojos.
Tu abuelo tardó unos años en venderla.
Cuando mi marido,
tu padre adoptivo,
lo descubrió, empezó a buscarla.
¿Y la encontró?
Para ella fue tarde.
Pero no para ti.
Madre, ¿y por qué nadie me dijo nunca nada?
Ocultar la verdad
parece siempre lo más fácil.
Pero no siempre lo es.
Eres tan Castamar como Diego.
Se acabó estar encerrada, ya no tengo miedo.
Encontraré trabajo de cocinera. Hay muchas cosas que quiero hacer.
Venga aquí, padre.
Así.
Aquí, acuéstese.
Esto será temporal,
hasta que encontremos casa en la ciudad.
Siento que tuvieras que dejar la nuestra.
Eso ya es pasado.
Además, usted estaba...
Muerto. Y hoy hubiera muerto de nuevo si no llega a ser por ti.
Ha sido don Diego. (ARMANDO) Lo ha hecho por ti.
Lo ha hecho porque sabía que es inocente.
Debía de tener un motivo muy poderoso
para suplicar al mismísimo rey que salvara la vida a alguien
a quien ni siquiera conoce.
No se puede derrotar a los sentimientos.
No luches contra ellos.
No hay nada que derrotar, padre.
Ahora estamos juntos y eso es lo único que importa.
Hoy empieza una nueva vida.
Y usted tiene que descansar.
Gracias. Es precioso.
(SUSPIRA)
¿Qué te parece? -Muy bonito.
-¿Sí?
¿Estoy guapa con él? -Mucho.
-Es de la señorita Castro.
-Elisa, ¿se puede saber qué estás haciendo?
-Discúlpeme, señora,
es que es tan bonito que no me he podido resistir.
-Anda, deja de manosearlo
y llévaselo inmediatamente a la señorita Castro.
-Sí, señora.
Aunque viviera cien años,
no conseguiría ahorrar para comprar algo así.
-El vestido es lo de menos.
Lo importante es que estéis juntos.
-No creo yo que Elisa piense lo mismo.
-Hazme caso y no pierdas el tiempo.
Pasa demasiado rápido.
Un día te das cuenta que tienes más de 50 años
y lo único que has hecho en esta vida es trabajar.
-Bueno, hasta los 100 aún le queda.
Tenías razón.
Soy un Castamar y este, mi lugar.
Sirve otra para que pueda brindar por mi hermano.
Y por tu hijo,
al que me muero de ganas de malcriar.
Hermano.
(Campanadas)
(ADELA) "Querida Clara,
me alegré mucho al saber que el indulto del rey
llegó a tiempo de salvar a tu padre. La ejecución del mío es inminente,
pero me consuela saber que se va tranquilo y arrepentido.
He conseguido un puesto de maestra en Córdoba.
Pronto yo también comenzaré una nueva vida."
(ELISA) Señora,
está preciosa.
¿Cree que alguien lo notará? -No.
Solo van a tener ojos para ver lo bonita que está.
-Bueno, ahora todo habrá terminado.
-En unas horas, usted será la nueva duquesa de Castamar.
(RÍE)
Y yo, su ayuda de cámara.
¿Cree que a lo mejor podría tener un uniforme nuevo?
Para diferenciarme del resto de doncellas.
-Pues claro.
Señorita Castro.
Es la novia más bonita que he visto.
-Usted no debería estar aquí.
-Hay algo que debo decirle. Será solo un minuto. Elisa.
-Sí, por supuesto.
Siento lo que pasó el otro día.
No debí presionarla de esa manera.
Entendería que no quisiera volver a verme.
-Nada me daría más pena.
Pero prométame que...
Que usted y yo,
que nunca más...
Por mucho que lo deseemos, Gabriel. -Prometido.
Prometido. Tiene mi palabra.
La quiero y siempre lo haré.
Amelia, míreme.
Pero desde hoy, como un hermano.
Tiene mi palabra.
-Y... -¿Y qué?
-¿Y me acompañarías hasta el altar?
-Sí.
(ELISA) Discúlpenme,
pero si quiere llegar a tiempo, tenemos que terminar de peinarla.
-Vendré cuando esté preparada.
El príncipe ha vuelto a desaparecer.
Además de cabalgar y cazar, sabe que tiene otras obligaciones.
(REY) A partir de ahora, el duque se encargará de su educación.
Aprenderá a... -¡Sorpresa!
(RÍE) ¡Mi regalo para los novios!
(RÍEN)
Retíralas de mi vista. -Alegre esa cara, majestad.
Que reinar también puede ser divertido.
-Nosotros no divertimos.
Nos divierten.
El infante Carlos podría acompañarnos a Castamar.
No hay manera, este rey. -¿El infante Carlos?
Solo cuatro años.
-Más que suficiente.
¡Eh!
¡Puedo devolverlas a la vida!
¡Oh!
(RÍE)
Quiero el caldo perfumado con ajo y puerros.
Y esa verdura bien cortada.
Esa masa no subirá lo suficiente. Le falta reposo y temperatura.
¿Y ha visto el diseño del pastel de boda?
Esta cocina es un desastre.
-Es el cocinero de la reina, mujer. Dale una oportunidad.
¿Necesita ayuda para los asados? Puedo organizar a los pinches.
-Compruebe que estén bien los adornos.
¿Sí? ¿Qué haces aquí?
-Tengo algo importante para los señores de la casa.
Es sobre Enrique de Arcona
y deben saberlo antes de que se celebre la boda.
-Ven conmigo.
¿Bien? ¿Cómo estás tú?
Bien.
Padre, bienvenido a Castamar.
Padre.
Señores, supongo que todos conocen ya a mi hermano,
pero, por si hubiera alguien que aún no,
les presento a don Gabriel de Castamar.
Señoras, señores.
Los dos queríamos darles la bienvenida a Castamar
y agradecerles que nos acompañen en un día tan importante
para el ducado.
(Aplausos)
Mi madre debería estar aquí ya.
Iré a buscarla.
Disculpe, señora, la necesitan en el salón.
Sus majestades no tardarán en llegar.
Gracias, Melquíades. ¿Está todo preparado?
Todo organizado como usted dispuso.
-Perdone, señora, ha venido alguien. Tiene un mensaje urgente que darle.
Úrsula, por favor, no estoy para recibir visitas.
Mi hijo está a punto de casarse.
Pero es Adela de la Marca, señora.
Es la hija del hombre que traicionó a don Enrique.
Insiste en que debe mostrarle algo antes de que se celebre la boda.
Por aquí.
(AMELIA) "Querida Sol, le extrañará recibir esta carta,
pero si acudo a usted es porque no veo más opción.
Necesito a una amiga que me escuche
y sé que usted lo hará."
Solo le falta una cosa.
(AMELIA) "Los días y las noches de diversión con el marqués de Soto
se han tornado en pesadilla.
Y han dado un fruto inesperado.
Espero un hijo de don Enrique de Arcona."
Salid de aquí.
Creo que esto es tuyo.
¿Ibas a permitir que el heredero de Castamar
fuera hijo de Enrique?
La pobre Amelia, sola, huérfana,
abandonada.
Una impostora. ¿Cuál era el plan?
Nada.
¿Qué pensabais hacer si Enrique no llega a morir?
Todo era cosa de Enrique.
Voy a llamar a la guardia. ¡Espere, espere!
Espere.
¿Qué hará más daño,
el secreto o el escándalo?
Don Enrique está muerto. Sol Montijos también.
Y nadie más lo sabe.
Le educaremos como un Castamar
y será un Castamar.
Las dos sabemos que Diego ama a Clara
y que si no se casa hoy conmigo no se casará con nadie.
Y su ducado terminará con él.
¿Merece la pena sacrificarlo todo
por la verdad?
Sus majestades acaban de llegar.
Sus majestades, el rey y la reina, y el infante Luis.
(RESOPLA)
Majestad.
Parecía que este día no iba a llegar nunca.
Majestad.
Su majestad.
(RESOPLA)
Voy a por Amelia.
Madre, ¿se encuentra bien?
Sí. Sí, todo está bien.
Espera.
¿Qué sucede?
Está todo aquí.
No habrá boda.
¿Qué?
Dime que no es cierto.
Padre.
Padre.
Lo he conseguido.
Mi libro.
"Cocina para todos", Clara Belmonte.
Hoy ha empezado a venderse.
Lo vendía un librero del centro. -A ver.
(ELISA LEE) "Todos seremos iguales cuando todos comamos igual."
¿No es maravilloso tener una amiga que escriba libros?
Eso es de ser una persona muy inteligente.
-Sí.
Señor, ¿podemos ayudarle en algo?
Sí. Su alteza el príncipe Luis ha vuelto a desaparecer
y pensé que... Que tal vez se habría escondido aquí.
Pues no lo hemos visto, señor.
-Pondré a todos los mozos a buscarle.
No puede haber ido muy lejos.
(ELISA) Señor.
Señor, discúlpeme el atrevimiento, pero...
He pensado que quizá le gustaría echarle un vistazo a esto.
Lo venden en todas las librerías.
Qué buena noticia.
¿Le importaría si...? Me gustaría leerlo.
Claro.
"Masa de azúcar."
Un cuarterón de azúcar.
La clara de un huevo.
(NARRA) "No son ciegos los que no ven."
Voy a necesitar un ayudante. ¿Qué tengo que hacer?
"Sino los que caminan entre tinieblas."
¿Quiere seguir usted?
"Tanteando los muros que delimitan el camino,
caminando con pasitos cortos y temblorosos.
Son ciegos los que no saben qué suelo pisan,
los que no saben cuál es su lugar."
¿Usted nunca necesita ser otro?
"Hasta que alguien enciende una vela e ilumina el sitio
que por fin debemos ocupar.
Solo hay un sitio para cada uno,
aunque nos impidan ocuparlo con todas las fuerzas.
Pero nunca nadie derrotará nuestro instinto.
El instinto de ocupar por fin nuestro sitio,
el nuestro,
el único sitio donde podemos ser felices."
(Susurros)
No nos dejes caer en la tentación...
mas líbranos del mal.
(GABRIEL) Amelia.
-Gabriel.
Has venido.
No podía soportar la idea...
No quiero morir sin que me perdones, Gabriel.
No quiero morir sin que me...
-No digas eso. Nadie va a morir.
¿Y el niño?
-Se lo llevaron.
Ni siquiera me dejaron verlo.
Fue horrible.
Fue horrible, no...
-Lo encontraremos. Lo encontraremos.
Y os cuidaré a los dos.
No debí dejarte marchar nunca.
Te pondrás bien.
(INFANTE LUIS) No.
No.
(RÍE) No.
No.
No. ¿Podemos ir a cazar ya?
No, quita.
No, alteza, debéis elegir a una.
Sus majestades esperan que se case el año que viene.
No quiero casarme. No quiero ser rey.
Piense en el futuro del país.
¿Y en mi futuro, eh?
¿Cuándo pienso en mi futuro?
El mejor futuro para un rey es reinar, se lo aseguro.
Un rey también es una persona.
¿O tú solo eres duque?
Alguien me hizo hace tiempo la misma pregunta.
¿Y qué respondiste?
Preparad la carabina y los perros.
Clara.
He pensado que quizá podría dedicarme este ejemplar.
¿Para don Diego de Castamar?
No. Solo Diego.
Durante todos estos meses he estado pensando,
pensando en mi futuro
y me gustaría compartirlo contigo.
Pero sabes que... He renunciado al ducado.
Ahora ya no hay nada que nos impida estar juntos.
Si tú quieres, claro.
Sí, quiero.
Yo os declaro marido y mujer.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.