All language subtitles for Anna Lucasta - 1958 - Eartha Kitt, Sammy Davis Jr.

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Original subtitles

PUERTO DE SAN DIEGO

VENTA DE ALCOHOL 3 MERCADOS

-Hola, Noah. -Hola, Anna. ¿Cómo estás?

No puedo alejarlos, Noah.

Rompieron la ventana del tío Ben con una piedra...

y robaron los binoculares. ¿Algo que decir?

Cuatro cosas. Crucé el puente. No tengo nada contra el tío Ben.

Está muy oscuro para tirar piedras bien. Y justo necesito binoculares.

-Y no me gustan los policías. -Cuida lo que dices.

Así se habla, Anna.

Blanche, ¿por qué no le devuelves los binoculares?

Vaya comentario.

Es lo que siempre digo. Nunca sabes a qué atenerte con ella.

Él sí lo sabe.

Tengan cuidado las dos si no quieren meterse en líos conmigo.

¿Dónde están todos hoy?

Las calles parecen cementerios, las casas, tumbas.

Todo se ha detenido.

Cuando tu tren va demasiado rápido...

Dios pone los frenos para que puedas pensar.

No quiero pensar. Quiero beber.

Otro...

-Aún no pagaste el primero. -¿No tengo crédito?

Conmigo, claro que sí. Pero debo pensar en el propietario.

Noah, cóbrate el primero y deja la botella.

-Yo elijo con quién beber. -Algunos no tienen modales.

Quiero un ron con cola.

-Dáselo, Noah. -Gracias, Eddy.

Pero lo beberás aquí en el bar.

-No me dejes arruinar la diversión. -Esto es para divertirnos.

Qué ambiente materialista.

-¿Y si conversamos un poco? -Conversa.

-¿Cómo has estado? -Te preocupa, ¿no?

Sí, estuve pensando en ti. Hace más de un año que te observo.

¿Y cómo estoy?

Te entiendes con los soldados, pero a ningún barco le han puesto tu nombre.

No me mezclo con los almirantes.

Mira, tengo un club exclusivo en un buen barrio.

No vienen marineros. Sólo empresarios ricos.

Te vestiré con ropa bonita...

y te verás muy bien en brazos de un empresario cansado.

-¿ Qué debo hacer? -Ser la anfitriona.

Dime la verdad.

Ya te la dije. Mi club es muy exclusivo. Nada de gente fea.

Te sentarás y beberás con los clientes. Un porcentaje por cada trago.

-Deberías aprender a sonreír un poco. -¿Y qué más?

Ser amigable, como aquí. Salvo que te pagaría.

¿Por hacer qué? Hasta ahora, no dijiste nada.

Mira, tengo un club exclusivo.

¿Qué tiene tu club para ser tan exclusivo?

-Primero, la policía no te molestará. -Genial.

-Sí, estoy mejorando. -No para mí.

-Me gustaría remediarlo. -¿Qué recetas, doctor?

Estar conmigo.

No soy todo negocios. Me divierto de vez en cuando.

Si trabajas conmigo, pasaremos tiempo juntos.

Prefiero ir a prisión.

Eso necesitas: unos años en la cárcel para ablandarte.

Me muero de miedo, piojo.

Me estoy enfadando.

-¡Holgazana podrida! -¿Qué te hizo, Eddy?

-Me quemó el cuello con su cigarrillo. -Casi me arranca un brazo.

Ahora ya saben a qué atenerse.

No perderé mi tiempo con prostitutas de puerto.

-¡Discúlpame por existir! -Tú, no. Tú.

Mejor cambia de idea y ya no seas tan selectiva.

-Algún día necesitarás a un compañero. -Prefiero estar con ratas.

Sigue así y lo lograrás.

¿Te quedarás aquí toda la noche?

No tienes que ser tan descortés.

Sólo me quedaré un rato. Me matan los pies.

¿Tienes un cigarrillo?

-Aún los venden en todos lados. -Sí, lo sé.

Pero quiero fumar menos. Me da ardor de estómago.

Gracias.

-Noah, me muero por un trago. -Y yo por algo de dinero.

¿No me compras unos lindos binoculares?

Tómalos y verás lo bien que se ve.

Ya veo entre uno y diez años de trabajo forzoso.

-Devuélveselos al tío Ben. -Yo no rompí la ventana.

Ni tampoco robé los binoculares.

Caminaba por la calle, metida en mis asuntos...

cuando vi un hueco en la ventana y los binoculares allí.

Se me cayeron en las manos. Los encontré.

Anna, ¿crees que haya recompensa por hallar objetos perdidos?

-A mí me gustaría que me hallaran. -Sí.

Pareces estar en otro mundo.

Ya vete, ¿quieres?

Sólo quería levantarte el ánimo.

Quédate deprimida. ¿A quién le importa?

¿Dónde dormirás hoy?

-¿Por qué habría de decírtelo? -Bueno, como quieras.

No me importa dónde duermo.

Mejor vete a casa. Voy a cerrar. Toma unos sándwiches para el camino.

¿Y algo para bajarlos, Noah?

Toma, cómprate un café en alguna parte.

¿Sabes dónde duerme una dama por 50 centavos?

MERCADO DE MERCANCÍAS

¿Vendiste algo hoy, Frank?

Sí y no.

Hubo algunos futuros clientes interesantes, Stanley.

Sí, ¿pero vendiste algo hoy?

Tienes la mala costumbre de sólo interesarte por el dinero.

Justamente hablo de dinero. ¿Ganaste algo hoy?

Si haces del dinero tu dios, te castigará como el diablo.

Estoy castigado con todas las porquerías que tienes aquí.

Ayúdame. No tienes imaginación.

-Es un tesoro de antigüedades. -Me parece basura.

¿Pero no sabes que cuando la basura se hace vieja se convierte en antigüedad?

Mira esta obra de arte.

No puedo dejarla afuera toda la noche.

Quizá incite a un hombre honesto a robar.

-Hola, querida. -Hola, Stanley.

-¿Tuviste un día duro? -Así es.

-Los lunes siempre son duros. -Lo sé.

Siéntate en el sillón. Te traeré las pantuflas.

Stella, mira el roto.

Cada vez que levanto el brazo, se rompe.

-Te lo coseré. -Lo hiciste ayer.

Te lo remendaré por dentro.

Cada día eres más descuidada.

¿No te he dicho que te laves las manos después de tocar esa basura?

¿Para qué? La mugre no hace mal. Es saludable.

Todo eso de la mugre y los gérmenes es una tontería. ¿No es cierto, Frank?

Mamá, apúrate con la cena. Me muero de hambre.

Hoy llegó una entrega especial para papá.

Le ahorré 15 centavos al gobierno trayéndola yo.

Cuando se entere el Congreso, pagaremos menos impuestos.

-Se la llevaré a papá. -¿Por qué no está abajo? Es hora de comer.

-Tiene uno de sus dolores de cabeza. -Tiene una resaca.

Es más que eso. Tiene una psicosis.

Qué psicosis ni psicosis. Le da mucho a la botella.

-No es cierto. -Espera, ¿de quién es la carta?

¿Quién le mandaría una entrega especial a Joe?

Es de Bessemer, Alabama.

Probablemente uno de sus amigos pidiendo dinero.

Todos los del Sur creen que California es una mina de oro.

No le daré nada de dinero para que les mande a esos brutos.

Es fácil porque no tienes.

Mira ladronzuela, tengo un negocio.

-Invierto el dinero en la empresa. -¿Empresa? No me hagas reír.

Lo usas para no buscar trabajo.

Haré caso omiso de ese comentario y te diré por qué no le daré un centavo.

-¿Por qué? -Cuestión de principios.

Todos deben conseguir lo suyo. En la democracia, es cada uno para sí.

Eso no es democracia. La democracia es: "Todos para todos y uno para uno."

Y tú eres uno.

Lo era hasta que apareciste y fuimos dos.

No se trata de la democracia. Se trata de mimar a la gente.

A nadie le sirve que lo mimen. Míranos, por ejemplo.

¿Dónde estaríamos si siguiéramos en Alabama?

-¿Dónde crees que estamos? -En California.

-¿Y de qué nos sirvió? -A ti, no lo sé.

Sé para qué me servirá cuando mejore la situación monetaria.

Tú lo que quieres es dejarme.

¡Son todas iguales! Siempre creen que es algo personal.

-¿En qué estaba? -En mejorar la situación.

Nuestro país nunca equilibrará el presupuesto...

si sigue regalando cosas.

Toma este nuevo asunto, el programa de ayuda al extranjero.

-¿Te parece bien? -Claro que es...

¿Quién diablos está hablando? ¿Tú o yo? Yo.

Tú no sabes nada. Anoche un tipo decía...

¿Lo ves? ¿De qué sirve?

-El problema es que te crees todo. -El problema es que creo lo que dices tú.

Si de veras quieres saber...

por qué no debemos mandar dinero a los sureños, te lo diré.

-¿Por qué, Frank? -Porque los mimaríamos.

Si tienen hambre, hallarán una forma de comer.

Y para comer hay que trabajar.

Y los únicos que comen sin trabajar son los políticos.

Cuando este país se ponga de pie otra vez...

yo seré político.

Y entonces el país volverá a caer.

Sí que me casé con una cualquiera.

Las mujeres son otro problema del mundo actual.

-Mamá, ¿cuándo comemos? -Ahora.

Si no comes algo nutritivo, en lugar de tantos dulces...

darás a luz a un malvavisco de chocolate.

La cena está lista, Joe. Te estamos esperando.

De acuerdo, Theresa. Ya era hora. Gracias, Katie.

-¿Dormiste bien, cariño? -Dormí un ratito.

-Entonces ya te sientes bien. -No, Theresa. Me siento pésimo.

Cada vez que intento leer la carta, las palabras tiemblan como hojas.

-Léela, Katie. -Por supuesto, Joe.

¿Tendré que esperar para comer por esto?

Quiero que hagan silencio y escuchen...

porque es de mi viejo amigo, Otis Slocum, y es muy bonita.

Si quiere nuestra ropa vieja, no tiene suerte. La tenemos puesta.

Que Katie lea la carta.

"Querido Joe Lucasta, espero que estés bien y seas rico en California."

Ahí viene.

"Vendí la granja porque el médico dice que debo estar más tranquilo...

y no trabajar tan duro de ahora en adelante.

Todos mis hijos e hijas se casaron, salvo Rudolf.

Rudolf está desesperado por una mujer."

-Dile que se dé una ducha de agua fría. -Cállate, Stanley.

Continúa, Katie.

"Las mujeres buenas y sanas escasean por aquí...

porque muchos jóvenes abandonan esta parte del país.

Le di a Rudolf su parte de la venta...

para que se consiga una buena esposa en el Oeste. Tiene $4.000.

Quiero que le consigas una mujer buena, fuerte, limpia y creyente.

Sé que lo harás, por los viejos tiempos.

Así que Dios te bendiga, Joe. Cuida a mi hijo Rudolf. Otis Slocum."

¿Qué piensa el granjero? ¿Que las mujeres se compran como los cerdos?

A veces es mejor comprar cerdos. ¿Cuándo comemos?

Te llevaré tu cena a la pocilga.

$4.000.

Es mucho dinero para que lo traiga un idiota.

Sí, muchísimo.

-Es mucho dinero y lo necesitamos. -No puedes caer tan bajo.

Si quiere pagar por una mujer y se la conseguimos, no lo engañaremos.

Es un negocio. Así es.

Debo renovar el guardarropa cuando nazca el bebé.

Stella y yo necesitamos una cama nueva.

Estoy cansado de clavarla todas las noches.

Nos vendría bien otro auto.

Hay un Ford usado a la venta por sólo $800. También es convertible.

¡Basta! Dejen de gastar el dinero de Otis Slocum. No los dejaré.

Aún no lo tienes. Y no tienes que hacer nada. Lo haremos nosotros.

-¡Dije que no! -Te dije que no debes hacer nada.

Si no lo hacemos nosotros, lo hará otro.

¿Qué posibilidades tiene un tonto de conservar su dinero aquí?

No los dejes hacer nada. Es vergonzoso.

Deberíamos poder conseguirle una chica linda a Rudolf.

Las chicas que conozco están casadas o tienen hijos.

¿Y la hermana de Irene?

Desde que fue a San Francisco, no miraría a un granjero.

-¿Y la hija de Tom? -¿Qué pasa? Dame carne.

-Nos pagaría para que la alejáramos. -¿Quién dices tú, Stanley?

-La hija de Tom. -Qué buena idea.

-Cualquier hombre le viene bien. -Llámala mañana, Stella.

La llamaré después de cenar. Es el mejor momento para encontrarla.

Bien, no lo olvides.

Lo tienen todo planeado.

¿No creen que quizá Rudolf tenga sus preferencias para las mujeres?

Tienes toda la razón, Katie.

Debemos conseguirle una buena. No nos arriesgaremos con una mediocre.

-¿De qué sirve? -Ya sé quién le presentaremos a Rudolf.

-¿Quién, mamá? -Anna.

-¿Quién dijiste, Theresa? -Anna.

-¿Perdiste la cabeza? -No, Joe.

Fue una inspiración. Así Anna podrá empezar de nuevo.

Establecí una regla: ya no se habla de ella en esta casa.

Y yo respeto esa regla, Joe. Nadie habla mal de Anna.

Esto es bueno para ella. Podremos ayudar a Anna.

Ella no es nada buena, pero le servirá.

-Hablas de tu propia hermana. -¿Y qué? No es más que una puta.

No digas eso. Nadie puede hablar así de ella.

Papá no la echó porque sí.

-¡Cállate la boca o te daré una bofetada! -Inténtalo.

Nadie golpea a mi esposa, salvo yo.

-¿Tú y quién más? -Así es.

Arreglemos esto. Mantengamos la calma.

Es nuestra oportunidad de mirar esto desde el ángulo humano.

-¿Qué? -Todos tenemos ángulos diferentes.

Pongámoslos todos juntos y hagamos lo que yo digo.

Cualquiera puede ver que mamá tiene toda la razón.

Anna es la mujer para Rudolf, así que busquémosla.

-¡Nunca! ¡Nunca jamás! -Quizá haya cambiado.

-No parece ni un día más vieja. -¿Cómo lo sabes?

Un amigo la vio. No quería decírtelo.

-¿Decirme qué? -Nada. De todos modos, está genial.

-¿Y si no quiere estar con Rudolf? -Deja de hablar.

¿No oíste lo que leyó Katie?

¿No oíste que Otis quiere una chica creyente para su hijo?

-Joe, debes dar esta oportunidad a Anna. -¡No!

-¡No, Theresa! ¿Te has vuelto loca? -Pero, Joe, ella...

Lo juré entonces y lo repetiré: ¡Ella no regresará a esta casa!

Supongo que eso significa que ella no regresará a esta casa.

No. Joe quiere que regrese. Pero es su orgullo testarudo e idiota...

-que no quiere admitir que se equivocó. -No sabes lo que haces.

La quieren de vuelta para venderla como un animal.

No sé de qué hablas. Yo sólo quiero recuperar a Anna.

Haré que Joe la busque. Lo convenceré, ya verás.

¿Crees que puede hacer que ese viejo buey entre en razón?

Si no lo logra, supongo que deberé hablar con él.

Si no tengo el guardarropa nuevo, no podré salir de esta casa.

-Nunca pensé que fueran tan inhumanos. -Al menos no somos hipócritas.

-¿Quién lo es? -Tú.

No tienes ganas de vivir bajo el mismo techo que esa prostituta.

Ni se me cruzó por la cabeza. Quisiera conocer a Anna.

Presiento que se parece mucho a su madre.

Nunca conocí a alguien más dulce que Theresa.

Suéltame.

No hasta que me prometas que dejarás que Anna regrese.

¡Aléjate de mí, Theresa!

Si no le das esta oportunidad, quizá nunca podamos...

¿Estás herida, mamá?

Chicas, lleven a mamá a descansar arriba.

Debes darle otra oportunidad a Anna.

Está bien, déjamelo a mí. Sube con ellas, Stanley.

-Yo quiero hablar con él. -No hablaré con nadie.

-Yo hablaré y me escucharás... -¡Vete de mi casa!

-Sólo queremos que entres en razón. -¡Fuera!

-Deberías irte. -¿Quién pagó la renta los últimos años?

-¡Cállate! -No me digas que me calle.

Ya basta. Ahora vete, como te dije. ¡Vamos!

Odio ver eso, Joe. Qué mal que tu hijo te levante la mano.

No lo criaste bien. Y a Stella, tampoco.

Me costó domesticarla.

Parece que a la única a la que le demostraste cariño fue a Anna.

-Le tenías mucho cariño, ¿verdad? -Sí.

Sí, resultó ser tu peor error.

Es una lástima, pero como dice el dicho...

"En un viento malo no hay nada bueno"

Tú y yo podemos sacar algo bueno de todo esto.

Sé lo que quieres decir, así que no te esfuerces.

Claro. Deberías saber que no gasto mis palabras.

Hay formas más rápidas de hacer las cosas que hablar.

¿Por qué echaste a Anna?

-El libro de himnos me lo dijo. -¿El libro de himnos?

Tú no eres practicante, Joe.

Ni siquiera vas a misa los domingos. Prefieres quedarte durmiendo.

No, no fue el libro de himnos. Mamá dice que fue tu orgullo.

No podías estar orgulloso de esta familia.

¿Por qué la echaste? ¿Por qué no quieres que vuelva?

Porque no los dejaré gastarse el dinero de Otis Slocum.

No hay nada que odie más que los mentirosos.

-No es mentira. -Recibiste la carta de Otis hoy...

y hace mucho que Anna no está aquí.

Te daré una última oportunidad para decir la verdad, Joe.

Así que dila. Te ahorrarás muchos disgustos.

No sé de qué hablas.

No hay nada más que decir que lo que ya te he dicho.

Claro que sí. Tienes miedo. Temes admitir que te equivocaste.

-Eso te está molestando. -¡Hice lo correcto!

¿Por qué lloras, Joe? ¿ Qué te pasa?

Nada.

¿Nada? Mírate, tiemblas como una hoja. ¿Por qué tiemblas?

-Porque todo lo que dices es mentira. -¡Pues pruébalo!

Pruébalo trayéndola de vuelta y mostrándonos que actúas como un padre.

-Como un padre bueno y amable, Joe. -No.

¿Tienes miedo?

Te daré un poco de coraje. Lo necesitas aquí mismo.

Vayamos al centro, así te tomas el autobús a San Diego.

-No puedo hacerlo. -Pero es tu obligación.

-Quizá mañana. -No, esta noche.

Stanley, ¿dónde fue que tu amigo vio a Anna?

En Noah's Wharf Café. ¿Irá?

-Tu hijo te hizo una pregunta, Joe. -No tengo dinero.

Dale dinero para el billete, Stanley.

-Tranquilo. También es de Katie. -¿Tú también me causarás problemas?

-Vamos, Joe. -Frank, ¿irá a buscarla?

-Sí, mamá. Cambió de idea. -¿De veras irá?

-Ése es mi Joe. -Vamos, nos estás reteniendo.

-Cuando debes irte, no puedes quedarte. -Sabía que lo harías, Joe.

Que Dios te bendiga. Recuperaremos a nuestra pequeña Anna.

Vamos.

Lester, tu destino está en mis manos.

Ya cerré.

Vamos. Àbrele a un marinero ansioso en una noche fría.

-Es Danny Johnson. Déjalo entrar. -Nunca me iré a dormir.

Hola, Noah. Abre la puerta. Hay un marinero solitario aquí.

Lester, ¿qué harás? ¿Te quedarás afuera toda la noche? Pasa.

-Hola, cariño. -Hola, Danny.

-¡Qué gusto verte! -No soy una bolsa de papas.

-Bajaste de peso, cariño. -Entre otras cosas.

-Pero sigues estando guapísima. -Gracias.

-Lester, mira lo que encontré. -Sí que no pierdes el tiempo.

-Es la chica de la que te hablé. -Perdón.

-Disculpen. ¿Vendrá alguien más? -No, Noah, somos los últimos.

Él es Lester. Es el que guarda el dinero. El tesorero.

Te presento a Anna Lucasta.

Una vez que la conozcas, verás que es de lo mejor.

-¿Cómo estás? -¿Cómo te va?

Parece que Lester es un buen tipo.

Sabes que sólo me junto con los mejores.

Dime, ¿por qué no me escribiste?

Atracamos en Long Beach y vinimos en taxi a buscarte, ¿no es así?

Así es, pero valió la pena pagar el taxi.

Tu amigo tiene estilo.

Lo traje para resaltar mis mejores cualidades.

Dice que en el fondo soy un caballero. Tú me conoces bien y te encanto.

-Será mejor que vaya a escribir una carta. -No, quédate y diviértete.

¿Divertirme?

¿Y si pido unos tragos?

Buena idea. ¿Por qué no se te ocurrió a ti?

-Mi mente está pensando ya en otras cosas. -Sí, pero tenemos compañía, ¿recuerdas?

¿Mencionaste un trago, marinero?

Perdóname que me meta.

No te disculpes. Eres demasiado guapo para eso.

No lo excites. Es su primer crucero.

Pero no mi primer puerto.

Vamos, ¿qué quieren? Y que sea rápido.

-Trae una botella grande y gorda. -Cerveza.

-¿Cuánto nos costó el taxi? -¿Cuál es la diferencia?

-Valió la pena, ¿no? -Debemos de haber pagado $20.

No paraba de pensar: "Quizá enganchó a un pez gordo."

-"Quizá se fue de la ciudad." -Deja de exagerar.

No exagero. Pregúntale a Lester. Pero se acabaron los problemas.

Te encontré y ya no podrás escaparte de mí. Lo firmo.

De veras, ¿qué te parece?

-¿Resalta mis mejores cualidades? -Bueno, en parte...

¿Y él qué sabe? Sólo le gusta lo sencillo. No tiene gusto.

Hay algo más que va con eso.

Toma. Mira.

Danny, esto es usado.

Déjame ver si encuentro el resto. Espera. ¿Dónde está Papa?

Lester, ¿dónde está Papa?

Si lo dejaste en el barco... Aquí está.

-¿Dónde me lo pongo? -No te lo pones, querida.

Es alguien a quien debes conocer muy bien.

Otro de tus rompecabezas antillanos. ¿Cómo lo desarmo?

No se desarma. Trátalo con respeto y te hará favores.

Ahora está planeando algo importante para ti.

-¿Sabes de qué habla? -Es un gran plan.

Dile quién es Papa.

Es un modelo de Agoue, el dios haitiano del mar.

Parece que es bueno con los marineros.

Parece que Papa y yo nos parecemos.

Vamos, hablo en serio. Mi barco zarpará en unos días.

No quiero estar en la Marina otros cuatro años.

-¿Qué te hicieron? ¿Te echaron? -¿Lo oíste? Vaya ridiculez, ¿no, Papa?

El Almirante me rogó que no me fuera, ¿verdad, Lester?

-Lloró como un bebé. -¿Y ahora qué harás?

Conseguiré un taxi y volveré a conducir.

El bonito Papa conducirá la tapa del radiador.

Me debes el dinero del trago de la dama.

Lester, págale, ¿quieres?

Toma, cariño.

-Brindemos. -Por tiempos mejores.

-¿De dónde eres, Lester? -Hartford, Connecticut.

-Un verdadero sangre azul. -Hasta habla francés.

¿De veras? Di algo en francés.

-Sólo sé unas pocas palabras. -Apuesto a que son las correctas.

-Sí, pero cómo te decía... -Sí, ¿qué decías?

-Te hablaba del gran plan. -Volverás a ser taxista.

Ésa es la mitad del plan.

Sabes cómo es la Marina. Te mandan de un lado al otro.

Ahora que estoy fuera, lo que necesito es un ancla.

-Alrededor del cuello. -Muy graciosa.

Sé que, como todos, piensas que sólo voy a bares...

y estoy con mujeres, bebiendo y teniendo relaciones, ¿no?

Es sólo una parte. También tengo otro lado...

el lado que quiere un hogar y una mujer.

Para decirle al volver a casa tras un duro día de trabajo...

-"Hazme un bistec." -¿Qué quieres decir?

-Quiere decir que buscas una cocinera. -¿Acaso intentas arruinar todo esto?

-¿"Todo esto"? ¿ Qué te propones? -Te lo diré sin más vueltas, cariño.

Un hogar sin una mujer es un pila de ladrillos fríos.

¿Y si tú y yo estamos juntos?

¿Me estás proponiendo matrimonio?

Bueno, algo por el estilo.

- Cómo que algo por el estilo? -Es casi lo mismo.

¿Qué es casi lo mismo?

Cualquiera puede traer a un predicador y pagarle $2 para que hable.

-Que lo nuestro sea diferente. -¿En qué?

Mira, cariño, considera cómo es en las Islas.

Lester lo confirmará. Cuando un hombre y una mujer se gustan

ponen un coco en el suelo, el tipo trae un cuchillo y hace...

Y están casados.

¿Trajiste cocos en la bolsa, Danny?

-¿Por qué no te casas con ella, Danny? -Tienes prohibido hablar.

Tranquilo. Sólo bromeaba.

Actuaste tan rara que me pusiste piel de gallina. No me asustes así.

-¿Qué te pasa? ¿Te volviste loca? -Claro. Todo el mundo está loco.

-Vamos, bailemos. -No sé bailar.

¿Qué pasa? ¿También tienes piel de gallina?

-No, no sé bailar. -Claro que sabes.

-Ojalá supiera. -Sabes bailar si quieres.

Ya basta.

No se permite bailar. Además, algunos queremos dormir.

No es mala idea. ¿Qué dices, Papa?

Aún no terminamos de bailar. No cierres.

-Lester, cómpranos otro trago. -Y sonríe. ¿No quieres ser feliz?

No sabe si quiere ser feliz o bueno.

-Pero nosotros sí sabemos, ¿no? -Claro.

-Brindemos. -Por tiempos mejores.

¿Qué te pasa?

¿En qué puedo servirle?

Anna, vine a verte y a hablarte.

Tuve suficiente de ti para toda mi vida. Estás en mi territorio ahora.

Así que no tengo por qué escucharte ¡vete!

¿Quién es el viejo?

Ustedes tienen coraje. Es mi papá.

-¿Qué quieres, papito? -Quisiera hablar a solas con mi hija.

-Vámonos, Danny. -No se vayan. Quédense por aquí.

-No puedes negarte a hablarle a tu padre. -¿Quién dice que no? Es un país libre.

Me dijo lo que pensaba de mí cuando me echó.

Vine a pedirte que olvides todo eso y que regreses a casa conmigo.

¿Por qué ese cambio, papá? ¿Crees que soy rica?

-No le hables así a tu padre. -Que le hable como quiera.

¿Por qué te metes? Hay libertad de expresión.

No soy el único que quiere que vuelvas. Todos lo quieren.

A mamá no le pasa nada, ¿verdad?

¿Pasarle algo? No, está bien.

Tan sólo se muere por que vuelvas. ¿Regresarás a casa conmigo?

-No puedo. -¿Por qué?

¿Por qué diablos crees que no?

¿Por qué la molestas, viejo? La estás alterando.

No te metas, marinero. No te incumbe.

¿Quién dice que no?

Sé lo que está pensando. Tú también lo sabrías si pensaras.

Ya no se siente cómoda en casa.

Debiste haberlo pensado antes de echarla.

¿Qué derecho tienes para decir eso? Se sentirá cómoda si quiere.

-¿Puedes ofrecerle algo mejor? -Deja de meterte.

Al menos Lester no depende de Papa Agoue.

Si quieres el consejo de tu barman preferido, ve.

-Te dará tiempo para pensar. -¿Quién quiere pasarse la vida pensando?

¡Inténtalo por cinco minutos!

Anna, tengo un billete de autobús para ti. ¿Regresarás a casa conmigo?

Stanley se casó con una Foster, ¿no?

Katie, es simpática. Te caerá bien, Anna.

Supongo que mamá aún hace pan casero y postre de duraznos.

Y mantiene la ropa blanca limpia y fresca.

¿Regresarás a casa conmigo?

-¿Qué tengo que perder? -Nada, sólo te aburrirás hasta morir.

Al menos comeré tres veces y dormiré bien.

Yo te daré lo mismo, cariño.

Pasé muchos meses sin eso mientras tú navegabas.

-¿Podemos subir a buscar tus cosas? -Tranquilo, papá. Las llevo puestas.

Noah, me acordaré de ti cuando tenga sed.

Hazlo y mándame una postal con una X en tu ventana.

-¿La enmarcarás, Danny? -La romperé.

Suerte con el taxi.

Y cuida a Lester, ¿quieres? Que resalte tus mejores cualidades.

Ojalá estés satisfecho, bocazas. Arruinaste todo.

Ella no pensaba en una noche. Te ofrecía toda una vida.

Lester, ¿cómo fue que entraste a la Marina?

-Veo que compraste el auto. -No exactamente, Frank.

Lo probaré siete días.

Ni muy grande ni muy chico.

Lo apruebo.

COMERCIANTE FRANK Compra y venta de ANTIGÜEDADES

¿Qué te parece?

-Sigues vendiendo la misma basura. -Vamos, Frank. Llegaremos tarde.

Stanley, es hermoso.

-¿Podemos usarlo para buscar a Rudolf? -Aún no es mío.

Sube. Lo será para cuando Rudolf llegue a esta casa.

Mejor ten cuidado

Mejor ten cuidado

Deberás rendir cuentas en el Juicio

Mejor ten cuidado

Mejor ten cuidado con lo que dices

Mejor ten cuidado

¿Crees que el cartel de Frank hará que Rudolf confíe en esta familia?

Me parece un muy buen cartel...

salvo que creo que hubiera inspirado más confianza...

de haber pintado a George Washington.

-Te sientes muy bien, ¿no es cierto? -Con Anna de vuelta...

presiento que todo estará bien para todos.

Mamá, creo que dejaré mi empleo para trabajar con Frank.

Lo que tú quieras, hijo.

Entonces yo buscaré un empleo estable mañana.

Pensé que eran la pareja más feliz del barrio.

Siempre me está criticando. No hago nada bien.

No es sólo él, mamá. Sigue a Frank y a Stella, como siempre.

¿Con qué?

Sabes lo que quieren hacer cuando Rudolf llegue a esta casa.

Todos esperamos lo mismo...

que a Rudolf le guste Anna y viceversa.

¿Te cae bien Anna, Katie? Actúas como si así fuera.

Claro que sí.

Es una chica inteligente, atractiva y muy considerada.

No me mezclaré en un plan para usarla para el bien de otros.

-¿Me hablas a mí? -No, me critica a mí...

porque, como Frank y Stella, creo...

que si hacemos de Anna alguien respetable casándola con él...

merecemos algo del dinero que él tiene.

Si se casan, seguro que ambos querrán colaborar.

-No se lo sugeriste a ella, ¿verdad? -Por supuesto que no.

Quiero ver si él es lo suficientemente bueno para ella.

Vives en las nubes, ¿no es cierto?

Me siento en el Cielo desde que Anna volvió.

Me gusta oír su voz, aunque diga vulgaridades.

Me hizo reír muchísimo la otra noche en la cama...

contándome sobre gente rara que conoció sirviendo en el restaurante en San Diego.

¿Así que servía comida?

Sí, Stanley, así se ganaba la vida.

Siempre supe que Anna en el fondo era buena...

y que no acabaría en la calle por desviarse una vez.

¿Crees que sólo se desvió una vez?

Sé que Anna es buena. Nadie me dirá lo contrario.

Lo supe la primera noche cuando se acurrucó en mis brazos...

y lloró hasta dormirse.

Supe que su corazón era tan bueno y dulce como antes...

cuando era un bebé en la misma cama y tomaba pecho.

Una vez, se levantó y preguntó...

"¿Está lloviendo?" Le respondí: "Sí, cariño, está lloviendo."

Me dijo: "Qué bien."

Se volvió a dormir, como un bebé pequeño.

Joe, ¿por qué no fuiste a la estación a buscar a Rudolf?

No tengo cara para verlo.

-Pegado a un taburete en el bar de Mike. -Sí, así es.

Mantente sobrio y arréglate para recibir al hijo de tu mejor amigo.

-Déjame en paz. -Vamos, mamá. Preparemos la cena.

¿Qué sucede, papá? Estás muy nervioso.

El Señor castiga a quienes se burlan de sus padres.

No me hables del libro de himnos. Soy demasiado inteligente para eso.

¿ Qué sucede? ¿Stanley te molesta por tu libro?

-¿De dónde lo sacaste? -Me lo dio mamá.

Pensé que podría leer el evangelio sobre morir e ir al infierno.

También habla mucho sobre el Cielo y cómo llegar.

No lo vi.

"La tierra de Beulah."

Mi papá y mi abuelo cantaban.

Tierra de Beulah

Camina en la Tierra de Beulah

Cantaban y cantaban hasta que se quedaban sin aliento.

Y sin ginebra.

No le digas borracho a mi papá. ¡Pagano!

¿Qué sucede? ¿Por qué siempre denigras a la gente?

Papá estaba cantando.

Vamos, papá. Cantemos más Dwelling in Beulah Land.

-Olvidé la melodía. -Pero la estabas cantando.

Te dije que la olvidé.

-Stanley, bailemos. -No con mis pies.

-¿Y tú y yo, papá? -No.

Tú me enseñaste a bailar.

¿Lo recuerdas?

Bailemos, papá.

No, no me pongas las manos encima.

¡Cómo te atreves! ¿Te volviste loca?

Anna, ¿quieres una taza de café?

No, esperaré hasta la cena.

Vaya cena que prepararon para el caballero.

Es lo menos que podemos hacer para el hijo de un viejo amigo de papá.

¿Y Frank y Stella fueron hasta Union Station a buscarlo?

-Por cortesía. -Ahora le dicen así.

-Cállate. -No me callaré.

Tranquila. Ya sé para qué viene Rudolf. Mamá me lo contó.

No les interesa que seas respetable.

-Sólo quieren su dinero. -¿Estás loca?

¿Así que el tipo tiene dinero? ¿Cuánto?

-Su padre le dio... -$45.

$4.000.

-No puedes hacerlo, Anna. -¿Por qué?

¿No quieren que sea respetable, como dice Stanley?

Sólo te rebajarías.

Bueno, igual no valgo mucho, Katie.

-¿Dónde está Rudolf? -Sí, ¿dónde está?

-¿Llegó? -Sí.

¿Qué hicieron con él?

Lo busqué y le compré unas cervezas. Se mareó mucho.

Luego lo llevé al hotel y lo vi deshacer la maleta.

Ya está listo para dormir mucho.

Mañana a la mañana, lo llevaré a tomar el desayuno y a misa.

-¿No vendrá a cenar? -No.

¿Cuál es el misterio? Ustedes están tramando algo.

Tenemos que abordar el tema desde otro ángulo.

Rudolf no es lo que creíamos.

-¿Qué le pasa? -Mucho.

Nuestro Rudolf se graduó en agricultura.

-¿Terminó la universidad? -Con honores.

El papá de ese chico nos hizo una mala jugada.

Igual lo casaremos con Anna.

Ni lo sueñes. Es demasiado pulcro. Se daría cuenta enseguida.

-¿Y cómo conseguiremos el dinero? -Ése es el problema.

-¿Estás seguro de que lo tiene? -Sí.

Lleva una billetera en el bolsillo que lo hace caminar torcido.

No debimos haberle hecho caso a mamá con lo de Anna.

Debimos haber traído a la hija de Tom.

Frank mencionó que Otis dijo que estaba ansioso por casarse.

-¿Qué crees que dijo? -¿Qué?

"Fue idea de papá. Vine a California a buscar un trabajo."

Debemos alejar a Rudolf de Anna. Si no, ella nos avergonzará.

-Me temo que no será tan fácil. -¿Por qué?

Porque está tras el dinero de Rudolf.

-¿Quién le contó sobre el dinero? -¡Bocazas!

-Katie le contó todo. -¿No los puedo dejar solos ni un minuto?

Apenas me doy vuelta, uno de ustedes lo arruina todo.

-Mamá, regresaron. -Necesitamos un enfoque nuevo.

Claro que sí, sé lo que haremos. Será un enfoque inversionista.

Lo haremos invertir su dinero en algo especial.

Debemos abordarlo con lo que le interesa.

¿Qué le interesa a Rudolf? La agricultura.

-¿Dónde está Rudolf? -Está agotado, mamá.

El viaje desde Alabama cansa. ¿Cuándo comemos?

¿Estaba muy cansado y no vino? ¿Para conocer a Joe, el amigo de su padre?

Le expliqué que Joe no andaba muy bien...

y estuvo de acuerdo en que venir mañana estaría bien.

-¿Cuándo comeremos? -Nunca estuve tan decepcionada.

Le hice una cena sureña. Qué descortesía de su parte.

-Me parece una falta de respeto. -Tienes razón, mamá.

Es una falta de respeto. Pero conoces a los pueblerinos sureños.

-¿Le dijiste que lo esperábamos? -Claro que sí.

¿Pero qué puedes hacer con un tipo cansado que sólo quiere dormir?

-Estaba agotadísimo, ¿verdad, Stella? -Apenas podía caminar.

Hay alguien en la puerta principal.

Ve a ver quién es, Stanley.

Frank, creo que es Rudolf.

Hazlo pasar, Stanley.

Pasa, por favor.

-Nos alegra mucho verte, Rudolf. -Gracias, señora.

Es imposible no reconocerte.

Es idéntico a su padre cuando tenía su edad...

tan pulcro y guapo.

Sra. Lucasta, me está dando vergüenza.

No debes tenerla.

Debes sentirte en casa y dejarme tratarte como un hijo.

No estás demasiado cansado como para comer, como dijo Frank, ¿no?

¿Demasiado cansado? No, señora, siempre puedo comer.

Así me gusta que hablen mis hijos.

-Soy Katie. -Hola, Katie. ¿Cómo estás?

Disculpa. Debo volver a la cocina.

Pasa y siéntate, Rudolf. Siéntete como en tu casa.

-Gracias, Frank. -¿Dónde está Anna?

Mantenla arriba.

Espero no interrumpir la cena, pero quería venir a saludar.

No te preocupes. ¿Quieres chupar? Perdón, ¿quieres un trago?

No, gracias. Aún siento las dos cervezas que bebimos.

Los hombres sabios conocen sus limitaciones.

-Buena paráfrasis de Sócrates. -¿Sócrates? Sí, claro.

-Lo leí en la universidad. -Toma un cigarro.

-No, gracias. -¿No?

-Pero si no te molesta... -Adelante. Sírvete.

Gracias.

Rudolf, ¿qué te enseñaron en la escuela de agricultura?

Casi todo lo que quería saber.

Supongo que a arar y cavar con azada.

-Eso ya lo sabía a los diez años. -¿Ah, sí?

¿Por supuesto, supongo que siempre hay nuevos inventos...

como azadas y arados mecánicos?

¿No conoces los tractores, Frank?

¿Los tractores? Claro que sí.

El otro día hablaba de eso con un tipo inteligente.

Y tenía una opinión novedosa al respecto.

¿Cómo se llamaba?

¿Cómo se llamaba? Era sólo un inventor.

Sabes que les gusta mantener las cosas en secreto.

-Nadie le robará el nombre. -No, supongo que no.

Veamos. ¿Cómo se llamaba?

-¿McCormick? -No.

No era Deere, ¿verdad?

-¿Cómo se escribe? -D-E-E-R-E.

Algo así. Sí, era el Sr. Deere. Ahora lo recuerdo.

Él sí que sabe.

Junto con McCormick, es el mayor fabricante de tractores del mundo.

No, no era él

Era sólo un inventor. ¿Entiendes? Un inventor privado.

Papá me enseñó algo de pequeño.

Mantente alejado de los inventos hasta que sean infalibles.

Papá ganó su dinero a la antigua, con arado y azada.

Tu padre es un personaje.

¿Qué parte de la agricultura te interesa?

Me interesa todo lo que entra a la tierra...

y sale de ella.

Pero en la universidad hice un trabajo con fertilizantes.

¿Fertilizantes?

Eso es bien vulgar... Es sólo estiércol.

Has de conocer a alguien en el campo, Frank. ¿Pretzels, Rudolf?

Gracias, Stella.

-¿Nadie nos presentará? -Ella es Anna.

¿Cómo estás, Anna? ¿Eres una vecina?

-¿Una vecina? -¿Olvidé decir que tenía una hermana?

Estuve tanto tiempo fuera que no se acostumbran a mí.

No ha de tomar mucho tiempo acostumbrarse a ti.

Normalmente, no.

¿Qué te parece si te llevo a dar una vuelta y te muestro...

-las antigüedades que tengo? -Me encantaría, Frank.

-Bueno, vamos. -¿Y si vamos luego?

¿Dónde has estado viviendo?

Hay algo del mar que siempre me ha gustado.

¿Alguna vez estuviste en San Diego?

No, es la gran base naval, ¿verdad?

La Marina y la marina mercante son la mayor fuente de ingresos de la ciudad.

¿Qué hacías en San Diego?

¿No fue mamá llamándonos a cenar?

-Yo no oí a nadie. -Iré a decirle que se apure.

¿Qué dijiste que hacías en San Diego?

Bueno, no estudié.

Stanley dice que te graduaste.

Sí, el mes pasado.

Qué bonito anillo.

-Supongo que te lo dio alguna chica. -No, es el anillo de mi fraternidad.

Sí, es una joya muy cara.

Debes cuidar tus objetos de valor en esta ciudad.

Yo no llevaría cosas valiosas encima.

En California hay gente mala.

¿Quieres beber unas cervezas antes de cenar, Rudolf?

No, gracias. Estoy bien.

-¿Ah, sí? Vaya... -Estoy bien.

Salvo que hace un poco de calor aquí adentro, ¿no?

¿Por qué no te quitas tu abrigo?

-Si no te molesta. -Ponte cómodo.

Gracias.

¿Qué llevas? ¿Un arma?

No, es mi billetera.

Rudolf, hace poco conseguí una caja fuerte muy segura.

-Puedo llevarme esto y... -Ponlo en el banco.

Sí, lo depositaré mañana.

Te llevaré a mi banco y te presentaré al gerente.

Él es Joe.

Como te dije, no anda muy bien últimamente.

Hola, Sr. Lucasta.

Me alegra mucho verlo. Oí de usted toda mi vida.

No, soy el hijo de Otis, Rudolf.

¿Cómo está mi viejo amigo, Otis?

Papá está bien, Sr. Lucasta. Le manda saludos.

Otis me dijo que te consiguiera una buena esposa.

Eso dijo Frank. Así es papá. Aún cree que soy un niño.

Ten cuidado con las mujeres, hijo.

-Claro. -Y con el vino.

Si uno no te mata, el otro lo hará.

Cuida bien tu dinero. Que nadie te lo quite.

-No, señor. -Será mejor que lo pongas...

Deja la botella, Joe.

-Vamos, siéntate. -¡Suéltame!

¿No ves que estoy hablando con mi viejo amigo Otis?

Es una pena que no te oiga. Está muy lejos de aquí.

-Él es Otis. -Él es Rudolf.

Déjame en paz. Te lo advierto, ¡te golpearé!

-Tranquilo, Joe. -¡Suéltame!

Déjalo solo, Frank.

-Papá, ¿quieres una taza de café? -Tú.

No me hables. Aléjate o te daré una bofetada...

Stanley, ven.

Vámonos.

Disculpa a Joe, Rudolf. Tiene un problema psicológico.

No parece encontrar el fondo de la botella.

HOSTERÍA HOLLYWOOD

BISTECS A LA PARRILLA

CAFETERÍA

HELADOS

SALÓN ROYAL

Nunca creí saber bailar hasta hoy.

Has de ser tú. ¿Era mambo lo que bailábamos?

¡Vaya, vaya! Puedo bailar el mambo sin tomar clases.

-¿Adónde te gustaría ir? -A casa.

No me he divertido tanto en mi vida como esta semana contigo.

La noche pasa muy rápido, no me di cuenta de que ya era la 1:30.

¿En serio?

-Pareces cansada. ¿Lo estás? -Un poco.

Lo siento, cariño. Terminamos tarde todas las noches, ¿no?

Para ti todo esto es muy común. Pero yo me estoy divirtiendo muchísimo.

Me gusta estar contigo, Anna.

Nunca pensé tener la suerte de conocer a alguien como tú.

Es bueno disfrutar las vacaciones.

¿Vacaciones? Vine a California a quedarme.

Ya vi un trabajo que me gusta.

-¿Dónde? -Valley Jr. College. Di mis referencias.

-Ahora espero la respuesta. -Pero pensé que querías cultivar.

Justamente enseñaré agricultura moderna.

Me intriga saber cómo entraste en ese vestido.

-Te queda muy bien. -¿Qué quieres decir?

¿Dije algo malo?

No hace falta preguntarle a una chica cómo entra en un vestido.

No dije nada que no les dijera a mis hermanas...

y ellas nunca se ofendieron.

Probablemente sea mi mente sucia.

No digas eso de ti. Eres un poco remilgada, y me gusta.

Como tú quieras.

-¿Entonces podemos ser amigos? -No sería muy difícil.

Tienes manos muy suaves.

Suaves y frescas, como la tierra.

Rudolf, ¿qué eres? ¿Un bromista universitario?

Si eso te parezco, pues soy sólo un bromista universitario.

No hablas en serio al decirme que mis manos son como la tierra.

Lo haces sonar como una tontería y yo quedo como un idiota.

No quise decirlo así.

Eres un chico muy raro. Nunca conocí a alguien como tú.

Nunca conocí a nadie como tú. Nunca.

Parece que vieras a través de la gente y les leyeras la mente.

En tu opinión, no siempre se las leo bien.

Es porque no confías en la gente. Alguien te ha de haber lastimado.

-Más de uno. -¿Por qué querrían lastimarte?

Vámonos.

-Toma. Está refrescando. -Gracias.

Hablé con tu madre.

-Está preocupada por ti. -¿Por qué?

-Teme que te vayas otra vez. -No pensaba quedarme tanto.

¿Entonces no te parezco tan feo?

-Me caes bien. -Ya es algo.

Lo único.

Durante la semana, creí que nos conocíamos un poco más cada día.

Aunque no habláramos, sentía...

que empezábamos a significar algo para el otro.

Pero en la pista de baile, mientras te tenía en mis brazos...

supe que de pronto te había perdido.

¿Qué pasa, Anna? Por favor, dímelo.

Cuando era pequeña, papá me trataba muy bien.

Cambió cuando los chicos empezaron a acompañarme a casa.

Uno de ellos, Charley, bailaba muy bien, así que papá lo odiaba.

Y nos hizo romper la noche de la fiesta de graduación.

Me fui de casa después de cenar y vine a este parque.

Presentía que Charley también vendría, y lo hizo.

Nos sentamos en este banco tomados de la mano.

No había mucho que decir.

Y luego papá vino corriendo al parque como un maníaco...

insultándome como loco.

Tomó a Charley y lo golpeó mucho. Luego me tomó a mí.

Nunca había visto una cara semejante.

Me arrastró hasta la casa, me obligó a hacer mi equipaje...

me llevó a la estación de autobuses, me dio $20 y me dijo que nunca volviera.

No recuerdo haber comprado un billete. No paraba de llorar.

Sólo recuerdo haberme bajado en San Diego...

sin saber cómo buscar un lugar para vivir.

La flota estaba en el puerto, y un marinero simpático me levantó.

Me llevó a cenar y me robó los $20.

Y fue la última amabilidad humana que viví.

Ya no tengo frío. Ha de haber cambiado el viento.

No entres todavía.

-Perderás el autobús. -No puedo dejarte así.

-Lamento haberte arruinado la velada. -No es cierto.

Me alegra que me contaras lo que me contaste. Ahora te siento más cerca.

No te lo dije por eso.

Lo sé. Quieres ser sincera conmigo.

Seré sincero contigo, Anna.

Te amo. Quiero que seas mi esposa.

Y si no te gusta la ciudad, no hay por qué vivir aquí.

Podemos regresar al Sur. Enseñaré.

Podemos ir adonde quieras, mientras estés conmigo.

¡Aleluya!

No digas nada, cariño. Déjame abrazarte.

Y que Dios te bendiga por amar a mi Anna.

No seas tonta. No hagas un mundo de algo que no existe.

No puedes decirme que no lo amas. Vi cómo lo besabas.

Aprendí a besar hace mucho.

¿Pero no me amas, Anna? ¿Ni un poquito?

Te amo, más que un poquito. Pero no lo suficiente como para casarme.

Cariño, la otra noche me dijiste...

que te casarías con el hombre indicado.

Cosas que se dicen de noche.

Sé que lo dijiste en serio y no sólo por decirlo.

¿Dónde se ha visto semejante locura?

Un tipo entra a tu casa y te saluda...

y enseguida quieres casarlo con tu hija.

Nadie me casará con alguien si yo no quiero.

Y no me tomó diez días enamorarme, sino diez segundos.

Lo supe apenas vi tu cara.

Pero no todos son como tú, Rudolf...

que no tienen nada más que bondad para mostrar.

Sé que eres buena, Anna.

Ella es buena. ¿No ves lo que sucede, Anna?

Dios mandó a este joven encantador a casa para ti.

Lo mandó porque se lo rogué, ya que tú nunca tuviste una oportunidad.

Y el joven se enamoró de ti desde el principio. También gracias a Dios.

Dios te da la oportunidad de ser feliz en el amor.

No romperás tu corazón y el de Rudolf, ¿verdad?

Dios todo lo soporta, mamá, pero Rudolf no es tan duro.

Vamos. Deja de resistirte, ¿quieres, Anna?

¿Eres ciego, sordo y mudo?

¿No oíste nada de lo que te dije en el parque?

Oí lo que dijiste. Todo.

Y no cambia nada.

¿Qué voy a hacer con un tipo así?

Quererlo, darle hijos y hacerlo feliz.

Tu madre tiene razón. Deja de lado ese resentimiento.

Di que te casarás conmigo.

-A tu propio riesgo, Rudolf. -Lo tomo.

¿Qué diablos sucede?

-Se casarán. -¿Quién? ¿Anna y Rudolf?

-¿Quién crees? -¡Qué sorpresa!

-Felicitaciones, Anna. -Felicitaciones.

Gracias, Stella.

Mamá, parece que perderemos a la pequeña Anna otra vez.

Puedes besar a tu cuñado, Stell.

Bueno.

¿Qué haces? ¿Quieres que crea que nuestras mujeres son rápidas?

¿Adónde se irán de luna de miel?

-Adónde quiera Anna. -Conozco un lindo lugar en San Francisco.

¿Cómo lo conoces? Nunca fuiste a San Francisco.

Un tipo me contó.

Entren todos y brindemos para celebrar.

Nunca estuve tan contenta.

Vadeen en el agua

Vadeen en el agua, niños

Vadeen en el agua

Dios agitará el agua

Frank, corre arriba a decirle a Katie que te dé la novia y el novio.

-¿La novia y el novio? -Sí, están debajo de mi cama.

Mamá, deja la bebida hasta la boda.

Anna se está vistiendo arriba y Rudolf espera en el hotel.

No están debajo de la cama.

Hablo de la novia y del novio que van encima del pastel.

¿Por qué no lo dijiste?

Busca a los novios bajo la cama de mamá.

-Están en una caja de cartón. -En una caja de cartón.

De acuerdo.

No entiendo el cerebro de las mujeres.

Si no quieren entender algo, no lo harán por nada en el mundo.

Les dices que busquen a los novios en una caja bajo una cama...

y saben lo que quieres decir.

Es fácil, Frank. Las mujeres se hacen las tontas, los hombres nacen así.

¿Cómo te sientes, Joe?

Pensé que estabas en cama enfermo.

-Me siento un poco mejor. -Joe, te recuperaste.

Quizá cambies de parecer y lleves a Anna al altar.

No, Theresa, nunca me sentiré tan bien.

-Ve a la cama y quédate ahí. -Haré lo que me dé la gana.

Ahora tengo ganas de ver los preparativos para la boda.

Están listos para una orgía, ¿no?

Si crees que irás a la iglesia a armar un lío, olvídalo.

Porque si haces un ruidito, te atraparé y te hundiré la cabeza en el fregadero.

No digas tonterías. ¿Por qué va a arruinar la boda?

Tú no entenderías, mamá. Eres muy joven e ingenua.

Frank, abre la puerta. Debo quitarme estas cosas raras del cabello.

Oye, mamá. Guarda esto en un lugar seguro.

Rudolf, ¿qué haces aquí?

Esperar en ese cuarto de hotel me pone nervioso.

-¿Está todo bien? -Claro.

-¿Cómo está Anna? -Saltando de alegría.

-¿Está nerviosa? -Nerviosa, pero bien.

-¿Dónde está Stanley? -Ahí adentro, no.

Lo mandé a lavar el auto. Debió haber vuelto hace una hora.

¿Y si no aparece a tiempo?

Entonces seré doble padrino de boda.

Todo va a salir bien. No tienes de qué preocuparte.

Hola, Sr. Lucasta. Espero que hoy se sienta mejor.

Me sentí mareado toda la mañana, hijo.

Lamento oír eso. Mi padre me mandó un telegrama hoy.

Manda saludos para todos, en especial para usted, Sr. Lucasta.

Veo a tu padre llevando a tu madre a la boda en el viejo carruaje...

como si fuera ayer.

-Ojalá que no haya pinchado una llanta. -No, tiene una de repuesto.

De hecho, es la única que está bien.

Mejor te doy el anillo y los papeles por las dudas.

Chiquito... Es decir, pequeño. Es decir, muy bonito.

No gastaste mucho, pero tienes buen gusto.

¿La licencia? Veamos.

¿Qué es esto?

Los certificados de salud...

los pusieron después de que me casé.

Muy bien y saludable. Sí que eres un muchacho sano.

El otro día hablaba con un tipo.

Un tipo inteligente. Te diré lo que me dijo.

"El problema del matrimonio moderno es que se contrae en la ignorancia."

Y tenía razón al 100%.

Sí, es sorprendente cuántos ignorantes se casan.

¡Muy cierto!

-Katie, ¿cómo está Anna? -Muy bien.

-¿Puedo verla un segundo? -No, es mala suerte.

-Tengo una gran noticia para darle. -Yo se la diré.

¿Qué pasa?

Valley Junior College confirmó mi designación.

Recibí una carta del director de la escuela.

Empezaré a enseñar en el trimestre de otoño.

Genial, Rudolf. Dicen que es una escuela muy buena.

Un profesor de carne y hueso en los Lucasta.

-¿Quién lo habría dicho? -Anna estará emocionada cuando lo sepa.

-Yo se lo diré. -Ahora debes irte de aquí.

Tu novia bajará, y no debes verla antes de la iglesia.

Adiós, Rudolf.

Adiós, Katie.

¿Ya regresó Stanley con el auto?

Lo mandé a lavarlo. Probablemente esté dando una vuelta.

Tengo que hacerlo más responsable.

Katie, este día es demasiado para cualquiera.

El pastel de mamá se habría quemado...

de no ser por mi premonición que me hizo levantar en medio de la noche.

Sacrificio es mi segundo nombre.

Hoy sí que hablas, Frank.

El predicador debería dejarte hablar en la iglesia.

¡Vaya novia!

¿Cómo dos mujeres pueden parecer tan distintas con el mismo vestido?

Cuando lo usé, también parecías diferente.

Había una línea que mostraba dónde empezaba tu pecho.

-Llegó Stanley. -Mamá, apúrate.

Ya voy.

Stella, sí que haces lindos sombreros.

-Mamá, lo tienes al revés. -¿Quién se daría cuenta?

-¿Ahora está bien? -Estás preciosa.

Mi nenita.

Para esto viví.

Mamá, te quiero.

Bueno. Ya basta, vámonos. Vamos.

No llores, mamá.

Como dijo el hombre: "Hace ochenta y pico de años...

"nuestros antepasados erigieron en este continente una nueva nación..."

-¿En qué puedo servirle? -Quiero ver al decano.

¿Tiene una cita?

-No, pero creo que querrá verme. -¿Por qué asunto es?

Tengo cierta información sobre el profesor que contratará.

-¿Cuál profesor? -Rudolf Slocum.

¿De qué te ríes?

Pensé que Frank no te daría el anillo.

No le gustó dármelo.

-¿Qué le parece, Sra. Slocum? -Mejor, imposible.

Lo logramos. Viajaremos juntos.

Vayámonos rápido. No perdamos ni un minuto.

Debo pagar el hotel y buscar mi ropa. Regresaré en 20 minutos.

No quiero esperar. ¿No podemos irnos ahora?

Tu familia se esforzó por hacer una recepción.

Deberíamos quedarnos hasta que regresen y cortar el pastel.

Claro, sentarnos a comer un pedazo de pastel.

¿No discutiremos recién salidos de la iglesia?

-No quiero discutir nunca. -Y así será.

Seremos felices toda nuestra vida juntos.

-Lo siento. Supongo que tienes razón. -Claro que sí.

Regresaré antes de que me extrañes.

Apriétame como para matarme.

Hola. ¿Hay alguien en casa?

Llegas temprano. Aún no llegaron los invitados.

-¿Puedo esperar adentro? -Ponte cómodo.

Gracias.

-Hola, cariño. -No te quites el abrigo.

-¿Por qué? -Debes irte de inmediato.

¿Qué sucede? ¿Y por qué estás vestida de fiesta?

Acabo de casarme.

Vamos, Anna. No juegues conmigo.

Parece que alguien se casó.

-No podría ser tú, ¿ verdad? -¿Por qué no?

Acabo de recibir tu carta. Vine rápido, como me pediste.

Pensé que no aguantaría ni dos días aquí.

Por eso te escribí para que vinieras a buscarme.

-Pero todo cambió desde entonces. -Vamos. No te casaste.

Espera.

-¿Quién es el tipo que acaba de irse? -Mi marido.

Vaya, vaya.

¿Qué pasó? ¿Tu padre te obligó a hacer algo?

No, es legítimo, Danny, y es mi decisión.

¿Quién es el tipo? ¿De dónde salió?

Es el tipo más simpático que conocí.

-¿Cuándo lo conociste? -Cuando volví.

¿Qué hizo? ¿Te puso algo en la bebida?

No lo sé, pero estoy en las nubes.

Vamos, cariño. Hablas con Danny Johnson, ¿recuerdas?

Tú también eres simpático, Danny.

Muchas gracias, pero no necesitas mentirme.

Vamos, ¿por qué lo hiciste? ¿El idiota es rico?

No me importaría si fuera pobre.

Entonces es rico. Eso cambia todo.

¿Qué es esto?

-Danny, eres bueno, ¿no? -Depende. ¿Qué planeas?

¿Puedes irte? Vete antes de que te vea.

-¿Estás avergonzada de mí? -No, deberías saberlo.

Estoy enamorada de él.

También me decías lo mismo, cariño.

No. No podría habértelo dicho.

No sabía lo que era hasta ahora.

Me hacías sentir como si lo estuvieras cuando llegaba al puerto.

Siempre me alegraba verte, Danny. Hasta te extrañaba cuando no estabas.

Pero éramos dos chicos divirtiéndonos. No pensábamos en mañana.

Así se vive. ¿Qué quieres?

¿Casarte con un tipo que se despide tras desayunar...

va a la oficina mientras tú cocinas tartas...

y luego se queja contigo? ¡Qué horrible!

-¡Rudolf no es así! -¿Te casaste con un tipo llamado Rudolf?

Anna, eso no es un nombre. Es un cigarro.

Lamento que no te guste su nombre, porque su apellido es Slocum.

-Suena como un granjero. -Lo es.

No, es increíble.

No puedo creer que te hayas casado con un granjero.

¿Sabes qué debería hacer? Golpearlo en la boca.

De hecho, es lo que haré.

Esperaré y cuando entre, le volaré los sesos. Muy sencillo.

Te largarás ahora mismo.

¿Para dejarte con el granjero? No seas tonta. No es como tú.

Te volverías loca sin la luz y el movimiento.

Por eso vine. Es lo que te ofrezco.

Ya no lo quiero.

¡No puedes escaparte! Cualquiera que lo buscara...

lo vería en tus ojos como yo lo vi cuando te conocí.

Nunca pertenecerás a un solo hombre. ¡No puedes!

Sí, puedo. Sé que sí. ¡Maldita sea!

Sé lo que quieres hacer. ¡Intentas asustarme!

¡Intento ahorrarte mucho sufrimiento!

Nosotros somos gente de verdad.

Muchas veces la pasamos bien. ¡Quédate conmigo y nos irá genial!

¿Terminaste?

-Sí, terminé. -¿Puedes irte?

-Sí, me iré. -Y no intentes verme otra vez.

Lo recordaré.

Lo recordaré cuando vuelvas con el caballo cansado.

Cuando lo hagas, probablemente te aceptaré...

porque soy casi tan débil como tú.

Adiós, Danny.

Esto no es una despedida, querida.

¿Cómo estás?

-Tienes un auto bonito. -Muchas gracias.

Danny vino para felicitarme.

-¿Ah, sí? -Sí.

Felicitaciones a ti también, papá. Hoy deberías ser un hombre feliz.

Ya te he visto en alguna parte.

Sí, en San Diego.

Sí, eres el marinero que la besaba en el bar.

Sabes cómo es, papá. ¿Qué es un besito entre amigos?

Con tipos como tú, nada.

Lo lamento pero no hay tiempo para un sermón. Debo vestirme.

Y Danny tiene muchas ganas de irse. Vete, Danny.

Mejor apúrate, hija. No querrás hacer esperar a Danny.

No me está esperando. ¡Vamos, Danny, vete!

Mejor espera. Ella necesitará a alguien.

-¿Para qué? -Para que te lleve.

Me iré con mi esposo en unos minutos.

¿Eso crees? ¿Piensas que te querrá cuando sepa todo acerca de ti?

¡Ya lo sabe!

Le conté todo, papá. Absolutamente todo.

De verdad.

Intenté disuadirlo de casarse, pero no me escuchó.

Sé que te cuesta creerlo, porque me odias mucho.

Pero es la verdad.

Déjame salir adelante, por favor.

Y si lo arruino, te prometo algo: Ya no molestaré a nadie.

Nadie volverá a verme.

Sé qué hacer y adónde ir.

Eres lo que eres, y nada en la tierra de Dios podrá cambiarte.

Espera, papá. ¿Por qué te apresuras?

Además, ¿qué posibilidades hay de que le arruines la boda a tu hijita?

Papá, tengo la felicidad en mis manos.

¡Y si me la quitas, te juro que te mataré!

No me importa lo que pase porque no tendré por qué vivir.

No, cariño. Si quieres que se calle...

le volaré los dientes y Rudolf no entenderá.

Rudolf no necesita oírme. No tengo por qué decirle.

¿Qué tienes en mente?

Theresa me dijo que conseguiría empleo cerca de aquí como profesor.

-Así es. -¿Ah, sí?

Viejo, ¡si tienes algo que decir, dilo!

No tengo que decirlo.

Ya lo hice.

¿Qué has hecho?

Fui a ver al decano y conversamos.

Acordó en que no contrataría a alguien...

cuya esposa pudiera enseñarles a los alumnos algo que no figura en libros.

Eres un viejo loco e idiota.

No lo estás protegiendo. ¡Lo estás destruyendo!

Y dondequiera que intente conseguir empleo, haré lo mismo.

¿No te basta con haberme arruinado la vida?

¿También quieres arruinársela a él?

No te importa qué hombre te haga el amor, mientras sea un hombre.

¡Vuelve a comer tres veces y dormir bien con Danny!

Vamos. No me gusta cómo actúa.

-¡Sácame de aquí! -¡Lárguense de aquí!

¡Vamos, llévatela de aquí!

¡Súbela a tu maldito auto y llévatela al infierno!

Me lo llevo.

Dinero.

Y queme esto.

-¿Te gusta estar perdida? -No quiero que me encuentren.

Hola, Blanche. ¿Cómo te trata la vida?

Hola, Noah. ¿Cómo están todos los animales en el arca apestosa?

El mejor amante del mundo, Danny Johnson.

Danny, él es Noah. Blanche, él es Danny. Danny, te presento a Anna.

No te quedes ahí. Trae lo mejor.

-Nada es demasiado bueno para mi dama. -¿Con qué pagarás?

Si tuviera dinero, no estaría aquí.

Vamos, sabes que cumplo. Trae el alcohol, ¿quieres?

Trae el alcohol y que fluya la ginebra.

¿Qué sucede, Noah? ¿Estás paralizado?

Los dos ya bebieron suficiente.

¿Suficiente? Nunca es suficiente para mí. Acabo de empezar.

Fue una gran idea venir a ver a tus amigos.

Los tuyos ni nos dejarían entrar.

Anna, si quieres, puedes pasar la noche en casa.

No importa. Sé cómo es compartir todo.

Dormiré con Danny.

¿No te prometí amarte para siempre?

-¿O se lo prometí a otro? -Tengo sed.

Noah, trae unas cervezas.

¿Cervezas? ¿ Qué sucede? ¿Te volviste avaro?

Estuviste gastando mucho. Vamos, sigue. Ginebra doble para mí.

Ni siquiera beberás una cerveza, Anna.

-Dámela. -¿Qué haces?

No mendigo. Cuando no tengo más dinero, paro. Tú, también.

Pero no puedo parar. Debemos seguir.

Cariño, te apoyo en todo, pero ya consumimos todo en esta ciudad.

Pero debemos irnos. Perdemos el tiempo.

¡Ya deja de darme órdenes! Quiero hallar una solución. Estoy pensando.

Hay olor a óxido.

Muy gracioso.

Ven a la fiesta. Te estás distrayendo.

A veces no entiendo cómo me metí contigo.

Nunca te pedí nada.

Claro que no. Todo lo que llevas puesto, alcohol a granel...

y dinero como si yo lo imprimiera.

No está de moda estar en bancarrota aquí. Estás pasado de moda.

-Deja de presionarme. -¿Quién te presiona?

Necesitas que alguien te presione.

No. Eso es lo que quieres, ¿no?

¡No iré a la silla eléctrica por volarte los sesos!

Es lo que haría si pasara una noche más contigo.

¡Ríete!

¿Sabes lo que hizo? Arruinó mi taxi.

Papa Agoue conducía la tapa del radiador y ella le voló la cabeza...

y con eso se acabó mi suerte.

Si ella te quitó la suerte, ¿por qué sigues con ella?

Seis meses de trabajo se fueron en una semana fatal. ¿Para qué?

Vete. ¿Quién te necesita?

Claro que me iré, cariño.

Debo tener el cerebro vacío para llegar hasta aquí.

Me lo llevaré si no te molesta. No pienso seguir pagando.

No es más que una basura. Dejó de funcionar apenas te besé.

Claro que me besaste. Me diste el beso de la muerte.

Danny Johnson debe viajar mucho...

y vivir mucho, así que me marcho.

Y no te molestes en escribirme...

porque de ahora en más, sólo estaré con mujeres que piensen en una sola cosa,

en mí.

Anna, hablé con Eddy de los Chambers.

Parece que echó a una de sus chicas...

y ahora ella dice que él la golpeó...

al mismo tiempo que él estaba aquí...

el día en que le quemaste el cuello con un cigarrillo.

Recuerdas esa noche, ¿no?

Dios sabe que no tengo por qué hacerte ningún favor.

Pero cuando veo que alguien desperdicia su vida como tú...

mi instinto natural es tratar de salvarlo.

Y no me importa lo que digas, Eddy es un tipo genial.

Necesita un testigo que pruebe que no estaba en los Chambers esa noche.

Si vas y le dices que testificarás a su favor, te dará lo que sea.

De hecho, tendrás el trabajo de la chica que echó.

-No, gracias, Blanche. -Mira, Anna.

No puedes patearle el pantalón a cada hombre al que le gustas.

Pronto, no quedará ninguno.

-¿Por qué no frecuentas otro bar? -No me busques.

No puedes resistirte a Eddy para siempre.

Y además, me harías un gran favor con él.

Adiós, Blanche.

Bueno, ya me voy.

Anna, corre una brisa muy agradable desde el océano.

¿Qué te pasa?

Igual se me vería ridículo.

¿Piensas irte?

-A Río. -¿Qué?

Río de Janeiro. En Brasil. Ahí me iré.

¿Brasil? Una vez lo vi en el mapa.

-Es del otro lado del mundo. -No.

Queda a la misma distancia del ecuador, pero al sur, y el clima es mejor.

-¿Ya fuiste? -Muchas veces.

Tengo un primo que tiene un bar allí.

Veamos. El Iberia sale mañana noche. El Hispanita, el 20.

Conozco al oficial de cubierta del Hispanita. Si trabajo, me dejará ir.

-Llévame contigo, Danny. -Eso quiero.

Primero debo negociar tu billete.

Puedo trabajar, hacer lo que sea. Levantaré carbón.

Cariño, los barcos usan aceite. Tendré que comprar tu billete.

-Vende el taxi. -No puedo. Está empeñado.

Espera. El Hispanita sale el 20.

Si trabajo en el taxi todo el tiempo, podríamos irnos el 20.

No, vayámonos mañana a la noche. En el primero que zarpe.

Relájate. Iremos. Dos semanas no cambian nada.

Para mí, sí.

Mi primo debe vender muchísimas gaseosas.

Imagina un lugar con alcohol en cada esquina...

y que se acostumbren a la gaseosa.

Sería un buen negocio. ¿Me fías? Gracias.

Si fuéramos al muelle, el capitán del Iberia nos dejaría subir.

Ni lo sueñes. Lo conozco. Es mejor negociar con un tiburón.

-Podría hablarle con ternura. -No.

-No lo digas ni en broma. -No bromeaba.

Te dije que iremos cuando pueda pagar tu pasaje.

Vayámonos de aquí hoy, Danny. Debo irme.

Déjame pensar.

Quizá pueda pedirle dinero a Noah. Debe tener $20.

Por $20 deberías matarme.

Muy gracioso.

Tengo dinero.

¿Me lo estuviste ocultando?

No, es el dinero que Rudolf me dio para comprarme el ajuar.

¿Dónde está?

Lo escondí en mi cuarto.

Vamos, aún tengo combustible en el taxi.

-¿Qué sucede? -Nada.

Es tuyo, ¿verdad? ¿Acaso no te lo regaló?

Cariño, Brasil.

¿Y nunca regresaremos aquí?

¿Para qué? Sólo tenemos malos recuerdos.

-Ojalá ya estuviéramos en el barco. -Pronto, cariño.

-Vamos. -No, mejor espero aquí.

Es domingo. Todos fueron a misa.

Vamos.

-No está aquí. -¿Estás segura de que lo guardaste ahí?

Pensé que lo tenía en la muñeca.

Cariño, así no sirve. No lo hallarás hurgando así.

Relájate y tómate tu tiempo.

Cierra los ojos y piensa.

Cariño, siéntate y escúchame.

Con ese dinero podemos comprar dos billetes y viajar en camarote.

¿Quién está ahí?

El viejo ha de estar en su cuarto. Salgamos de aquí.

-Mejor miremos. -Bebió y está durmiendo.

Parece enfermo.

No está ni enfermo ni borracho.

Se está muriendo, Anna.

Ni siquiera oí sus latidos.

Anna, tu padre se está muriendo.

Un mes tarde. Ahora ya no me sirve.

No puedes decir eso.

Acércate y dile algo.

Sostenle la mano, miente si es necesario, pero haz algo.

Llamaré al médico. ¿Dónde está el teléfono?

-En la sala. Yo iré. -No. Tú, quédate. Yo iré.

Àngel.

¿Te fue bien en la escuela hoy?

¿La maestra te dio tarea?

Te ayudaré con tu tarea.

Mi nenita inteligente.

Algún día crecerás y serás toda una dama.

Si no trabajo el próximo domingo, te Ilevaré al zoológico.

¿Recuerdas el viejo elefante?

Él te recuerda.

¿Recuerdas cómo tomó el maní que le diste?

Es porque le caes bien...

y sabe que él también te cae bien.

Los elefantes son inteligentes.

Mi nenita.

Jesús...

Jesucristo querido...

cuida muy bien...

a mi nenita.

El médico está en camino.

No paraba de llamarme "ángel", como cuando yo era pequeña.

No sabía que decirle.

Lo único que pude hacer fue sentarme a verlo morir...

¡mientras él le pedía a Jesús que me cuidara!

-¿Qué le pasa a ese muchacho? -No puede tener tanta hambre.

El sermón del predicador fue larguísimo.

Debo hablar con ese hombre. Seguro sabe cuidar las almas.

Pero con el grado de estrés del mundo actual...

un hombre debe tener un buen par de riñones.

Leí en el boletín médico el otro día...

que el peor problema de la civilización actual es el dolor de cabeza.

¿Sabes qué es un dolor de cabeza?

Un mensaje que manda el estómago al cerebro...

"No mandes más basura."

FIN

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