All language subtitles for El Cid (1961)

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Original subtitles

Ésta es España, en el año 1080 después de Cristo.

Era una tierra desdichada, desgarrada por las guerras,

Medio cristiana y medio mora.

De esta época es la historia de Rodrigo Díaz de Vivar.

Conocido en la historia y la leyenda como El Cid Campeador.

Fue un hombre corriente que se convirtió en un gran héroe.

Él superó los odios religiosos

y llamó a todos los españoles, cristianos o no,

a enfrentar al enemigo común que amenazaba España.

Este enemigo reunía un feroz ejército

al otro lado del Mediterráneo, en las costas africanas.

Se trataba del emir africano Ben Yusuf.

El Profeta nos ordenó gobernar el mundo.

¿Dónde en toda España,

está la gloria de Alá?

Sólo hablan de sus poetas, músicos, doctores y hombres de ciencia.

¿Dónde están sus guerreros?

¿Y se dicen hijos del Profeta?

¡Se han convertido en mujeres!

Quemen los libros, hagan guerreros de sus poetas.

Que los médicos inventen venenos para las flechas.

Y sus sabios máquinas de guerra.

¡Y entonces maten!

Dentro de sus fronteras viven infieles.

Hagan que se maten unos a otros

y cuando estén debilitados, yo vendré desde África

para levantar el imperio del verdadero Dios, Alá.

Alá es el único Dios.

¡Nos expandiremos!

Primero por España.

luego, por toda Europa.

Después por el mundo entero.

Alá es misericordioso.

No hay más Dios que Alá.

Padre nuestro, estamos perdidos en la oscuridad.

De nuevo destruyen nuestras ciudades

y esclavizan a los nuestros.

Por favor ayúdanos Padre, envíanos a alguien

que nos guíe hasta la luz.

Padre.

Venga.

La cruz.

La cruz.

No pudimos salvar su pueblo,

pero capturamos a sus líderes.

¿Quién eres?

Rodrigo Díaz de Vivar.

¿Vivar?

Estás muy lejos de tu casa.

No vienes preparado para la batalla.

Hoy debía celebrar mi boda padre.

¿Cómo es que viniste aquí hijo mío?

Creí tomar el camino más corto para llegar a mi boda.

Estamos listos, señor. ¿Los colgamos ya?

No, Fáñez. Vendrán a Vivar con nosotros.

¡No!

¡Alto!

¡Alto! ¡Atrás!

¡Fernando dejen esas piedras!

Bienvenido a casa hijo mío.

Te traje prisioneros moros.

No esperábamos esta clase de invitados.

¿Pedirás rescate?

Los prisioneros son tuyos.

Son tuyos. Tú los capturaste.

Decide tú lo qué haya que hacer.

¡Ahórquenlos! ¡Ahora!

Somos emires. Reyes.

Les pagarán mucho por nuestro rescate.

Estás muy dispuesto para matar,

pero para morir, no tanto.

Sí lo estoy, Don Rodrigo.

No tengo deseos de ver lo que se nos avecina.

- ¿Y qué se nos avecina? - Guerra, muerte y destrucción.

Sangre y fuego, mas terrible como jamás alguien haya visto.

Don Diego, llevaré sus prisioneros al rey, en Burgos.

No son mis prisioneros. Le pertenecen a mi hijo.

Perdóneme, Don Rodrigo.

Entonces, sus prisioneros serán ahorcados en la plaza mayor de Burgos.

Será un escarmiento para otros moros.

Conde Ordóñez,

estos prisioneros no irán a Burgos.

Al rey no le importará si los cuelgas aquí.

Los hemos matado durante años, ¿y qué hemos ganado?.

¿Paz?

Cuélgame y mis hijos no descansarán

hasta que no quede un solo cristiano con vida en Vivar.

¿Hay otro modo de tratar a estos Moros?

¿Quieres que este pueblo viva con miedo el resto de sus días?

Antonio, ¿quieres ver cómo arde tu iglesia?

¿Y tus aldeas destruidas?

Entonces mátenlos.

Don Diego,

dígale a su hijo que es traición negarse a entregar los prisioneros

a un oficial del rey.

Rodrigo sabe lo que debe hacer.

¿Juran no volver a atacar el reino de Fernando?

Lo juro.

Entre mi pueblo tenemos un nombre para los guerreros justos

y con el coraje para ser compasivos.

A un hombre así, lo llamamos "El Cid".

Yo, Moutamín, Emir de Zaragoza,

juro amistad al Cid de Vivar

y alianza a su soberano, Fernando de Castilla.

Que Alá me ciegue y se seque mi carne

si rompo mi juramento. En el nombre de Alá.

En el nombre de Alá.

En nombre de Fernando, rey de Castilla, León y Asturias,

te acuso de traición.

Dentro de siete días comparecerás ante el Rey en Burgos

para responder a esta acusación.

Elegiste el camino más corto, hijo mío.

No para tu boda, sino para su destino.

Dios te ha enviado a nosotros, hijo mío.

Dios te ha enviado.

¡Rodrigo!

Pero estaba segura de haberlo oído.

Debería haber llegado ya. ¿Por qué tarda tanto?

No está retrasado, mi señora. Debe esperar hasta la puesta del sol.

Y apenas es mediodía.

Sí.

En verdad no comprendes la idea del tiempo que tiene el amor.

Tarde significa muy pronto y la noche, mediodía.

Pero en fin, un hombre a caballo no puede volar

ni aún con las alas del amor.

Cierto, mi señora.

Me he pasado toda la noche pensando.

Ha caído en una emboscada de los moros

Lo ha atacado algún loco.

o se ha enfermado.

Se dice que todas las enamoradas, son atormentadas de esta manera.

Porque no se atreven a creer en tanta felicidad.

¿En verdad será así?

Ayúdenme, por favor.

El vestido es... muy hermoso.

Su Alteza es... muy generosa.

Nos honra con su presencia.

No, este no es un día corriente.

¿No sabes nada? Hemos recibido noticias.

Ah, sí.

¿Noticias de Rodrigo, Su Alteza?

De Rodrigo.

- Tu vestido es muy hermoso. - Su Alteza... Su Alteza.

¿Puede decirme qué le ha ocurrido a Rodrigo?

Sí, puedo contarte.

- ¿Sabías que Rodrigo venía hacia aquí? - Sí.

¿Y que hubo una batalla?

¿Sabías que tomó parte en una batalla contra los moros?

Jimena.

Padre mío, dime.

¿Rodrigo está herido?

No, Rodrigo está sano y salvo.

Lo amas demasiado.

Dos nombres: mi padre...

y Rodrigo.

Jimena,

eres mi única hija. No tengo esposa.

Sólo tú puedes perpetuar mi sangre.

Debería haber tenido un hijo.

Pero Rodrigo será tu hijo.

¡No!

Eres joven, puedes aprender a amar de nuevo.

¿Podría aprender a amar a otro padre?

No es lo mismo. Hay otros.

¡Jimena!

¡Jimena!

Don García Ordóñez, dime qué ha ocurrido.

Siempre has sido un buen amigo.

Y sería algo más para ti, Jimena, si me lo permitieras.

- Sabes que nunca podrá ser. - Puede que ahora lo sea.

¿Por qué ahora?

¿Podrías amar a un traidor, Jimena?

Desde que amo a Rodrigo, esa pregunta no tiene sentido.

Tiene sentido ahora. Rodrigo es un traidor.

No te creo.

- Hay testigos. - Tampoco les creeré.

Yo fui quién levantó cargos en su contra.

Va a ser juzgado por traición contra el Rey.

Harías cualquier cosa para dañar a Rodrigo.

No. Haría cualquier cosa por conseguirte.

¡Jimena!

¿Y si la acusación es cierta?

- ¡No lo es! - Muchos estaban presentes.

No saben lo que vieron.

Lo verás por ti misma, Jimena.

Su Majestad Don Fernando

el Rey Nuestro Señor,

Rey de Castilla, León y Asturias.

Y Los Infantes

Príncipe Sancho.

Príncipe Alfonso.

Y la Infanta Doña Urraca.

Este tribunal requiere

su consejo en un asunto de gran importancia para la corona.

García Ordóñez acusa de traidor a Rodrigo de Vivar.

¡Sí, es un traidor!

¡Porque es cierto!

¡Eso no es cierto! ¡No es cierto!

¡Silencio! ¡Silencio! ... al acusador.

Mantengo mi acusación. Ha traicionado al rey.

Ha liberado a los enemigos del rey.

Calma, caballeros.

¡Calma, calma, caballeros!

No deberías estar aquí.

Entonces me marcharé.

No.

En otro momento.

Para siempre.

Además, no hay peligro.

- ¿No hay peligro? - No.

Escúchalos.

No me importa,

porque sé que no eres culpable.

Si ni siquiera sabes lo que hice.

No,

pero sé que no fue traición.

¿Qué hiciste?

Le perdoné la vida a un hombre. Bueno, a 5 hombres.

¿Pero como pueden llamar a eso traición?

¿Por qué?

¿Quiénes eran esos cinco hombres?

Emires.

¿Moros?

¿Dejaste vivir a unos Moros? ¿Por qué?

No estoy seguro si hice bien.

No lo sé. Creo que fue...

fue un extraño suceso.

Venía a casarme contigo.

No recuerdo dónde estaba.

Había caminos,

árboles, gente.

Pero sólo recordaba tu rostro.

Hubo una batalla. Y luché.

Pero no puse el corazón en la espada.

Sólo veía tu rostro.

En verdad pensé,

¿Por qué nos matamos unos a otros?.

Entre moros y cristianos...

Jimena.

¿Comprendes lo que estoy tratando de decir?

Sí. Pero siempre hemos estado en guerra contra ellos.

Lo sé.

Siempre.

Entonces, ¿no crees

que podríamos vivir en paz?

No es una acusación que haría a la ligera contra un hombre.

Especialmente contra quien en poco tiempo sería mi futuro hijo.

Pero un hombre que libera a los enemigos del rey,

hijo o no hijo,

debo llamarlo traidor.

Señor, está mancillando el honor de nuestra familia.

Esto no puede ser.

Yo también he sido Campeón del Rey.

Eso fue hace muchos años Don Diego.

Mejor será que lo deje en nuestras manos.

No, Señor, se han dicho cosas que no pueden ser olvidadas.

Ni siquiera en esta Asamblea Real.

¡Conde Gormaz de Oviedo!

cuando llamas a mi hijo traidor,

te digo que mientes.

Yo soy el Campeón del Rey.

No avergonzaré mi espada con la sangre de un anciano.

Pero no ha nacido el hombre que me llame mentiroso.

¡Mentiroso!

En realidad no lo comprendo, Rodrigo.

Pero sé que si nació de nuestro amor,

no puede estar mal.

¿Qué quieres?

Has humillado a mi padre.

Quiero devolverle su nombre,

pero no de la manera que conoce.

Lo quiero limpio para que vuelva a estar orgulloso de él.

No puedo disculparme, y no porque no quiera.

No sé como hacerlo.

La gente te apreciará más por eso.

- Todos comprenderán. - Te he dicho que no.

Vete a casa, Rodrigo.

No quiero nada para mí.

Me humillo ante ti.

Ten piedad de un viejo orgulloso.

No tengo piedad para aquellos que han vivido una vida inútil.

¡Conde!

Se lo suplico.

¿Ve? Sólo es una palabra.

¿No sabe decir "Perdóname"?

No puedo.

No lo haré.

Ahora vete.

No me hagas manchar mi vida y la de Jimena con tu sangre.

Vete a casa, Rodrigo.

Nadie te despreciará por no luchar con el Campeón del Rey.

¡Conde Gormaz!

Te lo pediré...

sólo por esta última vez.

Veo que aún hay honor y valentía en Castilla.

Y ahora recuerdo porqué te creí merecedor de mi Jimena.

Vete a casa, Rodrigo.

¿Qué gloria traería al campeón del Rey matar a alguien como tú?

¿Puede un hombre vivir sin honor?

No.

Bien, Conde,

ahora estoy satisfecho.

¡Jimena!

¡Jimena!

¡Padre!

¡Jimena!

¡Padre! ¡Padre!

Véngame, como lo haría un hijo.

No dejes que mi muerte

quede sin vengar.

Sin vengar.

Padre...

No buscaba la vida de tu padre, Jimena.

No, pero sabías lo que pasaría.

Y estabas preparado para matarlo.

Has comprado tu honor con mi tristeza.

No tuve otra salida.

El hombre que elegiste para amar no pudo hacer otra cosa.

¿Por qué viniste? ¿Pensaste que la mujer que escogiste para amar

podría hacer menos?

Intenté no venir.

Lo intenté.

Me dije que mi amor no tenía derecho a existir,

pero mi amor no morirá.

Mátalo.

Mátalo tú.

Dime que ya no me amas.

No puedo.

Todavía no.

Pero tendrás una enemiga digna de ti, Rodrigo.

Aprenderé a odiarte.

Doña Jimena,

hija del fallecido Gran Conde Gormaz, de Oviedo

el llorado Campeón del Rey.

Doña Jimena.

Nunca hubo un momento en que necesitáramos mas a su padre.

Su muerte ha sido una gran pérdida para nosotros.

Y yo nunca había lamentado tan profundamente

ser su hija y no su hijo.

No me andaré con ceremonias, Fernando.

Tres veces te he escrito sobre el asunto de la ciudad de Calahorra

y no he recibido respuesta.

La ciudad de Calahorra pertenece a Aragón y vengo a reclamarla.

Calahorra siempre ha sido parte de Castilla.

Su Majestad, Fernando de Castilla, León y Asturias,

deniega su reclamación.

Ramiro, rey de Aragón por la gracia de Dios,

reta a Fernando de Castilla, León y Asturias,

a medirse con él en batalla

en las planicies de Calahorra, con todos sus ejércitos.

A quién salga victorioso de esta batalla

la ciudad de Calahorra, le pertenecerá ¡para siempre!

No.

España entera está amenazada por los moros.

¿Qué sería mas oportuno para el enemigo

que ver a dos reyes cristianos despedazándose?

¿Por qué no decidir la suerte de Calahorra en un sólo combate

entre tu Campeón y el mío?

Sabemos por qué escogiste este momento para reclamarla.

Nuestro Campeón ha muerto.

Ahí está el guantelete.

Deja que un hombre lo recoja ahora, o despídete de Calahorra.

Mi Rey,

permítame que recoja el guantelete.

¿Por qué debemos confiar el futuro de la ciudad a tus manos inexpertas?

Porque yo maté a su Campeón, Señor.

¿Qué hombre es el mejor para reclamar su puesto?

Don Martín ha matado a 27 hombres en otros combates. Lo sabes.

Sí.

Sí, Señor. Lo sé.

¿Por qué entonces, arriesgarías tu vida de esta manera?

Se me acusa de traición, Señor.

Y de otras cosas.

No he podido responder a mis acusadores. No me han juzgado.

Dejen que apele al Juez Supremo.

Si soy culpable, Dios guiará la lanza de Don Martín a mi corazón.

Si soy inocente, Dios será mi escudo.

- No ha luchado nunca. - Pero es fuerte Padre.

Una ciudad entera está en juego.

Él derrotó a nuestro Campeón.

¿Y si lo mató por la espalda? nadie fue testigo.

Ese no es el estilo de Rodrigo.

Déjalo luchar, padre.

Tiene mucho por que hacerlo.

Rodrigo Díaz de Vivar. Recoge el guantelete.

Y que mi Dios te de fortaleza.

Que mi Dios me de fortaleza.

¿Para qué han venido a este lugar?

Hemos venido a luchar

por la ciudad de Calahorra.

¿Lucharán sin dar cuartel, hasta morir?

Lucharemos.

Vayan, pues, y luchen por Calahorra.

¡Don Martín!

¡Don Martín!

Tú que fuiste enemigo de mi padre,

¿querrías ser su vengador? ¿llevarás mis colores?

Mi Señora, ¿quién no estaría orgulloso de llevar sus colores?

Le prometo,

que aquél que la ha ofendido, morirá.

Hasta que triunfe, mi color será el negro.

Rodrigo,

El Campeón de Castilla no puede ir al combate

sin los colores de una dama.

Mi Señora.

Dios Todopoderoso, la hora de mi juicio ha llegado.

Júzgame, y deja que todos sepan de mi culpabilidad, o mi inocencia.

¿Crees que Don Martín matará a Rodrigo?

Espero que sí, Su Alteza.

Seguro que entenderás porque no puedo sumarme a tus esperanzas,

después de todo, perderíamos la ciudad.

¡Rodrigo ha resistido la primera!

¡Mátenlo!

¿A quién pertenece Calahorra?

Calahorra pertenece a Fernando

y a Castilla.

Dios quiso darme fuerzas, Señor.

Nunca vi un hombre luchar con más coraje.

Nuestro Señor está contigo.

¿Quién puede ahora negar que las acusaciones eran falsas?

Estamos profundamente agradecidos Rodrigo.

Serás mi Campeón.

Su color ya no es mas el negro.

Hasta que mi padre sea vengado

el negro más intenso será mi color.

Alguien me vengará. Alguien se prestará a vengarme.

No, Jimena, créeme.

Ningún caballero en toda Castilla arriesgará su vida contra Rodrigo.

Él se ha vuelto muy peligroso.

¿Entonces porqué ha venido a verme Don García?

¿No será ese odio algo pasajero?

¿Realmente quieres ver muerto a Rodrigo?

¿Lucharás con Rodrigo?

Luchar, no. Matarlo.

Podría luchar con él. No es cuestión de valentía.

Antes de verte por primera vez,

estaba listo para arriesgar la vida, pero...

ahora no, Jimena.

¿Matarlo?

¿Cómo?

Quiero tu amor, Jimena.

Más de lo que quiero el honor, la gloria o la riqueza.

- Tú comprendes ese amor. - Sí.

Sí lo comprendo.

Entonces, lo mataré.

¡Padre!

¿Por qué me dejaste esta herencia?

Rodrigo de Vivar.

Estás aquí como nuestro Campeón, y Primer Caballero del Reino.

Con esta espada puedes derrotar a todos nuestros enemigos.

Caballeros, por primera vez en muchas generaciones,

nuestros vasallos Moros se rehúsan a pagar tributos.

han sido instigados por los Moros de África.

Una expedición, por eso, debe ser enviada a cobrar tales tributos.

Esta expedición será tu primera tarea.

Espero ser merecedor, Señor.

- Don Sancho irá contigo. - Espero ser merecedor, padre.

¡Señor!

Esta será la primera misión del infante.

¿Puedo acompañarlo?

Tienes mi permiso, Conde Ordóñez.

Asesora a Don Sancho. No le ahorres penas ni peligros.

Pero enséñale que la paz, no la guerra, es la primera tarea de un Rey.

Mi Señor, según la antigua costumbre,

cuando un caballero deja sin amparo a una dama,

está obligado a ampararla.

Yo maté al padre de esa dama.

Por eso, si con la ayuda de Dios, regreso vivo de mi misión.

¿Me dará a Doña Jimena de Gormaz por esposa,

para cuidar de ella y protegerla, como su padre lo hubiera hecho?

Sí, Rodrigo.

Acabemos con estos odios.

La boda se celebrará a tu regreso.

Doña Jimena estará dispuesta.

En el nombre del Padre, del hijo, y del espíritu santo... Amen.

Este es el hombre que querías muerto.

Este es el hombre que ha matado tu alma.

Sí, Su Alteza.

Aún así, ¿aceptarás este matrimonio?

Si esa es la orden del Rey, debo obedecer.

Mío Cid, cuidado.

¡Deténganlo!

- Mi señor Moutamín. - Mío Cid.

- Has llegado en buena hora. - ¡Loado sea Alá!

Ha sido traicionado por uno de los suyos, mío Cid.

Traicionado por un cristiano. Salvado por un moro.

Te has enemistado con los tuyos.

No es mas de lo que mío Cid hizo por mí.

- Si alguna vez me necesitas... - Si alguna vez me necesitas...

¡Ordóñez!

mío Cid.

Antes de morir quiero que sepas que la mujer que amas

me ofreció sus favores si te mataba.

¡Mátelo!

¡Mátelo, nos ha traicionado!

No.

Déjenlo ir.

Creerán que soy débil.

Ud. será Rey. Debe aprender a pensar como uno.

Cualquiera puede matar, pero sólo un rey puede perdonar una vida.

No quiero más sangre en mi matrimonio.

Sí, quiero.

Sí, quiero.

¿Quiere un poquito de vino, señora?

Es un vino muy bueno, traído especialmente de Vivar.

No, gracias, Fáñez.

Llevas toda la noche diciéndole a mi señora lo bueno que es todo

porque viene de Vivar.

Bueno, porque lo es.

Lo verá Ud. misma cuando vaya a Vivar.

Es un lugar muy alegre.

- ¿Es cierto eso, Fáñez? - Sí, mi señora,

es imposible estar allí sin... sentirlo.

Pienso que mi señor y mi señora deben estar cansados.

Sí.

Buenas noches, mi señor, mi señora.

Buenas noches. Y que esta noche sea la más...

Quiero decir que sea... Buenas noches,

mi señor, mi señora. Buenas noches.

Ya que he tomado votos de esposa,

y como no debe haber secretos entre marido y mujer,

hay algo que deseo decirte.

A veces es mejor no decir nada.

Aún entre marido y mujer.

Dicen que un pensamiento inexpresado

se convierte en un fantasma.

Tenemos sitio suficiente para unos cuantos fantasmas.

Sabía que Ordóñez te traicionaría.

Planeamos tu muerte.

Juntos.

Jimena, yo sabía que planeaban matarme.

Ordóñez me lo dijo.

Nunca esperé que nuestro matrimonio

me devolvería enseguida tu amor.

Pero esperaba que terminaría con el odio, y...

y que de alguna forma,

Jimena...

¿Sabes por qué me casé contigo, Rodrigo?

Porque era la única forma para mí de vengar a mi padre.

Cierto es que si me deseas, tienes derecho a tomarme,

pero nunca tendrás mi amor.

Quizás ambos nos hemos herido muy profundamente.

¿Jimena?

¿Eres Jimena?

Sí, reverenda madre.

Soy Jimena.

¿Por qué has vuelto a nosotras?

Vengo buscando paz, madre.

Después de todo lo que has pasado

la paz que buscas no la hallarás tras estos muros.

Tú fuiste hecha para el mundo, Jimena.

Un día querrás volver a él.

Pero puedes quedarte hasta que creas que puedas irte.

¿Por qué no me han aclamado rey?

¡Porque no eres el rey! Debemos dividir el reino.

¿Qué?

¡Padre te dejó Castilla, pero León y Asturias a mí!

¡Embustero!

Y a Urraca, la ciudad de Calahorra.

Soy el primogénito. Me corresponden por derecho.

El reino no será dividido.

No podrás evitarlo. Soy rey de Asturias y León.

No te dejaré dejarme fuera.

Soy el primogénito. ¡Lo tendré todo o nada!

Entonces no tendrás nada.

Tú y Urraca contra mí.

Papá estaba muy viejo y ella lo convenció.

No eres mejor que nosotros

sólo por ser el primogénito.

Tú y nuestra hermana, siempre igual.

La abrazas demasiado fuerte.

La deseas.

Mientes.

¡Sancho, no!

¡Creyó que podía ser rey!

¡Ansures!

Acompaña a Su Alteza a su nuevo reino.

Los calabozos de Zamora.

¡Entréguenme al prisionero! O me lo llevaré a la fuerza.

Somos trece y tú estás solo.

Lo que hacen está en contra de la ley de Dios.

Aunque fueran el doble, yo no estaría solo.

¿Qué clase de hombre eres?

Vamos.

Vayamos a ver a su hermana, a Calahorra.

¡Abran las puertas de Valencia en el nombre de Alá!

Y entonces Ben Yusuf marchó a Valencia para pedir

ayuda al asustadizo rey moro, Al Kadir.

Quería asegurar el desembarco de su ejército en la costa española.

Márchense. Todos.

Mi Señor Ben Yusuf, cuánto honor.

Cuánto honor.

Alabado sea Alá. Nuestro momento ha llegado.

Fernando ha muerto y los dos jóvenes reyes han reñido.

Así lo ha querido Alá.

Y ahora, si Alá lo quiere, un hermano matará al otro.

¿Cómo sucederá eso?

Él lo matará.

Dirán que un hermano mató al otro.

El reino quedará dividido y habrá gran confusión.

Cuando esté debilitado, traeré mis legiones de África.

Una estrategia magistral.

Cuando desembarquemos, puede que ataquen Valencia.

Si lo hacen, conservarás Valencia. ¿Entendido?

Sí, mi Señor. Lo he entendido.

Te dejaré a mis guardianes para asegurarme de que entendiste.

¡No me ayudarás Urraca!

¡Vete!

¡Márchate!

¡Urraca!

¡Urraca!

¡Urraca!

¡Urraca!

Has dado asilo a mi hermano.

Exijo que me lo entregues de una vez.

Esta es mi ciudad. Aquí no puedes exigir.

Entrégamelo de una vez, o sino mi ejército los atacará.

Alfonso se quedará aquí, conmigo.

Te doy hasta el amanecer para que decidas.

Mi Señora,

¿qué daría

porque alejaran a Sancho de sus puertas?

¿Y quién podría hacer tal cosa?

¡Yo podría!

Sólo... sólo que el precio sería muy alto.

- Gracias a Dios que Estás aquí. - ¿Qué ocurre?

Si no me rindo, Sancho nos atacará por la mañana.

Ayúdanos, Rodrigo.

¿Qué se puede hacer cuando un hermano lucha contra el otro?

Si nos apoyas, vendrán más caballeros.

Yo juré lealtad ante Sancho.

También ante Alfonso y ante mí.

Si ayudo a uno, traicionaría al otro.

No puedo ayudar a ninguno.

Pero Sancho matará a Alfonso.

Suceda lo que suceda, será sin mi mediación.

¿Qué buscas aquí, Dolfos?

Tengo que hablarle a solas, Mi Rey.

Habla.

Es posible tomar Calahorra sin luchar.

Lo ayudaré.

¿Por qué harías esto por mí?

Porque no quiero una guerra civil.

Dime.

Conozco una puerta que no está vigilada.

Lo guiaré a usted y a unos cuantos hombres...

Aunque mi padre confiaba en ti, Dolfos,

un movimiento en falso...

Pero estoy desarmado, Señor.

Muéstrame esa puerta.

Desde aquí, será mejor que sigamos a pie.

- No veo ninguna puerta. - Allá, a la vuelta de esa esquina.

¡Abran!

¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta!

¡Alarma!

¡Confesión!

¡Confesión!

Príncipe Sancho.

Rodrigo.

Mi pobre Sancho.

Casi llego a ser rey,

¿Verdad?

Eres un rey, Mi Señor.

No he venido aquí como reina.

Perdóneme, Su Alteza.

Aún amas a Rodrigo,

y se que Rodrigo aún te ama.

Ha hecho un largo viaje para venir aquí.

¡Rodrigo de ser detenido!.

Ni Alfonso ni yo consentiremos esto.

Rodrigo te escuchará.

¿Y qué debo decirle a Rodrigo, Su Alteza?

Ha amenazado a Alfonso con obligarlo a jurar en público

que no mandó matar a Sancho.

¿Es que no es inocente de la muerte de su hermano?

Debes convencerlo de que no lo haga. No debe.

No lo consentiré.

Será mejor que hables con él.

¿Me has comprendido Jimena?

La he comprendido Su Alteza.

¡Nadie puede obligar al rey a jurar! ¡Nadie!

Ante Dios y esta Asamblea,

perdono a los que se han levantado contra mí.

Prometo defenderlos y favorecerlos

al igual que a los que me guardaron lealtad.

Mi juramento aquí escrito

lo confío a la Santa Iglesia.

Castellanos.

Dios ha querido que yo sea su rey.

Y les pido que se arrodillen en señal de lealtad.

Rodrigo de Vivar, conocido como "El Cid",

¿Por qué sólo tú rehúsas arrodillarte?

Señor, todos los que aquí ves,

y aunque ninguno se atreva,

tienen la sospecha que fraguaste la muerte de tu hermano.

A menos que des pruebas de tu inocencia

no tendrás ni un vasallo fiel.

Tu reino estará dividido por la duda.

Por eso no puedo jurarte lealtad,

ni reconocerte como mi señor.

¿Qué te convencería de mi inocencia?

Tu juramento sobre los libros sagrados.

¿Me pides que jure?

Sí, se lo pido.

Muy bien.

¿Jura que no ordenó

la muerte del rey Sancho?

¡Lo juro!

¿Jura que no indujo a nadie a ello?

¡Lo juro!

¿Jura que no fraguó la muerte del rey Sancho?

¡Lo juro!

Si jura en falso,

que lo maten como a su hermano.

Por la espalda y a manos de un traidor.

¡Diga amén!

Vas demasiado lejos, Rodrigo.

¡Diga amén!

¡Amén!

Nuestro ilustre soberano Alfonso,

rey de Castilla, León y Asturias,

hace saber que Rodrigo de Vivar

ha ofendido su real persona, y se le condena al destierro de por vida.

A partir de hoy, dentro de nueve días deberá abandonar el reino

solo y sin escolta.

Todas sus propiedades, bienes, tierras y privilegios

quedan confiscados por la corona.

Se prohíbe a los vasallos del rey alimentarlo,

hospedarlo, ayudarlo o dirigirle la palabra.

Que hombre o mujer le preste ayuda alguna.

Tengo sed.

Tengo sed, caballero. Tengo sed.

Aquí no dejan a los leprosos beber de ninguna fuente.

Tengo sed.

Toma,

es para ti.

para ti.

- Gracias, Mío Cid. - ¿Cómo sabes quién soy?

En toda España sólo hay un hombre capaz de humillar a un rey

y de dar de beber a un leproso.

¿Quién eres?

Me llaman Lázaro.

Que allá dónde vayas no te falte ayuda, Mío Cid.

¿Puedes perdonarme, Rodrigo?

Jimena.

¿Me llevarás contigo?

Pero ahora yo...

no tengo a dónde llevarte.

Si estamos juntos,

cualquier parte servirá.

Te amo, Rodrigo.

Te amo.

Sabes a lo que te arriesgas si vienes conmigo, amada mía.

Ya que mi amado es un hombre diferente a los demás,

mi vida también será diferente.

Ahora sé...

Ahora sé

cuán difícil sería el camino sin ti.

¿Eres el que llaman "El Cid"?

Sí.

Y Usted debe ser Jimena la hermosa.

¿Ya no lo odias?

No, ya no.

Mi padre dice que nos cortarán la mano si los ayudamos.

Mi padre dice que hay espías por todas partes.

Pero mi padre dice que si van despacito,

pronto oscurecerá

y nadie los verá entrar en nuestro granero.

Supongo que tendremos que irnos antes de que amanezca.

No, espera un momento. Para recordar todo esto.

¿Has dormido en una alcoba mejor?

Nunca.

- ¿O comido mejor? - No.

¿Ni probado mejor vino?

Te amo.

Doña Jimena, esposa mía.

Soy muy dichosa, Rodrigo.

Muy dichosa.

¿Tenemos que irnos?

¿Por qué estás tan contenta?

Porque ya no eres el Campeón del Rey.

Porque ya no tienes ni ejército ni caballeros.

Y porque sólo me tienes a mí.

Encontraremos algún lugar donde no te conozcan.

Sí, a un lugar como éste,

y viviremos nuestras vidas allí.

Si todos los hombres supieran cómo es el destierro,

todos querrían ser desterrados.

¡Vamos!

Busquemos ese lugar oculto

antes de que otros lo encuentren.

Tenemos una nueva vida ahora.

Dios mío, protege a esta mujer que amo

y que ahora, finalmente es mi esposa.

¡Escuchen!

¡Soy un desterrado!

Sin ti, todos estamos desterrados.

¡No puedo llevarlos conmigo! Perderían sus casas,

sus familias.

Los que aquí estamos, ya hemos elegido.

Queremos que nos guíes.

¡No tienen derecho a pedírselo! ¡Ya ha hecho bastante!

¿Pero por qué? ¿Por qué?

Por España.

¡España!

¡Urraca!

No he dormido en toda la noche.

Cada vez que cierro los ojos para dormir

tengo el mismo sueño. Una y otra vez.

Lucho con mi enemigo, pero no veo su rostro.

Lo atravieso con mi espada. Cae...

Y cuando miro,

el enemigo no yace a mis pies...

Es...

¡Es mi brazo derecho!

Sólo es un sueño.

No le des importancia.

- Nuestro sueño fue corto. - Lo sé.

No hay escondite posible para un hombre como tú.

Debe de haber miles que se separarían gustosos.

¿Por qué tú?

¿Por qué yo?

Por favor.

Déjame llevarme el recuerdo de tu sonrisa.

Sería muy falsa.

Acosaré a Dios con mis plegarias.

Lograré que te devuelva a mí.

Tengo que decirle a Dios cuánto te necesito.

Entonces volveremos a vernos.

Don Rodrigo.

No hemos olvidado el mal que hiciste a nuestra real persona,

pero ante el peligro, el Rey debe pensar en el bien de sus vasallos.

Por eso te he llamado.

Señor, durante todos estos años he esperado su llamada,

y aún más ahora

que Ben Yusuf ha llegado a nuestras costas.

Ben Yusuf nos ha retado a luchar en Sagrajas.

Señor, no debe ir allí. Valencia ha de ser primero...

Pero ya hemos aceptado el reto.

Señor, primero debe tomar Valencia.

Mientras los moros sean dueños de Valencia,

Ben Yusuf puede atacarnos desde allí, y apoderarse de toda España.

Su Majestad no debe permitir que eso suceda.

Mire,

he traído amigos que nos ayudarán en esta lucha.

¡Se niegan a rendirnos pleitesía!

Señor, ellos son reyes.

Vienen como aliados.

- No los necesitamos. - Somos cristianos.

Tratamos con cristianos.

Lucharán junto a usted por Valencia.

Ellos también temen a Ben Yusuf. Son sus amigos.

No los consideramos amigos.

Mi Señor,

¡Se arriesga a perder toda España!

Don Rodrigo.

Te nos unirás en Sagrajas y levantaremos tu destierro,

y te devolveremos tus tierras. Pero si no vas a Sagrajas,

Te consideraremos a ti y a los tuyos como enemigos.

Don Rodrigo, sé por qué has venido.

Sus hijas gemelas están jugando en el jardín.

Este es su padre.

¿Eres Elvira?

Entonces debes ser Sol.

Y tú Elvira.

Son idénticas.

Estoy cansado.

Cansado del destierro.

Ahora puedo llevarlas a casa, a Vivar, con honores.

Quizá esté mal desafiar al rey.

Me ordenó reunirme con él en Sagrajas.

Puede que me equivoque.

Si no fuera por nosotras, Rodrigo, ¿dudarías?

He visto sus lugares secretos.

Podríamos haber vivido juntos

y nadie lo hubiese sabido.

¿Conoces un lugar dónde podamos ocultarnos de nosotros mismos?

No puedo abandonarte,

ni dejarlas aquí, desamparadas.

Pero si haces lo que haya que hacer por España.

Esa será nuestra mejor protección.

Nuestra seda mora le sienta bien a las armaduras cristianas.

Vas a hacer de mí un musulmán mi señor.

¿Cómo pueden decir que hacemos mal?

Lo dirán, en ambos bandos.

¡Tenemos mucho que ofrecernos, y a España también!

Si no acaban con nosotros antes.

Cuando nos apoderemos de Valencia, que lo intente Yusuf.

Valencia está rodeada. Nadie puede salir ni entrar.

Entonces nuestra arma ha de ser el hambre.

Quiera Alá que caiga pronto.

Que Dios ayude al rey Alfonso en Sagrajas.

Podíamos haber vencido a Yusuf.

Si hubiéramos tenido más hombres.

Sí, con sólo unos pocos más.

Doña Jimena.

¿Cree que su esposo quedará sin castigo?

¿Castigar a la única esperanza de España?

¿Y si metiéramos a Doña Jimena y a sus hijas en una celda?

¿No cree que El Cid se entregaría?

Señor, esto es un santuario.

No para los enemigos de Cristo.

Si lo fuerzas, ¿quién detendrá a los invasores de España?

¡Ha sido por su culpa! Con él habríamos ganado.

Mi Señor...

No perdimos por falta de valor.

Ahora lo verá.

¿Has visto?

No he gritado.

No fue por falta de valor que perdimos.

Se necesita algo mas que valor para hacer un Rey.

¡Dime cuáles fueron sus palabras exactas!

El rey dijo...

que no dejaría en libertad ni a Jimena ni a las niñas.

¿Qué espera el Rey que haga?

¿Dejar que mi familia muera en sus mazmorras?

No, espera que marches sobre Burgos para rescatarlas.

Burgos...

Y bien, ¿vamos a decepcionar al rey?

¿Qué esperamos? ¡A Burgos!

mío Cid, espere.

Mi señor, la ciudad está a punto de caer.

Cada vez más gente se une a nuestra causa.

Ahora no podemos marcharnos.

No me hables de Valencia, mi señor Moutamín. Ahora no.

¿Acaso no soy un hombre como tú?

¿Crees que no pienso en mi mujer y en mis hijos?

Entonces, ¿qué debo hacer?

¿Qué debo hacer?

Te han despojado totalmente.

¿Cómo sobornaste al carcelero para traerme tu mensaje?

Con dos palabras. El Cid.

Los meses que has pasado aquí

no han marchitado tu belleza.

Corren rumores terribles.

No son rumores.

El Cid le ha enviado un ultimátum al rey.

A menos que tú y tus hijas no sean liberadas enseguida,

tu esposo nos atacará aquí.

¿Abandonando Valencia y dejando España desamparada?

Sí, Jimena, por ti. ¿Por qué no?

Ayúdanos a escapar. Ven con nosotras.

Únete a Rodrigo.

Si sirviera para evitar que venga,

mataría a mis hijas,

y me suicidaría luego.

Amas tan desesperadamente como yo.

Rodrigo,

permite que luche a tu lado.

Necesitamos hombres así.

Conde Ordóñez, debemos atacar esta noche.

¡Soldados!

¡Ciudadanos de Valencia!

Sufren hambre y Están débiles.

Pero no queremos atacarlos.

No somos sus enemigos.

Ben Yusuf es su enemigo.

Él les traerá muerte y destrucción.

Pueblo de Valencia,

abandonen a sus líderes

y únanse a nosotros.

Les traemos la paz.

Soldados, ciudadanos,

¡Les traemos la libertad!

¡Les traemos la vida!

¡Les traemos pan!

¡Señor,

están tirándoles comida!

Los soldados han abandonado las murallas y se unen al pueblo.

¡Mátenlos! ¡Llamen a la Guardia Negra!

¡Deténganlos! ¡Acaben con ellos! ¡mátenlos!

La ciudad es suya Tome la corona y proclámese rey.

- Hemos luchado por usted. - Queremos que nos gobierne.

Mi señor El Cid.

Lo abandonamos todo por usted.

Le suplicamos que tome la corona.

Yo tomé Valencia

en nombre de mi soberano, Alfonso

Rey de Castilla, León y Asturias,

de Sagunto y Almenara,

de Castrejón y Alcántara.

Rey de cristianos y moros.

Valencia para Alfonso, por la gracia de Dios Rey de España.

Qué ser tan noble,

si hubiera un Rey noble.

La corona de Valencia.

¿La corona de Valencia?

¿El Cid me la envía?

¿Bajo qué condiciones?

No hay condiciones.

Pero sabía que su familia estaba en un calabozo.

Lo sabía.

¿Y aún así me envía la corona?

¿Qué clase de hombre es éste?

Algo querrá.

¿Qué es lo que quiere?

Mi Señor, El Cid no le pide nada.

Pero yo sí se lo pediré.

Mi Cid necesita su ayuda para defender Valencia contra Yussuf.

No.

Dile a tu señor el Cid

que no necesitamos ni sus favores ni su ayuda

y que tampoco espere nada de nosotros.

¡Ahora váyase!

¿Quién ha hecho más por usted y por España?

¡Váyase!

Mira.

Ahora eres también rey de Valencia.

No soy rey, no después de todo.

Pero puedo convertirme en uno.

¡Alfonso!

¡Lo juro!

¡Alfonso!

Todos los hombres deben morir.

¿Por qué no por una buena causa?

¿Y qué causa merece tal tortura?

El Cid.

¿El Cid? Es un hombre como los demás, morirá.

Yo tengo que matarlo.

No morirá nunca. ¡Nunca!

¿Te atreves a equipararlo al Profeta?

¡Sí!

Entonces esto será mas que una batalla.

Será nuestro Dios

contra el tuyo.

¿Y Ordóñez? Lo envié a vigilar a Ben Yusuf.

- ¿Aún no ha vuelto? - No, Mío Cid.

Es la armada de Ben Yusuf.

Debemos atacar antes que todos desembarquen.

Los atacaremos en la costa y dispersaremos sus fuerzas.

Vengan.

Lo sé, lo sé.

Es el momento más duro. Cuando el enemigo no tiene rostro.

has pasado por esto cientos de veces.

Quisiera saber de dónde sacas el valor.

Ojalá lo supiera yo.

Un guerrero debe encontrar el valor por sí mismo.

Vengan.

Esta es la batalla que tanto ansiábamos.

La última batalla.

Cuando la ganemos, tendremos paz.

Abran las puertas.

¡Por Dios, Alfonso y España!

¡Por Dios, Alfonso y por España!

¡El Cid está herido! ¡Se vuelve a Valencia!

Mañana atacaremos de nuevo.

- Necesita recuperarse. - Mañana ha de ser.

O el enemigo se hará fuerte y nosotros débiles.

- Pero, señor... - Mañana, Fáñez.

Tengan todo listo. Cubran la retirada, ¡anda!.

Cierren las puertas. Cierren las puertas.

Ha perdido mucha sangre, hay que sacar la flecha de inmediato.

¿Vivirá?

Si la flecha es removida tiene oportunidad.

Si no...

estará muerto en pocos días.

Jimena.

Tengo que dirigir el ataque mañana.

Si no sacamos la flecha,

de seguro, morirás.

No antes de mañana.

Es todo lo que necesito.

Pero no es todo lo que yo necesito.

Si perdemos, ¿qué te quedará?

Alguien mas dirigirá el ataque.

Ellos me hicieron su corazón.

Pero su corazón está herido.

Necesita descansar.

Podemos llevarte a Vivar y curarte.

Mi amor no te dejará morir.

No hemos pasado mucho tiempo juntos,

pero me parece que...

No lo permitiré. Vivirás.

Me parece que aquéllos

que llevan juntos toda una vida

no han tenido más que nosotros.

Yo quiero más. Para siempre.

Y están las niñas.

Las niñas.

Jimena,

no puedes salvarme.

Debes ayudarme a renunciar.

Ahora.

Señor Moutamín.

Es el deseo de mi esposo que la flecha

no sea removida.

Alabado sea Alá. ¡El Cid ha muerto! ¡El Cid ha muerto!

No se atreven a luchar.

¡Sepan todos que El Cid ha muerto!

¡El Cid ha muerto! ¡El Cid ha muerto!

¡Les digo que El Cid está vivo!

Está bien.

Yo lo he visto.

Mañana luchará.

Estará a nuestro lado, dirigiendo el ataque.

Se los prometo.

Tienen que creerme.

¡El Cid está vivo!

Fáñez.

¿Sí, mi señor?

¿Qué dicen?

Todo va bien, señor, muy bien.

Están esperanzados y con ganas de luchar.

Siempre has sido un mal mentiroso, Fáñez.

Ahora dime la verdad.

No pude convencerlos de que está vivo.

Soldados,

pueblo de Valencia.

No se dejen intimidar por los tambores.

Dentro de unas horas callarán para siempre.

Les prometo

que mañana en la mañana

cabalgaré con ustedes.

Rodrigo, estoy aquí.

Escúchame.

Aunque me fallen las fuerzas,

- Mañana dirigiré el ataque. - Sí.

Tengo que hacerlo.

¿Comprendes?

Debo hacerlo,

vivo o muerto, debo cabalgar a la cabeza de mis soldados.

Prométeme que harás lo que haya que hacer.

Sí.

Prométemelo.

Te lo prometo, Rodrigo.

Te lo prometo.

- Te lo prometo. - Sí.

Te lo prometo.

Te lo prometo.

¡Abran las puertas! ¡Es el Rey!

Mi Señor, el Rey.

Perdóname, Mío Cid.

Perdóname.

No. Mi rey no se arrodilla ante nadie.

No es fácil para un hombre

dominar su naturaleza.

Tú lo has hecho.

Si sólo viviera para ver una España en paz.

Vivirás, vivirás.

Nadie podrá resistirnos. Rechazaremos a Ben Yusuf.

No he fracasado.

España tiene un Rey.

Mañana lucharemos codo con codo

mi Rey y yo.

Cabalgaremos juntos.

Juntos.

¡No!

Estaré a tu lado.

¡Jimena!

Jimena.

Jimena.

Te lo prometo. No lo he olvidado.

Quiero que tú y mis hijas

me recuerden

cabalgando junto a mi rey.

Mañana.

¡Por Dios, El Cid y España!

¡Por Dios, El Cid y España!

¡Por Dios, El Cid y España!

Y así, El Cid salió de la historia volviéndose una leyenda.

¡No huyan! ¡No huyan!

Amado Padre,

abre tus brazos para recibir el alma

de aquél que vivió y murió

como el más puro de todos los caballeros.

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