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Original subtitles

No te reconozco, Lucía.

El otro día con los fardos de droga y ahora con microcámaras.

No tengo más remedio, Isa.

La Policía tiene pruebas contra José y contra mí

y si no colaboro con ellos, iremos a la cárcel.

Parece una intoxicación.

¿Es grave? Son mis mejores ejemplares.

Puedo quedarme esta noche a cuidarlos.

Las primeras horas son vitales. No, no te puedes quedar.

¿Cómo que no me puedo quedar? Claro que me puedo quedar.

Tienes que colocar las cuatro.

Sí. Una en la planta baja,

en el salón, otra... ¿Sabes si Joâo tiene despacho?

-El imbécil cree que me está engañando.

Cuando haga el trabajo que le hemos pedido,

lo matamos y en paz.

-Hay que avisarles a los dos y ponerles protección.

-No. -¿Cómo que no?

¿No le has oído? Lo van a matar.

¿Buscabais esto? Sí, gracias.

Os la voy a dar, pero no gratis.

¿Qué? 10.000.

¿Qué tal con el francés? Bien. ¿Te preocupa algo?

No, pero ayer lo vi muy atento, muy pendiente.

Sí, puede ser.

¿Y el chico?

¿Dónde está el chico? No lo sé.

He puesto vigilancia en todas las esquinas del pueblo,

pero, en realidad, ¿sabes lo que me gustaría?

Que me lo trajeras tú.

¿Tienes algún sitio que esté lejos al que puedas ir?

Miras el panel, buscas un país que te llame la atención

y te vas lo más lejos posible.

Esto es para ti.

José, ¿te ayudo?

Como cuentes lo que has visto, ya sabes dónde vas a acabar.

Voy a acompañar a María, le duele mucho la cabeza.

-Normal, de tanto llorar, ¿verdad?

-Hace un rato Lucas ha entrado en el hospital

y ha matado a Nicolás.

¿Cómo? Sí. No sabemos por qué todavía.

¿Alguna idea, José?

Es que...

Creo que deberíamos hablar con José de lo que hacemos.

No. Echaría a perder la operación. Se está poniendo muy nervioso.

No entiende nada y puede ser peligroso.

No, y es definitivo.

-Ya me parecía a mí que bajo ese disfraz de hombre de Dios

tenías que seguir siendo un hijo de la gran puta.

A Paul le va a encantar volver a verte.

-Tienes una hija preciosa.

-Ni se te ocurra acercarte a mi familia.

¡Dios!

¡Mamá!

Samuel, a la cama directamente, venga.

Diles que me he tenido que ir. ¿Qué vas a hacer?

Quédate a pasar la noche aquí. Que Lucía no salga.

José.

José.

¿Por qué se ha ido? ¿Qué ha pasado? Sí, se ha ido.

¿Qué te pasa, Juan? ¿Estás bien?

Me he mareado y ya está. Vale, venga. Vamos a sentarnos.

Tranquilo.

A ver, siéntate. Sí.

¿Qué ha pasado?

Dame un segundo.

Samuel ya se ha dormido.

Juan, hijo, ¿estás bien? Sí, tranquila, mamá.

¿Pero qué te pasa? No, que se ha mareado, pero ya.

Algo me ha sentado mal. Te voy a preparar una manzanilla.

¿Y José dónde está? Se ha tenido que ir.

¿Así, de repente? ¿Qué ha pasado aquí?

Os habéis peleado. Que no, que no pasa nada.

Para no pasar nada pasan cosas muy raras.

Llévame a casa. ¿Te importaría irte sola?

Ahora mismo no puedo levantarme.

Ay, madre mía, ¿llamamos a un médico?

A ver si va a ser un infarto.

¿Qué infarto ni qué leches? Déjame solo.

Déjame solo, de verdad. Me echo en el sofá y ya está.

Vale. Si te quedas aquí, yo también.

No te importa, ¿verdad? No, claro que no.

No voy a pegar ojo dejándolo aquí enfermo.

No te preocupes. Duermo con Samuel.

Vale. Bien.

Si se pone peor, me avisas. Yo me quedo con él.

Vale.

¿Me vas a decir qué ha pasado, Juan?

¿Qué es lo que te ha puesto así?

¿Por qué se fue tu hermano corriendo? ¿Lo vas a decir o no?

Te he dicho que no es nada.

Tenemos un problema con un camión y ya.

Que no me mientas más. Lucía, por favor.

Vale.

Da igual, prefiero no saberlo.

Perdóname, pero voy a echarme un rato

en el sofá del salón, ¿vale?

Ahora te llevo la tila. Gracias.

Joder.

Lo siento.

# Yo que siempre te seguí,

# que te quise bien,

# hoy construyes tu vida sin mí.

# Ah, ah, ah, ah.

# Ah, ah, ah, ah.

# Ah, ah, ah, ah.

# Ah... #

Juan.

¡Coño, Juan! Lucía.

Qué susto me has dado. ¿Qué haces ahí?

Me he hecho una infusión. ¿Cómo sigues con el estómago?

Bueno, mejor. ¿Qué hora es? Las 05:00.

No he dormido nada en toda la noche. Yo tampoco.

Tu hermano lleva mandándome mensajes toda la noche. Mira.

Me ha mandado 50 por lo menos.

¿Me puedes decir qué está pasando, Juan?

¿Dónde está? ¿Dónde se ha ido?

Es que no entiendo por qué hace esto ahora.

No tengo ni idea.

Parece como si se estuviese despidiendo.

No. Lucía, no pienses eso.

Si quieres, le llamamos y hablas con él un momento.

No, no quiero hablar con él. Llámale tú.

¿Qué ha hecho tu hermano demasiado grave

como para arreglarlo ahora mandando fotitos

como si fuese un adolescente?

Lucía. ¿Qué?

¿Qué pasa, Juan?

¿Tú lo sigues queriendo?

No lo sé.

Sí, pero no como antes.

Llámale, ¿vale?

Estoy preocupada.

Gracias. Descansa.

Vengo a ver a Joâo. Dile que soy José Espada.

Por mí como si eres el rey. Está durmiendo.

Pues que se despierte.

Ve a avisarle, anda. No sé quién te has creído que eres,

pero date la vuelta y ven más tarde.

(Claxon)

(TOCA EL CLAXON)

Que no entres. -Dejadlo.

¡Suéltalo!

¿A qué has venido?

Quiero hablar contigo. Llevadlo al almacén.

No me toques.

¿Y qué hacemos con esto?

-Eso también.

Dime qué quieres de mí. Lealtad, José, quiero lealtad.

Hace tiempo que te veo un poquito despistado.

Bueno, pues ven a por mí, pero no metas a mi familia.

¿Cómo me mandas esto a casa? Mi hijo podría haberlo abierto.

No me digas. No me había dado cuenta.

Deja a mi familia al margen.

¿Me lo estás exigiendo?

Solo te pido que respetes unos límites.

¿Unos límites?

Si quieres que tu familia esté al margen,

suplícamelo.

Ofrécete a hacer lo que sea necesario.

Te lo suplico. Mejor.

Solucionemos nuestras cosas entre nosotros.

Muchísimo mejor. Ayer, cuando te propuse que colaboraras,

no te vi nada contento. Ya. Lo siento.

¿Qué?

Que lo siento. ¡Ay! Muy bien.

Entonces cuento contigo sin reticencias y sin gilipolleces.

¿Vas a hacer todo lo que yo te pida? Lo que tú quieras.

Si me prometes que mi familia está a salvo.

Pero claro, hombre, si tú cumples, yo cumplo.

Es un asunto de negocios.

Y ahora discúlpame que no te invite a desayunar.

Pero ¿sabes? A veces a mí también me gusta estar tranquilo en familia.

Buenos días. -Buenos días.

-"Bonjour, mon ami". -¿María?

-Durmiendo, pero tranquilo, no se ha enterado de nada.

-Pues mira que tiene el sueño profundo.

-Es que toma pastillas para dormir.

Yo creo que más de una.

-¿Cómo ha ido con tu conductor?

-Hará lo que le digamos, Paul. -¿Y su mujer sabe algo?

-¿Tú no estás muy interesado por Lucía?

-Es que lo estoy. Me gusta.

¿Y cómo va lo de la cena de mañana? -Por mi parte está todo organizado.

-Perfecto. -¿Tenemos noticias de tus invitados?

-Aún no.

Bueno, Joâo, me voy a dar una vuelta por tu finca.

Nos vemos luego. -Pásalo bien.

Lula, que María recoja a tu hijo hoy,

te necesito aquí.

-Vale, pero antes quiero enseñarte una cosa.

-¿Qué es esto?

-Lo dejó escrito Nico antes de morir.

-Si quieres decirme algo, dímelo claramente.

-Nico quería avisarte.

-¿Avisarme sobre mi propia mujer?

¿Por qué? -María no es de fiar.

Ya te lo he dicho muchas veces.

¿Y si fuera la que le dio la información

a los que te traicionaron?

Ya sabes que tiene un móvil oculto.

¿Qué más cosas hace a tus espaldas?

No quieres verlo y eso te hace débil.

-Estoy hasta los huevos de esa monserga que tienes de celosa.

-Mira, lo siento. -No, no, no.

-Lo siento. -¡Pruebas, joder, definitivas!

Y te juro por nuestra madre que actuaré en consecuencia.

Pero si te equivocas, Lula, si te equivocas...

Si te equivocas...

-Se lo dije.

Le dije que se largara de este puto pueblo, joder.

Lo siento, lo siento.

¿Tú qué vas a sentir?

Lo usaste y mira cómo ha acabado.

Todo esto es culpa tuya.

¡Me cago en todos tus muertos!

Mi compadre...

Mi compadre, joder.

Manuel.

Es que no sé qué decirte, tío.

Pues yo sí quiero que me digas algo.

Venía por mí, ¿verdad? No.

¿No?

¿Qué sabe el hijo puta de Joâo? De ti nada.

De mí nada. Si no abres la boca,

no te pasa nada. ¡Me cago en la puta, joder!

Pobre Lucas, joder.

-¿Qué pasa aquí? -Nada, cosas nuestras.

-Ya.

Por eso no me gusta.

¿Y tú qué haces aquí con esa pinta?

Nada, el trabajo.

Ya.

-Ya nos vamos.

-¿Pero no va a preparar la iglesia para el culto?

-Luego la termino.

Me voy a ir a currar.

Necesito darme una vuelta y tomarme una copa.

Yo no puedo ir contigo, tío.

Tengo que recoger a Samuel, tengo que pasar por casa a cambiarme.

No puedo. Ya.

Claro, la vida sigue.

Aunque no para todos.

No hagas ninguna tontería, ¿vale?

Cuidado con esas copas.

Ya está, pequeño.

Ya está.

Muy bien.

Muy bien. No te acerques.

¿Tienes ojos en la espalda? No, he olido tu perfume.

Y este pequeño también.

Los cerdos tienen el olfato muy agudizado.

Interpretan cualquier olor desconocido como una amenaza.

No tiene idea.

¿Y cómo se dejan coger tan fácilmente?

Porque si se acostumbran desde pequeño a estar con humanos

y a que los cuidemos y les demos de comer,

pues crecen más tranquilos y, por lo tanto, más sanos.

Claro, y dan un mejor jamón.

Bueno, a mí no es algo que me importe, la verdad.

Para mí los cerdos son seres vivos, no son mercancía.

Mira, por ejemplo, esa de allí, esa es Magdalena, es su madre.

Y es una cerda muy agradecida.

Agradecida. ¿Cómo lo sabes?

Porque los cerdos, cuando te quieren demostrar que te quieren,

o te quieren agradecer,

pues te echan el aliento en la cara. "Mon Dieu!".

Prefiero no experimentarlo. Ya, me imagino.

Bueno, me tengo que ir. Debo asegurarme que los ganaderos

limpien bien todo de maleza. Espera, espera, te acompaño.

Es que, bueno, va a ser una paliza, la verdad.

No pasa nada, cuando terminemos te acerco a casa en el coche.

Vale.

Bueno, por aquí.

Vamos a ello.

Hola. Hola.

¿Qué haces aquí? He venido a recoger a Pablo.

(Timbre)

¿Estás bien? Tienes mala cara. Sí. No es nada.

Oye, aprovecho que hace días que te quiero contar algo.

Tenemos que cerrar nuestra casa.

¿Por qué? Porque es muy peligroso.

A lo mejor la necesitamos para algo. No, no vamos a volver allí nunca.

Y no podemos permitirnos que nadie la encuentre.

Vale.

¿Lo entiendes? Sí.

¡Papá!

Hola, Samuel. ¿Qué tal?

Papá, ¿me puedes llevar mañana al bosque?

Vale. Es por un trabajo del cole.

Tenemos que coge hojas y clarificarlas.

¿Y qué? Clarificarlas.

Clasificarlas. Clasificarlas.

Eso.

Pablo. -¿Qué?

-Nos vemos en el bosque. -A mí me lleva mi tía María.

-A mí papá.

Pero no sé si vamos a coincidir.

Sí, el trabajo es por parejas. Ah.

Igual te tiene que llevar mamá porque la tía está muy liada, amor.

No vamos. Hasta luego.

Te voy a abrochar esto.

Papá. ¿Qué?

¿Te cae mal María? ¿Por qué?

Es superguapa.

Sí.

Hola. -Hola.

-¿Y esto?

-Pues nada.

Unos percebes...

A ver.

Una langosta y una cigalitas.

Me he pasado por el mercado y he dicho: "Nunca comemos marisco".

-Claro, nunca comemos marisco, como no hacemos muchas otras cosas.

Qué te digo yo, irnos a cenar, o cambiar de coche,

o comprarnos un perro.

-¿Quieres que te compre un perro? No sabía que te gustaran.

-No, no quiero que me compres un perro, Julián.

Lo que quiero es que no gastes tanto.

Que está a punto de terminarse tu paro.

Y el marisco... Coño, el marisco es carísimo.

Y el... Champán francés. ¿Pero a ti qué te ha dado?

-Tranquila, mujer, que las cosas van a cambiar.

Esta mañana he ido al banco y he pedido un crédito.

-Te habrán mandad a la mierda, ¿no? -No, señora, me lo han concedido.

¿Y sabes para qué quiero el crédito? -Para pagar esto, por ejemplo.

-No. Para abrir un bufete.

He estado mirando locales en alquiler. Escúchame.

Con el préstamo pagaré el alquiler unos meses

hasta que haga una buena cartera de clientes

y me dé algo de dinero. -Un momento, un momento.

A ver, no es que me parezca una mala idea.

Que no me lo parece, que...

De hecho, me encanta verte tomar una iniciativa.

Me parece un poco locura.

Cariño, llevas dos años fuera del mercado.

Y no has ejercido nunca por tu cuenta.

¿De dónde van a salir los clientes? -Los buscaremos.

Que para eso tengo la mujer más simpática y querida

de todo el pueblo.

Venga, Isabel.

Vamos a echarle un poco de ilusión a la vida, ¿eh?

Mira.

No he podido evitarlo.

¿A que me pega?

¿Eh?

-¿Has visto lo bien que pinta tu hijo?

Como me salga artista...

No sabes lo que me ha costado bañarle.

Qué cara de cansancio tienes, hijo.

Si hasta tienes la mirada triste.

La mirada triste, mamá. ¿Cómo te va con Lucía?

Ahí estamos.

Ay, Dios.

No puedes seguir así. Tienes que ganártela.

¿Sabes lo que hizo tu padre una vez que nos peleamos a muerte?

A ver.

Me llevó un fin de semana a Peñíscola.

No te rías, niño. Hombre.

(SUSPIRA)

Fue hace 30 años y todavía me acuerdo de él.

¿Y sabes por qué? ¿Por qué?

Porque salió de él.

¿Te imaginas a tu padre comprando billetes y buscando un hotel?

Un milagro.

Desde luego.

Te estás riendo.

Qué gusto da, hijo.

Lo importante, ¿sabes qué?

Lo importante es que Lucía sepa que piensas en ella,

que quieres hacerla feliz.

Tenéis que buscar juntos un sitio que la ilusione.

Peñíscola es un planazo.

Oye, Joâo te ha invitado a una fiesta, ¿verdad?

No. ¿Qué fiesta?

A la clausura de la feria de ganado.

Pues no, no me ha invitado. ¿No?

No. Qué despistado.

¿No te apetece venir?

Eh...

No sé.

Podrías conocer a gente que te interesa,

posibles clientes para una veterinaria.

Ya, pero no voy a poder. Mira, es aquí.

Bueno... Pues muchas gracias por traerme.

Un placer.

Lucía, espera, por favor.

Que te lo estoy planteando mal.

La verdad es que te quiero pedir un favor.

-Eh...

¿Quién es ese que trae a Lucía?

Es un amigo de Joâo.

¿El francés del que habla todo el pueblo?

Exactamente ese. ¿Sabes lo que dicen?

Ni lo sé ni me interesa, mamá. Ah. Pues debería interesarte.

Porque dicen que es guapo y mujeriego.

Fíjate qué bien para él.

Los invitados todos se conocen, son gente de por aquí.

Yo me voy a sentir como un pez fuera del agua.

Me harías un gran favor si me acompañases.

Ya, pero... No digas nada.

Solo piénsatelo, anda.

Vale, me lo pienso.

Gracias por acompañarme.

"Obrigado".

-Bueno...

Os dejo, ¿eh?

Y recuerda lo que he dicho, hijo. De acuerdo.

Recuérdalo. Hasta luego.

Teresa. No sabía que seguías por aquí.

Ya me iba, hija.

Es que alguien tiene que hacer la comida.

Y tú, con tanto trabajo. Ya.

No es que te critique, al contrario.

José ha ido a por el niño y lo ha bañado.

Qué buen padre es, ¿eh? Sí.

Bueno... Hasta luego, hija.

Gracias. Teresa, tu bolso. Uy. Gracias.

Qué pesada tu madre, de verdad.

¿Podemos hablar un momento?

Luego hablamos, que voy a ver a Samuel.

Samuel está bien, está jugando. José, es que no tengo ganas

de hablar contigo, de verdad. Por favor.

Han pasado muchas cosas, ya lo sé.

Pero es que tú y yo no sé en qué momento estamos.

No sé cómo te sientes conmigo.

No sé cómo me ves.

Es que no me miras. Es que...

Si te miro, José, claro que te miro.

Lo que pasa es que no me veo.

No me gusta nada. Vale.

Eh... Yo lo siento, pero es que...

Necesito tiempo, José, para que se me vaya la rabia que tengo dentro.

No puedo, no puedo. ¿Qué quieres?

Te echo de menos.

Yo también te echo de menos.

Mucho.

Y nos echo de menos a nosotros cuando estábamos bien.

¿Crees que a mí me gusta esta situación,

que me gusta estar así contigo?

A mí me duele esto lo mismo que a ti.

¿Sabes?

¿Te puedo pedir una cosa?

¿Por qué no pasamos una noche juntos?

Fuera de aquí digo.

Nos vamos tú y yo solos.

Y hablamos, o no hablamos, lo que sea.

No lo sé, José.

¿Cómo se llamaba el hotel portugués ese que tenía un nombre raro?

A ti te encantaba.

La...

La Posada de Maruxa. Maruxa.

Que nadie sabía quién era Maruxa, por cierto.

Yo creo que se acuerdan de nosotros. Seguro.

Yo de rodillas, superserio, con el anillo,

"cásate conmigo" y tú vas y te descojonas.

Como para no acordarse.

¿Por qué no nos vamos al hotel de la Maruxa?

Cenamos, nos reímos y,

si te apetece, pasamos la noche juntos;

si no, nos volvemos.

¿Cómo lo ves?

Vale.

Una noche.

Voy a llamar ahora antes de que te arrepientas.

Gracias.

Juan, ¿te puedo pedir un favor?

¿Te puedes quedar con el niño una noche?

No, no se lo quiero pedir a mamá.

Lucía está harta de tenerla en casa.

Perfecto. Gracias.

(Mensaje)

Hasta mañana.

(Puerta) ¿Me necesita? Es que he quedado.

-¿Has quedado? -Sí.

-¿No me digas que aún tienes vida privada?

Aún no eres un buen policía. -Si quiere, puede venirse,

vamos a tomar unas cañas. -Pues mira,

no te digo que no. -Luego le acerco a casa.

-¿Ah, sí?

¿Tienes coche?

Venga, vámonos.

(Teléfono)

Lucía.

¿Todo bien? Sí, todo bien.

Es que me enteré de algo y no sé si es importante.

Mañana hay una cena.

Bueno, sabemos que hay una reunión de ganaderos por la feria de Zarzal.

¿Te refieres a eso? Sí, sí.

Han invitado a mucha gente.

No sé si tiene que ver con vuestra investigación,

pero prefería decíroslo. No, has hecho bien en avisar.

Tú estás invitada a esa cena, ¿no? Sí.

¿Cómo lo sabía? Me invitó Paul.

No lo sabía, pero no me extraña.

Por las conversaciones, parece que está muy interesado por ti.

No te estará creando problemas.

Bueno, es un poco pesado, pero correcto;

además, le dije que no voy.

El que sí me da problemas es José.

No entiende por qué sigo yendo a la finca

y no sé qué más inventarme.

Ya. Eh...

Lucía, necesito que tengas paciencia,

te necesito dos semanas más, ¿de acuerdo?

Ya. Y muchas gracias por llamar.

Si te enteras de algo, aunque parezca insignificante,

avísanos. De acuerdo. Adiós.

¿Qué?

-¿Crees que hay forma de averiguar quiénes están invitados a esa cena?

-Tal vez a través de la asociación de ganaderos.

La secretaria está casada con uno de mis primos.

Puedo preguntarle.

Pero no pensará que uno de los ganaderos...

-No, pero es por ir descartando gente,

no vaya a ser que la fiesta sea una tapadera para hablar

con uno de esos contactos de la coca.

¿Crees que puedes hablar con tu prima o es muy tarde?

-La mujer, la mujer de mi primo. -Quien sea. ¿La llamas?

-Antes aviso a mis colegas de que no me esperen,

porque lo de las cañas... -Ya te lo he dicho.

Los policías de verdad estamos solos y jodidos.

Venga, llama.

(Teléfono)

¿Mamá? ¿Qué pasa?

José.

¿Qué?

Perdona, que ha llamado mi madre, que Manuel no ha aparecido por casa,

que no ha ido a dormir. A ver.

Dice mi padre que fuiste a buscarlo ayer por la tarde.

Sí. ¿Y fuiste a buscarlo por algo?

No, para saber cómo estaba.

¿Y no sabes dónde puede estar? Tiene el teléfono apagado.

No.

A ver, tampoco es la primera vez que a tu hermano se le alarga

una cerveza.

Pero mañana lo busco, tranquila.

Vale.

Buenas noches. Buenas noches.

Joder.

No, no. Lola, a estas dos personas no las puedes poner juntas

en una mesa. -Vale.

-Buenas noticias.

Mis amigos los cafeteros han aterrizado en Madrid,

han entrado sin problemas y están de camino.

-Ah, pero muy bien.

Estoy deseando conocerles. -¿Quieres una copa?

-No. -No.

-Te van a gustar. Y si no es así, bueno, lo dejamos todo

y cada uno a su casa. -Uy.

Oye, Paul, no seas travieso,

sabes que este es el negocio más importante que tuve entre manos.

Y otra cosita.

A ti no volveré a dejarte escapar, no te preocupes.

No. Oye, quiero echarles un vistazo.

Al final qué es lo más importante. La gente.

-Desde luego.

Mira, he hablado maravillas de ti, por supuesto,

pero no te olvides que también les tienes que gustar a ellos

-Y voy a ser un encanto y mi hermana les dará de comer divinamente.

-Bingo.

Estaba hablando con unos amigos de Paul, cafeteros,

y acaban de llegar.

Dice que son colombianos. -Sí, señor.

Por fin han soltado algo.

¿Estabas grabando?

-Sí, hablaban de lo bien que les darán de comer.

-Estarán esta noche.

¿Cuándo se ha cenado mal en esta casa?

Además, les voy a poner la cena en el jardín,

que hace buen tiempo y será más agradable.

¡Mierda!

Van a cenar en el jardín. -Ahí no tenemos cámaras.

Te pedirán detalles sobre tu contacto en Portugal.

Son muy... ¿Cómo se dice? Meticulosos.

-Y les daremos lo que quieren. Está todo preparado.

No te preocupes.

Lola, encárgate de que no nos moleste nadie

cuando estemos solos.

Vamos a estar rodeados de palurdos. Quedas advertido.

-Tranquilo, no te molestarán.

Disculpad.

Me voy. María, ¿llevarás al niño al bosque?

Sí, no te preocupes. Gracias.

Adiós, amor. Adiós, querida.

-Supongo que todo el personal de la casa es de absoluta confianza.

-En esta casa, todo el mundo es de confianza.

(Motor) -O eso creemos.

Ahora me disculpáis, tengo que salir un momento.

Tenemos que meter a alguien en esa cena.

Ya, ya lo sé, no hace falta que me mires así.

-¿Se lo va a pedir?

Hola. Hola.

Lucía, necesito hablar contigo.

Pero ahora. Sí, claro, cariño. Pasa.

¿Qué ha pasado?

Que... Siéntate.

Yo no sé si lo de José es contagioso o qué,

pero Julián también me miente. Pero ¿qué estás diciendo?

Sabes que no tenemos un duro. Sí.

Pues ayer Julián se compró una pluma estilográfica carísima.

Y, para que no le dijera nada, compró para cenar champán francés

y marisco. Pero no unas gambitas, no, no, no.

Percebes, cigalas y una langosta. Y si me descuido,

me compra un perro. Si a ti no te gustan los perros.

Lo de "un perro" es un decir. Total, que le digo:

"Julián, ¿y este dinero de dónde ha salido?

Y me dice que le han concedido un crédito.

"¿Cómo? -Es que el director de la sucursal

es amigo mío". Que yo sepa, amigo no.

Dice: "Sí.. Le he contado que voy a montar un bufete

y me ha soltado la pasta". Ya.

No, "ya" no, Lucía. "Ya" no, que yo no soy tonta.

Sé que estando un paro un banco no te da ni los "buenos días".

Total, que fui esta mañana al banco. ¿Y qué?

Una vergüenza horrorosa, Lucía. ¿Por qué?

Porque no tenían ni idea de ningún crédito ni de nada.

Te das cuenta, ¿no? Me miente, Lucía.

Pero eso no es lo que me importa.

Lo que me preocupa es de dónde saca el dinero, Lucía.

¿De dónde saca el dinero? Te tengo que contar una cosa, Isa.

¿Qué?

Pues...

Es que no te lo he contado antes porque no sabía cómo decírtelo.

Eh...

Cuando tú te llevaste la mochila a tu casa con la droga...

Sí. ...se ve que Julián vio

dónde la escondías. Y cuando fuimos a tu casa

a recogerla... ¿Recuerdas que no la encontrábamos?

Pues nos pidió dinero por devolvérnosla.

¿Cómo?

10.000 euros. ¿10.000 euros?

¿En serio?

Yo lo siento mucho, amiga. Yo no quería...

Lo siento yo.

Qué vergüenza, Lucía.

Qué vergüenza. No sé qué tienes que estar pensando de nosotros.

De vosotros no, en todo caso de Julián.

¿Cómo ha podido hacer eso, Lucía? No lo sé, cariño.

Que sois nuestros amigos.

Se ha vuelto loco. Este hombre se ha vuelto loco.

Isa, ¿adónde vas? Yo lo mato. Lo mato.

Isa, para un momento, por favor.

Te voy a devolver ese dinero euro a euro.

Por favor, no quiero que te vayas así.

¡Joder! ¡Coño!

-¿Lucía Romero Montes? Sí, soy yo.

Le envían un paquete.

Toma.

Firme aquí, por favor. Sí.

Tenga. Gracias.

Te lo envía el francés.

¿Qué es esto? ¿A ver?

Tía, es precioso. Este vestido es precioso.

Y de marca.

Esto no se lo puede permitir cualquiera.

No, cualquiera no, un mafioso.

"Por si te decides a venir a la cena.

Sabes que me harías un favor." ¿Te ha invitado a cenar?

A la finca del portugués.

A la clausura de la feria del ganado.

Pues el vestido es una preciosidad. Está claro

que quiere que vayas espectacular para presumir de acompañante.

Pues se va a quedar con las ganas,

porque nadie me compra con un vestido, vamos.

Aparte, esta noche he quedado con José para cenar.

¿Con José? Sí. Dame la caja.

Entre tu marido, el mío y el francés...

Estamos estupendas.

(Voces de niños)

# Soy un girasol... #

He ido ya a la casa y lo he recogido todo.

Hay algunas cosas tuyas.

Las tengo en el coche. Tíralas.

¿Todas? Ajá.

Hay algunas cosas que son recuerdos.

Están nuestras fotos.

No, tíralas,

por favor. Vale.

Samuel, que me veas todo el rato.

Si no me ves, es que yo no te veo.

¿Sabes qué he sentido cuando he recogido esa casa?

Como si estuviera deshaciéndome de las pertenencias de un muerto

que nadie va a recordar.

Siento mucho que hayas tenido que ir sola.

Qué pena que haya salido todo tan mal.

Qué pena que no me hayas elegido.

Yo no he elegido nada.

Solo estoy intentando que sobrevivamos todos.

Estamos vivos, ¿no? De momento.

Sí. Bueno, a ver por cuánto tiempo.

Lula me mira todo el rato como si supiera algo.

No sabe nada. Si lo supiera, no estaríamos tú y yo aquí hablando,

te lo aseguro.

No me fío.

Me voy a tener que ir.

Vale.

Nos vamos.

Ah, espera.

Las llaves.

¿Las devuelves tú?

Hola. Hola.

Disculpa el asalto. No quería que nos vieran en comisaría.

¿Damos un paseo? Sí.

¿Pasa algo? Eh...

Bueno, voy a hablar claro, Lucía. Tengo un problema.

Necesito meter a alguien en la cena del portugués.

Es una tapadera para encontrarse con su contacto.

Tú has sido invitada, así que tu presencia

no levantaría sospechas. No entiendo por qué hay

que meter a alguien. Si tenéis cámaras ahí.

La cena es en el jardín.

¿Crees que la hacen ahí porque sospechan algo?

No, pero toman todas las precauciones posibles.

Lucía, lo que necesitamos es algo muy concreto:

saber quién es su proveedor. ¿Cómo voy a averiguar yo eso?

No hablarán de droga delante de mí. Tú llevarías un micro.

Sacar las conclusiones adecuadas es cosa nuestra.

A ver, ¿un micro? ¿Cómo voy a llevar yo un micro?

Me muero de miedo. No, no, no. Estarías completamente cubierta.

A la menor sospecha de que algo va mal,

estaríamos allí en dos minutos. Ya.

Piénsalo. Yo no te forzaré a hacer nada.

Esa actitud tuya es una mierda.

Me tienes cogida por el cuello, y lo sabes.

Lo siento. Ya.

A lo mejor he venido muy pronto, ¿no?

No, no te preocupes. Estarán a punto de llegar.

Qué broche más bonito, ¿no?

Sí. Me lo he comprado... Me lo he comprado para un vestido.

¿Y qué quieres que le prepare a Samuel para cenar?

Hay macarrones para calentar,

pero a lo mejor no hace falta que te quedes con Samuel.

¿Y eso? ¿No salíais a cenar tú y José?

¡Mamá, mamá! Hola, tío. Hola.

¿De dónde has sacado tantas hojas? ¿Has dejado pelados los árboles?

No. Son del suelo. Vale, que son del suelo. Muy bien.

José, ¿podemos hablar un momento? Claro.

Vete con el tío a jugar arriba, anda.

Eso. Venga, vamos a guardar eso.

Eh...

Lo siento mucho, José, pero no puedo ir contigo a cenar.

¿Por qué? Es que tengo una cena de trabajo.

¿Qué cena?

En casa de Joâo. ¿Qué?

Sí. Han invitado a los ganaderos y me han pedido que vaya.

No te entiendo. Tu trabajo en la finca no lo entiendo.

Sabes que estás en peligro y te da igual. ¿Por qué haces eso?

No vas a ir a la cena. No se te ocurra darme órdenes

y no me digas lo que puedo o no puedo hacer.

Ya está bien, hombre.

El francés estará en la cena, ¿no? Pues sí, estará.

¿Qué pasa? Nada.

¿Te vas a poner celoso ahora? ¿Tienes los santos cojones

de ponerte celoso, después de lo que me has hecho?

Es que alucino contigo, vamos. ¡Mamá!

¿Qué? ¿Os estáis peleando?

¿Qué? No.

Samuel, no es nada.

Lo que pasa es que a veces los mayores discutimos por tonterías,

como tú con tus amigos. ¿O tú nunca te peleas?

Sí, y me castigan. ¿Y a ellos?

A ellos los castigaré yo. Y ve encendiendo la Play,

que voy a machacarte al "FIFA". No me apetece.

Samuel. Lucía, ya voy yo.

Resolved lo que tengáis que resolver,

pero si puede ser sin gritos, mejor, ¿vale?

(RESOPLA)

(RESOPLA)

Perdóname.

Perdóname. Me he pasado. Perdóname.

Perdón. Sí, te has pasado mucho,

pero mucho. Lo siento, de verdad.

Ven a cenar conmigo, por favor.

Eh... José, cambia la reserva para otro día.

No puedo dejar plantado a Joâo. Lo sabes mejor que nadie. Piénsalo.

Ya.

Bueno, para cumplir con Joâo

puedes ir, estar un rato, quedas bien y...

Luego te disculpas, pides un taxi y te vienes conmigo.

No sé cuánto va a durar la cena. Pues haz que dure poco.

Joâo brinda mucho, pero come poquito.

Yo te espero allí, ¿vale?

¿Cuántas veces tengo que perdonar a un hermano que me ofende?

¿Hasta siete veces? No hasta siete veces.

Hasta 70 veces siete. (TODOS) -Amén.

-¡Digamos un fuerte gloria a Dios!

(TODOS) -¡Gloria a Dios!

-Dios es misericordioso

y nos enseña que todos debemos serlo también.

-¿Cuántos dicen "amén"?

(TODOS) -Amén. -¡Otra vez!

(TODOS) -¡Amén!

-Hermanos, Dios es amor y Dios es perdón.

¡Aleluya! (TODOS) -¡Aleluya!

-¡Aleluya! -¡Mentira!

¡Es todo mentira!

Basura para que traguéis con todo.

Dios no existe.

No.

Y si existe, ha creado un mundo muy malo.

Muy malo.

-Estás bebido.

Fuera de aquí. -¿Me vas a echar tú?

-No estás en condiciones de entrar en la casa de Dios. Fuera.

-¿Me vas a echar tú?

Eres un hipócrita

y un amigo de asesinos.

-¡Manuel! ¡Manuel!

Manuel.

-Hermanos, os pido perdón.

Por favor, ¿podéis salir de aquí?

Mi hijo no se encuentra muy bien. -Cariño, mi amor...

-Perdón, hermanos. Gracias. -Manuel.

Manuel, ¿qué te pasa?

¿Qué te pasa? -Está muerto.

-¿Quién se ha muerto? -Lucas está muerto.

-¿Cómo que Lucas está muerto?

¡Manuel!

¿Qué ha ocurrido? -Joâo lo ha matado.

No es justo que Dios permita eso.

No es justo.

Lucas está muerto, papá.

Joâo ha matado a todos mis amigos.

-Dios mío...

¿Se puede? Sí, pasa.

Lucía, ¿puedo ayudar en algo?

No, gracias.

Es que no sé qué hacer.

No hace falta que hagas nada, Juan.

Ya está. Déjame sola, por favor.

No, no quiero, no te puedo dejar así.

¡Que me dejes en paz, Juan! ¡Que me dejéis todos en paz, coño!

Ya estoy dentro de la casa. ¿Me oís?

Te escucho perfectamente. Tranquila,

que estoy a dos minutos de allí. Todo saldrá bien.

Eso espero.

-Lucía.

Hola. ¡"Mon Dieu", qué belleza!

Gracias.

Estoy muy contento que hayas venido.

Aunque no te hayas puesto el vestido que te he enviado.

Bueno, es que no me gustan ese tipo de regalos.

Además, estoy mucho más cómoda con mi ropa.

Si no te importa, mañana te traigo el vestido.

(RÍE) Vale, de acuerdo. Una mujer independiente.

Sí. Para mí lo importante es

que estés aquí.

Sí. Bueno, estoy muy interesada en que me presentes a toda esa gente

tan importante para mi trabajo. ¿Por eso te has puesto tan guapa?

Claro.

¿Solo por eso?

Sí, solo por eso si quieres que nos llevemos bien, claro.

Claro. Yo solo quiero lo que tú quieras.

Pues entonces preséntame a esos ganaderos

tan importantes, ¿no? Ajá.

(Música)

Y desde entonces, ¿tú nunca más has vuelto...?

No puedo creer.

-Perdón, perdón. Joâo, Lucía ha podido venir.

-Ay, pero cuánto me alegro.

Dame un beso. Sí, claro.

Lucía trabaja conmigo.

Ella vela para que nuestro ganado sea el más sano de toda la región.

Una genio. Él es mi viejo amigo Paul,

el mayor distribuidor de nuestros productos en Francia.

Unas boutiques gourmet, que son unas referen...

(ELLA SUSURRA)

Ay, Paul, disculpa, perdona, han llegado tus amigos.

Disculpad, ¿eh? -Perdona un momento.

Sí. Ahora mismo vuelvo, ¿vale?

Sí, sí.

Bueno, encantada. Lucía.

Lucía, por Dios. ¿Qué haces aquí?

Pues... Ya ves, trabajando.

Toda esta gente que ves aquí son posibles clientes para mi trabajo.

No sé por qué te quieres meter en la boca del lobo.

Es que ya estamos en la boca del lobo.

Ahora solo hace falta que no nos muerda.

Mira.

Tu marido nos llama.

¿Vamos? Vamos.

Quiero presentaros a mi maravillosa mujer, María.

Miranda, Alfredo, grandes amigos de Paul.

Entonces, grandes amigos nuestros también.

Y... -Y ella es Lucía.

Encantada. -Bella tu mujer, me encanta.

-No es mi mujer, Alfredo. Ya me gustaría.

No, soy veterinaria, trabajo de la finca con Joâo.

-Qué impresionante. Ay, qué linda profesión.

Yo soy amante de los animales. En mi casa tengo cientos de iguanas.

Ah, pero no será aquí, en Cáceres, me imagino.

No, no. En Barranquilla. Ah.

¿Lo conoces? No.

Es una ciudad muy bonita al norte de Colombia.

-Señores, señoras, la cena está dispuesta.

Así que, cuando quieran, pueden pasar al jardín.

Nacho, salen al jardín. Desde ahora los pierdo.

¿Tú oyes bien a Lucía? -Perfectamente, tranquilo.

(Puerta)

Por fin. Te he llamado unas cien veces.

-Lo sé, lo sé, se me ha hecho tarde.

Estaba viendo locales en alquiler para el bufete.

-No me mientas más, Julián.

¿Perdona?

Lucía me lo ha dicho todo.

¿Cómo te has atrevido a sacarle el dinero así a mi amiga,

de malas maneras?

(CARRASPEA)

Muy bien.

Mejor si lo sabes.

Y mala manera la suya: "Quien roba a un ladrón, cien años de perdón".

Oh. ¡Es increíble, es increíble lo tuyo!

¿Te estás escuchando? ¿No te da vergüenza?

¿Vergüenza?

Ah.

Lo que me da vergüenza es estar en paro.

Estoy harto de ser un pringado

mientras tus queridos vecinitos se forran con dinero sucio.

Lucía no tiene la culpa de nada, no ha hecho nada malo.

¿Lo ves? Ese es el problema.

Siempre te pones de su parte, nunca de la mía.

¡No, el problema es que lo que tú has hecho se llama chantaje

y es un delito! -Y lo que ella ha hecho

se llama encubrimiento y también lo es. Mira...

(RESOPLA) No vamos a competir sobre quién es más delincuente,

porque el listón está muy alto.

-Devuelve ese dinero. -Ni de coña, Isa.

Tengamos la fiesta en paz.

Si te parece, olvidamos de esto, haces la cena,

nos vamos a dormir y mañana será otro puto día.

-No, no voy a hacer la cena. Si quieres cenar, te la haces tú.

No, no. Mejor te vas a cenar fuera,

que para eso tienes dinero. -¿Cómo, que me vaya fuera?

-Que te vayas, Julián, que no quiero ni verte.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-Ya te puedes ir tú, porque a mí de mi casa no me sacan

ni a empujones. -Ah, ¿no? Bueno, pues me voy yo.

-Bien. -Sí. Se acabó lo de dormir juntos

mientras seas un chantajista.

"Vino esto contra Judas por los pecados de Manasés

y por todo lo que hizo.

Asimismo, por la sangre inocente que había derramado.

Pues llenó Jerusalén de sangre inocente.

Y Jehová, por tanto, no quiso perdonar."

¿Cómo está el chaval? -Mejor.

Le he dado un tranquilizante y se ha quedado dormido.

Señor, perdóname si mi orgullo te ofende.

-Raimundo, ¿qué haces?

-Y te pido templanza para obtener justicia,

nunca venganza.

-¿Por qué te quitas la cruz?

Te lo pido por favor, no hagas locuras.

Recuerda quién eres, quién eres ahora.

-Rosa, aquí, en la comunidad, todos me llaman padre

y yo me siento el padre de todos.

Pero ¿qué clase de padre sería

si no sé proteger a mis propios hijos?

Buenas noches.

(Puerta)

(Golpes en la puerta)

Ah.

Coño, Isabel, ¿qué son esas prisas? Hola, Juan.

Vengo a hablar con Lucía. Pues no.

Quiero decir, que no está, que ha salido a cenar.

Ah. ¿Con José o con el francés?

(SUSPIRA) Yo espero que con su marido.

Pues no sé qué decirte, Juan. No sé qué decirte,

porque a José le vendría muy bien para que aprendiese.

Tu hermano es un golfo, que lo sepas.

Y... ¡Y no es el único, que todos los hombres sois unos cobardes,

unos canallas, unos mentirosos y unos cabronazos!

¿Cómo?

¿Por qué sois así? ¿Qué os pasa? ¿Por qué sois así?

Pero Isabel.

(LLORA) ¿Qué te pasa?

(LLORA)

Que me he peleado con Julián y venía a contárselo a Lucía,

pero como Lucía no está, pues no tengo a nadie a quien contárselo.

Lo siento.

Venga, mujer.

¿Ya?

Voy a buscarte un vasito de agua.

Juan.

¿Qué?

Prefiero un coñac si no te importa.

Ya estoy mejor, ¿eh?

Es que me he tomado dos de estas y ya... (RÍE)

Me importa mucho menos que mi marido sea un idiota

y mi vida un completo desastre.

Ah. Venga, Isa, que tu vida tampoco es un desastre.

No seas exagerada tampoco. Pero mi marido un idiota sí, ¿eh?

(RÍEN)

Oye, ¿y tú?

¿Tú por qué no has tenido nunca pareja ni te has casado

ni nada de nada?

Pues si te digo la verdad, porque nunca he tenido una pareja

que me aguante más de dos días ni yo a ellas tampoco,

todo sea dicho. Pues eso sí que es raro, ¿eh?

Eso es raro, porque tú eres muy guapo, Juan.

Y no solo es que seas muy guapo, es que eres muy interesante.

Ya. Te voy a quitar el coñac... No, no me lo quites.

No me lo quites, que es verdad lo que estoy diciendo.

Yo se lo he dicho un montón de veces a Lucía, ¿eh?

¿El qué?

Pues que eres muy atractivo.

Hombre, para mí más que José, desde luego.

Uy. Vamos a ver, ¿tú qué buscas

en una mujer? No, lo digo...

No por nada, lo digo por intentar entender por qué no tienes pareja.

Vamos a intentar entenderlo.

(RÍEN)

Si es que no es nada especial. Ah, ¿no?

No, no. Que me guste y ya.

Y para que te guste, claro, tiene que ser guapísima.

No tiene que ser guapísima. Sí. No, a ver.

¿Tú te hubieses fijado en una mujer como yo?

No. ¿Ves? No. (RÍE)

No es que me hubiese fijado, es que...

Es que me he fijado. Ah, ¿sí?

(RÍE) Sí que me he fijado, me he fijado, pero, bueno...

Es que tú eres guapa. Bueno, bueno.

Eres guapa, Isa, tú eres guapa, tienes un tipazo... (RÍE)

¿Y qué más? ¿Y qué más? Bueno, pues que...

Tienes unas piernas muy bonitas.

Eso sí, unas piernas bonitas tengo, ¿eh?

Lo de las piernas, sí. (RÍE)

Pero oye, no me líes, que no estoy tan borracha.

Pues yo sí y eso quiere decir que tenemos que guardar esta botella ya.

Ahí.

Juan.

¿Qué?

No, nada, nada, nada.

(RÍE) Nada, nada, nada. Dímelo.

¿Qué? ¿Qué?

¿Tú me darías un beso?

(RÍE)

Uno. Un beso tampoco es nada, ¿no?

Ay, Isa. No, dímelo. ¿Me lo vas a negar?

No es que te lo vaya a negar. Me lo vas a negar.

Ha estado bien, ¿eh?

Ha estado bien, pero yo he notado, claramente, que no te gusto.

Ah, ¿sí? Una pena que no te guste.

¿En qué lo has notado? Bueno, lo he notado, porque...

Porque si yo te gustara, ese beso... Pues habría sido de otra manera.

Ya.

¿Y ahora?

Ahora quiero repetir.

Entonces, el mercado americano en exclusiva

para el señor Alfredo Hinojosa, que nos ha ofrecido

unas condiciones inmejorables. -Es verdad. Brindemos por ello.

Uy.

(Interferencias)

Lucía.

Lucía, ¿me oyes?

Lo siento mucho. No, no pasa nada.

-Paren ya de hablar de negocios.

Caballeros, no sean malagradecidos.

María y Lula nos han ofrecido una cena exquisita.

-Gracias. Un aplauso para las anfitrionas, por favor.

-María, por favor, ¿podrías acompañar a Lucía a limpiarse?

Sí. No...

Me temo que le ha estropeado el vestido.

No hace falta, de verdad.

Perdón.

Es una manera sutil de decir que sobramos

y deberías aprovechar e irte.

¿Hola?

¿Me oyes?

Nacho, ¿me oís? Joder.

Jefe, hace unos minutos que no escucho nada.

Creo que el micrófono se ha roto. -Te inventas lo que sea

y te vas para la casa ya. -Voy para allá.

(Verja)

Perdón. ¿Me he dejado por ahí el bolso?

No, Lucía. Pensé que lo había colgado por aquí.

Bueno, lo siento.

Tíresela de una o haga lo que quiera con ella,

pero que no se nos pegotee toda la noche.

-Yo me encargo.

-Toda la mercancía es mía.

De primera, pura y sin manipular, garantizado.

Yo me comprometo a poner el contenedor en el puerto de Lisboa

listo para estibar si me dan garantía de una puerta abierta.

-Garantizado.

Tengo pactada una entrada franca al puerto.

-Bien.

¿Está cerrado el porte y la distribución?

-Yo me encargo de la mercancía.

Mi gente la recogerá en Lisboa y la repartirá por media Europa

porque el mercado sur es todo nuestro.

-Ah, listo. Cuanto menos revuelo, mejor.

Ahora las cosas ya no son tan fáciles.

Cuando los estupas detectan conexión americana,

ya no sueltan la presa hasta dar con el origen.

-Es verdad, pero descuida, Miranda.

¿Condiciones?

-Quiero la mitad en dólares en mi cuenta de Cali.

En tres días.

El resto cuando suelte la mercancía.

Listo.

No dejen cabos sueltos, caballero.

Más de un negocio se ha ido al carajo

por un simple detalle.

-Hablando de cabos sueltos,

quiero que Martín acompañe a José Espada a Lisboa.

En eso vamos a medias, ¿no? -Por supuesto, como en todo.

-Cuando se acabe el trabajo,

José ya no será necesario, sabe demasiado

y me la ha jugado demasiadas veces, así que ya no habrá cabos sueltos.

-Listo.

-Listo. -Listo.

Nacho. Nacho, ¿me oyes?

Lucía. ¿Qué?

¿Te encuentras bien? Sí, sí, sí.

Me tengo que marchar ya, que mañana tengo que madrugar mucho.

Muchas gracias por todo, Lula. De nada.

-¿La conociste? -Tuve un pequeño accidente antes.

Perdón. Vengo a despedirme.

Nosotros ya nos íbamos.

¿Te acercamos a alguna parte? No, no hace falta. Gracias.

¿Mi chaqueta, que estaba aquí?

La tiene Paul. Te estaba buscando. Está dentro de la casa.

Vale. Buenas noches.

(Ladridos)

Paul.

Paul.

Paul.

Buenas.

Paul.

¿Buscabas tu chaqueta?

Sí. Me han dicho que la habías cogido.

Te estaba buscando. ¿A mí?

¿O tu teléfono?

No me había dado cuenta que me lo había dejado.

No te vayas aún.

No hemos podido estar ni cinco minutos a solas.

Eh... El teléfono.

¿Me das el...? ¿Sabes lo que he visto?

Dejaste la grabadora puesta.

Pero no te preocupes, lo he borrado todo.

Dime una cosa,

¿haces esto por tu marido, te ha mandado él?

Eh... No. No me he dado cuenta que estaba grabando, Paul.

Lucía, ya soy suficientemente tonto por ti,

pero no me hagas más tonto, ¿vale?

¿Me das el teléfono, por favor? Por supuesto. Búscalo.

¡Ah!

Escúchame, escúchame.

Qué guapa eres.

Por favor. Mira, mira.

Si cuentas esto, estás muerta, o puede quedar un secreto nuestro.

No. ¿No?

Me gustas mucho, Lucía, mucho.

Te dije que por las buenas o por las malas.

¡Déjame! Por las malas.

¡No, no!

-Suéltala o te reviento, hijo de puta.

¿Seguro que aún quieres que me encargue yo?

-No.

Quiero hacerlo yo.

(GRITA)

¡Dios!

Colaboro con la Policía. ¿Qué?

Tienen muchas pruebas contra ti y contra mí también, José.

Te juro que voy a acabar contigo, zorra.

Vamos, vamos, vamos.

No, no está en casa.

¿Cómo no va a estar en el colegio?

Hemos mirado por todas partes, pensábamos que se había ido a casa.

-Nos dimos cuenta después del recreo,

cuando pasamos lista.

-¿Qué es esto? -Ábrelo.

Si queréis volver a verlo, no se lo digáis a nadie,

venid a la finca solos.

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