All language subtitles for La cocinera de Castamar 1x08 Lo que no será [WEB-DL A3P 1080p h264 AAC Subs][Spanish][GrupoTS]_Subtitles01.SPA

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Original subtitles

(AMELIA) "Querida Sol, espero un hijo de don Enrique de Arcona.

Acudo a usted para pedirle consejo."

Te recuerdo que tenemos un trato.

Deshacerse de Esteban no es que recibir una carta.

Creo que he cumplido mi parte del trato con creces.

Es el momento de que me des la carta de Amelia contándote su desgracia.

Esta carta cambiará el futuro de Castamar.

He escuchado una conversación que tenía con otra persona.

Decía que tenía una carta que podía cambiar

el futuro de Castamar. -Hay que conseguirla.

Un mozo me ha dicho que el padre es un asesino condenado a la horca.

(HOMBRE GRITA) ¿Dónde está tu amante?

¡Dímelo ya!

¡Que me digas dónde está!

¡No huyas! (MUJER) Aquí, corre.

(HOMBRE) ¡No podrás esconderte!

Gracias. Me ha salvado usted la vida.

Francisco Marlango, conde de Armiño.

-Sol Montijos, un placer. -El placer es mío.

¿No nos hemos visto antes?

-No me suena.

¿Ha venido a Castamar en calidad de amante de la baronesa de Turia

o es amigo del duque?

-¿Quién dice que sean incompatibles? ¿Cómo sabe...?

-Esa mujer no me gusta para usted.

-¿Ah, no?

-Le vendría mejor alguien más...

divertida,

experta.

-Antes de que haya ningún malentendido,

quiero que sepa que tengo prohibido el compromiso.

Estoy casada y no se lo recomiendo a nadie.

¿La señorita Belmonte? Está en la cocina, señor.

Se encontraba bien y se ha empeñado

en volver lo antes posible a su trabajo.

Don Evaristo ha dado su consentimiento.

Señor, ya hay fecha para la ejecución de Armando Belmonte.

Qué alegría tenerte otra vez aquí, Clara.

No sabes todo lo que he rezado por ti cada día.

Le he pedido a la Virgen que no te llevase con ella.

Ven aquí.

Gracias por cuidarme tan bien.

El mérito no ha sido mío. Ha sido de don Diego,

que no se ha separado de ti ni un minuto.

Clara... Qué alegría. Carmen... ¡Ay!

Me alegro mucho de veros.

Bueno, ¿nos ponemos con el menú de hoy?

Vamos, a trabajar. A sus órdenes, duquesa.

-Cuánto veneno tienes ahí dentro, hija mía.

¡Uy! Te han picado las chinches arriba.

-A ver si te crees que esos bichos distinguen

la sangre noble de la pobre.

-Clara.

Me alegro de verte. Gracias.

Ya echaba de menos la cocina.

Ya hay fecha para la ejecución de tu padre.

Dentro de dos días.

(Puerta)

¿Sí?

Váyase, por favor.

Solo quiero que sepa que lo siento mucho,

lo siento muchísimo.

Fue usted quien firmó su sentencia de muerte.

Pero...

Pero yo no sabía que se trataba de su padre.

De haberlo sabido, ¿usted me cree capaz de algo así?

Yo solo quiero ayudarle, Clara.

Pues entonces no permita que ejecuten a un inocente.

Mi padre no mató al coronel Quintanilla.

Bien. Pues entonces escríbale una carta al rey

pidiéndole su indulto. Yo se la llevaré hoy mismo.

Su padre es un buen hombre. Lo estuve visitando en la cárcel.

Está bien, está bien, está bien. Orgulloso de la hija que tiene.

Le prometo que haré todo lo que esté en mi mano

para que siga estándolo.

Se lo prometo.

(JADEAN)

(SUSPIRA)

(RÍE) Tampoco has estado tan bien.

-La primera vez que nos vimos en Castamar, eché la primera moneda.

Es una vieja tradición francesa.

Los amantes, cada vez que hacen el amor,

meten una moneda en el saco.

Cuando se casan, en lugar de guardar una por cada encuentro, la sacan.

-¿Y entonces? -El saco nunca llega a vaciarse.

Nosotros podríamos ser los primeros en llegar a vaciar el saquito.

-¿Me estás pidiendo matrimonio?

-En absoluto.

-Menos mal, porque entonces tendríamos que hacer un viaje

de esos que hacen los franceses para conocerse mejor.

-Pensaba que te gustaba viajar. -Sí, me encanta.

Pero es que no me aclaro con los destinos, que si Roma,

que si Londres, Rotterdam, Ámsterdam...

-No tenemos por qué elegir. Podemos visitarlos todos.

-¿Un viaje por Europa sin boda? -Y sin fecha de regreso.

-Me parece muy buena idea.

-Para que vayamos ligeros en nuestro viaje.

El señor Cruz cumple con todos los requisitos

y estaría dispuesto a trabajar en Castamar.

Querida, no te precipites.

Mercedes, se formó con el jefe de cocina de Luis XV.

Es el candidato perfecto.

Hazme caso, ten paciencia.

Pero... ¿Lo que para mí es paciencia para esa cocinera

es oportunidad?

Amelia, conozco a mi hijo.

Detesta que decidan por él

y está comprometido contigo.

Con vosotros.

Los capones ya han llegado a Castamar.

¿Los capones? Una costumbre de mi difunto esposo.

En realidad es una tontería.

Desde hace mucho tiempo, por estas fechas,

los campesinos traen capones.

Cuando era niño, a Gabriel le encantaba cuidarlos,

meterlos en el corral, darles de comer,

pero luego le daba mucha pena.

Que acabasen rellenos sobre la mesa.

Así que a su padre se le ocurrió organizar una carrera

el día de San Gabriel.

¿Una carrera de capones?

-A cada capón le poníamos un lazo de diferente color

y el primero que entra en la cocina gana el indulto.

Tendrías que haberle visto de niño. Cómo disfrutaba con la carrera.

Igual que ahora, madre. En realidad, es un pequeño homenaje a mi padre.

Si me disculpa, voy a verlos.

Ese padre al que tanto echamos de menos fue también un buen esposo.

Cariñoso, atento y leal,

aunque no estaba enamorado de mí cuando nos casamos.

En nuestro mundo, todos los matrimonios empiezan así.

¿Ya has planchado los trajes de los señores?

-¿Don Francisco y don Alfredo van a venir hoy a Castamar?

-Eso no es asunto tuyo.

-Lo pregunto por si alguno de los dos corre más prisa.

-Todo corre prisa, menos cortar lazos para unos capones.

Quiero los trajes en sus armarios lo antes posible.

Puedes llevártelo de vuelta. No hay indulto posible, Diego.

Majestad, Armando Belmonte es un hombre inocente.

¿Y qué que sea inocente? Da igual.

El pueblo necesita que se ejecute al traidor que asesinó

al coronel Quintanilla y ya está. Ya está.

Majestad, insisto en que ese hombre no es un traidor.

¿Eso qué más da? A ojos del pueblo, sí. Ya está.

Es a ellos a quien debo darles lo que piden,

no a una hija que defendería a su padre

aunque lo viera junto al cadáver...

(RÍE) Con un cuchillo ensangrentado en las manos.

(RÍE)

La hija es Clara Belmonte, majestad.

¿Quién?

La cocinera de Castamar.

La mujer que le ayudó la noche que llegó perdido a palacio.

Soy el rey.

Diego, no puedo dar esos indultos.

Ni tú enamorarte de criadas.

¿Estamos?

Majestad, ¿no puede concederle el indulto a un hombre inocente?

Fíjate qué hay en el suelo.

Una hoja de roble. ¿Sabes qué significa?

Es la prueba de que el invierno ha llegado.

¿Dónde están las pruebas que dicen que ese hombre es inocente, Diego?

Tráeme una hoja de roble y ordenaré un aplazamiento

para que se celebre un juicio.

¿De acuerdo? La tendrá, majestad.

Don Enrique, qué sorpresa.

Te echaba de menos.

Cuando estás tan callada es que estás tramando algo.

¡Qué poco conoce a las mujeres!

A ti, sin embargo, te conozco demasiado.

He estado muy ocupada. Eso es todo.

Esta noche los marqueses de Minamar dan una cena informal en su casa.

¿Te apetece venir conmigo?

No es una buena idea

presentarme tan pronto en sociedad, ¿no?

Cómo he podido olvidar tu luto.

¿Y un paseo? Echo de menos tu conversación.

Dame un momento y vamos.

El conde de Armiño.

¿Se va a instalar aquí?

Ah, ya sé.

Sé que su familia tiene propiedades en Segovia y sé que es allí

donde lleva a sus amantes.

Yo a los míos los llevo por Europa.

¿Cuándo?

Tan pronto como sea posible.

Deje que me arregle y vamos a dar ese paseo.

No. No, supongo que tendrás mucho que preparar para el viaje.

En otra ocasión. Hasta pronto.

Señorita Belmonte.

¿El rey ha aceptado el indulto? Solo un aplazamiento,

siempre y cuando consiga una prueba que demuestre su inocencia, claro.

Pero faltan dos días. ¿Cómo voy a conseguir algo así?

Localizando los partes de guerra de Quintanilla,

el archivo del Secretariado guarda toda la información.

Pero yo no puedo ir a ningún archivo.

Ya. No será necesario.

He conseguido que se trasladen temporalmente a Castamar.

Súbanlos a la biblioteca, por favor. A la biblioteca.

¿Haciendo trampas otra vez, doña Mercedes?

¡Qué agradable sorpresa! No me descubra.

Es la única manera que tengo de ganar siempre.

No le esperaba.

Bueno. Quería saber si todo iba bien por aquí, por Castamar.

Habrá boda antes de lo que pensábamos.

Mi hijo ha recuperado la razón.

Cómo me gusta escuchar las buenas noticias.

¿Le apetece dar un paseo? Oh... Vaya.

Debería haberle servido un criado.

Si no le importa, voy a limpiarme.

Claro. Gracias.

Señorita Castro.

(RÍE) ¿Vas a instalar aquí tu despacho o...?

Voy a intentar que no ejecuten a un hombre inocente.

¿El padre de la cocinera?

Sí.

Es inocente y solo quedan dos días y hay cientos de documentos.

No importa que ahora no me quieras.

Todos los matrimonios empiezan así.

Amelia... Te voy a hacer muy feliz, Diego.

Te lo prometo.

Amelia, espera. Espera.

Voy a ser un buen padre para nuestro hijo.

Te doy mi palabra.

Lo mismo que lo fue el mío.

Esta carta es para Hernaldo de La Marca, es urgente.

Y haga pasar a mi invitado.

Don Enrique, he venido tan pronto como he podido.

¿Recuerda que teníamos un trato? Sí, claro.

Íbamos a ganar mucho dinero

con las obras del alcantarillado de Madrid.

Sí.

Todavía no han comenzado las obras.

¿Qué ha hecho con el dinero que le adelantó la Corona?

Hemos tenido algunos problemas...

Esta es la lista de acreedores a los que ha engañado como a mí.

Usted vino a buscarme, señor.

He pedido muchos favores para que nos concedan el proyecto.

Quiero que me devuelva el dinero.

Me da igual donde lo haya perdido.

Necesitaré algo de tiempo para... No tiene tiempo.

Sé que tiene amigos, alguno muy querido,

como don Alfredo, por ejemplo.

Tiene un día.

No sabía que pintaba.

-Si encontramos esa carta, podremos desenmascarar a Enrique.

-Lo haré yo solo. -No, ni hablar.

Es demasiado peligroso, lo haremos los dos.

Si Enrique le descubre en su palacio, no tendrá excusa.

Si me ve a mí, solo seré un negro robando a un noble.

-Que irá a la cárcel, Daniel. Y eso, como poco.

-Me vendrá a visitar, espero.

Volveré con esa carta.

Se lo aseguro.

-Daniel, tiene que llevar nuestro escudo.

La señorita Castro la envió desde Castamar.

Ahí. Muy guapa. -Muy bien.

¿Cómo está la cocinera? -Muy bien.

Gracias a Dios está muy bien. -No...

No me refiero a su salud.

Me preocupa que pueda estar confundiendo

el buen corazón de Diego con...

Con otro tipo de sentimiento.

Debería seguir tu ejemplo. -¿El mío?

(ASIENTE) -Por favor. ¡Qué va!

¿Cómo va a seguir Clara mi ejemplo? -Tu novio.

¿Cómo se llama? Roberto. (ASIENTE)

Roberto, chico guapo, muy educado

y de tu misma clase social.

-Bueno, a veces es un poco terco.

-Has elegido bien, créeme.

Alguien...

Alguien a tu alcance, posible.

Si Clara se ha hecho ilusiones con don Diego,

no hará más que sufrir.

O peor aún, volverá a caer enferma.

Deberíamos ayudarla, ¿no crees? Sí, deberíamos ayudarla.

Tú cuéntame si se ve con don Diego, de qué hablan...

Cualquier cosa que pueda perjudicarla.

-¿Pero entonces me está pidiendo que los vigile?

Yo es que no sé si voy a poder, señorita Amelia,

es que Clara es mi amiga y...

-Don Diego no quiere nada con ella.

Elisa.

Y menos ahora, que...

(RÍE)

No sé si debería decírtelo.

Pero seguro que tú me vas a saber guardar el secreto.

-Claro.

-Estoy encinta. (RÍE)

Diego está como loco de contento.

Doña Mercedes deseandito que llegue la boda.

¿Lo entiendes ahora? -Claro.

-Es por su bien.

Agáchate.

Agáchate.

-Señora, por favor.

Mira.

Te lo regalo.

Para la mejor ayuda de cámara del mundo.

Preciosa.

-Muchas gracias.

Con su permiso.

Ni te imaginas la cantidad de cajas que he tenido que subir.

Solo espero que no haya que devolverlas.

Elisa, ¿me estás escuchando? -Sí, sí.

No, no te estaba escuchando. ¿Qué me decías? Perdona.

Nada. Te queda muy bien ese broche.

-Ah. Me lo ha regalado la señorita Castro,

pero me lo voy a quitar en cuanto llegue a la habitación.

-¿Por qué? -Pues porque sí.

Porque no me siento cómoda llevándolo.

Déjate de tonterías. Si eres ayuda de cámara, haz que se note.

-Buenas tardes.

Tengo hasta mañana, ni un día más. Alfredo, eres la única persona

en la que puedo confiar. Necesito ese dinero, por favor.

-¿Y eso qué es? ¿En qué lío te has metido esta vez, Ignacio?

Esto es solo el primer aviso. Si no me ayudas...

-No, esta vez no, lo siento.

-Si te lo voy a devolver. -Los dos sabemos que no lo harás.

Esto no se trata de dinero. Lo que tú y yo estamos haciendo

nos está matando. Es hora de asumir las consecuencias.

¿Lo entiendes? -Te estoy pidiendo ayuda.

¿Por qué no...? ¿Por qué no vamos a la alcoba?

-No, no, no, no. ¿No lo entiendes?

No existe un solo lugar, ni uno solo, en el que esconderse.

El único juez que me importa está siempre presente.

¿No lo entiendes?

Necesito dejar que cicatricen.

Por favor, acompañen al caballero. -No, no. Alfredo, Alfredo.

Me van a matar. Si no consigo ese dinero,

van a acabar conmigo. Por favor, por favor.

-Lo siento, rezaré por ti.

Dios mío. Hay cientos de documentos sin ningún orden

y solo nos queda un día. Y una noche.

Vamos a encontrar esa prueba, podemos hacerlo.

Me pongo con esta.

Nunca se rinde, ¿verdad?

Lo descubrí cuando estuvo a punto de...

Igual le suena raro,

pero fue usted la que me daba fuerzas a mí.

No recuerdo nada.

(ELISA) Clara, por fin te encuentro.

Perdón por molestar.

Te necesitan en la cocina.

La señorita Castro ha pedido que se le hagan

unas sopas con huevos escalfados y pan de maíz.

¿A estas horas de la madrugada?

No. Que lo haga alguna de sus ayudantes.

Soy la cocinera. Es mi trabajo.

Volveré en cuanto termine.

Señora, la comida que ordenó.

Sopa con huevo escalfado y pan de maíz.

¡Qué buen aspecto!

Lástima que ya no me apetezca.

Natillas y bizcochito. Bizcochito.

Y dese prisa, no vaya a ser que cambie de opinión otra vez.

¿Le molesta que la futura duquesa de Castamar le dé órdenes?

Lo prepararé lo más rápido que pueda.

¿Por el azul ya ha apostado alguien? -No, para ti.

-No, espera. Mejor el rojo. -No. El rojo es el mío.

(ÚRSULA) Beatriz,

pon agua a hervir para las sábanas.

Ayudará con las chinches.

-¿Esta desde cuándo se maquilla?

-Ayer la vimos salir de Castamar a una hora muy rara.

-Y bien entrada la noche no estaba ni en su cuarto ni en el despacho.

-¿No ha dormido aquí? -Igual se ha echado un novio.

-Un amante mejor, un duque.

-¿Apostamos? -A lo mejor está trabajando

también en otra tienda. -Anda, la otra.

¿Y por eso se maquilla?

Carmen, la ingenua dice que por trabajo.

-¿Tú qué dices, Elisa? -Yo por el verde.

-Apúntalo tú, aguafiestas.

-¿Y Clara no ha apostado? -Estará todavía durmiendo.

La señorita Castro la tuvo cocinando toda la noche.

(Puerta)

Sí.

¿Puedo pasar? Sí.

Te estaba buscando porque te quiero contar una cosa.

Aquí tampoco hay nada, y falta menos de un día.

Ojalá te pudiera ayudar, pero no se cómo hacerlo.

Lo haces. Estando aquí conmigo.

Y Diego... El señor lleva revisando documentos desde ayer.

No va a parar hasta que dé con algo.

(CARRASPEA)

¿Qué sientes por él, Clara?

¿Yo? ¿Por qué me preguntas eso?

Porque no quiero que sufras.

En esta vida, Clara, hay dos tipos de personas:

las posibles y las imposibles. Roberto, por ejemplo, es posible,

por eso me voy a casar con él. Pero don Diego...

No siento nada por él, si es lo que te preocupa.

De hecho, estoy furiosa.

Es el secretario del Consejo.

Él fue quien firmó la sentencia de mi padre.

Pero, para ser justos,

también es el que te está ayudando a salvarlo

y el que no se separó de ti ni un solo momento

cuando estuviste enferma.

Eso también.

Le oía llorar.

De eso me acuerdo.

Porque le quieres.

Es el duque de Castamar

y va a casarse con la señorita Castro.

Un imposible.

¿Y tú qué querías contarme?

Nada,

que estamos apostando por un capón y tienes que elegir el color.

Perdone los modales de mi amigo, no le gusta madrugar.

Espero que don Alfredo haya sido generoso.

¿No?

Le prometo que lo he intentado,

pero no tengo manera de conseguir el dinero.

Alfredo Carrión ha dado por finalizada nuestra amistad.

Haré lo que sea necesario para conseguírselo todo.

Trabajaré para usted. Lo que sea, pero, por favor,

no me haga daño, por favor. Por favor.

(Portazo)

Siento la espera, don Ignacio.

Quiero que vuelva a poner en marcha el proyecto del alcantarillado.

Esto es un valor superior al que yo necesito.

Bueno.

Para pagar sus deudas.

Supongo que tendrá alguna.

Gracias.

A cambio quiero una cosa.

Lo que sea.

Quiero pruebas de su relación con Alfredo de Carrión.

Cartas, regalos.

No puedo hacer eso. Sí, sí que puede.

No le queda otra.

¿Qué hago con los tomates? ¿Los rehogo?

-Pregúntale a Clara. Clara. ¿Qué?

Duquesita, que qué hago con los tomates.

"El coronel Quintanilla ha decidido desplegar a sus hombres

por la ribera. El coronel Bélmez, relevo del fallecido

coronel Quintanilla, ha dado las nuevas coordenadas al Ejército."

¿El fallecido coronel Quintanilla?

El día de antes da órdenes, elabora estrategias

y al día siguiente se refieren a él como "fallecido".

Esto no tiene sentido. Lo tiene.

Falta una página. Justo del día de la muerte de Quintanilla.

Alguien no quería que se supiese la verdad.

Pretendió que culpasen a mi padre. Lo tenemos.

¿Dónde vamos a encontrar la hoja que falta?

En el archivo real hay una copia de cada documento.

Solo hay que tener suerte.

Que preparen mi caballo, voy a salir.

No tenemos tiempo. Sí. Conseguiré un aplazamiento.

Tengo la hoja de roble.

Señor Elquiza, solo falta usted para apostar.

Puede elegir el color que menos apuestas tenga.

Que vengan todos inmediatamente.

(ELQUIZA) ¿De quién ha sido la idea?

¿De todos?

Muy bien.

Entonces todos se quedan sin libranza.

-No sabía que era el mismo papel.

-Lo que haga doña Úrsula fuera de Castamar no es asunto suyo

y mucho menos motivo de apuesta. -Señor,

se fue ayer por la tarde en horas de trabajo

y de madrugada no había regresado. ¿A usted no le parece extraño?

-No es mi asunto.

-Pues lo parece. No sé por qué se lo toma tan mal.

¿Acaso está un poquito celoso? -Beatriz.

Todos a trabajar.

(Puerta)

¿Se encuentra bien, doña Úrsula?

-Trabajando,

lo que deberíamos estar haciendo todos.

-Solo quería decirle que, si necesita algo,

si tiene algún problema, puede contar conmigo.

Últimamente he notado que se ausenta de Castamar más de lo habitual.

-¿Usted también está apostando

o simplemente ha venido para sacar de dudas al servicio

y proclamar un ganador? -En absoluto.

Cuando he descubierto que estaban... -Le digo por favor

que siga como hasta ahora, sin preocuparse por mí.

¿Estás así por lo de doña Úrsula?

No es para tanto.

-He visto algo.

Y tengo que hacer algo,

pero si lo hago, voy a perjudicar a una persona

que es justamente la que menos quiero perjudicar.

-Pues no lo hagas.

-Pero entonces estaré faltando a mi palabra.

-O sea, que hagas lo que hagas, que no sé lo que es,

te vas a sentir mal.

A veces, ayuda a ponerse en el lugar de la otra persona.

Y también ayuda darme un beso, ya verás.

¿Y ahora? -Nada. Solo quería un beso

y hacerte reír.

Hagas lo que hagas, estará bien hecho.

El rey ha concedido el aplazamiento.

He encontrado la copia del diario de guerra

y he solicitado que la envíen a Castamar.

Gracias.

Gracias también por salvarme la vida.

Sé que no se separó de mí ni un momento.

¿Se lo han contado?

No ha hecho falta.

No. Gracias a usted.

Gracias. Le avisaré cuando llegue la copia.

¿Doña Sol Montijos?

Queremos hablar con usted acerca de la muerte de su esposo,

Esteban de Villamar. -¿Han encontrado al culpable?

-¿Sabe si su esposo tenía alguna deuda pendiente con alguien

o algún enemigo? -No. Qué va.

A mi marido lo asaltaron para robarle y por desgracia...

-El que asaltó a su esposo no era un ladrón.

-Pero le robaron todas sus pertenencias.

Falta su anillo. Lo estamos buscando.

Será el que nos ayude a encajar la pieza que falta.

-¿Y el reloj? Le robaron el reloj también.

-El reloj ha aparecido. Nos lo entregó un testigo.

-Tal vez esto pueda ayudar.

Se le cayó a un hombre joven, bien parecido,

que corría como huyendo.

-En su huida, se le cayó el reloj sin que se diese cuenta.

Se trata sin duda de un caballero que simuló un robo

con la intención de despistarnos.

-No entiendo a dónde quiere llegar y no me gusta su tono.

-Señora Montijos. -Marquesa de Villamar.

-Conocemos su relación con Francisco Marlango.

¿Es posible que el marqués le resultase una molestia?

-No tengo por qué contestar esa pregunta.

-No se preocupe. Estamos muy cerca de descubrir la verdad.

Señora, mis condolencias.

Lo saben todo. ¿Tienes algo que ver?

Tranquila.

Lo he hecho de tal forma que nadie va a sospechar de ti.

Pero sí de Francisco.

Un asesinato necesita un culpable.

Si no, nos convierte a todos en sospechosos.

Si hay un asesino, asunto resuelto.

Dame el anillo de Esteban.

Ya no lo tengo.

¿Dónde está? ¿Dónde lo has puesto?

¡Tengo que parar todo esto!

¡El anillo! ¿Dónde está el anillo?

¿Dónde está? ¿Dónde lo has puesto, Enrique?

O me dices dónde está o te juro que te mato.

No está aquí.

Cuando me contaste que os ibais a Europa,

tuve que darme prisa.

No iba a dejar escapar a Francisco así como así.

Será cuestión de días, de horas que la Guardia encuentre el anillo

en la habitación que tiene Francisco en Castamar... y baja eso.

Los dos sabemos que no lo vas a usar.

Me voy a Castamar. ¡Dios mío, Enrique!

¿Cómo has podido hacer algo así?

Te recuerdo que eras tú la que quería deshacerse de Esteban.

Ahora yo quiero lo mismo con Diego y con todo lo que le rodea

y espero que no me lo impidas porque no me parecería nada justo.

Solo te pido por favor que no metas a Francisco en todo esto.

¿Dónde está la Sol Montijos que nunca se enamoraba de nadie?

¿Dónde?

Disfruta de tu viaje y de tu libertad.

Manda un carruaje al palacio del conde de Armiño.

Que se presente inmediatamente.

¿Preparados, listos? ¡Ya!

(GRITAN ANIMANDO A LOS CAPONES)

(ELISA) Se lo agradezco, pero no le voy a dar uso.

No sabía que nuestro viaje fuera tan inminente.

¿A qué viene tanta prisa? -¿Para qué esperar?

Hay un carguero que sale en un par de días de Santander.

Si salimos ya, llegamos a tiempo.

-Tenemos que irnos. -¿Qué pasa?

-La Guardia te va a acusar del asesinato de Esteban.

Tenemos que salir del país antes de que te detengan.

-No he hecho nada. -Pero ellos no piensan así.

-Sol, tranquilízate. Para acusar a alguien hacen falta pruebas.

Es una trampa de Enrique. Lo ha preparado todo

para que te acusen del asesinato de Esteban.

-Iremos a la Guardia y se lo contaremos todo.

-No nos creerán. Te van a ejecutar.

-Cuando murió Esteban, yo estaba en Castamar. Tengo testigos.

-No servirá de nada. Tenemos que irnos.

-¿Y pasarnos la vida huyendo por algo que no hemos hecho?

Tengo amigos con mucho más poder del que pueda tener Enrique.

-Hazlo por mí. No quiero perderte ahora.

Podemos ser felices en otro país.

-¿Hay algo más que yo no sepa?

-Entonces, no hay de qué preocuparse.

No vas a perderme, te lo prometo.

Haré que preparen un carruaje. Iremos al cuartel más cercano.

Llamad al cochero, la señora y yo vamos a salir.

¿Preparada?

-Fui yo quien ordenó la muerte de Esteban.

(Disparo)

Perdóname.

(FRANCISCO) Ah...

(LLORA)

Primero el caldo y luego bañamos bien el foie.

Beatriz, cuando Carmen termine de limpiar el capón, lo vacías.

La de capones rellenos de foie que habrás hecho.

Cómo se nota que sabes.

-Elisa, te he dejado en la habitación el lazo verde.

-Clara, tengo que hablar contigo. ¿Tienes un momento?

Sí. Vamos.

He hecho una cosa muy fea.

Pero antes de contártela,

necesito saber que me vas a perdonar.

Te he estado vigilando.

Por mi culpa,

te pasaste toda la noche cocinando para la señorita Castro.

Es que me pidió que si te veía con don Diego se lo contara.

Solo ha sido esa vez, de verdad. Y lo de que estás enamorada

no se lo contado a nadie, te lo prometo.

La que debería sentirse mal es ella

por pedirte que me vigiles.

Bueno, ella también tiene sus razones.

Va a tener un hijo.

¿Qué?

Que está embarazada, Clara.

Que es de don Diego. Me pidió que no se lo contase a nadie,

pero creo que tenías que saberlo.

(NARRA) "Cuando estuve a punto de morir,

Diego me dijo que el amor todo lo puede."

Clara. Estoy bien, Elisa,

tengo que seguir con los copones.

(NARRA) "El amor no puede nada.

Será la primera vez que prepare capón relleno de foie.

Nadie sabe mi secreto.

Uno más de los que nadie conoce.

Los secretos forman parte de nosotros. Son inevitables.

Por mucho que se escondan, no desaparecen.

Solo podemos disimularlos y comportarnos

como si no los tuviésemos."

Si me disculpan.

(NARRA) "Como cuando el culpable descubre

que para ser inocente solo basta con parecerlo.

A veces es necesario confiarle el secreto a alguien.

Y con él le entregas tu libertad.

Porque lo más valioso de un secreto

es que nunca salga a la luz."

(ELQUIZA) Señor, ha llegado. Gracias.

Aquí está.

No puede ser.

¿Va todo bien, señor?

Armando Belmonte nos mintió.

Fue él quien asesinó al coronel Quintanilla.

He leído la página que faltaba.

No exculpa a su padre,

corrobora que fue él quien asesinó a Quintanilla.

Amelia, estás impresionante.

Siéntate. Que avisen a don Evaristo, rápido.

(ELISA) La señorita Castro está sangrando.

-¿Le has dicho a la cocinera que estoy encinta?

¿A qué has venido?

-Tú y yo somos iguales y lo sabes.

-¿Quiénes sois? -Por fin vas a tener lo que mereces.

Don Gabriel no está aquí.

Lo quiero vivo.

(LEE) "Tuve que amputarle la pierna, pero le salvé la vida."

Mi padre no estaba en el campamento. No pudo hacerlo.

Ahora entiendo tu obsesión por vengarte.

Quiero que sepan que para mí sería un honor acompañar

a la señorita Castro al altar el día de su boda.

Son contracciones. -Que no lo pierda, por favor.

No entraba en mis planes casarme con la señorita Castro.

Si la señorita Castro pierde el niño, Dios no lo quiera,

que nadie se entere hasta después de la boda.

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