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Zulu
Por fin Castamar tendrá heredero, ¿verdad, querida?
Me preocupa don Enrique de Arcona.
Cada vez que aparece el Marqués, la señorita Castro se asusta.
Esto ha pertenecido a todas las mujeres de Castamar,
ahora te pertenece a ti. ¿A mí?
¿Por qué le has dado el broche, madre?
Podrías haberme preguntado, ¿no?
Hubieras dicho que no.
Enhorabuena, señorita. Gracias.
Y enhorabuena a usted, don Diego. Gracias a su firma,
por fin van a ejecutar al asesino del coronel Quintanilla.
Juro por Dios que mataré a Diego de Castamar.
(Truenos)
(REZA)
Armando Belmonte,
acusado de asesinato, traición y fuga.
Culpable de todos los cargos y condenado a morir en la horca.
Que no esté mi hija, no dejen que me vea así, por favor.
Que Dios me perdone.
¡No, ella no, ella no!
¡Ella no!
(Risas)
¿Quién quiere más?
Venga, un poco.
Señor, ¿puedo ayudarle?
Sí, estaba buscando a la señorita Belmonte.
Ha salido hace un momento.
¿Salió? ¿Fuera?
Sí. A mí también me extrañó, sabiendo lo de su afección.
Y con la tormenta que está cayendo...
¡Clara!
¡Clara!
¡Clara!
¡Clara!
¡Clara!
¡Clara!
Clara, Clara.
Clara.
Clara, estoy aquí.
Clara, mírame, por favor.
Clara, mírame. Clara.
(Trueno)
(Clavicémbalo)
¡Melquíades!
¡Melquíades!
¡Melquíades! ¿Qué son esas voces?
¡Melquíades, por Dios! Mi señor, ¿qué ha pasado?
Corre a por el médico, es urgente.
Mi señor, ¿qué le ha ocurrido?
Estaba fuera de la casa, está inconsciente.
Habrá que calentar su habitación. Vamos.
Avisa que enciendan la chimenea de la alcoba de invitados.
¿La de invitados? Sí.
Señor.
¿Está muerta? -No, cálmese.
-¿Está muerta, señor Elquiza? -No, cálmese.
-¿La ha encontrado, señor?
Que calienten la alcoba de invitados. ¡Rápido!
No sé lo que pretendes, pero está fuera de lugar.
Déjeme pasar, madre.
Dejadme pasar.
Hablaré con él.
(Campana)
Parece que está reaccionando.
Habría muerto de haber pasado más tiempo a la intemperie.
Entonces, ¿por qué no vuelve en sí?
Su cuerpo ha hecho un gran esfuerzo
para soportar la pérdida de temperatura,
necesita descansar.
Un poco de quinina para prevenir la reacción
y no tardará en ponerse bien.
(AMELIA) Diego.
Diego, estás empapado.
Tienes que quitarte esta ropa cuanto antes.
Ya.
Diego, el servicio se encargará de ella.
-Mantenga la habitación caliente y que tome mucho líquido.
Señor Elquiza, asegúrese de que la señorita Belmonte
vuelve a sus dependencias lo antes posible.
Diego, ¿nos vas a contar qué sucede con la cocinera?
El médico cree que está fuera de peligro,
no tardará en recuperarse.
No creo que sea eso lo que Francisco quiere saber.
-Diego.
Por supuesto que no tienes que contarnos nada
que no quieras contar.
Pero no entendemos qué te está pasando, amigo.
-Somos sus amigos.
No tiene por qué haber secretos entre nosotros.
-¿Estás enamorado de la cocinera?
Sé que está fuera de lo posible porque es una cocinera,
porque me voy a casar con la señorita Castro.
No puedo evitarlo.
No puedo sacármela de la cabeza, amigos.
Sé que es difícil de entender, pero...
No sabéis lo afortunados que sois por no pasar por algo así.
Yo no tengo elección.
¿Y crees que nosotros sí?
Tú sí, hermano, tú eres un hombre libre
y puedes hacer lo que quieras. ¿Y tú no?
Puede que ninguno de nosotros seamos libres.
-Diego, ya habías elegido.
La señorita Castro merece respeto.
-Sí tienes elección.
Tienes razón.
Gracias.
Está hecho.
La marquesa de Villamar ya puede vestir de luto.
¿Y el negro?
El barco de esclavos saldrá de Lisboa a pocos días.
Procura que vaya dentro.
No le fallaré. Yo tampoco.
"Armando Belmonte,
acusado de asesinato, traición y fuga.
Culpable de todos los cargos y condenado a morir en la horca."
(JADEA)
Clara, ya está, ya está.
Ya está, ya está.
Pobrecita.
Ay, estás ardiendo.
¿Don Evaristo?
Don Evaristo, soy Elisa.
Señor.
¡Señor!
¿Qué pasa? Es la señorita Belmonte.
¡Clara! ¡Clara!
¡Clara! ¡Clara!
Ahora tiene fiebre muy alta.
Y no parece bajar ni con friegas ni con quinina.
¿Es grave entonces?
Más que un enfriamiento común.
Habrá que esperar, pero la situación es delicada.
Podría tener un colapso.
Clara.
Clara, no te puedes morir.
Tienes que luchar, ¿me oyes?
Tienes que luchar.
No te separes de ella ni un momento.
Y avisa a don Evaristo de cualquier cambio.
-Póngale paños fríos sobre la frente
y adminístrele diez o doce gotas cada cuatro horas.
Lo haré yo.
Señor, es muy generoso por su parte, pero no será necesario,
Elisa sabe bien lo que tiene que hacer.
-Desde luego, señor, haré todo lo que sea necesario.
Yo me voy a quedar aquí. Pueden salir todos.
Señor, creo que no es adecuado que usted la atienda.
Saldré cuando mejore.
Debo hablar muchas cosas con ella, Melquíades.
Será mejor que salgamos.
-Pero, señor Elquiza, ¿cómo se va a quedar él aquí?
-Estará bien.
(NARRA) "Dicen que cuando vas a morir
ves imágenes de toda tu vida pasando rápido.
Destellos fugaces de lo que somos.
Las cosas que he hecho y las que se quedan pendientes,
cubiertas de bruma.
¿Tal vez eso sea morir?
Dejar que te borren."
Yo nunca había visto unas fiebres tan altas, nunca.
Gracias.
Y, además, don Evaristo dice que es muy grave, así que...
-Un mozo me ha dicho que el padre es un asesino
que han condenado a la horca.
-¡Virgen santa!
-¿Qué dices, Beatriz?
-Te digo la verdad.
-¿Te digo yo a ti cuál es la verdad? Que no tienes ni idea.
La verdad es que Clara es nuestra amiga,
que está enferma, está en una cama.
Y que a lo mejor se muere.
Así que ten un poco de respeto.
Me da igual lo que me cuentes de su padre.
Mentirosa.
Si al menos, me dejasen estar con ella,
pues la podría cuidar, estar ahí vigilándola.
-Habla con la señorita Castro, lo entenderá.
-Pero es que el problema no es ella, el problema es el señor.
Quiere estar todo el tiempo con Clara en la alcoba.
-¿El señor está con ella en la alcoba?
-Hija de las mil putas, al final se ha salido con la suya.
-¿Qué dices, Beatriz? -Lo que vi con mis propios ojos.
-¿Pero qué viste tú? -¡Lo vi aquí, en la cocina!
-¡Basta ya!
Tú, ven conmigo.
¿Qué viste exactamente? -Yo vi...
-A ver qué vas a contar, ¿eh?
-Vi al señor y a la cocinera, allí.
Besándose.
(ELISA) Mentirosa.
(ARMANDO) "Mi querida hija,
espero de corazón que no estés preocupada por mí.
Estoy bien, a pesar de lo duro que resulta perder tantos hombres
en una contienda inútil.
Por suerte, los momentos difíciles se disipan
pensando que los dos estamos en casa, sentados a la mesa,
disfrutando de mi plato preferido.
Y el olor a tu cocina es tan nítido, tan real,
que no hay distancia ni tiempo que pueda separarnos."
Faltaban las flores.
¿Preparado?
Trufas con setas al olivo.
(Campana)
Buenos días, señorita.
¿Le pido que le suban el desayuno aquí
o prefiere tomarlo en el comedor?
-¿Don Diego se ha despertado ya?
-Creo que está...
Que está con...
Está en la alcoba de invitados, señorita.
-Tráigame la ropa, quiero vestirme.
Buenos días. -Buenos días.
Buenos días. Tomen asiento.
Caballeros.
Dios mío, es terrible.
¿Qué sucede?
El marqués de Villamar ha muerto en un asalto.
Léalo usted mismo.
Le han asaltado para robarle.
¿Se sabe algo más? ¿Iba solo?
Sol Montijos no estaba con él.
Creo que todos nos alegramos
de no tener que lamentar también su pérdida.
Por supuesto, yo el primero.
Habrá que presentar nuestros respetos.
El coche grande, por favor. No, no será posible.
Por expreso deseo de la marquesa,
no habrá duelo ni se aceptan condolencias.
¿Pero qué clase de viuda haría una cosa así?
Tiene que hablar con ella.
Subestima mi influencia, doña Mercedes.
Siempre ha sido un verso libre, pero esto... Esto es demasiado.
El marqués no merece un final así.
No creo que un sepelio suntuoso le devuelva a la vida al marqués.
Si la marquesa no quiere exhibir su dolor,
tiene todos mis respetos.
Conozco a Sol Montijos desde hace muchos años.
Me sorprende que haya algo que no quiera exhibir.
Igual no la conoce tan bien como usted cree.
¿Y usted?
Le aprecio demasiado como para no decirle.
No sabe nada de ella.
(Puerta)
Señora. Ahora no.
Señora, es urgente.
Hay algo muy importante que debe saber.
Si me disculpan.
Vamos, Clara, un poquito más.
Tienes que hacer un esfuerzo.
Eso es.
Tenía que verlo con mis propios ojos.
¿Se puede saber qué estás haciendo?
Intentar arreglar lo que he hecho mal.
Has perdido el juicio.
No, madre, nunca he estado más lúcido.
No sabes lo que dices.
Una cosa es tener relaciones clandestinas
con una cualquiera
y otra muy diferente... Madre.
La señorita Belmonte no es una cualquiera.
No puedes tratarla como si fuera tu prometida.
Los criados hablan y con razón.
Si esto llegara a saberse, traería graves consecuencias.
Ya, es lo que quiero.
Estás comprometido con Amelia,
tienes una responsabilidad, no puedes volverte atrás.
Sí, madre, tiene razón, tengo responsabilidades,
por eso no voy a cometer el error de casarme con la señorita Castro.
Porque lo he intentado, madre, lo he intentado, pero no la amo.
Y por más que me esfuerce, no lo voy a hacer.
Amelia, hija.
¿Esto es lo que querías?
Amelia, Amelia.
Puedes ahorrarte tus explicaciones, Diego.
He oído todo lo que necesitaba saber.
Lo siento muchísimo, de verdad.
Por nada del mundo hubiera querido hacerte daño.
Demasiado tarde para eso.
Pero nadie tiene por qué enterarse de lo que pasó entre nosotros.
Lo sabemos nosotros. Y para mí es suficiente.
Me diste tu palabra, Diego.
Ya, pero...
Los dos nos merecemos a alguien que sienta por nosotros
algo más que afecto. ¿La cocinera?
¿La cocinera, Diego?
¿Puedes amar a una criada, pero no puedes amarme a mí?
Amelia, tú eres maravillosa. Y estoy seguro de que...
(CHISTA)
Guárdate tu compasión, Diego de Castamar.
No la necesito.
(Portazo)
(Puerta)
Sécate esas lágrimas.
Serás la duquesa de Castamar.
Puedes estar segura.
Gracias.
Si no entra en razón, yo me encargaré de que lo haga.
(Caballo acercándose)
(Ladridos)
No me dejaban pasar.
-¿Qué haces aquí?
Márchate.
-Sé lo de Esteban.
Una muerte así debe ser algo horroroso.
Déjame estar a tu lado.
Sabes que haría cualquier cosa por ti.
-Entonces, vete.
-No pienso marcharme.
¿Qué te he hecho? -¿No lo entiendes?
Odio que cada vez que estés conmigo me imagines con él, fue repugnante.
Nunca me he sentido tan humillada, tan sucia.
Saber que podías vernos, yo también...
-¿Era eso?
-Ahora ya puedes irte.
Aquí todo es demasiado feo.
-No.
No, no lo es.
No pienso dejar que Esteban siga decidiendo por nosotros.
Necesito estar contigo.
-No lo digas.
-Estoy enamorado.
-No lo digas.
-Te quiero. -Yo no te voy a querer.
(REINA) Don Diego está enamorado de esa cocinera.
Está dispuesto a romper su compromiso
con una mujer de su clase.
Siempre es más fácil querer a quien no debemos.
El matrimonio es otra cosa.
Por eso me he tomado la libertad de pedirles ayuda.
Está en peligro el futuro de Castamar
y la reputación de mi hijo.
Los traemos al mundo con dolor.
Supongo que como adelanto de lo que nos espera.
Los míos apenas son infantes y su futuro no me deja dormir.
-No se preocupe, doña Mercedes, intentaremos que eso no suceda.
Casarse con una criada.
-Déjelo en mis manos.
Majestad, no sé cómo agradecérselo.
Nada que agradecer.
Es un servicio a la Corona.
No se vaya sin visitar mis crisantemos.
Este año están más bonitos que nunca.
¿Te acuerdas de aquella noche en la cocina?
"Voy a necesitar un ayudante.
(RÍE) Le advierto que sería la primera vez.
Deje que se vaya mezclando con el huevo y el azúcar.
Así.
¿Quiere seguir usted? -Sí."
Tendríamos que habernos besado.
¿Por qué no nos besamos?
Hay tantas cosas que no sé de ti.
Hay tantas cosas que no sabes de mí.
¿Sabes?
Me gusta despertarme tarde.
Me gusta...
Me gusta salir a pasear por el bosque y perderme.
"Me gusta perderme en el bosque.
Al hacerlo, me siento libre, conectada a la vida.
A ti, aunque ahora duelas.
Sigue hablando.
El tiempo se acaba."
Ah, y me gusta mucho
el olor a tierra mojada después de llover.
Sé que puedes oírme, Clara.
Sé que puedes oírme.
Estoy enamorado de ti.
Por favor, dame una oportunidad.
Discúlpeme, señor, no quería molestar.
Solo venía a ver cómo se encontraba Clara.
Sigue igual.
Señor, con el debido respeto,
igual le apetecería cambiarse de ropa,
darse un baño y comer algo.
Estoy segura de que le vendría muy bien.
Y así yo me quedo con ella.
Es mi amiga y lo haría encantada.
Está bien, no tardaré.
Me vas a tener que contar muchas cosas cuando te despiertes.
Me siento aquí contigo un poquito.
Parece que el señor se ha enamorado de ti.
Y no sé como ha pasado, pero no me extraña.
Si supieras cómo te mira.
Cómo te cuida, te está cuidando muchísimo.
Y las cosas que te dice.
Clara, te vas a despertar, ¿verdad?
(Puerta)
¿Por qué me vuelve a hacer pasar por esto, Melquíades?
¿Perdón?
Se supone que es misericordioso, ¿no?
¿Pues qué más quiere de mí?
A veces nos pone a prueba.
Sí.
Ha llegado una carta del Alcázar, es urgente, señor.
-¿Malas noticias, señor?
Su Majestad me exige que cumpla mi compromiso matrimonial.
De lo contrario, tendré que renunciar a todo,
a mis privilegios como grande de España,
a mi puesto, mi herencia...
A todo.
No te vayas.
No voy a esperar a que Clara mejore para contestar.
Perdona que no me levante.
(SOL) La sirvienta ha dicho que era urgente.
Bueno, quería darte el pésame
por la desgraciada pérdida de tu marido.
Aunque veo que te ha sentado de maravilla.
Estoy de luto.
Pensaba que entre nosotros no había secretos.
Y yo que sus hombres serían más cuidadosos.
El desgraciado final de Esteban no tendría que haber sido
tan violento, han abierto una investigación.
Precisamente, querida.
Nadie va a sospechar de ti tratándose de un asalto.
Si hubiera sido un envenenamiento, no sería lo mismo.
Nadie se preocupa por ti como lo hago yo.
Creo que he cumplido mi parte del trato con creces.
Es el momento de que me des la carta de Amelia
contándote su desgracia.
Aquí la tienes.
Esta carta cambiará el futuro de Castamar.
Ahora, si me disculpas,
tengo asuntos más importantes de los que ocuparme.
Por supuesto.
Disfruta, querida.
Ahora eres libre.
Tú también.
No lo dudes.
Pensé que te encontraría en la cama.
-Eso tiene fácil solución.
¿Qué quería el marqués?
-Darme el pésame.
-Escuché algo de Castamar y de una carta.
-Ah, no sé, no me he enterado, la verdad.
Tenía unas ganas de que se fuera.
-Ten cuidado con él, no acaba de gustarme.
-Se acabó hablar de Enrique.
"Dicen que cocinar es una de las cosas
que nos diferencia de los animales.
Que cuando nos crearon, nos hicieron mejores.
Nos dieron alma, lenguaje.
Capacidad para juzgar a otros.
Condenar.
Ejecutar.
No soy mejor.
Cocino para que no nos borren."
No responde al tratamiento.
Y cada vez está más débil.
Creo que...
Que deberían avisar a su familia.
-Discúlpeme.
¿Avisar a su familia por qué? ¿Porque se va a morir?
-Está en manos de Dios.
-Pues no sé qué planes tiene Dios, pero no voy a permitir que eso pase.
Con su permiso.
¿Qué pasa?
¿Es Clara?
-El matasanos ese no tiene ni idea de nada,
ni de Clara, ni de medicina ni de nada.
-¿Se va a morir? -¿Cómo no se va a morir,
con todos los días que lleva sin comer?
A ver, vamos a hacer una cosa. Carmen, ven.
Trufas con setas al olivo.
Coge las trufas y las setas. Y yo me encargo...
Clavo, perejil y mantequilla.
¿Alguien sabe dónde está la mantequilla?
Gracias. A ver.
Clavo, perejil.
Clavo, perejil.
-No seas ingenua.
Si el médico ha dicho que se va a morir...
-Beatriz. -¿Qué pasa?
No sirve de nada que te engañes.
-Lo que no tiene sentido es dejarla morir, Beatriz.
-Claro que no. Vamos a ver, ¿qué hay que hacer?
Limpiar las setas con un paño seco,
trocearlas de forma irregular. -Coge una sartén.
-Yo también quiero ayudar. -Muy bien.
Tienes que traer el aceite de oliva y los huevos y la pimienta negra,
que tendrá que estar por ahí.
A ver, me pongo con los ajos.
Francisco.
-Veo que has vuelto a pintar.
-Sí, nada que merezca la pena.
-Tenemos que hablar.
-Si es sobre Diego, ya sabe perfectamente...
-Es sobre el marqués de Soto. Puede que tengas razón.
-¿Por qué?
-He escuchado por casualidad una conversación
que tenía con otra persona. Tiene una carta en su poder
que podía cambiar el futuro de Castamar.
Creo que deberíamos hacer algo.
-Hay que conseguirla, como sea.
Vaya con cuidado, está lleno de orines.
¿Armando Belmonte?
Le agradezco la visita, padre,
pero si ha venido a limpiar mis pecados, puede irse.
No he hecho nada de lo que deba arrepentirme.
¿No es sacerdote?
No, no lo soy.
¿A qué ha venido entonces? ¿Quién es?
Soy Diego de Castamar, yo firmé su ejecución.
¿El duque de Castamar? Sí.
Mi hija trabaja en su casa.
¿Está bien?
No, señor, por eso estoy aquí.
No.
No.
¿Está muerta?
Daría mi vida por que no fuera así,
pero el médico cree que no le queda mucho tiempo.
¿Qué ha pasado, qué tiene?
Descubrió que lo iban a ejecutar
y salió por la noche bajo la tormenta.
No.
Desde entonces, no ha dejado de empeorar
y tiene fiebres muy altas. ¿La están tratando con quinina?
Sí.
Desde que era una niña, le provoca una fuerte reacción.
Tiene que dejar de tomarla inmediatamente.
Es la quinina, la quinina la está matando.
Esto ya está hecho, solo falta montarlo.
-Hum.
Cuidado.
Carmen.
Clara va a estar muy orgullosa de ti.
-Ha quedado igual.
-Seguro que le gusta que lo hayamos hecho juntas.
Y contigo.
Esto ayudará a que elimine la quinina más rápido.
Aguanta, Clara.
He visto a tu padre, tienes que aguantar.
Con permiso.
(SUSURRA) Ya verás como ahora vas a comer.
Ya sabemos qué es lo que le hace tanto daño.
Entonces, ¿se va a recuperar?
-En pocas horas su organismo tendría que empezar a reaccionar.
-Qué alegría.
Señor, te pido por favor que no te la lleves, por favor.
(NARRA)"Llegó la hora.
El ritual de vestir la mesa.
La última cena.
Trufas con setas al olivo.
¿Pero qué sentido tiene, padre, si no puede estar?"
Vengo del Alcázar. ¿Cómo ha ido?
Es mucho peor de lo que pensaba.
Ha escrito al rey renunciando a todo por esa mujer.
Cargos, títulos,
herencia. ¿Pero ha perdido el juicio?
La reina ha evitado que, de momento,
la carta llegase a manos de Su Majestad, el rey.
Pero es solo cuestión de tiempo.
Será el fin del legado de Castamar.
Hay que evitarlo.
Conozco a mi hijo.
Nada le hará cambiar de opinión.
¿Qué hace?
Don Diego está dispuesto a dejarlo todo por una cocinera,
no habrá boda, señorita Castro, así que disfrute del lujo,
porque solo va a tener miseria.
No voy a permitir que Diego falte a su palabra.
Se casará conmigo.
¿Algo más?
Disculpe, no quería molestar, pero...
¿Qué ocurre?
Me da mucho pudor.
Pero hay algo que creo que usted debería saber.
Clara.
-Despierta, viejo.
Hay fecha para tu ejecución.
En tres días colgarás de la horca.
"Armando Belmonte,
acusado de asesinato, traición y fuga.
Culpable de todos los cargos y condenado a morir en la horca."
(NARRA) "No puedo morir en lugar de mi padre.
Pero sí puedo intentar salvarle."
Clara.
Clara.
No, no, tranquila, no hagas ningún esfuerzo.
No, tranquila, todo va a ir bien.
Dios mío.
Clara se ha despertado, está mejor.
Se va a recuperar.
-Virgen santa, gracias por escucharme.
Te debo unas misas, ofrecerme de rodillas,
lo que tú quieras.
-Carmen, ven.
¿Me ayudas a hacer algo? -Sí.
-¿Lo celebramos? -Eso es.
-Ahí, ahí.
¿Esto quién lo ha hecho?
¿Carmen? -Ajá.
-Está buenísimo. (RÍEN)
-Es una receta especial de Clara. -Ah.
-No me ha quedado igual, pero...
-Que sí, tonta, te ha quedado buenísimo.
¿A que le ha quedado muy bueno?
-Parece que a Roberto no le ha gustado nada, ¿no?
(RÍE) -Se lo ha acabado.
-¿Qué?
¿Puedo un poco más?
Madre, por favor.
Se acabó, Diego.
Una cosa es renunciar a todos tus privilegios
y otra, convertir en bastardo al heredero de Castamar.
Amelia está embarazada, vas a casarte con ella.
¿Me estás pidiendo matrimonio?
¿Qué ha hecho con el dinero que le adelantó la Corona?
Ya hay fecha para la ejecución de Armando Belmonte,
dentro de dos días.
Conocemos su relación con Francisco Marlango.
Tenemos que irnos. -¿Qué pasa?
Fue usted quien firmó su sentencia de muerte.
No puedo dar esos indultos.
Ni tú enamorarte de criadas.
Te voy a hacer muy feliz, Diego, te lo prometo.
Habrá boda antes de lo que pensábamos.
Cómo me gusta escuchar las buenas noticias.
Si encontramos esa carta, podremos desenmascarar a Enrique.
-Lo haré yo solo.
-Es demasiado peligroso, lo haremos los dos.
¿El rey acepta el indulto?
Siempre que consiga una prueba que demuestre su inocencia.
Faltan dos días, ¿cómo voy a conseguir algo así?
No puedo hacer eso. Sí que puede, no le queda otra.
Señora, la comida que ordenó. Lástima que ya no me apetezca.
La señorita Castro la tuvo cocinando toda la noche.
Ayer la vimos salir de Castamar a una hora rara.
-Y bien entrada la noche no estaba ni en su cuarto ni en el despacho.
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