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Te dije que tenía que verse.
Que por el mediodía...
El silencio que se esparce por Atenas es tan...
Con el calor aumentando...
Que la ciudad se vacía durante la siesta.
Todo cierra, como en la noche.
Tenías que formar parte del silencio.
Lo recuerdo.
Te dije, poco a poco, te preguntas qué pasa...
El sonido desaparece...
A medida que el sol sube.
Aquí es cuando llega el miedo.
No el miedo de la noche.
Como un miedo nocturno con esta luminosidad.
El silencio de la noche a plena luz del sol.
El solo como cénit es el sonido de la noche.
El sol en medio del cielo es el silencio de la noche.
Cuando llegaron los demás sobre las dos de la tarde,
fuimos juntos a la ciudad.
Atenas.
Y luego no pasó nada más.
Nada.
Nada más, como siempre.
En todas partes, la falta de amor.
En el museo municipal de Atenas...
La siguiente tarde...
Es cierto, lo había olvidado.
Ves cómo somos.
Luego te conté la otra historia...
La historia de la otra gente.
EL BARCO NOCTURNO
Es sábado. Por la noche.
Primavera.
Ya casi empieza el verano...
Mes de Junio.
Él, el hombre de la película.
Está trabajando.
Contesta el teléfono en una empresa de telecomunicaciones.
Está aburrido.
Un París vacío.
Primavera.
Un sábado.
Tiene 25, está solo.
Tiene algunos números del abismo telefónico. Marca...
2 números... 3 números.
Y allí está. Allí está ella.
Año 1973.
En ese momento tenía un diario...
Y dijo que apuntaba muchas cosas.
Pero después de eso, no.
Paró gradualmente después de que ella empezara...
eso... La historia.
La historia de amor.
Una historia sin imágenes.
Imágenes oscuras.
Una historia con imágenes oscuras.
Aquí está.
Empieza.
Llama cuando él lo hace, en el mismo momento.
Juntos hablan... Y hablan.
Se describen a ellos mismos.
Ella dice que es una joven con el pelo largo y oscuro.
Él dice que también es joven...
Rubio, con ojos azules...
Alto, casi delgado...
Guapo.
Ella habla de lo que hace.
Primero dice que trabaja en una fábrica.
Luego en otro momento dice que acaba de volver de China.
Le cuenta un viaje... en China.
En otro momento...
Dice que está estudiando medicina...
con la intención de hacerse voluntaria en el extranjero.
Y luego... No.
Ya no cambia.
Parece que se queda con la última versión.
Estaba terminando sus estudios de medicina en un hospital de París.
Él dice que ella habla muy bien.
Con una facilidad...
Que no puedes evitar escucharla...
Y creerla.
Él le da su número de teléfono.
Ella no.
Ella no le da el suyo.
No, ella no.
Pasa un mes.
Es en ese momento que ella se da un nombre.
Ella le dice a él su nombre...
Cómo llamarla, empieza por la letra F.
Él le dice que tiene una voz agradable.
Dice que es bastante fascinante.
Hablan...
Enérgicamente...
Hablan juntos.
Hablan incesantes.
Incesantemente se describen.
Primero uno y después el otro.
De uno a otro.
Dicen el color de sus ojos...
La textura de su piel.
La suavidad de su pecho
sostenido en la mano.
La suavidad de esa mano...
en el momento que ella se lo cuenta.
Ella la mira.
Me veo a mí mismo a través de tus ojos.
Dice que él ve...
Se describe a él mismo.
Dice que sigue su mano por su cuerpo.
Dice que es su primera vez.
Habla del placer de estar solo. De lo que da.
Pone el teléfono al lado de su corazón.
¿Ella lo oye?
Lo oye.
Él dice que todo su cuerpo palpita igual con el sonido de su voz.
Ella dice que lo sabe... Que lo ve...
Lo oye, con los ojos cerrados.
Él dice...
Yo era otro dentro de mí y no lo sabía.
Ella dice...
No lo sabía, antes de él...
Era atractiva.
Con una atracción por si misma
que podía compartir.
Dice que es aterrador.
¿Pasó esta historia?
Alguien dice que la vivieron de verdad.
Luego que se decía... Y luego de desmontó.
Y luego fue escrita.
Es por la noche cuando ella llama.
Sí, llama en la noche.
Cuando la noche llega, ella llega.
Soy yo, F. Tengo miedo.
Sus conversaciones son muy largas.
Las noches...
Duran 8 horas, 10 horas sin parar.
Duran hasta el amanecer.
Él aún no sabe su nombre.
Ni su dirección, ni número de teléfono.
Solo conoce ese nombre que ella usa...
Cuando él coge el teléfono.
Soy yo, F.
Estoy asustada.
Él está a su servicio.
Es quien espera las llamadas.
No tiene forma de llegar a ella.
Ninguna indicación de donde está.
No necesita ninguna.
Esto siguió durante meses.
Una vez, ella le reveló ciertas cosas.
Una vez, le dijo el lugar.
Es Neuilly.
El lugar donde ella está, es Neuilly.
Una casa de pueblo...
Entre el Sena y los bosques.
El interminable Neuilly... Rodeándola.
Rodeando la imagen oscura.
El interminable Neuilly... Rodeándola.
Rodeando la imagen oscura.
Noche tras noche ellos viven
con el teléfono descolgado.
Hablan, son silenciosos.
Duermen al lado del auricular,
disfrutando el uno del otro.
Es un orgasmo oscuro,
sin tocarse entre ellos...
Sin caras...
Con los ojos cerrados.
Tu voz...
Solo tu voz.
El texto de las voces...
Leídos con los ojos cerrados.
Sobre el texto del deseo, no hay imagen.
¿Cuál?
Yo no veo ninguna.
Así pues, no hay nada que ver.
Nada, ninguna imagen.
El barco nocturno se enfrenta a las brumas del tiempo.
Ciego.
En el mar de tinta negra...
Avanza.
El barco nocturno acaba de entrar en la historia.
Ella es la primera que quiere verlo...
Conocerlo.
Hace dos tipos de encuentro.
Los que están revocados
y los que no.
Él va a todos los encuentros.
Cada vez hay circunstancias inesperadas
que los impide encontrarse.
Los obstáculos no le sorprenden.
Cree que es posible... Cada vez.
Cree lo que ella le dice.
La cree.
Rápidamente...
No puede hacer nada para escapar de esta historia.
Es ella, F., quien dirige la historia,
quien lo deja plantado...
Quien evita actuar precipitadamente...
Y quien los tiene acostumbrado el uno al otro...
Poco a poco.
Ella no sabe nada, inventa.
Es la primera en volverse loca.
Pasan los meses.
Un año.
3 años.
La historia se profundiza, está llena de cuevas ocultas.
Cuanto más se expande, más se oscurece.
Un día le dice que está enferma.
Leucémica.
Sentenciada a morir.
En vida por los cuidados médicos...
Por el dinero...
Ahora hace 10 años.
Desde que tenía 16.
Ahora tiene 26.
Rodeándola, el Sena, sucio.
Y esos bosques...
Ese entorno triste,
afectado, a su vez, por la muerte.
Ella dice que nunca se conocerán,
que nunca se verán.
Dice que le quiere con locura,
que está locamente enamorada de él
y a punto de dejarlo todo por él.
Por tu amor, dejaría mi familia,
esta casa en Neuilly.
Todo.
Pero no hay necesidad...
De verse.
Lo podría dejar todo,
sin unirme a ti necesariamente.
Dejarlo todo por ti...
Por ti.
Pero precisamente para unirme a nada.
Inventando esta fidelidad a nuestro amor.
El territorio de la noche... Insomne.
La noche pasa por el mar...
Esta película...
Esta deriva que fue llamada así.
El barco nocturno.
No se puede ver nada del día en el pasaje de la noche.
Nada. Nada del día.
Los movimientos del barco nocturno
deberían mostrar la evidencia de otros movimientos
que ocurrirían en otra parte
y serían una natura diferente.
Los movimientos del barco nocturno
deberían testificar los movimientos del deseo.
Él insiste.
Quiere ver.
Porque la idea de ver es aún más aterradora...
Quiere ver.
Una forma de resolver la historia, de terminarla.
Los dos lo saben.
La distancia ya no se puede medir, a partir de ahora...
Entre el que grita...
Por la noche...
Arroja el deseo general...
El desfigurado, el abismo...
Y el otro,
que sería ella...
A quien no reconocería al verla...
A quien solo reconocería con los ojos cerrados
en la oscuridad del mundo.
No promete cerrar los ojos
cuando ella aparezca, de verdad...
Cubierta con un vestido blanco de Channel
en una esquina de una calle en Neuilly.
No, él no prometió no mirar.
Ella cede.
Estamos en París, en Julio de 1973.
Es un día muy caluroso.
Su encuentro tendrá lugar en una cafetería, en la Bastilla,
a las tres de la tarde.
Él la espera.
Dice que una hora y media.
Quizás más.
No viene.
Esa noche ella llama.
Dice que fue al encuentro...
Que lo vio.
Que él llevaba una camiseta de verano, muy ligera.
Le dice el color, la transparencia.
No podía parar.
Él no vio nada...
Que se pareciera a su imagen oscura.
La que ella la dio el primer día.
Pasó por delante de él en coche.
Detrás suyo, el chófer de su padre la seguía...
Órdenes de su padre.
Eso es lo que dirá.
Había persuadido a su padre para que la dejara verlo
con la condición de que no pararía.
A partir de ese momento, ya no puede ignorar...
Olvidar el hombre que vio.
Quien esperaba...
La esperaba.
El cuerpo visto a través de la transparencia de la camiseta...
En el tiempo que tardó en pasar.
El contorno oscuro de su pecho...
En el esbelto tórax...
A través de la transparencia de la camiseta...
La llena de locura.
Lo ha visto a él, para el futuro.
Durante pocos segundos...
Pero la imagen,
está allí para siempre.
No me refiero a la imagen de su rostro...
Sino de su cuerpo.
Viene a la mente que ese día ella fue prevenida...
Que hacía mucho calor...
Para la leucemia...
Salir del coche y acercarse a él.
O fue desde una ambulancia...
Alquilada para eso...
Solo para verte...
Que lo vio esperando.
Tras el encuentro en la Bastilla,
Ella cada vez lo desea...
Cada noche.
Cada noche anhela morir.
Cada noche pide morir.
La gente que llora por la noche, en el abismo...
Todos tienen citas entre ellos.
Esas citas nunca terminan en encuentros.
Es suficiente con hacerlos.
Nadie va nunca.
Nunca.
Es la atracción hecha en el abismo.
El grito que desencadena el placer.
Es el otro grito, la respuesta.
Alguien grita.
Alguien contesta que él ha escuchado el grito.
Es esta respuesta la que pone la agonía en movimiento.
Dijiste que recordabas a ese hombre... El que aulló al amanecer.
Sí, estaba llamando.
Dijo que era el gato.
Yo soy el gato, ¿lo oyes?
El gato llama.
Aquí, gato.
El tono dio una orden.
Ordenó, sí.
Al mismo tiempo suplicaba.
Decía que el gato buscaba a alguien...
Que el gatito quería venir.
Sí.
Que alguien debería contestar.
Fue un hombre quien respondió.
La voz era muy suave, tierna.
Dijo que oyó al gato...
Que contestó para decir que lo había oído.
Dijo que viniera, que viniera.
Ven, ven.
Sí.
La voz del gato se calmó, convirtiéndose en sollozos.
Era en París, en invierno, sobre las 4.
Tarde por la noche.
En otro momento, ella le dijo...
Ella tenía dos madres.
Era ilegítima.
Su madre oficial no es su madre de verdad.
Su madre de verdad era una criada de la casa.
Ahora está jubilada.
Vive en las afueras.
Ella había observado.
Los que la rodean están preocupados por sus llamadas que duran tanto...
Por la noche...
Porque la cansan mucho.
Las órdenes las da su padre...
Para que el daño hecho en la salud de F.
Se vea limitado en el tiempo al teléfono.
De hecho, no pasó nada más.
Nada más que las llamadas telefónicas.
El chófer de su padre fue el primero en avisarla.
También él, el chófer...
Piensa por su bien, por su supervivencia,
como todos los de su alrededor.
De repente, un día, la casa de Neuilly se desvanece.
Él piensa que ella miente.
Ya no cree más.
Ya no ve que alguien esté muriéndose.
Aún ve la casa...
Esta deriva se detiene entre los setos,
los jardines.
No puede ver a los moribundos.
No la ve a ella restringiendo esta leyenda...
De una heredera que es...
Leucémica e ilegítima.
La heredera del deseo.
Duda mucho de una de las palabras que le dio F.
La enfermedad.
Él le dice que es demasiado.
Habla de estrategias.
Dice que ella miente.
Que en eso miente.
Ella habla de pruebas irrefutables de la leucemia.
El pelo que tiene, tan rubio...
Y muy largo y bonito.
Una masa enorme, preciosa, en la que ella duerme.
Si él pudiera verlo.
Ella está sorprendida.
Cómo él puede ser tan ignorante de algo tan comúnmente conocido...
Que la leucemia te hace tener un pelo tan largo...
Muy bonito, incomparablemente rubio.
Él recuerda la primera noche que ella dijo que tenía el pelo negro.
Ella dice que él no la escuchó bien.
Se da por vencido.
Las fechas se mezclan.
El diario ya no se mantiene tan regular.
La cronología no es fiable.
Solo queda un recuerdo general del evento...
Tan completo, que cada noche testifica todo el deseo.
Los muros entre los días se derrumban.
Ella dice que sufre... Físicamente...
Mucho... Cada vez más.
Que está muy débil...
y se va debilitando más.
Tan débil que se cae...
A menudo, se hace daño sola.
Que su cuerpo está lleno
de moratones y heridas de las caídas.
Y que su placer está mezclado con este dolor.
Dice que la enfermedad va a peor, aumenta.
Dice que continúa trabajando en el hospital de París...
Donde está interna.
Pero cada vez más está en la cama con intravenosos.
Solo vive por los intravenosos y las transfusiones.
Y luego, de vez en cuando, de repente...
se siente renacida, con una vida renovada.
Esta duda entre la vida y la muerte...
Se desvanece... Muere...
Se mantiene silenciosa...
Y luego vuelve a la vida.
Él dice... Que empieza a quererla.
En la casa de Neuilly están asustados.
Él recibe una llamada de la mujer del padre...
La madre ilegítima.
Ella sabe el número de teléfono del joven.
Nunca sabrá si fue F quien le dio el número...
O si se lo robaron mientras ella dormía.
La madre ilegítima le ruega que deje a F sola.
Las noches al teléfono están agotando a su niña...
La están matando.
Él pregunta... Cómo...
De qué manera la puede dejar sola.
No tenía manera de llamarla.
No sabía ni su dirección, ni su nombre o teléfono.
La madre ilegítima le contestó que una buena forma sería
dejar de hablar con ella.
Él lo hizo...
Colgó una vez reconoció su voz.
Ella volvió a llamar.
Ella ocultó su voz.
Él la reconoció y de nuevo
no se pudo resistir. Contestó.
Un día, una mujer vendrá con un sobre de F.
Dirá que es la lavandera de la casa de Neuilly.
Quizás es la mujer del chófer.
El sobre tiene dos fotos.
Muestran una chica joven.
Tiene el pelo rubio, muy largo...
Muy bonito.
Es bastante alta, delgada.
Él dice que ella tiene una cara normal.
Esté en un gran jardín.
Hay césped entre árboles y setos.
El sobre también tiene un pañuelo con iniciales...
Y mucho dinero, en efectivo.
La historia se detiene con las fotos.
Solo por la tarde con las fotos...
Irreconocible...
Aislado con ella, desesperado.
El barco nocturno está parado en el mar.
Ya no hay más caminos posibles.
Ningún itinerario.
El deseo ha muerto.
Asesinado... Por una foto.
Él ya no puede contestar al teléfono.
Está asustado.
Tras las fotos, ya no reconoce su voz.
¿Quién es... Quién es tan impredecible?
Es demasiado tarde para ella para tener una cara.
Él debe devolver las fotos. Rápidamente.
No sabe cómo devolverlas...
Ni a quién.
Luego lo recuerda.
La lavandera que le trajo el sobre...
Dijo que ella estaba en contacto con la madre real de F.
Dijo que las dos vivían en el mismo edificio.
A las afueras de París.
La lavandera, por orden de F, le dio a él su número de teléfono.
''La señorita me dijo que le diera mi número de teléfono.''
''Aquí tiene. Nunca se sabe.''
Lo hizo.
Llamó a la lavandera.
Una barrera estaba atravesada.
La madre real contestó.
''¿Qué puedo hacer por usted, caballero?''
Dijo: quiero devolverle las fotos.
Ella no preguntó qué fotos.
Dijo que de acuerdo.
Quedaron.
En su casa.
Cerca de Vincennes.
Un apartamento que compró su padre...
Como compensa para su hija.
Fue ella quien abrió la puerta.
60 años. Parece una criada.
Él dijo que... Parecía una criada.
Exiliada, sola, en el piso 13...
Con vistas en los suburbios del este... Vincennes, St. Mande.
El piso es de clase trabajadora.
Madera contrachapada, estilo europeo.
Piel de imitación en la cama.
Impecablemente limpio. Nulo.
Una cara tersa. Una mirada vacía.
Ella coge las fotos...
Sin decir nada.
Él no pregunta quién es la mujer del jardín.
Joven, rubia.
No habla, no pregunta por qué las devuelve.
Él le pide hablar de F.
Ella dijo que tuvo a F antes de que el padre se casara con la otra...
La que lleva el apellido del padre.
Tras la boda la contrataron como cuidadora de la niña...
En la casa en Neuilly.
Cuando creció, siguió como criada.
Siempre por bondad, dijo.
Para no estar separada de su hija...
Ella es todo lo que tiene.
Él nunca aprende nada...
Sobre la relación entre F y su madre de verdad.
Excepto esto: que era tarde
cuando F ya había crecido...
Supo que su madre de verdad
era la que dormía en el sótano en Neuilly.
Que la mujer que su padre quería,
la única, había sido esta.
Él ve la madre de verdad muchas veces.
Por órdenes de su hija...
Ella va a verlo y le trae otros regalos,
mucho más dinero.
La lavandera, como la madre de verdad...
Lo viene a ver por órdenes de la joven señorita de Neuilly.
Le trae sobres con dinero y regalos.
Hay un mechero dorado...
Una cartera de piel de lagarto.
Pero no son imprescindibles.
Lo imprescindible es el dinero.
Ellas nunca lo van a ver sin grandes cantidades de dinero.
Él coge el dinero.
Para él, las sumas representan cantidades considerables.
Ella habla de dárselo todo.
De darle un coche, un apartamento...
Todo.
Ella ya no le da más fotos.
Sean de otras mujeres o de ella.
Ya no hay más preguntas, entre ellas, las fotos.
Nunca las habrá.
Ella sabe que él las rechazó.
Nunca le había hablado a él de ello.
Él dice: ''he perdido las fotos.''
Todo empieza de nuevo como antes.
¿Para qué es el dinero?
¿Qué es lo que compra el dinero?
La historia de amor, quizás.
Hay algo que se paga en esta historia.
Hay un precio que pagar en algo en esta historia.
Él coge el dinero, confirmando así el pago.
Probablemente el dinero aquí sirva, como en otras partes...
Como en todas partes, como pago.
Siempre entregado por las mismas manos.
Bajo las circunstancias
de la joven señorita de Neuilly.
Le paga por darle tanto deseo.
Al principio, él no ve nada en común
entre F y su madre.
Luego, de repente...
Cuando la madre llama...
Para decirle que irá a traerle un regalo,
él ve que tienen la misma voz.
La entonación de sus voces.
Cuando llaman, a veces las confunde.
Es ella quien le llama.
Solo puede contactar con ella por su lavandera...
La mujer del chófer.
Muchas veces le pide el teléfono de su hija.
Ella no se niega.
Cada vez le da un número...
Diciéndole cada vez que ese el correcto, el bueno.
Él llama.
Siempre tiene un cine.
Ella queda con él.
Queda 10 veces con él.
Él va a todas.
Los encuentros son siempre en espacios públicos
tan grandes que alguien se podría perder.
Los bosques, la plaza de la República...
La Bastilla, los campos Elíseos...
Cuando hay mucho tráfico.
Por la noche, durante el día.
A cualquier momento del día y la noche.
Cree que ella no es responsable...
Por su incapacidad por venir.
Ella es la presa de antagonismos más fuertes que ella
y poniéndose al servicio de esas fuerzas
le produce su solidez.
Ceder a esas fuerzas brutales le demuestran su ser.
Él siempre piensa que ella podría venir...
Igual que ella cree que es posible
hasta el último minuto.
Él dice...
Y entonces seguramente ella no pueda liberarse
de esa densidad, de esos bosques.
Ella habla de su padre.
Habla de dinero. A menudo.
El padre...
Es formidable.
Él es venerado...
Venerado por todos.
Temido por todos.
Su posición es importante.
Él es el jefe de una agencia estatal importante...
El asesor financiero personal del presidente de Francia.
Es el proveedor del dinero.
El dinero parece interminable...
Burlón.
Un estado en el lago Maggiore.
Otro en Santa María, en Provenza.
Otro en Bormes-les-Mimosas.
Y esta casa en Neuilly.
La única heredera es ella...
F, la hija sentenciada a morir.
Aun así, el padre nunca llama.
Siempre usa las mujeres de la casa para sus amenazas.
La historia no debe ir más lejos de esas llamadas.
Cree que la historia es menos dañina para la salud de F
si ella no es visible.
Él está detrás de los lazos de su hija...
Lo que muestra al padre
en su debilidad básica por el deseo.
Una vez, mientras ella lo llamaba durante el día...
Él escucha a alguien gritar un nombre en la casa...
Y ella contesta.
La madre ilegítima está llamando a su hija.
Así es como supo su nombre de pila.
Ella no lo negó.
Desde ese momento, él le pregunta por su nombre.
Su nombre de familia, su apellido, ese...
Ella dice que depende de él descubrirlo.
Que hay diferentes maneras de buscarlo...
Búsquedas secundarias y primarias.
La primaria sería en el cementerio de Pere-Lachaise.
Ella le dice cómo llegar al sitio de la búsqueda.
Está allí.
En una esquina del templo de la muerte.
Ese sitio casi nunca es visitado.
Las piedras son verdes, monumentales...
Volcadas...
La mayoría de veces, ilegibles.
Un contenedor para los capitanes generales...
Ennoblecidos en los grandes campos de la muerte del siglo XIX.
El duque de Dalmacia y Austerlitz...
De Francia y de Waterloo.
Desde una línea disoluta de financiadores sospechosos...
Desde la gentuza que emigró a Neuilly por miedo a la Comuna...
Y el batiburrillo de mujeres e hijos.
Es en ese contenedor donde debe buscar.
Allí también hay el nombre de su madre.
En cuanto a su descendencia de grandes jefes del ejército de Napoleón...
Y los financieros del reino...
Su nombre también está allí... En ese cajón de sastre banal.
Pero es en ese cajón de sastre, mezclado con eso...
Donde se encuentra el nombre de su abuelo paterno...
Por lo tanto, el nombre de su padre...
Y por lo tanto, el suyo.
Ella no explica por qué, incluso antes de nacer,
los nombres de su madre y su padre ya estaban unidos
en las tumbas de Pere-Lachaise.
Casamiento inconveniente, seguramente...
Luego corregido por esos matrimonios.
No lo sabes.
La explicación se perdió.
Él no va a Pere-Lachaise.
Ella cree que lo ha hecho.
Que ha hecho la búsqueda que le indicó.
Durante un tiempo...
Ella cree que él sabe quién es... Su nombre.
Que con su nombre, sabrá encontrar la casa en Neuilly.
Él no le dice que no ha ido a Pere-Lachaise.
Te dije dónde estaba.
Entre dos salas, la última...
En esa inmensa ciudad-museo.
Justo antes de la sala con los esqueletos de los caballos de cobre
encontrados en 1960 en el puerto de El Pireo.
Es la herida de su cara, creo...
Que me llamó la atención.
La herida contrastaba...
Con la mirada...
Tan completa... ¿La ves?
La observé mucho tiempo.
¿No la viste en el museo?
Su nombre está allí.
Atena.
Sí, eso es.
Tenía el lado izquierdo de la cara arrancado...
Como una reja de arado...
Como un trozo de hierro.
Pero sus ojos están intactos.
De forma almendrada... Sin relieve.
No hay reproducciones.
Ninguna.
La cabeza es tan pequeña que cabría en la mano.
Te dije que era la cabeza de un niño.
Está en una columna, perdida entre la gran estela
de batiburrillos en las últimas salas.
Mira, es imposible que...
Sin darle importancia
justamente por su herida...
las autoridades del museo la movieron al sótano.
Pero lo que me sorprendió...
Es que fue entre mi visita y la tuya,
es decir, el mismo día.
¿Por qué no?
Es cierto, ¿por qué no?
La herida de la cara es horrible.
Añade mucha profundidad en la mirada.
Esa mirada se vuelve hacia ti.
Sí, eso es.
Es una mirada que te observa.
Mira detrás del espectador.
Pero a través de él también... Y más lejos.
Hasta el final.
Hacia distancias remotas, ves.
No podemos...
No vemos qué nombres darles.
Son comunes en toda la historia.
Veo... Sin ver.
Sí, eso es.
Al día siguiente nos fuimos de Atenas...
Y no pasó nada más. Nada más.
Excepto, como siempre...
Llora en todas partes...
La misma falta de amor.
En París, el amor fue...
Siempre por la noche...
Sin salida.
La alegría en los sollozos.
Entre ellos, este muro infranqueable, siempre...
Ciego.
A veces, no pueden prescindir el uno del otro.
A veces, no se pueden soportar.
Luchan... Gritan...
Se separan.
Y un día, los celos estallan.
Lo inesperado.
Horrible.
Quiere ser la favorita entre todos.
Ser la única.
Ella disfraza su voz.
Llamando... En nombre de otras mujeres.
Él siempre la reconoce.
Ella lo ha seguido o...
Lo sigue.
Él nunca lo sabrá.
No, él nunca entendió cómo fue posible...
Cómo pasó.
Ella llama por las noches.
Le dice a qué hora ha salido él del trabajo...
Los sitios a los que ha ido...
Las calles por las que ha ido en bici antes de llegar a casa...
Todas sus rutas.
Él no mirará hacia atrás.
Él lo sabe.
Sabe que está atrapado en una vigilancia constante.
No intenta saber quién está allí,
detrás de él.
Ella lo reta... Al juego de la muerte.
Él se presta al juego,
como nunca se habría imaginado.
Los dos lo saben.
Si él se gira y lo ve...
La historia muere... Es derrotada.
Él lo sabe. Es ella.
Los detalles dados por teléfono apenas lo confunden.
''Y cuando coges la calle Val-de-Grace...''
''Había una grieta en las nubes...''
''Y mirabas al cielo...''
Él llega a casa, corre hasta el recibidor.
Sabe que ella está allí...
Lo ve desaparecer.
Él no se gira.
Él espera... Loco de deseo.
Hasta que llegan las lágrimas.
Es en ese momento que él descubre
la espectacular fuerza de su solitud.
La violencia indirecta del deseo.
Está allí.
Él rechaza la historia fatal,
para permanecer dentro del abismo prevaleciente.
Ahora sabe que nunca vio a nadie siguiéndole.
También dice que una vez notó
un chófer conduciendo un coche...
Aparcado cerca de su trabajo...
Vacío.
Una vez, mientras ella lo llamaba
en el silencio de la tarde de Neuilly...
Oyó la voz de un hombre preguntando a la señora si debería limpiar la mesa...
Así que hay un mayordomo en la casa de Neuilly.
El viaje en Saona y Loira hace efecto.
Él le debería haber dicho que nació allí.
Un viaje en esa región...
Hasta que ella encuentra la casa.
La encuentra.
Se la describe en su vuelta.
También encuentra el apartamento de su madre...
En un pueblo cercano.
Ella lo llama...
Le dice que está locamente enamorada de él.
Su niño.
¿Él sabe si ella aún está viva?
Dice que no. Nada.
¿Lo puede encontrar?
Podría llamar a la lavandera. La otra mujer del edificio.
Pero ahora no puede hacerlo.
No tiene allí el teléfono.
No recuerda el nombre.
Entonces no puede llamar a información.
En su opinión, ¿ella está muerta?
Dice que quizás.
Que no lo sabe.
No tiene ni idea.
Pero seguramente sí.
Al final estaba tan enferma.
¿Al final?
Sí, cuando paró.
Ella decidió muchas veces dejar de llamar.
Lo hizo una vez.
Y esa vez lo hizo.
Si está muerta...
Si está muerta, su tumba está en Pere-Lachaise.
En ese caso deberías...
Desde el corte fresco de la lápida...
Y de la tierra recién revuelta...
Deberías poder decir que es ella.
El nombre, en ese caso...
Seguido de su primer nombre...
Sería ella.
Él dijo... Yo estaba loco.
Estábamos locos.
¿Qué le hizo enloquecer?
Dice que no sabe exactamente...\Estaba loco.
No podía haber estado loco por ella...
Deseándola.
¿Cómo había sido posible?
¿Por la imagen?
¿Por su propio deseo?
Él responde que no lo sabe.
¿Ella existió?
¿Quién? ¿Quién no debería haber existido?
Él dice... Sí, existió.
En todo caso, existió.
Fuera lo que fuera...
Sea lo que sea, quizás ahora...
Existió.
Existe.
Sea de donde sea, existió...
Existe.
Si alguna vez fue esa mujer de 60 años de Vincennes...
Existiría.
Dice que la pregunta no tiene sentido.
3 años.
Las horas gastadas en el teléfono.
Meses.
Hay momentos, a veces un mes...
En el que ella no daba señales.
Quizás está demasiado enferma para darlas.
Y luego llama de nuevo.
El orgasmo mutuo es árido...
Inmenso, desnudo...
incomparable.
Una noche, él le preguntó.
¿Había tenido algún amante antes de él?
¿Algún hombre se le acercó?
Lo único que él tiene de ella es el olor de los billetes...
Tocados por sus manos.
Ella dice que sí.
Tuvo un amante.
Un sacerdote que conoció en un tren.
Ella lo hizo enloquecer de amor y luego lo dejó.
Confía todos los detalles. Grita todos los detalles.
Su placer se convierte en asesinato.
Grita al contar la agonía...
Del sacerdote loco de amor, que ella dejó.
Él grita que quiere saber más.
Se encuentran al amanecer en camas separadas.
Están en silencio... Exhaustos.
Lloran.
En los días finales, ella casi siempre está en la cama...
Muriéndose.
Está continuamente con cuidados intravenosos.
A veces se desmaya al teléfono.
Él lo sabe por su voz.
Distingue su voz de sus voces.
Su voz en la cama, su voz muriéndose...
La atrapada... O la infantil...
La voz de cuando habla de su querido padre.
Su voz de salón.
Su voz mintiendo.
Su voz... Reducida...
En un susurro por el deseo.
Ella ya no le puede mentir.
Le da una indicación para la casa de Neuilly.
Ahora están construyendo una fuente en el jardín...
Entre el seto y el césped.
Durante todo un día, recorre las calles en bicicleta.
Un día entero.
Busca, no una fuente en el jardín...
Sino más allá...
Un detalle inesperado, pero convincente.
El color de la pared, de una verja.
Una disposición concreta de las ventanas de las habitaciones.
Una luz velada sobre todo.
Una señal del cielo.
No encuentra nada.
Dice que no ha abarcado todas las calles de Neuilly.
Al día siguiente, empieza de nuevo.
Ella lo deja mirar.
No le da más indicaciones.
Excepto esta, aun así... La tarde de ese día...
Que su habitación se ve desde la calle...
Que las ventanas de su habitación nunca están cerradas...
Que se puede ver su cama.
Ahora dice que podría haber encontrado la casa de Neuilly...
Si hubiese querido ver.
¿Tenía una imagen de ella?
Dice que al principio sí.
Había tenido esa imagen oscura...
De una mujer con el pelo oscuro.
Y luego...
La imagen fue remplazada
por una de las dos fotos...
Y luego, una vez más...
Cuando las fotos se habían olvidado...
Volvió a encontrar la oscura imagen del principio
que ella le había dado.
Dice que ya no tiene ninguna imagen de ella.
¿Él dice que mintió?
Dice que confundió los momentos...
Los días...
Los lugares.
No había tenido una cronología.
No tenía una razón clara.
No previó el uso de esto.
Dice que ella, de la misma manera, habría confundido...
Su propia imagen en el espejo...
Con el joven que vio en la Bastilla.
Habría confundido morir y vivir.
Habría confundido su cuerpo con el de él, el desconocido...
Confundiendo lo desconocido en él con todo lo otro desconocido.
Ella no había sabido...
Si ella era la de la historia
o la que desde fuera
observa la historia.
Él dice que quizás ella era la niña
que, por las noches, ella decía que estaba tan enferma...
Pasó por debajo de sus ventanas y la vio morir.
Un joven de Neuilly...
Que pasó por la tarde...
Y pararía...
Y la ve morir.
Una vez estuvo muchos días sin llamar.
Cuando vuelve a llamar de nuevo...
Le comenta las noticias.
Le han dicho que su enfermedad va a peor y morirá.
Le hablan de su matrimonio.
Su marido es el cirujano que la ha tratado durante 10 años.
¿Él lo recuerda?
Quien la conocía desde que ella nación...
Quien siempre la ha protegido, la ha cuidado.
Poco después, llama alguien, un hombre.
Dice que es el futuro marido.
Pide que cese su relación.
Confirma la muerte cercana.
Pronuncia por primera vez
la palabra ''demencia''.
La primera vez que se pronuncia la palabra...
''Demencia''.
Ella llama una última vez.
Le dice la fecha de la boda...
Pero no el lugar.
Le dice que él fue el único al que ha querido...
Su único amor.
Lamenta tener que morir.
La boda tiene lugar un día de verano de 1976.
Él no está en París.
Habías hablado del mar también.
Sí, quizás.
De ratas muertas en los muelles de Tesalónica.
Del olor del anís, del ouzo...
También del olor del barro.
Al final del mar.
También hablaste de una película.
Sí.
La película...
La película no se hizo.
Habría personas aquí.
Nos los habríamos encontrado aquí...
Sumergidos en una reflexión colectiva...
Muy absorbente.
Y de repente, habría cesado.
Sí, eso es.
O habría cesado...
Por la muerte, por ejemplo.
Sí.
O por la duda... De repente...
De un carácter general.
Adaptación: D. WARNER
Subtítulos: MECAL SUBT.
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