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Subtitulado por Francisco José Fernández Rey.
Aleluya.
Aleluya.
Aleluya.
Aleluya.
Aleluya.
¿Quién va?
El alma de Luis Matacanes.
¿Y de dónde viene usted?
¿Del mundo?
Yo no diría tanto. De Peñascosa, de la provincia de Albacete.
Vengo porque el apocalipsis me ha pillado.
¿Tan pronto?
No me diga.
A mí es que me ha ahorrado enseguida.
Sería que estaba flojo, falta de vitaminas
o el mismo alcohol que me gusta una gotica.
¿Y usted quién es?
Yo soy san Pedro.
Hombre, san Pedro, tanto gusto. Me alegro de conocerlo.
No, no, no. No cruce todavía.
Antes tiene que decirme cómo ha sido su tránsito
Pues sí, señor. Yo se lo cuento todo.
Yo estaba borracho cuando oí por mis adentros:
"El apocalipsis, el apocalipsis".
Y como ya no tenía un duro para beber, me dejé llevar.
Y eso es todo.
¿Puedo pasar ahora?
Antes tiene que decirme si has sido bueno o no
en la otra vida.
¿Yo bueno? Un alma bendita.
Bebía por lo que beben todos los pobres,
ya sabe, pues por la injusticia,
por la incomprensión, por la propia mujer de uno.
Pero yo no he hecho daño a nadie.
Entonces, venga para acá y me cuenta con detalle
lo del apocalipsis, que no lo tengo yo del todo claro.
(Himno de España)
(Himno de España)
Usted me va a perdonar si es que falto,
¿pero es que se nota que es usted san Pedro? Vamos a ver.
Mire, mire, mire, mire.
¿Y ahora qué?
¿Por qué habré dudado yo? Me cachis en la mar.
No se preocupe, alma de cántaro.
¿Quién no duda alguna vez?
Oiga, otra cosa.
¿No estará por aquí el que te dio eso por casualidad?
Es que yo tendría ilusión de verle.
Es una tontería.
Mire usted, aquí...
¿Y este es el cielo de verdad? Sí, señor.
Hombre, tanto hablar del reino de los cielos,
del reino de los cielos...
A mí me parece un poco exagerado visto lo visto.
Hombre, este es el cielo que queda justo encima de España.
¿Me entiende?
Si quiere, un fin de semana nos acercamos al cielo de al lado,
al de Francia.
Ya verá usted qué comercio y qué mujeres tienen allí.
Es muy distinto.
Y esta es la Plaza Mayor.
No es que tenga mucho mérito, pero a los de aquí nos gusta.
¿Y de cuándo es el cielo?
¿Del tiempo de los moros?
Yo llevo aquí casi 2000 años,
pero los del Antiguo Testamento llevan más.
Últimamente hemos puesto alumbrado eléctrico,
alcantarillado, agua en las casas.
Lo que pasa es que como Dios se empeña
en que los ricos pasan por ojos de agujas
antes de entrar aquí,
pues nos llegan muy pocos.
El ayuntamiento anda sin un duro.
No le gusta a Dios que hagamos estas cosas así
a lo tonto, pero es que me da rabia que piense usted
que la plaza está siempre tan sosa.
Este es el mercadillo de los jueves.
Lo que más se vende son piononos, huesos de san Expedito,
estampas también muchas y reliquias.
Por ejemplo, los santos compran estampas
o reliquias de las santas y al revés.
Luego se la regalan unos a otros.
Una vez vino un santo a comprar una reliquia suya,
de él mismo para presumir, se supone y lo mandamos al purgatorio.
Por chulo. Bien hecho.
Me gustaría presentarle a Dios cuanto antes,
pero a estas horas está todavía echado
porque por las noches duerme fatal, ¿sabe?
Bueno, puestos a hacer tiempo, lo mismo hay un bar.
Cerrados.
Yo lo decía por tomar algo
porque en todo el camino es que no había ninguno.
Ande, venga conmigo,
que le voy a hacer ahora una salida de misa de 12:00,
que también es muy bonita.
La misa de 12:00 es la que dice nuestro señor Jesucristo en persona
y tiene un éxito...
Ese es nuestro señor Jesucristo.
(TODOS) Haznos un milagro.
Las cosas no hay que malgastarlas.
Anda que no tiene delito.
Tenían que verlo los que dibujan las estampas.
Demetria.
Señor Menéndez.
Vamos, este es muchísimo mejor.
Este que hacen las cosas estas...
Las malas lenguas, que también aquí las hay,
menos que en el mundo, pero las hay,
dicen que aprovechó la resurrección para quitarse años,
pero eso es mentira.
¿Pero él no es eterno?
Hombre, lo que pasa es que uno puede eternizarse
a los 30 o a los 60 y muchos como me pasó a mí.
Ahora sale la Virgen María,
María Magdalena y la mujer del Zebedeo,
que es la madre de san Juan Evangelista
y de Santiago El Mayor.
Todo esto es maravilloso, magnífico, de primitivo y de todo,
de nuestra historia...
En fin, estas personas. Oye, yo estoy seco.
Por favor, lo juro.
No, no. El bar no lo abro yo con estas manecillas.
Se entera Dios de que gastamos milagros
con esas cosas y se nos cae el pelo
y menos estando como está de los nervios esta temporada.
¿Dios está mal de los nervios?
Ah.
Dios Padre había fijado su aguante ya cuando la creación
en un cupo determinado de blasfemos, otro de ateos y otro de agnósticos.
Pues bueno, en 1815, año más o menos,
los tres cupos se habían colmado con creces.
¿Y sabe lo que hizo Dios?
Tragar. Dios tragó.
Pero en los últimos tiempos están pasando cosas,
lo del Opus, por ejemplo, el papa este
o el hecho de guste Julio Iglesias sin ir más lejos.
Total, que una mañana decidió cortar por lo sano.
Vale, venga.
Se ha terminado el pleno de este Excelentísimo Ayuntamiento.
Vayan levantando el campo que se hace tarde.
¿Quiere usted algo de mí, padre? Nada, hijo. ¿Comes con tu madre?
No, como con un amigo.
Hace tiempo que no nos vemos. Dale recuerdos si le conozco.
Pero hazle caso a María de vez en cuando.
Siempre que me ve, se queja de lo abandonada que la tenemos.
Muy bien, padre. ¿Y usted qué tal anda?
¿Quiere que me pase luego por su casa y le haga una visita?
No, te lo agradezco mucho, pero esta noche he dormido fatal
y me voy a meter en la cama en cuanto despache
las cuatro cosas urgentes que quedan.
Ah, por cierto, que no se me vaya el Arcángel san Gabriel.
¡san Gabriel!
Ven un momento, que quiere hablar contigo mi padre.
-Te esperamos en "La Vizcaína". -Pago unos chatos.
¿No te ibas?
Ah, sí.
Hasta luego. Adiós, hijo.
Ya te habrá llegado porque aquí todo se sabe
que tengo un disgusto enorme
y estoy dispuesto a tomar medidas para que la cosa no llegue a más.
Pues la verdad, ahora mismo no caigo.
¿Cuánto tiempo hace que no bajas al mundo, Gabrielito?
Uy, la tira.
1962 años, Padre Eterno.
Sí, hace mucho tiempo.
Pues aquello anda manga por hombro, un desastre
y yo tengo la sensación de haber hecho el tonto,
pero el tonto, tonto a conciencia.
¿Pero qué cosas dice?
No es por consolarlo, pero creo que no es para ponerse así.
Al fin y al cabo usted les dio el libre albedrío
y si ellos no saben usarlo... ¿Qué libre albedrío ni qué puñetas?
No vengas con filosofías, Gabrielito.
Si supieras la de sandeces que han inventado
con lo de la creación.
Que, si hice al hombre así o asado, que si la luz se hizo
de no sé qué manera y claro, luego llegan los científicos,
les echan por tierra todas las teorías
y a mí me ponen a caer de un burro.
O sea, queva todo fatal.
Pero fatal, fatal.
Así que voy a darte trabajo.
No se preocupe, usted a mandar.
¿Tú te has preguntado alguna vez de qué me valió a mí
mandar un hijo al mundo?
Le tuve 15 o 16 años predicando de la Ceca a la Meca,
se hartó de hacer milagros,
inventó no sé cuántas parábolas, preciosas, por cierto,
dio de comer al hambriento, dio de beber al sediento
y a última hora me lo ponen hecho un ecce homo,
se lo cargan y me lo devuelven que daba lástima verlo.
¿Y de qué ha servido todo esto?
Dime tú, Gabrielito.
Pues la verdad que no sabría qué decirle, Padre Eterno.
Claro, ¿tú qué vas a decir?
Tú ya tienes bastante con pasear el palmito
por la Plaza Mayor, ¿eh?
Y presumir para que te vean las santas
y las muertas, que te he visto yo.
Yo le pido perdón, pero es que...
No te preocupes, hombre.
Estás en la edad.
Yo lo que quiero es tener otro hijo.
Menudo disgusto que se va a llevar Cristo
cuando se entere.
Pobre hijo.
La verdad es que no hemos parado de meter la pata con él.
Tenía que haber nacido en Roma, pero nos dio miedo.
Una ciudad tan grande con tantos dioses.
Queríamos algo más recogido, más familiar.
Y nos pasamos.
De viaje, en un pesebre
y después, pobre de pedir,
sin una mujer que lo animase en su carrera.
Y se defendió como gato panza arriba el chaval.
Menuda labia.
Menudos milagros más bien hechos.
Y a última hora,
no sé,
un despiste
de exceso de confianza.
Esta vez voy a tener el hijo aquí.
Lo voy a educar a mi manera.
Voy a estar más encima de él.
En realidad, esta vez voy a ser yo el que se ocupe de todo
personalmente.
Buenos días. Hola.
Hola, buenos días.
Aquí le tienes.
Se creía tu padre putativo que se te había olvidado
lo de la comida. No, qué va.
Si he estado un poquillo liado. Bueno.
Quédate a comer si quieres, hay de sobra.
-He hecho migas para un regimiento. -No, no puedo.
Tengo que ensayar con la banda a primera hora de la tarde.
Además, así habláis de vuestras cosas.
Otro día. Hala, hasta luego.
Adiós.
Siéntate un segundo y dale un tiento al porrón.
Ahora mismo comemos.
¿Traes hambre?
¿Y eso? Tú que eres tan comiente...
¿Te pasa algo?
Que Dios quiere tener otro hijo.
¡no me digas! No es posible.
Pues conmigo que no cuente. A mí no me pilla dos veces,
Bastante he pasado yo con lo que he pasado.
Mira, tú, este es el primero del apocalipsis.
Hombre, ¿ya van llegando? Este nada más.
Pero no lo digas hasta que no hablemos con Dios.
Yo mutatis mutamis.
Vermú con ginebra es lo que tomo yo.
¿A estas horas?
Cuando invitan, como esto no depende de uno...
Aquí de alcohol vino o cerveza, no hay más.
Pues me voy a tomar unos vinitos
que, en el fondo, es lo más sano.
No lo entiendo, padre, de verdad.
Si ahora va a tener otro hijo,
¿para qué bajé allí y me dejé la vida?
¿Este es el pago por andar yo diciendo por ahí
que si Dios es amor, que si es el padre
de todas las criaturas.
El del Antiguo Testamento, ese es el que es Dios.
No hay derecho, hombre.
¿Y tu madre?
Menudo papelón para tu madre también.
Mira, chico. No me lo tomaría tan a lo tremendo.
A los hombres es que enseguida os entra el orgullo.
Pero madre, que hay una civilización entera
basada en que yo soy el hijo único de Dios.
Que me crucificaron, que resucité y que salvé a la humanidad.
La redimiste del pecado.
Bueno, para ti la perra gorda.
Pero duró muy poquito.
Durase lo que durase.
A mí me clavaron, me escupieron, madre,
me dieron vinagre, me dieron hiel.
Y al que venga le harán lo mismo, ¿qué te crees?
En cuanto se descuide Dios.
Por cierto, ¿te has leído el Apocalipsis?
¿El Apocalipsis dice usted?
Oye, san Juan Evangelista, vamos a ver.
Tal y como está el texto del Apocalipsis,
¿yo se lo doy ahora mismo a mi padre y tú crees que lo entiende?
Yo creo que sí. Pues yo creo que no.
Las entendederas de Dios a su edad no son las de hace unos siglos.
-¿Qué les parece la paellita? -Excelente, majo.
Vale, pues ahora les sirvo unos platitos
y a comer.
Que aproveche.
Si Dios está harto de su creación, lo que tiene que hacer
es quitársela de en medio, el apocalipsis, esa es la solución.
Y tú, Juanito, ¿podrías ponerme el dichoso libro en prosa
para que lo entienda mi padre?
No, no puedo, no puedo.
Es poesía y la poesía si la tocas...
Mira, Juan, no me fastidies.
¿Te has parado a pensar que ese otro hijo
podría ser el famoso Anticristo engendrado, además,
por el mismo Dios?
¿El Anticristo?
Tú hace tiempo que te tienes muy creído
eso del Evangelista poeta
y más que lírico, estás resultando un poco novelero,
¿no te parece? Pero sí...
A-po-ca-lip-sis.
Seguro que le gusta,
pero si luego no entiende lo que dice el libro...
Lo del Espíritu Santo se entiende mal
porque ¿qué necesidad hay del Espíritu Santo?
Ninguna, un gasto más.
Que Dios está viejo, doctor.
Está solo, se aburre.
Cree que nadie le hace caso y no sabe qué inventar.
Otro hijo.
Menudo disparate.
¿Ahora qué vamos a ser, el cuarteto divino?
Eso si no me despiden a mí.
Bueno, nosotros habíamos superado claramente
los problemas del hijo único,
pero claro, no estábamos preparados para asumir los del primogénito
ya mayor al que le viene un hermanito.
Anda, ¿y tú qué haces aquí?
¿Que qué hago?
Ahora te lo digo.
Dios te salve, Lola Fajardo, llena eres de gracia,
Ah, no, no. A mí no me anuncias tú.
¿Pero qué dices, insensata? Si esto es cosa de Dios.
-No puedes... -Anda que si puedo.
Ya lo estás viendo. Soy muy joven para anuncios.
-Pero si Dios quiere... -Lo mismo me da.
Mira, Lola, a mí no me líes.
y lo de que el Espíritu descenderá sobre ti y todo eso,
tengo que decírtelo. -Di lo que quieras.
Cierro los ojos, me tapo los oídos, digo la, la, la, la, la
y como no te veo ni te oigo, se acabó el anuncio.
¿Pero de verdad no quieres ser Madre Santísima
del Segundo Hijo de Dios? -Ni por pienso.
Bueno, bueno, chica. Me dejas de piedra.
¿Qué tal esa cena?
Muy bien, madre. Aquí está.
Es que me han entretenido.
¿Sabe usted que querían hacerme Madre Santísima
del Segundo Hijo de Dios?
Qué poca vergüenza.
¿Quién ha sido, el ángel?
Como le pille un día...
Aunque hay que reconocer que no todo eran dificultades
y negativas para Dios.
Mariví, hija, muévete un poquito para que te vea
el Arcángel san Gabriel.
Haz un "deboule" con gracia, hija.
Vale. Pues ahora toca un poquito el piano.
No va a encontrar otra así, se lo digo yo.
De orden de Dios Padre se hace saber
que lo mismo que se está buscando virgen,
a lo mejor pudiera hacer falta buscar un san José
y que lo primero de todo esto sería de entre los que lleven más tiempo
apuntados en el paro.
Después, con los jubilados y luego ya, con los demás
de los que queden por aquí.
A mí me han ofrecido ser la Santísima Madre
del Segundo Hijo de Dios y he dicho que no.
-¿Que has dicho que no? -Dios te va a castigar.
¿Os parece poco castigo vivir en este pueblucho?
¿Es que nadie os contó lo que se hace en el cielo de Francia
o en el purgatorio sin ir más lejos?
Vengo todo el camino dándole vueltas a un asunto.
¿Tú eres virgen de verdad?
Conceptualmente, sí.
¿Conceptualmente?
No me jodas, Mariví.
San Isidoro se empeña en que yo mire por aquí
para vigilar el mundo y yo por ahí no veo nada.
Bueno, vamos a ver qué nos ha traído esta mañana Gabrielito.
¿Y esto?
Le traigo dos, Padre Eterno. Es que habría que elegir.
A ver si me explico,
las virtudes que no tiene una, las tiene la otra.
Pero qué cosas dices.
Todos sois distintos.
Esa es la grandeza de mi creación.
No querrás ponerme en un dilema.
Sería absurdo.
¿Tú cómo te llamas, criatura?
Mariví Cifuentes, Dios Padre.
¿Y qué problemas le ves tú a Mariví?
¿Problema?
Ningún problema.
¿Entonces?
Esta otra chica se llama Amparo.
Anda, saluda a Dios.
Hola, hija. Tanto gusto en conocerte.
¿Podéis salir un momentito para que hable con el amigo Gabriel?
¿Se puede saber qué puñetas está pasando aquí?
¿Quieres que te sustituya el Arcángel san Rafael?
La verdad, Padre Eterno.
Si es que estoy encontrando muchas dificultades
para traerle el género que usted se merece.
Algo que me guste a mí.
¿No está a tu gusto la Mariví?
Sí, claro.
Pero si es que esta chica veranea con su familia
en el cielo de Francia a la altura de Biarritz
y bueno, en resumen,
que ha vuelto de allí virgen, pero solo conceptualmente.
Qué barbaridad. Pero qué disparate.
¿Y no hay más vírgenes en todo un cielo?
Si no quieren que las anuncie, Padre Eterno.
¿Cómo que no quieren?
¿Quién no quiere?
Coño, el otro día la Lola Fajardo sin ir más lejos
empecé a anunciarla y me dejó con la palabra en la boca.
¿La Lola?
¡Lola!
¡Lola!
La Lola no puede salir.
Está en la cama.
Me da lo mismo, dígale que baje.
Uy, buena es.
Como para irle con exigencias.
Usted dígale que está aquí la ira de Dios.
-¿Quién? -La ira divina.
Ah, la ira divina, perdóneme, no la había reconocido.
Voy a ver qué dice.
Que suba usted si quiere, pero que ella no se mueve.
¿Pero no ve que, si subo, tengo que romper los cacharros,
tirar los muebles y pegar patadas a las paredes?
Que soy la ira divina, señora, ¿no se da usted cuenta?
Mira quién está ahí.
Que no os voy a pegar, so memos. Hoy no va la guerra con vosotros.
¿Crees que le puedes decir a Dios que no, así como así?
¿Quieres ver que te arreo dos guantazos?
¿Pero en qué estáis pensando las mocitas de hoy en día?
¿Por qué le dijiste a Dios que no si se puede saber?
-Porque soy muy joven. -¿Y qué?
Que Dios está muy mayor, que no me gusta.
¿Que no te gusta Dios?
¿Pero qué pasa, que aquí no se puede hablar con sinceridad?
Baja inmediatamente.
Donde esté una persona mayor, chica,
y luego la posición que tiene este hombre,
que es que es Dios, criatura.
Ya, pero no sé.
Por eso, porque no sabes, me tienes que hacer caso a mí.
Mira, tú le dices que sí a Dios, te anuncia el Arcángel
y tienes al crío.
Lo demás ya lo hace la historia sagrada.
No sé, de verdad.
Es que no sé.
Bueno, pero en el caso en el que dijese que sí,
el san José me lo busco yo.
¿De verdad no te importa?
Hombre, padre, claro que me importa.
Es una decisión que pone patas arriba
toda la historia sagrada.
Habrá que hacer arreglos en la trilogía,
ver cómo se resuelve lo de la Santísima Trinidad,
establecer si se le crucifica o no.
No, este no va a tener nada que ver contigo.
De entrada, va a nacer aquí y lo voy a educar yo.
Solo cuando esté maduro...
Caerá a la tierra por su propio peso,
dará una conferencia en la ONU
y convencerá a todos los hombres de que sean buenos.
Algo así.
¿Qué te parece?
Chico, no sabes la preocupación que me quitas de encima.
¿Y cómo se llamará el crío?
¿Lo va a bautizar también san Juan?
Hasta ahora no tenemos madre.
San Gabriel no encuentra. No me diga, qué disparate.
¿Cómo es posible que no haya nadie en todo el cielo para madre de...?
Porque será también Dios igual que yo.
Bueno, eso...
Fíjese si yo siéndolo le fallé como le fallé,
cualquiera manda a uno que no lo sea.
Tú no fallaste en nada, hijo.
No, claro.
Por eso, tiene que mandar ahora a otro,
porque no fallé. Que no, de verdad.
Fui yo el que metió la pata. Lo hice todo mal.
Hombre, no tan mal como ha quedado en los escritos
desde el Génesis para acá,
pero mal, muy mal.
Mire, padre, usted no tiene por qué cargar con el mochuelo.
Bastante hace con pagarme el psicoanálisis.
No me salieron las cosas bien y punto.
¿Por qué no me salieron bien?
No lo sé.
O no supe explicarme o fui poco diplomático.
Aunque también hay otra manera de verlo.
¿Cuál?
Echarles las culpas a los hombres.
¿Qué? ¿No son libres?
Libres... Mira.
Mira, hijo, hay palabras que no... Libertad.
Bueno, sí, aceptemos que son libres.
Pues entonces, si hacen las cosas que hacen
siendo libres, la culpa es suya.
No seas injusto, hijo.
¿Tú no crees que podríamos haber evitado
el mal y el dolor del mundo?
¿Por qué sufren los niños, por ejemplo?
Por el pecado original, padre. No le dé vueltas.
Si quita el dolor, ¿cómo se distingue el placer?
Si quita el mal, ¿cómo se sabe dónde está el bien?
Mira, hijo, yo a estas horas no tengo ya la cabeza
para estas exquisiteces.
Un buen apocalipsis no hace mal a nadie.
¿Un qué?
El apocalipsis, padre.
¿No leyó usted el libro que escribió san Juan Evangelista?
Uy, sí, hace mucho tiempo.
Me lo regaló alguien por mi cumpleaños.
Pero creo recordar que un buen apocalipsis,
un apocalipsis como Dios manda costaba un dineral.
Aquí no tenemos presupuesto para eso.
Que sí, hombre.
Tampoco hay que seguir el libro al pie de la letra.
¿No ve que es poesía?
Aparte de que cuando se escribió, eran otros tiempos
y el ser Dios no digamos, el acabose.
Con decirte que yo cenaba casi todas las noches
de restaurante.
No le dé más vueltas.
Un buen apocalipsis es la mejor solución que hay.
Los buenos a disfrutar de nuestra presencia eternamente,
los malos, al hoyo, a quemarse. Muerto el perro, se acabó la rabia.
¿Ve qué fácil?
Claro, visto así...
Nunca sabré por qué metí a mi padre en lo del apocalipsis.
Venganza por el calvario que me hicieron vivir.
Miedo a que otro Mesías lo hiciera mejor que yo.
Terror a que los nuevos capítulos de la Biblia
me dejasen por ahí arrumbado como a Baruc, Nahum o Habacuc.
A lo hecho, pecho.
(SUSURRA) Menuda biografía la mía.
De orden de Dios Padre a los muertos y las muertas,
los santos y las santas, los ángeles y todo el que lo oiga.
Que hay que empezar a prepararse para el apocalipsis.
Que como el libro donde viene el apocalipsis
se entiende mal, san Isidoro lo va a explicar en la escuela
para los hombres.
y Virgen María, nuestra madre, para las mujeres.
Y no hay más que rascar.
O sea, ¿que ya no quiere Dios tener otro hijo?
No, señorita, ya no quiere.
Yo venía a decirle que sí, que podía anunciarle el ángelus.
A buenas horas, mangas verdes.
Es un honor para nuestra asociación de muertas recientes
tener hoy aquí a la Santísima Virgen María,
Madre de Dios y madre nuestra,
que ha tenido a bien dirigirnos la palabra.
Me alegro mucho de estar aquí porque ya sabéis que por H o por B,
que si la casa, que si los críos,
terminamos los domingos viéndonos en misa y poco más.
Quizá pueda asegurarse
que las mujeres siempre hemos sido más inclinadas
al apocalipsis que los hombres.
Ya sé que no tendría que estar aquí al no ser muerta reciente,
pero como ustedes conocen mejor el género de ahí abajo,
quiero que me aconsejen.
Yo había hecho ya el ánimo de tener un hijo de Dios,
pero él se ha echado atrás a última hora
y ahora me ha entrado el gusanillo y no sé si cargar con alguno de aquí
o a esperar a ver lo que viene del apocalipsis.
¿Ustedes qué opinan?
Así que empezamos a hacer todo lo necesario
para sacar adelante un apocalipsis.
Vamos a ver si nos aclaramos, san Pedro.
La res es colorada, eso salta a la vista.
Y las blasfemias esas que tiene que llevar por el cuerpo,
esas se las pinto, no hay ningún problema.
Ahora bien, si usted me dice que el bicho tiene que tener
siete cabezas y diez cuernos
y que tiene que subírsele encima una puta, eso, mi sargento,
ni esta cabra ni ninguna de las del pueblo.
Porque vamos a ver, ¿qué tamaño tiene la puta?
Si es que además las siete cabezas tienen que ser siete montes.
Solo los tiene una ciudad.
Babilonia, creo y los diez cuernos son diez reyes.
No me preguntes cómo, pero son diez reyes.
Lo que yo le digo, eso no lo encuentran.
¿Dónde encontrará usted eso?
Venga, id afinando.
Los que más interés ponían en los ensayos
eran los angelitos, los pobres.
Como sabían que el grueso de la batalla caería sobre ellos.
Ya estoy con vosotros.
Por ejemplo, ¿tú qué papel haces?
Yo el del trompeta número cinco.
O sea, que tienes que tocar de tal manera que,
escúchame bien:
"Luzbel abre las puertas del infierno,
sale un humo espantoso que se convierte en langostas
que pican como alacranes,
que parecen caballos y tienen dientes de león,
cabellos de mujer y cabeza y cara de hombre".
Hala, anda. Toca.
Deja, deja, deja.
¿Y tú crees que tocando de esta manera
abrirás las puertas del infierno y saldrán langostas como caballos?
El infierno me lo pueden abrir antiguos compañeros que tengo allí.
Que no, que hay que abrirlo con una trompeta.
Que esto es el apocalipsis, hijo.
¿Y por qué no te pasas a los que vierten cálices?
Señor mío Jesucristo, perdone.
¿Queda algún puesto libre aquí?
Vengo de ensayar con la trompeta, pero no consigo abrir el infierno
y que salgan langostas como caballos con dientes de león
y no sé qué más. Es que no sé si hay plazas.
El sexto a última hora no ha venido, Señor.
¿Quieres tú ser el seis?
El número me da igual, ¿qué es lo que tengo que hacer?
tienes que derramar el cáliz en el río Éufrates,
entonces, se seca para abrir camino a los reyes que vienen del oriente.
Después, de la boca del dragón, de la de la bestia
y de la del falso profeta, salen tres ranas
y estas convencen a los reyes de todo el mundo
para que entren en batalla.
No voy a poder tampoco.
Me va a pasar lo mismo que con lo de la trompeta.
No, porque mientras encuentro o no encuentro el río Éufrates,
seguro que se me cae la mitad de lo que lleve en la copa.
Y luego pongamos que encuentro el río.
Que acierto desde lo alto a echarle lo que quede del líquido
y que el Éufrates se seca.
¿Pero qué sé yo si las ranas convencerán a los reyes, oiga?
El que elija la rueda de molino tiene que agarrarla,
llevarla en volandas hasta el mar y allí tirarla.
¿Voluntarios?
Los que no queráis la rueda de molino,
os vais a ir con san Miguel Arcángel a luchar contra el dragón.
Lo advierto.
Tú, por ejemplo, ¿qué prefieres?
No, no se preocupe por mí.
Yo vengo a mirar nada más.
Apocalipsis.
Apocalipsis.
Fin de la historia.
Fin de la historia.
Juicio Final y carne resurrecta.
Juicio Final y carne resurrecta.
No sé lo que quiere decir resurrecta,
pero sí sé lo que quiere decir prostituta.
Venga ya, hombre.
Que al fin todos estemos reunidos
y de una vez los buenos de los malos separar.
Ahora todos.
Apocalipsis.
Apocalipsis.
Fin de la historia.
Fin de la historia.
Juicio Final y carne resurrecta.
Juicio Final y carne resurrecta.
Lo siento, buen hombre, pero estoy ensayando el apocalipsis,
que no crea usted que es fácil.
Y aquí de uno en uno me apaño divinamente,
pero cuando sean miles y miles, ya me dirá cómo abarco.
Con "El Himno a Cristo Rey" interpretado por la banda,
pusimos fin a los ensayos.
La cosa está en que esta dice que, si a 49 le quitamos 13,
nos quedan 36 y yo digo que no lo sé.
¿Y?
Si una de las dos sabe restar y la otra no,
las dos están diciendo la verdad.
¿Dónde está el litigio?
Que no sabemos si hacemos bien diciendo esas cosas
porque ella asegura que lo mío es orgullo,
que por qué tengo que decir que, si a tantas le quitamos tantas,
nos quedan tantas.
Y yo digo que lo suyo es falsa modestia.
Tanto no sé.
Ustedes lo que quieren es que contemplemos
el aspecto moral.
¿Todo listo?
Todo preparado, Padre Eterno.
Y bien preparado me imagino.
Lo mejor que se ha podido.
Espero que salga bien.
Bueno, es que si no...
¿No pueden esperar ahí fuera un segundo?
Pero no se vayan,
que el suyo es un caso de mucha sutileza moral
y quiero resolverlo.
En confianza, Simón Pedro.
¿Hay garantías de que esta vez no meteremos la pata?
Hombre, garantías...
Usted sabe mejor que nadie que nos han faltado medios.
Pero si eso le tranquiliza,
el mismo san Juan Evangelista nos ha dicho
que no hay que seguir el libro al pie de la letra.
No iremos a hacer el ridículo.
No creo, no.
¿No sería mejor ensayar más?
Que no, hombre, que no.
Ya hemos ensayado bastante.
Lo peor es pasarse porque si se pasa uno de ensayos,
entonces, todo queda falso.
Es mejor así, en vivo, de verdad.
Valeriana. Tómatela toda, verás qué bien duermes.
¿Qué miras? Una araña.
Está ahí.
Meticulosa y precisa tejiendo su tela.
Qué asco, por Dios.
Ten.
Vamos a ver esa arañita. A mí me entretiene, fíjate.
Vas a dormir como un tronco.
Y no seas dengue, que ya verás como todo
va a salir sobre ruedas.
Duérmete, hijo, duerme, mi amor.
Si yo te velo, no habrá temor.
Duérmete, hijo, podrás soñar
con mercaderes para azotar,
con Magdalenas a quien perdonar
y el primo Juan sin decapitar.
Mañana nos la jugamos otra vez, amigo mío.
Sigo pensando que era más seguro lo de un segundo hijo,
educado como Dios manda.
Quizá menos hablador que el primero, todo hay que decirlo.
Más eficaz, más moderno.
Porque si esto nos sale mal,
¿qué podemos hacer?
Nada.
Morirnos de vergüenza.
Qué calvario, Jesús.
Pocas noches más verán los siglos.
Habrá que pensar qué hacemos con este amasijo de estrellas
y planetas que se nos vendrá encima.
Buscarle alguna utilidad, vendérselo a alguien.
Hala, sal a darte un bureo, que estarás harto de jaula.
Qué calvario, Dios mío.
Me muero de vergüenza solo de pensar que esto pueda salir mal.
Menuda encerrona.
Padre.
¡Padre!
Aparta de mí este cáliz.
Estoy pasando una noche toledana.
A la mañana siguiente, a las 8:15 en punto,
a la hora que yo había dicho empezó el desfile
de los que se iban al apocalipsis.
¡Guapo!
¡Viva!
Que se lo llevan.
Que se lo llevan.
Ay.
Ay.
Al Cristo de los gitanos.
Prendidito.
Yo no creo que sea el momento para eso.
¿Verdad que no?
Prendidito y golpeado.
¿Decimos algo?
¿Y qué vas a decir?
Que no me parece bien una saeta ahora.
Lo mismo es orgullo malsano significarse así, Evangelina.
Bueno, pues no diré nada.
Y golpeado se lo llevan.
¡Guapa!
(TODOS) ¡Viva!
Mira, esa señora es prostituta.
Que te lo has creído. Esa señora lo que es es puta,
so tonto y resurrecta es latinismo,
el participio pasivo del verbo "resuscitare",
que significa "resucitar".
-¡Date una vuelta por casa de tía Antonia!
-¡Vivan los cuatro jinetes del apocalipsis!
(TODOS) ¡Viva!
¡Viva la peste!
(TODOS) ¡Viva!
¡Viva la Virgen de los Llanos!
(TODOS) ¡Viva!
Que Dios me perdone, pero ahí no va suficiente personal
para hacer todo lo que hay que hacer en un fin del mundo.
-¡Y a las mujeres ni catarlas, eh!
(TODOS) ¡Viva!
¡Viva su santa madre!
(TODOS) ¡Viva!
¡Viva Paquito Morales Villanueva y viva su madre!
(TODOS) ¡Viva!
Y así empezó el lío, pero un lío gordo, gordo.
¡Ni se te ocurra!
Estate quieto, Moisés.
Te voy a romper el callado, ¿lo sabes?
Te lo voy a romper, te lo voy a tirar a la basura.
¿Cuántas veces te hemos dicho que eso es soberbia?
Que no hay que hacerlo y menos hoy,
que andan los nuestros con el apocalipsis en danza.
¿No te das cuenta de que se lo puedes estropear?
Qué pesadito se pone el Moisés este. Antes esto era un mar estupendo,
pero le dio a Moisés por abrir las aguas
y cada dos por tres se le olvidaba cerrarlas.
¿Se acuerda usted de las inundaciones de Bangladesh?
Un retraso de un cuarto de hora en juntarlas,
así que Dios dijo:
"Fuera mar, un río.
El que quiera pescar, que pesque barbos".
Entonces, dije yo: "Nanái de barbos" y me metí en la Guardia Civil.
Bien hecho. Sí, pero me han salido juanetes
por el calzado.
(Truenos)
Fuese una venganza del viejo Moisés y su manía con las aguas
o fueran llantos que nos subían del mundo
ante su inapelable final,
en el cielo no paró de llover en varios días.
Eso sí, en cuanto clareó,
doña Asunción vino al despacho de Dios
a plantear sus quejas.
Y me va a decir usted ahora mismo qué tiene de malo mi Mariví.
Señora, aquí no se grita.
¿Quiere que intervenga?
Usted no se meta donde no lo llaman.
¿Quieren estarse quietos los dos?
No sé si usted sabe, señora, que desde que estuvieron en el cielo
de aquí al lado...
Aquello sí que es un paraíso, el reino de los cielos
y huele a gloria.
Como usted diga, señora.
Pero que sepa que desde que volvió de Biarritz el verano pasado,
su Mariví es virgen solo conceptualmente.
No sé si me entiende.
Por ir tanto a Francia.
Esta vez pónselo con sifón.
Mucho sifón y poco vino. ¿Y eso?
No querrá usted ir a ver a Dios bebido.
Pero qué va, hombre, si estoy acostumbradísimo,
lo que pasa es que el sifón a mi no...
Ya está puesto. Verá qué bien le sienta.
Sigo explicándole.
Usted a poco listo que sea se dará cuenta
de que con el apocalipsis se nos venía encima
la resurrección de la carne también, o sea, que esta vez los espíritus
no iban a venir mondos y lirondos, sino con sus chichas y sus mantecas.
Resumiendo, teníamos que hacerle sitio,
meternos en obras en el pueblo.
Las peores caídas son las de burro, te lo digo yo.
Las mulas no te las dejes atrás.
Cuando le agarras las orejas y te tira por encima,
te pegas un cacharrazo.
Las de burro serán malas,
pero las de mulas tampoco son buenas.
Buenas tardes, señora.
Buenas tardes.
Quiero pedirle perdón por si fuimos muy bruscos
en el ayuntamiento.
No se preocupe. Vengo de familia de militares.
Ya sé cómo son ustedes.
También quería pedirle que dejase que me sentara
porque le voy a explicar una cosita un poco larga de contar
y tengo problemas con los pies.
Juanetes, ¿sabe? Cuando era pescador, no me pasaba,
como andaba descalzo...
Siéntese, siéntese. Gracias, doña Asunción.
Una vez terminado el apocalipsis y celebrado el Juicio Final,
todo esto, el cielo, vamos, tiene que ensanchar mucho
y convertirse en la Nueva Jerusalén.
¿A que es bonito?
Sí, puede estar bien. ¿Y eso en qué consiste?
De entrada, volveremos a ser de carne y hueso
porque, como usted bien sabe,
nos toca la resurrección de la carne.
No sé yo si eso va a ser práctico, fíjese usted,
porque, ¿para qué quiero yo la carne a mi edad?
Mujer, a su edad...
Qué cosas dice. No sé, para...
El caso es, querida doña Asunción, que como no quiero molestarla más,
bueno, el caso es, querida doña Asunción,
que para construir la Nueva Jerusalén,
para construirla como Dios manda,
¿ha leído usted El Apocalipsis?
No, yo tenía el misal del Padre Riera.
Ah, muy buen misal, estupendo.
No, esto, no.
El Apocalipsis es este otro libro.
Si quiere leer aquí donde le señalo. No, no.
Si yo sin gafas no veo. Léalo usted si quiere.
Aquí está.
Capítulo 21, versículo 19 y siguientes. Leo.
"Los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados
con toda suerte de piedras preciosas
y las doce puertas son doce perlas y el pavimento de la ciudad,
oro puro".
Aquí lo dice.
Nosotros somos más humildes.
Ya sabemos que no podemos conseguir todo ese material.
Hoy en día tanta alhaja vale un capitalazo.
Así que, en eso, como en todo, vamos a actuar por aproximación.
¿Usted nos daría sus joyas, señora?
No, quiero que oigas esto.
¿Podría usted repetir lo que ha dicho?
Es que necesitamos unas cosas para construir los fundamentos
de la Nueva Jerusalén
y le he pedido a tu madre sus joyas.
Por aquí, san Pedro.
Házselo tú también, Mariví.
Por aquí le vamos a dar las joyas, san Pedro.
Doña Asunción no nos da sus joyas.
No podemos cimentar la Nueva Jerusalén.
En verdad os digo que no os entiendo.
¿Pero no os dais cuenta de que todo esto
que estáis haciendo es un puro sarcasmo?
¿El qué? Todo.
¿Cuántas veces os dije que El Apocalipsis es poesía
y que es imposible tomarlo al pie de la letra?
Hasta que esta mañana llegó usted.
Pues el Kennedy ese no sé si está aquí o no.
Comprenda usted que es imposible que me quede con los nombres
de todos los que entran.
Oiga, ¿y la Parilín no le suena?
¿Parilín?
No sé. Sí, hombre.
Entonces, según usted, ¿cómo está funcionando?
¿El apocalipsis?
Como un trueno.
Si de lo que se trata es de que nos manda a todos para acá,
ya ve, yo ya he llegado.
Pero siéntese, buen hombre, que me da no sé qué verlo ahí
de rodillas.
Perdone, padre,
pero me he enterado que había venido este señor
del mundo y me interesaba saber.
Este es mi hijo, Jesucristo.
Hombre, hombre.
El famoso Jesucristo.
Yo tenía que haber traído una estampa para que se viese.
Menuda diferencia.
Siéntese, siéntese.
¿Y el apocalipsis cómo lo ha visto usted?
¿Funciona? De eso estaba hablando con su padre.
Bueno, y con el Apóstol san Pedro.
Que el apocalipsis va muy bien.
A mí es que me borró enseguida.
y oí una voz por dentro que dice: "El apocalipsis, el apocalipsis"
y aquí estoy.
¿Y los demás?
Ya llegarán, no se preocupe.
Es que a mí me pilló un poco flojo
porque tengo que reconocerlo, es que yo bebo un poco.
¿Le preparamos el Juicio Final?
No, vamos a esperar a que se junten unos cuantos por lo menos.
Mejor cuando estén todos.
A mí me parece que el que haya venido este señor
del mundo y mucho antes de lo previsto
es buena señal, ¿no, padre?
Pitas, pitas.
Que sí, que es verdad, que ha venido uno.
Un señor, un señor, pero el Juicio Final no se hará
hasta que no estén todos para que no haya tanto gasto.
Y tampoco se sabe si van a ir llegando de uno en uno,
en grupos ni a qué hora llegan.
De todas maneras, lo vamos a sacar antes de comer a darle una vuelta
por si queréis verlo.
Ahora está hablando con Jesucristo y con su Padre.
Ven, ven a verlo.
En mi vida me han tratado tan bien.
Aquí está uno en la gloria.
Allí abajo o tienes cuartos o no te comes una rosca.
Quiero decir con la rosca que el vino ni lo catas.
¿Ha visto usted a mi Julián que iba en lo del apocalipsis?
No, señora, no lo he visto. Lo mío fue mayormente oír.
Oí unas cosas así por dentro, ¿sabe usted?
Es que mi Julián iba en un mulo haciendo de jinete, de peste,
de los cuatro que iba, el más apañado.
Moreno él, fuerte, pero como hacía mucho
que no se montaba en caballerías,
tengo miedo de que pueda pasarle algo.
¿Qué le va a pasar, señora? Vaya usted tranquila.
Oiga, buen hombre. ¿Vienen chicos majos?
Busquen ustedes por ahí.
¡Por allí viene gente!
¡Es verdad, que viene gente!
¿Me voy para la tribuna o para los carros?
No, usted, buen hombre, se va para los carros.
¡Vamos!
Vamos, por el amor de Dios. Venga, hombre. ¿Y ese cuello?
¡Cada uno a su sitio!
Vamos, a ver, ustedes.
Ustedes por este lado y ustedes, por este.
Como hemos ensayado.
Vamos, Leticia, vamos.
Apocalipsis.
Apocalipsis.
Fin de la historia.
Fin de la historia.
Juicio Final y carne resurrecta.
Juicio Final y carne resurrecta.
Buenas tardes.
(TODOS) Hola, buenas tardes. ¿Qué tal hemos hecho el viaje?
Muy bien, gracias.
¿Y por aquí qué tal estamos?
Bien, tirando, bueno, esperándoos.
Oye, ¿qué tal está yendo el apocalipsis?
¿Qué tengo que contestar a eso?
Lo que pienses sinceramente.
Sin miedo.
La verdad es que no tengo ni idea, para qué mentirte.
Ahora, si quieres hacerme otra pregunta...
Mira, para que te hagas una idea de las preguntas
la mayoría terminamos el bachillerato.
Ciencias todos, bueno, luego hay tres chicos
que estudiaron Económicas y una chica, Medicina.
¿Estabais en la Universidad cuando llegó el apocalipsis?
A eso sí se contestarte.
No, no estábamos en la Universidad, ¿cuándo qué?
Perdona, soy la de Medicina. Yo soy Jesucristo.
No, quería decirte, Jesucristo, que donde estábamos era en el baile
y entonces, fue cuando se desplomó el suelo
y que es por eso por lo que estamos tantos años
en el Purgatorio, por el baile y por el desplome.
¿Se puede saber a quién demonios se le ocurrió soltaros
del Purgatorio precisamente hoy? Al encargado.
Don Eusebio me parece que se llama. Don Eusebio, don Eusebio.
Un ganso es el don Eusebio ese, un simple, un Gedeón.
Dame el palomo.
¿A que en el Purgatorio también se baila mucho?
¿Y qué estabais bailando cuando se hundió el suelo?
¿Agarrados?
Pitágoras, que está allí en el Purgatorio,
se sabe de memoria los teléfonos de toda la cornisa cantábrica
pueblo por pueblo y se salta los de las casas de prostitución
y los que terminan en seis.
Pero Pitágoras no canta y san Isidoro, sí.
Cante usted el "Romance del gato" de Manolete.
No, por favor, pero si es una tontería.
Venga, maestro, no se haga de rogar.
Bueno, pues allá va.
Ay.
Manolete.
Manolete tuvo un gato.
Aquí se dice que como a más se goza, más que en el baile
es con la presencia de Dios,
que en latín es "conspectu Dei".
Lo que menos me han dicho es que si con la "conspectu Dei"
gozan más las muertas o los muertos.
Llamó tres veces al gato
y el gato a las nubes sube.
Ay.
Ay.
Sí, señor.
Y a mí que me emociona esta copla.
Ya sé que es una tontería, pero no lo puedo evitar.
Yo también estoy muy emocionado.
Me llevaron a casa de san José a comer y a conocerle.
Enseguida llegaron a tomar un cafetito
Jesucristo y su madre. ¿Cómo?
¿La Virgen María en casa de san José?
Y me hicieron una foto con toda la Sagrada Familia
al completo y quedamos mucho mejor.
Es que Jesucristo la revela en un periquete.
La mira así un rato y ya está.
Perdona, señor. ¿Qué queréis?
Veníamos este y yo hablándolo por el camino.
¿Cómo era aquello tuyo de: "Yo soy no sé qué no sé cuánto"?
Será lo de "Yo soy el pan de la vida y el que viene a mí,
no tendrá hambre" o "Yo soy la luz del mundo.
El que me sigue, no caminará en tinieblas".
Pero si me acuerdo de memoria, ¿cómo olvidará estas cosas?
También hay otra muy buena que dice: "Yo soy la puerta.
Si alguno entra por mí, se salvará.
Entrará y saldrá y encontrará paz".
Nos vamos a ir, maestro, que no queremos entretenerte.
¿Queréis alguna más?
No, te buscamos si nos hace falta, gracias.
¡Ahora sí que están aquí! ¡Que vienen de verdad!
¡Y traen a todo el mundo, venga, vamos a la plaza!
Bueno, ¿dónde hemos venido a caer?
¡Lo mismo que el otro día! ¡Venga, vamos!
¡Venga, cada uno a su lugar!
¡Vamos!
Oye, aquí no hay nadie.
Será que ha hecho efecto aquí también el apocalipsis.
A ver si nos los hemos cargado.
Yo lo que tengo es sed, chico.
(Aplausos y ovaciones)
Aleluya, aleluya.
¿Cuándo llegan los otros?
No hay más.
¿Cómo que no hay más?
Lo que yo le diga.
¿Pero qué ha pasado?
Que no hemos podido con ellos. Eran un montón y bien armados.
Con el pertrecho adecuado, munición moderna,
los últimos adelantos.
Se reían de las trompetas, nos han quitado los cálices.
Con lo bonitos que eran.
¿Se puede saber dónde está el resto? Se han quedado abajo, jefe.
¿Pero cuándo suben?
Pues cada uno cuando le llegue su hora, digo yo.
¿Que no han muerto?
De muertos, nada. Vivitos y coleando se han quedado allí.
Al dragón me lo cargué, eso sí. Yo por mi parte he cumplido.
¿Y qué ha pasado con los demás? Que no hemos podido con ellos.
Les dijimos a los curas y a los frailes
que nos echaran una mano y han dicho que nones.
Que lo nuestro lo mismo era cosa del diablo.
O sea, que tome usted nota.
Y los otros eran más y mejor preparados,
con armamento actual.
Si viera usted qué cosas han inventado...
Lo hacen todo con ordenadores.
Le dan a un botón y te machacan a 1000 kilómetros.
Tú ni los ves.
O sea, que una escaramuza como la nuestra
no te vale ni para cogerle rabia al que te dispara.
Como no sabes quién ha sido...
Y nosotros allí, con las espaditas, las trompetas, los cálices.
Que, por cierto, los cálices nos los han robado.
Entonces, ¿el fin del mundo...?
Eso ya depende de la consideración e importancia que quiera darle
al lance, pero haber, haber, esto es lo que hay.
¡No es justo!
Interpreto que usted es Dios.
Yo soy Esteban Ruiz del Río y afirmo que no es justo.
Y no lo es porque si lo que se pretendía
con este hecho de armas era acabar con la vida en la tierra,
el tal hecho de armas ha sido un fracaso rotundo.
Bueno, no tanto, no te pases tú.
San Pedro, pégale una patada en la boca al tío ese.
¿Quieres que intervenga, Dios?
Silencio.
Dejadle hablar.
No se puede perjudicar a una parte del género humano
exiguo, además, cuando el mal previsto
era para todos porque de hacerlo así,
se estaría cayendo en un agravio comparativo
indigno de la divinidad.
Pico de oro, cállate.
Elocuente, que eres un elocuente.
¡He dicho que silencio todo el mundo!
¡O desalojo!
Yo el Juicio Final lo hacía.
No podemos andar con nuestra gente para abajo y para arriba
La próxima vez dirán que naranjas de la China.
Sobre todo, después de lo que contó el Arcángel san Miguel.
Lleva razón el compañero. ¿Qué pasa?
¿Que esto del fin del mundo será ahora que al que le toque,
le toque? Ya está bien.
Esto va a ser lo que Dios quiera.
Nosotros estamos para hacer Su Santa Voluntad.
Muy bien, amigo botarate.
Pero la Santa Voluntad de Dios no puede querer nada injusto.
La Santa Voluntad de Dios puede hacer lo que le dé la gana.
¡No, señor!
Y usted que parece dárselas de exégeta,
en el fondo es un ignorante y un pelota.
¿Yo, un pelota? Y un tonto.
¿Y Jesucristo dónde está?
¿Es que no va a dar la cara?
Aquí estoy.
Yo estaba preparando una oposición a registradora de la propiedad,
que, de hecho, la tenía ya preparada.
Y ya en la vida más íntima, así las cosas más personales de una,
la verdad, llevaba tres meses sin ver a mi novio
y hoy que habíamos quedado, el apocalipsis me cogió a mí
y a él no, o sea, que la cita...
Hable usted ahora si quiere.
No mío es más simple.
No voy a estar a gusto aquí, eso es todo.
Bueno, me llamo Norberto y he venido obligado.
Soy ateo y me importa un bledo ver ahí a toda la directiva.
Voy a seguir de ateo porque me da la gana.
Con su permiso, señor presidente.
Principalmente, lo que quiero es una aclaración.
O sea, a mí me pilló el toro, el cuarto,
un manso pregonado por arrimarme
y lo que no sé es si eso es por cuenta del apocalipsis
o cosa del toreo nada más.
A mí interesarme, me interesa el toreo, claro,
para que diga en los libros: "Angelino Camuñas,
muerto en la plaza de toros por un toro de Concha y Sierra
de nombre Relojero, negro, meano, veleto y manso pregonado.
Con dos cojones, como un figura, madre".
(TODOS) Olé.
Y no que vayan a decir luego que morí del apocalipsis
como todo el mundo.
Ahora, si estos del apocalipsis volverán a la otra vida,
en ese caso, por poner un ejemplo, a lo mejor a mí me conviene más
que lo mío sí sea del apocalipsis, no sé si me explico.
¿Qué pasa?
Jesucristo, cuéntales una parábola.
No, déjate de parábolas que no estamos para parábolas.
Tampoco hace falta que diga nada.
Lo que queremos es que hagas algo.
¿Y qué queréis que haga?
Pues que nos sueltes. Me llamo Norberto.
Acuérdate, Norberto.
¿Qué hacemos? Yo qué sé.
El Juicio Final, ¿qué vais a hacer?
¿Pero qué Juicio Final ni qué gaitas?
¿Qué tiene esto de final?
¡No ves que son cuatro gatos?
que es para lo que se juntó aquí todo el pueblo
y el pueblo lo que quiere ver es como condenas a todos esos.
¿Pero qué disparates dices? La madre de Dios.
No, las señoras cuando se os calienta el pico,
sois peor que los tíos.
¿Pero no ves que se están riendo de todos nosotros?
No se están riendo de nadie, María. Déjalo ya.
Y llevan razón en muchas cosas.
¿Qué hacemos?
Si quieres que te diga la verdad, a estas alturas me da lo mismo
ocho que ochenta, el ridículo está hecho.
Y ahora no penques con toda la culpa,
que parece que te gusta.
¿Cómo estás?
No sé, bien.
Hablaré con el psicoanalista.
No sé, yo creo que estoy bien.
¿Acabamos ya con los secreticos?
¿A alguno se le ocurre algo?
Lo que sea. Si me permiten hablar...
Yo creo que tengo una solución.
Me explico:
Nosotros ya le hemos visto las orejas al lobo
y a nadie se le escapa que allí abajo hay mucho indiferente,
mucho incrédulo, mucho agnóstico, mucho ateo.
Pues bien, nosotros desde el torero a la opositora,
desde el obrero, que debe de ser este matado,
hasta el empresario y yo mismo me pongo como ejemplo,
nosotros, todos, repito, nos comprometemos solemnemente
a difundir, eso sí, con los medios y fuerzas a nuestro alcance
que hay otra vida, que hay que ser buenos,
que Dios, su familia y toda la corte celestial
son gente misericordiosa que no desean más que el bien
el género humano y que han querido con esta prueba, doble prueba,
de exterminio y perdón demostrar a cuantos habitamos en el universo
que, si quieren, pueden,
que lo mismo nos hunden que nos levantan
y, sobre todo, y, sobre todo, repito, nos aman, tienen compasión
de nosotros.
No vamos a encontrar mejor solución.
Ni mejor ocasión. ¿Qué te parece?
Que se haga tu voluntad, padre.
Hombre, más vale tarde que nunca.
De eso hablaremos tú y yo.
Vaya desastre de apocalipsis ese que habéis organizado.
Yo me limité a cumplir órdenes, o sea, que...
Órdenes, órdenes.
Un momentito, san Pedro, por favor.
Porque güisqui no tiene entonces, ¿verdad?
No, señor.
Cerveza, vino, gaseosa, mistela y refresco de naranja.
-Eso es lo que hay. -Pónganos usted dos cervezas.
Muy frías, por favor.
Me pagará un vinito para reconciliarnos.
A mí no me importa celebrar su éxito.
En otro momento, amigo.
¿No ve que estoy con la señorita?
Perdone que le diga, san Pedro, pero eso del apocalipsis
no es en lo que habíamos quedado.
Yo, chico, ¿qué quieres que haga? Donde hay patrón no manda marinero.
Cumplí órdenes.
Es todo lo que podía hacer.
Ya, todo lo que usted quiera, pero al que le saldrá la bebida
que traje por las orejas va a ser a mí. Menudo estoque tengo.
Padre, ¿qué hace usted aquí a estas horas?
Leyendo. Venga, lo acompaño a su casa.
Ya lo leerá mañana.
No, mañana no puede ser. Son libros prestados.
Me los ha dejado uno del apocalipsis.
Son libros de ateos, de Nietzsche, de Sartre.
Dicen que he muerto, que no existo.
Bueno, que no existo yo, ni tú, ni nada que huela a divino.
Son interesantísimos.
No tienes ni idea la de vueltas que le dieron a la cabeza
para escribir esto.
Tiene mucho mérito, no creas.
Padre, no lea eso, no vaya a ser el diablo
que termine gustándole.
¿Y me haga ateo?
Si no fuera una idea tan retorcida, me lo pensaría, fíjate.
A lo mejor era una solución.
Venga, padre, vámonos, que no son horas de estar aquí
de charleta y menos, leyendo.
Que se va a pillar cualquier mal.
No hay Dios que pueda conmigo.
Sartre es más lioso, pero este, Nietzsche es divertidísimo.
Parece que escribe a gritos, lanza las ideas como trompetazos,
con gran elocuencia
y no carece de profundidad.
Los empresarios machacan que machacan como siempre
y nosotros, los obreros, aguantando y aguantando.
¿Qué hace usted aquí, doña Asunción? Buscando a mi Mariví.
Por cierto, usted que, teóricamente, mantiene el orden
en este pueblo, ¿por qué no me dice dónde está?
Creo que fue a hacer de vientre, señora.
a ustedes el apocalipsis les ha quedado como el culo,
señor mío. ¿Y a mí qué me cuenta?
Eso dígaselo a los responsables.
Ya me has negado otra vez, Pedro.
Más o menos.
¿Tres veces también?
Tres no, cuatro.
Es que no hacen más que meterse conmigo.
Venga, no seas tonto, no llores. No les hagas caso.
Estás estupendamente y muy guapa.
No creas.
Últimamente se me agrió mucho el carácter, fíjate.
Me he dado cuenta hoy.
De repente, se me ha metido en la cabeza
que le tenía que hacer el Juicio Final a todos esos
y no sabes la perra que me entró.
Irá en días, como todo el mundo.
También creo que ya tendrían que estar juzgados,
pero los tiempos son los tiempos.
Antes ya estarían juzgados, condenados y ardiendo, pero todos.
¿Has visto qué manera de hablar y de decir impertinencias?
San José, ¿y no será que nosotros estamos un poco anticuados?
Yo sí, desde luego.
Pero tú no, qué va.
Ese traje te sienta divinamente y como siempre fuiste un poco pálida,
el gris es lo que tiene.
Ay, madre mía.
Esto aquí es un disparate como la copa de un pino
y una temeridad.
Pero tú aquí durarás muy poco, niña.
¿Pero qué estás pensando, loco?
Te vienes conmigo mañana de vuelta al mundo.
¿Para casarnos?
Para lo que haga falta, criatura.
De entrada, te colocaré al frente de la sección de corsetería
de mi comercio.
¿Quién sabe si con el tiempo lo mismo te haces cargo
de toda la tienda?
¿Qué te parece?
Mira que me juego el no poder volver aquí.
Pero vas a vivir.
A vivir, ¿entiendes?
Y al lado mío, ahí es nada.
Como una reina.
Pero qué canalla eres, Ruiz del Río.
Dios.
¿Qué quieres, hija?
¿Sabe usted quién soy?
Pues así con esta luz...
Soy la Lola, la que no me dejé anunciar.
Hombre, la Lola.
La que no quería saber nada de mí.
Es que he cambiado de idea.
Si a usted le apetece, en vista de cómo salió esto del apocalipsis,
a mí no me importaría tener un crío suyo.
Y si usted me da.
Este sería mi san José.
Que es que no vivo en Madrid, que vivo en Móstoles
y usted no se hace idea de lo que es eso.
Calle.
Mire, usted se acerca a la Corredera Alta,
de las dos, a la alta y pregunta por Anselmo.
Anselmo es mi cuñado, mi hermana se llama Iluminada.
El nombre se lo puso la abuela porque se empeñó.
Y les dice que yo no vuelvo.
Y a mi cuñado que deje el coñac y que se acostumbre a tomar vino,
que aquí no hay otra cosa.
¿Pero cree de verdad que bajaré desde Móstoles
a dar semejante recado?
Al final la decisión la tomó san Isidoro.
Me dijo: "Mira, vuelves allí y lo aclaras todo con los médicos".
Y a eso voy, a que me digan ellos de qué he muerto.
Vamos, denos algo, señorito.
Me vais a dar el viajecito.
¿Pero por qué no os quedasteis ahí, que estabais en la gloria
En vez de volver al mundo aquel, miserable, lleno de injusticia?
Yo que vosotros... Vamos, vamos.
Me ha dado pereza volver otra vez allí con la mujer,
con la miseria.
Y que le ha cogido gusto al cielo. Si es natural, hombre.
Y algún fin de semana nos vamos a ir a Francia.
Allí tienen una cosa que se llama "Pennau".
Lo va a probar usted.
Y hablando de...
No se debe hacer ni son horas, pero un día es un día.
Pero hombre, san Pedro, usted sí que es un gran amigo.
Y hablando de extraordinarios,
¿no podía haber hoy vermú con ginebra?
Usted mismo lo ha dicho, un día es un día.
Estoy seguro de que los angelitos se han liado.
Si el cabezón de san Juan Evangelista
hubiera hecho una versión más sencillita
del puñetero Apocalipsis...
No sé, como un manual para la cría de champiñones,
por ejemplo.
¿Qué salida le damos a esto, doctor?
¿Un diluvio?
¿Y tú, palomo, qué miras?
El alpiste.
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