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♪ "Y estaba yo muriéndome de pena. ♪

♪ De pena. ♪

♪ De pena.” ♪

♪ “Y estaba yo muriéndome de pena. ♪

♪ De pena. De pena.” ♪

(GRITA) ¡Ah!

Eva.

¿Me oyes?

Sí.

Es la hora.

Tengo que irme.

¿No quieres un vaso de leche?

¿Para qué?

Trabajas mucho

y no deberías trabajar tanto.

Cuand los hombres delgados,

son fuertes, como el acero.

Ese no es tu caso.

Eras diferente cuando nos casamos.

Y tú también lo eras.

Tienes la cara blanca,

como si no te diera en ella el sol.

Me gustaría ir a la playa contigo a nadar.

O subirnos a un tejado cuando llueve.

Como antes.

Nada puede ser como antes.

Hace cinco años que nos casamos.

Y tu cara cada vez está más triste y delgada,

como si te estuvieras deshacieno.

- ¿Has terminado? - No te lo tomes a mal.

No lo hago, pero prefiero dejar el tema.

Si estuviera enferma, me gustaría que me cuidases.

Mi mujer está enferma. Voy a matar este cordero

para hacerle un buen guiso de carne.

Voy a hervir esta gallina para aliviar su pecho.

Voy a llevarle esta piel de oveja para envolver

sus pies fríos en ella. Así soy yo... por eso te cuido.

- Y yo te lo agradezco. - Pero no te dejas.

Cuando tu padre era embajador, me eligió por ser el más fuerte.

No estoy enfermo.

- Bueno, lo pareces. - Son suposiciones tuyas.

Trabajo mucho y cada año seré más viejo.

Cada año. Tú y yo seguiremos aquí cada año.

♪ "Y estaba yo muriéndome de pena. ♪

♪ De pena. De pena”. ♪

¿Por qué esa mirada tan triste, Eva?

El trabajo está yendo bien.

Mi carrera política está a punto de despegar.

No tenemos hijos de los que preocuparnos.

No tenemos hijos, John.

John...

Dime.

¿Es que yo no te quiero a ti?

No.

Tu amor por mí es fuerte.

He... oído de muchachas que han temblado

y llorado antes de entrar en la cama con sus maridos.

¿Lloré yo la primera vez que me acosté contigo?

No.

Mi madre lloró porque...

no sentí separarme de ella.

Y era verdad.

Nadie se casó con más alegría. Y sin embargo...

Por favor, déjalo ya.

Muy bien. Yo ya me callo.

Y sin embargo...

Demasiado trabajo tengo yo

para oír en cada momento.

No.

No me repitas lo que dicen.

A fuerza de caer la lluvia sobre las piedras

se ablandan... convirtiéndose en barro,

que las gentes dicen que no sirven para nada.

Puede que las semillas tampoco.

Pero yo veo mover sus flores amarillas en el aire.

- Hay que esperar. - Estoy cansada de esperar.

No, Eva.

No es el mejor momento.

Nunca lo es.

Si necesitas algo, me lo dices y lo traeré.

Ya sabes que no me gusta que salgas.

Nunca salgo.

Estás mejor aquí en casa.

La calle es para gente despreocupada.

Sí, claro.

♪ “Y estaba yo muriéndome de pena. ♪

♪ De pena. De pena". ♪

♪ "¿De dónde vienes, amor, mi niño? ♪

♪ De la cresta del duro frío. ♪

♪ ¿Qué necesitas, amor, mi niño? ♪

♪ La tibia tela de tu vestido. ♪

♪ Que se agiten los ramos al sol ♪

♪ y salten las fuentes alrededor". ♪

- Buenos días, niña del viento. - Buenos días, señor.

Señora, le traigo el encargo que me hizo. Está en la bolsa.

Oh. Gracias, María.

Ocúpate de la cocina.

- Ah. - ¿Te encuentras bien?

- Sí, señora. - Entonces, ¿qué te pasa?

No es nada, señora. Ya me encuentro mejor.

(Gritos)

¡María!

Yo, realmente, no quería, pero aquí está.

- ¿Cómo te sientes? - No lo sé.

- Preocupada. - ¿Preocupada?

¿Pero cuándo ocurrió?

- Dime. ¿No lo esperabas? - No.

- No lo esperaba. ¡Dios mío! - No llores, mujer.

Yo solo quiero saber cómo te diste cuenta.

Mi abuela solía decir que tienes que cantar,

si quieres quedarte embarazada.

-Yo canto. ¿Cantas tú?

¿No has tenido nunca un pájaro vivo en tus manos?

Sí. Cuando era niña.

Pues lo mismo, pero dentro de ti.

- Muy dentro. - Qué hermosura.

Estoy llena de ansiedad, confusa.

¿De qué?

De lo que tengo que hacer.

- Le preguntaré a mi madre. - ¿Para qué?

¿No es mayor ya?

Probablemente, habrá olvidado esas cosas.

No andes mucho y cuando respires, respira tan suave

como si tuvieras una rosa entre los dientes.

He oído que, más adelante,

te empuja suavemente con las piernecitas.

Y, entonces, es cuando se le quiere más.

Lo sentirás y dirás: "¡Es mi hijo!"

- Estoy avergonzada. - ¿Por qué?

- ¿Qué dice tu novio? - Nada.

- ¿Te quiere mucho? - No me lo dice.

Pero se pone junto a mí

y sus ojos tiemblan como dos hojas peces.

- ¿Quería ser padre? - No lo sé.

Está tan conmocionado como yo.

Pero la primera noche que nos fundimos en uno,

hace solo unos meses,

me decía que me amaba,

con su boca puesta en mi mejilla.

Me parece que mi niño es un palomo de lumbre

que él me deslizó por la oreja.

Dichosa.

Pero seguro que tú estás más enterada que yo de esto.

Es verdad. ¿Por qué será eso?

De todas las novias de tu tiempo, tú eres la única que...

¿De qué me sirve? Desde luego. Sí. Todavía estoy a tiempo.

Una de mis amigas tardó tres años.

Otras del tiempo de mi madre, incluso más.

Pero yo llevo esperando demasiado.

Pienso que no es justo que me consumo así.

Muchas veces, salgo descalza al patio

para sentir la tierra bajo mis pies.

Si sigo así, acabaré volviéndome loca.

Hablas como si fueras una vieja.

¡Dios mío! Nadie debería quejarse de esas cosas.

Una hermana de mi madre lo tuvo a los 14 años de matrimonio.

Y si vieras qué hermosura de niño.

-¿Y qué hacía? -Lloraba como un torito.

Con la fuerza de mil cigarras cantando a la vez.

Y nos orinaba y nos tiraba de las trenzas.

Y cuando tuvo cuatro meses, nos llenaba la cara de arañazos.

Pero esas cosas no duelen.

Yo he visto a mi prima dar de mamar a su niño

con el pecho lleno de grietas.

Le producía un gran dolor. Sí.

Pero era agradable, un dolor fresco,

bueno para la salud.

Dicen que con los hijos se sufre mucho.

Es mentira. Eso lo dicen las madres débiles.

¿Para qué los tienen?

Tener un hijo no es tener un ramo de rosas.

Hemos de sufrir para verlos crecer.

(SUSPIRA) Yo pienso que se nos va

la mitad de nuestra sangre.

Pero esto es bueno, sano y hermoso.

Cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos.

Pero cuando no los pares, esa sangre se vuelve veneno.

Como me va a pasar a mí.

Yo no sé lo que tengo, pero no me encuentro bien.

Tienes el susto de las madres primerizas.

Qué envidia.

Como tú cosas tan bien, me gustaría que...

(RÍE)

No te preocupes. Te cortaré los trajecitos.

Bien. Gracias.

- Entonces, hasta luego. - Eh, eh. Ten cuidado, eh.

No corras por las piedras de la calle.

- Adiós - Adiós. Vuelve pronto.

Muy bien. Magnífico trabajo.

Tú... Tú cada vez te sientes más seca por dentro

y más frustrada.

Y ya no aguantas a tu marido. Eh.

♪ "Y estaba yo muriéndome de pena. ♪

♪ De pena. De pena". ♪

Dile a tu marido que piense menos en el trabajo.

Quiere juntar dinero y lo juntará.

¿Pero a quién lo va a dejar cuando se muera?

Yo me voy con las ovejas.

Le dices a Juan que recoja las dos que me compró.

Y en cuanto a lo otro, que ahonde.

Eso es.

Tengo que esforzarme más.

Mucho más.

♪ "Te diré, niño mío, que sí. ♪

♪ Tronchada y rota soy para ti. ♪

♪ Cómo me duele esta cintura, ♪

♪ donde tendrás primera cuna. ♪

♪ ¿Cuándo, mi niño, vas a venir? ♪

♪ Cuando tu carne… ♪

♪ huela a jazmín”. ♪

- Buenas noches. - Hola.

Pareces muy cansada. ¿De dónde vienes?

- De acompañar a mi esposo. - ¿Llevas mucho tiempo casada?

- Cinco años. - ¿Tienes hijos?

- No. - Ya tendrás.

- ¿Usted cree? - ¿Por qué no?

También yo estoy cansada de acompañar a veces a mi marido.

Es viejo y todavía trabaja.

El mío es ahora muy ambicioso.

Quiere ser el gran político.

Tengo nueve hijos, pero como ninguno es hembra,

aquí me tienes a mí de un lado para otro, sin descanso.

Sin descanso.

Bueno, chicos. Muchísimas gracias. Hasta mañana.

Que descanséis.

Vivo al otro lado de la ciudad. ¿Y tú?

A las afueras.

Esta ciudad ha cambiado demasiado. Ya no es como antes.

Yo no sé cómo era antes.

He vivido en el extranjero muchos años.

Vine aquí por mi marido.

¿Y por eso estás triste?

Yo he tenido dos maridos, catorce hijos.

Cinco muriendo. Y, sin embargo, no estoy triste

y quisiera vivir muchos años más.

Somos muy diferentes.

No te creas. Todas las mujeres somos parecidas.

Queremos las mismas cosas y luchamos por ellas.

Yo… quisiera hacerle una pregunta.

Ya sé lo que me vas a preguntar. Pero de estas cosas

no se puede decir palabra.

¿Por qué no?

Me ha dado confianza el oírle hablar.

Hace tiempo que estoy deseando

tener conversación con una mujer vieja,

porque yo quiero conocer...

¿Qué?

Lo que usted sabe.

Haz la pregunta de una vez.

¿Por qué yo estoy seca? Dígame lo que tengo que hacer.

Que yo lo haré, aunque me mande clavarme agujas en mis ojos.

Yo no sé nada. Los hijos llegan como el agua.

Pero déjame, muchacha.

No me hagas hablar. Pienso muchas ideas

que no quiero decir.

¿Por qué?

Oye. ¿A ti te gusta tu marido?

- ¿Cómo? - Que si lo quieres.

Si deseas estar con él. No sé.

Ahora, ya no sé.

¿No tiemblas cuando se acerca a ti?

¿No te da así como un sueño cuando acerca sus labios?

- Dime. - No.

- No lo he sentido nunca. - ¿Nunca?

Quizás, una vez con Víctor.

Que no es tu marido, por supuesto.

John es diferente.

Mi padre me lo presentó en Madrid.

Y yo lo acepté con alegría. Esa es la verdad.

El primer día que comencé a ser su novia,

yo ya pensaba en los hijos.

Quizás, por eso no has parido.

Los hombres han de gustar, mi niña.

Han de deshacernos las trenzas

y darnos de beber agua en su misma boca.

Yo lo intento.

Me entregué a mi marido, pensando en mi hijo.

Y me sigo entregando.

Pero el niño no llega.

- Porque estás vacía. - No. Vacía no.

Porque me estoy llenando de odio.

¿Pero tengo yo la culpa?

¿Es preciso buscar en el hombre al hombre nada más?

Entonces, ¿qué vas a pensar cuando te deja en la cama

con los ojos tristes mirando al techo

y da media vuelta y se duerme?

¿He de quedarme pensando en él?

Yo no sé. Dígamelo usted.

Qué hermosa eres. Pero déjame ahora.

No quiero hablarte más.

Son asuntos de honra y yo no quemo la honra de nadie.

Solo quiero que me ayude.

Tú sabrás. De todos modos, deberías ser menos inocente.

Calla y no dice nada.

Sabiéndolo todo con aire de doctora.

Pero negándolo a la que se muere de sed.

A una mujer serena, le hablaría. Pero a ti no.

Soy vieja y sé lo que digo.

Que Dios me ampare. Oh, Dios no.

A mí no me ha gustado nunca Dios.

¿Cuándo os vais a dar cuenta de que Dios no existe?

Son los hombres los que tienen que amparar.

¿Por qué me dice eso?

Debería haber Dios, aunque fuera pequeño,

para que mandara rayos contra los hombres de simiente podrida

que encharcan la alegría de los campos.

No sé lo que me quiere decir.

Bueno, yo me entiendo.

Gracias. Gracias.

Gracias.

¿Has visto a mi esposa?

¿Eva? Eva, soy yo, Víctor.

¿Es que ya no me recuerdas?

Imposible olvidarte, Víctor.

Fuiste mi mejor profesor.

¿Solo por eso me recuerdas?

Tú fuiste la mejor actriz

de la Escuela Universitaria de Teatro.

No. Yo solo fingía.

En eso consiste la actuación, ¿no?, en mentir.

Bueno, si lo quieres decir así...

Pues había mucha verdad en cada una de tus mentiras.

Mucha verdad y mucha pasión.

La vida sin pasión no merece la pena ser vivida.

O, al menos, eso decías en tus clases.

Todavía no entiendo cómo decidiste alejarte de ese camino

para casarte con John.

Quería ser esposa y madre.

Eso no es verdad.

Fue tu padre, el embajador, quien eligió por ti.

John era un hombre rico y con futuro.

Y yo un pobre profesor de teatro.

Era mi deber como hija.

Supongo que, a estas alturas, tendrás,

al menos, tres hijos o más.

No. Ninguno.

Estoy montando una obra de Lorca.

(RÍE) Lorca. Siempre Lorca.

- Mi autor favorito. - Lo sé. Lo recuerdo todo.

Podrías ayudarme, si quieres, con la escenografía del montaje.

Como cuando eras estudiante.

No, Víctor. Ya no soy estudiante.

Aquello quedó atrás.

Sería divertido.

Y recordaríamos viejos tiempos.

Tiempos… que nunca podrán repetirse.

¿Qué haces aquí?

¿De dónde vienes?

Hablaba con una mujer en el parque.

No tenías que haberte ido de la fiesta.

O, al menos, haber estado en casa esperándome.

Me entretuve.

No comprendo en qué.

Así darás mucho que hablar a las gentes.

¿Qué quieres decir?

No lo estoy diciendo por ti. Lo digo por las gentes.

Ahora eres la esposa de un candidato.

Puñalada den a las gentes.

No maldigas. Está feo en una mujer.

Ojalá fuera una mujer.

Vamos a dejarnos de conversaciones.

Y vete a la cama.

- ¿Y tú? - Iré más tarde.

No me apetece dormir ahora.

A mí tampoco.

¡Te he dicho que ahora te vayas a dormir!

Ah....

(RÍEN)

♪ “Otra letra más que se escribe sola sin necesidad. ♪

♪ Otra letra más que se escribe sola sin necesidad. ♪

♪ Otra letra más que se escribe sola sin necesidad”. ♪

A mí no me gusta hablar.

Bueno, pero aquí se habla.

Y no hay mal en ello.

La que quiera honra, que la gane.

Yo planté un tomillo,

yo lo vi crecer,

El que quiera honra que se porte bien.

No hay duda de eso.

Así se habla.

Lo cierto es que no hay nada seguro.

Lo cierto es que el marido se ha llevado a vivir con ellos

a sus dos hermanas.

¡Las solteras!

Eh, sí.

Estaban encargadas de cuidar la iglesia

y ahora cuidarán a su cuñada.

Yo no podría vivir así.

¿Por qué?

Porque da mucho miedo.

Son como esas hojas grandes

que nacen de pronto sobre los sepulcros.

Están untadas con cera, metidas hacia dentro.

Se guisan su comida con el aceite de las lámparas.

¿Pero se puede saber qué es lo que ha ocurrido?

Pues que su marido no se fía.

¿Y por qué no?

A la señora parece que le cuesta trabajo estar en casa.

Bueno, estas ricachonas son así.

Cuando podían estar haciendo encajes o confituras,

les gusta subirse al tejado y andar descalzas mojándose.

(RÍE)

Ella no tiene hijos, pero seguro que no es por su culpa.

Tiene hijos la que quiere tenerlos, pero las flojas no sirven

para llevar el vientre arrugado.

(RÍEN)

Y se echan polvos de blancura y colorete.

Y se prenden ramos de adelfa

en busca de otro que no es su marido.

¿Pero vosotras le habéis visto con otro hombre?

Nosotras no, pero las gentes sí.

(RÍE)

Siempre las gentes.

¿Y qué es lo que hacían?

Hablaban.

Hablar no es pecado.

Hay una cosa en el mundo que es la mirada.

Mi madre me lo decía.

No es lo mismo una mujer mirando a unas rosas

que a los muslos de un hombre.

- Ella lo mira. - ¿A quién mira?

A uno.

Y, cuando no lo mira porque no lo tiene delante,

lo lleva retratado en los ojos.

¿Y qué pasa con el marido?

El marido está como sordo,

parado como un lagarto puesto al sol.

Todo esto se arreglaría si tuviera criaturas.

Elijo este, me gusta.

Él tiene la culpa. Cuando un padre no da hijos,

tiene obligación de cuidar a su mujer.

¡La culpa es de ella! Que tiene por lengua un pedernal.

¿Qué se te ha metido entre los cabellos para que hables así?

Con una aguja de hacer calceta ensartaría yo

las lenguas murmuradoras.

Excelente, es todo por hoy.

Mañana continuaremos desde aquí. Gracias.

¿Desde cuándo estabas aquí? No quería molestarte.

Tú siempre tan prudente.

Dime, ¿sigues queriendo que te ayude?

¿Dices que salió hace poco?

No sé, debe de estar en el parque.

Pero ya sabes que no me gusta que mi mujer salga sola de casa.

¡Estoy harto!

Ella no viene y yo me mato a trabajar.

Mi pan está fuera de esta casa, pero mi honra está aquí.

Ah...

¿Vienes del mercado?

Eh, sí, quería comprarte algunas cosas

para prepararte una comida.

No puedo comer.

- Debo volver al trabajo. - Quédate un poco, por favor.

No.

Sabes qué tengo que hacer.

Cada hombre convive con su vida.

Y cada mujer con la suya, creo que puedes vivir en paz.

Para vivir en paz hay que estar tranquilo.

- ¿Y tú no lo estás? - No lo estoy.

Conoces mi modo de ser.

Las ovejas en el redil y las mujeres en su casa.

Tú sales demasiado.

Las mujeres en sus casas

cuando las casas no son tumbas,

cuando las sillas se rompen

y las sábanas de hilo se gastan con el uso.

Pero aquí no.

Cada noche, cuando me acuesto, encuentro mi cama más nueva,

más reluciente, como si estuviera recién traída.

Tú sabes que llevo razón al quejarme,

que tengo motivos para estar alerta.

¿Alerta?

¿De qué?

En nada te ofendo,

vivo sumisa a ti y lo que sufro lo guardo

pegado a mis carnes. Y cada día que pase será peor.

-¡Eva! - Vamos a callarnos.

Yo sabré llevar mi cruz como mejor pueda.

Pero no me preguntes nada.

Si pudiera volverme vieja

y tuviera la boca como una flor machacada,

te podría sonreír.

Pero, ahora, déjame con mis clavos.

¡No te entiendo!

No te privo de nada,

te compro las cosas que te gustan.

Solo quiero dormir fuera y pensar que tú también duermes.

Pero yo no duermo, ¡yo no puedo dormir!

¿Es que te falta algo?

Dime.

¡Contesta! ¡Sí, me falta!

Ah...

Siempre lo mismo, los niños.

Todos los días la misma cantinela.

Yo casi lo tengo olvidado.

Pero yo no soy tú.

Los hombres tienen otra vida:

Su trabajo, viajes, camaradas...

Las mujeres estamos para parir y criar a los hijos.

Vives continuamente obsesionada,

como lo del desván.

- ¿Qué desván? - Ven.

¡Esta es una habitación vacía!

No un cuarto de bebé.

No sabes lo que dices.

Lo sé perfectamente.

Y también sé que, estando a tu lado,

no se siente más que inquietud y desasosiego.

Deberías resignarte.

Cuando tenga la cabeza atada con un pañuelo,

para que no se me abra la boca.

Y las manos amarradas dentro del ataúd,

entonces me habré resignado.

Bueno, ¿y qué quieres hacer?

Quiero subir al monte y no tengo pies.

Quiero bordar mis enaguas

y no encuentro los hilos.

♪ “En el arroyo frío ♪

♪ lavo tu cinta. ♪

♪ Como un jazmín caliente ♪

♪ tienes la risa. ♪

♪ En el arroyo frío ♪

♪ lavo tu cinta. ♪

♪ Como un jazmín caliente ♪

♪ tienes la risa”. ♪

Gracias, María, por acompañarme.

Me sentía sobrepasada.

- ¿Se encuentra bien, señora? - Sí.

Estaba pensando,

y maldita la hora que dejé volar mi imaginación.

Me apena verla así.

Solo es envidia.

Mezquina y cruel envidia la que te tengo, María.

No se queje, por favor.

¿Cómo no me voy a quejar

viéndote a ti y a otras llenas por dentro de flores?

Pero tiene otras cosas.

Si me escuchara, podría ser feliz.

La mujer que no da hijos es inútil como un manojo de espinos.

Y mejor que no te toque nunca más.

Yo no tengo manos de madre.

¿Por qué dice eso?

Porque estoy harta, estoy harta de tenerlas

y no poder usarlas, me siento humillada, ofendida.

- ¿Por qué? - Las fuentes no cesan de dar agua,

las ovejas paren a sus corderos,

las perras también lo hacen.

Yo siento dos golpes de martillo aquí,

en lugar de la boca de mi niño.

No me gusta lo que dice, señora.

Las mujeres que tienen niños

no pueden pensar en la que no lo tenemos.

Os quedáis frescas, ignorantes,

como el que nada en agua dulce nunca tendrá sed.

Debe superar esa desazón.

Cada vez tengo más deseos y menos esperanzas.

Acabaré creyendo que yo misma soy mi hijo.

- ¿Cuándo vas a intentar ser feliz? - No te preocupes.

Estoy disfrutando ayudándote con la obra.

- Podrías hacer algo más. - ¿Qué más puedo hacer?

¿Vivir una vida que no es mía

para escapar de una realidad que me asfixia?

Exacto.

Por eso quiero proponerte algo.

¿Te gustaría ser María?

¿Cómo dices?

La actriz se marcha a Estados Unidos.

Le han ofrecido un contrato para rodar allí una película.

Debo sustituirla y he pensado en ti.

¡No puedo, Víctor!

¡Claro que puedes!

Solo has de querer hacerlo.

No es tan fácil.

Solo tienes que guiarte por tu instinto

y dejar atrás los prejuicios.

¿Por qué no te dejas llevar por una vez?

Creen que me puede gustar otro hombre,

pero no saben que, aunque me gustara,

para una persona como yo,

¡lo primero es la honradez!

Son como piedras delante de mí.

¡Pero ellas no saben que, si yo quisiera,

podría ser como un torrente de agua y arrastrarlas a todas!

De todas maneras, creo que tu marido te sigue queriendo.

¿Mi marido?

Mi marido me da pan y casa.

¡Ah!

Se ha despertado.

¡Ah! (LLORA)

Dentro de poco empezará a cantar.

(RÍE)

(GRITA)

(Aplausos)

Este es un gran país y merecemos lo mejor.

Y prometo guiar a este partido hacia un futuro mejor.

(Aplausos)

Ah, gracias por venir conmigo.

Te acompañaría hasta el fin del mundo.

Ah...

John se alegrará mucho de verte.

¡Hola, Víctor!

Ha pasado mucho tiempo.

Sí.

Oh, siento que te vayas y no podamos recordar viejos tiempos.

¿Que te vas?

Después de estrenar "Yerma" en la ciudad.

Viajas a España, ¿no?

Seguramente.

No lo sabía.

Así lo quiere la compañía teatral.

¡Ah! Haces bien en cambiar.

En el fondo, todos los teatros son iguales.

Yo también me iría muy lejos, lo mismo que tú.

Es todo lo mismo,

las mismas ovejas tienen la misma lana.

Aunque algunas cosas siempre pueden cambiar.

Y otras nunca cambian.

Hay cosas encerradas detrás de los muros

que no pueden cambiar porque nadie las oye.

Así es como debe ser.

Pero, si salieran de pronto y gritaran,

llenaría el mundo con mi angustia.

(NARRA) Te diré, niño mío, que sí.

Tronchada y rota soy para ti.

Cómo me duele esta cintura

donde tendrás primera cuna.

¿Cuándo, mi niño, vas a venir?

Cuando tu carne huela a jazmín.

Ah...

- ¿Se encuentra bien? - ¡Ah!

Sí, me quedé dormida.

(Suena el móvil)

Gracias.

¡Hola, Víctor!

Entonces, tampoco el nuevo tratamiento.

¿No hay solución?

No, lamento decírtelo.

Algunos no estáis llamados para poder traer hijos al mundo.

¿Y tanta simiente estéril para qué?

Solo tiempo perdido.

Sin esperanza.

Es como cuando el viento sopla sin sentido,

los cereales se mueven para todas partes,

pero el grano no se esparce por sitio alguno.

Yo no tengo el interés que tiene mi esposa por un hijo.

Pues tendrás que hablar algún día con ella.

Yo no veo más posibilidades.

Es muy posible que ya no sirvan las palabras.

(Se oyen palmas y taconeos)

Ah...

Ah...

Ah...

(GIMEN)

¡Oh!

¡Ah!

♪ “Y estaba yo muriéndome de pena. ♪

♪ De pena. De pena”. ♪

¡No eres una buena esposa, buscas arruinarme!

Yo no sé quién soy.

Déjame andar y desahogarme,

en nada te he faltado.

No me gusta que la gente me señale,

por eso quiero ver cerrada esa puerta.

Y cada persona en su casa.

Hablar con la gente no es pecado.

Pero puede parecerlo.

Cuando la gente te dé conversación, procura cerrar la boca

y pensar que eres una mujer casada.

Casada...

La honra de una familia es una carga

que se lleva entre todos,

pero que está oscura entre los caños de la sangre.

Perdóname.

Me miras de un modo que no debería perdonarte,

sino obligarte y encerrarte,

porque para eso soy tu marido.

♪ “Ay, ay, ay, ah…”. ♪

Ah...

Este es un gran país

y merecemos lo mejor.

¿A que no sabes lo que he comprado?

Café para el desayuno, azúcar, panes.

No, he comprado encajes, tres varas de hilo y...

Lanas de color para hacer madroños.

(RÍE) Gracias.

¿Es que te vas a hacer una blusa?

No, es porque...

¿Sabes?

Ya ha llegado.

- Ya estás de cinco meses. - Sí.

El fruto viene a las manos del trabajador que lo busca.

(NARRA) Ya no tenemos sitio donde meter tantas ovejas.

La tierra es grande.

Iremos juntos hasta el arroyo.

Deseo la mayor felicidad para esta casa.

Que Dios te oiga.

Mucha salud.

Vámonos.

(AMBAS) ¡Yerma, Yerma, Yerma!

(Aplausos)

Supongo que esto es una despedida, ¿no?

Mañana a primera hora viajo a España.

Que tengas un buen viaje.

- ¿Por qué no quisiste…? - Porque soy una mujer casada.

Adiós, Eva.

Llámame Yerma.

Esa soy yo.

Ha llegado el día, muchacha.

Tú pediste me ayuda, ¿no lo recuerdas?

Sí.

Será esta noche, vendrás a mi casa.

No temas, muchacha, sé fuerte.

Que la tierra baldía se convierta en campo fértil.

(Música)

No hay en el mundo fuerza como la del deseo.

-¿Te encuentras bien?

-Yo he hecho estas invocaciones

con mujeres que ansiaban críos y todas han pasado miedo.

Todas, menos tú.

Yo solo pienso en el resultado.

- Creo que no eres mujer engañadora. - No soy, que mi lengua

se llene de hormigas como están

las bocas de los muertos si alguna vez he mentido.

La última vez hice la invocación

con una mujer mendicante que estaba seca más tiempo que tú.

Y se le endulzó el vientre de manera tan hermosa

que tuvo dos criaturas ahí abajo, en el río,

porque no le daba tiempo de llegar a la casa.

Y ella misma las trajo

en un pañal para que yo las arreglase.

Llegó con los zapatos

y las enaguas bañadas en sangre, pero, con la cara reluciente.

¿Y no le pasó nada?

¿Qué le iba a pasar? No le podía ocurrir nada,

sino coger a las criaturas y lavarlas con agua viva.

Los animales los lamen, ¿verdad?

A mí, no me da asco mi hijo.

Tengo la idea de que las recién paridas

están iluminadas por dentro.

Y los niños se duermen horas y horas sobre ellas

oyendo ese arrollo de leche tibia

que llenan los pechos para que ellos mamen.

Para que ellos jueguen hasta que no quieran más.

Hasta que retiren la cabeza

y se les llene la cara y el pecho de gotas blancas.

Ahora, tendrás un hijo, te lo puedo asegurar.

Lo tendré porque lo tengo que tener.

O no entiendo este mundo.

Cuando pienso que nunca podré tener un hijo,

me sube como una oleada de fuego por los pies

y siento un gran vacío.

Y los hombres en las calles,

así como los animales y las piedras,

me parecen como cosas de algodón.

Y me pregunto: "¿por qué estarán ahí puestos?".

Lo importante de este mundo es dejarse llevar por los años.

Estás vieja y lo ves todo como un libro leído.

Tengo sed y no tengo libertad,

yo quiero tener en brazos

a mi hijo para dormir tranquila y...

Óyelo bien, y no te espantes de lo que digo,

aunque yo supiera que mi hijo

me iba a martirizar, después, y me iba a odiar,

y me iba a llevar de los cabellos por las calles,

recibiría con gozo su nacimiento,

porque es mucho mejor llorar por un hombre vivo que nos apuñala

que llorar, año tras año,

por este fantasma encima de mi corazón.

Esta noche yacerás con tu marido y muy pronto serás madre.

No te preocupes,

no pienso preguntarte dónde has estado todo el día.

No he hecho nada malo.

Estoy aquí.

Escucha...

Si pudiera gritar, despertaría a todos

para que vieran dónde iba la honra de mi casa,

pero, he de ahogarlo y callarme porque eres mi mujer.

Si pudiera, yo, también, gritaría para que se levantaran

los muertos y vieran esta limpieza que me cubre.

No, eso no, hace mucho tiempo que no confío en ti.

Me engañas, me envuelves,

y ya no tengo ideas

para poder detener tus astucias, tus mentiras.

No he hecho nada malo.

Lo haces desde el mismo día de la boda

mirándome con dos agujas.

Pasando las noches en vela con los ojos abiertos

y llenando de malos suspiros mis almohadas.

- Cállate. - No puedo más.

Se necesita ser de bronce para ver a tu lado una mujer

metiendo los dedos dentro de tu corazón.

No.

Y que sale de noche fuera de casa, ¿en busca de qué?

No te dejo hablar ni una palabra más.

Anda, acércate a mí

y huele mis vestidos,

acércate a ver dónde encuentras un olor que no sea el tuyo,

que no sea de tu cuerpo.

Me pones desnuda en mitad de la calle y me escupes,

haz conmigo lo que quieras, soy tu mujer,

pero, guárdate de poner nombre de varón sobre mis pechos.

Yo no soy quién lo pone, lo pones tú con tu conducta.

Y la gente lo empieza a decir.

Yo no sé lo que busca una mujer a todas horas fuera de su tejado.

Oh, Dios.

Escucha a la penitente de tu santa romería,

abre tu rosa en su carne aunque tenga mil espinas.

Señor, que florezca la rosa, la rosa de maravilla.

No la dejéis a la sombra sobre su carne marchita.

Te busco a ti, John.

Es a ti a quien busco día y noche

sin encontrar sombra donde respirar.

Es tu sangre y tu amparo lo que deseo.

(GIMEN)

(GIMEN)

¡Aah!

¡Aah!

Todo irá bien.

Así mi amor, así.

Así, así cielo.

(GIME)

Oh, Dios.

Gracias, amor mío.

Ahora, dejaré que de mi cuerpo

salga la cosa más hermosa de este mundo.

Duérmete ya.

Señora, ¿qué hace por aquí?

Estaba paseando.

Él es mi novio, el padre de la criatura.

El padre de la criatura.

¿Quiere cogerla?

Claro.

Uh...

Qué pequeño e indefenso es.

Lo más inofensivo puede acabar con él.

Una agujita, un sorbo de agua...

Démela.

El año que viene tendremos otro y nos casaremos.

♪ “Y estaba yo muriéndome de pena, ♪

♪ que de pena, que de pena”. ♪

¿Para qué has venido?

No lo sé.

¿No te convences ya?, es cosa de tu marido.

Antes no te lo podía decir, pero, ahora, sí.

Y qué va a decirme.

Lo que no se puede callar,

lo que está puesto encima del tejado,

la culpa es de tu marido, ¿lo oyes?

Me dejaría cortar las manos, ni su padre, ni su abuelo,

ni su bisabuelo se comportaron como hombres de casta.

Para tener un hijo ha sido

necesario que se junten el cielo con la tierra.

Están hecho con saliva, en cambio tú, no.

Tú tienes hermanos y primos,

mira qué maldición ha venido a caer sobre tu hermosura.

Una maldición.

Un charco de veneno sobre las espigas.

Pero, tú tienes pies para marcharte de tu casa.

¿Para marcharme?

Tengo un hijo soltero, fuerte y sano,

su casa necesita una mujer,

vete con él y viviremos los tres juntos.

Mi hijo sí es de sangre, como yo.

Si entras en mi casa, todavía queda olor de cunas.

La ceniza de tu colcha

se te volverá pan y sal para las crías.

- No puedo hacerlo. - Anda, que no te importe la gente.

Calle, no es eso.

Yo no puedo ir a buscar macho fuera.

¿Dónde pone mi honra?

Hay cosas que son imposibles.

El agua no puede volver atrás.

Ni la luna llena sale al mediodía.

Sólo quiero ayudarte, muchacha.

¿Ha pensado en serio

que yo me pueda entregar a otro hombre?

¿Que yo vaya a pedirle lo que es mío como una esclava?

Yo no busco eso.

Cuando se tiene sed, se agradece el agua.

Soy como un campo seco donde caben arando mi bueyes,

y lo que me ofrece es un vaso de agua de pozo.

Lo mío es dolor que ya no está en las carnes.

Recuerda que fuiste tú la que me pediste ayuda,

sigue así por culpa de tu marido, marchita.

Marchita, sí, ya lo sé.

No me lo restriegue por la cara.

No venga a solazarse

como los niños pequeños en la agonía de un animalito.

Desde que me casé estoy dándole vueltas a esta palabra.

Pero, es la primera vez que la oigo.

La primera vez que me la dicen a la cara.

La primera vez que la peo de verdad.

No me das ninguna lástima, ninguna.

No te preocupes, yo buscaré otra mujer para mi hijo.

Una mujer ha de saber elegir al hombre,

tú erraste, Eva, y ahí tienes tu condena.

♪ “Te voy a hacer un encargo ♪

♪ por si esta noche me muero. ♪

♪ Que a mí me amarren las manos ♪

♪ con las trenzas de tu pelo. ♪

♪ Te voy a hacer un encargo ♪

♪ por si esta noche me muero. ♪

♪ Que a mí me amarren las manos ♪

♪ con la trenzas de tu pelo”. ♪

(RECUERDA)La culpa es de tu marido.

(RECUERDA) Ahora, de mi cuerpo dejaré que salga

la cosa más hermosa de este mundo,

(RECUERDA) Cállate.

(RECUERDA) Mira qué maldición ha venido a caer

sobre tu hermosura, es la maldición de tu esposo

la que te condena a no tener hijos.

Condenada de por vida.

♪ (Canción a cuatro voces) ♪

♪ (Música ceremonial) ♪

Con todos ustedes, el nuevo ministro John Stone.

(PIENSA) "Ay, qué prado de pena.

Ay, qué puerta cerrada a la hermosura.

Qué pide un hijo.

Qué sufrir y el aire me ofrece dalias de dormida luna.

Estos dos manantiales que yo tengo de leche tibia

son, en la espesura de mi carne, dos pulsos de caballo

que hacen latir la rama de mi angustia".

¿Qué haces aquí?

¿Celebrar mi victoria?

- Tu victoria y mi derrota. - ¿Qué quieres decir?

- Necesito que hablemos. - Aquí no.

Creo que, también, es hora de que hable yo.

- Habla. - Y que me queje.

¿Con qué motivo?

Que tengo el amargor en la garganta.

Y yo en los huesos.

Esta es tu última oportunidad

de resistir este continuo lamento por cosas fuera de la vida.

Por cosas que están en el aire.

¿Fuera de la vida?

- ¿En el aire dices? - Por cosas que no han pasado

y ni tú ni yo dirigimos,

Por cosas que a mí no me importan.

y no me importan.

¿Lo oyes?, y es necesario que te lo diga.

A mí me importa esto,

lo que me has estado ocultando.

Te repito que son cosas que a mí no me importan.

Sólo me interesan las cosas que puedo ver con mis propios ojos.

No se siente la verdad estando dentro de una misma,

pero, qué grande y cómo grita

cuando se pone fuera y levanta los brazos.

Piensa que tenía que pasar así.

Eva, escúchame.

Llámame Yerma.

Porque en ella me he convertido por tu culpa.

Escúchame, por favor.

Muchas mujeres serían felices llevando tu vida.

Sin hijos la vida es más fácil,

más tranquila, no tenemos culpa alguna.

¿Y qué buscabas en mí?

A ti misma.

Buscabas casa, tranquilidad y una mujer,

Pero nada mas. ¿es verdad lo que digo?

Sí, es verdad.

¿Y nuestro hijo?

¿No oyes que no me importa?

Para mí, no es problema, no me preguntes más.

¡¿Es que te lo tengo que gritar al oído

para que te enteres y, de una vez, vivas tranquila?!

Nunca has pensado en él cuando tanto me has visto desearlo.

Nunca.

(LLORA)

Eva, por favor, acéptalo, resígnate.

Marchita.

Pero, en paz.

¿Qué buscas en mí?

Eres preciosa.

Muy bonita.

Me buscas como cuando tienes ganas de comer.

Bésame.

Marchita.

¡Marchita, marchita!

¡Aah!

Eva...

Marchita, pero, segura.

Ahora, sí que lo sé, cierto.

Ahora, puedo dormir en paz.

Sin sobresaltos

y ver si la sangre me anuncia otra sangre.

¿Qué queréis saber?

¿Queréis saber...?

¿Por qué he matado a mi hijo?

¡Yo misma he matado a mi hijo!

♪ “Otra letra más que se escribe sola sin necesidad. ♪

♪ Otra lengua más que se seca porque no le queda nada que contar. ♪

♪ Otro día más que el sol sale ♪

♪ por costumbre y tú no quieres despertar. ♪

♪ Otro cante más que sustituye mis ganas de llorar. ♪

♪ Vuelvo a repetir las palabras ♪

♪ en un folio que no me atrevo a decir. ♪

♪ Vuelvo a dividir las raciones del veneno que guardabas para mí. ♪

♪ Y mi soledad, yo le pido que me deje solo con mi soledad. ♪

♪ Y otro día más que yo canto porque no puedo llorar. ♪

♪ Lo poco que supe, ♪

♪ de mi realidad. ♪

♪ La fe que preocupe, ♪

♪ demuestra tu debilidad. ♪

♪ Otra letra más que se escribe sola sin necesidad”. ♪

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