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Ya sabes lo que tienes que hacer.
Nosotros andaremos cerca.
¿Sabes?
Quizá yo sea diferente a los demás.
No me roba el sueño.
Mas una cosa sí que entiendo:
a nadie le gusta que andemos tan sueltos.
Así es y así será.
Por eso estamos juntos.
Lo que no entiendo es que tú no veas eso.
Juan merece su libertad más que ninguno.
Él nunca pudo elegir.
Juan ha elegido ya.
(Hacha)
(Hacha)
(Hacha)
Estamos bien aquí.
¿No es así, madre?
Ella sí.
Hay agua y alimento.
Estamos alejados de todos esos uniformes.
Pedro dice que, si le ayudamos, podemos quedarnos.
Solo tenemos que levantar un techo.
¿Un techo pa quién?
Lucía quiere marchar.
¿A ti te gusta estar solo?
-No soy de familia, ni de coros, ni de regimientos.
-No me has contestado.
-La soledad es lo que más puede llenar a un hombre.
Solo se echa en falta una cosa,
solo una:
compartir.
Nunca vi las entrañas a uno.
Aún queda mucho para que esta dama esté bien rematada
y lista para partir.
Los marineros siempre le ponen a sus naves nombres de mujer.
Eso es porque siempre son marinos y no marinas.
Yo lo llamaría...
Me recuerda a mi padre.
Fuerte y orondo.
Lo llamaría como él.
Bosco.
Ese era su nombre.
Me ha dicho Reina que quieres partir mañana.
Lucía, tú has estao sola estos años.
Yo de otra manera también.
Yo no sé de amor,
sé de otras cosas, por eso no te voy a engañar.
Nunca he estado enamorao.
Pero siendo la última noche... Pedro.
Nos has cuidao como nadie y nos has querido.
No he conocido hombre más generoso
y sabedor de tantas cosas.
Pero esto es solo mío
y tengo que respetarlo.
Siempre me han hecho pensar que es de todos,
pero es mío.
Y no, Pedro.
Ni mi carne, ni mi alma...
necesitan eso ahora.
Gallina y huesos,
verdura y hierbas,
y el saber del fuego lento.
Por un cuarto de real les doy a ustedes...
ocho cacillos.
¿Ajos?
Si los ves, busca iglesia.
Que echen a volar las campanas.
Este es su camino.
Por aquí pasarán.
-Pero ¿qué sentido tiene vengarse del Lagartijo?
Al fin y al cabo... -El Lagartijo es un perro lobo.
Y ni una cosa es, ni es la otra.
Yo no tengo ná contra ese.
Es solo mi cebo.
Ahora seré yo el cazador
y el gobernador, mi presa.
Conocí al Soñador siendo yo mu chico
y desde entonces no hubo día que no estuviéramos juntos.
Y juntos formamos esta cuadrilla.
Una noche el gobernador nos dio caza junto al río.
-¿Y, entonces, por qué ahorcó al Soñador solamente?
-¿Por qué?
Porque era el mejor de tós nosotros.
Un recuerdo.
Es un capricho de la naturaleza.
Apenas lo he rozado para limpiarlo.
Gracias.
(Trueno)
No somos...
de santos, ni de vírgenes,
pero esta es la virgen de los desamparados.
Los hombres perdidos le rezan.
Tuya es ahora.
(Truenos)
¡Juan!
Libertad.
(Trueno)
(Relincho)
(Relincho)
(Trueno)
(Moscas)
Huele peor que tú, gitano.
-Tus muertos huelen peor.
-Dicen que es mala muerte.
Que se retuercen las tripas y que duele como bocao de loco.
-(TOSE)
¡Hia!
(Relincho)
(Trueno)
Nos han dicho que por aquí hay un vado pa cruzar el río.
-A tres leguas río arriba.
Se puede ir por el pinar dando la vuelta o por la orilla.
-¿Con eso se llegará a la frontera?
-Mucho más lejos me tiene que llevar.
-¿Y ahí qué pone?
-Es el nombre de mi madre.
-Una mujer y un muchacho pelao.
¿Los has visto?
-¡Caballo, yo diría tres o cuatro!
-¿Dónde está?
-No sé de qué me habláis.
Veo que sois de los que necesita de muchos
para dar la cara.
-Quieto, Mercurio.
Ella y su hijo están pregonaos.
Si los escopeteros les caen encima, no podrán defenderse.
No vas a decir nada, ¿verdad?
-Vieja costumbre de solitario.
-¡Dale, Abrigo!
¡Gitano!
-¡Ah!
¡Ah!
¡Ah!
¡Ah!
¡Ah!
¡Hia!
(Relincho)
(Trueno)
Venga, vámonos.
(Relincho)
Mañana.
(TARAREA)
(TARAREA)
(TARAREA)
(TARAREA)
(TARAREA)
Sigue, madre.
(TARAREA)
(TARAREA)
(TARAREA)
(TARAREA)
(TARAREA)
Las mercaderías siguen paradas; los caminos, peligrosos...
El dinero no viaja, gobernador. (ASIENTE)
Mi ambición es la misma que la suya:
que el comercio funcione.
Y yo he oído que...
las cosas están revueltas en la corte.
En Madrid... la cháchara es un oficio.
Parece que los franceses...
han engañado al imbécil de Godoy.
Que su pretensión de cruzar España para entrar en Portugal
ha sido firmada en Fontainebleau.
Y con las tropas francesas llegarán las influencias revolucionarias.
Este lechal está exquisito.
Dicen que fue vuestra propia hija la que...
causó esa fea herida. Mienten. Mienten.
Mi hija es un ángel, igual que su padre.
Es esa horrible mujer.
Esa reptil.
(Ladridos)
¿Os habéis bañado?
Ayer.
(Trueno)
Mostraos.
Retirad esas manos.
Levantad la cabeza.
¿Estáis preñada?
Marchaos.
(Puerta)
Hideputa.
No sabéis nada.
No tenéis ni dinero...
ni tenéis oficio.
Tendremos más de lo que hemos tenido.
La tierra es toda de los hombres, Reina.
No te dejarán respirar ni el aire este.
Y a él tampoco.
No tiene ni recuerdos.
Le usarán de peón, de mendigo o de cebo pa los lobos.
¿Pa los lobos?
Los hombres.
¡Chist!
(Relinchos)
¡Estate quieto, niño!
¡Juan!
Yo conocí a uno...
que pagó para meterle el carajo bien adentro a esta puta.
Sí,
ella no gritaba pa no despertarte.
Juan.
Échate.
Vamos.
Hueles a humo
y a camino.
¡Ah!
-¡Ah!
-¡Ah!
(Llanto de bebé)
¡Ah!
Lo he matao yo, madre.
(Relincho)
(Relincho)
Quietos o os reviento.
¡Que baje Juan!
¡Vamos!
Vengo a ayudar, Lucía.
Son tuyos esos dos.
Tu hijo y yo los hemos mandao al infierno.
Estáis pregonaos.
Igual que nosotros, por eso he venido.
Para llevaros a cobijo.
Me fío menos de ti que de esos.
He venido a enmendar me equivocación.
Nunca debí dejaros atrás.
Nosotros te dejamos atrás a ti, Ruiz.
Te mato igual que te miro.
Poco has cambiado.
Baja el hierro, Mundo.
(Relincho)
Solo quiero que ellos vivan.
Te juro por mi sangre que así será.
¿Saben tus hombres que dejas los caminos?
Tengo ya lo que quiero.
Una finca.
Y reses. Y algún sembrao.
Juan estará a salvo, Lucía.
Bien comido, en cubiertos de plata.
Al final, será todo suyo.
Tú y los tuyos.
Huevo en palacio nunca estaría a salvo.
Ellos no perdonan.
Como tampoco tú has perdonao lo que te hicieron entonces.
Como rueda de molino,
en esta tierra el rencor nunca se para.
¿Y él?
¿Me guarda rencor él?
Le dije que solo fuiste un piedra más en el camino.
No se le guarda rencor a las piedras.
El Lagarto no es como nosotros.
Es hijo de señorito.
De uno con deudas.
Su venganza es por una hacienda.
La mía es por amor.
Yo trabajé el campo desde mu chico.
Y comí raíces más de un invierno.
Nosotros tenemos el mismo derecho que el brezo o la amapola.
No hemos nacío pa ser cultivaos,
sembraos ni recogíos.
Tardan.
-Lo importante no es lo que pasa
cuando llegan las cosas que uno espera...
sino qué haces después.
-Después no hay ná.
Después me importa un carajo.
(Relincho)
¡Pst!
(Disparo)
(Relincho)
(Relinchos)
Ya no habrá más indultos, Llanera.
Ni para ti...
ni para ninguno.
Estos son vuestros últimos caminos.
-Eso solo Dios lo sabe.
-¡Hia!
¡So!
Como veréis, la luz me ha iluminao.
Ahora sirvo al gobernador.
Y en su nombre os entrego a estos asesinos.
Permitidnos a mí y a mis hombres que nos pongamos a vuestras órdenes.
Soltad las armas, compañeros.
Hemos encontrao a nuestro capitán.
Te voy a arrancar los ojos.
Tó a su tiempo, mujer.
Tó a su tiempo.
Dice el inglés que está escribiendo un libro.
-(ASIENTE)
-¿Y vos?
¿Sabéis leer?
-Esto es mu fatigoso, mi capitán.
Lo vuestro y lo nuestro.
Pero me pienso yo que lo es menos si uno tiene una idea clara.
Un propósito.
Así las desventuras son más llevaderas.
Y así, a las puertas del cielo,
bien podremos decir que cumplimos con nuestro deber.
-Así es.
-Como cuando disteis caza al Soñador.
(Relincho)
(Relincho)
(Relincho)
(Relincho)
Y ahora vamos a acabar las cosas.
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