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Yoruba
Zulu
(Relincho)
¿Cómo te haces llamar?
Francisco.
Francisco Heredia.
¿Cuánto vale tu cabeza?
No zé leer de números, zeñó.
Pero dicen que algo vale, zí.
¿500 reales?
Nunca vi tanto junto.
¿Alguien lo quiere?
Es el rey quien ha puesto precio a la cabeza de este hombre.
Yo soy aquí el representante de su majestad.
¿No es así, capitán?
Pues bien...
¿No hay, entonces, un hombre?
Críen tu hija con las entrañas podrías.
Paseo.
¡Ah!
(Relincho)
-¡Hai!
¡Pst!
(Relincho)
-Ese canalla nos hizo traición.
(Truenos)
-Aquí os quedáis vosotros.
Pero primero hay que pagar.
-Pues ná llevamos.
Un rosario de plata tenía...
y ese me lo quitó.
-Suerte has tenido que no te lo ha hecho tragar.
Pero no pagaréis con dinero ni con cachivaches.
Eso es como el suspiro que no deja memoria.
-¡Ah!
-¡Ea!
-¡Eh!
-¡Eh!
-¡Ah!
¡Ah!
-Mátame si eres hombre.
Aquí. Ahora. Mátame ya.
-Para eso aún queda tiempo.
Pediste una recompensa por mi hijo y por la Llanera.
Eso es lo que te vas a llevar.
-Vas a pagar, Gaspar.
Por traidor.
Y por pequeño
y porque no vales ni las babas de mi escupitajo.
-¡Ah!
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah!
Ah...
-Hay que ver, Aceituno...
las fruticas que da a veces la tierra maldita.
¡Chist!
-Tú eres el culpable de que esas orejas
falten de sus cabezas.
Llévalas con respeto.
(Gorjeos)
No me agarré antes al crío
porque sabía que te mantenía con vida allí dentro.
Eso lo respeté.
Por eso esperé a que te colgaran.
Al final, te dejaron suelta y me alegro.
Debí ponerlo al saberlo.
Pero ahora quiero llevarme al chiquillo.
Por eso estoy aquí.
Por eso ha muerto uno de mis hombres y por eso esperé 17 años.
Ni se te ocurra acercarte.
Nunca.
Tiene tus mismos ojos.
Lo tiene tó mío.
No será lego como tú.
No vivirá en una cueva.
No más muerte.
No pa él y no pa mí.
Esto no es tierra para vosotros, eso ya lo sé.
Todos nos hemos hecho viejos, Llanera.
Por eso me he levantao una casa con algo de ganado y olivos.
Un sitio tranquilo allende la frontera.
Allí él será lo que yo no he podido ser.
Un persona de bien, con apellido honorable,
con tierras soleadas.
¿Por un apellido honorable te tiraste al monte?
Lo que quiero, cojo.
Será mi vida, entonces, porque a él no te lo llevas.
Gracias.
En todos los países civilizados ocurre lo mismo.
Son hombres cultivados
los que han de ordenar los mayores castigos.
Cuelgan los pecados de los otros para que los contemplemos
como nuestros.
Y yo me he propuesto hacer posible el progreso en estas tierras,
aunque para ello tenga que colgar a cientos.
Todo por el pueblo.
Aunque...
no se pueda confiar en él.
Echaré de menos estas conversaciones.
Lástima,
mañana usted ya no estará aquí.
Pero si aún no he comenzado a escribir
todo lo sucedido estos días. Eso ya no tiene interés.
No es menester que siga con ello.
Usted conoce a la Llanera.
Le dejará acercarse.
Bueno, excelencia, yo...
Abra bien los ojos.
Aproveche el viaje.
Cuando regrese,
me voy a asegurar de que sus palabras
ayudan a desterrar todas esas...
mitologías absurdas
con que nos observan desde el extranjero.
Usted las sustituirá por la verdad del progreso que viene
y, por supuesto, nombrará a todos aquellos
que lo vamos a hacer posible.
Es muy simple, John.
Y a fe mía que se le pagará con largueza.
Acompáñeme.
Cazadores.
Se unirá usted a uno de los grupos.
Cuando localicen a la Llanera esa,
irá a su encuentro.
Solo.
Nada más.
Mis hombres harán el resto.
(Campanada)
(Campanada)
(Campanada)
(Campanada)
(Campanada)
El gobernador me ordena que les acompañe.
-La manta es fina y sobra. Ya está cargá otra.
Igual le huele a cabra.
-A cabra vieja.
¿Sabe montar, su señoría?
-Indica que sois hombres de bien, que servís a la justicia.
Deberéis aprender cuándo llevarlo y, sobre todo,
cuándo esconderlo.
(RÍE)
-(SUSURRA)
-Parece que se apaña el inglés.
-Solo falta que sepa estar callao.
-¿Cuándo partimos?
-Cuando asome el sol. Mañana.
-¿A dónde vas?
A mis asuntos.
¡Pititi!
-Yo también tengo apuro.
(SUSURRANDO) Hideputa.
¡Chist!
-¡No disparéis!
(Relinchos)
¡Yiha!
¡Juan!
¡No disparéis!
(Relinchos)
(TOSE)
(TOSE)
(TOSE)
(TOSE)
(TOSE)
Ese hombre ya no es ná ni pa ti ni pa mí.
Él tiene su camino y nosotros tenemos el nuestro.
Entonces, yo ahora soy libre también.
¿No, madre?
Digo, como tú y como él.
(TOSE)
Libre de no hacer siempre lo que se me diga.
Eso es así, ¿no?
Es lo que siempre te he escuchao.
(TOSE)
No me quiero morir aquí, madre.
(TOSE)
(TOSE)
(Ladridos)
(TOSE)
(TOSE)
¡So! ¡So!
(TOSE)
(Ladridos)
(TOSE)
¿Quién va? Madre, necesitamos ayuda.
Tengo a mi hijo enfermo.
(Gallo)
(TOSE)
(SUSPIRA)
Ha llegado un muchacho feo, garbancito viejo.
Sobre un caballo negro.
Tú serás mi única pena, garbancito viejo.
-Son almas enfermas y desgraciadas,
pero hijas del señor que él nos ha encomendado.
Procuren no tratar con ellas.
Cuesta acallar el diablo que algunas llevan dentro.
(TOSE)
Dale el mal al trapo, al duende y al viento que viene con prisa.
¿Qué dices?
El rezo de curar.
(TOSE)
Leche y miel. Dádsela y que sude.
Gracias, madre.
Tengo una celda lista para vos.
Preferiría quedarme con él, madre.
Os he traído una manta.
(TOSE)
Un chacho feo.
Juan. Juan.
Levántate, nos vamos.
¿Ahora? Esos cuervos saben quiénes somos.
Han mandado aviso.
Prepara los caballos y me esperas en el portón.
¿Dónde vas?
(Trueno)
¿Quién eres?
No podéis salir sin ellas.
La puerta es de roble macizo con refuerzos de hierro.
La cerradura tiene más dientes que un perro.
¿Me lleváis con vos?
Dame esas llaves. Tendréis que arrancarme la vida.
Solo os pido que me llevéis con mi padre.
Llora desde que me arrancaron de sus brazos.
En el primer camino tendrás que marchar.
(Tos)
(Relincho)
(Relincho)
(Tos)
(Puerta abriéndose)
(Gallo)
(Gallo)
¿Puedo?
-Sí, claro. Servíos, por favor.
-Pensaba que era usted gabacho.
-Gabacho, no.
Solo forastero.
¿Tanto se me nota?
-Escribe.
¿Qué escribe?
-Informes.
Busco carbón.
(Gallo)
Come, Aceituno.
Que te queda una misa.
-Es de morro fino. Esto no le gusta.
-La madre que te parió.
Mmm. Esa sí que me gustaba.
-De madre no se habla.
-Eso es la bolsa que lleva colgá.
-Huele a culo de vieja.
-Es por no cagarse.
Muchos lo hacen.
No comen y van a la horca con las tripas vacías.
¿Verdad, Aceituno?
-¿Se cagó el Soñador? (RÍE)
-Poca leche tienes tú pa hablar ná de ese hombre.
-Y es ventaja
hablar de un hombre que no se puede defender.
Lo colgó el rey.
Así que respeto.
-El Aceituno ha sido.
-Los que quieren tu pescuezo también quieren el mío.
Habrá más como esos por el camino, Lagartijo.
Necesitarás tós los brazos.
-Págale el gasto, Pititi.
-Aquí está tó pagao.
(Piedras)
Que yo no te he traicionao, Lagartijo.
Mírame a los ojos.
Yo no sabía ná de escopeteros ni del gobernador.
Yo no te he traicionao.
Me agarré a la Llanera pa sacar algo de plata,
ná más que pa eso.
No, no, no, espera, espera. ¡Espera, Pititi!
A mi compadre el Soñador me lo mató ese miserable del Montejo.
¿Qué he sacao yo de tó esto? Dime tú, ¡¿qué he sacao yo?!
Pregúntate...
por qué esa hembra monta libre por los campos del señor.
¿Eh?
Sí.
La Llanera y tu hijo.
¿Por qué no quisieron lo que les ofreciste?
¿Dónde te crees que están ahora?
El poco aire que me queda me lo juego
a que están comiendo y bebiendo con el gobernador.
Riéndose de cómo se te escurrieron entre los dedos.
-Tiro y se calla. Y santas pascuas.
-¡¿No ves que negoció su vida por la tuya?! ¿Eh?
¡Lagarto!
No, no, no, no, no.
-Soltadle.
Ni agua ni caballo.
Ni manta ni navaja.
Si te veo por estos lindes, si te huelo...
te rajo como a un cerdo.
Soy...
del pino y de la jara.
De la encina y del halcón.
Libre...
como el agua clara.
Por eso me buscan.
Pa arrancarme el corazón.
Soy un hombre ya perdido
por culpa de un rencor.
La navaja es mi destino;
la luna, mi amante;
la noche, mi único sol.
(Silbido)
Ese hueso tiene menos carne que yo.
-¿Qué mientes?
Todavía no había probao caldo ninguno.
-Habrás traído algo más que los malditos huesos esta vez.
-En la mula llevo queso.
-Sustanciero.
-Los escopeteros os buscan
y han formado cuadrillas nuevas de cazadores.
Han visto a alguno subiendo para las sierras altas
y se han encontrao...
seis descabellaos en la venta Las Nueces.
Los soldaos andan por las cañás.
Está tó lleno, parece una guerra.
-Cuenta más.
-Han clavao las cabezas del Rojo, el Heredia y el Aceituno.
Como si ná.
Y han subido la recompensa por tós vosotros.
Y lo vocean hasta donde el viento da la vuelta.
-¿Cuánto ofrecen ahora?
-El doble por vosotros vivos.
Por ti, Lagartijo, dan lo de cuatro veces.
Lo mismo que por la Llanera y ese hijo suyo, el cortamanos.
-¿Qué coño hablas?
-Que también los buscan por tós laos.
Dicen que ella va pelá. (RÍE)
¿Va pelá de verdad?
-Tienes ya tu plata. Marcha.
Y avisas a la vieja.
Y al Abrigo y los Sánchez.
Que esperen donde siempre.
Mientras, ojos y orejas bien abiertos.
Quiero que me encuentren a la Llanera y al Juan.
No se les toca ni un pelo. ¿Queda claro?
Corre la voz.
-Con Dios.
(Relincho)
-¿Ahora pa dónde?
-A desandar lo andao.
El Aceituno a pie no puede andar muy lejos.
-De ese me ocupo yo.
-Lo quiero vivo.
-Y... ¿Y nosotros?
-No van a colgar a mi hijo.
¡Parao ahí!
Ese pozo es mío. Agua no sobra.
-Mis disculpas, señora.
Perdí mi caballo por no atarlo bien en la Calzá Real
y ahora ya traigo lengua de esparto y pies de galgo herío.
No más pedía un buche de agua.
-Pintáis raro.
No os conozco.
El camino real queda muy lejos. -Y tanto que queda.
Soy de Toledo.
Gaspar el Dulce me llaman.
Soy modisto y voy pal sur para hacer un vestío...
-Mira, que te plantes ahí, descarao.
-Por un poco de caridad...
os arreglo esas entretelas que os asoman
y os remiendo el faldón. -¿Os remiendo?
Remiendo vais a necesitar vos
cuando agujeree esa ropa de errabundo que lleváis.
(Disparo)
Tranquilas. ¡Chist! Eh.
¡Chista! Ya está. Ya está. Ya está. Pitas...
(Balbuceo)
(Balbuceo)
(Balbuceo)
(Balbuceo)
(BALBUCEA)
(Relincho)
(Llanto de bebé)
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