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(Tos)
(HABLA EN INGLÉS)
(Relinchos)
(Graznidos)
(Disparo)
(Relinchos)
(Relinchos)
(Campanada)
# En esta noche tan larga
(Campanada)
# no habrá sueño, # ni canto, ni nada.
# Galoparemos hasta el alba
# en busca de
# la libertad.
# La llanura es tan larga.
# La llanura es tan grande.
# Solo el águila la desafía.
# Yo quiero tener sus alas.
# Surca el cielo
# y la tierra mía. #
(Hacha)
(Hacha)
(Tambor)
¡Ah del pueblo!
¡Aquí tenéis por la gracia de Dios
los brazos y piernas de Álvaro el Soñador,
cruel bandolero en despoblado prófugo del rey!
¡Contemplad su carne y su hueso!
¡Pueblo,
avisado estáis!
(Rebuzno)
(Rebuzno)
¿La cabeza?
Ni imploró ni ná.
Estaba tó manso.
¿Qué hacen pa no tener miedo?
¿Qué será para que un hombre acepte su muerte así?
Supongo que no dejarán a nadie atrás.
O que saben muy bien lo que se les viene por delante.
Yo, cada vez que me subía ahí con la soga al cuello,
pensaba que te perdía y eso es lo que más me dolía.
Eso ya se ha acabao.
Cuatro días, madre.
Solo cuatro días.
(Ladrido)
(Relincho)
¡Madre!
(Aullido)
-Ave María purísima, madre. -Sin pecado concebida.
-Disculpa que me presente así. Mi nombre es John Saldiego
y necesito vuestra ayuda.
-No hay limosnas para extranjeros. Y menos en lunes.
-No, no. No quiero su limosna. Y no soy extranjero.
Yo sí os daré buen dinero,
pero requiero de ciertas... habilidades.
(Ladridos)
(Ladridos)
¡Ah!
¡Ah!
(JADEA)
(Campanada)
(Gallo)
(Campanada)
(Campanada)
(Campanada)
(Campanada)
(Campanada)
(Campanada)
(Rebuzno)
(Campanada)
(Yunque)
Estos caballos son para vos.
No os conozco.
Mi nombre es John Saldiego.
Vengo desde muy lejos para conoceros.
Os traigo estos caballos
y puedo ofreceros cobijo durante unos días.
-Me voy a cagar en tó las almas.
¿Y quién iba a querer regalarme a mí unos caballos?
(Relincho)
Pude ser puta en su momento y no lo fui.
No lo seré ahora.
Solo quiero hablar, nada más.
Quiero saber más de vos y de vuestro hijo.
Me gustaría contar vuestra historia.
Y os ayudaré a salir de aquí.
Confiad en mí, por favor.
(Aullido)
Somos libres, madre.
¿Y ahora quién demonios es este?
¡Yiha!
(Relinchos)
¡He! ¡Ha! ¡Ha!
(Relinchos)
¡Uh!
¡U-hu!
¡Yiha!
(Relinchos)
¡Uh!
(Relinchos)
Se aparecen bandoleros tó el santo año...
como ratones.
Paran buscando ropas de labriego...
pa esconderse.
Y piden aguardiente para curar las heridas.
Esas heridas no se curan.
Tanto hombre perdido y tan poco oro.
(SUSPIRA)
Al menos, os hacen compañía.
A ese de ahí lo llamo hermano...
y hablo con él.
Me siento a su lado...
esperando.
Ya sé quién eres tú.
Y tú.
La madre y el hijo.
No siempre he estao así de solo.
A mi esposa se la llevó mi señor a Toledo.
Para servir.
Pero mi niño se quedó.
20 años conmigo.
Luego, un día, se hizo escopetero.
A mi niño me lo mataron hace 17 años.
En una refriega con bandoleros.
Solo quedó viva una de ellos pa contarlo.
La que llaman Lucía la del llano.
Por años, fui cada 23 de septiembre a presidio...
pa ver si te colgaban.
Siempre te indultaban.
Un hijo no tiene que pagar por las culpas de su madre.
Hoy es su primer día de libertad.
Sí.
Y Dios me lo ha traído a mi árbol.
Ojo por ojo...
y diente por diente.
Hace años estuve en la batalla de Trafalgar.
En un barco inglés con el almirante Nelson.
Nelson murió en la contienda, pero ganó la guerra.
Yo escribí un libro sobre él
y en mi tierra lo han convertido en un héroe, casi un dios.
Y ahora vuelvo a España para contar una historia
que escuché entonces.
La vuestra, Lucía.
No soy almirante ni ná de eso.
Ni estoy en guerra con nadie.
Pero seríais más célebre que él. Sois carne de leyenda.
¿Qué leyenda dice?
He estado sin luz,
sin vida,
sin libertado por 17 años.
Esa vida conozco.
Pero la que tenga por delante...
Esa no está a la venta.
Yo la acabo, no tu pluma.
Me equivoqué.
Mañana marcho, tranquila.
Lejos de ti y de tó esto, en los llanos tengo una casa.
Una casa en la que volver con mi hijo.
Allí me crie sin madre. Con el Bosco, mi padre,
hasta que lo mataron.
Después me uní a la cuadrilla de Juan el Negro.
Juan el Negro y el Bosco eran algo más que compadres.
Entonces, encontramos al Lagarto,
el padre de Juan.
Rui se llamaba.
Un hombre perdido.
Tenía hacienda y tierras
y se lo quitaron todo.
Eso no le hizo un buen hombre.
Hay muchas maneras de matar.
Hay que saber cuál es la buena y cuál es la ruin.
Pero la mejor manera de no errar es no matar.
Y en eso estamos nosotros.
(Pájaros)
(Relinchos)
Llevamos un rato aquí y ni olernos.
Va a ser verdad que los condenados duermen mejor.
¿Qué queréis?
Martín Gaspar, pero me llaman Aceituno.
Soy capitán de esta cuadrilla.
Tú, pelá... Tú no puedes ser, no.
Nos hablan de una mujer bien lozana y de pelo azabache.
La Lucía del llano.
He venío por ti.
No te veo yo mu chico, no.
¿Tú también eres de dormir en paz?
¿Cuántas cabezas has cortao de mis compadres?
Estaban tos muertos.
Era mi jornal.
Como lo toques a él, morimos tos.
Qué cojones tan bien puestos tiene esta.
¿Y tú?
Tú te vas a ir a pie.
Y te perdono la vida porque me han gustao
esas manos de mujer que tienes.
¡Arreando!
(Relinchos)
(Relinchos)
Os seguimos hace días desde el penal de Santa Catalina.
Sabemos que comprasteis caballos para la llanera y su hijo.
-Uno al que llaman Aceituno se los llevó.
Es a él a quien debéis apresar, no a mí.
Estáis perdiendo el tiempo.
-Si volvéis a hablarme en ese tono...
os mando fusilar.
(Relinchos)
(Ladridos)
(Gallo)
Si solo un monarca, uno, y yo ya he conocido tres en vida,
tuviera la destreza de cualquiera de mis mozos
o la de sus escopeteros, gobernador,
otro gallo cantaría.
Por eso os digo que mientras los reyes no sepan
lo que es blandir un sable en la batalla,
no tendremos lo que merecemos.
Deje a su majestad en palacio, mi querido don Anastasio,
y el gobierno a quien entiende lo que demandan estos tiempos.
Entre mi experiencia y sus dineros,
la Calzada Real será lo que debe ser:
el futuro, el comercio libre.
Lástima que su aventurada ocurrencia
de proporcionar montura a esa llanera
haya demorado nuestros planes.
Yo solo soy escritor, gobernador.
Sé muy bien quién es usted.
Conozco de su librito sobre Nelson.
Es usted diestro, sin duda, con la pluma.
Pero también...
es un traidor a su sangre.
Ya se lo he explicado, señor gobernador.
Soy de sangre castellana, pero de crianza inglesa.
Son dos caras de la misma moneda, nada más.
Ahora he venido a escribir sobre... la gente de esta noble tierra.
¿Las gentes de esta tierra?
Una bandida y su engendro.
Dígame,
¿por qué siempre los extranjeros se regocijan en lo más...
amargo de nuestro reino? ¿Eh?
En lo más sucio y despreciable.
Cada nación es responsable de su propia reputación, señor.
Deberíais colgarlo... dos veces.
Por escritor y por inglés.
(Campanilla)
(Campanilla)
(Campanilla)
Vos escribiréis sobre esta empresa que hoy comienza.
¿Vuestra empresa?
Sí,
la eliminación de las dos cuadrillas criminales
más importantes de esta tierra: Aceituno y Lagartijo.
De un solo golpe. Juntos o revueltos.
Pero todos ajusticiados.
No estoy seguro de saber hacer lo que se me pide y...
La pena por traición es la horca,
mi querido escribiente inglés.
La horca.
(Relincho)
El camino es largo.
Más largo sin comida.
Tu puta madre.
Os preguntaréis qué quiero yo con vosotros.
Pues pa calmar la inquietud te lo voy a decir.
No pretendo haceros mal.
Si sois mansos, claro.
Solo quiero venderos.
Buen bandido estás tú hecho si piensas
que por una pelá y su hijo te van a dar algo más
que un cacho queso.
No, algo no.
Me van a dar mucho.
Por suerte.
El Lagartijo me lo dará.
El Lagartijo. (ASIENTE)
Se dice por ahí que os anda buscando.
Ná quiero yo con ese
ni ese tiene que querer ná de nosotros.
Ese está muerto pa mí y pa Dios.
Descansad.
Dijiste que aquí fuera había otras cosas, madre.
Yo solo veo cadenas y verdugos.
Tengo hambre.
(Relinchos)
Han traído regimientos desde Madrid.
No hay quien viva así.
Me han obligado a esto.
Nos han ajusticiado a cuatro compadres en un mes.
El último, el Soñador.
Si os entregamos al Lagartijo, nos perdonan.
Ese es el pacto con el gobernador.
Si ese de ahí arriba baja,
se habrá acabao tó.
Ese aquí no va a bajar.
Tu padre y su cuadrilla bajan aquí pa robar y matar.
Y después se suben ahí arriba
y desaparecen.
Nadie puede darles caza.
Por ahí no suben los caballos.
Ni el más terco de los mulos.
Por eso...
hay que hacerle bajar.
Esa leña está mojá.
Aquí el rocío pesa más que los pecaos.
Un roedor. Esa mierda eres tú.
Hoy me vas a dormir de pie
y si te me tumbas...
nos mancillamos tós a la llanera.
(Búho)
Perdisteis la cabeza de Álvaro.
Su cabeza.
Le llamábamos el Soñador.
¿Sabías tú eso?
Tú no sabes ná, cortamanos.
Tú solo trabajas pa los verdugos.
Era mi compadre.
Mi mejor compadre.
Yo solo colgué sus brazos.
(RÍE)
Lo que el vientre de una hembra madura en meses,
vosotros, hideputas,
lo rompéis con el hacha en un momentico.
Toda la vida de un hombre desparramá.
Mi Álvaro.
(SOLLOZA)
Duerme tumbao.
Asín...
como los perros,
a esperar a que baje tu padre.
(Búho)
Disparad dos veces cuando baje el Lagartijo.
Solo dos tiros. ¿Lo tienes claro?
-¡He!
(Relincho)
Esperan nuestra señal.
Dos tiros. Quince escopeteros.
Y la perra verdad es que estamos atrapaos.
-15 no son tantos.
La cabeza del Lagartijo y camino libre pa nosotros.
Y no quiero pensar más, Milhombres.
Ya nadie sabe ná, carajo.
Esto es lo que hay.
Y cuando todo acabe...
le sacaré los ojos a ese gobernador.
-¡Eh!
Viene alguien.
-La mujer y el crío.
-Cuando mandamos voz, no decía eso.
Decía que solo él puede recoger a su hi...
-Quiero ver a la mujer y al crío.
-¡Bandera! Tráelos.
Dejad aquí a la Lucía y al Juan.
Mañana bajaré a por ellos.
Y marchad en paz.
-El mensaje decía 2000 reales entregaos por la mano misma
del Lagartijo.
Al alba me cuelgo a estos dos si no hay nuevas.
(Aullido)
¡Pst!
Somos cinco.
Ahí bajan muchos, Aceituno.
-¡Pst!
-Las manicas quietas.
Mudo...
Hasta aquí he llegao.
Las monedas de Gaspar.
-Y no se los comerán los pájaros.
Cuando llegues,
mira a ver si está el Soñador.
Dile que me acuerdo
y que me cobraré su sangre.
-Ya.
(Truenos)
(Relinchos)
¡Ah!
¡Ah!
-¡Vamos! ¡Vamos!
(Balido)
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