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Buenos días, señorita.
Mamá, déjanos un poco de pasta hasta el fin de semana, ¿vale?
- ¿Qué habéis hecho con la paga? - Nos la hemos gastado.
Bueno... Quiero que me lo devolváis el viernes.
- Tranquila, no hay problema. - ¿Qué diablos haces con el dinero?
Sólo diez chelines.
Adiós, mamá.
Disculpe.
Yo...
Venía por lo de la oferta de empleo.
¿Usted...?
Sí... Un empleo.
Voy a avisar al jefe.
Estoy buscando trabajo.
- ¿Trabajo? - Sí.
- ¿Qué edad tienes? - Veintiuno.
De acuerdo. Pagamos a 2,50 la hora. El horario es de ocho a seis.
- ¿Podrías empezar ya mismo? - Por supuesto.
- Muy bien, déjame tu cartilla. - ¿Cartilla...?
Tu cartilla de la Seguridad Social.
No tengo cartilla.
No pasa nada... Hay tiempo hasta el sábado.
- Entonces... ¿Cómo te llamas? - Polly... Polly Dean.
Muy bien. Sheila, enséñale esto.
Acércate.
- ¿Llevas mucho tiempo aquí? - Casi cinco años.
Siempre digo que me voy a largar... Pero nunca lo hago.
¿Preparada?
- Esta es tu taquilla, ¿ves? - Muy bien.
Empieza con el empaquetado... Enseguida aprenderás.
Enséñale cómo se hace... ¿Quieres, Eddie?
Vale...
- ¿Cómo te llamas, cielo? - Polly.
Muy bien, Poll... Observa con atención.
Seis en cada caja... Dos, cuatro, seis.
Un poco de cinta...
Y la cierras. Así. Y ya está.
Vieja viciosa...
Chicas... ¿Alguna de vosotras me presta a su marido para el fin de semana?
Llévate al mío... Es un poco viejo, pero aún tiene mecha.
Te dejaría al mío... Pero no sería suficiente para ti.
Mándamelo.
En serio, mándamelo. Sabes dónde vivo... Al lado de la iglesia.
- ¿Se encuentra bien? - Es un catarro.
Lo pillo todos los veranos. Es por culpa de este sitio.
Esto antes era una lavandería. Por eso es tan húmedo.
Y siempre hace frío.
Es por el aire acondicionado. Así no se derriten las chocolatinas.
- ¿Podemos comernos alguna? - Mientras no te pillen...
- ¿Así está bien? - Perfecto.
¿Qué tal, Joyce? ¿Cuándo te casas?
- El mes que viene. Cuando cumpla los 16. - Demasiado joven, ¿no crees?
¿Te parece mejor esperar a ser un bacalao seco y arrugado?
¿Ya has elegido el ajuar?
- ¿Ya lo tienes? - No.
- ¿Y por la noche llevarás tu pijama rosa? - No. No necesitaré llevar ropa.
¿Lo habéis oído? Joyce se va a casar desnuda.
No seas chismosa.
¿No os da morbo imaginarlo?
No hagas caso, Joyce. Irá todo muy bien.
¿Cómo os gustan más? ¿Rubios o morenos?
No es el color del pelo lo que me interesa de ellos.
Una vez salí 2 años con un soldado. Incluso pensaba casarme con él.
Un día me confesó que también salía con una telefonista de la RAF.
Y que la iba a dejar porque sólo me quería a mí.
Pero yo pensé que si lo había hecho una vez, lo haría siempre.
Así que lo mandé a freír espárragos.
Lloró como un crío.
Lo vi una vez, en Woolworths, al poco de nacerme el tercero.
Sentí un nudo en la garganta. No pude ni saludarlo.
Así que me fui sin decirle nada.
Ahora podría ser la señora Stacey,
en lugar de la señora Smith.
No se puede confiar en ellos, querida.
Y los casados son los peores de todos.
En eso tienes toda la razón, querida.
Mira a Ted, mi marido...
Siempre sé cuándo está pegándomela con alguna...
¿Sabéis por qué? Por la forma de peinarse... Todo p'arriba.
Siempre hace lo mismo. Hasta se echa laca.
Vuelve a casa, se mete en la cama y me dice:
"Este tupé se mira, pero no se toca". En ese plan.
Le da por bañarse, por usar mis polvos de talco
y mi desodorante. ¡Hasta se frota la espalda!
Y, además, me deja poner lo que yo quiero en la tele.
Yo siempre digo que lo malo no es lo que estén haciendo
sino lo que querrían hacer.
- Sí, eso es. - Desde luego.
- ¿Fumamos un poco? - Fúmatelo tú sola.
- Venga, chica... - Bueno...
- Oye, ¿quién es la nueva? - No lo sé.
- Es un poco estirada, ¿verdad? - Habla como una universitaria.
Pues si es tan educada... ¿Qué diablos hace trabajando aquí?
Demasiado fina, me parece a mí.
Demasiado fina para esto. Eso seguro.
Perdona... ¿La gente aquí va a almorzar a algún sitio?
Sí... Yo voy a tomar un café. Ven conmigo, si quieres.
- Muchas gracias. - Está a la vuelta de la esquina.
- Eres estudiante, ¿verdad? - No.
¿Has trabajado antes en un sitio como éste?
- No. - Ya me he dado cuenta.
- Hola, Jack. - Hola, Sylve.
¿Has visto a ése? Es de los que ponen sus huevos en otros nidos.
Estuvo 4 meses escondiéndose del marido de una de sus novias.
Espera, me voy a poner los zapatos.
Tu cara no me suena de nada.
No eres de este barrio, ¿verdad?
Bueno... Vivo cerca. Al otro lado del río.
¿En Chelsea? Debes estar loca.
- ¿Cómo te llamas? - Polly. Polly Dean.
Yo soy Sylvie... Vamos.
¿Qué te apetece? ¿Huevos con patatas fritas?
Voy a la barra. Tú coge una mesa, ¿vale?
No estás casada, ¿verdad?
- No... ¿Y tú? - Lo estuve.
Me casé con 16 años.
Y me fui a vivir a un apartamento de una habitación en Brixton.
¿Sabes lo que es vivir en un piso de una sola habitación?
Cuando tienes dos, al menos puedes ir de la una a la otra.
En realidad él no me gustaba. Pero se llevaba bien con mi madre.
Empezó a ir al canódromo todos los miércoles por la noche.
Y yo terminé liándome con su amigo Fred. Un tipo guapo.
Todos los miércoles, al anochecer, me esperaba
en su camión, en la esquina.
En invierno, dejaba el motor encendido.
Y el calor de la calefacción... Y aquellas vibraciones...
Tengo que contarte algo. Tengo que contártelo.
Estaba sentada ahí afuera, en las escaleras, ¿vale?
Cambiándome de zapatos. Y entonces pasa Fred...
Ése que es medio indio. Y va el tío y me dice:
"Ten cuidado", dice. "Te estoy viendo las bragas."
Ya sabes cómo habla.
"¿Ah sí?", le digo yo. "¿Y de qué color son?"
"Rosas", dice el tío. Y yo le digo "Te equivocas..."
"... porque hoy no llevo bragas".
¿Conoces a Rube? Es mi hermana. Polly vive en Chelsea.
- ¿Eres una bohemia? - No.
- ¿Tienes novio? - No salgo con nadie.
Deberías probar con el tío con el que estuve la otra noche.
Ese tal Johnny... Toda la noche dale que te pego. Algo terrible
El tío es tan bruto cuando se pone...
que terminó haciéndose daño en el estómago.
Y dijo que la culpa era mía por ser tan apasionada.
¿Ya estáis?
¿Te acuerdas de Jim?
Dijo que me pondría un piso y me pasaría 10 libras semanales
Dice que está enamorado de mí.
Yo le dije: "¿Por quién me tomas? ¿Crees que soy una puta de lujo?"
El tío está casado. Tiene más chicas por ahí que pelos en la cabeza.
No es broma.
¿De verdad te gusta esto?
- Sí. - ¿En serio?
¿Por qué no?
Esto es vida... Tener el estómago lleno y no trabajar.
¿Qué haces esta noche, Rube?
He quedado con dos chicos en una furgoneta. Pero no voy a ir.
- ¿Por qué no? - Porque no me apetece.
- ¿Quieres que quedemos con ella? - ¿El qué...?
- ¿Por qué no se lo dices? - No, no le gustaría.
- ¿Por qué no? Vamos... - ¿Y qué vamos a hacer por ahí?
Tomar algo. Parece una tía legal.
Bueno... Pero yo creo que no es su ambiente ¿Sabes?
La veo algo panoli.
Déjate de monsergas. Ve a decírselo
- No, ve tú. - No, tú.
Dios mío...
- Hoy voy a ir al cine - Yo prefiero el canódromo.
¿Vas a hacer algo esta noche?
En realidad, no. Supongo que me iré a casa.
¿Te gustaría salir con Sylvie y conmigo a tomar algo?
- Nada especial. - Me encantaría.
Dice que le encantaría.
Hola, guapas.
Apretaos el cinturón, colegas... Mirad lo que acaba de llegar.
- ¿Qué dices? - Tres peritas en dulce. Miradlas.
- Ahí están. Ahí. - ¿Dónde? ¿Dónde?
Tranquilos, yo me encargo de todo. Ya son nuestras.
Chicas, nos hemos enamorado en cuanto habéis entrado por esa puerta.
- ¿Os gustan ésos? - Nos pueden invitar a una cerveza.
Entonces vamos.
Cuidado no me pises el bolso.
- Tres pintas, por favor - Tres pintas, Terry.
Tranquilas, chicas. Enseguida vuelvo.
- Yo te he visto antes, seguro. - Es muy posible.
- Eres de Battersea, ¿verdad? - Sí. Eso es.
Sí, nosotras dos. Pero ella no. Ella es de Chelsea.
- ¿En serio? - Sí.
- Hay un montón de pasta allí. - Pero "no puede comprar tu amor".
No. Pero sí un montón de todo lo demás.
Fue anoche, sobre las nueve.
Vi la ambulancia en la puerta de su casa,
así que me acerqué a ver y le pregunté al conductor.
Le dije: "¿Es la señora Brown?"
"Sí", me dice él. "Ya no se puede hacer nada."
Dios mío...
Toda su vida ha sido una desgraciada, la pobre.
Ha estado limpiando váteres desde que tenía 14 años.
Pasando calor en verano y helándose de frío en invierno.
En realidad me extraña que no reventase antes.
Creo que pagaba un seguro.
Me parece muy bien. Pagas tu chelín a la semana
y sabes que al final tendrás un entierro como Dios manda.
No como el de un pobre vagabundo.
Desde luego. Yo en el mío quiero un coche de caballos.
Eso de ir al cementerio en automóvil no me gusta.
Edie, por Dios... ¿Es que no tienes un pañuelo?
Suénate, aunque sea con las manos.
Una vez tuve un inquilino que se murió en la cama.
Lo peor fue que se murió con la boca abierta.
Así que antes de avisar a nadie
se la cerré y le sujeté las mandíbulas atando un pañuelo.
Cuando llegó mi marido me dijo:
"¿Qué diablos has hecho? El médico va a pensar que lo has estrangulado"
Estuve en Hampstead la semana pasada. Tuvimos que limpiar un piso.
Lo último que hicimos fue el baño.
¡Menudo baño! ¿Sabes? Era precioso, el condenado...
Alicatado con azulejos rosas. Impresionante... Imagínatelo.
Así que decidí darme un maravilloso baño relajante.
Justo en el momento en que la dueña del piso regresaba a casa.
Mis compañeros no le dijeron nada ni me avisaron a mí,
dejaron que se metiera en el baño y me pillase en la bañera.
Ahí estaba yo, bien relajado y enjabonado...
completamente desnudo y cantando...
"Beautiful dreamer, wait unto me..."
Es de Bing Crosby. ¿Sabes quién es Bing Crosby?
Sí.
Oye, eres menos inculta de lo que pensaba.
- ¿Qué vas a hacer mañana? - Darme un baño.
- ¿Es tu cumpleaños? - Cerdo cabrón.
Oye, Rube. ¿Por qué no cogéis el micrófono Sylve y tú y cantáis algo?
Sólo sois pasables. No te metas en líos.
- Quiero la versión sin censurar. - Venga, vamos.
¡Otra!
¡Sois tremendas!
Ha sido fantástico.
- Sois unas verdaderas artistas. - No lo dices en serio.
- ¿Os ha gustado? - Ha sido fabuloso.
Oye... ¿Dónde vais a ir estas vacaciones?
Iré a ver a mi hermana. Vive en Nottingham.
Salimos por ahí todas las noches y nos emborrachamos.
Lo pasamos muy bien.
- Me gustaría estar a solas contigo. - ¿Qué...?
He dicho que me gustaría estar a solas contigo. Después.
Vas demasiado rápido ¿No te parece?
Tengo una moto afuera. Una Triumph. ¿No quieres verla?
Bueno... Vale.
- Me voy a ver su moto. - ¿A ver su qué?
Su moto.
- Eso ya lo he oído - Venga, vamos.
Yo también tengo una moto.
Ahí está. ¿Qué te parece?
Es fantástica, ¿no?
- ¿Quieres dar una vuelta? - ¿Lo dices en serio?
Pero la conduzco yo.
Bueno, vale. Pero sólo una vuelta a la manzana.
Mierda... Estaba pensando en raptarte, ¿sabes?
Vamos allá.
Adelante.
A veces siento la llamada de la naturaleza... Ya me entendéis.
Y cuando la oigo, presto atención.
Ya sé que estoy vieja y todo eso... Pero aún sigo viva.
¿Qué vais a hacer después? ¿Os apetece que crucemos las vías?
No, esta noche no, cariño.
Pero nos podéis llevar a nuestras casas, si os apetece.
De acuerdo.
- ¿Dónde vamos ahora? - Vamos a acompañarlas a casa.
¡Perfecto!
Sólo hasta la puerta, pedazo de salido.
¿Crees que voy a montarme ahí?
Sólo tienes que sentarte. No es un Rolls-Royce.
- Voy a joderme el peinado - Venga.
¡Mierda! Esto no me gusta.
Vamos, sube. No voy a morderte.
De acuerdo. Pero sé amable.
Ya está.
- ¿Todo bien? - Sí.
- ¿Estáis listas? - Sí.
¿Por qué no pasamos de ellos? Hoy estoy en forma.
Espera a que se hayan marchado todos.
Cuando todo el mundo se haya ido. Vuelve en 10 minutos, ¿vale?
Creo que será mejor que me vaya a mi casa.
Yo te llevo.
No... Mejor no. Pero te lo agradezco.
- Venga ya... - No, de verdad. Gracias.
- Bueno, yo me voy. - Muy bien.
Nos vemos el lunes, en el trabajo.
Muchas gracias por todo. Me lo he pasado muy bien.
- Claro que sí. - Adiós.
- ¿Te vas? - Sí.
- Chao. - Chao.
- ¿Qué pasa? ¿Huelo mal o algo así? - No le ha gustado tu corte de pelo.
No necesitas un peluquero, sino un cirujano estético.
¿Por qué no me das la dirección del tuyo?
- A ver si lo hace mejor. - Tendrá que esforzarse, colega.
- Bueno... Me voy a casa. - Espera un poco.
No, estoy cansada
Espera. Sólo quiero darte un beso de despedida. No voy a violarte.
Bueno... Pero que sea corto.
- Venga... Terminad ya. - ¿Qué pasa con lo nuestro?
Ya te lo he dicho. Espera a que todos se vayan.
- Venga, sólo uno. - Bueno, vale...
Bien...
Oye... Tienes que guardar algunas fuerzas para mañana.
Muy bien. Quedamos en esa esquina. Nos encontramos en 10 minutos.
Te das cuenta de que tienes un problema, ¿verdad?
- ¿Y cuál es? - Eres un obseso sexual.
- Me has calado a la primera. - Vámonos, Rube.
¿Nos vamos ya o qué?
- ¡Joder...! - Nos vemos mañana.
- ¿Qué pasa? - Nos vemos mañana.
Quizás sí, quizás no...
- A ver si os portáis bien. - Adiós, guapa.
Me gusta.
¿Sabes? Tengo esa sensación ahí...
Ese Terry podría hacer conmigo lo que quisiera.
¿Qué diablos haces ahí?
Me apetece respirar un poco de aire fresco. ¿A ti no?
Qué puta eres...
Rube, ¿se puede saber qué diablos haces ahí, con el abrigo?
Ya basta de despedidas. Te lo he dicho mil veces.
¿Te has dado cuenta, vieja bruja, de que no llevo ningún abrigo?
Además, la calle es de dominio público. Puedo estar aquí tanto como quiera.
Pero, ¿qué haces? ¡Suelta!
Eres un bruto.
Vaya... Pensaba que intentabas seducirme.
¿De verdad quieres que me vaya?
¿Es que no lo ves? ¿Qué dirá mi madre cuando vea este chupón?
¿Y qué dirá la mía cuando vea mis labios llenos de sangre?
¡Deja eso! ¡Maldita sea!
Eres un cerdo...
Claro... Por supuesto.
Lo entiendo, señora Giuseppe... Pero no toda la gente de color es sucia.
No.
Es cierto... Los pakistaníes huelen mucho. Son esas comidas raras suyas.
Sí, desde luego. De acuerdo. Nada de gente de color.
¿Tampoco irlandeses, señora Giuseppe?
Tampoco irlandeses.
¿Puedo ayudarla, madame?
Me encanta.
¿De verdad? Nunca hubiese pensado que esto fuera apropiado para usted.
Si me permite el atrevimiento.
- No... Esto es lo que busco - ¿En serio?
Ya sabe lo que pasa con estas casas viejas... No sé cómo tendrá el tejado.
Puede haber goteras.
Con esta humedad incluso salen hongos.
Además, en este vecindario prácticamente sólo viven negros.
Y no es que yo tenga nada en contra de ellos, claro está...
Pero tengo un pisito ideal para usted en Clapham Common.
Una cosa encantadora, ¿sabe?
No. Éste es perfecto.
Bueno... Tal vez tenga que darle la razón.
Supongo que tiene cierto encanto... El que sea.
No hay quien entienda a los jóvenes en estos tiempos.
- ¿Vivía usted en este barrio? - No, al otro lado del río.
Lo sabía... De Chelsea.
Eso es otro mundo.
Hermosas propiedades...
¿Cuándo puedo mudarme?
¿Cuándo puedo mudarme?
Ya mismo... Sólo tiene que pagar un mes de fianza.
Muy bien.
¿Te imaginas que este barrio se pusiera de moda?
¿Que Battersea se convierte en un "área de primera", como solemos decir?
- ¿Dónde está Nigel? - Nigel está en la villa.
¿Qué es lo que quería? Sí... Creo que lo tengo.
- ¿Dónde está Nigel? - En la villa.
- Una libra de peras... - Eso es.
Espero que salgan buenas.
¿Buenas? Señora... Respondo de ellas con mi cabeza.
Aquí están. Y le aseguro que Twiggy no las tiene mejores.
- ¿Cuánto es? - Dos chelines.
- Entonces, ¿dónde está Nigel? - En la villa.
Que Dios lo ayude.
Perdón. Un plátano, por favor
- ¿Sólo uno? - Sí, por favor.
Entonces es que no le gustan demasiado...
Aquí tiene uno bien hermoso. Ocho peniques.
- ¿Ocho peniques? - Es una fruta muy escasa...
Aquí lo tiene, madame. Primorosamente envuelto.
- Gracias. - De nada... ¿Y cuánto le ha caído?
- Veintiún meses. - ¡Dios! Pobrecillo...
- ¿Qué es la villa? - ¿Eh, madame?
- ¿Qué es la villa? - ¿La villa, madame?
Es la cárcel, madame, donde meten a los chicos malos.
- ¡Manzanas King Edward! ¡10 por una libra!
- ¿Tiene algo de los Beatles? - Lo tengo todo.
No se preocupe... Aquí están los Beatles.
¿Ve? ¿No se lo había dicho?
- Sí, ya lo veo. - No obstante, permítame
que le pregunte qué ve en ellos.
Esto no es un café, guapa.
- ¿Charlie? - Hola.
No quiere vender.
¿Qué quieres decir con eso? ¿Le ofreciste un buen precio?
Por supuesto que sí... ¿Qué? ¿Es la hora del almuerzo?
Hay otra haciendo lo mismo... Ahí afuera, en la calle.
¿De qué estás hablando?
Hay una chavala sentada en tu sillón, comiéndose un plátano.
¿Uno de mis sillones?
¡Lo que hay que ver! Esto no es el Joe Lyon, ¿sabe usted?
Lo siento... Estaba esperando a que salieran a atenderme.
Ya veo, señorita. ¿Qué puedo hacer por usted?
Querría comprar algunos muebles.
Ha venido al sitio indicado, señorita. Si es tan amable de acompañarme...
- ¿Me permite? - Oh, claro.
Aquí estamos... Estoy seguro de que tengo lo que anda buscando.
Antiguo de verdad. Esto ya no se consigue
ni por todo el dinero del mundo fuera de Portobello Road.
Hecho a mano.
Vamos, tóquelo... Se nota.
No hay muchos como éste.
En realidad buscaba unas sillas. Algo sencillo y funcional.
Claro... ¿Qué le parece esto?
¿Es suficientemente sencilla?
Es realmente auténtica. Hoy es su día de suerte.
La mayor parte de las que salen al mercado están deterioradas.
Usted me parece de la clase de personas
que entienden mucho de este tipo de cosas.
No... En realidad yo... No.
- ¿No? - No.
- Bueno... Veamos. - Hay más cosas ahí atrás.
Compré un montón de trastos la semana pasada. Están en el patio.
No puedo llevar a una clienta al patio...
La verdad es que me encantaría.
Bueno, vale. Vamos allá.
Aquí está.
¿Qué es eso?
- Pues es... Un sillón. - Me lo llevo.
El sillón.
Ven aquí, ven aquí...
- Ven, minino... ¿Es tuyo? - Sí.
Es precioso.
- Quédeselo si le gusta. - No querría...
Vamos, cójalo.
- Eres muy amable. - No pasa nada.
- ¿Quiere algo más, señorita? - No, gracias, sólo la silla.
Entonces, si quiere, podemos volver a la tienda.
- Sí. - Muy bien.
¿Qué es ese cuento del gato?
Si no puedes verlos ni en fotografía.
Olvídalo... Llevo esto a la furgoneta, ¿vale?
Sí, anda...
¿Cuánto cuesta este sofá?
¿El sofá?
La verdad es que es un mueble muy bueno.
Nada pretencioso, eso sí. Proviene de una buena casa.
Habría que volverlo a forrar, claro. Pero los muelles están perfectos...
Cuatro libras con diez.
Me lo llevo.
El sofá.
- ¿Te lo llevas a casa? - Sí, por favor. Gracias.
- ¿Tienes coche? - No.
- ¿Necesitas transporte? - Por favor.
- Muy bien. - Bueno, vamos a ver...
4 libras con diez más 30 chelines. ¿De acuerdo?
20 chelines.
Bueno, dejémoslo en 25 y no se hable más.
- Trato hecho. - Muy bien.
Seis libras, ¿verdad?
Le devuelvo cinco chelines, ¿ve?
Aquí tiene, guapa.
Gracias.
Suelo recibir cosas con frecuencia. Pásese siempre que quiera.
- Ha sido un placer atenderla. - Muchas gracias.
- Gracias - ¿Ya estás lista?
- Sí. Adiós - Adiós.
- ¿Cuál es la dirección? - Ingrave Street.
- ¿Es en este barrio? - Sí.
- ¿Eres de Battersea? - Me acabo de mudar.
Bueno... Pues entonces a Ingrave Street.
¿Cómo se llama el gato?
Bueno... No le he puesto nombre, hasta ahora.
- Y tú, ¿cómo te llamas? - Peter.
Bueno... Te llamaré Pete.
- ¿Y cuál es tu nombre? - Polly.
Bueno... ¿Cómo estás, Polly?
- ¿Necesitas ayuda? - ¿Qué?
- ¿Que si necesitas ayuda? - No, tranquila...
- ¿Te apetece una taza de té? - ¿Qué?
- ¿Una taza de té? - Sí, por favor.
¿Y tú quieres algo?
¿Qué tal un poco de leche?
Toma.
¿Dónde lo quieres?
Déjalo ahí mismo, de momento.
Muchas gracias.
Así que te has mudado.
- Sí... ¿Te gusta? - Sí.
- ¿Quieres un cigarrillo? - Gracias.
- Es al revés. - ¿Cómo?
Gracias.
Se me olvidaba el té.
Perdona que lo pregunte pero... ¿Qué haces tú en Battersea?
Me gusta.
¿Por qué? ¿Qué te extraña tanto?
Bueno... Resulta un poco raro que una chica como tú...
¿Una chica como yo...?
Sí... Bueno... Tú no eres como... Quiero decir...
Te pega más vivir en Belgravia o en algún sitio por el estilo.
¿Por qué estás tan seguro?
No es difícil darse cuenta.
No tienes aspecto de ser de aquí.
¿Seguro?
- ¿Azúcar? - Dos cucharillas, por favor.
Ta...
- ¿No te gusta Battersea? - Me vuelve loco...
- ¿Vives aquí...? - Esto... Perdón.
- ¿Vives aquí tú sola? - Sí.
Un poco arriesgado, ¿sabes? En este barrio hay gente poco fiable.
Mira... Si alguna vez necesitas ayuda...
Ya sabes... Si alguien te molesta...
¿Tú me ayudarás?
Será mejor que vuelva al trabajo.
Espera un momento...
Has sido muy amable. Esto es por el gato...
- Y por todo lo demás. - No hace falta. En serio.
- Nos vemos... - Adiós. Y gracias.
¿Te apetecería salir a dar una vuelta conmigo?
¿Esta noche?
Sí.
Fantástico.
¡Fantástico!
¿Qué tal, preciosa?
¿Sí?
Dios mío... No te había reconocido. ¿Qué te has hecho en el pelo?
- Está muy bien - ¿Quién diablos ha venido?
¿Cómo coño voy a saberlo? No veo a través de las paredes.
- Espero que no entre y nos vea así. - Mirad quién se ha dejado caer por aquí.
- Hola, querida. - Hola.
Llevas el pelo diferente.
Sí... ¿Te gusta?
Sí. Está muy bien.
Le he comprado esto, señora McCarthy.
Gracias... Son muy bonitas.
Voy a ponerlas en agua.
¿Qué has estado haciendo?
- He alquilado un piso. - ¿En serio?
¡Fantástico! ¿Y dónde está?
- Casi a la vuelta de la esquina. - Muy a mano... ¿Verdad, Sylve?
- ¿Qué has dicho? - Que cae muy a mano.
Sí... Muy a mano...
- ¿Podemos verlo? - Cuando queráis.
- ¿Podemos ir ahora? - Claro que sí.
Vamos, espanto.
Esperad un poco... Tengo que llevar este pringue 15 minutos más.
Mira... ¿Ves a ese tipo? June estuvo con él.
La metió en la trasera de su camión
y no la dejó salir hasta que consiguió lo que quería.
Un tío encantador.
¿Y ves a ese otro? Salió con Patsy Chubb.
Un par de veces, mientras su mujer estaba embarazada.
Pero Sylve se lo dijo a ella y cortaron. ¿Verdad, Sylve?
- ¿Por qué hiciste eso? - ¿Y por qué no?
Tenía derecho a saberlo. ¿No crees?
No sé... Era una cosa privada. Entre ellos. Así lo veo yo.
No sabes cómo funciona esto, guapa.
Así que, según tú, si tu marido se larga con otra no pasa nada, ¿eh?
Si te pasa eso te quedas sin nada, malviviendo de la Asistencia Social
y muriéndote de hambre.
Porque nadie te va a ayudar, guapita...
Bueno... ¿Qué os parece?
Muy bonito.
¿Qué pasa?
Nada.
¿No hubiera estado mejor algo un poco más grande
por la zona de Hastings?
- Entonces... ¿No os gusta? - Sí... Está muy bien.
Quiero decir... Si te va todo eso de las antigüedades.
Ya sabes...
Nosotras hace años que tiramos este tipo de muebles a la basura.
A mi madre le gustaban. Pero nosotras preferimos lo moderno.
¿A ti qué te parece, Rube?
Bueno... Me pasa como a Sylve, ¿sabes? Prefiero las cosas más modernas.
Pero este es un país libre, ¿no?
Pues a mí sí me gusta.
Y soy yo la que vivo aquí. ¿Os apetece un té?
Claro. Buena idea.
Dios mío... Mira esto. Da miedo sentarse ahí.
Sabe Dios de dónde ha salido. Estará lleno de chinches.
Es todo un poco cutre, ¿verdad?
Oye, Poll, ¿por qué no compraste unos muebles más decentes?
¿Con qué? ¿Con el dinero que nos pagan en el estuchado?
Déjate de cuentos, guapa. Seguro que tienes un montón de pasta.
- Pero no se trata de eso. - Está como una cabra.
Aquí está el té.
¿Sabes que Sylve ha conseguido llevarse un vestido precioso
por una miserable libra? Fue en una boutique del barrio.
¿Sabes cómo lo hice? Lo compré a plazos y sólo he pagado el primero.
- Pero, ¿cómo? - Pues mira... Verás...
Cuando vinieron a casa a cobrar la segunda letra
llamaron al timbre y ella contestó: "Soy la madre de la señorita McCarthy."
"No puedo atenderles porque acaban de internar a mi hija en un psiquiátrico"
Ellos dijeron: "¡Oh, vaya!" Pero luego mandaron una carta
diciendo que pensaban reclamar judicialmente.
Así que ella va y les telefonea y les dice:
"Lamento comunicarles que la señorita McCarthy ha muerto."
"Así que, por favor, no envíen más cartas a su nombre a esta dirección."
Me he echado novio. He quedado con él esta noche.
¿Cómo es?
- Muy guapo. - ¿Es de Chelsea?
No. Es de aquí, de Battersea. Lo conocí esta tarde.
- ¿Y cómo se llama? - Peter.
- Peter. - ¿Uno moreno de pelo rizado?
No. Rubio... de pelo liso.
Me regaló un gatito.
Cuidado con los gatitos, ya sabes...
Cuando les entra el celo se vuelven locos.
Pobrecito Tom.
Hola, Peter. Sylvie, Rube... Peter.
- Hola a todas. - Hola.
Hola.
Cállate... Nosotras nos vamos.
- Os dejamos con vuestra cita. - No os vayáis.
- Hemos quedado. - Sí. Hemos quedado.
No hagáis nada que yo no haría.
- Eso deja un amplio margen. - Un margen muy amplio...
Sólo será un minuto.
- ¿De qué os reís? - Está loca.
Adiós.
Voy a fregar esto, ¿vale? - Muy bien.
¿Quiénes eran ésas?
Unas amigas mías. Trabajo con ellas.
Había pensando en ir al cine esta noche.
- Muy bien. ¿A cuál? - Alguno por el West End.
¿O prefieres ir a una discoteca?
- ¿Del barrio? - Claro que no. De Kensington.
O podríamos...
¿No podríamos ir a algún sitio aquí, en Battersea?
¿Un sábado por la noche? Sólo hay pubs con baile.
- No, pubs no. - No hay otra cosa.
Bueno...
¿Sabes? Yo llevo muy poco tiempo aquí...
Aún no conozco el barrio. Me gustaría pasear por él.
Dar una vuelta por ahí.
- Bueno... Si eso es lo que quieres...
¿Sólo ver las calles? ¿Pasear por ahí?
Me encantará.
Bueno, vale... Lo que tú digas.
- Me gusta tu pelo. - ¿Perdón?
- Que me gusta tu pelo. - Oh, gracias.
¿No te parece precioso?
- No mucho, la verdad. - Entonces, ¿qué te lo parece?
No sé. Muchas cosas... Pero ninguna de por aquí, desde luego.
- Si te fijas, también aquí las hay. - Estoy fijándome.
¿Y qué es lo que ves?
Casas pequeñas y sucias.
Viejas con rulos en la cabeza y la dentadura postiza metida en un vaso.
Con sus maridos al lado, roncando la borrachera.
Y un tren que pasa cada cinco minutos, haciendo temblar las paredes.
El viejo tose y escupe en el orinal que hay junto a la cama.
Un crío grita en la calle.
En el piso de abajo, una mujer discute con su marido
insultándole de la peor forma que puedas imaginar.
Y luego, a las 6, todos a trabajar. Y así un día tras otro.
Por las tardes, todos pegados a la tele.
Una vez al año, pasas dos semanas en Ramsgate.
Y al final de todo, una caja de madera.
Tú eres la única cosa bonita que hay aquí, princesa.
Ven. Quiero enseñarte algo.
Ven. No pasa nada.
Ésta era mi habitación.
¿Qué es eso?
Es un Aston Martin. Eso sí que es bonito.
- ¿Qué harías con uno así? - Pasearte a ti.
¿Y esto qué es?
Lo recorté de una revista hace muchos años.
Es un castillo en Irlanda.
Me gustaba imaginar que vivía en él.
- ¿No sería muy frío? - Tendría calefacción central.
Con lacayos sirviéndome. Todos de punta en blanco.
Y yo conduciendo el Aston Martin todo el día.
¿Tú no sueñas cosas así?
- Algunas veces. - ¿Y qué sueñas?
- Cuentos de hadas. - ¿Como qué?
Que soy feliz...
Cosas normales y corrientes.
Como hablar contigo.
¿Por qué viniste a Battersea, Polly?
Supongo que buscando algo de libertad.
¿Libertad?
¿Y viniste a buscarla a Battersea? Hay más libertad en la cárcel que aquí.
La única diferencia es que aquí podemos entrar y salir.
No es verdad. Sois más libres que...
No sé... Aquí no hay hipocresía.
Nadie anda disimulando, como en el sitio del que vengo.
La gente dice lo que siente. Si están furiosos, gritan.
No están reprimidos, ni histéricos.
Esto es más real... Más natural.
Tienes la libertad de ser tú mismo.
¿Y qué soy yo?
Un chico de clase obrera con 2 chelines en el bolsillo.
Cuando quiero estar solo tengo que venir aun sitio como éste.
Sucio y feo.
Quiero algo limpio y bonito.
Sol, playas de arena caliente,
y nosotros en una balsa, mecidos por las olas,
viendo nadar a los peces... Algo así de hermoso.
Y aquí estamos, en una casa en ruinas que van a derribar.
No importa, Peter.
Nunca había estado con una chica como tú, hasta ahora.
Quiero decir... Hablo contigo, pero sigo estando nervioso...
No sé si me entiendes.
Claro que sí.
¿En serio?
Oye... No tendrás frío, ¿verdad?
- ¿Quieres sentarte? - Gracias.
Pensarás que soy un pasmado. ¿No es así?
Mira... A otra chica ya le hubiese dicho: "Ven aquí".
Pero tú me gustas de verdad. Desde el momento en que te vi.
¿Por qué no me miras?
Hazme un favor, ¿quieres?
Sedúceme.
¡El té!
Le dije a Arthur: "Cuando me muera, entiérrame con las bragas puestas".
Y me contesta: "¿Y quién diablos crees que va a querer ponértelas?"
¿Te da miedo la muerte, Sylve?
No. Cuando te mueres ya no te duele nada, ¿verdad?
Aquí tienes, guapa.
¡Mierda!
Está asqueroso. ¿Qué le has echado?
No le he echado nada. Es lo que ha salido.
Pues no se puede beber. Está asqueroso.
Mira eso... Hay un paquete de cigarrillos en el fondo.
¿Alguien ha visto mis cigarrillos?
Con ese uniforme, deberías alistarte en el ejército.
Oye Sheila... Tengo una idea. Vamos a cortar las mangas.
Mucho mejor.
Ahora verás, querida. Estarás mucho más sexy
cuando las haya cortado. Vas a estar guapísima.
Así, mira... Carne, carne...
Vas a estar preciosa.
¿Quién es la más sexy? ¿Quién es la más sexy?
Tú, cariño. Tú vas a serlo.
Vamos, cariño, vuélvete. Ahora toca la otra.
Vas a estar preciosa. Una cosa increíble.
- ¡Fantástico! - Lista para el baile del sábado.
Oye, Leila, se te ven los pelos del sobaco.
No seáis malas. Tú tranquila, querida.
Te voy a bajar la espalda. Quedará fabulosa.
Ya os habéis reído bastante. Dejadla en paz.
¡Mierda!
¡Vosotras! ¡Volved al trabajo!
- Rube, ¿qué te pasa? - ¿Qué ha sido eso?
¿Está bien?
¡Vamos! ¡Os he dicho que volváis al trabajo!
- ¿Qué está pasando aquí? - Se ha desmayado de repente.
- Apartaos. ¡No la dejáis respirar! - Traedle un vaso de agua.
¿Qué te pasa, cariño?
- Ay, Dios mío - ¿Qué te pasa, cariño?
No lo sé. Me he desmayado. Me encuentro fatal.
Bebe un poco.
Es agua.
Me han fallado las piernas. Y todo me daba vueltas.
Será mejor que te vayas a casa, cariño.
No me extrañaría que fuera culpa del té.
¿Qué pasa con el dichoso té?
Nada, salvo que cuando lo tiramos por el váter
vimos que llevaba un paquete de cigarrillos. Eso pasa con el té.
- ¿Un paquete de cigarrillos? - ¿No es gracioso?
Vamos, Rube. Te acompaño a casa.
Espera un momento. No os podéis ir las dos.
Hay que terminar un pedido.
Ella no puede ir a casa sola... ¿Es que no lo ves?
Yo la acompañaré.
No estarás echándole cuento, ¿verdad, Rube?
No seas imbécil. Mira qué mala cara tiene.
Bueno, vale... ¿Puedes ir tú sola?
- No. - Vale... Que te acompañe.
Pero vuelve aquí inmediatamente.
Quizás tendríamos que pedir una ambulancia.
Me moriría de vergüenza si tengo que subir en una.
Tiene muy mala cara, ¿verdad?
Y acuérdate de traer un certificado médico
cuando vuelvas aquí.
- ¿Cómo te encuentras? - Al darme el aire, un poco mejor.
Espero no vomitar.
Yo juraría que está embarazada.
- Es un síntoma, ¿verdad? - Yo lo pasé fatal.
¿Os acordáis de Moira? Juraba que no había estado con nadie.
Supongo que el embarazo le llegó por carta.
Yo, en su lugar, no lo tendría.
¿Señora McCarthy?
¿Señora McCarthy?
Tonterías. No es ninguna vergüenza. A mí me pasó lo mismo.
Estaba enamorada.
No nos preocupábamos de nada hasta que me quedé preñada.
Y ya no pude esconderlo.
Lo peor fue la bronca que me echó mi madre.
Me dijo que de todas, era de mí de quien menos lo esperaba.
Porque yo siempre le había parecido la más prudente.
Y luego se lo dijo a mi padre.
El viejo entró en mi cuarto y me dijo que no me preocupara.
En aquel entonces no hablábamos de esas cosas.
Pero ahora ya puedo contarlo todo.
Así que fue a la farmacia y compró una cosa rara
que ya usaban ellos antes de la guerra.
Quizás fue culpa del té. Yo vomité un poco en el lavabo.
No. No es el té. Creo que estoy preñada.
- ¿Estás segura? - No tengo sueño, ni hambre...
Y me encuentro siempre fatal.
- ¿Es de Terry? - Sí.
Podéis casaros.
Oh, no.
No, no quiero casarme. Me desharé de esto.
Conozco a alguien por Wimbledon Common.
Pero, Rube... Es peligroso.
No lo hago por mí. Es por mamá.
Mira...
Cuando está en la cocina y yo me encuentro mal,
tengo que disimular.
Noto como una respiración en el estómago, algo raro ahí...
Una vez me metí en la despensa para vomitar.
No te rías.
El otro día va y me dice:
"¿Tienes úlceras en la boca? Y se te ha hinchado la tripa."
Y me miró de una forma muy rara.
- ¿Poll? - Sí.
No se lo dirás a nadie, ¿verdad?
No, claro que no.
¿Me acompañarás cuando vaya a hacerlo?
Pues claro.
En serio... Te lo agradeceré mucho.
¿Pero es que no tomáis la píldora?
¿No tienes otro tema de conversación?
Cuidado. Es mentar la soga en casa del ahorcado.
Mira quién fue a hablar.
- Yo sólo preguntaba... - Pues no preguntes.
Es mi hermana, ¿vale? Así que deja de meter tus narices.
- Lo siento mucho. - Ya...
¿Por qué, de pronto, estás tan cabreada con todas?
No estoy cabreada.
Te crees superior porque tienes una amiga finolis, ¿verdad?
¡Te voy a arrancar esa jodida peluca que llevas!
¡Vamos, vamos! ¡Dejadlo ya!
Bueno, vale...
Hola.
- ¿Cómo está Rube? - Está mejor.
Yo creo que comió algo que le sentó mal.
Algo que le sentó mal...
¿Fumas?
Está embarazada, ¿verdad?
Venga... A mí puedes decírmelo.
Buena putada... ¿No crees?
¡Pandilla de putas chismosas!
Y esa golfa de Rita... Un día voy a matarla.
Siempre metiendo la nariz en los asuntos de los demás.
Opinando de todo sin tener ni puta idea.
Y zorreando desde tiempos de la reina Victoria.
Y, para colmo, el crío es de ese Terry.
Un cabrón del tipo "si te he visto no me acuerdo".
A mí me pareció encantador.
Todos son encantadores, guapa. Hasta que te llevan al huerto.
Tiene que quitárselo.
La voy a acompañar a Wimbledon mañana.
¿Qué vas a hacer esta noche?
- He quedado con Peter. - Cuidado o te pasará lo mismo
- No. - Son todos iguales.
Él es diferente.
¡Jodido tiempo británico!
- Hola, Peter. - Hola, Poll.
Bueno, yo me voy... Ya sabes: No hagas nada que yo ni haría.
Dios... Durante un momento he creído que tenía una cita con las dos.
No seas ridículo... ¿Crees que iba a compartirte?
¿Adónde vamos?
- Al oeste. Al otro lado del río. - Al West End no.
Olvídate de Battersea por un día, ¿vale?
Entonces, tendré que cambiarme.
Estás bromeando, ¿verdad?
- Esto sí que es vida. - ¿Qué?
Lord Peter te invitará a cenar en este sitio.
Míralos.
Estoy mirándolos.
Pensaba que ibas a llevarme por ahí.
Sólo a ver escaparates, amor mío.
¡Espera Peter! ¡Ésa es Sylve!
- Hola, Sylve. - Ah, hola Poll.
Vaya... Qué bien...
Me estoy meando, ¿sabéis?
¿Os lo habéis pasado bien?
¿Dónde coño te crees que vas
vestida como la jodida reina de Saba?
Mira por dónde aparece el chuloputas de mi ex-marido.
Puta asquerosa... Miradla bien.
Miradla... Es como... ¡Maldita guarra de mierda!
Como el Ejército de Salvación, ¿verdad? Siempre abierta a todo el mundo.
Sé todo de ti. Y de tu jodido aborto...
Por 10 cochinas libras. Y puedo probarlo.
De acuerdo ¡Pruébalo!
No puedes probar ni una puta mierda...
¡Lárgate de aquí! ¡Vete a zorrear a otro sitio!
¡Duro con ella, colega! ¡Se merece una buena!
Todas necesitan un poco de mano dura de vez en cuando.
¡Es un anciano!
- Mi dentadura... ¡No la encuentro! - ¡Eres una...!
Sé que te ibas de putas.
Tres libras por cada polvo.
Una de esas desgraciadas se mató hace poco.
¡Ojalá la hubieses matado tú!
¡Puta!
¿Y qué me dices de tu aborto? ¡Mataste a ese crío!
- ¡Deja en paz a tu mujer! - ¡No es mi mujer!
Antes tendría que haberme casado con ella, ¿no es así?
¡Sylvie!
- ¡Te casaste conmigo, cabrón! - ¡Vete a la mierda!
¡Quita tus asquerosas manos de mi hija!
¡Imbécil!
¡Vámonos ya! ¡Vámonos ya!
¿Qué hace en camisón en medio de la calle, señora?
- ¡Ha empezado ella! - Tranquila, cariño.
- ¡Ha empezado ella! - No pasa nada.
Son cosas de la vida.
¿Ya has visto bastante?
¿Por qué no has hecho nada? ¡Podían haberla herido!
¿Quién te crees que soy? ¿La Cruz Roja o algo así?
Aquel bruto borracho...
Bueno, tu Sylve tampoco es manca. No es una monjita.
¿Y, según tú, eso da derecho a ese animal a darle una paliza?
No confundas las cosas.
Sólo digo que es un asunto entre ellos.
- A nosotros no nos incumbe. - Ella nunca te ha gustado.
No sabes lo que dices.
Estaban casados, ¿no?
- Vivieron juntos unos años. - Es lo mismo.
Si ella siempre está hablando de sexo ¿Qué puede esperar?
- Un poco de simpatía por tu parte. - ¿Simpatía?
No son Lord y Lady Farnsbarns charlando civilizadamente
y dirimiendo sus pequeñas diferencias con un vaso de ginebra.
Querías ver la vida real, ¿no? Bien... ¡Pues ya la has visto!
Polly...
No he venido aquí a discutir contigo.
Ya hemos tenido bastantes Sylves, Rubes y escándalos esta noche.
¿No crees?
¿Eh, princesa?
Ven aquí.
Ahora me toca a mí seducirte a ti.
La llave estaba en la puerta. No sabía que estabas aquí.
¿En serio?
¿Dónde está Poll?
Preparándome el desayuno.
Polly. Una amiga tuya está aquí.
- Hola. - Perdona que os moleste.
No pasa nada. ¿Quieres desayunar?
No, gracias. No tengo hambre.
Quería saber si te habías olvidado de lo de Wimbledon.
¿Vais a jugar al tenis?
Algo así. Estoy en un minuto.
Pensaba tomarme el día libre.
Y pasarlo juntos. Ir al río o algo así.
Me encantaría. Pero le prometí una cosa a Rube.
Pensaba que ya os veíais bastante en el trabajo.
Bueno... Es una cosa especial.
Tranquila, Poll. No pasa nada. Por mí no hay problema.
No. No pasa nada.
Ya veo... Bueno, si a Rube no le importa mirar a otro sitio
o salir del piso, o lo que sea... Me voy a vestir.
Nos vemos.
No es culpa mía, ¿verdad?
- ¿Qué pasa? - Hemos llegado.
Pero esto... Es una tienda.
Sí. Es la fachada... Vamos.
Digo que son dos chelines.
Sí, sí, gracias. Viejo chocho...
¿Sí?
¿En qué puedo atenderos?
Hemos venido para...
- He venido para que... - ¿Qué dices?
Ya sé a qué habéis venido.
Sólo hay una cosa por la que dos ricuras como vosotras
vendríais a la tienda de Winnie, ¿verdad?
Será mejor que pases a la habitación de atrás, querida.
Vamos... Venid aquí...
¿Dónde he dejado el vaso? Es una cosita tan pequeña...
Estoy cada día más tonta.
No sé dónde lo he dejado... ¿Estáis ahí? Sí... Estáis ahí.
Bueno... ¿De cuánto estás, querida?
- De unos tres meses. - Tres meses, ¿eh?
Bueno... Sólo hay un pequeño problema, ¿sabes?
¿Sabes cuál?
¿Dónde está mi vaso? Ese maldito vaso, ya sabes...
Me está volviendo loca...
¡Fuera de aquí! ¡Asquerosa bola de pelo!
Maldito gato. Es un bicho horrible.
¿Sabéis lo que estaba haciendo?
Meándose en las patatas.
Si os digo la verdad, estoy harta de él...
Mire... No puedo tenerlo. Ya sabe... Mi madre y todo eso.
No tienes que explicármelo, querida. Sé perfectamente lo que pasa.
Es la cosa más difícil de explicar en este cochino mundo.
Por cierto... ¿Cuánto dinero llevas, cariño?
Cuatro libras.
¿Cuatro libras? Bien... Déjame ver.
Sí. Cuatro libras.
Bueno... No os importa, ¿verdad?
Es por mi garganta. Tengo flemas...
Tú tendrás unos 17 años o así, ¿eh?
- Cumplo 18 el mes que viene. - Dieciocho. ¿Lo ves?
No me he ido mucho, ¿eh?
Bueno, vamos para arriba.
¿Qué tal? Es mejor que tu amiga se quede aquí, sí.
Que espere aquí hasta que tú bajes, ¿verdad?
¿Qué tal? Bien... Vamos arriba.
Vamos, cariño.
Cuando metió la jeringa sentí un dolor raro.
- Como si te disparasen ahí... - ¿Te encuentras bien?
No lo sé. Las piernas no me sostienen. No puedo caminar.
Vamos a sentarnos.
No puedo coger el autobús.
Quédate aquí. Voy a llamar a alguien.
No, con la lambretta no...
Me he hecho daño en la pierna. ¿No podrías traer la furgoneta?
Gracias, amor mío. Pero ven enseguida, ¿eh?
Ya está. Vienen a buscarnos. Pero debes ir a un médico.
¡No!
No quiero ir a un médico.
No quiero que nadie se entere de esto.
Ya veremos.
¿Cómo está tu pierna? ¿Qué es lo que pasa?
Es Rube... No está bien. Debemos llevarla a casa.
¿Te has creído que esto es una ambulancia?
Por favor, Peter.
Bueno, vale...
Con cuidado.
¿Quién será?
¿Quién es?
Dios mío...
Polly.
Sé lo que está pasando. No soy tonto, ¿sabes?
No tenemos nada que hacer aquí.
- ¿Qué ha pasado? - Primero súbela arriba.
- ¿Quieres acabar en comisaría? - Sé lo que estoy haciendo.
- Polly, sube aquí y vámonos - Peter, no puedo.
Muy bien.
Vamos, dime... ¿Qué pasa? ¿Dónde te duele?
Dímelo, cariño. No puedo ayudarte si no me lo dices. Venga...
Se ha provocado un aborto.
¿Un aborto?
Mamá, creo que...
Te dije que te alejaras de él, ¿recuerdas?
Mamá, creo que será mejor que se acueste.
- Se lo dije. ¿Verdad que se lo dije? - Si, pero ella...
Se lo advertí una y mil veces.
Vamos, cariño. Te llevaré a la cama.
- Yo no lo sabía, Sylve. - Claro que no, cariño.
Te pondrás bien.
Abusando de mi pequeña.
¡Cochino bastardo!
Le voy a romper todos los huesos del cuerpo.
Creo que debería llamar a un médico, señora McCarthy.
¿Un médico? No necesitamos médicos.
Nos las arreglaremos sin tipejos como esos.
Mamá, creo que deberías ir a su lado.
- Ahora voy, Dios mío. Ahora... - Le duele mucho, mamá.
- Voy a matar a ese cabrón. - Ray se encargará de él.
- ¡Es tan cabrón como todos! - ¡Mamá! ¡Mamá!
¡Mamá!
¡Tranquila, cariño! ¡Ya voy! ¡Ya voy!
Sylvie, tenemos que avisar a un médico.
Hola, Sylve. ¿Y Rube?
No vuelvas a asomar tu cara por aquí nunca más.
- Si sabes lo que te conviene... - ¿De qué diablos estás hablando?
- Lo sabes muy bien. - No... No lo sé.
Espero que estés satisfecho. Sólo espero que lo estés...
Mira, Sylve... Hazme un favor, ¿quieres?
Tengo la moto ahí abajo. Voy a llevarme a Rube, ¿sabes?
- No te la llevarás a ningún sitio. - ¿Por qué? ¿Qué es lo que pasa?
Porque está preñada.
- ¿Preñada? ¡Venga ya...! - Por tu culpa, maldito cabrón.
- No te hagas el inocente ahora. - ¿Dónde está?
No se te ocurra cruzar esta puerta o te mataré.
¿Qué estás diciendo? ¡Quiero saber si es mi hijo!
- Si mi madre te ve, te matará. - ¡Me da igual tu madre!.
- ¡Si es mi hijo, tengo derecho a verla! - ¡Se ha deshecho de él!
¡Rube! ¡Rube!
¡Apártate, zorra estúpida!
Fuera de mi casa... ¡Sucio bastardo!
¡O te abriré la cabeza!
¡No quiero que mi hijo acabe en el desagüe!
¡Ya no hay remedio! ¡Vete o te mataré!
¡Vete y no vuelvas más!
- ¡Tengo derecho a...! - ¡No tienes ningún derecho!
¡Vamos...! ¡Lárgate!
¡En realidad, sólo es una putilla barata!
- ¿Estás bien? - Sí.
- ¡Tiene que verla un médico! - ¡Sylvie!
Dejadme llamar a un médico, por favor.
Ya no hace falta.
Se ha acabado.
Lo siento, mamá... Lo siento.
Lo siento.
- No hagas eso. - Lo siento.
¿Y bien?
- ¿Quieres llevarme? - No.
- ¿Qué estás haciendo? - Revisar la conexión.
Interesante.
¿Quieres acompañarme a una fiesta esta noche?
¿Qué fiesta?
- Para Rube. - No, gracias.
- Venga... - Te he dicho que no.
Se ha comprometido.
- Sorpréndeme... ¿Con quién? - Con Terry.
Dios... ¿No es maravilloso?
Hoy no tengo ganas de nada...
- Te lo juro. - Oh, Sylve.
He estado demasiado tiempo con ese tío, en serio...
Sin embargo, ése de ahí no está mal del todo.
Por favor, deja de mirar a los tíos. No quiero problemas.
Voy a darle un poco de conversación.
¿Estás segura de que no es tu hermano?
Mantén las manos lejos.
- ¿Sabes lo que me gustaría? - Sí... Lo que yo te hago.
- No, eso no. - Vamos...
- Me gustaría ir a la bolera. - ¿A la bolera?
Sí. Me encanta ver cómo ruedan las bolas por el suelo de madera.
Bueno, vale... Está bien. ¿Alguien quiere ir a la bolera?
Sí... Vamos allá.
- ¿A la bolera? Vale. - Muy bien.
Perfecto... ¡Escuchad todos!
Los que quieran ir a la bolera que levanten la mano.
¿A dónde?
Que corra el aire... Cuidadito con eso.
- Eres un salido, ¿sabes? - Venga, vamos a la bolera.
¿Qué? ¿Para qué quieres ir a la maldita bolera?
Nunca he estado en una.
Bueno... Si quieres que vayamos a la bolera, iremos a la bolera.
Venga.
Oye, yo me voy en el Consul.
- Sube aquí detrás. - No, prefiero ir en el Consul.
¡No te lo permito!
Todavía no llevo ningún anillo de compromiso, ¿entendido?
¿Quieres montar aquí?
- Haz lo que quieras. - Por favor.
Venga, el primero que llegue a la bolera se lleva un premio...
¿De acuerdo?
¡Un espejo!
¿No sería mejor llevarlo a un hospital?
Ya no hace falta. Está muerto.
Vamos...
Tranquila.
Son cosas que pasan.
Pero es terrible.
Un segundo antes estás vivo...
No podemos hacer nada.
No pudimos evitarlo.
No le des más vueltas.
Todos los días algún chaval se mata en la carretera.
No me gusta.
A mí no me gusta nada, excepto tú.
Tienes que olvidarte de eso.
Ha muerto. Es una pena. ¿Qué vamos a hacerle?
- Podría haberme pasado a mí. - Oh, no. Oh, no.
Venga, deja de llorar. Por favor.
¡A ti no!
No llores, Poll. Por favor.
Por favor.
Mira... Escúchame.
¿Por qué no salimos un poco de Londres?
Vámonos a la costa el fin de semana. Te irá bien.
¿Qué te parece?
Yo me encargo de todo.
¿Y dónde iremos?
Déjame a mí...
Tratamiento especial.
Eres tan bueno y yo...
Soy tan estúpida.
No, no lo eres.
Son dos mundos diferentes. Eso es todo, amor mío.
Vamos.
Olvídalo.
Maldita sea mi estampa...
¿No te habré molestado poniendo esto aquí?
- No. - No ¿Qué estás haciendo?
- Nada. - Nada.
No te pago para que no hagas nada.
Levántate y gánate el sueldo, maldito vago de mierda.
Charlie... ¿Vas a usar la furgoneta este fin de semana?
- ¿Por qué? - ¿Podrías dejármela?
- ¿Para qué? - Quiero salir de la ciudad.
¿Y qué tiene de malo el transporte público?
- Venga... El lunes la tendrás aquí. - No... Tengo que usarla.
- ¿Y qué le pasa a tu scooter? - No vale para eso.
¿No?
Tu problema, chico, es que tienes demasiados pájaros en la cabeza.
¿Salir fuera un fin de semana? ¡Vamos, hombre...!
¿Por qué no te portas como los demás chavales?
No puedo, gracias.
Estoy intentando aconsejarte, chico.
No necesito tus consejos. Quédate tu jodida furgoneta.
- ¿De dónde lo has sacado? - Lo he alquilado.
Maldito presumido. Bajo en un minuto.
- Qué tontorrón eres - Al contrario, soy muy listo.
Mira todas esas encantadoras casitas de huéspedes.
Imagino que todas tienen una patrona gorda.
Con un cartel que dice: "La limpieza acerca a la santidad."
Sí, bueno... No vamos a quedarnos en ninguna de ellas.
- Oh, por favor. - No queremos patronas...
Siempre husmeando en los asuntos de los demás.
No. Para nosotros es mejor un hotel.
- Eres un presumido. - Nunca he estado en un hotel.
Muy bien, le hacemos la reserva... Muchas gracias.
- ¿Sí? - Una habitación doble...
Con vistas al mar y cuarto de baño, por supuesto.
- ¿Tienen reserva? - No.
Firme aquí, por favor.
- Dos-Tres-Cuatro. - Por aquí, por favor.
Llamada telefónica para el Sr. Hancock...
"Están chalados, estos jovenzuelos..."
El mar.
- Ya sé que no es la Riviera. - Es aún mejor.
Mira... Quiero probarlas.
ANGUILAS EN GELATINA
Son asquerosas.
Es como si comieses lo que tiene una vieja bajo la falda.
¡Por favor!
- No vas a hacerme caso, ¿verdad? - No.
- Deme unos berberechos. - Aquí tiene.
- ¿Cuánto es? - Nueve peniques, por favor.
Aquí tiene.
Están buenísimos.
La próxima vez los cogeremos de la roca nosotros mismos.
- ¿Tienes hambre? - Un poco.
- Entonces vamos a comer. - Muy bien.
No, aquí no.
- ¿Por qué no? - Es un poco "puagh".
¿Qué significa "puagh"? Es bueno.
Pretencioso.
Estoy harto de huevos con patatas, ¿sabes?
Cualquier sitio en el que estés tú, princesa, es el mejor.
- No te va a gustar. - Ya lo veremos.
Ven aquí.
- Oye, acabo de ducharme. - Ya lo sé.
Hueles muy bien.
- ¿Sabes una cosa? - Duérmete.
Te quiero.
¿De verdad?
¿Lo dices en serio?
Te quiero.
Te quiero.
Oye...
¿Te casarías conmigo?
¿Qué?
No... Lo que quiero decir... Entendería que no quisieras.
Bueno, no lo sé... Yo...
- No sé qué decir. - Iríamos a bailar.
Sería como ahora, pero todos los días.
- Es una cosa muy seria. - Sí, ya lo sé.
¿De verdad quieres casarte conmigo?
Sí.
Te quiero.
Tendrás que conseguir un trabajo mejor.
- ¿A qué te refieres? - Uno que nos mantenga a los dos.
Polly, deja ya de jugar. Esto va en serio.
¿El qué?
Todo el mundo en Battersea sabe de dónde vienes.
Todos saben que tu familia tiene dinero.
No me lo creo.
¿De verdad piensas que eres igual que Sylve o Rube?
La gente como tú no sale de esas calles.
¿Soy diferente de ellas por el hecho de tener dinero?
Simplemente, puedes dejar de fingir que no lo tienes.
Fui a Battersea para escapar de todo eso.
Quería vivir una vida normal. Vivir de mi trabajo.
No soy un parásito... Y no pienso casarme con uno que aspira a serlo.
Entonces, tú crees que vivir en esas casuchas
y trabajar en una fábrica es la sal de la vida, ¿no es eso?
Sí.
Estás loca.
Podríamos tener un piso precioso en lo mejor de Londres,
disfrutando del sol y de la luz cuando queramos.
Ignora lo malo de esta vida y disfrútala.
La vida es demasiado corta para quedarse sólo con lo peor.
- Pero eso no es lo que quiero. - ¿Y qué diablos quieres?
Los dos trabajando en la fábrica. Viviendo en un piso miserable...
con una bañera que sólo se usa los viernes.
Huevos y patatas todos los días. Cobrando un sueldo de mierda.
- Mucha gente vive así. - ¿Y crees que les gusta?
He visto lo que el dinero hace con la gente.
Sé cómo son los ricos.
El dinero te destruye. Te vuelve hipócrita e inútil.
- Y no quiero formar parte de eso. - Tú no sabes nada.
- ¿Que no lo sé? - Déjame decir algo, Polly.
- Todos quieren lo que tú tenías. - No.
Escúchame. ¿Por qué crees que les gustan las carreras de perros?
Una apuesta. Un golpe de suerte y ya está. ¡Dinero!
Y tú lo tienes y no lo quieres...
- No lo necesitamos. - Habla por ti, Polly.
Nunca has pasado apuros. Ni has pisado una comisaría.
Nunca sabrás lo que es pasar hambre y ser pobre de verdad.
Por muy en serio que te tomes este maldito juego tuyo.
- ¿Estoy jugando? - ¡Sí, estás jugando!
¡Sal ahí afuera y haz feliz a la gente con tu dinero!
¡Gástalo! ¡Haz algo útil con él!
¡Pero no te quedes ahí sentada sintiéndote culpable!
Dios mío...
Sí... Mírame así.
Eres igual que ellos, ¿sabes? Igual que esos ricos que dices.
- Peter. - Déjame
y encuentra un buscavidas de verdad,
- De los que... - No, Peter, no quiero.
¡No juegues con la gente, Polly! Y tranquila. Ya he pagado el hotel.
¡Peter, no...! ¡No es eso!
... y fue hallado en posesión de un coche robado.
- ¿Tiene algo que añadir? - No. Nada que añadir.
Su problema, Connors
es que no respeta la propiedad privada.
O es incapaz de distinguir
entre lo que es suyo y lo que no lo es.
- ¿Qué? - Cállate.
No puedo. Es ese juez...
Me hace partirme de risa.
La gente como usted no puede andar libre por las calles
porque son incapaces de ejercer su libertad con respeto.
No es usted más que un parásito.
Así que no veo otra solución que encerrarlo.
Tal vez ahí adentro aprenda a respetar la propiedad ajena.
Lo sentencio a seis meses de prisión.
Y espero no volver a verlo ante este tribunal.
- Tengo que verlo. - No te dejarán, querida.
Tengo que hacerlo.
¿Peter?
Peter.
Lo siento, señorita. Va contra las normas.
Es mi novio... Tengo que verlo.
Lo siento, ha de atenerse al horario de visitas.
Hola, Polly. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo está tu padre?
Bien... Escuche, han traído aquí a un amigo mío...
Debo verlo, pero él dice que... ¡Por favor!
Creo que podemos arreglarlo. Será un minuto.
Tiene mi autorización para dejar pasar a la señorita.
De acuerdo, señor. Por aquí, señorita.
Sólo un minuto.
- ¿Qué haces aquí? - Un amigo de papá...
Ya veo...
¿Por qué, Peter?
¿Por qué, qué?
El coche... Yo no necesitaba eso...
Pero yo sí.
Yo hubiera preferido ir en autobús.
Sí... Ése es tu problema.
¿Todo bien, Polly?
¡Una pena!
Así es. Quizás no has hecho nada grave
pero ya estás marcado para siempre.
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