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-Deje esos papeles y no se mueva.
Cúbreme.
Si trata de crearnos dificultades, se arrepentirá, Duvall.
¿Dónde están los títulos de propiedad de la mina?
-Tendrás que buscarlos. ¡Ah!
(FORCEJEAN)
-¡Cuidado, alguien se acerca!
(Se oyen pasos acercándose)
(Disparo) ¡Ah!
-¿Por qué lo hiciste? No había necesidad de matarle.
-Quítate el pañuelo y calla de una vez, estúpido.
(DISPARA)
¡Aquí! ¡Deprisa, han matado al Sr. Duvall!
Y eso es todo, señor juez.
-Bien. Puede retirarse el testigo.
Que suba al estrado la Srta. Cora Grant.
-En nombre de Dios, ¿jura usted decir verdad,
toda la verdad y nada más que la verdad?
Sí, juro.
¿Es usted la prometida del acusado?
Sí, señoría.
Bien, diga al jurado lo que ocurrió la noche de autos.
Estuvimos juntos en uno de los barracones de la mina,
el de los vigilantes.
Clark me confesó que ya estaba harto de aquello
y que iba a hacer algo
que nos permitiría marcharnos al este y cambiar de vida.
(LLORA)
Comprendemos su dolor, señorita, pero tiene que hacer un esfuerzo.
¿Le dijo su prometido lo que trataba de hacer? Conteste.
Ya oyeron al resto de los testigos:
Robar, eso es lo que quiso hacer.
Todos lo vieron.
(LLORA)
El jurado puede retirarse a deliberar.
(Murmullo)
Póngase en pie el acusado.
¿Cuál es su veredicto?
-Culpable.
(Murmullo)
(DISPARA)
¿Quieres ocuparte de mi caballo?
Necesita un buen pienso y un cubo de agua.
¡Harrison...! Clark Harrison.
¡Muévete, Gus! No soy ningún fantasma.
Sí, señor. Sí, señor.
(Música de piano)
(Palmadas y murmullo)
(Música de piano)
(Palmadas y murmullo)
-Mira quién acaba de entrar,
nada menos que Clark Harrison.
Oye, dame un vaso de agua.
La casa invita, Harrison.
Pide algo mejor, beberemos juntos.
Beba usted solo, Bliss.
¿Perdió sus buenos modales en la prisión?
¿Dónde está?
¿Dónde está quién? Cora.
Arriba, en mis habitaciones. Se encontraba mal
y subió a descansar un rato.
Ya sabe, a las chicas hay que cuidarlas,
son las que... animan el negocio.
(Música de piano)
(Palmadas y murmullo)
(Aplausos)
Clark...
¡Ah!
Debería matarte,
pero no quiero ensuciar mis manos
en un ser tan vil y tan rastrero como tú.
Tuve que hacerlo,
me amenazaron. Y yo no quería, Clark,
te lo juro.
¡Mientes!
¡Vamos! ¿Dónde están tus amigos?
¡Habla, maldita, o te pesará!
¿Dónde están?
Te diste demasiada prisa en venir,
pero no temas, solo busco a Ces.
(Se oyen pasos acercándose)
No cometas errores, Halloway.
No pretenderá que le devuelva
su puesto de vigilante en la mina, ¿verdad?
Espero a cierta persona
y me gustaría proporcionarle una sorpresa.
Y... ¿Ella?
También venía en busca de Ces.
Quiso prevenirle de mi regreso.
No soy partidario de intervenir
en cierta clase de asuntos personales.
Y preferiría que arreglaran sus cuentas en otro lugar.
(Se oyen pasos acercándose)
¿Sabes que ha vuelto Harrison?
Tienes que exigirle al sheriff
que lo expulse de aquí o tendremos complicaciones.
Di más bien que tú tendrás complicaciones.
Resuélvelas por tu cuenta.
¿Y por qué mezclar al sheriff en este asunto?
Vendrás conmigo a Paraíso y confesarás ante el juez
quién fue el auténtico asesino del Sr. Duvall.
Vendrás por tu voluntad o te llevaré a patadas.
Te condenaron por ese delito hace cinco años,
de nada te serviría mi testimonio. Quieres obligarme a mentir.
Se está pasando de la raya, Harrison.
¿Por qué no recurre a la ley? Métase en sus asuntos.
¡Estoy en mi casa! Y Ces es el jefe de mis vigilantes.
No consentiré que le maltrate abusando de su fuerza.
Él está desarmado.
Está bien.
Si Ces acepta, estoy dispuesto a discutir
la cuestión de otra manera.
A tiros.
Fuera las cananas.
Ustedes pónganse ahí. Tú también, Cora.
Atrás.
El primero que consiga coger el revólver, matará al otro.
Como ves, te doy más facilidades de las que tú me diste a mí.
¡Ah!
¡Ah!
¡Ah!
(FORCEJEAN)
¡Ah, ah, ah!
(FORCEJEAN)
¡Ah!
(FORCEJEAN)
(Disparo) -¡Ah!
(DISPARA) ¡Ah!
-En definitiva, un ajuste de cuentas
y un par de pistoleros que encontraron la horma de su zapato.
¿Olvida usted, sheriff, que el hombre que los mató
fue condenado por asesinato.
Ha venido a vengarse,
exactamente lo que haría cualquier hombre
con el que se ha cometido una injusticia.
Con franqueza, Halloway,
ni usted, ni yo, ni nadie quedó plenamente convencido
de la absoluta culpabilidad de Harrison
en la muerte del Sr. Duvall.
Fue considerado culpable por un jurado.
Cuando los testigos de cargo
son dos pistoleros de la zona de Coleman y Ces,
nadie quiere crearse complicaciones.
Por lo que veo, usted tampoco quiere buscárselas con Harrison.
Explíquese claramente, Sr. Halloway.
No voy a consentirle más ese tono.
De todas formas, un hombre que ha estado en Amargosa
no resultará un vecino demasiado cómodo.
Y Harrison ha regresado en busca de pelea
y lo más prudente sería quitárselo de en medio lo antes posible.
Hágalo, sheriff.
Pero primero exíjale al Sr. Halloway
que le diga cómo ocurrió todo.
¡Hable, Halloway!
Pero diga solo la verdad.
Mantengo mi opinión, sheriff.
Este hombre debe salir de Paraíso inmediatamente.
Si el sheriff no se decide a echar a ese hombre de aquí,
tendremos que hacerlo nosotros.
Harrison es un tipo demasiado peligroso
para que nuestro sheriff se atreva a plantarle cara.
¿Entonces quiere decir
que vamos a estar a merced de ese asesino?
Siempre existieron medios para resolver esta clase de problemas.
Hablaré con el juez,
con Walton, con todo el pueblo si es preciso.
Obligaremos al sheriff a cumplir con su deber
o a presentar la dimisión.
Usted sabe de lo que sería capaz por satisfacerla.
Lois, ¿por qué no deja el asunto en mis manos?
¿Usted, Halloway, se sentiría con ánimos para...?
Harrison no se detendrá ante nada para conseguir la mina.
Es muy obstinado
y no tiene escrúpulos.
Estamos metidos en un juego muy arriesgado.
Quizá esté en peligro su vida
y usted es lo más importante para mí, Lois.
Gracias, Halloway.
Haga lo que mejor le parezca.
Cuenta con toda mi confianza.
Vamos, preciosa. ¡Ah!
Coleman quiere hablar contigo.
Suéltala, Walter. Alguien se acerca.
Supongo que tengo que darle las gracias.
¿Qué es lo que piensa cobra por el servicio?
¿Por qué no guarda su insolencia
para mejor oportunidad? Sé lo que busca, Harrison.
¿Por qué no dejó que me raptasen?
Hubiera resultado más oportuno para sus planes.
El sheriff tiene razón. Arrojarle el pueblo
a Harrison sería un atropello.
En cuanto a tu Halloway, no me gusta. Yo a él tampoco,
señal de que no me equivoco.
¿Cuándo necesitó tu padre proteger la mina
con tanto pistolero? Le mató el hombre
de su confianza. Te prohíbo que pienses así.
Harrison fue condenado por un delito que no cometió.
Fue víctima de una confabulación.
Estoy seguro. Y ahora ha comenzado a tomarse
cumplida venganza. Ese Fess ha pagado bien
su falso testimonio. ¿Y los demás? ¿Y el jurado?
Los demás... Vaya, inocentona. Cora, una chica de salón
que vendió a Harrison apara enredarse después
con tu Halloway.
Y luego con el propio Fess. Y... Bueno, no sé por qué
te cuento todas estas cosas sucias y desagradables
si no eres más que una niña.
¿olvidas que he cumplido 20 años?
Eres una niña malcriada nada más.
¿Y qué me dices de Coleman, el otro testigo desaparecido
a los tres días de terminado el juicio?
El sheriff tiene ya tres bandos reclamándole por asaltos,
robos, homicidios, violaciones y algunas lindezas más.
Me gustaría que cayera en manos de Harrison.
Oh, tío Wilker. Estás dejando muy mal a la justicia.
De vez en cuando es conveniente que cada uno se aplique
su propia ley. Hasta resulta moralizador.
Yo mismo le ordené al sheriff que dejara tranquilo
a Harrison y el día menos pensado le ordenaré
que investigue tu propia mina. Ese Halloway ha prosperado
demasiado y el rendimiento de la mina ha bajado
más de la cuenta.
Cuídate de él, Lois. Solo eres una niña
y él es u tipo peligroso.
No me gustaría... Tío Wilker...
¿Pero es posible que creas que existe algún hombre
capaz de engañarme? Sí, ese Halloway.
Es más astuto de lo que parece. Créeme.
Me preocupa ese hombre.
Buenos días, Lois. Señor Halloway.
Ya me enteré que tuvo un encuentro desagradable.
Desagradable en cierto modo.
Sin duda, el que Harrison anduviera por allí
fue una afortunada casualidad, ¿verdad, señorita Duvall?
Sin embargo, debería ser más prudente.
Entonces, ¿reconoce que los que trataron de raptarme
pueden hacerlo todavía? No, mientras yo mande
en este territorio.
El sheriff tiene razón, Lois. Por aquí anda gente
de todas clases. Incluso algunos por mil dólares
no vacilarían en matar a su propia madre.
¿Por qué no les expulsa, sheriff? No se puede
permitir que gente de esa calaña anda suelta
por nuestra ciudad. -Los más peligrosos
resultan demasiado astutos o cobardes para ponerse
al alcance de mi revólver. Otros viven en paz,
y mientras no hagan nada delictivo, nada puedo
hacer contra ellos.
Por lo que veo encontraron un buen filón, ¿no?
Espero que todo lo tengan en regla.
Pasen luego por mi oficina. -Hemos tenido suerte, sheriff.
Señor Walton, le vamos a llenar la caja, pero guárdela
bajo 7 llaves y entréguele a mi amigo 2000 a cuenta.
¿Tendré suficiente whisky para vosotros, Renie?
Os espero para celebrarlo con las muchachas.
Cuente con nosotros, Bliss. LA organizaremos buena.
Que no se mueva nadie.
¡Bravo, muchacho! Manos a la obra.
No te saldrás con la tuya, Coleman.
¿Usted cree?
Jim, desármales. Y tú, Long, vigila a estos.
Tiraremos a matar. Nada de bromas, abra la caja.
Deprisa, estúpido.
¿Dónde están los títulos de propiedad de la mina?
Si te empeñas, preciosa, estos no van a oponerse
a que nos acompañes.
Jim se encargará de bajarte los humos.
(RÍE)
Supongo que tendremos noticias de usted. La señorita
acabará por entrar en razón.
Por última vez, ¿dónde están esos papeles de la mina?
Lo has conseguido. Llévate a la muchacha, Jim.
Con ella estaremos más seguro. -¡Quietos!
¿No le parece, sheriff? (RÍEN)
¡Suéltala!
(Disparo)
(Disparos)
Vamos, tú.
¡Escóndete, Lois!
Gracias, Harrison. Ahora sí que me ha salvado de lo peor.
Pero esta vez no lo hice por usted.
Tuve a Coleman al alcance de mi mano y se me ha escapado.
Lois, ¿se encuentra bien?
Para ese hombre solo existe la venganza.
Hola, señorita Duvall. Le dieron un susto
esos granujas, ¿eh? Tuve suerte. Y usted, Clark,
muy buena puntería. Su bala solo me chamuscó
el pelo. No fui muy correcto
con usted, señorita. Estaba demasiado nervioso.
¿Tanto vale para usted ese Coleman?
Tenemos una cuenta pendiente que quiero saldar.
Espero que sus dobles ocupaciones no le detengan
demasiado en este pueblo. Vivir bajo el mismo techo
que un pistolero no resulta nada agradable.
Es usted quien siempre se cruza en mi camino.
Ahora ya sé que tengo otros motivos para quedarme.
(Bullicio)
¿Busca a alguien, Harrison? Sí.
¿Un cigarro? No, gracias.
Ese Coleman es un tipo duro, muy peligroso.
¿Qué juego es el suyo, Bliss?
Póker, faro, monte... Me gano la vida
y no me gusta buscarme complicaciones.
Me interesa tener las espaldas bien guardadas.
Sin tapujos, Bliss. ¿Qué trata de decirme?
Lois es una chica magnífica, tiene temple y personalidad.
Y un pretendiente de cuidado: Halloway.
¿Y a mí qué me importa eso?
Sería una bonita operación: novia guapa y una mina de dote.
Oiga, Harrison. ¿Usted sabe quien era Penélope?
No, ¿quién era? La mujer de un tal Ulises.
Bien, ¿y qué? Nada, otro día se lo explicaré.
Vaya, ¿a qué debo este honor? ¿Dónde se esconde Coleman?
No lo sé. Mientes. Siempre lo has hecho.
No, te equivocas. Solamente he sido un juguete
en manos de todos.
Y para ti, no pasé de ser nunca la chica de salón
que te complacía de vez en cuando.
Porque tú siempre has estado enamorado de Duvall.
Y ellos me amenazaron, me obligaron a declarar
contra ti. Yo estaba celosa y quise vengarme separándoos.
Si no eras mío, no quería que fueses de ella.
Después me arrepentí muchas veces.
Pero ya era tarde.
Halloway me brindó su protección pero solo
para valerse de mí.
Créeme, el mal que te hice lo he pagado con creces.
Sé que te costará creerme, pero te he dicho la verdad.
Buenos días, señor juez. -Buenos días.
Sam, trae una botella de vino.
¿Le importa brindar conmigo por el nuevo sheriff de Paraíso?
¿Y quién es el nuevo sheriff de Paraíso?
Usted. ¿Yo? ¿Por qué yo?
¿Han olvidado ya que acabo de salir de la cárcel?
Cuenta pagada, cuenta saldada. Suponiendo que usted
haya tenido algo que pagar. Paraíso necesita
un hombre como usted.
El banquero Walton y el señor Halloway
me lo han propuesto y yo he aceptado.
Desde este momento le nombre sheriff.
Supongamos que no acepto.
Supongamos que yo le ordeno que acepte.
Señor juez, usted sabe a lo que yo he venido
a Paraíso. Sí, ya lo sé. A castigar
a dos perjuros cobardes, también esa es una manera
de servir a la ley. Señor Harrison, le ruego
que acepte. Es un favor personal que le pido.
Y si puedo, se lo pagaré algún día.
Y además, este cargo le dará la oportunidad de demostrar
a cierta persona que usted nada tuvo que ver
en la muerte de su padre. Piénselo, Harrison.
La verdad es que no comprendo tu juego, Halloway.
¿Por qué no usas la cabeza de vez en cuando?
Harrison ha venido no solo en busca tuya, sino lo que es
mucho más importante: en busca de la mina.
Tiene un aliado peligroso: el juez Wilker.
Solo quedaba una solución para limitar sus movimientos.
Como sheriff, no podrá actuar personalmente
contra ti si tú no le das una oportunidad.
Tampoco intentará nada en favor de sus derechos
de la mina. Pero como sheriff se lanzará
tras mis huellas para darme caza.
Á él solo no le temo, pero vendrá rodeado
de comisarios.
Y claro, vosotros que sois unos infelices estaréis
aquí quitecitos esperándole. Ja, ja, ja.
No me fío de ti, Halloway.
Ya es la segunda vez que lo dejas escapar.
Sin embargo, yo estoy seguro de tu lealtad, Coleman.
Cumplirás mis órdenes, ¿verdad? Es lo más conveniente
para todos.
En cuanto a ese sheriff, ya tendremos oportunidad
de ocuparnos de él. ¿No os parece, muchachos?
Tengo un pequeño plan.
¡Ah!
Gus.
¡Ah!
¿Qué nuevo cuento vas a contarme ahora?
Voy a encerrarte por el asesinato
de ese infeliz de Gus y por intento de homicidio
contra el sheriff. Al final lo has conseguido,
Cora. Seré yo quien te lleve a la horca.
¡Sheriff, deprisa
En los establos han encontrado dos muertos.
¿Dos? Pero a Gus le vi yo colgado de una viga.
¿Quién era el otro?
¿Entonces estuvo allí? Claro que estuve, estúpido.
Pude ser el tercer cadáver de los que han encontrado.
¿Usted los mató? Yo no he matado a nadie.
¡Responde a lo que te he preguntado!
¿Quién es el otro? Olwen, un pistolero de Coleman.
Le dieron tres puñaladas en la espalda.
Estaba en deuda contigo. Tenía que hacerlo.
Un hombre duro de pelar ese Harrison.
Sabe cómo tratar a los pistoleros.
Es lo que he dicho siempre: ¿quién es tu peor enemigo?
El de tu oficio. -Ten la lengua quieta,
rapabarbas. El señor Harrison es el sheriff
de nuestro pueblo y están insultándole en mi presencia.
¿O es que te has olvidado de quién soy?
No, señor juez.
No vas descaminado, Richie. Un hombre que ha sido
condenado por asesinato convertido en sheriff
no representa ninguna garantía. -Por lo pronto, Walton,
a usted le ha sacado de un apuro grave.
Debía estarle agradecido. -ÉL buscaba a Coleman,
no defendía mi banco. -Hay que reconocer
que un hombre así es lo que nos hacía falta.
Estaremos seguros si no le da por cambiar de opinión
como usted acaba de hacerlo, Richie.
A usted solo le preocupa su maldito dinero, Walton.
Y hasta los dedos se le antojan huéspedes.
Sepa que si, bajo mi responsabilidad,
garanticé a ese hombre, bajo mi responsabilidad
permanecerá bajo el cargo de sheriff hasta que a él
le dé la gana. Y por su bien le digo que ojalá sea
por muchos años. -Nada digo en contra
de su opinión, que respeto. Sin embargo, no dejo
de sospechar. Harrison cree poseer ciertos derechos
sobre la mina Solitude. ¿Quién le dice a usted
que el día menos pensado valiéndose de su condición
de sheriff arrample con esos derechos
y con algo más por la violencia?
¿Quién iba a impedírselo?
¿Pero es que no tiene usted ojos en la cara, Walton?
Eso es lo que impedirá que realice sus temores.
Eso. ¿Para qué necesita ese muchacho la violencia
si de todas formas conseguirá lo que quiere?
Te has convertido en el personaje
más admirado del pueblo.
Dos días y cuatro muertos en el haber de tus revólveres.
Es todo un récord envidiable.
Sólo he conseguido una cosa que me satisface, plenamente,
has vuelto a tutearme.
El que reconozca tu eficacia no quiere decir
que apruebe tus métodos, soy enemiga de la violencia.
¿Aún sigues creyendo que fui yo el asesino de tu padre?
Nadie ha logrado demostrarme hasta, ahora, lo contrario.
Ni siquiera, tú.
Sigues despreciándome, Lois, todavía no te has dado cuenta
de que solo trato de ayudarte, de aclarar los hechos.
Terminarás por destruir tu vida.
Es malo odiar.
Y peor si quien odia es una mujer.
¿Contra quién o contra qué quieres defenderme?
No necesito guardaespaldas... Y los pistoleros,
aunque lleven en su camisa
prendida la estrella de sheriff, me han repugnado siempre.
Bang, bang, vamos, Jhonny, ¿a que no me coges? Vamos.
Sheriff, un zumo de frutas
a estas horas de la mañana es lo más sano, ¿acepta?
Acepto.
Jhonny,...
Dígame, señor Bliss.
¿Naranjada? Güisqui, mejor doble.
¿Es que no has oído?
Un güisqui doble, especial de la casa, y otro para mí.
Entre el fuego de Cora
y el hielo ardiente de la Srta. Duvall, ¿me equivoco?
Mal asunto.
Por lo que veo le interesan a usted mis problemas.
Me ha caído simpático, sheriff, por eso me he permitido...
¿Admite un consejo? Ya sabe, los consejos
son cosas que todo el mundo
regala y que nadie utiliza, el mío, puede que no le sirva para nada.
Se trata de Halloway. ¿Qué ocurre con Halloway, ahora?
Más o menos, tiene el mismo problema que usted,
a él le gustaría ser algo más
que el capataz de la mina Solitude.
Hola, ven aquí, paloma.
Oh...
Ya está bien, Hammer, no me gustan los borrachos.
Lárgate. -¿Que me largue?
No me da la gana.
O te vas por las buenas
o te sacarán con los pies por delante.
Oh...
(Golpes)
Bueno,... ¡Ya está bien!
Oh...
Uhh...
Ayúdenme, vamos a llevarlo a la cárcel.
¿Usted, qué opina, Lois, hombre honrado,
pistolero hipócrita o, sencillamente, granuja arrepentido?
Por el momento, dejémoslo en sheriff eficaz, él mismo
se encargará de demostrarnos
que nunca dejó de ser un hombre, ni más ni menos.
Lois, creo que el Sr. Walton te ha hecho una pregunta.
Hace demasiados esfuerzos para demostrar su integridad.
Los extremos siempre son malos.
Le considero un fanfarrón que abusa de la fuerza de su autoridad.
(Ruido)
Buenos días, sheriff. Buenos días.
¿Puedes enviar al chico a la cárcel con la comida del detenido?
Enseguida. A mí, lo de siempre.
Sí, señor.
Lois,... ¿Quieres acompañarme?
Hay otras mesas libres. ¿Tan repulsivo te soy?
¿Por qué no haces un pequeño esfuerzo,
cuándo abandonarás esa maldita obsesión?
Estoy haciendo un esfuerzo.
En cuanto a esa maldita obsesión,
tú sabes cuál es la manera de que desaparezca.
¿Y si lograra convencerte de la verdad, la única verdad,
podríamos volver a ser como antes?
Hola, Charlie.
Hum, buena comida.
-Es para el preso, lo manda el sheriff.
Bueno, anda, pasa.
Ya era hora, ¿qué traes de comida?
Sopa, carne asada, pan y café.
¿Qué diablos esperas para dármela?
Tú, Purdi, ¿quieres que coma a través de los barrotes?
(Disparos)
Vamos, Charlie.
Ha sido en la prisión.
¡Sheriff, se ha escapado, Hammer, lleva a Charlie!
¡Suelta al chico, Hammer!
¡Tendrás que venir a quitármelo, sheriff!
¡Suelta a Charlie, cobarde!
Ay,... Déjeme.
Suélteme, déjeme.
Oh...
Ohhh.
La verdad es que has tenido suerte,
pudo matarte y tan solo tienes un rasguño.
No debes arriesgarte tanto.
Uno ha de jugar sus cartas según viene la partida.
Lois, por favor, espere.
No sabía que tuviera que darle explicaciones.
No le pido explicaciones,
le reprocho su incalificable conducta.
¿Qué tenía que hacer en la oficina del sheriff?
Eso es justo lo que a usted menos le importa.
No puede enamorarse de ese hombre,
es el asesino de su padre, Lois.
Le he rogado que sea mi esposa,
me ha hecho abrigar esperanzas y estoy decidido a...
¡Suélteme, no tiene ningún derecho!
Pero, me los voy a tomar todos de una vez... ¡Ahh!
Fuera.
Ya te bajaré los humos, gatita furiosa.
Le ha ido mal arriba, ¿eh?.
No me gusta que nadie se entrometa en mis asuntos.
Era solo una amistosa observación, ¿ha leído usted "La Odisea"?
¿Qué majadería está pensando? Vamos, escúpala de una vez.
La Odisea es una historia muy divertida, verá...
Ulises era un rey griego, mientras hacía la guerra
a sus vecinos o se iba de viaje por esas tierras,
su mujer, Penélope, era asediada por numerosos pretendientes
que, ya que se quedaban con ella, que, por cierto,
era muy mona, se quedaban
con el reino, que, tampoco, era despreciable.
¿Adónde quiere ir a parar con sus condenados cuentos?
Uno de los pretendientes
estuvo a punto de hacer tilín a Penélope.
Ulises no llegaba nunca y, claro,...
Pero, tampoco consiguió nada.
A Penélope le dio por mantenerse en una estúpida fidelidad
hasta que, por fin, llegó Ulises
que se enteró del asunto y sin más...
Se cargó al atrevido que intentó ponerle los puntos a su costilla.
Lo malo del cuento es que, en este caso,
Penélope es soltera y sin compromiso.
Y que al Ulises ese al que usted
se refiere, acabaré por partirle el alma.
Bah, me estoy cansando de sus fanfarronadas.
¿Y qué me dice del reino de Penélope,
lo dejará sin rey consorte?
Has vuelto a dejarte atrapar.
Las mujeres todas sois iguales, a la hora de la verdad,
el romanticismo es lo único que cuenta para vosotras.
¿Lo dices por Harrison? Sí.
Y es lástima, porque tenía grandes proyectos para ti.
Había pensado sacarte de este agujero.
Tengo mi plan, Cora, un plan infalible.
La mina de Duvall será mía.
¿Te sorprende?
Soy mucho más inteligente que todos ellos y, naturalmente,
caerán en mis redes. Pondré a Coleman al alcance
de Harrison para que este complete su venganza
y, después, lanzaré a Halloway contra Harrison.
Una vez eliminado Harrison, Halloway será cosa fácil,
es demasiado vehemente, él solo se aniquilará.
Como ves, mi juego es perfecto.
En él, solo faltas tú como premio.
Te necesito, Cora, haría cualquier cosa por ti.
No quiero que sigas compartiendo
el amor de cualquier que se te acerque.
Serás mía. Oh,...
Ah,...
No. Sólo mía, lucharé por ti.
Contra todos.
¡Suéltame, por favor, Bliss!
Contra todos.
Déjame...
Y no olvides que, también, soy cruel con quien me traiciona.
Si descubre alguien mi juego, ni tú me darías lástima.
¿Se puede?
Williams me dio tu aviso,
abajo en el salón esperan los muchachos.
Ya tienen instrucciones.
¿Son de confianza? -Absoluta.
Tiene que ser esta noche.
Esta misma noche.
Prepárate, Harrison,... Ha llegado tu hora.
(Bullicio)
¡Quietos! ¡¿No me habéis oído?!
Fuera,... ¡Fuera!
Estoy harto de borrachos y pendencieros.
(HABLAN ENTRE ELLOS)
(Música)
Buenas noches, Harrison.
¡Cuidado, Clark! ¡Ohhh!
Suélteme, bruto.
Que baje...
Suélteme, me hace daño.
Pensé que la colaboración de Harrison me resultaría
muy valiosa y hemos venido a buscarle.
Largo.
Mañana, tendrán que elegir un nuevo sheriff,
Harrison ha vuelto a las andadas.
Lo peor es que a los reincidentes, les condenan a la horca.
Algún día me lo agradecerás, Cora, vendrás conmigo a San Francisco.
Y tendremos mucho dinero.
Y no nos separaremos nunca. Nunca.
Y si intentas huir, yo mismo te mataré.
Serás mía o de nadie. No lo olvides.
(GIME)
¡Bravo, Harrison! -¡Bravo! ¡Muy bien!
-¡Buena jugada! ¡Buena jugada!
(RÍEN) ¡Anda, bebe!
¡Bien, Harrison! ¡Bien! (RÍE)
Hombre, toma un trago. -¡Anda, bebe, hombre! ¡Bebe!
(RÍEN)
Me buscabas, ¿verdad?
Pues aquí me tienes, valiente. ¡Ah!
¿Dónde está tu venganza, Harrison?
-¡Basta, Coleman!
Ya sabes que no soporto la violencia.
Un trago de whisky no le vendrá mal, ¿no, sheriff?
¡Oh, perdón! Se me olvidaba. Usted solo bebe agua.
Coleman, el sheriff solo bebe agua. ¿No lo sabías?
Anda, tráele un cubo. Tiene mucha sed.
(RÍE)
Esta vez, todo salió perfecto. Un golpe maestro.
El dinero del banco, los títulos de propiedad de la mina.
Todo ya está en mi poder.
Coleman fue el ladrón. Y tú, sí, tú,
el sheriff Harrison, su cómplice.
Todos te vieron en el pueblo borracho con tres de sus hombres.
También Cora ha vuelto a traicionarte.
¿Y sabes por qué?
Porque me obedece a mí. Es mía. Solo mía. ¿Entiendes?
Pronto vendrán a buscarte.
Y esta vez, no podrás escapar de la horca.
Te colgaremos, Harrison. Y yo estaré allí,
junto a Cora, viendo cómo pataleas pendiente de la cuerda.
Vuelvo a repetir, señores, que esto
lo encuentro demasiado perfecto, extraño.
-No podemos seguir dudando.
Harrison estaba de acuerdo con los forajidos.
Estos señores le vieron pasar
con los hombres de Coleman, jactándose de su hazaña.
No tengo más remedio que reconocer que tienen razón.
Pero me permito, señores, reservarme mi opinión personal.
Ese hombre ha caído en una trampa.
La cosa está bien clara. Ese Harrison es un forajido
de la peor calaña y debemos terminar con él.
Además de directamente perjudicado, soy el alcalde.
Y como tal, le exijo, juez Wilker,
que firme la destitución de Harrison
y dé orden de detenerle.
Hemos de hacerlo con urgencia.
Significa un peligro para nuestra ciudad.
Tiene que pagar con la horca.
Señor Halloway, no tengo otra alternativa
que acceder a su destitución
y anunciar una recompensa por su captura.
Pero no tengo prisa por verle colgado.
Será juzgado de acuerdo con la ley.
Organizaré una batida. No quiero que se escape.
¿Le queda alguna duda?
Las mismas que a usted, señor Halloway.
Buenos días. Buenos días.
-Adiós, juez.
(ARREAN A LOS CABALLOS)
¡Vamos! ¡Subidlo al caballo!
(DISPARA)
¡Vamos, deprisa! ¡Cogedle! ¡Atajo de cobardes!
¡Vamos, estúpidos!
¡Deprisa! ¡Lo quiero vivo!
¡Quiero ahorcarlo yo!
(DISPARA)
Vamos. Adentro con él.
Alguien quiere hablar con usted, señor juez.
Está ahí, en la cocina.
Perdone, señor juez, ¿pero vamos a permitir
que ahorquen al señor Harrison?
Una trampa perfecta, pero no le servirá de nada.
Gracias. Gracias, muchacha. Acabas de salvarle la vida
a un hombre honrado y de ayudar a la justicia.
No temas. Regresa a casa y ni una palabra a nadie.
Te protegeremos.
-Charlie, acompaña a la señorita.
(SILBA)
Gracias, Charlie.
Ni siquiera el juez podrá evitarlo.
Todo el pueblo está en contra de él.
Hemos tenido que reforzar
la vigilancia de la cárcel. Querían lincharle.
Ese asesino pagará de una vez todos sus delitos.
Comprendo su estado de ánimo.
Es usted demasiado sensible para estas cosas.
Pero debe ser razonable, Lois.
Ese hombre merece la horca. Es un cobarde asesino
y, además, un ladrón, que abusó de la confianza
que todos pusimos en él, creyéndole regenerado.
Es usted la persona menos indicada para defenderle.
Conozco a otros cobardes de peor calaña que Harrison.
Y usted sabe lo que quiero decir.
Así es cómo me gustas. Ya no vamos a engañarnos.
Tendrás que aceptarme como soy. No te queda otra solución.
Prometí cortarte las uñas, gatita. Y voy a hacerlo.
Pero antes, quiero que lo sepas todo.
A Harrison le ahorcaremos mañana.
Y el juez Wilker, al valiente y honorable juez Wilker...
(RÍE) Puede que le ocurra un accidente.
¿Quién te defenderá? Estás en mis manos.
Lo tengo todo. Los títulos de la mina,
el dinero, todo. Tendrás que acceder o...
Y sería una lástima, porque me gustas.
¡Ah! Porque...
Me gustas, ¿sabes? Sí.
Y no voy a renunciar a ti, aunque tenga que matarte.
Y vi cómo entraba a hablar con el juez Wilker.
-Bien.
Ven, Cora. Tenemos que hablar.
Champán, Johnny.
Abre la celda. Tengo que tomarle declaración al detenido.
-Solo recibo órdenes de Halloway, señor juez.
-¿Te niegas a obedecer a la ley?
Ya te enseñaré yo, sarnoso coyote.
(DISPARA) -¡Ah!
Gracias, señor juez. Tiene usted que detener
a Halloway, a Bliss y a Coleman.
Si se defienden, mátelos. Es una orden, sheriff.
¡No! Puedes matarme, si quieres,
pero no conseguirás jamás tus propósitos.
¡Ah!
¡Te sacaré el pellejo a tiras!
¡Ah!
El juez ha puesto en libertad a Harrison. Tenemos que huir.
-¿Qué es lo que dices, sapo asqueroso?
¡Tendré que mataros a todos!
¡Cógela! ¡Que no se escape!
(DISPARAN)
¡Aquí, Coleman!
(Disparos)
(Disparos)
¡Coleman! Si eres hombre, sal y da la cara.
Te sientes muy valiente, sheriff.
¿Por qué no sales tú primero?
(DISPARA)
(DISPARA) ¡Ah!
(DISPARA)
(DISPARA)
Gracias, Cora. Has vuelto a salvarme la vida.
Se marchó de Paraíso sin prestar declaración.
Alguien me he dicho que usted presenció el tiroteo de anoche.
Tengo que llevarla al pueblo. Cumplo órdenes del juez.
(ARREA AL CABALLO) ¡Arre!
También es una orden del juez.
En castigo por ausentarse sin permiso del sheriff.
¡Arre!
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