Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Traditional)
Corsican
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Somali
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Anuncie su producto o marca aqu� cont�ctenos www.SubtitleDB.org hoy
19 d�as despu�s de haber abandonado Yokohama
nos dirigimos hacia Saipan a la velocidad de 6 nudos
El convoy se compon�a de 5 viejos cargueros
Transport�bamos reavituallamiento a nuestros destacamentos de las islas.
�ramos pescadores orgullosos de servir.
Ten�amos dos soldados por barco. Eso nos parec�a suficiente.
Nosotros no presagi�bamos la derrota.
El comandante del Heiske Maru, jefe del convoy, desconoc�a la regi�n.
Sus mapas contaban hasta 2.000 islas...
dispersas como polvo. Avanz�bamos por el archipi�lago Marianne.
Hab�a pertenecido a Espa�a, Alemania y, finalmente, a Jap�n.
Era un caos geol�gico de coral y de volcanes
Algunas islas desaparec�an. Todas no estaban habitadas.
Este universo nos pertenec�a. Est�bamos seguros de nuestra victoria.
Las habladur�as no nos interesaban.
Odi�bamos la idea de volver a casa.
Avistamos Anathan, un macizo escarpado sobre el mar...
como dice el libro de abordo. A las 6h...
del 12 de junio de 1.944, cuarto a�o de una guerra
a la que hab�amos consagrado ciegamente nuestra vida.
Nuestro cocinero tra�a el desayuno.
Su boina americana recordaba la derrota de un nav�o enemigo.
Al principio, cre�mos que era uno de nuestros aviones.
El mapa del mundo no indica d�nde se encuentra la desgracia.
Pocos de nosotros sobrevivir�amos.
Atravesamos a remo un abismo de 10.000 metros de profundidad.
Fuimos lanzados como cenizas quemadas en una colina.
Un solo segundo basta para transformar en una ruina a un ser lleno de dignidad.
Un beneficioso entumecimiento nos imped�a sufrir.
Un hombre hab�a logrado llevar a tierra una ametralladora.
Un suboficial, el �nico que tuvo iniciativa.
Defender la isla dos meses deb�a ser f�cil, pensaba �l.
�l sab�a que la Marina Imperial vendr�a pronto a socorrernos.
Hab�amos elegido el rinc�n m�s remoto del Oc�ano Pac�fico.
Tuvimos que quedarnos aqu� siete a�os.
Pero nuestro enemigo no nos descubrir�a.
No era la falta de alimento, de agua o de medicamentos...
No era la jungla ponzo�osa que nos rodeaba...
�C�mo adivinar que hab�amos tra�do a nuestro enemigo con nosotros...
que nos atacar�a con sa�a.
Uno de nosotros hab�a descubierto un pueblo abandonado. �Buena noticia!
Y penetramos en el laberinto de la jungla...
un mundo soberbio pero podrido del que muchos no saldr�an.
�Qu� clase de japon�s era ese?
Se llamaba Kusakabe...
Estaba solo en la isla, los dem�s se hab�an ido al comienzo de la guerra.
Hab�a sido encargado de una plantaci�n...
que hab�a invadido la jungla.
Un hombre poco sociable.
Poco sociable para nosotros... y para �l mismo.
C�mo podemos elegir vivir tan lejos de todo...
y solo. �Pero estaba realmente solo?
As� que apareci� Keiko.
No era m�s que otro ser encallado...
en este punto perdido del mapa.
Despu�s fue una mujer.
y en definitiva La Mujer, la �nica mujer de la tierra.
El horizonte estaba vac�o. El tiempo no contaba.
Las lluvias se avecinaban... interminables.
Construimos unos barcos de juguete que repatriaban nuestros deseos.
La isla era nuestro universo. La noche nos revions de nuestro pa�s.
El despertar nos devolvi� a Anatahan.
Ave rara de nuestra jungla, a veces mir�bamos a Keiko.
Algunos se miran deseando algo diferente de pan.
Y nosotros la mir�bamos... vigilantes.
Las lluvias cesaron. Todo se acaba. Salvo las olas del oc�ano.
Cuando regres� el sol, construimos un altar a Shinto.
Casi todos �ramos sintoistas. Dos eran cristianos, 4 budistas.
Los dem�s s�lo cre�an en el Jap�n.
Tomamos la sal del mar, Com�amos ra�ces y lo que caz�bamos.
Los cerdos habr�an rechazado nuestra comida.
Al fin hicimos fuego. Viv�amos como el hombre de las cavernas.
Progresando r�pidamente, conseguimos pronto...
lo que hab�a llevado siglos realizar.
Y vivimos.
A medio camino de Jap�n y Nueva Guinea...
a 1500 millas de Filipinas... en la espera.
El primer tif�n nos azot� con una violencia inmerecida.
La naturaleza tambi�n se encarnizaba con nosotros.
Las rocas, tan enormes como las de nuestro naufragio...
no eran m�s que simples guijarros en un mar gigantesco.
Los elementos son crueles. Para el viento y el mar...
el hombre y sus problemas no son nada.
El tif�n nos machacaba. El oc�ano quer�a engullirnos.
Este islote rocoso resist�a anclado al fondo del mar.
que parec�a querer arrancarlo y hacerlo volar.
En un a�o Anatahann se hab�a convertido en nuestro hogar.
5 km de largo, 1.500 m. de ancho. �Casi impenetrable!
En todas partes esper�bamos ver la llegada de nuestros barcos...
No llegaron nunca. Tampoco vinieron nunca nuestros enemigos.
S�lo llegaban las olas. La marea sub�a... bajaba...
Hab�amos encontrado las botellas vac�as y las llenamos de vino de palma.
Y bebi�ndolo antes de que se hiciera agrio, llegamos a olvidar.
Nos quej�bamos, pero los reproches no curan el alcoholismo.
�Por qu� te pones guapa?
"Para ti, naturalmente" �Era para �l?
Takahashi fue el primero en romper el hielo.
Llev� conchas a Keiko.
En ese tiempo, les cre�amos marido y mujer.
Y todav�a no �ramos salvajes.
Un ni�o no controla sus emociones como un adulto.
Kukasabe detestaba que se ocuparan de Keiko. Era evidente.
�Pero por qu� era tan hostil con nosotros como con �l mismo?
Nuestro jefe, el maestro de la isla... al menos provisionalmente...
gustaba demostrar su autoridad. Como el vino, el poder embriaga.
Hasta ahora, poco hab�a acontecido en Anatahan.
Nuestra vida se compon�a de nader�as.
�bamos a aprender las que importaban y las que no.
Era una mujer bonita.
Una japonesa acostumbrada a obedecer.
De ni�a andaba detr�s de su padre, pero no cerca de �l.
Ella andaba detr�s de su marido.
Obedecer al marido es la primera virtud para una japonesa.
Con la luna llena de Noviembre celebramos el Ohigan...
la fiesta de los antepasados.
Y nuestros pensamientos fueron para nuestras familias.
"Higan" es el nombre de la otra ribera.
Procede de la leyenda budista...
seg�n la cual una ribera separa la tierra del m�s all�.
Una ribera llena de ilusiones, de sufrimientos, de penas.
Debemos atravesar la ribera luchando contra las tentaciones...
para alcanzar el m�s all� y la felicidad.
En esa �poca, nuestros pensamientos se volv�an hacia los nuestros.
En esta �poca, pensamos en los nuestros... todos...
incluso Kusakabe. �l hab�a venido con su mujer y su hijo.
Cuando estall� la guerra, hab�an ido a refugiarse a Saip�n.
El marido de Keiko se hab�a ido en el mismo barco.
Ella tampoco ten�a noticias de �l, nos enteramos de ello m�s tarde.
Por descuidado que se sea...
siempre hay un momento en que se recuerda.
Abandonados en un desierto, esos dos seres estaban unidos...
olvidando cualquier tiempo que no fuera el suyo.
�Piensas en los tuyos?
S�, pero no cuando te veo.
Ella esperaba esas palabras.
El viaje m�s largo empieza con el primer paso.
Ella iba a hacer un largo viaje.
As� era Anatahan.
Contamos los meses...
pero no sab�amos en qu� fecha est�bamos.
Pronto, nadie llev� la cuenta de los a�os.
Jap�n nos hab�a olvidado.
El horizonte quedaba lejos y vac�o...
pero el c�rculo se ensanchaba alrededor de Keito.
Ella era joven.
Su cuerpo hab�a olvidado las se�ales de los golpes. Tambi�n su esp�ritu.
Era la abeja reina y los abejorros corr�an a conquistarla.
�Qu� hace tu marido?
En cualquier caso, no busca otra mujer.
�Te gustar�a casarte conmigo esta noche?
Un marido me basta.
El vino de palma se volvi� habitual.
Y la disciplina se resinti�.
Algunos de los nuestros llevaban mal hacer guardia...
contra un enemigo que no llegaba jam�s.
�Por qu� el hombre nos obliga a ser soldados?
Sus ejercicios y saludos no serv�an para nada.
Lentamente se hab�a ganado su rango y en unos segundos lo perdi�.
El tif�n golpea la casa de los hombres sin avisar.
Sus primeras se�ales... hay que ser muy h�bil
para reconocerlas.
Perder la cara es una penosa experiencia para un soldado.
Perder el respeto de sus camaradas es penoso para cualquiera.
Nos pasamos la vida intentando ganarnos el aprecio de nuestro pr�jimo.
Gastamos poco tiempo en ganar nuestra propia estima.
Nos hab�amos liberado de todo esfuerzo...
nos hab�amos convertido en esclavos de nuestro cuerpo.
Una canci�n folkl�rica de Okinawa era popular entre los soldados.
T� y yo, como un huevo.
Yo lo blanco, t� lo amarillo, yo te abrazo.
El d�a comenz� con una pelea a prop�sito de esta canci�n.
�C�mo acabar�a?
Nadie lo sab�a.
Busc�bamos trifulca e �bamos a encontrarla.
"Keiko... ven aqu�, ven aqu�". Eso es lo que �l dec�a.
Semba ten�a 19 a�os, una barba de hombre y una cabeza de chorlito.
Fue el primer pretendiente de Keiko.
Actu�bamos sin pensar.
Nada hay m�s contagioso que la estupidez
y la epidemia nos afectaba a todos.
Despu�s se produjo lo imprevisto.
"Soldados japoneses"
El 1 de Agosto, Jap�n se ha rendido incondicionalmente.
El emperador del Jap�n os pide que rind�is las armas.
Un barco americano os devolver� a casa.
�Soldados y oficiales japoneses, rend�os inmediatamente!
Lo incre�ble hab�a sucedido.
No pod�a ser verdad. Est�bamos dispuestos a luchar 1.000 a�os.
Control�bamos el Pac�fico...
�C�mo hab�amos perdido?
No pod�amos caer en esa trampa.
Le rogamos que volviera a ser nuestro jefe.
Algunos mandan, otros obedecen.
Ning�n otro lazo es �til entre ellos.
Jap�n no pod�a ser conquistado. No lo permitir�amos.
Mejor morir que rendirse.
Pero lejos, nuestro pa�s...
hab�a aceptado la derrota.
El emperador hab�a llamado a sus tropas.
Y millones de hombres, renunciando a sus conquistas, volv�an a casa.
Padres e hijos, mujeres y maridos...
todos ellos desesperaban por volverse a ver.
Los hombres que hab�an luchado en vano, regresaban...
Muchos no volver�an nunca.
Nosotros ignor�bamos lo que pasaba en Jap�n
Siempre estuvimos en Anatahan.
�Contra qu� enemigo defend�amos esa roca?
El �nico enemigo es normalmente el aburrimiento.
La jungla hab�a devuelto un tesoro.
Un avi�n enemigo destruido.
Dudoso recuerdo de la civilizaci�n.
Como buitres, nos lanzamos a la b�squeda...
de lo que mejorar�a nuestra vida.
Iba a producirse lo contrario.
Nishio encontr� un rev�lver y unas balas.
Yananuma tambi�n gan� el premio mayor.
Keiko encuentra un paraca�das, que mejorar�a nuestra elegancia.
Semba, el seductor, encuentra una sortija...
La llave que abre el coraz�n de las mujeres.
Esta masa inerte fue el �nico signo de vida llegado del exterior.
Maruyama, antes de ser marino, hab�a sido un m�sico excelente.
Tuvo una idea para utilizar ese alambre enmohecido.
Convertirlo en instrumento musical.
Ese primer disparo no ser�a el �ltimo.
Dos viejas pistolas... �dos nuevos jefes!
Keiko hab�a desaparecido. Esta revuelta era grave.
Kusakabe estaba m�s loco que nunca.
Ajeno a nuestras preocupaciones, nuestro in�til jefe limpiaba su ametralladora.
No volver�a a disparar.
Empezamos a buscar a Keiko. �Qu� le hab�a ocurrido?
No pens�bamos del mismo modo en contar a los hombres presentes.
Lejos de estar muerta, Keiko se encontraba bien viva.
La vida iba a cambiar. Keiko hab�a entrado en circulaci�n.
Espiar las humillaciones sufridas por un sujeto, ser�a imperdonable...
si nuestra propia conducta no buscara excusas.
Nada de lo que les sucede a los otros nos es indiferente...
Nishio y su amigo no ten�an nada de excepcional.
Sus pistolas pensaban por ellos.
No hab�an visto a nadie. �Por qu� la traicionaron?
Ten�an un plan.
Viv�amos en la isla hace mucho. Quiz� nos quedar�amos en ella para siempre.
Puede encontrarse rid�cula nuestra actitud hacia Keiko.
Tal vez hubi�ramos actuado de forma diferente en otro lugar.
All� abajo las opiniones son distintas.
Se dice que se tiene una forma de ser...
seg�n que nos enfrentemos a seres civilizados o salvajes.
Juzgar el pasado es algo distinto que vivirlo.
El comportamiento entre hombre y mujer depende de los sentimientos...
que algunos no comprenden...
pues los actos a veces son tambi�n censurables.
Vemos los... de los dem�s...
Ning�n espejo refleja los nuestros.
Ella hab�a ganado. Una partida hab�a acabado.
El temor a perder a una mujer modifica la conducta de un hombre...
especialmente si ella no est� sola en el mundo.
Nuestro jefe aprovech� para sermonearnos...
Deb�amos defender la isla y no beber y correr tras las mujeres.
Alg�n d�a el enemigo aparecer�a.
Olvidaba que el enemigo estaba all�. con su capacidad de destrucci�n.
El d�a comienza con las canciones, preludio de violencia.
Keiko quer�a aprender a jugar al shamisen.
�Y tu marido?
Ella sab�a c�mo hablarle.
�Un golpe m�s y de dejaba!
Todos �ramos esclavos de Keiko, m�s o menos.
Ella era todo para nosotros.
Nadie depend�a de nosotros y nosotros no depend�amos de nadie.
El hombre no puede vivir solo.
Kuroda, nuestro decano, encuentra la ocasi�n para informarse...
sobre las relaciones matrimoniales de Keiko y Kusakabe...
como si las convenciones legales afectaran a Anatahan.
Contempla la foto y nos habla.
En nuestra isla no hab�a ley ni polic�a... s�lo dos pistolas.
En otro tiempo, todos ellos eran miembros de la Marina Imperial...
pero hab�an olvidado la Armada...
y lo que hab�an sido.
Eran todav�a hombres, y ese estado...
excusaba todos los comportamientos.
Kusakabe hab�a prometido no pegar m�s a Keiko...
pero ella hab�a prometido no juguetear m�s con los otros.
Los dos hombres armados propusieron ir a discutir fuera.
Ten�an una idea.
Keiko podr�a cocinar para cuatro.
Kusakabe procurar�a la comida.
Ella apenas puso objeciones. No habr�a servido de nada.
No era una broma. El cuchillo y las balas hac�an la ley.
La Reina prepar� la comida de los tres abejorros.
No hemos asistido a los acontecimientos que siguen.
�C�mo verificar los actos violentos que siguieron?
Un hombre quer�a saber lo que estaba pasando en la "Colina de los fuegos"...
como la llam�bamos... Era nuestro amigo Semba.
Su cuerpo fue encontrado en la hamaca donde una semana antes...
se pavoneaba en compa��a de Keiko.
S�lo podemos adivinar c�mo lleg� all�.
Dos balas encontradas en el cuerpo de Nishio...
nos dar�an la llave para aclarar el misterio.
En ciertas regiones de Asia...
existe un Dios cuya funci�n consiste...
en acortar la espera del castigo merecido.
�Iba a ser el Dios de Anatahan?
La muerte pescaba en la jungla...
y la carnaza de su anzuelo se llamaba Keiko.
Enterramos a las dos v�ctimas...
de nuestra misi�n maldita seg�n el culto de Shinto.
Un poco de nosotros mismos se enterraba con ellas en el suelo.
Lloramos a los muertos.
Hasta el m�s vil insecto tiene un alma.
El tiempo no exist�a ya para ellos...
pero nuestra miserable vida segu�a.
Vivimos en Anatahan desde hace cinco a�os.
Esos cinco a�os nos parecieron interminables.
S�lo el recuerdo de nuestra patria y de los nuestros nos manten�a vivos.
Al Norte hab�a otra isla...
una isla que no podr�amos olvidar nunca.
Por mucho tiempo que vivi�ramos.
Celebramos el A�o Nuevo como buenos japoneses.
Nos inclin�bamos con respeto hacia el Palacio Imperial...
y cantamos el himno nacional.
Nos presentamos mutuamente nuestros respetos...
Como si nada hubiera ocurrido, nos congratul�bamos de la amistad pasada...
y nos dese�bamos un A�o Nuevo tan agradable como el anterior.
Nadie estaba presente en todo esto.
Reconstruimos los acontecimientos de los que estuvimos excluidos
El rey y la reina hab�an desaparecido, eso lo sab�amos.
No volver�amos a ver al Rey.
Estaba destinado a la muerte desde hace mucho tiempo...
pero ignoramos...
qui�n ser�a su ejecutor.
Ahora Kusakabe era el rey.
Anatahan ten�a un nuevo soberano...
pero por poco tiempo... por muy poco tiempo.
Ella le segu�a obedientemente...
una obediencia simulada.
Obedecer bajo amenazas no es obedecer.
Enterramos a Yananuma.
Hab�a muerto joven.
No hab�a aprendido a vivir convenientemente...
Alg�n d�a llevar�amos sus cenizas a Jap�n y dir�amos a los suyos...
que hab�a muerto como buen soldado... honorablemente.
La Reina hab�a regresado a la colmena.
Pero no reinaba la felicidad.
Tendr�an que asistir a los funerales.
Dejemos en paz a los muertos.
Es f�cil encontrar una raz�n para discutir.
No importa cual.
No hab�a v�veres en la caba�a. �Hab�a que ir a buscarlos!
Tampoco hab�a amor.
Despu�s fue el turno del anciano cocinero... Yoshiri.
Aspiraba a los favores de Keiko. No ten�a otra ambici�n.
Estamos conducidos por fuerzas que no conocemos.
�El Rey ha muerto! �Qui�n ser� el pr�ximo Rey?
�Cu�nto tiempo durar� el reinado de Yoshiri?
Su poder en Anatahan no llegar�a a 24 horas.
Ten�a a Keiko y todo el vino de palma que pod�a digerir.
Pero la Reina nunca ser�a suya.
Ella no hab�a deseado la muerte de su anciano marido.
Los lazos entre ellos eran tan fuertes...
como poco el�sticos.
�l la quer�a como Reina y como sirvienta...
No admit�a que se dejara la copa a sus pies.
�Se habr�a re�do de haber sabido que no volver�a a ver amanecer?
Todos se acuerdan de esta noche.
La luna estaba baja.
Los �rboles, silenciosos... el aire, brumoso.
El mar era profundo. Las rocas, negras.
La naturaleza se mostraba indiferente al destino del hombre.
La historia de ese desgraciado, es la de una boina americana.
Las dos armas fueron arrojadas al mar.
Tranquilamente, decidimos la suerte de Keiko.
Tranquilamente... para nosotros.
Pero Keiko no quer�a seguir sirviendo de apuesta. Ella abandonaba.
Nos dispusimos a buscar el premio lealmente ganado.
El enemigo, tanto tiempo esperado, nos hab�a descubierto.
Pensamos que �bamos a ser bombardeados.
Para eso estamos preparados.
"A los soldados japoneses de Anatahan"
Las bombas nos confirmaban que la guerra hab�a acabado hac�a 5 a�os.
Un barco iba a venir a buscarnos.
�Otra trampa de nuestros enemigos!
�Nos tomaban por ni�os?
Las cartas del enemigo pod�an esperar. �Hab�a que buscar a Keiko!
Esos medios de persuasi�n hab�an triunfado desde Bagdad a Roma...
Funcionaban tambi�n en nuestros d�as.
No la volvimos a ver nunca.
Desapareci� como si nunca hubiera existido.
Siempre hab�a so�ado con volar hasta Jap�n.
Al irse Keiko, no hubo m�s historias ni m�s vida.
Cartas del Jap�n.
Una carta de Keiko.
Hab�a comunicado a nuestras familias que est�bamos vivos.
Kuroda no ten�a familia, pero ella tambi�n le mandaba recuerdos
esperando que su partida...
no le hubiera enojado.
Esta vez no se trataba de una trampa del enemigo.
Hab�a otra carta...
del Gobernador de una Prefectura.
La guerra hab�a acabado hac�a 6 a�os.
Vuestras familias os esperan.
Esa bandera ha visto la rendici�n de un regimiento japon�s.
Utilizadla. Esperamos vuestro regreso.
Volved si quer�is.
Yo no regresar� a un Jap�n derrotado.
El resto de nosotros nos rendimos... con alegr�a.
Hab�amos perdido la batalla de Anatahan.
Sobrevolamos nuestra monta�a sagrada.
En 10 horas, rehicimos el viaje...
que nos hab�a ocupado 19 d�as y 7 largos a�os.
De regreso a Jap�n... H�roes para todos menos para nosotros mismos.
Hermanos y hermanas estaban all�...
Nuestros amigos nos esperaban,
Padre y madre...
nuestros vecinos...
Nos reencontramos con nuestras mujeres...
nuestros hijos, 7 a�os m�s mayores...
Tendr�amos que reconquistar su afecto.
Por fin est�bamos en casa.
Tal y como esperaba de Keiko...
ella tambi�n deb�a estar all�.
Ap�yanos y convi�rtete en miembro VIP Para eliminar todos los anuncios SubtitleDB.org
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.