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Doña Consuelo estar viva.
-Ha sufrido una arritmia.
Voy a ponerle un "holter".
Vendrá un auxiliar para ayudarla.
¿Tenías que ser negro?
¿Y tú crees que esto va a funcionar?
Uy, Pepa, qué guapa estás, ¿eh?
Sois muy guapas las dos.
Tu sobrino está muy desmejorado.
Con lo guapo que eras de chico.
¿De verdad que tienes lo mío?
Lo tengo, hermana, lo tengo.
Qué tenemos que hablar de la herencia.
He tomado la decisión de... -Inhabilitarla.
¡Zorra!
¿Tú quieres ser rico, hijo?
(Gemidos)
¡Oh, oh!
¡Ay, sigue!
¿Qué queréis? ¿Se puede saber
qué está pasando aquí?
Me está echando el polvazo que no me echó tu padre.
Dejamos Madrid y nos vamos a vivir al pueblo.
Iván, contamos contigo.
Lo siento mucho, pero no va a poder ser.
No me quedaría sin una buena razón.
-Y esa buena razón en la concejala.
-Quiero recuperar a mi Roci.
Ya no renuncio a ti. -¿Cómo?
-Dame una oportunidad de hacer las cosas bien.
-Está bien. ¿Qué es lo que quieres?
-Una cita. Tú y yo en un restaurante.
(Trueno)
¿Qué me diste antes?
Un calmante, señora.
Que descanses bien, vieja.
Loca de los montes.
Yo también lucharé por el amor de mi vida.
Llévame a casa de los de la Vega. -¡Tus huevos!
Se acabó el ocultarse.
Vayámonos al pueblo a vivir.
-¿Te quieres ir a vivir conmigo? -Tú y yo.
Hijo de Satanás, malos cuervos te saquen los ojos
y que mal rayo te parta.
¡Ah!
¡Está maldito!
¿Es un remedio para maldiciones?
¿Qué lleva el mejunje ese?
Ayahuasca, marihuana y pizquita de LSD.
Soy crisálida.
¡Libertad!
¡Vamos!
¿Tienes frío?
¡Fuego!
Raulito, sopla, llénala de aire.
No se infla.
¡Papá, Andrei, socorro!
Madre.
Creemos que el negro prender fuego.
-Sí, también la intentó ahogar.
Que la mala suerte no existe.
(Frenazo)
Hostia, es el novio de la vieja.
Disturbio racial, ya lo estoy viendo en las noticias;
tres blancos atropellan a un negro.
Tres blancos, un negro.
¡El Ku Klux Klan!
Javi, dale una hostia a este tío.
-¿Llamo a la ambulancia?
Pues claro, eres tonto, ¿te gusta ser tonto?
Pues claro que llamas a una ambulancia.
Hemos montado "black lives matter" que te cagas.
Disculpe usted, yo no soy racista.
Llamo a la ambulancia. -No, espera.
-Espera a qué, que aún respira.
Que atropellar no es un crimen,
pero dejarlo morir es cadena perpetua.
No, no, y delito de odio.
Este tío es su amante.
-¿De quién, de doña Consuelo? -Sí.
Balbucea algo. Creo que intenta decirnos algo.
Dime, hermano.
Venga, va, cogedlo y metedlo en la furgoneta.
-¿Lo llevamos al hospital?
-Metedlo en la furgoneta, déjame que piense.
Van a venir todos los picoletos de España.
Disculpe, señor don negro.
Vamos a una.
Y...
¡Ah!
-¡Hostia!
¡La Virgen! Parece que hemos cazado una orca.
(Llamada de móvil)
¿Pero qué cojones es esa puta cumbia?
El tono que le tengo puesto a Valeria, mi mujer.
Se lo voy a tener que coger, ¿eh?
¡Ah!
-¡Eh!
Cariño.
Ay, mi amor, cariño, ¿estás bien?
Bueno, sobrevivo, sobrevivo.
¿Pero estás drogado?
No, se me está pasando. Dile que cuando vuelva, le reviento
por coger lo que no debe. Dile que le hice un conjuro móvil.
Por favor, Raúl, perdóname.
Te quitaré el mal de ojo. ¿Le pasa algo, qué dice mi hermana?
Nada, nada, mi amor, nada.
Pero vienen para acá, ¿no?
Sí, Valeria, tenemos antes un asuntillo
con un hombre de color negro, concretamente.
¿Un hombre negro? ¿De qué me estás hablando, Raúl?
Te pido perdón, Valeria.
¿Pero por qué debo perdonarte, mi amor?
¿Qué pasa? Te pido perdón por todo.
Por los crímenes de la raza blanca, por Cristóbal Colón, por todo.
Se acabó, a la furgoneta.
Estoy pidiendo perdón.
¡Oh, joder!
Venga, venga, vamos al hospital.
No. -¿Cómo que no?
-¡Eh, chaval!
¿Eres el amante de la vieja?
¿Te la trincabas? -No.
-Está mintiendo.
Este tío es su Dinio, su follamigo.
-No, no te pillo, primo.
-Este y la vieja estaban enrollados.
Ella tendrá algún interés en salvarle, ¿no?
Digo yo.
Algún interés. De verdad...
Vamos a hacer una llamadita.
Venga, sople. Caliente, caliente.
(Llamada de móvil)
Sople ahí, sople. Eso es. Mejor.
-¿Sí?
¿Cómo?
¿Pero está seguro?
Vale, vale, vale.
Papá, ven. -¿Qué pasa?
-Es un número oculto.
-Mira, como sean los del ADSL...
-Dicen algo de un secuestro.
-¿Quién es? -¿Esteban de la Vega?
-¿Quién eres tú?
-Tenemos al novio de su madre.
Queremos medio millón de euros.
-Mira, lo mejor que podéis hacer es meter al negro
en la siguiente patera que salga para su tierra,
porque si le echo las manos encima, le voy a cortar los cojones
y se los voy a mandar a su puta tribu de subvención.
Encima tenéis los santos huevos
de venir a sacarme a mí la pasta, hijos de...
-¿Qué pasa?
-Parece que es muy importante para ellos.
-Pues vamos al hospital.
¡Vamos, vamos! ¡Ay, ay, joder!
Recuerda que yo te ayudé.
Que no soy racista.
Para que lo recuerdes en tu declaración.
Encima me cuelga el chantajista de mierda, como le enganche...
Madre, madre, no voy a descansar un solo día
hasta que encuentre al cabrón que la ha mancillado,
aunque tenga que mandar a este a La Habana.
-Cuba, solecito. Buen clima para venganza.
Claro, claro.
Dime una cosa, Andrei, ¿tú por qué cobras?
Yo no cobras, doña Consuelo.
Cobra es serpiente venenosa, peligrosa.
Echar veneno. ¡Uf! Dar miedo.
-Que no, cobras de serpientes no, Andrei.
Cobras de sueldo, de dinero.
Que mi madre quiere saber que por qué te pagamos dinero.
-Ser mi honor y responsabilidad proteger a señora y toda su camada.
Sí.
Pues mira, te voy a hacer un resumen.
Me han drogado, quemado,
me han intentado ahogar en mi propia piscina,
en la parte honda.
Y tú ahí, con esa carita.
¿Qué carita?
De gilipollas, ruso, de gilipollas.
Estoy harta de mantenerte, serás defenestrado.
¿Cómo? Sí, defenestrado ahora mismo.
¿Defenestrarme?
Lo asumo.
En mi país hay militares que fallan cortar testículos,
Defenestrarles.
-Castrarles, joder, castrarles, imbécil.
Venga, guárdate eso, súbete el pantalón.
Vamos, sube.
Tu castigo será el destierro.
No quiero que trabajes aquí nunca más.
No,, no, un momento, madre. Dele una vuelta a eso.
No, no, no.
Es mi última palabra.
No poder despedir.
Sin familia de la Vega no ser nada, nada.
Pues te jodes y bailas.
Lo siento, señora, lo siento mucho.
Lo siento, señora.
-Madre, yo creo que es un castigo demasiado duro.
Oh, la vida es dura.
Antonio.
Clemencia, señor Esteban, por favor, no despedir, por favor.
Clemencia, señor Esteban.
¡Nooo!
(Timbre)
A tu marido le voy a pegar un zurriagazo por drogadicto.
¿Cómo es que llegaron tan rápido?
¿Hermana?
¿Pero no habíamos quedado en el pueblo?
Sí, reina, pero tenía que traerte algo.
Anda, déjame pasar, que me están sudando las nalgas.
Tita, ¿qué haces aquí?
Pues hija, traeros el pueblo a la ciudad,
porque aquí coméis fatal.
Carmina, qué gusto verte.
-Mira, pan de pueblo, ¿eh?
De la cosecha, de la matanza. -Qué rico.
-Un poquito de pisto. ¿No has traído albóndigas?
Dime que las has traído.
¡Ah, las albóndigas! ¿Están buenas?
Ídolos y quebrantos.
Todo esto al frigo.
Has venido a traernos táperes.
No.
He venido a traeros esto.
¡Hostia!
¡Gran poder de Dios!
-200.000 euros.
La mitad de lo que debéis, ¿no?
¿De dónde has sacado esto?
(Puerta)
(Puerta)
Ser Andrei, venir a despedirme.
-Espera un momento, ya salgo.
Andrei, espera, que te olvidas esto.
Me lo regalaste cuando cumplí los 18
y quiero que lo tengas tú.
-Puño americano.
(RÍEN)
¿Dónde estar señor Esteban?
Yo querer despedir de él.
-Mi padre prefiere no verte, Andrei.
-Yo irme.
Adiós con corazón.
Adiós, familia.
¿Y esos?
¿No son los marqueses de Chinchón?
-El marqués, la marquesa y su hijo Beltrán,
grandes de España.
-¿Y qué hacen aquí?
-Pues les ha citado papá.
Señora marquesa.
Es un honor.
Bienvenida. -Muchas gracias.
-Marqués. -¿Qué pasa, tío?
-¿Cómo estás, bribón?
¿Cómo están? -Muy bien.
Bien.
Tú debes de ser Sara.
Juan habla mucho de ti.
200.000 euros calentitos, calentitos.
Eran 200.000 la letra que te teníamos que pagar, ¿verdad?
Pero eso es imposible.
¿De dónde lo has sacado?
No te incumbe.
Tenéis un mes para pagar otros 100.000 euros.
¿Creéis que os habéis liberado?
Esto ya es personal.
Fuera de aquí.
Coge el dinero.
¿Ha pagado? -Sí.
-La vieja va a cabrearse, quería un desahucio.
-Los echaremos.
-¡Miranda!
¡Ay, mi amigo, qué sorpresa!
Antes me he acordado de ti. ¿A que sí?
Se lo he dicho a mi primo.
Hemos escrito una cosa en tu honor.
¡Chan!
¿Os gusta?
Qué maravilla, ¿eh?
Lo hemos escrito nosotros.
En la cárcel leí mucho a Lorca.
-Vas a terminar en una puta cuneta.
Bueno, nos relajamos, ¿eh?
Ha sido él, el antisistema.
Ha sido él. Ah, sí.
Vamos a colgarla. Sí, sí, esto es.
Antonio. Coño, Beltrancito.
Qué estirón has pegado, majo, ¿eh?
Fíjate. Marqueses.
Bueno, bueno, bueno, bueno.
Qué placer recibirles en casa, marquesa, marqués.
Un honor. ¡Qué placer!
Los ricos tenemos la obligación moral
de ayudar a los más desfavorecidos,
de contribuir con la sociedad, que además, desgrava un huevo.
(RÍE)
Madre, madre, fíjese quién ha venido a vernos,
los marqueses.
Hola, marquesa querida.
Marqués.
Pero Beltrán, tan guapo como siempre.
Un placer, doña Consuelo.
-Si nos acompañan a la mesa de cóctel, seguimos ahí.
Vamos.
Madre, ¿quién es este que está empujando su silla?
Gian Lucca Bellucci.
Nuestro nuevo jefe de seguridad, más siciliano que la mortadela.
El nuevo Andrei, vaya.
Madre, ¿no esté usted tomando últimamente muchas decisiones
por su cuenta y sin consultar?
Si quieres un cantaor de flamenco, contratas a un gitano.
Si quieres a un muerto de hambre, a un rojo.
Si quieres a un matón, matón, a un italiano.
A partir de hoy, me debo a cuesta familia.
Y a su seguridad.
¡Qué bonito!
¡Uh!
Mi niño.
Tita, tita.
Muchas gracias, de verdad.
Nos ha dado los ahorros de toda su vida.
Te voy a dar mi bien más preciado, fíjate.
Un collar de piedras rúnicas.
Son mágicas, te libran de todo mal y brillan en la oscuridad,
porque son fosforitas.
Oh, muchas gracias, sobrina. Oye, me encanta.
Por cierto, me tienes que leer el tarot.
A ver si lo mío con el teniente alcalde va para largo.
Las cartas, la bola y lo que tú quieras, bonita,
que eres más bonita que nada.
Yo te he hecho un "collage"
de fotos nuestras allí, en el pueblo.
¡Qué buenos veranos!
Allí aprendí a hacer el puente a los tractores.
-¡Ah!
Bueno, no hay que agobiarla, ¿eh?
Pero tienen razón.
Muchísimas gracias por darnos tus ahorros.
Por prestarnos, porque te lo devolveré.
¡Anda ya!
Pero si eso lo hago por mi hermana del alma, bueno, y por los niños,
y por mi Raulito.
No me hagas hacer carantoñas.
Te estoy oyendo.
Y ahora tú y yo nos vamos a ir
a ponernos ciegas de piña colada para celebrarlo.
Y vosotros a currar, ¿eh?
Que nos queda la mitad de la deuda.
Eso quería oír. Ah, Iván,
saca las cosas de la tía de la furgo.
A la orden, tita.
Cuéntame.
¿Qué tal el alcalde? Divinamente, nena.
Es la primera vez que veo la luz.
¿Cómo te lanzaste después tantos años?
Estamos enamoradísimos, ¿eh?
(Llamada de móvil)
¿Iván?
-Hola, concejala.
-Oye, ¿tienes libre esta tarde?
-Hombre, para ti estoy libre siempre.
-Es que he estado dándole vueltas a muchas cosas.
He estado pensando que quizá, pues no sé...
-Tranquila, si estabas pensando en mí,
eso es bueno. -¿Me quieres dejar terminar?
A ver, que he estado pensando
y que tengo que hablar contigo.
Tengo que decirte una cosa muy importante.
-¿Algo bueno o malo? ¿Me va a gustar?
-Hablamos luego, ¿vale?
Gustavo, me conoces bien, ¿verdad?
-Como si fuera mi hija, señora concejala.
-¿Te puedo contar una cosita?
Qué pesado, de verdad, que no hace falta que me acompañéis
a descargar la furgoneta la tita.
Si yo vengo a que no te lleves los espejos.
A mí me parece raro.
-¿Qué te parece raro?
-Vale que he estado tres años en una celda,
pero hasta donde yo sé,
la tía estaba más pelada que una vela.
-Pero vivía de la paga del tito Paco, primo,
¿no te acuerdas? -¿Tito Paco?
¿Sabes cuántas pagas necesita para juntar 200.000 euros?
La vida en el campo es diferente,
tiene otro ritmo, otras necesidades, van en burro.
No hay internet, viven de lo que cultivan.
Mira. Es La Mancha, Raulito,
no una tribu del Amazonas.
A mí esto me parece raro.
Cuánta verdura, ¿eh?
La pala, una cuerda, la vida labriega.
Pues otra cosa. Mira, por ejemplo, una caja azul.
No sé qué es. Raúl, ¿puedes ayudar un poquito?
Estás todo el día tocándote los huevos.
Tengo ciática intermitente.
Hay que gestionar,
alguien que lo vea de fuera, que gestione.
Pues ese soy yo, el gestor.
Anda, coge el macuto ese o te comes una berenjena cruda.
Qué suerte, pesa poco.
Los cabrones de los Carranza
ya han hecho el primer pago de la deuda.
Ya hablaremos.
Ahora vamos a lo importante.
Sarita, Sara, Sarita.
Sara, mira.
¿Sabes quién ha venido?
Los marqueses con su hijo.
-Estábamos comentando, qué preciosa la casa.
Y su nieta es divina.
La joya de la familia, y muy virtuosa.
¿Verdad, nieta mía?
Como tú, abuela, como tú.
-Bueno, y casualmente tiene la misma edad que Beltrán,
que es un chico muy prometedor.
Muchísimo.
Bueno, hasta ha estudiado en Cambridge.
-Guau, guau.
-Bueno, venga...
(HABLA EN ITALIANO)
-¿Qué hace, subnormal?
Que son nuestros invitados.
Baje "le pistole". "¡Le pistole!"
Pavarotti, "don't". El arma, abajo.
Atrás.
Disculpará este incidente, señora marquesa,
que en estos tiempos tan convulsos que corren,
uno tiene que estar precavido de los okupas, los podemitas...
Bueno, ¿qué le voy a contar que usted no sepa?
-Sí, sí, sí, sí, tienes razón.
La gente de bien ya no puede vivir tranquila.
Nos invaden. -Eso es, nos invaden, nos invaden.
Bueno, Sarita, le estaba comentando a la marquesa
que podías enseñarle la ciudad un poquito a Beltrán,
ahora que ha vuelto de Londres.
Bueno, de London, London, la City.
(RÍE)
Qué recuerdos tengo yo de la City.
Pues eso, que le podías enseñar un poquito esos garitos
donde sales de marcha.
Bueno, venga, va, ¿cuándo quedáis?
-Seguro que es un cielo, Papi, no me cabe la menor duda, Beltrán,
pero ahora estoy en otro momento de mi vida.
No quiero atarme.
-¿Pero cómo que atarte, hija?
Ay, hijo, si a mí me cogieras de joven y pudiera andar.
¡Mira qué buen mozo!
Anda que lo iba a dejar pasar.
¿Estáis intentando liarme con él?
-Liarte, chica, qué palabra.
Pero es que uno no sabe nunca
dónde puede surgir la chispita del amor.
Y mira, si esa chispita une a estas dos familias,
pues chispazo, ¿eh?
(RÍE)
Así que no queréis que salgamos juntos,
queréis que nos casemos.
-De verdad, ¿quién ha dicho nada de casarse?
¿Te crees que estamos en la Edad Media?
No, hija, no, en esta casa hace mucho tiempo
que entró el feminismo.
Ni feminismo ni mierdas,
te estamos diciendo que salgas con él.
Pues muy bien, de acuerdo.
Discúlpame, Beltrán, he sido supermaleducada contigo.
Muchísimo.
Siempre que vivirlo y transmitir la música de...
(Llamada de móvil)
Un segundito, me están llamando.
Sara, Sara, dime, que estoy en la clase.
Ahora mismo no puedo hablar.
-¿Entonces te apetece quedar?
¿Sí, quieres quedar?
Beltrán, discúlpame, he sido supermaleducada contigo.
Muchísimo, ¿eh? -¿Beltrán?
¿Qué dices de Beltrán? -Tengo un plan.
¿Te importa que ponga yo el plan?
¿Qué te parece que me acompañes a las clases preparto?
(RÍE)
(RÍE)
(RÍE)
(TODOS RÍEN)
¿Qué parto, qué? ¿De qué estás hablando, Sarita?
-Nada, que quiero que alguien me acompañe,
que me agarre la tripita mientras respiro,
que el bebé sienta cariño.
-¿Qué dices de bebé, Sara?
-No, no, no, hombre, no.
Sarita, no, o sea, bromas con eso aquí no hacemos, ni una, ni media.
-No es broma. Estoy embarazada.
-Esto va a ser... Es muy graciosa.
Esto es la rebeldía de la juventud.
-Que estoy preñada, que me acabo de hacer el test.
No estoy preñada, estoy preñadísima.
-¿Qué pasa, primo?
-Esteban, creo que será mejor dejar la comida para otro día.
-¿Con quién hablas?
-Acabo de acordarme. Tenemos otro compromiso ineludible.
Vamos, hijo. -Marquesa, por favor.
Bueno, mañana hablamos.
Ayúdame con esto, que no haces nada.
Marquesa.
Dime que no has sido tan imbécil para quedarte preñada,
que no has dejado que te insemine el músico.
Es verdad, el padre de mi hijo es Javier Carranza.
Y Javi, siento muchísimo que te hayas enterado así,
pero es que quería que lo supieras por mí.
Quítale el puto teléfono.
Pues que te quiero muchísimo, que te quiero...
Subnormal, ¿qué haces? Me estás destrozando el móvil.
-Hostia.
Ay, ¿qué le pasó?
¡Primo!
Eso es porque fuma porritos, que lo he visto a escondidas.
(Puerta)
Ahora salgo, corazón.
Pasa y ve mirando.
Y bienvenida al increíble mundo de luz y color de mi "boutique".
¿Hola?
Hola.
¡Ah!
¡Ay!
¿Pero tú qué haces aquí?
Le ha pasado algo a Julieta.
-No venir por Julieta.
Venir por ti. -¿Por mí?
Demanda a tu jefe.
-¿Estamos solos?
-Sí, sí.
Bueno, no, no, no, no, no, estoy...
Estoy esperando a una amiga, así que no puedes...
-Tranquilo, yo no trabajar más para familia De la Vega.
Yo caer en desgracia, ir al destierro.
-Te han despedido.
-Soy ronin, samurái sin su espada.
Perro apaleado sin dueño.
-Qué bonito.
Triste, pero bonito.
Pero bueno, eso no explica qué haces aquí.
-Pues hacer algo que siempre querer hacer
desde el día que te vi.
Yo querer decir algo antes de volver a Chernóbil,
mi tierra contaminada.
Yo, pendón.
-¿Pendón? -Pendón, sí.
Pendón por comentarios homófobos
y pendón por descortés.
Pendón.
-Perdón.
-Yo te amo tiernamente.
Yo querer decirlo antes de marchar.
Te lo he dicho.
-¿Qué?
¿Pero cómo se te ocurre?
¡Con un Carranza!
O sea, no había más hombres, ¿no? Con esa rata.
¿Pero se puede saber para qué paseo a esta niña todos los domingos
por el club de campo?
Te he presentado a las élites de Madrid, a los nobles de España.
Pero no, la niña tenía que dejarse preñar
por un perroflauta y encima, titiritero.
O sea, ¿quién va a ser el próximo? ¿Íñigo Errejón?
"Tutto" despejado, señor. -"Grazie mille".
¿Y este? ¿Este qué hace paseándose
con una escopeta por mi casa, madre?
Que nos va a matar a todos.
La culpa del embarazo la tienes tú, hijo,
que la dejas entrar y salir cuando quieres
mientras tú mojas con la porno chacha,
¿qué esperabas? La abuela lo sabía.
-¿Cómo?
O sea, ¿usted lo sabía, madre?
Tienes la lengua tan suelta como la entrepierna, cielo.
Bueno, ¿se puede saber por qué soy siempre el último gilipollas
en enterarse de las cosas en esta casa?
-"Si mi scusi, io poso mandar saluti al músico".
A la manera siciliana.
"Io faccio dormire con il pesce".
-¿Pero qué "pesce"?
¿Pero qué "pesce"?
¿Qué dices tú de peces?
-"Io matar al padre de la criatura".
-Que esto no es Nápoles.
Que esto no es Sicilia.
Esto es Vicálvaro. ¡Vicálvaro!
Y aquí no se mata.
A no ser que sea estrictamente necesario.
Sarita, yo he tratado de transmitirte unos valores,
unos principios éticos y morales,
pero está claro que como padre y como referente
no he sido suficiente. He fracasado.
-No hagas tanto drama. Se me rompió el condón y ya está.
-Me cago en la pared.
Esto no puede estar pasando.
Esto tiene que ser una puta pesadilla, de verdad.
Que me cago yo en la educación progre y liberal
y me cago en todos los cursos de orientación sexual,
que eso es un criadero de pervertidos y de guarros.
¡Joder!
Ya hablaremos tú y yo, Sarita,
ya hablaremos tú y yo, porque esto, tela.
Ahora voy a solucionar yo este asunto a mi manera.
-¿Cómo debería llamarlo?
Si es niño, me parece...
Déjate de tonterías.
Haz la maleta, que mañana nos vamos a Londres
a que te hagan un apañito. No seas tan antigua.
Si quieres que aborte, lo hacemos en Madrid.
Me da igual cómo lo hagas.
Ese niño no puede nacer.
Es un monstruo, un sangre sucia, una abominación.
Quiero a Javi y tú no vas a casarme con el marqués
ni a decidir sobre mi futuro.
Otro siglo, otras normas, abuelita.
Pero qué tonta y qué ingenua eres, corazón.
Tu vida me pertenece.
La he moldeado desde que estabas en la cuna.
He trazado cada punto del camino, cada paso, tus amistades,
tus estudios, hasta lo que comes.
¿Crees que eres libre?
¡Gilipolleces!
Estás al servicio de esta familia
y harás lo que tengas que hacer por ella.
Soy mayor y ya no puedes manipularme.
¿Te gusta tu móvil con el que mandas tus mensajitos,
tus vestidos, las vacaciones en el barco?
¿Te gustan?
¿Crees que tu sola eres capaz de mantener ese tren de vida?
¿O acaso el músico?
Pues puedo salir por la puerta e irme.
Podrías.
Pero eres una chica lista
y sabes que irte supone rechazar lo que tienes.
Todo el mundo vive en una jaula, Sarita,
solo que la tuya es de oro.
No vas a dejarla para vivir en una puta ratonera.
Un bebé, ¿eh?
¡Qué cosa!
Los bebés son monos, ¿verdad?
-Monísimos, primo, y con lo guapo que tú eres, más todavía.
Lo estoy viendo yo, ¿eh?
Le va a regalar su tito Iván una camiseta de los Rolling
y vamos a ir los tres a juego.
Solo no te vamos a dejar nunca.
¿Me vais a ayudar?
-Claro, hace falta una tribu para criar un chiquillo.
Que somos nosotros tu tribu, primo.
Tu tribu de clase media.
Además, sí, mi hijo va a ser uno más de la familia
y nosotros lo vamos a defender.
Sí.
¿Abrazo colectivo, eh?
¡Vamos a ser padres!
(RÍE)
¿Cómo que vais a ser padres?
¿Quién ha preñado a quién?
Dime que has sido tú, Raúl, que vas a por el segundo.
Yo no, mamá.
¿Iván?
No, tita, no.
¿Pero qué has hecho, idiota?
Papá, mira quién ha venido. -Hombre, Beltrancito.
-¿Qué tal, Esteban?
-Qué alegría que hayas podido volver, hijo.
-¿No está Sara? -Sí, sí está.
Jacobo, vete a buscar a Sara.
Siéntate, siéntate.
Antes quería hablar yo contigo
un poquito de hombre a hombre, sin padres.
¿Quieres un coñac, un purito? -No, gracias.
-¿Estás bien? -Estoy bien.
-Es que creo...
Creo que antes tú y yo no nos entendimos bien.
-¿No? -No, verás.
¿Sabes la fundación que tienen tus padres,
de la que están tan orgullosos, que viven por y para ella?
-Sí. -¿Sí?
Pues ni niños enfermitos ni hostias, Beltrán.
Esa fundación sirve para que podáis pagar vuestras facturas
y como el patrón de esa fundación soy yo,
pues en realidad, el que paga las facturas soy yo.
Tu universidad, los viajes de esquí,
las vacaciones, tu móvil, los datos de tu móvil,
las pajas que te haces con los datos del móvil.
Y yo soy el que se encarga de manteneros calentitos y sanitos
para que salgáis guapetones en las revistas,
al lado de vuestro nombre, ¿eh?
Así que sois como una inversión.
Sois una inversión y ahora quiero cobrarme mis intereses.
-¿A qué se refiere?
-Pues qué le vas a dar tu apellido al hijo de Sara,
con su escudito, su árbol genealógico y todo.
Nosotros ponemos el dinero.
Vosotros ponéis el apellido, ¿eh?
Así funcionan las cosas.
Así han funcionado siempre, Beltrán, ¿está claro?
-No puede obligarme a nada.
Tú vas a hacer lo que me salga a mí de mis cojones capitalistas.
¿Está claro? -Sí, sí.
-Papá. -¿Qué pasa?
-Es Sara. -¿Qué pasa con Sara?
-Que se ha escapado. -¿Cómo que se ha escapado?
-Que se ha escapado.
Mira que lo he dicho bien clarito,
que nadie se acercara a ninguno de la familia De la Vega.
Y tú vas, te acercas a la hija y la preñas.
Que yo estoy enamorado de Sara, de verdad, de corazón,
que a ese crío lo voy a cuidar yo.
Será de los dos.
No pasa nada.
-Cómo cambian los tiempos, ¿verdad, Mari Pepa?
En nuestro tiempo nos preñaban y nos echábamos a llorar.
Y ahora lloráis vosotros.
-No, no te equivoques, a mí nadie me hace llorar.
Nuestro amor es puro, puro.
Pero a ver, hermano, ¿cómo sabes que el niño es tuyo?
Eso, ¿cómo lo sabes?
Discrepo.
Esa pregunta es capciosa y exijo que se retire.
Pero Raúl, mi amor, cariño. ¿qué haces?
Hombre, si se le hace un juicio a mi hermano,
pues necesitará un abogado, digo yo.
Te aconsejo, como abogado tuyo, que te acojas a la quinta.
Que yo no necesito acogerme a ninguna enmienda, leche, ¿eh?
Pues claro que sé que el crío es mío.
Me estáis insultando a mí y a la madre de mi hijo.
Mira, Javi,
¿de qué coño vais a vivir?
¿Me lo quieres contar?
Te lo digo porque debemos un pastón al banco
y cualquier día nos pueden desahuciar.
¿Tú sabes lo que cuesta mantener un niño?
Valeria, ¿se lo cuentas?
Un pastizal, Javi.
Ahí le doy la razón, hermano.
No sé, a ver, puedo...
Puedo dar más clases de canto, puedo ir a la tele,
puedo sacar un disco.
¿Pero qué he hecho yo para merecer esto?
Mira, Javier eres muy rico, ¿eh?
Pero eres idiota.
Vives en un sótano como el Ratoncito Pérez,
con 30 años.
Para la niñata de la Vega
no eres más que un capricho de usar y tirar.
Una chorra con patas.
-Te equivocas, Pepa.
-Sara. La que faltaba.
Perdón, se me ha colado.
-No es ningún capricho.
Nos queremos.
-Pero cariño, ¿estás bien?
¿Seguro que no quieres sentarte?
¿Estás mareada? -Estoy bien.
-Siéntate. -Estoy bien.
¿Sabe tu familia que estás aquí?
Soy una persona adulta y puedo estar donde quiera.
Y enhorabuena por la parte que te toca, Pepa,
porque vas a ser abuelita.
Yo solo quiero haceros una pregunta.
Sara,
¿quieres ser madre?
Sí.
Y tú, Javi, ¿quieres ser padre?
Quiero, queremos, queremos.
-Entonces, tita, ¿qué hacemos?
Pues fuera una puñetera vez, no vais a hacer absolutamente nada.
Os vais a quedar aquí, quietecitos, sin moveros, esperando.
Esto lo solucionamos las mujeres de esta casa.
Bien dicho, mamá.
Vamos, chicas.
Sara.
Raúl, vigílalos.
Que se porten bien.
Bueno, pues me han dejado encargado, ¿eh?
Al que se porte mal, le pongo un negativo, como en EGB.
¿Quieres cenar algo?
Podemos estar un ratito más juntos, si quieres.
No sé, si vas a viajar a Chernóbil, pues hijo, son dos aviones.
Y allí hay mucha radiación.
Que yo te preparo cualquier cosa, que no es ninguna molestia, ¿eh?
Bueno, y que si te tienes que ir, que lo entiendo,
Que lo entiendo.
Y si consideras que todo esto ha sido un error,
pues también lo entiendo,
que yo soy un sastre de barrio.
Que a mí estas cosas no me pasan.
-¿Qué cosas?
-Pues esto, Andrei, que vengan a mi puerta a declararse.
Esa es la vida de otros.
-Jimmy, ven.
Tú deber quererte más.
Si empezar a no respetar tú mismo,
nunca respetar a nadie.
-Dicho así, igual hasta me lo aplico.
(HABLA EN RUSO)
-¿Eso significa?
-Gracias por darme amorcito.
Adiós.
Jaime, el sastre.
-Adiós.
Andrei, el matón.
Papá. -Hija, hija, qué alegría.
¿Estás bien?
¿Quién te ha traído, el italiano?
¿Dónde está el cabronazo panetone, que le voy a reventar?
Buenas tardes, Esteban.
¿O debo decir consuegro?
Hola, princesita.
Vaya, vaya, vaya.
Si resulta que tenemos una convención de verduleras
en mi propio jardín y nadie me ha dicho nada.
Esteban, he venido hablar contigo.
Podemos hacerlo a solas
o podemos hacerlo delante de las familias.
Chinita, bájame el Kalashnikov
y las balas que están encima del galán de noche.
A estas hijas de puta me las llevo por delante.
Sin insultar, ¿eh?
Que le meto una pedrada que la reviento.
¿Y esta gorda quién es?
No, no, no, madre, no baje ahí, no descienda a su nivel, madre,
que nosotros tenemos mucha más educación
y mucha más clase que estas.
A ver, os lo voy a decir bien clarito,
a ver si lo entendéis todas,
incluida la panchita y la "catwoman" podemita.
Os lo voy a vocalizar.
Que os vayáis de mi casa, chachas de mierda.
¿Cómo te atreves?
¿Qué coño te crees que estás haciendo?
Darte la hostia que no te dio a ti tu madre.
Mira Esteban, vamos a ser abuelos, aunque no nos guste.
Estas dos familias están destinadas a entenderse y quieren al niño,
lo tendrán y lo sacarán adelante con nosotros o sin nosotros.
Yo nunca, en mi puta vida, voy a consentir que mi nieto
se llame Reyes o Carranza
o como puta mierda sea vuestro apellido de gitanos.
Nunca dejaré que nazca ese crío.
Abortará, aunque tenga que pasarle una plancha por el papo.
Vamos a ver, yo debería estar con mi mujer,
con la madre de mis hijos, con mi señora.
¿Dónde estará? Ni me ha enviado un wasap.
No me ha enviado nada todavía. -Primo, tranquilo, hombre.
Confía en las mujeres de esta familia.
Hoy nosotros calentamos banquillo.
Correcto.
Vamos a dejar que se solucione pacífica y legalmente.
Y lo más importante, sin que yo me lleve una hostia.
No sé qué os parecerá a vosotros, pero a mí me parece estupendo.
¿Un parchís? Vamos a ello.
Está cerrado.
"Buonasera".
"Disculpi, está cerrato".
(HABLA EN ITALIANO)
"Yo falo italiano una miqueta".
"¿Qué voulez vous queréis you?"
Un Amaretto.
En copa.
No tenemos Amaretto.
Pero si quiere bebita exótica,
puedo poner caipirinha, la hace mi mujer.
"Subito".
-"Amicci", ¿sabe?
En Soto del Real coincidí con un italiano que hablaba
con un acento parecido al tuyo.
¿Calabria?
(HABLA EN ITALIANO)
-Madre mía.
-Estoy buscando una "ragazza".
Sara de la Vega.
-¿Sara, Sarita, mi Sara?
¿Qué le ha pasado?
-¿Quién pregunta por ella?
Gorila,
te estoy hablando a ti.
Y nuestro amigo el italiano va a respetar la norma de cierre
y se va a marchar sin armar mucho ruido.
¿Verdad?
Si me buscas, esto es lo que va a encontrar.
Así que venga, echando leches, o unos chorizos con tus michelines.
-Michelines.
"Va bene".
Quizá nos volvemos a ver.
Aquí viene caipirinha para usted...
Se ha ido, se ha ido.
¿Por qué lo has echado?
¿Por qué lo echas? O sea, que vivimos del turismo.
Era de la mafia.
De la mafia. Ya está el tío de los prejuicios.
Sarita, vete a tu habitación.
-No, papá, no me voy a casar con el marqués,
no quiero ser familia de Froilán, ¿vale?
Estoy enamorada de Javi.
Le amo. -Esta conversación ha terminado.
El niño va a ser vuestro.
El apellido se lo va a poner Beltrán.
El futuro marqués de Chinchón. -No.
-A ver, Sarita, cariño, en esto no tienes ni voz ni voto.
Tú te crees que sabes mucho de la vida, hija.
Pero...
Sara,
vete a tu habitación y recoge tus cosas.
Te vienes con nosotras.
Si vas a ser la madre de mi nieto, eres de mi familia,
y los Carranza
no dejamos nunca a nadie atrás.
Papá, yo quiero a Javi y voy a estar con él.
No necesito pedirte permiso, pero no quiero hacerlo sola.
Quiero tener el apoyo de mi familia.
Quiero tener a mi padre.
-Joder, ahora no. -¿Papá?
-¡Ahora no! -Papá, ¿estás bien?
Nunca llores delante de nadie, idiota.
Pues sí, estoy llorando, joder.
¿Y qué pasa, eh?
¿Qué pasa?
Sarita.
Cuando tu madre nos dejó,
se puso a gritar desde la puerta del juzgado
que yo no iba a ser un buen padre, que no podría serlo.
Yo te juro que lo he intentado. Te juro que lo intento.
Pero es que ser padre no es fácil. -Ya, lo supongo.
-Mi único sueño era llevarte vestidita de blanco al altar
con un buen muchacho.
Pues con un Aznar, por lo menos un Bárcenas,
pero no con un perroflauta que parece un rumano.
No sigas por ahí, que me encuentras, ¿eh?
Escúchame.
Mi hijo siempre será un De la Vega.
Siempre.
Y tú eres un padre estricto, gruñón y antiguo.
Pero eres un buen padre.
Lo has sido.
-¿De verdad que lo he sido?
-Lo eres.
-Gracias.
(SUSPIRA)
¿Pero qué haces, pusilánime?
Macho beta, plancha bragas.
Tú acabas de destrozar a esta familia.
Pepa, no te vayas a confundir, ¿eh?
La guerra no ha terminado, eso sigue en pie.
Nosotros vamos a conseguir esa academia y ese niño.
Me va a adorar a mí.
Ni lo sueñes, bigotito.
Voy a ganar la guerra.
Y ese niño no querrá separarse de su abuela Pepa.
Si eres de Podemos o feminazi,
vete a tomar por culo después de la señal.
(Pitido)
Señora Consuelo, estoy en la academia.
Su nieta sigue desaparecida,
pero en honor a su familia,
me tomaré la libertad de quitarle de encima
una pequeña molestia.
Voy a matar a "tutti" Carranza.
Javi, tú cierra las puertas de la academia y escóndete.
Nada de eso, aquí no se mueve nadie.
Es la noche de estar tranquilito, de hacer nada.
Me cago en la puta, hazme caso,
que ese tío es un sicario y va a volver.
Te gusta un drama de mafiosos, ¿eh, Scorsese?
Supéralo ya, hombre, Iván, que no estás en la cárcel.
(GRITA)
¿Se ha ido la luz?
-Nos la han cortado.
(Estruendo)
¡Joder, joder! Ese es el italiano entrando.
Joder, que ahora nos ataca.
Es que no te puedes fiar de nadie.
A tomar por culo una noche libre y el parchís y los tres en raya.
¿Qué hacemos?
Seguidme, no os separéis de mí.
(HABLA EN ITALIANO)
Voy a llamar a la policía.
¿Qué haces? Estoy llamando a la policía.
No, coño, que la vieja los tiene comprados.
Tira para allá, tira, coño.
(RÍE)
"Arrivederci, coglioni!"
¡Joder!
Venga, Raulito, vamos.
Joder, vamos a ver,
¿por qué no recurrimos a la diplomacia.
Somos españoles, él italiano, tenemos el Mediterráneo en común.
Lo voy a intentar.
¡Ay, la Virgen!
Si se pone a disparar, no hablamos, ¿eh?
¡Corre, corre!
¿Va a decirle al señor Iván lo que hemos ensayado?
-Sí.
Punto por punto.
Deséame suerte. -Suerte.
Voy a entregarme.
Que me voy a entregar.
Me voy a sacrificar por la familia.
Me voy a dejar morir. Voy a ello.
-No, aquí nadie te va a dejar morir.
Exacto, nadie.
Eres mi hermano pequeño y vas a ser padre.
En todo caso,
si alguien se debe sacrificar, soy yo.
Bueno, o casi mejor ve tú, que eres huérfano.
Hola.
Iván.
¿Esa es Rocío?
-¿La concejala? -Mierda, mierda, mierda,
se me olvidó que había quedado con ella.
¡Mierda! -¡Iván!
-Quedaos aquí, no os mováis.
Aquí quietecitos los dos.
-No, no, no, no, no. -Baja la voz.
Sí, sí. Todo va a salir bien.
Rocío, ¿dónde estás?
¡Rocío!
-Iván, Iván, Iván, ¿este quién es?
No será amigo tuyo, ¿verdad?
-Vamos a calmarnos todos, por favor.
-Suéltame, cabrón.
-Suéltala.
-Entrega a tu primo.
-Que esto es un asunto de familia. ¿En dónde te metiste ahora?
¿En un ajuste de cuentas?
Dile a ese que me suelte, que te voy a reventar.
-Calma, "signorina", calma.
-Deja que el señor y yo tengamos una conversación, ¿vale?
-¿Sabes para qué había venido yo?
-A decirme que me quieres.
-A pedirte una cita.
-Cariño, ¿eso era tan importante? Hemos tenido así de citas.
-Deja de joderme la vida, que eres un chulo,
un analfabeto, un reincidente.
-¿Y tú qué, eh? Que andas por ahí con pijos.
-¿Serás hijo de puta?
¡Suéltame, italiano!
¡Suéltame!
-"Signorina!"
Dale, dale, Iván, corre.
¡Uf!
¿Estás bien? -Muy bien.
-La cita que sigue en pie, ¿verdad?
-¿Tú estás de coña o te pasa algo?
-¡Primo, primo!
-¡Raulito!
¡Raulito!
Creo que me ha dado.
Tranquilo, no te mueras.
Mírame.
Decidle a Valeria que la quiero.
Y a Manuela, que no se junte con Vanesa de Segundo A,
que es una mala influencia y roba bonos.
No te mueras, tranquilo.
No pasa nada. Mírame.
Mírame, mírame.
Ponle a tu cachorro Raúl, como su tío que se va a morir.
Le pongo Raúl, hermano, aunque sea niña.
No te preocupes.
Qué bonito ha sido quereros.
¿Y la sangre?
Aquí la tengo.
Uy, no tengo nada. ¡Eres gilipollas!
Uy, sí, porque creí que me había dado.
La madre que lo parió. Uy, qué susto.
Bueno, entonces, ¿le pondrás Raúl a tu hijo?
Lo prometiste en el lecho de muerte.
No, no, no, no, no, porque no te han disparado.
No vale, no vale.
Hay muchos Raúles famosos.
Está Raúl Emerson.
Raúl González, el futbolista.
Raúl el Gnomo.
Raúl...
Di que sí, coño, que se calle una vez.
-Que sí, hermano, que sí,
que le voy a poner Raulito como su tito.
-¡Un segundo! El detenido es conocido mío.
Mira lo que me quedo, cabronazo,
el sagrado anillo de tu familia.
-Bastardo.
-Mañana, cuando me toque la churrita para mear,
me voy a acordar de tu puta cara. -"Figlio di putana!"
-Venga, échale un manguerazo
de agua en el lomo cada dos horas, que se os muere.
¡Al cielo con ella!
Mira, tita, qué anillo.
Lo vendemos y nos sacamos mil pavetes.
Muy bien, pues te encargas de eso, ¿eh?
Y ahora todos a dormir,
que tenemos por delante nueve meses muy moviditos.
¿Nueve meses, dice? ¿Por qué dice mamá nueve meses?
Por el embarazo, lumbrera.
¿Y si es sietemesino, qué, listo?
¿Qué pasa si es sietemesino?
A ver si soy tonto o algo.
No pasa nada, hermano, que yo soy sietemesino.
Fíjate. Pues ahí lo tienes, primo.
Ahí lo tienes.
¿Es aquí donde salen los autobuses para Chernóbil?
-Señor jefe.
-Venga, sube, que te llevo.
-Ser viaje largo en coche, señor, y yo querer ahorrarle palizón.
-¿Pero tú eres gilipollas?
¿Cómo te voy a llevar en coche a Chernóbil, Andrei?
Que era una broma.
Que vuelves a estar contratado.
-¿En serio?
No hacer usted bromita, no jugar con mi alma.
-Que no, coño, que...
Que vuelves a ser de la familia, Andrei,
y te voy a subir el sueldo, ¿eh?
Vamos, 20 euritos al mes, pum.
-¿Volveré a ser de la familia?
(ESTEBAN ASIENTE)
Yo le eché de menos, señor.
-Ya.
Y yo también, Andrei.
Yo también a ti.
Pero poco, ¿eh? Vamos, casi nada.
-Yo muchísimo, muchísimo.
-Vale, vale. Venga, ya está.
Pero suéltame, coño, que vamos a parecer
dos mariquitas dándonos por culo en la parada del autobús.
-Yo, hablando de eso...
-Sí, ya, no digas nada.
No digas nada, que te lo noté en la cara
en cuanto te he visto.
-¿Ah, sí? -Sí, tú has follado, cabrón.
Vamos, has descargado la escopeta.
-¿Cómo lo has sabido?
-¿Dónde has ido?
¿Dónde has ido? Al polígono de Vicálvaro, ¿no?
Con las putinguis, fijo.
-Ah, sí, putinguis.
-¡Qué cabrón el ruso!
O sea, es que no pierdes ni un minuto, ¿eh?
En cuanto has tenido un día libre en meses,
hala, ahí, pum.
(RÍE)
(Arranque de motor)
Por cierto, ¿sabes que voy a ser abuelo?
-¿Revuelo? -No, revuelo no, Andrei.
Voy a ser abuelo.
-¿Usted revuelo?
-Vale, pues revuelo,
voy a ser lo que te salga a ti de los cojones.
Tenemos visita, señor.
-¿De quién se trata? -De su exmujer.
Caramba, Asun, qué sorpresa y qué alegría.
-Ya no me llamó Asun.
Ahora soy Amira.
Mamá quiere que mañana me vuelva con ella.
-¿Cómo? No, no, no, ¿pero tú estás loca?
¿Quieres llevarte a mi hija.
¿Qué te pasa, grandullón?
-Mi pollita abandonar nido.
Yo juntar sus pedazos, señor, ser hombro donde llorar.
Siempre que cierres del todo el pasado,
podemos volver a empezar,
pero solo si te olvidas para siempre
del cabrón del presidiario.
Silvio Pérez, Pablito el del bar.
-Julián, este repite cada semana.
No te vas a ningún sitio. -¡Soltadlo, por Dios!
-Es un hijoputa, te está explotando,
que se ha aprovechado de ti.
-Lo habido entre él y yo ha sido un intercambio comercial.
Servicio completo, es un cliente.
60 euros les cobra.
Que mi tita madrina no es lo que decís vosotros.
¡Qué guapo!
-Es el traje con el que mi padre salió en "Sorpresa, sorpresa".
-¿Y eso qué es?
Aquí tenéis al papá de la criatura.
-A mi abuela ya la conocía, Javi.
Claro que sí, guapetón.
Dame dos besazos, anda.
Y a tu familia, tarde o temprano, la voy a matar.
Pues muchas gracias por la invitación.
Todo un honor.
Que te den por el culo, princesa Amira.
-¡Chonis! ¡Yihadista!
¡Vieja! ¡Ay!
Señor Esteban, no gustar lo que voy a contar.
¡Pobres!
¿Le apuntamos en alguna clase?
Os queda un plazo de la deuda,
justo lo que yo he venido a ofreceros.
Qué disgusto, por Dios, qué disgusto.
Pepa, de verdad, lo siento muchísimo.
Policía, todo el mundo al suelo.
-Coño, vale. -Deje de acosarnos.
Se nos inmola el panchito.
¡Suéltala!
Te prometo que Sara dejará a ese muerto de hambre.
Quiero que alejes a mi nieta de los Carranza.
No de esta familia.
Te lo dije, puta.
Eusebio, ¿cuántas veces te he dicho
que no me llames a este teléfono?
Ya lo saben.
Si ya decía yo que aquí había gato encerrado.
Tú no has visto nada.
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