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VIDA SIN FRENO
¿Quieres entrar un momento?
Tengo que meterme con ese tema de historia.
No me lo recuerdes, aún no he elegido ni la época.
Pues las guerras púnicas son para mí.
Tuyas son. Adiós, hasta mañana.
- Buenas tardes, Srta. Caldwell. - Hola, Henry.
¡Hola!
¿Mamá?
¿Emma?
Lucy y yo hemos salido para ayudar a tu madre a servir el té
en el comité del hospital. No comas demasiado. Emma.
¿Brock?
¿Brock?
Hola, Grace.
- Charlie Jay, qué divertido. - ¿Sabes dónde está Brock?
No, ni idea.
- ¿Cuándo se va a la universidad? - No lo sé, no me ha dicho nada.
- ¿No cuidas de tu hermano? - ¡Qué gracioso eres, Charlie!
- ¿Gracioso? - No cuido de mi hermano.
Y un hombre como tú no necesita llevar siempre escolta.
Para tu edad tienes demasiada cabeza.
- Es por las vitaminas que me da mamá. - Qué lista eres.
Me voy a duchar. Adiós, Charlie.
- ¿Puedo enjabonarte la espalda? - Vaya un plan.
- ¿Crees? - ¡Suelta, Charlie!
- ¿Tienes prisa? - Tengo calor.
Me lo imagino.
- Grace, por favor... - iBasta ya!
- Te deseo... - ¡Te odio!
Pero no odias esto.
- ¿Quién es? - Nadie. Nadie...
- Hola, mamá. - ¡Cómo has tardado tanto?
- Pero si he venido como un cohete. - Hace media hora que te pedí todo esto.
Mamá, no creas que los Caldwell son los únicos clientes del Sr. Doyle.
Lo son, cuando trabajo para ellos.
- Emma, ¿has visto a Grace? - No, señora.
Sra. Caldwell, éste es mi hijo, Roger.
- Hola, Roger. - Mucho gusto.
Está estudiando en la universidad para hacerse ingeniero.
Enhorabuena.
¿Quiere que le ayude?
Sí Connie, busca a Grace y dile que vamos a servir ya.
No puede ser. ¿Dices que te dan permiso cuando quieres?
Más o menos. Esa es la diferencia entre Yale y la escuela preparatoria.
No nos tratan siempre como críos.
- Brock, ¿has visto a Grace? - Hace años que no la veo.
- Tu madre te está buscando. - ¿Ah, sí?
Será mejor que entres tú primero, ve por la puerta de atrás.
- ¿Te has metido ahora a niñera? - No soy tan estúpida.
- Cómo vienes dando órdenes. - Tu madre me pidió que te buscara.
Pues ve a decirle que lo has hecho y deja de meterte en todo.
¿Grace?
¿Sí?
¿Qué estás haciendo ahí?
Tomando el aire.
- ¿Estás sola? - Sí.
Hacía demasiado calor ahí dentro.
Escúchame, no me importa si hace calor o no.
Eres quien da la fiesta, esos son tus invitados y has de atenderles.
- Eres la anfitriona. - Ya lo sé, mamá.
Pues entra y comienza a portarte bien. Espera.
¿Te pasa algo?
No.
¿Y bien?
Sigue demasiado alta.
Pues tomo esas pastillas dos veces al día.
¿Qué tal Grace?
- Está bien. - Ella es la causa de todo esto.
Esa preocupación por tu hija te va a llevar al sanatorio.
No puedo evitarlo, estoy alarmada.
- ¿Existe algún motivo? - Sólo un presentimiento.
Me dice que va a casa de Connie después de clase,
la llamo por teléfono y no está allí.
Supongamos que sale con algún chico. No hay que pensar necesariamente...
¿Pero por qué lo hace a escondidas?
Lo que te digo es que si Bill estuviese vivo, sabría qué hacer.
Emily, ese es el problema más antiguo de este mundo.
Nadie ha podido resolverlo.
No podemos tener encerrados a nuestros hijos todo el día.
Ni podemos estar a su lado en todo momento.
A los 15 años les explicamos que el sexo es dinamita
y que no lo toquen.
5 o 6 años después nos vienen a decir que se casan y les decimos
"Bien, de acuerdo, jugad con la dinamita".
- No hay nadie en la casa. - ¿Cómo lo sabes?
El coche no está en el garaje.
Vamos dentro.
- ¿Y si vuelve de pronto? - Oiremos el coche.
¿Charlie?
Sé que estás ahí.
- Bueno, ¿qué pasa? - Sé quién está contigo.
Os he visto entrar a escondidas.
Vamos, enciende la luz.
- Entramos por la puerta. - No nos hemos escondido...
- ¿Con que no? - iLe digo que no!
Grace Caldwell, debería darte vergüenza.
- ¿Vergüenza, por qué? - Mamá, por favor.
calla. De ti ya se encargará tu padre.
Siento decirlo, pero tiene usted una mente muy sucia.
¿Los sorprendo como una pareja de perros en una callejuela y tengo la mente sucia?
¡La mente sucia y una mal hablada! No tengo por qué seguir escuchándola.
- Voy contigo. - Tú estate quieto.
No te molestes, Charlie.
Hola, Grace. ¿Y tu madre?
Eres un auténtico animal. Sé que la has traído otras veces.
¿Crees que los vecinos no me cuentan lo que pasa aquí mientras no estoy?
- ¿A qué vienen estos gritos? - Pasa, George,
este hijo nuestro, aparentemente un caballero, tiene una amante.
- No es eso. - iA mí no me mientas!
¡No estoy ciega, ni he nacido ayer!
¿Qué hacla aquí Grace Caldwell?
Charles, di a tu padre qué hacía aquí esa perra tan refinada y elegante.
- ¿Qué quiere decir tu madre? - Ya sabe él lo que quiero decir.
- Papá, yo... - ¿Es cierto eso?
Déjate de mirar como una víctima, dime "sí" o "no". ¿Es cierto?
¡Maníaco!
Separa esas manos.
¿Te has vuelto loco? ¿Quieres que te metan en la cércel?
- Ella quería. Ella me lo pidió. - ¡Es menor!
¿No conoces las leyes sobre el tema?
- Sé que no dirá nada. - ¡No dirá nada!
Eres un estúipido. Deberías saber lo que está bien y lo que está mal.
¿No piensas que aquí vivimos tu madre y yo?
¿Qué pasaría si hubiera complicaciones, crees que no hablaría?
¿Y si queda embarazada?
No tendría que acusarme sólo a mí. ¡No soy el único!
¡Ha habido otros antes que yo!
Scotty, Bodener...
Voy, voy...
Casa de los señores Caldwell.
Un momento, por favor. Sra. Caldwell, la Sra. Jay.
Gracias, Emma.
¿Diga?
Me alegro de oírla, Sra. Jay.
¿Qué?
Si usted lo considera tan importante claro que quiero saberlo.
Por favor, continúe.
¿Te vas a acostar?
Enseguida, se me olvidó cepillarme el pelo.
¿Has hecho los deberes?
Todos menos el español. Lo haré en clase.
¿Qué hay entre Charlie Jay y tú?
Nada.
Acaba de llamar su madre. Me ha contado lo de esta tarde.
Me lo figuraba.
Siento haber sido poco respetuosa, pero no me gusta que me acusen
- de lo que no he hecho. - Dijo que hacíais el amor.
- Eso es mentira. - Charlie lo ha confesado.
¡Para ti es muy fécil decir que todo eso es mentira!
¡Mamá! Sólo nos besébamos, ¿lo oyes?
No espero que me concedan una medalla por eso, pero es distinto
- de lo que Emily dice. - Muy distinto.
Pero ni nos vio. No sé de dónde ha sacado esas tonterías.
Te lo he dicho, de Charlie.
Él probablemente admitió que nos abrazáramos,
lo demás lo habrá añadido ella.
- ¿Así que estabais abrazados? - ¡No ha pasado nada!
¿Por qué no puedes hablar de esto con calma?
- Porque no crees lo que te digo. - ¡No quiero seguir discutiendo!
Estoy preocupada, necesitas mi ayuda.
No la necesito. No he hecho nada malo ni soy un bebé.
Por favor.
Esa mujer me acusó esta tarde de algo horrible,
y ha conseguido convencerte de su mentira.
No quiero seguir viviendo en un sitio donde se cree eso de mí,
así que o me crees o me marcho ahora mismo.
Muy bien, cariño.
Creeré lo que me dices.
Mamá, perdona, jamás te dejaría, lo dije sin pensarlo.
Anda a dormir, es tarde.
- Te quiero, mamá. - Y yo a ti, cariño.
- Buenas noches. - Buenas noches.
¡Srta. Grace, Srta. Grace, corra!
iSrta. Grace, corra!
- ¿Qué ha pasado? - No sé, de pronto se ha caído.
Con el Dr. O'Brian, por favor. Es urgente.
He hablado muchas veces con tu madre, Brock.
He visto cómo iba llegando a esto.
Ya sabes que soy vuestro médico desde hace muchos años.
El problema principal...
Bueno, eso es cosa vuestra.
- ¿Está mejor? - Sí, recupera fuerzas. Mejora.
Durante algunas semanas necesitará una enfermera continuamente.
Luego sería bueno cambiar de clima, un sitio con calor y sol.
Oí que decía algo referente al problema principal.
Se trata sobre todo de evitarle emociones fuertes.
Necesita descanso y tranquilidad, mucha paz.
Cosas que no pueden comprarse en la farmacia de la esquina.
Haremos que las tenga.
Sois los únicos que pueden hacerlo. Volveré mañana de nuevo.
- Adiós. - Adiós, doctor.
- Adiós, hasta mañana. - Adiós, Brock.
Ven al despacho, quiero hablarte.
- Cierra la puerta. - Oye, Brock...
A mí no me importa que nos oiga Emma, pero a ti sí. Cierra.
El doctor me acaba de largar una conferencia sobre ti.
- ¿Sobre mi? - Si, y sobre Charlie Jay y otros.
- Eso es mentira. - ¿Y por qué discutisteis mamá y tú?
- Eso a ti no te importa. - ¿No tienes uso de razón?
Mamá ha estado a punto de morir. Lo ha dicho el doctor.
Así que no nos hagamos ilusiones.
- No creí que fuese tan grave. - Pues sí lo es.
Grace, la tienes a punto de volverse loca.
Tiene miedo a que termines como una cualquiera.
- ¿Lo ha dicho ella? - Es lo que teme, y con razón.
- ¿Estás enamorada de Charlie? - No, le detesto.
¿Ha sido el primero?
Comprendo que es difícil hablar de esto.
Sí
Ha sido el primero. Pensé que le quería.
Luego me di cuenta de que sentía con él lo mismo que con cualquier otro.
- Grace, eso no es amor. - No.
Pero es sentirse deseada y que la necesiten a una.
- Y eso es casi amor. - ¿Que es casi amor?
- Debes buscar algo más. - Lo busco con toda el alma.
No entiendo. Hablas como una chica que no tuviese a nadie más en su vida,
- de la que nadie se preocupa... - No es eso.
- Pues es lo que parece. - No importa lo que parezca.
Cuando siento esos impulsos no sé pensar en otra cosa.
No me importa quién soy ni cómo debo portarme.
No me importa nada.
No consigo evitarlo.
Soy el menos indicado para sermonear, pero eres mi hermana.
Hay que hacer algo.
- Lo sé. - Te vas a destruir a ti misma.
- Debes consultar a un médico. - No. ¡No puedo!
- Es la única solución. - Me daría mucha vergüenza.
Los médicos no te pueden ayudar si no te ayudas a ti misma.
Bueno...
Ya lo pensaré.
- Quizá cuando mamá esté mejor. - Eso puede tardar mucho.
He dicho que lo pensaré, ¿y qué me van a decir, que me reprima?
- Te dirán mucho más. - ¿Y crees que eso es tan fácil?
Lo intento y me esfuerzo, pero a pesar de eso, no consigo evitarlo.
Grace,
desde ahora tienes que conseguirlo.
Lo sé, Brock.
Lo sé.
Es definitivo. Os han estado esperando.
- ¿Esos amigos de tu universidad? - No son de mi universidad.
- Bob Rutherford va a Princetown. - Creí que iba a Yale.
Eso es, "iba", pero se graduó el año antes de ir yo.
- ¿Qué hora es? - Las ocho y cinco.
Sí, señora.
Por fin llegan los niños desaparecidos.
Soy el responsable, por mi culpa nos hemos perdido. Lo siento.
- Me alegro mucho de verle. - Cada día está más guapa.
¿Cómo os habéis podido perder? Sólo hay un camino para llegar.
No es fácil. Sra. Caldwell, le presento a mi amigo Sidney Tate.
La Srta. Grace Caldwell. Betty Bordener, Connie Shoftall.
Ese es Brock Caldwell, el charlatán.
- Me alegro de conocerle, Sidney. - ¿Qué tal?
Paul, siéntese junto a Connie, Sidney, usted junto a mí.
Nos hemos retrasado por mi culpa, nos desviamos un poco
porque quería ver una granja cerca de Cedertown.
- ¿Una granja? - Si, quiero comprar una.
Es mejor invertir en propiedades inmobiliarias urbanas.
Por lo que veo tiene espíritu financiero.
Más bien práctico.
Supongo que tiene razón, pero no lo hago como negocio.
Es que quiero vivir en ella y trabajarla.
- ¿volver a la tierra? - En cierto modo.
Parece como si llevase sangre de granjeros.
No, procedo de una familia de agentes de bolsa.
- ¿Qué opina su familia de eso? - Que sufro una depresión nerviosa.
- No me parece el tipo más apropiado. - ¿Para la granja?
Para la depresión nerviosa.
¿Pedimos ya?
Y empecé a pensar que aquel era el defensa més alto que había visto.
¿Lo era?
No, es que cada vez que él llegaba, yo ya estaba caído en el suelo.
- Perdón. - No tiene importancia.
Parece que aún persigue a ese defensa.
Le ajustaré las cuentas en el próximo baile.
¿Le molestaría que viésemos el próximo baile sentados?
Usted manda, entrenador.
- ¿Por qué no vamos al bar? - ¿Tiene edad para eso?
- Claro que sí. - Pues no lo parece.
Soy mayor de lo que aparento, ¿necesita una demostración?
Me basta su palabra.
Por lo visto todo el mundo está sediento.
- Eso parece. - Voy a ver si encuentro mesa.
Dispense.
- Perdón. - ¡Jack Hollister!
- Grace, casi no te reconozco. - Pues tú estás igual.
- He cambiado, pero no se nota. - ¿Dónde has estado?
En Philadelphia, trabajando en un periódico. Volví hace un mes.
Ya estás aquí, temí que te hubieses caído por la borda.
Amy, te presento a Grace Caldwell. Grace, mi esposa Amy.
Enhorabuena, no sabía que te hubieras casado.
- Hace tres años. - Eso está muy bien.
- ¿Tenéis hijos? - No, aún no.
- ¿Sabes dónde he dejado mi estola? - Creo que la tiene Joe.
Dispénseme.
- ¿Has vuelto para quedarte? - Eso espero.
- ¿A qué te dedicas? - Deberías saberlo. Trabajo para ti.
- ¿En "El Centinela"? - Ayudante del redactor jefe.
Eso quiere decir que te puedo despedir, ¿eh?
Todo dependerá de cómo vayan las lecciones de tenis.
- ¿Cuándo quieres que las reanudemos? - Hace años que no cojo una raqueta.
Pero si quieres que juguemos, por mí, encantado.
- El coche nos espera. - Perdona.
- Buenas noches, Grace. - Buenas noches. Mucho gusto, Amy.
Grace, ven, ya tengo sitio.
- Una copa de champán, por favor. - ¿Tiene cerveza de barril?
Una granja, cerveza de barril... Seguro que fuma en pipa.
- ¿Quiere probar? - No se sorprendería si lo hiciera.
Me ha evitado una situación nada grata.
- ¿Qué pasa? - Hay alguien a quien no quiero ver.
Un muchacho. ¿Está mirando?
¿A cuál se refiere? Tengo mucho para escoger.
Uno alto, moreno, al final de la barra.
No sólo está mirando, sino que viene hacia aquí.
- ¿Quiere que nos vayamos? - No, ¿por qué nos vamos a ir?
- ¿Cómo estás, Grace? - Charlie Jay, Sidney Tate.
- ¿Cómo está? - Bien.
¿No me dices ni hola?
Hola.
- Quisiera invitarte. - No, gracias.
- Ted, sirve otra ronda. - No lo ha entendido. Ha dicho no.
Probablemente conozco a Grace mejor que usted.
Aunque a veces diga que no, significa que ella no sea capaz en un momento...
- Discúlpese. - ¿Quién es usted?
He dicho que se disculpe o le parto la cabeza.
Afuera. Vamos.
- No quiero peleas. - Mejor, así acabaremos antes.
¡Vamos, déjenlo ya!
Por favor, señores, ya está bien.
Por favor, siéntense, no ha sido nada.
- ¿Qué ocurre? - Nada, que estuvo...
olvídalo.
¡Sidney, tenemos más de dos horas de camino!
Voy. Quisiera volver a verte antes de que os fuerais.
De acuerdo.
¿Este fin de semana? Puedo venir el sábado por la mañana.
Sería maravilloso.
Bien.
Eres muy agradable, Sidney.
Me gusta que lo creas. Buenas noches.
- Ya te toca otra vez. - Gracias, hija.
Voy yo.
- Acaba de llegar, Srta. Caldwell. - Gracias.
- ¿Puedo retirar la cena? - Sí, puede llevérselo todo.
¿Qué estará haciendo en San Francisco?
¿Es de Sidney?
Según él, le han enviado a hacer una prospección.
"No vuelvas a hablarme del maravilloso clima de las Bahamas. Anoche diluvió".
¿Esto es todo, Srta. Caldwell?
Sí, gracias.
Vaya, al ir, se detuvo en Ohio para ver una granja.
Me parece que ha tornado eso muy en serio.
Manda recuerdos y desea que lo pasemos bien. Léela.
Quizá luego, ahora tengo los ojos cansados.
- ¿Quieres subir a escuchar la música? - No, no tengo ganas.
Puede que luego baje a tomar un baño.
Temo que estas vacaciones no te resulten divertidas.
No seas tonta.
- Pensaba que habría més gente joven. - No los hecho de menos.
Es raro,
de pronto los jóvenes me parecen...
demasiado jóvenes.
- ¿Comparándolos con Sidney? - Supongo.
- A veces... - ¿Qué ibas a decir?
Ni yo misma lo sé.
¿Mamá?
¿Mamá?
¡Grace...!
Grace...
¿Dónde estás, Grace?
Bueno, ya estaba cansado de esperarte esta noche.
Mamá, perdóname.
- Doctor. - Buenos días, Emma.
¿No cree que ya es hora de quitar eso?
La señorita no lo permite.
- Buenos días. - Buenos días, Brock.
Hasta las 10 no hemos de ir al abogado. ¿Quiere tomar café?
Sí, tomaré una taza. Gracias, Emma.
- ¿Vendrá Grace con nosotros? - No, dice que no le interesa.
- Brock, ¿tienes algo contra ella? - ¿Qué quiere decir?
La muerte de tu madre no ha sido culpa de Grace.
Cualquier persona con el corazón en su estado...
Lo sé, se lo he dicho muchas veces.
Perdón, el Sr. Tate pregunta por la señorita.
Ya le he dicho que no recibe visitas.
- Hola, Sidney, pasa. - Hola, Brock.
- Sidney Tate, el Dr. O'Brian. - ¿Qué tal, Sr. Tate?
Lamento no haber podido llegar a tiempo para el funeral.
Grace me enseñó tu carta, te lo agradezco.
- ¿Cómo está ella? - Muy afectada.
Paul ya me dijo por carta que estaba muy triste.
- Ha sido duro. ¿Quieres café? - No, gracias.
Lo que quiero es verla. Es importante.
Está en su habitación.
- ¿Quieres decirle que estoy aquí? - Díselo tú mismo.
- Lo haré, gracias. Adiós, doctor. - Sr. Tate.
Hola.
¡Sidney!
- ¿Cómo estás? - ¿Has venido desde San Francisco?
De allí vengo.
Mamá guardaba siempre todo lo que yo escribía.
Vamos a dar un paseo.
No me apetece ahora.
Vamos. Quiero hablar contigo.
- Espléndido. - En esa casa nació mi padre.
- Aquí veníamos todos los veranos. - ¿Y no la hechas de menos?
No. Ya no era lo mismo desde que él murió.
Nos llevaba a pasear a caballo, a nadar y nos hacía trabajar.
- Lo dices con orgullo. - Sí, mucho.
Mi finca apenas ocuparía un rincón de ésta.
¿Has comprado una granja?
He hecho una oferta por la de Ohio, te lo había contado por carta.
Es la principal razón por la que he venido,
para saber qué opinas tú.
- ¿Opinar de qué? - De vivir en una granja.
¿Quieres casarte conmigo y vivir en una granja?
Estoy enamorado de ti.
Puede que no haya elegido el mejor momento para decírtelo.
No.
He pensado en ello.
Y creo que incluso he soñado con algo parecido.
¿No crees que tu madre habría estado de acuerdo?
Se hubiera vuelto loca de alegría.
¿Entonces qué pasa?
Tengo que decirte algo. También te quiero y podría hacerte feliz.
Al menos lo intentaría.
Pero he cometido algunas locuras.
Algunas cosas malas.
No las hice por maldad.
Creo que sabes a qué me refiero.
- ¿Por qué me has dicho eso? - Tenía que ser sincera contigo.
Creo que a tu lado encontraré la vida que he deseado tanto.
Sé cuánto necesito que me quieran y cuánto puedo querer.
Estoy dispuesta a darte todo mi amor, Sidney.
Pero tenía que decírtelo.
Espero una contestación.
Estaré muy orgullosa de casarme contigo.
¿Y no te importará vivir en una granja?
Si tú estás allí, no.
- Sidney, escucha, no te enfades. - No me enfadaré.
¿Por qué en Ohio? Esta es mía. Brock se queda con la casa.
- No. - ¿Por qué no?
- Esta granja es tuya. - Bueno, puedes comprarla.
- No, tardaría años. - Tenemos toda una vida para ello.
- Acompáñame a verla. - ¡Tampoco me hará cambiar!
- ¡No importa, vamos! iVamos! - iGrace, espera!
Muchas gracias, señora. Permíanme, por favor.
Cuidado, cuidado. Brindemos por los novios.
Supongo que no querrás dejarte esto aquí.
Claro que no. Gracias.
Ahora el novio y la novia, por favor.
Sr. Tate, ¿llenamos otra vez?
Normalmente mi límite son doce, pero en esta ocasión...
Le llevaré al pozo.
¿Preparados?
Decidme, ¿en qué hotel vais a estar en Nueva York?
En el Waldorf.
Luego nos iremos a Maine a pasar una semana. Papá tiene una casita.
La llama casita y en el cuarto vacío se puede jugar al fútbol.
Basta de charla. Ya estáis casados, así que largo de aquí.
He de irme pronto al hospital.
Vamos.
- Vamos. Adiós. - Adiós
- Enhorabuena. - Muchas gracias. Hasta pronto.
- Estás preciosa. - Gracias.
No todas las novias lo están. He ido a muchas bodas y soy un experto.
¿Qué pasa con nuestros partidos de tenis?
La verdad, pensé que ibas a ganarme.
Eso es seguro.
- ¿Puedo besar a la novia? - ¿A qué esperas?
- Me estoy volviendo un fresco. - Tú no.
- ¿Interrumpo? - Claro que no. Perdona.
- ¿Recuperando el tiempo perdido? - Es una antigua amiga.
Límpiate la boca.
Espera, por favor.
- Te oí la primera vez. - Vamos, mamá, se hace tarde.
- ¿Y el birrete y la toga? - ¿Qué birrete y qué toga?
Los de tu profesión, tengo ganas de verlos.
- Bueno, ya los verás. - Roger.
- Hijo, qué orgullosa me siento hoy. - No te pongas así.
Vamos, se hace tarde. La ceremonia empieza en 15 minutos.
Bueno, ya estoy lista.
¡Chicas, vamos!
- ¿No decías que tenías tanta prisa? - La tengo.
¡Hay que ver lo que hacen algunos por conseguir una granja!
No.
Te dije que si lo volvías a tirar otra vez, ahí se quedaba.
Bueno, una vez más.
Pero es la última.
Eso no se hace.
Ha venido Roger Bannon a ver al Sr. Sidney.
Es el hijo de la Sra. Bannon, para hacer no sé qué trabajos.
Le he dicho que el señor no ha llegado, pero dice que no le importa esperar.
Sra. Tate, soy Roger Bannon.
¿Cómo está usted?
- ¿No la habré asustado? - No, nada de eso.
Pensaba echar un vistazo al granero mientras espero a su esposo.
Muy bien, a él no le molestará.
- No se acuerda de mí, verdad? - Sí, creo que sí.
Como he estado fuera estos últimos tres años, en el ejército.
Veo que tiene un niño precioso.
- ¿Qué edad tiene? - Dos años.
Hola, campeón. ¿Qué tal?
Aún no he tenido ocasión de decirle lo que sentí la muerte de su madre.
Gracias.
- ¿No querrá acompañarme al granero? - ¿Cómo dice?
Es que no sé muy bien por dónde se va.
Siento haber tardado.
- ¿Lleva mucho esperando? - No, no se preocupe.
Acabo de llegar.
- ¿Alguna llamada? - No, ninguna.
Fui al banco porque tenía que hacer otro pago.
Me parece que a Brock no le gusta mucho su nuevo trabajo.
Siempre puede aspirar a un ascenso.
- ¿Ha visto ya el granero? - Aún no.
Verá que toda la esquina sudoeste parece inclinarse.
No sé si será de los cimientos o del suelo.
¿Por qué no lo vemos? Un placer haberla saludado.
Adiós, Sr. Bannon.
Verá que los muros no están bien y parece que ceden las vigas.
¿Sin novedad en la cámara real?
Su alteza es un dormilón.
Cada vez lo entiendo menos.
No comprendo como Bannon puede trabajar a ese precio.
Me cobra sólo 1.500 dólares por el arreglo del granero.
- ¿Por qué lo hará? - Es un irlandés muy listo.
Le ha costado trabajo crear esa compañía de construcción.
Ahora se dedica a conseguir que los clientes queden satisfechos.
Después todos pagarán lo que él pida.
Ha llamado Elsie Martinghale para la fiesta de carnaval.
El comité femenino querría organizar aquí la recepción. ¿Te importa?
No, si a ti te parece bien.
Nos vamos a convertir en una institución.
Eso es lo que se pretende.
¿No se anima la señora?
¿Qué dices, que no me animo?
Vámonos a pasar unos días en la casita de campo.
¿Sidney?
Te quiero.
Siempre te querré.
Puedes empezar a echar el relleno, Mike.
¿Quién es?
Ese hombre.
Es Roger Bannon.
- ¿Y qué mira tan fijamente? - No sé.
Grace, ¿todo va bien?
¿Qué quieres decir?
- Tú: lo sabes. - Claro que todo va bien.
¿No habíamos decidido irnos de compras?
Sra. Tate, sabe dónde podría encontrar a su esposo?
No está ahora en casa.
- ¿Va ahora a la ciudad? - Sí.
Tengo que ir a la oficina y se me ha estropeado el camión.
Si quisiera llevarme, si no es molestia.
- Ninguna molestia. - Gracias.
Siete millas. Llevamos recorridas siete millas sin decir una palabra.
Lo he comprobado. ¿No es todo un record?
- No lo sé. - ¿No le dice eso nada?
Sí, que no tenemos nada que decirnos.
O que no somos de los que hablan mucho.
Tiene un delicado sentido del humor, Grace.
¿Quién le ha dicho que puede llamarme Grace?
Usted.
Y ahora mismo, con esa sonrisa.
Su oficina está en la calle Cooler, ¿verdad?
Eso es. Baje por Oakgood y vuelva a la derecha.
Antes de darle las gracias, quiero decirle una cosa.
Se me hace tarde, bastará con que me de las gracias.
- No necesito mucho tiempo. - Tengo que irme ya.
Cuando yo termine.
Bueno, usted gana. Dígame lo que tiene que decirme y rápido.
Bien.
Desde la primera vez que la vi, hace ya cinco años,
no he conseguido dejar de mirarla. Y no es que quiera dejar de hacerlo.
Porque es uno de los mayores placeres de mi vida. Quizá el mayor.
La tenía grabada en mi memoria, pero no me di cuenta
hasta que estuve un tiempo fuera.
Todas las cosas se me iban haciendo confusas,
pero cerraba los ojos y la veía con toda claridad.
No sólo su rostro, sino toda su persona,
hasta el aspecto de sus piernas y su cuerpo cuando se aleja.
Durante todo ese tiempo la he estado deseando.
Y seguiré deseándola hasta que me metan bajo tierra.
Tenga las llaves.
La próxima vez que te ocurra algo así no llames a cualquier garaje.
- Avisa a Jim Garity. - ¿Sólo por un pinchazo?
Lo digo porque nunca se sabe si es sólo eso.
- ¿Miraron también el eje? - Sí, y no le había ocurrido nada.
Parece que Bannon no te sirvió de mucho.
Ya te he dicho que no iba conmigo, le había dejado ya en su oficina.
- ¿Nos vemos el jueves? - Ya veremos. Te llamaré.
- En cuanto haya hecho mi plan. - ¿Y quién hace ese plan para ti?
Yo misma. En cuanto lo tenga hecho, te llamaré.
No discutamos, ha sido una tarde muy agradable.
Desde luego, ha durado tan poco. Vienes con tanta prisa últimamente.
Si no entrego esto en el centinela antes de las cinco,
- no saldrá en la edición de mañana. - Tómbolas de beneficencia.
Es mi única excusa para poder salir.
- Ojalá pudiera echar un trago. - Creía que tú no bebías.
Así te darás cuenta de lo bien que me encuentro.
De vez en cuando me gustaría que charlásemos un poco.
También sé hablar.
- Hablar. - O jugar a las cartas.
- Corta. - Yo doy.
Me vas a estropear la cara otra vez.
Estoy loco por ti.
Ya te llamaré.
Gracias.
- Hola. - Pasa.
- Me alegro de verte. - Gracias.
- ¿Cómo estás? - Bien.
Hace mucho tiempo que no te veo.
Es que he estado un tiempo escondido.
- Bajo El Centinela. - Tu padre estaría muy orgulloso.
Tal vez.
Dicen que ahora marcha mejor que cuando lo dirigía él.
Lo que le dolería más que ponerle orgulloso.
- La razón de mi visita... - Sí, ya lo sé.
La inquietud anual de los poderosos en pro de los desamparados.
Vaya, ¿tan mala cosa es?
La caridad es la caridad, ¿qué otro aspecto quieres que tenga?
Quizá no deberíamos darle tanta publicidad.
Y nadie acudiría.
Jack, ¿vendrás este año? Nunca vienes.
Hagamos un trato. He de seguir trabajando aquí hasta medianoche,
y necesito animarme. Si vienes a tomar una copa conmigo abajo,
iré y llevaré los ahorros de mi familia.
De acuerdo.
No hay nada como un martini doble para levantar el animo.
Has tornado dos, así que un martini cuádruple.
- Te fijas en todo. - Comprobemos lo que hemos planeado.
El jueves por la noche, el comité de publicidad, a las 8.30 en tu despacho.
Sí, y dile que vengan con zapatos, porque traeremos un fotógrafo.
¿Te acuerdas cuando vencí a Eileen Jones en los juveniles
- jugando descalza? - Claro que sí.
- Grace. - ¿Qué?
Conduce con cuidado, hay mucho tráfico.
Hasta el jueves.
- ¿Buscas algo? - Sí, una lista donde había anotado
unas cosas para el carnaval. ¡Mi niño, qué sueño tiene!
Es hora de irse a la cama. Di buenas noches a papá.
Eres un buen chico.
Vamos, ahora a la cama como un niño mayor.
Buenas noches, cariño.
- Mamá... - Buenas noches.
- Aún tengo trabajo con los libros. - No te acuestes tarde.
¿Diga?
- ¿Está el Sr. Bannon? - No está en casa ahora. ¿Quién llama?
Es igual, gracias.
- ¿Señorita? - No, gracias.
- ¿Señor? - Tras la comida que nos das,
- lo necesito para no dormirme. - Muchas gracias.
Me estoy quedando sin fichas blancas. He de ir al pueblo a comprar más.
¿Sabes una cosa? Soy un hombre feliz.
¿De veras?
Te tengo a ti, a Billy, una granja casi pagada, ¿qué más puedo desear?
Nada.
¿No eres feliz también tú?
Vamos a procurar una cosa, ser siempre tan felices como ahora.
Prometido.
Señorita, al teléfono.
¿Quieres que Emma te deje preparado algo para cenar?
No es preciso, tomaré algo antes de la reunión. Volveré a las 10.
- Adiós. - Adiós.
¿Diga?
- ¿Diga, quién es? - ¿Quién te figuras?
¿Cómo te atreves a llamar aquí?
Pensé que se te habría olvidado mi número.
Ahora no puedo hablar.
¿Cuándo nos vemos?
Nunca.
Hemos terminado.
- Roger, me dejé en tu... - Grace,
te vi el otro día con ese tipo del periódico.
¡Vete al infierno!
- Gracias. - Bueno, señoras, ya está.
Jack, ¿podrías darme algunas copias para el boletfn del club?
Claro. Jim, haz una docena de copias y las dejas mañana en mi mesa.
Abajo hay un bar, ¿alguna se decide y me acompaña a tomar una copa?
Yo voy contigo.
Aún no me has dado la lista de los regalos que se van a rifar.
- Es verdad. - Claro.
- ¿Te esperamos abajo? - No, me iré corriendo.
Pero no dejes de venir mañana a casa a las ocho en punto
con los tickets o el dinero y sin ninguna excusa.
Lo juro por Hipócrates.
- Buenas noches, Sr. Hollister. - Buenas noches, señoras.
Tengo aquí mi bar privado, por si te interesa.
- Claro que me interesa. - ¿Qué quieres tomar?
Whisky. Veamos, mueblería Myers, una polvera... No, esto no puede ser.
¡Mercería Myers! La letra de Elsie es horrorosa.
Artículos de cuero, un juego de cuatro... ¿Qué dice aquí?
- Maletas. Juego de maletas. - Ah, claro. Debí haberlo comprendido.
Floristería Crowley. No...
Cuatro docenas de bollos de tulipanes.
- ¡Bulbos de tulipanes! - iGracias!
Jack, no puedo.
¿No vas a darme una bofetada?
Claro que no.
¿Seguimos amigos?
- ¿Te veremos mañana Sidney y yo? - Eso suena a matrimonio unido.
Eso espero.
Sí, allí estaré.
Buenas noches, Jack.
¡Idiota!
- ¡Podía haberte atropellado! - No pasó nada.
¿Has estado bebiendo?
Dijo Emma que habías venido a la ciudad.
- ¿Has vuelto a llamar a casa? - No te preocupes,
le dije que era por un trabajo de mi madre.
Quería disculparme contigo.
- No era tan importante. - Para mi sí lo es.
Yo te quiero.
- Roger... - Sí, lo sé, empezamos como una pareja
de animales, pero ahora ya todo ha cambiado.
Necesito estar contigo, hablar contigo, reír contigo.
Te necesito. Te necesito...
Quiero que nos casemos. Nunca había pedido eso a una mujer.
Roger, ambos sabemos bien lo que ha sido esto.
Yo no supe apartarme de ti, confieso que fue culpa mía.
Pero tengo un marido y un hijo a quienes quiero.
¿A quién tratas de engañar? ¿A quién pretendes engañar?
¿Suéltame y vete!
Claro, ya lo entiendo, acabas de encapricharte con otro,
- ¡y yo he dejado de interesarte! - iDéjame en paz!
Zorra... Zorra...
¡Una rica y sucia zorra!
Hola.
Hola.
- ¿Qué tal la reunión? - Muy bien.
Pero es más agradable estar en casa.
- ¿Dónde has encontrado el muñeco? - En el suelo, como de costumbre.
Billy lloraba como un loco pidiéndolo.
¿Quieres que se lo llevemos ahora los dos?
No. Se lo dejaremos en la cuna y mañana le diremos que lo trajo un hada.
- Hola, Mary. - iQué tal, Sra. Hollister?
- Quisiera ver a mi marido. - Lo siento, no ha vuelto aún.
¡Sra. Hollister!
Yo no le iba a mentir a usted.
¿Dónde está, bebiendo una copa inocente con la Sra. Tate?
No ponga esa cara, hace años que viene persiguiéndole.
Dijo que iba a hacerle una entrevista al nuevo diputado.
Claro.
- ¿Dónde es ese escándalo? - En el 4. Grita como si la mataran.
Llama a la policía.
¡Socorro, socorro!
¡Todas sois lo mismo!
¡Déjala ya!
¡Déjame, por favor!
¡Es aquel, el del camión!
¿Diga?
Un momento, por favor.
¿Sr. Hollister? Le llaman por teléfono.
- ¿Ha dicho quién es? - Alguien del periódico.
- Dice que es importante. - Gracias. Perdone.
¿Diga? Sí.
¿Está seguro de que ha dicho Caldwell?
¿Dónde está la muchacha?
No. Has hecho muy bien. Sigue con ella.
Estaré ahí en 10 minutos.
- ¿Tienes que marcharte? - Sí.
- ¿Pasa algo grave? - No, si tenemos suerte, Sra. Tate.
Hay un matrimonio menos unido de lo que yo creía.
- Grace. - Brock, ¿qué pasa?
¿Quieres enseñarme de nuevo los modelos de esas cabinas?
Escucha,
ha muerto Roger Bannon.
Esa actitud me lo explica todo.
¿Qué ha pasado?
Acaba de llamar a Hollister uno de sus periodistas.
Bannon estaba pegando a una mujer en un motel.
Llamaron a la policía y al huir se despeñó con el coche.
¡Dios mío!
La chica ha dicho que él no cesaba de repetir tu nombre.
Y muchas más cosas acerca de ti.
- Escucha, yo... - Grace,
lo importante es que la chica no se lo cuente a la policía.
Le he dicho a Hollister que vaya y procure que ella no lo diga,
pero no podemos estar seguros.
Comprendo.
Gracias.
Grace,
lo que siento es...
no haberte ayudado antes, cuando todo tenía remedio.
Bienvenido a casa.
Ya sé que no querías que te esperase.
- Te lo agradezco de todas formas. - ¿Lo dices de veras?
¿Dónde has estado?
Trabajando.
En el periódico no, eso ya lo sé.
- ¿Y tú cómo lo sabes? - Porque te llamé allí.
Haciendo de detective.
Necesitaré muchos detectives para enterarme de todo.
Amy, te equivocas, no pasa nada de lo que te figuras.
Tampoco estabas en casa de los Tate.
- ¿También has llamado allí? - Sí, también he llamado.
¿Por qué no puedo llamar a dónde me de la gana?
¿Cuánto habías bebido cuando llamaste?
¡No lo sé, perdí la cuenta!
No nos queda ya gran cosa, ¿verdad, Amy?
Supongo que eso es cosa mía.
- ¿Sabes dónde estuve esta noche? - No lo sé,
- no me interesa oír más mentiras. - Está bien.
- ¿Para qué me voy a molestar? - Como a ti no te importo nada.
Me resigné a vivir aquí para siempre, y eso, por lo visto, no significa nada.
Me he sacrificado mucho por ti, demasiado.
Pero eso no basta para mantener unido un matrimonio.
Hubo algo con Grace, ¿no es cierto?
Pudo haberlo.
¡No me dejarás a mí por esa mujerzuela!
- No lo haré. - ¡No lo harás, Jack!
¡No te dejaré, no...!
Eso es todo. ¿Se podrán instalar a la vez?
- No habrá problema. - Mi esposo les dará un cheque.
- Aquí tiene, gracias. - A usted.
Dado que no es costumbre en "El Centinela"
ocuparse en asuntos de esa índole...
Oficina del Sr. Hollister.
Sí, Sra. Hollister.
Lo siento, pero se ha ido por todo el día.
- Por favor, ¿sabe dónde está? - No lo sé, Sra. Hollister.
- ¿Podría darme su teléfono? - No puedo.
Está bien.
LOS TATE ORGANIZAN CARNAVAL DE BENEFICENCIA ESTA NOCHE
- ¿Sra. Bannon? - Sr. Tate.
He recibido su carta.
- ¿Quiere pasar? - Gracias.
Son más de las cinco, ¿no crees que deberías arreglarte ya?
Le he dicho a Billy que podía quedarse levantado hasta que empiece todo.
Sidney, ¿ocurre algo?
¿Recuerdas a una tal Mildred Kimmell?
Es la chica con la que, según la prensa, estaba Roger Bannon cuando murió.
¿Y qué le ocurre?
He vuelto a leer los recortes esta tarde.
La madre de él me los había guardado.
- ¿La madre de Bannon? - Sí.
- Ya lo sé, Grace. - ¿Qué?
Digo que ya lo sé.
- ¿Qué es lo que sabes? - Lo de Roger Bannon.
- ¿De qué estás hablando? - ¡Cállate!
No sigas mintiendo, bastante ingenuo he sido ya.
No trates de continuar engañándome.
- Te aseguro que... - ¡No me asegures nada!
¿Cómo tenía él esto?
Su madre lo encontró en su alcoba, después de que la Srta. Kimmell
fuera a sacarle algún dinero a cambio de su silencio.
No para el médico, porque creo que es Brock quien lo ha pagado todo.
- Tendrás que creer en mi palabra. - ¡No mientas más!
Ella reconoció tu voz la otra vez, cuando llamaste.
¡Lo sé todo!
Y ahora, hablemos sobre esa base.
- Lo que quiero es que comprendas... - Bien, procura hacerme comprender.
No sé cómo pudo ocurrir aquello. No le he querido nunca.
Sólo te quiero a ti. Siempre te he querido a ti.
Aquel día que le llevé en coche a la ciudad,
comprendí que él me deseaba. Pasó sin que pudiese evitarlo.
Pero después teníais que planear las citas.
Sí
- ¿Así que te dabas cuenta de...? - ¡Sí!
- ¡Y sin embargo, seguías adelante! - Sí, lo sé.
Sé que todo esto es egoísta y terrible,
pero a pesar de todo lo que he hecho, yo te quiero a ti.
¿Es que no puedes comprenderlo?
No puedo comprender un cariño del que uno se olvida cuando quiere
sin el menor indicio de arrepentimiento.
Eso no es cariño. Lo único que sientes es que te hayan descubierto.
- ¡No, todo había terminado ya! - Había terminado con éste.
- ¡Con éste y con todos! - ¿Cómo?
¿Te crees que no he podido tener otras mujeres desde que nos casamos?
Algunas te sorprenderían.
Si lo hubieras hecho, yo te hubiese perdonado.
Gracias.
Pero no lo hice, así que no necesito tu perdón,
y no es que yo sea un santo, es que en este mundo
existen unas normas y hay que atenerse a ellas,
aunque no resulten cómodas. Así es como se debe vivir.
A ti no te a molestado despreciar todas las normas,
y a mí también con ellas.
¡Vete al infierno! Mañana me marcho y me llevo a Billy.
- Por Dios, no me abandones. - No puedo vivir así.
Aunque te sigo queriendo, espero que algún día te olvidaré.
¡Eso no puede ser, no te dejaré!
Tú y Billy sois lo único que tengo en el mundo y yo me conozco.
Sé lo que pasará si me dejas, ya no habrá más amor, ni esperanza...
¿Tan distinto será de como has vivido hasta ahora?
Sabes que sí. Te hablé con claridad cuando me pediste en matrimonio.
Me arriesgué a perderte porque te quería,
¿eso no cuenta para ti?
¿Es que nuestra vida ha de esfumarse como el humo
porque haya cometido una sola locura?
- ¿Cómo sé que sólo ha sido una? - Bannon.
Te prometo que no te miento, ¡sólo ha sido Bannon!
- Hola, ¿qué tal, amiguito? - Hola, doctor.
Siete libras y tres onzas, cada vez está més gordo.
- ¿Y tú, Sidney? - Bien, gracias.
Disculpe, señor, son ya las ocho.
Gracias, Emma.
Ya decía yo que qué hacías levantado a estas horas.
Vamos, Billy, es hora de dormir.
- ¿Dónde está Grace? - La vi con Brock hace un momento.
Allí está.
Ojalá salga bien, pero no sé.
Saldrá, es preciso.
- ¿Has invitado a Amy Hollister? - No, dijiste que estaban separados.
Eso es lo que yo creía.
Amy, me alegro de que hayas podido venir.
- ¿Dónde está mi marido? - ¿Qué?
- Ya me oíste. - ¿No está contigo?
Sabes bien que no. ¿Dónde está?
¿Por qué no salimos fuera? - ¿Qué pasa? ¿Temes por tu reputación?
Sólo trato de no ponerte en evidencia.
Yo no tengo nada de qué avergonzarme.
¡No me he acostado con el marido de otra!
- ¿Por qué no salimos...? - No me pongas las manos encima.
¡Me quedaré donde quiera!
Cállate.
¡Le robas el marido a una, y encima quieres que una se calle!
¡No tienes dinero bastante para eso, zorra!
¡Estás loca!
¡Él me ha confesado...!
¡Él lo ha admitido! iLo ha admitido!
Lo ha admitido.
Lo ha admitido.
¡No es verdad! ¡Te lo juro!
Sidney...
Dios mío...
Sidney...
¡Sabio desgraciado! con demasiados placeres para satisfacer;
Sin voluntad para siempre estar satisfecho
Compras el dolor con la alegría que puedes dar.
Y mueres por nada más que la rabia por vivir...
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