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(Tono llamada)
(Bullicio coches)
(Tono llamada)
"Soy Javier Carranza".
"En este momento no puedo atenderle".
"Deje un mensaje después de la señal".
(Pitido contestador)
-"(HABLA EN INGLÉS)"
(Llamada interrumpida)
(SANTIAGO) "¡Amelia!". ¿A mí me ves de casada?".
"(Llanto bebé)"
"La revolución nos permitirá romper las cadenas del miedo".
"Él representa lo que siempre he soñado".
(LAURA) "¡Es una locura!" "Necesitamos a gente como usted".
(PADRE) "Tú no te metas". "¿Y yo qué voy a hacer?".
(Bullicio)
Usted se ha colado, ¿eh?
(Bullicio)
A rebosar: platea,
anfiteatro, palcos... Es que se queda la gente fuera.
-Eso va a ser un problema.
-Como lo van a pasar por la radio,
hemos pedido que pongan un altavoz en el balcón.
-No es lo mismo.
Perdón.
¡Amelia!
Amelia. Ven, corre, ven.
Perdón. Nos quedaremos sin sitio.
Mira, mira.
-Perdone, señorita, pero no...
¡Santiago! -¡José!
-Sabía que no ibas a fallar. -Sí.
-¿Es tu prometida?
-Todavía no ha aceptado.
(RÍEN)
-José Rosales.
Amelia Garayoa. Encantada.
¿Garayoa? Sí.
-Es hija de Juan Garayoa, sí.
-Gran republicano.
Sí.
¿Tenéis sitio? No.
Esperad aquí y os llevo arriba con los de la radio.
Sí, gracias.
"Ya va siendo hora"
de que digamos que el republicanismo español empieza cada día
y que no tengamos que ver nada con la Historia,
absolutamente nada,
como no sea más que para apartarnos de ella,
y que es hora de enterrar a los muertos.
Antes que la Constitución está la República.
Y si a nosotros se nos va desalojando
de posición en posición,
iremos a la República,
y de la República iremos a aquel impulso popular
que la trajo, ¡para gloria de España!
(Aplausos y vítores)
(PÚBLICO) ¡Bravo!
(Puerta cerrándose)
(ÁGUEDA) ¿Cuándo? Ahora, hace un rato.
¿Qué le has dicho esta vez?
Pues... que le respondía mañana o...
(RÍE)
O pasado. ¡Amelia!
Ya, bueno, no sé...
A ver, en serio.
O sea, ¿tú a mí me ves de casada?
Con Santiago, claro.
No sé, es que casarme me da como...
¿Cómo qué?
Es como encerrarme en una jaula.
Una jaula de oro.
Sí, pero con barrotes igual.
Ya.
-Oye, ¿qué pasa con papá?
No sé, ¿qué pasa?
No sé. Lleva no sé cuántas horas al teléfono.
(Campanadas reloj)
Papá,
¿estás bien?
Nos han cerrado la fábrica de Berlín.
¿Cómo?
Pasa.
¿Tu socio no puede hacer nada?
Feritza es judío. Les están quitando todo, hija.
Esa fábrica es nuestra principal fuente de ingresos.
¿Y la de Madrid?
La de Madrid, con esas máquinas viejas...
Y los bancos ya no me dan más crédito.
Pero no te preocupes.
Y, sobre todo, no le cuentes nada de esto a tu madre.
No, no, claro.
Pero es que no sé, papá... ¿No podemos hacer nada?
Podemos comprar máquinas nuevas en Bélgica,
pero necesitamos un aval.
He hablado con el padre de Santiago. ¿Y?
Está de acuerdo.
¿Ves?
Sí, pero Santiago no lo ve claro.
¿Cómo que no lo ve claro?
Son cosas de negocios, hija.
Bueno, mañana hablo con él.
No, Amelia. Tú no te metas.
¿Cómo no me voy a meter si... nos vamos a casar?
¿Por fin os habéis decidido?
¡Te vas a casar!
Ya verás como vais a ser muy felices.
(Murmullos)
(Alboroto)
¡Fascistas!
¿Qué vamos a hacer?
¡Intente avanzar un poco!
(Bocina)
(Alboroto)
No te preocupes, vendrá la policía.
(MUJER) ¡Fascistas, burgueses de mierda!
(SUSPIRA)
(Silbato policía)
(Alboroto)
(POLICÍA) ¡Fuera del coche!
¡Fuera! -¡Ya está aquí la policía, hija!
(Silbato policía)
Vamos, hija.
(Bullicio)
¿Has visto lo que está pasando?
(Música sacra)
¿Todo bien?
Sí, todo bien.
Amelia, ¿quieres a Santiago como legítimo esposo
y prometes serle fiel en la riqueza y en la pobreza,
en la salud y la enfermedad, todos los días de tu vida?
Sí, quiero.
(Alboroto)
Sí, quiero.
-Yo os declaro marido y mujer.
(Alboroto)
¡Espera!
¡Edurne, ven!
Sí, ven. Voy.
(RÍE) Sí, de verdad.
Y él: "Es usted española, 'señoguita'".
No hablan así.
Es que Santiago se moría de la risa.
Tengo unas ganas de ir a París.
Pues ya sabes, cásate.
Sí, claro, como si tuviera tiempo con las oposiciones y todo.
Es verdad. ¿Cómo vas?
Fatal. ¿Cómo quieres que vaya?
¿Sí? Todo el día encerrada en casa.
Ya.
¡Ay!
(Silbato policía)
¿Estás bien? Sí.
-¡Vamos! -¡Corred!
-¡Cuidado!
¿Qué pasa?
-¡Deprisa!
Vamos.
-¡Quieto! ¡Aquí!
(Quejidos)
-¡Déjale! ¡Déjale, cabrón! -¡Alto!
¡Ay!
-¡Vamos, vamos! ¡Corre, corre!
-¡Venga!
(Silbato policía)
(Ladridos)
Vamos. No, espera, espera.
Puedes salir.
Que se ponga esto. Vale.
Si alguien pregunta, dices que ha venido a ayudarte.
Cuando todo esté tranquilo y se vaya la policía, te vas.
¿Qué policía?
-Amelia, Santiago pregunta por ti. Sí, sí, vamos.
Vale.
Pues te pones esto y esto en la cabeza.
-Yo no me pongo eso.
(Charlestón)
Hacedlo bien, ¿vale? Vale.
Tú te colocas aquí y tú te pones aquí.
Y ahora, escuchad la música que va, ¿eh?
¡Mira, mira!
¡Dale!
¡Y ahora, este!
Así.
¡Y ahora, otra vez!
Y...
¡Y ahora, este tan divertido!
(Aplausos)
Espera.
Pero tú sacas a mamá. Y yo saco a papá.
Vale, venga.
¿Así que eres su criada?
-Su marido no quería, pero Amelia insistió y yo, encantada.
-¿De que te exploten?
-No me explotan.
-Cariño,
los burgueses nos explotan a todos.
-A mí no.
-¿No?
-Mira lo que me trajo de París.
(Charlestón)
¡Sí, sí! ¡Con él!
¡Oh!
Poneos a bailar, venga.
Deberías venirte a la Casa del Pueblo.
-¿A hacer qué?
-A unirte a la revolución.
-No.
No, a mí la revolución...
-La revolución es para que seamos todos iguales. ¿No quieres?
-¿Cómo voy a ser yo igual que los Garayoa? ¿Los has visto?
-Vente un día.
A mí me enseñaron allí a leer y a escribir.
Pueden enseñarte a ti.
-Es que yo ya sé, porque me enseñó Amelia.
-Edurne. -¿Sí?
-Se ha roto una taza.
-Sí, voy, enseguida.
-(IMITÁNDOLA) "Sí, ya voy, enseguida".
-Oye, baja de ahí. Y no toques nada, ¿eh?
"Solo tenía que esperar un rato".
¿Esperar a qué?
A que se fuera la policía.
¿Qué le pasaba con la policía?
No sé. Estaba en la manifestación y...
¿Y la subes a casa de tus padres?
No la iba a dejar abajo, sola,
mientras la persiguen por sus ideas.
Tú no sabes por qué la perseguían.
¿Qué habrías hecho tú? Meterla en casa seguro que no.
Sabes perfectamente que para derrotar a la derecha
las izquierdas deben estar unidas.
Oh...
Cariño,
esos...
revolucionarios...
están contra nosotros.
Bueno, por algo será.
Amelia, amor...
¿Qué?
Preferiría que te mantuvieras alejada de esa gente.
Trabajas para mí, pero tú y yo somos amigas, ¿no?
Sí, sí, ya, ya.
¿Y si no le gusta verte?
¿Por qué no le va a gustar verme?
Como dice que está en contra de los burgueses...
Ya, pero es que yo no soy burguesa.
Ah, ¿no?
No, de aquí no.
Ah.
Hola.
María, María.
Cuando termines, te pones con esto otro.
-Sí. -Vale.
Gracias.
Hola.
-Hola.
¿Qué queréis? -Eh...
Dijiste que la Casa del Pueblo estaba abierta para todo el mundo.
-Bueno, todos los trabajadores. Ella no lo es.
Puedo ayudar si necesitáis cualquier cosa.
¿Ayudar en qué?
No sé... Puedo dar clases.
¿De qué?
De francés, por ejemplo. ¿De...?
Ay...
Pero si aquí ni siquiera saben leer español.
Bueno, puedo enseñarles.
Sí, ha estudiado Magisterio.
-Ya.
Ven.
(Puerta)
Amparo.
Buenos días. (ALUMNAS) Buenos días.
-Necesito que me hagas un favor. Va a venir una profesora nueva.
-Pero ¿esta quién es?
-Chicas, va a haber un cambio. Amparo se va con otras alumnas
y vosotras os quedáis con la maestra nueva.
Sed buenas.
No es necesario que hagas eso.
-Nos vemos, chicas. -Tus alumnas.
Hola.
Bueno, yo soy Amelia.
¿De dónde eres?
De Madrid.
Madrid es muy grande.
(RÍEN)
(MURMURAN)
¿Te refieres a que de qué barrio soy?
Crecí en el barrio del Marqués de Salamanca.
(TODAS) ¡Uh! -Te lo dije, ¿ves?
(CUCHICHEAN)
Yo me llamo Adela.
Hola, Adela. Hola.
Encantada.
Eh... Bueno, estáis trabajando las palabras acentuadas.
Están las agudas, las llanas... Oye.
Dime. ¿Por qué no sigue Amparo?
Porque ha habido un pequeño cambio y esta mañana me quedo yo.
-Pero ¿tú eres maestra o qué?
(RÍEN)
Sí, soy maestra. Estudié Magisterio...
(CUCHICHEAN)
¿Me dais un momento, por favor?
Vale. Las palabras agudas...
Las...
Por favor, solo un momento.
Un momento solo.
(CUCHICHEAN)
Es que yo entiendo...
Yo entiendo que prefiráis a la otra maestra
porque a mí no me conocéis de nada,
acabo de llegar.
Chist.
Pero a lo mejor os puedo enseñar algo.
Y seguro que vosotras me podéis enseñar algo a mí.
Mucho.
(RÍEN)
Seguro que sí, seguro que mucho.
Pero lo que creo es que...
tenemos que hacerlo juntas.
Nosotras y las del barrio de Salamanca.
(RÍEN)
Bueno, sea como sea,
creo que lo más importante es que nos respetemos.
Porque si no nos respetamos,
¿cómo pretendemos ser respetables para los demás?
De verdad que siento que así...
podremos ser todas mucho más fuertes.
Y...
(SUSPIRA)
Ven, apóyate aquí. Ven, siéntate.
-Siéntate, cariño. -Apóyate, cariño.
A ver, le damos aire.
-Déjala, déjala. -Dejadla.
-Voy a por agua.
Pues enhorabuena. -Muchas gracias. Gracias por venir.
-¡Faltaba más! -Gracias, muchas gracias.
-A usted. -Buenas tardes.
(SUSPIRA)
¿Tú sabías que estaba de 12 semanas? -No, no lo sabía.
No lo sabía.
Tuve una... No pasa nada.
No pasa nada.
Lo importante es que estéis bien...
los dos.
No sé si voy a poder.
Claro que sí, cariño. Claro que sí.
Es que no sé si quiero.
Vas a ser la mejor madre del mundo, ya lo verás.
Sí. Pero ahora necesitas guardar reposo.
Ya, pero es que justo ahora tengo cosas que hacer.
¿Qué cosas, amor? La placenta se ha movido.
Ya, pero...
Tu salud y la de nuestro hijo es más importante que nada.
Le digo a Edurne que pase.
Se muere de ganas de darte un abrazo.
Flojito.
(SUSPIRA)
(Llanto bebé)
Chist...
¿Por qué no le das más pecho?
Es que ya le he dado. Igual quiere más.
Pásame el pañuelo, por favor.
Amor, ¿qué te pasa?
Así.
(Timbre)
(Llanto bebé)
Será Águeda. ¿Qué?
La mujer que manda mi madre para que te ayude.
¡Ah, que llega hoy!
Mi madre me lo ha dicho esta mañana.
Perdió a su hijo hace dos meses.
¿Qué?
Sí, es lo que...
¿Quieres que...? Que no, de verdad, dejadme a mí.
Amelia.
-Es Águeda. Hola.
-Buenos días.
(Llanto bebé)
-Eh...
-¿Qué le pasa a esta criaturita?
No para de llorar. Lleva toda la mañana así.
¿Cómo se llama esta hermosura?
Javier.
Hola, Javier.
Hola, pequeño.
(BEBÉ DEJA DE LLORAR)
Eh...
(RÍE)
Qué carita.
Se parece mucho a usted.
Adiós, mi amor.
Hasta ahora. Hasta luego, señora.
(Puerta cerrándose)
(Bullicio)
(Canto de gallo)
(Ladridos)
Hola.
Hola.
-Hola. -¿Qué quieren?
-Eh... ¿Está Lola?
-Un momento.
¡Mamá!
-Dime. -Ven.
Tiene un hijo. -No sabía.
¿Qué hacéis aquí?
-Eh... Como no estabas en la Casa del Pueblo, hemos venido a verte.
(HOMBRE) ¿Quién hay?
-Sal a la calle un rato, anda.
Pasad, venga.
Amelia y su criada.
-Edurne.
-¿Son amigas tuyas?
-Conocidas.
-Me llamo Giuseppe.
-Hola. Encantada.
¿Hay más vino?
-¿No lo ves?
Anda lo llevo yo. Tira.
¿Qué quieres?
Quería hablar contigo.
¿De qué?
Me gustaría ayudar, ya te lo dije.
¿Ahora? ¿Después de tanto tiempo?
No he podido venir antes, he tenido un hijo.
Que comerá mejor que el mío.
A mí me gustaría cambiar eso.
(RÍE) Ya.
Te encantaría ayudar, ¿verdad?
Sí, me gustaría ayudar.
Pues ayuda.
Aquí es cuando decimos que gracias a revolución proletaria
venceremos a la patronal
y acabaremos con la explotación capitalista.
¿Y qué pasa?
Pues que es...
Es un...
Como... en francés.
Es un...
Que es algo que ya sabemos.
Ah, sí. Un lío.
No, no, no. -¿No es un lío?
-¿No es un lío? No.
-Explícate.
Un... Una obviedad.
Una obviedad.
Sí.
Gracias.
Exacto.
Pues eso, es eso.
No tenemos que decir solo obviedades.
Y ¿qué tenemos que decir?
Que si en lugar de eso o además, además,
decimos que la revolución
nos va a permitir romper las cadenas del miedo.
Nos va a permitir alcanzar la dignidad
de hombres y mujeres libres.
De construir un nuevo porvenir con nuestras propias manos.
Es más poético.
Pero yo no quiero hacer poesía.
-Eso es. Sí, pero es una metáfora.
-¿Una metáfora? ¿Y qué? ¿Cómo que y qué?
Llegaremos a más...
¿Usted me entiende?
Creo que sí.
¿Lo veis?
Venga.
(LOLA) ¡No!
Ellas ya se iban. Ah.
¿Por qué?
-Acaban de llegar. -¿No me has oído?
Venga.
Vamos.
Seguid.
-Vale, punto uno.
Cambiamos, añadimos lo que ha dicho y borra ese.
Perfecto.
¿Por qué me trata así?
No sé.
¿He dicho algo que le haya molestado?
¡Eh! Es que no sé...
¡Huy! ¡No le hagas caso!
¿Qué pasa? ¡Espere!
Que no, que no.
Disculpe.
Eh... Perdone.
¿Podría...? ¿Puedo hablar con usted un momento?
De acuerdo. ¿Qué quiere?
No, nada, que he visto lo que ha pasado y...
Bueno, Lola a veces...
Sí, no sé qué le pasa. No quiere que ayude.
Ya, pero yo sí que quiero.
Ah, ¿sí?
Sí.
Necesitamos a gente como usted. Amelia, vámonos.
¿Quién es usted?
¿Quiere que se lo cuente?
Nos vamos. Espera.
¿Quiere? Tenemos prisa.
¿Qué prisa?
Tu hijo, tiene que cenar.
Está Águeda, ¿no?
Y yo tengo que preparar la cena a tu marido.
Bueno, si no puede,
no puede.
Salud.
Salud.
¡Espere!
Vete a casa. ¿Qué? ¿Sola?
Bueno, estás en Madrid. No te vas a perder, ¿no?
No, sola tú con ese, que estás casada.
Basta ya. Edurne, vete a casa. No pasa nada. Ahora voy.
(Música alegre)
(Bullicio y risas)
¿Has probado la sidra alguna vez? No.
¿No? Yo tampoco. ¿Quieres probar?
¿Sí?
La revolución no se hace solo con manifestaciones,
con huelgas y con gritos.
También se hace con cultura.
Con buena educación,
con poesía.
Por eso me gusta tanto ver...
Perdona. ¿La puedo tutear?
Sí, claro. ¿Sí? Bien.
Soy Amelia,
por cierto. Encantada.
Pierre, Amelia.
Por eso te gusta tanto...
Sí. Ver que gente como tú se une a nuestra lucha.
Yo era como tú.
Ah, ¿sí? Sí.
Yo tenía una buena vida, en París.
Dedicado con alma al negocio familiar
de compra y venta de libros antiguos.
Y por eso, cuando el partido me dijo, me propuso...
¿Qué partido?
El... El Partido Comunista.
Francés.
¿Eres comunista?
Sí.
Por eso, cuando el partido me propuso venir a Madrid
para ayudar al Frente Popular, fue muy difícil.
Ah, ¿sí?
¿Iba yo a dejar atrás los libros,
que son mi pasión?
¿Y a mi familia?
¿Y a mi novia?
Pero me di cuenta de que lo que se me ofrecía
era mucho más grande que todo eso.
Era participar directamente en la Historia,
en lo que estáis construyendo aquí, ahora, en España.
Tener la oportunidad de luchar contra un sistema opresor,
creer en que un mundo más justo,
más igualitario para todos es posible.
Y que yo puedo tomar parte.
Así que lo dejé todo y me vine aquí.
Mi padre es español.
Yo tengo este país en el corazón
y cada día que pasa a más españoles, y ahora...
a ti.
(HABLA EN FRANCÉS)
(HABLA EN FRANCÉS)
(CANTA EN FRANCÉS)
(CANTAN EN FRANCÉS)
(Puerta abriéndose)
"A Bilbao".
¿No te ha dejado una nota para mí?
No, se ha ido a toda prisa.
¿Te ha dicho cuándo va a volver?
En tres o cuatro días. Dice que te llama mañana.
Le he dicho que estabas con unas alumnas.
¿Unas alumnas?
Sí. No le iba a decir que te habías ido con uno por ahí.
Pero si no estaba haciendo nada malo.
Ya, ya, pero bueno.
Pero ¿qué? Na...
Nada.
Nada.
(Bullicio)
(Teléfono)
(Bullicio)
(Teléfono)
Que hablen con los sindicatos y que se ponga de acuerdo con ellos.
José, ¿tú me lo confirmas?
Yo creo que hay que decidirlo por asamblea.
¿Alguien puede coger el teléfono, por favor?
Hola.
Hola.
Vamos a...
Bueno, primero el orden y luego todo lo demás.
Hola. Hola.
¿Qué haces aquí?
Bueno, como el otro día quedamos
en que si quería colaborar, pues... Claro.
Claro.
Lo que pasa es que mañana tenemos una concentración
y está un poco todo... Claro, no pasa nada.
Vengo otro día.
No, no, no. Vengo otro día, no pasa nada.
Espera, déjame pensar.
Déjame...
Que no, que es un lío.
Puedo venir otro día.
Oye, ¿escribes a máquina?
Sí. ¿Sí?
Ven.
Vamos a ver.
Este es mi discurso de mañana.
Pero me ha quedado...
Me ha quedado un poco...
intelectual.
Y tiene que ser más cercano, más inspirador.
Tiene que llegar.
¿Sí? Bien. ¿Quieres que te ayude yo?
Sí, con tus propias palabras...
¡Pierre! Un momento.
Pero es que yo no he escrito nunca de política.
Perfecto.
Tú no pienses en política.
Piensa en la gente,
en sus esperanzas, sus sueños.
¿Sí?
¿Puedes venir un momento? Sí, claro.
Confío en ti.
Pero...
A estas horas tendría que estar con su hijo.
-¿Quieren un café o algo?
-¿Esto pasa todos los días?
-No.
Solo algunos.
-Tesoro... Si es que Javier va a conocer más a Águeda
que a su madre.
Le da el pecho, lo baña, lo viste...
¿Está? A ver.
(CARRASPEA)
"Una lucha revolucionaria que no solo pretende
vencer a la patronal y liberar de su yugo a las clases populares,
sino que es el único camino para vencer definitivamente el miedo
y atrevernos a luchar por nuestros sueños".
¿Qué?
"A luchar por nuestros sueños".
Está muy bien.
¿Sí?
Sí, está muy bien.
"El 11 de febrero de 1873 fue un anhelo,
el 14 de abril, una esperanza
y el 16 de febrero conseguiremos la victoria".
Así termina.
Pero ¿quién dirá eso?
Él.
Ah.
Va a ser su último discurso antes de las elecciones.
¡Pero que lo he escrito yo, Edurne!
Qué bien.
Eh... Han estado aquí tus suegros.
Ah, ¿sí?
Les ha extrañado que no estuvieras en casa.
Doña Blanca ha dicho que Javier parece huérfano.
Y es verdad, Amelia, es que no pasas tiempo en casa.
Javier va a conocer más a Águeda que a ti,
porque le da el pecho, lo baña, lo viste...
Va a acabar creyendo que ella es su madre.
Lo que no comprendo es por qué me quieren en casa todo el día.
¿De qué te ríes?
No, que...
a mí me pasaba lo mismo, no me entendían.
No, ¿eh?
Mis padres, cuando me hice del partido, hace años,
mi madre se puso...
(HABLA EN RUSO)
Mi madre es rusa.
Ah, ¿sí?
Yo nací en Rusia, y nos fuimos de ahí cuando la revolución.
Y cuando se enfada,
ella se enfada en ruso.
Y conmigo sigue enfadada.
Por eso es que ya... no le cuento nada.
No sabes cómo se pondría si le dijera que...
Ahora, por ejemplo, el partido me manda a Buenos Aires.
Y no se lo puedo contar, porque sé que no lo entendería.
¿Sabes? Claro.
Sí, sí.
Entonces, ¿te tienes que ir?
Sí, sí, sí.
Pero decías que en Madrid se vivía una momento histórico, ¿no?
Y que querías estar aquí.
Sí, sí, pero...
Pero mi trabajo aquí ha terminado
y la revolución tiene que mirar hacia delante.
Me han mandado montar una red de apoyos en Buenos Aires.
Claro.
¿Cuándo te vas?
Pues... "Ami" Pierre.
(RÍEN)
(HABLAN EN FRANCÉS)
Amelia, ven.
Ven.
Ella es Amelia. Es una amiga.
*Jon, "un camarade français".
Encantado.
(HABLAN EN FRANCÉS)
Y este barbudo es Albert,
que es contorsionista en el circo.
No. Es un periodista inglés.
"Enchanté". Encantado. Igualmente.
Bueno, no nos vimos ayer.
Es verdad. No.
Eh...
¿Qué tal os pareció mi discurso?
Bueno,
un poco demasiado... Demasiado Pierre.
Sobre todo el final, pero...
Pues lo escribió ella.
Perdón. No, es broma.
Era buenísimo.
Era buenísimo, de verdad. Sí, ¿eh? Es buenísimo.
-Pierre, primeros resultados.
¿Sí? Vamos, vamos.
¿Vienes?
Sí.
(HABLAN EN FRANCÉS)
(Piano)
(Ambiente festivo)
(TARAREAN)
Parece que vamos a ganar.
Sí. Sí.
¿Qué pasa, no estás contenta?
¿Cuándo te vas?
Pasado mañana.
Voy a coger un tren a París y de allí... a Buenos Aires.
¿Y yo qué voy a hacer?
¿Qué?
Que yo qué voy a hacer.
Pues venirte conmigo...
para luchar por nuestros sueños.
¡Pierre!
¡Pierre!
Tienes que hablar.
Vamos.
Ya. Vamos.
(Puerta abriéndose)
(ARRULLA A BEBÉ)
(Puerta cerrándose)
(ARRULLA A BEBÉ)
Hola.
¿Dónde estabas?
Pero si hemos ganado, ¿no?
Por eso mismo.
La derecha no va a aceptar la victoria del Frente Popular.
¿Por qué no?
Parece que no sepas en qué país vivimos.
Va a haber disturbios. Madrid no va a ser un sitio seguro.
No podéis quedaros. Y ¿qué quieres que hagamos?
Mañana lo arreglo todo y, pasado mañana, os vais a Biarritz,
con tu abuela. Te llevarás a Edurne y a Águeda.
¿Te parece bien, Edurne? -Bien, claro.
Es que yo no quiero ir a Biarritz.
-Yo iría con vosotros, pero el negocio de tu padre no remonta.
No puedo dejarlo caer.
Si fuera de otro, lo haría, pero es tu padre.
Es familia, y la familia es lo primero, ¿no?
(Truenos)
Di algo.
¿Ya le has dicho que irás?
¿Cuánto tiempo hace que le conoces?
No sé, Laura. Yo qué sé. No sé.
Quince días.
Quince días y te pide que dejes a tu familia y a tu hijo
y te vayas con él.
¿Cómo puedes fiarte de alguien que te pide algo así?
¿No lo ves? ¡Es una locura!
Si te vas, no es por la revolución.
No, no te engañes.
Si te vas, es por él.
Y por mí, Laura. Y por mí.
Porque él representa todo lo que siempre he soñado vivir.
Pero aquí tienes a tu hijo, que te necesita.
Tienes a tu familia, me tienes a mí.
¿De verdad quieres dejar todo eso?
¿Cómo quieres que quiera?
Pues entonces, quédate, Amelia.
Y no volver a verle.
(Truenos)
Adiós, amiga.
Hola.
Pierre.
Perdón.
Gracias.
Hola.
Hola.
Has venido.
Sí.
Sí.
(Timbre)
(MEGAFONÍA) "Tren con destino a París
va a efectuar su salida en 10 minutos por vía 2".
¿Vamos?
(Timbre)
(Timbre)
Gracias.
¿Estás bien?
Voy a ir a tomar un café. ¿Quieres algo?
No. ¿No?
Espera.
Ve. Ahora vuelvo.
(HABLA EN RUSO)
Adiós.
¡Mira!
Gracias.
(HABLA EN RUSO)
No.
¡Ahí!
¿El tren a París?
Hola.
Hola.
(Silbato tren)
¡Adiós! ¡Buen viaje!
(Silbato tren)
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