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Original subtitles

(Tictac reloj)

(Tictac reloj)

(Bullicio)

(Bocina barco)

(RADIO) "Tras la exitosa gira internacional, llega por fin,

a Buenos Aires, la gran diva italiana Carla Alessandrini".

"Se trata de la primera ocasión que la artista visita nuestro país,

seguida por una legión de admiradores

que ven llegar a la artista a la capital porteña para el estreno".

"Algunos afortunados verán alguna de sus representaciones".

"Con toda seguridad, su voz elevará a la protagonista

de la ópera de Puccini

a la merecidísima categoría de diosa".

(RÍEN)

(HABLA EN ITALIANO)

¡Adiós, Marsella!

(HABLA EN ITALIANO)

¡"Mamma mia", qué mareo! ¡Qué mareo!

-La estrella de la película.

-¡Sí!

(Aplausos y vítores)

El capitán era muy simpático.

-Y no te quitaba los ojos de encima.

-(HABLA EN ITALIANO)

-Es verdad.

El gran descubrimiento del viaje.

Mientras Vittorio se creía en Hollywood,

Amelia y yo éramos inseparables.

Su marido, haciendo de marinero.

(RÍEN)

¡Y mira!

¡Sí! ¡Guau!

Amelia nos enseñó charlestón a todos.

Incluso a Vittorio.

-Que no aprendió.

-Bueno, un poco sí. -No.

-Un poco sí. -No, nada, Vittorio.

(RÍEN)

¿Sabéis quién es Charlot?

-No. -¿No?

¡Es ella!

(RÍEN)

-¡Bravo!

(Aplausos y vítores)

Si no llega a ser por ella...

Para mí es como una hija.

¿Me la cuidarás, Gloria?

-Como si fuera mi hija.

-¿Se quedan en Buenos Aires? Sí.

-Sí. Con Pierre van a abrir una pequeña librería.

-¡Qué bueno!

-¿Y Pierre no viene? No, no ha podido.

-Te lo dije varias veces.

Tenía una cita para visitar unos locales.

(Campanadas)

¿Le importa?

No.

Ya me iba.

(HABLA EN RUSO)

Sigue leyendo.

¿Tiene ya local?

Todavía no.

Apresúrese.

Demasiado tiempo en un hotel puede levantar sospechas.

Necesitaré algo de dinero.

Hay dentro del periódico.

¿La española sospecha algo?

No. Evite que hable con España.

Es la única manera de que deje su pasado atrás.

¿A quién escribes?

A Laura.

Vaya con cuidado.

Parece lista.

No le quite el ojo de encima.

¿Sabe jugar al ajedrez?

Yo... Pues aprenda.

¿Tienes sellos?

No.

Pero déjala ahí. No te preocupes que yo me encargo.

No te olvides. No.

Y... ¿el marido de Gloria es alemán?

Sí. Ajá.

¿Sabes si está relacionado con...

las colonias nazis o...?

Es judío.

El que es medio fascista es uno que trabaja en una embajada.

Ajá.

Se llama Mario no sé qué. (RÍE)

Para.

Nos ha invitado a una recepción, pero le he dicho

que teníamos otro compromiso. ¿Qué compromiso?

No querrás ir a una embajada fascista, ¿no?

¿Por qué no?

Somos comunistas.

Por eso mismo.

¿Tú quieres luchar contra el fascismo?

(ASIENTE)

Para vencerles, tenemos que saber cómo piensan,

ganarnos su confianza.

Podemos ir allí, nos pintamos un bigote,

y escuchamos lo que dicen, nos paseamos,

estamos por ahí,

serios, más serios.

Saludando.

(Música clásica)

¿Has visto a Amelia? -No.

Lo han colgado del revés.

¿Usted cree? Sí.

Del derecho o del revés, da exactamente lo mismo, la verdad.

-¿Otra vez? -Oh...

-No le hagas caso.

Esto es arte moderno, querida. Te tienes que dejar llevar.

-Muy bien.

-¿Se conocen?

-No, no. No, la verdad es que no.

-Natalia, Amelia. Encantada.

Este galán es Pierre, su marido.

Gracias.

-Encantada. Un placer.

-Son los de la librería que te conté.

-Ah, sí, sí, claro. -Natalia me hace las traducciones.

¿Traducciones de qué?

De catálogos, cartas, dosieres... Lo que necesite.

-De todo. -Lo que necesite.

-Me tiene un poco frita, pero bueno.

Eh...

Perdón. Disfruten del modernismo.

-Gracias.

"Frita", dice.

Está todo el día quejándose, es una quejosa.

Trabaja para el Gobierno y está todo el día que si esto, que si lo otro.

Y es un poco comunista.

¿Cuánto es?

Buenas noches.

La 18, por favor.

Gracias.

La cosa es que se ha arrodillado en medio de todo el mundo.

No entiendo cómo no lo he visto. No, no lo he visto.

Bueno, entonces:

"Ay, perdóname, Carla. Perdóname".

Pero como muy exagerado.

Pero ¿qué ha hecho? No, qué no ha hecho.

Que no va a poder ir al estreno de Carla o no sé qué.

¿Ha dicho por qué no podía ir?

Ay, no sé.

Que su marido tenía que atender

a una delegación de Mussolini o no sé qué fuera de Buenos Aires.

¡Uh!

¿Quién es su marido?

Eh... Un ministro, creo.

¡Un ministro! Ajá.

¿Ministro de quién?

No sé.

¿Y dónde pensaban llevar esa delegación?

Huy, no me acuerdo. No te acuerdas.

Va, piensa un poco, seguro que te acuerdas.

No me acuerdo.

Bésame.

Se reunirán con una delegación del Deutsche.

Y ¿adónde irán? A la Colonia Suiza.

El ministro tiene una casa allí. ¿Cuándo?

En un par de semanas.

¿Algo más? Sí.

He conocido a una funcionaria, simpatizante comunista,

que es traductora del Gobierno.

Es posible que por sus manos pasen documentos confidenciales.

Busque el modo de acceder a ellos.

De acuerdo.

¿Cuándo fue la última vez que vio a Krisov?

Febrero, en Madrid.

¿Dónde?

En el tren que nos llevaba a París.

¿No le ha vuelto a ver?

No, ¿por qué?

Las preguntas aquí las hago yo.

Mueva.

"(Puerta)"

Buenos días. Buenos días.

¿El diario, señor? Sí.

Muchas gracias.

Gracias.

¿Qué pasa?

Mira.

¿Cómo?

He leído lo del Ejército y quería saber cómo estabais.

(LAURA) "No te preocupes". ¿Qué está pasando?

"Unos militares se han sublevado contra la República".

"El Gobierno lo tiene controlado". ¿Seguro?

"En casa de mis padres no me cogían el teléfono".

Me he preocupado y... bueno, quería saber qué pasaba.

"Pues eso, tranquila. Estamos todos bien".

"Tus padres, Antonieta, toda la familia".

Que...

¿Cómo está Javier? "Muy espabilado".

"Está empezando a gatear". ¿Le ves?

"Sí, de vez en cuando, con Edurne".

¿Habéis hablado con Santiago y todo está bien?

"¿Podéis verle?". Sí, no te preocupes. Todo está bien.

¿Le mandarías un beso a Antonieta y a Edurne de mi parte?

"Te echamos mucho de menos, Amelia".

"Cuídate". Tú también.

"Gracias. Adiós".

Adiós.

Ven.

(Ópera Puccini)

(Ópera Puccini)

(Ópera Puccini)

(Ópera Puccini)

(SUSPIRA)

¿Qué te pasa? Cuéntamelo.

Pierre.

Natalia, creo que deberíamos dejar de vernos.

¿Por qué?

Porque...

me siento un poco... incómodo con todo esto.

Me lo decís por Amelia, ¿no?

No, te lo digo por ti.

¿Por mí? Sí.

No quiero que pienses que...

Que estoy contigo solo para que me entregues informes del Gobierno.

No quiero que pienses eso. No, Pierre, no.

Yo no pienso eso.

Yo te lo doy porque estamos en la misma lucha.

Y eso nos une todavía más.

¿No?

Adiós, bonita.

"Puede llevarse esta maleta".

Sí, esto para acá.

Esto me queda como un horror, ¿no?

Estás preciosa.

Dime la verdad.

De verdad si es que no sé mentir.

¡No me gusta!

Pero ¿qué te pasa?

¿Qué pasa?

¿Qué me pasa a mí?

¿Qué pasa en Europa?

(HABLA EN ITALIANO)

¿No tendremos que hacer algo las personas decentes?

Sí.

Claro. Pero tú ya lo haces.

Bueno, ¿y cantando no recuerdas que todavía existe la belleza?

Y haces que la realidad sea un poquito menos dura.

Para ti.

Así voy a estar siempre contigo.

Es precioso.

Entonces,

a las diez de la mañana

del 23 de noviembre de 1936,

que vayan entrando los clientes.

Bueno, mientras no vienen, ¿un café?

Pero ¿cómo nos vamos a ir así? ¿Y si viene alguien?

Si viene alguien, clin, clin, clin. Vamos.

"No hay prisa".

Primero, que funcione la librería,

y luego, ya veremos.

Pero bueno, hemos venido a Buenos Aires

a montar el Partido Comunista, ¿no?

Sí, sí, sí.

Y es precisamente lo que vamos a hacer.

¿Quieres? Sí.

Vale. Pero...

¿cuándo?

Todo a su tiempo. No se monta una red comunista

de la noche a la mañana.

¿Entonces?

Hay que ir poco a poco. Toma.

Primero, nos daremos a conocer en el barrio.

Ajá.

Montaremos veladas literarias y comenzaremos a conectar

con el mundo cultural de la ciudad.

(Campanilla puerta)

Voy.

Hola.

Hola, buenos días. Buenos días. ¿Qué tal?

¿Usted trabaja acá? Sí.

Entonces, a lo mejor puede ayudarme. Claro. ¿Qué necesita?

Estoy buscando una oficina de Correos,

pero no la encuentro.

Ah, vale.

Sí, sí.

Está usted muy cerca.

Gire por Chacabuco, y dos calles más abajo, a la derecha.

Muchas gracias. A usted.

Buenos días. Buenos días.

Voy a comprar algo para celebrarlo.

¿El qué?

El primer cliente. Pero si no ha comprado nada.

Bueno, pues que hemos abierto.

Hasta ahora. Hasta ahora.

(Campanilla puerta)

¿Qué? ¿Qué te has dejado?

¿Eh?

(HABLA EN RUSO)

¿Un poco más grande puede ser y así como finito?

Bien. Vale, gracias.

¿No han encontrado a nadie todavía? No.

Vaya. ¿Así está bien?

Sí, perfecto.

¿Celebran algo? Sí, que por fin hemos abierto.

Bien. Esa va por mi cuenta. Ah, bueno. Gracias.

Muchas gracias. A usted. Muchísimas gracias.

Buenos días. Hasta luego.

Buenos días.

Hola.

No lo tenemos. Si quiere volver

dentro de dos semanas, seguramente lo tendremos.

Convénzale de que no vaya a Moscú. ¡Váyase!

Y si va, usted no le acompañe.

También corre peligro.

¿O crees que no saben que es tu espía ciega?

¿Qué es una espía ciega?

Pero entonces, me has estado utilizando.

Sí, pero...

¿Desde cuándo?

O sea, que todo esto...

Que nosotros, todo...

¿No es verdad?

Pero ¿tú eres consciente de que yo lo he dejado todo?

¿Que he dejado a mi familia?

¿Que he dejado a mi hijo? ¿Que lo he dejado todo por ti?

Y por la revolución también, por la lucha.

Por eso también.

Pero...

Pero ¿quién eres?

De verdad, ¿quién eres?

¿Quién era ese?

(SUSPIRA)

Mi contacto en Europa.

Ha desertado.

Y ahora estamos en el punto de mira.

¿El punto de mira de quién?

Del Servicio Secreto Soviético.

¿Cómo?

Es muy importante que mantengamos las apariencias.

¿Qué apariencias?

Las apariencias de una pareja normal,

compartiéndolo todo.

No quiero compartir nada contigo. Sí, sí.

No te acerques. Escucha.

Me voy a mi casa. Escucha.

De donde no tendría que haber salido.

No, no puedes.

¡No puedes! ¡Seguramente nos están vigilando!

Y si sospechan algo, la que estará en peligro serás tú.

Porque tienes demasiada información.

Tenemos que seguir haciendo la vida de siempre:

viendo a los amigos, trabajando en la librería, todo.

Amelia, ¿entiendes lo que te estoy diciendo?

Perdóname, porque...

Déjame un tiempo para...

Para pensar algo.

Para sacarte de aquí.

No me toques.

(Pájaros cantando)

"Pero ¿tú eres consciente de que yo lo he dejado todo?".

"¿Que lo he dejado todo por ti?".

"Amelia, es muy importante que mantengamos las apariencias".

"Nos están vigilando,

y si sospechan algo, la que estará en peligro serás tú".

¡Hola! Buenas noches.

Hola.

Adelante.

Qué bien que pudieran venir.

Solo faltaban ustedes.

Qué elegantes.

Adelante.

Aquí están, Amelia, Pierre.

Lucía y Alberto Garay, acérquense.

Antonia y Fernando Vallejo. Bueno, ya se vieron varias veces.

Feliz Navidad. -Feliz Navidad.

-Max Schumann. -Von Schumann.

-Perdón, perdón, perdón.

Un gran amigo de Martin. ¿Dónde se metió tu mujer?

¿Natalia?

Aquí estamos todos.

Ya se conocen.

-Hola. ¿Qué tal?

Bien, muy bien.

-¿Una copa? Claro.

-Muy bien.

(RÍEN)

Celebramos la Navidad porque así tenemos el doble de fiestas,

las judías y las cristianas.

-¿Alguien quiere más?

¿No?

Marina, por favor. Gracias.

Entonces, ¿no está más en la librería?

No. ¿Qué pasó?

No, no pasó nada. Simplemente que...

no hacen falta dos personas en la librería.

Estamos empezando y hay muchos gastos.

Y...

A Amelia siempre le ha gustado la pastelería.

¡Ah! Sí.

-¿Trabajas en una pastelería? Sí.

¿Haces strudel?

No.

-Oh, qué pena.

-Es el postre favorito de Max.

-Y el mío. -Y el tuyo.

-Con helado de crema.

-Qué suerte, Pierre. Tener una mujer pastelera.

-No sé si te la mereces.

-¿Les dan strudel en el Ejército Alemán, Max?

No, nos dan una comida más de...

"kaserne".

Cuartelaria.

-Pero los médicos militares comerán con los oficiales.

Bueno, yo como lo mismo que los soldados.

-Modesto.

-Perdona, pero no te imagino comiendo guisos de papas

con el resto de los soldados.

-Papa hervida. (RÍE)

¿Y hace lo mismo que ellos?

No comprendo. Sí.

Que si hace lo mismo que los soldados de Hitler.

¿También sueña con dominar Europa?

¿Alguien quiere más?

-No. -No, gracias.

-Muy rico. -Muy bueno.

Amelia,

Max no es nazi.

¿Cómo voy a invitar a un nazi?

Martin es judío.

Y Max lo ayudó a salir de Alemania, a él y a su familia.

Si no fuera por él, ahora no tendríamos nada.

Martin lo hubiera perdido todo.

Ya, pero está en el ejército de Hitler, ¿no?

(SUSPIRA)

Amelia, estamos en Navidad.

No arruinemos la fiesta, por favor.

¿Me servís una copa?

Claro.

Hace varias semanas que no nos vemos.

Sí, he estado... He tenido mucho trabajo.

Tengo otros informe en casa esperando por vos.

Perfecto.

Cuando pueda, pasaré a buscarlos.

¿Y te vas a quedar un rato como antes?

Natalia, no deberíamos hablar de esto aquí.

Te extraño mucho, Pierre. Pueden entrar y nos pueden ver.

Te extraño. Lo sé.

Te extraño. Y yo también.

Extraño tu olor. Dame un beso. Escucha.

Dame un beso. ¡No, Natalia! ¿Qué haces?

Aquí no.

¿Qué pasa? Dímelo. ¿Qué?

¿Te cansaste de mí?

No, no, no es eso.

Natalia.

Como todos.

Voy para dentro.

(GLORIA) Me despierto, voy al salón, abro la ventana

y estaba todo blanco.

Los coches tenían una capa gigante de nieve.

No lo podía creer. Me puse a gritar.

Salgo a la calle, hacía un frío... de morirse.

Doy dos pasos, dos y ¡pam!

Bolas de nieve en la cara.

En ese momento, decidí volverme a Argentina.

¿Se conocieron en Berlín entonces?

Hola, buenas tardes.

Me gustaría un ramo de flores,

si puede ser.

Buenas tardes. Buenas tardes.

Perdón. Adelante.

Hola.

Hola.

¿Se acuerda de mí?

Sí, claro.

Quería verla y hablar con usted.

No es lo mismo.

Sirvo en el ejército donde siempre ha servido mi familia.

Incluso antes de que Hitler hubiera nacido.

Pero servir a su país en base a qué ideas.

Nosotros no dictamos la política del país.

Además, soy médico.

Estoy en el ejército para salvar vidas,

no para provocar muertes.

¿Y ha venido hasta aquí para contarme todo esto?

Sí.

Me disculpará, pero...

me incomodó lo que me dijo en casa de nuestra amiga Gloria.

No era mi intención incomodarle. Lo siento.

No se preocupe.

(Truenos)

¡Aquí!

¡Ah!

¿Quiere una?

Igual no están muy mojadas.

(Truenos)

Están muy ricas, ¿verdad?

(Bocina)

Pues nada, me voy a casa.

Te acompaño.

No, no hace falta. Si es que vivo muy, muy cerca.

Pero nos volveremos a ver.

¿Quién sabe?

(Campanilla puerta)

Hola.

He pasado por la pastelería.

Pero no estabas.

No.

He traído cena, si quieres.

No me entendiste, ¿no?

Te dije que te vayas.

Natalia. ¡Suéltame!

Natalia, he tenido mucho trabajo.

Sí, sí, un montón. Muchísimo trabajo, sí.

Volveré el jueves.

¡No!

El domingo. No, tampoco.

¿Sabes qué? Quédate en tu casa, con tu nenita,

si es lo que te gusta.

Amelia no es ninguna nenita.

Ay, Amelita, pobrecita.

Es más mujer que tú.

Seguís bobo. Seguís bobo por ella.

¡Tú qué coño vas a saber!

¿Sabes qué? ¿Qué?

Es el último informe que te entrego. Lo agarrás y te vas.

No te quiero ver nunca más.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Hace tiempo que no sé nada de usted.

Sí.

Precisamente,

este es mi nuevo informe.

¿Cómo es que ha tardado tanto?

Bueno,

he estado ocupado con la librería.

Su mujer ya no trabaja ahí.

No.

¿Algún problema?

No, no, es...

Ahora mismo no hacen falta dos personas en la librería.

Ya está.

Me tendría que haber informado.

Es peligroso que Amelia vaya a su aire.

No va a su aire.

Está todo bajo control.

¿Seguro?

Sí.

¿Está bajo control cuando se ve con Max von Schumann?

Sí, ella...

se está ganando su confianza...

para sacarle información.

Max...

puede ser muy útil.

Eso espero.

¿Ha dado señales de vida Krisov?

No, no, nada.

¿No sabe dónde está?

Ya le dije que... no sé nada.

Espero sus informes.

(Campanilla puerta)

Hola.

Hola.

¿Preparo algo para cenar?

He cenado.

Amelia.

Ajá.

¿Has vuelto a ver a Max von Schumann?

Sí.

En Alemania se llaman "mai glocke".

Campanilla de mayo.

Aparecen en primavera y traen suerte.

Qué bonitas.

Mañana vuelvo a Europa.

Entonces, igual no nos volvemos a ver.

¿Quién sabe?

Me alegro que hayas venido.

¿Cómo fue el viaje?

Señores, de mi bodega.

-Muchas gracias. -Qué bueno. Gracias.

Míralos.

Sí, ¿no?

-Sí, pero mejor que tú no te metas, Gloria.

Yo también, hace unos años, me sentí... cautivada por él.

Y no fui la única, claro.

Un hombre con esa presencia, esa elegancia, esa manera de...

(SUSPIRA)

Tan comprometido con sus valores.

¿Sabías que está prometido con una condesa?

No, no sabía.

Ludovica von Falheim.

Una de las mejores familias de la nobleza alemana.

Una mujer muy...

alejada de nuestro mundo.

Muy distinta a nosotras.

La mujer perfecta para Max.

Un congreso mundial de intelectuales, en Moscú.

El partido quiere que usted colabore en la organización.

Pero ¿la librería?

Dirán que van a visitar a su familia.

No se preocupe.

En un par de meses estarán de vuelta.

¿Estarán, quién?

A su mujer le gustará conocer Moscú.

Es el sueño de todo comunista.

(KRISOV HABLA EN RUSO)

Está todo dentro.

Los dos pasajes a Francia y dinero para llegar a Moscú.

Cogen el barco el miércoles 24.

En Moscú están muy contentos con su trabajo.

Es usted un buen comunista.

Nos vemos a la vuelta.

(Timbre bici)

(Campanilla puerta)

El miércoles que viene nos vamos a Europa.

Y cuando lleguemos a Lisboa, tú...

te vas a Madrid.

¿Cómo lo has conseguido?

Te dije que me encargaría y lo he hecho.

Y tú, ¿dónde vas?

Yo, a Moscú.

Pero ese hombre, el...

El contacto te dijo... Olvídate de ese hombre.

Olvídate de él.

(RESPIRA AGITADO)

(BALBUCEA)

(Truenos)

¿Lo tienes todo? Sí, creo que sí.

(CARRASPEA)

He decidido que te voy a acompañar a Moscú.

No.

No, no puedes.

Si no voy, te pongo en peligro.

Y si vienes, te pones en peligro tú.

Ya está.

Ya lo he decidido.

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