All language subtitles for Joaquin Murrieta 1965 DVD

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Original subtitles

(Música)

¿Aquí en California no hay mujeres, Joaquín?

(RÍE) Qué cosas dices. ¿Cómo no va a haber mujeres?

Pues yo, hasta ahora, no he visto más que hombres por todas partes.

Alguna habrá. Mira, Rosita. Mira.

Una mujer.

¡Fíjate!

Si parecen colas de caballo.

Son chinos.

Esta tierra de California está llena de sorpresas.

(Música)

¡Mira cómo toca!

No me gusta todo esto. Me da miedo.

¡Fuera! ¡Fuera de aquí!

No admitimos mexicanos. Fuera, fuera.

Vámonos.

Dígame, capitán, ¿siendo usted ahora sheriff territorial...?

Sheriff delegado.

Bueno, ¿qué piensa usted hacer con esa gente?

Creí que hicimos una guerra para acabar con los mexicanos.

Esa no fue la razón, amigo.

¿No? ¿Cuál fue entonces?

Llegan como moscas a un panal de miel y cada día más.

¿De dónde es usted, señor Briggs?

De Boston. ¿Por qué?

Pues porque más o menos ha hecho usted igual que ellos

y ha venido desde más lejos. Pero yo soy americano.

Y este es nuestro territorio. Ellos son extranjeros.

Algunos tal vez, porque vivían en otros sitios de México.

Muchos han nacido en California.

Usted, señor Briggs, es bastante más extranjero que estos.

¿No es así?

¿Qué le debo por los cartuchos?

Son muy caros.

Sí, pero los necesitamos.

Y también fríjoles y trigo para hacer tortas.

Pero tenemos poco dinero.

¿Por qué te preocupan tanto los gastos?

¿No vamos a tener muy pronto todo el oro de California?

¿Esto es para niños?

¿Para niños?

Sí.

Qué curioso.

(RÍE)

Los americanos piensan en la familia.

No lo crea. Es para separar el oro de la arena.

Ah...

Mi marido lo sabe. Yo soy una tonta para estas cosas, señor.

Sí, las mujeres no entienden de esto.

Desde luego.

Pero si el señor quisiera explicarle para qué sirve este cacharro.

También puede explicárselo usted.

Yo de esto sé tan poco como ella.

¿Es usted nuevo en California?

Sí. Nuestro hogar estaba Sonora, en México.

En México mi marido era vaquero. Domaba caballos salvajes.

Es muy valiente. Me llamo Joaquín.

Joaquín Murrieta. Y esta chica tan guapa es mi mujer.

Yo soy Harry Love.

Si buscan oro, este utensilio les será muy práctico.

¿Utensilio? Sí.

Utensilio. Se utiliza en los placeres.

Ah... Bueno, este es un término general

que se aplica a los depósitos formados por la erosión

y concentración de grava en el lecho de las corrientes

y en la orilla de los ríos.

En el momento en que se localiza un filón de arena aurífera...

¿Arena aurífera? Arena aurífera, claro.

Sí, arena aurífera. (RÍEN)

(Barullo)

¡Quietos todos! ¡He dicho quietos! ¡Apártense!

¿Qué ocurre con este hombre? ¿Qué ha hecho?

Quería robarme mi mula. Eso es lo que ha hecho.

No es verdad, señor. Lo juro. La mula es mía. Él me la vendió.

Es verdad, señor. Ellos se la vendieron.

Joaquín les dio el medallón. ¿Compró usted esa mula, Joaquín?

Con el medallón de mi familia. Hace dos horas que hicimos el trato.

¿Va usted a creerme a mí o a ese mexicano?

No me gusta ese tono que emplea y no creo que él mienta.

Me llevo a la mula, protector de mexicanos,

y no intente detenerme.

(Barullo)

Si no sale de San Andrés antes de ponerse el sol,

le encerraré en la cárcel hasta que se pudra.

Ya nos volveremos a encontrar, mexicano.

Pida que no sea así.

No nos juzgue demasiado mal, señora Murrieta.

El oro trae toda clase de gente

y estamos empezando a organizar las cosas.

Que Dios le premie su bondad.

Gracias por todo, señor Love. No lo olvidaré.

Estoy contento de tener, por lo menos, un amigo.

Oh, encontrará otros.

Y espero que mucho oro. La amistad vale más.

Adiós, amigo. Adiós, Murrieta.

Adiós, señora. Adiós.

(Música)

¡Rosita! ¡Ven, mira!

(RÍEN)

Ya somos propietarios. Fíjate. Nuestro pedazo de California.

No es mucho...

Sí, ya lo sé.

Pero a lo mejor hay una fortuna bajo nuestros pies.

Oro para volver a comprar las tierras de los Murrieta.

Un rancho en Sonora. Rebaños de magníficos caballos.

Oro para que mi Rosita viva siempre feliz.

Cuánto te quiero.

Qué bonita eres.

¿Y si no hay oro, Joaquín?

Seguiré siendo el hombre más rico del mundo.

Te tengo a ti.

Bueno... (RÍEN)

Quieta.

Y ahora...

Ahora vamos a ver si ese cacharro yanqui

es de verdad tan útil como el capitán Love nos decía.

(Música)

¡Oh! (RÍE)

(Continúa la música)

(Música suspense)

(Música guitarra)

(CANTA) "Rosita,

eres Rosita, como flor de la mañana.

Tus ojos son dos gotitas

nacidas de madrugada.

Tus labios son los destellos

de un sol que va despertando

y tus ojos son tan bellos

como un río que va cantando.

Rosita, te quiero tanto

que no encuentro las palabras

para decirte las cosas

que se dicen con el alma.

Rosita, Rosita linda,

nunca te olvides de mí.

Que en ti se refleja el mundo

desde aquel día que te vi.

Rosita,

Rosita mía".

Cuánto te quiero, marido. Cuánto...

Te has casado con un loco, Rosita.

Eres la mujer más linda de todo Sonora

y yo te he traído a estas tierras para trabajar como una esclava,

para que duermas sobre el suelo.

Te dije que aquí sería muy fácil que encontráramos oro y...

y empiezo a dudar de que exista.

No tienes que desanimarte, Joaquín.

No, pero llevamos ya muchos días buscando

y no hay un solo grano de oro en la cuna.

Entonces... Quizá la llenaremos con algo más valioso.

No es demasiado pronto para decírtelo.

Dios nos ha tocado.

He sentido la vida.

Rosita...

Rosita mía. Te quiero.

Pero aquí no.

Lejos de estas tierras de California

donde no nos quieren a los mexicanos.

En Sonora, en un rancho, como te prometí.

Aunque con mis manos tenga que destrozar todas estas montañas

y mirar cara mano de arena..., lo haré por nuestro hijo.

¡Rosita! ¡Rosita, ven! ¡Ven enseguida!

Ven. ¡Ven!

Mira, mira, es oro. Somos ricos.

Hay más. Mucho más.

Rosita, aquí. Está aquí.

Hay oro, mucho oro.

Todo lo que tengo que hacer es cavar y lavarlo y es nuestro.

Dios nos ha sonreído.

(RÍE) ¡Qué maravilla!

No puedo creerlo. Nuestro hijo nacerá siendo rico.

Tendrá todo lo que quiera. Y nunca dependerá de nadie.

Es...

Perdona, debemos dar gracias al Señor.

Señor, perdóname. Rezaré toda mi vida.

Pero ahora estoy demasiado nervioso.

Rosita, dime que me quieres. Dímelo.

Dime, por favor, que este es el momento más feliz

que has pasado en tu vida. Dímelo.

Estoy muy emocionada.

Me siento tan dichosa...

(RÍEN)

(Relincho)

Le he oído gritar. Parecía muy contento.

Como si hubiese encontrado una mina. Sí, he encontrado oro. Aquí mismo.

Cuando creía que era imposible, resulta que aparece de repente.

De modo que va a ser rico. Ha tenido suerte.

¿Y ha declarado el yacimiento? ¿Declarado?

(NERVIOSO) Oh... Sí, no, no. Mañana por la mañana.

Traeré mucho vino de la ciudad y usted y sus amigos se quedarán.

Beberemos, cantaremos y Rosita nos hará la comida.

Haremos una gran fiesta.

Tú no irás a la ciudad, mexicano. -No tienes nada que declarar.

Pero mi oro, la mina... Esta mina es nuestra, ladrón.

Pero estas señales son mías. Llevamos aquí semanas.

Este no es tu territorio. ¿No lo sabes?

Me pone nervioso ver mexicanos fuera de su país.

¿Qué te parece a ti Giley?

-No me gustan los mexicanos en ningún lado de la frontera.

(Música acción)

¡Rosita!

Si le haces algo te mato.

¡Joaquín!

¡Joaquín!

¡Joaquín! ¡Suéltala!

¡Te mataré! ¡Joaquín!

(GRITA)

(GRITA)

(GRITA)

(Música suspense)

(Música)

Rosita...

Rosita...

Rosita...

Tienes que vivir.

¿Qué voy a hacer yo sin ti?

Cielo mío.

Rosita.

(GRITA) ¡Rosita!

(LLORA)

(Música tensión)

(Música melancólica)

Cero. Cero.

Ahí tiene.

(Disparos, ladridos)

(Disparo)

Pollos, gallinas. Mirad, muchachos.

¡Cuántas gallinas!

Mirad que cargamento tan grande de gallinas y pollos.

-Qué pollos más hermosos.

¿Qué os pasa, papanatas?

¿No habéis visto gallinas hasta ahora?

Desde hace mucho tiempo no, señora.

-Y hace más tiempo todavía que no vemos una señora como usted.

Eso os pasa por haberlas abandonado.

Decidme, ¿qué es lo que coméis en esta ciudad?

Sajo de carne, arroz cocido, sardinas en lata,

tripas de vaca y frijoles mexicanos.

¿Piensa usted invitarnos a cenar, señora?

(RÍEN)

Estoy pensando en instalar una tienda

y abrir una especie de restaurant si cuento con vuestra aprobación.

¡Mirad a quién han cogido! ¡A Jack Tres Dedos!

(Barullo)

¡Asesino! -¡Criminal!

-Ah, me conocéis, amigos. Sabéis que soy Jack Tres Dedos.

-Seguro que te conocemos. Ladrón, sanguinario, asesino.

-¿Quién llama asesino a Jack Tres Dedos?

¿Qué pescuezos he cortado

más que de los animales que cavan en nuestras montañas?

-¡A por él!

Quietos. Estos hombres son mis prisioneros.

Los llevó a Sacramento para que los juzguen.

-Nosotros les juzgaremos.

Apartados antes de que hiera alguno. Abrid paso.

Lo siento, muchachos. No hay más por hoy.

Las gallinas y yo estamos agotadas.

Solamente queda este huevo.

Revuelto con patatas y tomate te doy 10 dólares, Kate.

¿10 dólares por un huevo? Yo doy 20.

30.

100 dólares.

Pues entonces para usted.

No es para mí, señorita,

sino para un amigo a quien me gustaría mucho invitar a desayunar.

¿Cómo lo quiere, capitán Love?

¿El qué? El huevo.

¿Murrieta? ¿Murrieta, San Andrés, es usted?

¿Tanto he cambiado en un año? Es por el modo de vestir.

¿Qué ha encontrado? ¿Diamantes?

Su desayuno, amigo. El último que quedaba.

De vez en cuando me dan ganas de irme a buscar oro también,

pero si todos hicieran igual, ¿quién iba a llevar esto?

Además, no me gusta como el oro cambia a la gente.

No es este su caso, Joaquín.

Bueno, cuénteme. ¿Cómo está su mujer? ¿Ha venido con usted?

Rosita no está aquí. ¿Se quedó en la mina?

Ya no tengo mina. Ni tampoco mujer. Rosita murió.

Lo siento. ¿Cuándo?

California es un país hermoso, capitán Love.

Mi gente ha vivido aquí durante más de 200 años

y quería mucho a esta tierra.

Luego llegó el gringo.

Nos la arrebató por la fuerza.

Destruyó los grandes ranchos.

Pisoteó los cultivos, contaminó los ríos, y asoló California.

Arrancó el oro de sus montañas

y ahora esta tierra se está muriendo desangrada.

Ocurrió en las orillas de un río, capitán Love, hace un año.

Fueron tres hombres.

Les busco desde entonces.

Estoy esperándoles.

Tarde o temprano vendrán. ¿Y cuando vengan?

Les mataré.

Un hombre no puede vivir pensando en la venganza.

Solamente ese pensamiento es lo que me ayuda a vivir.

Confíe en la ley, Joaquín.

No quiera tomar la justicia por su mano.

De ese modo solo conseguirá destruirse a sí mismo.

Usted es el único amigo que tengo en esta tierra, capitán Love.

Siento que algún día llegue a odiar el nombre de Murrieta.

Ah...

No diga eso.

Este plato vale solo cinco dólares. No sé hacer uno que valga 100.

Este por cuenta de la casa.

Pero, señorita Kate, ¿no dijo que solo quedaba uno?

Es que hay una gallina a la que debe usted haberle caído en gracia.

Yo estaría orgulloso de ser tan importante para una gallina.

(RÍE)

Siempre buscamos a la reina de corazones.

Pero las reinas negras son perversas.

Roban.

Nos despluman mientras nos distraen con sus encantos.

La de corazones, sin embargo, es sincera y leal

y el que la encuentre...

será un hombre afortunado.

¿El señor cree que puede encontrar a la reina de corazones?

Haga su juego.

Obsérvela atentamente, amigo.

La reina es una mujer.

Y no se debe confiar en las mujeres.

Coquetea.

Corre.

Se escapa...

y se esconde.

Pero el señor tiene el valor de un león y los ojos de un águila.

Y la encontrará, ¿no?

Esa.

(RÍE)

Ha sido una elección desafortunada.

La reina negra le ha engañado.

No tan deprisa.

¿Insinúa que Murrieta hace trampas? Ya te conozco.

Vuelve la carta, gringo.

Mátame si no es la reina de corazones.

De lo contrario, te mataré yo.

Al diablo con ella.

¿Alguna pregunta? No, solo curiosidad.

¿Quizá porque soy mexicano?

¿Quién pregunta ahora, Joaquín?

(RÍE)

Perdóneme.

Venga. Podemos tomar...

(Música tensión)

Whisky.

Capitán Love,

¿recuerda aquellos hombres de que le hablé?

Suponga que vienen y suponga también que yo hiciera lo que usted me dijo,

entregarles a la ley. Dígame qué pasaría.

Que serían juzgados por asesinato.

¿Por un juez y por un jurado americanos?

Sí.

¿Y me harían justicia? ¿Por qué no?

Soy el único testigo, ellos son tres contra mí.

¿Convencería mi declaración a ese jurado?

Dígame la verdad.

¿Bien?

Si hubiera más pruebas...

La única prueba está en lo que vieron mis ojos.

¿Cree que sería suficiente para que me hicieran justicia?

Me temo que no.

Entonces no puedo elegir.

Ande, bebamos algo.

¡Asesinos de Rosita! Rezad en el infierno.

(Barullo)

¿Esos hombres que has matado eran americanos?

Sí. Americanos.

¿Te provocaron? ¿Un desafío? ¿Sacaron sus pistolas?

No fue un duelo.

Fue una ejecución. ¿Los has asesinado?

Eso es lo que dirán.

¿En el bar? ¿Delante de todo el mundo?

Viva este Murrieta.

Será un honor que nos cuelguen contigo.

-Por favor, habla de otra cosa.

-No te portes como una mujer, cucaracha.

¿No es mejor morir en la cuerda del gringo que bajo su bota?

Un hombre valiente no teme una muerte valerosa.

(CHISTA)

Sobre todo cuando no va a morir.

Estos imbéciles no nos colgarán, amigo.

A estas horas todos mis compañeros

tienen que estar enterados de mi captura.

Pronto caerán como águilas

para arrancarnos de manos de estos estúpidos gringos.

¿Eh, Claudio?

-Si no están demasiado borrachos para echarnos de menos.

Esa banda tuya, ¿cuántos hombres tiene?

10, 20, quizá 30. -¿Quién los ha contado?

-Un hermoso rebaño de toros salvajes, la mejor flor de California.

-A eso le llama flor... Vamos a ver...

Son 30 hombres y están bien armados.

Sus caballos parecen cabras y sus rifles están mohosos.

-Un nudo en el gaznate callará esas calumnias, cucaracha.

Ten confianza, Murrieta.

Dentro de una hora les enseñaremos los talones a los gringos.

Si no nos cuelgan.

(Puerta)

Esa gente de fuera está muy excitada.

Sí... Es peligroso para usted venir aquí.

Yo no tengo miedo.

¿Dónde está Love? ¿No sabe lo que pasa?

Sí, está intentando calmar los ánimos de todos.

Pero es inútil que se moleste. Una es para usted.

Gracias.

Escuche, Kate...

Si entran aquí... No podré hacer demasiado.

Ya lo comprendo.

Gracias, señorita.

Ahórreselas. Me pagan por hacerlo.

Gracias, señorita. Me engañó usted con su aspecto.

Yo también estoy desilusionado.

¿Aprueba los linchamientos?

Generalmente no.

Sin embargo, en su caso soy neutral.

Aunque no es como para tener mucho afecto a quien mata a sangre fría.

Tómese el café ahora que aún puede hacerlo.

Ignora mis motivos. Los conozco. Tómese el café.

Es mejor que vuelva mi trabajo.

Supongo que irá mucho público después de que todo haya terminado.

Seguramente. Gracias por el café.

Luego vendré a recoger las tazas.

No comprenderé nunca la crueldad de las mujeres.

Esa se divertirá viéndonos morir.

Siempre es difícil comprenderlas.

(Gritos)

Fuera todo el mundo de aquí.

(Música acción)

Vamos, bebe. La fiesta es en tu honor.

Este vino tiene menos fuerza

que esos sucios desgraciados de tu pandilla.

(RÍE) Y tú una lengua tan afilada como la hoja de tu cuchillo, ¿eh?

¡Muchachos! Brindad por Murrieta, que anoche mató a tres gringos.

-De tres maravillosos disparos a sangre fría.

Sin miedo, sin piedad. Los mató como a perros.

Después, con su inteligencia, escondió un revolver en la cárcel

librando así nuestros cuellos de la cuerda de los gringos.

(RÍEN)

-Tu flaco pescuezo, cucaracha.

El mío se habría librado de sus lazos de todos modos.

Para lo que vale... ¿Qué?

(RÍE)

Ya veis si es valiente este hombre.

¿Hay alguno más que se atreva a ofender a Jack Tres Dedos?

(RÍE) Te considero mi hermano, Murrieta.

Únete a nosotros.

Ven al lado del bandolero más temido y admirado de California.

Yo te invito.

Lo siento.

¿Te niegas? Sí, me niego.

No he huido de Salinas para encontrar la muerte

entre unos bandidos borrachos. ¿Dónde vas?

¿Te sientes seguro en este refugio? No hay peligro.

Solo hay un camino para llegar aquí.

El mismo que hay para salir.

¿Creéis que la ciudad de Salinas se quedará tan tranquila

sabiendo que Tres Dedos y Murrieta están en este lugar?

¿Tienen alas los caballos para no dejar huellas?

¿Es el capitán Love tan tonto como este asno a quién seguís?

¿Te parece que los gringos vendrán aquí?

Antes de que llegue el día.

Seguid en este sitio

y mañana volveré a enterrar a aquellos de vosotros

a los que no se hayan llevado para colgarlos.

Veníos con Murrieta ahora

y os enseñaré a ser bandidos y hombres.

Yo me voy con Murrieta.

(TODOS) ¡Ya me voy con Murrieta!

(Música animada)

¡Esperad! ¿A quién seguís? ¿A un elegante de café?

¿A un jugador de cartas? ¡Quietos todos! ¡Quietos!

¿No me oís? Yo soy el que manda aquí.

¡Yo! ¡Jack tres dedos!

¡Esperad! ¡Esperad!

¡Venid!

(Continúa la música)

(Chicharras)

(Música tensión)

(Disparos, música acción)

No quiero que le mates.

Es mi prisionero, ¿te enteras?

Hoy os habéis portado como hombres, como soldados de verdad.

Habéis luchado contra los que os arrebataron vuestro país,

os echaron de vuestras granjas,

os robaron vuestras minas y vuestros derechos.

Muy pronto todos los de nuestra sangre

que odian a los gringos sabrán lo que estamos haciendo.

Y vendrán a nosotros. A que les demos fusiles y caballos.

Fusiles y caballos gringos.

Cada vez iremos teniendo más armas.

Llegarán mexicanos de las ciudades y de los campos y creceremos.

Formaremos un ejército muy pronto.

Con mil caballos y mil hombres para montarlos.

Y los gringos saldrán de California.

¿Un sueño?

Sí.

Será un sueño...

si continuáis obedeciendo a un tonel de vino tan gordo como ese.

Pero será realidad si seguís a Murrieta.

Luchad con Murrieta y luchareis por México.

(TODOS) ¡Viva México! ¡Viva Murrieta! ¡Viva México!

¿Y ahora quién da las órdenes?

(RÍE)

Era una broma, Murrieta.

¿Cómo iba a ofender yo al que me salvó la vida?

Tú eres capaz de estrangular a tu propia madre.

Traed un buen caballo.

Siento que todo esto nos separe.

Ahora ya no hay remedio, ¿verdad, Murrieta?

Ya ha probado la sangre.

Probaron la mía primero, capitán.

¿Se da cuenta en lo que se ha convertido?

Sí. En lo que el gringo me ha obligado.

Desátale.

¡Vamos, date prisa!

Yo pago mis deudas. Puede irse.

Pero nuestra amistad termina dentro de 20 minutos.

Después no habrá tregua.

Es un error. Un grave error.

Tarde o temprano... le mataré.

Adiós, capitán.

(Música suspense)

(Risas)

(Disparos)

(Barullo)

(Música suave)

(Música acción)

(Relinchos)

(Disparo)

(Disparos)

¡Por allí!

¡No os durmáis!

(Música acción)

(Silbidos)

(Música tensión)

(Disparo)

(Gritos)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparos)

(Disparos)

(Silbidos y gritos)

(Música)

¡Murrieta!

-¿Vamos tras ellos?

Sería inútil.

Si hay una pista, es una trampa.

Si no la hay, ¿qué se consigue?

¿Cuánto tiempo va a durar esto?

El tiempo que tarde Murrieta en ponerse a tiro.

Aquí es donde tenemos que separarnos.

Id en grupos pequeños y no muy juntos.

Reuníos con los otros en Arroyo Cantoba.

Yo volveré dentro de tres días.

¿Qué misterio es este, Joaquín?

¿Dónde vas? ¿Y por qué vas tan solo? Voy donde tengo que ir, García,

y tú no eres quién para hacerme esa pregunta.

Un hombre solo puede hacer eso por tres cosas,

y puesto que tenemos oro y vino,

(RÍE) ... ¿es acaso por una mujer?

(Risas)

Sí.

Por una mujer.

Ahora marchaos.

¡Enciende una hoguera, Joaquín,

y vuelve con las cenizas!

(RÍEN)

Tú sabes mucho de mujeres, ¿eh, García?

-¡Que si sé de mujeres!

¿Quién me mordió y me arrancó estos dedos?

(RÍEN)

(Música)

"¡Cuánto te quiero, marido!

¡Cuánto!

No es demasiado pronto para decírtelo. Dios nos ha tocado.

He sentido la vida".

(Música animada)

(Relinchos)

¡Jía! ¡Jía!

(SILBA) ¡Jía!

¡Jía!

(SILBA) ¡Jía!

(Rebuznos)

¡Tú, dale vueltas, venga!

(Risas)

Lo hiciste bien en Calaveras, Reyes.

Y tan bien, como que necesitamos tres caballos para cargar el oro.

González,

mañana irás a México con los caballos robados

y el oro para el ejército,

ese ejército que pronto recuperará California.

¡Valenzuela!

¿Qué hay, amigo?

¡Al fin has llegado! ¿Cómo estás? Nos dijeron que te habían herido.

Solo fue una rozadura, Joaquín,

pero hemos hecho cosas importantes.

Los caballos de Stockton son magníficos.

¿Muchos? 32.

Hubo alguna oposición y... tuvimos que molestar a los gringos.

(RÍEN)

Dejaste alguno para contarlo, ¿no? Los suficientes.

Por el norte tiemblan, pensando en otro ataque de Murrieta.

Ah, bien.

Bien.

Cuantos más Murrietas, mayor será el miedo y la confusión.

Estaré en todas partes.

En Los Ángeles y San Francisco la misma noche.

Creerán que es cosa del diablo.

(RÍE)

¡Saludos, amigo!

(RÍE) ¿No hay una bienvenida en casa para Jack Tres Dedos?

(RÍE)

Se os queda la boca abierta ante la maravilla que traemos, ¿eh?

Hace tanto tiempo que no veis aves de corral,

que creéis que son buitres dispuestos a devorar vuestra carroña.

Pues no, son pollos, amigos.

¡Una fábrica de huevos! ¡Pollos!

¡Gallinas!

(RÍE)

(Cacareos)

¿De dónde los cogiste?

¿De quién son los pollos? De Salinas.

¿De la chica de Salinas?

¿Quién sino tiene tales pollos en California?

(RÍE)

¡No la habrás hecho daño!

Si ni siquiera lo sabe, lo hicimos por la noche.

¡Te ordené que atacaras Murphy, no Salinas!

Pero vimos que salía un carro con mucho oro de Salinas

para el banco de San Francisco...

y cogimos esto también.

Por hacerlo jugaste con la seguridad de todos, estúpido.

¿Cuándo aprenderás que mis órdenes no se desobedecen?

Una tentación puedo resistirla,

dos es imposible.

Pues te voy a enseñar a obedecer.

Las gallinas se devuelven y tú las llevas.

No.

¿Desafías a Murrieta?

Demasiado se arrastró ya Tres Dedos ante el gran Murrieta.

Siento mucho apetito por estos pollos.

(RÍE) Esta noche cenaré gallina estofada.

Mañana... me hincharé de huevos.

(RÍE)

Y si Murrieta dice que no,

le diré a Murrieta que se vaya al diablo.

Veremos lo valiente que eres cuando te veas...

con una cuerda al cuello.

¡Atad a este imbécil y colgadle ahora mismo!

Es tu amigo.

¡Cuélgale!

Si ha de hacerse, es mejor que lo haga un amigo, ¿eh?

(REFUNFUÑA)

No te enfadarás conmigo, ¿verdad? (REFUNFUÑA)

¡Espera!

Es mala cosa que un hombre no pueda confiar en nadie, ¿eh?

Sí, mala cosa. ¡Silencio, no hablo contigo!

Unas palabras sin pensar puede decirlas cualquiera.

Una excusa las borraría.

¡Uhm!

Incluso una falta de disciplina se perdona si el que la ha cometido

da seguridades de que no volverá a suceder.

¡Uhm!

O si el que ha desobedecido tiene...

la nobleza suficiente y el sentido común

para pedir una pequeña disculpa

a aquél a quien sin razón acaba de ofender.

Pero, puesto que este imbécil,

gordo y estúpido animal

no tiene ni siquiera esa pequeña virtud,

¡cuélgalo!

No puedo ahorcarte si antes no rezas tus plegarias.

-Tira de la cuerda, cucaracha.

Tres Dedos no reza.

-Pero...

Pero tienes que...

Ti...

No quiere rezar.

Estás a punto de morir, García.

No seas bruto y reza tus oraciones.

No.

¿Vas a ir al otro mundo y dices que no?

¿Es que tampoco crees en Dios, puerco?

Sí, creo en Dios, pero supongo

que él no va a fijar su atención en mí en estos momentos.

¡Oh!

¿Piensas que te vas a escabullir?

¿Que Dios no sabe la clase de pecador que eres,

que por dos miserables huevos fritos pones en peligro tu alma inmortal?

Venga, reza.

No. (GRITA) ¡Reza!

¡No!

¡Uhm!

¿Habéis oído algo parecido? El cerdo este no quiere rezar.

¿Cómo puedo colgar a un hombre que no quiere rezar?

Está bien.

No te colgaré, ni siquiera vales para eso.

Pero no te saldrás con la tuya.

Vas a devolver esas gallinas.

No podemos volver con los pollos, arman demasiado ruido.

Pues hazlos callar.

¿Cómo?

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

(Cacareos)

¿Cuántos quedan?

-40. O quizá 50.

-¡Uhm!

-¡Ah!

(Música)

Aparta.

¿Es que no sabes andar por la calle?

(Cacareos)

En cuanto terminéis, id adonde están los caballos.

¿Dónde vas?

Tengo que arreglar un asunto.

Por favor, la chica de día, no.

No es la chica.

¿Te esperamos?

No.

Llevaos mi caballo, yo me iré el último.

Y cuidado con lo que hacéis.

¿Adónde piensa ir ahora, Kate?

No lo sé, no he pensado seriamente en lo que podré hacer.

Cuando a mi padre se le ocurrió marcharse de casa para buscar oro

toda la fortuna que me dejó fueron aquellas gallinas.

Tengo algunos parientes en el este, pero no los conozco.

Puede que...

(Murmullos)

¿Qué era eso de cerrar, Kate?

¿Cómo que no hay más huevos?

¿Dónde escondiste las gallinas? No las he escondido.

Desaparecieron. Algún ladrón que paso por aquí y se las llevó.

Pues no se fueron muy lejos.

(RÍEN)

¡Pero si habían desaparecido! No lo comprendo, la verdad.

Luego lo pensará, esta gente tiene hambre.

Está bien, chicos, vamos. (HABLAN A LA VEZ)

Habría que organizar una partida para acabar con ese diablo.

-Se han organizado muchas partidas, amigo.

Las que regresaron, no encontraron ni restos de él.

-La gente le ve muy a menudo, y eso es lo malo,

que le ven en media docena de sitios al mismo tiempo.

-Sí, me parece a mí que tal Murrieta está teniendo demasiados humos.

No va a haber más remedio que quitárselos de la cabeza.

Dicen que todos los mexicanos de California

están de acuerdo con él.

Oye, mexicano, ¿eres tú su espía?

No le entiendo.

¿Sabes qué es esto?

Sí, sí, señor.

Muy bien. Cuéntale a ese cochino ídolo vuestro

que has encontrado a Buck Winters

y que me parece que no es más que un cobarde.

Dile también que estoy en Salinas y que tengo aquí 500 dólares en oro.

Adviértele que si tiene agallas para salir de su escondrijo

y venir a verme cara a cara, le volaré la tapa de los sesos.

¿Lo has entendido, mexicano? Por favor, señor,

deje ese oro sobre el mostrador

para pagar a estos señores unas copas

y también el medallón que le cambié por su mula, y acepto el reto.

Ha tenido mala suerte porque yo soy Murrieta.

Y aquí me tiene, cara a cara.

Me parece que la tapa de mi sesos

no está aún en peligro de separarse de mi cuerpo.

Le ha tocado perder.

¡Uhm!

(Música)

¡Quieto!

(Disparos)

¡Vamos a los caballos!

(Música)

(Música suave)

(Música tensión)

(Cascos de caballos)

¿Hay café, Kate? Algo queda en la cafetera.

Pero he apagado el fuego, no estará muy caliente.

Es igual, me vendrá bien.

¿Le han cogido? No.

Solo a su caballo.

Con la silla ensangrentada. Debe estar malherido.

No hay rastro de él.

Puede haber cambiado de caballo en algún sitio.

Bueno, otro asesinato más que apuntar en la lista de Murrieta.

Pero no ha sido un asesinato, ¿verdad?

Dicen que el otro sacó primero el revólver

y trató de dispararle por la espalda.

Se la tenía guardada. Le hubiera matado igual.

¿Es un hombre malo, capitán? ¿Es realmente malo?

Creo que sí.

Pero usted le conoció cuando no lo era.

Es verdad que se vengó.

Si le hubiera ocurrido a usted lo que a él, ¿qué hubiera hecho?

Tenemos leyes.

¿Para los mexicanos, capitán?

¿Cuáles son sus crímenes?

¿Que lucha por su vida, por los suyos?

Está explotando a su gente. Es verdad que hay intolerancia.

Ha habido una guerra y resentimiento por ambos lados.

Pero no es una razón para cometer crímenes

bajo una máscara de patriotismo.

Murrieta es un asesino sin alma.

Está haciendo tanto daño a su pueblo como a sus víctimas.

Y tengo que acabar con él.

Creo que sé dónde encontrarle.

Busca a un hombre donde esté su corazón.

Gracias por el café, Kate.

Buenas noches.

Buenas noches.

(Música suave)

Rosita...

Rosita...

(EBRIO) No te muevas hasta que yo venga.

Espérate un poco.

Kate.

Hazme un huevo nada más. Un huevo pequeñito.

Es todo lo que te pido.

Vuelve por la mañana y te freiré una fuente entera.

Anda, hazme un huevo, Kate.

Anda, anda. Sé buen chico y vete a dormir.

Buenas noches. Buenas noches.

Buenas noches.

No seas pesado, estoy cansada.

Claro, claro. Ya lo sé, no hay que hacerle esperar.

Todos somos humanos.

Te guardaré tu secreto.

¿Qué te parece un besito?

Bueno.

¿Qué está haciendo? Pueden verle.

¿Quiere que venga todo el campamento a buscarle?

Tengo que irme.

No puede.

Hay que encontrar otro sitio para usted.

Ha estado escondiéndome.

Cuidando de mí. ¿Por qué?

No lo sé. No importa.

Pero no puede marcharse, no puede montar.

Me ha salvado la vida dos veces.

¿Por qué?

Estaba herido, y yo... Pero también,

cuando me iban a colgar, me trajo un revólver.

Los hombres que mató merecían morir.

Aunque yo no sabía lo que era usted, lo que llegaría a ser.

Entonces, ¿por qué me ayuda?

No lo sé.

(Música suave)

(Cascos de caballo)

¡No se mueva!

¡Tire el revólver!

Es usted muy hábil, capitán Love.

Le felicito, nunca pude sospechar...

que usted me estuviera siguiendo.

No le he seguido.

Llevo tres días aquí esperando a que viniera.

¿Cómo supo qué vendría?

Yo estaba seguro que Murrieta visitaba esta tumba.

Pero nunca acompañado.

Nadie conocía este sitio.

Lo conocían tres hombres, los primeros que usted mató.

Tenían un plano.

Entonces, habrá dos tumbas ahora, ¿no?

Si no intenta escapar y yo me olvido de ciertas cosas,

podrá comparecer ante un tribunal.

Baje de ahí.

Hace ya mucho tiempo que no hablo con ella.

¿Me permitiría?

Vaya.

(Música suave)

Me colgarán, claro.

Si se cumple la ley, desde luego.

Yo también pude haberle matado una vez.

Fue un error suyo.

Me debe 20 minutos.

¿Y qué le costaría a California esos 20 minutos?

¿Otros 20 asesinatos más?

Lo siento, Murrieta, tendré que seguir debiéndoselos.

Andando. A su caballo. Espere, espere.

Si yo fuera gringo

y los que he matado fueran mexicanos,

¿conseguiría esos 20 minutos? No.

¿Esa es la ley que usted establecería?

La ley es para todos.

Puede que esta herida me sirva para ver las cosas más claras.

Si le prometiera no volver a saquear ni a matar...

No hay trato.

Si le jurara salir de California y no volver nunca,

si le juro esto sobre la tumba de Rosita...

Lo juro.

Por mi amor a la mujer que descansa aquí

y por todo lo más sagrado.

Deje que me vaya, capitán, y Murrieta nunca volverá a cabalgar.

Es una deuda.

Usted me lo debe.

Está bien. 20 minutos.

(Música suave)

No se preocupe.

Cumpliré mi promesa.

(Silbidos)

(SILBA)

(Música alegre)

Señora, ¿vivirá?

-¿Quién sabe?

Algunos han vivido con heridas más graves

y otros han muerto por menos.

La infección está dentro de su cuerpo.

Pasarán muchos días antes de que sepamos la voluntad de Dios.

-Maldita cucaracha.

¿Crees que a Joaquín Murrieta puede matarle la bala de un gringo?

-Está ardiendo de fiebre. -¡Bah, de fiebre!

Está ardiendo de furor.

Este cuchillo también está ardiendo de fiebre.

La sangre de los gringos lo enfriará.

¿Por qué nos escondemos como mujeres asustadas en este campamento

mientras nuestros cuchillos se enmohecen

y las monturas se llenan de polvo en las chozas?

¿Somos tan débiles que una bala casual

nos hace meternos en nuestros agujeros

como topos y conejos? -Tú no eres el jefe aquí, García.

Cuando Murrieta despierte, él dará las órdenes.

-Solo oís con vuestros oídos, solo lo que dicen los labios.

Escuchad todos, escuchad.

¿Es que no habla el dolor de esa herida?

¿No llama su sangre pidiendo venganza a sus amigos?

Nuestros espías de los campamentos dicen que los gringos

saben que él está herido.

Hablan de ello con alegría.

Algunos dicen que Murrieta ha huido a México.

Otros lo creen muerto. -Puede ser verdad pronto.

-Pero Joaquín no morirá.

Si ellos lo creen muerto, están descuidados.

Sus campamentos no están protegidos, sus rebaños no van vigilados,

sus carros viajan sin escolta.

Qué mejor momento para golpear.

Si a Murrieta lo creen muerto,

el Murrieta que verán será un fantasma.

Y tendrán más miedo aún.

-Joaquín está muy enfermo, no puede montar.

-Pero tú no estás enfermo, González. Ni tú, Reyes. Ni tú, Valenzuela.

¡Yo tampoco estoy enfermo, amigos!

Con la ropa que vamos a llevar con los pañuelos rojos,

somos Murrieta.

Que Joaquín despierte de esa enfermedad

para saber lo bien que nos ha enseñado,

y vea oro y caballos,

y cuente las tumbas que su enfermedad les ha costado a los gringos.

-Mañana reúno a mis hombres. -¡Mañana no, hoy!

¡Yo voy hacia el norte, González, al sur!

¡Los campamentos, para Reyes y Valenzuela!

-¡A los caballos!

(Murmullo)

(Música tensión)

(Música tensión)

(Disparos)

(Disparos)

Muchas gracias, Kate.

¿Qué quiere que le traiga de San Francisco?

Estoy bastante mal de medias.

Le traeré entonces unos bonitos pares de seda.

¿Le caliento el café?

El viaje a San Francisco es largo. Así está bien.

Esta expedición no lleva oro a ningún banco de allá, capitán.

¿No?

Van los mejores tiradores de la región, me he fijado bien.

Salen a la caza de un hombre.

Van a buscarle, ¿no es verdad?

¿A quién? A Murrieta.

Solo quiero pedirle que sea comprensivo.

Y que recuerde que todo lo que ha hecho Murrieta

ha sido impulsado por la fatalidad.

Suerte para los dos, capitán.

Bueno, tenemos que irnos.

Y como usted dice, el viaje es largo.

(Música tensión)

(Música suspense)

(Relincho)

¡Más oro y más caballos en un mes que en todo el invierno!

Cuando Joaquín se despierte, se verá más rico aún

que cuando se echó a dormir.

-García, cuéntanos lo del campamento chino.

-¡Oh, lo del campamento chino!

(RÍE) Nada hay tan bonito como el grito de un chino

con un cuchillo en la garganta.

(IMITA CHILLIDO)

(GIME) ¡Oh!

-¿Qué pasa?

¿Qué pasa, le dejaste morirse? -¿Morirse?

Es la fiebre la que muere. Mira.

Mira.

Se va a despertar.

Se ha salvado.

Vivirá.

-¡Vivirá, vivirá! ¡Joaquín vivirá! ¡Ha pasado la enfermedad!

¡Joaquín vivirá! ¡Ya está bueno!

-Es un león este Joaquín, ¿eh? Otro cualquiera con esa enfermedad

hubiera sido pasto de los gusanos en estas seis semanas.

Os digo que este es el hombre que tomará California.

No, amigos.

No.

Nadie va a tomar California.

Eso fue una fiebre...

que también ha desaparecido.

Seis semanas ya.

¿Cuánto ha durado?

Seis semanas sin ataques, sin violencias...

Puede que ahora lo crean, ¿eh?

¿Que Joaquín ha muerto, o que ha huido?

No.

Nosotros... -¡Silencio, cucaracha!

Yo se lo diré.

¿Crees, Joaquín, que somos como los niños perezosos,

que dejan que las uvas se estropeen en las viñas

porque su papá está enfermo y no puede cogerlas él?

(RÍEN)

-No, nosotros... -¡Cállate, yo se lo diré!

¿Decirme qué?

Los gringos nunca creerán que durante estas seis semanas

Murrieta ha estado enfermo en su cama.

¿Quién si no quemó el campamento de Murphy, eh, amigos?

-Sí, ¿y quién se apoderó del oro de los carros?

-Y de los caballos de Los Ángeles. -Y de los otros de San Diego.

-No has sido tú. Ha habido cuatro Murrietas.

Incluso un Murrieta gordo como yo.

Decidme que no es verdad.

Cuando lo veas, no lo pondrás en duda.

-El oro ocupa media cueva. -El valle está lleno de caballos.

¿Habéis robado...

y matado?

¿Habéis hecho todo eso en mi nombre?

¿Sin mi permiso?

¿Sin saberlo yo?

¿Os habéis atrevido...

a eso?

Animales estúpidos.

Pero ¿no estás contento?

Lo estaría si os matara a todos vosotros.

Lo juré sobre la tumba sagrada de mi esposa Rosita.

Juré ante Dios que no habría más matanzas.

¿Lo juraste?

A cambio de ese juramento, me concedieron la libertad.

Fui capturado.

Y me habrían colgado en Sacramento

si un hombre no hubiera creído en mi palabra y en mi honor.

Y ahora...

Ahora, ¿qué honor voy a tener...

ante él...

y ante Dios?

¡Marchaos!

Fuera de aquí todos.

Coged vuestras mujeres,

el oro y los caballos, y marchaos.

Mañana voy a ir a Salinas para entregarme al capitán Love.

Y si mañana queda un solo hombre en este campamento,

os aseguro que le mataré.

¡Fuera!

Fuera.

(Música trágica)

(Relincho)

Dije que mataría al hombre que encontrara aquí esta mañana.

Mátanos.

¿Por qué no os marcháis?

Sabéis que voy a entregarme. Empezamos contigo...

y terminaremos contigo.

Si vas a Salinas,

iremos también.

Allí es donde me entregaré.

¿Queréis que os cuelguen conmigo?

El camino es largo.

Tendrás tiempo para pensarlo.

Estáis locos.

(Música emotiva)

(Música tensión)

¡Dad la vuelta, poneos a cubierto!

(Música acción)

¡Capitán Love, detenga a sus hombres!

¡Capitán Love!

¡Escuche!

(Disparos)

No rompí...

la promesa que le hice.

Debe creerme.

(TOSE)

Escuche.

Lo juré sobre la tumba de Rosita.

Lo juro ahora.

La promesa...

(BALBUCEA)

(Música suave)

Ya está, capitán. Hasta el último de ellos.

-Murrieta ha muerto. Nadie lo creerá.

Pongan el cadáver sobre su caballo.

(Relincho)

(Música suave)

(Música créditos)

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