All language subtitles for Man in the Shadow (1957)

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Original subtitles

SANGRE EN EL RANCHO

- No olvides cortarte el pelo. - Sí, señora.

Ben, ¿qué quieres de cena?

No sé, cualquier cosa. Lo que sea, menos hígado.

Las chicas vendrán esta tarde.

Pues hasta la noche.

Buenos días, Ben.

Hola, Herb.

- Va a hacer calor, ¿eh? - Sí, eso parece.

- ¿Todo listo para el sábado? - Sí. ¿Pican bien?

Mort Williams pescó uno de casi dos kilos ayer.

- Cuenta conmigo. - Vale.

Buenos días, Ben.

Buenos días, Ab.

- Otro día caluroso, ¿eh? - Eso parece.

La radio dice que alcanzaremos los 43 grados.

No me sorprendería que fuesen más.

- ¿Has dejado salir ya a Hank? - No, aún no.

Pensé que querrías echarle un sermón.

Echa esto al correo cuando puedas.

¿Para quién es?

¿Qué importa? Total, no querrá venir aquí.

- ¿Quieres ver a Hank ahora? - Sí, está bien.

- ¿Algo más? - No.

Nos vendría bien un nuevo ventilador.

Venga, Hank, van a desahuciarte.

¿Ya?

¿Por qué tan temprano?

Vamos, viejo vagabundo.

Venga, vamos, no tenemos todo el día.

Buenos días, "sheriff".

A ver, Hank, ¿cuál es la excusa esta vez?

No estamos en época de resfriados.

No, nada de resfriados.

Fue por la pierna. Metralla, me pasó en Francia.

Me duele mucho en esta época del año.

¿Qué harás cuando empecemos a cobrarte alquiler?

- No creo que pueda pagar. - Claro que sí.

Hay que limpiar una cuneta de la carretara que va al Empire.

Podría convencer al juez para que te condene a trabajar 10 días allí.

Oh, no. Usted no haría una cosa así.

Sabe que no aguanto el sol tan fuerte.

La próxima vez que te cojamos borracho, lo haré.

Caramba, Hank,

vas a matarte un día de estos, si sigues emborrachándote.

Te hablo en serio.

La próxima vez que te detengamos, trabajarás en la carretera,

¿entendido? - Vale, "sheriff".

¿Ni siquiera un trago pequeñito para aliviar el dolor?

El sufrimiento te vendrá bien, y ahora márchate.

Sí, señor. Gracias, "sheriff".

Y gracias por la cama.

No sé, eres demasiado blando con él.

Qué va.

Hank empina mucho el codo,

pero al único que hace daño es a sí mismo.

Señor "sheriff".

Caramba, me había olvidado de este tipo, estaba aquí cuando abrí.

¿En qué puedo servirlo?

- ¿Es Ud. el "sheriff"? - Sí. ¿Quién es Ud.?

Me llamo Jesús Cisneros.

Tengo un amigo que ha desaparecido.

Mi amigo Juan Martín.

¿Quiere denunciar la desaparición de un hombre?

Sí, señor, pero...

no creo que sólo esté perdido,

creo que tal vez esté muerto.

Pase y siéntese. Dale una silla.

Empiece de nuevo. ¿Ha dicho que se llama Cisneros?

- ¿Vive en el pueblo? - No, señor. En el rancho.

- ¿El Golden Empire? - Sí, señor.

Bien, Cisneros, ¿qué es eso de su amigo?

Se llama Juan Martín, señor.

Trabajamos juntos en el rancho durante muchos meses.

Somos amigos, aunque Juan para mí es como un hijo.

Es joven y fuerte. Lo conozco bien.

Cuénteme sólo lo que pasó.

Señor "sheriff", le cuento estas cosas,

para que sepa que Juanito no es de los que se escapan sin avisar.

¿Sabe cuantos braceros trabajan en el rancho?

Nunca me había parado a pensar en eso.

Quizá unos cuatrocientos. o tal vez quinientos.

Muchos. Y no es un lugar agradable para trabajar.

- ¿Por qué trabaja allí? - Un hombre debe trabajar.

A veces uno debe trabajar al sol para otro,

y le pagan poco.

A veces uno debe vivir como un perro,

y no quejarse, como un perro. Pero uno no es un perro.

Aunque el patrón piense que lo es,

no significa que lo sea. Ni siquiera en el Golden Empire.

Mire, Cisneros, no soy el Servicio Estatal de Empleo,

y no me gustan los discursos, si tiene algo que contarme,

vaya al grano.

El señor Yates, ¿comprende?, el capataz.

Sí.

A él no le cae bien Juan. No sé por qué.

Anoche él y el Sr. Huneker vinieron al barracón,

cuando Juan se estaba aseando, y se lo llevaron fuera.

Soy viejo, señor, y he visto muchas cosas,

y sé distinguir el mal cuando lo veo.

Anoche, cuando se llevaron a Juanito del barracón,

ocurría algo malo.

Se lo llevaron al cuarto de las herramientas del granero.

Soy un hombre pacífico,

no causo problemas.

Pero los seguí, y esperé fuera.

Señor, lo golpearon.

Con los puños, lo golpearon hasta que sangró.

Yo lo vi.

Quizá tenían una buena razón. Quizá ese Martín se desmandó.

No es asunto mío cómo dirigen el rancho.

Pero Juan pegó al Sr. Yates para defenderse.

Y el Sr. Yates se volvió loco,

y cogió el mango de un pico.

He visto muchas cosas y he visto la muerte,

y Juan Martín murió anoche.

¿No te tomarás esto en serio?

Vamos, hombre,

me pagan para que me tome a la gente en serio.

Pues claro,

pero ya sabes cómo sentará esta historia en el rancho.

No puedes acusar a los hombres de Virg Renchler de asesinato,

y menos del asesinato de un bracero.

Ha acusado de algo muy grave a gente muy importante, lo sabe.

Sé que un bracero no puede esperar mucho de la ley.

Si le haces caso, no cuentes con que Virg Renchler sea tu amigo.

Te diré lo que debió ocurrir.

Algunos de esos sucios obreros se pelearon,

y este viejo estúpido vino aquí para tratar de escurrir el bulto.

Bien, Cisneros, intentaré encontrar a su amigo.

Cometes un error, Ben.

En esta oficina soy el que juzga eso, no lo olvides.

¿Averiguará lo que le hicieron a Juan Martín?

Dudo que le haya pasado algo.

Es probable que Yates le pegara y lo echara del rancho.

No puedo buscar a todos los braceros del país.

Me pondré en contacto con Ud.

Es probable que Ud. no vuelva al rancho. ¿Dónde se alojará?

- En casa de mi amigo Aiken Clay. - Aiken Clay.

Señor, para serle franco, no creí que me ayudase.

Lo siento y me avergüenzo.

Si resulta ser una falsa alarma, no estará tan contento.

Un momento, Ben. Venga aquí.

Ha dicho que mataron a ese Martín. ¿Cómo sabe que está muerto?

¿Le tomó el pulso? ¿Le puso un espejo ante la boca?

¿Se acercó a él?

No. No soy un hombre valiente.

Huí, señor. Huí del rancho. Tuve miedo.

Está bien.

Ya lo ves.

Señor "sheriff",

¿alguna vez ha matado un ternero para una barbacoa?

No, pero he visto hacerlo.

Cuando lo matan, ¿recuerda que le golpean en la cabeza con un mazo?

¿Y que suena como un melón al partirse?

Fue el sonido que oí, cuando el Sr. Yates golpeó a Juanito.

Lo golpeó con el mango de un pico.

Y con el mango de un pico un hombre puede matar un toro.

Ben...

PROHIBIDA LA CAZA PROHIBIDO EL PASO

SE DISPARARÁ A LOS INFRACTORES

- ¿Sí? - Abra, quiero ver al Sr. Renchler.

- ¿No me diga? ¿Y él a Ud.? - Tal vez.

- No me han dicho que vendría. - Quizá llegue a enterarse.

¿Por qué no llama al Sr. Renchler y le dice que Ben Sadler quiere verlo?

Ah, es el "sheriff".

No vienen muchos "sheriffs" por aquí.

Pues ahora ha venido uno.

Espere un momento, llamaré.

- No lo espera, ¿verdad? - Que yo sepa no.

Vale. Lo informaré.

Bien.

Debe de ser un hombre importante, "sheriff".

Es el primer oficial que traspasa esta puerta

desde que trabajo aquí. - ¿Sí?

- Siga unos 7 Km. sin desviarse. - No es la primera vez que vengo.

El Sr. Renchler dice que no se desvíe de la carretera.

Es una finca muy grande.

No le gusta que la gente merodee por ella.

Dice que el ganado se pone nervioso.

- ¿Qué se pone nervioso? - Eso dice él.

No tardará más de cinco o seis minutos. Saldrán a recibirle.

Bien.

Calma, Rocco, calma. Calma, Rocco. Calma.

No esperábamos visitas hoy, "sheriff".

Ni yo esperaba venir.

El Sr. Renchler lo espera en su despacho.

Quieto, Rocco. Quieto. Quieto, chico.

¡"Sheriff"!

No sabía que recibiríamos visita hoy.

Buenos días, Srta. Renchler. No viene de visita, Skippy,

sino de servicio.

¿Qué clase de asunto trae al "sheriff" hasta aquí?

Nada importante.

Esto es tan aburrido que es estupendo recibir a cualquiera.

- No me interprete mal. - No se preocupe.

- El jefe está esperando. - Sí.

Ha sido un gran placer verla, Srta. Renchler.

Sí, adelante. Atentamente, etc.

Carta para el reverendo Hill. Estimado reverendo:

no quiero darle consejos a un ministro de Dios...

Hola, "sheriff", enseguida lo atiendo.

... pero respecto al asunto del que hablamos,

si es capaz de ver con claridad,

su orfanato puede contar con una donación adicional de...

veinticinco mil dólares en Navidad,

pagadera, por supuesto, a través de la Fundación Angus Renchler.

Un saludo atento, etc.

¡Vaya, "sheriff"!

No le veía desde que salió elegido.

- ¿Un puro? - No, gracias.

Siéntese, siéntese.

Gracias.

No me...

gustaría venir cuando su perro estuviese suelto.

¿Rocco?

Es muy malo, pero aleja a los visitantes.

A los no bienvenidos, por supuesto.

No a todos.

Disculpe a Ed, "sheriff". Está un poco nervioso.

Lleva esperando mi visto bueno para la nómina desde muy temprano.

Sólo serán unos minutos.

¿Podría hablarle a solas?

Sí. Discúlpanos un momento, Ed.

No te alejes.

Sr. Renchler, ¿trabaja para Ud. un chico llamado Martín?

Tengo empleados a cuatrocientos o quinientos braceros.

Éste tiene unos 18 ó 19 años, es un obrero.

No tengo controlados a todos los obreros, son demasiados.

¿Podría comprobar si está aquí?

- ¿Dice que se llama Martín? - Eso es.

¿Qué ha hecho?

No ha hecho nada.

Han denunciado que le pegaron aquí anoche.

Qué tontería, sabe que aquí no se permiten las peleas.

Además, me habría enterado de algo así.

Comprenda que no es que crea la historia,

pero cumplo con mi deber. Debo comprobarlo.

Desde luego.

Desde luego.

Le diré lo que haremos.

Haré que Yates lo compruebe, así no perderá el tiempo.

- ¿Una copa? - No, gracias.

Lo malo es que eso sería un problema, mire...

resulta que el denunciante dice que Yates mató a ese chico.

¿Me toma el pelo?

No, señor.

¿Quién le ha contado esa sarta de mentiras?

El viejo que duerme al lado de...

Le explicaré todos los detalles.

El que me contó la historia dice que vio cómo Yates

y otro de sus hombres llevaron a Martín al cuarto de herramientas

y lo golpearon.

Y que tal vez lo mataron.

No digo que sea verdad, quizá Martín no esté muerto.

Pero tal y como actúan todos Uds., tal vez lo esté.

Alguien miente y debo averiguar quién.

Pues adelante y averigüe lo que quiera, pero no me moleste.

No tengo tiempo de preocuparme por un bracero borracho.

No investigo una pelea de borrachos, sino un asesinato.

De eso nada.

Está buscando a un "espalda mojada".

Aunque apareciese muerto, no podría calificarlo de asesinato.

Creo que no encontraré mucha ayuda aquí, ¿verdad?

Lleva una bonita y brillante placa nueva.

Debería leer lo que lleva grabado.

Pone que lo han elegido "sheriff" del condado de Bingham,

no jefe del rancho Golden Empire.

Ben, no quiero ser grosero con usted,

pero no sé si sabe lo grande que es este negocio.

En Europa hay 5 ó 6 países más pequeños que este rancho.

O sea que soy quien pone orden por aquí.

En un sitio tan grande, se hacen las cosas de manera especial.

De manera especial. Quiere decir, a la suya.

Así lo hacía mi padre, y el suyo.

Es un buen método, funciona.

Nunca hemos tenido problemas con la ley en el rancho.

Y nunca los tendremos, mientras yo imponga orden, recuérdelo,

y llevará esa estrella nueva mucho tiempo.

Sé que es un hombre importante,

y lo grande que es el Golden Empire.

Pero ahora eso no significa nada para mí.

Investigo una denuncia,

y no quiero que nadie, tampoco Ud., intente impedírmelo.

¿Intentarlo? No intento nada, se lo aseguro.

No quería decírselo así, pero se lo ha buscado.

Cáuseme más problemas,

y el condado de Bingham tendrá un nuevo "sheriff".

¿Comprendido?

Puede mandar sobre sus "espaldas mojadas" y sus empleados,

pero no intente mandar sobre mí.

He fallado.

Esta vez tenemos un "sheriff" muy gallito.

Ed,

¿mataste a ese chico?

¡Contéstame!

Fue un accidente, son cosas que pasan.

Te dije que le dieses una lección,

no que lo mataras. - Le digo que fue un accidente.

Es demasiado tarde para remediarlo.

- ¿Sigue Skippy en la casa? - Sí.

Debemos sacarla de circulación durante un tiempo.

¿Por qué?

¿Qué por qué? Usa la cabeza. ¿No dijiste que Martín la cortejaba?

Supongo que tendré que sacarte de este lío.

No se moleste, Chet ya se ha ocupado de eso.

Genial, si lo hace igual que tú lo de Martín,

todos tendremos problemas,

justo cuando estoy ocupado con la cosecha del algodón.

Póngame con el comisario Parker.

¿Dónde? ¡En el juzgado, idiota!

¿Herb? Soy Virg. ¿Qué tal, amigo?

Escucha, Herb,

quiero que me hagas un favor.

Jesús Cisneros, residente en el rancho Golden Empire

ha denunciado hoy la desaparición de Juan Martín.

Además, Cisneros ha declarado que vio a Yates, capataz del...

No hay sitio igual en la frontera. Ciudad Juárez es mi favorita.

Es el mejor sitio para encontrar mujeres.

Vuelvo allí el mes que viene, si puedo recuperarme.

- Ya has vuelto, ¿eh? - Sí.

¿Conoces a Chet Huneker, del Empire?

- Hola, "sheriff". - Hola, Chet.

Adelante, Chet. Cuéntaselo.

No pude evitarlo, "sheriff".

¿A qué te refieres?

Traía una carga de sal desde Sonora esta mañana,

sobre las 8:00 ó las 9:00.

Y a poca distancia del pueblo, ¿sabe dónde están la dunas?

Apareció un chico en la carretera, agitando los brazos, borracho.

¿Y lo atropellaste?

Juro que no pude evitarlo, él estaba borracho.

Lo atropellé.

Lo arrastré unos cinco metros, antes de poder parar.

Parece que es Martín, Ben.

Lo metimos en el almacén de Jake Kelley, más muerto que una piedra.

Te dije que no creyeses a ese viejo, estaba mintiendo.

Vamos, Chet, redactaré tu declaración.

Y Chet dijo que había sido un accidente.

Trabaja para el Golden Empire, ¿quién va a contradecirle?

Sí.

Hizo una declaración ante el "sheriff", y se acabó. No hay problema.

Deberías llamar antes de entrar, cariño.

¿Puedo hablar contigo un momento a solas, papá?

- Estamos ocupados... - Es importante.

Ed.

Estaré fuera.

No me gusta ese hombre.

No hay problema, es muy buen capataz.

A veces me mira de una forma...

Imaginaciones tuyas, cariño.

Acabo de llamar al establo,

pero el viejo Pablo no quiere darme un caballo.

Que diste orden de que no me lo dieran. ¿Por qué?

- Sólo hace lo que le ordené. - Siempre monto por la mañana.

Lo sé, Skippy, pero...

durante un tiempo querría que no te alejases de la casa.

- ¿Qué ocurre, papá? ¿Qué pasa? - No pasa nada.

Haz lo que te digo.

Escucha, ranchero, no me engañas.

Estás preocupado, lo noto. ¿Qué ocurre?

Nada que deba preocupar a tu linda cabecita.

Haz lo que te digo y no te alejes de la casa.

Ahora tengo trabajo que hacer, dile a Ed que entre.

- El "sheriff estuvo aquí antes. - Sí.

¿Tiene algo que ver con lo que pasa?

- ¡Skippy! - ¿Qué quería?

- ¿Quién? - El "sheriff".

- No es asunto tuyo, cielo. - Papá, anoche...

Anoche, después de acostarme, oí algo. O creo que lo oí.

- ¿Qué oíste? - Y no me lo imaginé, lo oí.

Te he preguntado qué crees haber oído.

Oí un grito.

- Lo habrás soñado. - Lo oí.

- Estabas soñando, Skippy. ¡Ed! - Sí que lo oí.

No me obliges a decirlo de nuevo, no me gusta repetir las cosas.

Fue sólo un sueño.

Ahora vete a tu cuarto.

Lo siento, Srta. Skippy.

Tengo órdenes estrictas.

Creía que te habían dicho que estuvieras en tu cuarto.

Yates, suéltame.

Deberías llamarme Ed, ya que estamos tan juntos.

¡Suéltame! Tengo que ir al pueblo.

Tu padre es el jefe, sólo obedezco órdenes, nena.

Ed, déjame... Tengo que ir al pueblo por motivos personales.

Hay cosas que una chica tiene que hacer.

No sé. No has sido muy amable conmigo.

A veces no me importa hacer favores a un amigo.

Necesito un amigo ahora mismo.

Mira, cielo,

voy a bajar a la verja, para relevar a Bill Edwards.

Baja dentro de cinco minutos, ¿vale?

Si te portas bien,

te dejaré salir.

Nos llevaremos muy bien.

Quiero que me diga si éste es Juan Martín, ¿comprende?

Sólo dígame si éste es el chico.

Se lo diré.

¿Es Martín?

Es Juan Martín.

Mi amigo.

Señor, ¿qué le hicieron?

¿Por qué? ¿Por qué le hicieron esto, "sheriff"?

¿Qué quiere decir, Ben?

Por ahora no puedo probar que le hiciesen nada.

Pero yo estuve allí, señor. Vi lo que pasó con estos ojos.

Debemos aceptar los hechos, Cisneros.

Por ahora, sería su palabra contra la de Rencher y sus hombres.

¿Sabe qué probabilidades tiene de que le crean?

Y eso no es todo.

Un hombre vino a mi oficina hace un rato. Dijo que

había atropellado a Martín en la carretera esta mañana.

¿Qué hombre? ¿Quién pudo mentir así?

Chet Huneker.

Pero, señor, él era el hombre.

Estaba con el Sr. Yates cuando ocurrió.

Lo vi igual que lo estoy viendo a usted.

¿Está diciendo que Ed Yates mató a ese chico?

- Eso dice. - Eso es una locura.

No, señor. Es la verdad.

Pero ¿qué te pasa, por qué le haces caso?

Chet Huneker dice que lo atropelló en la carretera,

nadie admite algo así, si no lo ha hecho.

Admito que así parece.

Ben, ven conmigo.

No sé qué ocurre, pero si es lo que creo, debes ponerle freno.

¿Qué quieres decir?

Eso traerá problemas. Sabes a qué me refiero.

El asesinato siempre trae problemas.

Soy el pesquisador del condado.

Martín murió en un accidente de carretera.

Tal vez, pero no estoy seguro.

- Yo sí lo estoy. - ¿Lo estás?

Si digo que fue un accidente, eso es lo que será.

No busques problemas, Ben. No es sólo la palabra de Huneker,

sino la del Golden Empire contra la suya.

Tengo que comprobarlo por mí mismo.

No te doy permiso.

Vale, pesquisidor.

Señor, ¿pueden matar y no pagar por ello?

No, no pueden hacerlo, mientras yo sea "sheriff" del condado.

No hay más pruebas que su palabra.

- Esto es importante, corre peligro. - ¿Por qué, señor?

Si hubo un asesinato, es testigo, el único.

- Intentarán encontrarlo. - ¿Quiere decir que...?

No tienen nada que perder.

Edna,

soy Jack Kelley. Ponme con el Golden Empire.

¡Srta. Renchler! No esperaba encontrarla aquí.

- Tengo que hablar con Ud. - Bien, pase.

¿Por qué vino al rancho esta mañana?

- Por trabajo. - Tengo que saberlo.

- No estoy seguro de que Ud... - ¿Fue por algo que ocurrió anoche?

¿Qué sabe de lo de anoche?

La verdad es que nada, es sólo que...

Ocurre algo en el rancho, ¿verdad?

Sí, eso parece.

Me temo que asesinaron a alguien allí anoche.

¿A quién?

A un obrero, un chico llamado Juan Martín.

¡No! ¡No, Juan no!

Srta. Renchler.

Pero si ayer...

¿Cómo ocurrió?

Es lo que intento averiguar.

¿Seguro...? ¿Seguro que está muerto?

Lo siento.

Skippy, ¿quiere contarme algo sobre ello?

No puede comprender lo que es...

ser hija de un hombre como papá.

Nadie es lo bastante bueno para ti, ninguno de los chicos del pueblo.

Y no había nadie más, pero estaba Juan.

¿Usted y él...? Quiero decir...

No era nada serio.

Aquello es muy solitario, y Juan era de mi edad.

Pero papá tampoco quería que estuviese con los del rancho,

a no ser con Yates, cuando salía a montar a caballo.

Me divertía con Juan.

No hacíamos nada.

Sólo lo pasábamos bien juntos.

¿Sabía su padre lo de Juan y usted?

Pero seguro que Yates sí.

Si le ocurrió algo malo, no lo hizo papá, fue Yates.

Es un hombre horrible.

Lo sé por su forma de mirarme, y por lo que piensa de mí.

¿Cree que quizá se enteró de lo de Juan y estaba celoso?

Se lleva tan bien con papá,

demasiado bien para que papá se dé cuenta.

Anoche yo estaba en la cama.

Al principio pensé que estaba soñando,

pero ahora no opino igual.

Oí gritar a un hombre.

Perdona, Ben, no sabía que estabas ocupado.

- Buenas tardes, Srta. Renchler. - Enseguida os atiendo.

Es mejor que me vaya.

Espera, Ben. Queremos hablar contigo. Es importante.

Sí, vale.

- Pasad y coged unas sillas. - No esperaba encontrármela aquí.

Yo tampoco.

Bien,

¿quién dirige el condado si todos estáis aquí?

Seguro que estamos a más de 37 grados.

Sí, por lo menos.

Bien, ¿en qué puedo serviros?

Adelante, Herb, vamos al grano.

Con franqueza, Ben, es sobre ese asunto de Martín.

El bracero al que Chet Huneker atropelló esta mañana.

Jake Kelley nos lo contó.

Yo... No entendemos qué pasa.

¿Por qué sigues removiendo el asunto?

Estas cosas son normales.

No es la primera vez que atropellan a alguien.

Chet admitió que atropelló al chico.

Me temo que la cosa no será tan sencilla.

Ben, sabes que no nos meteríamos en esto sin motivo.

¿Y por qué habéis venido?

Porque recibí una llamada.

Deja que adivine.

De Renchler.

- No tiene nada de malo. - No, supongo que no.

Dijo que fuiste al Golden Empire,

y que casi acusaste a unos empleados suyos de matar a Martín.

Fui a verle.

Pero no puedes ir al Empire y decirle una cosa así.

A Virg no le gusta que la gente husmee por el rancho.

De todas formas, Ben, la mayoría de nosotros,

la Asociación y todo el mundo, creemos que lo que ocurra

entre los obreros del Empire no es asunto nuestro.

No tenéis que hacer cumplir la ley en el condado de Bingham.

Pagamos tu sueldo.

Fui a investigar una denuncia de asesinato.

¿Y quién lo denunció? ¿Otro obrero?

- ¿Qué importa eso? - Por Dios, sé razonable.

Hablamos de Virg Renchler, no de alguien corriente.

Debemos mantener la cabeza en su sitio.

Mirad, tengo un testigo que dice que vio cómo Yates y Huneker

mataron a Juan Martín a golpes anoche, con el mango de un pico.

Jura que lo vio y no veo por qué iba a mentir.

¿Debo explicarte lo que Renchler significa para este pueblo?

¿Sabes qué pasaría si el Empire comprara sus suministros

en Sonora o Cherokee?

¿Y si decidiese llevar su ganado a Sonora?

¿Y si le dijese a sus empleados que no comprasen más aquí?

Sabes, y nosotros también, que el pueblo se arruinaría.

No dijo que lo haría, pero lo insinuó.

Ben, tienes que detenerte.

Si Renchler no tiene nada que ocultar, no debe preocuparse.

¿De qué tiene tanto miedo? Haremos una investigación,

y si mi testigo miente, Renchler estará libre de sospecha.

La verdad no hace daño a un hombre inocente.

No puede ser, Ben.

Renchler dijo que esto terminase, y eso debemos hacer.

Ahí tenéis vuestra cárcel.

Esto es el Código Penal.

Los votantes de aquí me eligieron "sheriff",

porque les dije que respetaría este código,

y eso haré, sobre todo teniendo un caso de asesinato.

- No tienes un caso de asesinato. - Creo que tal vez sí.

Si sigues con esto, le quitarás el pan de la boca a todo el pueblo.

Cerrarás las puertas de Spurline.

¿No habéis pensado que no seré yo quien lo haga?

En este condado hay montones de braceros como Martín.

Nadie sabe cuántos hay, y a nadie le importa.

Muchos de ellos están en este país de forma ilegal.

La gente decente tiene bastante con ocuparse de su vida.

Pero de repente,

tienes que perseguir al hombre más importante del condado,

y quizá del país, porque mataron a un bracero borracho.

No permitiremos que arruines al pueblo.

- Voy a cumplir con mi deber. - Oye, mira...

Cálmate, Herb. Enfadarse no servirá de nada.

Todo el pueblo lo sabe ya.

Si sigues adelante, todos te odiarán.

Vámonos de aquí.

Soy Ben Sadler, póngame con el juez McCullogh.

¿Jack? Soy Ben.

¿Cuánto tardarás en darme una orden de registro?

¿Media hora? Bien, pasaré a recogerla.

El Golden Empire.

No, no bromeo, y sé lo que hago.

Muy bien, gracias.

- Hola, Ben. - Buenas tardes, Tony.

- ¿Puedes atenderme pronto? - Enseguida.

Pronto invitarás a venir a los "espaldas mojadas".

Tal vez sí, Sr. Jenkins.

Son 50 centavos, Sr. Jenkins.

- Buena forma de perder clientes. - No tiene gracia, Tony.

No tengo miedo.

No tiene otro sitio donde cortarse el pelo.

Tampoco te beneficia mucho hablar conmigo.

Vamos, siéntate. ¿Vas a estar hablando todo el día?

En serio. Las noticias vuelan en este pueblo, te buscarás enemigos.

Te diré una cosa.

Mi padre murió el año pasado, tenía casi 93 años.

Pasó más de 30 años en este país,

pero aún no sabía hablar inglés.

Así que quizá yo opine distinto respecto a la gente como Juan Martín.

De todas formas, no sé dónde se corta el pelo Renchler,

pero no es aquí. - Pero tienen bastante razón.

Renchler no tiene más que llevar su ganado a Sonora,

y ni siquiera tendremos ferrocarril.

Te lo aseguro, Ben.

Puedo trabajar de barbero en cualquier sitio.

No tiene tanta importancia.

De todas formas, este pueblo tampoco es mucha cosa,

hace demasiado calor.

Y te diré una cosa más.

Aún tengo parientes en Italia.

En los años 20 tuvieron problemas con un tipo como Renchler,

y ya sabes lo que ocurrió entonces.

No quiero que ocurra lo mismo aquí.

- Un momento, no puedo con más. - Sí que puedes

Y él dijo: "Es lo que me dijo el chino".

¿Sí?

El "sheriff" acaba de salir del juzgado, creo que va al rancho.

Ed, vamos siéntate.

Ve al rancho, conseguiré esa información enseguida.

Bien. No pasará de la verja.

Bebe algo, Ed.

Él no aguanta el alcohol como tú.

- Hace mucho ruido. - Abra.

No puedo, no hay nadie en casa.

Además, tengo órdenes especiales respecto a Ud.

No me importa que no haya nadie en casa, abra.

Tengo órdenes de no dejarlo pasar.

Tengo una orden de registro, así que abra.

- Al Sr. Renchler no le gustará esto. - No lo hago para que le guste.

Abajo, Rocco. Abajo. Abajo. Abajo, Rocco.

Parece que el perro cumple mejor las órdenes que Edmund en la verja.

El jefe dijo que no quería que el "sheriff" husmease más por aquí.

Parece que no va a salir.

Y a mí que va a tener un perro muerto, ¿no?

Al jefe no le gustaría mucho.

Es un chucho muy bueno, cuando se llega a conocerlo.

Más vale que lo sujete. Lo mataré si deja que me ataque.

No voy a soltarlo, "sheriff". No tengo nada contra nadie.

Sólo hago lo que ordena el jefe. Vamos, Rocco.

Vamos.

"Sheriff".

- No encontrará nada. - ¿Qué quiere decir?

Ha venido a registrar el cuarto de herramientas, ¿no?

Sí, se me ocurrió echarle un vistazo.

Yates ordenó que lo limpiasen esta mañana.

- ¿Dónde está su padre? - Se ha ido. Creo que al pueblo.

- ¿Y Yates? - Con él.

Es mejor que vuelva dentro.

- ¿Está allí? - Sí.

La hija del jefe salió y habló con él.

Vigila si sale el "sheriff".

Ahí viene.

Para ser un hombre inteligente, es duro de mollera, "sheriff".

El Sr. Renchler dijo que no lo quería husmeando por aquí.

- Eso me han dicho. - Yo que Ud. le haría caso.

No me gusta que nadie se meta con él.

- Pero yo no soy usted. - Es verdad.

Y me alegro.

Porque no me gustaría estar en su lugar.

Hola, Rocco.

¿Tienes calor?

¿Tienes calor?

Skippy,

fuiste al pueblo,

y te había dicho que te quedases en casa.

¡Está muerto!

¿Quién? ¿Quién está muerto? ¿De quién hablas?

De Juan, de Juan Martín. Alguien del rancho lo mató.

¿Por qué lo hiciste? No hacía daño a nadie.

Cariño, ¿no pensarás que podría matar a alguien?

- Es tu rancho. - Skippy, créeme...

Dices que lo controlas todo.

Quizá ordenaste matarlo porque era mi amigo.

Puedo pegar a todo el condado si es necesario,

pero no puedo luchar contigo.

Puedes pegarle a un pobre chico que no pudo defenderse,

igual que hiciste con mi madre cuando no le gustó cómo actuabas,

como si fueses Dios.

No comprendes, cariño.

No sabes lo que ha pasado.

Juan está muerto, lo sé. Y tienes la culpa. ¡Te odio!

Espero que te atrapen, y si puedo ayudar a que te castigen, lo haré.

¿Qué tal le fue?

Cisneros vive con ese cosechero llamado Clay.

- Claro, es lógico. - Sí.

No se preocupe más por el "sheriff".

Amañé su coche para que perdiese una rueda.

¿Qué?

Aflojé unas tuercas de la rueda mientras él husmeaba por el granero.

- ¡Idiota! ¡Estúpido idiota! - ¿Qué pasa?

¿Quieres que la Policía Estatal nos persiga?

- Quería que no investigara, ¿no? - Te estás pasando.

No voy a implicarme más, tú cavaste este hoyo.

Por mí, puedes salir de él tú solito.

Un momento, Sr. Renchler, no saldrá de esto así como así.

No fue idea mía darle una paliza.

Dio la orden al enterarse de que cortejaba a su hija.

No te pedi que lo mataras.

¿Piensa que alguien lo creerá?

- Es la verdad. - Demuéstrelo. Intente demostrarlo.

No, no es tan fácil.

Al barro no le importa a quien salpica.

Puede que no le guste,

pero está metido en esto tanto como yo.

- Un corte profundo. - Sí.

Pero tuvo suerte.

Podría haber sido peor.

Váyase a casa y métase en cama.

No puedo, doctor. Tengo mucho que hacer.

- Quizá mañana. - Se lo desaconsejo, pero,

tómese una de estas pastillas, si el dolor le molesta.

Vale, doctor. Gracias.

¡Ed!

¿Qué tal, "sheriff"?

¿Qué le ha pasado?

Conoces mis órdenes sobre lo de beber estando de servicio.

Le diré una cosa.

Creo que sus órdenes no tardarán en dejar de tener importancia.

- ¡Ya estoy harto! - Un momento, señor importante.

Alguien más importante que Ud. me dijo que bebiese, así que bebo.

¿Qué le importa?

¿De qué hablas? ¿Quién te dijo que bebieses?

Un amigo mío. Mi amigo Virg Renchler.

- ¿Qué quería? ¿Qué le dijiste? - Deje de sacudirme.

¿Qué le dijiste?

Dijo que le debía unos atrasos que quería pagarle.

- ¿A Cisneros? - Sí.

¡Dame tus llaves!

¡Las llaves de tu coche!

Estábamos en el campo cuando lo oímos.

Estaban disparando.

Los vi cuando se marcharon.

Eran dos.

Llevaban máscaras.

Los vi.

Pero ellos no me vieron.

Vinieron con pistolas,

y le dispararon.

- Diga. - Escucha, rubita.

- Dile a tu marido que lo deje. - ¿Quién es? ¿Qué quiere?

- O lo deja, o serás una viuda joven. - ¿Quién es?

¡Oiga!

- ¿Helen? - Estoy aquí.

¡Ben!

No me dijiste que estabas tan malherido.

- Déjame verte. - No te preocupes.

Mira, yo...

quiero que pases la noche en casa de tu hermana.

- ¿Por qué? - Quiero que lo hagas, nada más.

Quizá tenga que trabajar toda la noche, y no quiero que estés sola.

Yo contesto.

- Diga. - Escucha, héroe,

sal del pueblo mientras aún estés entero.

¿Quién habla? ¿Quién es?

- Si no lo dejas, lo descubrirás. - ¡Oiga, escuche!

¿Edna? Edna, soy Ben Sadler.

¿Puedes decirme quién acaba de llamarme a casa?

Fue desde una cabina.

Muy bien, gracias.

¿Ha ocurrido esto antes?

Desde primeras horas de la tarde.

- Cada media hora, más o menos. - ¿La misma persona?

Distintas.

¡También tenía que afectarte!

Ben,

asegúrate de que tienes razón antes de seguir adelante.

Llevamos tiempo viviendo aquí. Estas personas son nuestros amigos.

¿Que me asegure de que tengo razón?

¡Han matado a dos hombres!

Sé que voy contra todo el pueblo, pero...

Cariño, tienen miedo.

De perder sus hogares y todo lo que tienen.

Empieza con un chico al que nadie conocía,

lo matan en el rancho, al menos...

le pegan hasta matarlo.

Quizá parezca que un camión lo atropelló, pero ahora sé que no.

No fue un accidente, sino un asesinato.

Matarás a nuestro pueblo si sigues adelante.

Ese Martín ni siquiera vivía aquí.

Cisneros no vivía aquí tampoco, pero murió aquí.

Sólo digo lo que dicen todos.

¿Qué será de Spurline?

¿Y de todos, sin los beneficios que deja el rancho?

¿Qué será de él sin la ley?

A menos que volvamos a ser bestias,

la ley debe ser igual para todo el mundo.

Para un "espalda mojada" como Martín,

para un obrero como Cisneros, para un cosechero como Clay,

e incluso para un hombre rico como Renchler y su capataz.

Quédate aquí.

JUZGADO DEL CONDADO DE BINGHAM

Puedo hablar con el juez McCullogh y empezar el proceso.

Pero hará falta tiempo para echarlo.

- ¿De qué lo acusaremos? - No sé. De algo.

Qué rápido habláis, os resulta fácil. Pero yo se lo dije a Renchler,

lo llamé y se lo dije todo, que ese Cisneros era el testigo.

Y ahora está muerto. Es algo que no puede olvidarse.

Jake, no puedes culparte por la muerte de Cisneros.

Soy tan culpable, como si hubiese apretado el gatillo.

No importa quién es el responsable.

En mi opinión despeja toda duda posible.

Herb, ¿sigues creyendo que fue un accidente

lo de la muerte de Martín?

Jim, despierta, eso no es lo que importa.

Olvida si fue o no un accidente.

Lo que importa ahora es la supervivencia.

No te servirá de nada quedarte aquí esta noche.

No puedes hacer nada más.

Espero el dictamen del Laboratorio Forense Estatal.

¿Esta noche?

Mira, Ben, soy tu amigo. Vete a casa y duerme un poco.

- Sadler. - "Sheriff",

¿quiere la verdad sobre la muerte de Cisneros?

- ¿Quién es? - No importa.

- ¿Quiere la información? - Claro que la quiero.

¿Conoce la vieja casa Blakeslee a las afueras del pueblo?

La conozco.

Esté allí dentro de 15 minutos.

Solo.

Muy bien, allí estaré. Pero ¿quién habla?

¡Oiga!

- ¡Oiga! - Ben, ¿quién era?

No sé.

Alguien que dijo que podía darme información sobre Cisneros.

Dijiste que te reunirías con él, pero no irás, por supuesto.

- Sí voy a ir. - No puedes.

Es una trampa, lo sabes bien.

- Sí, supongo que quizá lo es. - Entonces, ¿por qué vas a ir?

Mira esto que hay en la mesa.

No tengo pruebas suficientes para detener a nadie.

Claro que es una trampa, pero quizá, tal vez no lo sea.

Hay una posibilidad entre mil de que no lo sea,

pero debo aprovecharla. - Entonces voy contigo.

No.

Esto es cosa mía, y debo solucionarla solo.

Además, el hombre dijo que debía ir solo.

- ¿A dónde, Ben? - A la vieja casa Blakeslee.

Te doy una hora.

Si no estás de vuelta, llamaré a la Policía Estatal.

Vale.

¡Alto!

Vuélvase y levante las manos.

¡Huneker! O sea que era Ud.

Bien empiece a hablar.

Si tiene algo que decir, dígalo.

Bueno, "sheriff",

de esta forma quería hablarle del asunto Cisneros.

Voy a matarlo. Dame eso.

Quieto, Chet. El jefe no dijo que lo matásemos.

Sólo que le diésemos una buena paliza.

No es suficiente.

Nadie me hace eso sin pagar por ello.

Tengo una idea.

Échame una mano con él.

- Hablaré con Ben mañana. - No me gusta.

A ninguno nos gusta, pero vamos en el mismo barco.

¡Basta ya!

¡Sigue!

¡Eh! ¡Parad!

¡Sigue!

¿Cómo está?

- ¿Ha terminado? - Sí, casi.

Tranquilo, Ben. Te llevaré a casa.

Pase por la consulta y le daré algún medicamento.

Muy bien, doctor.

Oiga, Ben, vamos a llevarlo a casa.

Y esta vez tiene que quedarse en cama.

- Ben, quiero que sepas que... - ¿Por qué no te callas?

¿Qué va a hacer?

- No irá a ningún sitio, no puede. - No intente detenerme, doctor.

Si no hace caso a lo que le he dicho, no mo hago responsable.

Espere un momento.

Ben, ahora no puedes hacer nada. Debes hacer caso al doctor.

Ben, en mi vida me he quedado más atónito.

¡Atónito!

¿Te quedaste atónito?

¿Vosotros, la gente decente os sentisteis atónitos?

Por Dios bendito, ¿por qué?

¿Porque me llamo Ben Sadler, en vez de Juan Martín?

¿Porque soy un contribuyente en vez de un vagabundo?

Por fin os sentís atónitos.

¿Qué hace falta para que os inmutéis?

El asesinato no es suficiente.

¿Os inmutasteis cuando empezaron a disparar y a romper ventanas?

Ya estoy harto.

He vivido aquí toda mi vida, pero sólo hoy me he enterado

de que en este pueblo no hay nadie con agallas.

Esto no es un pueblo, sino un teatro de títeres.

Estoy harto de que me mangoneen.

Sea como sea voy a detener a dos asesinos esta noche,

y si alguno de vosotros, gente decente, intenta detenerme,

hay espacio para vosotros en el cuarto interior de Jack Kelley.

- ¡Fuera de mi camino! - No puedes hacerlo de esta forma.

Eres el "sheriff".

Ahora puedo hacerlo a mi manera.

¡"Sheriff"!

¡"Sheriff"!

- ¿Qué quieres? - Voy con usted.

Esto no va contigo.

No se lo discuto, pero Cisneros era mi amigo, así que voy.

Además, no tiene coche.

Está por aquí, "sheriff".

Lo arrastramos por toda la plaza,

cortamos la cuerda y lo dejamos delante de su oficina.

No nos dará más problemas, no podrá.

Soy Renchler.

Hay algún "sheriff" de pueblo muy testarudo.

- Ya no lo será tanto. - ¡Eh! Ocurre algo.

Un coche atravesó la verja.

Os dije que os ocupaseis de todo.

Ahora me encargaré yo, fuera de aquí.

Estad preparados por si os necesito. Que no os vean.

Quédate ahí.

¡Renchler! ¡Salga!

¡Renchler!

Calma. ¿Qué hace aquí?

- Calma. - Va a venir conmigo.

¿No cree que esto ya ha ido demasiado lejos?

Razonemos las cosas.

Es demasiado tarde para hablar.

No hay razón para que dos hombres razonables y adultos...

No me venga con ésas.

Si quiere llegar al pueblo vivo, empiece a caminar.

Si quiere llegar muerto, siga hablando.

Mire, "sheriff"...

hay formas... - ¡Cállese y acompáñeme!

- ¡Ahora! - ¡A por él!

¡Idiota!

Ya basta. Mete al perro en la casa.

¿Y ahora qué?

Mételo en su coche.

Tíralo desde el puente al barranco, que parezca un accidente.

Ocúpate de Clay.

¿Qué hacéis aquí?

¡No se os ha perdido nada aquí!

¡Vamos, volved al pueblo, que es donde debéis estar!

¡Parker!

¿Quién se cree que es? Sabe a lo que se arriesga,

haré que lo cesen de su cargo en un abrir y cerrar de ojos.

Youngquist, no venderás más pienso en este condado.

¡Shaney!

Begley, pagarás por esto.

Santoro, barbero de pacotilla.

Os enviaré de vuelta al sitio al que pertenecéis. ¡Os lo advierto!

¿Quién creéis que mantiene vivo vuestro pueblo? Volved al pueblo.

¿Qué os pasa?

Os aseguro que acabaré con todos vosotros.

Por última vez, ¡fuera de mi rancho!

- Me rindo, no disparen. - Bien, metedlo en el coche.

Échame una mano.

Toma, hazlo tú.

Gracias, Ben.

Vas a necesitar esto.

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