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Original subtitles

EL MUNDO EN SUS MANOS

LA HISTORIA ATESTIGUA QUE ESTADOS UNIDOS

COMPRÓ ALASKA EL 30 DE MARZO DE 1867

SE CUMPLIÓ UN SUEÑO QUE EMPEZÓ AÑOS ANTES,

EL DÍA QUE EL CAPITÁN JONATHAN CLARK

ANCLÓ "LA PEREGRINA"

ENTRE MILES DE BARCOS ABANDONADOS

QUE SE PUDRÍAN EN...

¡Cien dólares por firmar con el "Golden Clipper"!

¡Shanghai Kelly invita a una copa!

¡Cien dólares más la paga!

¿Cien dólares? No, vamos a por oro.

¡Una copa antes de salir!

Shanghai Kelly invita a una copa, chicos.

Olvídalo, Shanghai, vamos a buscar oro.

¡Oye, tú!

Tranquilo.

No te metas con él, es Jonathan Clark.

- ¿El hombre de Boston? - Sí.

- ¿No le habían colgado? - Eso quisiera Shanghai Kelly.

Vamos.

Bienvenido, capitán Clark.

La casa invita a la primera, ¿qué va a ser?

Whisky.

- Has secuestrado a mis marineros. - Te equivocas.

- Echaré un vistazo. - No entrarás ahí.

- La puerta, Pequeño Pagano. - ¡Vamos!

¡El hombre de Boston!

Ogeechuk, baja y suéltalos.

¡Atrás!

¡Cara a la pared!

Lo que no ves no duele.

Atracamos hace 3 horas y ya estáis atados de pies y manos.

Dije que os alejarais del Barbaty Coast.

- Quedamos donde Cleggett. - Tranquilo.

Es normal que quieran beber después de dos años.

Si quieren whisky, les daré un tonel a cada uno.

Vámonos antes de que pierda la paciencia.

¡Vamos!

¿Qué desea, señor? ¿En qué puedo?

Oiga, ¡no puede entrar ahí!

- Padre, le he dicho que... - ¡Jonathan, qué alegría!

William, el capitán Jonathan Clark, el hombre de Boston.

¡El hombre de Boston!

William siempre ha soñado con embarcarse con usted.

Será un placer, William, habla con mi segundo.

Deacon Greathouse, de Nueva Escocia, y...

- Es un honor, señor. - Conocer a este también lo es.

- Es Ogeechuk, mi piloto. - William.

Trae whisky, la damajuana.

Esperaba que William le conociera antes de que...

Antes...

- ¿De que me cuelguen los rusos? - Pues sí.

Dijeron que una goleta rusa había salido para apresarle.

La vimos, pero había buen viento.

- Decidimos... - Le esperaba una dama.

¿Cómo se llama la afortunada, señor?

- No era nadie. - Vergüenza debería darte.

¡Mujeres!

Tienen una boca más suave que el aceite,

pero la lengua más amarga que el ajenjo.

Joven,

¿es verdad que en esta ciudad hay diez veces más mujeres guapas

que en cualquier otra ciudad?

Mi hijo no es un experto en la materia.

Usted quizá lo sea.

Puedo investigar y...

No se moleste, me encargaré de hacerlo.

- Y hablando de focas... - ¿Focas?

Una piel de primera, la mejor desde su última visita.

- ¿Tiene más? - Todo un cargamento.

¿De esta calidad?

- ¿A qué precio? - Decídalo usted.

Es honrado, pero ahora necesito fondos.

Claro, ¿mil, dos mil? William, trae dinero.

50.000 para empezar.

- Diez mil en líquido si los tiene. - Diez mil, William.

Un cargamento de pieles de primera.

Estaremos en el hotel Occidental.

- Pásese esta noche. - Con mucho gusto.

¡Vamos!

Capitán,

el trato que mencionó hace dos años, unos caballeros...

- ¿Sí? - Están interesados.

- El acuerdo con los rusos. - Sí.

Hacerse con la Compañía de Pieles de Alaska.

- He cambiado de idea. - ¿No quiere comprarla?

Quiero comprar Alaska.

¿Comprarla? ¡Costará millones!

Diez, exactamente.

- Piénselo, Sr. Cleggett. - Le dejaré mi coche.

¡Cochero, acércate! ¡Cochero!

Cualquier cosa que necesite, estamos a su disposición.

¡Al Occidental!

¿Y nosotros?

Caminaréis encadenados tras los carros

para que vuestros pasos no se desvíen

y vuestros ojos no miren las puertas de los bares.

- ¿En serio quiere comprar Alaska? - Claro.

Es fabuloso, loco, imposible,

pero si ha decidido comprar Alaska, lo hará.

El hombre de Boston ha vuelto.

Deacon está con él.

Mamie, ha llegado Jonathan Clark.

Ha traído a Ogeechuk.

Se va al Occidental.

Apuesto a que no les dejan entrar.

- ¿Qué hacen en el Occidental? - Hablaré con el director.

- ¿Han llamado? - Quiero habitaciones.

- Lo siento, el hotel está lleno. - Que estén en el segundo piso,

con vista al puerto, necesitaremos diez suites.

¿Serán suficientes?

Permítame sugerirle un hotel más cercano al puerto.

También necesitaremos el salón principal.

Instale varias barras

y cien cubiertos.

Pues Salomón, en su sabiduría,

decretó que los trabajadores se recreasen.

¿Crees que se ha recreado alguna vez?

Es discutible.

No solo es discutible, es ridículo.

Ya les he dicho que no hay habitaciones.

Le agradecería que sacara a este apestoso

aborigen de aquí antes de que me desmaye.

Mil dólares diarios, más la comida y el alcohol.

¿No entienden que?

¿Mil dólares?

La llave de la suite presidencial.

¡Rápido, imbéciles! El equipaje de los señores.

- No llevan equipaje, señor. - ¡No me repliques!

Hola, amigos.

He visto tu barquita en el puerto.

Y he pensado: "Vaya, Portugués,

el H. De Boston ha vuelto de las Pribilof'.

"Seguro que no ha cazado ni una foca".

- Eso he pensado, ¿qué dices? - Que piensas mal.

Vaya, has cazado muchas.

Algunas.

Te echamos de menos, ¿dónde estabas?

Este año no he ido, no tengo tripulación.

Me la secuestraron, estarán en China.

Vaya.

- A ver las habitaciones. - ¿El caballero está con usted?

Este caballero no es tal.

Es un ladrón que se gana la vida robando focas a los rusos.

No se baña ni se afeita,

no sabe lo que es dormir entre sábanas.

Cuando hay luna llena, se pasa la noche aullando.

Luego se hace un ovillo y duerme hasta las doce.

- ¿Verdad, Portugués? - Me conoce bien.

Pero te vas a sorprender, ya no robo focas.

He hecho un trato, un trato muy grande.

Un ruso importante me ha contratado.

Llevaré a una condesa rusa a Sitka, ¿qué te parece?

Que os llevaréis bien.

No hables así de una condesa rusa.

- Tú, ¿vienes como mi segundo? - Aléjate de mí, Portugués.

Vinagre para los dientes y humo para los ojos,

así es tu voz para los oídos de un hombre honrado.

La mejor tripulación de Nueva Inglaterra.

Tengo la mejor tripulación del Pacífico.

¡Hola, amigos!

¡Venid, el Portugués invita!

A cerveza.

¡Salud y dinero!

- ¿Ya está todo preparado? - Está preparado.

Bien, partiremos esta noche, con la marea.

¡Esta noche, con la marea!

¡Vamos, vamos!

Amigo, no saldremos.

- No tengo tripulación. - Me dijo que tenía.

Sí, la tenía esta mañana.

¿Los ve? La mejor tripulación del mundo.

Se los quité al H. De Boston, pero ya no los tengo.

Me los quitó él a mí, es un ladrón.

¡Esto es ridículo!

Mejor tomamos 5 ó 6 copitas.

Me aseguró que zarparíamos esta noche.

Aceptó el dinero de la condesa, 25.000 dólares en oro.

- Es verdad. - Debemos zarpar hoy.

El príncipe Semyon está en camino, puede que llegue en unas horas.

- ¿Qué tiene que ver conmigo? - Nada.

Pero la condesa deberá casarse con el hombre que más odia.

Para mí, es un asunto

de vida o muerte.

Parece que morirá, amigo mío.

Vamos, 4 ó 5 copitas.

Hay bourbon, cerveza, vodka, ¿qué quiere?

Quiero mis 25.000 dólares, si no le importa.

- ¿Por qué? Tenemos un trato. - Lo ha roto.

¿Qué más da? Tenemos un trato.

- Vodka para usted. - No ha cumplido su parte.

Los tratos con el Portugués no se rompen.

- ¿Cuándo veré a la condesa? - ¡No la verá!

Tiene 48 horas para encontrar una tripulación.

¡Nadie juega conmigo!

Tampoco juego con hombres.

Dígame, ¿la condesa es guapa?

Los rusos son muy raros.

Te dan dinero, quieren quitártelo.

Que quede entre nosotros, pero es un ladrón.

¡Cuidado!

Llévalo con mucho cuidado.

Te conozco, eres un manazas.

No se preocupe, señora.

Bien, ya estamos, ¿y el barco?

- ¿Zarpamos esta noche? - No.

¿Qué? Pero, ¡esto es ridículo!

Primero dice que nos vamos,

y ahora dice que nos quedamos.

Si nos vamos, nos vamos, y si nos quedamos, nos quedamos.

- No tengo la culpa. - No lo entiendo.

- Dijo que... - No puedo preverlo todo.

- ¿A qué viene este alboroto? - Señora.

- No zarpamos esta noche. - ¿Por qué no?

Al parecer, el Portugués encargó a uno

que robara la tripulación del hombre de Boston.

- ¿Quién es el H. De Boston? - Un pirata.

Caza focas en las Pribilof.

Casi lleva a la quiebra a la Compañía de Alaska.

Le haría un gran favor al gobernador

si le llevara la cabeza de Jonathan Clark en una cesta.

Mi tío tendrá que aceptarme sin cesta.

- ¿Qué pasa? - Su tripulación.

El hombre de Boston recuperó a sus hombres,

se hospedan en el hotel.

Quizá haya tratado con el hombre equivocado.

¿Por qué no contrata al hombre de Boston?

Señora, es un pirata, un enemigo del zar.

¿Eso importa?

¿Ha olvidado que ni usted ni yo

estaremos seguros hasta llegar a Alaska?

Allí tampoco,

si el gobernador hace caso del zar y no la escucha.

No se preocupe por mi tío Iván.

- Me hará caso. - Bien, señora.

- Hablaré con el Portugués. - Olvide al Portugués.

- Hable con el hombre de Boston. - Señora, es casi un bandido.

Quiero la chaqueta azul con solapas de satén.

Y también dos marrones, no, que sean tres.

- ¿El alcalde y el gobernador? - Sí, están invitados.

Bien, ¿estaba Joe Sweeney en la Oficina del Tesoro?

No, por desgracia, van a colgar al Sr. Sweeney.

Al parecer, se trata de un caso de desfalco.

Qué pena, sabía beber.

Quedamos pocos.

Ogeechuk, ¿no te gusta?

Vamos.

Disculpe.

¿Es el capitán de la goleta que atracó esta mañana?

- Así es, ¿qué vende? - Quiero contratarle.

Debemos ir a Alaska.

Lo siento, acabamos de volver de Alaska.

Sacará un buen dinero a cambio.

Se trata de la condesa Selanova y su séquito.

Paul Shushaldin, coronel de la Guardia Imperial

de Su Majestad, el zar de todas las Rusias.

Si es así,

permítame presentarle a otro súbdito del zar.

Malu, saluda a un oficial del zar.

No se sorprenda, verá muchos en Alaska.

Malu, cazador aleutiano de focas.

Un año no cazó bastantes focas para pagar al zar.

Barinov, el último gobernador, le cortó la mano.

Malu trabaja para el H. De Boston, ya no es un esclavo.

- Disculpe, el sombrero ha llegado. - Gracias, Eustace.

Una copa para el general.

No, no, ahora no.

Nada de sombreros en la cama, da mala suerte.

Señor, puedo ofrecerle 25.000 dólares

por llevar a la condesa a Sitka.

Perderá dientes si no deja de decir idioteces.

A ver si lo entiende.

No me gustan los rusos, los nobles aún menos.

En cuanto a la condesa,

dígale a esa vieja que por mí, puede ir nadando.

Sí, y que vaya mar adentro para no asustar a las focas.

- Louise no puede estar aquí. - Nunca había visto una bañera.

Me parece muy bien, jovencita, pero la bañera es mía.

Ogeechuk, Louise se va.

Vamos.

Vamos.

Recordad, comportaos como damas.

¡Mamie!

Eres lo más bonito que he visto en dos años.

- ¿Me has echado de menos? - Un poco, tonta de mí.

Lena, ¿una patada?

Copas, Eustace.

No tienes vergüenza, Jonathan.

- Pero me quieres. - Por tu dinero.

Capitán Clark, le daré 75.000 dólares si...

- ¡75.000 dólares! - Tómese una copa.

Chicas, el general... ¿Cómo se llama?

Paul Shushaldin, coronel de la Guardia Imperial

de Su Majestad, el zar de todas las Rusias.

Qué maravilla.

Un coronel imperial con 75.000 dólares.

Es mi tipo.

75.000 con medallas.

No sea tímido, coronel.

Coronel, ¿por qué huye? Solo somos bailarinas.

- Tómese una copa con nosotras. - Señoras, por favor.

Coronel, ¿ha perdido el juicio?

¡Esto es una indecencia! ¿Quiénes son estas mujeres?

¡Huele a ballena muerta!

Piotr, míralo tú y dime qué clase de monstruo es eso.

- No huya, coronel. - ¡Horror!

Venga a la fiesta esta noche.

- ¡Es mío! - ¡Es mío!

- ¡Es mío. - Señoras.

- Hagan el favor de irse. - No le gustan las camareras.

¡Un esnob!

¡Por los percebes del casco!

Venga a la fiesta y le devolveré la medalla.

¡Vamos!

¿Estas damas son amigas suyas?

Claro que no, señora, son amigas del H. De Boston.

- ¿Ha hablado con él? - Sí, y me ha insultado.

Odia a los rusos, sobre todo a la nobleza.

No es el único.

- ¿Le ofreció un buen precio? - El dinero no le importa.

Es un bárbaro que solo se preocupa por el vino y las mujeres.

- ¿Mujeres? - Como esas, es insoportable.

Pero tiene barco y tripulación.

Matilda, permita que le presente a Jonathan Clark, el H. De Boston.

- Jonathan, la Sra. Mallard. - ¿Mallard?

La Sra. Harrison Crocker Mallard, del banco Mallard.

Sra. Mallard.

¿Me honra con este baile?

Una fiesta deliciosa, deliciosa.

Esto es peor que la calma chicha.

- Queremos pasarlo bien. - ¿Bien?

Hijo, a esto se le llama finanzas, altas finanzas.

¿Finanzas?

Al parecer, el capitán ha decidido comprar Alaska

por una suma entre ocho y diez millones de dólares.

Eso es mucho dinero, señor, ¿de dónde lo sacará?

Está bailando con la mitad.

Sr. Greathouse,

han desaparecido las cortinas de la suite presidencial.

Tiene una explicación.

Basta con mirar al orgullo de las Pribilof.

Una puesta de sol aleutiana.

Esto es demasiado.

Permítame que me despida.

Si volvemos a vernos, que sea con una sonrisa.

Y si no, hace bien en despedirse.

Ahí están las chicas del Bon Ton.

- Abran paso. - A ver si esto se anima.

Esta fiesta está moribunda, vamos a rematarla.

Vamos a por un baile escocés.

Y que sea rápido.

Recordad, comportaos como damas.

Ahí están, muchachos, desfilando.

Dejad las copas y escoged a la vuestra.

¡Despejad el puente! ¡Cerrad escotillas!

¡A tierra los que se quedan!

Pareja del centro al cuatro.

- ¿Y el bar? - Pensé que debías aburrirte.

Lo cerré y he traído a la pandilla.

Cabeza y pie a medio camino.

Una vuelta y andando.

¡Qué horror!

Nunca pensé vivir para ver semejante vergüenza.

Es vuestra oportunidad.

Escoged a vuestra pareja y a bailar.

Mire a esa mujer.

Lleva la cruz de la Orden de Santa Ana.

¡Es su medalla!

¡Esto es un sacrilegio!

Por dentro y por debajo.

Escoged pareja y tocad la luna.

Antes te dabas más prisa en encontrarme.

Antes había más que encontrar.

- ¿No te gustaban delgadas? - Digamos que me gustan...

Marinero, has naufragado.

Búscate otra pareja.

Vaya, vaya.

¿Cuánto llevas en el Bon Ton?

- ¿En el Bon Ton? - Sí.

Creía que Mamie las escogía rellenitas.

Sí, Mamie, es muy simpática.

Dura por fuera, pero un corazón de oro.

Ven, háblame de ti.

Dos tragos de Red Terrier.

Es el mejor.

¡La ha llevado a la barra!

¡Por las mujeres y la pólvora!

Otros dos.

¡Hola, amigo!

El Barbaty Coast está muy solitario.

Pregunté dónde estaban todos,

dijeron que el hombre de Boston daba una fiesta.

Se le olvidó invitar al Portugués,

pero no pasa nada, me he invitado solo.

He traído a unos amigos, aseados y afeitados.

Bueno, ¿qué te parece? Me he afeitado, cortado el pelo.

Incluso me he bañado.

Ya que te has bañado, quedaos a tomar una copa.

Pero recuerda, Portugués,

estás entre damas y caballeros.

Si dices una palabrota

o robas un reloj,

limpiarás el puente.

¿Qué dices? He venido a enseñarte a bailar.

- Y a enamorar. - Con cuidado, amigo.

- Esta es mía. - No, ni hablar, esta vez no.

Es la cuarta, no, la quinta que me robas.

Esta vez...

- Esta vez perderás. - ¡Dios mío!

¿Qué ocurre?

Bebe algo, ahora vuelvo.

¡Una pelea, se matarán!

Otro duelo.

El Portugués no aprende.

- Ánclame. - Hermanos.

El salario del pecado pesa en mi bolsillo.

¿Alguno de Vds. apuesta mil por el Portugués?

- Apuesto cien. - Échese a un lado, mil o nada.

- Mil al Portugués. - Bien.

Esta vez me llevo a la dama.

¿No hay más apuestas?

- Apuesto dos mil. - Hecho.

¡Hecho!

¡Aguanta, Jonathan!

El hombre de Boston flojea.

¿Quién más apuesta dos mil?

¿He oído dos mil?

¡Apuestas!

- ¿Quién apuesta tres mil? - Tres mil.

- Tres mil. - Hecho.

- ¿Y cuatro mil? - Cuatro mil.

Hecho.

- ¡Cinco! - ¡Cinco mil!

Su voz suena a gloria, hecho.

No tema, bella doncella, estará en buenas manos.

- ¡Venga, Jonathan! - ¡Vamos, vamos!

- Vamos, Jonathan. - Vamos.

Jonathan, parece que no hay más dinero.

Leva ancla.

¡Idiota estúpido, he perdido por tu culpa!

Es la sexta mujer que pierdo con el hombre de Boston.

Es bueno, ¿verdad? Y ahora, me despido.

No, antes un beso.

¡Marina en este trance!

No, no, esto me va a matar.

No está mal.

Bueno, aquí la tienes.

Gracias.

Gracias.

Mono parlanchín, ¿cómo se atreve?

- No me moleste. - Devuélvame mi...

Lo sé, su dinero.

Ya se lo he dicho, un trato es un trato.

Llevaos a este loco.

Hice un trato con ese hombre, es un ladrón ruso.

Mi reloj.

Me han robado el reloj.

- Portugués, te avisé. - ¿Qué?

Echad al Portugués y a sus aseados chicos.

Hay demasiado ruido.

¿Quién eres?

Una muchacha.

¿Qué muchacha?

Una muchacha rusa.

Eres del séquito.

No soy nadie.

Hago compañía a la condesa.

No soy un gran premio.

Cochero.

No puedo ir con usted, la condesa se enfadará.

- ¿Qué más da? - Me echará de menos y...

¿Qué importa?

Irlandés, entra y bebe algo, pásalo bien.

Gracias, capitán.

¿Te gustaría ir a algún sitio especial?

Me gustaría ver todo San Francisco.

Vamos allá.

Conque una muchacha rusa.

A ver de qué parte de Rusia eres.

- No soy de esa parte. - ¿No?

Al menos no tan deprisa.

Es costumbre preguntar a la muchacha cómo se llama

antes de intentar besarla.

Aquí, primero besamos, luego preguntamos.

- ¿Cómo te llamas? - Marina.

Marina, bonito nombre.

Venga ese beso.

Los vigilantes.

¿Qué celebran?

Llegamos a tiempo, van a ahorcar a Sweeney.

¡Branigan!

¿La cuerda está bien?

Si se rompe, le colgaré gratis.

¡Cuélgate con él, Branigan!

Sweeney, ¿no querías venir a mi fiesta?

Perdona, me han detenido.

- ¿Van a colgarle de verdad? - Claro.

¡No pueden hacer eso! ¡Deténgalos!

¡Branigan!

Te aposté mil dólares a que no le colgarías este año.

¡He perdido!

¡Oro, es mío!

Sweeney, ¡venga!

¿Le cogerán?

Estará en Sacramento antes del amanecer.

- Está loco. - No querías que le colgaran.

- ¡Capitán Clark! - ¡Nikolai!

Me alegro de verle, capitán, le echábamos de menos.

Sienta bien regresar.

Popov, Petrov, Pushnov, ¿cómo están los irlandeses?

Por aquí, señorita. Irlandeses, dice.

¿Qué le parece una "côtelette de volaille"?

- Adelante. - Y a usted, señorita,

¿le apetece un poco?

Creo que será demasiado pesado para mí.

¿No tendrá faisán?

Habla ruso, ¡maravilloso!

Le prepararé un "faisán à la Nikolai".

Cocido en vino blanco, con champiñones y nata agria.

Se chupará los dedos.

- ¿Qué ocurre? - El faisán está delicioso.

Me apunto.

- Y pon champán a enfriar. - Claro, con mucho gusto.

- ¿Por qué me ha traído aquí? - Son viejos amigos.

Dice que no le gustan los rusos, y ellos son rusos.

Lo fueron, ahora son yanquis.

¿Quieres oír algo?

- ¿Se sabe "Viento del norte"? - Sí, sí.

¿Qué significa?

Es una canción de amor y del mar.

En su idioma es algo así:

"Viento del norte, vienes del mar,

habla con mi amado y dile de mi parte..."

¿Sí?

Bueno, dice:

"Esperaré hasta estar entre sus brazos

para que me bese".

- Me estropeará el maquillaje. - Ya está hecho.

¿Tu padre era un jefe navajo?

Lo digo por la cantidad de pintura.

Pensé que le gustaban las mujeres empolvadas.

¿Y qué?

¿Por qué quieres interesarme?

¿Por qué?

Porque

tiene un barco y la condesa debe ir a Sitka.

¡Vaya!

Entiendo.

Primero manda al coronel ese para ofrecerme dinero.

Ahora te manda a ti para ofrecerme...

¿Qué ibas a ofrecerme?

- Te llevaré al hotel. - Por favor, no quiero volver.

Prometió enseñarme San Francisco.

Vale, de acuerdo, no te pongas así.

Te enseñaré San Francisco.

Brindemos.

- Brindemos por... - Por todos

los percebes del casco.

Capitán Clark.

La última vez que vino, me quemó el honorable local.

Me alegro de verte, todo está igual.

- ¿Qué ha dicho? - Quiere comprarte.

Me ha ofrecido 50.000 "ta yung".

¿50.000 "ta yung"?

- ¿Cuánto es? - 27 dólares.

Finge indiferencia.

Ha funcionado, ha subido a 54 dólares.

¿Ha vuelto a subir?

No, desea que nuestros hijos sean varones.

Luces, música, gente que ríe.

El Barrio Chino y el Barbaty Coast.

San Francisco es una ciudad de locos.

Porque todavía es joven, pero algún día crecerá.

Ojalá no lo haga.

He visto ciudades viejas.

Me eduqué en Londres, conozco Roma, Viena,

o San Petersburgo.

Ciudades en las que el amanecer puede traer problemas,

la muerte incluso.

Ojalá nunca ocurra aquí.

No ocurrirá.

La mantendremos joven.

Vendremos aquí cada mañana

para que San Francisco empiece bien el día.

¿Cómo?

Con un beso.

¿Dónde ha estado?

¿Qué ha hecho?

Señora, habrá alguna explicación.

Casi son las doce,

no ha vuelto desde anoche.

Está embrujada, hipnotizada.

Bueno, no ha perdido ninguna joya.

- ¿Ha visto esa mirada de loca? - Sí, sí.

Insisto, señora, habrá alguna explicación.

¿Qué ha hecho ese bárbaro?

¿Por qué no contesta? ¿No nos oye?

¿Le habló de Sitka?

- ¿Le preguntó por el barco? - Sí, el barco.

¡El barco, el barco!

¿Qué barco?

Si es un amigo, adelante.

Capitán Clark,

durante la fiesta se produjeron una serie de daños.

Veamos, 427 copas rotas.

361 platos, tazas y otras piezas de vajilla.

Catorce espejos.

Una araña fabricada en 1750, una pieza única.

Su aborigen ha dejado marcas de dedos grasientos

en todas las cortinas.

Ahora bien...

¿A cuánto asciende?

De momento, a unos 15.000 dólares.

Puede que esta suma se duplique.

Me parece razonable.

- Añádalo a la cuenta. - Ya lo he hecho, señor.

Qué rosas tan bonitas.

Qué bien huelen.

Son preciosas.

ESCÁPATE DE LA VIEJA MORSA,

TE ESPERO EN EL HALL A LAS 8:00 ESTA NOCHE.

Esto venía con las rosas.

¡Perlas!

Jonathan es así.

Haría mejor en darle el barco.

Anna tiene razón.

Dígale al bárbaro que si nos lleva, le daremos joyas.

Dijo que al capitán no le interesaba el dinero.

- Pero al príncipe Semyon, sí. - No se preocupe por el príncipe.

¿Que no se preocupe?

Su Majestad Imperial, el zar en persona,

desea este matrimonio.

Pues que desee otro.

Que busque a otra para mantener a su sobrino.

Señora, le agradezco que haya escogido este hotel

para su estancia en San Francisco.

Me siento muy halagado. ¿Está todo a su gusto?

- Está muy bien, gracias. - Maravilloso.

Estoy a su disposición.

- Si necesita algo, pídamelo. - Lo haré.

El coche de la condesa.

- La condesa duerme. - Marina.

- Me he escapado. - Que duerma la vieja morsa.

¿Sabías que me gustaban las perlas?

Lo supuse.

Ahí está.

A la luz de la luna.

Te gustará, es muy educada.

- ¿Cómo se llama? - La Peregrina de Salem.

Extraño nombre para una goleta pirata.

- ¿Pirata? - Sí.

Me dijeron que eras un pirata.

Puede que lo sea para los rusos.

Acepto la suerte cuando aparece.

¿Y ahora?

Me siento afortunado.

Es preciosa.

Siempre me obedece.

Quizá le gusten tus manos.

Claro, es mi gran amor.

¿Porque te obedece?

Hace mucho que estamos juntos.

Hemos visitado muchos puertos,

hecho muchas cosas.

Algún día volveremos a casa,

a Salem.

¿Salem?

Sí, una pequeña ciudad de Massachusetts.

Es bonita.

Pero, ¿por qué te llaman "el hombre de Boston"?

Fue idea de los rusos, soy de Nueva Inglaterra.

"El hombre de Boston".

Me gusta, te queda bien.

No te muevas.

¿Qué pasa?

Quiero

ver cómo queda otra mano en el timón.

¡Nornoroeste!

Un cuarto al oeste.

Serías un buen segundo.

¿Tú crees?

Te dejaré llevarla cuando duerma.

¿Cuándo?

Camino de Sitka.

- No, no debes. - ¿Por qué no?

Tengo que tratar un asunto con el viejo Iván.

Te odia, te colgará.

No, si evito que le cuelguen a él.

- ¿Qué ocurre? - La Compañía pierde dinero.

- ¿Por culpa tuya? - No.

Lo mío no es para tanto.

Mucha culpa la tienen los rusos y su trato a los aleutianos.

- ¿No son súbditos del zar? - Esclavos más bien.

Si no matan bastantes focas, sus amos les matan a ellos.

Ahora matan a todo lo que se mueve.

Resultado, cada vez hay menos focas

y menos beneficios.

Cuando el zar vea las cuentas,

puede que ruede la cabeza del viejo Iván.

¿Puedes ayudarle?

Sólo si entra en razón.

Compraremos Alaska

y las islas donde se crían las focas peleteras.

No habrá más matanzas indiscriminadas.

Bastarán diez millones de dólares.

Lo compraremos todo.

Cuando

estemos casados,

el palacio del gobernador de Sitka será tuyo.

¿Casados?

¿No es lo habitual entre enamorados?

¡Sí!

¡Sí!

¡Buenos días! ¡Buenos días a todos!

Es de día, ¿verdad?

Las 4:30 de la mañana, para ser exactos.

¡Las 4:30! ¡Qué hora tan maravillosa!

¡Qué mañana, qué día tan maravilloso!

¿Puede la condesa decirme qué tiene de maravilloso?

- Es el día de mi boda. - De su...

¿De su boda?

- No puede ser. - Peor aún, es una locura.

Sí, pero una deliciosa locura.

Seremos americanos, reiremos y cantaremos.

Seremos felices y no volveremos a tener miedo.

¿Habla en serio?

¿De verdad va a casarse con ese bárbaro?

Cuando se entere de quién es, intentará matarla y no desposarla.

¿Eso cree? Si es así, se lo diré.

¡Por todos los percebes del casco!

Marina,

no esperaba encontrarte despierta a esta hora.

Qué placer tan inesperado.

Paul.

Anna.

Alteza Imperial, príncipe Semyon,

nos alegramos de verle.

Sí, veo que os embarga la alegría.

Y tú, Marina,

¿no dices nada al hombre

que dejaste plantado ante el altar en San Petersburgo?

Ya lo dije todo en San Petersburgo.

Una mujer de carácter.

Aun sin las órdenes de Su Majestad Imperial,

habría dado la vuelta al mundo para encontrarte.

- ¿El zar ordenó que viniera? - Sí.

Y que te devuelva a la Corte.

Aunque daremos un pequeño rodeo.

También me ordenó que fuera a Sitka

para resolver un asunto con tu tío Iván.

Su Majestad Imperial me ha asignado

la última incorporación de la Marina rusa,

un cañonero a vapor.

Quizá te interese saber que nunca se tardó tan poco

desde San Petersburgo.

Más le vale dar la vuelta con el cañonero

y regresar aún más deprisa a San Petersburgo.

A menos que quiera estar presente en mi boda.

Eustace, el Occidental ha estado a la altura, vaya tarta.

Gracias, no se merece menos, capitán.

¿Puedo preguntarle quién es la afortunada?

Ella sí es más de lo que merezco.

Espere a verla.

Ya verá.

Hola, párroco.

Tengo una pregunta.

Nunca me he tirado de cabeza antes.

- ¿Cuándo corto la tarta? - Después de la ceremonia.

Gracias, párroco.

Toca lo mismo que en el restaurante.

Suena así...

Sí, señor.

- Deacon, ¿tienes el anillo? - Lo tengo.

Jonathan, tenemos diez millones en una cuenta.

Han firmado, ahora solo queda...

Hoy no, Cleggett, me caso.

Escuche.

- Maravilloso, ¿verdad? - Sí.

¿Cuándo hablará con el gobernador de la Rusia americana?

Bueno, podría aprovechar mi luna de miel.

Llevaré a mi mujer a Sitka.

- No me lo perdería por nada. - ¿Quién será?

- ¿Y de dónde? - Seguro que de Seattle.

Enhorabuena, Jonathan, te deseo mucha suerte.

- Gracias por venir, Mamie. - No te haría un feo así.

- Mira, he traído testigos. - ¿Te apetece champán?

¡Hola, amigo!

¿Por qué no invitas al Portugués a tus fiestas?

¿Qué pasa?

- No es una fiesta, es mi boda. - ¿Boda?

- Mi boda. - No.

¿Te casas con la foca Louise?

Te la estás buscando, pero hoy no me enfadaré.

Me caso con la muchacha más bella del mundo.

- Ya. - La has visto.

- ¿Yo, dónde? - En la fiesta.

- La muchacha rusa. - ¿La muchacha rusa?

La que acompañó al coche ayer.

¿Ayer?

Pero si era la condesa.

La condesa Marina Selanova, la sobrina del gobernador.

Se han ido, señor, se fueron antes del amanecer.

¡Los rusos se han ido!

Zarparon esta mañana en un barco muy grande.

Vaya forma de reírse del hombre de Boston.

¿Creías que una condesa se casaría con un pescador?

Quería un barco, llegó el cañonero y se fue.

Venga, el Portugués invita.

Whisky.

- Una copa para todos. - Lo siento, señor.

- No puedo servirle si no paga. - Venga, whisky para todos.

- Pero, capitán... - Capitán Clark.

Siento mucho tener que hacer esto,

pero no puedo darle más crédito, señor.

- Deben dejar el hotel. - Hable con Cleggett.

No se hace cargo, deberán dejar las habitaciones.

- ¿Cuánto le debo? - Más de diez mil dólares, señor.

Deacon, ¿cuánto darán por la Peregrina?

- ¿La Peregrina? - Sí, si la vendes hoy.

Más de mil barcos se pudren en el puerto.

Dudo que den más de quince mil.

- Por muy buena que sea. - Véndela.

- Págale. - Jonathan, no lo dices en serio.

Espera hasta mañana, cuando hayas...

¡Véndela!

Si no consigues quince, acepta diez.

La compro.

Whisky para mi amigo y sus hombres.

Te doy diez mil, esto es a cuenta.

Zarparemos dentro de un par de semanas.

A ver, Deacon, te nombro segundo, ¿qué te parece?

Ogeechuk, serás el piloto, me quedo con la tripulación.

500 dólares extras para cada uno.

Iremos a las Pribilof a por focas.

Se las quitaremos a los rusos.

¡Seréis ricos!

¡500 dólares extras a cada uno!

¡Os daré mil!

El hombre de Boston se acabó, ¡olvidadle!

Navegaréis con el Portugués.

- Me has vendido la Peregrina. - No te he vendido nada.

- Es mía, un trato es un trato. - ¿La quieres?

- El Portugués siempre cumple. - Una carrera.

El primero en llegar a las Pribilof,

se queda con las dos goletas.

- ¡Hecho! - Cuidado, Jonathan.

Necesitamos una semana para levar ancla.

Dos días.

¡Vamos, marineros, al barco, moveos!

Amigo, has cometido un error.

Esta vez ganará el Portugués.

La Santa Isabella y yo nos alejaremos de ti

como me alejé de mi primera mujer.

¡Vamos!

¡Vamos a las Pribilof!

¡Vamos a las Pribilof, dejad paso a un marinero!

- ¿Zarpa para las Pribilof? - Así es.

Es lo que esperaba.

Tenga, el contrato para la compra de Alaska.

- Hay diez... - Quédeselos.

Gracias, Eustace.

- Quedó en llevarse a mi hijo. - Vamos, muchacho.

¡Vamos!

¿Qué te dije, Deacon?

Dos días y zarpamos.

- No hay tripulación mejor. - Sí, son magníficos.

Les caes bien, aunque no entiendo por qué.

Voy a echarme, Llámame para la cuarta.

Vamos bien, Deacon.

Mañana veremos la estela del Portugués, señor.

Puede ser.

Empezará a soplar pronto, entonces volaremos.

Viento antes del amanecer, todo va bien.

- Tráeme café, muchacho. - Sí, señor.

Es un buen profeta, Deacon.

Nos prometió viento, y aquí está.

Sí, ¿pero dónde está el Portugués?

Lo del viento es curioso, muchacho.

Sopla igual para el justo que para el injusto.

Es lo malo.

Zarpamos hace seis semanas y seguimos sin verle.

Tiene razón.

Cuatro días más y habrá llegado a las Pribilof.

- Perderemos la Peregrina. - Cabe esa posibilidad.

¿Por qué no hay más vela?

- Viento de 40 millas, ¿para qué? - Te haces viejo.

¡Más vela!

El Portugués llegará a las Pribilof y seguiremos atrás.

Paciencia, nos lleva dos días de ventaja.

¿Quieres que siga así? ¡Izad la mayor!

- ¡Izad el foque! - ¿La mayor y el foque?

¡He dicho la mayor y el foque! Vamos, ¡moveos!

¡Vamos!

Perderemos un palo antes de una hora.

- No te preocupes, déjame a mí. - Es todo tuyo.

¡Vamos, vamos!

Sí, es la Santa Isabella.

No va a toda vela.

Él no intenta naufragar.

- ¡Mira, mira! - ¿Cómo quieres que mire?

¡Díselo, díselo!

Me gusta este viento.

3 ó 4 días y llegaremos a las Pribilof.

¿Sabes qué?

Pronto seré rico, tendré dos barcos.

Puede ser que los tenga el hombre de Boston.

¿El hombre de Boston?

Ese sigue en San Francisco.

No habrá levado el ancla.

José, déjame ver.

¿Te gustaría ser el capitán de la Peregrina?

- Creo que te nombraré capitán. - Echa un vistazo antes.

Es el hombre de Boston, es mejor de lo que creía.

Lleva mucha vela, romperá los palos.

Se sabe un atajo.

- ¡Mayor y foque! - ¿Mayor y foque?

- ¿Quieres romper el palo mayor? - No discutas, ¡vamos!

¿Qué pasa, eres el capitán? ¡Venga, muévete!

¡Venga, los de abajo, pandilla de vagos!

¡A cubierta! Necesitamos más vela.

¿Qué pasa, ya no trabajas?

¿No sabes correr?

A ver, tú, dame eso, ¡venga!

¡Vamos!

¡Vamos!

Va a toda vela, debe de estar loco.

¡Subid al palo, soltad la gavia!

La gavia, ¿habéis oído?

¡Si quiere la gavia, tendrá la gavia!

¡Moveos, marineros, tiene que volar!

¡Ahí vamos, Portugués, deja paso a un marinero!

¡Soltad la gavia!

- Cuidado, no aguantará. - ¿Quieres ir detrás del Portugués?

Mejor eso que perder los dos palos.

Perderemos todo el barco.

- ¡Adelante, soltad la gavia! - ¡Tú y tus apuestas!

Venga, ¡que vuele!

¡Rápido!

¡Gavia!

- ¡Todo bien, amarrada! - ¡Prepárate, Portugués!

¡Ahora volaremos!

¡Ha soltado la gavia!

¿La gavia? Está loco.

¿Qué intenta, destrozar la Peregrina?

Está loco.

- ¡Preparad la gavia! - ¿Estás loco tú también?

¡Cállate! ¡Rápido, la gavia!

Son unos ladrones, quieren quitarme la Santa Isabella.

- Por favor, un poco de viento. - Ya hay viento.

Asegúrate de que todos trabajan.

- Usa la navaja. - Sí.

¡Rápido!

¿Qué pasa, trabajas para el H. De Boston?

¿Cuánto te ha pagado para que pierda?

¡Manuel, date prisa!

¡Más vela! ¡Vas a volverme loco!

Insensatos, vamos donde los ángeles no se aventurarían.

Pero aquí estamos, Portugués, para bien o para mal.

Ha soltado la gavia.

- Ha desplegado todas las velas. - Te dije que estaba loco.

¡Te tenemos, Portugués!

¡El hombre de Boston!

¡Un cabo!

Te remolcaré a las Pribilof.

Vaya, nos ofrece un cabo para remolcarnos.

Se lo ataremos al cuello.

No hagas eso, harás que se enfade.

Mejor, si se enfada, acabará por romper los palos.

El H. De Boston parece un huracán.

- Le has hecho enfadar. - No está enfadado.

Se ha picado, espera a que se enfade de verdad.

- Tiene mucha vela, no aguantará. - ¿Por qué no?

No hay goleta que aguante mejor que la Peregrina.

¡Prepárate, Portugués!

¡Vamos, vamos!

Tranquilo o la Peregrina acabará en su regazo.

Buena idea.

¿La Peregrina ya no te obedece?

¡Aparta!

Coge el timón.

¡Aparta!

¡Estoy enfadado!

¡Aparta, Portugués, allá vamos!

¿Qué haces, quieres matarnos?

- Ha sido culpa tuya. - ¡Calla!

¡Apártate!

- ¡Vuelve de donde has venido! - ¡Mírale!

- ¡Va a embestirnos! - ¡Venga!

Que preparen los botes.

Demasiado tarde, mejor reza.

Te lo ruego, haz que se vaya el hombre de Boston.

¡Vete!

¡Vete!

¿Qué pasa, te parece gracioso?

¡Apártate!

¿Estás loco?

¡Apártate!

¡Cuidado, capitán, van a abordarnos!

¿Quieres embestirnos?

Cuando te vea, te mato.

Voy a ducharte, Portugués.

¡No tiene gracia!

Has hecho el ridículo, Portugués.

Nos vemos en las Pribilof.

Habré hecho el ridículo,

pero ninguna rusa me ha dejado en ridículo.

El Portugués le dio un beso,

por eso no se casó con el H. De Boston.

Cuando la vea, volveré a besarla.

¡Cuidado, Jonathan!

¡Aparta!

- Vas a embestirle. - Exacto.

¡Recoged velas!

Quería gastarte una broma.

¡Arriad!

¡Arriad, arriad velas!

¡Cuidado!

¡El cordaje!

¿Necesitas ayuda?

Sí, hazme un favor.

¡Tira a ese loco a los peces!

¿Quieres ayuda?

Dile al hombre de Boston que me despido como un marinero.

¿Estás satisfecho?

Señora, ya podemos zarpar.

Señora, tengo órdenes de llevarla a la casa del gobernador.

Muy bien.

Marina, esto debe acabar.

Es la tercera vez que intentas irte de Sitka.

- Y volveré a intentarlo, tío Iván. - Marina,

tengo muchas preocupaciones, no lo empeores.

La Compañía está a punto de quebrar

por culpa del hombre de Boston.

- Ese bárbaro. - Del que estoy enamorada.

Me habría casado con él si Semyon no me rapta en el hotel.

Debería colgarle.

Hazme caso, Marina.

Olvida al hombre de Boston y cásate con Semyon.

Buenos días, Marina.

¿Has disfrutado del paseo al puerto?

¿Acostumbra a entrar sin llamar?

Como representante del zar,

sí.

Pobre Iván.

Los negocios no son lo tuyo.

Se perdieron cinco millones de rublos el año pasado.

- ¿Cinco? - Colgaron a Barinov por la mitad.

Pobre Barinov.

¿Sabes la historia, Marina?

La sé.

Iván,

la mayoría de pérdidas se deben a un americano,

el hombre de Boston.

Así es, me ha vuelto loco.

Eso dicen.

También dicen que le han avistado en las Pribilof esta mañana.

Sí, ha vuelto.

- ¿No piensa hacer nada? - ¿Qué puedo hacer?

Ninguna de nuestras goletas puede competir con la suya.

Me lo creo.

Pero no podrá con mi cañonero.

Querido Iván,

te traeré a ese bárbaro encadenado.

Le colgaremos de la horca más alta de Sitka.

- ¡No! - ¿Por qué no?

¿Temes por mi seguridad?

¿O por la suya?

- Señor, ¿lo oye? - Lo oigo, y Louise también.

Lleva esperándolo desde que zarpamos.

- Pero, ¿qué oye? - La voz de las Pribilof.

Espera a que se levante la niebla.

¡Tierra a la vista!

¡A babor!

¡Mire, señor, miles de focas!

Son las hembras, han venido a desayunar.

Más te vale atar a tu foca, está decidida a ir a tierra.

Louise, me avergüenzas.

Ogeechuk, Llévatela antes de que se vaya.

¡Vamos!

¡Arriad velas!

- ¡Arriad velas! - ¡Arriad velas!

- ¡Soltad ancla! - ¡Soltad ancla!

¡Botes al agua!

- ¡Preparados para maniobra! - ¡Soltad a proa!

¡Vamos!

¡Con cuidado!

¿Quiere que acompañe a Micha?

No, quédate conmigo, no es para un muchacho de ciudad.

¡Jonathan!

Está muy lleno, ¿cambiamos de dirección?

No, sigue en la misma.

No toquéis a las hembras, hay machos solteros al fondo.

Hay millones, señor.

- Toda la isla está llena. - Así es.

Pero no durará mucho si depende de los rusos.

Mira allí.

Hace cinco años, esa parte estaba llena.

Un hombre no podía pasar, pero ahora está vacía.

Pronto no quedará ninguna si los rusos no aprenden.

Pero nada.

Cada año llegan y atacan a los rebaños,

matan hembras, machos y de paso, a miles de crías.

La mayoría no les sirve.

No está bien, está muy mal.

Si está mal matar focas, ¿cómo conseguiremos pieles?

Buena pregunta.

Matarlas no está mal, la Naturaleza ya lo hace.

Seguimos a la Naturaleza y matamos como hace ella.

Disculpe, señor, no le sigo.

Mira la playa.

¿Ves aquel grupo detrás de las rocas?

Son los solteros.

Son demasiado jóvenes para tener un harén.

No sé por qué,

pero la Naturaleza hace que haya demasiados.

Por eso, muchos deben morir.

Si miras allí,

verás cómo luchan con los viejos, luchan y mueren.

Sí, los veo.

Como verás, solo tocamos a los solteros.

Nunca tocamos a las hembras, la Naturaleza hace el resto.

¡Mira allí, es Louise!

- No sé, me cuesta reconocerla. - A mí no.

¡Louise!

¡Desvergonzada, vuelve al barco!

Déjala, Deacon, también fuiste joven.

¡Eres muy mala!

¡Louise, apártate de él ahora mismo!

Mujeres.

No puedes fiarte ni de la mejor.

- Una captura estupenda. - Pásalas.

Maravillosas, señor, todas pieles de primera.

- Padre dará saltos de alegría. - Eso espero.

Que no se detengan, conseguiremos otra carga.

Otro viaje así y seremos ricos.

Un marinero no se hace rico, sólo consigue...

- Bueno, da igual. - ¡Vamos!

¡Vamos!

- ¿Ves ese humo hacia barlovento? - Sí, lo veo.

El cañonero que atracó en San Francisco era un vapor.

Olvida eso.

¡Moveos!

El humo puede ser suyo.

Pero no lo es.

No quiero pecar de curiosidad, pero, ¿qué es?

Será un volcán.

Mira esto.

Una albina.

Traen mala suerte.

No te preocupes por los rusos, te saldrán canas.

Sé listo y confórmate con esto.

La avaricia lleva al hombre a la destrucción.

Vamos, señoras.

Es hora de bañarse.

- ¿Por qué lo has hecho? - Porque es hora de irse.

Déjate de volcanes, aquello es un cañonero.

De acuerdo, cargadlas en el barco, mañana volv...

Vaya, el Portugués.

La Peregrina tendrá visita.

Son unos chicos muy aseados.

Beberemos Red Terrier y lo pasaremos en grande.

Intenta comportarte, fuiste demasiado lejos.

Tú también, Deacon.

¡Vamos, hombres, empujad!

No tenemos todo el día.

- Qué captura. - Compraremos el Occidental.

Pásalas, venga.

Ya está, Jonathan.

La bodega está llena.

- La mejor captura. - Mañana será mejor.

- Las pondremos en el puente. - ¿Mañana?

¿Con un cañonero ruso dispuesto a pillarnos?

¡Hola, amigo!

El Portugués es un buen marinero, dile que baje.

Veremos si la botella se le da tan bien.

- Hola, Portugués. - Hola, Deacon.

- Me alegro de verte. - Y yo de estar aquí.

Pensé que igual no llegaba.

¿Dónde está el H. De Boston, está enfermo?

Te invita a charlar y a beber abajo.

Algo beberé, 5 ó 6 copitas.

¡Grog para todos! ¡Hay de sobra para todos!

Puede que incluso bailemos.

Hola, amigo.

Tienes mucha suerte, te has llevado todas las focas.

No has dejado ni una para el Portugués.

- Han sobrado, ven a beber. - Amigo,

he venido a pagar mi apuesta.

La Santa Isabella es tuya.

- No, quédate con la goleta. - ¿Estás loco?

- El Portugués cumple los tratos. - Olvídalo.

- Siento mucho lo que pasó. - ¿Lo sientes?

- Habría hecho lo mismo. - Vale, olvidado.

- Olvidado. - Bien.

Ha sido una buena captura.

- ¿Vuelves a San Francisco? - Sí, mañana.

También deberías irte.

Un cañonero ruso vigila las islas, es un vapor.

- ¿No hay tiempo para coger más? - Tendrás que ser muy rápido.

¿Rápido?

Soy muy rápido.

Te la he jugado.

Las capturas y te las quito, ¡soy muy rápido!

¡Vamos!

¡Haceos con el barco!

¡José, te nombraré capitán!

¡Cuidado, cuidado!

- ¿Tomamos una copa? - Sí.

Se te da bien.

Hombre de Boston,

amigos, ¿verdad?

- Claro. - Claro.

Alteza, a estribor.

Buena captura, dos por el precio de uno.

Todos están a bordo de la Peregrina.

¿Soltamos una andanada, Alteza?

No.

Quiero al capitán Clark vivo.

- Baja los botes. - Sí, Alteza.

- ¡A los botes, armados! - Sí, señor.

Que se hagan con la Peregrina.

Cuando estén a bordo, destruye la Santa Isabella.

¿Quieres más, Portugués?

¿Quién anda ahí?

¡Cretino estúpido!

¡Jonathan, Jonathan!

¡Abre!

Jonathan.

Por favor, escúchame.

Nada de lo que diga me interesa.

Por favor.

No me fui, el príncipe Semyon me llevó a la fuerza.

No te abandoné, Jonathan.

Por favor, cariño, créeme.

¿Creerla por qué razón, condesa?

¿Le hizo gracia

que la pidiera en matrimonio un marinero americano?

Te di mi respuesta a bordo de la Peregrina.

Si lo has olvidado,

volveré a dártela.

Marina.

Nos casaremos.

¿Antes o después de que me cuelguen?

¡No pueden colgarte! Debe haber una solución.

La hay.

Por lo visto, su tío Iván tiene graves problemas.

Puede que esto le ayude, y a nosotros de paso.

"...la compra de la Rusia americana..."

"...depósito de diez millones..."

Me lo contaste aquella noche en La Peregrina.

Deacon, estoy a punto de darle un beso.

Alteza Imperial, discúlpenos por esta intromisión.

Marina.

No esperaba semejante placer.

Iván, ¿que te trae por aquí?

Un asunto de suma importancia.

Unos banqueros americanos desean comprar la Rusia americana.

Ofrecen diez millones de dólares.

Esto es de gran importancia.

Será la solución a nuestros problemas.

¿Los nuestros?

Los del zar y los míos,

las pérdidas se tornarían en beneficios.

- Podríamos... - Olvídalo.

Alteza, no puede descartar diez millones de dólares así.

¿Por qué no?

Me vi forzado a descartar algo más importante así.

Pero soy un hombre tolerante.

Cuando estemos casados, intentaré olvidar

tus escapadas.

- Por última vez, no vamos a... - Por favor, Marina.

Hablaremos de esto en un momento más oportuno.

Permítame una sugerencia.

- Hable con el capitán Clark y... - ¿Clark?

¿Es el banquero americano que ha hecho la oferta?

Representa a los banqueros.

Faltaba más, que venga inmediatamente.

Teniente.

Una silla para la condesa.

¿Este es el hombre que quiere comprar la Rusia americana?

El mismo que tuvo la osadía

de pedir en matrimonio a una noble rusa.

Los americanos me hacen gracia.

Perros callejeros

educados como cerdos.

Ahora bien, quizá

podamos mejorar su educación

con unos cuantos latigazos de cuero ruso.

Cincuenta latigazos.

Interesante, ¿verdad?

¡Basta, basta, se lo ordeno!

El hombre de Boston es notable.

- Pensé que pediría clemencia. - No se la pedirá.

Pero yo sí.

En ese caso, dejaremos los latigazos.

- Pasemos a la horca. - No creo.

Eso le haría perder

la fortuna Selanova y a una esposa que le odiará.

Gracias, querida.

A cambio, me aseguraré de que tu tío Iván

conserve su puesto de gobernador de Alaska,

además de su cabeza.

¡Y algo más!

Liberará inmediatamente al capitán Clark.

Él y sus hombres regresarán a la Peregrina

y zarparán cuando quieran.

- ¡No, no lo permitiré! - No le queda más remedio.

¡Lleváoslo!

Que suban a bordo de la goleta.

Mañana celebraremos una boda

en vez de un ahorcamiento.

¡Un brindis, marineros!

Por la condesa Marina, la bella dama que nos ha salvado.

Sí, por la condesa rusa.

Venga, otra.

Una gran dama.

Siento que se case con ese perro ruso.

No, menos mal, si no, nos colgaban.

Supongo que tienes razón.

Pero me duele que una perla de ese calibre

se entregue a un cerdo.

Olvídalo, un trato es un trato.

Estamos girando.

- ¿Adónde vamos? - Volvemos a Sitka.

- ¿A Sitka? - Sí, nos han invitado a una boda.

- El hombre de Boston está loco. - Sabía que no la abandonarías.

Bueno, si te cuelgan, nos colgarán a todos.

Hay que llegar antes.

Los dignatarios han llegado, Marina, te esperan.

Siento desilusionarte.

¡Muchachos, las capas!

¡No hagáis tonterías!

¡La otra puerta!

¡El patio está allí!

¡Abrid las puertas!

¡Vamos!

¡Vamos!

¡Vamos, vamos!

- Llévala a la Peregrina. - ¿Y el cañonero?

No te preocupes.

¡Al cañonero!

¡Cañones!

¡Soltad una andanada contra la goleta!

Vaya viaje para el Portugués.

Pierdo mi barco, casi pierdo la cabeza.

- Él se queda con todo. - No te preocupes.

- Te dará una parte. - ¿Sí?

Si eres listo, te dará una parte de Alaska.

¡Alaska!

¡El documento! Lo tiene ese hombre.

- Le diré al hombre de Boston que... - Quédate aquí.

Ahora mismo no le interesa Alaska,

no mientras tenga el mundo en sus manos.

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