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Martes, 1.° de enero de 1856.
Claridad y mucho frío.
Esta mañana
hay hielo en nuestra habitación por primera vez en todo el invierno.
El agua se congeló sobre las papas no bien empecé a lavarlas.
Con poco orgullo y menos esperanza,
comenzamos el nuevo año.
En el porche, tras la salida del sol, oía el suave piar de los gorriones
entre los setos que ahora están enterrados en la nieve.
Dyer siempre dice que con buena salud
y la cabeza fría
siempre hay una excelente oportunidad para un granjero dispuesto a trabajar.
Él siente que nunca puede liberarse por completo de sus cargas.
Y estoy segura de que el mal estado de su mente
afecta todo su organismo.
Esta mañana me dijo
que la complacencia era como un amigo al que nunca puede ver.
Ordeñaste tarde.
Ella no estaba sufriendo.
¿Y tú?
Desde que compramos esta granja,
mi esposo ha llevado un libro mayor para ayudarlo a ver el año completo.
De ese modo, él sabe qué cultivo y qué campo rinde año a año.
Y Dyer me pidió que lleve una lista en un diario de los asuntos
que de otro modo pasarían inadvertidos…
Desde herramientas prestadas hasta cuentas pendientes.
Y eso he hecho.
Pero en estas aburridas y simples páginas no habría registro
de las más apasionadas circunstancias de las temporadas pasadas.
No habría registro de nuestras emociones o temores.
De nuestras mayores alegrías.
De nuestras penas más lacerantes.
Con nuestra hija,
era como si hubiera encontrado mi lugar.
Pero rara vez le decía que ella era nuestro tesoro.
¿Quieres probar?
¿Así, papá?
Eso es.
A menudo, ella parecía estar separada de nosotros,
como si estuviera esforzándose por encajar donde pudiera.
Veían a sus hermanos y hermanas y eran la familia del ratón…
Hay algo tan conmovedor
en el dolor mudo y estático y en la enfermedad de un niño tan pequeño.
Ella me rodeaba con sus brazos y no decía nada más.
Pero yo sentía que hablábamos.
Me he convertido en mi dolor.
Me he convertido en mi dolor.
DOMINGO, 3 DE FEBRERO
"Bienvenido, dulce día de descanso",
dice el himno.
Y el domingo es más que bienvenido por sus pocas horas de apacible calma.
En cuanto a mí,
ya no asisto a la iglesia.
Luego de la calamidad de la pérdida de Nellie,
la calma que disfruto
no proviene de la idea de un mejor mundo por venir.
Quiero comprar un atlas.
- Podría ser una molestia. - No, no es molestia.
¿Quién es ese?
Se llama Finney.
Su esposa, Tallie.
Los conocí en el almacén de piensos.
Parecen retraídos.
Están alquilando la granja Zebrun.
Lunes, 4 de febrero.
¿En qué se parece la tinta al fuego?
En que es buena sirviente
y un amo difícil.
¿Dijiste algo?
Quiero comprar un atlas.
Bueno, supongo que uno podría hacer compras más frívolas.
Ahorré 90 centavos por mi cuenta.
No imagino una mejor manera de gastarlos.
Podrías comprarle un obsequio a tu esposo.
¿Qué mejor obsequio que una esposa que ya no sea una ignorante?
El autoaprendizaje parece ser la única forma de evitar que mi desdicha
me agobie.
Quieto.
Buenas tardes.
Estuve usando una… una escoba en mi porche.
La nieve está tan seca.
Soy Tallie.
Abigail.
Espero no importunar.
No.
Solo necesitaba alejarme un poco por hoy.
Ahora mismo, la granja es un matadero. Mi esposo está matando sus cerdos.
¿Quieres pasar?
Sí, me encantaría.
O podríamos quedarnos aquí en el porche, tiritando.
Sé que es de lo más aburrido
que una vecina ignorante venga a arruinarte la tarde del domingo.
No, eres muy bienvenida aquí.
Pero conozco esa sensación.
A veces, durante las visitas de la viuda Weldon,
imagino que me hundo hasta los ojos en un pozo prosaico.
¡La viuda Weldon!
Una vez empezó con lo de la tasa agrícola…
Vio que su cabello me llamó la atención
y admitió que de niña había presumido de él.
Dijo que antes lo usaba más largo
y se lo trenzaba en un rodete en la nuca.
En el sol invernal que se colaba por la ventana,
su piel tenía una tonalidad de rosa y violeta
que me desconcertaba tanto que tenía que apartar la mirada.
Como siempre,
cuando se trataba de hablar y vincularme sentimentalmente con alguien,
las circunstancias me condenaban al esfuerzo y la ansiedad.
Desde mi temprana juventud, he sido como una raíz contenida en una maceta,
toda enroscada sobre sí misma.
Espero no estar distrayéndote de algo.
No.
Me alegra que hayas venido.
Finney vio a tu esposo en la tonelería.
Mencionó su método nuevo de parición de cerditos.
¿Con algo de rudeza?
Mi esposo menciona todo con algo de rudeza.
Una vez le dije eso,
y…
en respuesta, mencionó que parecía todo un milagro
recibir una palabra amable de mí.
Y yo le dije que si estuviera casado con él mismo,
pronto sabría qué gran milagro sería eso.
Mi madre siempre decía que tener hijos resolvería ese dilema.
Mi madre hacía la misma afirmación.
Y aun así…
aquí estamos…
ambas sin hijos.
Nellie, mi hija, habría cumplido cinco hoy.
Vaya.
¿Cómo murió?
De difteria.
El último septiembre.
Lo siento mucho.
- Hola. - Vaya.
Buenas tardes.
Soy Dyer.
Tallie.
Cielos, es tarde, ¿no? Debería irme.
No te vayas por mí.
No.
Qué bonito abrigo tienes.
Gracias.
Nunca recibo halagos por mi ropa.
Estoy encantada de que hayas venido.
Conocerte me alegró el día.
¿Sí?
Bueno…
Qué encantador e infrecuente es alegrarle el día a alguien.
Jueves, 14 de febrero.
Tercera noche de Dyer con fiebre.
Bebe esto.
Voy a enfermarme más seguido.
Mi esposa me sonríe.
Prométeme que no vas a morir.
Eso sería lo opuesto a mi intención.
Hice que se recuperara un poco con un enema de melaza,
agua tibia y grasa de cerdo.
Además, una gota de trementina junto a su nariz.
Me pasé el día rememorando mi conversación con Tallie.
Comparamos nuestras camas de la infancia…
La mía, donde la paja siempre se quebraba y se hacía menos densa.
Y la suya, que era dura como corazón de faraón,
según ella.
Yo debería estar cuidándote.
Estoy de acuerdo.
Tiene una forma de ser dulce, tranquila y gentil.
Y aun así, su ánimo se vivifica
ante la perspectiva de prolongar la conversación conmigo.
Percibo que todo lo que quiero contarle
pierde la elocuencia en su presencia.
Entonces, ¿cómo conociste a Dyer?
Era el hijo mayor de un vecino.
Ayudaba en la granja de mi padre.
¿Y quedó cautivado por ti al instante?
Sí, ¿verdad?
Quedó cautivado por ti al instante.
Admiraba lo que consideró mi buen sentido común.
No consientes palabras como "cautivar", ¿no?
Sospecho que uso las mismas palabras que tú.
Sospecho que no.
Hablando sí, porque eres tímida.
Apuesto que escribiendo te desempeñas mejor.
Gracias.
Entonces, ¿tu sentido común fue lo único que cautivó a tu esposo?
Y mis hábitos eficientes.
¿Eso es todo?
Mi practicidad.
A Dyer le gustan las cosas mecánicas.
No me cabe duda de que habría sido más feliz de haber podido dar rienda
a la propensión científica de su mente.
Las circunstancias lo obligaron a dedicarse al campo.
Y, a pesar de todo eso, ¿su corazón lo llevó hacia ti?
Bueno…
Eso tendrías que preguntárselo a él.
¿Y qué dirías si te lo preguntara a ti?
Supongo que como pretendiente, fue…
no diría generoso, pero justo.
Y que fue afectuoso, si no constante.
No estaba segura de si él era adecuado.
Pero mi familia sintió que podría haber mejoras en el horizonte.
Después de todo, es un largo camino que no tiene retorno.
Ambos tienen mucho que agradecer.
Así es.
Aún es demasiado pronto.
Lo siento.
Martes, 19 de febrero.
Mi reticencia parece haberse convertido en su vergüenza.
Sus placeres nocturnos, si bien nunca fueron numerosos,
se han acortado más que nunca.
Y hasta ahora me he negado a hacerme eco de su insistencia
en el tema de tener otro hijo.
Buenas noches.
Él es mi esposo, Finney. ¿Ya conoces a Dyer?
Nos hemos cruzado.
Y ella es Abigail, de quien estuve hablando.
Mi esposa habla de ti como si estuvieras por toda la casa,
y todo le recuerda a ti.
Bueno, lo único que hago es estar sentada y malhumorada
cada vez que ella no está.
- Pasen. - Bueno, gracias.
¿Me extrañaste?
Sí.
Te ves distinta.
No…
Finney parece agradable.
Sí, lo es, cuando quiere.
Supongo que debería hacer un brindis.
Pero, cuando se trata de don de gentes,
soy casi tan delicado como una caída por una colina rocosa.
Lo que mi esposo quiere decir es que está feliz de poder reunirnos
y de ver a Dyer de nuevo.
Salud.
Parte de lo que valoro de mi esposa
es cómo me enseñó a asociarme con mis colegas.
Finney, qué preciosa corbata elegiste.
Gracias.
Pero con mi cuello, mi cabeza sobresale como un pollo en un carro avícola.
- Tu tarta tenía un sabor maravilloso. - ¿Te gustó? Me alegro mucho.
Me preocupaba no tener suficientes huevos porque tuvimos un accidente.
Mi jornalero bajó un cajón de huevos y rompió dos docenas.
Anuncié que tenía mala suerte con los huevos y que no se acercara más.
"Mala suerte con los huevos". Me gusta eso.
Le dije que su camisa tenía tantos agujeros
que podía hacerse un collar.
Bueno, a menudo deseamos poder tener un jornalero.
Hemos sufrido mucho por el descuido de los jornaleros.
Dicen que el jornalero del señor Holt metió su caballo
en el canal a pesar del frío.
¿En serio?
Sí.
El invierno ha sido tan duro,
que a veces el hijo de la señora Weldon tuvo que entregar el correo en esquíes.
Ahora nuestras cartas pueden perderse a una velocidad vertiginosa.
¿Le escribías cartas a Tallie cuando la cortejabas?
Sí.
¿Y Tallie las conservó?
Solo ella lo sabe con certeza.
Lunes, 25 de febrero.
El vínculo de Finney y Tallie me confunde.
A veces, cuando sus ojos se encuentran, parece que estuvieran enfrentados.
Y, otras veces, parece que mostraran un respeto mutuo.
Entre nosotras sucede algo que no soy capaz de desenmarañar.
Sostén esto aquí.
Bien.
Gracias.
Hola, Dyer.
Bueno, hola.
¿Te vas?
Sí, al pueblo.
Que tengas buen día.
Estará encantada de verte.
¡Feliz cumpleaños!
Te traje algunas cosas.
¿Tejidos a mano?
Espero que te gusten.
Claro.
¡Un atlas!
Los Estados Unidos de América.
Y un pequeño frasco de puré de manzana con un huevo arriba.
Tengo los pies congelados.
Déjame calentártelos.
¿Cómo está Finney?
Él es Finney.
Cielos, me hace cosquillas.
Mi esposo lleva un recuento de los intrusos en sus registros.
Y esta mañana, cuando le pregunté qué pensaba hacer con ellos,
su respuesta fue tan desagradable que yo…
resolví visitarte…
para que en mi día hubiera algo además de su maldad.
Dyer piensa que tiene muchas cualidades admirables.
Así es.
Y además usa un libro para llevar un control de a quién visito
y cuánto tiempo me quedo.
¿Por qué?
No tengo idea.
Y se ha vuelto más así.
Ya he dejado de intentar discernir todas las peculiaridades de su…
extraño y reducido mundo.
Suponía que es especialmente infeliz conmigo ya que…
todavía debo darle un hijo.
¿Cómo se siente?
Al principio, no sientes nada.
Pero luego ella comenzó a moverse…
Son como mariposas que baten sus alas.
Luego, como un conejo…
cuando pateaba por la noche.
Me asusta.
La idea de no tener nada de eso.
Y de dar a luz.
La mayoría nos sentimos así.
Pero…
cuando llegue el momento, yo estaré ahí…
para guiarte en el proceso.
Dyer debe querer otro hijo.
Lo entiendo.
Obsequios de cumpleaños.
Una caja de pasas.
El estuche de agujas que estabas necesitando.
Y una lata de sardinas.
Me malcrías.
Recibiste obsequios de tu nueva amiga.
Se fue hace horas.
La vi irse recién.
La gran tormenta comenzó con un débil rugido en el noreste.
Era como el ruido de una locomotora.
¡Entren!
¡Auxilio!
Acércate, chica.
Está más cálido aquí.
Lo siento, me voy.
Deberías esperar.
Vamos, yegua.
¡Dyer!
¡Dyer!
¡Dyer!
¿Cuánto tiempo pasaría hasta tener noticias de Tallie?
¿Cuánto podría esperar?
¿Cuánto tardarás en darles de comer en el granero?
Cada vaca come 12 kilos de forraje al día.
Deberías saber eso.
Empiezan a perder peso luego de tres días.
Oí que el periódico pronostica que la tormenta amainará para entonces,
pero probablemente se basa en la consulta de expertos a un hueso de ganso.
"En una verdadera crisis de la naturaleza, todos estamos a merced del otro".
Sí.
Mi madre decía: "Vamos a los tumbos de una mortificación a otra".
Cuando tenía siete, un terremoto derribó nuestra casa y el granero.
¿Te lo conté?
Nunca.
- ¿Un terremoto? - Sí.
Recuerdo que algo me despertó antes del amanecer.
No sé qué fue.
Mi padre estaba a los gritos.
Pero yo no podía despegarme de la ventana.
Vi unos pájaros revoloteando en el aire, temerosos de bajar.
El río estaba revuelto, y yo no podía moverme.
Y entonces…
Al final, salté a la escalera derrumbada
como todos mis hermanos habían hecho antes que yo.
Y nos abrazamos en la oscuridad del porche.
Luego mi madre dijo que el temor nunca se fue del todo después de eso.
Dijo: "¿Qué es seguro si la tierra firme pudo hacer eso?".
Mamá.
¡Tallie! ¡Estás helada!
¡Tallie! ¡Mantente despierta!
¡Abre los ojos!
¡Mantén los ojos abiertos!
¡Mantén los ojos abiertos!
Mírame.
Me moriría sin ti.
Entonces, estás a salvo.
Porque estoy aquí.
Lunes, 17 de marzo.
La mitad de los pollos se perdieron.
Desenterré hielo y nieve de sus abiertas bocas muertas
en un intento de revivirlos.
Clavos…
para una mejor tracción.
El hijo de la viuda Weldon, en sus rondas,
informó que Tallie había llegado a casa a salvo.
con, según él, solo un poco de congelación.
No vemos a tu amiga hace tiempo.
Finney la llevó a Oneonta.
Entonces, ¿todo es tedioso y solitario?
Jueves, 10 de abril.
Galletas y caballa seca para el desayuno.
Dyer ha aumentado el relleno en los corrales
con su acopio de hojas de arce y paja vieja.
Siempre parece que Tallie nunca aparecerá.
Pero siempre me recuerdo que el tiempo y la aguja se consumen
durante la mañana más larga.
Y he notado que, cuando ella llega,
mi corazón es como una hoja transportada encima de una roca
por el rápido correr del agua.
Hola. ¡Vaya!
¡Cuidado!
Quieto. Sentado.
Sábado, 12 de abril.
- Pasé los últimos dos días… - Está muy húmedo, nublado y fresco.
Con humo.
Tal vez el bosque se está incendiando en algún lugar.
Tu nariz es graciosa.
Lunes, 14 de abril.
Hasta ahora, ha sido una primavera terrible,
pero el alfiler de pastor ha resistido
y está bien.
¿Y cómo está Finney?
El alma de la paciencia.
De nuevo está mencionando la idea de emigrar al oeste.
¿Planean mudarse al oeste?
Tal vez.
Tenía un tío que se mudó a Ohio y tuvo un final trágico.
Que es lo que uno esperaría de Ohio.
¿Mañana?
Jueves, 17 de abril.
Llovió a cántaros casi toda la noche.
El camino está inundado y las acequias rebasan.
Esta mañana, solo una ligera llovizna.
Tallie vino más tarde de lo habitual hoy.
No dio ninguna explicación.
MARTES, 22 DE ABRIL
Lamento que tu niñez no haya llegado a ser feliz.
Feliz no fue.
Pero me fabriqué mi propia felicidad.
Mi esposo dice: "Dios pone piedras pesadas en el camino,
depende de nosotros pisar sobre ellas".
Piedras son lo que reciben los afortunados.
La madre de mi madre nació en 1780 aquí, en el condado de Schoharie.
Me maravilla el valor y la inventiva de esas mujeres.
Imagina adentrarte en la naturaleza salvaje
con la esperanza de construir las bases de un hogar.
Tal vez ellas tenían un optimismo que nosotras no tenemos.
¿Cuándo puedes venir?
El martes.
- ¡Hola, Tallie! - Buenos días.
¿Tuvieron una tarde alegre?
Sí, muy alegre.
- Adiós. - Adiós.
Sentí,
al ver su expresión,
como si ella navegara a toda vela en la marea creciente,
mientras yo me mecía hacia atrás.
Y aun así,
nunca vi en su rostro la indiferencia
de los afortunados hacia los menos afortunados.
VIERNES, 25 DE ABRIL
Buenos días.
Buenos días.
¿Tú también te sientes mal?
Para nada.
Esperaba comparar resfríos.
¿Te preparo té con miel?
¿Qué?
Cada mañana me despierto y pienso que nunca quiero estar lejos de ti.
Y bajo tu influencia, ya que eres tan buena con las palabras,
escribí un poema.
Se titula…
"Oh, enfermo y maltrecho corazón, quédate quieto".
Cuando era pequeña,
pensaba que podía cultivar mi intelecto y hacer algo por el mundo.
Pero la vida me dio la sorpresa de ser mucho más común.
Hablas de ese momento
con el que he soñado, cuando nos llevan triunfantes
por haber hecho algo maravilloso o nos reciben en casa
con lágrimas y gritos de júbilo.
¿Sabes lo que me pregunto?
¿Es posible…
que ese momento no haya llegado aún para ninguna de las dos?
Yo creo que ha llegado.
O podría llegar.
Eso crees.
Entonces, ¿qué piensas?
¿Qué piensas de nosotras?
No sé cómo expresarlo con palabras.
Bueno, inténtalo.
- Lo intenté. - Inténtalo de nuevo.
¿Qué te imaginas?
Imagino que amo cómo nuestros sentimientos envolventes no dejan nada más…
para querer o buscar.
Me he aventurado demasiado.
Sé por experiencia que no siempre
los que demuestran menos sienten menos.
Como las uñas de mi perro sobre la madera.
¿Por qué no hiciste lo que te proponías?
Me preocupa contagiarte mi resfrío.
Hueles a galleta.
Tengo que irme a casa.
Asombro y alegría.
Asombro y alegría.
Asombro y alegría.
No cumpliste con ninguna de tus responsabilidades.
- ¿Necesitas ayuda? - No, no lo creo.
Entonces, ¿la cena será un plato frío esta noche?
Voy a ordeñar las vacas.
Viernes, 30 de mayo.
La luz del sol que se abre paso entre las ramas
crea un gran fárrago de luces y sombras.
Nos guardamos nuestra amistad para nosotras y la estudiamos,
como si fuera un mapa incompleto de nuestro escape.
Cuando acaba el día,
mi mente va hacia ella y pienso, con una vehemencia especial:
"¿Por qué debemos estar separadas?".
Tu sonrisa se detuvo. ¿Era para alguien más?
Lo siento, tenía la cabeza en otro lado.
Necesitamos percal, botones y cordón de zapatos.
¿Te molesto sentado aquí contigo?
Para nada.
Tal vez me di cuenta tarde, pero aprendí lo que es la consideración de otros.
Aprendí la necesidad de simpatía humana
y el deseo insatisfecho de ella.
Siento que te he brindado simpatía.
Suponía que era así.
Vuelve la sonrisa.
Buenos días.
Creo que la intimidad aumenta la buena voluntad.
Y, si es así,
entonces, cada minuto juntas nos hará ser trabajadoras más dispuestas.
¿Nuestras granjas no se beneficiarán de eso?
¿O nuestros esposos?
Todas nuestras cargas serán aliviadas.
Cuando se fue, yo era como un esquife en el mar,
sin mano ni timón que lo guiara.
Están limpiando la alcantarilla debajo de la calle en la bifurcación.
Y hay varias personas con fiebre.
Holt vino a colgar el tocino.
Todavía no se recuperó de la golpiza de dos extraños.
Tuvieron que llevarlo a casa en su carreta.
Dijo que los que lo hicieron iban a matarlo,
pero se dieron cuenta de que se habían equivocado de persona.
Últimamente, de lo único que hablas es de bandoleros y ladrones.
Al contrario,
a menudo lo evito por tu sensibilidad.
Y no te conté sobre todas las denuncias que hay en el condado de hombres
que envenenaron y mataron a sus mujeres
porque no me pareció un tema adecuado para la cena.
"Mataron a sus esposas", ¿usó esas palabras?
Sí, esas palabras.
¿Han tenido algún desacuerdo?
Sí, por mis deberes maritales.
Le dije que era mi deber, pero que no sentía deseos de hacerlo.
¿Y él lo aceptó?
Bueno, desde entonces no me toca, así que…
Pero logré sentirme mejor…
escribiendo un poema.
¿Puedo leerte la primera estrofa?
Puedes leerme el poema completo.
No, empezaré con la primera estrofa.
"Adoro los jardines florecientes.
Adoro las plantas trepadoras.
Adoro caminar en el aire,
pero les temo a los enjambres de hormigas".
No creo poder apoyar la rima.
Ya ves por qué no lo leí completo.
Lo siento.
Siempre he sido contraria y torpe.
Más temprano, sentí que…
cada vez que me acercaba a ti, tú retrocedías
y que, si me quedaba quieta, regresabas
pero te quedabas a la distancia, como esos gorriones
que se quedan en el corral pero no entran a la casa.
- No es así como me siento. - ¿Y cómo te sientes, entonces?
Cuando estaba en la escuela,
la maestra me hizo leerle "Cordelia" al "rey Lear" de un niño más grande.
Hacia el final de la obra, el rey y su hija son apresados,
pero él lo ve de una forma positiva.
"Ven, vamos a la cárcel", dice él.
"Solos los dos, cantaremos como pájaros enjaulados".
Encarcelados…
¿De forma positiva?
Bueno, tal vez habría que leer toda la obra.
Solo en las obras de teatro la gente debe ser encarcelada de forma positiva.
¿No crees que haya una jaula que podría funcionar a nuestro favor?
Yo solo…
Yo solo sé que…
nunca me han gustado las jaulas.
Espero que hayas tenido una buena tarde en Shangri-La o Tombuctú,
donde sea que hayas estado.
Tuve una tarde ajetreada, sí.
No lo dudo.
Te ausentaste cinco horas.
Fui a lo del mercero. No encontré nada que me gustara.
Luego paré en lo del hojalatero por una bolsa de café,
pero ahora está pidiendo 60 céntimos, y yo solo tenía 50.
Luego pensé en comprarte algún obsequio,
pero el señor Arnolds me recordó que aún le debo por mi última transacción…
Así que debí cerrar el monedero.
Cuéntame todo sobre tu día.
No te guardes nada.
No te interesa cómo pasa el tiempo tu esposa.
No siento que tenga una esposa.
Siento que tengo una ramera egoísta que…
Que prefiere irse a la casa de otro hombre antes que contribuir en los quehaceres.
Bueno, Dyer estaba en el campo,
y la casa de ella queda de camino a la nuestra, así que…
Entonces, ¿tú y Abigail estuvieron chismoseando durante horas?
Disfrutando de la compañía de la otra.
Tengo ciertas expectativas, y tú tienes ciertos deberes.
Hemos hablado día y noche sobre tus expectativas.
No viviré con una mujer que requiere discordia continua.
Bueno, entonces, no deberías vivir conmigo, ¿o sí?
No pidas más de lo que puedes manejar.
Domingo, 8 de junio.
Toda la tarde, un halcón estuvo usando una única nube sobre nosotras
como su propio parasol.
Para advertirles a otros como él.
Toda nuestra casa ahora parece enfadada y contrita.
Que Dios nos ayude.
Cuando pasaron tres días sin noticias de ella,
fui sigilosamente hasta su casa a echarle un vistazo
desde lo que imaginé sería una posición ventajosa y segura.
Al girar la lente, pude acercar más su cara
y mantenerla allí hasta que ella se apartó.
Su imagen provocó en mí una sensación…
parecida a la violencia que empuja una rama flotante
hacia el precipicio de una cascada
antes de su caída al abismo.
"Porque la esposa no tiene autoridad sobre su propio cuerpo,
pero el esposo sí.
No se priven uno del otro,
para que Satanás no pueda tentarlos debido a su falta de autocontrol".
Efesios 5:33. "Las casadas están sujetas a sus maridos como al Señor…".
Lunes, 9 de junio.
Padre misericordioso…
cambia el curso de los acontecimientos.
Miércoles, 11 de junio.
Dyer ha estado silencioso todo el día,
y a mí me alegró poder estar en soledad.
¡Hola!
Tallie…
No te hemos visto durante días.
¿Estuviste enferma?
Nada grave, espero.
No se ha sentido bien.
- Buenas tardes. - Buenas tardes.
Queremos invitarlos a cenar el próximo sábado.
Pero es nuestro turno. Nosotros deberíamos recibirlos.
Por el momento, por favor, sean nuestros invitados.
Será un placer.
¿A las seis?
A las seis.
De pequeña, mi madre una vez me dijo, en un rapto de ira,
que mi padre no le pedía nada excepto trabajar en el jardín,
cosechar la producción, hacer conservas de fruta,
cuidar las aves de corral, ordeñar las vacas,
hacer las tareas domésticas
y ayudar en el campo cuando fuera necesario.
Dijo que ella aparecía en su libro mayor solo cuando se compraba un vestido.
¿Figuro en algún lado ahí?
Estoy registrando los gastos de primavera.
¿Qué ha cambiado?
Casan a las hijas tan jóvenes
que allí donde mires, una delgada y renuente joven
es obligada a enfrentar un mar de tribulaciones
antes de haber alcanzado su altura completa.
¡Es para eso!
Vamos.
Buenos días.
Buenos días, Jim.
Buenos días, señora.
Tengo un libro nuevo para usted.
¿Sabe? En realidad me gustaría ver ese vestido azul que tiene allí.
Muy bien, señora.
¡Por aquí!
Cuesta dos con cincuenta.
Lo llevo.
¿Mi vuelto?
Gracias.
La hija mayor de los Manning volcó una lámpara de aceite
e incendió la casa.
¡Fuego!
- ¡Fuego! - Antes de que el fuego
la ahuyentara de la casa,
oyó el llamado de su hermana, que estaba atrapada en el altillo.
¿Dónde está mi Cassie?
¡Cassie!
¡Sácala!
¡Sácala!
Hay que elogiar a tu esposa por ser buena anfitriona y cocinera.
Recuerdo la época…
No, gracias.
…cuando la producción de una buena esposa alimentaba, vestía, calzaba, cobijaba
y calentaba a cada familia reunida dentro de su propia cerca.
Me enteré por los leñadores que la hija mayor de la señora Manning
tuvo quemaduras graves por el incendio de la casa.
- Cassie. - Y murió.
Sí, así es.
Bueno, como decía mi padre:
"El supremo, quien rige los acontecimientos,
a veces decepciona nuestros deseos terrenales".
Qué maravillosa lámpara colgante.
Finney la compró para que todos en la sala pudieran leer con igual comodidad.
No me criaron para leer demasiado,
pero creo que un padre debe darles a sus hijos toda oportunidad de mejorar.
Los niños son un asunto delicado en esta casa.
Y en la suya, imagino.
Tendrán que disculpar a mi esposo.
Aun así,
sea cual sea la desgracia que toque a mi puerta,
busco mejorar lo mío con mis propias manos.
Yo…
estudio detenidamente mis opciones
y me ocupo de todo con más vehemencia.
Bueno, entonces, habría que elogiarte por eso.
Les daré un ejemplo.
Cuando empecé a dedicarme a la agricultura,
me enfadaba tanto mi propia incapacidad de hacer que mis perros pararan de ladrar
que un enero, durante una tormenta,
sujeté al perro a la vuelta del granero en medio de una tempestad
hasta que murió congelado.
Casi muero congelado yo mismo, al menos me congelé las manos,
incluso con los pesados guantes de trabajo.
Eso es reprobable.
¿Vi afuera que usas un viejo arado de pala?
Bueno, ya que te interesa mi maquinaria,
tengo una rastra de bisagra que me está dando problemas.
Al tocar las piedras y raíces, las puntas se rompen.
Bueno, nuestra rastra tiene discos rectos.
¿Funciona mejor?
Sí, eso parece.
Trae el postre.
Creo que estamos satisfechos.
Mi esposo insiste con sus pasteles y frutas en conserva y cremas.
De acuerdo.
¿Qué sucede?
¿Estás en peligro?
¿Qué te pasó en el cuello?
No, yo… Me tropecé con una cerca.
No me había enterado.
Hay muchas cosas de las que no te enteraste.
De vuelta en la mesa, Tallie mantuvo un estricto control de sus ojos.
El humor de su esposo parecía haberse ensombrecido.
Sirvió los pasteles y las cremas él mismo,
y dejó vacío solo el plato de ella.
Sábado, 21 de junio.
Mi corazón es un torbellino.
Mi cabeza es una confusión.
Una semana entera sin la visita de Tallie.
Sin noticias.
Mi ansiedad a menudo me obliga a parar de trabajar
y a caminar por la casa como una reclusa.
Tengo que verla.
¡Tallie!
¿Qué pasó?
Se fueron.
¿Sin despedirse?
Tenemos que llamar al alguacil.
¿Para denunciar qué, exactamente? ¿Que nuestros vecinos se mudaron?
Es la granja Zebrun. Estaban alquilando.
Entonces, iré yo.
¿Por qué razón?
¡Hay sangre!
¿Y tú nunca tuviste un accidente?
Entonces, ¿no haremos nada?
Haré las rondas de los vecinos.
Y si no estamos conformes, podemos transmitirle nuestros temores al alguacil.
Gracias.
Lunes, 23 de junio.
Dyer dijo que la señora Nottoway recordaba haber visto su carromato
en la carretera rural a última hora del día, rumbo al noroeste.
¿Señora Nottoway?
Creyó ver la figura de Tallie junto a la de su esposo, pero no estaba segura.
Un jornalero, creyó, conducía el segundo vagón.
Domingo, 29 de junio.
Vi al alguacil en su camino a la iglesia.
Le expresé mis acusaciones sin obtener respuesta.
Dyer dijo que nadie investigaría un crimen sin que hubiera pruebas
de que el crimen se había cometido.
¿Calmarme?
Me negaba a calmarme,
así que me ató a una silla y me administró láudano.
Lunes, 30 de junio.
Adormilada y con dificultad para respirar por el láudano…
Me despierto sollozando,
me acuesto sollozando,
abordo mis tareas sollozando.
Domingo, 6 de julio.
Soy una biblioteca sin libros,
un mar de temor, agitación y deseo.
Dyer habla de que tenemos mucho de lo que estar agradecidos.
Me siento violentamente consciente del tictac del reloj,
mientras él llora por lo que imagina es su propia pobre y miserable existencia.
Miércoles, 9 de julio.
A pesar de algunas horas sin el láudano, estaba tan confundida y loca de dolor
que Dyer me dejó sola toda la tarde,
inquieto y cauteloso por mi estado.
Martes, 22 de julio.
¿Weldon?
- Buenos días. - Los inquilinos de Zebrun se fueron.
¿Dejaron una dirección de contacto?
No. Tiene una carta.
¿Es de ella?
Sí.
¿Origen?
Condado de Onondaga. ¿Lo conoces?
Queda al norte de Siracusa.
¿La leerás?
Para mí.
Abigail.
Lamento que esta carta sea lo único que tengo para enviarte
y lamento todo lo que una carta no puede ser.
Hasta la mejor carta es solo un retazo de alguien.
Lamento no haber podido despedirme
y lamento que hayamos intercambiado una especie de pena por la otra.
Resulta que las casas en la profundidad del bosque
siempre parecen tener una soledad espantosa y antinatural.
Si tan solo hubiera por aquí un monasterio en ruinas lleno de murciélagos,
la vista sería perfecta.
Nuestro techo está desvencijado y nos protege bien del agua en clima seco,
pero tenemos que poner lecheros por todo el piso cuando llueve.
Aun así, afuera de la cocina,
ya hay anémonas y pensamientos tricolor,
y hasta flores más bonitas que mi estupidez
me impide nombrarte.
Creo que he disfrutado menos estas últimas semanas
que cualquier otra mujer que haya vivido.
Durante el poco tiempo que tengo para mí,
Finney lee en voz alta instrucciones para esposas del Antiguo Testamento.
Pero cuando se trata de la Biblia, tengo que decir que hay muchos pasajes
que puede que se sepa de memoria, pero que no han tocado su corazón.
No puedo dar cuenta de su estado mental, salvo decir
que mi compañía debe ser intensamente desagradable para él.
Y, si es así,
lo lamento.
¡Buenas tardes!
Buenas tardes.
Hola.
Tengo algo para usted.
Aquí tiene.
Gracias.
Que tenga buen día.
Vamos.
- ¿Es para mí? - Del condado de Schoharie.
- Tu Abigail. - Dámela.
Dámela. Finney, dame…
¡Finney!
"¿Qué será de las milésimas de nuestro sexo
dispersas en la naturaleza
y obligadas a poner a prueba nuestra fortaleza?
Siento como si en la mismísima hora en que nuestra perspectiva era brillante,
en la tenue distancia se hubiera acercado una sombra negra.
Y, aun así,
imagino la más feliz de las uniones para nosotras, aquellas
en las que dos familias entre las que había hostilidad
se vuelven a unir milagrosamente en el nombre del amor.
Es tu rostro el que soporto por la noche.
Es a ti a quien le entrego un espacio de sueños
antes del momento de dormir, aunque no pueda hacerlo.
Es como si todo dentro de mí suplicara por aire,
y pienso que si es así ahora, ¿cómo será después?
Te envío todo el amor y apoyo que puedo.
Te envío toda la esperanza de mi corazón. Abigail".
Quiero que sepas que solo la fuerza no podría haberme traído aquí,
a un lugar así.
Me vi obligada a actuar en apoyo de los intereses,
la felicidad y la reputación de alguien a quien alguna vez amé.
Por lo que entiendo,
ahora estamos a solo 137 kilómetros de distancia.
Pero, claro,
las personas como nosotras no hacen visitas largas.
Dyer al principio se negó a permitir mi partida,
y luego a acompañarme,
y solo se acercó a la carreta al final de nuestra propiedad y subió.
Éramos la representación de la angustia, traqueteando uno junto al otro.
La noche era clara y cálida, con la aparente proximidad de la lluvia.
Un chaparrón.
Es tan difícil escribir sobre lo mucho que quiero agradecerte,
pero tengo que empezar por algún lado.
Abigail…
Quiero decirte que estar contigo, incluso a solas,
ha sido como ser parte de la comunidad
más grande y más espaciosa que podría haber imaginado.
Me siento más cerca de ti que de una hermana
porque todo lo maravilloso que siento
elijo sentirlo.
¿Y sabes cuál es el recuerdo que más atesoro?
Cuando volteaste hacia mí con esa sonrisa que me hiciste
cuando te diste cuenta de que eras amada.
No tengo forma de saber qué es lo que vendrá,
pero lo que sí sé es que toda la confianza y el cariño y el valor que compartimos…
eso resplandecerá sobre nosotras
y nos protegerá.
Tú eres mi ciudad de la alegría.
Tú eres mi ciudad de la alegría.
¿Puedo preguntar qué quieren?
Vinimos a ver a Tallie. ¿Dónde está?
Los oí en la carretera.
Qué barullo hicieron. Pensé que eran el hojalatero.
Viajamos durante tres días. No nos iremos sin verla.
Me tiene sin cuidado lo que pretendan hacer antes de irse.
- Cuida el lenguaje, amigo. - ¿Dónde está?
La traté con té de hollín y raíz de pino a ver si hacía efecto,
pero la enfermedad siempre pone a prueba tu voluntad de inclinarte ante el supremo.
Supongo que era difteria.
¡No!
Hay cierta alienación en la vida marital…
¿Qué hora es?
No me importa.
- Debo irme. - Me vas a dejar una marca.
Vamos.
Vamos.
Vamos.
Domingo, 31 de agosto.
El clima está muy caluroso y soleado.
Limpié el cobertizo,
que estaba lleno de trastos oxidados y polvorientos,
lavé las ventanas
e hice conserva de manzana para el invierno.
Catorce dólares de la venta de nuestra leche y mantequilla.
Me corté la mano con un cuchillo de pelar.
Me consuelo con la convicción
de que algún día en el futuro, cuando Dyer
deba viajar a Siracusa por forraje o provisiones,
lo acompañaré
y tomaré su rifle e iré a Skaneateles
y mataré a Finney donde esté.
Dyer estuvo trabajando en el granero.
Cada día, representamos nuestra separación.
A veces, cuando oscurece,
caminamos hacia las colinas por nuestros campos más altos
para tener una amplia, amplia vista.
Y Dyer intenta imaginarnos como éramos,
mientras yo intento imaginar a Tallie y ese cordial y tolerante hogar
que existió solo en nuestros sueños.
Imagino a Tallie y a Nellie en algún lugar, juntas,
y a Nellie pasando su cepillo por el cabello de Tallie.
Imagino que destierro para siempre esos sentimientos personales
que ella doblegó y refinó.
Imagino que resuelvo hacer lo que pueda por Dyer.
E imagino que continúo escribiendo en este libro mayor,
aquí,
como si esta fuera mi vida.
Como si mi vida no estuviera en otra parte.
Siempre temí que les traería mala fortuna a aquellos que amara.
¿De verdad no dirás nada ante eso?
No sé por dónde empezar.
No puedo imaginar qué más podríamos hacer por el otro…
Con nuestras limitaciones.
¿No puedes?
No puedo.
¿No puedes?
Bien, entonces…
es bueno recordar que siempre podemos cultivar nuestra imaginación.
BASADA EN LA HISTORIA ORIGINAL "THE WORLD TO COME", DE JIM SHEPARD
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