All language subtitles for El escuadron de la muerte (Per un dollaro di gloria) 1966 ESP

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Original subtitles

(Música cabecera)

(Acordes "La Marsellesa")

(Música)

¡Micky, ven aquí!

No me vuelvas loca, párate. Obedéceme, Micky.

¡Obedéceme enseguida!

¡Espérame!

Como te coja...

-¿Dónde vas, terremoto?

-Como siempre, sigue dándole mimos, papá,

y de esa manera nunca aprenderá a obedecer.

-Vete tú, eres una bruja. -¿Por qué no obedeces a tu hermana?

¿Qué cuentos son esos?

-Se le ha metido en la cabeza que no se quiere ir.

-Yo quiero quedarme contigo, papá, no quiero irme.

Tengo miedo, ahí fuera están los pieles rojas.

-Pero si son los pieles rojas los que deberían tenerte miedo a ti.

(RÍE)

Anda.

-¿Cuándo nos vamos?

-Bravo, veo que no tenéis miedo.

Os suplico que obedezcáis, y ayudéis a vuestra madre.

-¿Y si nos encontramos con los indios? ¡Pam, pam, pam, pam!

-Por favor, ten valor.

Tenéis que abandonar el fuerte, es demasiado peligroso permanecer en él.

-¿Y vosotros? -Nosotros somos soldados.

-Sí, lo sé,

pero si vosotros morís,

¿de qué sirve que nosotros nos salvemos?

-Es por los chicos, Mary, piensa en ellos.

(Música triste)

-Hala, ve a prepararte.

Y tú, deja en paz ese martillo, estos no son trabajos de mujer.

-Claro, las mujeres no servimos para nada.

Si tu coronel nos hubiera dado un rifle en vez de echarnos, verías.

-Te gustará un poco de vida civilizada,

y cuidadito con lo que haces, ¿eh? -¿Qué voy a hacer?, divertirme,

para eso nos mandáis de vacaciones. -Todo saldrá bien, ya lo verás.

(Música)

-Si llegamos a nuestro destino sin contratiempo,

la primera noche me emborracharé como un cabo.

-Yo me emborracharé en cuanto regrese el guía,

y nos diga que habéis llegado sin novedad. Yo y todos.

-Papá, ¿dónde está Rooney? No lo encuentro.

-Yo lo he visto en algún sitio, ahora lo buscaré.

-Yo no me marcho sin Rooney.

-Tienes razón, Rooney es un gran soldado,

con él puedes ir tranquilo.

-Sí, muy tranquilo, sobre todo con la gran escolta que llevamos.

(Música)

-Vaya suerte que tenéis, amigos. -Suerte, ¿por qué?

-Hombre, por cambiar esto por Tascosa.

-Si llegamos. -Aquello está lleno de mujeres.

Y sin embargo, nosotros... a reventar aquí.

-Que el diablo nos lleve. -¿Por qué dices eso?

-No manda en la escolta a ninguno de nuestros maridos,

parece que lo ha hecho a propósito, siempre nos ha odiado.

Y si nadie tiene el valor de decírselo en la cara, yo sí.

-¿Quieres buscar un lío a tu marido?

-Debería ser el primero en partirle la cara.

-¿A quién? -A tu coronel.

-¿Por qué? -¿Por qué, por qué?

Tienes miedo, ¿eh? Le teméis más a él que a los indios.

¿Sabes lo que voy a hacer? No me marcho, lo he decidido.

-¿Quieres dejar eso, Elda? -No tengo más que un hijo,

y no lo he traído al mundo para que me lo maten los indios,

así que no nos vamos, nos quedamos. Abajo.

-Descargad los equipajes, ¿a qué esperáis?

Tenemos que negarnos todos a una, quisiera saber lo que...

-Elda.

Sargentos Miles y Ross, vengan.

A la orden.

Ross, los prisioneros franceses también se marcharán,

no quiero bocas inútiles. Bien, señor.

¿Qué sucede ahí, Miles? Nada, mi coronel.

Las mujeres, ya sabe usted.

Venga, si alguien tiene algo que decir, que se dé prisa,

ya van con mucho retraso.

Es usted quien va con retraso, hace una semana que hemos debido irnos,

salir de aquí es un suicidio.

¿Desde cuándo una mujer sabe más que un militar?

Desde hace unas semanas se habla de los pieles rojas,

se decía que se preparaban y llegaban a los alrededores del fuerte.

Pero hoy ya se les ha visto, y no es preciso ser Napoleón para...

Los indios se agrupan, y su objetivo es solo el fuerte,

no van a exponerse a pérdidas inútiles

por atacar a un grupo de civiles. Es posible, huirán aterrados

al ver la gran escolta que nos acompaña.

¿Dejaría ir también a mi mujer si supiera que hay algún peligro?

¿Por qué no deja que alguno de nuestros maridos

venga con nosotras, coronel? Son suboficiales,

con un deber más importante que servir de escolta.

Los que se marchan, que monten en los carros.

Avise a los guías. Sí, señor.

Va a salir la caravana.

Vamos, Elda. -Cálmate, ven.

(SOLLOZA)

-Mi coronel, ¿en qué carro los llevamos?

Son prisioneros, a pie y atados. A la orden.

¿Cuántos días tardará usted en volver?

Si tienen que guardarse de alguien, será de los franceses.

Suelen cruzar la frontera

persiguiendo a los patriotas mexicanos que buscan aquí refugio.

Con ustedes irán dos prisioneros, vigílenlos bien. Pueden marcharse.

Hasta pronto.

(LLORA)

Por favor, todo el mundo nos está mirando.

(SOLLOZA) Anda...

(SOLLOZA)

-Papá, te has olvidado de Rooney. ¿Es que no lo has encontrado?

-Caramba, es verdad, voy a buscarlo, tranquilízate, sé dónde está.

En marcha.

(Música)

¡Micky, Micky!

Aquí tienes a tu Rooney.

-Gracias, papá, adiós.

(Música triste)

(Música dramática)

(Música triste)

Parece muy claro, esta caravana llevaba prisioneros franceses.

¡Eh, tú!

Corre, y avisa a los demás, que vengan aquí.

¿Qué piensa usted hacer?

Lo primero de todo es dar tierra a estos pobres muertos.

(Música dramática)

(Disparos)

(Música dramática)

Aquí llega Gorot.

Creo que no es nada grave, capitán. Eso parece.

¿Qué ha ocurrido, capitán?

Para mí una flecha con suerte. Pero en cambio, el pobre Gilbert...

¿Qué novedades traes? Por aquí no se puede pasar,

todo son montañas y rocas impracticables.

El otro lado es aún peor.

(Música dramática)

Quietos, vamos al paso.

(Continúa música)

No les oculto que estamos metidos en una situación difícil.

El resultado de las exploraciones llevadas a cabo por Gorot y por mí

no es alentador, y no solo porque hayamos perdido un hombre.

Piensen en dos rebanadas de pan prensado una tortilla.

Capitán, no hable de tortilla, con el hambre que tenemos.

Lo peor es que esa tortilla somos nosotros,

y las dos rebanadas de pan, los indios y los sudistas.

Sí, lo único cierto es que estamos en territorio americano.

¿Han encontrado ustedes a los sudistas?

Despedazados por los indios, no quiero entrar en detalles,

el mismo fin puede alcanzarnos a nosotros.

¿Cree usted que estamos muy lejos de la frontera?

Sospecho que sí, hace siete días que los indios

nos atacan y nos persiguen, obligándonos a internarnos.

¿Y esos muertos? ¿Usted cree que lo han hecho con un fin preconcebido?

Sí, una táctica perfecta.

Primero aislarnos en un terreno desconocido y hostil,

lejos de nuestros cuarteles, para luego...

Si no fuera por esta maldita pierna,

lo mejor sería ponernos de nuevo en marcha.

Avanzando hacia el sur, a algún punto de México llegaremos.

Cabo, ¿cómo andamos de víveres? Unas pocas galletas,

para un par de días, a lo sumo.

En cambio, hay puros para un mes. ¿Cómo?

En la escaramuza de ayer, este salvó las raciones de tabaco,

pensando que eran víveres. -¿Qué culpa tengo yo?

Los caballos echaron a correr, y detuve a los que pude.

Y has hecho bien,

así, cuando tengamos hambre, encenderemos un cigarro.

(Música)

El sur está allí.

Si no supiéramos orientarnos, sería suficiente con mirarlos,

son exactos como una brújula.

¿Y si nos abriéramos paso por la fuerza?

No parecen muchos, pero, ¿y si hay otros detrás de esos?

Entonces, ¿por qué no nos atacan de una vez?

Lo harán si nosotros nos dejamos empujar a donde ellos quieren.

Seria necesario hacerles perder nuestras huellas.

No es fácil.

Quizá marchando de noche.

Hoy no nos detendremos.

(Música)

(Música dramática)

(Estruendo)

Mi capitán, opino que sería mejor no detenernos.

¿Por qué? Los indios ya han pasado, podemos permanecer aquí escondidos

durante todo el día,

lo importante es pasar inadvertidos.

Pero... con todos esos muertos...

Los muertos no hacen ruido, y hasta es posible que podamos dormir.

Haría falta algo de coñac, ¿queda todavía?

No, mi capitán, lo siento. -¡Alarma, los indios!

(Música tensión)

¿Dónde? Allí, en el salón.

Ven.

(Música tensión)

¡Sal de ahí!

¡Fuera! ¡No, no!

¿Qué haces aquí? Yo no soy una navajo.

Es verdad, eres una parisina. Soy apache.

Mi nombre es Fiama. Te he preguntado qué haces aquí,

solo los chacales viven en compañía de los muertos.

Venga conmigo. ¿Adónde pretendes llevarme?

Donde está escondida miss Brenda. ¿Quién es esa miss Brenda?

Es mi ama, está herida.

Tienen que hacer algo por ella.

No es una india, es una mujer blanca, como vosotros.

¿Dónde está? Ahí atrás.

-Anda, vamos,

y mucho cuidadito con lo que haces. Vigila.

(Música)

Ha sido alcanzada por una flecha, yo se la he arrancado.

Se lo suplico, hagan algo por ella.

Lo intentaremos. Un poco de coñac.

Es la reserva, mi capitán, que no se debería tocar nunca.

Ha debido perder mucha sangre.

No sé, creo que solo un médico puede hacer algo.

Sí, un médico, ¿y dónde está?

Hay uno a 30 millas de aquí. ¿Cómo?

¿Qué hay a 30 millas de aquí? Un fuerte, muy grande,

y muchos soldados americanos, seguro que tiene que haber un médico.

¿Dónde está ese fuerte, al sur, en qué parte?

A la otra orilla del río, por el lado donde se esconde el sol.

-Al oeste. Lo intentaremos.

¿Por qué? ¿Y si estuviera en otro sitio?

Si los indios siguen empujándonos hacia el norte,

es porque el grueso de sus fuerzas está al norte.

¿Cuándo los has visto? Ayer.

¿Eran muchos? Sí, muchos.

Todos navajos, y con ellos el gran jefe Wichitah.

¿Hacia dónde se fueron?

No lo sé, yo estaba aquí escondida con...

(Disparos)

Oh, mi ama, tranquilícese.

(Continúan disparos)

(GRITAN)

(Continúan disparos)

(Música dramática)

¡Ah!

(Continúan disparos)

(GRITAN)

(Continúan disparos)

Muchachos, tenemos que ponernos en marcha, pueden volver en masa.

¿Dónde vamos? Nos ocurrirá lo mismo donde vayamos.

Tenemos que intentarlo, a 30 millas de aquí hay un fuerte sudista.

¿Qué opinan ustedes?

Los americanos no nos acogerán con los brazos abiertos

para darnos la bienvenida. -Pero tampoco para ahogarnos.

Y menos, para quitarnos la cabellera.

Ánimo, muchachos, a caballo.

Ven, Moriart.

Gile, Gorot, buscadme un carro que aún se mantenga en pie.

(Música)

Parece abandonado.

¡Adelante!

(Música)

No me gusta nada este silencio,

esa puerta puede abrirse en cualquier momento,

para vomitarnos una avalancha de pieles rojas.

(Música suspense)

-Adelante, franceses, pueden entrar si quieren, pero como prisioneros.

Les advierto que todos nuestros rifles les están apuntando.

(IRONIZA) -Muy simpáticos.

Los indios nos hubieran recibido peor.

(Música)

Vuestras armas.

La bandera también.

¿Tanto interés tiene por nuestra bandera, teniente?

Cumplo una orden.

Quisiera verle la cara al que le ha dado esa orden.

Teniente Albord,

diez segundos de tiempo.

Si se niegan, abran fuego.

Sargento Miles, dispuestos.

-¡Preparen armas!

¡Apunten!

(Música)

Por lo menos, hagan el esfuerzo de recogerla.

Bajen las armas. ¡Firmes!

Haga pasar a los prisioneros en fila, ante el mando.

Sí, señor.

Sargento Miles. -¡Alto!

-Adelante.

El línea frente al mando, desarmados. -A la orden.

¡Adelante! ¡Adelante!

Necesitamos un médico... En fila frente al mando.

Le he pedido un médico, es un caso urgente.

¿Es lo que les enseñan en las academias francesas?

¿En las americanas no les enseñan a ser humanos?

Traigo dos heridos, uno de ellos es una mujer.

Calma, capitán no se preocupe, el médico está aquí,

y le tienen sin cuidado las academias.

Vamos a ver qué clase de mujer nos ha traído.

¿Al menos es guapa? Herida de flecha en el costado.

Procuraremos curarla enseguida, sobre todo si es bonita.

(GIME)

(Música)

¿Dónde la encontraron?

En el poblado que hay aquí cerca, en el salón.

¡Alarma, alarma!

-¡Todos a la empalizada!

-¡Vamos, deprisa!

-¿Qué, capitán, les echamos una mano? Claro que sí,

al fin y al cabo, estamos dentro de la misma sartén.

Ánimo, que vean lo que saben hacer los dragones, aunque vayan a pie.

(Disparos)

(GRITAN)

¡Deprisa, muchachos, deprisa!

(Disparos)

(Acordes "La Marsellesa")

¡No quiero aquí franceses! ¿Le molestan?

Vamos, ordene a los míos que tiren las armas.

(Gritos, disparos)

(Disparos)

(Música dramática)

-¡Agua!

¡Agua aquí, rápido!

(Gritos de guerra)

¿Por qué no dices a tus amigos que se vayan?

No son amigos míos, si me cogen, me matarían a mí la primera.

(Crujidos)

Si la barraca arde, estamos perdidos.

(Disparos)

¡Eh, vosotros, venid aquí!

Ahí detrás, deprisa.

Enseguida tendremos nuevos clientes.

Doctor, se ha despertado, mire.

¿Y ahora dónde estamos?

Tranquilícese, señora, estamos a salvo

y hay un buen médico que la pondrá buena enseguida.

(Gritos)

(Relinchos)

No se preocupe, señora, no se preocupe.

(Relinchos y gritos)

Tú...

¿Cómo estás aquí?

(BALBUCEA) ¿Qué quieres de mí?

Anda, bebe.

Sujétala. No quiero nada de ti.

Sujétala, tiene que tomarse esta medicina.

No, no...

(Disparos)

(Música tensión)

¡Alto el fuego! ¡Alto el fuego!

-¡Alto el fuego!

Les dije que se cubrieran. ¿Más heridos?

No, de los nuestros este solo. Llévale a la enfermería.

Cuidado con los escalones.

Capitán, quiero hablar con usted, sígame.

(Música suspense)

Le ofrezco la posibilidad de volver a México.

¿De qué modo?

Bajo su palabra de que están dispuestos

a luchar a mis órdenes. Estoy dispuesto a colaborar.

He dicho a mis órdenes.

Para obligarles a combatir ya están los indios.

¿Y usted me da su palabra de que en cuanto sea posible

nos dejará marchar? Sí.

Tiene usted mi palabra.

Entonces, teniente, los franceses se alojarán

en el barracón de la izquierda, separados de los nuestros.

Sí, señor. ¿Más órdenes?

Sí, devolverá su revolver al capitán.

Hala, váyase, fuera.

Venga, capitán.

Mire dónde estamos, Fort Sharp,

y alrededor 3000 navajos a las órdenes de Wichitah.

Sí, durante tres días nos han atacado en oleadas,

pero no es fácil tomar Fort Sharp.

Nos han causado bajas, sí,

pero ellos las han tenido mucho más graves.

Ahora han cambiado de táctica, atacan en grupos.

Creen que de esta forma van a acabar con nuestros nervios.

Entiendo, probablemente el grueso de sus hombres

se habrá ido a otro lugar, puede que al norte.

¿Por qué al norte?

Porque allí los blancos están en guerra entre sí

y es una buena oportunidad.

No, lo que les interesa es el fuerte,

están por estos alrededores.

Al venir hacia aquí no he tenido la sensación

de que fueran demasiados. Se esconden para engañarnos.

Quieren hacerme creer que han quedado unos pocos

para obligarme a salir del fuerte y aniquilarnos.

Es una hipótesis admisible, pero, sin embargo,

más en campo abierto de lo que estábamos nosotros...

¿Por qué nos dejaron marchar?

¿Y si todo ha sido una añagaza?

¿Y si les han empujado hasta aquí

para que viniera a contarme exactamente

lo que me está contando?

Volverán a atacarnos en masa y la resistencia será difícil.

Necesitamos más hombres,

por eso no les hago prisioneros

como siempre he hecho con los franceses.

¿Ha hecho usted prisioneros a otros franceses?

Sí, dos dragones, y no hace mucho tiempo.

También se habían perdido.

Ustedes los franceses tienen la mala costumbre de perderse.

¿Y dónde están ahora?

Los he enviado a Tascosa con las familias que vivían aquí,

una docena de personas entre mujeres y niños.

Me he privado de unos cuantos hombres para que les dieran escolta,

pero he tenido razón, dos días después nos han atacado.

Cuando ellos ya estaban a salvo...

Pronto tendremos noticias de ellos por el guía,

que estará de regreso de un momento a otro.

(Música suspense)

No vendrá ningún guía, coronel.

(Música suspense)

Asesinados...

En una explanada, a unas 70 millas de Sanibel.

Mi mujer iba entre ellos. No lo sabía, coronel.

Siento haber sido yo quien le haya dado esta mala noticia.

Esta no es hora de lamentaciones.

¿Quiere hacerme un favor, capitán? No se lo diga a mis hombres.

Quiero tener este dolor para mí solo.

Si resisten es solo con la esperanza

de poderse reunir un día con sus familias.

Lo comprendo y me hago cargo de sus razones,

pero no puedo hacerle caso, es inhumano mantenerles la ilusión.

(Música tensión)

Limítese a obedecer.

Le ordeno callar y olvidar.

Si es una orden... ¿Y sus hombres?

No lo saben, no estaban conmigo, únicamente mi sargento.

También me responderá de su silencio.

Puede retirarse, capitán.

(Música dramática)

Si se hubieran limitado a quedarse como prisioneros,

hubiera sido mucho mejor, habríamos acabado de una vez.

Teniente, teniente, tenemos que matarles

si queremos salir de este condenado infierno.

No te muevas, descansa. Tenemos que matarle,

él tiene la culpa de todo lo que pasa.

Al final tendremos que matarle. ¿A quién?

Al coronel, pero no se preocupe usted por la muchacha,

todo lo que tiene es un shock muy fuerte.

El sargento Ross le ha cedido su habitación.

(Tambores)

Así estará más tranquila.

Al principio se daba la alarma, pero ya nos hemos acostumbrado.

De vez en cuando se dejan oír para recordarnos

que acabarán con todos nosotros. Eso es derrotismo.

Frente a sus hombres no debiera hablar así, teniente.

Es cierto, olvidaba que el coronel Lenox

nos está haciendo escribir la más bella pagina

de nuestra historia,

pero usted, que también es militar, disciplina y reglamento,

¿no se ha preguntado todavía qué es lo que hacemos aquí?

¿Qué es lo que estamos defendiendo?

Una porquería de fuerte sin ninguna importancia,

que incluso el propio alto mando había ordenado abandonar.

¿Ordenado? Esa es la verdad,

pero ese loco ha decidido defender a toda costa estos palos podridos.

¿Sabe usted por qué morimos aquí?

Para dar un dólar de gloria a uno

que no ha conseguido llegar a general.

Si quiere jugar a ser un héroe, aquí se encontrará a gusto.

(Música)

Ah, pero ¿tienen ustedes puros?

-Sí. -Nos darán alguno, ¿no?

-Para agradecerles su recibimiento. -Le propongo un cambio,

nosotros tenemos licores.

-¿Coñac? -Whisky.

-Bah, porquería americana.

(Música)

¡Suelta, ladrón!

(Música tensión)

-¡Dale! -¡Duro con él!

¡Es una orden!

-Quietos todos.

¡Cobarde!

(Continúa música)

¿Qué pasa, muchachos? -¡Alto!

-¡Alto! -¡A formar, a formar!

(Música tensión)

Moriart.

Me he comprometido a evitar incidentes,

¿por qué ha ocurrido? No me interesa saber el por qué.

Quiero saber quién,

que se presenten los responsables de esta pelea.

El francés que haya levantado las manos el primero

que se adelante.

Una pelea comienza entre dos, ¿quién ha sido el otro?

Vamos.

He sido yo.

-Mi coronel, intente comprenderlo, estamos todos un poco nerviosos.

¿Por qué?

No es por los indios, sino por el guía,

que tenía que traer noticias de nuestras familias.

-Hace tres días que lo esperamos.

Todos lo esperamos, pero no debemos dejar de ser soldados.

Teniente, que amarren a los responsables al palo

durante 24 horas.

(Música suspense)

Quieta, fierecilla.

¿No te gusta que te hagan el amor? Ven aquí.

¿Qué sucede? Iba ahora en su busca, capitán.

Sería mejor que no salieras, sobre todo de noche.

Mi ama quiere hablarle.

El capitán Clermont, ¿verdad?

¿Cómo se encuentra, miss Brenda? Mucho mejor.

Y gracias por todo.

Me he alegrado cuando Fiama

me ha dicho que aún estaba usted aquí.

Temía que se hubiese marchado. ¿Tenía miedo?

Sí, por eso quería...

quería pedirle que me llevaran con ustedes.

¿Le extraña?

Sé que hay muchos peligros para emprender de nuevo la marcha,

pero no quiero seguir aquí.

Y... No le quito la razón.

De todas maneras, tener una empalizada rodeándonos

es una buena protección, aunque por otra parte sea una cárcel.

¿Va usted a quedarse aquí?

El irme o el quedarme no depende de mí.

Al fin y al cabo, soy un prisionero. Les he metido en un buen lío.

Seguramente sin mí hubieran seguido su viaje hacia México.

Es posible, pero probablemente jamás habríamos llegado.

Pensándolo bien, ha sido usted la que nos ha salvado,

al menos de la tentación de ser héroes.

Extrañas palabras en boca de un oficial.

Sí, quizá no me concedan una medalla,

pero los hombres que estaban conmigo por ahora siguen vivos,

igual que lo estoy yo y usted, a pesar de los navajos.

No solo existen los navajos.

(Música suspense)

Eh, tú, ¿has visto?

Acabo de ver moverse una sombra entre aquellos matorrales.

¿Por qué no dan la alarma? -Habrá sido un coyote.

-¿Has oído? -Es el viento.

Ahí dentro no hay quien duerma.

-Pues no sé qué será peor, esto es un baño turco.

-¿Un cigarro?

-Fíjate.

-Maldita sea... Ponerse a fumar delante de nuestras narices.

Se diría que lo hacen aposta.

Esto es un infierno.

-Aquello es bastante peor.

(Música suspense)

Eh, vosotros, ¡alto! Quietos o disparo.

He dicho quietos.

-¿Han dado la alarma? -No.

-¿Tú crees que nos desatarán?

-No sueñes, nos tendrán aquí hasta mañana.

Sargento Miles, ¿quién los ha matado?

He sido yo. ¿Por qué?

(Música tensión)

Sargento, tome una escuadra y registre todo el fuerte.

Teniente, estado de alarma, todos a sus puestos.

Sí, señor.

-Capitán, han matado a uno de los nuestros.

(Música suspense)

(Música intriga)

(Música tensión)

(Música tensión)

(Música suave)

Un momento, somos dos. No damos de comer a los indios.

Pero ¿qué hace, señorita?

No es justo.

Tiene que ser prudente, aún no está bien del todo.

Déjame.

Mira, la palomita asoma el pico.

Por lo visto, no teme a ningún cazador.

(RÍE) -¿Esa?

Preséntate delante de ella con unos dólares en la boca

y te recibirá con los brazos abiertos.

(RÍEN)

¿Qué desea?

Sus hombres se niegan a darle de comer a mi doncella.

Los víveres escasean y sería mejor que la india se fuera con los suyos.

No son los suyos los que están ahí fuera.

Fiama es buena y fiel y no puedo permitir que...

¿Dónde cree que se encuentra para hablarme así, en sus salones?

Espero hallarme entre criaturas humanas.

Ya que se ha repuesto tan rápidamente,

sería mejor que en lugar de quejarse, intentara ser útil.

Me alegraría poder ser útil de alguna manera.

De acuerdo, le autorizo a que conserve a la india en su poder,

pero no quiero verla por aquí.

Y usted irá a la enfermería con el teniente Foster,

allí hay trabajo.

¿Algo que objetar?

¿Es el teniente Foster el que me ha reclamado?

Que le sea a usted simpático o antipático me tiene sin cuidado.

Y si él no sabe mantenerse en su puesto,

usted no tiene más que darme cuenta de ello.

No es eso, pero encárgueme otra misión,

aunque sea la más humilde. No, es una orden.

¿Y si me niego? No hay otro puesto.

Y si lo que le gusta solo es bailar,

vaya a bailar con sus amigos.

Por favor, se lo ruego,

deje al menos que Fiama me acompañe.

Le juro que puede confiar en ella, es... para no encontrarme sola.

Jamás permitiré que una india toque a uno de mis hombres.

¡Retírese!

Sí, me voy, coronel.

(Música dramática)

(Música tensión)

¿Ya levantada?

Como médico te diré que es una imprudencia.

¿Por qué tenías tanta prisa en volverme a ver?

Si estoy aquí es únicamente por orden del coronel Lenox.

Ah, ¿y para qué? Para ayudarle a usted, doctor.

(RÍE) Eso sí que tiene gracia,

tú, precisamente tú vas a ser mi enfermera.

(RÍE) Sí, Foster,

y cuando dejes de reír dime lo que debo hacer.

¿Que qué tienes que hacer? Baila.

En cuanto te hayas repuesto baila y enseña bien las piernas,

así los desgraciados que mueran se llevarán una hermosa visión.

Por favor, perdóname.

Foster pidiendo disculpas a alguien.

Con el tiempo se cambia,

y quién sabe si para bien o para mal.

Tú has cambiado para bien. No, he empeorado.

Cada vez más bajo hasta que he llegado aquí.

Un médico fracasado en un fuerte de frontera.

Cada uno tiene lo que se merece. Tú también.

Sí... Pero por tu culpa.

Aunque ahora... ¿Ahora no lo piensas?

No lo sé, no sabes cuánto te he odiado.

Y te odio.

Pero... es difícil odiar a uno que también es...

¿Qué? Un ser tan desgraciado como yo.

Venga, vamos, aún necesitas descanso.

Siéntate.

¿Cómo te encuentras? Cansada.

Podías esperar a mañana. El coronel me lo ha ordenado.

Deberías haberle escupido a la cara,

a pesar de que por primera vez ha dado una orden justa.

Habrás comprendido que para todos nosotros

el fin está muy cercano.

Somos un puñado de cadáveres que Lenox necesita

y tu presencia podrá dulcificar un poco estos últimos días,

aunque sea sin bailar.

No, déjame.

¿Tanto miedo te da un beso?

¿Temes que pueda verte tu apuesto capitán francés?

Ahora sí, ahora eres tú,

te reconozco con tu whisky y tu maldad.

Mi maldad, como tú la llamas, no depende del whisky,

sino de la gente. Por favor, no hablemos del pasado.

Dale de beber despacio. Con cuidado.

¿Qué tal, Gorot? Un asco, capitán.

Posiblemente habrían sido mejores los indios.

-¿Ha regresado el guía? -No te preocupes, ya vendrá.

(Música)

Buenas noches, sargento Ross. Sargento Ross...

Buenas noches, no la había visto.

¿Qué hace aquí tan solo? Nada, la costumbre.

Todas las noches nos sentábamos aquí mi familia y yo

para descansar de las fatigas del día.

Mickey se montaba en mis rodillas

y yo le enseñaba a distinguir las estrellas.

Reanudaremos las clases cuando esta maldita pesadilla

se haya terminado. Y pronto acabará, ¿verdad?

Muy pronto.

¿Qué le ocurre?

Nada. Perdóneme.

Sí, hubiera podido abandonar el fuerte.

Era una orden.

Solo una sugerencia, Foster dice que fue una orden,

pero Foster es un borracho.

Sin el fuerte, los indios hubieran subido al norte

para atacar a nuestras tropas.

En cambio, de esta manera, los tengo clavados aquí, inmóviles,

este es el motivo por el cual hay que resistir a toda costa.

pero no se podrá mantener el secreto por mucho tiempo.

Si les explicara sus razones, lo comprenderían.

Ah, los hombres no tienen que comprender,

sino obedecer y trabajar, y los suyos también, capitán.

Uh, ah, uh, ah, uh.

(Música suspense)

(Música tensión)

Eh, tú, ¿qué buscas aquí? -¿De dónde ha cogido esto?

-Déjalo donde estaba.

-Lo hizo Ross para su hijo, lo conozco bien.

-No es cierto, es mío, déjalo ahí.

-Está mintiendo. Dígale de dónde lo ha sacado.

Y no solamente a mí, sino al sargento Ross

y también a todos los demás, ¡a todos!

-¡Escucha, escucha!

-¡Sargento Ross! -¡Calla!

-Corran ustedes, venid todos.

-Espera, calla, no chilles, te lo explicaré todo.

si no quieres entendértelas con nosotros también.

-Sargento, ¿lo reconoce usted?

-¿Dónde estaba? -En el macuto del francés.

-Dígame.

En el nombre de Dios, ¿quién se lo ha dado?

¿Ha encontrado a mi hijo, lo ha visto?

Dígame dónde estaba.

Díganos que los han encontrado, ¿no es así?

Micky le ha regalado esto.

No, no es un regalo de su hijo.

Usted, Ross, ya supone la verdad, y todos ustedes

también la suponen, una verdad horrible.

Micky, mi hijo...

(Música)

Estaba en el suelo, en una explanada,

donde vuestras familias han acabado su viaje.

¿Todos, díganos, todos?

-¿Por qué se han callado? Nosotros seguíamos esperando,

confiados, ha sido una cobardía, ¡una verdadera cobardía!

-¿Dónde los han enterrado? No ha sido posible.

¿Ni siquiera los habéis enterrado?

Uno de mis hombres ha muerto mientras intentábamos hacerlo,

los navajos estaban escondidos entre las rocas.

Malditos indios...

(Música tensión)

¡Coronel, deténgalos!

(Continúa la música)

¡Socorro! ¡No!

(Música tensión)

¡Quietos, dejadla!

¡Deteneos!

¡Fiama! ¡Ah!

¡Fiama!

¡No, no!

(SOLLOZA)

¡Coronel!

¿Quién le ha dado permiso para entrar?

Le pido disculpas, coronel, pero he pensado que era mi deber

avisarle a usted, se están acercando.

¿Quién se está acercando?

Los soldados que tenían a sus familias en la caravana.

¿Y qué quieren, acusarme?

¿Decirme que yo soy el responsable de todo?

Nadie ha dicho tal cosa.

Sí, lo dicen, lo sé.

Me acusan de haber enviado poca escolta,

de haber retrasado la salida.

Sí, me acusan, me acusan de todo.

Los vivos y los muertos.

¡Firmes!

Decid qué queréis y a la mayor brevedad.

No nos llevará mucho tiempo, mi coronel.

Queremos que nos autorice a sepultar a nuestras familias.

Nadie, bajo ningún pretexto, podrá salir del fuerte.

Compréndalo, coronel, desgraciadamente,

es lo único que podemos hacer por nuestros muertos.

Hay algo mucho más importante, la defensa de este fuerte.

O la defensa de su cabezonería.

Cuidado, Ross, con sus palabras.

Mi hijo, nuestros hijos, aunque muertos,

valen más que sus estúpidas órdenes. Se lo había advertido

que era inútil, deberíamos habernos marchado.

-Cálmate, Ross.

-¡Qué calma ni qué calabazas! Por obedecer sus órdenes,

hemos dejado salir a las personas más queridas,

las hemos enviado a la muerte. ¿Vamos a seguir obedeciendo

a su asesino?

-Ross tiene razón. -También tiene sobre su conciencia

a todos nuestros compañeros muertos. -¡Silencio, muchachos!

Hemos de cumplir con nuestro deber, vengar a nuestros muertos,

¡y el asesino es este!

Rompan filas, es una orden.

Rompan filas.

Dispare, dispare, ande, aquí estoy.

¡Este será su último crimen!

¡Basta, Ross! ¿Se han vuelto todos locos?

Les advierto que estoy dispuesto a ordenar que se abra fuego.

Esto no le interesa a usted, capitán, no se meta.

Nos interesa a todos. Estamos en la misma barca

y hay que mantenerla a flote.

Coronel, le aconsejo que acepte la petición de estos hombres.

No les he pedido a ustedes consejo, ni mucho menos ayuda.

Mi sargento y yo... ¡Basta!

También usted está bajo mis órdenes, capitán.

Salir del fuerte sería hacerse asesinar.

A cambio del sacrificio de nuestras familias,

¿vamos a hacer algo que ofenda su memoria?

Fuerte Sharp no puede claudicar.

El que intente abandonarlo,

será inmediatamente pasado por las armas. ¡Teniente!

El sargento Ross será juzgado por un consejo de guerra.

¡Usted es el que será juzgado, sucio asesino!

(Música tensión)

(Música dramática)

¿Satisfecho, capitán?

La alianza franco americana ya ha dado su primer fruto.

Tú hablas y bebes, ¿pero qué haces?

¿Hoy precisamente qué has hecho?

Quedarte mirando, como siempre. Y no me ha gustado tu francés.

¿Por qué, porque he intentado evitar un crimen?

Tampoco a mí me gusta ver matar a la gente,

pero esa muerte quizás haya elevado la moral.

Pues si tú crees que la muerte de Lenox puede salvarnos,

vete y mátale tú. Es demasiado fácil

escupir veneno sobre los demás.

(Música)

(Tambores)

¡Venga, vamos, deprisa!

¡Daos prisa, moveos!

Se diría que están informados de todo,

cada vez que ocurre algo entre nosotros...

¿Y el coronel? No le he visto.

Espero que comprendiera mi intención de ayer.

Lo hice para evitar lo que luego ocurrió.

Lo sé, capitán. Jamás hubiera ordenado disparar.

Estoy seguro. ¿No han visto ustedes

al teniente Foster? No, señorita.

No. No lo entiendo,

no está en la enfermería. Capitán, no se encuentra su caballo.

¿Cómo es posible? No lo sé, tampoco yo...

-¡Sargento Miles! ¡Llamad a general a todos,

americanos y franceses! Hemos hallado abierta

la puerta sur desde el interior, alguien ha tenido que salir.

-A la orden.

¡Sargento!

(Disparo)

¡A la empalizada!

-¡Vamos, pronto!

(Tambores)

¿Y el coronel? -No le he visto.

(Tambores)

¿Ha visto, capitán?

He atraído a todos los indios de estos alrededores,

y aquí los tendré, rompiéndose las uñas

en nuestra empalizada, mientras uno de nosotros

quede con vida.

(Tambores)

¡Mire, coronel!

(Música tensión)

Sea el que sea el mensaje, esta es mi respuesta.

(Disparos)

Léalo usted.

"Wichitah, jefe de todas las tribus de los indios navajos,

garantiza salvar la vida a todos los hombres

del Fuerte Sharp, si el fuerte es entregado intacto,

con armas y municiones.

La palabra de Wichitah es sagrada, y él será...".

¡Basta!

No deben hacerse ilusiones.

Ya ni con la rendición conseguiríamos su clemencia.

(Música dramática)

Asesino...

(Continúa la música)

Ahí atrás.

Le traigo un ayudante, puede serle útil.

Ya no hay nada en la enfermería, solo tenemos un poco de agua.

Valor, Brenda. Quédese con nosotros, capitán.

Por favor...

Sabe perfectamente que no es posible.

Sé que nuestra defensa es inútil, esto es el fin.

Cuando llegue ese momento, le prometo estar a su lado,

pero hasta entonces, he de cumplir con mi deber.

(Música tensión)

Voy a comer algo y vuelvo.

Si hace falta, llámeme.

En su lugar yo iría a acostarme,

solo Dios puede hacer algo por los heridos.

Estoy demasiado cansada para tener sueño.

Eh, preciosa...

Esta noche puede ser la última para todos.

¿Y qué? No lo has comprendido.

Quisiera morir contento.

¡Márchese, está borracho! ¡Calla, no grites, calla!

Cuando estabas en el salón rodeada de hombres,

no hacías tantos remilgos. No me obligue a gritar.

El coronel le enviaría al paredón.

Atrévete a gritar ahora.

(Música tensión)

En marcha y sin rechistar.

(Continúa la música)

Vamos.

(Continúa la música)

¡Déjenme! Calla.

(Continúa la música)

Andando, ve delante de mí y sin hacer ruido.

(Continúa la música)

(Relincho)

(FORCEJEAN)

(Música tensión)

No comprendo por qué te acaloras así, francés,

no es para tanto, al fin y al cabo, es una golfa.

(Música)

(LLORA)

No llore usted. Todo ha terminado.

No, no terminará nunca,

siempre me tratarán como lo ha hecho ese hombre.

Brenda... No merezco su ayuda,

no merezco nada, solo he sembrado el mal.

¿Pero qué dice, está loca?

También ese hombre y usted, por culpa mía,

han estado a punto de matarse.

Y Foster... ¿Foster?

Sí, si ha huido, ha sido por mí, para terminar Dios sabe dónde.

Le conocía usted de antes, ¿verdad?

Foster...

Foster es mi marido.

(Música)

Es una triste historia.

Tenía ilusión por abrir un consultorio médico

en Halfstaff, le creí y le seguí.

Pero la ilusión solo duró tres meses,

de pronto un día desapareció, sin dar explicaciones.

Me dejó sola por completo,

y entonces, supe que yo iba a tener un hijo.

Un hijo que di a luz solamente para verle morir.

¿Y él?

No sé, jamás le volví a ver,

hasta el día que llegamos aquí.

Él, de botella en botella,

y yo, de salón en salón, nos hemos arrastrado

aquí y allá, hasta que el destino

nos ha traído hasta este maldito fuerte,

quizá para que muriéramos juntos.

(Música tensión)

Teniente.

-¡Que abran la puerta!

(Continúa la música)

¡Abrid la puerta!

(Continúa la música)

Teniente Foster, sabía usted mis órdenes,

y a pesar de ello, ha abandonado el fuerte.

Como no podía hacer nada por los vivos,

intenté hacer algo por los muertos.

Los he enterrado a todos, las cruces es posible

que sean un poco toscas, pero al fin y al cabo, son cruces.

Gracias.

Yo también le agradezco lo que ha hecho.

Pero será pasado por las armas, su revólver.

¡Teniente, prepare el pelotón de ejecución!

(Música tensión)

¿No me oye, Albord?

Sí, señor, pero... ¿Qué?

¿Desobedece mis órdenes?

También Albord empieza a reflexionar sobre sus métodos, coronel.

Buena señal. ¡Miles!

Un pelotón de seis hombres, enseguida.

Nadie disparará, coronel.

Esto es una declarada rebelión frente al enemigo.

Ahí fuera no hay nadie, es posible que usted lo sienta,

pero el enemigo se ha retirado. ¡Miente! ¿Y todas esas hogueras?

Esas hogueras han sido encendidas para engañarnos,

para burlarse del gran coronel Lenox.

Habrá unos 10 indios, a lo sumo.

Hay 3000, y van mandados por el propio Wichitah.

¿Quién sabe dónde estará Wichitah? Quizá en el norte,

donde hay gente seria que ha tomado en serio la guerra.

¿Ha querido usted pasar a la historia? Pues pasará

como el hombre burlado por Wichitah.

Ya sabía que era incapaz de un acto heroico,

usted es un sucio traidor.

¿No lo han comprendido?

¡Este hombre está de acuerdo con los indios!

Será para mí un verdadero placer cumplir la sentencia

con mi propia mano. Cuidado, Brenda,

disparará contra ti.

No se atreverá a disparar esta vez. ¡Quítese de en medio!

¿Está usted seguro de que no hay indios fuera?

Unos cuantos que van de un lado para otro

alimentando las hogueras. Los pieles rojas saben esconderse.

Los conozco mejor que usted y sé lo que me digo.

¡Quítese de mi vista!

Si no quiere que le mate...

Aunque tuviera que quedarme solo,

yo solo defendería el fuerte.

(Música tensión)

Albord, Miles... Si los sudistas no se oponen,

yo asumiré el mando.

De acuerdo, capitán. -De acuerdo.

Mañana abandonaremos el fuerte.

Y quiera Dios que haya dicho usted la verdad.

Os matarán, creedme, os matarán a todos,

será una matanza.

(ASUSTADO) ¡No, no, dejadme!

(Música dramática)

(Corneta)

¿Todo dispuesto?

Sí, señor, he destruido los documentos.

Es hora de salir.

Yo me quedo.

Le ruego que no me obligue a emplear la fuerza.

¿Cómo?

(Música tensión)

Y usted, Albord, coja su comandante

y amárrelo de pies y manos. Obedezca al francés.

Le recuerdo a usted, coronel, que su propio mando

ha autorizado el abandono del fuerte.

Pues yo me quedo, y conmigo, mis mejores soldados,

los que están bajo las cruces. Han venido a verme esta noche,

y me han jurado que no me abandonarán.

Y cuando los cobardes como ustedes se hayan ido,

estarán todos aquí, a mi lado. ¡Fuera los cobardes, fuera, fuera!

¡Fuera de aquí, fuera de aquí todos los cobardes!

Yo solo defenderé este fuerte contra...

(Música dramática)

¡Izad la bandera!

(Continúa la música)

¡Izad la bandera!

Y tú, Miles, ¿insistes en desobedecerme?

Es una orden, izad la bandera.

¿Por qué ninguno me obedece, eh? Quiero verla en su mástil,

el fuerte no se ha rendido.

(Música dramática)

(CANSADO) ¿Por qué no me obedece nadie?

(SOLLOZA) ¡No, dejadme!

Está bien, pero yo iré a la cabeza.

(Música)

(Explosiones)

(Continúa la música)

(Música tensión)

¡Mirad allí! Wichitah y sus hombres nos han rodeado.

Son miles y miles, ya os lo estaba diciendo.

Destrozarán la columna, nos atacarán al mando del propio Wichitah.

¡Allí está! Con todos sus jefes.

¡Miradlos, salen por todas partes!

Nos están atacando, son más de 3000, muchos más.

¡Mirad allí y allí!

¡Y allí!

¡Vamos, atacad, perros salvajes, el fuerte no se rinde!

Pero no os hagáis ilusiones,

los hombres de Fort Sharp me seguirán.

¡A la carga!

¡Deténgase, coronel! ¡Coronel!

(Música acción)

¡Adelante, a la carga!

(Música dramática)

(CON ESFUERZO) ¿Ha huido Wichitah? Sí, sí, coronel.

El fuerte está a salvo.

Que icen la bandera.

Regresarán las familias,

y América entera hablará de Fort Sharp.

(Música)

Brandy.

El cabo Brandy os acompañará hasta la frontera.

(Continúa la música)

Adiós, capitán.

También yo le digo adiós, capitán.

Y a ti también, Brenda.

No sé si en algún rincón de este mundo

existirá la felicidad, es posible que en Francia,

pero si existe, te deseo te lo encuentres.

No, no está tan lejos, se encuentra en Halfstaff,

en aquel gabinete que querías abrir. Sé que no soy enfermera,

pero siempre podré bailar para tus clientes.

Será un tratamiento nuevo, y quizá, se ponga de moda.

Se pondrá de moda.

(Música)

Estoy segura de que usted me comprende, adiós, capitán.

Buena suerte.

(Continúa la música)

(GRITA) ¡Adelante!

(Continúa la música)

(Continúa la música)

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