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Ánimo Tegascioa. No consigo encontrarlo. Sin embargo debe estar.
O los italianos lo han desplazado, o la carta está equivocada.
O tal vez, lo que pasa, es que esto no es África.
Probemos más al norte.
- ¿Bromeas? Estamos con poco combustible. - ¡Ah, no!
Gran desgracia si no encuentro este fuerte. Avancemos otro poco.
Si quieres volver a pie...
¡Mira, italianos a la vista a babor!
¡Ahora los arreglo yo!
¡Cobarde! ¡Baja si te atreves!
¿Se va por aquí al Fuerte Tegascioa?
LOS DOS ENEMIGOS
¡Esas manos!
- ¿Los guerreros se han alistado? - Sí, comandante.
Formad fila y nos vamos. Queda mucho por andar para llegar al fuerte.
¡Voluntarios de Keleba, conmigo!
- ¡Abdisan! ¿Quiénes son? - Los guerreros que han aceptado.
¿Qué hacen, se ríen? ¿Sólo cuatro guerreros por dos barriles de vino?
- Cada uno de ellos vale por 100 ingleses. - ¿Sí?
Que te devuelvan el vino. No puedo volver con cuatro guerreros.
Ahora ya está hecho. Lo mejor será que nos vayamos.
Los guerreros que no han aceptado están muy enfadados con usted.
¿Ah sí? ¡Entonces vamos! ¿Qué dirá el comandante?
- ¿Según tu debemos ir a Goba? - ¡Basta reflexionar un momento!
¿Qué crees que hacía el mayor Richardson en el avión?
¿Que estaba cazando mariposas?
- ¿Y qué hacía? - Buscar el Fuerte Tegascioa.
Después de Goba derecho al norte a Addis Abeba.
- ¡Addis Abeba está al oeste de Goba! - Tres días atrás no sabías que existía...
y ahora pretendes enseñarme dónde está.
- Te repito: vamos al norte, a Addis Abeba. - Fischietto, habla menos y aprende geografía.
Veremos quién tiene razón. ¿Sabes cómo está hecha la cabeza de un italiano?
- Será como la tuya, imagino. - No, es como la tuya que eres tonto.
Piensa que defienden cada fuerte de la zona, en vez de fortificarse.
- ¿Mañana darás otra vuelta? - ¡Sí, con esa catramina!
- Mayor, ¿quiere una taza de té? - Buena idea.
- ¿Y usted, señor? - No, gracias.
- ¡Un té fuerte para el Mayor! - ¡Enseguida!
- ¿Ha encontrado el Fuerte Tegascioa? - ¿Cómo?
- Cabo, el té está listo. - Disculpe.
- ¿Cómo sabe que buscábamos el fuerte? - Intuición, señor.
- Trate de intuir también dónde está. - Tomaré yo la taza.
Gracias.
Vamos.
- ¡Vosotros dos, a pasar revista! ¡Tú también! - ¡Anda ya, estúpido!
Según creo, debes hablarle inmediatamente al viejo del incidente del carro 14.
- Es necesario repararlo. - Déjame beber en paz esta taza de té.
- ¿Sí, Sargento? - Tres hombres para castigar, ¿quiere verlos? - No ahora.
- Luego no habrá tiempo. - ¿Y no se puede esperar?
Ya son dos días que se espera.
- No debemos aflojar las riendas. - Ciertamente. - Entonces tráigalos aquí.
- ¡A las órdenes, señor! - Castigo...
¿Más castigo que estar en este puesto asqueroso?
Le conviene apoyar siempre estos suboficiales viejos.
¡Los efectivos siempre solidario! ¿Qué pasa?
Han llegado las raciones, señor, viene media botella de whisky, ¿la quiere?
Claro, debo levantarme la moral.
- ¿Cambias el whisky por mi chocolate? - Depende de cuántos kilos me ofrezcas.
- Esa botella de ahí, ¿dónde la conseguiste? - Tres kilos de chocolate.
Bien. Así estamos.
¡Señores, paso!
¡Cabo, alto!
El cabo presenta: uso no autorizado de vehículos del ejército.
Apropiación de material militar. De paseo sin justificación.
Se va de paseo aquí y sin justificación. ¿Dónde ha ido?
En un pueblo aborigen a 10 millas de aquí, prohibido a los militares.
¿Qué fue a hacer?
- Mercado negro con el té robado. - ¿Ha robado el té de las raciones?
Es una forma de decirlo, señor.
¿Era el té de las raciones o no? ¿De dónde lo cogió?
- Entre los residuos, señor. - ¿En la basura?
- Sí, señor. - ¡Pero entonces era té usado!
Claro que era usado cuando lo recogí.
Luego lo sequé al sol y lo coloqué nuevamente en las cajas de las raciones.
Eso es lo que entendí cuando le di que era una forma de decir.
En definitiva, ha vendido té de segunda mano a los indígenas.
¿No cree que es algo deshonesto?
- Por así decirlo. - Y ellos ¿qué le han dado?
Dátiles. Tengo una debilidad por los dátiles, señor.
¿Dónde los ha puesto?
Los tuve que tirar todos. Estaban llenos de gusanos.
Podría haberlos controlado, ¿no?
Tenía apuro por irme antes de que empezaran a hacer el té.
Además, no creía que fuesen unos estafadores.
48 horas de ejercicios.
- En cuanto lleguemos a Londres. - Sí. - Cabo...
¡Derecha! ¡Adelante, march! ¡Uno dos! ¡Flanco izquierdo!
- El Coronel quiere saber si debe considerarlo ausente. - Voy inmediatamente.
¡Atención, al frente!
- Vuelvo inmediatamente. - Bien, señor.
No pensaba encontrar un blando en el Mayor.
Yo no me permito nunca juzgar a mis superiores, Sargento.
No, no es suficiente. Mañana iniciaremos la marcha a Addis Abeba.
Quiero que encuentren el fuerte y lo neutralicen.
Haré lo mejor posible, señor.
- Esta vez hemos visto un grupo enemigo... - Está bien, pero quiero el fuerte.
- Salgan al alba y en cuanto regresen, preséntense. - Sí, señor.
He dicho: en cuanto regresen. No me gusta mandar a llamar a mis oficiales.
Sí, señor.
A propósito, ¿han organizado ese acuerdo con los indígenas?
Era incumbencia de su división ¿no?
- Todo arreglado. - Bien, me alegra mucho.
Lo último que quiero es tener problemas con los nativos.
Los italianos los reclutan tratándolos decentemente,
por consiguiente nosotros debemos hacer lo mismo.
Sí, señor.
- ¡Richardson! - Sí, señor - ¿Me pasa un plátano?
¿Un plátano?
Por favor, señor.
Gracias.
Sobre el sector central, delante de Goba...
nuestro valeroso ejército combate desesperadamente...
...una gran batalla, contra un enemigo que tiene medios superiores a los nuestros.
Los ingleses atacarán seguramente este fuerte.
Y yo sé que estaréis listos para resistirlos con las uñas y con los dientes...
...para no dejárselo al enemigo, sin embargo este sacrificio no se os ha solicitado.
El intento del Capitán Blasi de reclutar tropas indígenas ha fallado.
Debemos evacuar Tegascioa y alcanzar Eguadaba donde se agruparán nuestras fuerzas.
Salimos en 30 minutos. Encárguese, Capitán.
¡Compañía, atención!
Rompan filas.
¡Pero estos no lo han entendido! ¡Guddou!
- ¡Sí, señor! - Diles que deben hacer como los otros soldados.
Que yo no soy su gran jefe, y me siento verdaderamente mal, ¡díselo!
- ¿Son mis análisis? - ¿Qué pasa?
- ¡La cabeza! ¡Qué mal estoy! - Ven adentro.
- Tal vez te está volviendo la malaria. - Me siento morir.
Vamos.
Así es la malaria. Hoy no está y mañana sí.
- Debes habituarte. - Yo no quiero, Bernasconi.
- ¿Qué tiene? - Una recaída de malaria.
- ¡No es el mejor momento para enfermarse! - Mayor mío. - ¿Eh?
Digo: "Mayor mío..."
- ¿Está en condiciones de venir con nosotros? - Creo que sí.
- No es tan grave. - Bien, entonces prepárate para partir.
Bernasconi, hazme un certificado, así me mandan a casa a hacer servicio sedentario.
Vittorio mío, y yo ¿qué haría en Abissinia sin ti?
¡Hazte el gracioso también!
¿Debe estar moribundo uno para volver a casa?
- No, muerto. - Entiendo.
- Quietos. - ¡Hace una hora que lo busco!
¡Micheletto! ¿Qué necesidad hay de ponerle el pie encima?
- ¡No le hemos hecho nada! - Intentadlo otra vez y veréis.
- La próxima vez lo metemos al spiedo. - ¡Basta! ¡Llévatelo! ¡Moveos!
- ¡La batería está descargada! - Y naturalmente no hay una de recambio.
Sería pedir mucho ¿verdad?
¿Quieres entender sí o no que aquí estamos todos mal?
¿Justo a mí me lo dices? Tengo 38 de fiebre está mañana.
¿Hasta cuándo podremos resistir en estas condiciones?
Vamos, quítate la chaqueta.
¿Y el comando qué hace? Finge que no sabe con qué medios estamos haciendo esta guerra.
¡Es la verdad, Bernasconi!
Salvajes, ¿por qué me venís a buscar siempre a mí? ¡Ahí!
¿Sois tontos o qué? ¡Fuera! ¡Largo!
- ¿Bernasconi? - ¿Eh?
Siento un zumbido en la oreja. ¿Qué inyección me has puesto?
¡Oh Dios! ¡El enemigo!
¡Un explorador inglés! ¡A tierra! ¡Escondeos!
Salvajes ¿qué hacéis? ¡Tiraos al suelo! ¡A tierra!
¡A tierra, idiotas!
¡Qué desgracia! ¡Mira qué disparate! ¡Nos hemos dado un buen golpe!
Un golpe, bueno... pero a la tierra directamente.
¡Mira allí!
No tienen la expresión demasiado feroz.
¿Bien? ¿Por qué no se rinden?
¿Dónde se encuentra su división, Mayor? ¿Cuántos tanques tienen?
¿Cuántos cañones? ¿Cuál es su objetivo?
¿Sabe dónde le meto ese bastón yo?
En definitiva, ¿quiere responderme, Mayor, sí o no?
Nombre, grado y matrícula, nada más.
Al fin terminará hablando, es mejor que hable ya.
Me parece que debe ser el primer inglés capturado por los italianos.
Por usted seguro.
Entiendo.
Estoy hablando contigo, inglés.
La cortesía entre oficiales es usual aún entre prisioneros.
Deje de pedirme información militar. No puedo ayudarlo.
- "No se saca sangre de un nabo." - ¿Ah, no?
¡Yo me como al nabo! ¿Dónde está su división?
¿Cuántos tanques? ¿Cuántos cañones? Mejor me lo dice o terminará mal.
Siga, Capitán. Terminará cediendo.
- Bravo anímalo... La división está lejos de aquí, quédese tranquilo. - Gracias.
Usted nos subestima, Mayor. Es este el problema de los ingleses.
¡Subestiman todo! Por eso les fue mal en Dunquerke.
Dunquerke ha sido una de nuestras empresas más brillantes.
¿Ah, usted la llama brillante?
¡Estimado mayor, han hecho un buen desastre!
Sí, pero tenemos mucha imaginación para considerarla una victoria.
Y ahora déjeme en paz.
- Te ha jodido, Vittorio. - ¡Ahora verás si me ha jodido!
¿Pero tú con quién estás, con ellos o con nosotros?
¡Mientras hazme el certificado antes de irte a Eguadaba!
¿He dicho Eguadaba?
¿Me habrán oído?
El interrogatorio continúa bien. Resiste, naturalmente, pero está cediendo.
Su nombre es Richardson, es Mayor y su número es 64-21-23.
Un buen número, lo jugaremos a la lotería.
- ¿Cómo va la mano? - Bien, gracias. - Lo siento pero escasean las medicinas.
No es grave. Me curaré cuando lleguemos a Eguadaba.
- ¿Cómo sabe usted que vamos allí? - En realidad...
Nuestro servicio de información es el mejor del mundo.
Dado que está prisionero, la información no le servirá mucho.
- ¡Capitán! - ¡Sí, señor! - En marcha en 5 minutos.
- ¡Preparen las mulas! - ¡Sí, señor!
¡Vamos, holgazanes!
- ¿Qué hacen allí? ¿No habéis visto nunca un prisionero inglés? - No.
¡Fuerza, muchachos!
Bernasconi, mira aquellos. Van distraídos.
¿Y nosotros, cuándo ganaremos la guerra?
¿Dónde encuentran la fuerza?
No están nunca cansados, nunca tienen hambre.
- Escucha, yo no aguanto más. Me siento. - Recuerda, somos soldados ingleses.
- Yo soy un piloto. - Verdaderamente no lo has demostrado.
- Me duelen los pies. - Aprieta los dientes.
- También me duelen. - Aprieta lo mismo y camina.
¡Abdisa! ¿Por qué no les dices que se callen? ¡Me han puesto la cabeza así!
Cantan para no sentir el cansancio. De otra forma, no marchan.
Buen paseo, eh.
Sí, verdaderamente, aire puro sol, un bonito coro, no falta nada.
Todo bien, porque faltan todavía 4 días de viaje.
¿Cuatro días para llegar a Eguadaba? Muchas gracias.
¡Cuatro días de marcha! ¡No!
¡Arriba!
- ¡Arriba, ánimo! - No.
- Levántate. - ¡Columna! ¡Alto! ¡Parada!
¡Mochilas a tierra!
¿Por qué nos hemos detenido?
- ¿No quieren beber? - Este agua no les gusta.
Pobres bestias. ¿Qué quieren, agua mineral?
Las mulas no beben agua donde hay cadáveres.
¡No bebáis, el agua está infectada!
¡Pero qué invento este spaghetti!
Realmente bueno, ¿cierto?
- Lo que arruina es el coro. - No sé qué daría por una taza de té.
Yo por una cerveza servida por una camarera con el torso desnudo.
Había un local donde lo hacían.
- ¿Han abierto un local así? - No, lo han cerrado.
Descansen. He venido a ver si puedo hacer algo por ustedes.
Puedo prometerles que en Eguadaba comerán un poco mejor.
O sea, dentro de cuatro días.
Pero usted cómo...
Disculpen. Olvidaba que su servicio de información es el mejor del mundo.
- ¿Pero de qué sirve si estamos prisioneros? - Correcto. Buenas noches.
Traten de dormir. Queda mucho por andar todavía.
La harás tú solo. Porque nosotros huiremos.
- ¿Y si nos fuéramos a caballo de un antílope? - ¿Qué dices?
De un antílope. Mira.
Bien, ¿te gustan los spaghetti? Se ve que eres italiana.
Buenos los cigarrillos ingleses, ¿eh?
¡Escucha qué cosa!
¡Déjenlo por un rato! ¡Terminen!
¡Silencio!
Disculpen. Hemos pensado que es mejor que reposen un poco.
Usted no da ninguna orden aquí, Mayor. ¡Usted es un prisionero!
Si yo quiero que canten, ¡cantarán toda la noche!
- ¡Entonces enséñenle otro tema! - Bravo.
¿Desde cuándo recibís órdenes de los ingleses? ¡Debéis cantar, entendido!
- ¡Hazlos cantar! - ¿Y qué cantamos, Sr. Teniente?
¡"Faccetta nera"!
- Escucha, estos deben ser los italianos. - Pero los italianos no cantan así.
Se entiende que los italianos cantan mejor, pero ésta es una de sus canciones.
Vamos a echar un vistazo. ¡Rápido, moveos!
¡Vamos!
- Me lo han ordenado. - ¡Pero qué órdenes ni órdenes!
¿No razonas?
Pensaba que para la moral de los hombres no era justo que...
- Qué moral, nosotros pensamos en el pellejo. - ¡Ingleses!
- ¿De dónde? - ¡Del otro lado del valle!
¡Ve con los prisioneros! Apagad el fuego. ¡Reúne las ametralladoras!
- ¡Alguno conmigo! - ¡Moveos!
Imagino que debe ser Dick Thompson. Esperemos que traiga y llame a los otros.
Mayor, venga.
¡Vamos!
- ¡Haz cantar a los indígenas! - ¿Cantar?
¡Sí, todo el repertorio! Blasi, ¡disponga los hombres a la izquierda!
¡Sargento, traiga aquí su pelotón!
- ¡Todos de este lado! - ¡Fuerza, muchachos!
¡Abajo, muchachos!
¡Abajo, vamos!
¡Bartolini, coloca la ametralladora!
¡Cantad!
Te pone loco.
Maldición. ¡Estate atento, Dickie!
¡No avancéis, maldita sea!
¡Fuego!
- ¡Más municiones, rápido! - ¡Concentrad el fuego! ¡Doctor!
- ¡Doctor, rápido! - ¡Mayor, atento!
¡Traedlo aquí, rápido!
¿Qué debemos hacer, Capitán?
- Los hombres no pueden más, están exhaustos. - Díselo a los ingleses que nos persiguen.
Sí, pero están lejos, del otro lado.
Ahora el Comandante soy yo, ¿crees que me divierto?
¡Caminad! ¡Apretad el paso!
Ahí está. Ya estamos.
De todos modos, ¿cómo avanzamos? Tengo 9 hombres con fiebre...
...16 con infección en los pies y nada para curarlos.
- ¿Y qué quieres? ¿que llame a la Cruz Roja? - Trata de ahorrarles sufrimiento.
- Hoy podrías haberlos hecho reposar. - ¿Dónde? ¿En el cementerio de guerra?
Tú te preocupas por la infección en el pie...
A mí me parece que una bala en la cabeza es peor que un pie hinchado.
- ¡Yo debo llevarlos a Eguadaba! - Y yo hablo como médico.
Pero la responsabilidad es mía y no sabes lo que es tener el comando.
¡Con dos prisioneros, los ingleses que nos persiguen y no sabemos dónde están!
Perdona, ¿pero tú cómo lo sabes?
Ese fuego ¿qué crees que es? ¿La fiesta del pueblo?
Mira.
Mayor mío... ¡Justo ahora debía morirse!
¡Mira aquello!
¡Idiota! ¿Qué haces? ¡Éste prende el fuego y tú lo miras!
Calentaba el agua para la pasta.
Quería hacer señales, ¿no lo has entendido, tonto?
Debería controlarse un poco. Está comportándose como un niño.
¡Esto es cosa de espías! ¡Yo lo haré fusilar!
- ¿Que dice? - Será procesado y fusilado, porque usted es un espía.
¿Cómo se permite amenazar a un prisionero de guerra?
¡Es contra la Convención de Ginebra!
¿Sabe qué hago yo con la Convención de Ginebra?
¡Puedo imaginarlo!
Escuche, gracioso. ¡Estaba haciendo señales!
- ¿Señales a quién, santo cielo? - ¡A los ingleses que nos buscan!
- No quieren encontrarme. - ¡De todos modos, usted es un espía!
- ¡No es cierto! - ¡Usted hacía señales!
- ¡No hacía señales! - ¡Usted hacía señales!
- ¡No es cierto! - ¡Usted hacía señales!
¡No hacía señales!
Y ahora escúcheme, si los ingleses los siguen...
su división, es porque no saben de qué división se trata.
Pero, hágaselo saber. Dígale, también, que lo comanda el Capitán Blasi.
Se reirán y se marcharán.
¿Este otro se ríe? ¿Es posible que debamos hacer la guerra a gente que tiene ese bigote?
- ¡Vergüenza! - ¡Vamos!
Te todas formas ¡pruébame y te dispararé a la cabeza! ¡Luego veremos quién ríe!
Déjalo, Vittorio.
"Hazle saber quiénes son", dice. "Y los ingleses se irán".
¡Te haré ver yo quiénes somos!
Verás todo se soluciona cuando estemos en Eguadaba.
¿Y cuándo llegaremos? ¡Con estos cornudos que nos corren por detrás!
- Bernasconi... - ¿Eh?
Tiene razón. ¿Nos dejarían los ingleses si supieran como estamos de disminuidos?
Puede ser, si lo supiesen. Pero no lo saben.
Yo me voy a dormir.
- Esos dos lo saben. - ¿Qué tiene que ver?, son prisioneros.
Buenas noches.
- ¡Señales! ¿Me cree un pielroja? - Calentábamos un poco de agua...
- De todas formas esperemos poder huir. - Atento, viejo.
Entonces. ¿Qué hacen los prisioneros? ¿No duermen? ¿Quizá complotan?
¿Y este bastón? Con la excusa del golf, lo usa como arma.
Tiene razón. Me ha amenazado a mí también.
¿Es divertido el golf? No lo he jugado nunca.
Antes no hablaba en serio, ¿verdad? Se dejó llevar por los nervios.
No sé que son los nervios.
- ¿Lo dice en serio? - Naturalmente.
¿Cómo pueden pensar en ser una amenaza en sus condiciones? Yo no lo entiendo.
Pero lo sé yo. Porque usted cree que me gusta la guerra.
Estaría tan a gusto en mi casa.
El domingo ir al fútbol, al cine, a cenar...
Eso es lo que me gusta a mí también. Pero lamentablemente hay guerra.
Que crea cantidad de situaciones absurdas.
Mírenos a nosotros. Ustedes son enemigos y prisioneros.
A usted la guerra no le preocupa más. En cambio a mí, además de la guerra...
Nosotros estamos aquí.
De enemigos, le disparo en la cabeza y me dan una medalla...
pero de prisioneros, no puedo gritarles porque se ofenden.
Mientras tanto que ustedes piensan en escaparse...
yo debo alimentarlos y vigilarlos. Si no ustedes se escapan si preaviso.
Están en su derecho. El prisionero tiene derecho a intentar la fuga. Lo he leído...
...en la Convención de Ginebra.
Lo bueno es que este derecho lo debo respetar.
Pero las autoridades militares enemigas tienen el derecho de impedir la fuga.
¿Qué dice? Eso yo no lo he leído.
Tal vez esa página faltaba.
Pienso qué dirían de nosotros, si ustedes pudiesen huir.
¡Que no vale la pena darles caza!
- ¿Lo diría, verdad? Sea sincero. - Creo verdaderamente que sí.
Si hubiese ocasión de escaparse, naturalmente.
Naturalmente sí.
Bien. Le devuelvo el bastoncito y le auguro una buena noche.
Pero una buena noche verdaderamente buena.
¡Vamos!
Feo es obedecer, pero comandar es peor.
Bernasconi... ¿qué me dirías si inesperadamente...
me viniese la idea de dejar escapar a los prisioneros?
- ¡Buenísimo! - ¿Qué?
Es la salvación. Piensa Bernasconi, en las condiciones que estamos...
¿cómo hacemos para llevar a los hombres sanos y salvos al fuerte Eguadaba?
Con los ingleses siempre encima.
Si los prisioneros, en cambio, reportan que no vale la pena seguirnos...
...nos dejarán en paz. Es una táctica que usaba también César.
Sí, pero para hacer saber al enemigo qué fuertes eran los romanos.
No qué débiles eran.
¿César los dejaba que se llevasen las mulas?
¿Pero qué hacen? Uno les da el dedo y se toman el brazo.
Así llegarán antes para contarle a los ingleses que no vale la pena darnos caza.
Según tú.
Bravo. Enhorabuena, Richardson. Muy bien. Siéntese.
- Estoy mejor de pie, la mula no era muy mullida. - Buena empresa.
Un juego de niños.
Vamos se lo ruego, sabe que no soporto la falsa modestia.
- Es algo que dejo para los burgueses. - En serio, nada especial.
- Amerita las felicitaciones que le hice. Siéntese. - Prefiero quedarme de pie.
Así que esta gente está en un estado lamentable.
Comatoso, Coronel.
- Sin víveres, sin municiones. Y totalmente desmoralizados. - Muy bien.
Entonces no hay de qué preocuparse. Veamos... ¿dónde los dejó?
Disculpe, aproximadamente aquí. En camino al fuerte Eguadaba.
- ¿Eguadaba? - Sí, señor. - Un momento.
¿No le dice nada Sandy?
Otras divisiones enemigas se dirigen a fuerte Eguadaba. Parece que tratan de reagruparse.
¿Ha visto?
¡Sabía que había algo debajo!
- Una misión para usted, Richardson. Siéntese. - Quisiera quedarme en pie.
- No puede mandar el escuadrón C. - ¿Por qué?
Para mí sería vergonzante volver al lugar del crimen.
- ¿Qué crimen? - Una forma de decir...
Es difícil de explicar. Preferiría no ir.
- ¿Discute mis órdenes? - No, Coronel. Sólo que...
Mayor, cuando doy una orden, deseo que se cumpla.
Ese fuerte de Eguadaba nos puede dar, tarde o temprano, serios disgustos.
Por ello tome su escuadrón y hágalo pedazos. El fuerte, se entiende...
...no el escuadrón. ¿De acuerdo? - Sí, señor.
Entonces, ésta es la pista para Goba y aquí está Eguadaba.
Organice el fuerte y vuelva aquí arriba en tres días.
Sí, señor.
¡Eguadaba! Vamos, muchachos!
¡Pueden escupirte en la cara en cualquier parte!
¡Eguadaba! ¡He cumplido con mi deber! Prepara el certificado, Bernasconi.
Ahora puedo ceder el comando y retirarme al servicio pasivo.
- ¿Qué dices, y la medalla? - ¡Sí, y la promoción de campo!
- Y ahora ¿qué hacemos? - ¿Y qué hacemos?
No sé nada, han huido todos. La orden era llegar a Eguadaba. Reagruparse.
Pero ¿con quién me reagrupo yo? ¡Aquí no hay nadie!
¡Cañones! ¿Qué sucede?
- ¿De dónde han salido? - ¡Las ametralladoras!
¡Estate abajo idiota, tienen cañones! ¡A tierra!
¡Capitán, los ingleses se rinden!
¡Ves que no se entiende nada! ¡Tienen los tanques y se rinden!
¿Dónde metemos a estos prisioneros?
Ellos nos piden a nosotros que nos rindamos.
Si aceptas la rendición, debes alzar una bandera blanca.
Luego me lo devuelves, es el único que tengo.
Todin.
- ¡Y vamos, vamos, daos prisa! - Los italianos lo toman todo con calma.
Por otro lado ¿por qué deberían tener prisa?
Ah, ahí está.
- ¡Es él, ese de allí! ¡Es él! - ¿Y ahora qué pasa?
- ¿Después de todo qué importancia tiene? - ¡Maldito borracho!
¡Me ha jodido! ¡Y yo estúpido que creía que un enemigo podía ser leal también!
- Todo culpa de Julio César. - ¿Qué dicen? - ¿Qué quieres tú?
- ¿Qué hacemos? - ¡Nada, yo no me rindo! ¡Antes me tiro frente al tren!
- ¡Aquí no hay trenes! - ¡"Reirán", decía, y ahora viene a por mí!
¡Debemos rendirnos, de otra forma nos harán pedazos a todos!
¡Mejor morir que ser prisionero de ese caradura!
- Vamos... - ¡Soltadme, os digo que me soltéis!
¡Yo soy el comandante! ¡Yo no me rindo!
- ¡No, he dicho no! - ¡Vittorio!
Está bien. El fuerte, solo, no puedo defenderlo...
y no tengo el derecho de sacrificaros a vosotros.
Vamos, me rindo. Pero recordad: lo hago solo por vosotros.
Menos mal que se pusieron de acuerdo.
Tal vez podamos pedir el honor de las armas, Capitán.
Dichoso de ti que te consuelas con esas tonterías.
Pedirle el honor de las armas a ese. ¿Pero no sabes quién es?
- Buenos días. - Lo primero: ¿las mulas?
- Lo primero: el saludo. - ¡Ladrón!
Pregúntale si está dispuesto a discutir la rendición.
Pregúntale por qué se avergüenza de mirarme a la cara.
- Pregúntale si sabe que estamos en guerra. - Y si él es un...
¡Basta, están aquí para rendirse no para insultar!
- Dile las condiciones de la rendición. - No, se las digo yo las condiciones.
- Quiero el honor de las armas. - ¡Bravo! - ¡Tú callado!
- El honor de las armas. - ¿Qué? - ¡He dicho el honor de las armas!
Es una vieja usanza. La división desfila con equipo de guerra...
y nosotros presentamos las armas como si hubiesen vencido ellos.
¿Está bromeando?
Ahora son las 11:41.
Tienen una hora para dejar las armas en el fuerte y salir con los hombres.
- En una hora abro el fuego. - ¡Ah! ¡En una hora abre el fuego!
¡Y a quién le importa que habrá el fuego!
¿Qué esperabas, que me pusiese a temblar de miedo?
¡Ladrón! ¡Ven a por mí en una hora! ¡Veras quién es el Capitán Blasi!
¡Dejadme!
- ¿Tú qué piensas, resistirán? - Sí, sin armas.
¿Pero qué estamos esperando?
¿Puedo dar la orden de disparar? El tiempo se ha cumplido.
¿Qué quieres hacer, matarlos a todos?
En el fondo no es nuestra culpa. Sería un error perder tiempo así.
Pensarán que no hablamos en serio.
- Sargento, vaya allí y reúna esos hombres. - Sí, señor.
Hilary, por favor, ofrece al Capitán Blasi traerlo hasta aquí.
Sí, señor.
¡Mandar a aprehenderlo directamente!
Bueno... es una cortesía.
¡Vamos muchachos, formad fila! Si os portáis bien les saco una foto a color.
Nosotros estamos contentos de rendirnos al hermano blanco. ¿Habrá un poco de té?
¡Claro, con canapés! ¡Vamos, no os hagáis de rogar!
- ¡Se han ido! - ¿Se han ido, quiénes?
- Los italianos. No queda ni uno. - ¿Cómo?
Se escaparon por atrás diciendo a los indígenas que salieran a las 12:41.
No le dejaron ningún reloj.
- ¡Qué sorpresa! - ¡Este Blasi!
Podríamos haber rodeado el fuerte, hubiera tenido el aire de una operación militar.
Manda 4 vehículos al Comando con los indígenas.
Nosotros seguiremos a los italianos.
- ¡Tienen una hora de ventaja! - ¡No irán lejos, están a pie!
Nosotros también estamos a pie. ¿Cómo treparemos allí arriba con los carros?
¡No lo sé, probaremos!
¡No vale la pena! ¡40 italianos no ganarán la guerra!
¡Ni el ejercito inglés ni yo queremos pasar por bobos!
¡Especialmente yo!
¡Adelante! ¡Maldición! ¡Levántate!
- ¡Sal de ahí! ¿Qué haces? ¡Toma la pala! - ¡Sí, la pala!
- Dentro de poco serán nuestros. - ¡Sí, ponle sal en la cola!
Fuerza muchachos, otro pequeño esfuerzo y no nos atraparán más.
¡Keleba! Le dije que se entregaran como prisioneros. No me sirven.
¿A qué habéis venido? ¿Qué queréis de mí?
- No hay que excluir que los hayamos pasado. - No exageremos.
- Parece un perro que se muerde la cola. - Pero la cola somos nosotros.
Mejor ser la cola que la cabeza.
Sí, puede ser, pero la cola es la primera en saltar.
¿Qué dices?
- Volvemos. - ¡Sargento! - ¡Sí, señor!
- ¡Se vuelve! - ¡Para atrás! ¡A sus puestos!
Un momento.
- ¡Suspendan! - ¡Suspendan, Sargento! - ¡Espere!
¡Eh, Micheletto! Los spaghetti eran buenos, ¿eh?
¿No te acuerdas, Micheletto?
Ven, no tengas miedo.
Se bueno, ven. ¡Eras muy bueno! Ven.
Ven, vamos se bueno. Fuerza.
- Vamos, estás cansado, necesitas reposo. - Dame un cigarrillo. ¡Dámelo!
Gracias.
Con este sol, el agua que tiene en la cabeza, está hirviendo.
¿Eres tú, Micheletto? ¿Bueno el cigarrillo? Sé que te gusta.
Es el antílope que tienen de mascota. Sentía que estaban cerca.
Haga descender a los hombres y síganme en silencio.
- Todos a tierra y silencio. - ¡Todos a tierra!
Aquí está, cabo.
- Hoy habrá antílope para el almuerzo. - Vamos de caza.
¡Bonito paseo inútil!
Lo siento mucho.
¡Esta tontería sobrepasa el límite! ¡Vamos, Sargento!
¡Para atrás, muchachos!
No le han hecho nada.
¡Si lo dejas escapar otra vez, yo a Micheletto me lo como!
Llévatelo.
Buenas noches.
Dichoso.
- Tengo un hambre que no siento el estómago. - Dichoso, en cambio yo necesito bicarbonato.
Ayer me jodió la ración de hoy, judías en lata.
- Y hoy la de mañana, siempre judías. - ¡Cobardes!
¡Dejadme!
- ¡Da la alarma! - ¡Fuerza!
- ¡Vamos! - ¡Todos a sus puestos!
¡Daos prisa, vagos!
¡Fuera!
¡Desgraciado! ¿Cómo disparas? ¡Te pongo bajo proceso!
- ¿Quién fue? - Ellos.
¡Vosotros no sois guerreros negros, sois cuatro locos!
¡Marchaos, esta vez os mato!
¡Fuera! ¡Desapareced, caníbales! ¡Fuera!
A lo mejor es alguien que estaba de caza.
Sí, señor.
Absoluto silencio. El primero que hable lo hago caminar descalzo tres días.
- Estamos listos, Mayor. - ¿Ha visto que estaban?
¿No hueles olor a quemado?
Será uno de esos horribles cigarrillos italianos.
- No, es un hedor más fuerte. - ¡Increíble pero cierto!
¡Fuego!
¡Maldita sea, los vehículos!
- ¡Sargento, que los hombres no se dispersen! - ¡Sí, señor!
¡Maldición! ¡Están todos en llamas! ¡Vamos! ¡No vale la pena!
¡No hay nada que hacer! ¡Abandonen todo!
¡Todos atrás! ¡Todos al estanque! ¡Al agua, moveos!
¡Vamos, deprisa!
- ¡Reúnelos en aquella islita! - ¡Tú haz que entren al agua!
¡Señor Capitán, por aquí!
- ¡Hay un estanque! - ¿Dónde?
- ¡Por allá abajo! - ¡Hay un estanque, todos al agua!
¡Criminal! ¿por tomar 40 prisioneros prendes fuego el bosque?
Primero salvemos los hombres y después haremos el recuento.
- ¡Qué recuento quieres hacer, incendiario! - ¿Quién ha iniciado el fuego? - ¡Tú!
- Pero ¿qué fuego? - ¿Qué fuego, dices? - ¡Reagrúpense en la isla y no se exalten!
¡Loco furioso!
Querías quemarme a mí y a mis hombres ¿verdad?
- ¡Estaba del otro lado! - ¿Y quién fue?
- ¿Quieres? - No. - Toma.
- Para mí la guerra ha terminado. - Imagínate para mí.
Deja, Vittorio. No hay nada que hacer.
Prefiero hombres vivos a héroes muertos. Terminemos.
Un escuadrón destruido.
Ni que nos hubiéramos batido con todo el ejército italiano.
El viaje de vuelta será largo.
Creo que será mejor apuntar directamente a Goba.
¿Goba? De todas formas son una decena de días y no tenemos mapas.
- Terminaremos volviendo a Addis Abeba. - La dirección la conocemos, nos arreglaremos.
- ¿Y si encontramos al enemigo? - Es un riesgo que debemos correr.
Organicémonos un poco.
¿Está listo, Capitán?
Nosotros sí, pero ustedes ¿están preparados para portar nuestras armas?
- Basándose según dice la Convención... - ¡Sargento Trevetan!
Yes, sir!
¡Yes, sir! ¡Payaso!
¡Otra que terminada!
- ¡Un momento! - ¡Parad! ¡Se siente mal!
- ¡Alto! - ¿No escucháis?
¡Fuerza muchachos, hagámosle ver quiénes somos!
¡Quién habla!
¡Abdisan!
¡Alto!
¿Ingleses?
Pregúntale dónde estamos.
- Dice que es la tierra de Ras Dejadar. - Sí, lo sé, pero ¿dónde estamos?
Dice que son aliados de los ingleses. Larga vida a Haile Selassie y al Rey de Inglaterra.
Dice que los italianos son invasores, opresores. ¡Muerte a los italianos!
Dile que nos alegramos de que sean nuestro aliados y que si nos pueden dar víveres.
Dice que los italianos han tomado todo.
Por tanto, ellos, tienen el derecho de tomar los fusiles italianos.
Dice que quiere también a los italianos.
Dile que no tengo ninguna intención de...
darle ni los italianos ni sus fusiles.
Si le gusta bien y si no, da igual.
Dice entonces que le de los fusiles y se lleve los italianos.
Dile que se vaya a... No importa.
¡En marcha!
¡Quietos! ¡Os diré yo cuando podéis moveros!
Un poco de agua no os sentará mal. Os limpiará un poco.
- Mantén seco el fusil, ponlo bajo la camisa. - Sí, bajo los calzoncillos.
¡Mayor, un grupo de cabañas! Están abandonadas.
- Mejor que nada. Que se cobijen los hombres. - ¡Sí, señor!
¡Compañía, rompan filas! ¡Seguidme!
¡Compañía, atención!
- Estamos listos. - Gracias Sargento, descanse.
Bien, señor. ¡Descansen!
¡Atención! ¡Descansen!
¡Quieren volver al cuartel! ¡Atención!
- ¿Dónde está el Capitán Blasi? - Está ausente, señor.
Teniente, despierte al Capitán Blasi y dígale que lo esperamos para el paseo de siempre.
- ¡Sí, señor! - ¡Compañía, descanso!
¿Intenta dejar aquí los enfermos, Mayor?
El Capitán Blasi está mejor que todos, así que dígale que se reúna aquí.
- Hablaba del Teniente Hilary. - Lo siento, ¿cómo está?
- Tiene pulmonía. Me parece grave. - ¿Se puede trasportar?
- Dejaría el pellejo. - Entiendo, doctor.
¡Déjame! ¿Debo morir para demostrar que estoy enfermo?
¡Parece un espantapájaros!
Vámonos, pero usted será responsable de mi muerte, Mayor.
Primero: es una responsabilidad que acepto con placer...
segundo: no quiero tener en cuenta su ridículo atuendo...
y tercero: vaya a dormir que todavía no salimos.
¿Por qué no salimos?
- Porque el Teniente Hilary está enfermo. - ¡Gracias!
¡Ésta es la justicia inglesa!
Si el enfermo era yo nos íbamos pero como es él no nos vamos.
¡Pero tiene pulmonía!
Escúchame, Barbetta, ¿me has preguntado a mí si tengo la pulmonía?
Parece que estaremos aquí algún tiempo, Sargento.
Organice los hombres y junte a los prisioneros.
- Para darle una buena repasada al pueblito. - Sí, una buena repasada al pueblito.
¡Sí, señor! Yo sugiero excavar una letrina.
Tenemos un par de palas.
¿Y para qué sirve una letrina en medio del desierto?
Para nada. Pero es una buena regla tener ocupado a los hombres.
Así no se ahogarán en el ocio. Déjeme hacer a mí.
¡Sargento Todini!
Sargento Todini, ha llegado nuestro momento.
El momento donde todo se iría a la ruina si no estuvieran los suboficiales.
Dígame, Sargento. ¿Qué es lo peor que puede pasarle a un soldado?
- Perder el pellejo. - No, el ocio, estar sin hacer nada.
Mire.
Creen que están de vacaciones y que pueden estar todo el día tomando sol.
Pero nosotros lo sabemos bien y tenemos nuestro programita.
Y es así: sus hombres cavarán una letrina, y los míos un agujero que rellenarán.
¡Compañía, en pie!
¡Arriba! En lugar del paseo os tocara un trabajo reposado!
¡Arriba, deprisa!
- ¿Vale la pena? - Odio la barba larga.
¿Pero quién te ha dado la afeitadora?
El Sargento, ¿quién otro puede salvar una afeitadora de un bosque en llamas?
Es un milagro que estemos vivos.
Sí, pero tenemos la soga al cuello todavía. Esta vez no sé cómo terminaremos.
Cierto que la situación no es buena. Estamos cortos de víveres, todos cansados...
y si nos atacasen no sé cómo terminaríamos.
- ¿Qué le parece? - Muy bien. ¿Puedo usarla?
- Sí. - Gracias, así seremos hermanos de sangre.
El Capitán Blasi rehusa dar la orden para que los italianos excaven una letrina.
Ah, se niega. ¡Ahora le daremos una sacudida!
¡Eh, deprisa!
Me dicen que ha prohibido a sus hombres excavar una letrina.
¿Es una broma? ¿Para qué una letrina en medio del desierto?
¡Ni usted ni sus compatriotas pueden dar consejos de ningún género!
Mis compatriotas construían alcantarillas cuando los suyos se pintaban la cara azul.
- Desde entonces hemos progresado. - De hecho ahora se pintan la cara de rojo.
Sucede cuando hay que afeitarse en malas condiciones.
¿Y para qué lo hace?
¡Por nuestro self-respect! ¡Una cosa desconocida para ustedes!
Cierto, es por su self-respet, pero se han olvidado de respetar a los demás.
Creen que hay un solo sistema para hacer las cosas: el sistema inglés. ¡No!
¡Yo soy italiano y las cosas las hago a la italiana!
¡Lo siento pero aquí lo hará como digo yo!
¡Quiero una letrina y usted la hará excavar!
Pero si aquí no se come, ¿para qué sirve?
- No lo sé, pero quiero la letrina. - ¡Pues hazla!
- ¡Usted lo ordenará! - ¡No lo ordenaré!
¡Deberán excavar dos en cambio! Una para los oficiales.
Entonces...
o hace lo que le he dicho o tendré que castigarlo. No tengo nada más que decir.
¿Terminará esta guerra? ¿Y dónde se esconderá el Mayor Richardson?
Si Hilary no puede moverse, estaremos aquí parados durante días. No es broma.
- Nos pondremos a media ración. - Ya estamos a media ración.
¿Quiere inspeccionar la letrina, Mayor?
Por supuesto.
¡Magnífico, Capitán Blasi! Extraordinario. Enhorabuena.
Mejor, hagan otras 5, una para cada oficial.
¡Fuerza, muchachos!
Nivela ese muro, y tú endereza el final de esa obra maestra. No está mal.
- Mira qué guapa, ¿te sirve? - ¡Cállate o te tiro ésta!
¡Eh, tú! ¿Te haces el gracioso? ¡Ven aquí!
- Pero, es este de aquí que... maldito seas. - ¡Oh, se ha enfadado!
¡Uno, dos! ¡Uno, dos!
¡Alto!
¡Guardia, alto! ¡Derecha al frente!
- ¡Inténtalo ahora y te enseñaré yo! - ¿Qué?
¡Adelante, march!
Vamos a echarle una mano.
¡Fuerza!
Coraje.
- ¿Qué es esto? - Parece una pelota.
¡Pásala!
¡Juguemos!
- Yo también. - Pásala.
Un momento, dividámoslo en dos equipos, italianos aquí e ingleses ahí.
- Quédate por la derecha. - Yo al centro tu a la izquierda.
- ¡Yo también, esperadme! - ¡Cállate, Fischietto, pareces árbitro!
- ¡Buen bloqueo! - ¡Bravo!
- ¡Basta de darme patadas! - ¡Quieto!
- Pero yo... - ¡Mira quién habla! ¡Un mulo!
¡Basta! ¡Quietos!
¿Pero qué sucede? Basta, han enloquecido.
¡Entiendo!
¡Deteneos! ¡Separaos!
¿Que sucede? ¡Basta!
¡Quietos!
¡Detenga a sus hombres o habrá una desgracia!
¡Desgracia para ustedes porque mis hombres pegan fuerte!
¡Os meto a todos entre las rejas!
¡Un soldado que le pone la mano encima a un oficial es un delito grave!
¡Basta! ¡Terminad!
¡Traedme ese balón!
¿Dónde os creéis que estáis? ¿En un estadio o de camping?
¿Recordáis que estáis en guerra o no? Quiero el nombre de los hombres que...
¡Han comenzado los suyos! Si los castiga protestaré con...
- Sargento, arme a los hombres y reúnalos lo más rápido posible. - ¡Sí, señor!
Muchachos, llamada con las armas! ¡Rápido, muévanse!
- Han vuelto por los fusiles. - No sólo los de los italianos.
- Me pregunto cuántos serán. - ¡Muchos!
¡Capitán Blasi!
- Reúna los prisioneros. - ¿Por qué no nos da fusiles?
Haga lo que le he dicho.
- ¿Qué esperan? - La oscuridad, imagino.
- El pueblito no es defendible. - Si nos ponemos contar las rocas será mejor.
- Probemos. - Es una idea. Toma.
¡Sargento! Dispóngalos en defensa contra aquellas rocas.
- ¡Sí, señor! - Dr., debemos llevarnos a Hilary.
Inútil, Mayor. Ha muerto.
Curaros, nutriros, llevaros las armas, arriesgarnos por vosotros...
- Sois peso muerto. - Combatiremos, si nos dais fusiles.
- En Eguadaba los teníais. - ¡Sí, y vosotros carros armados!
Dame una bayoneta.
¡Toma esta, así veremos que sabes hacer!
- ¿Qué quieres hacer? Te harán un proceso! - ¡No me molestes!
¿Satisfecho?
- Habías dicho que esperaban la oscuridad. - Sí. No son estúpidos.
Tendrán menos bajas si esperan que caiga la luna. Se pondrá muy oscuro.
Ya he visto una cosa parecida en el Khyber, en India.
Cuando cae la luna salen ellos.
Todavía no entiendo cómo uno puede elegir la carrera militar.
Bueno, no se está mal. En tiempo de paz.
- ¿Blasi te ha hablado de los fusiles? Podrían ayudarnos. - Sí, lo sé.
Es un problema delicado. No creo poder devolverles las armas.
Tengo bastantes problemas así.
- ¿Podríamos escaparnos por aquella garganta? - No, nos verían.
Y estaremos en una situación peor.
- ¿Según tú tenemos alguna posibilidad de salvarnos? - Ninguna.
- ¡Iremos todos a proceso! - Los de Londres no entendéis un pimiento.
¿Sabes lo que hay en la cabeza de un londinense? solo niebla y agua del Támesis.
No habiendo armas, me arreglaré como pueda.
Si bajan por aquí, se atropellan la cuerda.
Tendrás así al menos la posibilidad de darle un golpe en la cabeza.
Lo sé, no es una idea genial. ¿Qué dice?
¡Qué fantasía! Sabe que podría ganar la guerra con la fantasía.
Es una de las pocas cualidades que tengo. Mi mujer, antes de partir, me dijo...
- ¿Su mujer? - Sí. ¿Por qué?
Nada. No pensaba que tuviese mujer.
¿Por qué, le parece extraño? Tengo mujer y dos hijos.
Mire.
Muy monos.
- ¿Y estos dos diablillos? - Simpatiquísimos.
¿Sabe qué dice mi mujer?
"No me importa si no eres un héroe, pero vuelve a casa conmigo."
¿Usted, está casado? ¿Tiene la foto de su mujer?
No.
Buenas noches.
Y usted le hace caso a su mujer, ¿eh?
Es mono.
Sí, pero tuvimos que matarlo, estaba enfermo.
- ¿Qué han hecho? - El perro, por supuesto.
- ¿Le molesta que haya visto la foto? - No, para nada.
Yo la mía se la mostré, ¿por qué usted no?
No me tiene ninguna estima, Mayor, ¿verdad? Sé por qué.
Porque no amo la guerra y no soy un buen soldado.
Tampoco yo, si es por eso.
- Pero al menos lo intento. - Combatiría gustoso por defender mi casa.
Pero esta guerra no la entiendo. Cumplo mi deber porque me obligan.
- Si fuese tan simple... - En cambio para mí lo es.
¡Bueno!
- Tal vez hablo demasiado. - ¡No!
No.
No es necesario guardarse todo. Es mejor desahogarse.
¿Cómo se llama su mujer?
Anna.
La mía Helen.
¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?
Cierto, y tú date cuenta que las cosas peor no pueden estar.
- Y al menos tendremos 40 hombres más. - ¿Y cómo se lo tomará el Coronel?
Aquí mando yo y no me importa un bledo el Coronel.
¡Cierto, señor!
- Tomad. - Menos mal que queda alguien con buen criterio.
- ¿Y las municiones? - Yo sólo cogí los fusiles.
Bueno, ahora busca las municiones.
No las he visto.
- De qué sirven los fusiles sin municiones. - ¡Callados!
- ¡Faltan los cargadores! - ¿Qué cargadores?
Los de los italianos, señor
Estaban en la choza número 3. Es imposible volver a por ellos.
Es culpa mía, lamentablemente.
También esto.
¿Qué hacéis de pie?
- Intentamos a través de la garganta. - Nos verán. - ¿Aun en la oscuridad?
Si la oscuridad le sirve a ellos también nos servirá a nosotros.
Una vez en India pasamos toda una compañía de lanceros en las narices de una tribu.
¿Casi todos, no todos?
Los últimos es difícil que lo logren.
Haremos así: saldremos seis por vez, tú irás con el primer grupo.
Lleva la linterna del Capitán Blasi.
Cuando esté a salvo, haces una señal y saldrán seis más que harán lo mismo.
- Tres puntos y una línea. - Sí.
El Capitán y yo iremos con los últimos.
- Prepare a sus hombres. - ¡Sí, señor!
¡Adelante! ¡Rápido!
¡Salid!
- Fuerza. - Listo, muchachos. En orden.
¡Id, despacio!
Fuerza!
¡Salid, muchachos!
Os toca.
¡Vaya usted también, Sargento!
¡Lo hemos conseguido!
¡Bravo! ¡Bravísimo!
¡Oh Dios! ¿Y estos quién son? ¿Quiénes sois?
¿Sois negros? Oh mamá m...
Seis por vuelta. Un regalo para ellos.
Está bien, podrían cortarnos los pies y en cambio están contentos con los zapatos.
¡Maldición! ¡Una desgracia detrás de otra!
¡Escuchen! ¡Abajo el rey de Inglaterra y abajo el rey de Italia!
¡Hagan guerra en su casa, no en nuestra casa!
¡Así todos contentos! ¡Y ahora largo!
¡La carretera!
- ¡Ha salido todo bien, después de todo! - Sí, justamente.
- Debe ser la carretera a Goba. - Sí y ahora debe ser nuestra.
Sargento, hombres en columna, ahora estamos bien.
¡Sí, señor!
¡Adelante, muchachos! ¡Tres en fondo!
- Enhorabuena. - Lo hemos conseguido.
Sí, llegamos a la carretera, pero si vamos a Goba...
seguiremos siendo prisioneros de los ingleses.
- Tienes razón. - Conformémonos, muchachos.
¡Hemos llegado a Addis Abeba!
¿Qué les pasa a aquellos?
Pero, ¿qué sucede?
Querido Mayor, no podría haber elegido una carretera mejor que ésta.
¿Sabe dónde nos ha traído? ¡A Addis Abeba!
¡Estamos lejísimos de las líneas inglesas!
Debería haberlo matado en Eguadaba.
- ¡Sargento, ponga en fila a los hombres! - ¡En fila de a tres!
Yo también hubiera deseado su muerte...
viendo la felicidad que tenemos yo y mis hombres en este momento.
Pero son las bromas de la guerra, amigo mío.
Siga su destino. Adiós y buena suerte.
¡Adelante, march!
¡Vamos a casa, Bernasconi! ¿Qué, no estás contento?
Es mejor que nos vayamos nosotros también.
¡Sargento Trevetan, movámonos!
¡Compañía, atención!
¡Flanco derecho!
¡Adelante, march!
¡Creí que le daría un ataque cuando vio el cartel!
¿Y qué debo hacer, ponerme a llorar por él?
Porque ellos serán prisioneros y nosotros felices en nuestra casa.
Será mejor que nos salgamos de la carretera, al menos en esta primera parte.
Sí, tiene razón.
- ¡Sargento! - ¡Viene un camión! - ¡Fuera de la carretera!
¡Al que alce la cabeza, se la corto!
Recordad lo que os he dicho.
En el primer sendero que encontremos abandonaremos la carretera. Reunirse.
- ¡Sargento, reúna a los hombres! - ¡Adelante, muchachos! ¡Juntarse!
¡Vamos, moveos, no os durmáis!
- ¡Otro camión enemigo! - Rápido, fuera de la ruta!
- ¡A tierra! - ¡Abajo!
¡Eh, ustedes!
- ¿Pero adónde van? - A Addis Abeba. - ¿Addis Abeba?
¿Pero de dónde salen ustedes?
El Mayor Richardson.
Disculpe, señor.
Aquel idiota dice que van a Addis Abeba.
Es cierto, señor. La ciudad ha caído.
Y nosotros vamos a Addis Abeba para el desfile de la victoria.
Discúlpeme, señor, si me permite la pregunta, pero ¿y sus zapatos?
Los hemos gastado caminando.
- Una buena caminata. - Cierto, pero no buena.
Lástima.
Richardson, ahora que nos hemos vestido a la última moda...
...lleve a sus hombres a recibir los nuevos equipos.
Sí, señor.
Y le recomiendo, esta vez tenga más cuidado.
- O su próximo informe lo deberá presentar al tribunal militar. - Sí, señor.
¡Fuerza muchachos, reunirse! ¡No estáis aquí de veraneo!
¡Pelotón, atención!
¡Descanso!
¡Pelotón...
- Está bien, adelante. - ¡Sí, señor!
¡Pelotón, atención!
¡Flanco derecho!
¡De frente, izquierda!
¡Presenten armas!
¡Eh, tú! ¡Date prisa!
¡Ciao!
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