All language subtitles for The Macomber affair (1947) Spanish subtitles

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Original subtitles

PASIÓN EN LA SELVA

No hay de qué preocuparse.

Procura tranquilizarte.

Señora Macomber, siento conocerla en estas circunstancias.

- Acepte mi más sentido pésame. - Gracias.

Apártese, Capitán Smallet.

Quiero sacar una fotografía de Wilson y la señora juntos.

Por favor, no.

- No, ahora, no. - Pero esto es noticia.

- Por favor, Capitán Smallet... - Ya es suficiente, Logan.

La llevaré directamente al hotel.

Wilson y Evans se ocuparán de todo.

Gracias, señor Smallet, es usted muy considerado.

- ¿Cuándo te veré? - Más tarde, quizás.

Pásate por jefatura dentro de una hora.

- ¿Me esperaba para que lo vea? - Sí.

Un tipo corpulento, ¿verdad? ¿Se llamaba Macomber?

- Francis Macomber. - ¿Escocés?

- Americano. - ¿Buen tipo?

- Qué importa eso ahora. - Sí. ¿Cuándo ocurrió?

Esta mañana temprano. Íbamos detrás de un búfalo.

Eso lo explica todo.

Recuerdo el primero que intenté derribar.

Éramos cuatro. Armados con rifles, disparando sin parar.

Y nos creíamos expertos. Creo que se producen muchas muertes.

- Sí, muchas muertes. - Es una locura intentar algo así.

Es como querer detener una locomotora con un tirachinas.

Sólo tuvo mala suerte. Acabemos con esto.

¿Cómo era el búfalo de grande?

- Vaya, yo creía que... - No fue un búfalo, un disparo.

- ¿Por la espalda? - En la espalda.

- ¿Accidente? - Accidente.

- ¿Quién estaba allí? - Su mujer, yo, Cangoni y Abdullah.

- ¿El búfalo estaba herido? - Sí.

No hay nada peor. Nervioso. Acercándose como un expreso,...

...todo el mundo nervioso, todo el mundo disparando.

Y las armas que las carga el diablo.

Sí. Una cosa así pudo ocurrir.

¿Pudo? Ocurrió así.

Hola. Un viaje corto esta vez.

Sí, corto.

Tienes pinta de necesitar esto.

¿Cuándo has llegado?

- Hace una media hora. - Dime cuanto.

¿Cuánto retraso en el aeródromo?

Lo normal.

¿Has traído a los dos invitados?

A los dos.

¿Buen vuelo? ¿Se ha divertido la señora Macomber?

¿Te importa?

¿Y el señor Macomber?

No lo ha dicho.

Un hombre guapo el americano.

La vez que estuvo aquí contigo, bebió mucho.

¿Cómo está?

Al dejarle hace unos minutos estaba sobrio.

¡Qué te parece!

- ¿Ha sido una buena cacería? - Mucho.

¿Han vuelto todos con la bolsa llena?

- Todos. - ¿También la señora Macomber?

¿Adónde quieres ir a parar?

A veces me preocupa que te busques problemas, Wilson.

- ¿Tienes problemas? - No.

- Sólo la señora Macomber, ¿no? - La señora Macomber tampoco.

¿Matar a un marido no te parece un problema?

Ella no lo ha hecho, ni yo.

¿Por qué piensas eso?

Llámalo intuición femenina.

Las mujeres hacemos cosas que los hombres no pueden imaginar.

Yo conocí a un hombre por el que me volví loca...

Debes haberlo leído en un libro.

Estás enamorado de ella.

No se me ha pasado por la cabeza.

No hace falta que lo haga.

- Vamos, cuéntame todo de... - No hay historia, Logan.

- Tiene que haberla. - ¿Por qué?

La policía anda cotilleando. Tengo que escribir algo...

Nada de nada.

Mujer bonita, marido rico. Puedo imaginarme el resto.

- Tú no puedes imaginar. - Es fácil. ¿Por qué ella...?

- ¿Por qué ella qué? - Lo siento, Wilson, no sé el qué.

Sigue imaginando. Tú también.

COMISARIO DE POLICÍA.

Hola, Wilson.

Fotos en el lugar de los hechos.

Bien. Las revelaré para la investigación de mañana.

- ¿El forense examinó el cuerpo? - Accidente.

- Sí, Cangoni y Abdullah han testificado.

- ¿Está dispuesto el funeral? - Mañana por la mañana.

Eso es rapidez. ¿La señora Macomber ha sido informada?

Sí.

¿Era un tipo raro el señor Macomber?

Como todos los de su clase, no peor.

- Era muy rico. - Creo que sí.

Sabes, me gustaron los Macomber cuando los conocí,...

...pero a veces al mirarlos,...

...tenía la sensación de espiar tras la puerta algo vergonzoso.

Yo no miro por las puertas.

Un cazador es un cazador y para eso me contrataron.

- Esta caza ha sido diferente. - ¿Por qué diferente? Sólo el final.

Más que el final, Wilson. Mira, amigo,...

...he estudiado a la gente. Conozco a los Macomber.

El mundo está lleno de ellos. Han nacido para ser víctimas.

Los accidentes son tan naturales en ellos como respirar.

Nadie está buscando una coartada, Smallet.

Aquí está el papel para tu informe. Rellénalo.

Ya he rellenado el informe que se precisa por un accidente.

No en este caso.

Coge alguno más, por si lo estropeas.

Tenlo a tiempo para la investigación de mañana.

Trata de ser exacto en este caso. Verás.

El Cónsul americano necesita este informe para su archivo.

Así está estipulado. El informe es para los archivos, así que...

...sé lo más detallado posible.

Parecía una cacería interesante y se ha convertido en un problema.

Mira, Wilson, si crees que te hará sentir mejor hablar,...

...te escucharé cuanto quieras. Dime todo lo que pasó.

Quedará entre nosotros.

Gracias, Comisario.

CUESTIONARIO PARA CASOS DE HOMICIDIO.

- Está bien, puedes irte. - Sí, señor.

ACCIDENTE

¿Diga?

¡Margaret!

Tienes que tranquilizarte. Ahora no puedo verte.

No, no puedes venir aquí. No puedes.

¿Tal como están las cosas?

No. Ahora, no, ¿no ves que...?

Tienes que estar sola, no tienes más remedio.

Margaret. ¡Margaret!

ACCIDENTE

"Es para los archivos, Wilson, así que entra en detalles.

Si te hace sentirte mejor hablar, te escucharé cuanto quieras.

Dime todo lo que pasó. Quedará entre nosotros, Wilson.

Ya sabes, entre nosotros.

Entre nosotros".

- Por favor, ¿el señor Macomber? - Sí, señor. Ahí está.

- Usted debe ser Wilson. - Así es.

- Francis Macomber. - Llego un poco tarde.

No importa. No he esperado mucho.

¿Sabe de qué se trata?

- Estoy deseando ir de caza. - Bueno, a eso me dedico.

- ¿Una copa mientras hablamos? - A veces ayuda.

- ¿Qué va a ser? - Ponme una ginebra, Mag.

Ahora mismo, señor Wilson.

- Que sean dos. - Sí, señor.

No pensaba que fueran ustedes tan difíciles de encontrar.

Es temporada alta.

Nuestro Cónsul nos ha ayudado mucho.

Ha rastreado toda la ciudad. ¿Se esconde bajo tierra?

- Así me encontró más o menos. - ¿Necesita un adelanto, Wilson?

- Yo acepto dinero siempre. - ¿Cien libras?

- Lo haré encantado. - Hecho.

Mire, no garantizo trofeos. No soy brujo.

Pero tendrán una buena cacería. Yo me ocupo de buscar el sitio.

Lo demás es cosa suya. ¿Es suficiente?

Suficiente.

- No conozco ese animal. ¿Qué es? - Es un kudu.

¡El gran kudu! ¡Magnífico!

Antílope de agua, orix, gacela, antílope negro.

¿Qué se siente teniendo a una de esas fieras delante?

Diferentes sentimientos cada vez.

Vamos, dígamelo. ¿Cómo se siente un hombre?

- Es más inteligente no sentir. - ¿Qué es lo que hace?

Deja de respirar y empieza a disparar.

Vamos al grano. ¿Qué hay de sus armas? ¿Qué trae?

- Un Holland y Holland, inglés. - Muy bien. ¿Qué más?

Lo pensaba comprar aquí.

Buena idea. Aquí tenemos excelentes tiendas de armas.

Tengo que conseguir los hombres y el equipo.

- ¿Cuánto tiempo necesita? - Un día o dos. ¿Cuántos son?

Sólo mi mujer y yo.

Las mujeres, a veces, crean problemas y arruinan la cacería.

Se aburren, no les gusta matar, les entra pereza.

Y además quieren controlar el dinero.

- Yo me encargaré de mi mujer. - Bien. Yo de todo lo demás.

Muy bien. Por una buena caza.

¿Señor Robert Wilson?

- La señora Macomber. - Mucho gusto.

Estoy muy celosa de usted. Desde que Francis le conoce...

...sólo oigo: "el señor Wilson dice esto, el señor Wilson hace lo otro"

Sólo oigo hablar de caza.

Ha tenido mucho éxito con Francis, señor Wilson.

No le importe que le diga que me pone un poco nerviosa.

Lo siento, señora Macomber.

¿No te gusta que hayamos encontrado tan buena compañía?

Estoy encantada.

El señor Macomber no me dijo que fuera usted tan encantadora.

Francis, cariño, no es propio de ti.

Wilson, ¿sabe lo que afecta al ego de un hombre que le recuerden...

...constantemente que está casado con una mujer hermosa?

Normalmente lo que hace tu ego, cariño,...

...es inflarse como un globo.

Estábamos escogiendo armas.

¿Se ha decidido por el Springfield, señor Macomber?

Lo recomendamos como un excelente rifle,...

...es de una gran fiabilidad.

¿Qué le parece a usted, Wilson?

Decida usted. ¿No dijo que ya había ido de cacería?

Sí, he hecho pinitos en mi país.

Bueno, más que eso. Ya sabe, patos, ciervos, algún alce...

¿Por qué no le cuentas cuando pescaste aquel enorme tiburón?

No haga caso a mi mujer, a veces le gusta gastar bromas.

- Corramos un tupido velo. - Corrámoslo.

Corrámoslo.

¿Y qué se va a llevar la señora Macomber?

- Que decida el señor Wilson. - ¿Una menica?

- Sí, me parece bien. - No la usará nunca.

Francis tiene razón. Tengo malísima puntería.

Parece que nunca consigo centrar el objetivo y la mira.

Francis, cariño, te has olvidado de algo.

Flores para esta noche. ¿Hay alguna tienda?

Justo enfrente.

Compra algo bonito para la mujer del Cónsul.

- Ha sido encantadora. - Claro cariño.

Pruebe a ver como se siente.

- ¿Esto sirve para algo? - Para casi todo.

Dígame, señor Wilson, ¿qué siente una persona cuando mata?

No entiendo. Normalmente a las mujeres no les gusta matar.

¿Y si soy una excepción? Soy enormemente curiosa.

Sólo soy una mujer.

Hay que admirar al animal, como marcan las reglas.

- ¿Qué clase de reglas? - Juego limpio, deportividad.

Si encuentra un animal, tiene...

...que estar en igualdad de condiciones.

¿Qué igualdad?

Encontrarle al aire libre, de pie.

- ¿Y si no se hace? - Prefiero no decírselo.

- Sería despreciable. - Esa sería la palabra.

Pero hay algo más ¿no? Una vez leí un libro.

Cazar, conquistar, matar...

...produce emociones ligadas a los anhelos...

...de una mujer.

- ¿Qué le haría sentirse mujer? - No hablaba por mí.

- ¿Pasa algo con el Sr. Macomber? - Nada.

- Es un hombre muy amable. - Sí, Francis es lo mejor que tiene.

¿Cuál es el título de ese libro?

No lo recuerdo. Era de un filósofo alemán.

Así que ha venido para aprender a matar.

Por Dios, es usted como todos los hombres.

Entiende usted a las mujeres tan poco como mi marido.

Yo no tengo por qué.

Tres docenas de rosas rojas para la mujer del Cónsul.

- Y ésta para ti. - Eres un cielo, Francis. Gracias.

Una copa para brindar por el viaje, Wilson.

¿Así que este es su refugio, Señor Wilson?

- Algo así. - ¿Por qué?

No lo sé. Porque es agradable, supongo.

Pensaba que no vendrías esta noche, Wilson.

Amy, los señores Macomber.

- Mucho gusto. - Hola, Amy.

Encantada de conocerles. ¿Qué van a tomar?

Lo de siempre.

¿Cómo dice, señor? ¿Qué es lo de siempre?

- Lo mismo de siempre. - ¡Lo tuyo!

¿Parte de lo agradable, señor Wilson?

Margaret, no metas la nariz en los asuntos del señor Wilson.

- ¿Baila tan bien como dispara? - Bailo muy mal.

Nunca le he visto disparar, ¿bailamos?

- Adelante, Wilson. - Ha sido idea suya.

- Dígame una cosa, Sr. Macomber. - Le diré todo lo que quiera saber.

¿Por qué viene la gente a África?

- ¿Está celosa? - Parece muy seguro de sí mismo.

No hay de qué preocuparse.

Francis, tienes que enseñar al señor Wilson a bailar.

Puede que sea un gran cazador, pero...

¿Lo ve?

- ¿Has disfrutado bailando? - Es buena pareja.

Es bonita.

Así que os vais los tres juntos.

- Puede ser interesante. - ¿Quién sabe?

- Esto es vida. - ¿Sigue soñando con leones?

¿Por qué no? Es el rey de la selva.

Tal como me siento ahora, soy capaz de enfrentarme a un rey.

Mañana lo tendrá. Los hombres dicen que hay uno por aquí.

Tú conseguirás tu león, Francis, y yo te sacaré la foto.

- Pareces celosa. - ¿Por qué motivo?

Porque has fallado.

La mensahib fue una auténtica sensación.

Falló por completo.

Pero fue digno de ver.

Una maravillosa sensación.

Francis Macomber, con el pie en la cabeza del león.

- No es mala idea. - A la prensa le va a encantar.

Nunca soñé pasármelo tan bien.

Pueden seguir hablando toda la noche, yo me voy a la cama.

- Buenas noches, Wilson. - Buenas noches.

Buenas noches.

Sabe, Wilson, hace años que no era así de amble conmigo.

Yo la veo como un contratado.

Sólo soy el cazador blanco. No hablo sobre mis invitados.

Así es como conservo mi independencia.

Comprendo.

- Mañana a las cuatro en punto. - Bien.

- Buenas noches. - Buenas noches.

- ¿Estás cómoda? - Sí, gracias. Buenas noches.

Buenas noches.

- ¡Cangoni! - Sí, buana.

- Que dejen de discutir. - Sí, buana.

No quiero que molesten a la señora Macomber.

- Ni al señor Macomber. - Ni al señor Macomber.

Sí buana.

- Un buen tipo, Wilson. - Sí, lo es.

- ¿Qué le ha dicho a Cangoni? - Algo como que cierren la boca.

Ahora todo está en silencio.

Cangoni ha dicho: "sí, buana". Quiere decir, sí, señor.

- Hablas suahili muy bien. - Sí, mensahib.

¿Ves? Hay muchas cosas de mí que no conoces.

- Sí. - Sabes, Wilson tenía razón hoy.

- ¿Respecto a qué, cariño? - En lo preciosa que estabas.

¿Ha dicho eso?

Sí. La mensahib fue un espectáculo para mí.

Un precioso espectáculo.

- ¿Te agradó, verdad? - Sí.

- ¿Te gustaría escucharlo otra vez? - No hace falta.

No, no hace falta.

- Sólo importamos nosotros. - Sí.

Todo está saliendo bien.

¿Recuerdas lo que dijo el periódico de nosotros en Nueva York?

¿El qué?

Los románticos Macomber se van de aventura al África negra.

Me gusta.

¿Sí?

Todo aquel cotilleo nos había puesto en peligro.

Y yo estaba distinto.

Ahora todo ha pasado.

Nunca volveremos a discutir.

No imaginas el hombre tan distinto que soy.

El hombre tan distinto que seré.

¿Sabes, Margo? Es casi como si acabáramos de conocernos.

Supongo.

Te parecerá ridículo.

Pero creo que... he vuelto a enamorarme de ti.

Eres tan encantadora.

De alguna forma nunca puedo comunicarme del todo contigo.

Margaret.

¿Margo?

Margo.

¡Margo!

Ruge como un león viejo. Mire como tose.

- ¿Está muy cerca? - A una milla, río arriba.

¿Puede oírse desde tan lejos? Parece estar aquí al lado.

En la selva los ruidos son más claros. Será fácil cazarlo.

Si consigo dispararle, ¿dónde debo darle para pararlo?

En los hombros.

En el cuello, si puede. Dispare a los huesos para derribarlo.

- Ojalá apunte con precisión. - Debería poder.

Tómese su tiempo. Asegúrese. Es el primero de la cacería.

¿A qué distancia debo dispararle?

No puede saberse. Todo depende del león.

No dispare hasta que esté lo bastante cerca para no fallar.

¿A menos de noventa metros?

A noventa metros está bien. Yo me acercaría incluso más.

Así tendrá más posibilidades.

Pero noventa metros es una distancia adecuada.

Bien, aquí viene la mensahib.

Buenos días. ¿Vamos a cazar ese león?

En cuanto tome su desayuno.

Sí, buana.

¿Cómo se encuentra?

Maravillosamente. Estoy muy ilusionada.

Bien.

Voy a ver si está todo a punto.

Es un tipo muy curioso. Hay que hacerlo callar.

- ¿Qué te pasa, Francis? - Nada.

¿No te sientes bien?

Ese maldito rugido.

- No ha parado en toda la noche. - ¿Por qué no me despertaste?

- Dormías como un tronco. - Me habría encantado oírlo.

Tengo que matar a ese animal.

Para eso estamos aquí, ¿no?

¡Claro! Pero los rugidos me atacan los nervios.

Bueno, Wilson dijo la forma de acabar con ellos. Mátalo.

Sí, cariño, parece muy fácil.

¿No tendrás miedo, verdad?

¡Claro que no!

Lo matarás perfectamente. Sé que tú mismo te sorprenderás.

Acaba tu desayuno y nos iremos.

Dudarlo es ridículo.

- ¡Casi está aquí! - Odio ese sonido!

- Impresiona mucho. - ¿Impresiona? Aterra.

¿Vamos! Sólo faltan ustedes. ¿Han terminado?

- Sí. - Yo estoy lista.

- Hay que acabar con ese sonido. - Hay que hacerlo inmediatamente.

¿Ve los pájaros?

Su víctima ha matado algo. Ahí delante hay agua.

Lo más probable es que beba antes de irse a descansar.

¡Manténgase atento!

Ahí está.

¡A la izquierda!

Vaya a por él. Es un magnífico león.

- ¿A qué distancia está? - Sesenta y cinco metros.

- Vaya a por él. - ¡Corre Francis!

- Le voy a disparar desde aquí. - No disparamos desde el coche.

¡Baje, no va a quedarse ahí todo el día!

¿El león puede verle?

No. Los leones no tienen buena vista.

Y afortunadamente el viento está a nuestro favor.

Tiene el seguro puesto.

Le he dado. Dos veces.

Le ha alcanzado. Parece que en la parte delantera.

Quizá le haya matado.

Tendremos que esperar antes de adentrarnos a mirar.

- ¿Qué quiere decir? - Antes de seguirle.

Un buen león. Aunque se ha metido en un mal sitio.

- ¿Por qué es malo? - No se le puede ver por la maleza.

Quédese en el coche. Nosotros seguiremos su rastro de sangre.

- Quédate aquí, Margo. - ¿Por qué?

- ¡Porque Wilson lo dice! - Sí, quédese.

Nosotros nos vamos.

Aquí hay rastro. Es dónde le hirió primero.

¿Qué hacemos?

Dejarle tranquilo un momento. Luego entraremos a buscarle.

- ¿Y si quemamos la maleza? - Hay demasiada.

Podemos mandar ojeadores.

Pero podríamos provocar una matanza.

- Cangoni, vigilad desde ahí. - Sí, buana.

Sabemos que el león está herido,...

Se puede seguir un león porque el ruido le ahuyenta.

Pero un león herido, ataca.

Puede agazaparse entre la maleza...

...y ocultarse tan perfectamente que es imposible de ver.

Si envíamos a los hombres, seguro que alguno sería atacado.

¿Y los que llevan armas?

Vendrán con nosotros. Es su obligación. Se han comprometido.

No parece que les guste mucho, ¿verdad?

- No quiero entrar ahí. - Ni yo tampoco.

Pero no hay más remedio.

Pero usted no tiene por qué ir. Para eso me han contratado.

Por eso soy tan caro.

¿Va a entrar usted solo? ¿Por qué no le dejamos ahí?

- ¿Qué quiere decir? - ¿Por qué no le dejamos?

¿Y pretender que no le hemos herido?

¡Olvidémoslo!

- Eso no se hace. - ¿Por qué?

Porque está sufriendo.

Y además, podría encontrarse con él otra persona.

- Comprendo. - No tiene por qué hacer nada.

Quisiera hacerlo. Pero tengo miedo.

Yo iré delante cuando entremos. Cangoni rastreará.

Usted se queda detrás. Lo normal es que le escuchemos.

Si le vemos, disparamos los dos.

No tiene por qué preocuparse, yo le cubriré.

Quizás sea mejor que no lo haga.

Mucho mejor. ¿Por qué no vuelve y deja que yo me encargue?

Voy a ir.

De acuerdo.

No vuelva si no quiere. Yo me hago responsable.

¡Quiero ir!

¿Quiere hablar con su mujer mientras esperamos?

No.

Bien. Iré yo y le diré que tengan paciencia.

- De acuerdo. - Cangoni.

- ¿Está cómoda? - No mucho. Empieza a hacer calor.

- Allí también. - ¿Cómo está Francis?

Un poco nervioso.

No le envíe a matar ese león.

- No le envío, viene conmigo. - No se lo lleve.

- Eso es asunto de él, ¿no? - No debería serlo.

Sería inútil decirle que vuelva.

- Es muy testarudo. - Da igual, no le deje ir.

Yo no he hecho nunca de niñera, señora Macomber.

No tardaremos.

Aquí tiene su rifle. Creo que es el momento.

Sí, buana.

Manténgase detrás de mí. Yo le cubriré como ya le dije.

Vamos.

¿Puedo beber un poco de agua?

Cangoni, dale agua.

- ¿Quiere sacar alguna foto? - No.

Entonces hemos terminado. ¡Hermoso león!

- Los hombres le quitarán la piel. - Sí, buana.

Volvamos al coche a esperar en la sombra.

¿Qué hace?

El señor Robert Wilson.

El guapo señor de cara roja, Robert Wilson.

- ¿Qué les tengo que dar? - Sólo un poco. No derroche.

- ¿Se lo reparten ellos? - Por supuesto.

- ¿Tomamos una copa? - Trae una ginebra.

- Tomaré lo mismo. Necesito algo. - ¿Por qué no? Que sean tres.

- Ya tiene su león. Y muy hermoso. - Sí, buen ejemplar.

- ¡Por el león! - Por el león.

No puedo ni pensar en lo que has hecho.

No hablemos del león.

¡Qué día tan extraño!

Debería ponerse un sombrero al mediodía.

- Eso es lo que me dijo, ¿no? - Puedo ponérmelo.

Sabe, señor Wilson, tiene la cara muy roja.

- La bebida. - No lo creo,...

...Francis ha bebido mucho y nunca tiene la cara roja.

Hoy sí la tengo.

La mía sí que está roja.

- El señor Wilson siempre está rojo. - Será por naturaleza.

Si no le importa, preferiría dejar el tema de mi belleza.

- Sólo era un comentario. - Hablemos de otra cosa.

- La conversación va a ser difícil. - No tiene por qué.

- Soy buen conversador. - No debió haber ocurrido.

¡Ojalá no hubiese ocurrido!

Cosas de mujeres. No tiene importancia.

Siempre con los nervios a flor de piel, da igual el motivo.

Supongo que tendré que cargar con ello el resto de mi vida.

¡Tonterías! Vamos a tomar otro trago y olvidémonos de todo.

Los somalíes tienen un dicho. ¿Quiere oírlo?

Un hombre valiente se asusta de un león tres veces.

La primera vez que ve sus huellas. La primera vez que le oye rugir.

Y la primera vez que le mira a los ojos. Eso no significa nada.

Eso es lo que me considero ahora. Nada.

Absolutamente nada.

Siento mucho lo del león.

No tiene por qué ir más lejos.

Nadie tiene por qué saberlo, ¿verdad?

¿Quiere decir si lo diré en el Club?

Soy un profesional. Nunca hablo de mis clientes.

Puede estar seguro.

Aunque es de mala educación pedirnos que no hablemos.

Si va a comportarse como un estúpido en este asunto,...

...mejor que cada uno se quede en su lado del campamento.

Lo siento. De verdad que lo siento.

Hay muchas cosas que no sé.

Bueno, descuide, no hablaré. Tengo que ganarme la vida.

En África ninguna mujer pierde a su león.

Y ningún hombre se acobarda.

- Fui más cobarde que un conejo. - ¡Olvídelo!

¡Olvídelo, olvídelo! Para usted es fácil.

¿Pero y mi mujer? Me mirará como a un cobarde toda mi vida.

Tal vez sea mejor dejarle solo para que pueda llorar a gusto.

No quiero.

No quiero. ¡He dicho que no!

¿De qué te ríes? ¿Qué te hace tanta gracia de mí?

¡Cangoni! ¡Cangoni!

Me he vuelto loco. Quería matarle.

No vale la pena ser colgado por esto, Cangoni.

Gracias, buana. Lo siento.

Me disculpo por el comportamiento de estos hombres.

Si hay algún problema de disciplina, dígamelo.

Francis, tanto ejercicio es bueno para ti,...

...pero aún no estás acostumbrado.

¿Cómo está esa preciosa cara roja?

Hambrienta. Vamos a comer.

Sí, buana.

El asunto está olvidado.

¿Qué importancia tiene si Francis mata o no a un león?

No es su profesión.

Es la del señor Wilson, matar cualquier cosa.

- Porque usted mata cualquier cosa. - Sí, cualquier cosa.

- Mañana iremos a por un búfalo. - Yo voy con ustedes.

- No creo que deba. - Yo sí.

¿Puedo, Francis?

No me perdería algo como lo de hoy por nada del mundo.

Daré otro espectáculo para ti mañana.

- Usted no viene. - Está usted muy equivocado.

Quiero verle de nuevo. Estuvo maravilloso esta mañana.

Es decir, si a volar cabezas se le puede llamar maravilloso.

- ¡Qué divertida es usted! - No he venido aquí a aburrirme.

- No ha sido muy aburrido, ¿no? - No, ha sido encantador.

Lo de mañana no pienso perdérmelo.

Le está ofreciendo alce africano.

¿Son esos bichos grandes con cuernos que saltan como cabras?

Bueno, es una forma de describirlos.

- Su carne es buena. - ¿Lo mataste tú, Francis?

- Sí, así es. - ¿Entonces no son peligrosos?

- Sólo si te caen encima. - ¡Cuánto me alegro!

¿No puedes dejar de hacerte la ingeniosa, Margaret?

Supongo que sí, si me lo pides con tanta amabilidad.

Podríamos tomar un poco de champán. Por el león.

¿Por el león? Ya me había olvidado del león.

Tome un poco más de alce.

- ¿Va a venir? - ¿Qué van a cazar?

Nada espectacular, supongo. Lo que nos encontremos.

Prefiero esperar a la gran cacería de mañana.

No deje que nada asuste a Francis, ¿quiere?

Es usted un encanto. Un verdadero encanto.

¿Macomber? ¡Nos vamos!

¡Buen disparo!

Si con un blanco tan pequeño dispara así, no tendrá problemas.

Siento lo que pasó. Lo de Cangoni y el chico al que pegué.

¿Eso? Olvídelo.

No era yo mismo. ¿Cree que encontraremos un búfalo mañana?

- Hay buenas posibilidades. - Quiero borrar el suceso del león.

No es muy agradable que tu mujer te vea haciendo algo así.

No puedo olvidarlo.

Cualquiera puede llevarse un disgusto con el primer león.

- Ya ha pasado todo. - Para nosotros tal vez.

Pero para ella no, ya lo verá.

- Las mujeres... - Son como lazos diabólicos.

¿Cómo se las arregla usted? Debe ser difícil.

- Hago lo que puedo. - Será en la ciudad. ¿Pero aquí?

Mire, voy de caza con todo el mundo.

Bebo su mismo whisky. Respeto su moral, y ellos la mía.

Entiendo. Eso está muy bien.

- ¿Es un buen ejemplar? - ¡Excelente! Es un buen trofeo.

- ¿Qué es? - Un impala.

- ¿Lo has matado tú, cielo? - Así es.

Espléndido ¿Verdad?

- Sí, buana. - ¿Les apetece cenar?

- Creo que me voy a la cama. - Sí, es lo mejor.

- Yo comeré algo en la tienda. - Buenas noches.

Buenas noches, Macomber. Buenas noches, mensahib.

- Buenas noches. - Buenas noches.

¡Margo!

¿Margo?

¿Dónde estabas?

¿Estás despierto? Pensaba que estabas en tu primer sueño.

- ¿Dónde has estado? - He salido a tomar el aire.

- ¿Qué has hecho? - ¿Qué quieres que te diga?

- ¡Dónde has estado? - He salido a tomar el aire.

- ¡Eres una...! - Y tú un cobarde.

Muy bien, ¿y qué?

Dejemos de hablar, tengo sueño.

¿Crees que lo soportaré todo?

- Sé que lo harás. - ¡Pues te equivocas!

Por favor, no hablemos más. Tengo mucho sueño.

Dijiste que no volveríamos a hacernos daño.

Yo no he hecho nada.

Prometiste no volver a hacerlo si hacíamos este viaje.

Sí, esa era mi intención. Pero el viaje se estropeó.

Ya lo sabes.

Aprovechando tu ventaja, ¿no?

Por favor, no hables. Tengo sueño.

¡Yo quiero hablar!

Está bien, no te preocupes por mí. Voy a dormirme.

- ¿Las has limpiado? - Sí.

- ¿Dónde está el Springfield? - Macomber.

- Está sucia. - Sucia, buana.

Salimos después del desayuno.

Buenos días.

- ¿Han dormido bien? - ¿Y usted?

De maravilla.

- ¿Sí? - ¿Y usted?

La señora Macomber se desveló en plena noche.

¿Cree que encontraremos algún búfalo?

Es posible. ¿Por qué no se queda en el campamento?

¡Ni hablar!

¿Por qué no se lo manda usted?

¡Mándeselo usted!

Dejémonos de órdenes. Y de tonterías, Francis.

¿Está listo para salir?

Cuando quiera. ¿Quiere que venga la mensahib?

¿Es que importa lo que yo quiera?

No importa.

¿Y no preferiría quedarse mientras yo cazo el búfalo?

No puedo hacerlo. No diga tonterías.

No digo tonterías. Estoy asqueado.

Francis, trata de hablar con sensatez.

¡Hablo con demasiada sensatez!

¿Habías probado algo tan repugnante?

- ¿Pasa algo con la comida? - No más que con el resto.

Yo me controlaría. Los hombres entienden algo de inglés.

¡Al diablo con ellos!

¿Le importa que Cangoni lo lleve al coche con los demás?

Me lo quedaré.

Como prefiera. Pero es bueno guardar las cosas en su sitio.

- Si haces una escena, te dejo. - Sé que no lo harás.

- Sí lo haré. Prueba y lo verás. - ¿Para qué? Sé que no lo harías.

Está bien, nunca te dejaré, ¡pero compórtate!

¡Qué me comporte!

¡Esta sí que es buena! ¡Qué me comporte!

- Sí, compórtate. - ¿Por qué no te comportas tú?

¡Cómo odio esa cara roja de cerdo!

- Es encantador. - ¡Cállate!

- ¿Nos vamos? - ¡Sí! ¡Sí!

- Abríguese. Hará frío en el coche. - Llevaré la chaqueta de cuero.

- La tiene el chico. - Bien.

- ¿Quiere echar un vistazo? - No.

No hay nada especial.

¿Cómo sabe dónde encontrar algo?

No lo sé, pero si quieren, se puede cazar en campo abierto.

¿No es peligroso? He visto cientos de búfalos yendo en manada.

Estos son de otra especie.

- ¡Allí están! - ¿Dónde?

¡Allí!

No deben llegar al pantano.

¡Cangoni, el Springfield!

¡Aquí no, insensato!

¡Ese es el primero!

¡Vamos! Está demasiado lejos.

Muy bien. ¡Buen trabajo! Así se hace.

- ¿Cuántas veces ha disparado? - Sólo tres.

Alcanzó al primero, el grande. Iremos a rematar a los otros dos.

Hay que evitar que se metan entre la maleza. Los mataremos.

- ¿Seguro? - No hay más que rematarlos.

Quiero ir al coche. Necesito un trago.

Antes quiero asegurarme de que éste no se levante.

Dispare un poco sesgado. Apunte al cuello, tras las orejas.

Ya está.

- ¿Son impresionantes, verdad? - Vamos a por ese trago.

Has estado maravilloso, cariño. ¡Vaya paseo!

- Tienes mala cara. - ¿Ha sido pesado?

Ha sido aterrador. Lo más aterrador de mi vida.

- ¿Qué pasa con ese trago? - Por supuesto.

Ha sido emocionante, pero tengo un horrible dolor de cabeza.

No sabía que se podía disparar desde el coche.

Nadie lo ha hecho.

Quiero decir, perseguirlos.

No suelo hacerlo. Pero ahora me pareció lo más deportivo.

Es más arriesgado conducir por una llanura de baches...

...que perseguirlos a pie y darles caza.

Pero puede denunciarnos si quiere.

Yo en su lugar no se lo diría a nadie. Es ilegal, si se refiere a eso.

¿Qué pasaría si se enteraran en Nairobi?

Entre otras desgracias, perdería la licencia.

Se me acabaría el negocio.

- ¿En serio? - Sí, en serio.

Cuidado. Ahora sabe algo de usted.

Algo del guapísimo señor Wilson.

Qué forma tan encantadora tienes de decir las cosas, Francis.

- Falta un ojeador, ¿se fijó? - No.

Se cayó cuando abatimos al primer búfalo.

¿Qué ha dicho?

El primer búfalo se ha levantado y se ha escondido.

¿Va a ser lo mismo que con el león?

No, en absoluto.

- Tómese otro trago, Macomber. - Sí, gracias. Sí.

Echemos un vistazo al segundo búfalo.

Voy a decirle al conductor que ponga el coche a la sombra.

- ¿Qué van a hacer? - Ir a ver al búfalo.

- Sí, buana. - Les acompaño.

Muy bien.

Estupendo ejemplar. Tiene casi metro y medio de cornamenta.

Es magnífico. ¡Magnífico!

A mí me parece horrible. ¿Podemos ir a la sombra?

Claro que podemos. ¿Ven esa maleza de ahí?

- Sí. - Ahí entró el primer búfalo.

El ojeador dijo que el búfalo estaba tendido.

Él nos miraba cuando seguíamos al último búfalo que corría,...

...y cuando se levantó, estaba el primer búfalo mirándole.

Salió corriendo y el búfalo se escondió en la maleza.

- ¿Podemos ir a por él, ahora? - No, mejor dejarle un momento.

- Por favor, vayamos a la sombra. - De acuerdo.

Seguro que no se moverá. Luego echaremos un vistazo.

¡Vaya cacería! ¡Nunca me había sentido igual!

- ¿No fue maravilloso, Margo? - No, nada.

- ¿Por qué? - Ha sido repugnante.

Sabe, creo que nunca volveré a tener miedo de nada.

Sentí algo especial cuando los búfalos empezaron a correr.

Una especie de explosión. De pura emoción.

Te limpia el hígado. A la gente suele ocurrirle estas cosas.

A mí desde luego sí.

Me siento distinto.

Pareces especialmente idiota.

Me gustaría probar con otro león.

Y no les tengo miedo. Después de todo, ¿qué pueden hacerte?

Cierto. Lo peor que pueden hacerte es matarte.

A ver si recuerdo una frase de Shakespeare.

Antes me la sabía de memoria. Veamos:...

..."El destino no me importa. El hombre sólo muere una vez.

A todos nos llega la muerte, y hay que aceptarla como venga.

Tanto si es este año como el siguiente".

No está mal.

¿Se ha sentido alguna vez feliz por algo que va a pasar?

No suelo decirlo. Es más normal decir que se siente miedo.

Que también se tiene muchísimas veces.

¿Pero ha tenido esa sensación de felicidad por algo que ocurrirá?

Sí, la he tenido. Sólo que no es bueno hablar de ello.

Abiertamente. Hablar demasiado le quita su encanto a las cosas.

¡Sólo dicen tonterías!

Persiguen a unos animales indefensos y se creen héroes.

Lo siento, he hablado más de la cuenta.

Si no sabes de lo que hablamos, no te metas.

- No te hagas el valiente. - ¡Cierra la boca!

De repente te pones violento y agresivo.

Porque lo soy.

- ¡Vaya si lo soy! - ¿Un poco tarde no?

Para mí, no. Como ya descubrirás.

- Ahí está Cangoni. - ¿Ha pasado suficiente tiempo?

Ya podemos echar un vistazo. ¿Le quedan balas?

- No. - Voy a buscar algunas.

- Te odio, Francis Macomber. - Lo sé. Y sé por qué.

- Durante años he intentado... - Lo sé.

Yo también lo he intentado con todas mis fuerzas.

Durante años he esperado que hicieras esto.

Y ahora que lo has hecho te odio más que nunca.

Porque sin saberlo, siempre quisiste que fuera un ratoncito.

Pero ahora tendrás que verme como un hombre.

He sido muy blando contigo, pero las cosas van a cambiar.

Yo sé en qué van a cambiar.

Así que cuanto antes mejor, Francis Macomber.

Tome.

- ¿Nos vamos? - Cuanto antes mejor.

¡En marcha!

Utilice el Springfield, ya lo conoce.

Dejaremos el otro rifle en el coche, para la mensahib.

Cangoni llevará su escopeta.

- Vamos allá. - Muy bien.

- Cangoni, id delante. - Sí, buana.

- Mantened los ojos abiertos. Abiertos, buana.

Dice que está orgulloso de rastrear para usted.

Desea darle la mano.

Gracias, Cangoni.

Quédese ahí.

Escuche bien.

El búfalo saldrá con la cabeza alta y en línea recta.

La forma de sus cuernos impide dispararle a la cabeza.

Lo mejor es dispararle al hocico.

También se le puede disparar al pecho,...

...al cuello y a los hombros si se dispara lateralmente.

Cuando está herido se vuelve increíblemente peligroso.

Así que no intente nada, busque el disparo más fácil.

Espere un momento, Wilson.

¿No se estará poniendo nervioso?

- No. Solo un poco avergonzado. - ¿Avergonzado de qué?

Del sentimiento que hablábamos antes. Dijo que limpia el hígado.

Hace mucho más que eso.

A mí me ha dejado mucho odio, hacia mi mujer.

Antes de ir a por el búfalo también le odié a usted.

Ya me di cuenta.

Sólo quiero que sepa que ya lo he olvidado todo.

Lo de anoche. Y todo lo demás hasta el momento.

- Pero dígame una cosa. - Lo que quiera.

Se ha enamorado de ella.

Sí, es cierto.

Sólo quiero una oportunidad.

Ella no es la única culpable del daño que nos hemos hecho.

¿Quiere volver con ella?

No. Me sentiré mejor si acabo con esto.

Vamos.

Dice que el búfalo está muerto. Buen trabajo.

Voy a volver al coche a contárselo todo a Margo.

¡Francis! ¡Francis!

¡Francis!

¡Francis!

No le dé la vuelta, no lo toque, no hay nada que hacer.

- ¡Yo no quería! - Ya sé que no.

- ¡No quería! - No se preocupe.

- ¡Yo no quería! - Claro que no.

¡No quería!

Lo sé. No se preocupe, no va a pasar nada.

¡Nunca me creerán!

Claro que sí. Sé que ha sido un accidente.

Ha sido un accidente. Tranquilícese.

¿Dónde está el rifle? Déjalo exactamente donde está.

Dile a Abdalla que venga y se quede como testigo del accidente.

Luego coge el camión y ve a poner un telegrama.

Que manden un avión para que nos lleve a Nairobi.

- Yo me quedo con mensahib. - Sí, buana.

Capitán Edwin Smallet Comisario de policía. Departamento de Nairobi.

- Buenos días, señora Macomber. - Buenos días.

Póngase lo más cómoda posible. Siento haberla hecho venir.

Gracias, ha sido usted muy amable.

No veo motivo para hacer las cosas más difíciles.

Procuraré que esto sea lo más breve posible.

Gracias. Capitán Smallet, ¿Qué es lo que necesitan de mí?

Sólo hacerle unas preguntas de rutina. Quizá no la llamen.

Claro que depende de lo que Wilson haya puesto en su informe.

Aquí llega precisamente.

- Buenos días. - Buenos días, Wilson.

- Buenos días. - Te esperaba hace una hora.

Tuve que ir a la asociación de cazadores blancos.

- ¿Han sido muy severos contigo? - Me han quitado la licencia.

Darán marcha atrás. Quizá salgas bien parado.

¿Tienes el informe?

El juez está esperando para interrogar a la señora Macomber.

Me lo pediste para el Cónsul Americano.

¿No hay nada que no pueda ver el juez, verdad?

- No. - No se preocupe, Sra. Macomber.

Trataré de agilizar los trámites, disculpe.

No tardaré mucho.

- ¿Por qué no viniste anoche? - No podía ir allí.

- Siento lo de tu licencia. - Gracias.

¿Y si descubren que perseguimos al búfalo en el coche?

- ¿Lo has dicho? - No, no hace falta.

- Lo saben todo. - ¡Todo!

Todo respecto a la caza. No estábamos solos allí.

No te preocupes, no te pasará nada.

Pasarás por momentos desagradables...

...pero Smallet tiene las fotografías que tomé allí,...

...y tienen el testimonio del conductor y los ojeadores.

No tienes por qué preocuparte, no va a pasarte nada.

¿Por qué no fuiste al funeral?

Va en contra de mis principios participar en una farsa.

No digas tonterías.

Puede que lo sean, pero es lo que siento.

Tu marido empezaba a gustarme.

¿Tenemos que hablar de él?

No, no tenemos que hablar de él, pero me alegra,...

...que antes del final supiera lo que es ser un hombre.

La breve vida feliz de Francis Macomber.

- No, no podía ir a su funeral. - Querrás decir que no querías.

Así es.

Crees que no fue un accidente, ¿eso es lo que insinúas?

Eso debes decírmelo tú. Eres la única que lo sabe.

¿Es que me quieres interrogar? ¿Precisamente tú?

No, te equivocas. No estoy juzgándote, no soy mejor que tú.

Pero los dos estamos metidos en esto.

- Yo necesito saberlo. - Pregunta entonces.

Tú me viste darle la mano a Macomber...

...antes de entrar a por el búfalo. - Sí.

No creías que llegaríamos a ser amigos después...

...de lo ocurrido, a menos que Macomber...

...hubiese terminado contigo. - No, no podía.

Sabías que había terminado y que habías perdido su dinero.

Él también te habría dejado.

¿Qué diría ahora ese filósofo tuyo? ¿Qué se siente al matar?

- Fue un accidente. - ¿Cómo se siente una persona?

¿Qué hay de la caza, la conquista, el salvajismo,...

...las emociones que hacen a un hombre hombre y...

...y a una mujer mujer? ¿Te alegra que haya muerto?

- Estás completamente loco. - Le odiabas y le tenías miedo.

Te asustaste al ver que perdió el miedo.

- A lo mejor. - Querías que muriera.

Sólo necesitabas una oportunidad.

- Fue fácil matarlo. ¿Verdad? - Sí, sí, habría sido fácil.

- Le odiaba, le tenía miedo. - Tenías el rifle en tus manos.

Le viste en el punto de mira y pensaste:...

"...ahora, hazlo ahora, nadie lo sabrá nunca."

- ¡Basta! - ¡Querías que muriera!

¡Querías matarlo! Era fácil apretar el gatillo y él estaba tan...

¡Basta!

¿Por qué no le envenenaste? Hubiera sido más limpio.

¡Basta, por favor!

Está bien, ya lo dejo. Pero eso no cambiará las cosas.

Antes de que venga Smallet,...

...quiero que sepas que he puesto que fue un accidente.

¿Y entonces por qué me has hecho pasar esto?

Porque sigo necesitando saber qué clase de mujer eres.

Dime, ¿le quisiste alguna vez?

Sí, al principio. Nos casamos en 1937.

Francis tenía su encanto, y creí que me quería como yo a él.

Pronto comprendí que fue una equivocación.

Enseguida descubrí la otra cara de Francis Macomber.

Cómo escondía su debilidad a través de la brutalidad.

- Así fue mi luna de miel. - ¿Por qué no le dejaste?

Le quería y pensé que podía cambiarle.

Descubrí que era un cobarde al ver cómo trataba a los débiles,...

Cómo lo pagaba con ellos. Con gente que no podía defenderse.

Estuve a punto de separarme muchas veces,...

...pero volvía al decirme que había vuelto a enamorarse de mí.

Yo enseguida me daba cuenta de que todo era un engaño.

¿Y aún así creías poder cambiarlo?

No, no podía cambiarlo, y no le cambié.

Él me cambió a mí y me hizo como soy ahora.

Sentí cómo la amargura iba creciendo dentro de mí.

Parecíais llevaros bastante bien cuando empezó la caza.

Habíamos llegado a un acuerdo. Yo intenté cumplir mi parte.

Pero cuando huyó del león...

...y lo pagó con el sirviente, fue el final definitivo.

Él lo superó todo al matar al búfalo. Y te iba a decir que...

Dame una oportunidad, es lo que decía siempre.

Y el círculo volvía a empezar, una y otra vez,...

Es lo que pensé cuando me quedé en el coche y os vi.

Entonces el búfalo atacó. Sí, le vi en el punto de mira,...

...pero también vi al búfalo, y entonces disparé.

Odiaba a Francis. Quería que muriera.

Puede que yo le matara.

Si se puede matar con el corazón,...

...entonces yo le maté.

- ¿Adónde vas? - El juez está esperando.

No te pasará nada si guardas silencio.

- ¿Estás insinuando...? - No estoy insinuando nada.

Piensa en lo que el juez puede hacer.

Si me encuentran culpable, iré a la cárcel.

Pero mejor eso que ser libre y vivir con esto.

- Iré contigo para ayudarte. - Tú me has traído.

El resto del camino lo recorreré sola.

Buena suerte.

Gracias, Wilson.

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