Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Breton
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Danish
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Interlingua
Irish
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Buenos días, don Ignacio.
Pasa, Antonio.
Sentaos.
- Siéntate por favor. - Gracias.
Siento molestarle don Ignacio, el caso es que tenía que hablarle de mi hija.
De Maribel.
Se ha preparado para las oposiciones, pero tiene el problema de los idiomas.
¿Qué le sucede con los idiomas?
Usted comprenderá que yo no he podido mandarla al extranjero y aquí, pues
le resultan muy difíciles.
He ido a una academia de idiomas.
Pero la verdad, es tan difícil.
No te preocupes.
Lo principal es que tu padre lleva muchos años en esta casa.
¿Verdad, Antonio, que todos somos como una gran familia?
Qué sería de esta empresa sin hombres como tu padre.
Además, hay que dar paso a la juventud.
¿Cómo te desenvuelves en mecanografía y taquigrafía?
Bien.
En mecanografía y taquigrafía está muy bien, don Ignacio.
Entonces no te preocupes, tu hija trabajará en la empresa con nosotros.
Voy a ampliar el personal de secretaría y Maribel será una buena secretaria.
No sé cómo podré pagarle lo bueno que es usted con nosotros.
No, no tienes que darme las gracias.
Es un caso de justicia y yo quiero ayudar siempre a los que trabajan conmigo.
Así que nada de nervios.
Y en cuanto termine los exámenes a trabajar.
Gracias, don Ignacio.
¿Cuándo son los exámenes?
Mañana de mecanografía y taquigrafía
y pasado mañana el de inglés. Que es al que tengo más miedo.
Pues lo dicho, nada de nervios.
Y ahora perdonadme que tengo mucho que hacer.
Muchísimas gracias y perdone por la molestia.
- Adiós. - Adiós, don Ignacio.
¿Queréis bajar el televisor?
Curro, quita la tele.
Es que la estaba yo viendo.
Tu estás jugando y tu hermana estudiando.
Quítala, ¡no me hagas levantar!
¿Dónde está mi "ball"?
¿Que dices?
Que dónde está mi "ball".
¡Ball! Pelota en inglés.
Que no tienes ni idea.
Curro, ¡si vuelves a interrumpirme te vas a acordar de mí!
Además, aquí no está tu pelota.
¡La pelota está aquí!
As mentioned regarding your visit to Spain
we shall be awaiting your reply regarding our planned meetings
which will be held here, these meetings on May the 15th.
The meetings to be held on this date
will be in relation to new construction processes.
These new construction processes
are being used in all subdivision developments
throughout the world with all representatives…
Perdone, ¿me ha llamado usted, don Manuel?
Sí, señorita.
Don Ignacio la quiere ver. Haga el favor de pasar.
Pase, pase. Cierre la puerta, por favor.
He sabido
que has aprobado la oposición.
Mi enhorabuena.
Sí.
Acércate.
Siéntate, no seas tímida.
Desde mañana empiezas a trabajar.
Y con un buen sueldo además.
Supongo que estarás contenta.
Estoy contentísima
y muy nerviosa.
Es lógico, has hecho un gran esfuerzo intelectual.
Aunque debes reconocer que tu inglés deja bastante que desear.
En fin, ya lo perfeccionarás.
Don Ignacio, no sé cómo agradecerle todo lo que ha hecho por mí.
No tienes que agradecerme nada.
Voy a llamar a Matilde para que os conozcáis y te enseñe a dar los primeros pasos.
Matilde, venga un momento por favor.
Matilde, le presento a la señorita Maribel.
- Ya la conoce, ¿verdad? - Sí, señor.
A partir de mañana la señorita Maribel trabajará con nosotros.
Póngala usted al corriente de todo.
Curro, ve a abrir.
¡Siempre tengo que ser yo! ¡Que vaya David!
¿Y quién fue ayer? ¿Y el otro día?
Di que no, mamá, que siempre voy yo.
No me hagas levantar, Curro. Debe ser tu hermana.
- ¿No me has oído, Curro? - Bueno.
- ¡Hola, guapo! ¿Está tu madre? - Está en el comedor.
- Hola, Teresa! - Hola.
Te traigo el aceite que me prestaste el sábado.
Déjalo ahí. Siéntate un rato.
Creí que eras Maribel.
Es que hoy se examina en la empresa de su padre.
Y estoy que salto por saber el resultado.
¡Ahora le toca a ese!
¡Jolín, siempre a mí!
A que me quito la zapatilla y cobráis los dos.
David, ve ahora mismo a abrir.
¡Pero que no me toque Curro mis coches!
¡Anda, niño!
Curro, ¡apaga la tele, que así no se puede hablar!
Déjalo, mujer. Si yo ya me voy.
¿Pero por qué tanta prisa?
Mamá, he aprobado el examen. Hola, Vicenta.
Hola, hija.
¡Qué alegría! ¡Ven que te dé un abrazo!
Claro, con enchufe…
Anda, David, deja que tu hermana se siente.
Dame detalles, hija.
No tienes idea qué día he pasado pensando en el dichoso inglés.
Después del examen me llamó don Ignacio y me lo dijo.
Desde mañana trabajo en la secretaría particular.
Y esta tarde ya estaba la secretaria poniéndome al corriente de todo.
Pero hija, y de sueldo, ¿qué ha dicho?
Me ha dicho que tendría muy buen sueldo.
¿Pero nada más?
No sé, puede ser que 14.000 pesetas y las pagas.
¡Esta hija mía es un tesoro!
¡Qué contenta estoy, Vicenta!
Y tienes motivo para ello.
Como si te hubiera tocado la lotería.
Maribel, ¿me comprarás las aletas para la piscina?
Sí, cariño. Y a Curro los patines.
No. A Curro le regalas el método de inglés para que vaya estudiando.
Porque a este paso no va a llegar a ser nada.
Conmigo no te metas que yo no te he hecho nada.
¿Me perdona, Vicenta? Voy a cambiarme que tengo un calor tremendo.
Claro, hija, claro. A descansar.
This is all I have to say for the moment I remain sincerely yours…
y mi nombre.
Siento que se nos haya hecho tan tarde
pero me interesa mucho que las cartas salgan mañana para Londres.
Yo te llevaré a tu casa.
No, déjelo, don Ignacio. Tomaré el autobús.
No, no, de ninguna manera. Yo he tenido la culpa así que te llevo.
Es la segunda calle, pero es prohibida.
Me bajaré en la esquina y seguiré andando.
No. Te llevaré a tu casa y subiré un momento a saludar a tus padres.
Pero le estoy causando muchas molestias.
Soy tu jefe y me tienes que obedecer.
- Buenas noches, Antonio. - Buenas noches, don Ignacio.
Pase, por favor.
- Perdone que esté de esta manera. - No tiene importancia.
Vamos al comedor.
- Permita que vaya delante. - Sí, sí, claro.
Fíjese qué construcción se hacía antes:
es mayor el pasillo que el resto de la casa.
¡Vamos, niños, a vuestro cuarto!
Por favor siéntese.
Siéntese.
Voy a avisar a mi esposa.
- Un momento, don Ignacio. - Sí, sí.
¡Mis coches!
Son muy bonitos.
Este es el Mercedes y este es el Ferrari.
¿Cuál es mejor de los dos?
Este, el Ferrari, porque tiene suspensión a chorro.
Obedece a papá y vete a tu cuarto.
Le presento a mi esposa.
- Don Ignacio a quien… - Encantada. Mucho gusto.
Tiene usted unos hijos maravillosos. Maribel es una excelente colaboradora.
- ¡Por favor, don Ignacio! - No, no, no lo digo como un cumplido.
Ha llegado a coger el ritmo de la oficina y es mi principal ayuda.
Maribel está muy contenta con su trabajo
y con las atenciones que tiene usted con ella.
Sí, está contentísima. Se pasa el día hablando de su trabajo.
Pero siéntese, por favor.
Gracias.
¿Hace mucho tiempo que viven aquí?
Ahora va a hacer 20 años. Desde que nos casamos.
La casa está algo vieja pero la renta no es muy alta.
Hemos pensado muchas veces en cambiarnos de piso.
A un piso nuevo. Pero están por las nubes.
Pero hombre, Antonio, ¡debías haberme dicho esto antes.
Te hubiera podido buscar un piso de la empresa.
Más de una vez pensé en molestarle.
Pero la entrada era mucho dinero para nosotros y…
y siempre me desanimaba.
Para eso están los créditos personales.
Figúrate, ahora los hay hasta de cien meses.
Nada, Antonio. Lo que tenéis que hacer es cambiaros de casa.
Pero don Ignacio…
Yo se lo he dicho muchas veces.
Lo que pasa es que a mi marido le falta decisión para todo.
Oh, bueno, ya es muy tarde.
Les voy a dejar.
Antonio,
un día de estos vienes a mi despacho y charlamos sobre el piso.
- ¿De acuerdo? - Como usted diga.
Perdón.
Lo he roto.
No se preocupe, estaba suelto.
A sus pies, señora.
Adiós, Antonio. No olvides lo que te he dicho.
Adiós, Maribel, hasta mañana.
Adiós.
Buenas noches.
¡Cuantas veces me has dicho que ibas a arreglar el picaporte!
¡Adán, que eres un Adán!
Tú que eres Piscis,
aquí tienes el pequeño obsequio que te prometí.
Permíteme.
¿Te gusta?
Sí, mucho, gracias.
No tiene importancia.
Ah, otra cosa:
dile a tu padre que lo del piso ya está resuelto.
Lo tendréis dentro de 15 o 20 días en la próxima entrega de viviendas.
¡Qué alegría! ¿Puedo decírselo ahora?
Naturalmente.
Pero como ya sabes, mañana me voy a Londres.
Tenemos mucha correspondencia pendiente.
Diles que llegarás un poco tarde. Yo te acercaré, no te preocupes.
Como usted diga, don Ignacio. Voy a llamar.
Pareces cansada, Maribel.
Lo que pasa es que estoy algo preocupada.
¿Pero no advertiste en casa que llegarías tarde?
Sí, desde luego.
Pero no sé, pienso que pueden estar inquietos.
¿Por qué? Saben que estás conmigo.
Hemos trabajado 12 horas y ahora cenamos como dos buenos amigos.
Aunque yo podría ser tu padre.
Decididamente prefiero ser tu amigo.
La verdad,
cuando estoy contigo me siento, no sé, más joven.
Estoy harto de todo. De esta vida tan absurda.
Es que usted trabaja demasiado.
Qué quieres, es mi carácter. No podría estar inactivo.
Soy un típico Aries. Y siempre tengo que hacer algo.
En cambio vosotros, los Piscis, sois más tranquilos.
Enséñame tu mano.
- ¿Sabe leer las rayas de la mano? - Sí, un poco.
Esta es la línea más importante, la del amor.
Aquí me indica que eres una mujer apasionada.
Te dejas llevar más por el corazón que por la cabeza. ¿A que sí?
Sí, es verdad.
Y esta es la línea de la vida. Vas a vivir mucho, pequeña.
En cambio la mía es más corta.
El día menos pensado exploto, ya soy muy viejo.
¡No diga usted eso, don Ignacio.
Y si tú encima me llamas de usted me haces más viejo.
Pues a mí no me parece tan viejo.
Algunas veces me gustaría estar en una isla desierta sin ver a nadie.
Pues a mí me aburriría mucho estar sola.
¡Bueno, si vinieses tú la cosa estaría mucho mejor!
Pero para qué hacerse ilusiones, los años no pasan en balde.
¿Por qué eres tan bonita, Maribel?
Maribel, si llama don Ignacio, le dice
que no he podido esperar más y que he salido al banco.
Sí, señor.
Ah, se me olvidaba, dígale también
que la señorita Matilde no ha podido venir hoy porque está su madre enferma.
Entendido. Adiós, don Manuel.
Hasta luego.
Dígame?
Don Ignacio, ¿es usted?
¿Cómo estás, Maribel?
El viaje un poco pesado.
Estoy muy aburrido. Hoy es Sábado y está todo cerrado en Londres.
Te echo mucho de menos.
Sí, sí, de verdad.
Oye, ¿qué te gustaría que te llevase de Londres?
Muchas gracias, don Ignacio, no se moleste por mí.
No me llames de usted por favor.
No sabría decirlo.
Pues tienes que decírmelo.
Dime "¡Adiós, Ignacio"
¡Adiós, don Ignacio.
Repítelo, "Adiós, Ignacio"
Hasta que no lo digas no cuelgo de veras.
Adiós, Ignacio.
Adiós, Maribel.
Qué sorpresa! No os esperaba aquí.
¿Crees acaso que tus hijos no se acuerdan de su padre en vacaciones?
Papá, ¿me has traído las raquetas?
Sí, hija, ¡claro que sí!
¿Y de mi camiseta hippy te has acordado, papá?
¡Sí, también!
Tened paciencia, he traído regalos para todos.
Esto lo he traído para ti, Maribel.
¡Qué bonito!
¿Pero por qué se ha molestado usted?
Otra vez con "usted".
¿Qué te dije por teléfono?
Me resulta difícil.
No, yo creo que es muy sencillo. Di solamente "Gracias, Ignacio".
- Gracias, Ignacio. - Así me gusta.
Sí, ¿qué hay?
Me dijo usted que le recordase que a las 11 tiene la junta de accionistas.
Gracias, Matilde.
- Pásame eso a máquina. - Sí.
El colchón y el somier lo dejan en aquella habitación.
Niños, cuidado con las puertas, no vaya a formarse corriente y empecemos bien.
…llevará consigo el establecimiento de las siguientes normas…
Don Ignacio, es la mamá de Maribel que quiere hablar con ella.
Pase la llamada, Matilde.
Ten, habla con tu madre.
¿Mamá?
¿Estás terminando la mudanza?
Me alegro de que estés tan contenta. En cuanto termine iré.
Yo le daré las gracias. Te dejo que estoy trabajando.
Adiós, mamá.
Me ha pedido que le dé las gracias. Está feliz con su nuevo piso.
Yo también. Te aseguro que me alegro mucho.
Sabes Maribel, es bonito
contribuir aunque sea un poco a la felicidad de los demás.
Por cierto, que tengo un problema con Matilde.
Su madre sigue enferma
y me ha pedido que la deje quedarse en Madrid para atenderla.
Yo quería que me acompañase esta vez a Londres.
Es la convención europea de constructores
y como necesito una secretaria he pensado que vengas tú.
Para ti será una gran experiencia y de paso podrás practicar el inglés.
¡Qué alegría! Pero no sé si mis padres me dejarán.
Es propio de tu trabajo. De todas formas, díselo a tus padres de mi parte.
No sé, tú dices que no le pasará nada. Pero Maribel es todavía una niña.
Y tú un desconfiado, que siempre estás pensando lo peor.
Sabes lo que te digo, que el que no se moja no coge peces.
No pretenderás decir que a ti no te importa lo que pueda ocurrirle.
"Lo que pueda ocurrirle". ¡Ya está el trágico!
Siempre has sido un corto, Antonio.
Tu hija ya no es una niña.
Además, don Ignacio, es el primer favor que nos pide.
Y bastantes favores nos ha hecho él. ¡Vamos, creo yo!
Bueno, haz lo que quieras.
Pero que conste que yo me lavo las manos con el viaje este.
Qué pesado.
¿Pero no comprendes que es una mujer hecha y derecha?
Que sí, mujer, que sí. Dale permiso.
- ¿Te gusta esa? - Sí, mucho.
Pues entramos y tú la pides en inglés.
Tú tienes la palabra, pero nada de señas.
Es que no sé muy bien. Además de mi pronunciación
está el problema de los platos. Son muy distintos.
Venga, empieza, no hagas esperar a este caballero, no es correcto.
Sorry sir, we want to have…
Para empezar pide una docena de ostras para los dos.
Sí, señor, enseguida se las traigo.
No me diga que es usted español.
Sí, señor. De Toro, Zamora.
Para servirles.
Por favor hable en inglés para que la señorita practique.
Bien, señor.
We want a dozen of… ostras, how do you say?
Oyster, Mademoiselle.
Thank you. A dozen of oysters.
All right. And then?
And then… we would like to have…
Trae, déjame a mí.
- Then bring to us the special French pate. - Sí, señor. ¿Y para beber?
- Some Bordeaux 1969 will be all right. - Enseguida, señor.
Con permiso.
No me atrevo a tomar otra copa.
A lo mejor me mareo, estoy un poco piripi.
Eso es lo bueno que tiene el champán.
Se sube un poco a la cabeza y hace que nos olvidemos de todo.
Por ti, Maribel. Por tu juventud y tu belleza.
Por que seas muy feliz.
¿Será aquí el espectáculo?
Ah, sí, ya es la hora.
Pero si no te gusta nos vamos. Como suele decirse…
¡La noche es joven!
No pongas esa cara.
Te advierto que aquí en Londres esto es de lo más corriente.
Incluso lo hacen chicas estudiantes para costearse los estudios.
- Good night. - Good night.
¡Estos ingleses son unos vagos!
¡Podían haber subido esta tarde los paquetes!
Pasaré un momento a tu habitación a dejarlos.
¡Ten!
Oh, King Flo? shop. Es el destino.
¡Anda, por qué no te la pruebas a ver cómo te sienta!
¿Probarme qué?
La blusa que compramos esta tarde.
Estoy deseando vértela puesta.
Me da vergüenza.
¡Qué dices! ¿Vergüenza de mí?
¡Anda!
Bueno, espera un momentito.
¿Qué tal me queda?
¡Sencillamente maravillosa!
Ignacio, por favor, yo…
¿Qué te pasa?
No sé, no debería pasarme nada.
Déjame por favor.
No tengas miedo.
No temas, ya me voy.
Reconozco que no me he portado bien.
No, no es eso.
Sí, sí, soy un iluso.
Perdóname, no sé qué me pasa contigo.
Creo que me he enamorado de ti.
No digas eso.
Sí, déjame hablar.
Desde el primer día
siento por ti algo que hacía años no había sentido.
Algo que creí que nunca más sentiría.
Comprendo que no tengo derecho a amarte.
Soy un imbécil.
Me había ilusionado.
Siento haberte encontrado tan tarde.
Pero Ignacio, no digas eso. La edad es una tontería, lo que pasa es que…
Sí, ya lo sé. Todo lo que puedas decir me lo sé.
Tengo una familia, unas obligaciones.
Tú eres joven, tienes una vida por delante.
Olvidemos todo, como si fuera un sueño.
Cuando volvamos a Madrid,
tendrás que cambiarte de sección.
Porque si te tengo cerca
podría cometer una locura.
Y no quisiera perjudicarte en ningún caso.
Perdona que te quiera, Maribel.
Pero no puedo evitarlo.
Adiós.
Yo también te quiero.
Ladies and gentlemen, in a few moments we'll be landing at the airport Madrid.
Please fasten your seat belts and do not smoke.
Once we've landed remain seated until the plane has stopped. Thank you.
Señoras y señores, dentro de unos momentos tomaremos tierra…
Maribel, ahora cuando lleguemos si no te importa sal por la puerta de atrás.
Es una tontería, pero
están esperándome y es mejor, ¿no crees?
Como tú quieras.
¿Vas a firmar los partes ahora o te los paso luego?
¿Cómo dice usted, señorita Maribel?
Le decía que si me va a firmar los partes ahora.
Perdóname, no me he dado cuenta.
Cuando otras personas estén delante no me debes tutear.
Hemos de tener mucho cuidado.
Es nuestro secreto.
La gente habla demasiado.
Maribel, tú eres casi una niña.
Yo ya tengo mi vida hecha.
Responsabilidades.
Te comprendo. No volverá a ocurrir.
Y tú, ¿qué haces?
¿Vienes o te quedas?
En el campo lo pasarías muy bien.
Si siempre voy
pero ya que te he dicho que he quedado con unas amigas esta tarde.
Nosotros volveremos sobre las ocho.
¿No, Antonio?
Si cogemos el tren de las siete sí.
- Hala, ¡vamos, niños! - ¡Hasta luego, Maribel!
¡Que lo paséis bien!
¡Adiós!
Lo más importante es que seamos discretos.
La más mínima sospecha y se acabó.
Yo no creo que hayamos hecho nada que…
No, no, si no lo digo por ti.
Pero el otro día…
¿No te acuerdas? Me llamaste de tú.
Matilde es una chica muy lista y aunque es discreta
puede escapársele algún comentario y…
Conste que no lo digo por mí sino por ti.
Eres muy joven y te podría perjudicar.
¿Lo comprendes?
Sí, claro, lo comprendo, Ignacio.
He pensado que podríamos vernos siempre que queramos
en un bonito apartamento que tengo para mis clientes extranjeros
cuando vienen y no tienen hotel.
Allí estaríamos muy bien.
Sin preocuparnos de las miradas de los demás.
Lo que tú digas, Ignacio, a mí me parece bien.
¿En qué piensas?
No, en nada.
En algo estarás pensando.
Son cosas mías.
¿Cosas tuyas? Anda, dímelas.
De verdad, Ignacio, no tiene importancia.
Son tonterías.
Todo lo tuyo me interesa.
¡Anda, dímelas!
Pues estaba pensando en tu mujer.
¿En mi mujer?
Si. ¿Ves como…?
No, no, si no me importa que hables de ella.
Simplemente me molesta.
Hubiera preferido hablarte yo.
Pero nunca más volveremos a hablar de esto.
- ¿Me lo prometes? - Te lo prometo.
De verdad te digo que no pensamos bien las cosas.
Yo no tenía que haberme casado con ella.
Todo lo nuestro pertenece al pasado.
El amor, si alguna vez lo hubo, se esfumó.
Entonces, ¿por qué no te divorcias?
Si fuera tan fácil.
Aparte de las razones morales, los hijos, las circunstancias sociales…
que te envuelven y te aprisionan como una tela de araña.
Además de que aquí eso del divorcio no puede ni pensarse.
Y yo, ¿tú crees que no debería casarme?
Claro. ¿Por qué no?
Pero tendrás que elegir bien
cuando llegue el momento.
Pensarlo con calma, fríamente.
Hay que ser felices como sea.
Tenemos que vivir el presente.
La vida es tan corta.
Todo es tan injusto.
Por ejemplo, nosotros. ¿Por qué hemos de escondernos?
¿Por qué ocultar nuestro amor?
Sí, pero al menos tú no estás solo.
Yo estoy peor.
Ayer estuve sola todo el día.
En cambio tú tienes a tu familia.
Por casualidad te vi ayer a la salida de la iglesia,
y eras muy feliz.
No hagas dramas, Maribel.
Acabarás llorando como todas las mujeres.
Bastantes dramas tengo ya en casa para que tú ahora quieras hacerlos también.
Perdóname.
No volveré a decirte nada.
Así me gusta.
Pero sin reservas, ¿eh?
Ven aquí, dame un beso.
¿Damos una vuelta por ahí antes de llevarte a casa?
¿Sí?
Dígame, don Ignacio.
No, señor, no hay nada urgente.
De acuerdo.
Adiós.
¿Era don Ignacio?
Sí, le he dicho que no hay nada urgente.
¡Cómo se ha pasado la mañana!
¿Te vienes conmigo a tomar un plato combinado?
¿Y si viene don Ignacio y nos necesita a cualquiera de las dos?
Yo me quedaré.
No te preocupes.
Me ha dicho que no vendrá.
Que tiene una comida en su casa con unos amigos.
Un matrimonio.
¿Vienes?
Entonces te acompañaré.
Espera un momento.
¡No tardes!
¡Matilde, guapa!
¡Cuanto me alegra verte!
¿Cómo estáis todos por la casa?
Muy bien, gracias.
Tú sigues tan guapa como siempre.
Te presento a Maribel. Esperanza, una antigua compañera.
Encantada.
¿Trabajáis juntas?
Sí.
¿Cómo está tu negocio?
¡Estupendamente! Eso sí, ¡luchando mucho!
Bueno, me marcho que tengo mucha prisa.
¡Adiós!
Y dales un beso a todos.
- Encantada. - Adiós.
¿Quién es?
¿Esperanza?
Una loca pero con suerte.
Trabajó de secretaria con don Ignacio.
En el puesto que ocupas tú.
¿Y por qué se fue de la empresa?
Bueno,
tuvo un flirt con don Ignacio,
hubo un pequeño escándalo.
Sí, sí, si no fuese cierto no lo diría.
Además lo supo toda la oficina.
Aunque la culpa se le echó a ella. Porque Esperanza, ya la has visto,
es una de esas personas que no saben ocultar nada.
Tuvo que dejar la oficina.
Don Ignacio le ayudó a comprar una boutique
que ella explota muy bien.
Don Ignacio por entonces presumía de conquistador.
Y lo era en realidad.
Pero venga, mujer, ¡come!
Que se nos va a hacer tarde.
Gracias.
Buenas tardes. ¿Don Ignacio Eurastegui, por favor?
Sí, es aquí. ¿Qué desea?
Tengo una cita con él.
Soy periodista.
Ya sabes, los grandes hombres de hoy.
Mi nombre es Carlos Maltrana.
Ah, sí, tiene usted una cita a las cinco. Espere un momento.
Don Ignacio, aquí está el señor Maltrana.
El periodista que tiene la cita con usted.
Dígale que espere, ahora mismo le atiendo.
Sí, muy bien.
Por favor, ¿puede esperar un momento?
¡Con mucho gusto!
¡Francamente bien!
No falta un detalle.
Todo está dispuesto con gusto.
Ahora que lo más bonito de aquí eres tú.
No, no, no me lo agradezcas.
Lo que he dicho es una verdad como un templo.
¿Sabes que algún día seré millonario?
No, claro, no lo sabes.
Pues bien, cuando sea millonario te contrataré.
Debe ser estupendo eso de poder tocar unas teclas
y que te traigan esto y lo otro.
Porque yo me lo tengo que hacer todo.
Sí, todo.
Señorita Maribel, que pase el señor Maltrana.
- Ya puede pasar. - Muchas gracias.
Y recuérdalo, en cuanto sea millonario, te subo el sueldo, ¿de acuerdo?
Voy a llamar a casa para advertir que no iré a cenar.
Allo, ¿eres tú? Sí, voy a llegar un poco más tarde.
Estoy tomando una copa con unos amigos.
Hablando de negocios, como siempre.
Sí, no te preocupes.
Hasta luego.
Pero Ignacio, es que yo voy a tener que marcharme.
Mis padres enseguida se enfadan.
Pues haz lo que he hecho yo.
Llama por teléfono.
No sé, a lo mejor mi padre se enfada.
Últimamente está muy serio.
Y como Ignacio no se enfada,
qué sea él el que sufre y se aguante, ¿verdad?
Di simplemente que tienes trabajo y que llegarás un poco tarde.
Como quieras.
No te quejes porque siempre hago lo que tú quieres.
¿Mamá? Sí, soy yo.
Voy a tardar un poco.
Sí, es un trabajo extra.
Sí, sí, me lo pagarán.
No te preocupes, tengo la llave.
Bueno, hasta luego, adiós.
Así me gusta. Vas aprendiendo.
Ven a mi lado.
Ignacio, ¿qué significo para ti?
¿Cómo?
Ya me has oído, ¿qué significo para ti?
Pues sencillamente lo más importante en mi vida.
Pero anda, ven aquí.
¿Y hasta cuándo?
¿Cómo que hasta cuándo?
¿Por qué preguntas eso?
Porque se acabará algún día, pienso yo.
Por mí, nunca,
si es lo que deseabas saber.
Y ahora yo te pregunto: ¿qué te sucede?
Estoy hablando contigo.
¿No puedo hacerlo acaso?
Me parece que tú me estás ocultando algo.
Y si no tenemos confianza…
No es eso.
Anda,
dímelo.
No seas embustera.
¿De qué se trata?
¿Quién es Esperanza?
Era eso. Ya salió.
Pero bueno, ¿quién te ha ido con el cuento?
No creo que debas llamarlo cuento.
Mujer, es un decir.
Pero la envidia de la gente es inagotable.
En este país está prohibido el amor
y por lo tanto hay que esconderse y esconderlo todo.
¿Por qué acabó lo vuestro?
Maribel, eres muy joven,
y hay muchas cosas que tú no conoces.
Acabó como acaban tantas cosas en la vida: porque sí.
Tendría que hacer un esfuerzo de memoria para serte sincero.
Aparte de que aquello fue algo trivial.
Nada serio ni importante, como es lo nuestro.
Al menos para mí.
Y ella, ¿qué hizo después?
Esperanza siempre ha hecho su voluntad.
Si no se ha casado, ha sido porque no ha querido.
Es una chica verdaderamente independiente y tiene lo que quiere.
Quizá porque no puede tener otra cosa.
No pienses más en esas cosas ni te tortures con bobadas.
Hay que vivir el presente,
te lo digo yo que tengo bastantes más años que tú.
Alegra esa cara.
Bebe un poquito.
Sonríe, como cuando te haces una fotografía.
Maribel, eres maravillosa.
Por nosotros.
¿Has visto, Maribel? ¡A que he caído bien!
Si, muy bien, ¡pero sal de una vez que tenemos que marcharnos!
No, todavía no, un poco más.
Si no obedeces mañana no te traigo.
¡Hay que obedecer, jovencito!
Que no te acuerdes de mí, lo admito.
Pero que no te acuerdes de tu futuro jefe es inadmisible.
- Claro que me acuerdo. Carlos… - Carlos Maltrana.
- ¡Yo me llamo David! - ¡Encantado!
- ¿Quieres presentarnos, David? - Sí.
Quiero decir, ¿cómo se llama tu hermana?
Maribel.
Es mi hermano pequeño.
El mayor ya está vistiéndose.
Este es un desobediente porque ya teníamos que habernos ido.
Yo también me marchaba ya. Si quieres, os acompaño.
Bueno. David, ayúdame a recoger las cosas.
- ¿Nos vemos a la salida? - Sí, hasta ahora.
Siempre tenemos que irnos en lo mejor.
¡Curro, coge la bolsa y derechitos a casa!
Decidle a mamá que yo iré después.
Vale.
¡Adiós, pequeños!
¡Adiós!
¿Hacia dónde vas?
Pues hacia Generalísimo pero puedes dejarme en un taxi.
Yo voy a la Plaza de Castilla.
Déjame entonces en la esquina de Alberto Alcocer.
¡Muy bien, como quieras!
¿Cuándo puedo volver a verte?
No sé, ahora tengo jornada intensiva y vamos todos los días a la piscina.
¡Estupendo! ¡Mañana nos veremos allí!
¡Adiós!
¡Hasta mañana!
¿Qué has hecho esta tarde?
Nada.
He estado en la piscina hasta ahora con mis hermanos.
Luego nos ha traído un chico en su coche.
Es un chico que conocí en la oficina hace unas días.
Fue a hacerte una entrevista.
Ah, sí,
un jovencito algo impertinente, creo recordar.
¿No te molesta que salga con chicos?
¿Por qué me iba a molestar?
Creo que debes salir, divertirte.
¿No eres celoso?
¡No seas tonta! Claro que lo soy.
Pero cuando hay motivo.
Y este no es el caso, ¿verdad?
Hablando en serio: como te decía antes,
creo que es mejor que salgas con chicos de tu edad.
Será bueno para ti y bueno para los dos.
Así nadie podrá decir nada sobre lo nuestro.
Pero entonces es que no te importo mucho.
Con tal de que no te enamores de nadie…
Una cosa es salir y divertirse,
y otra es pasarse.
Yo creo, no sé…
pienso que ya no me quieres.
No seas tonta.
Claro que te quiero y cada vez mas.
¡Anda, subiros!
"Y dile a mamá que ahora subo", pero esto te va a costar una pasta.
Anda, niño, ya estás subiendo si no quieres que me enfade.
Esto es asunto de hombres, ¡permíteme, Maribel.
Toma.
Dos duros para ti
y otro para David.
Y mañana invitación en la piscina, ¿de acuerdo?
- De acuerdo. Adiós. - Hasta mañana, Carlos.
Son una pareja estupenda.
¿Lo has pasado bien?
Sí, nos hemos divertido mucho.
Sobre todo ellos.
¿Y tú?
Creo que me voy a enamorar de ti y eso ya no se lleva, ¿verdad?
¡Desde luego que no!
Pero luego llega la realidad.
Conoces a una chica que te gusta mucho, tal vez demasiado y…
Ya estás tomándome el pelo, ¡no digas tonterías!
Que sí.
Que es de verdad,
que me gustas mucho.
Si quieres, ya no nos vemos más, y así se acabó el peligro.
No, no digas eso ni en broma.
Pues si sigues diciendo esas cosas me voy.
Pareces un niño.
Bueno, como tú digas.
Pero fíjate en lo que voy a decirte.
Si algún día te digo que te quiero,
y que no puedo vivir sin ti…
A ver cómo te portas.
Procuraré acordarme.
¿Prometido?
Te dejo, es muy tarde.
Pero si apenas hemos hablado nada.
Pues yo creo que sí hemos hablado. Adiós.
¿Me dejas que te dé un beso?
Entonces dame la mano.
¡Suéltame ya!
Déjame un poco más.
No, me tengo que ir, de verdad.
Bueno.
Tonto. Hasta mañana.
¿Quieres que os recoja mañana?
No, no, iremos directamente. Nos veremos allí.
¡Adiós!
¡Hasta mañana!
¡Eh, Curro!
¡Hola!
Hola, Carlos. ¿Qué quieres?
¿Qué os ha pasado que no habéis ido a la piscina?
Porque mí hermana se ha ido hoy a Londres por cosas de la oficina.
¿Y cuándo vuelve?
Pasado mañana.
¿Sabes a qué hora llega el avión?
No sé. ¡Yo que sé!
Si te enteras de la hora te puedes ganar diez duros.
Hombre, trato hecho. Por adelantado.
Me llamas aquí.
Si no estoy me dejas el recado.
¿De acuerdo?
Vale.
- Adiós, Curro. - Adiós.
Me dijo Curro que llegabas en este avión.
Curro es un metomentodo.
Pero no me importa, al contrario. Me alegra tu detalle.
Toma.
Mira lo que te he traído.
¿Te gusta?
Esto sí que es un detalle.
Claro que me gusta. Déjamela ahí.
Muchas gracias.
De nada, es muy poquita cosa.
Maribel, te he echado mucho de menos estos días.
Anda, no exageres y mira la carretera.
¡A sus órdenes, mi sargento!
¡Mira!
¡Hasta el trabajo está descuidado!
¿Y eso por qué?
¡Pues yo te lo voy a decir!
Porque sales todos los días con ese… don nadie.
Tú mismo me dijiste que saliera con quien quisiese.
Sí, sí, pero no en el plan en que yo te veo.
No soy tonto, ¿comprendes?
Perdona, Ignacio, pero yo no estoy en ningún plan con él.
Si hay algo que no soporto son las justificaciónes.
¡Pase!
Perdón, don Ignacio, ¿podría firmarme unas cartas?
En cuando acabe de dictar a la señorita Maribel las firmaré.
Que no moleste nadie, a ver si puedo acabar de una vez.
Sí, señor.
Este hombre a veces me crispa los nervios.
¿Dónde estábamos?
Ah, sí. Dejémoslo. Estoy muy cansado.
Mira,
repíteme estos folios con las correcciones que he hecho.
Muy bien, te lo hago enseguida.
¿Aviso a don Manuel?
Sí, dile que pase.
¿Te has divertido?
Sí, me he divertido.
Pero creo que no me gustan los toros.
Decididamente no.
A veces creo que desearía que ganase el toro.
Y me parece injusto llamar fiesta a algo tan cruel.
Al principio
creo que yo también opinaba así.
Ahora no sé, no pienso nada.
Ves tantas cosas que terminas por no saber juzgar con tanta claridad.
Lo que te pasa es que con tanto escribir
no te enteras de nada.
Para eso me pagan.
No mucho, pero me pagan.
Dejando los toros,
¿qué es lo que más te gusta?
Pues
las chuletas a la plancha,
el vino tinto,
el pan blanco
y tú.
¿Es que no puedes hablar en serio alguna vez?
Te contestaré yo.
Por mí, claro.
La música y el cine.
¿Y a ti?
Eres una Piscis en todos los aspectos:
emotiva, romántica,
pasional…
¿o no?
O sí.
Contesta, ¿y a ti?
Ya que insistes te contestaré.
A mí creo que también me condiciona mi signo.
Tauro.
O sea, el amor.
Y no te rías, que esto es tan serio como tus gustos.
A mí también me gusta mucho la música.
¿Cuánto calculas que tardaremos en regresar a Madrid?
Pues sin contar la caravana, hora y media.
¿Qué pasa? ¿Es una avería?
No, es que estoy un poco cansado.
¿Por qué no?
Por nada. Déjame.
Yo te quiero, estoy seguro.
Tu quizá no te hayas hecho esta pregunta.
Pero yo te quiero de verdad.
¡Por favor, Maribel!
¡No, déjame, Carlos!
¿No te gusto nada?
No es eso, somos amigos.
Yo no puedo decirte si me gustas o no.
La verdad es que ni siquiera lo he pensado.
Pero quiero que seamos amigos.
Se nos va a hacer tarde. Por favor, Carlos.
Aunque suene a tópico es completamente cierto:
a vosotras no hay quien os entienda.
Dame un beso y nos vamos.
¿Nos podemos marchar?
¿Ves qué fácil?
¡Hola!
¡Otra vez el niñato ese!
¡Vaya unas horas de venir!
¿Pero por quién me has tomado?
¡Contesta!
Escúchame bien:
Estos jovencitos en lo único que piensan es en aprovecharse.
Para ellos no existen las responsabilidades ni el amor.
Bueno, el amor sí, pero el amor libre.
Estás equivocado, él me quiere.
Estoy segura de ello.
De lo que no estoy tan segura es de si yo lo merezco.
¿Y yo qué?
¿Es que no te quiero?
¡Tengo abandonado mi trabajo, mi familia!
Y acaso también dudes de si merezco o no tu amor.
Y yo me doy cuenta, Ignacio.
Tú, ¡qué te vas a dar cuenta!
Los jóvenes sois unos egoístas.
Nunca llegarás a saber
todo lo que he hecho por ti.
¿Qué te pasa?
Nada.
Que no me parece bien.
¿Ahora me sales con esas? ¿Que no te parece bien?
Sí. No me gusta esto de estar siempre escondida como si hubiera hecho un crimen.
Estoy hartándome de tantas tonterías.
¿Has olvidado ya cuanto te dije en Londres?
Que nuestro amor era imposible.
Tampoco recordarás que yo te propuse
que nos separásemos y tú te negaste.
Nunca aprenderé.
Esto me pasa por ser un imbécil.
Está bien, tienes razón. No te enfades.
"Está bien", "tienes razón"…
Yo no soy un muñeco al que se coge y se tira cuando conviene, ¿comprendes?
¡Ahora soy yo quien manda!
Te quiero, Maribel.
Hola, Maribel.
- ¿Llevas muchas horas esperando? - No.
¿Qué te pasa? Porque algo te pasa.
Quiero hablarte de una cosa importante.
Empieza.
A ver, ¿quién se ha muerto?
Déjate de bromas.
Si no te importa, vámonos, porque aquí no se puede hablar.
¡Camarero! Vamos donde tú quieras.
Debiste habérmelo dicho antes.
Cierto que no había nada entre nosotros.
Al menos formalmente.
No es eso. No podía.
Ya te he pedido que me perdones.
Como si perdonándote se resolviese algo.
Pero si insistes, te perdono.
Si no te importa te llevo a casa.
¿Has acabado tu crónica?
No, me he distraído.
Te la entrego en diez minutos.
Ni un minuto más, ya sabes cómo son en montaje.
Exageraba un poco el Shakespeare, ¿eh?
No sé para qué miras tanto. Si tampoco va a venir hoy.
Venga, daros el último baño que nos vamos.
Yo antes me tomo una coca-cola, luego me baño y después nos vamos.
Pues todo eso volando.
- Yo también. - ¡Tu ya te la has tomado antes!
No, quiero otra.
Tú aquí sin moverte. Luego todo son peleas.
- ¡Yo quiero una coca-cola! - ¿Quieres irte de una vez?
Bueno, ¡ya me voy!
- Pues me baño. - ¡Cuanto antes, no lo pienses más!
¿Qué me das si te digo una cosa?
¿Cómo?
Que qué me das si te digo una cosa.
Curro, no tengo ganas de bromas.
Anda, báñate porque si no, nos vamos.
Yo voy a ir recogiendo las toallas.
Vale un duro, ¿eh?
Carlos está en la entrada.
Yo voy a vestirme ya. Vosotros enseguida, ¿eh?
Ahí os dejo vuestras toallas. ¡No me hagáis esperar!
En serio, Curro, ¿es una broma lo de Carlos?
Que no, es verdad.
No me fío de ti. ¡Y daros prisa!
Mira, el seiscientos de Carlos.
Sí, ya lo veo.
Y aquel también es el de Carlos.
¿Quieres andar, Curro?
Jolín, pues sí que estás tú buena. No se te puede hablar.
Ese es su coche y yo lo he visto.
Camarero, la vuelta por favor. Tengo prisa.
¡Maribel!
¡Curro!
Soy yo, ¡esperad!
Hola Carlos, ¿por qué no has venido?
Hola, David. He estado fuera, pero desde mañana pienso volver.
¡Estupendo!
¿Tenía yo razón o no? ¡Bah!
Las mujeres sois un rollo.
¿Qué hay, Carlos?
Hola, Maribel.
Hola.
Puedo llevaros. ¡Subid, por favor!
Bueno.
Oye, ¿dónde has estado?
En Canarias. Son unas islas muy bonitas
en el océano Atlántico.
¿En Tenerife o en Las Palmas?
¡Cuánto sabe Curro!
Al sur de Gran Canaria,
haciendo un reportaje sobre el turismo escandinavo.
¿Puedo hablar un momento contigo?
¿No os importaría que…?
Claro, hombre, claro. Ya sé que estáis peleados. ¡Venga, David!
- ¡Subo enseguida! - Sí. Bueno.
Solo voy hasta allí.
He pensado mucho en ti,
en nosotros.
Y en lo que voy a decirte.
Perdóname, Maribel, por lo del otro día.
Fui un imbécil.
Lo verdaderamente importante es que nos queramos.
Y yo te quiero a ti.
Y necesito saber si tú me quieres a mí.
Temía que decírtelo, Carlos.
Yo también te quiero.
No llores, vida mía.
No llores.
Me marcharé de la oficina, buscaré otro empleo.
Me alegro que lo hayas dicho tú.
Yo te ayudaré a encontrarlo.
Tengo amigos en el periódico.
Buscaremos.
¿Pero no comprendes que es una locura?
¡Y todo por ese chico al que ni siquiera conoces!
¡Espérate por lo menos a que pase un año!
Os he dicho que trabajaré en otro sitio.
Y que todo seguirá igual hasta que me case.
¿Pero no comprendes que esta casa y todo lo que nos rodea
se lo debemos a don Ignacio?
Y a un préstamo que tu padre y yo tuvimos que firmar.
¿Y que hasta ahora
casi todos los vencimientos los paga él?
Piensa en tus hermanos
ya que nada te importamos nosotros.
Ni los muchos sacrificios que hemos hecho por ti.
Te ha dicho la verdad, hija.
Le debemos mucho.
Yo solo quiero que tus hermanos estudien algo,
que no sean lo que yo.
Y ya sabes lo que valen hoy los colegios.
Pero papá,
¿tú sabes lo que ha hecho ese hombre conmigo?
¿Quieres saber por qué me dieron el empleo?
Dime, papá.
¿Quieres que te lo cuente yo?
No, no quiero saber nada.
Hija, haz lo que creas que debes hacer.
A tu madre se le pasará.
Hale, a dormir, que es muy tarde.
Había decidido despedirme hoy,
acabar con lo nuestro.
Pero antes de hacerlo quería hablar contigo, Ignacio.
Pues habla, mujer. Puedes decir lo que quieras.
Anoche mis padres me contaron lo del préstamo.
Y temen que si me voy tú les quitarás la casa.
Ignacio, nunca te he pedido nada.
Pero ahora sí, por ellos y por mis hermanos.
Vas a pedirme que les regale la casa y si te he visto no me acuerdo.
No. Déjame acabar por favor.
Sólo quiero que nos hagas posible el pago.
Yo entregaba casi todo mi sueldo en casa.
Ahora lo entregaré todo para pagarte a ti.
¡Pero a ellos déjalos en paz, por favor!
¿Y si no?
Contesta, ¿y si no?
Si no soy bueno y hago lo que me pides, ¿qué?
¡Responde!
Tu sola tomas decisiones que afectan a tus padres o a mí
sin pensar para nada en la opinión de los demás.
¡Decides hacer esto o aquello y asunto concluido!
Los jóvenes necesitáis un poco de disciplina, si no os perdéis.
¡Pues escúchame!
Y aunque no lo creas cuanto voy a decirte es por tu bien.
Todo seguirá igual.
Al menos hasta que acabe el crédito.
Y no olvides que mis asuntos terminan cuando yo lo dispongo.
Paciencia, mujer. Tú déjame a mí hacer las cosas.
Y cuando menos lo esperes todo estará arreglado para ti y tu familia.
¿Y mientras tanto tendré que seguir acostándome contigo?
Exacto.
Carlos.
Perdona que no te haya llamado para despedirme de ti.
Sí, amor mio,
para decirte adiós.
Soy cobarde hasta para eso.
Para decirte que nuestro amor no es posible.
Y como te preguntarás por qué,
te diré que por lo de siempre.
Por el dichoso dinero.
Perdóname.
Por favor, no intentes verme.
Quiero que me olvides.
Cuanto antes lo hagas mejor para los dos.
En esta carta te explico todo.
Quiero que sepas la verdad
y que me olvides.
Yo sola tengo la culpa de todo.
Por ello debo pagar.
Por cuanto me quieres, te ruego una vez más que no me busques.
Adiós, amor mío.
Maribel.
¡Hala, bajaos!
¡Adiós!
Adiós, Maribel.
Espacio Financiero quiere unirse también
al homenaje que la peña Onaindía
tributará mañana a ese insigne promotor
que es don Ignacio Eurastegui,
imponiéndole la medalla de oro al mérito empresarial.
Medalla que ha sido costeada por sus propios empleados.
Al acto asistirán distintas personalidades
del mundo del arte, las letras y las finanzas.
Otras noticias…
- ¡Hola, mama! - Qué hay.
- ¡Hola! - ¡Hola!
Hola, hija. Hola, Antonio.
Vosotros, a lavaros las manos, venga.
Acaban de dar la noticia.
¿Qué noticia?
Lo de la medalla de don Ignacio.
Toma mamá, la invitación.
Voy a mi cuarto. Vengo enseguida.
He estado toda la mañana pensando en qué nos vamos a poner.
Porque no tengo nada para ir a una fiesta así.
Bueno, ¿comemos ya?
Sí, hombre, sí. Ahora pongo la comida.
Tengo hambre. ¡Mi comida!
Gracias, amigos. Por favor, el aplauso
para estos chicos estupendos.
Para que ahora mientras trabajo yo,
ellos, que bien se han merecido un descanso, puedan tomar una copa.
Días como este
nos ayudan a seguir con el mismo ímpetu e ilusión que comenzamos,
para nuestra desgracia, hace ya algunos años.
Días como hoy, sí. Porque hoy, señoras y señores,
se siente uno verdaderamente emocionado al poder contemplar una de esas cosas
tan poco frecuentes en el mundo que nos rodea.
Por eso al ser llamados a esta convocatoria de la peña Onaindía,
hemos respondido de igual manera por un sentimiento común de reconocimiento
ante esas virtudes tan poco frecuentes, repito,
que son la nobleza, la inteligencia y la generosidad.
Que son las virtudes de los grandes hombres
sin los que la sociedad,
ahogada por otros sentimientos de muy distinto signo,
se vería, por su mortal veneno,
presa e inmovilizada.
Por eso yo os pregunto: ¿qué sería del progreso,
de la ciencia, qué seria de la humanidad
sin estos grandes hombres?
Ante nosotros un verdadero ejemplo de cuanto estoy diciendo:
¡Ignacio Eurastegui!
Bah, ¡todo mentira!
Has bebido demasiado, vámonos o nos echarán.
Bah, ¡déjame en paz, hombre!
Y es a él a quien corresponde continuar mis humildes palabras.
Ya sabéis que estoy hablando de el presidente de la peña Onaindía.
Tan amigo y conocido de todos,
que sería casi una incorrección por mi parte presentároslo.
Por favor, un aplauso para
¡Alfonso Onaindía!
Gracias, Pepe, eres insuperable.
Gracias a ti, Alfonso. Simple oficio y materia prima.
Amigos,
nada puedo añadir a las palabras de Pepe Martín,
excepto decir que si bien la peña que presido
propuso este homenaje a Ignacio Eurastegui,
habéis sido vosotros
los que con vuestra colaboración habéis hecho posible este acto
que de otra manera no hubiera tenido sentido.
Ni tampoco lo tendría esta medalla
que en nombre de todos voy a tener el honor de poner en su pecho.
Ignacio, por favor.
Acéptala como un pequeño reconocimiento
a tantos méritos contraídos
y sobre todo como símbolo de algo muy entrañable:
el cariño de todos tus subordinados
ante un quehacer común,
ante tu capitanía maravillosa, ante tu mandato de hombre de bien.
¡Mentira!
¡Ese hombre es un canalla!
Está liado con su secretaria, Maribel García.
¡Y le está haciendo chantaje con un crédito que ha concedido a sus padres!
¡Fuera!
¡Es usted una persona no grata!
¡Ay, qué gracia ha tenido!
¡Queridos amigos!
Queridos amigos,
después de las palabras de Alfonso Onaindía
se ha desatado cierta crítica malévola,
por parte de alguien
que al parecer no ha visto colmadas sus apetencias de lucro.
¡Bravo, bravo!
Olvidemos este incidente que soy el primero en lamentar.
Incidente que, por otra parte,
carece de importancia.
Ya sabéis el refrán:
"ladran, luego cabalgamos".
Hija mía, ¿qué vas a hacer?
Y ahora sigamos porque ese es nuestro lema:
"siempre adelante". Por ello hoy puedo decir
que este año hemos incrementado el volumen de operaciones
situándonos a la cabeza de la competencia.
Los esquemas competitivos que la sociedad de consumo nos traza hoy
son vigorosos. Ellos agudizan nuestros sentidos.
Ellos nos hacen infatigables e invencibles.
Pero también es cierto que cuando se lucha en equipo
y cuando se lucha por y para otros que nos acompañan,
entonces, repito, se es invencible.
Nuestro futuro es claro,
pero siempre que no desfallezcamos ante nada,
que nos sometamos a un permanente perfeccionamiento.
Siempre que nuestra meta esté tan alta que nunca lleguemos a alcanzarla.
Maribel, ¿me perdonas?
Te quiero.
Transcripción y sincronización Olga Schischatskaya y Héctor Lahoz
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.