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Habrá alguna estrella en mi corona.
Cuando al atardecer se ponga el sol.
Cuando despierte con los dichosos En las mansiones del descanso.
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
Hoy pienso en esa hermosa tierra.
Que alcanzaré cuando se ponga el sol.
Cuando me encuentre ante la gracia de mi Salvador
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
¿Habrá alguna estrella, alguna estrella en mi corona?
Cuando al atardecer se ponga el sol.
Cuando despierte con los dichosos En las mansiones del descanso
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
¡Qué dicha cuando contemple su rostro!
¿Lo oyen?
Se podría decir que me crié con esa canción.
Oírla me lleva de vuelta a los viejos tiempos, cuando era joven,
en Walesburg.
La letra de la canción, nos promete una ciudad de oro en el más allá.
Yo creía que eso era esperar demasiado tiempo.
Pero ahora sé que hay una ciudad de oro aquí mismo, en la calle, para nosotros.
La ciudad de nuestra juventud.
Walesburg sólo es un nombre, sólo eso.
Walesburg, no como es ahora, sino como solía ser.
Sólo tengo que cerrar los ojos y estoy allí.
Nada ha cambiado, ni siquiera yo he cambiado.
Siempre seré un chico de Walesburg.
Y a mi lado, como siempre, está el Pastor. El Pastor Gray.
Y pasando ante mí, las personas que formaron parte de mi crecimiento.
Personas como la Sra. Belcher, que alojaba huéspedes,
y su sobrina, Faith Samuels, la maestra.
La dulce y bonita Srta. Samuels.
¿Lo oyes, John?
Granny Gailbrath, que conoció a George Washington.
Thad Carroll, que sirvió como tambor en el Primer Encierro.
Lon Backett, que llevaba la tienda, y metía el dedo en los pasteles.
Incluso Cloroformo Wiggins.
Su madre no había oído hablar del cloroformo hasta que él nació,
y le pareció un bonito nombre.
Y todos los demás. Gente de Walesburg.
La mayoría ya desaparecidos,
pero tan cercanos a mí como los personajes de mi historia favorita.
Una historia que se remonta a antes de que yo naciera,
al día en que el Pastor llegó a nuestra ciudad.
Aunque entonces no tenía mucho de ciudad,
en los primeros años tras la guerra entre Estados.
Pero al Pastor le vino bien desde que bajó del tren, y miró a su alrededor.
Debió llamar mucho la atención cuando pasó por primera vez por la calle principal,
con su levita negra nuevecita, sus pantalones grises de montar,
y su vieja y gran Biblia en la mano.
Pero siguió caminando hasta llegar al bar de Jerry Higgins.
No tuvo que pedir silencio.
Le siguió por la sala como un perro fiel.
Chicos. Soy el nuevo predicador y daré mi primer sermón aquí y ahora.
Gracias.
Y como esto es tan novedoso para mí como para vosotros,
supongo que será mejor empezar por el principio.
"Al principio estaba el Mundo,
y el Mundo estaba con Dios,
y el mundo era Dios".
Desde ese día, Walesburg y el Pastor crecieron juntos.
Predicaba en cuartos traseros, rezaba en salones, y dirigía los cantos en graneros.
Nos reuniremos en el río,
Donde los pies del ángel brillante dejaron su huella.
Con su cristalina luz eterna.
Junto al trono de Dios.
Sí, nos reuniremos en el río.
En el precioso, el precioso río.
Nos reuniremos con los santos, en el río.
Que fluye junto al trono de Dios.
Y cuando empezaron las obras de la iglesia del Pastor, había ganado su victoria.
Casi todos participaron en la edificación de la iglesia.
Y si alguna vez la casa de Dios, o de un hombre, fue levantada con manos amantes,
ésta lo fue.
Sí, la iglesia del Pastor es la parte más bonita de la historia del Pastor.
Y ahora, entro yo en la historia.
Lo estuve desde que recuerdo.
Mis padres murieron siendo yo pequeño,
así que vivía en casa del Pastor,
compartiendo el corazón del Pastor y de su esposa,
que era mi tía Harriet.
¿Aún no está lista la comida?
Me cachis... Nos buscaremos una nueva cocinera.
¿Te gustó el servicio de esta mañana, Harriet?
Me alegra oírlo.
Los demás también dicen que fue un buen servicio.
¡John Kenyon! No debes hacer todo lo que haga el Pastor.
Sí, señora.
Si te digo la verdad, a mí me pareció muy bueno.
- No se ría de mí, Sr. Gray. - Pero, Harriet, cielo,
¿qué te hace pensar que me río de ti?
Estoy sonriendo sólo porque me siento muy bien. ¿Y tú...?
Sí. Sólo tengo que decir que debería darte vergüenza.
Me educaron para pensar que un hombre que rompe su promesa,
era un mal hombre.
Supongo que me has descubierto.
Soy un mal hombre.
Pretendía decírtelo antes, pero siempre surgía algo.
Esta mañana fue la gota que colmó el vaso.
Me prometiste una y otra vez que mientras yo tocara el órgano,
podría escoger los himnos.
- Y eso he hecho. - Sí, y sólo prometes.
No importa lo que yo o los demás en Walesburg quieran cantar.
No. Semana tras semana es ese viejo: "Estrellas en mi corona".
- Me gusta. - Sé que te gusta, Sr. Gray.
Todos lo saben muy bien.
Nos lo recordarás en este mundo,
y si te sales con la tuya, también en el otro.
John, ponte los zapatos y los calcetines.
- Me dan calor en los pies. - Eso no me importa.
No es respetable correr descalzo en domingo.
- ¡Vamos! - ¡Me cachis!
¡Ese lenguaje!
John, haz lo que dice tu tía Harriet.
Cualquier mujer capaz de hacer un pastel de chocolate como este,
merece nuestra consideración.
Y ahora, Harriet, cielo, sobre el himno,
debes decir lo que quieres que haga y lo haré.
No seas tímida para expresar tus deseos.
Habla, yo no abriré la boca excepto para predicar.
Si llega el día en que no abras la boca...
Es mi última palabra, excepto para predicar.
¿Habrá alguna estrella, alguna estrella en mi corona?
Cuando al atardecer se ponga el sol,
Cuando despierte con los dichosos En las mansiones de descanso,
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
Después del Pastor y mi tía Harriet,
la persona más importante en mi mundo
era el tío Famous Prill y su vieja perra Belle.
El tío Famous lo sabía todo sobre cazar y pescar.
Creo que no había chico ni hombre en Walesburg
al que no hubiera enseñado.
¿Alguna estrella en mi corona?
¿Cuando se ponga el sol?
Hola, John.
- Hola, Cloroformo. - Hola, tío Famous.
Cloroformo.
- ¿Adónde van? - A pescar.
Ahí es donde pensaba que se dirigían. Bueno, adiós, John.
- Adiós, Cloroformo. - Adiós, tío Famous.
Cloroformo.
Chico, tienes que concentrarte.
Deja al señor rana, no te ayudará a coger ningún pez.
- Hoy no pican. - Tal vez no, tal vez sí.
Pero acabo de ver un viejo pez gato corriendo por aquí.
Sé exactamente lo que pensaba. Pensaba:
"Ese viejo es demasiado listo para mí,
pero ese muchacho, está tan absorto con el señor rana,
que cogeré su cebo y me escaparé de aquí".
¿Cómo sabes que pensaba eso?
Conozco a ese pez gato desde que era lo bastante mayor
para rascarme con la mano izquierda.
Si no sé lo que piensa, ¿quién lo sabe?
- ¿Y adónde iba? - No me lo dijo. Ahora está ahí.
Debemos cortarle el paso. Es muy grande. Échate atrás. ¡Atrás!
Bueno, ha llegado mi hora.
He hablado con orgullo y el Señor me ha oído.
Vete a casa, tu madre te llama.
Famous, me gustaría hablar con Vd.
- Hola, Sr. Backett. - Qué calor...
Desde luego, señor.
Famous, tengo buenas noticias para Vd.
Sabe que trabajo en la veta de mica de los 60 acres que tengo frente a su casa, ¿no?
Y le he sacado provecho.
Pues esa veta atraviesa la linde de su propiedad.
Lo descubrí esta mañana, ¿qué me dice al respecto?
Señor, no lo sé. No veo que tenga nada que ver conmigo.
Pero es su propiedad, ¿no? Mía no es.
Si no consigo esas tierras, tendré que cerrar la mina.
Así que estoy aquí con una proposición,
60 centavos el acre, en efectivo,
o bien cobrárselos comprando a crédito en mi tienda, ¿hecho?
- ¿Vender mis tierras? - Esa es la oferta.
Bien, señor... gracias de todas formas, pero llevo en esas tierras muchos años.
No le he preguntado eso.
Sí, señor. Lo que quiero decir
es que soy demasiado viejo para cambiar.
No es suficiente dinero, ¿eh?
- ¿Señor? - Sin rencores, no vaya a creer.
Me gustan los buenos negociantes, y me gusta serlo también.
Le daré 80 centavos el acre,
siempre que se cobre la mitad comprando a crédito en la tienda.
Bueno, señor...
80 el acre, 80 por 20 son 16 dólares, más dinero del que vio nunca.
Sr. Backett, déjeme preguntarle algo.
- Tengo este mono de faena, ¿no? - Sí.
Tengo una chaqueta para los domingos.
Una casa, una cama,
y como tres veces todos los santos días, ¿no?
Sí.
Sr. Backett, ¿para qué quiero 16 dólares?
Mire... Mis trabajadores no me culparán cuando cierre la mina
y sus buenos salarios se acaben.
A mí no me reprocharán que sus esposas e hijos no puedan vivir.
No, señor. Yo no querría tener eso sobre mi conciencia.
- Piénselo, Famous. - Sí, señor.
¡Arre!
¡Cuidado con tu caña!
¡Sujétala antes de que se te escape!
¡Tira del anzuelo! ¡Tira de él!
Eso es. Es un pez gato. Cógelo de la boca y vigila las aletas.
Si te pincha, te envenenará, y se te hincharán las manos.
¡Quita de aquí, Belle!
Es un buen ejemplar, sí.
Bueno, bueno, muchas felicidades, hijo.
- Hola, Famous. - Hola, Pastor.
Me he cruzado con Lon Backett, parecía muy enfadado.
¿Es cierto lo que he oído sobre esa veta que pasa por su linde?
Supongo que será verdad.
La gente lo cuenta como una broma. Yo no lo encuentro divertido.
No quiero crear problemas a nadie, Pastor.
Pero es mi propiedad. Nunca he tenido nada.
¿Qué será de mí si tengo que vender mis tierras?
El tío Famous no tiene que vender, ¿verdad, Pastor?
Vd. es un hombre libre.
Es cierto, tío Famous, hay leyes.
Sólo por decirlo no se convierte en realidad.
Lon Backett me recuerda a un viejo perro que yo tenía,
que se llamaba Gobernador Dobbs.
El viejo Gob tenía un fuerte ladrido. Le encantaba ladrar.
No parecía feliz a no ser que pudiera decir a todos qué hacer.
En el punto donde se soltaba la jauría, empezaba a ladrar,
hubiera olido algo o no, sólo para demostrar que era un perro de primera.
Algunas personas son como sabuesos en ese sentido, creo.
- Buena historia. - No me metas prisa.
Pero en eso de seguir el rastro,
el viejo Gob no distinguía a una liebre de un abejorro.
¿Sabe qué hizo ese estúpido perro?
Dirigió toda la jauría derecha a un puñado de mofetas.
Creo que Lon Backett se dará de bruces con un buen hedor
antes de aprender la lección.
¿Listo para irnos, John?
Pararé en casa de Isbell de camino a casa.
Vuelvan pronto.
Por supuesto.
¡Arre!
Creo que el Pastor y yo habremos ido a casa de Isbell 100 veces.
El Pastor solía decir que la granja Isbell era todo lo que una granja debería ser.
¡Eh, Jed!
¡Jed!
¡Jed!
¿Yo?
Es más, actuaba como si pensara que Jed Isbell era lo que un hombre debería ser.
Bueno, casi en todo.
Bien. Venid a beber la mejor agua de pozo del condado.
- ¿Qué tal tu pierna? - Regular. Sólo regular.
Muchos pensaban que Jed Isbell era un amigo extraño para un predicador.
Pero el Pastor y Jed habían luchado codo con codo
desde el fuerte Donalson hasta la cordillera Missionary.
La guerra había establecido vínculos que nada, al parecer, podría romper.
¿Cómo lo llevas, J. D.?
Bien, bien.
¿Traes alguna nueva?
¡Eh, Chase!
Tienes tantos hijos rubios como para montar una escuela sueca.
Hola, Pastor.
¿Qué nuevas hay?
Nada especial. Le compré 40 acres de tierra a la viuda Mathias, sólo eso.
- ¿Más tierras? - Sí. Me convencieron los chicos.
Pensarán que no les tengo bastante ocupados.
Pero es una buena compra, buen suelo.
Sacaré un buen fardo por cada acre.
Estoy seguro.
Tienes al Señor de tu parte, ¿no lo sabías?
Veamos, Pastor. No recuerdo haber tenido manos extra últimamente.
Sólo yo, mi esposa y los chicos,
y dos buenas mulas llamadas Sam e Ike.
Nos las apañaremos bien sin la ayuda del Señor.
Hay gente que se las apaña bien sin ojos, pero no ven.
Vamos, John.
Cuidad mejor del viejo, alejadle de las peleas que no pueda ganar.
Adiós, hasta pronto.
¿Cómo estás, Sarah?
Estupendamente. Gracias, Pastor.
- Crece rápido, ¿eh? - Desde luego que sí.
- Esto es para Harriet. - Gracias.
Y si va por casa de Harris le agradecería que le llevara esta sopa al viejo doctor.
Dígale a Bessie que sólo debe añadirle agua, ¿lo recordará?
Recuérdalo, John.
¿Cuándo irás a la iglesia?
Cuando consigas que Dios are las tierras por mí.
- ¡Qué vergüenza! - Veré qué puedo hacer.
Pórtate bien. ¡Arre!
- ¿Por qué corres, chico? - ¿Qué te pasa, Cloroformo?
¿Por qué te escapas? No te hará daño.
No dejes que te haga daño, Cloroformo. Hazle frente.
Perry, no dije que no podías hacerlo. Sólo te pedí que no lo hicieras.
Dijiste que no podía. ¿No es verdad, chicos?
Desde luego que sí.
¿Lo ves?
- ¡Está asustado! - Está muerto de miedo.
Perry, sólo bromeaba. Perry, yo...
Voy a dibujar tu silueta en esa pared.
Perry, ya. Perry...
- Perry, ¿no te parece suficiente? - Lo será cuando yo lo diga.
Recoge tu sombrero y lárgate.
Perry me recuerda a un coronel que tuve.
Nunca aprendió a protegerse la retaguardia.
¿Doc?
¡Doc!
¿Qué hay?
- Dan Harris... ¿acaba de llegar? - Llegué anoche.
He venido a ver a mi padre.
Traigo esto para él de Sarah Isbell, sólo debe añadir agua.
Está descansando, no se le puede molestar.
- No estará peor, ¿no? - Está cansado.
Yo también. Medio pueblo ha pasado hoy por aquí,
y la otra mitad vendrá mañana.
Así no puede mejorar, nadie podría.
Le agradecería, señor...
que dijera que no tenemos una casa de puertas abiertas.
Bueno, no se altere, Dan. Queremos que se mejore tanto como Vd.
Denle una oportunidad. Por favor, aléjense de él.
- Si hay algún recado, yo... - ¡Dan!
¡Eh, Dan! ¿Por qué vociferas?
- ¿Es el Pastor? ¡Daniel! - Sí, señor, es el Pastor.
Pues que venga, viene a verme a mí, no a ti.
En el porche lateral.
Bueno, me alegra verle a estas horas.
Siéntese y ponga los pies en alto.
- Me temo que no puedo quedarme. - No haga caso a Dan.
Yo trataba casos de corazón antes de conocer a su madre.
Ponga los pies en alto, y póngase cómodo.
¿Seguro que no le pasa nada malo? Yo le veo muy bien.
De hecho, si quiere saberlo,
he salido por la puerta de mi casa por última vez.
La próxima vez que haga un viaje, lo haré con estilo,
y Vd. ayudará a llevarme.
Por una vez, doctor, espero que se equivoque.
Por una vez, no lo hago.
Aquí viene Dan a echarle.
Se llama médico a sí mismo.
Yo aprendí más medicina sujetando el caballo del viejo Doc Gilbert,
de la que él sabrá nunca.
¿Qué haces? Tengo derecho a una pipa al día, ¿no?
Una pipa al día, Pastor.
Órdenes del médico.
Está caliente.
No eres médico. Eres un condenado detective.
Y un extraño en Walesburg.
Esperamos que ahora se quite el sombrero y se quede un tiempo.
Esta vez Dan ha vuelto para quedarse, ¿no es así, Dan?
Si tú lo dices, papá.
Sí, todo está listo para ti. Listo y esperando.
Ni siquiera tendrás que cambiar la placa.
No vamos a hablarlo ahora, ¿verdad?
Walesburg no necesitará otro médico durante muchos años.
Hacer planes no hace daño, hijo.
Recuerdo el día que naciste.
Corrí arriba y abajo de la calle diciendo a todo el que me encontraba:
"Ya tenemos a otro médico en la familia".
Nunca hice ningún plan que no te incluyera a ti.
Sí. Más tarde, de alguna forma,
mis sentimientos por ti se mezclaron
con mis sentimientos por esta ciudad, y sus habitantes.
He vivido tan cerca de ellos, y los he cuidado tanto tiempo,
que son de la familia tanto como tú.
Bueno, tú cuidarás de ellos por mí.
- Tú y el Pastor. - Y ahora, papá, no...
Bessie, ¿qué pasa?
- Quieren ver al doctor, les he dicho... - Dígales que está descansando.
- ¿Quién es, Bessie? - La viuda Smith.
Vuelve a tener dolor en el pecho. Está mal.
¿Annie Smith?
Sí... Será mejor que vayas, hijo.
No sé, señor... Preguntan por el Dr. Harris.
Bessie, eres una estúpida. Ve a decirles que el Dr. Harris ya va.
¿Y bien, hijo?
Bueno, ya está...
Ojalá no se tratara de Annie Smith.
No es probable que gane este caso.
Y es bueno ganar la primera vez.
No hace falta que se lo diga, Pastor.
No habrá olvidado la primera vez que predicó en el bar de Jerry Higgins.
Si lo piensa, Dan lo tiene peor que yo.
Yo no tenía que llevar sus zapatos.
Sí, pero los llevará bien.
Ahora está sobrado de educación y algo escaso de sentido común.
Le falta mucho que aprender.
Incluso con eso, es mejor médico que yo.
Pero no le diga que yo lo he dicho. ¿Tiene cerillas?
Bueno, tanto me da fumar aquí como en el más allá.
...y ver la brillante y gloriosa orilla,
mi cielo, mi hogar, para siempre jamás.
Mi Salvador viene y camina conmigo.
Y una dulce comunión aquí tenemos.
Suavemente me conduce de la mano.
Pues esta es...
la tierra prometida, la dulce tierra prometida.
Me alzo sobre la montaña más alta.
Y miro al otro lado del mar.
Donde hay mansiones preparadas para mí.
Pastor, le necesitan en casa de la viuda Smith.
- ¿Cómo está Annie? - No muy bien.
- ¿Qué quiere? - He venido a rezar por Annie.
Está muy enferma. Si quiere ayudarla, salga y déjemela a mí.
Pastor. Pastor.
Estoy aquí, Annie.
Pastor...
Se acabó todo.
No, doctor. Acaba de empezar.
Ya puede pasar.
Los demás pueden irse a casa.
Y usted, ¿qué se ha hecho en la mano?
Se me cayó la tapa de la estufa hace un par de días. No es nada.
Pues será algo si no se cura bien.
- ¿Por qué no ha ido al médico? - El Dr. Harris está enfermo.
- Vaya mañana, yo me encargaré. - No es nada.
- Dan. - Buenas noches.
Dan, pensaba en un dicho de su padre.
"Si el Señor reclama a alguien, no puede ponerse en su camino".
Sr. Gray, será mejor dejarlo claro desde ahora.
Quiero y admiro a mi padre, pero eso no significa que deba aceptar sus métodos.
Mientras yo sea médico en esta ciudad, me pedirá permiso
antes de entrometerse con mis pacientes.
Yo no me entrometo.
Esta noche vine aquí porque me llamaron, como a Vd.
Nos veremos mucho a partir de ahora, vaya acostumbrándose.
Las almas no siempre disfrutan de una salud perfecta, ¿sabe?
Igual que los cuerpos.
Yo no estoy interesado en las almas, Sr. Gray.
Y cuando quiera oír un sermón, acudiré a la iglesia.
Estaré encantado de predicar para Vd.
Sería una pérdida de tiempo para Vd... y para mí.
- Buenas noches. - Buenas noches, Dr. Harris.
- ¿Está el médico? - Sí... Tiene visita.
Dr. Harris, este es Bobby Sam Carroll.
¡Bobby Sam, cállate!
El doctor no va a hacerte daño.
Tuvimos un pequeño accidente con un anzuelo.
¿Sí? ¿Dónde?
En la escuela dominical. ¡Oh! Lo tiene enganchado en la pierna.
¿Ve? En este sentido no sale por la punta,
ni sale en el otro sentido, por el ojal. Donde se mete el sedal, ya sabe.
- ¿Sí? - Sí.
¡Bobby Sam!
Me temo que algunos chicos mayores le han asustado.
¿Con cuentos sobre mí?
No importa.
Vale, John. ¿Qué te he dicho? No le va a pasar nada malo.
John le enseñaba a Bobby Sam cómo lanzar y...
¡Dr. Harris!
Déjeme un alfiler de su sombrero.
¡Oye, para ya!
Ahora, mira.
Esto eres tú.
Y esto es el anzuelo que está clavado en tu pierna.
Este es el ojal. Es para el sedal, ya sabes.
Voy a coger y cortar el ojal del anzuelo de esta forma.
Luego sacaré el anzuelo de un tirón, así.
¿Lo ves? Eso es todo.
No vas a armar un alboroto por una cosita así, ¿no?
10 botellas verdes colgadas en la pared
10 botellas verdes colgadas en la pared.
Si una botella verde cayera por accidente.
Quedarían 9 botellas verdes colgadas en la pared
9 botellas verdes colgadas en la pared
9 botellas verdes colgadas en la pared.
Si una botella verde cayera por accidente.
Quedarían...
¡Ocho!
8 botellas verdes colgadas en la pared
8 botellas verdes...
- En otro momento, Bobby Sam. - Vamos, tonto.
Le estamos muy agradecidos al Dr. Harris, ¿verdad?
- No es nada, Srta... - Samuels, Faith Samuels.
Todavía iba con vestido corto cuando Vd. se fue a estudiar.
Ahora soy la maestra, vivo en la puerta de al lado.
Srta. Samuels, ¿qué le hace pensar que nunca había visto un anzuelo?
Yo no dije...
¿Doy la impresión de ser el tipo de hombre que no va a pescar?
Bueno, yo...
¿Sí o no, Srta. Samuels?
Sí, lo parece.
Entiendo.
Gracias.
Llorando triste... y solo.
Suspiros y lágrimas tan vanos.
Y sin embargo, rezando.
Cuando esta cruel guerra acabe.
Entonces rezaremos para encontrarnos.
Otra vez.
- Me toca a mí. - ¡Oh, no!
- Cantemos "Evelina". - No.
Doncella morena, tienes ojos azules para el amor.
Doncella morena, tienes ojos azules para el amor.
Doncella morena, tienes unos dientes como perlas.
Doncella morena, tienes unos dientes como perlas.
Los dientes como perlas son falsos, amor.
Castañetean cuando bailas, amor.
Doncella morena, tienes unos dientes como perlas.
Doncella morena, tienes unos dientes como perlas.
- Sr. Harris. - Srta. Samuels.
He venido a preguntarle si le gustaría dar un paseo conmigo. Temprano.
Podríamos llevar comida e ir hasta el arroyo Toms Creek.
- Incluso podríamos pescar algo. - Bueno, yo...
Estaré encantada.
Bien. Saldremos mañana, a las 8:00.
La gente se preguntaba qué vería una chica como Faith en el joven Dr. Harris.
Supongo que la respuesta sólo podría darla ella misma.
En cuanto al doctor, cuando la llevó a casa esa tarde, conducía despacio.
Como si no quisiera que el día acabara.
¡Todos a bordo!
10 botellas verdes colgando de la pared
10 botellas verdes colgando de la pared.
Si una botella verde cayera por accidente.
Quedarían... 9.
Pero el feliz día quedó olvidado
cuando vio la silenciosa multitud en casa de su padre.
De pronto ya no suenan en el llano.
- El viento ha refrescado. - Lo sé.
Papá tenía un sabueso que persiguió un zorro 10 días.
Y sólo se rindió cuando murió de hambre.
Papá dice que mi nombre es en su honor, Chase.
- Eso es una broma. - Lo sé.
Parece como si el zorro fuera al agujero que hay en la finca del tío Famous.
Tal vez sea su guarida y quiera esconderse.
No tienes que decirme lo que pasa.
- Sólo lo decía. - Vale.
¿Quieres visitar al tío Famous de camino a casa?
¿Para qué?
Tía Harriet hizo ayer pan de jengibre y le he traído un poco.
- Tal vez no quede nada. - Era muy grande.
Parece que el zorro ha cambiado de opinión sobre esconderse.
Vuelve sobre sus pasos a través de la finca del Tío Famous.
Ya lo sé.
Sólo hablaba, no tienes por qué escuchar.
¡Famous!
Acérquese.
¿Qué demonios ha pasado? ¿Algún accidente?
No, señor. Creo que no fue un accidente.
Le dije lo que pasaría cuando cerrase la mina.
No, señor. No es propio del hombre quedarse quieto cuando le quitan el pan.
Famous, le diré lo que haré.
Le haré otra oferta por su terreno.
50 centavos el acre, al contado. ¿Qué dice?
Sr. Backett, eso es poco corriente.
No, no es nada.
Ya le dije que no veía motivos para vender mi terreno.
Y no ha pasado nada para que cambie de opinión.
- ¿Nada? - No, señor.
Si ya no le queda nada. Lo ha perdido todo.
Su comida, el forraje, la cosecha de maíz...
¿Cómo conseguirá dinero para semillas para volver a sembrar?
¿Cómo lo reconstruirá todo? ¿De dónde sacará el dinero?
¡Viejo estúpido! ¡Se morirá de hambre!
Tom...
Ve a casa y trae semillas de maíz de la cuadra.
Cabe, di a tu madre que queremos unos pollos,
y todo el tocino y harina que no vaya a precisar.
Jed, vamos a necesitar las mulas y el arado.
Rolfe, será mejor que ambos limpiemos este campo.
Sr. Isbell...
No diga nada, no diga nada...
No, señor. Es Vd. un verdadero cristiano.
¿Cuándo irás a la iglesia, Jed?
¡Cuidado ahí arriba!
Si fueras Dios, ¿qué sería lo primero que harías?
Muchas cosas.
- Quiero decir la primera. - No sé. ¿Qué harías tú?
Lo primero que haría es que siempre fuera verano.
- ¿Sin Navidades? - Serían en verano.
Todo lo haría en verano.
Porque sería lo único que habría. Siempre verano.
¡Vaya! ¿Y la escuela?
No habría. ¿Quién ha oído hablar de la escuela en verano?
¿Y de las Navidades en verano?
Bueno. Dios podría hacerlo si quisiera.
¡Vaya!
Otra cosa. Si fueras Dios y siempre fuera verano y no hubiera escuela,
¿qué harían los maestros de escuela?
No sé, no he llegado ahí.
Pero sé una cosa, siempre habría guerras.
Lucharíamos, pero nadie moriría.
- ¿Quién ganaría? - Los de mi bando, claro.
Y yo sería el general.
Y montaría un caballo como el de Robert E. Lee.
- Y nunca me pondría zapatos. - No es justo. Te quedas con la diversión.
¿De qué sirve ser Dios si no te quedas con la diversión?
Tonto.
¡Eh! Viene alguien.
- ¡Deprisa, cierra el pozo! - ¡Es el enemigo!
¡Date prisa!
Sólo será un momento.
Faith, ¿no me das una respuesta, una verdadera respuesta?
Mira, he hecho lo que me dijiste. He esperado.
- He procurado ser paciente. - Dan, por favor.
Sé lo que te estoy pidiendo.
Que dejes esta ciudad, tu hogar, donde has vivido,
donde eres amada y te sientes segura.
Te pido que renuncies a todo eso sólo para estar conmigo.
Sólo quiero estar contigo. Lo sabes.
Zapatillas doradas.
Zapatillas doradas.
Me voy a poner las zapatillas doradas
porque son tan bonitas...
¡John!
¿Sí, señora?
¿Llevas puestos los zapatos nuevos?
Deja que te vea andar con ellos.
¡Rápido! Quiero verlos domados antes de que empiece la escuela.
¿Por qué debo ponerme zapatos nuevos para ir a la escuela?
No me hacen más listo.
Siempre podemos esperarlo. ¡Camina!
Esta es la casa del Pastor, profesor.
PROFESOR JONES ILUSIONISTA E HIPNOTIZADOR
TÓNICO DE CALAMITA DEL VIEJO JONES
PARA MADRES, NIÑOS, ANCIANOS Y ANIMALES.
Buenos días, mozalbete.
- ¿Está tu padre en casa? - No es mi padre.
Bueno, quien sea. Dile que quiero hablar con él.
Sí, señor. Voy a buscarle.
¡Quieto ahí!
¿Qué te sale de la oreja?
¡Pastor! ¡Pastor!
¡Pastor! ¡Pastor!
Un hombre me ha sacado un reloj de la oreja.
- ¿Pastor Gray? - Sí, señor.
A su servicio, señora.
Soy Sam Houston Jones, del "mango de la sartén" de Texas.
Un hombre de negocios, como ve.
Mi lema es hacer feliz a la gente por dentro y por fuera.
Y siguiendo mi política, intento organizar un espectáculo esta noche,
y le agradecería que viniera. Daré a su iglesia un 10% de la recaudación.
- Es un poco raro, ¿no? - Para nada, sólo estimula la confianza.
Si puedo decir a la gente que su Pastor vendrá,
sabrán que no estará mal que ellos también asistan.
- ¿En qué consiste? - Bueno, hay una banda.
Frank y Zeke tocan cualquier instrumento musical.
Frank canta, tiene una voz como una alondra de la pradera.
Yo soy la atracción principal. Hago trucos de magia,
y doy charlas educativas, ilustradas, con una muestra gratuita.
¿Qué me dice, Pastor?
Bueno, yo... Lo siento, señor... profesor Jones.
Me temo que no puedo aceptar su oferta.
Pero si viene al servicio de mi iglesia el próximo domingo
y pone algo en la colecta, eso es asunto suyo.
Y si yo decido llevar a mi familia al espectáculo, es asunto mío.
Pero no le prometo comprar medicinas.
Ven aquí, mozalbete.
Ven, hijo.
¿Qué tienes en la otra oreja?
¡Pero si no es la oreja! ¡Aquí está, eso es!
HAY ESPERANZA
- Tío Famous. - Pastor.
- Buenas noches, Famous. - Buenas noches, Pastor.
Háganse a un lado, dejen pasar al Pastor.
- Buenas noches, Sra. Gray. - Buenas noches.
Buenas noches.
¿Es un sombrero nuevo, Sra. Gray?
No es nuevo, es el mismo con una cinta diferente.
Pasen por aquí, amigos. Dejen al Pastor, aquí, por favor.
- ¡Eh, Jed! - Hola.
- ¿Qué tal tu pierna? - Regular, D. J., sólo regular.
Compra esa medicina, dicen que es buena para los ancianos.
A ti no te ha ayudado mucho.
A mí no me parece gracioso.
¿Qué pasa, te sientes mal?
¿No es una forma estúpida de ganarse la vida para un adulto?
Muy bien. Ahora guardemos silencio, amigos. Un silencio bonito y tranquilo.
Amigos, están a punto de ser testigos
de una proeza de magia negra, juegos de prestidigitación
y juegos de manos, que me enseñó un viejo amigo indio.
Una asombrosa hazaña, confusa y casi imposible. Esperen a ver.
Voy a necesitar la ayuda de alguien del público.
¿Qué tal tú, mozalbete?
¿Me echarás una mano?
- Venga, no seas tímido... - No subas si no quieres.
¡Es el chico del Pastor! Favor que me hace.
¡Qué chico tan estupendo y fuerte tiene, Pastor!
¿Qué tienes aquí? Un momento... Veamos.
¿Qué es esto? ¡Mirad esto! ¡Mirad!
¿Esto es tuyo?
No dejes que eso te preocupe, quédate aquí.
Aquí también tienes algo. ¿Qué es esto?
Miren, salchichas. 3, 4, 5... Una ristra entera de salchichas.
¿Qué les parece? Se ha traído la cena.
¿Tienes hambre, chico? Claro que sí. No he visto a un chico que no la tuviera.
Pues haremos algo al respecto. Traed los cacharros, chicos.
Mira esto. ¿Te apetece probar alguna de mis especialidades,
como el popular y penetrante pudín Pikapoo del profesor Jones?
En un momento lo preparo.
Echamos un poco de harina y agua. Luego un buen escabeche.
Se pone aquí. Se espolvorea corazón de manzana
y esencia de unas viejas botas de goma.
Señoras, si quieren la receta de este exótico plato,
serán bienvenidas después del espectáculo.
Traigan lápiz, papel y un poco de sales aromáticas, sólo eso.
Ahora ponemos un pellizco de levadura,
Un poco de cera de vela fundida... ¿Y qué hay de Vds., señores?
¿No les gustaría ver algo distinto en la mesa para variar?
¡Claro!
Pues pidan un delicioso y pernicioso pudín Pikapoo.
Y acabamos con un toque del famoso extracto Pikapoo.
Lo aderezamos con la pluma de la cola de un pavo.
Lo dejamos cocer un poco, y apretamos bien la tapa.
Sujétalo chico, ¿quieres?
Y ahora repetimos la fórmula mágica:
¡Aba-dica-daba-duza-buza-dica- buza-babalo! ¡Presto! ¡Chango!
¡Y ya está el pudín! ¿No quieres ver qué tal ha salido?
Venga, echemos un vistazo.
Eso es todo, hijo. Muchas gracias.
Y ahora, si se acercan más,
cuando oigan el nombre de mi producto:
"El tónico de calamita del viejo Jones",
sólo quiero que recuerden unas palabras. ¿Y cuáles son, amigos?
"Hay esperanza". Así es.
Y no importa cuáles sean sus achaques,
de la mente o del hígado, de los nervios o cualquier órgano,
recurrentes, malignas, epidémicas...
Ve a buscar al Dr. Harris.
No ha cenado mucho.
Pensamos que sólo era la excitación del espectáculo.
Me temo que son fiebres tifoideas.
- ¿Fiebres tifoideas? - ¿Qué podemos hacer?
No mucho.
Mantenerle lo más cómodo posible.
Dele una cucharada de esto si está inquieto.
Y hielo cuando la fiebre sea alta.
Escuchen... Es joven y fuerte, lo tiene todo de su parte.
Con suerte, no hay motivo para que no salga de ésta.
Bajemos al río.
Vamos a nadar.
Bebamos algo. Tengo sed, mucha sed.
El sol quema tanto.
Metamos la cabeza en el agua.
Hace días que no duermes.
- Te voy a llevar a la cama. - No estoy cansada.
Échate un rato, cariño.
No me moveré de aquí. Te llamaré si algo...
Recuerda lo que dijo el médico, ahora depende de John.
Eso es.
Los días parecen años en momentos así.
Sólo puedo pensar en las veces que no fui cariñosa con él,
en las veces que le hablé duramente.
No sé si lo entendió siempre.
Un niño pequeño no entiende
que puedes quererle y a la vez hablarle con aspereza.
Es difícil saberlo.
Para mí siempre ha sido como si fuera mío.
Exactamente igual.
Tal vez no haya sido igual para él.
Supongo que fue una locura por mi parte pensar que sería lo mismo.
No hables, cariño.
Sólo me gustaría haber sido más dulce con él, sólo eso.
Es tan buen muchacho...
Nunca hizo nada realmente malo.
Me gustaría poderle decir lo buen chico que ha sido,
y qué bendición.
¡Harriet!
- Tía Harriet. - ¿Sí, cariño?
Tengo hambre.
¿Habrá alguna estrella, alguna estrella en mi corona?
Vas a llegar tarde, Sr. Gray.
Vamos, arriba, arriba.
- ¿Y tú? ¿Irás así a la iglesia? - Hoy hago novillos, como tú.
Sr. Gray...
Hay tiempo de sobra, Harriet.
Siempre dices lo mismo. Toma.
Sr. Gray, podría tener a toda tu parroquia lista, en la iglesia...
...antes que a ti.
Harriet, debes admitir que el resultado merece la pena.
No te veo convencida.
Tal vez sigas buscando esa vara recta.
- Esa broma es muy vieja. - Hoy echaré de menos tu voz.
Hablas como un tambor engalanado. Vete.
John, si tienes la ventana abierta podrás oír los cánticos.
¿Cantarás "Estrellas en mi corona"?
Creo que lo podré arreglar.
No me miréis con esa cara los dos.
Sé lo que estáis pensando y no os va a servir de nada.
Gussie Lou Lieles tocará el órgano, Sr. Gray, y los himnos están escogidos.
¿Te gustaría saber cuáles son?
¿Lo ves, John? No se puede ganar a tu tía Harriet.
Una vara recta, desde luego.
- ¿Una vara qué? - Es una vieja historia.
Nunca la he oído.
Es sobre un joven que venía a visitarme.
Cuéntamela, tía Harriet.
Verás, antes de conocer al Pastor,
nunca estaba satisfecha con los pretendientes que venían.
Solía reírme de ellos y bromear sobre su forma de actuar.
Al final mi madre me dijo:
"Harriet, una vez conocí a un hombre que fue al bosque,
buscando una vara bien recta para fabricarse un bastón.
No muy lejos, encontró lo que pensaba era una vara de roble.
Pero cuando fue a cortarla vio que no era lo bastante recta.
Buscaré una más larga", dijo el hombre.
"Y lo mismo ocurrió con cada árbol de ese bosque.
Se hizo de noche y había pasado todo el día en el bosque
sin nada que compensara sus esfuerzos".
Mi madre me dijo: "Harriet, así eres tú con los hombres".
Me dijo: "A todos los hombres les pasa algo,
y si estás buscando al hombre perfecto, nunca lo encontrarás".
Pero cuando vi al Pastor, supe que mamá se equivocaba.
- Tía Harriet. - ¿Sí, querido?
¿Sabes? Me alegro de vivir contigo y con el Pastor,
en vez de con una madre y un padre como los otros chicos.
¿Has oído lo que he dicho?
¿Habrá alguna estrella, alguna estrella en mi corona?
Cuando al atardecer se ponga el sol.
Cuando despierte con los dichosos En las mansiones del descanso
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
Seguía en cama cuando se abrió la escuela,
y el Pastor bajó como siempre a inaugurar el curso.
Me gustaría pediros algo.
¿Cuántos rezáis con regularidad?
Bien, bien. Eso está muy bien.
No os apoyéis tanto en la ayuda de Dios
que olvidéis ayudaros vosotros mismos.
Recuerdo una vez en la batalla de Cattanooga, en el 63,
que mi caballo se cayó sobre mí, y yo quedé atrapado.
Caí al lado de un viejo soldado que mascaba tabaco.
Me miró tirado en el suelo y vio mi Biblia en el bolsillo.
Y me dijo: "Hijo...
que Vd. sea religioso, no significa que tenga que tener el trasero en el suelo".
Ha sido un verano muy largo y desearéis volver a los libros.
Los libros podrán esperar un día más, ¿no creéis? Se acabó la clase.
Sr. Gray, me gustaría hablar con Vd.
¿Puedo preguntarle qué hace aquí?
- ¿Por qué lo pregunta? - Use la cabeza, hombre.
Hay fiebre tifoidea en su casa.
Si no quiere contagiarla, será mejor que se vaya a casa.
Un momento, por lo que he oído, las fiebres vienen
por beber agua en malas condiciones, no de predicar bien o mal.
Yo entiendo de mi profesión.
- ¿Ha visitado a John esta mañana? - Sí.
¿Habló con él, se sentó en su cama, le tocó?
Sí, supongo que sí.
Eso le convierte en un portador potencial, ¿no se da cuenta?
Viniendo aquí puede haber expuesto a los niños y a la Srta. Samuels a una infección.
¡Alto ahí!
He entrado y salido de la habitación de John igual que Vd.
Y he seguido con mis asuntos, yendo a las casas y pronunciando sermones.
Al igual que Vd.
Entonces deberían encerrarnos a los dos.
¿Cuánto tiempo cree que la ciudad podría pasar sin mí? ¿Quién haría mi trabajo?
¿Y quién haría el mío?
Apenas abrió la escuela cuando tuvo que volver a cerrar.
Faith Samuels cayó con las fiebres tifoideas.
Y en poco tiempo, había luces encendidas hasta el amanecer
a medida que la enfermedad iba propagándose.
Llegas tarde, Sr. Gray.
He parado en casa de los Isbell, Chase ha pillado las fiebres.
¿Chase también? No le digas nada a John.
Nunca vi a Jed en ese estado. Está asustado.
Queriendo pedir ayuda y no sabiendo a quién.
La verdad, yo mismo tengo miedo.
Ven a comer.
7... no, 8 casos esta semana.
Faith Samuels, Kim Aldridge, Effie Meyers,
las dos chicas de los Ware.
Y el pequeño de los Carroll, Bobby Sam.
Y ahora Chase.
Y mañana otro más, a no ser que encontremos la fuente.
Hay que encontrarla.
Cuando el Sr. Backett vino con las provisiones,
dijo que era extraño que no examinaras el pozo de la escuela.
Si Lon Backett tuviera cerebro, sabría que no puede ser ese pozo.
John enfermó antes de que el colegio empezara.
Es cierto.
El pastel de pollo está bueno.
¿Pastel de pollo?
- Sr. Carroll... - ¿Qué pasa, Thad?
Me manda mi esposa, Pastor. Nuestro Bobby Sam...
está... Pastor, ¿puede venir?
Claro que sí.
Pase, he renunciado a intentar decirle lo que debe hacer.
Pero hay un niño muerto que podría estar sano si usted...
¡Ya ha dicho suficiente!
Ha muerto.
- Iré allí. - No, espera.
Te dije que tuve unas palabras con Dan Harris en la escuela.
Esta noche ha vuelto a suceder. Piensa que es culpa mía.
Casi consigue convencerme de ello.
¿Qué quieres decir?
Que tengo la fiebre de John y que de alguna forma la contagié a los niños,
a Faith y a no sé cuántos más.
Eso no es cierto.
¿Quienes somos para decir que no es cierto?
Él es médico, un buen médico, conoce su profesión.
Supongo que debí escucharle aquel día, pero me irritó.
No dejo de pensar que tal vez tenía razón.
Tal vez siempre tuvo razón, y ahora es demasiado tarde.
Demasiado tarde para Bobby Sam.
Harriet, ¿qué voy a hacer?
Vas a seguir, por supuesto. Como siempre.
Con todo esto, ahora es cuando la gente más te necesita. Ellos...
¿Sabes qué me dijo Dan Harris?
"Váyase a casa y quédese allí".
No fui bastante hombre para hacerlo.
No puedo decir si lo soy para hacerlo ahora, pero pretendo descubrirlo.
Pero mañana, el servicio...
No habrá ningún servicio.
"No se celebrarán servicios religiosos en esta iglesia hasta nuevo aviso.
Rogamos recen por los enfermos.
J. D. Gray, Pastor".
Cuando el Pastor cerró la puerta de la iglesia,
también cerró la puerta de sí mismo.
Era lo único que podía hacer por los que confiaban en él.
El resto dependía del Dr. Harris.
En cierto sentido, esos tiempos desgraciados,
fueron el regreso al hogar del joven doctor.
Y ahora, por primera vez, sabía lo que era sentirse necesitado,
que le recibieran como un amigo de confianza.
Incluso era bueno acabar con los ojos rojos y cansados.
Dormitando cuando podía en el camino de casa en casa,
a fin de que otros durmieran mejor gracias a él.
Ya no se sentía un extraño entre las personas
que habían entrado a formar parte de su vida.
- Está bien, se recuperará. - ¡Gracias a Dios!
Afortunados, como los Isbell,
cuyos rostros expresaban agradecimiento mejor que con palabras.
Y los otros, como Kare y Harry Ware, cuyo dolor era su dolor.
He hecho lo que he podido.
Lo sé, doctor.
Pero ahora necesitamos otra clase de ayuda.
Entonces le pareció al joven doctor que tal vez él
también necesitaba ayuda.
Pero más allá de esa ventana, ojalá lo hubiera sabido,
había un hombre más necesitado que él.
Todo lo que teníamos era de la gente de Walesburg,
la casa que nos guarecía, la comida, la ropa que vestíamos.
Pero lo que aprendimos a valorar más que nada
era la fe en los corazones de aquellos que nos lo daban.
Nunca habríamos sido ricos, excepto en eso.
Y ahora éramos pobres.
Durante días nadie vino a llamar a la puerta del Pastor.
Y por primera vez, que yo recordara, no había suficiente para comer.
Si vas a salir, ponte el abrigo.
¿He dicho que iba a salir?
Pensé que tal vez ibas al cementerio otra vez.
Hoy enterraron al hijo de los Ware. Vi pasar el cortejo.
Pensaba subir.
Han pasado dos semanas.
¿No vas a escribir al obispo para que envíe a alguien?
¿Para que alguien haga mi trabajo? Sigue siendo mi trabajo.
Si la gente de por aquí quiere un cambio, que lo pidan.
Deben decidirlo ellos, no yo.
Pensarás que es justamente eso lo que harán en breve.
- Tal vez esperes que lo hagan. - ¡No!
John cree en ti, igual que yo.
Eso debería bastar a cualquier hombre.
Cualquiera menos tú.
No tienes que hacer un bonito sermón.
Si John y yo fuéramos suficiente para ti, no serías como eres.
Sé que ahora quieres mucho más de lo que podemos ofrecerte.
Más que comida, abrigo o alabanzas de amor.
Lo que quieres es volver a recuperar a tu pueblo.
Si era bastante bueno para mi padre.
Si era bastante bueno para mí.
Hola, muchacho. Entra en casa.
Hace tanto que no te veo que temía que me hubieras olvidado.
Vengo a por Belle, ¿está aquí?
¿Mi Belle? No pretenderás ir de caza a estas horas, ¿no?
Sí. Es que necesitamos...
Tía Harriet quiere que vaya.
Será mejor que pases. Estoy en plena corriente de aire.
Sólo he venido a por Belle.
Bueno, Belle no acepta invitaciones en estos momentos.
Mira lo que ha pasado desde la última vez.
¿Cuál es el problema, chico?
¿Quién dice que hay problemas?
Tu cara habla por sí misma.
Estar en casa es horrible, es como estar en la cárcel.
Peor que en la cárcel, porque no hemos hecho nada.
Claro que no.
¿Entonces por qué existe algo como las fiebres tifoideas?
Sólo sirven para hacer daño a la gente.
No podemos saberlo todo.
Podría haber algo bueno en ello, sólo debemos esperar a ver.
He esperado y sigo sin verlo.
Las fiebres no son una historia nueva.
Supongo que es como las malas hierbas del campo,
que uno se ve obligado a arrancar de vez en cuando.
He visto aguas tan dulces y limpias que daban gusto verlas,
y que han infectado de tifus a la gente.
Esa fiebre se mete en un arroyo o en un pozo a pesar de todo.
No puede ser el arroyo. Nunca bebí en él.
No dije que fuera el arroyo.
Cuando supe que todos esos niños se habían puesto enfermos,
me dije al momento que el pozo de la escuela había provocado la enfermedad,
pero ellos... ¿Eh?
- Digo que me dije... - No, el pozo de la escuela...
Tal vez sea la causa.
Supongo que no, lo habrán examinado.
¿Por qué? ¿Qué te pasa? ¿Chico por qué corres?
¡John Kenyon!
¡John!
- Sé lo que provocó la fiebre. - Cálmate, hijo.
¡El pozo de la escuela!
El tío Famous tiene cachorros, ¿puedo quedarme uno?
No puede ser el pozo de la escuela. Fue lo primero que pensó el Pastor.
Caíste enfermo una semana antes de empezar la escuela.
Pero bebí del pozo.
- Dilo otra vez. - Estuve allí con Chase Isbell.
Bueno, no sabíamos que tenía fiebres tifoideas.
Harriet, ¿y mi sombrero?
¿Quién le dice a Gene Caldwell que tapie ese pozo?
Yo.
Bien. Dile que se reúna conmigo, haremos juntos el trabajo.
John, luego corre la voz por todo el pueblo.
Tú también, debemos asegurarnos que ese pozo no haga más daño.
Pastor, le necesitan en casa de la Sra. Belcher.
La Srta. Faith Samuels se está muriendo.
¿Faith?
- Me encargaré de todo, tú vete. - Claro.
- ¿Quién te envía, Cloroformo? - De casa de la Sra. Belcher.
¿Pero quién? ¿Fue la Sra. Belcher?
No, Pastor. El joven doctor me pidió que viniera.
Gracias.
Buenas noches, Sra. Belcher.
Le mandé buscar porque sé que ella hubiera querido que estuviera aquí.
- No puedo hacer nada por ella. - Por favor, espere fuera.
Una vez me pidió que saliera de la habitación de un enfermo.
Ahora se lo pido yo.
"Es tu última oportunidad.
Tienes 24 horas para largarte de estas tierras.
Vete o te colgaremos por el cuello.
Lo decimos en serio. Los Jinetes de la Noche".
Déjame verlo.
No lo entiendo.
Sencillamente no lo entiendo.
No hay nadie en millas
que no conozca tan bien como yo a este chico.
¿Sigue sin querer vender?
No podría hacerlo, Pastor.
Es mi propiedad, todo el mundo lo sabe.
Si tengo que morir, lo haré en mi propiedad.
Sr. Backett, he venido a decirle
que esta persecución al tío Famous ha ido demasiado lejos.
- Deténgala... - ¡Espere, Pastor!
Voy siempre a la iglesia, y lo sabe.
Pero eso no le da derecho a meterse en mis asuntos.
Ahora sus asuntos afectan a los míos.
Se lo pido ante Dios, ¿no se da cuenta de lo que está haciendo?
Asesinar a un anciano, robar su finca, y el trabajo ya está acabado.
¡No se acabará ahí, ni lo piense!
¿Y Vds. dónde han estado las últimas semanas?
¿No han visto lo que hacen las fiebres?
¿Cómo un pozo envenenado ha sembrado de dolor la ciudad?
¿No ven que el veneno es una minucia comparado con esto?
Si dejamos entrar al veneno,
se extenderá hasta que no quede ni un alma en Walesburg.
Me aseguraré de que no empiece.
- ¿Asegurarse...? - Sí.
No se colgará a nadie mientras un hombre pueda impedirlo.
¡Jinetes de la Noche! ¡Gallinas disfrazadas!
Me avergüenzan a mí y a Dios que les creó y les llamó hombres.
¡Y si no fuera su siervo, les daría de latigazos a todos!
- ¿Se lo vamos a consentir? - ¡Cerradle la boca!
Si quiere pelea, se la daremos.
Tengo ganas de que llegue esta noche.
Rolfe dice que tienes problemas con el grupo de Backett.
- Es una forma de decirlo. - ¿Hay bastante lío para seis?
- Viejo Jed, nunca cambiarás. - Como en los viejos tiempos.
Te traje un caballo, así que coge tus pistolas y vámonos.
Esta vez no las cogeré. Temo dejarme llevar y usarlas.
Para eso están, ¿no?
Tal vez, pero yo no estoy para eso.
El Señor sabe que quiero que vengáis conmigo,
pero será como os diga y con mis condiciones.
- Yo me encargaré de las armas. - No, de eso nada.
Ya no tienes amigos en ese grupo, y vas a dejarles sin fiesta.
Necesitarás que alguien cuide de ti.
- Supongo que estaré protegido. - J. D. Gray, ya no te conozco.
¿Cuándo te quitarás esa levita para convertirte en un hombre?
¿Cuándo irás a la iglesia, Jed?
¡Vamos, muchachos!
Ten cuidado.
Nunca olvidaré cómo me sentí esa noche
mientras veía al Pastor dejándome atrás.
Pero sabía ir a casa del tío Famous tan bien como él.
Y si su pueblo le había fallado, yo no haría lo mismo.
¡Sal fuera, Famous, o iremos a buscarte!
Bien, vamos por él.
- Pierde el tiempo, Pastor. - No tiene ninguna posibilidad.
- Échese a un lado. - Apártese.
¡Sal fuera, Famous!
¡Alto! ¡Esperen un momento!
Antes de que vayan más lejos, me gustaría decirles algo.
Tengan presente que no intento convencerles de nada.
Si siguen empeñados en hacerlo no sé cómo puedo pararles.
He venido aquí esta noche...
¡Tío Famous! ¡Pastor, no lo permita!
¡No les deje! ¡Suéltenme!
¡Pastor! ¿Por qué no los detiene? ¡Párelos!
- ¡Tenemos que detenerlos! - ¡Sácale de aquí! Maldito crío.
No me han dejado terminar.
He venido aquí porque el tío Famous me pidió que viniera.
Sabe que tiene que morir, pero como todos los demás,
quiere arreglar sus cosas con Dios y con los hombres antes de irse.
Hemos rezado juntos y hemos hablado juntos.
El tío Famous incluso ha hecho testamento.
- ¿Testamento? - ¿Pero de qué habla? No tiene nada.
¿A quién deja su propiedad?
Sí, ¿quién se quedará con la veta de mica?
Un momento, un momento.
Para que no haya discusiones, voy a leer el testamento
delante del tío Famous.
Y cuando lo hayan oído y sepan que es suyo, podrán seguir con su tarea.
El testamento lleva las palabras del tío Famous.
No son las palabras de un abogado, sino como él lo ha dictado.
"No he ahorrado mucho en esta vida, pero lo que tengo,
quiero que vaya a mis amigos.
Mi casa se la dejo al Sr. Ernest Cumberly, cuyo padre me dio la libertad.
No podría irme sin dejar algo al hijo del viejo Sr. Cumberly,
Y después de mi libertad, mi casa es lo que más valoro.
Quiero que mis cañas de pescar sean para el Sr. Clem Ekhart.
Cuando era un niño le enseñé a pescar percas doradas.
No tuvo tanta suerte como yo.
Le dije que era porque mi caña era mágica.
Le brillaban los ojos al oírlo.
Tal vez ahora pesque algún pez.
Quiero que el Sr. Perry Lokey se quede con mi huerto de sandías.
Ya era adulto cuando dejó de quitarme las sandías.
Y él sabía que le había visto.
La vieja escopeta quiero dejársela al Sr. Lem Chilsters.
Siendo un niño disparó a un conejo de cola blanca
y dio de lleno a una cerca.
Creo que ya será lo bastante mayor y bastante hombre para manejarla.
Quiero dejarle mis cerdos y mis gallinas al Sr. Thad Gabry.
¡Cómo le gustaban las barbacoas a ese muchacho!
Podía olerlas a una milla.
Quiero que hagan una gran barbacoa con nuestros amigos.
El Sr. Bill Kope puede quedarse con mi navaja de afeitar.
Desde que le llegaba a la rodilla de un sapo saltarín,
lo que más quería en el mundo era una barba.
Supongo que ahora tiene más barba de la que quiere.
Cada vez que afile mi navaja,
espero que le recuerde que el Señor provee.
Mis herramientas se las dejo al Sr. Mat Dibson.
Una vez ayudándome a cortar leña se cortó un dedo con mi hacha.
Supongo que ahora es el mejor jefe de aserradero del mundo.
Mi vieja perra Belle, se la dejo al Sr. Justin Bryler.
No tenía su propio perro cuando era un niño.
Quiero que la deje suelta, que no la ate con ninguna cuerda.
Quiero que la mica de mi finca vaya al Sr. Lon Backett.
Parece que quiere esa mica con desesperación.
Ahora se la podrá quedar.
Quiero dejarle algo más al Sr. Backett.
Quiero que se quede con mi Biblia.
No es bonita. Supongo que está muy desgastada.
Pero quiero que el Sr. Backett se la quede. Y espero que la lea".
Ya pueden colgarle.
Aquí no hay nada escrito.
Esto no es ningún testamento.
Sí que lo es, hijo. Es la voluntad de Dios.
Para honrarte, qué gran deudor.
A diario estoy obligado a ser.
Permite que tu bondad, como una cadena.
Ate mi corazón ante ti.
Inclinado a desviarse, Señor, lo noto.
Inclinado a abandonar al Dios que amo.
Aquí está mi corazón, tómalo y séllalo.
Séllalo para el tribunal celestial.
Amén.
Habrá alguna estrella.
Alguna estrella en mi corona.
Cuando al atardecer se ponga el sol.
Cuando despierte con los dichosos En las mansiones del descanso.
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
Hoy pienso en esa hermosa tierra.
Que alcanzaré cuando se ponga el sol.
Cuando me encuentre ante la gracia de mi Salvador.
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
Habrá alguna estrella, alguna estrella en mi corona.
Cuando al atardecer se ponga el sol.
Cuando despierte con los dichosos En las mansiones del descanso.
¿Habrá alguna estrella en mi corona?
En mi corona.
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