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Zulu
(Música)
Fíjate, Connie, ahí está ese hombre otra vez.
-Y siempre con la misma cara.
¿Queréis que os diga un secreto?
Este pueblo no me gusta nada.
(RÍE) Vamos para dentro, chicas.
Estoy seco.
Eh, amigo, dame de beber.
No he visto todavía su dinero. ¿Que no lo has visto?
Dame de beber o compro el salón y te echo a patadas.
¿Qué te ocurre, Doc? ¿Has heredado?
Toma, esto para ti.
Y esto también para ti, para que no tengas envidia.
No, no, no, es lo último que me queda,
y con esto tengo que edificar mi porvenir. (RÍE)
Atención,
ese idiota parece que viene por nuestro dinero.
-Vamos a darle una oportunidad.
¿Me permiten? ¿Hay sitio para uno que intenta ganar dinero?
Sí, siéntese. Hoy no tengo ni día.
Muy bien.
No se preocupe, está muerto.
1000 $.
¿Nunca los traes vivos? 1000 $, sheriff.
¿Cuándo dejarás de cazar forajidos, Slade Carroll?
¿Cuándo? Sí, cuándo.
Cuando la gente como usted
deje de estar sentada detrás de esa mesa.
Lo siento, amigos, la suerte tiene sus caprichos.
No me gusta su manera de jugar.
Tendrá que darme la revancha.
No debería usted jugar si luego le molesta perder.
Caballeros, cuando el contrario no tiene más dinero,
lo aconsejable es retirarse.
¡Un momento!
Estas cartas están marcadas.
-Es cierto.
Tendrás que devolver el dinero.
-No eres más que un ladrón.
Esas palabras son muy duras, caballero,
será mejor que las mediten.
Lo ha asesinado. -No hay derecho.
-Han matado a Leslie, sheriff.
-¿Quién ha sido? -No lo sé, un ventajista.
-Las cartas estaban marcadas. -Yo lo conozco.
-¿Pero quién es? -Se llama Doc Manos de Plata.
Un célebre cirujano que hoy no es más que un borracho tramposo.
-10 000 $ al que me traiga vivo o muerto al asesino de ese hombre.
No podemos permitir más crímenes en esta ciudad.
-¿Usted lo conoce, Slade? No.
Pero eso no importa.
Dígame cómo es.
(Música)
(Disparos)
(Música suspense)
Kitchener...
Larry Kitchener.
(Continúa la música)
Quisiera comer algo y una cama para pasar la noche.
Trinidad, prepara una estancia para el señor.
Por favor, ¿cuál es su nombre?
Larry Kitchener.
(Música tensión)
Bueno, ¿qué ocurre? ¿Tengo o no tengo esa habitación?
Por supuesto que la tiene, señor, no faltaba más.
Acompáñale, Trinidad. Enseguida bajo, prepáreme la comida.
Por aquí, señor, sígame.
-¿Has oído? Es Larry Kitchener. -Vaya noticia para los de Baldosas.
-Nunca pensé que llegaría a verle en persona.
Larry Kitchener en este país...
(Música)
(ACENTO MEXICANO) Cuidado no se maree, Eulogio, hombre.
Dale otra vueltecita por allá,
para que no sea menos que su compadre. ¡Vamos!
Miren no más qué rebonito y qué sabroso.
¡Epifanio, Anastasio! ¿Mande, mi general?
Vean cómo les obsequio, por valientes y muy bragados.
Que no se diga que no sé premiar
a los hombres que mataron a Larry Kitchener.
(ESCUPE) Ese hijo de la tiznada
que Dios haya perdonado. ¡Suéltenme!
¿Qué pasa por ahí? ¡Cobardes!
¡Suéltenme!
¿Pues qué manera son esa de tratar una señora, hombre?
Agárrenla fuerte, pero con respeto.
Sucio, sucio asqueroso, no conseguirás que deje mi rancho,
no lo conseguirás. ¡Asesino!
No comprendo por qué me dice esas malas palabras.
Yo soy bueno, señora.
Y jamás me meto con las mujeres indefensas.
¡Suelten a mi mamá! ¡Bob!
¡Sinvergüenza! ¡Maldito alacrán!
Esos gringos de pequeñitos ya tienen mala sangre.
¡Vamos, lléveselo! ¡Vamos! ¡Deje al niño!
¡No quiero verlo en la vida, vamos! ¡Suélteme, sinvergüenza! ¡Déjeme!
Suelte enseguida a mi hijo.
Con mucho gusto, señora.
A condición de que luego contaré con su agradecimiento.
¡Reyes!
¿Qué pasa? He visto a Kitchener.
A Larry Kitchener.
Será su alma en pena.
No, no, estaba vivo. ¿Pero qué dices?
Acaba de entrar en el puesto de Agustín.
¡Márchate!
¡Perros malditos!
¡Hijos de viuda!
¡Desmadrados!
Engañar así a vuestro generalito, que os hizo hombres.
¡Doroteo, Fulgencio! ¡Vamos!
¿Es verdad eso, perro?
Yo lo maté, seguro que lo maté. ¡Fuera! ¡Adelante!
(Música tensión)
No...
(GRITA)
Por lo que más quieras, Reyes, perdóname, que soy tu amigo.
Eso es verdad, amigos somos. Que yo no te traicioné, te lo juro.
¿No te acuerdas ya de cuando dimos juntos el primer golpe?
¿Y cuando te hirieron en aquella quebrada,
no fui yo, tu amigo, que te curó? Es cierto.
¿Y ahora me vas a pagar así, con esa moneda?
Que no se diga que el general Reyes es un desagradecido.
Levántate y vete, no quiero verte más la cara.
¡Vamos, que me se agota la paciencia! ¡Vamos!
(Disparo)
Se lo dije, que no quería verle más la cara.
Pena me da, señora, de no quedarme con usted,
pero se me atravesó un perro en el camino y tengo que apartarlo.
¡Soltadla! ¡A los caballos, deprisa!
No, señor, ese hombre que usted dice no ha pasado por aquí.
Además, nosotros no recibimos vagabundos.
Ahí fuera he visto otro caballo. ¿De quién es?
Es el caballo de Larry Kitchener.
Es la primera vez que viene por aquí. ¿Le conoce?
¿Kitchener?
¿Qué le traerá por estas tierras?
Le conozco, pero solo de nombre.
No, gracias, no bebo. Tráigame de comer.
¿Está lista mi habitación?
Sí, la del fondo del corredor, no puede equivocarse.
-Buenas, señor.
(Guitarra)
¡Hombre! Si está aquí el señor Kitchener.
Pero qué bueno y qué gusto me da verle.
¿Quién es usted?
Me llamo Pablo Reyes, ¿no le dice nada mi apellido?
No le conozco, amigo. ¡Oiga!
(RÍE) ¿Por qué me llama amigo?
Yo no soy su amigo, hombre.
Yo solo soy un modesto recaudador de contribuciones
y todos los que pasan por este territorio
tienen que pagar a Pablo Reyes.
Mire, cuate, ¿usted no sabe lo que cuesta mantener el país
en orden y calladitos?
Usted no me pagó, ¿verdad? No me ha dado usted tiempo.
(RÍE) Pues ahorita mismo se lo doy, hombre.
Son 100 $, compadre.
Muchas gracias, amigo. Me estás gustando, gringo.
Ahorita ya nos podemos llamar amigos. (RÍE)
Pero me tienes que dar 100 $ más por usar armas en mi territorio, ¿sabes?
Creo... Creo que estoy en deuda con usted, le debo la vida.
Me han dicho que es usted Larry Kitchener.
No podía dejar que le mataran.
Espero volver a verle pronto, señor Kitchener.
¿Por qué no? Es un sitio muy tranquilo.
¿Hacia dónde va usted? En dirección a Baldosas.
Yo voy hacia allí también.
¿Le importa que le acompañe? No, al contrario.
No me gusta viajar solo.
(Música)
Tome.
Gracias.
Una tierra inhóspita, ¿eh? (ASIENTE)
Toda Arizona.
Debe ser difícil seguir un rastro por aquí, ¿verdad?
¿Le persiguió mucho tiempo?
Dos días.
No creo que le hiciera mucha gracia el verle.
No dijo nada.
Estaba muerto.
¿Y cómo se llamaba ese hombre? Doc.
Manos de Plata.
Qué apodo tan raro. Había sido un buen cirujano.
¿Un buen cirujano?
Creí que era por su habilidad con las cartas.
También por eso.
Pues son aficiones bien distintas.
Y para las dos hacen falta buenas manos.
Extraña profesión la suya.
¿Gana usted mucho dinero persiguiendo forajidos?
Mucho dinero
y una gran satisfacción.
(Música)
Tiene aspecto de pueblo abandonado.
(Música festiva)
Parece que es usted muy popular.
Bienvenido a Baldosas, señor Kirchner.
El señor Kirchner es él.
Perdóneme, pero por aquí tan solo le conocemos de nombre.
Recibió usted nuestra carta, ¿verdad? Su carta... Sí, claro.
¿Le importaría bajar del caballo, señor Kirchner?
Soy el juez de Baldosas.
-Juraría que esta cara la he visto en otra parte.
(Aplausos)
Con la autoridad que me confiere la ley de este estado,
nombro a Larry Kirchner sheriff de Baldosas.
(Vítores)
Enhorabuena, señor Kirchner.
-Un momento, amigos. ¡Un momento, amigos!
¡Silencio!
¡Silencio!
¡Un momento, ciudadanos de Baldosas!
Muchos de vosotros aún no habréis salido de vuestra sorpresa
y, sin embargo, es cierto.
Larry Kirchner está con nosotros,
y no solamente está aquí, sino que es nuestro sheriff.
(Vítores)
Yo podría preguntarle a este hombre por qué ha venido,
pero no voy a hacerlo.
Y no voy a hacerlo por una sola razón,
porque no querría contestarme.
Oficialmente, ha venido por un modesto sueldo de 100 $ al mes,
pero a él no le importa el dinero.
En realidad, Larry Kirchner no puede soportar ver sufrir el desvalido,
ver imperar la violencia, triunfar el crimen.
-¡Viva el sheriff!
(Vítores)
Corríjame si me equivoco.
Este es el hombre que terminó con los hermanos Spencer
en Colorado Springs,
el que metió a la cárcel a Billy Carrigan,
el famoso zurdo, y a toda su pandilla.
Los Preston, los Burton... -¿Sabes, mamá?
Ahora que ha venido el señor Kirchner,
verás como matará a Reyes. Tú cállate.
Sería interminable la lista de malhechores
puestos fuera de combate por este hombre
siempre al servicio de la justicia y de la ley.
Ocasión tendremos de que él mismo la complete
cuando sume a sus hazañas la muerte de Reyes.
(Vítores)
¿Así que usted va a matar a Pablo Reyes?
Sí, es a usted a quien se lo pregunto.
Disculpe, señor Kirchner, es Norma O'Connor.
Parece que a eso he venido.
¿Por qué lo pone en duda?
¿Y qué hará usted cuando lo vea? ¿Huir como hizo del último sheriff?
¿O quizá ponerse de acuerdo con él? Por favor, cállate, Norma.
Ayer atacaron su rancho y está muy nerviosa.
¡Eso no es cierto! Estoy tranquila, muy tranquila, señor Kitchener.
¿Y sabe por qué? Porque he aprendido defenderme sola,
sin contar con estos valientes.
Mírelos, señor Kitchener.
Ahora son muchos a darle aquí la bienvenida,
luego serán más cuando beban en el salón.
Pero a ver cuántos quedan el día que asome por aquí Pablo Reyes.
Yo se lo diré. ¡Ninguno!
Sí, son tan valientes que dejaron morir a mi marido.
Por eso usted hará como los otros, hartarse y se marchará de Baldosas,
dejándonos solos con Pablo Reyes.
Lo siento, señor Kitchener, pero, en el fondo, no le falta razón.
No, ni valor tampoco.
Bueno, señor Kitchener, le habíamos preparado un refrigerio en el salón.
¿Quiere hacernos en honor? ¡Todos están invitados!
(Vítores)
(Música)
¿Qué hace usted aquí?
Creí que se había ido ayer. No.
Antes quisiera hacerle una proposición.
¿Proposición?
Sí.
Algo que puede interesarle personalmente a usted.
Dígame.
Su posición es muy peligrosa y está usted solo, no lo olvide.
¿Cree que saldrá de esta, Kitchener?
Tal vez me necesite.
He pensado que...
Quizá le convendría llegar a un acuerdo conmigo.
¿Dice usted un acuerdo?
¿Sobre qué? Necesitará un ayudante.
He oído hablar de 50 $.
¿Se quedaría usted por 50 $? No es mucho.
Pero se puede ganar bastante más por aquí.
Es posible. Entonces, ¿me da la estrella?
Sí, claro.
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
¡Rehija de la tiznada!
¡Me embuchaste hasta el purillito hueso!
Ya salió, generalito,
que estaba honda la condenada. ¿Dónde está?
Si me pierdes ese plomo,
te voy a poner grueso el lomo a cintarazos.
No se atarante, mi general, que aquí está.
Lupe, qué requetechula.
Te la voy a devolver, Larry Kitchener.
¡Hijo de perra viuda!
Pero clavada en el mero corazón.
¿Lo han oído, mis cuates?
¡En el mero corazón, en el mero corazón!
¿Pues qué te pasa?
¿Por qué me llora, palomita? No quiero verla tan acongojada.
Lloro a mi "probe" Anastasio.
Lloro a mi "probe" marido... "Probe" de ti de tener ese traidor,
hijo de un renegado como marido.
Pues no va y me dice que ha matado al perro de Larry Kitchener
y yo, generoso, lo premio.
Ya luego viene el muerto y me mete una bala enconada.
¿Pues qué voy a hacer yo, palomita, mas que mandarlo con la tiznada?
Así que no llores más, ¿sabes?
¿Y qué será ahorita de mí? Ahora verás.
Que no se diga que el bueno de Reyes no se ocupa de su gente.
¡Eustaquio, ven acá!
¿Mande no más, patrón? Ponte ahí. Tú también.
¿No te gusta esta requetechula viudita, tan chichirivera?
¡Pues píquesela no más, que suya es, hombre!
¿Por esposa, católica y verdadera, para amarla y respetarla siempre?
Amén. Ya están casados, para arriba.
Y ahora cada araña a por su hebra.
Fulgencio, tócales una serenata, hombre.
¡Lupe, trae vino para festejar la boda de los compadres!
¡Mi general, viene gente! ¿Cómo?
Tanto bueno por acá.
Creí que te había pagado para que mataras a Larry Kitchener.
No me hables así, compadre. Siéntate y toma una copa.
Lupe, invita al señor Brogas y a la compañía.
Si he recibido tu oro, también he recibido plomo.
El plomo lo voy a devolver.
Pero de tu oro quiero más.
Cuando mates a Kitchener.
Me lo vas a dar ahorita mismo
porque no entiendo muy bien lo que aquí pasa y me roe la curiosidad.
Tú quieres que los colonos se vayan
y pagas a Reyes para que los eche.
¿Pero por qué tantas molestias, hombre?
Si esos pedregales no valen ni medio pan.
A mí me interesan y basta.
Verás,
Reyes está en las montañas.
Y por aquí también llegan las habladas.
¿Y sabes lo que dicen?
Que chu, chu, chu, chu, por aquí va a pasar un tren.
Eso aún no es seguro. ¿Cómo dices?
Pues sí, va a pasar la línea férrea por aquí.
(RÍE) Así me gusta no más, compadre.
Hablar clarito y con buena tonada. Sobre todo, entre socios.
Porque seremos socios, ¿verdad?
La mitad para ti y la mitad para mí. (RÍE)
Cuando hayas matado a Kitchener. Eso está hecho, hombre.
¡Encarnación, Emiliano, López!
Vayan preparando los rifles y los caballos.
Pronto, que ahorita mismo vamos a fabricar un odre
con la piel del cerdo de Larry Kitchener.
Y ahora vamos a brindar, señor Brogas,
para que esta vez Reyes no falle.
Slade, voy a hacer la ronda por el pueblo.
¿Quiere que le acompañe? No, no hace falta.
Bien, entonces, me iré a dormir.
Buenas noches.
(Ladridos)
(Música suspense)
¡Cuidado, Slade!
(Ladridos)
Supongo que tengo que agradecerle que me haya salvado la vida.
Usted lo hizo por mí el otro día.
No me gusta dejar deudas pendientes.
Le hubiera sido fácil acertarme desde allí.
Resulta peligroso que le confundan a uno con Kitchener.
¿No le parece?
Muchas gracias, señor Kitchener, y enhorabuena.
Por fin tenemos un sheriff en el pueblo.
(RÍE) Gracias.
Buenos días, señor Kitchener. ¿Sabe lo que dice mi marido?
Que aunque hubieran venido cinco bandidos, usted...
No deje de venir a tomar el té con nosotros.
¡Arriba las manos!
Te cacé, Kitchener, soy mucho más rápido que tú.
Por favor, no dispare.
Con que tienes miedo, ¿eh? (RÍE)
Para acabar con un sheriff necesitas pesar algo más.
Pero has demostrado ser valiente.
¿Quieres ser mi ayudante?
A mí sí me gustaría, pero no sé si mamá iba a dejarme.
Dime una cosa. ¿Matarías a Reyes? Seguramente.
Y si no tú, que eres rápido con el revólver.
Oye, ¿dónde está tu madre? Me ha dicho que la esperara,
que me quedara aquí en el pueblo, en casa de tía Nancy.
No puede tardar.
No sé a dónde habrá ido, pero vendrá con la carreta, seguro.
Ya...
¿Para Kerrville? Sí.
(LEE) "Envíen urgentemente fotografía Doc Manos de Plata. Slade Carroll".
1,40 $.
Gracias.
-¿Qué tal se siente a nuestro héroe esta mañana?
Buenos días, señor alcalde.
Ya le advertí que no iban a dejarle en paz,
pero no supuse que se preocuparan de usted la primera noche.
Por lo visto, Reyes está impaciente.
¿Alguna novedad, Slade? Ninguna, sheriff.
Bien. Oiga, Kitchener,
¿usted y yo no nos hemos visto antes en alguna otra parte?
No, no creo.
Desde que le vi ayer, su rostro me parece familiar.
¿No estaba usted el año pasado en Saint Louis?
Durante las fiestas. No.
Qué extraño, habría jurado haberle visto antes.
-¡No matéis a nadie! ¡Reyes los quiere vivos!
(Gritos)
Mandé a mis hombres al pueblo a ver a Kitchener
y todavía no han vuelto.
Vosotros tampoco volveréis, manos.
Separadme a la muchacha.
Todavía se la puede aprovechar. ¡No!
Cuídala bien, compadre. ¡Cobarde, suélteme!
-¡Eres un canalla, un asesino, Reyes! -¡Hija mía!
¡Cállenlo! ¡Cobarde, canalla!
¡Que le callen! ¿Me han oído? ¡Eres un asesino!
-¡No, por favor, suélteme! ¡Suélteme!
¡No! ¡No! ¡Suéltenlos!
Así sabrá ese perro de Kitchener cómo Reyes contesta sus bravadas.
(Música)
Esta pobre gente han pagado con su vida la furia salvaje de Reyes.
Esta es su represalia por los hombres que anoche le mató usted.
No es prudente que vuelva usted por su rancho.
Creí que le habían llamado para que nos protegiera,
no para aconsejarnos que abandonemos nuestras tierras.
Insisto en que mejor estaría en el pueblo.
(Música, risas)
Qué bien baila.
¡Basta ya! ¡Esto es lo que saben hacer!
¡Divertirse!
¿Y de Kitchener, qué? ¿Acaso es un alma en pena?
¿Por qué no está debajo de tierra como les dije? ¿Por qué?
¡Contesten!
¡Son todos unos gandules que no sirven para nada!
Me parece que por acá están sobrando muchos sombreros.
Quieto, Reyes. Un movimiento y disparo.
¿Quién eres? Qué importa eso.
Un amigo.
Pues da la cara y suelta el arma. Luego.
Cuando ordenes a tus hombres que no disparen.
Vamos, díselo o tendré que hacer fuego.
¡Quietos! Guarden no más sus armas que este hombre es mi amigo.
He venido a hablar con vuestro jefe. Si intentáis algo, le mataré.
Pues hablemos como amigos y deja ya la monserga.
¿Me das tu palabra? Tuya es, compadre.
Y ahorita que tienes mi palabra, podemos hablar más calmosos.
Eche para adelante, gringo. ¡Pronto!
Siéntate.
Suelta la lengua que ya te escucho.
¿Te interesa matar a Larry Kitchener?
¿A poco me lo notó en la cara? No.
Pero sé que lo has intentado tres veces.
¡Y lo haré la cuarta, palabra de chango!
Hasta que le ponga el pie encima a esa cucaracha.
No es tan difícil. ¿Me vas a ayudar tú?
Puedes matar a Larry Kitchener esta misma noche.
Y sin arriesgar nada.
Si fuera verdad eso, te llenaría los bolsillos de oro.
No es oro lo que te pido. ¿Y qué buscas?
Solo su cadáver.
¿Su cadáver? ¿Y qué vas a hacer tú con él?
Eso es cuenta mía. Eso no me gusta.
No me gusta la gente que no respeta los difuntos.
En ese caso... ¡Quieto! ¡Siéntate ahí!
Todavía no he terminado. ¿Y si te creyera?
Te diría dónde puedes encontrarlo solo.
¿Sabes lo que te digo?
Que esto es una trampa asquerosa para matar al pobre Reyes
y eso a Reyes no le gusta nada, pero nada, ¿sabes?
Te pude haber matado hace un momento.
¡Aquilino! ¡Luego me traes al centinela!
¡Maldito pelón!
Pongamos que yo te creo. ¿Qué hacemos?
Ir al rancho de la viuda O'Connor.
Kitchener estará allí solo un par de horas.
¿Y qué se le ha perdido por allá? Te preocupas mucho por ello.
Ahora te comprendo, compadre.
A mí también me cuadraría consolar a esa viuda tan sabrosa
y seguro que para ese trabajito no me iba a llevar compañía.
¡Seguro! Arriba.
Si todo sale como tú has dicho, tendrás su cadáver.
Pero si algo se tuerce, te meto bala. ¿Estamos?
¡No! "Palante".
Está pasando mucho tiempo, amigo.
Y a mí me molesta esperar, ¿sabes?
A lo peor, si pasa un ratito más, me pongo nervioso.
(Caballo)
(Música)
¡Vamos, compadres!
(Continúa la música)
¡Gringo, maldito! (RÍE)
¡Adentro, mis cuates!
(Disparos)
Quieto, Reyes, a ti te necesito vivo.
¡Perro!
Quítale los revólveres. ¡Vamos!
¡Traidor!
¿Cuántos quedan afuera, Slade?
No sé, tres o cuatro.
Anda, a esa ventana. ¡Vamos!
(Disparo)
Dile a los tuyos que al amanecer vamos a salir.
¡No disparen! ¡Atención, compadres!
¡Es Reyes quien los habla, mis cuates!
¡Cuando salga con esos señores, que nadie dispare!
¡Pero que todos nos sigan! ¡Maldito!
De poco te va a servir, Larry Kitchener.
Tú no conoces a los hombres de Pablo Reyes.
(Música)
¡Espere, Kitchener! ¿Qué quiere?
Si hay alguien arriba, acabará con nosotros.
Dile a tus hombres que se vuelvan.
O no pasas de aquí. Está bueno, hombre.
Yo no tengo la culpa de que mis hombres me tenga ley, ¿sabes?
¡Eh! ¡Óiganme! ¡Mis cuates!
¡Disparen!
¡Disparen, disparen! ¡A por ellos, muchachos!
Salgan a ver quién viene.
(Murmullos)
Sí, le han cogido.
¡Gringos sarnosos, os vais a acordar de Reyes!
¡Voy a destruir este pueblo!
(LE INCREPAN)
(Música alegre)
Lo menos hacía dos años que no se bailaba en Baldosas,
Gracias a usted voy a tener ocasión de conocer a alguna señorita.
-Tiene que contarme usted
cómo se las alegro para capturar a ese bandido.
No me lo ha dicho. No fue nada del otro mundo.
Resultó bastante fácil. Qué modesto.
Por cierto, el otro día le estaba diciendo a mi marido
que no había venido a tomar el té con nosotros.
Nos reunimos todos los jueves.
Y vienen todas las personalidades del pueblo. Todas.
Dos salchichas, pero sin mostaza.
¡Norma! No esperaba verla por aquí. La encuentro a usted muy cambiada.
No quería faltar a esta fiesta.
Se celebra en honor del hombre que ha capturado a Reyes.
Créame, estoy muy contento de verla.
El otro día estuve un poco brusca con usted.
Lo reconozco. No tiene importancia.
Aunque no crea que voy a conformarme solo con sus disculpas.
(Música)
Norma, vamos a tomar algo. Vamos, de acuerdo.
Baila usted muy bien. (RÍE) Gracias.
Señora O'Connor,
con su permiso, le robo un momento a nuestro héroe.
No faltaba más. ¿Precisamente ahora, señor alcalde?
Es solo un momento. Permítame.
(Música)
Siéntese, señor Kitchener. Creí que solo eran unas palabras.
No tenga prisa. Estoy seguro de que le interesará.
Tengo un buen negocio en perspectiva.
Pero le necesito a usted. Precisamente a usted.
¿A mí? ¿Por qué?
Las tierras de este valle pronto valdrán tres veces más que ahora.
El ferrocarril va a pasar por aquí. No lo sabía, ¿verdad?
Siga.
Hasta ahora he tenido una ayuda muy valiosa,
Reyes.
Él convencía a los colonos
para que vendieran sus tierras a un precio muy razonable, se lo aseguro.
Pero llegó usted, metió a Reyes en la cárcel y, claro, todo acabó.
Pregunte.
Pregunte si hay algo que no ha entendido.
Lo siento, pero tendrá usted que acompañarme.
(RÍE) No hay que ponerse así, amigo. Aquí hay dinero para todos.
Incluso para usted.
¿Con quién cree que está hablando?
Con Doc.
Manos de Plata.
Un jugador de ventaja, borracho y perseguido por la justicia.
¿Es que se ha tomado en serio el papel de Kitchener?
-Lo siento, Doc.
De pronto recordé.
La cárcel en Montana, ¿te acuerdas?
-Convénzase que no es más que un jugador alcoholizado.
Buena cualidad para un cirujano.
¿Qué le pasa, Doc?
Bueno...
No se ponga así.
Comprendo que todo el mundo tenga sus secretos.
Además, usted seguirá siendo el señor Kitchener.
El sheriff de Baldosas.
Pero mejor retribuido.
Acepte este cheque.
Usted está acostumbrado a ganar.
Lo primero que hará es soltar a Reyes.
Y cuando vuelva con sus hombres, usted se quedará quieto,
¿me ha comprendido, Kitchener?
No puedo arriesgarme a perder más tiempo.
Usted no me traicionará.
Lo sé.
(Música)
Whisky.
Enhorabuena, Kitchener.
Acabo de llegar de Herwood y me he enterado de la gran noticia.
¡Amigos!
¿Qué os parecería un brindis en honor de Kitchener?
Bebamos por el hombre que nos ha librado de Reyes,
por el hombre que ha devuelto la paz a nuestros hogares.
-¡Viva Larry Kitchener! (TODOS) ¡Viva!
¡Viva nuestro sheriff! (TODOS) ¡Viva!
(EBRIO) A la salud de los valientes ciudadanos de este pueblo.
A su salud.
Por cierto,
¿no íbamos a beber cuando nos separaron?
Aún estamos a tiempo. Beba.
Vamos, beba.
Le he dicho que beba. Déjeme.
No se vaya tan pronto, por favor.
Sheriff.
Quíteme esa mano de encima. ¿No sería mejor que...?
Estoy harto de verle siempre detrás de mí como una sombra.
(Música)
¡Malditos!
Tratar así a Reyes, al general Reyes.
Se van a acordar de mí cuando esté afuera. ¡Ya lo verán!
¡A mí! ¡A mí! ¡A mí, malditos! ¿No me oyen?
¡Sáquenme de aquí!
¿Qué te pasa? ¿Por qué gritas tanto?
Porque ya me cansé de estar aquí dentro
y ahorita mismo tú me sacas, ¿sabes? ¡Vamos, las llaves!
No las llevo encima. ¡Pues las buscas!
Pero con mucho tiento, si no, se me escapa el gatillo. ¡Pronto!
¡Deprisa! ¡Vamos!
Y ahorita, escúchame, hombre, que te voy a contar unas cosas.
Con Reyes... (DISPARA) No se juega.
(DISPARA)
Seguro que no me esperabas, compadre.
¡Reyes! ¿Qué hay?
Pues ¿qué? ¿No te alegras de verme?
Uh.
Ah. Cerdo asqueroso...
¡Perro maldito! Esa es la mitad...
que tú me guardadas, ¿no? Ah.
Escucha, Reyes, por favor... Ahorita, levántate,
que aún nos queda mucha charla.
(TOSE)
Dile al viejo que a Reyes no le gustan ni los cerdos
ni los traidores ni los hombres como tú.
¡Maldito 10 veces! A ver si se te mete en la cabeza.
No, Reyes, déjame hablar. Te quiero ayudar.
¿Y cuándo, hermano? ¿Para después de muerto? ¡Seguro!
Para entonces, ya no me cuadran las ayudas.
(Golpe)
¿Es eso lo que buscabas? Escucha...
Escucha, Reyes, te han engañado. Yo quería sacarte, te necesito.
¿No lo comprendes? Aún quedan colonos en el valle.
El ferrocarril... el ferrocarril está en marcha.
Pronto se sabrá. ¿No lo comprendes?
Te necesito y tú a mí. ¡No puedes hacer nada sin mí!
(Música tensión)
Ya hemos oído bastante.
(Disparo)
¿Qué?
¿Creías que iba a dejarte un revólver cargado?
El honorable Brogas... ¿Conque es usted
el que estaba de acuerdo con Reyes? Ah.
(Disparos)
(Cristales rotos)
(Música intriga)
No me fío de las cajas fuertes. Por eso,
será mejor que lleve este dinero de mi pobre tío al banco.
Mételo aquí. -Me parece muy buena idea, señor.
Uh.
(FORCEJEAN)
-¿Desea algo más, señor? -Nada, gracias.
-¡Ah!
(Música tensión)
¿A qué vienen tantas prisas, mi cuate?
De noche... no se viaja seguro. ¡Y menos llevando oro!
¿O es que no lo sabe? Hay muy malas gentes
por los caminos... ¡Pero que muy malas!
Tira para adentro.
Tuve la corazonada de que mi dinero no estaba seguro en esta casa,
pero gracias por haberme abierto la caja.
¿Qué ibas a hacer con mi dinero?
¿Ibas a robar a Reyes... los beneficios ganados honradamente?
Esa no está bien... ¡Pero que nada bien!
Que Dios tenga en su santa gloria a tu señor tío.
Quiso hacer lo mismo... Y ahorita,
tiene un agujerito en la cabeza.
(RÍE) Paciencia...
Pero Pablo Reyes es su legal heredero...
y el oro es mío. ¡Solo mío! ¿Estamos?
Pero ¿por qué tiemblas? ¿Tienes la conciencia sucia?
Pero yo no soy ambicioso. A fin de cuentas,
tú eres su querido sobrino y algo te tocará de herencia.
¿Verdad, Anastasio? Sí, patrón.
¡Toma!
Gracias, Reyes.
Yo no pensaba robarte...
Para que veas que puedes confiar en mí,
escucha lo que voy a decirte. Te interesará, seguro.
Tanto que espero que me des algo más de dinero
porque lo que tengo que decirte, sabes, es algo muy importante.
¿De veras? Cuéntamelo. No me digas...
(GRITA)
Llévate lo que tengas que decirme a la tumba, perro sarnoso.
Pero mi oro... no te lo llevas. A ti de qué te va a servir...
El oro sirve...
para la venganza y Pablo Reyes tiene que vengarse.
Tú ya me entiendes.
Tú me comprendes, ¿verdad?
(Música)
¿Qué? ¿Le encontró?
No. Lo imaginaba.
Si usted hubiese estado en mi lugar y sereno,
no se le habría escapado, ¿verdad?
(Traqueteo)
(Música intriga)
(Pasos apresurados)
(RÍE)
Miren nomás qué visita nos ha caído.
Y qué pronto picó en la trampa de la carreta, hombre.
(RÍE) Tanto bueno por acá, señor Kitchener.
¿No conoce a mis compadres? Se los voy a presentar, caramba.
Ese es Eufemio, le llamamos el Sentimental.
Es un gran músico. ¡Toca algo, hombre!
Para que el señor te oiga.
Y aquel es Calixto, el Limpiapistolas.
(Ruleta)
¡Quítesela!
Y ese otro es Eustaquio. Encantado, señor.
¿Qué...? ¿No me los quiere saludar?
(RÍE)
Es que le molestan las personas maleducadas, ¿sabe?
Ah, ah...
sí que me la va a saludar. ¡He dicho que me la salude!
¿A poco no vino a eso? Ah.
Uh.
(GRITA)
(Golpes)
Uh.
¡Dejadle! Se va a caer como un pajarito.
Ahorita, levantadlo.
¿Qué le parece? ¿No le gusta la canción, señora?
Y qué bien sueña.
(RÍE)
Qué viudita más sabrosa.
(SE RESISTE)
¡Suélteme!
Ah.
Pero no te apures, que también hay caricias para ti.
¡Denle, muchachos!
¡Ah!
¡Más fuerte!
Mis cuates, que tiene la piel muy dura.
¡Dadle fuerte! ¡Pero más fuerte! ¡Vamos!
¡Salvaje! ¡Asesino! Oh...
¡Cuidado, el cuchillo!
Eso es, tratadlo con delicadeza. Más suavecito...
Mucho más suavecito. Oh.
(RÍE) Ya... Levantadlo otra vez ¡y más fuerte!
¡Levantadlo, he dicho! ¡Dale fuerte! ¡Así!
¡Fuerte! Oh, oh...
¿Qué le parece su caballero, palomita?
(RÍE)
(GRITA) ¡No, no!
Ahora, va a empezar la juerga, compadre.
Delante de ella. ¡Mírala ahora!
¡Mírala, te digo!
(RÍE)
Qué bueno...
Qué flojo me resultas, compadre. Ah...
Pero te voy a ayudar.
¡Levantadlo!
He dicho que mire a la viuda, ¿sabe? ¡No!
¡Toma! ¡No! Déjelo...
(Música)
¡Toma! No se me duerma.
(RÍE) Que aún sigue la fiesta.
¿No fue aquí donde se pusieron de acuerdo para atraparme?
¡Contesta!
Fue una gran idea...
La misma que yo he tenido, señor Kitchener.
¡Ha caído en la ratonera!
¡No!
Ahora, ¿quieres un poco de agua? ¡Un poco de agua!
Uh.
(Continúa la música)
Y ahorita la va a probar, está fresquita.
¡Déjelo!
Tienes suerte.
A Reyes le gusta complacer a las señoras.
¡Está bueno, muchachos! No le peguen más.
El pobre ya se ha ganado un buen descanso, ¿no les parece?
(RÍE)
(Crujidos)
Qué bueno, Larry Kitchener.
Francisco, ponle un poco más de dinamita.
Ponle un poco más, hombre, no seas avaro.
Y este va a ser tu final, perro, más que perro.
Ahorita, vamos a divertirnos como si fuera una fiesta de mi pueblo.
Una vueltita por aquí, una vueltita para allá...
y otra vueltita por acá.
Qué bonito es el oficio de dinamitero
y cómo me gusta hacer volar a la gente.
Vas a saltar por los aires, pelón, más que pelón.
Así de suavecito...
Ahorita, toma.
Escucha, Larry Kitchener,
esta vez te apagas para siempre.
Hijo de la tiznada... ¡Toma!
Uh. Que te pudras. ¡Vamos!
Dale dos vueltas, que dure. Maldito asesino...
Hombre, que no se pierda la fiesta la señora.
¿Qué le hacemos en su honor? Ah...
¡Canalla! Sujétala...
fuerte, pero con respeto, ¿sabes?
Eh, un momento. Ese honor me pertenece. Dame.
Salta.
Ahora, palomita, prepárate para ver un gran espectáculo.
¡El final de Larry Kitchener!
(Música tensión)
(Crujidos)
(Continúa la música)
Otra vueltecita...
y más cerca.
Ah.
(Música peligro)
(Estruendo)
¡Trabajo me diste, condenado Kitchener!
¡Pero ya todo se acabó, hombre!
Que no se diga que Pablo Reyes no te ha dado una muerte sonada.
Ahora, mis changos, échense una siestecita...
mientras yo me ocupo de la señora, que la tenía muy olvidada.
¡Me las pagará, me las pagará! No me sea tan esquiva, señora,
que de nada le sirve. Ah.
Oiga... No sé a dónde se me va tan precipitada.
Esas no son maneras de atender a unos huéspedes tan principales
y de tan "güenos" principios...
como los que se le han venido a visitarla.
Ahorita, palomita, vas a enseñarme tu casa.
No... Que sé que es muy linda.
¡Suélteme! Y tan requetechula como tú.
Así me gustan las mujeres, bravas y peleones.
¡Pa' dentro! ¡Pa' dentro, he dicho!
(Relincho)
(Música intriga)
¡Ven para acá, palomita! ¡No te me escapes, hombre!
¡No...! ¡Yo soy Reyes, el bueno de Reyes!
Ven para acá, que me gustas. ¡Ven para acá!
¡Suélteme! Qué fiera y qué brava eres, vaquita.
(RESPIRA AGITADAMENTE)
Ahorita...
Buena fiesta se ha preparado el patrón...
-Pues quién fuera él, caramba.
-Si al menos tuviéramos un trago para beber...
-Yo tengo una botella. -¿Dónde?
-En el caballo. -Me voy a buscarla.
(Música intriga)
¡Eh, mi cuate, no la veo! -¡Búscala bien, tango!
-Ya la tengo. -Pues píquesela nomás para acá,
hermano, que tiene que ser para todos.
-No te hagas el "probe" que aún queda otra. La he visto.
-Dame la botella.
(JADEA)
No me sea requetechula, hombre. Eres muy arisca y muy fiera.
¡Suélteme! Ven para acá, hombre.
Que Reyes es muy bueno. ¡No!
Además, tiene buenas intenciones. Ahorita,
vas a saber lo que es tratar con un caballero.
¿Por qué tanta violencia, chamaca? Trae acá esa botella, pelón,
que te la acabas solo. -Tómala, hombre.
Me voy a por la otra.
¡Ah!
¿Qué pasa?
(Cristales rotos)
(Disparo)
¡Salgan, traidores!
¿Por qué se me esconden? ¡Den la cara!
(Disparos)
¡Salgan!
(Relincho)
(Disparos)
(Música)
(SUSURRA) Suba a la carreta.
(Continúa la música)
Arre.
(Trote)
¿Larry Kitchener...? ¡Y vivo!
Juro que tengo que matarte. ¡Lo juro!
(Disparos)
(Galope)
(Música)
(Pasos)
Es usted muy hábil curándose.
Las heridas se cerraban demasiado pronto.
Nuestro doctor no es un genio, precisamente.
Es una lástima que mataran... a Doc Manos de Plata.
Ese sí era un buen médico.
¿A dónde va usted?
A echar un vistazo. ¿Por el pueblo?
Algo más lejos.
Tengo curiosidad por ver lo que hace Reyes.
(Pestillo)
(Galope)
¡Eh, mis cuates, llamad a todos!
¡Escuchadme bien! ¡Es Reyes! Aquí está el generalito.
-¿Pues qué pasa? -Es Reyes...
Fulgencio, mañana necesito 40 hombres.
¿Qué nos vas a dar a cambio, Reyes?
¿Es que desconfiáis de mí?
¡Oro! ¡Mucho oro!
Ha llegado una diligencia a Baldosas cargadita con mucho oro.
Ahí un anticipo.
Está bueno, mi general. Os espero en El Paso
mañana por la mañana. ¡Fuera! Allá estaremos.
-Buenos días, señor Kitchener. Buenos días.
Buenos días, sheriff. Hola...
Mi mamá me ha dicho que tú solo mataste
a cuatro bandidos, ¿es verdad? No lo sé, no pude contarlos.
(RÍE) No le molestes, Bob, cállate.
Me voy, pero luego me lo contarás. Sí, te lo contaré.
Hasta luego. Adiós.
Adiós.
Le veo mejor, sheriff. Sí, mucho mejor.
Gracias a usted, desde luego. Me sacó de un buen apuro.
Norma, yo quisiera...
Dígame, ¿de qué se trata? Verá...
No sé cómo explicarme, necesito...
Yo quisiera... Hable, ¿qué quiere?
Quisiera decirle que... no soy el hombre que usted cree.
Sheriff... ¡Oiga, sheriff!
(Murmullo)
Será mejor que vayan preparando sus rifles,
Reyes avanza sobre el pueblo con muchos hombres.
¿Qué cree usted que hará?
Lo que usted está pensando, señor juez.
Amigos, no hay tiempo que perder.
Esta vez, si nos unimos todos, tendremos ocasión de acabar con él.
Claro que... al que no quiera...
nadie le puede obligar.
Parece que no ha tenido mucho éxito, sheriff.
Reyes viene a matarle, es una locura quedarse aquí.
Ya ve que nadie le ayudará. ¿Por qué no huye?
Váyase, por favor.
(ASIENTE) En el fondo, tienen razón.
Me pagan para que yo les proteja,
no para que ellos me protejan a mí.
(Música)
(Música tensión)
¿Qué piensa hacer, sheriff?
(Continúa la música)
(Relincho)
(Pestillo)
No me agradezca nada.
Mi satisfacción es luchar contra los forajidos.
(Música intriga)
(Disparos)
(Relinchos)
¡Ya estoy aquí, señor Kitchener! ¡Kitchener!
¿Dónde está Larry Kitchener?
¡He venido a matarte, Larry Kitchener!
¡Muchachos, hay que acorralarlo!
¡Lo quiero bien muerto! ¡Vamos!
¡Fidel, trae comida!
(A LA VEZ) ¡Arre, arre!
Fuera.
(Cristales rotos)
(Disparos)
(Relincho lejano)
Son pocos, pero disparan como condenados.
No se me rajen, mis cuates.
Ahorita, un poco de paja quemada y van a salir como cucarachas.
(Disparos)
Como cucarachas...
¡Hay que salir de aquí! ¡Pronto! Vaya usted por arriba,
yo saldré por atrás.
(Disparos)
¡Huyamos, sheriff!
(Relincho)
Oh.
(Galope lejano)
Ah, ah.
-¡Ah! Ay.
(Galope)
(Relincho)
¡Que se escapa entre los caballos! ¡Vamos, a él!
¡Que no sean pelones! ¡Pronto, cobardes!
¡Traedlo ya! Como se escape, os meto bala uno por uno...
(Disparos)
Otra vez se les escapó, ¿no?
Este oro es muy caro para nosotros,
es mejor que se lo quede para usted, mi general.
¿No te gusta mi oro?
¡Pues toma plomo!
(Relincho)
(Cristales rotos)
Oh.
(Música)
¡Bribones, malditos!
(Relincho)
¡No me dejen solo!
(GRITA) ¿A dónde van, cobardes?
¡Perros traidores...!
¡Ah!
¡Aquí me tienes, Reyes! ¡Defiéndete!
(Disparos)
(Música tensión)
¡Bravo, Kitchener! ¡Hemos ganado!
¡Los mataste a todos! ¡Eres un valiente!
(Disparos)
¡Bob!
(Continúa la música)
(Puerta)
La bala está muy profunda.
Morirá si no se le opera. -¿No se le puede intervenir?
-No da tiempo para traer un cirujano. Yo no soy cirujano.
Puedo curar alguna herida superficial,
pero no extraer una bala que está a pocos centímetros del corazón.
Un momento, doctor, acompáñenme.
Necesito su ayuda. ¿Qué quiere hacer?
Extraer esa bala. ¿Está usted loco?
Esa es labor de cirujanos.
Yo soy cirujano.
Ya lo ves, Bob, no es prudente ponerse delante de las balas.
(RÍE)
No debe preocuparse, Norma. Es natural que ahora tenga
un poco de fiebre. Gracias.
(Música intriga)
¿Qué debo? Invita la casa.
Bien.
(Relincho)
(Música)
En este pueblo no se gana dinero.
Es mejor que se busque otro ayudante.
Tome la estrella.
Adiós, Slade.
Adiós, Larry Kitchener.
(Música)
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