All language subtitles for Sin la sonrisa de Dios (1955) Spa

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Original subtitles

(Música de Lamote de Grignon)

(NARRADOR) "He aquí una muestra de lo que el hombre llama

una gran ciudad.

No importa cuál.

Vistas desde lejos, todas las ciudades se parecen.

Una serie interminable de edificios tan agrupados...

que se diría están superpuestos.

Al acercarnos, descubrimos sus calles,

sus grandes avenidas, puentes, plazas y paseos,

donde el hombre se ha complacido buscando

las más variadas formas de luz y de color.

En torno a esas arterias,

se alzan majestuosos bloques de edificios,

monumentos y joyas arquitectónicas...

que distinguen e imprimen carácter a una gran ciudad.

Pero bien examinadas,

siguen pareciéndose demasiado entre sí.

Son casi idénticas las celdas de ladrillo de sus pisos,

iguales los problemas que platean a sus moradores.

Y, lo que más importa,

sea al norte, sea al sur,

todas la ciudades tienen su barrio feo".

(Música de Lamote de Grignon)

"Un barrio con callejas estrechas y malolientes,

a las que apenas llega la luz del sol.

Un barrio de viviendas miserables,

con el aire imprescindible para no ahogarse.

Poblado por gentes humildes,

obligadas a convivir con la delincuencia y la inmoralidad.

Mujeres,

hombres,

viejos...

y niños.

Sí, también hay niños en esos barrios feos.

Niños sometidos a la constante influencia del ambiente,

que hacen su vida en la calle,

la mejor escuela del vicio.

Niños abandonados a sus propios impulsos,

sin la vigilancia de unos padres, que los mandan al arroyo...

sin darse cuenta de que arroyo

se los puede devolver convertidos en maleantes.

Niños viejos,

aburridos y decepcionados,

sin otra ilusión que embrutecerse más.

Son las primeras víctimas del barrio,

de ese barrio triste,

sin un solo detalle que nos sugiera algo hermoso,

como si le faltara el consuelo...

de una sonrisa de Dios".

Oiga, ¿quiere que le lleve la maleta?

Traiga. No se preocupe. No pienso cobrarle nada.

San Pablo del Campo. Tiene más de 1000 años.

Le dije que enseguida llegaríamos. ¿Que tú me dijiste?

Disimule, hombre.

Si quiere que entremos, le explico la historia de san Pablo.

¿Hace? Hace.

No crea que soy un beato, pero conozco al cura.

Bueno, se la tragó.

¿Quiere? No, gracias.

Tome, hombre, no le dé vergüenza.

Favor con favor se paga. Hasta la vista.

(Música de Lamote de Grignon)

(Gritos y voces infantiles)

¿Qué pasa?

Piquín, quiero apuntarme a tu banda.

Los de Honorio me han pegado y eran 20 contra mí.

Quiero ser justiciero. -¿Tú? ¿Con esa tripa?

A callarse.

El jefe de la banda soy yo.

¿Conque Honorio te ha sacudido?

Verás cómo le tapizo yo la cara.

¿Dónde está? Allá, en la fuente.

Andando.

¡Toma!

-(EL NIÑO GIME Y TOSE)

¡Tú al Solanes no le tocas y al Perales menos!

¿No ves que está enfermo y tose con el agua, carahuevo?

¿Yo carahuevo? Sí.

Tú y todos los de tu banda. ¡Abusones!

Anda, vete con los míos, Perales, que aquí se va a armar.

Si me da la gana, le casco otra vez.

Que te la juegas, mondiguilla. ¿Yo?

Fijaos, el chaval se anima solo.

(Gritos de ánimo)

-¡Dale, dale!

-¡Vamos!

-¡Dejad paso! -¡Quietos!

¡Fuera!

¡Separaos enseguida! -¡Ay!

-A la dirección.

Vosotros, a jugar. ¡Hala!

Entonces, hasta la tarde.

Sí, señor, a las 15:00. Y bienvenido.

Usted también viene a chivarse, ¿no?

¡Hale, todos a mi contra!

Calla, Piquín. -No le haga caso. Es incorregible.

-Ya te ajustará las cuentas el director. ¡Sube!

¡Piquín, ven aquí, Piquín!

¡Ven aquí enseguida, Piquín!

Señor director, que yo robo manzanas es un cuento.

Ud. sabe que soy bueno. La tienen tomada conmigo.

¿A qué viene todo eso? -No le crea, señor.

Se estaba peleando con Honorio, como siempre, y se me escapó.

-Otra vez faltando a la disciplina.

¿Ve como...? Silencio.

He procurado tener paciencia contigo, pero es inútil.

Escribiré a tu padre diciéndole que eres incorregible

y que, si no te enmiendas de una vez,

se te expulsará del colegio.

¿Has entendido?

(Música de Lamote de Grignon)

La carta la llevará Pepito el Gafas.

¡El muy chivato!

Al Honorio no le mandan carta, solo bronca.

La primera vez, no se lo dicen a la familia.

Está guapa la Esperanza.

Sí, presume porque ya no va al cole

y tiene maestra particular.

Pero vete pensando en mujeres

y verás la zurra que te pega tu padre.

-¡Ahí están!

Aquí.

Anda, sube.

-¿Yo solo? -Pues claro.

Nosotros haremos guardia por si viene. Andando.

(Maullido)

(FALSETE) ¿Quién llama?

-Traigo un carta del director para el padre de Piquín.

Échala por debajo de la puerta, guapo.

Se la daré cuando venga.

¿Usted quién es?

Soy su abuela, la paralítica.

Vamos, échala.

Sí... Sí, señora.

¡Ay, ay!

¿Qué nuevo juego estás inventando, granuja?

Era uno que se había equivocado de puerta.

Vamos, espabila y al puerto. Tu padre está esperando la comida.

¡Hale!

(Música de Lamote de Grignon)

Pase.

A la orden, general. Hola.

Tu padre descarga.

Ya ha pasado.

-¿Cuánto nos tocará? Una miseria.

-Si en vez de café fuese whisky... Sí.

Ahí están los barcos con licor.

Para 1 que llega, 60 que te pasas descargando harina.

-Hay otras cosas que dejan más que el licor.

Tú sabrás.

Eh, míster, eche algo.

Gracias, carahuevo.

"Bye bye".

Piquín.

Hola, padre.

De vino solo hay un cuarto porque Pepi no tenía céntimos.

Esa para mí nunca tiene nada, pero para pinturas no le falta.

La tienes muy consentida. Que te crees tú eso.

Menudas sobas se lleva. ¿Verdad, tú?

Ya lo creo. Ella y todos.

Anda, vete a comer. No llegues tarde al colegio.

Qué va. Me subo en el avión a chorro y en dos segundos estoy.

(Voces y gritos)

El director.

-¡Embustero! ¡Nos has engañado!

-¡Venga ya! -¡Embustero!

(Voces indistintas)

Muy gracioso, ¿eh? Mira cómo me río.

¡Ja, ja!

(Alboroto)

-¡Venga! -¡Dale, dale, dale!

-¡Duro con él! -Venga.

-¡Vamos! -¡Venga!

-¿Pretendes consumirme la paciencia?

¡Siempre peleándote como un golfo, metido en líos!

¿A qué vienes tú al colegio?

Silencio.

Fijaos bien en lo que os voy a decir.

Cuando un hombre ha trabajado mucho en su vida, merece un descanso.

Esto es lo que hoy le ocurre al señor Perelló,

vuestro maestro.

El Estado, en premio a sus 40 años de servicio

educando a la juventud,

le concede el descanso de la jubilación.

Es decir, el señor Perelló se nos va.

-¡Que no se marche! -¡Quédese, señor!

-¡Que se quede!

(TODOS) ¡Que se quede!

¡Que se quede!

¡Que se quede!

¡Que se quede!

¡Que se quede!

¡Que se quede! -Bueno, bueno.

-¡Que se quede! ¡Que se quede! -Bueno, bueno.

Este sincero homenaje os honra.

Es el mejor premio que podéis dedicar a vuestro maestro.

Desde hoy, se encargará de la clase el señor Ponce.

-¡Viva el señor Ponce! -¡Viva!

-¡Viva el señor Ponce! (TODOS) ¡Viva el señor Ponce!

¡Viva el señor Ponce!

¡Viva el señor Ponce!

¡Viva el señor Ponce!

-Silencio. ¡Silencio! (TODOS) ¡Viva el señor Ponce!

-No hay quien os entienda.

Obedeced en todo al señor Ponce. Es vuestro maestro.

Nada más.

Sea duro con él. Es un elemento de cuidado.

Y, a la más mínima, avíseme.

De acuerdo.

Adiós.

Sentaos.

(Sillas arrastrándose)

Levanta.

Acércate.

Para los chicos como tú, yo tengo un sistema especial.

Desde hoy, serás mi secretario.

¿Su...? ¿Su secretario?

Sí. Con todas las obligaciones que el cargo lleva consigo.

¿Quién tiene mejor puntería?

¡Yo! Muy bien. Sube.

A ver si aciertas con todo eso en la papelera.

Difícil, ¿verdad?

-Sabiendo la fórmula,

cuestión de cálculo. Ya lo he resuelto.

Magnífico. Entonces, borra la pizarra.

Calma, calma.

¿Cómo te llamas?

Francisco Martín Segura, pero mis amigos me llaman Piquín.

Entonces, yo también te llamaré Piquín,

porque tú y yo somos viejos amigos, ¿verdad?

Déjalo ya, pequeño.

¿Esto qué es?

Si la base inferior fuese perfectamente paralela,

podría ser un rectángulo.

¿Y a ti qué te parece?

Con una portería en cada extremo, eso es un campo de fútbol.

Exacto.

¿Y sabéis por qué he dibujado un campo de fútbol?

Porque también es una de las cosas importantes

que se pueden aprender.

Mis chicos deben ser todos buenos jugadores.

-¡Viva! ¡Yo de portero! ¡Paro más que nadie!

-¡Y yo de defensa!

-¡Yo de delantero! -Yo de volante, como Kubala.

-Kubala no es volante, es húngaro. -Ya lo sé, hombre.

-Yo también quiero jugar.

-Tú, de secretario técnico.

Para jugar, hacen falta músculos, tener bola. Toca, toca.

Bien, bien, silencio.

-Es para jugar. Basta.

-Hago una palomita.

(Voces indistintas)

¡Basta!

Jugaremos todos,

pero antes... antes hay que organizarse.

Los cosas necesitan ser llevadas con orden, ¿de acuerdo?

(TODOS) ¡Sí, señor!

Necesito vuestra ayuda.

A ver, tú...

y tú.

Estudiadme la cuestión campo.

Ya sabéis que es el primer problema de todo club.

Aquí tengo la superficie del patio que hay junto a la iglesia.

Calculadme las longitudes de los lados

para que se aproximen a las medidas reglamentarias.

¿Sabéis hacerlo?

-Tiramos la perpendicular y dividimos.

De acuerdo, pero ojo con las medidas.

Ahí está en cm y yo las quiero en decámetros.

No se preocupe. Fácil.

Corre. ¿Lo has oído?

Vosotros dos.

Aquí tengo anotado el precio de un equipo completo.

Camisetas, pantalón, medias, botas...

-¿Defensas no?

Eso es un artículo de lujo.

Además, jugaremos limpio, ¿no crees?

Jugaremos duro. Muy bien.

Calcula para 15.

Ahorrando 20 céntimos semanales cada uno,

¿cuánto tardaríamos en equiparnos?

Por mí, ya puede poner a real.

Me dan una pela a la semana.

De acuerdo. Lo hacéis de las dos maneras.

Vamos.

A ver, tú y tú.

¿Quieres ayudarme, secretario?

Sí. ¿Qué hay que hacer? Operaciones.

Borra eso y coge una tiza.

Todo sea por el deporte.

Ya está.

En dos años, tres meses, cinco días y seis horas, todos equipados.

¡Atiza!

¡Más de dos años!

No te apures.

Ese escribirá al jefe del Frente de Juventudes

pidiendo material.

-Enseguida, señor.

¿Y cómo le pongo? ¿Don jefe del Frente de Juventudes?

No. Llámale camarada.

Anda, no te quedes ahí pasmado.

Dile, dile al señor director lo que estudiasteis ayer.

Vamos.

-Está bien, habla.

-Estudiamos la Vuelta Ciclista a Cataluña.

-¡Ja! Nena, nena, estate quieta.

Ven aquí.

¿Qué clase de profesor es ese

que se pone a discutir con los críos de ciclismo?

-Veamos, un momento.

¿Qué os explicó el señor Ponce de la Vuelta Ciclista a Cataluña?

-Pues que una de las etapas,

la que ganó Poblet al esprint, ¿sabe?,

acababa en Manresa.

Es una villa muy importante junto al Llobregat con una cueva.

Allí estuvo san Ignacio de Loyola, capitán de los Reyes Católicos.

Le hirieron en el asalto a un castillo,

se arrepintió de su vida desordenada

y fundó la Compañía de Jesús... -Está bien, está bien.

¿Sigue creyendo que el chico perdió el tiempo?

-(GRUÑE) Besugo.

Como vuelvas otra vez con cuentos de tu maestro,

te doy de bofetadas hasta cansarme.

¡Hale, a la clase!

Y tú ven aquí.

Desgraciadamente, sus faltas estaban justificadas.

Tengo el sentimiento de anunciaros...

que vuestro compañero Perales...

está muy enfermo,

gravemente enfermo.

He podido conseguir de nuestros centros benéficos...

que le trasladen a un sanatorio.

El lunes por la mañana, saldrá de su casa.

Yo quisiera...

Yo quisiera que a esa hora...

todos los que un día os llamasteis sus amigos...

le despidierais con un pequeño obsequio.

Cualquier cosa, aunque no sea de valor.

Un detalle que lleve a su corazón...

la esperanza de no sentirse tan solo en su desgracia.

Espero que así lo haréis.

(Timbre)

Recoged.

Señor Ponce,

venía a decirle...

que para lo del Perales cuente con cinco duros de los míos.

¿Cinco duros?

¿Y de dónde vas a sacarlos?

Tengo un negocio. ¿No lo sabía?

Oiga, y un negocio honrado, no se crea.

No tiene que ver con lo de las manzanas.

Y, ya que ha salido,

pues gracias por no chivarse de aquello al director.

Hace días que quería decírselo.

Fue un buen detalle.

(Música de Lamote de Grignon)

¡Regalo, regalo!

¡Al rico tebeo de la semana!

¡Más barato que nadie!

¡Pierdo dinero!

¡Regalo, regalo!

¡Para cerrar, FBI en acción!

"La venganza del Coyote".

Aire, aire.

Aquí apoquinas o largo.

Ya te has leído más de la mitad.

Para el Perales.

¿Qué, Piquín, van bien los negocios?

Tirando.

9 duros y 18 pelas. Limpio el bote.

¡Ostras! Por llevar el carretón de plátanos, un duro.

Pero comes.

¡Bah! Ya los tengo atravesados.

Vamos a cerrar el trasto y te invito a una oliveta.

Andando.

¿Qué sirvo?

Un xuxo de crema.

-Deja eso para las señoritas.

Dos olivetas de cazalla y que sean dobles.

-Así se habla, chaval.

Hay que empezar a ser hombre. Hale,

duro con la vida.

(Voces indistintas)

Son cuatro pesetas.

-Paga tú. Ya te lo daré.

La peseta déjala de propi. Hace más elegante.

Bote. -Gracias.

(Música de tensión)

(Sirena)

Eh, tú, fíjate en esos.

¡Ay, vida, que me derrito!

¡Cállate! ¿No ves que le tiene sitiado?

(Sirenas)

¿Te fijaste qué manera de cargarse polis?

Lástima que al final le pelen por culpa de aquel soplón.

Ni caso. Aquí se tiran el farol de que los matan,

pero es de película.

Menos mal.

Pero, si yo fuera el gánster, no me fiaría de aquel narizotas.

Por si las moscas, me lo cargaría.

¡Muere, asqueroso soplón!

¡A mí nadie me traiciona!

(IMITA DISPAROS)

(BORRACHO) ¡Granuja!

¡Sinvergüenza!

¡Ya te enseñaré yo!

Pensabas reírte de mí, ¿eh?

Yo no he hecho nada, padre, no he hecho nada.

¡Maldito!

¡Ganando para vicios y sin darle un cochino duro a tu padre!

¿Es eso lo que te enseña esa bruja?

A mí me dejas en paz.

Igual vas a medias con el chico.

Con tal de esconderme los cuartos...

¡Vamos, dámelos!

No tengo nada.

Dáselos, idiota.

¿No ves que te los va a quitar de todas formas?

¡Ay!

¡Granuja!

¡Mal hijo! ¡Sinvergüenza!

¡Suelta el dinero! ¿Vas a soltarlo?

Déjale. ¿Le has tomado por un perro?

Yo se los sacaré.

Acabaréis conmigo.

(LLORA)

Toma... y acaba de cogerla.

¡Así reventaras!

En la cocina, tienes la cena.

(Música de Lamote de Grignon)

Tú, Morales, Pérez y Baltasar seréis los jueces de línea.

Dos por lado. Medio campo para cada uno.

Y ojo con los balones dudosos.

Apenas salgan, es fuera.

¿De acuerdo? De acuerdo.

Y vosotros jugaréis de suplentes.

Hale.

¿Qué te pasa? ¿Es que no quieres jugar?

No puedo.

Me resbalé... por las escaleras...

y tengo los huesos molidos.

Entonces, cuenta los goles. Serás el hombre del marcador.

¿Tocamos a misa, padre?

-No tanta prisa. Ya te avisaré.

¡Hale!

Listo, señor Ponce.

Cuidado, que se borran.

¡Qué lástima! Aún no se puede jugar.

-¿Y si sopláramos? Entre todos, haríamos mucho viento.

Es inútil. Por lo menos, hay que esperar media hora.

¿Quién gana, padre?

-¡Largo de aquí!

Hay que buscar el modo de no perder esa media hora.

Un momento.

Hoy es domingo, ¿verdad?

(TODOS) Sí, señor.

Y va a empezar la misa de 10:00. ¿Qué os parece si entráramos?

Entre ir y volver, la media hora para que se seque el campo.

Además, podríamos pedir...

por la curación del pobre Perales.

¿Os acordáis?

A él también le hubiera gustado jugar.

-Es verdad. Por mí, hecho. -Y por mí.

-Por mí, también. -Y por mí.

-Vamos todos.

Vamos a rezar por el pobrecito Perales,

por que tenga bola.

¿Quién ha marcado, padre?

-¿Qué haces aquí?

Toca a misa y dile a Guillermo que prepare tres bancos más.

Este domingo, me parece que vamos a llenar.

Vamos, a formar.

-Vamos. -Venga.

(Voces indistintas)

En silencio, en silencio.

Adelante.

Ahora podrás enseñarme la iglesia. ¿Te acuerdas?

Estás en deuda conmigo.

(CHICO) ¡Ha salido la "Hoja"!

¡La "Hoja del Lunes"...

con las últimas noticias!

Aquí está todo el mundo.

Estos puntos negros no son islas, son...

las moscas. Toma.

-Muchas gracias.

-Toma, para que tengas bola.

Verás como te sale y qué grande.

-¡Cómo pesa!

(Risas)

Hola.

Hola, Perales. Hola, Piquín.

Ya ha llegado el autobús.

Es majo. Te vas a divertir mucho en ese sanatorio.

Lástima que no fuera yo también.

Te protegería, ¿sabes?

Pero es igual.

Allí todos son buenos. No hay pintas como el Honorio.

Me acordaré mucho de ti, Piquín.

Ya nos veremos.

Toma. Son unos tebeos del Enmascarado que me sobraron.

Y esto.

Aún toca. Es un chiflo que me regaló mi padre.

Piquín.

No hace falta que me diga que no he traído los cinco pavos.

Si tanto se mete, ¿quiere saber por qué?

Porque mi padre agarró una trompa y me los quitó

a patadas y a correazos, que yo bien ganados me los tenía.

Y 20 pelas que me sobraban.

¿De qué iba a tropezarme?

¿Y de qué me iba a conformar haciendo de marcador

si no estuviera hecho polvo?

Ocho le habría entrado al remate al Arroyo,

que de izquierda chuto bien.

Si llego a jugar...

(Voces indistintas)

Adiós. -Hasta pronto.

¿Sabes qué estaba pensando?

Que a Perales le ha hecho más ilusión la flauta

que un billete de cinco duros. ¿Ud. cree?

Estoy seguro.

Ya puede ser, ya.

Cuando estaba nueva, tocaba aquello de...

(SILBA "BARRAS Y ESTRELLAS")

Señor Ponce.

Para usted.

Es de la Academia Internacional.

Esa nueva que hace tanta propaganda.

¿Va a marcharse allí?

¿Cómo? No, no sé nada. Gracias.

Salid.

Chicos, se liquida la banda. Al señor Ponce no le gusta.

¿Ni que sea de justicieros? De nada.

Pero seguimos siendo amigos y siempre juntos, por si las moscas.

Hola, Esperanza.

No me hables en la calle.

Mi profesora dice que es de mala educación.

Me han hecho secretario. ¿No lo sabías?

Soy el secretario del Sr. Ponce, ¿verdad?

-Sí, pero a la primera falta lo quita.

-Pues poco va a durarte el cargo, porque eres un faltón.

Eh, espera.

Eh, no os metáis. ¿No veis que van de novios?

Esperanza.

No me gusta que me acompañes.

La gente habla, murmura y luego mi madre me regaña.

Pero ¿por qué?

Eres demasiado joven para comprenderlo.

No hacemos nada malo.

Pero vamos juntos. ¿Te parece poco?

Soy una chica y podías atreverte.

¿Atreverme? ¿A qué?

¿Qué sé yo? ¡Ay, hijo, qué torpe eres!

A darme un beso, por ejemplo.

¡No!

No te preocupes, nunca te haré nada. Palabra.

¡Tonto!

(SILBA)

(SILBA)

(Puerta abriéndose)

¡Sinvergüenza! ¿Dónde te has metido?

Todo el día esperándote.

Si estaba en el cole.

Cállate. Han encerrado a tu padre.

¿Los guardias? Pero ¿qué ha hecho, tía?

El muy borracho va y se pone a romper cristales.

Cualquier día, le da un pronto y mata a uno.

Hale, a la comisaría.

Toma. Llévale esto también.

¡Señor Ponce!

Señor Ponce, no puedo ir a clase. Debo llevarle esto a mi padre.

¿Y ha de ser precisamente ahora?

Sí.

Pues no me gusta.

Sabes lo que te dije.

A la primera falta, dejabas de ser mi secretario.

Es que le han encerrado en la comisaría.

Y seguro que no ha hecho nada malo.

Le digo que mi padre es bueno, señor Ponce.

Eso te honra, Piquín, pero hay que demostrarlo.

Te propongo una cosa.

Tú entras ahora conmigo y después vamos a comisaría

a ver si podemos ayudar a tu padre.

Vale. Ya sabía yo que usted lo sacaría.

(Griterío infantil)

¿No quieres bajar el recreo?

No, señor.

Siéntate.

Piquín, hay algo que quisiera aclarar contigo.

En la ficha, no consta que seas huérfano de madre.

¿No vive con vosotros?

No, señor.

¿Dónde está?

No lo sé. Me abandonó cuando solo tenía cuatro años.

¿Verdad que era pequeño?

Sí, desde luego, muy pequeño.

Mi padre la echó de casa.

Entonces, no te abandonó.

No, no. Yo veía que era mala, muy mala,

y se lo dije a mi padre.

Me pegaba.

Venían hombres a casa.

Jugaban a las cartas.

¿Y te acuerdas de todo eso?

Sí. Lo veía por el ojo de la cerradura del cuarto oscuro.

Me encerraba y yo, para no tener miedo, miraba y lo veía todo.

Y mientras, mi padre trabajando.

Luego, cuando se marchaban los hombres,

yo lloraba, mi madre abría y me sacudía en los morros.

Y así cada día.

Mi padre siempre me encontraba llorando.

"¿Por qué pegas al nene?".

"Es malo, es malo", decía.

Y yo lloraba.

Un día, lo expliqué.

¿Supiste decirlo?

Un poco tartamudo, pero se lo dije.

Hubo jaleo.

Ya no vi más a mi madre.

Mi padre no bebía.

Después, cuando se juntó con las malas compañías,

venía borracho y le echaron de la conductora.

Ahora, solo trabaja en el muelle.

¿Vivís solos? No, con la Pepi.

Dice que es mi tía, pero no lo es, ¿sabe?

La trajo mi padre.

Siempre grita y me pega y le gusta retorcerme las orejas.

¿No trabaja?

Para mí, que va con hombres,

pero nunca le da nada a mi padre. Solo pide.

No debes decir eso, Piquín.

Ni siquiera para justificar a tu padre.

Mi padre antes era muy bueno...

y trabajaba... y traía cuartos.

Ahora, también.

Él no tiene la culpa.

A usted, a usted mismo le pasaría,

porque eso...

eso es la vida.

Encárgate de que den la cesta a tu padre.

Yo hablaré con el comisario.

¿El señor comisario? Primer piso.

Gracias.

Capitán, ¿me deja que le lleve esto a mi padre?

¿Detenido? ¿Cómo se llama?

Francisco Martín, como yo.

Déjalo ahí. Ya se lo entraremos.

Es que yo quería verle. Está prohibido.

Puedes largarte.

Lo soltarán enseguida. Me lo ha dicho mi maestro.

Esto a calabozos, para Francisco Martín.

¿Y mi padre? ¿Cuándo saldrá? ¿Qué le han dicho?

No sé. ¿Que no sabe?

¿No le dijo al comisario que él era bueno?

¿Que no tenía la culpa? ¿Que los amigos le enredaban?

Ya lo dije, pero trata de comprenderlo.

A veces, las cosas se complican y no salen como uno quisiera.

Usted me dijo que lo sacaría.

No, Piquín, yo no podía prometerte eso.

Me ha engañado. He hecho cuanto he podido

por ayudarte. Mentira.

Y todo, para que fuera a clase.

Eso es lo que quería.

¿Qué le importaba mi padre?

Si hubiésemos venido antes, estaba fuera,

pero ahora se quedará en el calabozo y todo por su culpa,

por su culpa.

Es un enredón.

Se lo diré a todos, a todos.

Miguel Marco. Gracia.

Pedro Ferrer. -Pastor.

Leonardo Arnesa. -Villamayor.

Antonio Rodríguez. -Merino.

Francisco Martín.

Francisco Martín.

¿Alguno le ha visto estos últimos días?

-Con el Sr. Perelló, faltaba mucho.

Cállate.

Y vosotros a estudiar.

¡Asco de vida!

Te encierran y cuatro jornales perdidos.

Porque quieres.

El asunto del que te hablé esta muy claro.

No hay que robar. Los mismos del barco nos darán la mercancía.

Solo pasarla. ¿Te das cuenta?

Y, con una vagoneta apañada, eso está hecho.

¿Y si nos cogen? ¡Qué nos van a coger!

Además, pagan con buenos billetes y al contado.

(Llaman a la puerta)

Pepi, vete a abrir.

Ya voy.

Buenas tardes.

¿Qué desea?

Hablar con Piquín. ¿Quién es?

Un hombre que pregunta por el chico.

Soy el maestro de Piquín.

Haberlo dicho antes. Pase.

Adelante.

Quisiera saber por qué Piquín no va a clase. ¿Está enfermo?

¿Enfermo? ¡Qué va!

A ese no le parte un rayo.

¿No le ha visto? No.

Tú, ¿dónde está el crío?

¿Y a mí me lo preguntas? Yo no soy su niñera.

¡Bueno, bueno!

Lo siento.

Tarde o temprano, vendrá

y, entonces, le ajustaré las cuentas.

Y cree que con pegarle se soluciona todo.

Solucionarse no sé,

pero, cuando le llego a las costillas,

se acuerda una semana. Eso, seguro.

No pensamos igual.

Él le respeta, le quiere, le defiende...

y usted no corresponde a su sentimiento.

Eh, amigo, despacio.

¿Va a echarnos un sermón?

No. Ya veo que sería perder el tiempo.

Buenas tardes.

Si vuelve el crío, ya se lo mandaré.

Al fin y al cabo, aquí solo estorba.

(Puerta cerrándose)

Me cargan los tipos que se meten donde no les importa.

Demasiado aguante has tenido.

Mira yo,

sabía dónde estaba el chico y mutis.

Lo tienes con el mío dándole al chisme.

Entonces, vendrá con alguna perra. Seguro.

Aquí ni la vejez colabora.

Ya te dije que en la funeraria no, que es delito.

¿Qué te pasa? A lo mejor, me hubieran dado.

Nada, es igual. Era por la chica.

¿Es tu novia? Sí.

Pues no lo parece.

Atontado, ¿no ves que iba con su padre?

¿Y qué? Cuando te tienen amor,

aunque vayan con su padre, un guiño hacen.

¿Tú crees? Es que no sabes castigarla.

¿Le has hecho algún regalo?

Pues no.

Las mujeres se derriten por los regalos.

Si no aflojas cuartos, no hay nada de nada, pero que nada.

¿Y tú crees que de esta murga vamos a sacar algo?

Es mi negocio...

y siempre gano.

A ver si resulta que eres gafe.

Para ti para siempre.

Yo me vuelvo a los tebeos. Esto es una birria.

Señor Ponce.

Otra carta de esa academia para usted.

Gracias.

¡Vaya! Debo considerar un triunfo que por fin haya venido.

¿Una mano? Gracias, no fumo.

El motivo de mis cartas ya debe usted de suponerlo.

Pero, antes que nada, quiero enseñarle algo que le va a gustar.

Me he propuesto montar la academia más moderna,

la más distinguida,

la mejor dotada,

en una palabra, las más cara.

Y yo siempre me salgo con la mía.

Pienso inaugurarla en enero.

La matrícula está casi cubierta.

Esto le demostrará que sé muy bien lo que hago.

Es cierto que me gasté medio millón en propaganda,

pero pienso recuperarlo con creces.

Venga.

Siéntese.

Este es el salón de actos.

¿A qué no ha visto usted otro igual?

Toda esta parte está destinada a las aulas.

Sala de gimnasia con todos los aparatos modernos.

Americanos.

Cuartos de aseo con duchas individuales.

Salón de lectura.

Sala de espera.

Bar refectorio...

para alumnos y familiares.

Sala de cine y televisión.

Radio con altavoces en todos los departamentos.

Dentro de pocos días,

verá estas clases llenas de chicos de la mejor sociedad,

hijos de las familias más acomodadas,

muy distinto de lo que tiene Ud.

Sí, señor,

muy distinto.

¿Y qué método educativo piensa usted emplear?

¿Método educativo?

¡Qué sé yo! Leer, escribir, contar.

Eso es cosa suya.

Por algo va a ser usted el director.

Hágalo como quiera, amigo, mientras no comprometa el negocio.

Y eso es fácil.

Solo recordando siempre que quien manda es el cliente

y aquí los clientes son los alumnos.

Conciérteme eso y en paz.

Un poco difícil, ¿no le parece?

Para eso le pago diez veces más que el Estado.

No lo piense, amigo.

Usted será mi director.

Tiene una excelente hoja de servicios...

y, lo que más importa, una magnífica presencia.

Es elegante, distinguido...

Cuando cobre el anticipo,

hágase media docena de trajes... y a recibir mamás.

Las madres de los alumnos suelen ser muy impresionables.

Le enseñaré algunas dependencias que ya están instaladas. Venga.

Usted primero, querido director.

Hale, hale, fuera. Vamos, fuera, fuera de aquí.

Ya puedes dármela.

Mañana avisaré al veterinario.

La más ponedora de todas...

y me cae enferma.

A esta le ocurre lo que a ti,

mi discípulo predilecto,

un estudiante ejemplar...

y ahora me sales rana.

No esperaba esta deserción tan pronto, la verdad.

Don Nicolás, en el fondo, aún no he tomado una decisión.

Por eso estoy aquí, para consultarle.

Cierto que ese hombre es un comerciante,

pero me ofrece condiciones muy ventajosas.

Pero tú no pensabas en ellas hasta que te has creído fracasado.

¿Fracasado?

Tal vez, sea excesivo.

No sé, al principio, todo iba maravillosamente.

Después, por una tontería,

por ese Piquín,

todo se ha perdido.

Claro. Es fácil atraerse el cariño y la atención de los críos.

Los difícil es conservarlos.

No es que sea difícil.

Es que allí es imposible.

No hay forma de luchar contra el ambiente.

El niño ve a diario que las gentes que le rodean,

que sus mismos padres, hacen lo contrario de lo que les decimos.

¿Qué importa que al principio nos crean?

Acaban haciendo lo que ven.

Les es más sugestivo, más cómodo.

Por eso perdemos el tiempo.

No, tú no puedes decir eso.

Márchate si quieres.

Di que no sirves, que no tienes vocación para ser maestro,

pero no trates de demostrarme que esa lucha es imposible.

Me hubiera gustado verte en mis tiempos.

¿Qué quieres?

¿Que viejo y jubilado deje mis gallinas para enseñarte

lo que ya te enseñé una vez?

Olvídate primero de ti mismo,

deja a un lado cualquier ambición...

y entrégate luego a esas criaturas

como si fueran lo único que existiera en el mundo.

Si buscas dinero, vete a esa maldita academia,

pero no te llames "maestro".

Si quieres honores, vanidades,

lujos, no seas maestro.

Si quieres un trabajo holgado,

cómodo, fácil,

no seas maestro.

Pero, si quieres la mejor riqueza,

la que yo poseo en este momento porque has venido a verme

porque soy todavía tu maestro,

selo en buena hora,

pero con todo el sacrificio,

con todo el dolor,

con toda la renunciación que hace falta para serlo.

¿Nadie ha visto por casualidad a Piquín?

Es una lástima que deje de venir

cuando empezamos preparar las excursiones.

En fin, él sabrá lo que hace.

Y, en resumen, él se lo pierde.

Seguid.

Ah, una gran noticia.

Han llegado los uniformes.

(TODOS) ¡Viva!

Esta tarde, los repartiremos

y, el próximo jueves, la clase saldrá de marcha.

-¡Bien! -¡Qué bien!

¡Regalo, regalo!

¡Al rico tebeo de la semana!

¡Más barato que nadie!

El Sr. Ponce está muy enfadado contigo.

Ya no eres secretario. Ha puesto al Arroyo.

Bueno, ¿y a mí qué?

¿Por qué no vienes?

Me enfadé con él.

Total, nada, unas palabras,

pero me fastidia volver.

Además, en calle se está bien. Hago negocio.

¡Al rico tebeo de la semana!

¡Regalo, regalo!

Con el Sr. Ponce se pasa muy divertido.

Sí, ¿eh? Mucho cuento con el deporte,

pero, en una semana, tres libretas llenas.

Antes, con el Sr. Perelló, una me duraba todo el mes.

También vamos a hacer marcha.

Mañana, la primera.

Y, en verano, iremos a campamentos.

A mí no me gusta andar.

Además, eso de campamentos me huele a gitanos.

Sí, ya he visto que te has dejado disfrazar de uniforme,

pero a mí de milicias nada.

A lo golfo se vive mejor.

Hasta la vista, hermano. A mí no me la dan con queso.

¡Regalo, regalo!

¡Al rico tebeo de la semana!

¡Más barato que nadie! ¿Cuánto es?

1,25.

(Voces y gritos indistintos)

Señor Ponce, no me los puedo abrochar.

Abriremos una suscripción para hacerte unos a medida.

A formar.

Vamos.

(Marcha militar)

Eh, Piquín.

¿Qué te pasa? No tienes un real, ¿eh?

Me sobra.

¿Y, con tantos cuartos,

pones esa cara? ¿Qué voy a hacer?

Irte al cine con tu novia, como los hombres.

No sé dónde está.

¿No has vuelto a verla? No.

No le harías ningún regalo. Tampoco.

¿A qué esperas? ¿Te lo escojo yo?

Déjame en paz. Ni que llevaras comisión.

No me interesan las chicas. ¿Te enteras?

Y dale al manubrio, que, como no recaudes,

el regalo te lo va a sacudir tu padre.

Esta es la mercancía.

600 botellas se trae de contrabando para el día 20 el barco holandés.

Cuidado.

Me la prestaron porque hace falta para preparar la faena.

¿Cómo vas a pasarlas?

Apañando el fondo de una vagoneta.

-No es mala idea.

-Nosotros sacaremos la carga legal,

pero uno, el de la vagoneta apañada,

llevará además el whisky.

¿Quién? Pues...

no sé.

Si os parece, lo hacemos a sorteo.

-Hecho.

-Por mí, vale.

-¿Tú qué dices, Francisco?

¿Cómo repartimos las ganancias? Hombre, esta vez,

habrá que tener en cuenta que el asunto lo traigo yo.

Eh...

No sé.

¿Os parece bien para mí doble y vosotros sencillo?

Me parece una cochinada.

(Cerradura)

Cuidado.

Hola, padre. A tu cuarto y a trabajar.

Si ya iba. Tengo muchos deberes.

Si no queréis el negocio, hablaré con el Mulato.

Queremos el negocio, Miguel.

Lo que nos revienta es que los amigos abusen, ¿oyes?

-Eso.

-Está bien.

A partes iguales... y se hará sorteo.

Al que le toque la carretilla, para él.

La guardo yo para apañar la vagoneta.

Querida...

Esperanza.

(LEE) "No sé por qué te has enfadado conmigo.

Si es por aquello que me dijiste del beso,

ya te dije otra vez que no".

¿Qué le dijiste de un beso?

-¿Yo? ¡Por Dios, papá!

Le dije que nunca le dejaría dármelo, que era pecado, pero él...

-¿Él qué?

-Insistía. -¿Y te lo dio?

-No, claro que no.

Yo eché a correr. -Hiciste bien, hija mía,

porque fíjense las intenciones que llevaba ese golfo.

"Me gustaría acompañarte".

"¿Vamos al cine?".

"A ver si dices 'sí', que estaré muy contento".

¿Se van dando ustedes cuenta?

"Toma. Te doy este regalo para ti".

"Es colonia de olor muy buena. Adiós. Piquín".

Creo que sobra todo comentario.

Si en vez de tratarse de Esperanza, la niña modelo de mi academia,

hubiese sido otra sin principios morales,

Dios sabe la gravedad del problema que nos tendría reunidos.

-¿No cree que exagera?

-¿Exagerar cuando todavía anda suelto un energúmeno como ese?

Debe ir a un correccional.

Tengan la bondad de esperar fuera.

¿Decía que hay que encerrarlo en un correccional?

Sí, señor. Ese golfo no puede estar en una escuela.

Por la seguridad de mis niñas,

por el buen nombre de este grupo, propongo su expulsión.

-Un momento, señora. -¡Señorita!

-Está bien, señorita.

Sepa que soy el encargado de velar por el buen nombre de este grupo

y no admito comentarios ni presiones de gente ajena a él.

-Cumplo como mi deber.

Parece muy convencida.

Claro que sí.

No... No está tan claro, señorita.

No estamos aquí para enviar niños al correccional.

Ud. cree que, con sacar un título,

montar una academia en cualquier cuchitril y cumplir un programa,

ha cumplido con su conciencia. Pues se equivoca.

No se trata de almacenar en sus cabezas fórmulas y conocimientos.

¿De qué van a servirles?

Usted no vive en la calle, como ellos,

en la miseria, como la mayor parte de ellos.

Usted no sabe lo que es hambre, frío, golpes, indiferencia...

y encima les dice que son culpables.

Se trata de educar, señorita.

Nuestro deber es darles los medios que necesitan

para salvarse del ambiente que les agobia,

para vencerlo con sus propias fuerzas, para respirar.

Pero eso no está en los cuestionarios.

Para usted no tiene importancia. No hay libro que lo enseñe.

Se lleva o no se lleva en el corazón.

Es problema de fe, problema de amor.

Querer a esos niños como si fueran parte de nosotros...

o mirarles como el medio de cobrar una factura.

¡Usted me insulta!

No. Estaba describiendo el sistema de la vieja escuela.

Entonces, si tanto defiende a ese Piquín,

¿qué ha hecho usted para corregirle? Conteste.

¿No es alumno suyo?

Sí, es mi alumno, por eso no le abandono,

porque soy yo quien debe defenderle

y yo quien debe agotar las posibilidades hasta lograrlo.

Con su permiso, señor director, mis alumnos esperan.

Créame. Empiece a olvidarse de Piquín.

Todavía no me considero fracasado.

(Organillo)

Dos pelas, ¿vale? Es muy caro.

Aquí no se rebaja nada. Lo tomas o lo dejas.

Bueno, trae.

Es allí, junto al puesto de bañeras.

Usted me dijo que era para librarle del correccional,

que si no, no se lo hubiera dicho.

Piquín no traga a los chivatos.

Está bien, vete. Es mejor que no te vea.

Hola, Piquín.

¿Quién se ha chivado? Nadie.

Pero ¿tanto te preocupa que sepa dónde estás?

A mí...

Si no vienes a clase, tú sabrás por qué,

pero, por ese camino, en un mes, estarás en un correccional.

Pierde el tiempo conmigo.

No me asusta la Prote ni la camioneta de nada.

Váyase con los otros.

¿No tiene bastantes o le viene de uno?

Como tú dices, me viene de uno.

Yo ya soy grande.

Sé de la vida y gano. ¿Para qué ir al cole?

(HOMBRE) ¡Vienen los guardias!

¡Los guardias! ¡Qué mala pata! ¡Dos veces en una semana!

¡Suélteme!

¿No ve que van a atraparme? ¡Calla!

(Voces indistintas)

¿Qué quieres tomar?

Un xuxo de crema.

Dos cafés con leche y dos pastas de esas.

Otra vez, cuando escribas "beso",

acuérdate de que va con be de Barcelona,

no con uve, como lo pusiste.

Escuche.

Yo quisiera decirle algo.

Ya sé que no soy bueno.

Espérese.

Le he dicho cosas feas,

pero estaba como atontado. No quería decírselo.

No se piense que no le quiero.

Usted va de buena fe, pero déjeme a mí.

En el cole, me tienen manía...

y, a lo mejor, la empiezan a tomar contra usted... por mi culpa.

O le echan bronca porque el director manda más.

Y me sabría mal.

¿Por qué no me deja?

Porque soy tu maestro.

Si te abandonara, dejaría de serlo.

¿También de todos los demás?

También, porque no merecería ese nombre.

Entonces, ¿un maestro, para ser bueno,

tiene que hacer todo eso

y molestarse en ir detrás de un crío como yo?

Sí.

¿Aunque le diga lo que le he dicho?

Precisamente, por eso.

¿Sabe que... que es grande ser maestro?

Miguel Marco. Gracia.

Pedro Ferrer. -Pastor.

Leonardo Arnesa. -Villamayor.

Antonio Rodríguez. -Merino.

Francisco Martín. Segura.

Enrique Cazorla. -López.

Esperanza está en el patio de la iglesia. Dice que vayas.

¡Ahí va! Esta ya piensa en casarse.

Hola, Piquín. Hola.

¿Estás enfadado?

¿Por qué te chivaste del perfume?

Todo el mundo lo sabe y yo solo lo hice por ti.

¿Me perdonas?

Da igual. Como tampoco quieres salir conmigo...

A lo mejor... No, no.

Ahora me he vuelto muy fresco, ¿sabes?, como los actores.

¿Es que das besos?

No. Reparto tortas. ¡Oh!

-Díselo a tu maestra, díselo.

Yo lo he visto. Ahora sí que le expulsarán.

-No, no quiero.

A Gilda también le pegaba su novio, ¿recuerdas?,

y ella no decía nada.

Oye, Piquín.

¿Qué le regalas al señor Ponce para las Navidades?

Pues... no me acordaba.

Yo, una cajetilla.

Y, si mi padre cobra los puntos, a lo mejor, dos puros.

-Seguro que serán pestilentes canarios.

Los míos, "made in Cuba".

-¡Anda, que tú tienes muchos cuartos!

Ya no porque no vendo,

pero verás qué regalo tan majo.

¿Qué haces ahí?

Ayúdame a poner la mesa.

Enseguida, lo que quieras.

No te molestes, ya lo hago yo.

¿Sabes que uno de estos días es Navidad?

Sí. ¿Por qué?

Pues porque los chicos del colegio nos hemos juntado

y hemos dicho: "Vamos a regalarle cada uno una cosa al Sr. Ponce

para que vea que le queremos". ¿A ese pasmarote?

Si tanto cuento era para sacarme los cuartos, pierdes el tiempo.

¡Valiente caso me hizo!

¿De dónde has sacado esta botella?

De casa. La tenía mi padre.

¿Sabes que vale más de 200 pesetas?

Es que no es falsificado.

¿Y de dónde la sacó tu padre?

No sé. A lo mejor, del muelle.

Siempre pasa cosas.

Me imagino cómo.

Eso no está bien, Piquín.

Ni lo que has hecho tú ni lo que hizo antes tu padre.

No debemos apropiarnos de lo que no nos pertenece,

aunque sea algo que carezca de valor,

aunque lo hagamos con buena intención,

como tú lo has hecho.

Anda, guarda la botella...

y ya puedes bajar al recreo.

Es que... quería pedirle algo.

Tú dirás.

A mí, castígueme si quiere,

pero no se chive de lo que ha hecho mi padre.

No se chive.

A la próxima, te sale el as.

Te ha tocado a ti.

¿Y qué? No será la primera vez que saque contrabando.

(Sirena de barco)

Las pasará Francisco Martín a mediodía, antes del almuerzo,

en los últimos viajes.

Usted ya sabe que yo siempre estoy de su parte, sargento.

-Sí, cuando no te pones de acuerdo con ellos.

-Le juro que se equivoca.

Yo no me meto en líos de contrabando,

pero no se olvide de mí cuando les cojan.

Ya sabe que me toca una parte.

Es legal.

¡A la orden, mi general!

A ver si hay suerte.

¡Eh, Julio!

¿Y mi padre? Ahora salía. ¿No le has visto?

No. Anda, sube.

(Silbato de tren)

¡Le han cogido!

A la orden, mi sargento.

¡Es muy grave!

¡Padre! ¡No vayas, Piquín!

¡Ven, no vayas! ¡Suelta!

¡Padre!

¡Padre!

¡Suéltame!

¡Padre!

¡Padre!

¡Suéltame!

¡Padre!

¡Padre!

¡Padre!

¡Padre!

¡Suéltame!

¡Padre!

¿Te preguntó de dónde sacaste la botella?

Sí. ¿Le dijiste que era de tu padre?

Sí. ¿Que las pasaba del muelle?

Sí, pero también me prometió que no se chivaría.

¡Imbécil!

Ya ves que le ha faltado tiempo para hacerlo.

Ese cerdo denunció al Francisco porque era al único que conocía.

Por eso los guardias fueron directos a él.

La cosa está bien clara.

-¡Pues nos las va a pagar... el muy cerdo!

-Sería el primero en escapar sin lo suyo.

-Cuidado, no vayamos a empeorar las cosas.

¡Chivato!

¡Es un chivato!

(Música de Lamote de Grignon)

Sentaos.

Os traigo una gran noticia, una estupenda noticia,

algo que ni yo mismo esperaba, por lo menos tan pronto.

Fijaos, los equipos.

Tenemos aquí ya los equipos

que solicitamos al Frente de Juventudes.

Dos enormes cajas de material que esperaban abajo.

¿No os dais cuenta?

Y son nuestros.

¿Veis? Camisetas,

pantalones,

medias,

botas...

y hasta este magnífico balón. Toma, páralo.

Pero ¿qué os pasa?

¿Ocurre algo?

Creí que os alegraría la noticia.

No lo entiendo.

¿Por qué no contestáis?

Tú, levanta.

¿Te ocurre algo especial? No, señor.

¿Por qué te callas?

¡Habla, contesta!

Me han dejado que te vea porque es la víspera de Navidad.

Estaba fuera esperando.

¡Tenía tantas ganas de darte un beso, padre!

Yo quiero que salgas, quiero que vuelvas a casa.

Ya volveré, hijo. No te asustes.

Si no fuera por ese maldito...

Sé quién se ha chivado y por qué te han cogido.

También lo sé yo.

El carabinero me dijo que había cantado Miguel.

¿Miguel? Sí.

Nunca nos llevamos bien.

Lo esperaba.

Además, dando el soplo, sale ganando.

¡No puede ser! Díselo al Julio y al Vicente.

Pero que no le hagan nada.

Que me lo reserven para cuando me suelten.

Le voy a destripar.

¿Qué te pasa?

Entonces, ¿no fue el maestro?

¿Qué maestro?

No, claro que no.

No fue él.

Me voy. ¿Adónde vas?

Debo marcharme, padre.

¡El Sr. Ponce!

¡Si no llego a tiempo, el Vicente y el Julio lo matan!

(Voces indistintas)

Tenga.

¡Eh, Rodríguez, Solanes, esperadme!

Piquín.

Quiero hablar contigo, Piquín.

¿Con nosotros no, soplón?

(Golpes)

Déjamelo a mí.

Ahora verás lo que hacemos con los chivatos.

¡A por ellos, muchachos!

-¡Vamos, vamos!

-¡Vamos, dadles! -¡A por ellos!

-¡Vamos, vamos, dadles!

(Griterío y voces indistintas)

¡Largo de aquí!

¡Largo de aquí!

(Griterío)

(Pedradas)

Y Piquín nos avisó de la emboscada traidora que le habían preparado.

¡Qué felonía!

¿Dónde está Piquín?

-Allí.

Piquín.

¡Piquín!

(Música de Lamote de Grignon)

Hale, hale, vete a tu casa.

No puedes estar por aquí.

(Risas)

Ya te enseñaré mi regalo.

¿Tan pronto vuelves hoy? Si no hay nadie en tu casa.

(Música de Lamote de Grignon)

(LLORA)

(Órgano)

Adelante, Piquín.

(CORO) # Pastores, venid, El maestro...,

# ...pastores, llegad... ...nuestro maestro...,

# ...a adorar al niño..., ...ha nacido ya.

# ...que ha nacido ya.

# Pastores, venid,

# pastores, llegad

# a adorar al niño,

# que ha nacido ya.

# Pastorcitos,

# venid. #

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