All language subtitles for Shepherd.The.Hero.Dog.2020.REPACK.1080p.WEB-DL.H264.AC3-EVO

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Original subtitles

¡Viene otro!

No grites.

- Toma. - ¿De verdad?

- ¡Sí! - ¡Buena chica!

Un poco más. ¡Empuja, Anya!

Tranquila, Anya. ¡Ya salen!

¡Mira la cabecita!

Sé que cuesta.

Lo sé, lo sé.

- El milagro de la naturaleza. - ¡Qué bonitos son!

¿Cómo llamamos a este?

¡Joseph!

¿Joseph? ¿No ves que es niña?

¿Sabes que somos diferentes?

¡Si he dicho Josephine!

- ¿A que sí, mamá? - Sí, puede.

- Hay otro ahí. - ¿Estás seguro, papá?

Pues claro. ¡Si es médico!

Pero no de perros.

¡Anya!

Sé que es duro, lo sé. Pronto descansarás.

Buena chica.

¡Qué pequeñito! ¿Qué nombre le ponemos...

- a él? Es un chico. - Ya, ya lo veo.

¿Qué tal Kaleb? Significa “perro” en hebreo.

Bienvenido al mundo, Kaleb.

- ¡Ven aquí, Kaleb! - ¡Corre!

¡Hola, pequeñín! ¡Qué rico!

Por favor, eso no.

Tienen hambre.

¡Ven, Josephine!

De nuestra comida no.

Y deja de llamarles así.

Les cogerás cariño.

¡Hola, pequeño Kaleb!

¿Qué ha dicho tu madre?

¡Hola, cachorrito!

Les podéis llamar por sus números.

¡Hola, Número Cuatro!

Hay que ver qué hacer con ellos.

¿Hacer el qué?

Venga, Shoshona. Explícaselo.

Habrá que darlos. No se pueden quedar todos.

¡No podemos hacer eso!

Quizás no todos. Podemos quedarnos uno.

¿Y cómo elegimos solo a uno?

Los queremos a todos.

Les buscaremos buenos dueños.

¡No se pueden separar! ¡Son hermanos!

¿A quién eligirías? ¿A Rachel o a mí?

¿Serías capaz?

Seguro que no es muy difícil.

No es lo mismo.

Incluso si nos fuera bien, no podríamos con todos.

No somos una perrera.

Cómete tu schnitzel.

¿Son pastores alemanes puros?

Por lo que se ve...

¿Y cuánto cuestan?

No pedimos dinero. Solo que los cuiden.

¿Tienen sus permisos?

Lo siento, pero no.

¿Y cómo sabemos si son pura raza?

Mi Karl-Gustav es puro rottweiler.

¡Un pedigrí y un linaje perfectos!

Mire qué bien.

Estarán mezclados con un terrier o algo francés.

Claro.

¡Mami, mami! ¡Cachorritos!

¡Quiero este!

Este es nuestro.

Pero es el que quiero.

¡Los otros también están bien!

¡Y son más grandes!

Ven aquí, Kaleb.

Algo le pasa a este perro.

Está loco y muerde a niñas pequeñas.

Ya ha mordido varias veces a mi hermana.

¿A que sí, Rachel?

Sí, me mordió en el cuello y en el ojo.

¡Y tuve que ir al hospital!

Vámonos, Harriet.

Gracias, Rachel.

¡Pobre Anya!

Aquí tiene, buenas tardes.

Anya, quieta.

No puedes entrar en la panadería.

¡PERROS NO!

¡JUDÍOS NO!

Solo es la panadería.

Y mañana será la floristería, luego la costurera y el mercado.

Algo pasa con nosotros.

- No se lo digas a los niños. - ¿Y cómo?

Ya han visto el cartel.

Entienden lo que pasa mejor que tú.

Se acabará.

Ya verás.

Y las leyes de Núremberg, ¿qué?

¿Sabes lo que dicen?

“Para la protección de la sangre y el honor alemanes”.

¡Somos de la quinta generación!

¡Y nuestros hijos, la sexta!

¡Y, de repente, no somos alemanes de verdad!

- ¡Por favor, entren todos! - ¡Buenas tardes!

¡Qué alegría! ¡Nos encanta eso!

Hola, señor. ¡Qué elegantes!

¡Bienvenidos!

Este es Baruch Zonenfeld.

Es médico y fuimos al colegio juntos.

Y estos son los Komorsky.

- ¡A zissen Pesach a todos! - ¡Zissen Pesach!

- Hola, ¿cómo estás? - Bien.

Disculpad que venga con Puerro.

Muchas gracias, pero no comemos puerro en Pascua.

A Puerro.

- ¡Ah, claro! - ¡Por supuesto!

Todos debemos celebrar la Fiesta de la Libertad.

¡Venid todos!

¡Id con el señor Sherman!

- A la mesa, por favor. - ¡Venga!

¡La mesa está lista!

- ¡Qué maravilla de mantel! - ¡Gracias!

El verde simboliza la primavera

y el milagro de la naturaleza.

Y lo mojamos en agua salada

como símbolo de las lágrimas de los esclavos israelitas.

¿Y hay Seder sin pan ácimo?

El Afikomen.

¡Bien!

Kaleb, ¿dónde está?

¡Buen chico! ¿Lo has encontrado?

- ¡Lo tengo! - ¡No!

- ¡Eres genial! - Jo.

Joshua, ven aquí.

Tengo algo para ti.

Qué curioso...

¿A qué sabe el pan?

¡JUDÍOS NO!

Ven, Kaleb.

¿Por qué no están en clase?

Los expulsaron.

Es culpa de Joshua.

Le pasó una nota a una chica.

A Leyna Lingmeier.

Dicen que era una carta de amor.

Le dije que la veía guapa.

Es hija de un oficial de las SS

y se considera una ofensa.

Ni Joshua ni Rachel podrán volver.

No podré volver porque Joshua se ha metido en líos.

No he hecho nada. No es justo.

Es hora de contárselo.

No hay nada que contar.

¿Contar el qué?

Es algo momentáneo.

Y cuando vuelva,

¿estaré con mis amigos?

Sí, sí, claro que sí.

Pero ahora, estudiaréis aquí.

Os daremos clase vuestro padre y yo.

- ¿Señora Matilda Speilen? - ¿Sí?

¿Está usted sola?

Los niños están en casa.

Las leyes prohíben a los judíos

tener criadas menores de 45 años.

Pero no son del Este.

- Estos son buenos. - ¿Buenos?

Esos están en los campos.

Mire, usted es aria

y limpia la casa de unos judíos.

¿No cree que se merece algo mejor?

Pero me tratan muy bien y este es mi trabajo.

Trabajar es importante,

pero una raza pura, más.

Váyase ahora.

Volveremos para ver que no trabaja más aquí.

- Heil Hitler. - Heil Hitler.

Siento muchísimo no tener 45 años.

Lo siento mucho.

Han sido muy amables conmigo.

Gracias por todo.

Ha sido parte de la familia.

¿Querías hablar conmigo?

Demos un paseo.

Me despido.

Tengo billetes para mí y mi perro.

Mañana vamos en tren a Italia.

Y de ahí, en barco a Palestina.

Seguro que ya te has enterado.

¿De qué?

Ya no podemos tener mascotas.

Y él es todo lo que tengo,

no tengo familia.

Samuel, ¿a qué esperas?

Vete antes de que sea tarde.

Creo que estás exagerando.

¡Me temo que no!

Nadie querrá a los dos.

Quizás Matilda acoja a Anya.

Y ya veremos con Kaleb.

Matilda, ¡qué bueno verle!

¿Recuerda a mi marido? - ¡Claro!

- Gabriel. - ¡Sí!

Se ve bien.

¡Te lo dije! Y es muy obediente.

Mira. Siéntate.

¿Y os podéis quedar con Kaleb?

No, solo uno.

Será mejor que os marchéis.

Pues sí.

Esta es su comida.

Y esta...

Su manta favorita.

Adiós, Anya.

- Anya, ven. - Vete.

Kaleb, quieto.

Echa de menos a su madre.

¿Y por qué se la ha llevado?

No entiendo.

Cuando se hacen leyes para algunos,

nunca viene nada bueno.

¿Es porque somos judíos?

Sí.

Pues no seamos judíos.

Vamos a hacernos católicos.

Y no nos pasará nada, como a los demás.

Somos judíos.

Y agradece tener una familia maravillosa.

Nunca lo olvides.

¿Queréis chocolate?

- ¿Sí, mamá?¿Podemos? - ¡Claro!

Solo uno.

Buenas, doctor.

Pase, por favor.

Soy Frank Heinz.

- Albert, su paciente, me dijo... - Sí, lo sé.

- Gracias. - Por favor.

- ¿Nos dejarán entrar? - ¡Claro que sí!

- ¡Chocolate, por favor! - ¡Hola!

- ¿Queréis chocolatinas? - ¡Sí!

Gracias.

Ya verá que Kaleb no es un perro normal.

Es muy listo.

Si le gusta, debería irse, antes de que vengan los niños.

¿No están en el colegio?

Adiós, querido cachorrito.

Te cuidarán muy bien.

El Señor te bendiga y te proteja,

ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.

Ven, Kaleb. Venga, ven.

- ¡Mira, chocolate! - ¡Te he guardado un poco!

¡Kaleb! ¡Kaleb!

¿Por qué no estaba en la puerta?

¿Qué pasa?

Perdóname, Joshua, pero sé fuerte.

Tuvimos que dar a Kaleb.

No pudimos hacer nada.

Lo siento tanto... No puede estar aquí.

¡No!

¿Por qué no?

Kaleb. Kaleb. Ven, sal.

No pasa nada. ¡Ven!

¡Sube las escaleras!

Este es tu nuevo hogar. Te lo enseñaré.

Venga, entra.

¡Te traigo un regalito!

¿Recuerdas lo que dijo mi padre

cuando le dije que nos casábamos?

Es una pregunta retórica, ¿no?

Dijo: “Frank es bueno, pero hace lo que quiere”.

Tampoco te gustó Norbert cuando lo traje.

Eso es mentira.

Me encantó desde que lo vi.

¿Dónde lo has sacado?

Era de los Schoenmann.

¿Y qué te hace pensar

que un perro judío sustituiría a Norbert?

¿Y cómo se llama esto?

Kaleb.

Qué absurdez.

Se le puede cambiar.

¿Y si lo llamamos...

Norbert?

¿Su cama sigue caliente y le quieres poner su nombre?

- ¿Pero qué te pasa? - Déjame pensar en algo.

¿Qué tal Wilhelm?

¡Qué bien suena!

Greta, Frank y Wilhelm Heinz.

No quiero a este perro.

O lo devuelves a su sitio o te encargas de él tú solo.

¿Te puedes dar prisa, Frank? Vamos tarde.

¡Ni te muevas!

Volveremos pronto.

Perro del demonio...

¡No lo entiendo!

¡Si con los Schoenmann era pura alegría!

Quizás solo le gusten los judíos.

- Bueno... - Venga, Frank.

¡Mira lo que tengo!

¡Toma, chico!

¡Tranquilo!

Frank, ¡vamos!

Pues quien desee amar la vida y ver días buenos,

refrene su lengua del mal

y sus labios de pronunciar falsedad,

pues los ojos del Señor

se fijan en los justos.

¿Pues de qué servirá a un hombre ganar el mundo entero,

si pierde su alma?

Id en paz.

¿No crees

que Jesús tenía que ser delgado

para caminar sobre las aguas?

No como yo, con esta panza.

- Te habrías ahogado enseguida. - Vaya...

El cura habla muy bien, ¿verdad?

No lo hace mal.

Querida, tomemos un té.

¡Diós mio!

¿Has visto lo que ha hecho?

Serás idiota... ¡Imbécil!

¡Estúpido perro!

¡Wilhelm!

No sé por qué has vuelto, chico.

¿Sabes cuántas veces he pensado en hacer lo mismo?

Odio mi vida.

Al igual que tú me obedeces,

yo le obedezco a ella.

Tampoco he sido de provecho...

No pasa nada, chico, irá bien.

¡Cuidado, por favor!

Por aquí.

Cuidado.

Justo ahí.

Perfecto.

Cojan eso.

Si le haces algo, te mato.

¡Señora, su perro!

Hasta luego, maldito perro.

¿De quién es?

- Oye, ¡para! - ¿Adónde va?

Parece que conoce la casa.

¿Puede ser que viviera aquí?

¡Pues ya no!

- ¡No lo toques! - ¡Vete!

Ven aquí, perro malo.

¡Que vengas!

Parece hambriento.

No es nuestro problema.

A ver si hay algo en la basura.

No hagas eso.

Cállate.

¡Mira lo que tengo, perrito!

Anda, ven.

Ven aquí.

Ven. Ven. ¡Mira lo que tengo!

Bien, ¡adiós!

¡Peter, no te lo vas a creer!

Míralo.

- ¡Vete! ¡A tu casa! - ¡Déjanos en paz!

¡Mira a ese perro! ¡Nos está siguiendo!

- ¿Nos lo llevamos? - Ni te acerques.

¡Es un perro callejero!

Seguro que tiene la rabia.

¡Que me dejéis!

¡Socorro!

¡Buenos días!

Número Uno-Dos-Cero.

¡Pero qué guapo eres!

¿Se te han pasado los efectos?

Pronto vendrá el Dr. Pletchner.

Es el veterinario de la región.

Y querrás que te elija a ti.

Cuando te mire, mírale a los ojos y...

Gruñe.

¡Le gusta que seáis asesinos!

Derecha. Derecha. Derecha.

Izquierda.

Derecha.

Izquierda, izquierda.

¿Pero qué tenemos aquí?

Izquierda. Perfecto.

Derecha.

Tranquilo.

Primero, un nombre.

Te llamarás Blitz.

Blitz.

Ven aquí, Blitz.

Ven.

Te gustará.

Prometo que no te haré daño.

Raus, serás bicho.

Blitz, amigo, te hacía falta un baño.

Seguro que debajo de esta mugre, hay un perro hermoso.

Blitz ha aprendido un truco nuevo.

¡Heil Hitler!

¡Atención!

Estamos aquí para probar todo lo que sabéis.

Es una prueba importante para vosotros

y vuestros perros.

¡Empiecen!

Es la hora de la verdad, Blitz.

¡Por aquí!

¡Aquí!

No, no, por favor, no.

Bien hecho, Blitz.

Magnífico.

¡Salud!

Ralph.

¿Es un pastor alemán pura raza?

Lo verdad es que no lo sé.

Es de la perrera, pero parece pura raza.

Tu perro ha dado con más judíos

que todos los otros juntos.

Sí, tiene talento.

Sigue trabajando duro con él.

Te prometo un cargo oficial cuando acabe todo.

Gracias, señor. Muchas gracias.

¡Eres el mejor, Blitzie!

Ya sabes lo que voy a enseñarte.

¿Quién era antes de ti?

Solo un adiestrador del Reich.

Pero ahora...

Incluso Jurgen Klein sabe de mí.

No te preocupes.

No se me olvida que la mitad del mérito es tuyo.

Ralph Kressler.

Hoy, trece de septiembre,

Ralph Kressler ha finalizado el curso de formación

con el visto bueno del Reich.

Y se le nombra adiestrador oficial de las SS.

Así como Blitz, su perro.

Por sus servicios.

¡Heil Hitler!

- ¡Heil Hitler! - ¡Heil Hitler!

Las cosas van de maravilla en el campo de trabajo.

Cada uno sabe qué tiene que hacer.

Así que solo vigilo de lejos.

Por las noches duermo bien,

porque confío en mi equipo.

Espero de vosotros, novatos,

el mismo nivel de excelencia.

¡Ralph!

Una cosa.

¿Tu perro contra el mío?

Los sucios ucranianos pagarían por una pelea.

- ¿Qué me dices? - No lo he entrenado para eso.

Blitz no pelea con perros.

Y no quiero el dinero de esa gente.

Y no quiero el dinero de esa gente.

El dinero gusta a todos.

A veces pienso que, si nos comparamos con los perros,

ellos nos ganarían.

¿Pero qué dices?

Queremos una guerra después de olernos los culos.

No nos contentamos con marcar territorio,

lo conquistamos.

Pero no cagamos en la calle.

Oh, vaya.

Somos geniales.

¡Ay, Blitzie!

¿Qué haría yo sin ti?

Eres más humano que nosotros.

Fuera, fuera. Deprisa.

Deprisa.

Fuera.

¡Silencio!

Seréis divididos en grupos.

Hombres a la derecha.

Mujeres, a la izquierda.

¡Es una orden! ¡Ya!

La mujeres irán a otro campo.

Si quieres ver algo, dímelo.

Ay, mi hombro. Solo dime.

- ¡Mami! - ¡No!

- ¡Mami! - ¡No!

¡Mami!

¿Qué te pasa, Blitzie?

Desde lo hondo a ti grito, Señor.

En mi aflicción, llamé al Señor.

Levántate, Señor, que se dispersen tus enemigos.

- Rezas demasiado. - Déjalo.

- Amén. - Amen v’amen.

Mirad lo que he traído.

¿Veis?

Mi hermosa mujer y mis hijos.

Todos muertos.

Hay un guardia que tiene un perro

que se parece al que tenía.

Vete a dormir.

Cuando lo veo...

Recuerdo cuando estaba con ellos.

Mi madre, padre y hermana.

Un día, vinieron y nos sacaron de casa.

Nos metieron en camiones y ya no los vi más.

¿Sabes cómo puedo encontrarlos?

Intenta dormir si puedes.

¿Qué miras, sucio niño judío?

No miraba nada.

¡Mentiroso!

¡Alto, Blitz!

¡Tu perro me atacó!

- ¡Lo mato! - ¡No!

¡No, no! Es de los mejores perros aquí.

Hable con Stengel.

- No sé qué le ha pasado. - ¡Le voy a disparar!

¡Volved al trabajo!

Si lo matas, tendrás que matarme a mí.

Ven.

El cabrón casi te rompe el cuello.

Son animales.

¿Por qué rezas tanto?

Si Dios existiese, no dejaría que pasara esto.

Nadie te está escuchando.

Lo que importa es que lo escucho.

Parece que mi perro se ha fijado en ti.

- ¿Cómo se llama? - Blitz.

- ¿Puedo acariciarlo? - Preferiría que no.

¿Ves?

Necesita estar con niños.

Yo tenía un perro como él.

¿Ah, sí?

¿Y cómo se llamaba?

Kaleb.

¿Tenías perro y te gustan los animales, no?

Muchísimo.

Sígueme. Quieto.

Quizás quieras cuidar a los animales.

Con tu altura, eres perfecto.

Me gustaría muchísimo.

Haré el papeleo.

Es solo para los animales.

Parece que le gustas.

Eso parece.

Las migas son para las aves.

Las mondas, para los cerdos.

Si comes o robas algo...

Te mataré.

¿Entendido?

Sí.

Perfecto. Empieza.

Kaleb, ¿a que eres tú?

¿A que sí?

- ¿Es de fiar el niño? - Claro que sí.

¿Pero qué más da?

Acabará con el resto en la fosa.

Estoy impresionado con su perro.

Es el perro más inteligente que he visto en mi vida.

Lo entiende todo.

¿Qué quiere hacer tras la guerra?

Me gustaría estudiar ingeniería.

O teología.

¿No seguirá adiestrando?

Quién sabe.

Bien...

Siento interrumpir el paseo, pero mañana habrá ajetreo.

Llegarán más trenes.

¡No! ¡No! ¡No!

- No pasa nada. - ¡Somos nosotros!

¡Despierta!

Señor Walinsky.

Tranquilo, no pasa nada.

No puedo.

Aquel día,

daba misa en una pequeña iglesia, cerca de las montañas.

Critiqué la crueldad del régimen.

Algunos parroquianos me apoyaron,

los soldados entraron

y los mataron,

justo delante de mí.

Ojalá...

Ojalá me hubieran matado a mí.

¿Cuánto tiempo duraríamos aquí?

Si hacemos lo que sabemos, juntos,

podremos escapar.

Y la valla electrificada, ¿qué?

¿Y cómo vas a escaparte de los ucranianos y los perros?

Hola, Revka.

¿Cómo estás hoy?

Shromo, come algo.

¡Estás en los huesos!

Toma, Kaleb.

¿Nos has traído comida?

¡No puedo!

Me vigilan para ver que no robo.

Iremos de noche y te ayudaremos a coger algo.

¡No! ¡Es muy peligroso!

¡Morirse de hambre lo es!

No te olvides de los paquetes.

No lo haré. Llegará todo a tiempo.

¿Eso es todo?

¿En serio?

Es un puñado de migas.

Tampoco hay que rezar tanto.

Dile a los perros que les aproveche.

- Estaba todo delicioso. - Pues sí.

¿Qué hace?

Así me dice que quiere más.

Dile que no, que comparta con los otros.

- Ponle la correa y tráelo. - Sí, señor.

El chico sabe qué le pasaría si roba comida, ¿verdad?

Por supuesto.

¡Blitzie! ¡Blitz!

¡Blitz! ¡Corre!

¡Este sí que es leal al Reich!

¿Qué tenemos por aquí?

¿Se te ha caído en el bolsillo?

Te dije lo que pasaría si les robabas comida.

¿A que sí?

¡Qué vergüenza!

Antes de que me mate, debería saber algo.

Cuando que cuidaba a Blitz,

como tú lo llamas,

no cuidaba de tu perro,

sino del mío.

Se llama Kaleb.

¿De qué hablas?

Nació un martes a las 11:30.

Tiene tres hermanos y hermanas.

Así que verá, Herr Gossler,

que su querido Blitz es judío.

Pues es una pena.

Date la vuelta.

¡Ven! ¡Tenemos que irnos!

¡Espera! ¡Ven, Kaleb!

¡Ven, Kaleb!

¡Ven aquí! ¡Corre!

¡Kaleb, vamos! ¡Ven!

¡Ven conmigo!

Kaleb, ven, ven. ¡Aquí!

- ¡Walinsky! - ¡Walinsky, no!

¡Me duele!

¡Dios mío!

Te han dado.

Creo que la bala sigue dentro.

Si tuviera un cuchillo, la sacaría,

pero hay que limpiar la herida.

¿Voy a por algo?

Esto está lleno de alemanes y sus perros.

Esperaremos a que amanezca.

Kaleb, te toca protegernos.

Usa tus oídos

y asegúrate que nadie se acerca.

¿Voy a morir?

No te muevas.

He sido bueno.

Claro que sí.

Quizás vea a mi Gittel en el Cielo.

Amigo mío...

Me reconforta morir libre.

Aquí, en la creación de Dios.

No en ese agujero infame.

Nuestros compañeros no tendrán ni un entierro.

Ven, vamos.

Creo que a Lerman le gustaría que rezáramos por él.

- ¿Adónde vamos? - Hacia el sur.

Quizás hasta Yugoslavia.

Según la posición del sol, vamos por buen camino.

Hay que encontrar víveres.

Kaleb, ¿qué pasa?

Métete ahí.

Eres pequeño y te será más fácil.

Estaré vigilando.

¡Ve!

¡Kaleb, tú conmigo!

¡Kaleb!

¡Por si tenéis hambre!

Vamos a cogerlo.

No, puede ser una trampa.

¡Vamos!

Tranquilos.

No os haremos daño.

- ¿Os habéis perdido? - Qué va.

Mi hijo y yo...

Han destrozado nuestra casa y mi mujer no sobrevivió.

Lo siento mucho.

Bonito perro.

Gracias.

Pasad.

- Venid. - No pasa nada.

Estaréis mejor dentro.

Sí, estaréis mejor.

Podéis quedaros a dormir.

Pero solo esta noche.

Todo es peligroso, ya sabéis de lo que hablo.

Y bueno...

Tendréis que dormir en el establo.

Es más que perfecto. Muchísimas gracias.

Solo esta noche.

Sí.

¡Joshua!

¡Coge a Kaleb y escondeos!

- ¡No te vamos a dejar solo! - ¡Ahora! ¡Antes de que sea tarde!

¡Recuerda la posición del sol!

- ¡Seguid al sur! - ¡No!

¡Corred!

Lo sé, Kaleb, lo sé.

Y este para mí.

Solos tú y yo.

¿Crees que mamá, papá y Rachel podrían estar por aquí?

¿Qué haría sin ti, Kaleb?

Dime lo que piensas, no me escuches solo a mí.

Intentaré comprenderte.

Te llamarás Blitz.

Ya será Domingo de Ramos.

La gente que vivía enfrente solía llevar esas flores.

Así que...

Eso significa...

Que es Pascua.

Papá.

Mamá.

Rachel.

Los invitados de siempre en Seder.

Y yo.

Y lo mojamos en agua salada

para recordar

las lágrimas que el pueblo judío

derramó en Egipto.

¿Recuerdas cuando eras cachorro

y encontraste el Afikomen?

Bueno...

Fuimos los dos.

Hice trampas.

Cuando puse carne en el pan.

A veces me preocupa que añores a Ralph.

Es difícil que entiendas quién era de verdad.

Te quería y te cuidó muy bien.

Pero yo también te quiero.

No te muevas.

¿Quién eres?

Joshua.

Me llamo Sasha Petrovich.

- ¿Te ha traído Kaleb? - ¿Quién?

- Mi perro. - Pues no.

¡Kaleb!

No podemos cargar con un niño.

Y encima herido.

Somos partisanos yugoslavos. Estás a salvo.

Te protegeremos.

No nos lo podemos llevar.

Con lo que ha pasado, ya no es un niño.

Levántalo y llévalo.

- No me voy sin Kaleb. - Lo que importa es tu vida.

Cógelo.

Los árboles, la noche y la oscuridad.

Tus mejores aliados.

El invierno también,

con sus días cortos y noches largas.

¿Entiendes lo que digo?

Si no, nunca serás libre.

Deja que el enemigo crea que está tras de ti.

Tu poder reside en la sorpresa.

- Eso es lo que hace Kaleb. - ¿Kaleb?

- Mi perro. - Ah, sí.

Olvídalo.

Hagas lo que hagas, no dispares.

Hará mucho ruido.

Es preciosa, ¿verdad?

No me gustan las armas.

Ahora será tu mejor amiga.

Kaleb lo es.

Está muy bien hecha.

Se la quité yo misma a un nazi.

Apunta a las botellas.

¡Te he dicho que no dispares!

¿Quieres que vengan?

- Ha sido sin querer. - Pues piensa antes.

- Ha sido por mi culpa. - Me dijo que...

¿Ves lo que pasa?

¡No!

¡Kaleb! ¡No disparéis!

¡Es Kaleb! ¡Kaleb!

Sabía que me encontrarías.

Nos dividiremos en tres grupos.

El primero tenderá una trampa en la carretera.

El segundo cogerá comida y ropa.

Y el tercero atacará a los alemanes que patrullen por la zona.

¿Preguntas?

¿Sí, Joshua?

¿Estoy en algún grupo?

Quizás.

No estoy seguro.

¿Hola? ¿Hay alguien aquí?

Pasa.

¡Por favor, no!

¡No nos hagáis nada!

¡Dios mío! ¡No, por favor!

¡No!

¡Los animales no, por favor!

¡Nos mantienen con vida!

Deja aquí el arma. Tan fácil como eso.

¡Perfecto!

¡Salud, compañeros! ¡Brindemos!

Joshua.

Has sido de gran ayuda.

Gracias.

Pero tienes que irte.

Es muy duro y difícil, para nosotros y para ti.

¿Y adónde iré?

Hemos cogido prestado dinero de los granjeros

y compraré un billete a Palestina.

¿A Palestina?

Estarás seguro allí.

Dejadme estar con vosotros.

El billete del chico y del perro.

Sé fuerte, hombrecito. Tendrás una vida mejor.

Venga, ¡date prisa!

Tienes que dejar al perro.

¡No! ¡Kaleb se viene conmigo!

No hay sitio para él. Venía en el precio.

- ¡Ahora es mío! - No, Kaleb viene conmigo.

¡Te vas porque eres un niño y solo!

¡Por eso tengo a Kaleb!

- ¡Para no estar solo! - ¡Es mío ahora!

¡No, Kaleb! ¡Kaleb!

¡Kaleb! ¡No! ¡Ven, Kaleb!

- ¡Siéntate, por favor! - ¡Kaleb!

¡Ven aquí!

¡Oye, perro! ¡Ven aquí!

¡Haz lo que te digo!

¡Ven aquí, ven!

¡No, por favor! ¡Kaleb!

¡Hay que rescatarlo! ¡Se ahogará!

¡Ayuda! ¡Para el motor!

- ¡Siéntate! - ¡Da la vuelta!

- ¡Por favor! - ¡Silencio!

¡Vuelve, Kaleb!

¡Kaleb!

Da la vuelta, venga. ¡Que la des!

¡Kaleb, oh, Kaleb!

- ¡Coge al perro! - ¡Menos mal!

- ¡Perrito, perrito! - ¡Kaleb, Kaleb!

¡Coged al perro!

¿Solo quedamos nosotros?

¿Qué clase de vida tendremos?

Gracias por estar conmigo.

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