All language subtitles for I giorni contati (Elio Petri,1962) HQ.spa

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Original subtitles

LOS DÍAS CONTADOS

Por favor, señores...

Billetes, por favor.

Su billete, por favor.

Su billete, caballero.

Billete, caballero.

¡Está muerto!

¡Está muerto!

¡Conductor! ¡Pare, por favor!

Bajen. Bajen, señores, por favor.

¡Vamos! Por favor, bajen, señores.

Bajen. Vamos.

¡Don Cesare! Son casi las ocho.

¡Don Cesare!

Le ha llamado la señora Proietti.

Dice que a ver si va usted a hacer la reparación.

Que no se han podido lavar esta mañana.

¿Qué le digo?

¡Muy bien!

Señor Cesare, ¿se encuentra mal?

No, no, estoy muy bien.

¿Cómo es que vienes tan elegante?

Ayer vi morir a uno en el tranvía.

- ¿Pariente tuyo? - No.

Pero teníamos más o menos la misma edad.

Sí, ríete, ríete...

¡Ríete!

Pero ése se quedó allí, tieso. ¿Comprendes?

¡Zas! Infarto...

¡Infarto!

¡Y tenía mi edad!

O sea, también la tuya.

¿Comprendes?

Se monta uno en el tranvía una mañana... como siempre...

fresco como una rosa... Y, de repente, el corazón... ¡Flop!

No vuelvas a ir en tranvía...

Haré algo más.

A ver...

Dejo el curro.

Tienes casi cincuenta y tres años...

Ya no eres un crío.

Pues justo porque tengo cincuenta y tres años.

¿Cuánto más voy a durar? ¿Cinco, diez, quince años?

¡Quién sabe! Igual menos.

Entonces no deberías haber empezado a currar ni siquiera de niño.

Hasta los recién nacidos se mueren.

Si eres un niño, es una desgracia.

Pero a nuestra edad se vive con la muerte.

¿Lo comprendes?

¿Recuerdas a mi pobre mujer?

Fuerte, robusta... Parecía que tenía una salud de hierro, ¿no?

Y, sin embargo, en quince días...

Se apagó.

¡Venga, sube!

¿Y quién te va a mantener?

Eso es lo de menos.

Tengo algunos ahorrillos.

Eso significa que cuando se acaben...

pasará algo.

¿Lo ves? ¿Ves cómo se muere uno?

¡Buen tajo! ¡Currad, currad!

- ¡Eh, Cè! ¡Despierta! - ¡Venga, que ya es de día!

- Me siento estupendamente. - Sí, claro.

Dormir una noche al raso siempre te hace sentir más joven.

- ¡Amilcare! - ¡¿Adónde vas?!

A un sitio. ¿Vienes?

Venga, vente conmigo.

Amilcare... No tengas miedo, ven.

Mira.

Ven a ver.

Echa una ojeada.

Éste nació el mismo día que yo.

¿Ves?

El 11 de abril de 1908.

La misma fecha exacta.

Abril... 1908.

¿Y eso qué?

¿Que qué quiere decir?

Quiere decir... Quiere decir...

¿No lo entiendes?

Quiere decir que tengo los días contados.

- Por una cosa u otra todos vivimos con los días contados. -Precisamente.

Así que me cojo vacaciones.

- Enséñame el carnet. - ¿Por qué?

Enséñamelo.

Venga... Aprisa...

¿Para qué lo quieres? Está caducado.

Amilcare Franceschetti, pintor...

Nacionalidad italiana. Domicilio...

¡¿Qué haces?!

¡No!

¿Qué haces? ¿Adónde vas?

¿Adónde quieres que vaya? ¿Qué quieres de mí?

- ¿Por qué? -¿Qué te he hecho yo? ¿Por qué me quieres mal?

- ¿Yo? - ¿Quieres que me dé un ataque?

Si tú no quieres currar, no curres.

Estoy cansado, me voy a la cama. ¡Sepulturero!

¿Sepulturero yo? ¿De qué?

¡Ven aquí, idiota! ¡Ven aquí!

- ¡Venga, síguelos! - ¡Bájese! ¡Tengo que ir a currar!

¿Cómo que a currar? ¡Síguelos!

"¡QUEREMOS CASAS!"

Es la segunda vez que nos manifestamos pidiendo viviendas.

¿Hay un ambulatorio por aquí?

- Sí, yo soy el médico. - Ah, es usted...

- ¿Podría decirme el nombre científico de la garrapata? -"Argas reflexus".

Vienen de África y pueden contagiar incluso la meningitis.

Antes de montar esta manifestación, ¿no han acudido a las autoridades?

- Sí, pero sin resultados. - ¿Cuánta gente vive aquí?

- Éramos once mil, pero quedamos la mitad. - Hábleme de las garrapatas.

- Los chuchos se las contagian a los críos. - Yo se las enseñaré.

- ¿Están en algún sitio? - Los chicos las han encontrado en el muro.

- Aquí, mire. - ¿Aquí las visteis? -Sí.

- ¿Un nido? - Sí, un nido de garrapatas grandes.

Y no sólo aquí. También en Quarticciolo.

- ¿Así que hay más casos? - Las madres contagian a sus hijos.

- ¿Es peligroso? - Sí. Pican, te atacan...

- ¿Adónde los llevas? - Al matadero.

- ¿Adónde? - ¡Al matadero!

Señor...

¡Señor!

¿Qué ha pasado?

- Nada... Perdón. - ¡Déjeme en paz!

¡Ha sido sin querer!

Venga, corta.

¿Cómo es que no has ido al trabajo esta mañana?

Trabajo de tardes.

Ah, de tardes.

Copas.

¿Qué haces? Juega. Te toca.

¡Mierda! Ahora tengo que echar un triunfo.

¿Qué haces? Tienes que robar primero. ¿Qué te pasa esta mañana?

Me gustaría saber nadar...

¿Nadar?

Pues aprende.

Me da miedo el agua.

¡Se está tan a gusto en casa sin hacer nada!

Don Cè, ¿la va a enseñar ahora a jugar a las cartas?

¿Me deja fumar?

Con tiento, que está ahí tu madre.

¡Fuma, fuma!

Perdón...

- Tenga paciencia... - Hay que fregar.

- ¡Aire, aire! - Aire... ¿Y adónde voy?

A dar un paseo. ¿No ve qué día hace?

¡Si pudiera irme yo! ¡Aire!

Buenos días.

- Su billete, señor. - ¿Eh?

- Billete. - Pero...

- ¿Cuánto es? - Trescientas liras.

- ¿De quién es este cuadro? - De Rafael.

- ¿Y cuánto puede costar? - ¡Y yo qué sé!

No es que vaya a comprarlo, pero...

- Y éste, ¿de quién es? - De Cranach.

Éste es bonito, ¿eh?

- Bonito éste, ¿eh? - No.

¿Cómo que no?

Y entonces, ¿cómo es que a mí me gusta?

Precisamente porque le gusta. ¿A qué se dedica usted?

¿Qué tendrá que ver? Soy fontanero.

Así que es usted lampista. Cada uno, según su oficio.

- ¿Por qué? ¿Es usted pintor? - No, vivo entre pintores. Soy marchante.

- Con que es usted lampista, ¿eh? - Sí.

¿Qué connota este cuadro? Sensiblería, melodrama...

Sentimentalismo.

¿No ha jugado nunca con las figuritas del Belén?

¿Y qué sé yo de belenes?

¿Y éste también? ¿Melodrama, sentimentalismo?

Esto no es melodrama. Esto es vida, no representación.

- ¡Es Rafael! - ¡Parece vivo!

Verá, profesor... Si alguien como yo se cae ahora del guindo,

le dicen que ya es tarde. Y eso es injusto.

¿No le parece?

O, por lo menos... Es triste, ¿no?

No, es justo. Tendría usted que haber sido Einstein para saber que...

Esto es lo más dramático de la vejez.

¿Por qué un hombre de 45 años tiene que andar con mujeres de 45?

¿Por qué?

Porque uno...

Venga a mi casa. Vivo aquí cerca, en Porta Pinciana.

Quiero enseñarle algo nuevo...

Un arte más completo, distinto, de formas...

El suyo es un problema esencialmente moderno. Sin saberlo, es un existencialista.

Pero, ¿quién hay ahí?

No espere encontrar modelos, mujeres desnudas...

Mi huésped pinta de manera informal.

¿Cómo dice? "In... "

Informal...

Venga, venga.

No tiene que entenderlo. Sólo contemplarlo.

Venga.

La sociedad expresa sus problemas.

Estos cuadros...

- La sociedad es alienante... - "Alienante".

La propia Historia...

¿Y...?

¿Todavía aquí? Los americanos están esperando.

- Le dije informal... -Ya... - Esto es una nadería.

- Mi amigo fontanero. - Encantado.

El baño está ahí.

Amilcare.

¡Es de locos!

Estos pintores usan el lavabo, el baño, como si fuera el cubo de la basura.

Frascos, lienzos, pinceles...

Y todo se atasca.

Hace falta algo para desatrancarlo.

- ¿No tendrá una llave inglesa? - No, no logro encontrarla.

Alguna herramienta... Cualquier cosa.

A ver si podemos dejar esto un poco decente.

O sea, a ver si puede... limpiarlo. Haga... algo.

A lo suyo...

Creemos saberlo todo pero no sabemos nada. ¡Nada!

Somos como gatos encerrados en un saco.

- Ya sé... Has bebido. - He bebido.

- Si te ve el profesor, vas listo. - ¿Por qué?

¿Que por qué? Es demasiado obvio.

Se entiende a la primera que es un paso de cebra.

- ¡Mira! - ¡No!

- ¡Un punto! - ¡Me despedirán!

- Si fueras un hombre libre como yo... - ¡Pirado!

Sí, estoy pirado. ¿Y tú?

¡Tú eres el que está pirado! ¡Tú!

¡Santo cielo!

¡Santo cielo!

- ¿Subiste la escalera corriendo? - Sí, corriendo.

Y te ahogaste.

- ¿Sigues fumando treinta al día? - Desgraciadamente.

- Pues eso. - ¿Qué tengo?

¿Qué quieres? Si un coloso, se fumara treinta cigarrillos al día

y luego escalara una montaña, se asfixiría, ¿no?

A saber entonces...

por qué me ha dado el ataque...

Pero, ¿qué ataque?

¡Doctor!

¿Qué?

- Doctor, tengo miedo. - Miedo, ¿de qué?

Miedo de... de eso.

- Del cáncer. - ¡Y yo!

¡Qué cosas tienes!

¡Doctor!

Doctor, me gustaría que me dijera...

Usted tiene que saberlo, ha estudiado...

- Tiene que saber esto. - ¿Qué?

A lo mejor le parece una estupidez, pero...

¿No sería posible saber ahora cuándo...

cuándo moriré?

- ¿Me tomas por un adivino? - ¡No, no, doctor!

Disculpe, pero...

No se lo tome a mal. Usted me conoce desde hace un montón de años...

A lo mejor... Usted lo sabe.

- Al menos eso, ¿no? - Nadie puede saberlo, Cesare.

- ¿De verdad que no lo sabe? - ¡No se puede saber!

- Disculpa, me están esperando. - Cojo mi chaqueta.

- Gracias, doctor. Hasta pronto. - No te preocupes. Hasta pronto.

- Un baño, por favor. ¿Cuánto es? - Dos cincuenta.

- Baño. - ¿Baño?

Giulia...

No me has reconocido, ¿verdad?

Yo te reconocí apenas te vi.

No has cambiado nada.

No, no has cambiado.

Bueno, algo... El tiempo pasa para todos.

Mírame.

¿Vas a bañarte?

¿Eh? Sí.

Pero no tengo nada. Ni toalla...

Ni jabón... Me falta de todo.

Yo también te he visto.

Un día, en Corso Vittorio... Creo que con tu mujer, hace cinco años.

¿Sí? ¿Y por qué no me dijiste nada?

¿Cómo iba a hacerlo? Estaba con Rodolfo.

- ¿Tu marido se llama Rodolfo? - Sí... Ven.

- Entra. -¿Sabes que no consigo recordar por qué no nos casamos?

- Yo sí. Tú no querías. - ¿Yo?

¿Que yo no quería? Estaba ahorrando, perdona.

¿Qué dinero? ¿El que te jugabas todas las noches en el café?

¿Si yo... te hubiera buscado, después de casada con ése?

¿Por qué preguntas eso ahora?

Y si...

Si te hubiera pedido que nos viéramos alguna vez,

¿me habrías dicho que sí?

¡Y yo qué sé!

- Está listo. Báñate. - ¿Podemos volver a vernos? -¿Para qué?

Para nada. Me gustaría verte, hablar...

¿De qué íbamos a hablar?

Bueno...

Vete. Tengo cosas que hacer.

Estoy tomando decisiones importantes. Necesito ayuda.

¿Por qué no nos vemos un día? Delante del cine Giulio Cesare...

¿Delante del cine? ¿A qué viene esto?

Pase, por favor.

Tengo un marido, hijos...

¡Soy abuela! Y me citas en la puerta de un cine.

Tienes que venir, Giulia.

Necesito tu consejo.

- ¡Giulia! - ¿Te has vuelto loco?

Salida del vuelo Air France 609 a París.

- Perdone, ¿adónde va este avión? - A París.

Disculpe... ¿No se podría hacer un vuelo más modesto?

- ¿Cómo más modesto? - No sé... Un viaje breve.

Un vuelecito sobre la ciudad...

Para eso tiene que ir al Aeropuerto de Urbe.

Sí, ¿dígame?

Gracias.

¡Mira quién está aquí, Robertino! ¡Ven, abraza al abuelo!

Ahora el abuelo te va a dar unos caramelitos.

¿Por qué has venido? ¿Necesitas dinero?

¡¿Qué dices, papá?! Hace mucho que no te veía...

- Coge al niño. - Ven con papá.

Precisamente...

Desde la última vez que necesitaste pasta.

Así que, si Robertino da un gran beso al abuelo,

el viejo y desgraciado abuelo le dará unos caramelos.

¡Eh, primero el besito! Un beso grande, que se note.

- ¿Has comido ya? - Sí.

- Y también has bebido. - Sí.

Se nota.

¿Qué planes tienes?

- Por fin lo sueltas. -¿Qué planes tienes? - Y a ti, ¿qué te importa?

¡¿Cómo que qué me importa?!

He trabajado hasta hace media hora. Pero todavía no puedo jubilarte.

A lo mejor dentro, de unos años... Antes tengo que situarme.

Déjame que me organice y luego veremos.

Comprendo. Tú quieres que me retire... naturalmente.

Cuando ya huela, ¿eh?

¡Papá, no seas crío!

No se te ocurre decirme: "Papá, si estás cansado descansa un poco".

Sólo piensas en lo que te va a costar mantenerme, ¿verdad?

Ven aquí... Mejor que el niño no nos oiga. Llévatelo a casa.

Adiós, Robertino. Dale un besito al abuelo, venga.

Toma... Venga, vete.

¡Vete!

- ¿No cena Graziella esta noche? - Trabaja hasta tarde, la pobre.

Ah, ¿sí?

Yo ni siquiera sé adónde ir esta noche.

Estoy indeciso.

- Vaya a ver el Coliseo iluminado. - Ah, sí...

¿Qué Coliseo iluminado?

¡Es un timo!

Vaya entonces a la estación... A ver a toda esa gente...

Ya lo había pensado.

- Pero lo mismo da irse a la cama, ¿no? - ¿A la cama? Vaya a un "night club".

¿Y qué hago yo en un "night club"? ¿Ver cómo se divierten los demás?

¡Ni siquiera tengo hambre!

A veces pienso que no me importa nada.

¿Durará mucho esta historia, don Cè?

¿O terminará usted diciéndome que no tiene dinero para pagar la habitación?

¡Ahí está Júpiter! Distancia media: 777 millones de kilómetros.

- ¿Y Saturno? -Cincuenta liras. - Cincuenta liras. Aquí están.

- Sírvase. -Gracias. - No lo mueva, ¿eh?

Catorce mil millones de kilómetros. Mírelo.

¡Admire esos anillos!

¡Parece la teja de un cura!

¿Qué miras?

¿Le ha dicho algo a mi madre?

No.

Señor Cesare, quería decirle una cosa...

No quiero oír nada de lo que tengas que decirme.

¿No quiere ayudarme?

He hecho lo mismo que usted.

He dejado de trabajar.

¿Qué estás diciendo?

La verdad es que ya lo había pensado antes.

Dejé el trabajo hace dos meses.

- ¿Y lo sabe tu madre? - No.

No. A final de mes le doy el sueldo, como antes.

¿Qué te crees? Yo he trabajado toda mi vida.

Yo.

Desde los doce años. Soy viejo. Tengo cincuenta y cuatro años, ¿sabes?

Y yo tengo diecisiete.

¿Qué, el dinero te lo dá ese del coche?

Es uno al que conozco de hace tiempo.

Me trata bien.

¡Pero es un viejo!

¡Tiene su edad!

Y usted no es tan viejo.

- Yo... me siento avergonzado. - ¿De qué?

¿Que de qué?

De oírte hablar así.

Quería divertirme.

Señor Cesare...

¿Qué se cree, que no he buscado otro trabajo?

Encontré uno, incluso.

Pero era de cajera.

Pedían una fianza: cincuenta mil liras.

¿De dónde las sacaba?

¿Cómo iba a conseguir cincuenta mil liras?

Ya no me importa.

Treinta...

Cuarenta...

Y cincuenta... Aquí tienes tus cincuenta mil liras.

Pero vuelve a trabajar, ¿entiendes? Vete inmediatamente a trabajar.

Ve o se lo contaré todo a tu madre.

¿Y cómo se lo devuelvo?

Cien liras al mes.

¿Estás listo, Amilcare?

¡Adelante, Spartaco!

Yo no me voy a bañar. El agua está fría.

¡Cuánta gente!

A veces me gustaría pararme con cada uno de ellos.

¿Con quiénes?

Con todos estos.

Son siempre los mismos.

¿Y para qué te quieres parar?

Para hablar con ellos. Saber qué hacen, dónde van, qué piensan...

Y a ti, ¿qué te importa?

¿Qué te importa?

Uno camina entre desconocidos, ¿entendéis?

¿A cuántos seres humanos he conocido en mi vida?

¿A cien?

¿A doscientos?

Trescientos como mucho, ¿no?

A ti no te importa no conocer a tu prójimo.

Uno lee en el periódico...

"Degüella a su mujer, a sus seis hijos y después se mata".

O...

"Le corta la cabeza a su padre y se da a la fuga". Y así.

Yo me ocupo de mis asuntos.

En resumen, no conozco ni a un sueco.

¡Ni siquiera conozco a un ruso! ¿Comprendéis?

¿Qué quieres ser cuando seas mayor?

- ¿Yo? Nada. - ¿Qué quiere decir "nada"?

- Tendrás que ser algo, ¿no? - Astronauta.

¡Astronauta!

- Y tú, ¿qué haces? - Soy lampista.

lampista, amigo mío... Un buen oficio, ¿qué te has creído?

¡Manejas el soplete!

Se estropean las cañerías en casa y todo el mundo te llama.

Ricos, pobres, artistas de cine, ministros, cardenales... Entras en todas las casas.

- ¿Comprendes? - ¿Qué casas?

- ¿Qué ha pasado? - ¡Uno que se ha ahogado!

- ¿Se ha ahogado alguno de nosotros? - ¿Qué hacemos contigo?

- ¿Por qué? - ¿Dónde estabas? Hace una hora que te buscamos.

- Estaba aquí, en la playa. - ¡Menudo susto nos has dado!

- ¿Creíais que era yo el ahogado? - ¡Sí!

¡Nada, nada! ¡Falsa alarma! ¡El muerto está vivo!

¡Imagínatelo! Si me hubiera ahogado de verdad...

Imaginaos que los tres... estamos muertos.

Somos... tres fantasmas.

Mirad...

¡Mirad, mirad!

¿Lo veis?

¿Veis a la gente?

¿Cómo se divierten?

Todos.

Todos se divierten.

Estamos muertos y todo sigue igual sin nosotros.

¡Eres un aguafiestas!

Yo sólo intento comprender.

¡Me esfuerzo por comprender!

¡Eso es!

FIN DE LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE

¡Hola!

Ya he sacado las entradas.

¡Ahí va! ¡Si te has puesto los zapatos nuevos!

Eres un pelmazo.

Pelmazo, ¿por qué?

¿Qué querías decirme?

Nada. ¿Sabes...?

Quería pasar un rato contigo. Quería que me aconsejaras porque...

No sé... Desde hace unos días me pasan cosas raras.

Creo que me he vuelto un poco majareta...

Nada malo...

No sé... A lo mejor me vuelvo al pueblo.

Pero no vamos a hablar de eso aquí. Vamos a ver la película, venga.

- Dame la mano. - No...

- No me he traído las gafas... - ¡Caray, menudo tiroteo!

Gracias.

- ¿Qué hace? ¡No soy un trono! - Disculpe.

- ¡Encima! - Por favor, no se enfade.

- ¿Qué pasa? - Nada, que me he sentado encima de uno.

Está oscuro.

Lo siento... Lo siento mucho.

- ¿Quieres mis gafas? - No, gracias.

Me pasaré sin ellas.

- ¿Qué miras? - ¿Eh? Nada.

¿Qué querías decirme?

¿Qué haces aquí? ¿No has ido a trabajar?

¿Qué pasó? ¿No te dieron el trabajo?

Ni siquiera fui.

¿Y qué has hecho con el dinero que te di?

Me compré un postizo.

¿Un qué?

Un postizo.

¿Qué es esto?

¿Te has comprado una peluca?

¡¿Una peluca?!

¡Esto es de locos!

No debería haberme gastado el dinero, ¿verdad?

Te di cincuenta mil liras de mi bolsillo para que pudieras pagar la...

la fianza.

¡Y tú vas y te compras un postizo! ¡Te ríes de mí!

No te preocupes por el dinero.

De algún modo...

te lo devolveré

¡Me lo devolverás! ¿Cómo vas a devolvérmelo?

No me gustan las deudas.

Por favor...

¡Qué feliz eres!

La vida... ¿Comprendes?

Los años pasan.

Pasan.

Pasan, pasan...

¡Y cómo pasan!

¡Haz lo que quieras!

¿Estás solo?

Esto es el Monte dei Cocci.

Aquí nunca viene nadie...

Vete a saber por qué.

Dicen que en la antigüedad aquí estaba la aduana romana.

Rompían todos los cántaros... Cántaros de aceite... Todos hechos añicos.

Habrá sido la subida.

A mí también me ha dejado para el arrastre.

¿Vas a hacer un drama por eso?

¡Déjalo!

- ¿Con quién se ponen así? - ¡Con los mayoristas!

- Pero, ¿por qué? - Porque compran la fruta barata y la venden cara.

- ¡Canallas! - Así funciona esto.

¿Qué quiere?

Perdone, señora. Sólo quería echar un vistazo.

Pase.

Gracias.

- Son americanos, ¿no? - Sí.

- ¿Y...? - Ahí, dentro...

- Ahí nací yo. - ¿Ha terminado?

Sí.

Pues adiós.

Adiós... y gracias.

¡Vendí porque necesitaba el dinero para mi familia!

¡Si quieres dársela, dásela! ¡Yo no! ¡Prefiero que se pudra en el árbol!

¡Necesito el dinero! ¡Necesitaba el dinero!

- ¿Y tus derechos? - ¿Qué derechos? ¡El dinero!

¡Los mayoristas siempre salen ganando!

Ya no conozco a nadie.

Unos se fueron a Roma, otros a América... Algunos murieron.

- ¿Quién ha muerto? - Simplicio Santurri, el cartero.

- Aquél que era un poco jorobeta. - Simplicio Santurri... Lo recuerdo.

- ¿De qué murió? - De tanto beber.

Por eso yo sólo bebo con las comidas.

Aquí, en el pueblo, el vino sirve para matar el rato.

A propósito, ¿cuánto cuesta aquí la tierra?

La tierra aquí la regalan. ¡Total, nadie la trabaja!

- Con permiso... - Por favor.

¡Eh, Constantino!

- ¡Cielos, no me reconoces! - ¿Quién eres?

¿Cómo que quién soy?

¡Soy Cesare!

¡Constantino! ¿Sabes lo que he pensado?

He decidido regresar aquí, al pueblo.

Aquí se está bien. Se trabaja poco y se duerme mucho.

El vino es de verdad.

El pan es de harina.

¡Vamos!

¿Qué tienes? Venga, venga...

Estamos llegando.

- Gracias. Adiós. - Adiós.

"PASE"

Voy, voy.

¿Puede considerarse vida una existencia hecha de millares de días idénticos?

¿Una cadena de pasos y movimientos ineludibles?

¿Sin unas vacaciones o una evasión?

Un trabajo que no quería y una familia que no lo quería a él.

¡Trescientos sesenta y cinco días al año, durante más de cuarenta años!

- Ustedes deben enviar a este hombre a prisión. - No.

Pero, ¿qué otra cosa ha sido su vida hasta ahora?

¡Sino oscuridad, cárcel, presidio! ¡Trabajos forzados!

¡Confinamiento!

Es verdad.

¡Silencio! O hago desalojar la sala.

- ¿Qué ha hecho? - El hijo tiene quince años.

¡Quince años!

- ¡Y a lo mejor es inocente! - ¡En absoluto! Violación...

Tentativa de homicidio, cogido "in fraganti"... ¡En absoluto!

- Felicidades. - Gracias. Buenos días.

- Un "cappuccino". - En seguida, excelencia.

- Buenos días, excelencia. - Buenos días.

- ¡Un magnífico alegato! - Felicidades.

- ¡Una requisitoria perfecta! - Por favor, un "brioche".

- Perdone... ¿Quién es ése? - Es Sigurette, el fiscal.

Ha hecho una requisitoria... ¡Dos cadenas perpetuas!

- ¿Dos perpetuas? - Sí, dos.

¡Cè!

- ¡Hola! - ¿Qué haces por aquí?

- Encantado. - Encantado.

Nada... No tengo nada que hacer.

Vengo aquí a pasar el rato. A este edificio horrible.

A ver qué pasa... Y vosotros, ¿qué hacéis aquí?

Una tontería... Un testimonio.

- ¿Qué testimonio? - Un proceso, un amigo... Un testimonio.

¿Sabes quién es? Él me enseñó a soldar. Trabajaba en su taller.

Lo único que sé hacer.

- Oye, Cè... - ¿Qué? - Escucha...

- ¿Es verdad que ya no trabajas? - Sí.

Y cuando se te acabe el dinero, ¿qué vas a hacer?

Ya se me ha acabado.

- ¿Qué vas a hacer, robar? - Venga...

Te enseño un timo.

Limpio, rápido... Tres kilos.

- ¡Entonces lo haría todo quisqui! - Claro... Pero hay miedo.

Hay que sacrificarse.

¡El juez no espera!

¡Venga, vamos!

¡Hasta la vista, Cè!

Aprisa... ¿Vienes? Pues muévete.

¡Llegamos ya media hora tarde!

¡Muévete!

Todo listo. Vuelva pasado mañana, por favor. No se olvide.

Por favor, ¿dónde es para las pensiones de los trabajadores?

- Por favor, ¿para la pensión? - ¿Cuál es su oficio?

Fontanero.

- ¿Desde hace cuánto? - Casi treinta años.

- ¿Cómo se llama? - Cesare Conversi.

- ¿Cuántos años tiene? - Cincuenta y tres.

- Hay que tener sesenta. - Ah, ¿sí?

¿Y cuánto me darán a los sesenta?

Entre doce mil y doce mil quinientas.

¿Cuánto?

Alrededor de doce mil. Un poco más.

¡No soy el Banco de Italia!

¡Se acabó!

Con lo de ayer son siete mil.

Tú haz lo que quieras...

Pero si quieres jamar tendrás que currar.

Es muy fácil no hacer nada y que trabajemos los demás.

¡Por lo menos, ve a casa de tu hijo!

¿Qué quiere que haga yo?

¿Qué quieres?

Escucha...

Tienes que decirme algo...

Tienes que decirme cuánto se puede sacar al día.

Yo contigo no hablo. No hablo con nadie.

¿A ti qué te importa?

La cuenta.

- Vale. Dos mil siete. Quédese el cambio. - Gracias.

- ¿Dos mil siete? - Claro. Hemos comido pescado, pollo y el vino...

- ¡Y le dejas trescientas de propina! - Claro.

- ¿Tú estás loco? - ¿Por qué?

No sé... Comerás así una vez a la semana. O una vez al mes.

Como todos los días. A mí me importa un pito todo el mundo.

Hago lo que sea... Robo. ¡Sólo pienso en mí! ¡En defenderme!

¿A ti te ha ayudado alguien?

Nadie.

¡Te estrujan! ¡Tienes que defenderte! ¡Hay que robar!

¿Comprendes? ¡Te estrujan!

Por ejemplo...

Te pongo un ejemplo sencillo.

Mira el autobús.

Sigue mirándolo.

Cuando arranca, pega siempre un bote. Mira.

¡Caramba!

- Exacto. - Sí.

Siempre es así.

Así que, cuando arranque, te tiras y finges que te has golpeado la cabeza.

Y si sabes cómo hacerlo, la compañía te indemniza.

¿Comprendes? Es un asunto sencillísimo.

Sí.

Es muy sencillo.

Lo puedes hacer hasta sin organización.

¡Es un asunto para uno solo!

¡Rinde poco!

- Abogado, éste es Cè. - Encantado.

Tiene que detraer el treinta por ciento del dinero del seguro.

Supongamos que consigue tres millones.

La cantidad neta es de dos millones cien mil.

Así es. Sí, es así.

Lo primero, es mi parte. Ya que yo no llevo porcentaje en el seguro.

Luego estamos nosotros.

Puedes darnos el cinco por ciento para los dos.

- Y luego está el "macero". - ¿Quién?

El "macero". Es un personaje importantísimo.

Es un técnico.

Y en su propio interés debe ser elegido con un cuidado exquisito.

El "macero"...

¿Diga? Sí, soy yo. Un segundo. Por favor, ¿salís al jardín?

¡Venga, vamos!

- ¿Qué es un "macero"? - Debe ser muy preciso. Como un cirujano.

Conozco uno mejor que Baldoni.

Es una chorrada. Yo lo he hecho tres veces.

Ya verás... ¡Tac!

Sólo un golpe. El brazo se rompe por el punto exacto.

Sí... ¡A saber lo que duele eso! ¡Tac!

Abogado, perdone... Además de éste cómo se llame...

De este técnico, ¿hay que pagar a alguien más?

Al conductor. El que se supone que te ha atropellado.

- ¿Cómo? - Se lleva cien mil.

Y el testigo.

¡No puedo ir a juicio sin testigos!

¡Piénsatelo!

Es bastante simple, ¿no?

¿Sabes que me caes bien? Me recuerdas a mi padre.

Por el me metí en el oficio. Yo se lo organizaba.

Los "accidentes".

- ¿Quieres un helado? - No.

Vainilla, chocolate y nata.

Toma los cacahuetes.

- Y a tu padre, ¿qué le rompiste? - Una pierna.

Ésta.

¿Quién sabe lo que sentiría el pobre viejo?

No sintió nada.

Se rajó. ¡Pobrecillo!

- Pero, entonces... - ¿Entonces?

¿Cómo fue el timo?

Le rompí un dedo... Éste.

Treinta mil. ¡Nada!

¿Tú que me aconsejas? ¿Un brazo o una pierna?

Una pierna. Pagan más. Pero es más difícil.

Mejor un brazo...

A lo mejor.

Pero pagan menos.

Una pierna...

O un brazo.

¡Señor Cè!

- ¿Quién es? - Vinicio al teléfono. Dice que quiere hablar con usted.

Nada, nada... Dile que...

¡Que no estoy! ¡No estoy!

Es sólo un momento, ya verás.

En cuanto esté, te sacamos a la calle. Ya está todo preparado.

Se arremolinará la gente. Alguno verá que tienes el brazo roto.

Dirán que hay que llevarte al hospital. Ellos se ocuparán.

- ¿Comprendes? - ¡Vinicio!

- ¿Todo listo? - Todo listo.

Ha llegado el coche. Espera la señal. El testigo está en el bar.

- Éste es... - Cesare. - Es un placer.

Tiene que quitarse la chaqueta.

- Vale. - ¿Entendido?

- Tiene que remangarse, ¿vale? - Sí.

- Tienes que remangarte. - Tranquilo. - ¡Valor!

Sí, valor... ¡Valor!

- Yo lo he hecho ya tres veces. - ¿Sí? Pues a ver cómo se hace. Valor.

Yo no me rajo, no te preocupes. Hazlo rápido.

¡Adelante!

- ¿Qué tengo que hacer? - Nada.

- Yo... - Agáchate.

- ¡Venga! - ¿Qué? - Nada.

Siéntate. Así.

- ¿Así? - Así.

- Los tienes bien puestos. No te haré daño. - ¿Qué?

Muy bien... No te haré daño. Muy bien.

No te haré daño. Cuando se te duerma el brazo me lo dices, ¿vale?

- ¿Se adormece? - Sí, se adormece.

- ¡Vinicio! - Aquí estoy.

Dime...

¿Estamos seguros de que pagan más por el derecho?

Sí, claro. Eres diestro y te pagan más por el derecho.

Entiendo.

Habla conmigo.

Habla, habla.

Cuéntame algo...

Lo que quieras... Habla, habla.

- ¡Habla, habla! - Dos millones, Cesare.

- ¡Di dos millones, Cesare! - Dos millones.

¡Harás un gran viaje! Tendrás una mujer. ¡O dos!

- ¡Tres! - Cuatro.

- ¡No volverás a currar! - ¡Ojalá!

¡No volverás a currar en tu vida!

¡Te comprarás un terrenito! ¡En tu pueblo!

- ¿Dónde se ha ido? - A Maiacane.

A Taormina. Cesare...

Creo que ya está adormecido.

No siento nada.

¡Cagüen todo!

¡Le podía haber reventado el brazo!

¡Lo siento, lo siento!

Dale, dale. Hazlo otra vez.

Te juro que esta vez... Esta vez no me muevo.

¡Cesare! ¿Qué ha pasado?

Perdonad. Ha sido un momento de...

¡Vamos!

Cesare, tienes que estar tranquilo.

- Sí, claro. - Si no, es peor. Puede hacerte daño.

- Sí... ¿Dónde se ha metido? - No te preocupes.

Mírame. Si haces eso, todo es mucho más complicado.

No mires, que es peor. Un segundo y se acabó.

No quiero mirar...

Pero no me agarres.

Tengo miedo, tengo miedo... Nunca soy capaz.

No estoy acostumbrado. Paciencia. No es culpa mía.

- Pero vamos a hacerlo, ¿verdad? - ¡No!

¡Ven aquí!

- ¡Dejad que me vaya! - ¡Ven aquí!

No vas a salir de aquí con el brazo sano, ¿comprendes?

- ¿Por qué? ¿Qué os he hecho? - Piénsalo... ¡Dos millones!

¡No los quiero! No los quiero, ¿vale?

¡Prefiero pedir!

¡Cobarde!

¡Te voy a romper yo el brazo!

¡Largo!

¡Largo!

¡Muerto de hambre!

¡Eres un muerto de hambre!

¿Qué, es culpa mía?

Tiene miedo.

Es viejo.

¡Dios...!

Es demasiado...

- Hola. - Hola.

Desde mañana...

vuelvo al tajo.

Estoy cansado, Cè.

Esta noche...

no sé qué hubiera dado con tal de estar en otra parte.

Incluso, allí. Mira.

Allí...

En cualquier sitio...

Pero aquí, no.

Dicen que el trabajo es una necesidad.

Dicen que si uno no trabaja, se aburre.

¿Qué le vas a hacer?

¡Perfecto!

Hecho.

Yo ya he cumplido. Ahora te toca a ti, ¿no?

Si quieres echarle un agua...

También se saca algo en claro...

Dicen que el trabajo no te deja pensar. Efectivamente, espanta las ideas.

- Cavaliere, ¿dónde estuviste en vacaciones? - En Roma.

- Roma. ¿Cómo no has ido a Palermo? - ¡Pronto iremos a la luna!

Tienes razón. Y ésta es mi astronave.

- ¿Qué ha pasado? - ¡Cè, gracias a Dios!

- Cè, mire cómo está todo. - ¿Quiere hacerse una piscina, señora?

- ¿No hay grifo? - No, se rompió.

¡Más, más!

"TITOV HA REGRESADO A LA TIERRA"

¡Edición extraordinaria! ¡El "Paese Sera"! ¡Ha regresado el ruso del espacio!

...pagar ciento cincuenta millones...

...querido, querido...

...no es grave, no es grave...

¡Augusto!

...un acuerdo inmediato sobre Argelia...

¡Augusto!

...dime que me amas...

...te amo, te amo...

...espera, ven aquí...

...no te marches...

...quizás...

Señor, hemos llegado.

F I N

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