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Original subtitles

Transportes El Rayo.

Desde su fundación,

Transportes El Rayo es sinónimo de innovación,

experiencia y fiabilidad.

Con una sólida implantación en más de catorce países,

su proyección internacional

se basa en la excelente calidad de sus servicios.

Va a flipar. Estoy deseando verle la cara.

Mira.

...haciendo de la puntualidad y el compromiso con sus clientes

su principal seña de identidad.

Transportes El Rayo, un grupo empresarial

a la vanguardia de la gestión integral del transporte

que se ha ganado la confianza de clientes,

colaboradores e inversores,

siempre bajo la bandera de la eficacia y la rentabilidad,

sin renunciar nunca a su compromiso medioambiental.

Transportes El Rayo,

50 años moviéndonos hacia el futuro.

Impresionante.

En el vídeo se han olvidado de mencionar un pequeño detalle.

Y es que esta compañía ha batido este año

su propio récord al obtener...

¡37 millones de euros de beneficio neto!

Yo, con que me paguéis hoy la mitad de eso por mi actuación, me conformo,

aunque sea bruto. No digo que sea bruto yo,

digo que aunque no me lo paguéis en neto.

Pero no estamos aquí hoy para contar el dinero. No, tranquilos.

Para eso necesitaríamos seis meses, y quedándonos todos hasta tarde.

Estamos aquí para homenajear y ofrecer

un merecidísimo reconocimiento

a la persona que ha hecho posible todo esto.

Ese hombre al que hoy, después de 50 años

de incansable dedicación a la empresa,

por fin le llega su merecida jubilación.

Un hombre que ya me han dicho que no es muy amigo de hablar en público.

¡Don Horacio Hernández, presidente, muy buenas noches!

Bueno, bueno, antes del vídeo ya os anuncié

que iba a haber una gran sorpresa.

Pero no voy a ser yo quien la desvele.

Señoras y señores, tengo el gusto de invitar a subir al escenario

a una persona que conoce a don Horacio como si fuera su hijo.

¿Por qué? ¡Porque lo es!

¡Ramón Hernández, el hombre que a partir de mañana

se hará cargo del imperio creado por don Horacio!

Ay, mira, Monchito. Qué guapísimo está.

No está mal el puesto. ¿Has tenido que hacer

muchas pruebas de selección o ha sido por tu currículum?

¿Qué coño lleva puesto? Te va a encantar.

Lleva meses preparándolo con toda su ilusión.

Gracias, amigos, por estar aquí.

Una de las grandes enseñanzas de mi padre

es que un hombre puede hacer lo que se proponga...

Lo que se proponga.

Se me quedó grabado, papá, una vez que me contaste

que, cuando eras niño, les pediste una bicicleta a los Reyes Magos

y en lugar de una bicicleta te trajeron un «Scalextric».

¿Lo recuerdas, papá? Do you remember?

¿Y sabéis lo que hizo papá?

Lo quemó. Le prendió fuego al cochecito de «Scalextric»,

porque él no quería un «Scalextric», él quería una bicicleta.

Ese es mi padre. Un hombre que siempre, siempre, siempre

ha sabido lo que quiere.

Con Transportes «Rayo» sucedió algo semejante.

Mi padre no quería una pequeña empresa de paquetería,

quería un grupo multinacional que fuera líder del sector

y lo consiguió.

Gracias.

Ese es mi padre, un hombre que consigue todo lo que se propone,

todo, excepto una cosa.

Seamos justos, mi padre no lo ha hecho todo solo.

¡Les presento a «Rayito», su primer coche!

La música, la música...

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ La, la, la, la, la, la, la, la.

♪ La, la, la, la, la, la, la, la,

♪ la, la.

♪ Un rayo de sol, oh, oh, oh,

♪ me trajo tu amor, oh, oh, oh.

♪ Un rayo de sol, oh, oh, oh,

♪ a mi corazón, oh, oh, oh.

♪ Llegó y me dio tu querer

Ese soy yo.

♪ Dentro de ti siempre estar,

♪ ser quien construya

Bueno, bueno, bueno, con «Rayito» recorrió

los pueblos de media España,

repartiendo sus primeros paquetes.

Y el nombre, que se lo pusiste tú, papá, dio origen.

Transportes «El Rayo», S.A.

Para nadie es un secreto, papá,

que tuviste que vender a «Rayito» para comprar tu primera furgoneta,

pero que nunca jamás has podido olvidarlo.

Has removido Roma con Santiago durante años

para intentar recuperarlo,

llegaste incluso a involucrar a tu amigo el rey.

No al de ahora, al de verdad, el emérito.

¿Te acuerdas, papá?

Y al que fuera ministro de Industria, que, por cierto, hoy nos acompaña.

Y al director general de la DGT, amigo también de la familia,

para que te ayudasen a encontrar a tu «Rayito». Pero no fue posible.

Ohhhh...

Por primera vez en tu vida hubo algo que no conseguiste.

Nosotros nos hemos puesto en marcha para que hoy, papá,

el día de tu despedida de la empresa, puedas decir que lo tienes todo,

que has conseguido todos tus sueños

sin que te falte ninguno de ellos.

¡Esto es para ti, papá!

¡Es todo tuyo, papá! ¡Felicidades!

Para que hoy haya sido posible hacerte este regalo, papá,

hemos tenido también que remover cielo y tierra.

Y hemos buscado hasta... hasta... hasta en Internet.

No, papá, no es tu vieja chatarra, ese cascajo que hemos visto.

Debieron desguazarlo ya en el pleistoceno.

No es tu vieja cafetera, como la de la película que hemos visto,

porque esto es mil veces mejor, papá.

Es lo que hoy día sería tu coche, papá. Tu coche en el mundo moderno,

tu nuevo «Rayito», papá. Y viene petado de extras.

¡Exactamente! Información en la nube,

motor de 2000 a. M.perios, conducción autónoma,

cabinwatch 360 grados,

carga ultrarrápida inalámbrica, airbags inteligentes,

audio sin altavoces y el «Rayito» en la puerta.

Lo tiene todo, papá. Hasta el último detalle.

¡Epa!

Tu latita, papá.

Mi padre llevaba siempre una de estas en el maletero.

No siempre había gasolineras entre los pueblos que visitaba.

A veces no había ni carreteras.

Y mi padre, como todos sabéis, es un hombre previsor.

Por eso has llegado adonde has llegado, papá.

Tu latita, papá.

Está llena.

Tu turno, papá.

Estamos todos deseando escucharte.

Toma el mando, papá.

Que es lo que siempre te ha gustado, tomar el mando.

Seré muy breve.

¡Mamá!

Era agua, papá.

Pensamos si ponerle gasolina de verdad,

«No hace falta, el coche es totalmente eléctrico».

El agua y la electricidad no son buenos amigos.

¿Cómo crees que quemé el «Scalextric»?

Hijo, tú sí que no haces falta.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Un rayo de sol, oh, oh, oh,

♪ me trajo tu amor, oh, oh, oh.

♪ Un rayo de sol, oh, oh, oh,

Muy buenos días, señor Bermejo. «Buenos días» no sé yo, Mariano,

porque, vamos a ver, ¿se acordó o no se acordó

que no se podían colgar carteles ni anuncios en las zonas comunes?

Sí, pero es que... ¿Entonces?

Es el perrito de la niña del 1º-B.

La pobre estaba llorando y le dejé ponerlo.

Ya, pero es que son las normas. Y las normas son para todos.

Para la niña del 1ºB también son las normas. Y si llora, que llore.

Es que quiere mucho a su perrito Tommy.

¿«Tommy» se llama el perrito? Sí, Tommy.

Me parece bien, pero me retira usted los cartelitos si me hace el favor.

¿Y lo de la música se acordó o no?

Pues lo de la música... Si a mí me parece muy bien,

pero es que son las normas. Si a mí, además, la musiquita no me molesta.

Pero si acordamos una cosa, por favor, vamos a cumplir esa cosa,

porque si no, ¿qué es esta comunidad? Dígamelo usted.

Pues... la comunidad... A ver cómo lo digo yo.

Exacto, un cachondeo. Y me voy, que me va a amanecer.

Cómo le gusta a usted ver salir el sol, señor Bermejo.

Efectivamente. ¿Y sabe usted por qué, Mariano?

Porque el sol no improvisa,

sale todos los días cuando tiene que salir, como yo.

Hoy le haré la foto que le hago todos los años el día de San Roque,

desde el mismo sitio de la playa, mi sitio de la playa.

Bueno, si no me lo han quitado, porque está entreteniéndome.

Tranquilo, que tan temprano nadie le va a quitar el sitio.

No se crea, ya hay gente que madruga mucho.

Y espérese a que los chinos no descubran este trocito de playa.

En cuanto lo encuentren, se acabó. ¿Los chinos?

Sí, los chinos, los chinos.

- ¿- Qué pasa? - ¿Qué pasa de qué?

¿Qué pasa de qué? Pues pasa que casi me atropella.

¿No ha visto que el semáforo está en rojo, caballero?

Jopé, es verdad.

Pues ayer estaba en verde, que yo lo vi. Lo han debido de cambiar.

Lo que debería cambiar es la actitud de gente como usted,

que no respeta las normas. Continúe su camino

y así puedo proseguir el mío por mi paso de peatones,

que es por donde hay que cruzar. Hostia, hostia, hostia...

¿Tú eres Bermejo?

¡Bermejo, macho, no me lo creo!

¡Bermejo, que me alegro un huevo de verte!

¿Qué? Perdona, pero no caigo.

¿No te acuerdas, capullo? Del internado. ¡Que soy Enciso!

¿Enciso? No te acuerdas, ¿verdad?

Es que ha llovido... ¿Cómo te va? Bien, bien.

Oye, Enciso, que me alegra mucho verte. Me ha alegrado mucho verte.

¿Y qué? Anda, cuéntame. ¡Vamos a tomarnos algo y nos ponemos al día!

Que no, que llevo mucha prisa. ¡Qué prisa vas a tener!

¿Vas a una reunión o algo?

Me dices dónde tienes la reunión y te acerco.

¿Qué haces? ¿Qué haces, Enciso?

Tiene la misma cara, chaval. 25 años y tiene la misma cara.

Oye, que no toques mis cosas, por favor.

Joder, Bermejo, qué de cosas llevas, la de achiperres...

¿Te vas para 3 meses? ¿Te quieres estar quieto?

¡Arriba todo el mundo! Ábreme el maletero.

¡Venga! ¡Que me abras el maletero!

¿Puedes abrir el maletero? ¡Que nos vamos!

¡Enciso! ¡Eh! ¡Para!

¡Para, Enciso! ¡Para!

¡Para!

Las cosas no son así. ¡Que te pares!

Creía que te habías montado atrás ya, como los príncipes.

Así no son las cosas. ¡Ábreme el maletero

y devuélveme la silla, que me está amaneciendo!

Sube, que te acerco. Que no.

Que sí. Enciso, por favor.

Qué sí, joder. Enciso...

Mira, has venido antes tú desde allí para acá andando.

¿Y ahora te vas a volver tú otra vez de aquí para allá andando?

Pues no. Venga, sube. Para.

¡Monta! A ver,

es que no me tienes que llevar a ningún sitio

porque yo voy ahí mismo, a la playa.

Y yo te acerco. Venga. ¡Que no!

¡Que sí!

Joder, Bermejo, macho.

Vale, venga, vamos. Pues es que... llego antes andando.

Oye, ¿y tú sigues en contacto con gente del internado?

No, yo no. ¿Qué habrá sido de la Ingrid?

¿Ingrid? Ingrid Müller, la alemana.

La gorda, la que te gustaba.

Ni idea. Ni me acordaba de ella, ya ves.

Y no estaba tan gorda. Oye, ¿puedes darle un poquito, por favor?

Y mi hermano, de mi hermano te tienes que acordar.

¿Le das un poco, anda?

De mi hermano José Ángel. Que sí, me acuerdo de tu hermano.

Por desgracia, me acuerdo perfectamente. Párame, que es aquí.

¡Que pares! ¡Que te pares, que es aquí!

¡Enciso! A ver, que tampoco fue para tanto.

Lo que pasa es que mi hermano José Ángel siempre fue mucho

de tomarla siempre con el mismo y ese mismo siempre eras tú.

¿Puedes parar el coche? Nos hemos pasado.

¿Te acuerdas cuando le untó los huevos a Requena con «Superglue»,

que se los pegó al culo? ¡Qué descojono!

No fue a Requena, fue a mí.

4 horas tardaron en despegármelos en un quirófano y con anestesia general.

Con anestesia general. Qué gamberrete era mi hermano.

¡No, gamberro no! Tu hermano José Ángel era un delincuente.

Tuve que marcharme del internado, no sé si te acuerdas.

¿Te acuerdas? ¡Que pares el coche!

A ver, eso es agua pasada. Que mi hermano ha cambiado un montón.

Está ahora pasando unos días en casa. ¡A mí me da igual!

¡Ábreme el maletero!

Yo no quiero volver a saber nada de ese individuo en mi vida.

¡Qué casualidad, chaval! Que vas a poder hablar con él.

Va a flipar. ¡No!

No, no. A ver, Enciso, ábreme el maletero

y luego ya contestas tú a tu hermano o lo que sea.

No tengas miedo, Bermejo. En serio, que mi hermano ha cambiado un huevo.

Te lo prometo.

¡José!

¿Pero no me has dicho que volvías a casa antes de las 7,

pedazo de mierda?

Vente para aquí echando hostias Te has llevado la llave de la reja

y no puedo sacar la moto, gilipollas.

Te doy diez minutos. Como tardes uno más, te corto los huevos.

Ya estamos de camino, José.

Espera, espera, espera... Oye, ¿a que no sabes con quién estoy?

Me la suda con quien estás. Pero tráetelo igual,

así os corto los huevos a los dos. ¡Enciso, para el coche!

¡Para!

Dice que nos corta los huevos

y nos corta los huevos a los dos. A ti el primero, Bermejo.

Enciso... Yo le dejo las llaves.

Que él abra la verja y luego te acerco a la playa.

¡Pero que no! A mí no me tienes que meter en tus cosas, ¿eh?

Tú me dejas aquí y luego ya te vas tú

y le abres a tu hermano la verja o lo que haga falta.

¿Que vaya yo solo? Ni de coña, tú no lo conoces.

¡Enciso, que pares el coche! Que ya me he perdido el amanecer, caramba.

Escucha, si es ahí, en Las Lomas.

¿Cómo que en Las Lomas? Si eso está en Denia.

¿Y? ¡Que está a 40 kilómetros!

Oye, a mí tampoco me venía bien acercarte a la playa

y no he puesto tantas pegas. ¡Cojones ya!

Toma,

le das la llavecita y nos vamos. ¿Qué dices? ¡Se la das tú!

Pero si yo lo digo por ahorrar tiempo,

porque conmigo se va a enrollar. Pero como tú quieras, ¿eh?

¡José!

¡José!

Toma las llaves, que ha sido un despiste.

Paso de la moto, que va a llover.

Me llevo tu coche.

¡Por gilipollas! Que la culpa ha sido de este,

que le he tenido que acercar a la playa.

Es que mira con quién me he encontrado.

Bermejo. ¿Qué Bermejo?

Jopé...

Hostia que sí.

Que sí, que sí,

que sí, que sí, que sí. ¡Que sí que es él!

¿No me ibas a saludar, hijoputa?

Pero si está igual, la misma cara de pringado.

Eso se lo he dicho yo antes.

Joder, qué putada que me pillas sin tiempo.

¡Coño!

Si es que esto mismo con tiempo...

¡Bermejo! ¿Qué?

¡Chopito en el entrecejo!

Mira, Enciso, el día menos pensado

le voy a decir yo a tu hermano cuatro cositas. ¡Pero bien dichas!

¡Que ya no estamos en el internado, caramba!

Hale, venga, vámonos. Tendrás tú otro coche, ¿no?

Otro coche no, tengo la moto de José Ángel.

Espérate, voy a por los cascos.

¡Como que me voy a ir en una moto, con la que va a caer!

No, si salimos ya. Ya no nos pilla.

¡Para! ¡Stop!

Jopé, Bermejo, me ha encantado verte.

Y a mí. Y a mí. Oye, esto tenemos que repetirlo.

Mañana mismo, si quieres. No, mañana no me viene bien.

¿Ah, no? Qué pena.

Estate al loro, porque por aquí solo pasan dos autobuses al día.

Y este justo, justo es el que no es.

Chófer, chófer, A ver si me puede parar. Cuando usted pueda, ¿eh?

¿Sabe qué? Me he equivocado, no voy a Alicante,

voy en la otra dirección, hacia Gandía.

Yo le entiendo. Y a mí no me costaría nada echarme a un lado y que se baje.

No me está permitido, son las normas. Y las normas son para todos

porque, si no, esto sería...

Un cachondeo. No, eso es verdad. Correcto.

¿Sabe qué pasa? Que yo no voy para Alicante.

Tranquilo, ya verá como sí.

A ver, si yo lo único que quiero

es asegurarme al 100 % de que el Altaria que va a Valencia,

el que sale ahora, es el que pasa por Gandía.

Ya le he dicho que sí. O sea, que este pasa por Gandía.

Vale, vale.

Un billete, si hace el favor. ¿Ida y vuelta?

No, no, solo ida.

Solo me queda en Preferente. Perfecto.

Del que pasa por Gandía, ¿eh?

Ya estamos llegando a Gandía. Sí, señor.

¿Verdad? Sí, sí.

¡Eh, eh, eh! Que no... Que no para.

No, parar no para. Pasa por Gandía, pero este no para.

Este va a Valencia directo.

Disculpe mi indumentaria, ¿eh? Es que llevo un día...

Ni se preocupe, caballero. Está en su casa.

¿Adónde quiere que le lleve? A Gandía,

a los apartamentos Sol y Mar, en el paseo marítimo.

Correcto. Pues no se hable más. Eso, además, es tarifa fija: 195.

Perfecto.

¿Le parece bien que programe la temperatura a 21 grados?

Muy, muy bien.

De acuerdo. Tiene agua, prensa, revistas, lo que quiera.

Muchas gracias.

Si necesita algo más, no tiene más que decírmelo. Estoy para servirle.

Permítame que le diga que este es el primer momento... cabal

que he tenido en todo el santo día.

Me complace muy gratamente oír eso, caballero.

Es un gusto darle el mejor servicio y atenderle como se merece.

A mí me encanta la playa de Gandía. Y ese sitio que dice, el del ancla.

Ah, ¿lo conoce? Justo enfrente de los apartamentos.

Hombre, eso es una delicia. Qué amaneceres allí, por Dios.

Sí, ¿verdad? Pues a mí el de hoy me lo han chafado, ya ve.

Es que hay que ir muy temprano. Si no madrugas, hay bofetadas.

Correcto.

Y espere a que los chinos no hayan puesto el ojo en esa zona.

Ahí ya, apaga y vámonos. Eso es, los chinos, los chinos.

Y ojo, yo no tengo nada en contra de ellos.

No, ni yo.

Lo que pasa es que una vez se me subió uno.

Muy simpático parecía, muy educado.

Lo llevé adonde me indicó y, cuando llegamos, que no tenía dinero.

Que no encontraba la cartera. Se la habían robado, decía el chino.

Sí, hombre. Menuda cara más dura. Eso mismo pienso yo.

Por cierto, ¿esto como me lo va a abonar? ¿En efectivo o con tarjeta?

Con tarjeta, con tarjeta. Si quiere se lo abono ya.

No, no. No es necesario, caballero. Que sí, hombre, no me cuesta nada.

Que sí. Bueno.

¿Algún problema, caballero?

La cartera.

Que no encuentro mi cartera.

Tuvo que ser ese, como le digo, el del pasillo.

«Comichiguá», «comichiguá». Parecía muy educado, muy correcto,

pero no te puedes descuidar. ¿Puede describirlo?

Chino. ¿Chino cómo?

Chino, chino. No sé qué más datos necesita.

No podemos investigar a mil millones de chinos.

Ya lo sé, pero digo yo que podrán interrogar a los chinos de Valencia.

«El denunciante declara que llevaba en una cartera de piel mojada

una tarjeta de crédito, un billete de tren a Gandía»..

No, que pasa por Gandía, pero parar, no ha parado.

«...la tarjeta del Aldi y 25 euros en efectivo». ¿Correcto?

Correcto. Y una fotografía, de una mujer.

Y una fotografía de su mujer. No. No de mi mujer, de una mujer.

De su novia, entonces. No, no, no, no.

Es una fotografía antigua, un recuerdo.

«Un recuerdo».

Bueno, pues vamos a imprimir esto y así puede usted firmar la denuncia.

Siempre estáis igual, joder. ¡Me tenéis hasta las pelotas ya!

Que no, el coche estaba abandonado. ¿O es que no te has dado cuenta?

¡Que es mi casa, joder!

Mira, mira, mira, mira...

Cómo es la vida, ¿no? Por fin te han parado los pies.

Muy bien, ¿eh?

¿Sabe cómo le llamábamos a este en el internado?

«El Cerilla».

Por el cabezón. Eh, ¿no le ha visto el cabezón que tiene?

¿Lo pillas», Cerilla»?

Qué vas a pillar tú, cabronazo,

maltratador de mierda.

Si eres más tonto que tu padre.

Ah, ¿sabe usted lo que hizo su padre?

¿Sabe lo que hizo su padre

para ver si le quedaba gasolina en el depósito de la moto?

Encendió un mechero.

Esa sí que fue sonada, ¿eh?

¿Tú qué? ¿Eh? ¿No me querías pillar con tiempo?

Pues aquí me tienes, con tiempo.

Señor Enciso. Ya está listo su pasaporte.

A ver, José Ángel,

que lo de «Cerilla» fue un apodo que a mí nunca me gustó.

Yo creo que la gente no te lo decía solo por el tamaño

que puedas tener de cabeza con respecto al cuerpo,

sino también porque eres un tío brillante,

por... por la chispa que tienes,

por... por... porque eres un tío que desprende luz.

Un tío con luz, un tío con luz.

Y lo de tu padre fue una cosa que sentimos todos mucho, ¿eh?

Además, ¿a quién no le puede pasar, no?

Si tienes que mirar el depósito y no tienes una linterna,

pues con lo que haya, con un mechero. ¿Qué haces, eh? ¿No la miras?

Claro, tendrás que mirarla.

Y lo de «cabronazo»...

Te lo he dicho desde la admiración, ¿eh? Te lo he dicho como colega,

«¿Qué pasa, cabronazo?».

Como lo de «maltratador».

Ay, ¿quién no ha maltratado alguna vez, eh?

Yo con Vicente, el gordito. ¿Te acuerdas?

A ese lo tenía yo... Aburridito lo tenía.

- «Vicente». «¿Qué?». - «¡Colleja en la frente!».

Nunca he dado con la gracia que das tú, eso es verdad. Pero le he dado.

Bermejo. ¿Qué?

A ver, que me pasé contigo en el internado, digo.

No te preocupes, José Ángel, eso ya es agua pasada.

Menudas putadas que te hice. Que no, que no, que no.

Si éramos unos chiquillos, José Ángel.

Como cuando te dejé en pelotas en la cámara frigorífica un día entero.

Menudo resfriado que pillaste, ¿eh, golfo?

No, resfriado no, resfriado no. Fue una bronconeumonía aguda.

Pero también yo siempre he sido muy friolero, las cosas como son.

O como con lo de la alemana. ¿Cómo se llamaba la gorda...?

¿Quién? ¿Ingrid Müller? Pero no estaba tan gorda, ¿eh?

Eso, Ingrid «La Pollocrudo».

José Ángel, no la llames así, hombre, que a ella le molestaba bastante.

¿Te ponía cachondo «La Pollocrudo»?

¡Ah, te ponía cachondo «La Pollocrudo»!

¡Lo sabía! Sabía que te ponía cachondo.

Joder, tan ordenadita ella. Si es que Dios los cría...

Pues sí, la verdad es que me gustaba, y bastante a mí Ingrid Müller.

Lo acojonante era que tú también le molabas a ella.

No. ¡Qué dices, anda! Joder, Bermejo,

pero si estaba que no meaba por ti. ¿Es que no te coscaste o qué?

Mira, José Ángel, la verdad es que sí.

Que sí, que al principio yo veía que le gustaba,

De un día para otro dejó de hablarme.

Y luego, como me tuve que ir del internado cuando tú..., por cosas,

pues nada, le perdí la pista.

Y luego la he andado buscando, pero nada, debió de volverse a Alemania.

Es que no estuvo bien lo que le dije.

Menudo careto que me puso.

¿Por qué? ¿Qué le dijiste?

Que «Pollocrudo» se lo habías puesto tú y que te descojonabas de ella.

¿Por qué le dijiste esa mentira? Por joderte. ¿Por qué va a ser?

¡Que parece que no me conoces!

¡Ah, te molaba «La Pollocrudo»! ¡Qué fuerte!

Si es que Dios los junta,

¡y el José Ángel los separa!

Bermejo, Bermejo... ¿Qué?

¡Chopito en el entrecejo!

¿Así que te gustaba el tocino «La Pollocrudo»?

Vaya tela...

¡Esto hay que celebrarlo!

Cobarde...

¡Cobarde! ¡Cobarde!

Cómo sabía que le iba a cantar las cuarenta.

Cómo sabía que con Bermejo no se juega,

que Bermejo tiene un límite.

¡«Cerilla»!

A ver cómo coño me vuelvo yo ahora a mi casa.

Tú es que tienes un miedo al agua...

Que me ducho dos veces al año, aunque no me haga falta...

Una falta de educación...

¡Pare! ¡Pare!

¡Pare! ¡Pare! ¡Pare! Que ha habido un error.

Haga el favor de sentarse. Páreme, por favor.

Que se siente, le digo.

Que no tengo billete, que me he colado.

Huy, pues no nos habíamos dado ni cuenta.

¿Qué pasa? ¿Que a ustedes todo les da igual, no? ¿Aquí no hay normas, eh?

Aquí se cuela uno y, hale, el cachondeo. Pues no, ¿eh? No.

Así no son las cosas. Las cosas no son así.

Las normas son para todos, para esa señora, este señor de la gorra,

para la señora de las gafas, para este señor del... bolsito...

¡Eh! ¡José Ángel!

Vaya lío que nos hemos hecho antes, ¿eh?

¡José Ángel!

¡José Ángel!

¡José Ángel!

¿Tommy?

¿Tommy?

Tommy.

Siente tu cuerpo y siente tus emociones.

Y sin juzgar nada de lo que encuentres examinándote,

como un mero observador,

acepta con total naturalidad

todo lo que fluye en ti.

Nada malo puede pasarte ahora.

Es completamente normal que diferentes sensaciones,

emociones e ideas

circulen de un lado a otro

tal vez un poco desordenadas o molestas,

pero tú tienes el poder de darles más o menos importancia.

Deja a un lado todas las cosas negativas del pasado

que no sirven ya para nada.

¿Qué hace? Reiki. Te estoy haciendo reiki.

¿Reiki?

Pero... ¿Dónde estamos?

Estamos donde tú quieras estar, cariño.

Pero, vamos, pararemos en Astorga, Aunque aún queda, ¿eh?

¿Pero cómo que en Astorga? ¡Que yo voy a Gandía playa, oiga!

Pasamos anoche, pero estabas tan guapo dormidito

que me dio pena despertarte. Tú me entiendes.

¿Pero quién se ha creído que soy yo? Dímelo tú, guapetón,

que eras el que estabas en la puerta del puticlub enseñando las piernas

y con el perrillo chupándote.

A ver si ahora me vas a venir tú de santurrona.

¿Santurrona? ¡Me va a parar usted en el próximo pueblo!

Yo te paro en el próximo pueblo, pero el viaje no es gratis, ¿eh?

¿Ah, no? Va a tener que ser gratis, porque no tengo dinero.

No todo se paga con dinero.

¡Dios!

Oye, Tommy...

Eso no era reiki. ¡El reiki no es eso!

¿Pero qué se ha creído?

¡Bien hecho, Tommy!

El reiki no es así. ¡Las cosas no son así!

¡Así no son las cosas!

¡Hijos de puta!

Oh, cariño... Cariño, tenías otra pesadilla.

- No sé yo... - Cariño mío...

Imaginé que alguien me daba un bofetón.

No te inquietes, amor mío, ya estoy...

¡La madre que los parió!

¡Eh!

¡Eh!

¡Eh, tú! ¡Oye!

¿Otra vez?

¿Otra vez, cabrones?

¡Venid aquí! ¡Venid aquí, cobardes!

¡Al próximo tío que se acerque a esta casa, le corto los huevos!

¡Eh, chica!

Dime.

- He visto jardín hecho desastre, ¿no? - «Ayoub puede solucionar».

¿Qué le pasa al jardín?

Yo lo veo perfecto. Hierba muy alta. Yo puedo cortar.

¿No te gusta así, salvaje, a ti que vienes de la selva?

Yo mejor hablo con marido, ¿eh? ¿Cómo?

Para asunto de negocio, mejor hablar con marido.

¿Mi marido? ¡Ajá!

Pues búscalo y, si lo encuentras, le das cuatro hostias de mi parte.

Se llama Gerardo. Lo reconocerás enseguida

porque tiene una cara de gilipollas que no tiene pérdida.

Yo cobro veinte euros solo a ti, ¿eh?

Puedo empezar ahora mismo. Tengo herramienta en coche. ¿Eh, guapa?

Diez.

¿Diez qué? Diez euros.

Pero tienes que dejar el jardín... del copón.

La ramita no me la dejes ahí, ¿eh?

A ver si posible un vasito de agua, ¿no?

Que no tengo agua, que me la han cortado.

Pero no te preocupes, luego bebes lo que quieras.

Luego, ¿cuándo? Luego, cuando llegues a tu casa.

De todas maneras, si nos ponemos de cháchara,

no te va a dar tiempo a dejar esto perfecto.

Y luego no me pidas que yo cumpla mi parte.

Muy bien. Ayoub ya marcha, que muy tarde y persona esperando.

Muy bien.

Bueno, cuando quiera, ¿eh?

Vete, vete, anda. Sí, pero...

¿Pero qué? Los diez euros.

Ah, sí, sí, te los voy a dar, pero no hoy.

¿Cómo hoy no? Yo pago los viernes, hijo mío.

A todos los proveedores les pago los viernes.

No sé en tu país, pero en España se paga los viernes.

Y tú lo sabes, no te hagas el tonto. No, yo tonto no.

Te he hecho un favor, a ver si me va a salir el tiro por la culata.

No, tiro culata no. No, tiro culata sí,

porque salgo perdiendo, como siempre.

No, Ayoub sale perdiendo. No», Ayul» no pierde nada,

le viene de puta madre para su currículum.

Te has empeñado en hacerme el jardín cuando a mí no me venía nada bien.

A mí me gustaba cómo estaba el jardín y te lo he dicho. ¿O no?

Vale,

yo vuelvo viernes. Si puedes. Si no te viene bien, no.

Oye, oye, oye. Espera, espera.

¿Tú para dónde vas ahora? ¿Yo? Para Guadarrama.

Que primo mío esperándome hace dos horas.

Acércame a la farmacia de Las Navas, no tengo cómo ir.

No, no, no, ni hablar. Las Navas dirección contraria

quince kilómetros. Imposible, total del todo.

Después de lo que he hecho por ti, ¿no me vas a acercar a la farmacia?

Digo no. Y cuando Ayoub dice «no», es no.

Dale un poco de alegría, que nos van a cerrar la farmacia.

Y encima tu primo esperando. Ah, primo mío.

¿Cómo no me dices que tienes móvil? Debo hacer una llamada.

No, no puedes llamar. Yo tengo poco saldo.

Tengo que llamar a mi primo y recoger a él en su trabajo.

Él en la calle ya, esperando preocupado.

No pasa nada porque esté esperando, hace un día buenísimo.

Preocupada estoy yo por la llamada que debo hacer.

Pero que no tengo saldo. No puedes llamar.

¿Cómo que no hay saldo? Si da señal. Muy poco saldo te digo, ¿no?

Oye, ¿vas a dejar de llorar?

Yo no lloro, ¿eh? Hombres en tribu mío nunca lloran.

Pues mejor. Y no seas agonías. Los tíos sois todos unos agonías.

Servicio de atención al cliente de Segoviana de Electricidad.

Esta llamada tiene un coste de establecimiento de dos euros...

¿Dos euros? No, no, no... ...y 1,80 euros por minuto.

Por favor, permanezca a la espera. Tú colgar, se me come saldo.

Un poquitito de paciencia, te lo pido por favor.

Todos nuestros teleoperadores están ocupados.

Por favor, no se retire.

Todos nuestros teleoperadores están ocupados.

Por favor, no se retire.

Tú colgar, por favor. Yo te pido a ti.

Es un momentito. Solo para que sepan adónde tienen que ir.

Bienvenido a Atención al Cliente de Segoviana de Electricidad.

Mi nombre es Julián, ¿en qué puedo ayudarle?

Hola, Julián. Llamo para deciros que os vayáis todos a la mierda.

¿Qué te parece, Julián?

¿Pero para eso tú llamas? Sí, para que sepan adónde deben ir.

Mira, Julián... ¿Julián? ¿Hola?

¡No me digas», Ayul», que te has quedado sin saldo!

¿Qué he dicho a ti?

¿Ahora cómo yo llamo primo mío? El pobre está en la calle preocupado.

Soy yo la que se ha quedado colgada en mitad de una conversación.

Cómo os gusta a los tíos darle la vuelta para haceros las víctimas.

Es que es... es... es acojonante.

Adiós, hasta el viernes. Oye, oye, oye,

¿cómo que «adiós, hasta el viernes»? Me tienes que llevar a casa.

No, ni hablar. Yo tengo que marchar ya.

Tú me has traído, tú me tendrás que llevar. ¿De qué vas?

¡Imposible! Pues eso se dice antes.

Si sé que no me llevas de vuelta, vengo por mis propios medios», Ayul».

Al final me has hecho el lío. Vale, vale, vale, vale.

Está bien, corre. Tú entra a comprar y yo espero aquí.

Luego yo llevo a ti de vuelta.

Así me gusta. ¡Equipo!

¡Vamos, vamos!

¡Joder!

No les funciona lo de la tarjeta.

Qué mala suerte, justo hoy que no llevo cash.

Déjame algo. Luego vamos al cajero, saco,

te doy todo de golpe y no tienes que volver el viernes.

Vamos cajero primero mejor.

Aquí no hay cajero. Cierran la farmacia en dos minutos.

¿Cómo que no? Hay uno justo ahí. ¡Anda!

Lo va a usar ese señor. No nos va a dar tiempo, nos cierran la farmacia.

Pero si tú das prisa, llegas antes que señor. Vamos. ¡Vamos!

De acuerdo, como quieras. Qué ganas de complicarlo todo, ¿eh?

Qué casualidad que al final siempre tengo que ceder yo, ¿eh?

¡Vamos!

¿Qué hace?

¡Vamos!

Que sí, que sí.

¡Date prisa!

¿Qué pasa? El viejo, que se me ha colado.

Y ese se pega media hora, va a actualizar la cartilla.

Hay que joderse. Anda, déjame 14 euros. Es lo que vale.

Cuando acabe el hombre, saco y te lo doy todo.

A ver,

yo solo tengo un billete de veinte... ¿Y esa tarjetita de crédito?

No crédito. A débito, ¿eh?

A ver si me da con esto.

Pero cómo no va a dar. ¿No eran catorce euros?

Que no me la venden. ¿Cómo no venden?

Es con receta la mierda de la medicina. ¡Tira!

¿Tirar adónde?

Al centro de salud, a que nos den la receta de las narices.

Tú loca. Yo no voy ningún centro de salud.

Yo voy a recoger primo mío, que estará preocupado.

Y comer algo, que estómago vacío desde amanecer;

Y boca seca también, que tú ni agua has dado.

Oye, yo tampoco he comido, cariño.

No te habrás dado cuenta de que estamos juntos en esto.

Estoy un poquito hasta aquí de escuchar «yo», «mi primo», «Ayul»...

Madura un poquito, que no estás solo en el mundo», Ayul».

Ayoub. Ayoub.

«Ayul». «Ayul».

Yo mucha prisa también.

Es un minutito. A estas horas no hay nadie en el centro de salud,

está todo el mundo comiendo.

¿Estás bien», Ayul»?

Ayoub muy débil ya. Cuando yo no como, yo me desmayo.

¡Tú también! Tenías que haber tomado algo a mitad de mañana.

Es que haces unas burradas, cariño...

Disculpen, necesitamos sangre 0 negativo.

Es para una urgencia. ¿Alguno de ustedes es 0 negativo?

¿0 negativo? Todos en familia mía somos 0 negativo.

Qué casualidad. ¿No me digas?

Sí, sí, sí, sí. ¡Aquí!

Tranquilo, te van a dar un bocata de jamón y una Coca-Cola.

¡Pero si yo no como cerdo! Pero yo sí.

Dale a la pelotita, que no sale nada.

Si das, das; Si no, no te apuntes a dar.

Ayoub necesita beber.

Espera. Espera a que le dé el último traguito,

que se me ha quedado el jamón atravesado.

¡Pues vaya mierda!

¡Premio! ¡Premio!

¡Avance!

¿Qué más quieres», Ayul»? Pídete lo que quieras.

Dame dos flan con nata de esos. Y otra Fanta Limón también.

¡Juega otra vez! ¡Juega otra vez!

¿Te interesa la furgo?

Quién pudiera...

¿Para qué quieres tú eso si ya tienes el coche?

Yo quiero montar empresa de jardinería.

Y traer hermanos míos a España.

Y furgoneta muy bueno para dar un buen servicio.

Y guardar maquinaria. Yo soy buen jardinero, ¿no?

Pero... sin maquinaria y con coche pequeño...

Por eso nadie contrata a Ayoub.

Bueno, ¿nadie? A mí bien que me la has metido, ¿eh?

Pues... tu coche tiene su punto, ¿eh?

A mí me gusta.

Coche patata, yo comprar a un rumano por 200 euros.

Y me deja tirado día sí, día también.

Muy pequeño para maquinaria. Y sin papel también.

Ah, ¿qué es robado? No, robado no.

Coche dado de baja hace años.

Estaba en garaje de rumano. Yo he arreglado.

¿Y tú? ¿Qué dedicas tú?

Yo a intentar que los cabrones del banco no me echen de mi propia casa.

¿A eso dedicas todo el día? No, eso es solo por las mañanas.

Por las tardes a tratar de olvidarme del mierda de mi padre.

Como ves, estoy ocupadísima.

¿Marido Gerardo te regaló anillo?

Exmarido. ¿Y ese qué coño me va a regalar? Bueno, ¿quieres algo más?

Venga, pues paga.

¿Cómo «paga»?

Que es broma, hombre», Ayul».

Jefe...

Cóbrate.

Pin erróneo.

Vuelve a salir erróneo nuevamente.

¡Qué raro! No lo entiendo. Tengo tantas contraseñas...

No pasa nada. Paga momentáneamente con tu tarjeta.

En el cajero me acordaré del número y ya saco.

Sí. Y después tú devuelves todo de una vez, ¿a que sí?

Te estoy invitando a comer. No he matado a nadie.

Que yo sepa, no acordarse del pin no es delito.

Perdóname por ser «humana».

Pues paga con veinte euros míos que tú tienes.

Pero esos son para el medicamento. No, veinte euros son míos.

Tú usa para pagar comida y después tú debes.

Toma.

Toma estos veinte euros que tengo yo para mis medicinas.

Toma.

Y gástatelo tú en comer y en beber.

¿Qué importa que yo esté mal de salud?

Lo importante es que tú tengas la pancita llena.

Toma, cóbrame lo mío, que me estoy poniendo...

Estos vienen a quitarnos el trabajo

y ahora se quieren llevar hasta los medicamentos.

Los que venían a pagarnos las pensiones... ¡Tócate las...!

Y el día menos pensado nos sacan hasta la sangre.

Es solo para ver si lo pones bien. ¿No te fías de mí?

No.

Marca numerito, marca.

Es que no me acuerdo Como lo meta mal otra vez, se la traga.

¡Tú no decir verdad! Tú engañar a Ayoub.

Toda la mañana yo quitando hierba en jardín.

Después he llevado a ti a farmacia, esperando larga cola para receta.

Ellos han quitado a mí sangre. Y tú has dejado móvil sin saldo, ¿eh?

Yo he pagado a ti comida. Tú abusas Ayoub.

Ayoub honrado contigo, ¿eh? Marca numerito. Marca, marca, marca.

A ver, que haga memoria. Pon fecha nacimiento.

Es típico de pin.

¿Qué cantidad era? 45, 45.

45...

¡Pero...! ¿Qué pasa?

¿Que qué pasa? Que lo de los bancos me toca ya mucho las pelotas.

Primero me quieren quitar la casa. Era de mi madre. ¿Y ahora esto?

A mí 0,75 céntimos, comprenderás, me dan absolutamente igual.

¿Pero hasta cuándo vamos a permitir que nos sigan robando?

Tienen nuestro dinero, juegan con él a su antojo,

pero cuando queremos recuperarlo, ¡zas!

Nos aplican una comisión que, además de ser pseudoilegal,

es un impuesto revolucionario, un atraco

permitido por los poderosos que asfixian,

pero no a mí, no, sino a personas como tú», Ayul»,

un trabajador honrado en situación de riesgo de exclusión

que paga sus impuestos, pero que no obtiene nada a cambio.

¿A que tú no le cobras comisiones a nadie? Pues ahora deberías hacerlo.

¡Se acabó el tragar con todo! Déjame tu tarjeta.

¿Mi tarjeta? ¿Para qué quieres mi tarjeta?

Para ver si no te cobran estos ladrones, por curiosidad.

A mí en el cajero del pueblo de al lado no me cobran

porque es un cajero de la Cooperativa Rural, y soy de la Cooperativa Rural.

Pues vamos ahí.

Claro que sí. Pero primero me voy a la farmacia. Es a lo que he venido.

¿Quieres?

Dame cartera.

Tranquilo, que solo quiero ver lo que tienes dentro.

¿Qué tienes tú que mirar en cartera?

¿Son tus hermanos? Dos de los ocho que tengo.

¡Qué maravilla de familia!

Quiero mucho a mi familia.

No me extraña que te los quieras traer.

35 eran, ¿no? 40... 45.

Ay, eso. Oye», Ayul», feliz cumpleaños.

Pero si no cumpleaños mío hoy.

¿Ah, no? No.

¿Y cuándo es entonces? 12 de diciembre.

Ah, mira, bueno es saberlo.

Solo había 20 euros en la cuenta. Pensaba que habría más, lo juro.

Pero cómo solo 20 euros. Menuda mierda, es para reclamar.

Esto hay que mirar, ¿eh?, porque yo no conforme.

Mira», Ayul», yo es todo lo que he podido reunir.

Y otro billete tú tienes.

¿Qué voy a tener? He comprado el medicamento.

¿Y no te han dado vueltas? ¿Qué vueltas? Si me ha costado 28.

¿No eran 14 euros? Sí, pero debía una caja.

¿Cómo? A ver, 14 y 14, 28.

¿Te salen las cuentas o te saco una calculadora?

Y los 8 euros que faltaban los he puesto yo, de mi bolsillo.

Que no te los he querido pedir por no abusar.

Y eso que yo no tengo un duro.

Pero no te preocupes, estoy acostumbrada a que me lo quiten todo.

Yo sí sé lo que es tener 20 euros solo en cuenta, créeme.

¿Tú que vas a tener 20 euros en la cuenta?

Te aseguro que sí. 22, para ser exactos.

Que no, que no, que no tienes 22 euros. Te lo digo yo.

Pero, bueno, tienes otras cosas. Tienes hermanos.

Tienes un primo esperándote.

Tienes un sueño.

Tienes... cosas muy valiosas.

Tú tienes anillo.

Tú puedes vender anillo y cambiar de vida.

Tú buena negociante, ¿eh?

Esto no lo vendo, es lo único que conservo de mi madre.

Bueno, esto y esta chaqueta,

porque la casa se la ha quedado el banco.

Y ahora la venden por 120.000 euros de mierda. ¿Te lo puedes creer?

¿120.000? Eso es mucho dinero.

¿Mucho dinero? Esa casa no tiene precio.

Ha sido en el único lugar donde yo he sido feliz.

Bueno, poco tiempo, porque mi madre murió muy joven.

Ayoub siente pérdida.

No, si fue hace mucho tiempo. Yo era muy pequeña.

Pero me acuerdo mucho de ella.

Era muy guapa.

Bueno, es que era modelo.

Tú también muy guapa.

¿Y tu padre?

De ese sí que no me quiero ni acordar.

Me dejó al cargo de unos tíos míos... y se piró.

Vamos, que... que se desentendió de mí.

Como te lo cuento», Ayul». Qué fuerte, ¿no?

Bueno, tíos tuyos cuidaron, ¿no?

¿Mi tío? Menudo degenerado.

Lo que hizo conmigo... durante años... Yo era una niña.

Una niña muerta de miedo y...

todas las noches cuando entraba en mi cuarto...

¡Que era mi tío, el hermano de mi padre!

Le tenía que haber cortado los huevos a mi tío, a mi padre, mi exmarido,

a los del banco y a todos los putos hombres de este planeta.

Bueno, Ayoub entiende.

Tú puedes confiar Ayoub.

Yo soy tu amigo, te voy ayudar en lo que necesites.

¿Pero por qué eres tan de puta madre conmigo, joder? ¡No lo entiendo!

Tú tienes que perdonar a Ayoub por no saber ver

lo que tu corazón necesita.

¡Ayoub bruto, bruto!

Mira.

Mira,

yo dividir contigo ganancias. Mitad, mitad.

Toma. Para nada, es tu dinero.

Akagoro kototo, molunda sindeio.

«¿De qué sirve tener riqueza si vecino no tener pan?».

Es frase típica de mi tribu.

Yo soy feliz si tú sonríes.

Puedo vender coche 200 euros

y repartir contigo todo lo que tengo.

Sueño de furgoneta de Ayoub puede esperar.

Toma.

Toma.

¿Sabes qué?

Que yo también quiero verte feliz.

Con esto vamos a comprar la furgoneta de tus sueños.

Empiezas tu empresa y te traes a tus hermanos a España, Ayoub.

Yo no puedo aceptar.

Además, furgoneta 3000 euros. Anillo no es suficiente.

Ayoub, cariño,

con este anillo podemos comprar 4 furgonetas como la del anuncio.

¿No has visto el piedrolo que lleva?

¿Anillo 12.000 euros?

No te imaginas la cantidad de veces que he estado a punto de empeñarlo

y luego me he arrepentido. Pero esta vez lo voy a hacer.

Yo no puedo aceptar. Además, anillo es recuerdo de madre.

Mi madre estaría de acuerdo, no tengo ninguna duda.

Tú hablas con corazón, como en tribu.

Akagoro... Akagoro kototo,

molunda sindeio.

¿Qué pasa, Ayoub?

¡Hombres no lloran, vergüenza para tribu!

¿Pero vergüenza de qué? Si llorar es precioso, Ayoub.

¡Yo voy lavabo y vuelvo ahora!

¿Qué tendrá el «conguito» que no tengamos los de por aquí», tarzana»?

¡«Ayul»!

¡«Ayul»!

¡«Ayul»!

¡Me cago en su padre!

¡«Rayito»!

¿Y tú qué coño quieres?

Perdóneme. ¿Es suyo? ¿Que si es mío?

Ya te digo yo si es mío. ¡Pero no sabes lo mío que es!

¡Es mío! ¡Pero de cojones es mío! ¿Cuánto quiere por él?

¡120.000!

O sea, 120.000 euros,

ese coche...

y esta gorrita de pringao que tienes. ¡Y yo te lo envuelvo para regalo!

No lo envuelva, me lo llevo puesto. Ahora mismo le extiendo el talón.

Aguánteme esto, por favor.

120.000, ¿no?

120.000.

Ay, Benito...

- Benito... - ¡Dime, amor!

- Llévame al Caribe. - ¿Al Caribe?

Sí.

- Yo te llevo... Yo te llevo adonde tú me digas.

¿Ah, sí?

Pero antes, antes,

vamos a terminar lo que hemos empezado.

¿Dónde está mi Benito?

- ¿Perdón? - Benito. ¡Benito Pellicer García!

Anda, búscamelo.

Ah, aquí está. En la 322.

Y ha dejado dicho que no les moleste nadie, que está con su esposa.

Sí, su esposa. ¡Seguramente!

El «pájaro» se ha adelantado, avisa a los «tortolitos».

Recibido.

- ¡Tenemos que irnos! - ¿Qué?

Benito, es que me has dejado a medias.

- No pienses ahora en eso. ¿Sabes la que se nos viene encima?

Hola, Benito. ¡Qué sorpresa!

¿No estabas tú en un viaje de negocios en Londres?

- Cari, ¿pero qué haces tú aquí? - No, quería conocer al señor inglés

con el que tenías la reunión, aunque creo que es más bien con tu fulana.

- Todo esto tiene una explicación. Ella es la comandante Navas,

del Servicio Secreto.

Estoy trabajando con ellos en misión especial.

Tengo que identificar al jefe de una banda mafiosa

que trafica con niñas. Solo yo conozco su aspecto, cari.

Aquí tienes la documentación que lo demuestra.

Dame otra torta si no me crees.

- Explíqueselo usted, comandante. - Eso, explícamelo tú, cariño.

Usted no debería estar aquí, señora. Es muy peligroso.

- ¿Peligroso? ¡Peligroso para ti, cacho puta!

¡Fuego!

¡Fuego!

¡Es él, el del maletín!

¡Alto, policía!

- ¡Que no escape! - ¡No te muevas!

¡El chino, que se te pira!

¡Joder!

- Qué tía, ¿no? - Es mi novia.

Llevamos seis años juntas. Confío en su discreción.

La felicito, comandante. Y a usted.

Me gustaría contar en mi unidad con hombres de su talla.

- Gracias, capitán. Pero mi mujer ha sufrido ya bastante.

Yo, Benito, siento tanto haber dudado de ti...

- No, cari. Si es normal que sospecharas.

El servicio secreto me obligó a mantenerme en silencio.

No podía decir nada a nadie, ni siquiera a ti.

Mi propia mujer.

¡Ha sido terrible!

¿Sí?

Por supuesto. Señor Pellicer, desean felicitarle.

Ah.

¿Sí?

Sí, señor ministro, sí.

No, cualquiera hubiese hecho lo mismo.

¿Qué me dice?

¿Veinte?

Gracias, señor ministro. No, gracias a usted.

Muchas gracias, señor ministro.

- ¡Han liberado a 20 niñas! - ¡Bien!

Por desgracia, aún quedan 40 más en paradero desconocido.

Debemos terminar el trabajo.

Su testimonio, señor Pellicer, resultará fundamental

en el encuentro de Interpol la semana que viene en Cancún

y al que acudiré yo... personalmente.

¡Cancún! ¡Cancún, Benito!

¡Siempre hemos deseado ir a Cancún!

Su marido debe viajar solo.

No podemos garantizar la seguridad de los acompañantes, ya nos gustaría.

Si mi mujer no va,

yo tampoco.

- De eso nada, cielo mío. Tienes que ir, es tu deber.

Debes hacerlo, Benito. Vete a Cancún...

con la comandante.

Tenéis que acabar lo que habéis dejado aquí a medias.

- ¿Y todo eso se lo tragó tu mujer? ¡Vamos, no me jodas!

Vaya que sí se lo tragó, ahora soy su superhéroe.

Salgo cuando quiero, vuelvo a casa cuando me sale de las narices.

Y sin dar explicaciones.

Dame dos.

¿Y cómo apareció tu señora en el hotel? ¿Quién la avisó?

La empresa, ellos se encargaron de todo.

Una llamada anónima que le hicieron, todo muy creíble.

La verdad es que son la leche estos tíos.

- Pero ¿y esos quiénes son, pues? ¿De dónde vienen?

«La Excusa, S.L».

- ¡- Vamos, no me jodas! - Así se llaman los «jodíos».

Es gente muy profesional, que en Madrid son muy conocidos.

Y te montan... lo que sea.

«clinc, clinc, clinc»,

y preparan un tinglado... Oye, además te lo hacen todo en dos días.

Pues me vas a tener que pasar el contacto,

a ver si me buscan una buena excusa

para no tener que ir a casa de mi suegra en Nochevieja.

Cinco mil.

No voy.

Los veo.

Tus cinco mil...

y quince mil más.

Tus quince mil...

Seis meses tiene.

Una semanica. Azul metalizado, con todos los extras.

Full de jotas, dieces. ¡Joder!

Quédatelo.

No puede ser, hombre, José María. Eso tiene que ser un error.

Pues hombre, que no entiendo por qué te han devuelto la letra.

No, no.

Mira, les llamo yo ahora mismo y se van a enterar, ¿eh?

No. Y si no... Y si no... No, espérate. Espérate, José María,

que me dejas parada la producción...

¿Cómo que ya lo has hablado con ellas?

No. A ver, a ver, a ver, José María. No, esos asuntos los llevo yo.

No les hagas caso, mis hermanas no tienen ni idea

ni de facturas ni de bancos.

Hombre, que estas dos no saben hacer la O con un canuto.

Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver. Esto son comidas de empresa.

Si queréis, las pago yo de mi bolsillo.

Es que hay días que comes siete veces y las cuentas no cuadran, Alipio.

«No cuadran». ¿Y cuándo habéis hecho vosotras

el curso de contabilidad, que no me he enterado?

- Hay movimientos... - Huy, movimientos...

En las cuentas del banco...

Que no sabemos hacia dónde van ni para qué son.

Y con la tarjeta de la empresa has sacado 500 euros.

¡Huy, 500 euros! ¿500 euros es el problema?

Hombre, aquí tenéis los 500 euros.

Al día, Alipio. 500 euros al día durante los últimos tres años.

Y los domingos también.

No es que nosotras desconfiemos, pero, verás,

ni Clara ni yo hemos avalado

este último crédito.

Pero es que, si te fijas bien,

aquí están nuestras firmas. Que no son nuestras, claro.

No es la primera vez que os imito la firma para evitaros el papeleo.

Esto lo habíamos hablado, no os hagáis ahora las tontas.

Bueno, hace unos años nos comentaste

que las ibas a imitar para el carné del videoclub, Alipio.

Pero esto es un crédito de millón y medio,

es distinto.

Nos hemos enterado por el aviso de embargo...

Del piso que nos dejó padre, Alipio.

A ver, ¿aquí no se estará cuestionando

mi capacidad para gestionar la empresa?

Porque encima de que lo hago yo todo, tendría coña la cosa.

Vamos, que sin mí no sé dónde estaríais vosotras, ¿eh?

Dando vueltas por ahí por los Monegros.

Pues mira, los Monegros no, pero Granada quizás, que no la conocemos.

Sí, en autostop vas a ir tú a Granada...

Alipio, déjate ya de tontadas de autostop y de todo, ¿eh?

Que esto es serio, que es el banco el que desconfía.

Y desconfía mucho. Han pedido una auditoría.

Y dice el director que vamos a tener que solicitar concurso de acreedores.

Con la buenísima reputación que se ganó padre aquí en Zaragoza,

madre mía.

Si él viera lo que has hecho, Alipio. ¡Bueno, vale ya con padre!

Aquí parece que padre lo haya hecho todo. ¿Y yo qué, pues?

Esta fábrica alcanzó la excelencia empresarial y pegó el gran salto...

Mira, mira,

gracias a mi invento del zapato musical.

Que parece que se os haya olvidado.

Bueno, sí, eso fue una buenísima idea. Sí.

La única que has tenido. Hemos vendido a medio mundo.

Y nunca he cobrado nada por eso, que aquí hay que decirlo todo.

Hay que decirlo todo.

Bueno, ¿nada, nada...?

Te aplicaste un bonus de 400.000 euros.

Sin consultárnoslo. Lo hemos encontrado aquí.

Y la empresa te «compró» un Mercedes de 90.000 euros.

Cuando sabes que padre era más de Citroën.

Hemos consultado ya con un abogado, Alipio.

Dice que vas a ir a la cárcel.

Pero nosotras le hemos dicho que primero queríamos hablar contigo.

Antes de hacer nada, por si acaso esto había sido un malentendido

y tú querías darnos una explicación.

Es que la hay.

Es que la hay.

Es que hay una explicación. Claro que la hay, claro que la hay.

Pues tú dirás.

No, no. Ahora no, ahora no, hombre.

- No es tan fácil. - ¡Hola!

No, no, hombre, es que hay que... hay que hacer las cosas bien,

hay que recabar toda la documentación y, bueno,

hasta... hasta el último detalle. No, es complicado.

Es... Es... Es complicado, hombre.

Bueno, bueno, a ver,

dadme... un par de semanicas

y os lo cuento todo. Mejor mañana, que viene Margarita.

¿Margarita? ¿Y qué pinta Margarita aquí en todo esto?

Ya la hemos puesto al corriente. Está deseando escuchar tu versión.

Tiene derecho, es tan hermana como nosotras.

De hecho, es la que padre designó para dirigir la empresa.

Pero como tú la incapacitaste... Sabéis perfectamente por qué.

Para no desembolsarle los 350.000 euros

que padre dejó expresamente para ella.

¿Ese dinero no lo habrás tocado? No. ¿Por quién me tomáis?

Más te vale tener una buena explicación, Alipio.

Con nosotras has hecho siempre lo que has querido,

pero Margarita es mucha Margarita. Y te tiene ganicas.

Y lo sabes.

Muchas.

Muchas.

Madrid, Puerta de Atocha.

Final de viaje.

Pero entonces, ¿pueden ustedes hacer algo?

Si usted dispone del dinero que le comenté por teléfono,

nosotros podemos hacer esto y más.

Bueno, es un dineral, ¿eh?

Bueno, tengo que poner en funcionamiento un equipo enorme

de guionistas, actores, psicólogos, especialistas, falsificadores,

traductores, contorsionistas...

Y solo trabajamos con los mejores.

¿Y va a tener usted a todo ese equipo disponible de hoy para mañana

y encima en Zaragoza? Mucho tiempo no tenemos, Alipio.

Bueno, ¿y qué garantía tengo yo de que...?

Lo entiendo, Alipio.

Y no hay ningún problema. Se me ocurre una cosa:

Devuélvale a sus hermanas los tres millones de euros.

Y si no los tiene, como antes me ha comentado,

pues, bueno, ocho años en la cárcel pasan rápido,

sobre todo si te toca de compañero de celda alguien «cariñoso».

Y ahora, si me disculpa, tengo otros asuntos.

No, no, no, no.

Pero antes...

quiero saber los detalles. Prudente decisión.

Me gusta usted, Alipio. Yo hubiera hecho exactamente igual.

¡Sonría!

Gracias.

Y ahora, por favor, me rellena estos formularios.

Necesito saber hasta el último detalle de su historial familiar.

Todo.

De aquí se irá derecho al hotel, ya hemos hecho la reserva.

Y no se mueva de allí hasta que nos pongamos en contacto con usted.

Los dedillos flexibles de «Mascotín».

Estimulan las glándulas sebáceas de su mascota,

haciendo que el pelo les luzca brillante y sedoso,

eliminando la suciedad y el pelo suelto.

Deje que su mascota elija entre seguir soportando esos cepillos...

...o la acción masajeadora de «Mascotín»...

¿Sí?

Diríjase a la venta que tiene a su derecha.

Verá un local de ambiente nocturno justo en la acera de enfrente.

Tiene un rótulo luminoso de color rojo.

Aquí le esperamos, no tarde.

Voy ahora mismo.

Este es el plan. Escuche con atención.

Usted se citará en un restaurante con sus hermanas.

Exactamente en este.

Camareros, clientes..., todos trabajan para nosotros.

La historia que les contará es sencilla:

Su padre tuvo un hijo secreto en un viaje a la India.

Huy, mi padre... ¿Un hijo secreto?

En su lecho de muerte le pidió a usted, su único hijo varón,

que cuidara del niño sin que nadie de la familia se enterara.

Este es el origen de todo.

Mi padre fue el fundador de la Santa Hermandad de la Virgen Castísima.

Buena razón para evitar el escándalo, ¿no le parece?

Pero el niño tenía una enfermedad poco corriente:

Anemitaxia cerebulosa del sistema linfovascular.

Terrible. Solo hay un equipo especialista en el mundo

y está en Estados Unidos.

Las operaciones en Houston fueron extremadamente costosas

y usted se vio obligado a desviar fondos de la empresa en secreto.

Los informes médicos y las facturas del hospital de los últimos años.

Los gastos ascienden a casi dos millones de dólares.

La mesa de al lado estará ocupada por un viejo médico que operó al niño,

un doctor americano jubilado que ahora vive en España.

Tiene el pelo blanco.

Cuando diga la enfermedad...

Anemitaxia cerebulosa del sistema linfovascular. Se lo he escrito,

apréndaselo.

El doctor se acercará a su mesa y lo saludará asombrado.

Corroborará la historia. Incluso llevará encima un viejo informe,

con lo cual no quedará lugar a duda alguna.

Bueno, no sé yo si Margarita... No lo dude,

Margarita se creerá hasta la última palabra.

Eso puede ser, pero... pero nunca me perdonará lo que le hice.

Lo hará cuando sepa que la incapacitó porque su padre se lo exigió.

Si ella hubiera dirigido la empresa, sabría de la existencia del niño.

Y el mundo entero.

Pero, a cambio, usted creó la Fundación Margarita,

en honor de su queridísima hermana.

Una fundación que ha salvado la vida a miles de niños,

que ahora idolatran a su hermana sin que ella siquiera lo sepa.

Hemos creado la página web para que usted invite a sus hermanas

a entrar y comprobarlo.

El Facebook de la fundación cuenta ya con tres millones de seguidores,

entre los que están el papa y Michele Obama.

¿Michele Obama? Y su marido presidente de honor.

¿Mi marido? No, el de Michele Obama.

Y tenemos prevista la intervención de unos niños huérfanos

adoptados por la fundación.

Los ha hecho venir de la India para que conozcan a su hermana.

Le harán una ofrenda floral y le cantarán una canción.

A Margarita esto le partirá el corazón.

En estos momentos la están ensayando.

♪ -Margarita, Margarita,

♪ te ofrecemos nuestro corazón.

♪ Margarita, Margarita,

Basta con que dé dos golpes en la mesa.

Esta será la señal para que los niños aparezcan por sorpresa

y empiecen su trabajo. Hace usted así...

Y los niños aparecerán.

Bueno, todo esto es impresionante,

pero no creo que Margarita se trague que padre la quiso incapacitar.

Era su predilecta,

de lejos.

Se lo tragará si es su propio padre el que lo confiesa.

En estas misivas, su padre confiesa todo de su puño y letra.

Le ruega que guarde silencio respecto al niño

y que incapacite a Margarita por el bien de la familia.

Podríamos haberlas falsificado, pero no es en absoluto necesario.

Póngala sobre la mesa y explíqueles a sus hermanas

que su padre le rogó encarecidamente que nadie, absolutamente nadie,

las leyera nunca. Sus hermanas no se atreverán a abrirlas.

Ni las tocarán. Bueno, no conocen Vds. A Margarita.

Si su hermana pretendiera leer las cartas

o cualquier otra cosa se torciera, cosa harto improbable,

se pondrá en marcha el plan B. ¿Cómo que «el plan B»?

Esa es la señal. Se producirá una explosión en la cocina.

Los camareros gritarán «fuego».

Y un cocinero en llamas cruzará. Todo se llenará de fuego y de humo.

¿Y eso para qué? Es una maniobra de distracción.

Inmediatamente entrarán los bomberos y los sacarán a todos a la calle.

Las cartas y el resto de las pruebas arderán y desaparecerán para siempre.

¿Termina de verlo, Alipio?

Pues sí que son ustedes cojonudos, sí.

Ya veo que lo tienen todo bajo control.

Solo nos falta un detalle,

los 350.000.

Necesito fumar.

¿Y si algo fallara? Nunca ha ocurrido.

Pero en el improbable caso de que esto sucediera,

se le devolvería el doble de lo que nos acaba de entregar.

Eso no solucionaría mi problema. Para eso está el «Seguro Venecia».

¿Cómo que «El Seguro Venecia»? ¿No se lo ha comentado mi madre?

Es un seguro que le garantiza la extracción inmediata del lugar

y una nueva vida donde usted quiera, sin dejar rastro.

Nadie volvería a saber de Alipio Romero.

Es un seguro que va aparte, pero que nosotros siempre recomendamos.

Señor Romero, llevamos más de treinta años en el sector.

Hemos conseguido hacer creer cosas que no son

a personas tan inteligentes que ni usted se lo creería.

Imagínese lo que seremos capaces de hacer con su hermana Margarita,

que es una...

una campeona.

¿Pero qué coño nos estás contando?

¿Qué mierda es esa del hijo secreto de papá?

¿Qué mierda es esa?

Además de ladrón, te has vuelto gilipollas.

Y no solo que vas a ir a la cárcel,

te vas a ir con cuatro hostias... bien dadas.

¿Ah, sí?

Muy bien.

Pues aquí tenéis las facturas del hospital,

con todas las intervenciones quirúrgicas.

En Houston, ¿eh? En Houston.

Mirad.

¿Facturas de qué, Alipio?

El niño tenía una enfermedad poco frecuente:

Anemitaxia cerebulosa del sistema linfovascular.

¿Lo qué?

¿Pero eso qué es pues?

Eso, por desgracia,

es un nombre que me he tenido que aprender de memoria.

«Anemitaxia cerebulosa del sistema linfovascular».

«Anemitaxia cerebulosa del sistema linfo»..

Disculpen, que no quiero molestarles.

Pero no he podido evitar escucharles. Ustedes son la familia Romero, ¿no?

Sí, en efecto, caballero. Pero... qué bien habla usted español, ¿no?

Ah, muchísimas gracias.

Usted tampoco se maneja mal del todo.

Que solo quería saludar a una antigua alumna.

Margarita, ¿te acuerdas de mí?

- ¡Joder, Eduardo», El Copito»! Usted fue mi profe.

Sí, yo fui profesor suyo de Diseño en el instituto.

Esta es la mejor alumna que he tenido nunca. Pero nunca. ¿Eh?

¿Te acuerdas, Margarita, de los zapatos musicales

que se te ocurrieron para el taller de emprendimiento?

Esa fue una genialidad de las tuyas, ¿eh? Mira, que los llevo puestos.

- Son la bomba. Ahora los hacen todas las marcas,

pero en su día fue una revolución. Los habrás registrado, ¿no?

Anda, que los de Adidas te tienen que estar pasando unas buenas perras.

Pues no, los registró mi hermanito... a su nombre.

Sí, sí, sí, que me dijo que era un rollo el papeleo. Y hasta hoy.

¡Pero hombre!

Oiga, ¿no se está Vd. Dando cuenta

de que estamos aquí en un cónclave familiar o qué? ¡Es que...!

Por supuesto, por supuesto. Que tengan buen provecho.

Y qué placer ver a una familia... tan unida, ¿eh?

Alipio, ¿no fue idea tuya?

Para una que ha tenido y tampoco era de él.

Bueno, a ver, a ver, a ver. Vamos a ver.

Los beneficios de los zapatos fueron a parar a la Fundación Margarita.

Porque se llama como ella, lleva su nombre: «Margarita».

Y no el mío.

¿No es precioso... por mi parte?

¿De qué estás hablando, Alipio?

Pues estoy hablando de que Margarita, sin saberlo,

igual ha salvado la vida de miles de críos.

Mirad, vamos a hacer una cosa,

porque una imagen vale más que mil palabras.

Vamos a entrar en la página web:

«www.fundacionmargarita.org».

Ya está. Vais a ver ahora.

No hay... No hay cobertura.

Por favor, por favor, ¿me puede dar la clave del wifi?

No tenemos wifi, caballero. ¿Que no...?

Mira, Alipio,

o devuelves hasta el último euro que te has llevado de la empresa,

y me das de una puta vez lo mío,

o te vas a pasar en el trullo entre cinco y ocho años.

¡Y con cinco hostias!

Las cuatro de antes

más una que se me ocurre ahora mismo. ¡Tonto del culo!

Muy bien, igual te comes tus palabras cuando conozcas a los críos.

Pero qué cosicas tan raras haces, Alipio.

Que sepas que nosotras iremos a verte a prisión.

Claro, yo también. Pero para descojonarme.

Vale, vale.

No me creáis a mí si no queréis.

Pero al menos...

creed a nuestro padre. ¡Eh, quita!

Aquí, escrito de su puño y letra, está todo lo que os he contado:

Lo del hijo secreto,

la petición que me hizo para que la incapacitara...

Él no hubiera querido que las leyerais nunca, jamás.

Pero, claro,

si queréis quebrantar la última voluntad de vuestro padre,

si queréis ultrajar su memoria,

si queréis que se revuelva en su tumba...

¡Pero qué tumba ni qué leches! Si a papá lo incineramos, gilipollas.

¿Qué mierda es esta?

¡Al suelo!

¿Pero qué tontadas haces, Alipio?

Por favor, qué vergüenza, madre mía.

O has bebido o te has drogado, Alipio. No nos digas que no.

¿Pero qué es todo esto, Alipio?

Esto... Esto es un timo.

Esto es lo que es.

Un puto timo.

¡Una puñetera estafa! Exactamente.

Aquí ni bomberos,

ni médico de Houston, que este señor es de Calatayud,

ni niños de la India,

ni wifi, ni explosión,

¡ni la madre que parió al cocinero en llamas!

¿El besugo?

¿Dónde están?

Los del aluminio se han bajado al bar a tomar algo.

Yo no, me gusta traerme la merienda de casa.

No, hombre, los de «La Excusa», joder. ¿Dónde están los de...

la puta «Excusa» de los cojones?

Esos están en el piso de abajo. Este es el piso 25.

¡Ya te he pillado, pájara!

Querido, Alipio. ¡Qué alegría! Ahora precisamente iba yo a llamarlo.

¡Pues ya he venido yo!

¡Ay, no hemos podido avisarlo! ¡Pero yo puedo explicárselo todo!

¡Suéltala, burro!

¿Estás bien, mama? Sí, estoy bien.

¿Aviso a Ryan? No, no hace falta.

Pero déjame un momento a solas con el señor Romero.

¡Hija de mala madre! Deje que le explique.

Me habéis arruinado la vida. Escúcheme un momento.

¡No quiero tus explicaciones, quiero mi dinero!

Por supuesto, pero antes escúcheme.

No le quitaré mucho tiempo. ¡Siéntese!

Verá usted.

Esta mañana me he mirado al espejo, Alipio, como cada día,

y por primera vez no me ha gustado lo que he visto.

La imagen que reflejaba el espejo no era yo,

no me he reconocido.

He pasado la vida... engañando,

viviendo de la mentira,

creando excusas infalibles para otros.

Y hoy era yo precisamente la que no tenía ninguna excusa

para justificar en lo que me he convertido,

en un fraude.

Sí, sí, sí, Alipio,

un auténtico y monumental fraude. Exactamente.

Verá usted, he embaucado a cientos de personas

que siempre llegan a nosotros desesperadas,

buscando una excusa para justificar lo injustificable,

para que nosotros creemos una mentira por ellos a cambio de su dinero.

Gente que se cree todo lo que le decimos porque necesita creernos.

Necesita agarrarse a un clavo ardiendo para librarse de su tortura.

Se sorprendería, Alipio, de ver lo fácil que es engañar a la gente.

Usted, por ejemplo, Alipio.

¿En qué cabeza cabe que nosotros íbamos a poner una bomba

en un restaurante en el centro de Zaragoza?

Y el cocinero en llamas y los bomberos

y los niños indios cantando...

Pero, por Dios, Alipio. Por Dios.

Y su padre, un santo varón, con un hijo descolgado por ahí.

Eso es lo que ustedes me vendieron. No, no, vamos a ser un poco serios.

Vamos a suponer que sus hermanas se hubieran tragado todo el paripé.

¿De qué le hubiera servido a usted?

¿De verdad cree que se iba a librar de sus responsabilidades?

¿No se da cuenta que antes o después la verdad hubiera salido a la luz?

Al día siguiente los bancos hubieran vuelto a la carga,

las cuentas seguirían sin cuadrar,

el hermanito y la fundación no aparecerían porque no existen.

Bueno, y en definitiva,

todos descubrirían sus mentiras, una tras otra.

Siempre pasa igual.

Y a su lamentable situación,

habría que añadirle el bochorno de haber mentido descaradamente

y de haber hecho el ridículo

y de haber perdido además sus 350.000 euros,

que no es moco de pavo.

Entonces, ¿qué excusa les pondría?

¿Qué excusa se iba a poner a sí mismo?

No, no, dígame, dígame.

No, no, no, ya se lo digo yo.

Usted hubiera vuelto aquí y nosotros le hubiéramos vuelto a engañar.

¿O no?

Yo podría ponerle ahora mil excusas para justificar

por qué no hemos acudido esta mañana al restaurante de Zaragoza.

Y usted, querido Alipio, se las creería una tras otra,

porque soy la mejor.

Pero no quiero, hoy no quiero más mentiras. Ya no,

he cubierto el cupo.

No quiero hacerle perder más tiempo. Ha sido un placer conocerlo.

Bueno, lo único dejar resuelto lo del otro tema.

Usted misma lo ha nombrado antes, lo del...

¿Lo del dinero? Sí.

¡Ay, es que se me ha ido el santo al cielo!

Sí. Si lo tengo aquí preparado.

Sus 350.000.

Otros 350.000, como habíamos quedado.

Y, me va a permitir, querido Alipio,

otros tantos por las molestias que le hayamos ocasionado.

¡No, no, no, vamos! El que le pide perdón soy yo.

He entrado aquí hecho un basilisco. Vamos, que tampoco son formas.

Y ahora viene lo mejor. ¿Qué?

Usted también puede cambiar su vida. Ahora mismo.

Purgar tanta mentira,

intentar reparar todo el daño que ha hecho durante todos estos años

y convertirse en un hombre nuevo.

Está en sus manos hacerlo. ¿Sí?

¿Y cómo, pues?

Yo podría mandar este dinero a nuestra sede en la India

y crear de verdad, ahora sí,

esa fundación que nos habíamos inventado.

¿Por qué no crearla?

¿Por qué no salvar la vida a miles de niños que sufren?

¿Por qué no darles un hogar de verdad?

No... No... sé.

No... sé.

¿Y por qué no... ponerle su nombre?

«Alipio Fundation».

Qué maravilla.

Entonces sí que sus hermanas

y toda Zaragoza estarían orgullosas de usted.

Piénselo, Alipio. Piénselo bien.

Sí que me lo voy a pensar, sí,

porque no es mala idea. La verdad que... ¡no es mala idea!

Cuéntelo. Cuéntelo, si no se fía de mí.

No, hombre. No, no, no.

Lo que sí que voy a hacer, ¿sabe?, es meterlo todo en el mismo sobre.

¡Fuego!

¡Fuego! ¡Fuego!

¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!

«Seguro Venecia», Alipio. ¡Extracción en góndola!

Ya se lo dijo la niña. Ya se lo dije, mamá,

pero no me hizo ni caso.

♪ Alipio, Alipio,

♪ te ofrecemos nuestro corazón.

♪ Alipio, Alipio,

♪ el rey de nuestra fundación.

♪ Alipio, Alipio,

♪ te ofrecemos nuestro corazón.

♪ Alipio, Alipio,

♪ es el rey de nuestra fundación.

- ¡Hola! - ¿Vais para Granada, hermosos?

No, vamos justo en sentido contrario, dirección Alicante.

Pues ya es pena, ¿eh?, que hombres tan guapetones no se ven a menudo.

- Gracias. Bueno, suerte, chicas. - Espera, espera, espera, Roberto.

- A lo mejor hay una solución. - ¡Sí, sí, sí!

Nos volvemos a Madrid, que son solo 100 km,

cogemos la A4 y las acercamos a Granada.

Y a este lo dejamos en Toledo en casa de mi madre

y, a la vuelta, lo recogemos o ya veremos.

Vale. ¿A usted no le importa, verdad?

¿Qué? Que hay cambio de planes.

Cojonudo.

¿Y a dónde va usted, pues? A Gandía playa, pero... sin prisa.

¿Y cómo se llama el perrico?

Tommy. ¿Tommy?

- Sí, Tommy, Tommy. - Tommy...

Toma, Tommy. ¡Ay, qué bonico es Tommy!

¡Eh!

¡Akagoro kototo!

No es la furgoneta que tú querías, pero por algo se empieza, ¿no?

Sube, Ayoub.

Quince mil.

Tus quince...

y quince más.

Tus treinta...

y treinta más.

¡350.000!

Que son tus 60 y 290 más.

No voy.

Yo tampoco.

¡Veo!

¡Póker de jotas!

¡Fuego!

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ La, la, la, la, la, la, la, la.

♪ La, la, la, la, la, la, la, la,

♪ la, la, la, la.

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

Monchito.

Dime, papi. ¿Quieres llevarlo tú?

♪ Sha, la, la, la, la, oh, oh, oh.

♪ Un rayo de sol, oh, oh, oh,

♪ me trajo tu amor, oh, oh, oh.

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