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A fines del verano de 1864,
John Hanning Speke
pas� la �ltima tarde de su vida cazando conejos.
�John!
Con un disparo cre� un misterio sobre su muerte
que nunca fue aclarado,
y llev� a un punto culminante
su larga y amarga disputa con Richard Burton
sobre las fuentes del Nilo.
Vuelve y trae ayuda.
No me muevas.
EN BUSCA DEL NILO
5. ENCUENTRE A LIVINGSTONE
Nadie se las arregl� para refutar la teor�a de Speke de que las Ripon Falls,
donde el Nilo sale del lago Victoria en su viaje hacia el norte,
era la verdadera y �nica fuente del r�o.
La discusi�n que hab�a obsesionado tanto tiempo a la Inglaterra victoriana
parec�a haber terminado.
Pero no fue as�.
Hab�a muchos distinguidos ge�grafos
que no pod�an aceptar que lo del Nilo estaba resuelto,
tal como Speke hab�a proclamado audazmente todos esos a�os.
M�s tenaz y perseverante que todos ellos,
David Livingstone hab�a salido una vez m�s
a buscar lo que llam� "cuencas del �frica".
D�bil de salud, empuj� sus empecinados huesos hacia el interior,
en un �ltimo esfuerzo para resolver los misterios del r�o.
Sus �nicos y habituales compa�eros eran Susi y Chumah,
los dos fieles sirvientes a quienes hab�a rescatado de la esclavitud.
Susi, tr�eme el botiqu�n de medicinas.
S�, Bwana.
Dice que el botiqu�n no est�.
�No est�!
Dice que su hermano se lo llev�.
�l tambi�n se fue.
Lo encontramos y lo matamos.
No lo har�s, Susi, �me oyes?
D�jalo ir. �l no tiene la culpa.
No botiqu�n medicina�.todos morimos.
Tal vez, Chumah.
Al final, de cualquier manera todos moriremos
cuando la muerte nos llegue de Dios.
Es mejor que cualquier matanza que podamos lograr.
Vayan a hacer un fuego. Acamparemos aqu� esta noche.
Durante seis a�os el mundo no iba a saber nada del gran explorador.
�frica simplemente se lo engull�.
Nadie sab�a si estaba vivo o muerto.
En octubre de 1869,
un joven de veintiocho a�os llamado Henry Morton Stanley
lleg� a un hotel de Par�s.
Con un padre que nunca vio y una madre negligente,
a los 15 a�os hab�a huido
de las crueldades de una escuela para pobres de Gales
como polizonte en un barco destinado a Nueva Orleans.
Ahora era un duro corresponsal de un diario norteamericano.
Hab�a sido llamado por James Gordon Bennet,
un joven rico,
cuyo padre era el due�o del New York Herald.
�S�? �Qui�n es usted?
Me llamo Stanley�
Ah, s�, claro. Entre.
Si�ntese. S�rvase caf�.
Gracias.
�Qu� le parece Par�s, Mr. Stanley?
Cuidado con lo que dice.
Cada ma�ana me encuentro
un poco m�s enamorado con el lugar.
Llegu� con el nocturno, se�or.
Parece una ciudad grande, no muy de mi gusto.
Es que usted est� apurado, Mr. Stanley.
Del m�o, s�.
Entonces imagino que nuestros gustos en materia de placer difieren mucho.
El trabajo es mi principal placer.
Puedo ver que podr�a ser as�.
Bueno, entonces�
Trabajo es lo que tengo para usted.
Que lo llevar� bien lejos de Par�s.
He tenido una idea para el peri�dico, Mr. Stanley, una gran idea.
�Se�or?
�D�nde cree que est� el Dr. Livingstone en este momento?
�El Dr. Livingstone?
No tengo idea.
�Cree que est� vivo?
Puede que s�, puede que no.
Bueno, yo creo que est� vivo,
y que puede ser hallado.
Y usted lo va a encontrar.
�Realmente piensa que Livingstone puede ser encontrado en
toda el �frica?
S�. Vaya y encu�ntrelo, est� donde est�.
El viejo puede estar desesperadamente necesitado.
Quiero que el mundo sepa
que el New York Herald cuida a Livingstone.
Lleve suficientes provisiones para ayudarlo, si �l lo requiriera.
Mejor aun. Resc�telo.
Haga lo que a su juicio sea lo mejor, Mr. Stanley.
Pero encuentre a Livingstone.
Se�or, �ha tomado usted en cuenta el costo de este peque�o viaje?
Usted d�game cu�nto costar�.
Bueno, la expedici�n de Burton y Speke al lago Tanganyica cost�
alrededor de tres mil libras.
No puede hacerse por menos de veinticinco mil.
Bueno, le dir� qu� hacer.
Saque mil libras ahora,
y cuando las haya gastado saque otras mil,
y cuando haya acabado con eso, saque otras mil
y cuando eso se haya ido, saque otras mil.
�Pero encuentre a Livingstone!
Lo intentar�, se�or.
Tengo la sensaci�n de que quienquiera encuentre a Livingstone
puede tambi�n encontrar el Nilo.
Buen d�a, Mr. Stanley.
�frica Central en ese momento
todav�a era un lugar de horror y atrocidad.
En su mayor parte los traficantes de esclavos hac�an
sus negocios en la oscuridad del interior.
Pero s�lo ocasionalmente
sus actividades eran presenciadas
por alguien preparado para dec�rselo al mundo.
Dugumbe�. , pare esta matanza.
Son sus hombres. Det�ngase.
Estoy dolorido y hastiado de sangre humana.
Esto no es un tr�fico de esclavos,
es una matanza de inocentes para someter a los sobrevivientes.
Es indescriptible.
Es el infierno sin fondo.
Dagumbe, podr�a acabar con todos tus asesinos, Dagumbe.
El tiroteo casi ha terminado.
�M�tame!
Vamos, m�tame.
Para que todo el mundo se entere.
Como tantos exploradores que lo antecedieron,
Henry Stanley decidi� comenzar su viaje africano en Zanz�bar.
Para evitar toda controversia, decidi� no revelar
que era corresponsal de un peri�dico,
ni tampoco el verdadero prop�sito del viaje.
Para el c�nsul brit�nico de Zanz�bar, Dr. John Kirk,
�l aparentaba ser s�lo un norteamericano acaudalado
deseoso de viajar hacia el interior.
Habr�a sido una bendici�n que alguno de esos caballeros,
Burton, Speke o Grant,
hubiera dejado alguna informaci�n pr�ctica en sus libros
sobre c�mo alistar una expedici�n al �frica Central.
Yo estuve con Livingstone, en el Zambezi.
Si puedo ayudar de alguna manera�.
�Livingstone es amigo personal de usted?
Creo que �l dir�a que fuimos amigos.
�Y usted no lo sabe?
La amistad, tal como usted la podr�a entender, a �l no le resulta f�cil.
Si sospechara que hubiese otro hombre blanco cerca
r�pidamente pondr�a 100 km de ci�naga entre ellos.
Eso no parece propio del gran Dr. Livingstone.
Mr. Stanley, si puedo decirlo,
usted tiene una idea m�s bien simple de los grandes hombres.
A veces ellos pueden tambi�n ser dif�ciles.
Durante a�os he tenido el m�s grande respeto por �l,
por su energ�a y lucidez mental, todav�a lo tengo�
Pero es el mortal m�s ingrato y resbaladizo
como en la vida he encontrado otro.
Bien conf�o, se�or, en que el Dr. Livingstone
es m�s leal en su amistad de lo que usted aparenta ser.
Mr. Stanley, �puedo preguntarle ad�nde est� yendo?
Estoy yendo al interior de �frica, Dr. Kirk.
Y si ahora fuera tan amable de ayudarme con provisiones,
animales de carga, alambre de cobre y cuentas de cristal,
y d�nde se pueden contratar buenos porteadores,
le estar�a muy agradecido.
Todos buenos hombres, se�or. Fieles a Speke.
Ponlos en l�nea, Bombay.
Bombay, ordena la partida.
Sin tener idea de las dificultades y peligros que podr�a haber adelante,
Stanley comenz� a abrirse camino hacia el interior de �frica.
Su prop�sito era encontrar en alg�n lugar de ese inmenso continente a un hombre
que muy posiblemente podr�a ya no estar vivo.
Una vez fuera de la jungla,
a lo largo del antiguo sendero de esclavos a Taborah,
que Burton y Speke hab�an recorrido catorce a�os antes.
Bombay, �qu� es todo esto?
Ellos renuncian. Hay fiebre en el poblado pr�ximo.
Creen que todos van a morir.
Vuelvan aqu�, todos ustedes, ya.
Si hay fiebre, tenemos medicinas, nadie morir�.
Vuelvan aqu� ya.
O yo mismo les causar� la muerte.
Desarma el campamento, Bombay.
No pas� mucho tiempo sin que los africanos tuvieran su propio nombre para Henry Stanley-
Bula Matari - el rompe rocas.
Una nueva fuerza hab�a llegado al �frica.
Viajando al doble de velocidad de Speke y Burton,
Stanley lleg� a Taborah en tres meses.
Ese poblado era todav�a la principal escala de los �rabes
en su camino de regreso a la costa con esclavos y marfil.
Pero el control de los �rabes sobre las rutas de las caravanas
se hab�a debilitado por obra de un jefe llamado Mirambo,
quien hab�a incitado a rebelarse a las tribus locales,
y estaba incluso amenazando la misma Taborah.
Me est� diciendo que todas las rutas a Ujiji est�n bloqueadas,
que sus hermanos �rabes
ya no tienen poder para comerciar en esas �reas.
Mirambo ya ha tomado todas las tierras de el Washensi
y dentro de poco�va a enardecer a todas las tribus del Tanganyica
si nosotros no le caemos y lo destruimos.
�Y ustedes no piensan que son justamente ustedes
quienes han causado la revuelta de las tribus�por sus actividades?
Estas preguntas son demasiado grandes para nosotros, amigo Stanley.
Somos hombres simples
que hacemos lo que nuestros padres han hecho.
Nosotros seguimos la palabra del Profeta.
�El Profeta les aconseja traficar con almas humanas?
Si usted marcha con nosotros podemos tener paz.
Puedo verlo en sus ojos�.Est�n decididos por la guerra.
Si m�s adelante el camino est� realmente bloqueado,
no tengo elecci�n�salvo compartir su entusiasmo.
Entonces, que sea as�..
En la primavera de 1871,
la Royal Geographical Society de Londres tuvo nuevo Presidente.
Sir Roderick Murchison estaba muerto
y su lugar hab�a sido cubierto por Sir Henry Rawlinson,
un distinguido soldado y arque�logo
cuyos mejores d�as ya hab�an quedado atr�s.
Caballeros, no creo que podamos esperar m�s.
Creo que deber�amos empezar, si les parece.
Coronel Grant, �podr�a sentarse ac�?
Bien, caballeros�.
Ah, Burton. Qu� bien que ha llegado.
Fui convocado, Sir Henry.
"Un tema de vital importancia para la Sociedad".
Pens� que como m�nimo la tierra se hab�a movido de su eje.
He recibido algunas noticias inquietantes
que pueden pesar sobre el destino y la seguridad del Dr. Livingstone.
La naci�n espera conteniendo el aliento.
Caballeros, hace algunas semanas recib� una carta del Dr. Kirk,
C�nsul de Su Majestad en Zanz�bar,
inform�ndome que un joven norteamericano llamado Henry Stanley
se hab�a internado en el �frica con una caravana sobradamente grande.
Kirk cree que podr�a estar tras Livingstone,
o que puede estar buscando el Nilo.
Hoy llega un informe adicional de que ese joven,
que parece ser un periodista,
se ha visto involucrado en hostilidades de magnitud
entre �rabes y africanos en la regi�n de Taborah.
Ahora, por mucho que nos desagraden los informes
sobre interferencias norteamericanas en esta regi�n,
nuestra primera preocupaci�n debe ser el Dr. Livingstone.
Con su l�nea de escape cortada en Taborah,
debe haber serias dudas sobre su seguridad.
Yo digo que deber�amos rescatar al Doctor.
�Se refiere a una expedici�n de ayuda, con todos los costos que implicar�a?
As� es, se�or.
Burton, �tiene alguna opini�n?
Tengo experiencia, Sir Henry, que podr�a ser m�s valiosa.
La sola presencia de otro hombre blanco en esa �rea,
involucr�ndose personalmente en una o dos batallas menores,
dif�cilmente significa que
toda el �frica se vuelva hacia Livingstone y lo devore.
Coronel Grant - usted conoce el pa�s.
En este punto en particular y conociendo ambos el �rea,
me inclino a coincidir con Burton.
Puedo agregar, caballeros, que en nombre de ustedes
pregunt� a los empleadores de Stanley, "The New York Herald",
y recib� la siguiente respuesta -
"Creemos Stanley enfermo asustado en Taborah"
Pero ahora me informan que el mensaje deb�a decir
"Creemos Stanley enfermo afiebrado en Taborah"
En su apuro por penetrar el interior,
Stanley cometi� un error serio.
Los �rabes hab�an probado ser aliados inconstantes,
lo hab�an dejado solo para enfrentar a Mirambo.
Hab�a perdido muchos hombres
y a cambio ahora corr�a el riesgo de ser tildado
como esclavista por las tribus que ten�a adelante.
De acuerdo, Bombay. Prep�ralos.
Stanley. Effendi�
Esta guerra es de ustedes, distinguidos hermanos.
Tengo otras cosas que atender.
Pero les puedo asegurar, por las formas y los medios
en que sus hombres entran y escapan de la batalla,
que les llevar� unos diez a�os
sofocar a este renegado.
No puedo esperar tanto.
Sumando sus dificultades,
los �rabes ahora le entregaron un joven esclavo como regalo de despedida.
Si vienes conmigo, lo tratar� como a mi hijo.
Que de ahora en m�s su nombre sea Kululu
y que nadie se lo quite.
Yo te bautizo, Kululu, en el nombre del Padre,
del Hijo y del Esp�ritu Santo,
Am�n.
Yo he tomado el solemne juramento de nunca renunciar
a buscar hasta encontrar a Livingstone vivo, o a su cuerpo.
Ning�n hombre u hombres vivientes podr�n detenerme.
Porque algo me dice�.
No s� qu� es�.
Algo me dice que lo encontrar�.
Una semana despu�s, vieron aproximarse una caravana.
Bombay, preg�ntales de d�nde vienen.
S�, Bwana.
Bwana, bwana...
Un hombre blanco. Han visto a un hombre blanco.
�C�mo estaba vestido?
Como bwana.
-�Joven o viejo? - Viejo.
Con pelos blancos en su cara. Est� enfermo.
-�De d�nde provienen? - Del lago. Ujiji.
Es Livingstone. Debe ser Livingstone.
El viernes 3 de noviembre de 1871,
doscientos treinta y seis d�as despu�s de dejar la costa,
Henry Stanley baj� desde las colinas
de arriba el poblado de Ujiji,
a las costas del lago Tanganyica.
Bwana, bwana,
viene hombre blanco.
Mucha gente.. Bajo la colina�porteadores..
Dr. Livingstone, supongo.
S�.
Agradezco a Dios, Doctor, que me haya consentido verlo.
Me siento agradecido de estar aqu� para recibirlo.
Ah, Burton, lo encontr�.
Necesito su consejo.
Mire lo que dice aqu�.
�Qu� dice all�, Sir Henry?
Los norteamericanos han salido a la luz.
El tal Stanley est� en �frica,
y deliberadamente est� buscando a Livingstone.
�Qu� propone hacer sobre eso?
Se ha vuelto ahora una cuesti�n de honor nacional.
Yo estoy en contacto con Downing Street.
Pretendemos enviar inmediatamente una expedici�n de ayuda a Zanz�bar,
y luego al coraz�n de �frica, para buscar a Livingstone.
No ten�a idea de que estuviera perdido.
Bueno, Sir Henry, veamos.
Mr. Stanley tiene una ventaja de unos 10.000 kil�metros,
�en qu� sugiere que salga su expedici�n? �en una alfombra m�gica?
Ac� tengo, Burton, una carta de Florence Nightingale.
Qu� grande es usted para sacar conejos de la galera.
Ella escribe -
"Pueda Dios agilizar todo esfuerzo
para salvar a uno de los grandes hombres de nuestro tiempo.
Si cuesta diez mil libras enviarle un par de botas,
Inglaterra deber�a darlas.
Pero Inglaterra produce grandes hombres
y entonces Inglaterra los deja morir".
Ahora, �qu� opina de eso?
Una gran mujercita.
Tiene raz�n sobre Inglaterra. Se equivoca sobre �frica.
La expedici�n parte dentro de un mes.
�Y qu� condenado cachorrito estar� enviando al �frica?
Un perrito alimentado a leche seguidor de Papito,
que apenas puede encontrar su camino navegando
alrededor del lago de los patos en St. James Park.
Esas son apenas las palabras de un leal miembro de esta sociedad.
�Puff, puff, Sir Henry, puff, puff!
Con la ayuda de las medicinas
que Stanley hab�a tra�do con �l,
Livingstone pudo recomenzar su tarea vitalicia
de servir a los enfermos.
La relaci�n entre los dos hombres
r�pidamente se hab�a convertido en una c�lida amistad.
En verdad, para Stanley era algo m�s.
Entre sus sentimientos por este anciano,
comenz� a abrigar dentro de s�
el del amor de un hijo por su padre,
el padre que nunca hab�a conocido.
Una ma�ana como �sta debe darle una gran satisfacci�n.
Hola, en verdad me da satisfacci�n,
pero me temo que lo que estoy haciendo no es para nada bueno.
Pero, Doctor, usted debe ser el �nico hombre
en mil kil�metros a la redonda con un adecuado conocimiento de la medicina.
Eso es precisamente lo que hace que pueda hacer tan poco.
El mes pr�ximo me trasladar� a otro poblado, una tribu diferente,
y esta gente de aqu� no tendr� m�s tratamiento.
Podr�a haber sido mejor si no hubieran tenido ninguno en el primer lugar.
Usted les trae m�s que medicina, les trae bondad y fe.
Cuando se ha estado en �frica tanto como yo he estado
los efectos son extra�os, Mr. Stanley.
No olvidar� f�cilmente - despu�s de mi expedici�n por el Zambesi,
abordamos un vapor en la costa de Mozambique.
Yo ten�a conmigo un sirviente africano,
un buen muchacho devoto, uno de mis cristianos conversos.
Pero la visi�n del enorme vapor fue demasiado para �l.
Se volvi� medio loco, salt� por la borda y se ahog�.
En el nombre de Dios, �qu� hab�a hecho yo por este hombre?
Nosotros desarraigamos esta gente,
les ense�amos nuestra fe, curamos sus fiebres,
pero me temo que les escondemos nuestras propias dudas.
He cre�do siempre que la fe puede vencer las dudas.
Sin mi fe en Dios, no podr�a creer en m� mismo.
Entonces usted es un hombre afortunado, Mr. Stanley.
Frecuentemente, cuando estoy d�bil,
Dios me da la fuerza para seguir adelante.
Pero no cree conveniente librarme de las dudas.
�sa es mi carga - �sa y �frica -
Yo mat� a mi esposa, usted sabe.
Supe que ella muri� con usted, en el sur.
Hay m�s de una manera de matar a una persona.
Usted puede privarla de amor -
eso es suficiente para matar a una mujer.
A ella le falt� la fortaleza para seguir adelante,
pero yo continu�.
Doctor, ella contrajo una fiebre.
Creo que usted ha permitido que ese pensamiento
se apodere de su mente cuando ha estado solo.
Se equivoca al creer que de alguna manera es culpable.
No demostrado, como decimos en Escocia, Mr. Stanley.
No demostrado.
La liberaci�n de sus emociones reprimidas
convirtieron a Livingstone en otro hombre.
Los dos se volvieron inseparables.
�Ha visto la cabecera norte del Tanganyica, Doctor?
Una vez trat�,
pero, como Burton y Speke, me vi obligado a volver por la fiebre,
y la tribu Wavira de esa zona es muy peligrosa.
O sea que todav�a no sabemos si el r�o entra o sale.
�Est� interesado en el Nilo, Mr. Stanley?
El mundo entero est� obsesionado con ese tema, se�or.
S�, me temo que el pobre capit�n Speke dio su vida por ello.
Doctor, yo no vine al �frica como explorador,
pero tengo mucha curiosidad por el tema,
y estar�a honrado, se�or,
de ponerme a su disposici�n con todo lo que tengo.
�Lo har�a, Mr. Stanley?
Bueno, si pudi�ramos probar que este lago Tanganyica
desagua hacia el norte en el lago Albert de Baker,
y de all� en el Nilo�
�Y su r�o Lualaba?
�se tambi�n, creo, es otra fuente del Nilo.
Fluye hacia el norte.
Pero primero resolvamos lo de los lagos.
Ma�ana empezaremos a hacer los preparativos.
Todo sea por el Nilo, Mr. Stanley,
pero no me convertir�n en carne para negros por el Congo.
Juntos, los dos hombres partieron en canoas
hacia el extremo norte del lago.
All� se confrontaron con la sorprendente verdad.
El peque�o r�o Rusisi, fluyendo hacia el sur, entraba al lago Tanganyica,
no sal�a del �l.
Dondequiera sea su salida
este gran lago no pod�a razonablemente ser un reservorio del Nilo.
La teor�a de la gran cadena de lagos
expandi�ndose hacia el norte desde este punto,
a la que Richard Burton y luego Samuel Baker
se hab�an aferrado durante tanto tiempo, finalmente colaps�.
Empez� a parecer que Speke, y s�lo Speke,
hab�a resuelto el misterio del Nilo.
Para Livingstone,
quien sab�a que sus fuerzas estaban empezando a abandonarlo,
debe haber sido un momento de amargo desencanto.
Dar�a plata por sus pensamientos, doctor.
Ellos no tienen valor, mi joven amigo.
Y perm�tame decirle que, en lo posible, desear�a guard�rmelos.
Ma�ana usted estar� solo.
S�, la casa lucir� como si la muerte se hubiera instalado en ella.
Mejor se queda, hasta que las lluvias hayan llegado y se hayan ido
Ojal� pudiera, mi querido doctor.
Pero cada d�a que me quedo, ahora que
no es necesario que lo haga, lo aleja de su trabajo.
No debe pensar en m�.
�Ser�a justo que yo dijera, no es cierto, a mi regreso,
que nada lo har� cambiar de parecer sobre quedarse aqu�,
hasta que haya quedado satisfecho sobre las fuentes del Nilo?
�Y que por m�s que se lo rogu�,
usted no regresar�a conmigo a Zanz�bar?
No es s�lo el Nilo, Henry.
Mi trabajo se encuentra a mi alrededor. �sta es mi gente.
Debe perdonarme si no se lo dije antes -
usted ha hecho lo que pocos hombres pudieron hacer -
mucho m�s que algunos grandes viajeros que conozco
y yo estoy muy agradecido.
Si le doy esto,
y no tengo nada m�s en el mundo para dar,
�lo tomar�a como un recuerdo de nuestra despedida?
Estoy cansado. Me tomar� un descanso.
Esta noche el baile es todo suyo.
Ser� una peque�a despedida para usted�.
Aunque Stanley hubiera estado dispuesto a quedarse unas cuantas semanas m�s,
sus porteadores no lo estaban.
Para esos hombres de Zanz�bar el interior de �frica
era un lugar oscuro y peligroso.
Ansiaban estar en casa.
Henry, esto es todo lo que quiero que entregue por m�.
Cuando se haya ido, yo me voy de nuevo al oeste.
�Y cu�nto le tomar� ese viaje?
Un a�o, un a�o y medio..tal vez m�s�
Que Dios lo gu�e salvo a casa, y lo bendiga, mi amigo.
Y permita Dios que usted vuelva a nosotros sano y salvo.
Mi querido amigo Doctor.
Adi�s.
Adi�s.
Bombay, prep�ralos.
(?????)
Yo reconoc�a el esp�ritu de bondad
manifiesto en �l.
Vino con la caracter�stica generosidad de los verdaderos norteamericanos.
Se me llenan los ojos de l�grimas
cuando pienso en tanta bondad.
Henry Stanley fue el �ltimo hombre blanco
en ver a Livingstone vivo.
A mitad de camino hacia la costa,
Stanley casi pierde la �nica prueba material
que ten�a de su encuentro.
Mientras cruzaba un r�o crecido,
el porteador que llevaba las cartas y art�culos
que Livingstone le hab�a dado,
tropez� y cay�.
Hassan, pierde eso y te matar�.
Cincuenta y cuatro d�as despu�s,
en la marcha m�s r�pida en la historia de la exploraci�n africana,
Stanley cruz� una vez m�s el estrecho hacia la isla de Zanz�bar.
Pero el hombre al que el Dr. Kirk estaba a punto de recibir
ya no era el impetuoso joven viajero norteamericano
con el que se hab�a reunido el a�o anterior.
Hab�a una nueva autoridad, una cierta frialdad.
�l hab�a logrado lo imposible.
Hab�a encontrado a Livingstone.
Y el mundo estaba cerca de saberlo.
�Mr. Stanley! Hemos o�do las buenas noticias.
�Oh, le ofrecemos nuestras congratulaciones por el �xito de su misi�n!
Gracias.
�Me permite presentarle a Mr. William Henn?
�l ha llegado desde Londres con la expedici�n de rescate.
�Para qu�, se puede saber?
Para rescatar al Dr. Livingstone.
D�jeme decirle, se�or, en las propias palabra del Doctor..
que �l no desea ser rescatado.
Si lo deseara, podr�a haber venido bajo mi protecci�n.
Lo que �l necesita, Dr. Kirk, son pertrechos,
y no ha estado recibiendo nada.
Pero eso es absurdo.
He estado realizando env�os regularmente.
�l me pidi� que le dijera
que usted parece tener la impresi�n
de que las provisiones llegan a Ujiji en alrededor de un mes.
El �ltimo caj�n empacado por usted tard� dos a�os en llegar.
Eso es imposible.
�Qui�n le ha estado haciendo creer eso?
Mi expedici�n de rescate puede llevar todo lo que el Doctor necesita.
Me pidi� que le diera esta carta.
En ella, le pide poner a mi disposici�n quinientas libras.
Le he prometido hacerme cargo de sus necesidades inmediatas.
Usted parece muy familiarizado con su pensamiento, Mr. Stanley.
�l nunca ha escrito en este tono antes.
Seguramente est� claro que deber�a ser
la RoyaI GeographicaI Society la que lleve las provisiones.
Me temo que la tarea que le ha sido encomendada
ya est� hecha, Mr. Henn.
El Doctor ha puesto sus asuntos en mis manos.
Y yo estoy m�s que capacitado para atenderlos.
�Entonces qu� voy a hacer?
Vuelva a casa, Mr. Henn.
Vuelva a casa.
Despu�s de un recibimiento en extremo entusiasta en Par�s,
Stanley lleg� a Londres.
No hubo recibimiento oficial en el puerto,
y nadie esper�ndolo en Londres.
Para la RoyaI GeographicaI Society,
�l resultaba un bochorno.
Y en algunos c�rculos era realmente una figura para la mofa.
"�Ataca, Bennett, ataca!
�Adelante, Stanley, adelante!
As� llegaron las �ltimas noticias de Livingstone."
Ac� dice que es un bastardo gal�s
y un desertor del ej�rcito norteamericano.
Probablemente le rob� esas cartas de Livingstone a alg�n correo nativo.
RawIinson calcula que el hombre es un impostor.
De todas maneras, estos tipos de los peri�dicos,
si no pueden encontrar una historia, la inventan.
Ese a�o, la British Association for the Advancement of Science
hab�a elegido un complejo costero de Brighton
para su conferencia anual.
Estaba por ser el escenario de otro dram�tico climax
en la accidentada historia del Nilo.
Ocho a�os antes, en Bath,
hab�an sido Burton y Speke quienes estuvieron en el centro del drama.
Ahora era el turno de Henry Stanley.
Con cierta reticencia, la Sociedad lo invit�
a participar en una de sus cenas oficiales.
Cr�anme, caballeros,
No tengo ning�n deseo de menospreciar
los logros del gran Dr. Livingstone.
Ninguno en nuestro tiempo, salvo tal vez
mi difunto amigo y colega Capit�n John Speke,
ha hecho m�s por incrementar nuestro conocimiento del �frica.
Pero, como uno que ha arrastrado sus fatigados pies
a trav�s de esas negras regiones,
me siento con derecho a decirles aqu�, esta noche,
que considero extravagante la idea
de que la fuente del Nilo pueda alg�n d�a ser encontrada
tan al sur como el Tanganyica o,
adem�s, que ser� descubierto alg�n v�nculo
entre el Nilo y este misterioso r�o
que el buen Doctor llama Lualaba.
Caballeros, gracias.
Gracias, Coronel Grant. Le estamos muy agradecidos, estoy seguro.
Y ahora, �podemos pedir a nuestro aventurero asociado norteamericano
que se levante y nos ofrezca alguna narraci�n de sus
coloridas haza�as
en �frica Central?
Mr. Henry Stanley�
El Coronel Grant dice creer que el Dr. Livingstone
ha cometido un error con el Lualaba.
Lo llama una extravagante idea.
Me gustar�a saber c�mo un ge�grafo residente en Inglaterra
es capaz de decir que el Lualaba no existe,
que no hay tal r�o,
cuando el Dr. Livingstone lo ha visto,
ha tocado sus m�rgenes.
�Qu� prueba tenemos de eso?
Tiene mi palabra, se�or.
�Dr. Stanley, supongo!
D�jeme decirle, se�or, que me molesta toda forma
de impertinencia y las brutales risotadas
ante la menci�n del nombre del Dr. Livingstone
o de sus sufrimientos.
Se�or, todo lo que pedimos son hechos,
no ch�charas coloridas.
Aqu� somos todos cient�ficos y ge�logos,
no lectores del New York Herald.
Empiezo a ver que no lo son, se�or.
Creo que son representantes del Incr�dulo Tom�s..
de los descre�dos incr�dulos
que reh�san aceptar la verdad que traje conmigo�
�Oh! �Usted, rid�culo bastardo gal�s!
�Caballeros!
Es nuestro deber escuchar a nuestro hu�sped.
Todo lo que pedimos, Mr. Stanley, es que usted,
en un razonado y objetivo tono de voz,
nos hable a nosotros, como a profesionales, sobre sus viajes.
�Debo acaso decir mis verdades
cuando me veo rodeado por hombres
que no tienen intenci�n de creerme?
�No, se�or! �No lo har�!
Les dir� esto
Desprecio los bajos ataques y las indirectas que oigo esta noche
Los paso por alto
porque en mi pensamiento
s� que estoy rodeado
de nada m�s que ge�grafos de escritorio
despert�ndose de su siesta.
Mi Dios, �habr� perdido la flexible esperanza de mi juventud,
la creencia de que el esfuerzo y el apego al deber
traer�a el reconocimiento de la mano de mis semejantes
mejor nacidos,
m�s favorecidos por las circunstancias que yo?
No puedo pensar en nada salvo Livingstone,
all� solo en las junglas africanas
y empiezo a comprender por qu� eligi�
dejar sus huesos tan lejos de casa�
�l es mi verdadero padre.
De una u otra manera
terminar� su trabajo.
Adelante.
Mr. Stanley, ya s� que no tendr� muchas ganas de verme.
Pero estoy aqu� en misi�n oficial.
�Qu� pasa ahora?
�Voy a ser deportado?
Bueno, puedo asegurarle, se�or
que no tengo intenci�n de estar aqu� ni un d�a m�s.
Mr. StanIey,
He venido de parte de la Sociedad,
a pedirle formales disculpas.
Usted no ha sido tratado como desear�amos.
He sido tratado por sus asociados, se�or, como les vino bien.
Si me permite terminar, se�or�
Ha sido propuesto que se le deber�a ofrecer nuestro m�ximo galard�n,
la Patrons GoId MedaI.
Espero�todos esperamos que lo tomar�
como una peque�a recompensa por lo que ha sucedido.
Usted me honra, se�or�
No soy hombre de discursos.
Hay otro asunto, Mr. Stanley.
Esta tabaquera.
La Reina me ha ordenado que se la ofrezca y,
si usted est� dispuesto,
juntos vamos a viajar ma�ana por la noche,
para una audiencia con Su Majestad�, en Balmoral
Veo que tiene una gorra como la de Livingstone.
S�, �l me la dio.
Fue su �ltimo regalo.
Stanley, yo no entend�.
Ninguno de nosotros�., no entendimos.
Durante m�s de un a�o despu�s que Stanley lo dej� en Ujiji,
David Livingstone, siempre acompa�ado
por sus leales sirvientes Susi y Chumah,
se movi� de poblado en poblado, cada vez m�s d�bil.
El 29 de abril de 1873,
incapaz de caminar y padeciendo largos per�odos de incoherencia,
fue trasladado a un poblado
sobre la costa sur del lago Bangwelo.
Susi�Susi,
preg�ntales cu�ntos d�as hasta el Lualaba.
Creo que tres d�as, Bwana.
Chumah... Chumah....
Chumah, vuelve.
Preg�ntales
si conocen una colina en la cual surgen cuatro fuentes.
Chumah... Chumah...
Bwana... bwana.
Susi y Chumah primero disecaron en el sol
el cuerpo del misionero muerto.
Luego le extrajeron el coraz�n
y cavaron un agujero para �l bajo un gran �rbol Maunubari.
Luego iniciaron uno de los m�s extraordinarios actos
de devoci�n en la historia de la exploraci�n de �frica.
Susi and Chumah marcharon durante ocho meses
a lo largo de 2400 kil�metros,
hasta entregar el cuerpo de David Livinstone
al C�nsul brit�nico, en la costa.
Susi and Chumah hicieron esto,
y no puede decirse
que fue enteramente por la propia devoci�n
a su amo muerto que lo hicieron.
Ellos tambi�n sab�an que era un hombre muy amado en su propia tierra.
No pidieron nada a cambio.
Pero por sobre todo,
ellos dejaron reposar el coraz�n de Livingstone
bajo el suelo del �frica.
Donde el coraz�n sangra bajo el �rbol Maunubari,
en esa tierra oscura,
tambi�n sangran toda la mente y la voluntad de este hombre.
subt.: eduardoredolfi@gmail.com
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