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Un filme de Edoardo Ponti
Inspirado en "La Voix Humaine"
Escrito por Erri De Luca y Edoardo Ponti
Durante los bombardeos Perdí a mi esposo.
Me perdí a mí misma.
La guerra había terminado, y yo también.
De joven, abrí una cortina.
Y entraste a mi vida.
Volviste a traer aliento a mi voz.
Tus caricias barrieron
las cenizas en mi corazón y revivieron mi alegría.
Abriste mis brazos como una ventana.
Dejaste entrar la luz, el viento...
y las voces.
¿Diga?, ¿Diga?
No, señora, la línea está llena. Cuelgue. Espero una llamada.
¡Cuelgue ya!
¿Qué tengo que hacer, operadora?
¡Saque a esa mujer de la línea!
Espero una llamada, ¡y no puedo!
¿Hola? ¿eres tú?
No... no.
pero casi no puedo oírte.
con todas estas voces en la línea.
Vuelve a hablar. Bien.
Señora, los trozos de verengena se secan. ¿Los vuelvo a freír?
Me dijo que cortara la berenjena y que se secaran al sol.
para la comida con el señor.
Está usted segura ¿que el señor viene esta noche?
¿Qué día es hoy?
- Martes. - ¡Exacto!
El señor viene a las ocho como todos los martes.
Ya son las cuatro.
Empieza a freír, ve.
Nadie hace la parmigiana como yo.
Muy cierto.
¿Diga?
Por fin te escucho.
¿Te sientes bien?
Sí, recién entraba cuando me has llamado.
¿Estás en casa?
Anoche me acosté temprano, pero no pude dormir,
Tomé una pastilla.
Sí, como a las nueve.
Me dolía la cabeza, pero ya no.
¿Hoy? me vestí, y Assunta me recogió.
Acabo de regresar de su casa.
Sí, fue maravillosa.
Tienes razón, como de costumbre.
¿Qué llevaba puesto?
Mi vestido rosa y mi sombrero negro.
Todavía tengo puesto el sombrero negro.
¿Y, tú? ¿Qué haces?
Ah, trabajas en casa. ¿En un juicio?
No, mi cielo.
No tengo nada en contra tuya.
Por el contrario,
Siempre hemos estado abiertos tú y yo.
Sería terrible si me dejases sin aviso.
Al menos ahora tengo tiempo de acostumbrarme, de entender.
No, no. Estoy fuerte.
Soy muy fuerte.
¿Actuando, yo?
¿Por qué estaría actuando yo?
Me conoces bien. No haría tal cosa.
¿Por qué?
¿Crees que soy de las que esconden cosas?
No...
Decidí ser valiente, y lo seré.
Nuestro amor pasó demasiados obstáculos.
Tuve que escoger:
Acabar con cinco años de felicidad, o arriesgarlo todo.
No tengo quejas.
No hay quejas. Ni una.
Quise enamorarme perdidamente,
dejarme llevar por la felicidad.
Cariño, déjame hablar. Es mi culpa.
¿No te acuerdas de ese domingo en Capodimonte?
Fui yo quién insistio en venir.
Fui yo quién no te permitió hablar
fui yo la que te dijo que me daba igual.
Fui yo quién te llamó Ese martes.
El martes 27.
Me sé las fechas de memoria.
¿Por qué?
No sabía que hubiese tanta prisa.
Entonces espera, tendré lista tu maleta esta noche.
Ven, comeremos juntos...
Hoy es martes.
Preparo parmigiana, como de costumbre.
¿Qué guantes?
Oh, los de piel para conducir.
No sé. No los he visto.
Si los encuento, te los doy esta noche, ¿si? ¿Hola?
¿Hola, no me escuchas? ¿Cómo? ¡Estoy gritando!
¿No me escuchas?
Yo te oigo como si estuvieses a mi lado.
La escucho.
La oye todo el vecindario.
Todos la oyen menos el señor.
Ahora soy yo quien no puede oírte.
¿Me escuchas ahora?
Bien, nos turnamos.
Hay un eco extraño en tu línea.
No se oye como el teléfono de tu casa.
Te veo.
¿Qué pañuelo?
El rojo.
Estás con con la camisa remangada.
¿Tu mano izquierda? Toma el auricular.
Y la derecha, tu pluma estilográfica.
Y garabateas: figuras, corazones, estrellas.
¿Ríes?
Tengo ojos en vez de oídos.
No, cariño, por favor, no me veas.
¿Asustada?
No, no estoy asustada.
Es peor.
Trato de no verme en el espejo.
Dejé de encender la luz en el baño
¿Qué se puede hacer?
Los años pasan.
Oh, claro. Tengo una cara exquisita.
¡Qué dulce hablas!
Es bueno ese cumplido para un poema, no para una persona.
Me gusta más cuando dices, "tienes una cara divertida"
Lo sé, lo sé.
¿"Piano"? ¿Qué "piano"?
No, cariño.
Dije "lo sé".
Jamás te acostumbraste a mi acento napolitano.
¡Qué risa cuando confundías una palabra por otra!
¿Recuerdas a ese vendedor callejero
que vendía patas y hocico de ternera?
Te pregunté "¿Quieres patas y hocico?"
Y pensaste que dije, "¿quieres patear mi hocico?"
Y pusiste una cara.
¿Dónde estás? ¿Hola?
Operadora, se desconectó la llamada. Llame otra vez, por favor.
¿Hola? Sí.
No, señorita, sigo sin línea.
¿Está ocupada? ¿Diga?
No entiendo, señorita.
¿Alguien trata de hablarme?
Bien.
Ah, ¿eres tú, Amelio?
Sí, soy yo... la señora.
No, estaba hablando con el señor, y se cortó la llamada.
¿No está en casa?
Oh, claro, viene aquí esta noche. Así es.
Lo olvidé por completo. Qué tonta soy.
No, me hablaba de un restaurante.
Se desconectó la llamada. Probaré ese número otra vez.
Disculpe la molestia. Gracias. Buenas tardes.
Diga.
Ah, eres tú.
No, no. Esperaba.
Llamé a tu casa,
pero nadie contestó
No, nada anda mal. Absolutamente nada.
Te lo prometo.
Solo que... hablamos y hablamos.
Escucha, amor mío: Te mentí.
Aquí, en el teléfono, te he estado mintiendo.
Te mentí en cómo estoy vestida,
en lo de la comida con Assunta.
No he comido nada, y no estoy usando ese vestido rosa
Todavía sigo en bata,
esperando a que me llames, contemplando este teléfono.
Sé que no entiendes napolitano, ¿pero, entiendes mi voz?
¿Oyes el dolor en ella?
Dar vueltas por la casa ¡me vuelve loca!
Así que el otro día fui a verte
y esperé en la puerta principal.
Sí, esperé.
¿Qué esperé?
Sé que nada bueno pasará si espero por ti.
Ni mentir sirve.
Además, ya no puedo fingir. No lo haré.
Sí, tienes razón.
Te escucho.
Tengo que dejarlo ir.
Tengo que encontrar paz. ¿Qué paz?
La palabra "paz" ha perdido su significado.
Mi paz sólo existía en tus brazos.
Sí, habla. Di algo, lo que sea.
Escucharte nada más...
me hace sentir mucho mejor.
Algunas veces, en la cama, contigo...
Posaba mi cabeza en tu pecho, en mi lugar favorito.
Y oía que me hablabas, casi como ahora en el teléfono.
Tu corazón se oía latir,
fuera de mi cabeza, tocando.
¿Tú, un cobarde? Soy yo la cobarde.
Anoche me tomé una pastilla para ayudarme a dormir.
Y pensé...
"Si tomo más, dormiré mejor...
Y si las tomo todas, dormiré sin pararme...
Moriré y ya está."
Tomé 12 pastillas. Sí,12.
Todas juntas.
Y soñé con la verdad:
que no estabas más aquí.
Y desperté tan feliz...
porque pensé que había sido sólo un sueño.
Pero al darme cuenta que fue cierto, que estaba sola...
que mi cabeza no reposaba todavía en tu pecho.
Ya no pude vivir más.
Sentí un mareo y frío no sentía el latir de mi corazón.
Pero no morí. Me sentí tan triste, y temblé.
Después de una hora, llamé a Assunta.
No tuve el corage de morir sola.
Regresó con un doctor.
Tenía 40 grados de temperatura.
¡40 grados de temperatura!
Sé que esta llamada es difícil para ti.
!Pero, piensa en mí!
Perdiendo el último amor de mi vida.
Lo único entre nosotros es el cable telefónico.
Puedo oír el final.
¿Hace dos noches? Logré dormirme.
Recostada, ahí, con el teléfono.
No, no en el sillón.
En la cama.
Sí, para estar cerca de tu voz por si llamabas.
Por cinco años he vivido para ti,
y ahora paso mis días esperándote,
temiendo no volver a verte otra vez
Sí, finalmente me dormí.
Fue la primera noche sin ti.
Es inaguantable esta segunda noche. Y la tercera... mañana.
¿Días enteros haciendo qué? ¡Dios mío!
Si duermo, soñaré,
levantarme, comer, salir,
¿Y dónde diablos iré?
Cariño, mi vida era plena cuando tú estabas en ella.
Assunta tiene su propia vida. No necesita de mis problemas.
Yo no tengo vida.
Sin darme cuenta troce un montón de fotos.
¿Hola? ¡Hola!
¡Señora, salga! Esta conversación lo le concierne.
Ah, ¿No somos interesantes? ¡Vaya con la cómica!
Cuelgue el teléfono y ¡Váyase al diablo!
Sin ponerse nerviosos.
La señora colgó,
después de decir esas cosas horribles.
¿Lastimó tus sentimientos?
Sé que toda la historia es dolorosa.
¿Más para ti? ¿En verdad?
No es una competencia para ver quién sufre más.
Adelante, tú ganas esta vez...
Eres un chiquillo.
¿Sabes?, el otro día Fui con tu vecino.
Me dijo que te vio con ella.
¿Cómo crees que me sentí?
No, no me quedé. Le dije que tenía visitas.
A la gente no le gusta que las ignoren,
pero poco a poco ignoré a todos.
No quería desperdiciar ni un minuto de nuesto tiempo juntos.
Lo menos que me importaba era lo que pensara la gente.
Lo que tenemos no se le dice a cualquiera.
Para mucha gente, es una pregunta, de si es amor u odio.
Los rompimientos son para siempre.
Haz lo que yo:
Olvida lo que digan, lo que piensen.
¿Qué pueden entender ellos de ti, de mí...
de nosotros?
No, no es nada.
Parece que hablaramos como en los viejos tiempos.
entonces la verdad me golpea como una tonelada de ladrillos.
Antes una simple mirada entre nosotros solucionaba todo.
Pero ahora, con este teléfono, lo pasado, pasado está.
Amor mío...
Sé que ha de ser así...
pero mi corazón se está rompiendo en pedazos.
¿Hola?
¡No!
¡No te quiero volver a ver!
¡Es mejor así! Cariño, soy fuerte.
¡Cuelga! soy fuerte.
De prisa, cuelga el teléfono.
Vamos, cuelga el teléfono. ¡Cuelga!
Te amo.
Señora, son las 8:15.
Ya me voy.
para mi madre
Dirigido por Edoardo Ponti
Producido por Edoardo Ponti y Massimiliano Di Lodovico
Cinematografía de Rodrigo Prieto
Escenografía de Maurizio Sabatini
Vestuario de Mariano Tufano
Edición de Chiara Griziotti
música de William Goodrum
diseño de sonido Maurizio Argentieri
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