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Original subtitles

-¡Jía! -¡Ha llegado la diligencia!

¡Ha llegado la diligencia!

-¿Has traído el saco del correo? -Sí.

-¡So! So...

(Relinchos)

-Qué viaje.

Perdone, señor. Buenos días.

Abogado Johnson Smith,

del despacho legal Mason Mason Mason y Smith.

Smith soy yo.

¿Me puede indicar dónde queda la casa de Stinky Manure, por favor?

-Siga siempre la peste. No tiene pérdida, por allí.

-¿La peste...? -Sí, el mal olor.

-Gracias. -De nada.

(CROA)

-¿Estarán en casa? (CROA)

-Gracias. (CROANDO) De nada.

-Hum. Oh.

(Zumbido de mosca)

(ESCUPE)

(MOSCA CAYENDO)

Oh.

(RÍE)

-¡Eh, mami! ¡Puaj!

(TARTAMUDEA) No sabe a nada esta sopa.

-Ah, ¿no? -No.

(ESCUPE) Un mosquito. (RÍE)

-Ponle sal. ¿Qué quieres, papi?

Quería que no hubieras nacido, hijo de perra.

¿Dónde has puesto mis medias? ¡Ah! Sí, papi.

(NERVIOSO) Un momento, las he metido aquí.

Aquí. Aquí están.

Las he metido aquí para darles sabor a ron.

¡Al ron le van mejor los zapatos, idiota!

Las medias encojen cuando las mojas.

Hace dos años, cuando las lavé, cometí esa equivocación.

(Bofetada)

(RÍE) ¡Levántate!

Levántate. Un momento, papi. No vale.

Que me he escurrido. ¿Te has escurrido?

(Campanas)

-La puerta.

(Puñetazos)

-Siempre caes más abajo. Vamos, ven aquí. Ven aquí.

Desde aquí pareces todavía más imbécil.

(GRITA) (RÍE)

Por lo que me sacrifiqué por hacerte estudiar...

Pero si yo he estudiado mucho en el reformatorio.

Si viera que te ibas a quemar, ni escupiría en el fuego.

¡La puerta!

(Puñetazo)

¿Cómo está? (TARTAMUDEA) Ahora sí está sabrosa.

(RÍE)

Con peces en la cara no, papi.

¡Eh, polizón a bordo!

Eh... ¿Se puede?

-Pase, pase. Bienvenido a bordo, bienvenido a bordo.

Oh, se ha manchado. No se preocupe, yo le limpiaré.

Siéntese. Una silla, una silla.

Por favor, por favor. Siéntese aquí. Gracias.

Cómo has puesto al señor. No se preocupe, esto no mancha.

Se puede lavar. Si se lava, encoge. Como las medias.

Ustedes conocían a Vincent Fawley. -¡Oh!

Un momento, papi. Esto me huele a truco.

¿Por qué diablos lo quiere saber? Es una estupenda noticia.

Se trata nada menos que de una herencia.

(TARTAMUDEA) Apuesto a que es una mi...

Gracias. Mina. -Sí, exacto.

(RÍEN) ¡Una mina!

(RÍE)

(RÍEN)

-Arriba las manos.

Arriba he dicho.

Y tú también, mujer. ¡Obedece!

(RÍE) Lo lograste.

Yo no he conseguido que me obedeciera en más de... 30 años. Gracias, papi.

-Vamos, aprisa. -Eh, un momento, ¿qué buscáis aquí?

-¿Qué? -Quiero decir que si buscáis dinero,

esta es la barca más arruinada de todos los Estados Unidos.

Lo podemos jurar. ¡Silencio!

No nos interesa la calderilla, buscamos otra cosa.

¿Son estos los auténticos herederos, abogado?

-Sí. El señor Manure y su distinguida familia.

-Bien. Ok. Buscad pluma y tintero.

Y echad una firmita en este pedazo de papel.

Estamos dispuestos a poner todas las cruces que quiera.

Así me gusta. -Ha sido el sueño de toma mi vida:

poder regalar a alguien una bonita mina.

(RÍE)

Hacedme reír a mi también.

¿De qué mina habláis?

(RÍEN)

Imagínate, se trata de una mina del tío Vincent Fawley.

-Y esto, ¿de dónde demonios lo has sacado?

¿Esto? No creas que lo he robado. Ah, ¿no?

Me lo he encontrado en medio de la calle.

¡Ay! (RÍE)

(Caja registradora)

-¡Buen golpe, maestro! ¡Pásame la caja!

Ahí va, papi. Nos encargaremos del guardarropa.

Ven, mami. Ayúdame a desnudarlos.

¿Ha visto qué día más duro?

Entonces, nos hemos hecho ricos, ¿verdad?

(RÍEN)

-No quisiera parecer descortés, ¿me quieren decir de qué se ríen?

El tío Vincent era un timador. ¿Eh?

El mayor del Oeste. ¿Qué dice?

Timador y especializado en minas, ¿verdad?

Ya lo creo, engañó a un montón de gente durante toda su vida.

Todos los de la familia somos profesionales.

Sí, no hay duda. Se ve a primera vista.

Tenemos manos de oro. Bueno, señores.

Yo ya he cumplido con mi deber.

Abogado.

¿Sí? Se olvida usted de algo.

¿Papi? Dime, hijo mío.

Entrega el botín. Eh...

¿Te refieres a esto? -Mi reloj.

Exactamente. Eso, venga.

Tú también, abuelito.

Me lo encontré en el suelo. (IRÓNICO) Sí, claro.

Lleve los ojos bien abiertos, abogado.

Hay mucha gentuza por estos alrededores.

Ya lo veo. Se lo agradezco mucho, señor...

Tedeum. Pero si tedeum no es un nombre,

es un himno religioso. Bueno, verá usted.

Me pusieron Tedeum porque mi mami tuvo los dolores en plena iglesia.

Estaba hurgando en los cepillos de las limosnas.

Conseguí 20 dólares nada más.

(RÍEN)

Bien, abogado, ha sido un verdadero placer.

Muchas gracias por todo.

Hasta la vista, abogado. (TODOS) ¡Adiós!

-Adiós.

¡Oh!

Mirad qué maravilla. Si parece auténtico

con tantas firmas, tantos sellos, tantas pólizas...

¿Podríamos timar a alguno? Incluso yo, ¿no?

(Puñetazos)

Muchachos, no queremos entreteneros. ¡Fuera!

¡A los caballos!

(Puñetazo)

-Tú, ¿dónde vas?

-¿Quién nos lo impide? ¡Vámonos de una vez!

Los caballos nos hacen falta. Fuera, quitaos del paso.

-¡Se lo estaba diciendo! ¡Vamos!

(RÍEN)

(SILBAN) Esto sí que es suerte.

Tedeum tiene la misma talla de esos dos.

Pero no es tan imbécil como ellos.

(RÍE) Toma, con esto estás ok.

Ten cuidado, hijo mío. Ten mucho cuidado, ¿eh?

No te dejes ahorcar por nada. Si por casualidad de ahorcan,

manda antes el dinero a casa, ¿eh? (RÍE)

Me voy, mami. Que si no, voy a perder el tren. Adiós.

Juro que si no supiera que eres mi hijo y nieto de tu abuelo

te diría que eres un hombre de bien.

Tiene el tipo adecuado para dar motivos.

Bueno, me voy. Que me vais a hacer llorar.

Adiós, hijito. Adiós, gentuza.

Adiós. Adiós.

Engáñales a todos. Sí.

(RÍE) Y vuelve con dinero.

¡En cantidad! -Cuidado con los sheriffs, hijo mío.

Atención, atención. Señores viajeros, al tren.

Señores viajeros, al tren.

Prepárense. Dentro de una hora sale el tren.

-¿Te acuerdas de todo? No abras la ventanilla,

ponte el jersey de lana, vete a casa del tío John

y acuéstate en cuanto se haga de noche. Y escribe.

-No, gracias, amigo.

Yo también quise una vez vender una mina como esta.

Bien. Si le dijese lo que me hicieron, no me creería.

Le creo, le creo.

(Choque)

¿Quién ha puesto las riendas en tu mano? ¿Eh?

¿Cómo? ¡Pero si venía por mi derecha! ¡Ay!

Mira cómo me has dejado esta rueda. Era nueva,

la había puesto hace un mes, pero me la pagas.

¿Te la pago? La culpa es tuya. Esta sí que es buena.

Tienes la cara dura de decir que la culpa es mía.

¿De quién si no? ¡Sigue insistiendo!

Yo venía por la derecha. ¿Es que eres tuerta?

Tú eres la que no ves. ¡Hice la señal con la mano!

Cuando uno va a girar, silba. Buenos días.

¿No sabes el reglamento? Sí, señor, pero no sé silbar.

Saco la mano y es lo mismo. He hecho una señal así de grande.

¡Ha saber dónde miraba! ¿Qué dices?

Hola... ¿No he silbado?

Con el pito que has oído. Lo admites, has silbado.

Sí, señora. ¡Eh!

Qué bonito, ¿tomas las curvas sin mirar?

¿Pero qué curvas? Eh... Las curvas en general.

¿Qué le ocurre? ¿Es usted muda?

Las señoritas del sur no dirigen nunca la palabra a los desconocidos.

Bueno, ¿y tú qué quieres? Hola, señorita.

¿Te está molestando? No.

No, yo no... ¿No? Más vale así.

(GRITA) ¡Eh!

¿Qué estás tramando? ¿Eres bobo o qué?

Las mujeres deberían quedarse en casa a hacer calceta.

¿Yo? Tiene razón.

Lo he visto todo y puedo ser testigo. -Eso.

¿Quién te da vela en este entierro? ¡Fuera, mirón!

Oh, oh. Estoy desolado. Le pido perdón,

estoy verdaderamente desolado, señor. Yo me llamo Tedeum.

A mí me llaman... Pues si te llaman, lárgate.

Y ahora que ya me han presentado, señorita del sur...

¿Es usted también del sur? La verdad es que no sé de dónde soy.

Es que no me he traído la brújula. (RÍE) Me la dejé en casa.

Y luego en el camino se rompe y me parto la crisma.

Criminal. Eh, cuidadito con la lengua.

Y da gracias a Dios de que eres una mujer.

Y si no lo fuera, ¿qué? Te daba una torta.

A ver cómo lo harías. ¡Así!

(Bofetada)

(Bofetada mayor)

No te parto la boca porque soy una señora.

(NERVIOSO) Eh... Bueno, tengo que irme. Tanto gusto.

Pertenecemos a una antigua familia. No lo digo porque sea mi hermana,

pero todos tenían a Wendy por la flor más hermosa del sur.

Y nuestra plantación era una de las mayores de Virginia.

Habrá oído hablar de nuestro padre, el coronel Brown.

No. Se escapó con una negra,

pero gracias a nuestra mina volveremos a ser las damas de antes.

Os lo deseo. Quizá vuestra mina sea rica de verdad, pero lo lamento,

no me interesa. ¿En serio? Qué lástima.

Renuncia a un negocio estupendo, estaba dispuesta a venderla

a un precio muy razonable, señor... Qué raro.

Hoy es la segunda vez que alguien me ofrece una mina.

¿De veras? Sí. Un joven alto, rubio...

Estaba por aquí.

-Oye, Betty, ¿no será aquel muchacho tan simpático que habló conmigo?

Tenía un aire tan sincero. ¿Quién? ¿Aquel saltatumbas?

Pues a mí no me la da con su cara de angelito.

Cuidado con él. Si se atreve a rondarte, le ajustaré las cuentas.

-Uy... Venga.

Oiga... Venga...

(Locomotora)

Andando. Pero ¿qué vamos a hacer aquí?

¿Que qué vamos a hacer? ¡Comer! Venga.

¡Oh!

(Cristales)

-No, no, no. No quiero borrachos aquí dentro, ¿entendido?

-Pero oiga, estaba colgando el sombrero...

-Ni una gota, sólo agua fresca. -¡Pero si soy abstemio!

-Mozo... -Enseguida.

-Rápido, ponga la mesa. -¿Nos sentamos ahí?

No, yo no voy a comer.

Y nada de alcoholes al señor. -Pero si aún no he comido.

-Entonces nada de aperitivos.

Dos whiskys, por favor. Enseguida.

Uno para el señor. Me permite, ¿verdad?

Gracias. ¿A qué se debe esta invitación?

Soy muy feliz, hoy he descubierto que soy un hombre rico.

Enhorabuena, ¿y cómo es eso? Una mina.

¿He dicho alguna inconveniencia?

Hay una mosca dentro del whisky. ¡Ah! Una mosca...

¿Una mosca? Una mosca.

Camarero, hay una mosca. Lo siento.

¡Una mosca! (CHISTA) No, no. Por favor,

no lo digan tan fuerte. A lo mejor no hay moscas para todos

y entonces... Ah, claro.

Mira esto.

Una herencia. Ah.

Creí que no valía nada, pero fíjese. Sin embargo, ya me han ofrecido

1.000 dólares por la mina. Señal de que vale mucho más, ¿no?

Puede ser, pero hay tanto sinvergüenzas por ahí

que es preciso tener mucho cuidado.

¿A quién se lo va a decir? A usted.

Caramba. Qué letra más pequeña. Firmado, registrado y legalizado.

Tengo que ponerme las gafas. ¿Eh?

(ESCUPE) Pero ¿qué pasa?

¿Había una mosca también en el suyo? Quitadme este mantel.

-Hola. -No le dejéis escapar.

-Quieto ahí. -No he terminado de ver el documento.

Otra vez, tengo que bajarme en Tulsa.

¿Tulsa? Si todavía falta una hora para llegar a Tulsa. Ven.

Hay que ir con los ojos bien abiertos.

Si los cierras, te tropiezas con un condenado timador.

No te da tiempo a colgarlos, brotan de todas partes como hongos.

Siéntate. (NERVIOSO) Yo... Eh...

Yo... La verdad, no quisiera molestar.

Además no hay sitio... Coge una silla.

-¡Oh!

(Cristales)

-Hum...

-¿Un cigarro? Gracias.

Abstemio, ¿eh? -No he tomado alcohol desde que nací.

-Oiga, se lo he advertido una vez. -Lo siento, pero no es culpa mía.

Son esas... -¡Siéntese! Uy...

-Una mina rebosante de oro, ¿eh? -Ajá. Un verdadero negocio, ¿eh?

-Por la que le han ofrecido 1.000 dólares.

(TOSE NERVIOSO) ¿Es la primera vez que lo intenta?

-A tipos como este habría que ahorcarlos.

-Ja. No podría haberte ido peor, ¿eh, muchacho?

(SE AHOGA) ¿Eh? ¿Adónde vas tú?

¿Huyes? No, no, no. Iba al...

(Cristales)

Lo siento, señor. ¡Oh!

-Este. Este es el señor que... ¡Uy, qué bárbaro!

-¡Basta! ¡Basta! Ya es demasiado. -Querido muchacho, es...

Es por tu interés. ¡Siéntate!

(NERVIOSO) Eh...

(ENFADADO) Fuera. ¡Fuera!

(Cristales)

¿Eh?

(Música de iglesia)

Paz y bien a todos. Oh, padre.

Hermanos, amad a vuestro prójimo, pero no me lo echéis encima.

Perdone, padre.

(Monedas)

Venga, vamos. Levántese. Una monedita...

Vamos, márchese. Y también dos.

Es una limosna para los expresidiarios.

Una estampa y gracias.

Paz y bien, hijo mío.

Para los expresidiarios. No, gracias.

¿Cómo sabe...?

¡Oh! Diablos, pero ¿qué han metido en este vaso?

-Padre, ¿acepta un trago? ¿Eh?

¿No bebe con nosotros? Oh, yo...

Sí.

Por favor, señores.

Por el séptimo congreso de sheriffs de Texas.

(TODOS) Salud.

(Cristales)

Paz y bien. (TODOS) Gracias, igualmente.

Padre, padre. He pecado. Vete al infierno.

¿Qué? Quiero decir,

que antes que vayas al infierno, ¿qué puedo hacer por ti, hijo mío?

Me tiene que salvar, padre. ¿De esos sheriffs?

Eh, sí... ¡No, no! De mi negra conciencia.

Porque no he conseguido honradamente esta mina.

¿Una mina? De oro, padre.

Una mina llena de oro. Luego...

Luego... Un momento, padre.

¿No nos hemos visto en algún otro lugar?

(DUDA) Eh... Bueno, con el hábito todos nos parecemos.

El hábito no hace al monje.

(TODOS RÍEN) Muy ocurrente.

En la prisión de Laredo. Sí, la conozco.

Estaba usted allí de capellán. (DUDA) Eh... Naturalmente.

Tienes una memoria excelente, hijo mío. De archivo.

No sabe lo grande que es mi pecado. ¿Eh? No. ¿Cómo?

Por lo menos de unos 50 000 dólares.

(RÍE) ¡Cristo! ¿Eh?

Cristo ha dicho: "Reparte todo lo que tengas con tu prójimo".

(RÍE) ¿Eh? ¿Eh? (SUSURRA) Contigo...

Bueno, es que yo soy el prójimo más cercano.

¡"Vade retro", Satanás! ¡Satanás, vete atrás!

Aporta, infeliz. Pero, padre.

¿El capellán de la prisión de Laredo no era protestante?

Pues sí, pero yo le sustituí durante sus vacaciones.

(CHISTA)

Hermano,

¿cómo esperas salvarte si no es tomando el camino del cielo?

El camino que hay arriba.

¿Sabes cuál es el momento más oportuno?

No. No.

Antes de que te hundas en aquellas eternas tinieblas.

¿Eh?

La gran oscuridad que está a punto de envolverte.

¿Eh?

El túnel, idiota.

Paz y bien a los sheriffs de Texas.

(Cristales)

(Murmullos)

(Locomotora)

¡Eh! ¡Hijo mío! ¿Dónde vas?

¿Dónde estás, hijo? ¡Espérame!

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay!

Anda, que si fuera un carmelita descalzo.

¡Eh, tú! ¡Detente! ¡Ven aquí!

¡Vuelve atrás, he dicho!

¡Uy!

(RÍE)

(RÍE)

Eh, despierta.

Oye, ¿no te habrás muerto? Bueno, allá tú con tus asuntos.

Lo importante es que no me has engañado.

¿Este papel vale o no 50 000 dólares?

Porque me corresponde la mitad. Y si no vale nada...

Entonces... ¿La mitad de nada?

Bueno, basta de bromas. ¡Despierta!

Yo no voy por ahí peleando con timadores.

Mira que si no estás muerto de verdad me enfado,

y si me enfado te retuerzo el cuello hasta arrancarte la cabeza.

Bueno.

Por aquí tiene que haber agua en algún sitio.

Este no parece de los que gastan bromas.

¿O sí eres un bromista? Echarme encima a cinco sheriffs.

¡Cinco! Y todo esto por qué.

Por una mina de oro que a lo mejor está agotada.

Y el caso es que el papel parece auténtico:

pólizas, sellos, timbres, firmas, el registro...

Una imitación perfecta. (ATURDIDO) Eh...

Pero a fin de cuentas, una imitación.

¿Y si se puede conseguir un poco de pasta?

No digo que no, hay que encontrar al pichón adecuado.

Hoy, la gente no tiene confianza en el prójimo.

Sí, ya no hay religión.

Haría falta un experto que lleve el timo en la sangre.

Yo, por ejemplo.

(FARFULLA) No, no, no, no, no, no. Espera.

Tú te lo has tragado, ¿no?

¿Y por qué no se va a tragar alguien más este documento?

(FARFULLA) Te voy a... (TARTAMUDEA) Tú, me vas a ayudar.

Con esa facha... Vamos, con esa facha...

Bueno, quiero decir, con ese hábito...

(DUDA) Un fraile inspira confianza.

Y además, somos socios, ¿no? ¿Eh?

(AMBOS) Hop, hop, hop.

Venga, cambiémonos. ¿Eh?

Venga...

(AMBOS) Hop, hop, hop, hop.

Eso es.

Hop, hop, hop. Ay.

¿Qué te pasa? ¿Eh?

Estoy cansado. Hala, venga. Sigamos.

¿Estás seguro de que así nos cansamos menos?

Naturalmente. Si usas una sola pierna, te cansas la mitad, ¿no?

Si tú lo dices. Pero entonces, ¿por qué estoy el doble de cansado?

Contéstame. Porque llevas encima todo ese oro,

hijo mío. Ya.

(RÍE) (GIME) Ay, ya no puedo más.

Ay. (SUSPIRA)

Tengo tanta hambre que me comería...

Me comería hasta un cristiano. Con tocino frito y alubias.

Ah, sí. Así estaría más sabroso. Ya lo creo.

¡Eh! ¡Eh! (OLISQUEA)

Tocino y alubias.

(AMBOS) Tocino frito y alubias.

Dar de comer al hambriento. No lo digo yo, sino el evangelio.

Ahora saltamos sobre ellos. Tú vas por la derecha,

yo voy por la izquierda y... Eh...

Vaya, vaya. ¿Quién aparece?

El muchacho guapo y rubio. Hola.

No sabía que los ángeles guisaran tocino y alubias.

Oh, qué fría está.

¿Qué? ¿Ya están limpias? Lo suficiente.

A la mesa.

¿Hay apetito? (DUDA) No mucho.

(MASTICA)

Ya está. Después de ti, hija mía.

Gracias.

Yo me contento con esto.

(SORBE)

(SORBE) ¡Eh!

Es un fraile un poco raro, ¿no reza antes de comer?

Ah, sí. Te doy gracias, Señor, porque el tocino y las alubias

me vienen de perilla. Ah, amén.

(CON DESDÉN) Amén. (SORBE)

(CON LA BOCA LLENA) ¿Está caliente? No.

¿Sabe? Entre nosotros en el sur no hay frailes.

Sólo tenemos pastores protestantes. Inmunda competencia.

¿Qué? No, nada.

¿Los frailes se casan? Hum.

No. Los pastores protestantes sí.

(SORBE) Hum.

(CON LA BOCA LLENA) Ahora me explico por qué protestan.

(RÍE A CARCAJADAS)

Es muy gracioso su amigo. Sí, es mi padre chistoso.

Digo, mi padre espiritual. Bien.

Cuando venda la mina, pienso hacer una donación a su convento.

Oh, es muy generoso por su parte. Yo soy así.

¿Y la mina de ustedes? Les oí hablar en el tren.

¿La han vendido ya? Pues... El caso es...

(DUDA) No. No, no. Aún no.

(DUDA) Nos han dicho que probemos en Hot Springs.

Pero nosotras no conocemos a nadie allí.

Ah, bueno. ¿Y ese es todo el problema?

Para eso estamos nosotros, ¿no?

Nos sentiremos muy felices ayudándolas, ¿verdad, padre?

(SORBE) ¿Verdad, padre,

que las vamos a ayudar a vender su mina?

Eh... ¿Eh?

Oh, sí. Claro que las ayudaremos.

El hombre de bien defiende al tierno corderillo de los buitres rapaces.

Tranquilas, estáis en buenas manos. Gracias.

El oro es el piso por donde camina el Demonio,

pero como es para un fin bueno, os ayudaremos.

Vaya si os ayudaremos.

(RÍE NERVIOSO)

Oh. (RÍE NERVIOSO)

(Golpe)

(AMBOS RÍEN)

¿Le ha gustado? (ERUCTA)

Bien, me alegro. Nuestro padre, el viejo coronel, decía...

Gran hombre. ¿Le conoció usted?

No. Nuestro padre,

el coronel, decía que desconfiaba de los hombres que no saben apreciar

la buena mesa, las buenas pistolas y las buenas mujeres.

¿Cómo? Quiero decir, las guapas.

Ah.

Padre, usted me recuerda a... El capellán de la prisión de Laredo.

No, a un labrador en nuestra región en Virginia.

Solíamos echar pulsos.

Y apuesto a que usted es un campeón echando pulsos.

No. ¿Quién? ¿Ese?

Es un verdadero fenómeno. (RÍE) Le desafío ahora mismo.

Venga.

(GIME)

¿Preparado?

¡Ya!

(RÍE)

No se mueva.

Ahora.

(RÍE) ¡Es usted un héroe! ¡Un héroe! ¡Un hombre maravilloso! ¡Fantástico!

(RÍE) Tampoco hay que exagerar, era tan solo un escorpión.

Sí, pero es la primera vez que me matan un escorpión

con una serpiente de cascabel.

(RÍE INCÓMODO)

(GRITA ASUSTADO)

(Golpe)

(Siseo)

(Azote)

¡Padre! Perdone, pero había una serpiente

en su..., en su...

(RÍE)

(RÍE) (GIME)

Ha ganado usted. (SUSPIRA)

Es usted más fuerte de lo que yo creía.

Tú también eres fuerte, hijita.

Oh. (SUSPIRA)

Querías vender una mina falsa, ¿eh? Quítate de en medio.

No vuelvas a intentarlo. -No.

-Anda, toma. Cómete tu mina falta. -No.

-Al señor Grant no le agradan los timadores.

-Andando. No vuelvas por aquí. -Que no te volvamos a ver.

¿Y dónde está el documento, hija mía?

Aquí, padre. Naturalmente, cuando haya vendido nuestra mina,

me permitirá que le haga una pequeña ofrenda

para reparar el techo de la iglesia. Gracias, hija mía.

Pero recuerda que nuestro techo es grande.

¡Oh! Vosotros no sabéis qué inmenso es el techo.

Buena suerte, padre. Ten fe.

Malditos, por poco me matan.

¿Quién iba a saber que era falsificada?

-¿Cuento con usted, Tedeum? (DUDA) Sí, esperemos...

¿Has visto cómo tratan aquí a los timadores?

Ánimo, ¿qué peligro hay? La mina de la muchacha es verdadera.

Además, si todo va bien, probaremos con la nuestra.

¿Cómo se atreve a decir "la nuestra"?

(RÍE) ¿Eh?

(Crujido del cuello)

(AHOGADO) Eh... La nuestra. (RÍE)

Escucha, Billy.

No está nada bien coger a la gente por el cuello.

¿Cuánto ha dicho que vale su mina? (INTERFONO) 500 dólares.

-Bien, dale 30. Ni un céntimo menos, ¿entendido?

(INTERFONO) Sí, señor Grant.

-Magnífico.

Enhorabuena.

Os habíais apoderado de aquel documento

y os lo dejasteis arrebatar. -Nos rodearon.

-Así fue. Con 10 000 diablos.

-Quiero ese documento. ¡A cualquier precio!

¿Entendido? No me da miedo ese tipo. ¿Cómo habéis dicho que se llama?

¿Tedeum? -Sí. Sí, señor Grant. Tedeum.

Un castigo de Dios. Así de fuerte,

con una cara que da miedo. Si viera cómo pega.

-Nos quitó también los caballos, ¿verdad, Hughes?

No es un hombre, es un loco. Un monstruo, una fiera.

Una fiera enorme. ¡Feroz!

Intentó hacernos pedazos, nos saltó encima y... ¡Ah!

-Cuidado con mi tío. -Perdone, señor Grant.

-Estaba también la familia. ¡Qué tipos, señor Grant.

Nunca he visto una familia tan numerosa.

-Serían 40, 50. -Ajá.

-Deja las armas antes de entrar. ¿Eh? Ah, sí. Claro.

-¿25 dólares? Tenemos 25 dólares. ¿Alguien da más?

-¡28! -¡28 dólares!

28 a la una, 28 a las dos.

-¡30! -30. 30 dólares a la una,

30 a las dos. -¡35!

-Pero ¿qué haces? ¿Estás loco? -He dicho 30 dólares a la una,

a las dos, y a las tres.

Queda adjudicada al señor de la tercera fila

por 30 dólares. ¿Quedará satisfecho, Morris?

Ha hecho un negocio estupendo. -Seguro.

Esa mina vale, por lo menos, 100 veces más.

Un negocio de oro. -Vamos, Morris.

Los mineros sois todos iguales. Siempre descontentos.

Así pues, entre derechos de subasta y registro son 45 dólares.

45 menos 30... Morris, nos debes sólo 15 dólares.

-Dele las gracias al señor Grant.

(SOPLA) Uy.

Señor Grant. (INTERFONO) ¿Qué hay?

-Tiene usted otra mina por 30 dólares.

(INTERFONO) Estupendo. -Gracias.

(SORPRENDIDO) ¡Oh!

-Es la mina más rica de todo Tejas. Y yo la quiero.

Blackie. ¡Blackie! ¿Estás sordo?

Estoy hablando contigo. -Eh... Es él.

-¿De quién hablas, idiota? -Tedeum.

-¿Eh?

¿Tedeum? -Sí.

-¿Qué ha venido a hacer? ¿Qué querrá?

-Yo quisiera vender este... Chis.

¿De qué se trata? Chis.

Ya lo veo que es un campo, sé leer. Pero sólo nos ocupamos de minas.

Y aquí dice que está sembrado de patatas.

Por tanto, no nos interesa. -Hice un agujero en la tierra

y ha brotado petróleo. -¿Y a quién le interesa eso?

-Comprendo. ¿Sabéis para qué está aquí?

-No. -Ajá. Para vengarse.

Mirad cómo hace señas a su gente. Rodearán la casa y nos echarán fuera.

-¡Atrás! -¡Ah!

¡Idiotas! ¡Estúpidos! ¡Cretinos! -Perdone usted, señor Grant.

-¡Idiotas! -Dile que nos pague los caballos.

-¿Ahora? ¿Te has vuelto loco?

-Dejad todas las armas a la entrada. Ah, padre.

¿Qué es esto? Esa es mi arma.

Cargada con padrenuestros.

Bien, señores. ¿Quién es el primero?

Paz y bien, hijo mío.

Mira, ¿sabes qué es esto?

Oh, pues claro que lo sé. Bien.

Es la concesión de una mina de oro.

¿Me la podrías vender al mejor postor

a beneficio de nuestros pobres?

¿Sabes? Mi orden busca dinero para los pobres expresidiarios.

(RÍE)

(Golpe)

Pero, padre. Tengo que verla. Hijo mío, yo preciso...

(RÍE) Ellos lo precisan, por lo menos, 1.000 dólares.

Limpios. ¿1.000 dólares, padre?

Verdaderamente, sería un milagro.

La oferta de minas en el mercado supera a la demanda.

Pero probemos a subastarla y luego veremos.

(Martillazos)

Se adjudicará al mejor postor una mina de oro.

Oferta base: un dólar. ¿Alguien da más? ¿Nadie da más?

-Dos dólares. -Dos dólares.

Dos dólares a la una, dos dólares a las dos...

-Tres dólares. -Ah... ¿Tres dólares?

Tres dólares a la una, tres dólares a las dos,

Tres dólares a las... Eh...

Perdóname, hijo mío.

(Crujido de muñeca)

He olvidado decirte que es una mina muy lucrativa.

(SUSURRA) Qué barbaridad.

Tres dólares. Hum... ¿No hay quién dé más?

¿No hay quién dé más? (NERVIOSO) ¿La puedo adjudicar?

(FINGE OTRA VOZ) Ofrezco 100 dólares.

¿100 dólares? ¿Quién ha dicho 100 dólares?

(Murmullos)

¿Quién ha dicho 100 dólares?

¿Has oído? ¡100 dólares! -Ajá.

-Un cuerno, esto es irregular. Invalido la subasta.

Eh... ¿Eh? Hum.

¿Qué importa quién? Lo ha dicho, ¿no?

(REFUNFUÑA)

Tenemos 100 dólares. (RÍE)

¿Hay alguien que dé más? 100 dólares a la una,

100 dólares a las dos... 100 dólares y 50 centavos.

¿Qué harías en su lugar si no fueras un imbécil? ¿Eh?

(NERVIOSO) Pues... -Ya. Pero tú eres un imbécil.

-Eh... Yo, en su lugar... (REFUNFUÑA)

Quiere que haya jaleo y se busca un buen pretexto.

No quiere venderla.

Se sirve del buen fraile para provocarme.

Pues no. Yo sí que no caeré en su trampa.

¡No, señor! La compraré de verdad.

Billy, soy yo. (INTERFONO) ¿Yo? Quién es?

-¿Cómo quién? (INTERFONO) ¿Quién habla?

-El señor Grant. (INTERFONO) Oh, perdone.

-Compra, compra. -Sí. Sí, señor. Sí.

-Cómprala, Bill.

(INTERFONO) Quiero esa mina a cualquier precio, ¿entiendes?

-Sí, a cualquier precio. Sí.

300 dólares. (PÚBLICO) 300, ¿quién habrá sido?

(RÍE) ¿No le parece poco para los expresidiarios?

(NERVIOSO) 300 dólares a la una,

300 dólares a las dos...

-400 dólares. (RÍE)

400 dólares a la una, 400 dólares a las dos,

400 dólares a las...

(Golpe)

-Billy. Billy...

(INTERFONO) Responde.

(SOPLA)

(SOPLA)

(SOPLA MUY FUERTE)

¡Imbécil! -¡Uy!

-Hum. Eh... Hum. ¡Ah! Hum.

400 a la una, 400 a las dos,

400 a las... ¡Uy!

(RÍE) Eh, fraile. Basta de bromas.

(RÍE) Fraile, te digo a ti. Que me enfado.

Más tarde, hermano, no hay prisa.

Bueno, ¿a qué esperamos? Padre, es usted quien me interrumpe.

El cielo puede esperar, pero los expresidiarios no.

Dejad todas las armas en la entrada.

Lo siento, pero las señoras no pueden entrar.

¿Ha dicho "las señoras"? Pues entonces, yo puedo pasar.

Soy una señorita. En ese caso...

-Así que estamos en 400 dólares. 400 a la una, ¿alguien da más?

Sí, aquel ha hecho una señal.

500 dólares. Allí también, la señora.

La señora no cuenta. 500 a la una. Lo dirá usted que no cuento.

¿Quiere ver mi dinero? Ok.

(SILBA) Oh.

¡Qué piernas! ¡Hum!

¡Padre...!

La oferta más alta era de 500 dólares, yo ofrezco 600.

600 dólares. -¡Un momento!

Doy 1.000 dólares.

(Murmullos)

(FINGE OTRA VOZ) 2.000 dólares. ¿2.000? ¿Quién ha dicho 2.000?

(Murmullos)

3.000 dólares. (FINGE OTRA VOZ) ¡Adjudicada!

¡Adjudicada por 3.000 dólares al señor de allí!

(RÍEN)

(RÍE)

Mientras no se demuestre lo contrario, eso lo digo yo.

Indudablemente, hijito. Los expresidiarios te lo agradecen.

Venga, dilo. La mina queda adjudicada

por 3.000 dólares al señor Grant.

(Mazazo)

Adelante, págala. Oh, el dinero ha caído al suelo.

(Palmada)

¿Contento, señor Grant? -Sí, gracias.

(RÍEN)

(SORPRENDIDO) ¿Eh?

Date prisa, hijo. Los expresidiarios aguardan.

Pero... Pero esta no es la mina de Vincent Fawley.

Y, además, es un documento falso.

¡3.000 dólares por una mina que no existe!

Es falsa.

¡Es un timador! ¡Detenedlo!

-No toques ese dinero. ¡Quieto! ¡Dame eso! ¡Oh!

-¡Detenedlo! ¡No le dejéis escapar!

¡Detenedlo! ¡Dispara contra él!

(Disparo)

-¡Ah!

(Tumulto)

-Ya es nuestro.

(Pelea)

Las manos quietas.

(Puñetazos)

¡Hijitos! ¡La violencia es un pecado!

Quieta, señora. Señorita, por favor.

¡Ah! Pero ¿qué haces?

"Nada de armas aquí dentro", es lo que dices siempre.

(Disparos)

El sombrero puesto ante una dama, qué maleducado.

(RÍE)

(RÍE)

¡Oh!

(Notas musicales)

¡Toma! ¿Eh? ¿Quién es?

¡Eh! Llamad y se os abrirá. ¡Ay!

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, ¡amén!

¡A una dama no se le trata así!

(RÍE) ¡Eh!

Soy yo. Eres tú.

¡Vámonos!

Vamos, ¿qué hacéis ahí en el suelo? Levantaos. Hay mucho que hacer.

Quiero ese documento, imbéciles.

¡Alto!

Para ti y para ti. Pedid y se os dará.

-No ha sido nada. -Pero ¿qué habéis hecho?

¡Imbéciles! ¡Imbéciles!

(RÍE)

(RÍE)

Te agarré.

Eh, un momento. ¿Está libre esta silla?

¡Oh!

¡Ay! (RÍE)

Ajá. Ya eres mío.

Ahora no te escaparás. ¡Un momento!

No sabes quién soy yo. ¡Un momento!

El señor Grant soy. Tanto gusto.

(GRITA)

-¿Qué vas a hacer esta noche, encanto?

Pienso ir a verte al hospital. ¡Uy!

-Dejad las armas antes de entrar. Pero si yo salgo.

Dejad las armas antes de salir.

¡Wendy, han descubierto el timo! ¡Vámonos!

(Puñetazos)

(RÍE)

¡Tedeum! ¡Tedeum, ven! ¡Saquemos a nuestros niños!

Hay un lugar para ellos.

Ven. Vuela, angelito. ¡Vuela!

(GRITAN)

(GRITAN)

Gracias, hijito. ¿Tú no vienes?

Espérame. ¡Ya voy!

Maldito fraile, ahora verás. (GRITA)

Oh. ¡Paz y bien a todos!

Paz y bien. Vámonos.

Pasa, por favor. Tú primero, padre.

Gracias. Ahí están.

Bueno, allá voy.

(GRITA)

(GRITAN)

¡Jía! ¡Jía!

Por ahí van. Sigámosles.

-Sí, cojamos el carro. Usted primero, jefe.

-Sí. Ya voy, ya voy.

¡No me toques, cretino! Desvergonzado.

-¡Jía! ¡Jía! -¡Imbéciles!

(RÍE)

¡He perdido a mis niños! ¡Mi dinero!

¡Mis billetes! ¡Son míos!

¡Son míos!

(SOLLOZA)

Tienes cara de idiota, hablas como idiota,

no me dejo engañar, eres un verdadero idiota.

Cerdo, gusano, bastardo. "Indisponente".

¿"Indisponente"?

¡Maleducado! ¿A qué vienen esas palabrotas?

¿Y qué quiere decir "indisponente"? Creo que es "rompefardos".

Pues yo te rompo la cabeza. Y yo protesto.

¿Por qué tienes que protestar? No tengo otra cosa que decir.

(RÍE) ¿Qué te parece? ¡Anda!

¡Acércate, bastardo! ¡Acércate! ¡Ah!

Vamos, levántate.

(Aire)

Cerrad, idiota. Que no robamos la harina.

(TARTAMUDEA) ¿Desde cuándo?

¿Y esto qué es? ¿Un fantasma?

¿Los señores son los herederos de Vincent Fawley?

(TARTAMUDEA) ¿Nos han tomado el gusto?

Apuesto a que vienes también por la mina.

-Sí, señor. (RÍEN)

-Comprendo, señores, que estén tan contentos.

Dada la fortuna que les ha tocado. Sin duda.

Oye, fíjate cómo se ha ensuciado este rostro pálido.

Vamos a dejarle limpio. Bueno.

La Banca Morgan, a la que tengo el honor de representar,

pretende que los señores sean nuestros clientes

como lo fue el difunto. Explícate mejor, amigo.

El llorado Vincent Fawley abrió una cuenta con nosotros realizando...

Realizando una imposición...

Una imposición de 10 000 dólares.

¿Diez qué? 10 000.

-¿10 000 qué?

-¿10 000 dólares quién?

-Vincent Fawley era el producto de las primeras pepitas de su mina.

-¡Tedeum! -¡Hijo mío!

Ese hijo de perra quizá no la ha vendido todavía. ¡Vamos!

¡Hay que darse prisa! Coge pan y pescado.

Y un poco de tocino. La sartén.

-La sartén no. Hay que hacer un sacrificio.

Venga, de prisa. ¡Quítese de en medio, hombre!

¡Deprisa o perderemos el tren! Sí, vamos.

-¡Jía! ¡Jía!

-Tenemos que estar unidos, imbéciles. Vamos.

¡Jía! ¡Jía!

¡Jía! ¡Jía!

-¡Jía! ¡Jía! ¡Jía! ¡Jía!

¡Oh! Bravo, señor Grant. ¡Qué gran idea!

(Disparo)

¿A quién se le ocurre fallar? -¿Eh?

-¡Jía! ¡Jía!

-Vamos, acelera. -Que pañuelo más bonito.

-¿Qué me miras? -¡Jía, jía, jía!

-¡Jía! ¡Jía! ¡Jía! -¡Vamos! ¡Vamos!

¡Jía!

¡Cuidado! ¡Frena! ¡Ah! ¡Uy!

(GRITAN)

(Choque)

(RÍE)

Vamos, no le perdamos rueda.

Estamos unidos. Siempre unidos. -Siempre.

-No os caigáis. Vamos, levantaos.

(RÍE) ¡Jía! ¡Jía!

¡Ay!

Hola, asaltatumbas. Sartén aparte, ya estás frito.

Venga, el dinero. Timador de ojos azules.

¡Tedeum! Estoy aquí. Hola.

(ATONTADO) Ah... Hola. Ay, ay.

Ay, mi cabeza. Mi pobre cabeza.

Me muero, me muero.

(Locomotora)

Nunca me han tratado así en esta línea.

-Lo siento, señor. No se repetirá más.

-Agua pasada. ¿Vamos bien de hora? -Oh, ni siquiera un día de retraso.

-Oh, bien.

-¡Oh! Ahora me lo han hecho adrede. -Yo jamás me permitiría...

-Haré una reclamación, haré una instancia.

¡Eh, pingüino! ¿Está libre este sitio?

Oh, señores. Les advierto que aquí no se admiten meriendas.

No nos fiamos de la cocina de abordo, hay poca limpieza.

Bien dicho, papi. Pingüino, tráenos tres...

Cervezas. Espera.

Hace algunos días, ¿no subió a este tren un muchacho alto...?

Que se parece a mí. Cállate, papi.

Llevaba un sombrero negro, camisa azul, pantalones a rayas.

Se llama Tedeum.

-¿Acaso es pariente de ustedes? -Exacto, y yo soy su padre.

-Y yo su madre. Y yo su abuelo paterno.

(GRITA) ¡Fuera!

(GRITA) ¡Oh!

¡Maleducado! Qué modo de tratarnos.

Sólo porque somos parientes de mi nieto.

Habrase visto.

¿Cómo se puede ser el padre y el abuelo de uno

sin ser sus parientes?

En mis tiempos, el personal del tren era más educado.

-Esto lo arreglaría yo, pero prefiero reírme.

(TARTAMUDEA) Cuando me... -¡Ah!

-Puede que el pingüino... ¿Cómo se llama?

Debe estar escrito aquí en su reloj.

Lo malo es que no se leer.

Temo que no será fácil volver a encontrar a ese hijo de...

Quiero decir, a ese santo varón. Anda, dilo. Dilo de una vez.

Ese bastardo hijo de camella que nos ha birlado 3.000 dólares.

Bastardo, cerdo. Eh, eh, eh, eh.

Si la oyera el coronel.

¿Qué coronel? Su padre, ¿no?

La plantación en Virginia, los negros...

Está bien, está bien, está bien. Somos de tu misma ralea. Lo admito.

Pero precisamente por esto, dime: ¿quién me garantiza

que no eres socio del fraile? Absolutamente nadie.

¿Entonces? Bueno, tengo una idea.

Toma. Esto es todo lo que poseo.

Así estarás segura de que volveré. ¡Eh, qué astuto!

Ya sabes lo que dice el proverbio, asaltatumbas:

"Entre ladrones, no se engaña". No habrá oro,

pero es un pedazo de tierra. ¿Y a mí qué?

De todos modos, ha sido un bonito gesto por tu parte.

No tiene importancia.

Te he dado un beso, ¿a qué esperas para devolvérmelo?

Eh, eh... Sí, claro.

¡Wendy! Corta.

(RÍE INCÓMODO) Bueno, ya me voy. Espera, quiero darte una cosa.

Ah, ¿sí?

¡Ah! Vuelve pronto, ¿eh?

(RÍE) Sí, claro. Gracias.

Venga, muévete. Y procura traerme aquellos 3.000 dólares, ¿eh?

Sí, estate tranquila. Adiós. Adiós.

Adiós.

Y si vuelves con el fraile, aún mejor.

Bien. Adiós.

Adiós.

¿Sabes lo que te digo?

Dar un timo y quitarle el dinero a quien tiene mucho, puede pasar,

pero aprovecharse de un pobre muchacho tan honrado,

no está bien.

Cuando me mira con esos ojos sinceros,

me tiemblan las piernas. Wendy, despierta.

¿A qué vienen todos esos sentimentalismos?

Aquí se trabaja.

-Bien, veamos. Seis raciones de alubias guisadas con tocino.

Seis platos de alubias cocidas sin tocino.

Un pavo asado, doce huevos revueltos y para beber, 18 cervezas.

¿He olvidado algo?

(ERUCTA)

Además, siete salchichas de búfalo. Ah, sí. Gracias, padre.

Siete salchichas de búfalo. En total: cuatro dólares.

Uno,

dos,

tres.

Cuatro. Cuatro dólares, padre. No tres.

Cuatro.

He comido magníficamente bien y no es caro, hijo.

Porque es bueno. Quédate lo que sobra.

Pero si no sobra nada.

Es igual. Quédatelo.

¡Padre! ¡Padre!

Espere. ¿Qué hago con esto?

Ya entiendo, ¿eres protestante? Sí.

Protesto y como. Maldita sea. Me causas gran extrañeza, hijo mío.

¿No sabes que con eso puedes vivir en Roma, por lo menos,

durante todo un mes? ¿En serio?

Ajá. Oh.

Paz y bien. Paz y... (ERUCTA)

Paz y bien, hermano. Gracias, padre. Gracias.

Pero en Roma, ¿a mí qué se me ha perdido?

¡Padre! ¡Padre!

¡Padre! ¡Padre!

¿Me quieres llevar, hijo mío? ¿Me ha tomado por una diligencia?

Voy a recoger un difunto.

Yo voy hacia el sur a buscar a una oveja descarriada.

¿No será este el muerto?

Pobrecito. -Menos mal que no ha sufrido.

¿No puedes ir un poco más deprisa, amigo?

¿Cree usted que vamos a un rodeo?

-Un fraile. Pero ¿no era ateo? Él nunca creyó en nada.

-Todos lo dicen siempre pero luego se arrepienten en el último momento.

-Qué payaso.

¡Jía! ¡Jía!

-¿Qué hace? -Oiga.

-Si se pasa de largo. -Que es aquí.

-¡Oiga! ¡Oiga! -¡Pare!

-¿Te gusta, señor? No tengo mucho que ofrecerte.

Alubias, pan, queso y un vaso de tequila.

¿Y te parece poco? Para mí es un auténtico festín.

No y no. ¿Tedeum?

No puedes aceptar. Ya estás invitado.

Ajá. Buenos días, señores.

-Naturalmente, ahora el festín lo damos nosotros.

(RÍE) ¿Has oído, muchacho?

Lo siento, otra vez será.

Ya no habrá otra vez para ti si no me das el documento.

¿La mina? Ajá.

Pero ¿no se la había comprado ya al fraile?

Y a un buen precio, además.

¿Te estás burlando? Detenedlo, vamos.

(RÍEN)

(AMBOS) ¡Oh!

(RÍE)

(RÍE)

¡Oh!

-¡Oh!

-¡Ah! -¡Oh!

-Seis. -¡Ay!

-¡Oh! -¡Oh!

-¡Ay!

-¡Imbéciles!

Y ahora... ¡Te toca a ti!

(RÍE)

(RÍE)

(RÍE)

¡Jía! ¡Jía! ¡Jía!

¡Jía!

¡Jía! ¡Jía!

(ESCUPE)

(ESCUPE)

-Trae, toma leche de cabra si no aguantas el tequila. ¡Ja!

(Campana)

(TARAREAN)

(TARAREAN)

TARAREAN

(Campana)

¿No deberíamos esperar a Tedeum? Sí, bueno es él.

No le echaremos la vista encima. Eres injusta, Betty.

Nos ha dejado en prenda su mina. ¡So!

Ya lo sé. ¿Cuánto podemos sacar de esto?

A lo máximo... ¡Atraca! ¡Atraca!

¡Eh, mira allí!

¡Atraca! ¡Timón a la derecha!

(Choque)

¿Eres bizco? Te había dicho a estribor.

No, a babor. A estribor, imbécil.

Estribor lo serás tú.

Papi, la culpa es tuya.

Me parece que ya tenemos pichones. ¿Sí?

Les endosamos a esos el timo como valientes chicas del sur.

Qué no dan confianza a los extraños.

(GÁRGARAS)

¡Ah!

(SUSPIRA) Hijo mío.

¿por casualidad has visto pasar por aquí a un joven así de alto,

más bien flaco, rubio, con cara de ángel y ojos,

ojos azules? ¿Se refiere al señor Tedeum?

¿Le conoces? Sí.

El señor Grant le llamó así antes de liarse a golpes.

"Quiero mi mina". "No te la doy".

Y después, toma, toma. Puñetazos y pin, pan.

So, hombre. Débil criatura.

Qué no serás capaz de hacer por la ilusión del oro.

No es una ilusión, padre, es una montaña de oro.

¡Una mina llena de oro! Te lo aseguro.

¿Quieres que te lleve adonde está?

¿Lo sabes tú, hijo mío? Sí. Ahí dentro. En casa, padre.

¡Oh! ¡Uy! Qué caída más tonta.

Por favor, hijo mío.

¿Quieres otro poco, hijo mío? No. Muchas gracias, Lupita.

Pero si como algo más, reviento. Falta te hace,

con toda la gimnasia que has hecho.

Apuesto a que aquellos todavía están corriendo.

(AMBOS RÍEN)

-Ya era hora de que alguien le diera una buena lección

a ese sinvergüenza de Grant. -Venga, padre, mire. Ahí está.

-Bienvenido, padre. Hija mía.

¡Ah, padre! Siéntese, siéntese.

Sí. Siéntese, padre.

Ten, una estampita. ¡Oh! Muchas gracias, padre.

Qué bonita. Esta no la tenía.

¡Oh, mira qué bonita, Francisco! Así termino el álbum.

Tenía miedo de no volver a verte, hijo mío.

Quien tiene un amigo como tú, tiene un verdadero tesoro.

No hay nada que valga tanto... El dinero.

¿Eh? El dinero.

Sácalo. Oh, quieres una estampita.

(SERIO) El dinero de la subasta. Ah, el dinero. Ya.

Sí, tu parte habría sido...

Si no me equivoco, unos... Unos 1.000 dólares.

Además, está la parte de las muchachas.

¿Has dicho "habría sido"? Exacto, por desgracia

ese dinero lo he perdido. ¿Póquer o mujeres, padre?

No, no. Perdido, perdido en el sentido de perder.

¿No me crees? ¿Eh? No.

Oh, me ofendes. ¡Oh! ¿Registrarme a mí?

Te voy a desnudar. (RÍE) Qué cosquillas.

Padre. ¡Oh!

¡Oh! Me siento muy feliz de poder abrazarte, hijo mío.

Ay, perdone, padre. ¿No quiere tomar alguna cosa?

Mire qué alubias le he traído. No, gracias.

He comido un mendrugo de pan. Suficiente.

Además, a mí las alubias no... Sin...

Bonita faena.

Pero todavía tenemos el otro documento.

¡Sí! ¡Es verdad! (RÍE)

Y si el idiota de Grant estaba tan empeñado en comprar mi mina...

Nuestra mina, hicimos un pacto tú y yo.

Sí, se me ha olvidado.

(RÍE) Hasta a mí me engañó.

Aquel papel parecía verdadero. Y lo es, ¿qué dice?

Sí. Eh, no. No es verdadero pero para dar un timo es ideal.

En realidad haría falta uno muy práctico pero...

Tú, por ejemplo. Sin duda, modestia aparte.

Además, con este hábito de fraile es mucho más fácil. Lo dijiste tú, ¿no?

(RÍE) Me has convencido.

Bien. Iré yo.

¿Adónde?

A buscar el documento. Está en la silla del caballo.

Bien. Anda, te espero.

¿Seguro? Sí.

Perfecto. (RÍE)

(RÍE)

(Relincho)

¡Jía! ¡Jía ¡Jía! ¡Jía!

(RÍE) Yo espero, ¿eh?

(DUDA) Sí, sí. Ya iba. No... ¿No ves?

Eh, señores. ¿Eh?

¿Puedo convidarles? Esto es algo que hace resucitar a los muertos.

Bien. Pues vamos.

Si resucita a los muertos, te conviene aprovecharlo.

¡Uy! ¿Preparados? ¿Listos? ¡Ya!

(AMBOS RÍEN)

Por el placer de verte de nuevo.

¡El documento!

Eh... Sí.

Imagínate que, a lo mejor, no lo tengo.

¿Eh?

(Cristales)

(ASUSTADO) Eh, eh.

(RÍE)

No, no, no, no. Era sólo una hipótesis.

¿Contigo no se puede razonar?

(ECHA EL ALIENTO)

(TOSE)

(MURMURA) Prefiero la muerte.

¿Cómo 683 dólares con 50? ¡Si ya había llegado a los 2.000!

¿Dónde está? ¡Tedeum!

(GRITA) ¡Tedeum!

(CANTA) ¡Tedeum!

(TODOS) "Te Deum

laudamus: te Dominum...

Basta, volver a casa. ¡Marchaos de aquí!

¿Dónde habéis creído que estáis?

(GRITAN) ¡Tedeum! ¿Dónde estás?

¿Dónde estás, Tedeum?

¿Dónde estás que no te "veum"?

(GRITA) ¡Tedeum! ¿Dónde estás?

Ya me gustaría saberlo.

¿Dónde terminó aquello?

(INCÓMODO) Eh, hola, hola. Hola.

Hola. Ay de ti si te mueves.

Ja. ¿Qué hace ahí?

(RÍE) ¿Dónde está nuestro dinero?

(RÍE) Lo ha perdido.

¿Cómo puedes decir que lo has perdido?

Una desgracia, pero por fortuna, tenemos todavía la mina.

Pero ¿qué mina? Es un timo. No, señora.

Se equivoca. No es un timo. Es una montaña de oro.

¿Unas pocas alubias? (GRITA) ¡Llévatelas y desaparece!

En seguida, en seguida.

Ya es mala suerte, ¿eh? Lo tenéis todavía, ¿no?

¿Qué es lo que deben tener? El documento.

No, por desgracia, no.

Estábamos sin nada y encontramos unos pichones

y se lo endosamos a cambio de un saco de harina

y dos bolsas de alubias. ¡Oh, no! Alubias no.

(SOLLOZA) No, no. Qué mareo.

No tenían otra cosa.

No tenían ni caballos.

Viajaban en un carro que iba impulsado por una vela.

¿Eran tres, por casualidad? ¡Sí!

¿Un viejo sucio y otro pelirrojo? ¡Sí!

Y una mujer que fuma en pipa. Exactamente.

¿Los conoces?

¿Quién? ¿Yo? No.

No, no. ¿Quién diablos son?

¡Sal de ahí! ¿Adónde iban? Y yo qué sé.

(GRITA) ¡No!

(GRITA)

Tedeum.

Pero ¿dónde está? ¿Eh?

Adiós.

Vuelve atrás, grandísimo... Espera.

¿Qué pasa? Ah, eso. ¡Va! No hagáis caso.

Es agua pasada. Tiene, por lo menos, tres años.

Hoy valgo mucho más, sí.

¿No me digas? ¿Cuánto? ¿Eh?

En otra ocasión te lo diré. ¡Eh!

¡Eh!

¡Jía!

¡Jía! ¡Jía! ¡Jía! ¡Jía!

¡Jía! ¡Jía! Adelante, caballejos. Esto no es un funeral.

¡Jía! ¡Jía!

¡Jía! ¡Jía!

¡Jía! ¡Jía!

¡Pista!

Está encima. ¡Ah!

¡Apartaos! ¡Pista! ¡Que paso yo!

¡Animal, que es un cambio de rasante! ¡Jía!

(Claxon)

¡Jía! ¡Jía! Ojalá te vea en una tumba.

¡Y yo a ti en el paraíso! ¡Jía! ¡Jía!

¿Tanto vales?

¿683 dólares y 50 centavos?

¡Jía! ¡Jía!

Me parece que aquí no estamos seguros.

-Vosotros y vuestra mina falsa.

-Le queríais dar el timo precisamente al señor Grant?

¡Caza a otro pichón! -Oh.

Sucio mundo.

Malditas aquellas dos brujas con aire de mosquitas muertas.

Timar a unos honrados bribones como nosotros.

¿Qué hacemos ahora con este trozo de papel?

Podemos probar con otros. Ya.

-A mí no me la da nadie. ¿Habéis entendido?

Ya se ha corrido la voz.

No tiene otra explicación el que vengan tantos

a ofrecerme falsas minas de Vincent Fawley.

Pero sólo quiero la verdadera.

¿Lo habéis comprendido, imbéciles? -Sí. Pero ¿quién tiene la verdadera?

-Pero ¿cómo que quién la tiene? ¡Tedeum! ¡Imbéciles!

-Sí. -¡Buscadlo!

-Sí. Vamos, Blackie.

-Tengo que hacer bien las cuentas.

Con medio dólar, puedo comprarme 50 caramelos.

Claro, hijita. ¿Has pensado cuántos caramelos podrías comprar

con una mina de oro como esta? ¡Ah! Por lo menos, un millón.

-Vamos a ver si todo está bien.

Antes de nada, decidme: ¿quién de vosotros es Vincent Fawley?

Cochina. Es una criatura.

-Se trata de nuestra mina. -¡Qué graciosos!

Queríais darme un timo, ¿eh?

(GRITA) ¡Eh, papá! -¿Qué ocurre?

-Ven, ven. Corre. Mira, estos querían darme un timo.

Son aquellos, aquellos tres.

-¡Oh! -Entremos aquí, que ese pega.

Es una casa de baños. Pues nos bañamos.

¿Qué? Sí.

Jamás. ¿No te das cuenta?

Si nos lavamos, no habrá quién nos reconozca.

(SILBA)

-¡Oh!

-Qué fría. -¡Ay!

¡Puaj! Eh, bañero.

Trae jabón, que aquí no hay. -Ya voy.

-Y a este lado también.

-¿Qué miras? Fuera de aquí.

El general Custer murió como un valiente.

-¿Sí? -Por cierto,

¿sabe usted por qué los indios tienen la piel roja?

-No. -¿No? ¡Ja!

Porque están en la reserva. -Oh...

-Bañero, venga, jabón.

(TOSE)

Eh, papi. Dame un trago. Bebe, hijo.

¡Ah!

¡Agua! ¡Qué asco! ¡Puaj!

Pero una vez dentro... Una vez dentro, no sabe tan mal.

El agua no sabe a nada, yo prefiero la cerveza o el ron.

Eh, papi. Dame un trago. No.

¿Cómo que no? ¡Ah!

Papi, papi, ¿dónde estás? No me dejes solo, papi.

¡Papi! ¿Dónde estás? Aquí estoy, zoquete.

(RÍE)

¡Papi! ¡Ay, ay, ay!

Te voy a... ¡Papi!

¡Ay, hijo mío! Nietecito mío, bastardito mío.

(RÍEN)

-La entrada, padre.

Deja eso.

(RÍE)

Pasa, abuelo, pasa. ¿Me prestas eso, hijo mío?

Toma, papi, toma. (RÍE)

Toma. Pásamela a mí.

Allá va. (RÍE)

(GRITA)

Pasa, papi, pasa. Ahí va.

Toma, Tedeum.

Dámela. Dámela a mí.

¿Quién diablos es ese? (TARTAMUDEA)Pero ¿quién ese fraile?

Nada de fraile. Es de la competencia.

Es un timador como nosotros.

Vamos por él. Al ladrón.

Ven aquí, fraile maldito. Trae la cantimplora.

Ya es nuestra.

(FORCEJEAN)

Devuélvemela.

(GRITA)

¡Pero mira quién es! ¡Bruja!

¡Dámela a mí!

Voy yo. Que la suelte de una vez.

Cuidado, que se la lleva. Ahí quietos, es mía.

No riñan, señores. Ya no es de ustedes.

Es mía. ¿Cómo que es suya?

(RÍE) Es mía. Por fin es mía.

Y nadie me la va a quitar. No.

(RÍE)

Brindaré por vuestra salud, ¿no?

¿Verdad que sí, muchachos? (TODOS) Sí, señor Grant.

-Son los pistoleros del señor Grant. Vámonos de aquí.

-No quiero hacer de muerto. -Por lo menos, daos prisa.

-Gracias, gracias.

Habéis estado realmente...

¡Ah!

(Murmullos)

(Murmullos)

¡Imbéciles!

Imbéciles, ¿para qué os pago?

Al agua. Al agua.

(TODOS) Al agua.

(Murmullos)

-Se la ha dejado quitar.

Ahora es más difícil saber quién la tiene.

¡Ayuda, papi! ¡A mí!

¡Papi, tira! Ahí va.

Pasa. ¡Pronto!

(RÍE) (SILBA) No vale. No.

Dos contra uno no vale. No, no, no, no.

Déjeme. Pero bueno, qué modales.

No está bien, esto no está nada bien.

-¿Quién la tiene, papi?

(GRITA)

Cuidado con las manos.

¡Toma, abuelo! Échasela a tu papi.

-Pasa, hijo mío. ¡Pasa!

Ahí va eso.

Déjenmelo a mí.

Yo soy, yo soy el que manda.

Éste la ha tomado conmigo.

Conmigo.

Pasa, abuelo.

En la cabeza no, que está estudiando.

-¡Árbitro, vendido!

Arriba. Arriba, Betty.

(GRITA)

(ESCUPE)

-Por aquí, por aquí. Ahora ya te tengo.

-¡Abuelo! ¡Abuelo!

-Qué manía.

(GRITAN)

(RÍE)

¡El fraile! ¡Que se va el fraile!

-Bravo, traidor. Ay.

-Dámela. -Sí, dámela.

-Ánimo. Vamos.

Toma.

(GRITAN)

-¿Y ahora qué?

-Vamos, tira aquí. Allá va.

Venid, venid. Aquí, todos conmigo.

-¡Oh! -¡Adelante!

-Venid aquí, venid aquí.

Toma.

Toma. Un momento.

-Ah. -Como te coja.

(RÍE)

Te mato. -¿Y tú qué haces, idiota?

Bueno, esto se acabó. Alto.

Anda, danos el botín. Vamos.

Ahora aquí.

-Siempre fallo. -Vámonos.

-Tira, hijo mío. Que estoy sola.

(RÍE) Ahí va, mami.

Te atreves con una mujer, ¿eh? -Voy contigo.

-¡Toma!

(RÍE) -¡Ah!

-Ahí va.

-¡Ah!

(RÍEN)

Buen trabajo, hijo mío. Ha sido duro, pero se acabó.

-Ya veremos. Tienes una buena izquierda.

Has mejorado mucho. No os mováis los dos.

Si no, la mato. -¡Eh! No puedes matar a mi mujer.

Si al... Quiere decir que si alguno

tiene que eliminarla, será el marido.

Eso es. Gracias, papi.

(RÍE) -¿Dónde está la mina?

Hablad o le retuerzo el cuello a esta gallina.

La ha llamado gallina, qué gracioso. Eh, mami.

¿Por qué te dejas tratar de ese modo?

Ah, no. Gallina, bueno. ¡Pero una gallina de combate!

(GRITA)

(GRITA)

Ábrela. Sí. Abre, abre.

Sí, enseguida. -A ver.

¿Qué?

(RÍE)

Se ha borrado.

(TODOS RÍEN)

-¡Qué gracia! Es para morirse.

(TODOS RÍEN)

Ya debemos estar llegando.

Timón a la izquierda. No, papi. A la derecha.

¿Qué más da? Si estamos bien, es ahí abajo. Tras aquella colina.

¿Seguro? Seguro.

¡Ánimo, gente! ¡A toda vela!

Afloja el foque.

(RÍE)

(RÍE)

Quita, guarro.

(TODOS RÍEN)

Aquí. Allí es.

Amainad las velas.

¡Listos para echar el ancla! ¡Listos para echar el ancla!

¡Somos ricos, ricos!

¡Somos ricos!

(TODOS) "Nueva prisión de Laredo".

Ja. Nos han tomado el pelo.

No, el oro está abajo.

¿Bajo la prisión de Laredo? Claro...

¿Qué otra cosa se podía esperar del tío Vincent Fawley?

Su última faena. -¿Y ahora qué hacemos?

Sí, ¿qué hacemos ahora? Maldita sea.

(RÍE)

(TODOS) Oh, no.

Sí.

¡Fuera granujas! ¡Todos los reclusos saldrán fuera de las celdas!

¡Media hora al día! ¡Separaos!

¡Separaos! ¡En fila! ¡De uno en uno!

Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos.

Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos.

Un, dos. Un, dos. Un, dos. Un, dos.

Un, dos. Un, dos. Un, dos. Un, dos.

Un, dos. Un, dos. Un, dos. Un, dos.

Un, dos. Un, dos. Un, dos. Un, dos.

-Eh, ahí está.

¡Rags, Stinky! ¡Estamos aquí! ¡Tedeum!

Te daba así.

(GRUÑEN)

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