Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
[tema principal]
¡Mami!
¡Mejía presidente, señores!
[música de suspenso]
[voz de niña con eco] ¡Mami!
¡Mamá!
¡Mamá, mami!
[choque]
¡Mami!
[respira agitada]
[música de suspenso]
[aplausos y ovación]
[todos vitorean] ¡Arriaga!
Gracias, muchas gracias a todos por estar aquí.
Eso es lo único que tengo para ustedes el día de hoy.
Palabras de agradecimiento.
Pero una cosa sí les voy a decir.
Juntos vamos a trabajar para cumplir todas y cada una de las promesas
que se hicieron en la propuesta política.
Gracias, nuevamente, por haberme elegido como su nuevo alcalde.
[aplausos y ovación]
[todos] ¡Arriaga!
Sin embargo, quiero hacer un agradecimiento especial
a una mujer muy, muy importante.
Analía Guerrero.
[aplausos]
Que, como su apellido bien lo indica, es una gran luchadora
que creyó ciegamente en esta propuesta política.
Analía.
Sin ti, sin tus consejos, sin tu disciplina, sin tu entrega,
nada de esto hubiera sido posible.
Por favor, regálanos unas palabras.
[aplausos]
[ovación]
Eso, realmente, fue un muy buen trabajo en equipo
y, antes que nada, quiero agradecer
a nuestro nuevo alcalde de la Ciudad de México.
Señor, ha sido un verdadero honor haber trabajado con usted.
[aplausos]
[todos] ¡Arriaga, Arriaga!
El licenciado Arriaga es el líder que esta ciudad necesita
para generar cambios reales
en nuestra capital a partir de este momento.
[aplausos]
Analía, como bien sabes, nuestro partido está entrando muy fuerte en Jalisco.
Quiero pedirte el favor que vayas a asesorar al nuevo candidato.
Alfonso, yo te agradezco muchísimo, pero tú también sabes
que yo tengo un compromiso ya adquirido.
Yo lo sé, pero pensé que, después de ver a la gente cómo nos trató,
cómo nos recibió después del triunfo,
podías cambiar de parecer.
Muchas gracias.
Sí, aparte de que ya di mi palabra, yo creo que este
va a ser un reto muy importante para mí.
Definitivamente me voy para Colombia.
[Alfonso] ¿Colombia?
[reportero] Buenos días, Colombia. Buenos días, Bogotá.
Esta mañana la capital despierta un poco fría y bastante nublada.
Algo que no es novedad para los que vivimos en este rincón del país,
pero lo que sí resulta ser la noticia del día, mejor dicho, del año,
es el anuncio de la candidatura de Guillermo León Mejía
a las próximas elecciones presidenciales.
[Analía] Estoy de vuelta, mamá.
Me preparé todos estos años para cumplir con la promesa que te hice.
Debo enfrentarme con un animal que se cree invencible,
que quiere poner el país a sus pies.
Y estoy dispuesta a arriesgar mi vida si es necesario.
Voy a vengarme del demonio que destruyó nuestras vidas.
Voy a acabar con Guillermo León Mejía.
[reporteros hablando al mismo tiempo]
Lo que tanto se rumoraba hoy es un anunciamiento oficial.
Me lanzo como candidato a la presidencia de este país.
[reportera] Senador Mejía, hace una semana se había dicho
que no se iba a lanzar a las elecciones. ¿Por qué ahora decide hacerlo?
A ver, no pude contener más estas ansias de entregarlo todo
por construir un país mejor.
[reportera 2] ¿Se puede decir que lo convencieron
en el partido Fuerza Democrática?
Se puede decir que me convenció mi don de servicio a la comunidad.
Desde hace más de 20 años, yo llevo las banderas no de un partido político,
sino de la niñez desprotegida, y por eso seguiré luchando,
ahora, desde la presidencia. Bueno, primero hay que ganarla, ¿no?
[risas]
[música melancólica]
[reporteros hablan al mismo tiempo]
[reportera] Senador, compártanos sobre su lema de campaña.
Claro que sí. La niñez. Los niños son el futuro,
pero su presente es nuestro. Y Rosario, mis hijos y yo
estamos empeñados en entregarles un mejor país.
[continúa música melancólica]
[Analía] Desde arriba ayúdame con lo que voy a hacer.
Cuídame.
Porque si esto sale bien, el culpable de que estés ahí va a pagar muy caro.
[continúa música melancólica]
[música alegre]
[niño] Ana Lucía.
Hola.
Hola.
Puedes venir a jugar a mi cuarto un rato.
Usted sabe que no puedo. Su mamá no me deja entrar a la casa.
Pues, aprovechemos que no está.
[Analía] ¡Pablo, mi cuaderno!
¡Pablo! [ríe]
Pablo, en serio.
- [Pablo] Ya, ¿qué pasa? - Dámelo, dámelo.
- [Pablo] ¿Qué? - Dámelo.
¿Qué tiene que no quiere que lea?
Nada, son solo cosas del colegio, tareas.
Entonces, ¿por qué no las puedo ver?
Pues, porque son cosas mías y no quiero.
Mire, si lo quiere, alcánceme.
[Analía] ¡No!
[hombre] Cierto que las últimas encuestas
no han sido muy favorables para nosotros, sí,
pero con Santiago sabemos que estamos a tiempo de encontrar
nuevas fuentes de financiación, nuevos aliados que nos permitan
movilizar votantes, sobre todo, en los sectores marginales.
Líderes de barrio, empresarios de sectores populares.
Por ejemplo, esta mañana hablamos con don Rogelio Ruíz,
el dueño de transportes El Paro,
y nos dijo que está dispuesto a poner una flota de sus buses
para el día de las elecciones.
[hombre 2] ¿Con qué plata piensan hacer eso?
[Analía] Pablo, mi cuaderno. Pásamelo.
- [Pablo] ¿Qué pasa? - Pablo, no. Dámelo.
- ¿Qué tienes aquí? ¿Qué tienes aquí? - Pablo, no, en serio, no.
Pero sí quiero decirles algo.
- [Analía de lejos] Dámelo, dámelo. - [Pablo] ¿Qué pasa?
No pienso poner un centavo más.
¿De acuerdo?
[Analía a lo lejos] Nada, son cosas del colegio, tareas.
- [Pablo] ¿Por qué no las puedo ver? - [Analía] Porque son cosas mías
y no quiero. Dámelo, dámelo.
- [Analía] Pablo, dámelo. En serio, ya. - [Pablo] Ya.
[Analía] Pablo, me voy a poner brava. Además, mi mamá me está esperando.
[Pablo] "Pablo, te amo".
¿Yo en verdad le gusto?
¿Por qué no me había dicho antes?
Pues, porque no quería que se burlara de mí.
¿Me puedo quedar con la página?
¿Para qué?
Para acordarme todos los días de que usted me quiere tanto
como yo la quiero a usted.
¿En serio?
En serio.
[música romántica]
¿Me presta un lápiz?
[Analía] ¿Qué está escribiendo?
- [Pablo] Alcánceme y le muestro. - [Analía] Pablo, no.
[estruendo]
Perdón, disculpen, creo que no hay nadie con los niños.
No, no, Manuel José, no te preocupes, yo me encargo.
[ríe]
Nos van a matar.
[Pablo] Váyase a su cuarto antes de que la vean. Nosotros recogemos.
A ver, niñita, ¿usted qué parte de "aquí no puede entrar" no entendió?
- Memo, no le hables así. - No, no, Pablo, tranquilo. Tú cálmate.
Diga algo.
¿Cuántas veces le han dicho que aquí no puede estar?
Pero claro, como la niña se siente tan rebelde
cree que puede hacer lo que se le da la gana, ¿cierto?
- Perdone. - ¡No, perdón nada! Perdón nada.
¿Sabe qué parece usted?
Un animalito incontrolable que va por la vida
destruyendo todo lo que se le aparece.
Pero yo lo rompí. Ella no hizo nada.
[Guillermo] Es que ese no es el problema, Pablo.
El problema es que hoy es este florero.
La semana pasada casi me daña el carro con la bicicleta.
¿Mañana qué va a hacer, niñita? Dígame.
Diga algo.
Doctor, en serio, fue sin querer.
Escúcheme. Queriendo o no queriendo, no me importa.
Pero es la última vez que usted entra acá, porque la próxima
- yo me voy a encargar... - [mucama] ¿De qué se va a encargar?
Suélteme a la niña, me hace el favor. Suéltemela.
- Tranquila. - Ma, perdóname.
Es que estábamos jugando y sin querer se cayó.
Tranquila, tranquila. Ahorita me lo explica, ¿oyó?
Darelis, yo lo rompí, no fue Ana Lucía.
Háganme un favor, ¿sí? Se salen un momento, ¿sí?
Vayan, vayan, vayan tranquilos. Vayan.
Vea, doctor.
Que sea la última vez que usted me toca a la niña, ¿me entendió?
Mire, señora, ¿sabe cuál es el problema?
Que usted está criando un animalito salvaje.
Y los animalitos van en la selva o en el patio,
pero para estar aquí en la casa, no. Tiene que educarla bien.
Ni se le ocurra opinar sobre la vida de Ana Lucía.
- [Guillermo] A mí... - Usted no tiene ningún derecho, doctor.
La vida de su hija me importa cinco.
Primero. Y segundo, haga algo, entonces, porque ella no puede ir por la vida
- destruyendo todo. - [Darelis] Vea, doctor.
El que yo me haya quedado callada durante todos estos años
no significa que si usted le vuelve a poner un dedo encima
a Ana Lucía, yo me vaya a quedar callada, ¿oyó?
Porque para mí puede ser muy fácil irle a contar a todo el mundo
lo que usted me hizo.
[música de tensión]
[ríe entre dientes]
¿Usted de qué está hablando?
De que usted a Ana Lucía no me la vuelve a maltratar.
- Ni usted ni nadie. - [Guillermo] Mire, señora,
lo que yo estoy intentando hacer, primero, es que su hija entre en razón.
Y segundo, bájemele al tonito.
[Darelis] ¿A los empujones y a los gritos?
Vea, doctor, yo también sé gritar, y si se me da la gana,
le puedo contar a todo el mundo que usted es el papá de ella.
[Guillermo] Cállese.
Mira, Darelis, deja de hablar pendejadas.
[Darelis] Ya se lo advertí. Usted se vuelve a meter con mi hija...
[mujer] ¿Qué está pasando aquí?
- [Guillermo] Nada. - Nada, doctora.
No, imagínate que los niños se pusieron a jugar
con la hija de Darelis, Ana Lucía, y mira lo que hicieron.
[resopla]
¿Usted sabe cuánto cuesta ese jarrón, Darelis?
Tranquila, doña Eugenia, que yo le voy a pagar hasta el último centavo.
Sí, no le quepa la menor duda.
Recoja todo eso. Y lleve esto para mi cuarto.
- [Darelis] Sí, señora. - Y una cosa más.
La última vez que se lo digo.
Su hija no tiene que estar haciendo nada dentro de esta casa.
¿Le quedó claro?
Con permiso.
Eugenia, perdóname.
Yo, la verdad, no sé cómo te soportas a una señora de esas.
Mira, podrá hacer muy bien el aseo, sí, y eso lo respeto,
pero yo simplemente estaba reprendiendo a los niños.
Se me enfrentó y no sabes lo que me dijo.
No, sí, oí algo de lo que te dijo.
[Manuel] ¿Todo bien, Guillermo?
Todo perfecto, Manuel José.
- [Eugenia] Hablamos después. - No.
Tú sabes que esto es un chantaje.
Mira, no voy a ser ni el primero ni el último que sea víctima
de una empleada de servicio.
En serio.
[música de tensión]
A lo mejor lo que dice su mamá es verdad.
Siempre que nos juntamos, hacemos muchos daños.
Pero eso no es cierto. Yo rompí el jarrón de mi abuela.
Sí, pero a mí nadie me va a creer.
¿Sabe qué? Yo sé cómo hacer que se le quite el mal genio.
¿Cómo?
Con algo que le voy a decir en el refugio.
- Vamos. - [niño] Vamos.
Ay, Martica, hágame un favor. Dígale a Lara que me traiga una lechuga
bien bonita de la huerta, pero corriendo, mija,
que estamos bien atrasadas con este almuerzo.
¿Qué me le pasó?
Es que no me pude aguantar, Inés. De verdad que yo lo intenté,
pero apenas yo vi a ese miserable zarandeando a la niña,
de verdad se me sumó todo el odio que siento por él en la cabeza.
Mire, yo no le voy a decir que usted hizo mal, Darelis,
porque no es así, al revés, usted es una santa.
Teniendo usted derecho a que le reconozcan a la niña,
que le den el apellido, y usted va y le guarda el secreto,
después de lo que le hizo.
Es que lo que me hagan a mí es lo de menos.
A mí lo único que me importa es Ana Lucía.
Yo podría formarle un problema, sí, pero después viene doña Eugenia y me echa.
¿Y yo con qué plata, dígame, con qué plata yo le voy a dar un estudio
y un buen futuro a la niña?
Bueno, pues, para eso está el doctor Mejía, ¿no?
Que comience a responder el desgraciado ese.
[música de suspenso]
[Guillermo] Yo sé que usted me quiere, que usted también quiere esto.
- [Darelis sollozando] No. ¡Auxilio! - [Guillermo chita]
[Guillermo] Silencio, silencio.
Usted quiere su trabajo, ¿sí?
- [Darelis] ¡No, suélteme! ¡Auxi...! - [Guillermo chita]
Pablo, dígame qué es lo que me tiene que decir, que me tengo que ir.
- ¿Se van a demorar mucho? - No, solo unos cinco minutos.
Bueno. Me cuentan todo.
- Con cuidado. - Dale.
¿Y esa cámara?
[música alegre]
Tenga.
No quiero que se le olvide este día nunca.
Bueno, ya. Dígame, pues, qué es eso tan importante que tiene que decirme.
Es que yo quería saber si...
si usted quiere ser mi novia.
Sí.
- ¿Sí? - Sí, sí quiero.
¡David! ¡Ana Lucía me dijo que sí quiere ser mi novia!
Lo realmente importante aquí es que ustedes sepan perfectamente
con qué clase de personas están haciendo tratos.
Mira, Manuel José, Rogelio es una persona que viene de abajo, sí,
pero también se ha hecho a pulso. Y no de gratis es dueño
de la flota de transportes más grande del departamento.
Supongo que le habrán verificado los antecedentes.
Eso no será plata de la mafia, ¿verdad?
No, no, por supuesto que no es plata de la mafia, tío.
Yo mismo le esculqué hasta la partida de bautismo,
el pisco está totalmente limpio.
A mí lo que realmente no me gusta es que, a cambio de que nos preste
unos cuantos buses para el día de las elecciones,
entonces, quién sabe qué tipo de favores le vamos a quedar debiendo.
Manuel José, perdóname corregirte, pero es que no son solamente unos cuantos buses.
Es la flota entera y la pone repleta de gente dispuesta a votar por mí.
¿Tú confías en él?
Después de la investigación que realizó Santiago, absolutamente.
- [Pablo] David. - [Analía] ¡David!
Pablo, ayúdame.
- ¡David! - ¡David!
[David] ¡Pablo!
¡Ana Lucía!
Tío, tú no te preocupes.
Memo tiene totalmente bajo control la situación. Él sabe lo que hace.
Permiso. Don Manuel, aquí tiene su cafecito.
- [Manuel] Muchas gracias, Darelis. - Sí, señor.
- Darelis. - Sí, señora.
¿Usted sabe si David ya se tomó las medicinas?
[Darelis] Inés es la encargada de eso, señora Eugenia,
pero yo creo que no porque hace rato que los niños no se sienten por acá.
¿Y no será que están jugando con su hija?
- [Darelis] No, no, señora. - ¿Seguro?
Sí, señora. Ana Lucía está haciendo tareas.
Bueno, me voy a ir a buscarlos, que no sé dónde están.
Eugenia, ven, yo te acompaño. Te pido un permiso, Manuel José.
Sí.
[Eugenia suspira]
[Guillermo] Eugenia, un segundo.
Yo creo que es pertinente que hablemos de lo que pasó hace un rato, ¿no?
No tengo tiempo para esto.
Tienes toda la razón. Es que deberíamos preocuparnos
por lo que realmente es importante en este momento, que son los niños.
[Eugenia asiente]
¿Puedes ir, por favor, al cuarto de Pablo a ver si están allá escondidos o algo?
- [Guillermo] Sí. - Yo me voy a enloquecer.
Voy para el estudio.
[música de suspenso]
[Analía] ¿Y si le pasó algo?
Me muero, me muero si a mi hermano le pasa algo. ¡David!
[Analía] ¿Y si pedimos ayuda?
[Pablo] ¡David!
¡Ana Lucía! ¡Pablo!
[grita]
¡Papá, papá!
- Papá. - [Manuel] ¿Qué pasa?
Llevamos rato buscando a David y no aparece.
Pablo, pero ¿cuántas veces te tengo que decir
que tienes que estar pendiente de tu hermano?
¿Quién sabe dónde está trepado? Esto seguro es culpa de esta niña.
No, no, ella no hizo nada. Yo me lo llevé para allá.
Bueno, no importa en este momento eso. Ahorita lo importante realmente
es encontrar a David, así que, todo el mundo a buscarlo.
- Darelis. - Sí, señor.
[Manuel] ¡Hágame el favor y le dice a todos los empleados
- que salen ya a buscar al niño! - Sí, señor.
- ¿Usted no estaba haciendo tareas? - Sí, señora, ya las acabé.
Fuera de eso, mentirosa.
Ana Lucía.
Venga para acá. Venga.
¿Cuántas veces se lo tengo que decir?
[Pablo] Mamá, ella no hizo nada. Yo dejé solo a David.
- No más. - Pero, mamá, ella no hizo nada.
- Escúchame, por favor. - [Eugenia] Mira, no más.
Te vas a lavar las manos y quedas castigado.
Ya.
¡Ya!
[música de suspenso]
[hombre] ¡Niño David!
¡Niño David!
[hombre 2] ¡Niño David!
[Analía] Mamá, yo voy con usted a buscar al niño David.
No, Ana Lucía. ¿Cuántas veces se lo tengo que decir?
Usted se queda aquí juiciosa, me hace el favor.
[hombre] ¡Niño David!
¿Me perdonas?
Ay, mija, yo sé que usted no hizo nada con ninguna mala intención.
Más bien perdóneme usted a mí si ando hablándole feo y duro, ¿sí?
- Sí, señora. - Váyase, más bien, juiciosita
para la casa, vaya. Yo no me demoro.
- Pero vaya, vaya, apúrese, juiciosa. - [Analía] Sí, señora.
[Darelis] David.
¡Niño David!
¡David, ey!
¡David!
[Inés] ¡Niño David!
¡Niño David!
¡Mi amor!
¡David!
David, ¿me oyes?
- [quejido] - ¿Niño David?
Niño David.
Ay, Dios mío, Dios mío.
Usted tranquilo, mi amor, sí.
¿Qué te duele?
Ya.
- [David] Me duele mucho. - [Darelis] Sí, yo sé, mi amor.
Espérese...
¿Es este?
- [David se queja] - Ya, ya, ya.
[Darelis] Sí, mi amor, yo sé, yo sé.
[Analía] ¡Apareció! ¡David apareció!
[Darelis] Despacito, despacito, que miren cómo está.
- [Analía] David, ¿estás bien? - [Pablo] David.
[Eugenia] ¿Qué pasó?
Señora Eugenia, como que se partió el bracito.
[Eugenia] ¡Ay, sí ven lo que hicieron!
No, ellos no hicieron nada. Yo me caí solo.
Vaya y busque a su papá y dígale que, no sé, que nos vamos para urgencias
o que se lo lleve ya. Deme, yo lo llevo.
- Mi amor, ¿qué te pasó? - [David] Me duele.
Tú estás preocupada por el niño y tienes toda la razón,
- pero necesito que hagas algo. - [Eugenia] ¿Qué?
El poder que esa niñita Ana Lucía está ejerciendo sobre Pablo
- créeme que ya está llegando a la locura. - Ay, Memo, no más, en serio.
No quiero más idioteces, es que no es el momento.
No, es que yo también podría pensar que es una idiotez.
Pero no lo digo yo, lo dice Pablo.
[música de suspenso]
¿Usted qué está haciendo aquí? Usted sabe que no tiene que estar
haciendo nada en esta casa. Se me retira de ahí.
Señora, qué pena. ¿El niño cómo siguió?
Le pusieron tres puntos en la frente y tiene el brazo quebrado.
- ¿Darelis? - Sí, señora.
Dígame.
Quítese ese uniforme y empaque sus cosas y las de su hija.
Pero... ¿Cómo así, señora Eugenia?
¿Usted me está despidiendo?
¿Y qué creyó? Primero el jarrón, luego lo de David,
¿mañana con qué me van a salir?
Señora Eugenia, por favor, a mí no me vaya a echar.
Mire que, mire que yo tengo una niña, yo no tengo para dónde coger.
Recoja sus cosas, por favor, y se me va hoy mismo de esta casa.
[Darelis sollozando] No, por favor.
Mire, yo llevo con ustedes toda una vida,
pero ustedes no me pueden hacer esto, por favor, ¿sí?
A ver, usted puede llevar aquí toda una vida,
pero hay límites y ustedes dos ya los sobrepasaron.
[música melancólica]
Está bien, señora Eugenia.
Yo me voy a ir de aquí, donde no me quieren.
Pero eso sí le quiero agradecer una cosa.
Y es que antes de irme, por favor, necesito que me pague lo del mes,
mi indemnización y lo demás que me debe.
¿Usted está oyendo lo que está diciendo, Darelis?
Yo a usted no le debo nada.
¿Usted tiene idea de cuánto cuesta ese jarrón?
[Eugenia] No, una fortuna. Mucho más de lo que usted piensa que le debo.
- Pero, mamá, ese jarrón lo rompí yo. - Pablo, no te metas.
Es que no es justo.
Inés, hágame un favor y las acompaña a empacar.
Y revise que no se vayan a llevar nada.
[música de suspenso]
[Pablo] Mamá, mamá, por favor, escúchame, mamá.
Mamá, te estoy diciendo que fui yo el que hizo que Ana Lucía entrara a la casa.
Yo le quité el cuaderno para obligarla.
Yo propuse ir al bosque, yo dejé a David solo. Ella no.
Pablo, la decisión ya está tomada.
Por favor, castígame a mí. Quítame la bicicleta, la Atari,
prohíbeme ir al campo de verano, pero, por favor, no las castigues a ellas,
ellas no hicieron nada.
Tú ya estás castigado.
No las eches.
A ver, Pablo, yo no quiero tener a esas mujeres en esta casa.
Me parecen unas mentirosas y unas embaucadoras, no las quiero aquí.
No puedo creer que para ti sea más importante un jarrón viejo
que dos personas que han sido buenas con todos nosotros.
Pero ya llegarán otras empleadas
y tú también las vas a querer como a ellas, no pasa nada.
Yo nunca voy a querer a nadie como quiero a Darelis o a Ana Lucía.
¿Cómo tienes esa carta?
A ti se te acabó la amistad y el amorcito por esa muchachita. ¿Entendiste?
[música melancólica]
[Darelis sollozando] Mija, no lo sé...
¿Oyó? Tranquila.
[Pablo] Ana Lucía.
¿Podemos hablar un minuto?
Sí, mamita, hágale tranquila. Váyase con él, vaya.
Vaya, Pablo, vaya, vaya tranquilo.
Ana Lucía.
El que usted se vaya de la casa
no significa que no nos vamos a volver a ver, ¿cierto?
¿Cómo se le ocurre, Pablo? Si usted y yo vamos a ser amigos siempre.
¿Y novios?
[música romántica]
Vamos a estar juntos toda la vida.
Y si usted algún día quiere llamarme por teléfono,
diga que es de parte de María José, así se llama una amiga del colegio.
Y, pues, si quiere verme en persona, ya sabe dónde.
En el refugio.
¿Tiene la foto que le di?
Mírela cada vez que se sienta triste o sola
y recuerde que yo siempre voy a estar cerquita suyo, aunque estemos lejos.
Y si usted me extraña o se siente triste, mire la carta que le di
y acuérdese de lo mucho que lo quiero.
- Pero eso sí, cuídela bien. - Mamita, apúrese, ¿sí?
- Que su mamá no se la vaya a ver. - OK.
Pablo, lo voy a extrañar mucho.
[Darelis] Mija...
Mija, ya tenemos que irnos, ¿sí? Despídase de Pablo, por favor, ya.
- [Darelis] Ay, no. - [Analía llora]
[Pablo] No se ponga triste, que usted sabe que a nosotros
nunca nadie nos va a separar.
Ya, por favor, ya, ya.
Lo quiero mucho, ¿oyó, mijo?
Todo va a estar bien, ¿bueno?
Vamos, mija.
[música melancólica]
Eugenia, no te sientas mal por hacer lo correcto.
Mira, tú tenías que sacar a esa niñita como fuera de la vida de Pablo.
Tú no creas que con el despido de estas mujeres
a ti se te acabaron los problemas.
[música de tensión]
Yo lo sé.
Pero sí te quiero pedir un favor muy personal.
Que no creas nada de lo que esa empleada de servicio dijo.
Memo, ¿tú sabes todo lo que tú te estás jugando en este momento?
Porque con un escándalo de esos se te acaba tu matrimonio, tu carrera
y, de paso, la vida de nosotros.
Ten la absoluta certeza de que eso no va a suceder.
Sí, porque yo necesito que este problema con Darelis
lo soluciones lo más pronto posible, y como sea.
[música de suspenso]
[Analía] Ma, ¿y ahora qué vamos a hacer?
Ay, mamita, usted no se preocupe por eso.
Venga. Tranquila, que yo voy a conseguir un buen trabajo
y vamos a estar bien, juntas, como siempre. ¿Cuándo le he quedado mal, a ver?
[Inés] Bueno, y ustedes no se preocupen por eso.
Aquí se pueden quedar todo el tiempo que quieran, ¿oyeron?
- Mil gracias, Inés. - [Inés] OK.
Igual, mamita, yo te prometo que, a donde vayamos,
siempre me voy a portar muy juiciosa y voy a trabajar y te voy a ayudar.
No, señora. ¿Cómo así que a trabajar?
A ver, si es de trabajo, pues, yo me encargo de eso, mija.
Usted lo que tiene que hacer es estudiar. No vuelva a decir eso, Ana Lucía.
¿Qué tal, Inés? No, señora.
Sí, ma, pero ¿ahora con qué plata?
[Inés] Anita, ¿usted por qué no se va a empijamar allá al cuarto
y aprovecha y se cepilla los dientes, sí?
[Darelis] Sí, mamita, vaya, venga. Por aquí está su cepillito. Vaya, mi amor.
- Vaya. - [Analía] Sí, señora.
Esa es la abogada de la que le hablé, ¿se acuerda?
Fabiola Contreras, la del pueblo.
[música de tensión]
[Inés] Ay, no, Darelis, yo sé que usted no quiere armar tierrero porque, pues,
tiene miedo a que la echen, pero es que ya la echaron.
Sí, mija, pero es que yo no tengo plata para pagar un abogado.
Además, yo no sé si me deba ir a las malas con el doctor Mejía.
[Inés] Deje de decirle doctor, que ese lo que es es un patán.
Además, ya tiene que empezar a pagar por todo lo que le hizo.
Pero no. Después del problemón que tuvimos hoy por la tarde, ay, no,
yo como que más bien prefiero que la niña siga pensando que su papá está muerto.
Mire, Darelis, yo solamente le voy a decir una cosa.
Usted tiene una hija
y esa niña tiene un papá que tiene que responder por ella.
Y mucho más ahora que usted se quedó sin trabajo,
sin plata y en la inmunda, no.
Don Rogelio, usted no sabe lo que significa que personas como usted
crean en nuestros proyectos y nos apoyen de esta manera.
[Rogelio] No hablemos bobadas, doctor.
Ambos sabemos que la política es un negocio.
Y usted cuente con que apenas me posicione,
la renovación de sus licencias de transporte van a ser un hecho.
Renovación y ampliación.
Yo necesito que me otorguen más rutas.
Por eso estoy invirtiendo el doble.
¿O algún problema?
Digamos que no hay ningún problema, don Rogelio,
pero yo creo que usted se está acelerando un poco.
No hay ningún problema, don Rogelio, cuente con eso.
No se hable más.
Que esta donación no aparezca en la contabilidad de la campaña.
Perfecto.
Doctor, disculpe la interrupción, pero es que abajo en la recepción
hay una señora que insiste en hablar con usted
y no me la he podido quitar de encima.
¿Quién?
[Analía] ¿Qué estamos haciendo aquí?
[Darelis titubea] Vinimos a recoger la plata que me deben los De la Torre, mija.
La indemnización, mija.
[recepcionista] Señorita.
- Puede seguir, por favor. - Ah, sí, señora.
Usted tranquila.
- ¿Cómo está? - Muy bien. Gracias.
Venga, mamita, por acá adelante.
La niña puede esperar en la salita de arriba, por favor.
[Darelis] Ah, bueno, sí, señora. Usted tranquila.
[recepcionista] Acompáñeme.
[Darelis] Ay, doctor, yo no necesito plata, no quiero plata...
Están peleando, ¿verdad?
[recepcionista] Mire, mejor póngase a dibujar y no se preocupe.
Definitivamente usted no entendió nada, ¿cierto?
Entonces, lo que usted quiere es que yo responda por su hija.
Bueno, eso debería pedírselo al papá.
El papá es usted, doctor. Eso ya lo sabía.
Mire, señora, esa niñita puede ser hija de cualquiera.
Lo que usted debería estar haciendo es realizarle pruebas de paternidad
a todos los peones de la hacienda con los que salía a bailar
y quién sabe qué más.
- Yo no le estoy faltando el respeto. - No, sí lo está haciendo.
Sí lo está haciendo al venir acá a mi oficina
y meterme a una niñita por los ojos
que absolutamente nada tiene que ver conmigo.
La niña fíjese que tiene muchas cosas parecidas a usted, doctor.
- No, yo no estoy para chistes ahora. - Claro que sí.
Porque también sacó sus alergias a las fresas y al maní,
esa que no lo deja respirar bien, y también le saca ronchas
- en todo el cuerpo, doctor. - Mira, Darelis.
Primero, no pierda más su tiempo y no me haga perder el mío.
Segundo, alergias hay por todo el mundo,
cualquier persona puede ser alérgica a las fresas o al maní.
Dígale a su niña que no se sienta tan importante.
Y tercero, esa niñita no es hija mía, así que no me joda más.
Pues, hay una persona que vio todo lo que usted me hizo.
[música de tensión]
¿De quién habla?
Fíjese que no se lo puedo decir...
porque esa persona está dispuesta a hablar si usted no responde por ella.
[continúa música de tensión]
Esto es todo lo que tengo, por ahora.
La próxima semana que pasen las elecciones créame que nos vamos a ver
y vamos a llegar a un acuerdo.
¿Usted cree que con un par de billetes me va a hacer olvidar que abusó de mí?
No, no, no, yo seguramente no me hice entender, pero déjeme terminar.
Es que yo no vine por limosna, doctor.
Yo vine a que usted reconociera a Ana Lucía. ¿Sabe por qué?
Porque también tiene derecho a esa buena vida que tienen sus hijos,
a tener educación, a tener un apellido.
- Usted se enloqueció. - ¡Pues sí, me enloquecí!
[se escuchan gritos]
- ¡No me vuelva, no me vuelva a...! - Escúcheme.
Este es un sitio que tiene que respetar, ¿me entendió?
Esto no es una plaza de mercado, entonces, contrólese.
Sí, ya si fue usted tan hombre esa noche, ¿por qué no es capaz así de...?
¡Me enloquecí porque usted no sabe de lo que soy capaz de hacer!
- No me vuelve a tocar, no me... - [Analía] ¡A mi mamá no la toca!
¿Qué iba a hacer? ¿Qué iba a hacer?
A ella no me la toca, ¿se lo había advertido o no se lo había advertido?
- ¡Mamá, vámonos de aquí! - [Darelis] Ya, Ana Lucía, por favor.
Mamita, espérese un momento, espérese, que todavía tengo algo que...
Dios mío, Ana Lucía, por favor.
Necesito hablar otra cosa aquí con el doctor,
pero espéreme afuera, ¿sí? Espéreme afuera.
Confíe en mí, no va a pasar nada.
Si este señor ya le pegó, ¿quién sabe de qué más es capaz?
Tranquila, tranquila, a ver. ¿Cuándo le he quedado mal, mamita?
En serio, espéreme afuera, ¿sí?
Por favor, por favor. Ana Lucía, hágame caso. Ya.
[música de tensión]
[Guillermo] Darelis.
De verdad, yo jamás había hecho esto. Perdóneme.
¿Sabe qué, doctor?
Yo he venido de muy buena fe a hablar con usted,
pero definitivamente usted quiso todo a las patadas.
Así que, agárrese muy bien y aténgase a las consecuencias
porque se lo puedo jurar que esto no se va a quedar así.
[Darelis] Ana Lucía, vamos.
[música de tensión]
Usted tranquila, ¿oyó, mija?
Todo va a estar bien, usted tranquila, de verdad,
no se me vaya a preocupar por nada, ¿oyó?
Ma, ¿cómo que tranquila?
Dígame, ¿ustedes por qué estaban peleando?
Mija, por, por nada, cosas de adultos, cosas que pasan, ¿oyó?
Ma, ¿cómo que no se preocupe, si ese tipo la lastimó?
Yo sé, mija, pero usted tranquila, ¿oyó? Mire que todo va a estar bien.
Además, las cosas siempre pasan por algo.
Allá arriba está nuestro papito Dios, mija, que nunca se le olvide eso, ¿oyó?
Yo necesito que usted me prometa una cosa.
No le vaya a contar a nadie, mija, a nadie lo que usted vio allá adentro,
pero prométamelo, ¿sí?
Se lo prometo.
Gracias, mi amor.
Ya, tranquila.
[Analía] Pero vámonos ya para donde Inés, no quiero estar más aquí.
No, mija, todavía no podemos.
Tenemos que ir a ver a otra persona.
Vamos y yo le voy contando.
[Darelis] Miremos bien, fíjese, a ver.
¿Será que es aquí?
Ah, sí, sí, es aquí.
Pues, por lo menos eso es lo que aquí dice, ¿cierto?
- Yo creo que sí. - [Darelis] Venga, mija.
Venga…
Es aquí.
Venga, siga usted.
[mujer] Yo creo que podríamos comenzar tipo siete de la mañana.
¿Te parece una buena hora? Por el contrario...
[Darelis] Buenas, ¿cómo están?
Mire, una pregunta, ¿ustedes saben dónde queda la oficina
de la doctora Fabiola Contreras?
Eh, sí, es en el tercer piso, pero si está buscando una abogada,
le recomiendo que vaya a un consultorio jurídico
porque esa señora no es de fiar.
- Bueno, muchas gracias. Hasta luego. - [mujer] Permiso. Doctor...
[mujer] Sin embargo, habría que visitar...
Señora.
Muchas gracias.
- [Darelis] Venga, mija, vamos. - [Analía] Sí, señora.
No se asuste, Darelis, que, con todo lo que usted me contó,
ya tenemos más que ganado ese caso.
- Pues, no sé, doctora. ¿Usted cree? - Claro.
Usted vino en el momento justo a buscarme.
A ese tipo lo que menos le conviene ahorita
es que nosotras le armemos un bochinche público.
Él tiene todas las de perder.
La familia, las elecciones, la carrera política, todo.
No, doctora, mire.
Perdóneme, pero es que yo creo que usted no me está entendiendo.
Yo lo que menos quiero es un escándalo.
Lo único que yo pido es que ese señor venga y me responda
y que me colabore con los gastos de la niña, no más.
- A la final tampoco es que sean muchos. - [Fabiola] No sea bobita.
¿Por qué se va a conformar con migajas pudiéndole sacar carro, casa y beca?
Vea, Darelis, yo quiero que usted pueda confiar en mí.
Por eso no le voy a cobrar absolutamente nada en este momento.
Cuando ganemos este caso, porque lo vamos a ganar,
usted me da un porcentaje y listo.
Lo que sí necesito es que hable con su amiga
para que venga y dé testimonio por la violación.
Ay, no, doctora, eso sí no me lo pida. Mire que yo no puedo decirle eso
a mi amiga porque después va y termina echada igual que yo.
- No, no, de verdad, muchísimas gracias. - No, no, mire, no se preocupe.
Con el proceso legal que vamos a interponer en contra del doctorcito ese,
le van a temblar las patas.
Y con tal de no ir a la cárcel, va a ser capaz de darnos
absolutamente todo lo que le pidamos. Y hasta más.
Confíe en mí.
Ay, yo no sé, doctora, de verdad.
[Fabiola] Mire, empecemos.
[Rosario] ¿Qué te pasa, mi amor?
Nada.
Te conozco.
Tengo un problema que podría poner en peligro mi candidatura al Concejo.
¿Y lo puedes solucionar?
Estoy tratando.
Pues, no trates.
Hazlo.
Los niños y yo nos hemos aguantado tus ausencias mientras viajas
por toda la región como para perder todo por lo que hemos trabajado.
¿No te parece?
[música de suspenso]
Mamita, ¿quiere que le ayude?
No, mamita, vaya más bien para adentro, ¿sí?, que está haciendo mucho frío.
Vaya, que no quiero que se me enferme.
Está bien.
Ana Lucía, venga. Venga un momento.
Venga, mija.
Mire.
Venga. Ayúdeme ahí, yo se la pongo.
- Mami. - Yo sé que usted la quería hace rato.
Pero esa es la cadena de la abuela.
Yo sé, pero es que ahora la va a tener usted, ¿oyó?
Para que me la cuide así como usted me cuidó hoy.
Gracias, mija.
- Mami... - ¿Le gustó?
Sí, señora.
Igual, para eso estamos.
Para cuidarnos una a la otra y protegernos siempre.
Ay, gracias, mi amor. La verdad que sí.
Vaya, vaya, vaya, que se me puede resfriar. Vaya, mamita.
[ríe]
- Cuídela. - [Analía] Sí, señora.
[Darelis] Yo no le cuento a nadie.
- [Darelis grita] - [Guillermo chita]
[Guillermo] Silencio. Silencio.
[Darelis intenta hablar entre sollozos]
- [Darelis] ¡Auxilio! - [Guillermo chita]
[Guillermo] Cállese, cállese. Cállese.
[Darelis llora]
- [Darelis] Por favor, no más. - [Guillermo] Ya, dígame una cosa.
¿A usted le gusta su trabajo? ¿Sí? ¿Le gusta su trabajo?
- Ay, Darelis, mire. - Cuénteme, mija.
Aquí está la demanda de paternidad que le dejó la abogada esta tarde.
Guárdela muy bien porque la original se quedó allá en el juzgado, ¿oyó?
Y que al doctor ese, pues, le hacen llegar su copia.
Oiga.
También me dijeron que usted no había querido denunciar aquello de...
- de la violación. - Pues, claro que no, Inés.
Lo que yo menos quiero en la vida es que la niña se entere
que ella es producto de una violación.
Ay, yo sé, yo sé que es difícil para usted, Darelis,
yo sé que es difícil para ella.
Yo solamente quiero un poquito de caridad.
A ver si con esto ese desgraciado me reconoce algo para la niña.
¿Qué le pasa?
- ¿Ana Lucía está dormida? - Sí, usted sabe que está profunda.
Mire.
Ay, ay, Dios mío.
Mire lo que me hizo ese malnacido allá en su oficina
delante de la niña y de todos.
[Inés] Ay, Dios... Espere.
[música melancólica]
Mire. Póngase alguito.
Así que mañana va a ser la fiesta por las elecciones
- en la casa de los patrones, ¿cierto? - Sí.
Eso invitaron a medio mundo, pero...
pero bueno, menos mal contrataron meseros porque me dieron la noche libre.
Entonces, vamos a ver si mañana el doctor me escucha.
¿O también me va a sacar a las patadas así como lo hizo ayer de su oficina?
[vítores] ¡Ese es, ese es! ¡Mejía concejal es!
[vítores] ¡Ese es, ese es!
¡La sacamos del estadio, Memo, la sacamos del estadio!
[Guillermo] Que no te quepa la menor duda.
- [Eugenia] Qué emoción. - [Guillermo] Sí.
- [Manuel] Felicidades. - [Guillermo] Muchas gracias. Mi amor.
- Ay, mi amor. Felicitaciones. - Gracias.
¿Sabes algo? Las encuestas ya te están dando como ganador.
Manuel José, de verdad, muchas gracias por confiar en mí.
Mira, yo te prometo que no te voy a defraudar.
Nunca lo has hecho.
Y yo estoy muy orgulloso de ti.
- Y de ti también. - Muchas gracias, tío.
Yo sabía que ustedes desde chiquitos hacían un gran equipo.
[Eugenia] Bueno, nosotros nos tenemos que ir ya,
tenemos que arreglar todo lo de la fiesta de esta noche. ¿Vienes con nosotros?
¿Le avisas a Carrasco que me recoja más tarde?
- Claro. - Chao, mi amor.
Chao, mi amor.
- Nos vemos ahora. - [Santiago] Chao, tío. Sí, señor. Chao.
[multitud] ¡Que viva!
Qué fiestica la que nos vamos a pegar hoy, Memo, qué fiestica.
- Dime una cosa, ¿invitaron a Rogelio? - ¿A Rogelio?
- [Guillermo asiente] - ¿El campesino ese?
¿Cómo se te ocurre que vamos a invitar a Rogelio a nuestra casa? Obviamente no.
Él ya hizo lo que tenía que hacer por nosotros.
Ahora más bien, tenemos que pensar es cómo nos lo vamos a quitar de encima, Memo.
Ven, que estás un poquito aquí desarreglado.
- Vamos. - Vamos.
- [hombre] ¡Viva, concejal! ¡Viva! - [hombre] ¡Vamos!
Sí, te gané.
Soy el mejor de todos.
- Esto está como... - Te tengo una sorpresa.
¿Qué pasó?
Esto es... [se sorprende]
Te quedó como nueva.
[David] ¿Cierto? Pero te va a tocar esconderla bien
porque donde mamá la vuelva a encontrar, la vuelve a romper.
Pues, tú la vuelves a pegar, ¿no?
[David] Sí.
¿Qué vas a hacer?
¡No! Esos son los ahorros para el viaje.
¡Ay, Dios mío! ¡Sí, sí!
Ven. Mira todo esto.
[David] ¡Cuánta plata!
[Pablo] ¿Desde cuándo llevamos ahorrando todo esto?
- [Analía] ¿Ya casi? - [David] Sí, ya casi. Ya casi.
- Cinco. - David.
Cuatro.
Tres, dos, uno.
Listo. Cuidado ahí.
[música romántica]
- ¿Y esto? - ¿Le gusta?
David me ayudó a hacerlo.
¿Qué es eso?
Ay…
No, pero esto es mucha plata, yo no puedo recibirles esto.
Claro que sí. Bueno, lo único sería que no le digas a nadie
que nosotros te lo dimos.
O si no, mi mamá les manda la policía encima.
Sí, David escuchó decir a mi mamá que si ve a Darelis o a ti por la casa,
los llama.
Nosotras por allá no nos vamos a aparecer.
Pero es que, en serio, yo no puedo recibirles esto.
[David] ¡Que sí!
Bueno, es porque tú lo necesitas y porque tu mamá también.
Mira, si no quieres que sea un regalo, haz que sea un préstamo.
Ustedes son lo mejor que me ha pasado en la vida.
En serio, muchas gracias. Mi mamá se va a poner feliz.
Yo voy a esperar afuera.
Ah, y si creen que me voy a ir por allí lejos, no.
[Pablo] Eso espero.
[música romántica]
Muchas gracias.
Gracias a usted.
[David] Pablo, ya nos tenemos que ir. Mis padres ya debieron haber llegado.
¡Pablo!
Vaya, en serio, no quiero que lo regañen por mi culpa.
Más bien nos vemos la próxima semana.
Y la próxima.
Y la próxima y todas las próximas semanas del mundo.
Novia.
[continúa música romántica]
[Pablo festeja] ¡Yes!
[Analía] ¡Ma!
¡Mami!
- Inés, vea lo que les traje. - Muestre, a ver, qué trajo ahí.
Uy, Ana Lucía.
Inés, ¿y mi mamá?
[Inés] No, pues, su mamá salió,
pero le dejó dicho que se portara bien juiciosa, ¿oyó?
¿Y será que se demora?
Pues, no.
Ella dijo que iba a hacer una vuelta y que, apenas terminara,
pues, se venía para acá.
¿Y a dónde fue?
¿Usted por qué me está preguntando tantas cosas?
Mi mamá se fue para la casa de los De la Torre, ¿verdad?
- Pues, sí, pero ella ya no se demora. - ¿Qué?
[Inés] ¿Qué? ¿Para dónde va?
Venga para acá, que su mamá me dejó dicho que no la dejara salir.
¡Venga, Ana Lucía!
Ay, no, y ahora esta niña.
[música de suspenso]
[música alegre de fondo]
- ¿Se ha sabido algo? - [Eugenia] Estamos esperando todavía.
Sí, no ha salido todavía el primer reporte oficial.
- Estamos muy pendientes para festejar. - [Manuel] Muchas gracias. Asunción.
[reportero] Nos despedimos hasta un próximo boletín informativo.
- [Guillermo] Carrasco, ¿qué hubo? - [Carrasco] Dígame, señor.
Yo ya estoy llegando donde los De la Torre.
Váyase ya mismo por Rosario, que todos los invitados nos deben estar esperando.
[Carrasco] A la orden, señor.
- No se demore. - [Carrasco] Sí, señor.
[toca bocina]
[Guillermo] ¿Darelis?
Darelis, ¿usted qué hace aquí?
Necesito hablar con usted.
¿Cuántas veces le he dicho que yo no le voy a dar plata para su hija?
Ay, doctor, definitivamente usted no ha entendido nada, ¿cierto?
Yo no necesito plata, no quiero plata.
Lo que quiero realmente es que usted responda por su hija.
- Mire. - [golpe de música]
[música de suspenso]
¿Y esta demanda de paternidad significa qué?
Yo no tengo nada que ver con su hija.
Pues, aunque le duela, sí. Esa niña a la que usted grita
y a la que trata a las patadas no puede ser más hija suya.
Pero si no lo quiere reconocer,
entonces, va a tocar que un juez lo obligue, ¿cierto?
No, no, Darelis, venga, venga, venga. Espere.
No, no, espere, espere.
¿Por qué no hablamos de esto en un lugar...
más privado y con más calma?
Hágalo por su hija.
Por nuestra hija.
[Darelis] Es que por ella es que he tratado
de hablar bien con usted, doctor.
Porque quiero asegurarme de que ella tenga
las mismas oportunidades que tienen sus hijos.
Salud, educación y su apellido.
Y lo va a tener.
Mire, yo reflexioné.
Yo reflexioné desde la última vez que hablamos y usted tiene toda la razón.
Va a tener eso y mucho más.
Confíe en mí.
Y ese es el problema, que yo no confío en usted.
Y como no le creo nada...
voy a ir a que se haga justicia.
Y le voy a contar todo al doctor Manuel José
y a todos sus invitados lo que usted me hizo.
Venga, Darelis.
Darelis, Darelis, venga. [titubea]
Hablemos, Darelis.
- [música de suspenso] - [resopla]
[música de tensión]
[acelera el carro]
[continúa música de tensión]
¡Mami!
¡Mamá! ¡Mami! ¡Ma!
[llorando] ¡Mamá, no!
¡No, mamá!
[gritando] ¿Por qué? ¿Por qué?
¿Qué le hizo? ¡La mató!
Ana Lucía, no.
Tranquila, que ella va a estar bien.
¡Mamá! ¿Qué le hizo?
¿Por qué? ¿Por qué la mató?
No, no, no, no. Ella va a estar bien.
Venga, venga. Venga, venga. ¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía, venga!
[música de suspenso]
¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía!
[continúa música de suspenso]
[Guillermo] ¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía! ¡Ana Lucía!
[llora]
[Guillermo] ¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía!
¡Ana Lucía!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.