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Un currículo impecable.
Tres años infiltrado con los radicales asturianos.
¿Sabe qué dicen de usted?
Que es un enchufado y no ha hecho la "mili".
Estuve tres años en Asturias.
He picado piedra como un minero más.
Se le han pegado esas ideas.
Don Fernando de la Escosura, delegado de Gobernación.
Y desde hoy, nuestro jefe.
-Queda ascendido a inspector.
Después del comisario Buendía, será el siguiente.
Por la Brigada. -¡Por la Brigada!
¿Sabe Carballo que es su superior?
Por la cara que puso, diría que sí.
¡Cecilia! ¡Víctor!
¡Qué barbaridad, lo que has crecido!
Un benefactor paga los libros y el material escolar.
Hay un problema: me quieren casar con él.
¡Ah!
No tenía otro sitio al que ir.
"Acepto casarme con Fernando".
¡Qué feliz me haces, hija!
¿Cómo ha ido?
¿Ha investigado a Aldanza? Sí.
¿Qué sabe del asesino?
Veo que lo tiene claro.
Vengo a detenerlo.
"¿Por qué tenía que morir?".
"Era la forma de que le devolvieran el caso y le ascendieran".
Es un psicópata que no ha superado la muerte.
"Fueron asesinadas cuando sus hijos cumplían años".
"Abandonaban a sus propios hijos".
Como me contó que hizo su mujer.
Ahora Ud. y yo nos vamos a comisaría.
No me detendrá.
Antes prefiero la muerte.
¡Aldanza!
(Disparos)
¡Aldanza!
Aún no me creo que seas mi esposa.
¿Te vas? Debo hacerlo.
Ten cuidado. ¿Por qué?
Por la noche pasan las cosas malas.
(Grito)
(Puerta)
Deja, ya abro yo. ¿Quién será a estas horas?
¡Eugenio!
¡Dios mío!
¿Malas noticias? Juan Lastres murió ayer.
¿Quién es ése?
El líder del grupo asturiano. Yo fui quien lo detuvo.
Lo dice como con pena. Ponía bombas.
Así que muy buena gente no era. Usted cumplió con su deber.
Una docena.
A veces no le entiendo.
Ni cuando acabó con Aldanza estaba satisfecho.
Siguió matando mientras yo le trataba como a un amigo.
Muy listo no estuve.
¿Aún le sigue dando vueltas a lo mismo?
Cada día y cada noche.
Vengó a don Armando, doña Angustias está en paz.
Sus casos son éxitos.
Por el camino he perdido muchas cosas.
Demasiadas. Aldanza tenía que haber sido juzgado y condenado.
La gente como él siempre se va de rositas.
Mejor muerto él y muerto su criado.
Relájese. Le quedan muchos toros.
Y sin temple, hasta un sobrero parece un miura.
(Reloj)
Buendía quiere que vayan a su despacho.
Vamos.
Borrás ha vuelto a casa. Anoche.
Se cumplía una semana desde su desaparición.
Se fue de juerga y ya se ha cansado.
La juerga debió ser de muerte.
Parecía un resucitado que hubiera salido de su tumba.
A su esposa casi le da algo cuando le vio.
¿Qué piensa, Ros?
Hay dos posibilidades.
Una, que se haya escapado de su cautiverio.
-La otra es que la familia haya pagado el rescate sin avisarnos.
Exacto. Y puede haberlo pagado en dinero o en especias.
Y no sé qué es peor.
Borrás es proveedor
de pólvora y municiones de nuestro ejército.
Ros, Blázquez, vayan a ver a Borrás a ver si averiguan algo.
¿Y Carballo? Él realizó las primeras investigaciones.
Tiene otro caso que llevar.
Quiero que utilice sus contactos
para averiguar si los radicales hacen algún movimiento en Madrid.
-¿Lo hago a mi manera? -A la manera que haga falta.
No es necesario que se vayan mañana.
La fábrica de Bilbao endereza el rumbo.
Siento dejar de ver cada día a mi hija.
Tú ya has hecho mucho por nosotros,
y todos debemos arrimar el hombro.
A Ana le hace ilusión volver a ver a sus hermanas.
Les iré a visitar. Sin prisa, Clara.
Tus obligaciones están aquí, con tu marido.
-Y con sus clases
y su lucha por la igualdad. -Hija, ¿sigues con esos temas?
¡Tu marido trabaja para Gobernación! Seguiría luchando por eso
aunque fuera el presidente del Gobierno.
-Si yo fuera presidente,
lo primero que haría es que las mujeres tuvieran los mismos derechos.
Debo irme. Hoy es un día importante para la Brigada.
He conseguido un laboratorio forense como Dios manda.
Lo siguiente serán teléfonos y un gabinete fotográfico.
-El señor Ros estará muy contento.
No lo sé. Hace tiempo que no nos vemos.
Pero sé que se alegrará con estas noticias.
Nos vemos para cenar, cariño.
-Te acompaño. Tengo unas gestiones que hacer en el centro.
¿Eres realmente feliz, hija?
¿Y por qué no iba a serlo? Fernando es maravilloso.
Y guapo. Ya me lo has dicho. Me preocupa.
Porque no sé si lo repites tantas veces
para convencerte de tu decisión.
Madre, no se preocupe. Soy muy feliz, de verdad.
Sr. Borrás, soy Víctor Ros, inspector de policía.
¿Cómo se encuentra? No sé si le escucha.
Y si le escucha, no le entiende.
Está como ido, apenas he conseguido que balbucee dos palabras seguidas.
Y sin sentido.
Estamos apañados.
Disculpe, inspector.
Pedro Borrás, su médico y su hermano.
Encantado.
¿No se dedicó a la munición? No.
El negocio lo heredó Eugenio, era el mayor.
Siempre he preferido curar heridas que causarlas.
¿Qué es lo que le ocurre?
Tiene heridas en la cara, dos costillas rotas
y un golpe en la nuca, aún está inflamada.
Podría haber sido mortal de necesidad.
Lo querían matar como a un conejo. ¡Blázquez!
Su compañero ha dado la definición exacta.
Tiene las uñas destrozadas. ¿Se defendió de sus captores?
No he encontrado piel ni restos humanos.
Sólo barro y esquirlas de ladrillo. Le daré un parte de lesiones.
Me gustaría examinar la ropa que llevaba.
Estaba destrozada y muy sucia.
La han llevado al patio, para quemarla.
Blázquez, vaya por ella, rápido.
Vengo a darle ayuda espiritual al enfermo.
(Reza en latín)
(Grita)
¡Padre, por favor, salga!
-¡Está endemoniado!
-Le vendrá bien dormir unas horas.
¿Otra vez estudiando?
¿No sería mejor que dieras un paseo?
No. Prefiero estudiar. ¿Para qué?
¿Para ir a la universidad?
A las mujeres no nos dejan entrar. No aspiro a tanto.
Con leer el periódico o alguna novela, me conformo.
Eres una ilusa. ¡Otra vez!
Esta vez me vas a escuchar.
En todo este tiempo con Víctor, ¿cuántas veces te ha dicho
de llevarte a algún sitio que no sea estar follando?
Ni una vez, ¿verdad?
Es como todos. Te quiere para lo que te quiere.
Víctor es distinto. No lo es.
Es mejor que los demás hombres. Pero no es distinto, cariño.
¡Déjame en paz!
(Reza en latín)
Siento interrumpir sus oraciones, pero debo hablar con ustedes.
Cuando digo ustedes, me refiero a la familia.
Es como si fuera uno más. Pregunte lo que quiera.
Está bien.
Su marido desapareció hace una semana. ¿Notó algo raro?
-Ya hemos respondido a eso. -No. Como ya dijimos,
el cochero le dejó en el café que hay debajo de su despacho.
No subió. A partir de ahí no hemos sabido nada.
¿Recibieron algún mensaje pidiendo rescate?
-Ya lo hemos dicho: no recibimos ningún mensaje.
Su padre está aquí.
O logró escapar o pagaron ustedes un rescate.
Le juro por Dios que no hemos pagado una peseta.
No sé quién se llevó a mi marido. Sólo sé que no es el mismo.
-Hay que entenderlo, Beatriz: lo ha pasado mal.
Ha debido sufrir, es normal... -No, no es normal.
El sufrimiento es penitencia y don Eugenio estaba acostumbrado.
¿Qué quiere decir?
Un hombre de misa diaria no reacciona así
ante la cruz si no está poseído por el demonio.
-Ya hemos hablado de eso.
Yo me encargo de su cuerpo y ya habrá tiempo de arreglarle el alma.
-El cuerpo es el templo del alma. -No discutan más, se lo ruego.
No les molestamos más.
Nos llevamos la ropa, para analizarla. Se la devolveremos.
No hace falta. Apesta.
Sí que huele mal. Como a azufre.
¿Lo ve? ¡Está endemoniado!
-Yo les acompaño.
Gracias.
¿Cree que su hermano podrá volver en sí pronto?
Lo que pasa en la cabeza de un hombre es un misterio.
Y seguirá siéndolo por mucho tiempo.
Por aquí.
Esto huele a azufre que tira de espaldas.
Sí. Recién traído de las calderas de Pedro Botero.
-¡Madre del amor hermoso! ¡Ni lo nombre!
¿Cree que han pagado un rescate?
Hay algo que no nos han dicho y tenemos que averiguarlo.
-¿El inspector Ros, por favor? Soy yo. ¿Qué quiere?
Soy Raúl Córcoles, el nuevo forense de la Brigada.
¿Tenemos un forense para nosotros?
Firmé el contrato esta mañana. ¿Y quién le ha contratado?
Don Fernando de la... De la... De la Escosura.
Soy horrible para los nombres. -Empezamos bien.
-Quiere verle. Si me acompaña al laboratorio...
¿Al laboratorio? Sí, claro...
Tenga.
Esto huele a azufre, ¿no? Bastante.
¿De dónde habrá salido este pollo?
¿Le gusta?
Sabía que se estaba construyendo.
Saber que por fin tenemos un laboratorio nuestro,
es fantástico.
¿Puede dejarnos un momento a solas? -Sí, señor.
¿Es bueno? -Muy bueno.
Doctor en Medicina y en Química.
Número uno en cada promoción.
Tiene algo que fue lo que me decidió:
curiosidad por lo nuevo. Como usted.
Es de última generación.
Le dije que modernizaría la Brigada. Y lo que prometo, lo cumplo.
Va a venir a Madrid Marcello Picorelli.
Es la mano derecha de Juan Vucetich, de Buenos Aires.
Es el primero que ha solucionado un caso con huellas.
Exactamente.
Va a venir a dar un curso sobre obtener huellas digitales.
Darle sólo las gracias me parece poco.
No me las dé. También tengo algo que reprocharle.
No aceptó la invitación a nuestra boda.
Pensé que mi presencia no era oportuna.
Tampoco ha vuelto a ver a Clara.
No creo que deba estar encerrada.
No es ese tipo de mujer. Enciérrela y volará.
Lo sé.
Sería injusto que se rompa una amistad como la que tenían.
Agradezco su intención.
Ya sabe dónde me tiene si necesita algo.
Gracias, señor.
¡Ostras! ¡Tenemos laboratorio! ¡Que tiemble Scotland Yard!
Vamos a cenar a casa. Hay que celebrarlo.
¿Estofado?
Un poco fuerte para cenar.
-Ya se lo he dicho, pero no me hace caso.
-Pues claro que no. Si no comes nada.
Que un día te va a llevar el aire. Yo la veo bien así, como está.
¿Qué va a decir usted? Si está hecho un tirillas.
(Llaman)
Ésa será Reme. Es nuestra nueva vecina.
Su marido se fue a Cuba hace diez años
y adiós, y con una niña de la edad de Emilia.
Yo soy mayor.
¿Qué pasa, Reme? Tiene que ayudarme.
Usted es policía, tiene que ayudarme.
¿Qué ha pasado?
Antonio...
¿Eres tú, Antonio? -Usted se confunde, señora.
-Antonio, ¿por qué no me escribiste más?
-Señora, creo que me confunde con otra persona.
-¿Por qué me haces esto?
-Deje de molestar o llamo a un guardia.
¡Era mi marido, lo juro!
-Si es él, el inspector Ros lo averiguará, ¿verdad, Víctor?
Claro.
Si me da el nombre... Algo con lo que empezar.
Se llama Antonio. Antonio Romero Belmonte.
Le he traído una foto, salimos con nuestra niña.
El inspector tiene otros temas importantes.
Tiene una cicatriz en el brazo izquierdo.
Se cortó con una hoz.
No podemos pedir que enseñen el brazo.
También les traigo sus cartas, por si son de utilidad.
Se creen que me estoy volviendo loca, ¿verdad? ¡Era él!
Lo juro por mi niña, lo que más quiero en el mundo.
No, Reme. No creo que esté loca.
Investigaremos hasta donde sea posible.
Gracias, señor.
¿Te pasa algo?
¿Por qué?
No sé, te he notado raro.
Si tienes algún problema, puedes contármelo.
Mejor que no. Así te evito dolores de cabeza.
Cuando me duele la cabeza es cuando no me dices nada.
Venga.
Ha muerto un hombre al que detuve hace un año.
¿Por qué le metiste en la cárcel?
Iba a poner una bomba en un cuartel. En Oviedo.
Entonces, ¿por qué te da pena?
Era un hombre desesperado. Un minero.
Trabajaba en unas condiciones horribles.
Estuve tres años infiltrado, haciéndome pasar por minero.
Era uno de los suyos.
Y logré que detuvieran a todos.
El problema es...
Que acabaste viendo que tenían razón en muchas de sus quejas.
Si no lo hubieras hecho habrían muerto muchas personas.
Eran unos asesinos.
Y el pasado es pasado.
No, Lola.
El pasado siempre vuelve. Y te recuerda lo que más te duele.
¿Está leyendo las cartas de Reme? Sí.
"En cuanto ahorre un poco y podamos montar casa, os venís".
Y luego, si te he visto, no me acuerdo.
De verdad, no tiene que molestarse en el tema. Bastante lío tiene.
Reme está desesperada. A saber qué vio.
Suelo creer a la gente desesperada.
No perdemos nada por enviar un cable.
Se lo he encargado a Sánchez. Muchas gracias.
Por cierto ¿ha visto la portada de "El Heraldo"?
No.
"El endemoniado de Atocha". Título de novelista.
Novelista, no sé si es. Fantasioso, un rato.
Jefe. ¿Pasa algo?
Han robado en las oficinas de Borrás.
Vamos.
Cuando llegué, la caja estaba cerrada.
La sorpresa me la llevé al abrirla.
No parece que esté forzada. ¿Alguien más conocía la combinación?
Sólo el patrón y yo.
Ni siquiera quería que se abriese en presencia de otros empleados.
¿Y qué había dentro? De todo.
Acciones, títulos de propiedad
y, desde hace unos días, dinero. Me había ordenado aprovisionar.
¿Tenía alguna operación a la vista?
Supongo. Pero ni yo sé qué podría ser.
Facturas, correspondencia comercial.
¿Es el libro de cuentas? Sí.
Pueden examinar lo que quieran. Estoy a su disposición.
Gracias, pero de momento, nos lo llevamos.
Ni idea. Ese cajón es privado del señor Borrás.
Y nunca he tenido llave.
No me parece bien abrirlo sin su consentimiento.
En su estado va a ser difícil pedírselo.
Crespo.
Blázquez.
Y eso que con las prisas ha venido sin desayunar.
Y aquí pone "Contabilidad B".
Nos lo llevamos.
¿Alguna novedad?
-Sí. Pero no la que yo me esperaba.
No he detectado ningún movimiento extraño en los núcleos anarquistas.
Mis contactos me dicen que no hay novedad.
-¿Entonces?
-El problema viene de fuera. Y no es Borrás.
-¿Quién es?
-El hijo del tipo que murió hace unos días en la cárcel.
Un tal Lastres.
-¿Es uno de los que detuvo Ros?
-Así es. Le han perdido la pista en Oviedo.
-O sea que no tiene que ver con Borrás, sino con el propio Ros.
-Pasa a veces.
Uno busca una cosa y se encuentra otra.
¿Qué hago? ¿Informo a Ros?
-No.
Temo que, de estar infiltrado con los radicales,
le conozcan demasiado bien.
Eso le convierte en un blanco más fácil para ellos.
-Entonces, ¿qué hago?
-Quiero que sea la sombra de Ros.
-¿Yo? -Sí.
Y hágalo bien. Que no se dé cuenta.
-¿Yo, guardaespaldas de ese engreído?
Lo hace porque es el ojito derecho de don Fernando.
-Lo hago porque Ros es el mejor policía.
Y no crea que no me cuesta reconocerlo, que me toca los cojones.
Dejo su seguridad en sus manos.
-Tranquilo, comisario.
Por encima de todo, soy un soldado:
lo que me ordenan, lo cumplo.
-Bien.
-Buen viaje, Augusto. Y gracias. -Gracias a ti, Fernando.
-Ya están las maletas en el coche.
-Perfecto.
Hija...
Dame un beso, hija mía.
-Vamos, Ana. Que no es un adiós, es un hasta luego.
No nos pongamos trágicos.
-Cuida de ella, Fernando. -Vamos, que el tren no espera.
-Desde luego, Augusto,
cuando decides ser un insensible, eres mejor que nadie.
-¿Qué te ha dicho tu madre? Te has emocionado al oírlo.
Que no entendía cómo iba a ser su vida sin verme.
(Rezan en latín)
No creo que a Borrás le ayude que le planten un circo bajo su casa.
-¡Más alto! ¡Que nos oigan en el Cielo!
Discreto, no es.
No me preocupa él, me preocupan quienes le siguen.
La culpa es de la prensa.
La portada dice: "El endemoniado de Atocha".
¿Qué van a poner mañana, "Que viene el Coco"?
"El Tío Saín mata a un niño por no irse a dormir".
No dé ideas.
(Rezan en latín)
Lo siento, pero sigue igual.
¿No le dará muchos tranquilizantes?
Le tendríamos que atar a la cama. Está agresivo.
Fíjese el arañazo que me dio.
Ni me reconoce a mí, que soy su hermano.
Dejemos al doctor, él sabe lo que hace.
¿Sabe si está su esposa en el salón?
Sí. Yo les acompaño.
Y van a tener ustedes suerte: ahora no está rezando.
Ustedes dicen que no han pagado rescate por su marido.
Ha desaparecido dinero de su caja.
Y sin tener que forzarla. ¿Cómo se explica eso?
No tengo ni idea,
pero le vuelvo a jurar que no he pagado ningún rescate.
Claro. Supongo que tampoco sabrá
que su marido tenía una contabilidad paralela.
Lo siento, pero no sé de qué me habla.
Tal vez mi hijo sepa más que yo. Ayudaba a su padre en los negocios.
-Sabía que existía, pero es normal. Todas las empresas la tienen.
La tendrán, pero es un delito.
¿Sabía que muchos pagos eran en dólares?
Se lo aconsejé yo.
Es de las pocas veces que me hizo caso.
Con la guerra, la peseta se devalúa.
El dólar es estable. No es delito.
No, eso no.
Blázquez.
"Ogilvy & Son, Frontino Cuba Company".
¿Les suenan de algo estas compañías?
Empresas norteamericanas con sede en Cuba.
Y buenos clientes, por toda la pólvora que les han vendido.
El mercado es el mercado.
Y la desvergüenza.
-¡Por favor! Esas empresas, muy señor mío,
están siendo investigadas como cómplices de los rebeldes cubanos.
-No puede ser. Mi hermano es un patriota, siempre lo ha sido.
Sólo suministra a nuestro ejército. Y a nuestro enemigo.
Nuestros soldados mueren en Cuba con pólvora española.
Espero que también recen por ellos.
Si nos disculpan... Vámonos.
Me cago en sus vidas. ¡Son unos traidores!
-Cálmese, Buendía.
En estos momentos se necesita frialdad.
Y se saben las leyes al dedillo. Cierto.
El gobierno norteamericano no puede intervenir en Cuba
a no ser que se declare en guerra.
Y pasa por el senado, donde no lo tienen fácil.
Recurren a empresas privadas.
-Cerremos el negocio. ¡A la cárcel!
Paso a paso, comisario.
-¿Qué sugiere que hagamos?
Que se paralicen las ventas de inmediato.
Pero lo demás, dejarlo como está
hasta que resolvamos el caso de Borrás.
-Si igual que vende pólvora a los cubanos,
lo mismo se la vende a los anarquistas
para hacer explotar el Congreso.
-¿Cree eso posible?
No hay que descartar ninguna hipótesis.
Se debe actuar con sigilo.
Así se hará, no le quepa ninguna duda.
-Bien.
¿Qué tal ha ido todo? Bien, bien.
Fíjese.
Empezamos con un secuestro y nos encontramos con alta traición.
Mejor no hablar de ello hasta que resolvamos el secuestro.
Quizás haya sorpresas.
Como el Papa no desvele que la Santísima Trinidad eran cuatro...
Inspector, un cable para usted.
De la policía de Cuba.
Sobre un tal Antonio Romero Belmonte,
el tipo que buscaban. Sí.
¿Malas noticias para Reme?
Me temo que sí.
¿Antonio muerto? No es posible.
Se han equivocado.
-Mujer, si mi marido y el señor Ros lo dicen...
La policía cubana nos ha enviado certificados.
Y con la que les está cayendo, bastante mérito tiene que contesten.
¿Están seguros de esto?
Sería mucha casualidad que hubiese dos Romero Belmonte en Camagüey.
Lo siento, no hay ningún error.
Les juro que le vi en Madrid.
Además, ¿cómo va a ser el mismo?
Aquí pone que era viudo. Y yo estoy vivita y coleando.
¿Qué ocurre?
Tu marido se volvió a casar en Cuba,
con una tal Hortensia Buenaventura.
Pero ¡qué cabrón!
Todo esto es mentira. Mi marido vive.
Le vi el otro día. -Será mejor que te acompañe a casa.
-¡Es mentira! ¡Era él, lo juro!
Reme, tranquilícese, por Dios.
¿Ya te vas? Sí.
¿Sabes que escuchar es de mala educación?
Soy curiosa de naturaleza. Como tú.
¿Te puedo pedir un favor? Claro.
Es que he escrito una cosita.
Como eres tan leído, me gustaría que opinaras.
¿Escribes? Sí.
De mayor quiero ser o escritora o policía como tú.
O como tu padre.
Como tú. Eres más listo que mi padre. Lo dice él mismo.
¿Lo leerás? Esta misma noche.
¡Gracias! De nada.
¡Tío Víctor!
¡Juanito!
¡Felicidades! Gracias.
¿Y eso?
¿Esto? Un regalo. Aunque no sé si te lo mereces.
Claro que me lo merezco.
¿Y qué haces aquí? Trabajo.
¿Trabajas? Anda, vamos a ver a tu padre.
¡Hala!
¿Te gusta?
-¡Mucho!
-Anda, ve a enseñársela a tus amigos.
Eh, Juanito, ¿qué se dice?
-Gracias. De nada.
-No lo malacostumbres. No me puedo permitir estos lujos.
Me encanta verlo feliz. Y más después de lo que le pasó.
¿Un vino? Por mí, bien.
Por tu hijo.
No puede haber mejor brindis.
He pensado que mañana podríamos merendar en el campo.
Yo llevo todo. No. Vamos, pero si lo llevo yo.
Perfecto.
Tengo ganas de presentarte a alguien.
¿Una chica?
¿Es una de esas señoritingas tuyas? No.
No lo es. Es de los nuestros.
Es una mujer maravillosa a la que no trato lo bien que debería.
Mal hecho, extremeño.
A las mujeres maravillosas hay que tratarlas con mimo.
"Cada vez que te veo llegar noto pajarillos en el estómago".
"Mis padres creen que soy una niña, pero pronto cumpliré 15 años".
"En el pueblo hay chicas de 16 que ya se casan".
"No me falta tanto. Te quiere, Emilia".
¿Más problemas?
No. Estás muy guapa.
Repítemelo otra vez.
Estás guapísima.
Otra vez. No, que al final te lo vas a creer.
Tengo algo que proponerte.
Mañana voy a celebrar el cumpleaños del hijo de un amigo.
Paseo por el campo... Nada, poca cosa.
¿Quieres venir?
Claro.
¿Estás bien? Sí.
Estaba pensando en mi madre.
Bueno, mejor eso que estuvieras pensando en otro hombre.
Haz lo que sea por ser feliz, hija.
Lo que sea.
Perdón la tardanza. Suelo ser más rápido,
pero he estado organizándolo. Tranquilo.
Cuéntenos qué ha encontrado.
Casi todos los restos del traje eran muy corrientes:
tierra, manchas de sangre suciedad, vaya.
Lo interesante es el polvillo amarillento que huele a azufre.
Lo asocié con la pólvora, como el señor Borrás la fabrica...
La pólvora está formada por azufre, nitrato de potasio y carbono,
y no coincide con esto.
Seguiré investigando. Si descubra algo, llámenos.
Por supuesto. Gracias.
Si Sánchez sonríe, es que ha descubierto algo.
Sí. Les va a gustar.
Miren la tercera página.
¿Qué le parece, inspector? Lo encontré en un número atrasado.
¿Este no es el marido de Reme? ¿Y el de al lado?
Su jefe. Un tal Palau.
"Jaime Palau, próspero importador de ron y tabacos,
que acaba de establecerse en Camagüey,
prueba del brío de la industria española".
¿No puede estar mal el pie? Me he acercado a la revista
y me han regalado unos ejemplares viejos.
Aquí, el señor Palau, solo,
inaugurando unas bodegas.
Aquí, cuando Cánovas viajó a La Habana.
No hay duda.
Antonio Romero se está haciendo pasar por Palau.
El que murió fue él y no el marido de su vecina.
Ya sabemos algo: que Reme no está loca.
Buen trabajo.
Quiero a ese impostor en los calabozos.
Encárguese. Ahora mismo, jefe.
-Jefe, hay una señora en el despacho
que dice que nos ayudará con lo de Borrás.
Vamos.
"Paja... pajari... llos".
¡Mierda!
"Te quie... quiere,
Emi... Emilia".
¿"Te quiere, Emilia"?
Aquí hay una fortuna. Y en dólares.
Les juro que yo no tenía ni idea de lo que había dentro.
Al ver en el periódico la foto del secuestrado,
vi que le conocía.
Han tenido suerte, no leo el periódico.
Lo uso para envolver la verdura y meterla en la fresquera.
Crespo. -Sí, señor.
Dele registro de entrada y cuente el dinero.
Sí, señor.
¿Y si nos dice todo lo que sabe?
Desde el principio. -Sí, señor.
Atiendo la portería de una finca en la calle Toledo.
No hay vecinos normales. Quiero decir,
los pisos los tienen alquilados a gente de posibles,
para llevar ahí a sus líos. Ya me entiende.
Sí, lo entendemos.
El señor Segura, que al final se llamaba Borrás,
según los periódicos, tenía allí su nidito de amor.
Ya. ¿Alguna compañía que le llamara la atención?
Siempre venía con las mismas, dos señoritas.
Una morena, menudita.
La otra, una mujer de bandera, alta, rubia.
¿Y el maletín?
Me lo dio el señor Borrás hará una semana.
Me dijo que ya lo recogería. Pero nunca lo hizo.
Esa misma noche no paré de oír golpes en la casa.
Como si buscaran algo. Probablemente el dinero.
-Que no es poco, jefe. 2000 dólares.
-Si llegan a saber que lo tenía yo...
Vaya picadero se gastaba el amigo. Esto vale una pasta.
Podría ser la rubia que dijo la portera.
Podría ser. Sigamos buscando.
Coño. Vaya colección.
¡Madre del amor hermoso!
¡Mire, Velázquez! ¡Qué pechos! Déjelo, que se va a poner malo.
Las Hijas de Venus.
Está por aquí cerca, por Barquillo. Pero nunca he entrado.
Lea.
"Gracias por las flores. Elizabeth".
Ya tenemos trabajo para esta noche. Si quieren, les acompaño.
Siga buscando, Crespo. Sí, señor.
¿Dónde aprendió eso?
Lo leí en una novela.
"Sé que no entenderéis mi marcha, pero he decidido ser feliz".
"Hasta nunca, Eugenio".
La familia no nos ocultaba una petición de rescate.
Nos ocultaba que Borrás quería fugarse.
Ya sabemos adónde se quería fugar.
Dos billetes de tren a Valencia y otros dos a México, a Veracruz.
Están partidos por la mitad.
¿Vamos a ver a la familia? No.
Aún no. Hágame un favor, Blázquez:
e informe de todo a Buendía.
Esta noche a las diez, nos vemos en Las Hijas de Venus.
Lola.
¿Por qué no te has vestido? Nos están esperando.
Vete con tu Emilia.
La de los pajarillos que te quiere tanto.
¡La has leído!
¿Sigues estudiando?
Por mi cuenta. Y no me sé muchas palabras,
pero el "te quiero" me lo sé de sobra.
Estoy orgulloso de ti.
Y Emilia...
Emilia tiene catorce años. Y es la hija de mi compañero.
¿De verdad? Te lo juro.
Es como una hermana pequeña.
Pero ella se ha hecho sus fantasías. Es una niña, Lola.
Júrame una cosa. ¿Qué?
Sé lo que soy.
Lola. No, déjame hablar.
Tú también sabes lo que soy,
que para eso pagas cada vez que entras.
Sólo quiero que me jures que cuando haya otra, me lo vas a decir,
que no tenga que enterarme yo por mi cuenta.
Siempre he podido elegir a mis clientes.
¿Juras que me lo dirás?
Sí.
Cámbiate.
Es guapa. Y simpática.
¿Qué esperabas? Tampoco tengo tan mal gusto.
Sí. Nos gustaba la misma chica de pequeños.
No tiene pinta de costurera.
No lo es.
Trabaja en un burdel, ¿verdad?
Sí. He visto niñas de 17 años
que a los tres años de trabajar en un burdel parecían viejas.
Sácala de allí. Llévala al Retiro, a los toros.
Y si la miran mal porque fue puta, le das un par de hostias.
O me llamas a mí y se las doy yo.
Que cada uno se gana la vida como puede, coño.
Sácala de allí o la estás engañando. O peor: te engañas a ti mismo.
Y por tu cara, creo que es esto último.
¿No te has olvidado de la otra que me hablaste?
Clara.
Extremeño, coño que está casada.
Y con tu jefe.
Hay cosas que no se pueden olvidar. Y no será porque no lo intento.
Para mí la mejor, La Carbonerita de Chueca.
La que ha cantado "La regadera".
No, es la que ha cantado "La vaselina".
La de "La regadera" ha sido Lily de Montparnasse.
Más que de Montparnasse parecía de Almería.
Es que probablemente lo sea.
Cuidado con el anís, que es de garrafa.
Ya lo noto, ya.
Como nunca salgo, un poquito de alegría no me viene mal.
¿Quiere un puro? Con el suyo tengo bastante.
Ahí está.
Es la del cuadro.
De cara es muy guapa, hay que reconocerlo.
Pero para mi gusto, le falta carne.
¿No quería usted carne? Pues ahí la tiene.
Siento no haber venido a cenar.
¿Problemas en el Ministerio? Siempre los hay.
He llegado tarde por otro asunto.
Tal vez tengas que dejar tus clases. ¿Por qué?
O reducir tus horas.
Podremos buscar a otra persona que te sustituya.
Sabes que no pienso dejar esas clases.
¿Ni siquiera si es por un trabajo?
¿Un trabajo?
Un editor de Barcelona
quiere publicar una serie de libros ingleses
y busca quien los traduzca. Y he pensado que tal vez..
¡Eres maravilloso!
No lo entiendo, de verdad. ¿El qué?
Que la gente pague dos duros por verle el badajo a un tío.
Quitando eso, todo lo demás es de una mujer.
Es que "eso" es "eso".
Que tiene un ciruelo que ya quisieran muchos.
No debe haber sido fácil la vida de Elizabeth.
Mira, ahí viene.
Señores.
Tranquilo, que no muerdo.
¿Qué quieren? ¿Un pase en privado?
No. Con hablar con usted ya nos vale.
No nos pongamos nerviosos.
Preferirá tener esta conversación aquí antes que en comisaría.
¿De qué quieren hablar? De Eugenio Borrás.
Habrá leído los periódicos. Ya sabe, el Endemoniado de Atocha.
No he tenido nada que ver con eso.
Se veía habitualmente con él en un piso de la calle Toledo.
Usted y otra. Amelia, es mi compañera.
Bueno, era. El cabrón de Borrás lo estropeó todo.
¿Cómo?
Nos prometió una nueva vida, lejos de España.
Dijo que dejaría a su familia, que nos iba a dar dinero.
Y el día señalado, cuando estaba haciendo la maleta,
Amelia me dijo que se había ido solo.
Por lo que veo no ha ido muy lejos.
Por eso entraron en el piso, a ver si encontraban el dinero.
Cuando llegué, estaba Amelia buscando el dinero para ella.
Y discutimos. Y no encontramos nada.
¿Ni unos billetes a México?
Sí. Y solo dos. Pensaban dejarme en la estacada.
Por eso rompí los billetes.
Y a la mañana siguiente la dejé y no la he vuelto a ver.
No quiero saber nunca más de ella. Háblenos de Amelia.
La conocí en la Escuela de Bellas Artes.
Me ganaba la vida de modelo.
¿Es pintora? El cuadro de su nido de amor...
Sí, lo pintó ella. Así la conoció Borrás.
Le encargaba cuadros de santos y mártires.
Su familia era muy religiosa, decía.
¿Puede darnos la dirección de Amelia?
Carnero, 14. En pleno Rastro.
¿Y la suya?
Esta. Duermo en el camerino.
No salga de la ciudad sin avisarnos.
¿Y adónde voy a ir si no tengo un duro?
Estoy buscando alguien que me mantenga.
Así que ya sabe, si se atreve a probar nuevas sensaciones...
Debíamos haberla detenido.
¿Por qué? ¿Por estar bien dotada? Más bien dirá, bien dotado.
¡Qué momento! Esto es un secreto entre nosotros.
Como se entere mi Mariana... Tranquilo.
¿De qué se ríe ahora?
El anís ya surte sus efectos. No, si no es el anís.
Hemos olvidado al marido de Reme.
Lleva todo el día en el calabozo sin saber por qué.
Todo el día y la noche. Tendrá que esperar a mañana.
Venga, a dormir.
Jefe, ¿nos tomamos la última?
Váyase a dormir. Vamos.
Quieto.
¡Se lo ordené yo, y punto!
¿Por qué? Por su seguridad.
¿Y de quién me protegen?
Del hijo de Lastres, el tipo al que detuvo y que murió.
¿Julián? Sí.
No mataría una mosca.
Fue morir su padre y se le perdió el rastro.
Y se sabe que venía a Madrid. Un colega suyo cantó.
Tiene cargo de conciencia por la muerte de su padre, ¿verdad?
Hice lo que debía.
Y haré lo que deba por mucho que me duela.
Así que ordene a Carballo que deje de ser mi ángel de la guarda.
-¿Qué hago?
¡Ya era hora!
¡Llevo aquí un día y una noche y no sé por qué!
Yo se lo diré: por asesinato.
¿Asesinato? Sí. Por matar a su mujer.
¡No he estado nunca casado!
Sí lo ha estado. Dos veces. Se equivocan de persona.
Conseguiré que les expulsen de la policía.
No tengo la cabeza para ruidos, así que cállese.
¿O le llamo Sr. Romero?
Se equivocan. Ése era mi subdirector.
Y murió en Cuba. No. Ése es usted.
Y antes de partir para Cuba asesinó a su mujer Remedios Valera.
Ella se defendió como pudo, eso sí.
Y le hirió en el brazo derecho.
En el izquierdo. Eso, en el izquierdo.
Quítese la camisa. No pienso hacerlo.
O se la quita usted o se la quito yo.
Es un error. Remedios no está muerta.
No son los datos que tenemos. ¡No está muerta!
Yo mismo la vi, en Madrid, hace unos días.
¡Ha tenido a su mujer abandonada y muerta de hambre!
¡La semana que viene la van a desahuciar
porque no puede pagar!
Y mientras Ud. va a restaurantes y fuma habanos.
¡Dígale que me suelte!
Si está viva no pueden acusarme de nada.
¿De nada?
Blázquez, léale el menú al cliente.
Será un placer.
Pues tenemos de primero abandono de familia y bigamia.
De segundo falsedad y suplantación de personalidad.
Y de postre, estafa y apropiación indebida.
Eso si no liquidaste al verdadero Palau.
Murió de un infarto, lo juro.
Como no tenía familia,
decidí suplantarlo y volver a España antes de que empezara la guerra.
Allí dejó la guerra, pero aquí no le vamos a dejar en paz.
Por favor díganme si hay algo que yo pueda hacer.
Hagamos un trato.
Si esto sale de aquí,
iremos a donde esté a cortarte los huevos personalmente.
¿Lo ha entendido?
Córcoles dice que tiene que verles urgentemente.
Vamos.
¿Adónde van? ¡No me dejen aquí!
¿Se acuerdan del polvillo que olía a azufre?
Sí. Pues ya sé lo que es.
Es un compuesto de azufre: bisulfuro de estaño.
Por eso huele así. Le llaman oro musivo.
¡Caramba, Córcoles!
¿Sabe fabricar oro y aún sigue en la policía?
¡Qué más quisiera yo que fuese oro!
Lo usan los imagineros y los pintores para dar una pátina dorada.
¿Pintores?
Es más barato que el pan de oro y da el pego.
Gracias, Córcoles. Le felicito.
¡Abra! ¡Policía!
¿Y ahora qué hacemos?
Encontrar a Elizabeth. ¿Cree que es la culpable?
No. Será la siguiente víctima. Si no está muerta ya.
Y el día señalado, cuando estaba haciendo la maleta,
Amelia me dijo que se había ido solo.
¿Cómo sabía Amelia que Borrás no acudiría?
¿Porque le secuestró ella? No.
Porque ayudó a secuestrarle a quien la mató.
Amelia engañó a Elizabeth dejándola fuera del viaje, y vendió a Borrás.
¿Está seguro?
Elizabeth rompió con Amelia la noche que desapareció Borrás:
hace cuatro días. No la había vuelto a ver.
Amelia murió hace tres días, según Córcoles.
Pudo haberles mentido.
Si lo hizo, en vez de bailar en ese antro,
debería actuar en el Teatro Español.
Sí, a mí me pareció sincera. Bueno, sincero.
¿Qué ha podido averiguar, Córcoles?
Tres cosas. La primera, que murió estrangulada.
-Eso ya lo sabíamos. Venga, que no tenemos todo el día.
-Quien la mató tenía era morena.
Le tirarían del pelo mientras la mataban
y guardaba pelos de su asesino en el puño.
La víctima se defendió. Tiene rastros de piel en las uñas.
Quien la matara se llevó un buen arañazo.
Jefe, ¿está pensando lo mismo que yo?
Sí.
¿Les importaría compartirlo?
Acompáñenos a casa Borrás.
Espero que tengan una razón para interrumpir nuestra merienda.
¿Dónde está su cuñado?
Bien, ya estamos todos.
¿Cómo es posible que un policía no me deje ver a mi hermano?
Porque así dejará de drogarle.
Averigüe qué le ha estado suministrando a su hermano.
-Sí, señor.
Bien, ya podemos empezar.
¿Ya tiene al culpable? Sí.
Son culpables todos ustedes.
¿Todos? -No diga tonterías.
-Cállese, haga el favor.
Continúe.
Todos son culpables, por acción o por complicidad.
Usted, Beatriz, nos ocultó que había recibido una carta.
Le repito que los secuestradores no pidieron rescate.
No se la enviaron los secuestradores: la envió su marido.
"Sé que no entenderéis mi marcha, pero he decidido ser feliz".
"Hasta nunca, Eugenio".
Los secuestradores no tenían que enviarle carta alguna.
Viven aquí con usted, como bien sabe.
Yo me voy de aquí ahora mismo.
-No seas tonto y siéntate ahora mismo.
-¡Oiga, es mi hijo!
-Pues dé gracias a Dios que no es el mío,
que si no en vez de una hostia se llevaba una docena.
Siga.
Usted, Gustavo, trabajaba con su padre.
Sabía de sus líos amorosos, de su apartamento, ¿no es cierto?
Habló con Amelia para zanjarlo.
Se enteró de sus planes de fuga
y decidió que la fuga fuera eterna y matar a su padre.
Nunca has tenido hombría ni la tendrás.
¡Me dijiste que estaba muerto!
-¡Beatriz! ¡Cállate, por Dios!
-¡No me da la gana!
Dejen de meterse con mi hijo. Solo hizo lo que yo le ordené.
Mi marido se merecía lo que le pasó.
Vivía en pecado y nos quería dejar.
Debía pagar por ello.
Ojo por ojo...
No consentiría que me dejara por esa zorra y ese travestido.
Un respeto.
Una mujer con atributos de hombre. Eso solo es obra del demonio.
Cuando mi hijo me contó lo que pasaba
decidí zanjar el problema de raíz. Y ordenó a su hijo comprar a Amelia.
Hola, mi amor. -Hola.
-Ven, que te enseño una cosa.
"Ella citó a su marido en su estudio y allí le esperaba su hijo".
"Le golpeó en la cabeza. Al caer debió mancharse de pintura".
Por eso su ropa olía a azufre. Del oro musivo.
"Esperaron a la noche para sacarlo de allí y lo tiraron a un pozo".
¿Cómo sabe que era un pozo?
Por los restos de las uñas de su padre.
Su tío me lo dijo, y el forense lo confirmó.
Borrás volvió en sí milagrosamente. Y se dio cuenta de su situación.
¡No!
No sé de dónde sacó fuerzas.
Pero logró salir de allí.
Con los dedos destrozados.
Con las costillas rotas de subir y caerse no sé cuántas veces.
Le costó casi una semana. Sin comer, herido...
Nunca he conocido a nadie con más pasión por vivir que su marido.
Tengo una duda: ¿por qué no mataron a Borrás al llegar a casa?
Porque había testigos: la criada.
El sereno vio cómo Borrás llamaba a la puerta.
Prefirieron matarle sin que se notara.
De eso se encargó su hermano Pedro.
Sólo faltaba eliminar a la otra persona que lo sabía todo.
Amelia. Sí.
De ella se encargó el propio Pedro,
vista la inutilidad de su sobrino para matar a nadie.
Los arañazos lo confirman.
Su hermano se dejó las uñas saliendo del pozo.
Amelia las tenía intactas.
¿No podían haberle pagado y que se fuera?
Lo hicimos. Pero quería más.
Nos amenazaba con chantajearnos. -Joder, qué familia.
O sea que el inspector tiene razón: fueron todos ustedes.
¿Cómo está?
-Sobrevivirá. Bien.
Ahora sólo falta saber qué han hecho con Elizabeth.
Lo siento. No sabía que quisieran matarme.
Ni que me estuvieran buscando. ¿Dónde se ha metido?
Nada más irse ustedes, vino a verme al camerino un empresario alemán.
Guapo, alto... He estado en su hotel hasta esta mañana.
Por Dios, es insaciable.
No se preocupe. No entraré en detalles.
Para que luego digan que el sexo no es sano.
Me ha salvado la vida, ¿verdad? ¿Qué va a hacer ahora?
Mañana me voy a Frankfurt con él. Aquí ya no me queda nada.
Ni el odio por Amelia. Pobrecilla.
Muchas gracias. Mucha suerte, Elizabeth.
Lo siento, es superior a mis fuerzas.
¿Están de acuerdo?
Este cabrón nunca me podrá pagar lo que he sufrido.
-Por favor, Reme. Te lo suplico.
-¿Tú me suplicas?
¡Ojalá te quedaras en este calabozo hasta morir!
Reme, piense en su hija.
Está bien. Acepto.
Entonces, no se hable más. No habrá denuncias.
Y si usted no cumple, ya sabe lo que le espera.
Yo mismo me encargaré de ello.
-Cumpliré, lo juro.
Me alegra ver que se va recuperando.
La carne cicatriza y los huesos se recomponen.
Otras heridas, no.
Dese tiempo y las fuerzas volverán.
Sí, pero todo lo demás, no.
Ni mi familia, ni mis amantes.
Todo mi mundo se ha desvanecido en el aire.
También el de nuestros soldados.
Muchos habrán muerto con la pólvora que vendió usted a los cubanos.
Las balas matan.
Españoles y cubanos, inspector. No se hace negocio con la patria.
¡La patria!
Más de un ministro sabía de esas ventas.
Y sus buenas comisiones se han llevado.
No se engañe. ¿Qué son las guerras sino puro negocio?
Dígame sus nombres.
No sea ingenuo.
Antes aparecería usted muerto en un callejón que ellos en la cárcel.
Heredé la empresa de mi padre como él de mi abuelo.
Yo era el mayor. Me tocaba.
Además, mi hermano, se hubiera gastado todo jugando a las cartas.
Pero cada día estaba más harto.
Y de repente descubrí una nueva vida.
¿Sabe cuál es mi problema?
Que, pese a todo, creo en Dios. Y sé que no va a perdonarme.
Yo no soy hombre de fe, pero creo en el perdón.
No se torture. ¿Cómo no voy a torturarme?
En este último año me he sentido vivo y feliz,
como nunca lo había estado.
No estoy arrepentido.
Y sin arrepentimiento, no puedo esperar el cielo.
¿Le gusta leer? Mucho.
Se lo regalo.
"Las Confesiones", de San Agustín. Gracias, pero no sé si debo.
Me ha hecho mucho bien su lectura.
Ya es hora de que cambie de manos. Lléveselo.
"No existe ningún pecado que pueda cometer un hombre,
que yo no sea capaz de cometer".
¿Lo entiende ahora?
La peor deuda no tiene que ver con el dinero, ni con Dios.
Es con uno mismo, con tu felicidad.
Es la primera cuenta pendiente que hay que saldar.
Aunque lo pierdas todo. Como yo.
Ahora me gustaría descansar un rato.
Muchas gracias por todo.
Reme me daba una lástima...
Pero creo que le hemos dado una buena solución. La mejor.
No ganábamos nada con enviarlo a la cárcel.
Le comprará un buen piso a Reme y la niña.
Ha metido un dineral a nombre de las dos.
Vivirán de las rentas, decorosamente.
Y la niña tendrá una educación. Lo mejor fue cuando Víctor le dijo:
"Y de ahora en adelante, cada Navidad,
nos envías a la brigada una caja de puros y otra de ron".
"De lo mejorcito que tengas".
Ya voy yo.
Y yo voy a hacer más café.
He leído tu carta.
Aquí tienes mis comentarios. Léelo más tarde.
¿Qué ocurre? Malas noticias.
Borrás se ha suicidado.
Gracias por atender mi mensaje.
Temía que te plantaras en casa. Sabes que nunca haría algo así.
¿Qué quieres? ¿Felicitarme por mi boda?
Si es así, llegas con seis meses de retraso.
No. No quiero eso.
Hoy me han dado un consejo: que saldara mis cuentas personales.
¿Y quién te lo ha dado? ¿Un sacerdote?
No. Alguien que se ha suicidado horas después.
Necesitaba pedirte perdón. Siento todo lo que pasó.
Tal vez el destino quería que todo fuera así.
No creo en el destino.
Creo en que pagamos por nuestros errores.
Mejor no hablar de ello. ¿Algo más?
Sí. ¿Eres feliz?
¿Por qué no iba a serlo? Es un hombre estupendo.
Lo sé. Mucho mejor que yo.
¿Sigues con tus clases?
Sí. Aunque ahora tendré menos tiempo.
Fernando me ha conseguido un trabajo.
Traduciré libros para una editorial catalana,
La Mundial. Eso es fantástico.
Primero debo pasar la prueba traduciendo
"Las aventuras de Sherlock Holmes".
¿Lo conoces? Sí.
¿Te está gustando? Mucho.
Aunque me da tristeza leerlo.
¿Por qué?
Porque me recuerda a ti.
Gracias por venir, Clara. De verdad.
Víctor. ¿Qué?
¿Estás bien?
Sí. Ahora mucho mejor que antes.
"Te quiero".
¡Alto!
Julián, no hagas nada de lo que te vas a arrepentir.
¿Y tú? ¿Te arrepientes de lo que le hiciste a mi padre?
Como policía tenía una misión que cumplir. Y la cumplí.
Creíamos que eras nuestro amigo. Te quería como si fueras su hijo.
Ibais a poner una bomba en Oviedo. Iba a morir gente inocente.
¿Y no son inocentes nuestras esposas, nuestros hijos?
Se mueren de hambre. O por no tener un médico decente.
Y nadie nos hace caso.
Me acuerdo de lo que hice todos los días de mi vida.
Pues entonces, te voy a quitar un peso de encima.
-Me debe una, Ros.
¡Quieto!
¡Detenido el asesino de Escobar!
-Órdenes de Brandemburgo.
¿Qué sabe de ellos? Intentaron reclutarme.
Tenía que haber llegado. ¿Dónde estará?
¡Por favor!
¡No, suéltame!
¿De la Rubia ha escapado? En la frontera.
Van raptando niñas para un burdel en Madrid.
¿Por qué no te vienes? Cobrarías más.
Por el futuro.
Te lo he dicho siempre.
Ese hombre no te iba a hacer bien.
-¡Socorro, por favor!
Alguien se quiere vengar con mi hija.
Lea.
¿Quieren matar a Cánovas?
Vamos. A por ellos.
El garrote te parecerá divertido.
¿Dónde está mi hija?
Mátame.
Encontraremos a su hija. Sí.
Pero ¿viva?
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