All language subtitles for VictorRos1x01

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

¡Ay!

Buenas noches, madre. Buenas noches.

¿Qué hace cosiendo a estas horas?

Hay que trabajar para vivir.

No hace falta, que para traer dinero a casa, ya me valgo yo.

¿A quién le has robado esta vez? A alguien que le sobraba.

Hijo, si te viera tu padre... Padre trabajó como un esclavo.

Y cuando enfermó no pudo pagar un médico.

A mí no me pasará lo mismo.

(Tañidos)

¿Están todos en su puesto? Sí.

Venga, Conquense, di lo que te ronda por la buhardilla.

-Robar una joyería para nosotros es demasiado...

Somos tironeros y chirleros.

¿Estás o no estás con nosotros?

Estoy.

-Hay moros en la costa. Yo me encargo.

Si me pasa algo, la que manda es Juana.

-¡Cómo va a mandar si es una mujer!

Es una mujer. Pero tiene más cojones que muchos hombres.

Venga, vamos.

(Silbato)

Alto. ¡Policía!

¡Eh!

Alto. ¡Policía!

Te tenemos, cabrón.

-Venga, chaval, baja.

Ten cuidado, no te vayas a romper una pierna.

Así que tú eres el famoso Víctor, el Extremeño.

Saca todo lo que lleves encima.

Cuando digo todo, es todo. Los brazos.

¿También robas libros? No lo he robado. Lo compré.

¿Que lo compraste? Pero ¿tú sabes leer, zagal?

Más que tú, murciano de mierda.

¿Cómo sabes que soy murciano?

Tú sabrás, zagal.

-Señor, han robado en una joyería de la calle Pozas.

Dicen que han sido unos chavales.

-Llévatelo a los calabozos.

Blázquez, ven conmigo. Eh, mi libro.

¿Qué, chaval, debutas?

Oye, que te estoy hablando... -Déjalo, Montoya.

La primera vez siempre es la peor.

Y el primer bofetón,

el que más duele.

¿Por qué te han detenido?

Por ser pobre.

(Ríen)

-Nos ha jodido mayo... Como todos los que estamos aquí.

-Tú eres un chirlero, ¿verdad?

¿Por qué lo dices? Porque yo también empecé así.

¿Quién te ha detenido? Martínez.

-Buen tipo.

¿Buen tipo?

¡Es un policía! -Todos tenemos nuestro trabajo.

Nosotros robamos, él nos detiene. Pero sin rencor.

Si te lo encuentras en una taberna, te invita a vinos.

¡Estáis locos!

-No. Lo que estamos es acostumbrados, chaval.

Ya conocerás a otros peores, como Ortigosa.

-Sí. El muy cabrón me dio tal paliza

que casi confieso hasta lo que no había hecho.

Esta vez me han pillado porque he querido.

Pero no pienso volver más aquí.

Volverás. Todos volvemos.

-Fíjate en Luis Candelas, como él no ha habido nadie.

Y le dieron garrote vil.

Así que te gustan las aventuras de Ulises...

¿Por qué? Siempre consigue lo que busca,

aunque tenga enemigos más fuertes.

Eso se llama astucia.

Y tú, ¿qué buscas en la vida, extremeño?

Si quieres le digo a Blázquez que pase,

tiene la mano más ligera.

Solo busco no ser menos que los demás.

También buscas que tu madre no trabaje como una esclava.

Lo sé. Pero eso no se consigue robando joyerías.

¡Yo no he robado ninguna joyería, joder!

¡Blázquez!

¿Les han pillado? Todavía no. Esta es tu parte.

Uno de los tuyos le llevó estas alhajas a tu madre.

Y tu madre me las ha traído.

Te voy a hacer una oferta, Víctor.

Mírame. He hablado con tu madre

y le he pedido que te deje bajo mi tutela.

A cambio, le conseguiré un trabajo digno, con un sueldo suficiente.

¿No tiene usted hijos? No. ¿Por qué?

Porque parece que quiera que yo lo sea.

O eso...

o es que es usted maricón.

Llévatelo a los calabozos.

¿Qué tengo que hacer? Estudiar.

¿Para qué?

¡Para que salgas del hoyo del que casi nadie sale!

Esta es mi dirección.

Te espero allí a las tres en punto.

Si te retrasas un minuto, lo entenderé como un "no".

No tengo reloj.

Toma. Piensa muy bien lo que decides, extremeño.

Y ahora, vete.

Vamos...

Vete.

Me parece que se ha quedado usted sin reloj y sin preso.

¿Por qué hace esto?

Este chico es especial.

Sabe leer, pese a ser pobre.

Con 14 años manda a chavales más grandes.

Y nos ha engañado como tontos para robar una joyería.

¿Conoces mejores virtudes para ser policía?

¿Quiere convertir a un chirlero en policía?

En policía no, Blázquez.

En el mejor policía.

¡Víctor, espera!

¿Qué haces aquí, Juana? No nos puedes dejar, Víctor.

No puedo fallar a mi madre.

¿Y a nosotros, sí?

Tú eras el que no se conformaba con robar carteras, y te seguimos.

Nos hemos jugado el pellejo por ti, ¿eso no cuenta?

Es aquí. No entres ahí.

No te conviertas en uno de ellos.

Es la hora.

¡Eres un traidor! ¿Me oyes? ¡Un traidor!

¡Un traidor!

¡Bienvenido, inspector Víctor Ros!

Croquetas de bacalao, mis preferidas.

¿Y esto? Ah, el potaje que tanto le gustaba a mi madre.

Lo hago una vez a la semana.

Y dejo la ventana abierta para que le llegue el olorcillo al cielo.

Gracias, doña Angustias,

por lo que hicieron por nosotros.

-La buena gente se merece que la ayuden, Víctor.

Estamos muy contentos de tu vuelta.

-Nos tenías muy preocupados con lo de Asturias.

Fueron tiempos duros. Pero ya pasaron.

-Venga, que se enfría. Vamos.

-¿No vas a bendecir la mesa? -Ya la hemos bendecido a mediodía.

A Dios no hay que molestarle,

tiene muchos asuntos que resolver, como yo.

-Ahora que está aquí Víctor,

podría ayudarte. Por ganas no será.

Pero en poco le puede ayudar el alumno al maestro.

¿De qué se trata?

-Un asesino de prostitutas.

"Ya ha matado a cuatro".

Hubo un caso parecido en Londres. En el 88, creo.

Sí, el de Jack el Destripador.

El asesino de estas mujeres se le parece mucho.

"Es como un fantasma al que nadie ve".

(Gritos)

Jack el Destripador sigue libre y mató once mujeres.

Tenía entendido que fueron cinco.

Probablemente, el resto era obra de un imitador.

Eso me ha dicho Aldanza. ¿El nuevo comisario?

Ojalá lo fuera. No.

Hizo fortuna y ahora dedica su ocio

a investigar científicamente.

Me está ayudando. Me encantará conocerle.

Será pronto. Mañana cenamos con él. -Te encantará.

Es un caballero.

Me regaló un ramo de flores el día de mi cumpleaños.

-Otros se gastan su dinero en fiestas,

él, en luchar por una sociedad mejor.

Ojalá hubiera muchos así en España.

Señor inspector.

A sus órdenes. Menos formulismos, Blázquez.

La experiencia es un grado.

Usted es inspector y yo, sargento.

Si lo sé, no dejo a don Armando que le soltara.

Intentó convencerme, pero no pudo.

Le presento al agente Crespo. -A sus órdenes.

-De momento, no somos más.

Nos llaman la nueva Brigada Metropolitana,

pero somos cuatro gatos.

¿Y la mesa del señor Ros? -Esta mañana la traen, señor.

¿Qué tal su hija? Será toda una mujer.

Guapísima. Tiene ya 14 años. Dele recuerdos.

Dígale que se mejore del catarro.

¿Cómo sabe que tiene catarro?

Por tres razones. La primera: sus ojeras.

La segunda: siempre ha sido elegante

y lleva una corbata horrible.

Eso solo puede significar

que algo le ha hecho pasar la noche en vela.

¿Y la tercera razón? La principal y definitiva.

Antes de entrar,

nos hemos encontrado con su mujer y nos lo ha contado.

-Señor, acaban de encontrar a otra mujer muerta.

-¿Cerca de una iglesia? -Sí.

-Crespo, acompáñeme.

Encárguese de hacer las presentaciones con el comisario.

¿La has descubierto tú?

Ve soltando las monedas que había junto al cadáver.

-No había nada, señor. -¿Quieres ir al calabozo?

Allí se divierten mucho con los chavales como tú.

-Corre, anda, corre.

Su currículo es intachable.

Tres años infiltrado con los radicales asturianos

desactivando la célula más importante del norte.

Ah, y su famoso caso de Figueras.

Por cierto, ¿cómo supo que el asesino de ese marqués fue su hijo,

y no el anarquista que habían detenido?

Porque no me fío de las primeras apariencias.

Pues va a tener un caso donde aplicar sus métodos.

Anoche se produjo un intento de homicidio.

Una joven, Aurora Alvear, casada hace un par de semanas

intentó matar a su marido.

Si ya sabemos quién es la culpable, con detenerla...

Y lo habríamos hecho de no ser porque

es la tercera vez que ocurre en esa casa.

La primera vez fue hace 40 años. Eso suena a una maldición.

No me diga que cree en fantasmas.

¿Yo? No, no, pero que a veces pasan cosas inexplicables, sí.

(Graznidos)

A primera vista impresiona.

A ver si es verdad que cree en fantasmas, Blázquez.

¿Y usted, comisario, también cree en espíritus malignos?

Vayamos dentro, nos esperan.

Mi hija no ha recuperado el raciocinio

y el médico ha prohibido que se incomode a mi yerno.

Cualquier pregunta que tengan que hacer, me la harán a mí.

-Y las cumpliremos, don Augusto.

Si tiene algo que preguntar, pregunte ahora.

¿Qué relación tenían su hija y su marido?

-Inmejorable, apenas llevaban dos semanas casados.

Algo iría mal si su hija le acuchilló.

Es esta casa, está embrujada.

Si hubiera conocido su fama, no la habría comprado.

¿Cómo ocurrieron los hechos?

De noche, mi hija Aurora bajó a la biblioteca,

cogió un libro y, tras leerlo, fue a la cocina a por un cuchillo.

Y luego ya saben lo que pasó. ¿Qué libro era?

"La divina comedia". Estaba en el suelo.

¿Podemos verlo?

Mi hija Clara está en la biblioteca. Les atenderá.

El comisario y yo tenemos cosas de qué hablar.

-Sí, vayan ustedes.

-No se dejen llevar por su imaginación.

Es amante de las novelas de detectives,

y a veces pierde el contacto con la realidad.

Comisario, por aquí. -Sí.

De la mujer que lea, huye: que siempre es fea.

Madre, madre.

No es tan fea.

Juro que dejé el libro en su sitio, lo juro.

¿Qué está pasando aquí?

¿Y usted quién es para querer saberlo?

El inspector Víctor Ros. Sargento Blázquez.

Vaya, perdonen. Mi madre se ha desmayado.

¿Me permite?

¡Espere!

-El libro... Arreglado.

El libro se ha convertido en cenizas. Es obra del demonio.

Madre... Nuria, llévesela a sus aposentos.

-Sí.

Soy Clara Alvear. Gracias por su ayuda.

Veo que es usted un hombre de acción.

A veces no queda más remedio... ¿Qué ha ocurrido?

Mi madre venía a quemar el libro maldito.

Pero no ha hecho falta, se ha quemado solo.

¿Eso es posible?

Blázquez, sujete aquí.

¿Qué hace?

Recogemos las cenizas para analizarlas.

Y otra cosa. Sé que no será del agrado de su padre,

pero nos gustaría interrogar a todos los que durmieron aquí anoche.

Yo me encargo de ello.

Además de doña Aurora y su esposo, el señor Donato,

dormimos Gregorio, el mayordomo y yo.

El resto trabaja hasta la hora de la cena.

¿Qué recuerda de anoche?

Estaba cogiendo el sueño cuando empecé a oír unas voces

que hablaban bajito... Unas voces. Como susurros.

Si usted lo dice, eso serían. ¿Y qué decían?

"Sucubus" o algo así. ¿"Sucubus"?

"Sucubus".

¿Qué quiere decir? Nada especial, tranquila.

¿Qué pasó después de las voces?

"Luego me levanté y vi a la señora en la biblioteca".

"Cogió un libro y empezó a leer cosas muy raras".

-"Descendimos del puente por la testa,

donde se une a la orilla, (VOZ) "Sucubus".

y entonces la fosa fue manifiesta...".

-Señora, ¿le ocurre algo?

Después la vi coger el cuchillo en la cocina.

Y fui a buscar al mayordomo.

"Cuando llegamos a la habitación, ya le había metido tres cuchilladas".

Menos mal que Gregorio le quitó el cuchillo porque, si no, lo mata.

¿Qué ocurrió después?

-Intenté parar la hemorragia del señor con un torniquete.

Antes de eso, ¿no oyó algo raro?, algo como "sucubus".

No. Tengo un sueño muy profundo.

¿Cuánto hace que trabaja aquí? Toda la vida.

Cuando el primero, mi madre era ama de llaves.

Yo tenía tres años. En el segundo era criado.

Se cerró la casa, nadie quería comprarla.

Fueron 10 largos años. ¿Y ha vuelto aquí de nuevo?

Cuando supe que tenía inquilinos, vine y me contrataron.

No tiene miedo a la leyenda.

Me dan más miedo las personas que los espíritus.

Puede retirarse.

Es el mayordomo. Estuvo aquí las tres noches chungas.

Sí. Y la primera vez tenía tres años.

Estaríamos ante el asesino más joven de la historia.

Lo mismo eso le marcó y repitió la faena.

Fue el primero en atenderlo. Nadie cura a quien quiere matar.

No se fíe, lo mismo hizo Perdigón.

¿Quién es ese? El miura que mató a Espartero.

Le mostró nobleza y, al tercer capotazo, lo corneó.

Le siguen gustando los toros.

En los toros se aprende más que en la universidad.

Yo prefiero el teatro, allí los muertos son de mentira.

¿Cuándo va a terminar todo esto?

¿Conocías a la víctima?

Trabajaba aquí cuando yo llegué hace un año.

Pero se quedó embarazada de un cliente

y luego la dejó tirada en la calle.

¿Sabes quién es? Se llevó el secreto a la tumba.

Le había jurado a su novio que no se lo diría a nadie.

¿Cómo se puede ser tan ingenua?

¿Sospechas de algún cliente de la casa?

Aquí vienen ministros, militares, periodistas,

empresarios de intachable reputación...

¿Cree que le dejarían interrogar a alguno de ellos?

¿Por qué no dejas esto, Lola? Eres muy joven.

¿Y trabajar de criada para que me folle el señorito de la casa?

Aquí cobro más por lo mismo. ¿Por qué no deja usted la policía?

¿Por qué me preguntas eso?

Policías y putas nos parecemos.

Ustedes son sargentos, inspectores, guardias...

Nosotras somos putas de lujo, de tugurio y las de la calle.

Además, a los dos nos pasa lo mismo.

Vemos la basura que guarda la gente,

pero tenemos que guardar sus secretos.

Disculpe si le he molestado.

Sé que usted es el único que se preocupa por nosotras.

"El señor Aldanza esperaba a dos personas".

Sí. La otra no tardará en llegar.

Espere aquí, por favor.

Si desea comunicarse conmigo,

solo tiene que llamarme por el primer tubo y acudiré.

¿Esto cómo funciona? Muy sencillo.

Cada uno está conectado con una parte de la casa.

El de arriba llevaría su voz a la zona de servicio.

Vaya. Magnífico artilugio.

Si me disculpa.

Es un honor conocerle, señor Ros. El honor es mío, señor Aldanza.

Tiene usted una biblioteca magnífica.

Galton, Bertillon, Lombroso, los grandes de la criminología.

Gracias.

Lástima que no se hayan editado en castellano todavía.

Eso no es problema.

Armando me dijo que habla inglés y francés.

Mi padrino se empeñó en que estudiara.

Encontrar a un policía español que hable idiomas es un hecho insólito.

Puede usar mi biblioteca cuando lo desee.

No lo repita dos veces.

(Timbre)

Será su padrino. Salgamos a recibirlo.

¿Qué datos tiene del asesino?

Sabemos que es un hombre.

Por la fuerza y porque las mujeres no suelen actuar así.

Son más discretas, no buscan el espectáculo.

Cierto.

Por la trayectoria de la herida,

nuestro hombre mide unos 180 cm.

Ataca de frente

y la herida está siempre en el costado derecho. Es zurdo.

Y la incisión es mortal. Sabe de anatomía, sin duda.

¿Un médico?

Un militar bien adiestrado... -Sea quien sea, es alguien pudiente.

Deja 30 monedas de plata junto a cada víctima.

Con eso, una familia puede vivir bastante.

30 monedas.

Lo que le dieron a Judas por vender a Cristo.

Se está vengando de alguien con esas mujeres.

-Hay otro dato, todas las víctimas habían sido madres.

-No creo que sea un dato relevante.

Muchas chicas que hacen la calle acaban embarazadas.

Si son criadas, las echan de las casas.

Y si son prostitutas, las echan.

-¿Y qué tal lleva el caso de la señorita Alvear?

-No te sorprendas, el señor Aldanza tiene contactos en todas partes.

-Me han dicho que el señor Alvear está fuera de sí.

No me sorprende.

Primero, la crisis económica, y ahora lo de su pobre hija.

¿Crisis económica? ¿No lo sabía?

No.

Fue víctima de una estafa por parte de un banco.

Lo increíble es que le estafaron con el mismo método piramidal

que usó la hija de Larra en el 78.

-¡Si levantara la cabeza...!

Ha tenido más imitadores su hija robando que él escribiendo.

-Si le puedo ayudar...

Sí. Me gustaría saber si Aurora Alvear

tiene verdaderamente fiebres tropicales...

¿O ha sido envenenada?

Tráigame una muestra de su cabello y lo averiguaremos.

-A veces creo que lo suyo es magia.

No, no... Es ciencia, Armando.

Vivimos una época de adelantos que van a cambiar el mundo.

Y para bien.

Angustias no te perdona que estés en una pensión.

Mañana le compro un ramo de rosas. No sé si bastará.

Buenas noches.

Y gracias por presentarme a Aldanza.

Haremos grandes cosas juntos, ya lo verás.

Hasta mañana.

Chist...

No tan deprisa, amigo.

No llevo nada. Eso ya lo veremos.

¿Luis?

¿Víctor, el Extremeño?

Señor. Si me permite, señor

yo me fumo el puro, que usted no tiene mucha práctica.

Gracias.

Bien. En este plato hay un trozo de cuero.

En el segundo, hojas de papel. En un tercer plato,

Crespo está vertiendo las cenizas de ese puro que casi me mata.

Fíjense.

-¿Qué pretende? ¿Quemarnos el edificio?

Es un simple experimento, señor comisario.

Bien...

En este pañuelo están las cenizas del libro

de la biblioteca. ¿El que dicen que se quemó solo?

Dígame cuál de las tres cenizas aquí expuestas

se parece a las de este pañuelo.

Las del tercer plato.

¿Querían engañarnos con un puro?

Quieren que creamos en fantasmas.

Y está dentro de la casa.

Averigüe quién es. Una cosa más:

no vuelva a arrojar agua a la señora Alvear.

Su marido no está muy contento.

Pero... Ni peros ni peras.

No le gustó que interrogaran a los criados.

Pidió que solo habláramos con él.

Claro.

¿Y cómo se supone que debemos investigar un crimen?

Con mucho cuidado.

Don Augusto es un grande de España.

Y lo que es más importante: amigo de Cánovas.

Una queja suya y estamos todos de patitas en la calle.

-Ahora el presidente es Sagasta, ¿no?

No me extraña que se confunda.

Es un quítate tú "pa" ponerme yo...

Crespo, a ver cómo va lo de mi mesa. A sus órdenes, señor.

Sánchez, consígame una pizarra, rápido.

Blázquez, interrogue al anterior propietario de la casa Aranda.

Hágalo con tacto: será familiar del último asesinado.

Yo seguiré investigando.

A lo mejor eso no le gusta al comisario.

Yo resuelvo crímenes, no hago política.

¿Cenizas de tabaco?

De puro habano.

No puede ser. Alguien dejó las cenizas...

El libro.

Está aquí otra vez. ¡Madre del amor hermoso!

Debe ser esta.

Es parte del Canto XXIV,

el dedicado a los ladrones y a los castigos que recibirán:

"Descendimos del puente por la testa...".

No siga, no sea que pase algo terrible otra vez.

No se preocupe: no hay ningún fantasma.

Sólo alguien que quiere engañarnos.

Pues, desde luego, nos está engañando muy bien.

Si me disculpan...

¿Cómo ha podido saber la página que leía mi hermana?

Fíjese: la esquina superior derecha está doblada...

Alguien tenía interés en que su hermana leyera esta página.

¿Me lo podría quedar? Claro.

Ayer se fue sin interrogarme.

Usted no estaba esa noche.

¿No tiene preguntas que hacerme?

Yo le puedo decir cosas que mi padre nunca le diría.

De acuerdo. Pero mejor vayamos a otro sitio.

"In nomine pater et filii et spiritus sancti".

Que Dios perdone sus pecados, amén.

-¿No va a rezar un padrenuestro por su alma?

-Pero si era... una prostituta.

-¿No lo era María Magdalena y era amiga de Cristo?

-Está bien, rezaré un padrenuestro.

-Y tres avemarías.

(Reza en latín)

¿Cómo se llevaban su hermana y su marido?

Mal. Mi hermana se casó porque mi padre la obligó.

Estaba enamorada de otro hombre, un pianista.

¿Pudo convencerla de matar a su marido?

No es capaz ni de matar una mosca.

Y es pobre.

Por eso su padre casó a su hermana con el señor...

Donato Vergel.

Así es. Pero se equivocó.

Es un vividor que quiere nuestro dinero, no darnos el suyo.

Pero eso mi padre no lo sabe.

¿Y usted cómo lo sabe?

Leí una carta de una amante que tiene en Barcelona.

Sería usted una buena policía.

Ya me gustaría. Pero soy mujer.

Y, como bien sabe, a las mujeres no nos dejan votar en este país.

¿Su padre también le está buscando marido?

Sí, pero le va a dar igual.

Yo me casaré con el hombre que quiera.

Ese hombre será la envidia de todos los demás.

Eso que me ha dicho es precioso.

¿Podría pedirle un favor muy especial?

Es algo que no puede saber nadie.

Lo que usted quiera.

Quisiera una muestra de cabellos de su hermana.

Ni ha notado que le arrancaba el cabello.

No sé. Está como...

Lo siento.

No he dormido en toda la noche.

Me he quedado cuidándola

y eso... me hace estar especialmente sensible.

No hay nada más digno que llorar por quien se quiere.

Conclusiones de lo que llevamos visto y comprobado.

Augusto es un mentiroso arruinado. ¿Cómo lo sabe?

Me lo dijo anoche el señor Aldanza y esta mañana, su hija.

Casó a Aurora buscando la fortuna del tal Donato Vergel.

Pinchó en hueso, como diría usted.

El tal Donato es un vividor

que también buscaba la fortuna de los Alvear,

sin saber de su ruina. Justo castigo.

¿Sabe algo del anterior propietario?

Sí, el señor Rojas es hijo del último asesinado.

Lógico que quisiera vender la casa. Nadie quería vivir allí.

La casa ha estado cerrada diez años hasta que llegó don Augusto.

Precisamente, por la leyenda de la casa,

regateó el precio de la venta. Y ahora viene lo mejor:

Alvear hizo un seguro de vida a su hija y a su marido.

Si éste la palma, el dinero del seguro pasa a su hija.

Vaya...

Así que uno más en el ajo.

Y no nos olvidemos...

de Faustino.

¿Faustino? ¿Quién es ese? Sí.

Es el antiguo novio de Aurora. Un pianista.

Si seguimos sumando sospechosos, vamos a necesitar otra pizarra.

Sigo sin entenderlo.

Está demostrado con testigos que Aurora apuñaló a su marido.

Y no una vez. Cierto.

¿Para qué seguimos investigando?

Si no fuera de buena familia, este caso ya estaría cerrado.

Tiene razón. Pero hay algo que no cuadra:

el estado de Aurora, su inconsciencia.

Es tan víctima como su marido.

¿Sabe algo de la leyenda? Rojas no quiere hablar del tema.

Dice que hablemos con la madre del mayordomo.

Vive por San Francisco el Grande.

¡Ya tengo su mesa, señor!

-¡Crespo! ¡Ésa es la mesa de mi jefe!

-¿Desde cuándo la tiene? -Dos años.

-Dentro de dos años te la devuelvo. ¡Eh! Y sin rechistar.

Podríamos haber cogido un tranvía. No se queje, nos viene bien andar.

Lo dirá por usted. Será por ahí.

-"El señor Barbosa"

me contrató para cuidar la casa. Hará de eso más de 40 años:

yo era una jovencita. Háblenos de él.

Estaba casado con una filipina.

Se llamaba Genoveva. Era guapísima.

Y muy apasionada.

Había noches que no se podía dormir del ruido...

Bueno, ya se pueden imaginar.

Nos lo imaginamos.

Volvió rico de Filipinas. Dicen que traía

"un tesoro enorme en baúles y habían hecho una obra

para hacer habitaciones ocultas donde esconderlo".

¿Por qué querían esconderlo?

Se lo habían robado a unos piratas holandeses,

en el Rincón del Diablo, en Filipinas.

"Vino uno de ellos, era muy rubio, un tal van Hook".

-Te creía muerto. -"Discutió con el Sr. Barbosa".

"Le acusó de haberle abandonado medio muerto

para quedarse con el tesoro y con su mujer".

"El señor Barbosa le apuntó con una pistola

y le amenazó con matarle. ¿Y qué hizo?".

"Lanzó una exclamación en un idioma extraño y se fue".

(Jura en otro idioma)

-¡Fuera de mi casa!

-"Lo peor vino después".

"La señora no paraba de llorar".

"Hacía rituales por la noche".

"Mató a su marido y la ingresaron en un manicomio".

¡Por los clavos de Cristo!

¿Alguna vez se escucharon voces en la casa?

Susurros que dijeran palabras extrañas. "Sucubus".

¿Ha vuelto a pasar?

Sí. ¿Cuándo los oyó?

Cuando los nuevos dueños de la casa...

Una noche la señora mató a su marido.

¡Cinco putas muertas! ¿Y qué tenemos? ¡Nada!

-Si fueran cigarreras o costureras, no las llamaría por su oficio.

Diría cinco mujeres muertas. -¿Va a decirme cómo debo expresarme?

-Le pedía un respeto a las fallecidas.

-Y yo le pido que atrape al asesino.

Le he dado lo que me ha pedido.

He dejado que hiciera las autopsias Armona.

-Aldanza.

-¡Como se llame! ¡Deje de corregirme, que soy su jefe!

Suerte ha tenido de que ese Alenza tenga los contactos que tiene.

Si no, ¿de qué?

-Sabemos cómo es el asesino, su altura y que es zurdo.

-Pero no sabemos quién es, que es lo importante.

Hay que detener a alguien y cargarle las muertes.

-¿A quién?

-A quien sea. Anda que no hay maleantes.

-¿Aunque no sea el asesino? -No puedo esperar más.

La prensa quiere hablar de ello y no les puedo frenar.

-Si se hace público, tendremos testigos.

-¿Está usted loco? ¿Y manchar nuestra imagen?

El pueblo necesita buenas noticias.

Y más ahora, que vamos a entrar en guerra.

-¿África otra vez?

-No. Otra vez, Cuba.

Mañana empiezan a salir refuerzos para La Habana.

Por eso necesito dar buenas noticias. Y usted me las va a conseguir.

Tiene dos días. -¿Y si no lo consigo?

-Quedará fuera del caso.

¿Le ha quedado claro?

Impresionante.

Debería ver los de Scotland Yard.

Eso es una policía moderna.

¿Me trae lo que le pedí? Sí, aquí está.

Huele a lilas.

¿Sabe que la lila violeta simboliza el primer amor?

No.

Es precioso.

Y preciso.

Es un Carl Zeiss. Me lo regaló su creador, Ernst Abbe.

Un físico y matemático. ¿Para qué nos servirá?

Nos permitirá ver aumentado el cabello de doña Aurora.

Échele una ojeada.

Fíjese en la raíz y el tubo. La pigmentación es uniforme.

Harán falta otros análisis, pero, si quiere mi opinión,

esa muchacha no ha sufrido envenenamiento alguno.

Me fío de usted. Yo no es que sea un experto en el tema.

Un día las policías tendrán en su plantilla científicos expertos

que resolverán los casos sin salir de los laboratorios.

A los carteristas se les trinca en la calle.

¿Puedo?

Claro que puede. Considérese en su laboratorio.

¿De verdad es pelo? Efectivamente.

Si no hay envenenamiento,

debo plantearme líneas de trabajo más...

Más... ¿Esotéricas?

Si quiere llamarlo así...

Yo no creo en esas cosas,

pero tengo un viejo amigo experto en el tema.

¿Quiere que concierte una cita?

(Graznidos)

Les repito que aquí no hay ningún tesoro.

Dejen eso inmediatamente.

Sí, señor.

Antes me gustaría hacerle una pregunta.

¿Cuánto hubiera ganado su hija

si su marido hubiera muerto?

Encargó un seguro de vida. ¡Es indignante!

Mañana mismo voy a pedir al comisario que le retire del caso.

No debió preguntarle eso.

¿Qué andan buscando?

Cámaras ocultas, tuberías huecas... Algo.

(Sonido hueco)

Blázquez,

aquí suena a hueco.

Vaya al otro lado de la pared y dé unos golpecitos.

¿Le sirvió de algo el cabello de Aurora?

Temía que fuese víctima de un envenenamiento.

Afortunadamente, no es así.

Pero sigo sin saber qué la mantiene en ese estado.

(Sonido hueco)

¿Qué hay al otro lado? Una habitación de invitados.

¿Me acompaña?

Eres maravillosa, Lola.

Por eso me pagan.

Quiero sacarte de esta vida. Quiero que vivas como una señora.

¿A cuántas como yo les prometes lo mismo?

¡A ninguna!

Cásate conmigo, Lola.

Quiero que seas mía para siempre.

¿Y no te vale con que sea tuya otro ratito?

Ven aquí.

No, ven aquí tú.

¡Vamos!

¿Cómo se atreve a apartarle del caso?

Quiere resultados.

Y no se los estoy dando. Y le entiendo.

Debe luchar, no puede venirse abajo.

Es el maestro de todos nosotros.

El maestro está muy cansado, Víctor.

No cambia nada en nuestra policía.

En Inglaterra, en Francia,

los métodos científicos avanzan.

En Argentina han resuelto un crimen por la huella del dedo.

Países que un día fueron nuestros han avanzado más.

Y ahora, otra guerra con Cuba.

¡Qué pena! Miles de jóvenes enviados al matadero.

¿Te quedas a cenar?

No puedo. Tengo guardia.

Buenas noches. Hasta mañana.

"Sucubus".

"Sucubus".

"Sucubus".

¡Aurora! ¿Qué te pasa?

(GRITA)

¿Está bien?

¿Qué hace aquí? Venía a relevarle en la guardia.

Gracias.

Gracias.

(Tañidos)

¿Donato Vergel? ¿Quiénes son ustedes?

Inspector Ros y sargento Blázquez.

No quiero hablar. Pues no tiene más remedio.

¡Esto es un atropello!

Jefe, tal vez... Déjeme hacer, Blázquez.

Además, serán sólo dos preguntas.

¿Hubo algo que le extrañara al llegar a la casa Aranda?

Sí. Que don Augusto no tuviera un real.

Si llego a saberlo, no me caso con la estirada de su hija.

Estirada y asesina. ¿Sabe que está enferma?

Lo único que sé es que está loca y me lo ocultaron.

Voy a separarme de ella, pediré la nulidad a la Iglesia.

¡Quiero salir de esa casa cuanto antes!

Se oyen voces, ruidos.

Yo no creía en esas paparruchas de los espíritus, pero esa casa

me da miedo.

En cuanto consiga lo que me deben,

me vuelvo a Barcelona. ¿Le debe dinero?

Me prometió que, en cuanto encuentre prometido,

se resolverá nuestra situación. O eso o hago pública su ruina.

Yo también tengo mis contactos.

¿Quiere casar a Clara? Sí.

Es tan estirada como su hermana, o peor.

Organiza manifestaciones para pedir el voto femenino.

¡Lo que le faltaba a este país! ¡Que votaran las mujeres!

Alcánceme el agua. ¡Venga! Que se me ha quedado la boca seca.

No. ¿Sabe qué? No soy su criado. Avise al enfermero.

¿Cómo, si me ha alejado la campanilla?

Haga algún esfuerzo en su vida.

Vámonos.

Oiga.

Sir Arthur Williams,

antropólogo, psicólogo y experto en temas paranormales

y, a pesar de esto último, buen amigo mío.

-Un honor, Aldanza. ¿En qué puedo ayudarles?

Una joven en trance ha intentado asesinar a su marido.

¿No hubo un caso parecido en Madrid?

Hace diez años. Lo conocemos.

Lo que le cuento ha ocurrido en la misma casa.

¡Eso es fantástico!

Dígale eso al pobre marido.

El ataque ha ocurrido tras escucharse una palabra:

"Sucubus". ¿Le dice algo?

Puede ser una clave. ¿Una clave?

Por lo que cuenta, una de dos:

o esa mujer es una farsante y está imitando el asesinato anterior,

o está hipnotizada.

Ni María Guerrero conseguiría una interpretación así.

Explíquenos lo de la hipnosis.

Hay mentalistas que convierten a sus hipnotizados en esclavos.

Introducen en su memoria una palabra, una clave.

Cada vez que el hipnotizado oye dicha palabra,

es como si recibiera una orden, y la ejecuta.

Esa muchacha, ¿ha vuelto en sí o sigue en trance?

Sigue en trance. Y no es síntomas de envenenamiento.

-¿En qué piensa?

-Sólo he visto a dos mentalistas capaces de eso:

uno, un cubano llamado Lautaro.

Un hombre gordo, grande y negro como la noche.

El otro genio se llama Uberti.

Italiano, seguro.

No, era su... "nickname". Apodo.

Eso es. Uberti.

Un personaje de "La divina comedia".

Puede ser nuestro hombre.

Lo dudo: cumple pena en Londres por estafa.

Uberti ha conseguido lo que nadie había logrado:

mantener a una persona en trance durante un año.

Fue en París y la hipnotizada también era una mujer.

Creo que me voy a pedir otro chocolate.

Me van a detener, lo sé.

-¿Quieres calmarte de una vez?

-Es fácil cuando no tienes un policía frente a tu puerta.

-No tienen pruebas ni las tendrán.

-Te dije que bastaba con una muerte.

-Eso lo decido yo.

-Vámonos adonde no nos conozcan. Adonde podamos olvidar todo.

-Si te quieres ir, vete. Pero yo no pienso olvidar.

-Brunetto suena ridículo. Prefería Uberti.

¿Alguna novedad? -El "modus operandi" es el mismo.

El que la mató sólo se adelantó a la naturaleza.

Mire esta pústula,

la paciente estaba enferma de sífilis.

Nos abre una vía de investigación.

-¿Alguien a quien había contagiado? -Es una buena pista a seguir.

Pronto detendrá al culpable, ya lo verá.

-Sí, pero... eso a ella le servirá de poco.

"¿Otro libro?".

Sí. Y fíjese: está doblada la esquina

de la página que leía mi hermana.

Parece cosa de fábula.

Sal ahora mismo, debo hablar con estos señores.

¿Cómo han tratado así a mi yerno? ¿No saben lo que es la educación?

¿Sabe lo que es una investigación?

¿Se atreve a contestarme?

Iré a ver al comisario Buendía.

Les juro que voy a conseguir que les destinen a la policía colonial.

¿Cuántas veces te he dicho que es de mala educación fisgonear?

-¡No dé un paso más, don Augusto!

-Faustino. -¡Y ustedes, las manos arriba!

¿Y éste quién es? Faustino, el pianista.

Ya nos conocemos todos.

Usted arruinó mi vida separándome de Aurora.

Ahora me las va a pagar.

¿Un registro de enfermedades contagiosas?

No sabe usted lo que pide.

Los hombres que vienen aquí están avergonzados.

La sífilis no se contagia en las bibliotecas.

-Habrá que evitar que se propague.

-Sería más fácil encontrar un remedio. Una medicina milagrosa.

¿Cómo dice que se llama la prostituta?

-Emilia Fuentes, La Coronela. ¿La conocía?

-Nunca la traté, pero un paciente mío

culpaba a esa mujer de haberle contagiado.

-Un motivo para vengarse.

-Ya lo creo. Voy a mirar en mis archivos.

Todo sea por ayudarle a encontrar al asesino de esas pobres mujeres.

Le doy su nombre, pero no diga que se lo he dado yo, no debería...

-¿Sabe cuál es su oficio?

-Trabaja en el Matadero Municipal.

-¿Me permite, por favor?

Aurora y yo éramos el uno para el otro.

La casó con ese indeseable por dinero.

Le voy a matar.

Le voy a matar.

Si le va a matar, mátelo de una vez,

que es más denso que una obra de Echegaray.

-¿Qué dice, majadero? ¿Le gusta Echegaray?

-¡Siéntese o le pego un tiro!

Apúntele a él, se lo merece.

La ha liado por casarla con quien no quiere.

-¿Quiere que me mate?

No tenga miedo. Este hombre no le va a disparar.

Baje el arma ahora mismo.

¡No lo haré!

Piénselo bien.

Soy policía, usted, pianista. No ha disparado un arma en su vida.

Contaré hasta tres.

Uno,

dos

y tres.

¡Quieto!

Vamos, Blázquez. Nos llevamos a este infeliz a comisaría.

Perdón. Gracias.

¿Puedo hablar con usted?

Espéreme fuera.

¿Se encuentra...?

Vaya tomándole declaración. Siéntese ahí.

Se ha dado bien la jornada.

No crea. ¿Usted qué tal?

Tengo un sospechoso. Ginés Cañas.

La última le había contagiado la sífilis.

Puede ser un motivo para matar.

Ya veremos. -Don Armando,

ya tiene al sospechoso en el calabozo.

-Ahora voy.

Ven esta noche a casa. Es importante.

Sobre todo, si no consigo probar que Cañas es culpable.

Allí estaré.

¿Sabe la que le puede caer por su estupidez?

No se puede ir matando a la gente por un desengaño amoroso.

Las calles de Madrid estarían llenas de cadáveres.

No me importaría que uno fuera el mío.

Si le sirve de consuelo, el marido de su amada

va a pedir la nulidad a la Iglesia.

Da igual. Ya nada será lo mismo. Aurora ha cambiado.

¿A qué se refiere?

Cuando la casaron por la fuerza, cayó en la desesperación.

Me rehuía.

Decía que le dolía verme.

Un día la seguí.

La vi entrar en un portal de la calle Mayor.

¿Iba a ver a alguien?

A un vidente, un tal doctor Brunetto.

Es nuestro hombre.

¿La Coronela está muerta? Me alegro.

En mala hora la conocí.

-¿Por qué la mató? Sabemos que le contagió la sífilis.

-No es difícil saberlo, mire.

Por esto me despidieron del trabajo.

Por eso pegué a mi jefe.

Toda la vida trabajando allí y, cuando caes enfermo,

te tiran a la puta calle.

-Parece que usted da puñetazos con mucha facilidad.

Ha sido detenido varias veces.

-Cuando bebo, me vuelvo un estúpido.

Pero no soy un asesino, se lo juro.

-¿Cuándo fue la última vez que vio a La Coronela?

-Hace dos meses. Fui a buscarla,

le dije que estaba enferma. Le dio igual.

Siguió ejerciendo y contagiando a sus clientes.

Si hubiera tenido valor, la habría matado yo.

¿Cuándo la mataron? -Lo sabe: anoche.

-Estaba en la iglesia de San Miguel.

Se lo pueden decir más de 20 personas,

que estaban conmigo rezando por nuestra curación.

Hable con el cura: se lo puede confirmar.

-Vaya, es usted religioso.

-No lo era. Pero esta enfermedad no la cura más que un milagro.

-Puede quedársela, por las molestias.

Suéltale: no es el asesino. -¿Cómo está tan seguro?

-Este hombre es diestro, Sánchez. Y el hombre que buscamos es zurdo.

-"Perdonen el retraso".

Estaba a punto de marcharme.

Como no tenía a nadie citado...

Es lo que tenemos los policías, no pedimos cita.

¿Policías?

¿No querrán que les descubra quién fue el asesino

del general Prim?

No nos interesan los casos antiguos. Preferimos la actualidad.

¿Puedo? Sí, por favor.

Veo... Veo un sargento de la Brigada Metropolitana llamado Blázquez

que va hacia un tipo con un turbante ridículo y se lo quita.

Necesita un peluquero, doctor Brunetto.

¿Prefiere que le llame Uberti? ¿Cómo lo ha sabido?

Farinatta degli Uberti y Brunetto Latino.

Los dos son personajes de "La divina comedia".

Su buen gusto literario le ha perdido.

Nunca he detenido a nadie tan estrafalario, lo juro.

Pronto me dejarán en libertad. ¿Intuición o predicción?

No he hecho nada. ¿Por qué iba a verle Aurora Alvear?

Era infeliz. Estaba casada en contra de su voluntad,

quería saber si volvería con su antiguo amor.

¿Conoce a un tal Gregorio, mayordomo de los Alvear?

Una vez acompañó a Aurora. Era un tipo con un aura maligna.

Tuve que pedirle que esperara fuera. Perturbaba la paz de los espíritus.

-Buenas noticias: tenemos al culpable.

Era el mayordomo. Se ha ahorcado. Ha dejado una carta confesando.

Este hombre es el culpable.

¿Sí?

¿Sabe por qué el libro maldito

aparecería siempre en la biblioteca?

Yo se lo diré: el mayordomo lo cambiaba.

Tenía una caja con diez ejemplares de "La divina comedia".

Suelten a este payaso y vayan a la casa Aranda. Les espero allí.

¿Quién ha bajado el cuerpo? Me lo ordenó Buendía.

El señor Alvear le dijo que limpiara esto cuanto antes.

¡Deje eso!

-¿Y que me despidan? ¡Fuera!

Es el dibujo del medallón de Uberti. El sol de Filipinas.

Vamos a ver qué más encontramos.

Gregorio no se ha suicidado.

Lo acabo de encontrar en su habitación.

¿Quién compra un billete de tren a París y se suicida el día antes?

Pues como no le haya ahorcado el agente Crespo, ya me dirá.

Sólo estaban en la casa la criada, mis hijas y mi mujer.

No tienen fuerza para hacer eso. No. Le han obligado.

-El mayordomo se ha suicidado porque no ha superado su culpa.

Caso cerrado.

Me voy al Ministerio a notificarlo. -Le acompaño.

¿Qué piensa hacer?

Creo que voy a necesitar su ayuda.

Martínez, bienvenido.

Lola está con un cliente, no creo que tarde.

¿Le apetece una copa de champán?

Se lo agradezco,

pero mi sueldo no alcanza para esos dispendios.

Sabe que usted no tiene que pagar en esta casa.

Mire, ahí viene Lola.

Buenas noches, don Armando. Ya me ocupo yo.

Inspector, gracias por todo. -Doña Rosa.

-Lola. Te estaba esperando. Lo siento, pero estoy ocupada.

¿Prefieres ir con este viejo? -Deje de molestar.

-¿Me lo va a impedir usted? Tranquilo.

Espera y luego tendrás la mejor noche que puedas soñar.

Vamos.

"Sucubus".

"Sucubus".

"Sucubus".

-Yo no te he invocado. No te he invocado.

¡Clara!

¿Sorprendida?

Les presento al verdadero culpable, el doctor Uberti,

o Brunetto, como prefieran llamarle.

Pese a su túnica, no es ningún fantasma.

Es uno de los mejores mentalistas del mundo.

¡Le ordené que le soltaran!

Y no le hice caso. Hipnotizó a Aurora.

Con una palabra, recibía una orden que debía cumplir:

matar a su marido.

Y la palabra era... "Sucubus".

Exacto.

¿Por qué Aurora no ha salido de su habitación esta noche?

La atamos a la cama, madre. La palabra se decía desde la cocina

y se extendía mediante un sistema ingenioso,

similar al de un buen amigo.

¿Recuerda nuestros golpecitos en la pared?

-Sí. No buscábamos un tesoro,

sino tuberías que comunican unas habitaciones con otras.

"El mayordomo conocía ese sistema. Uberti, también".

Fueron cómplices en el asesinato ocurrido aquí hace diez años.

¿Y en este no? Se negó a colaborar.

Eso sí, fue el primero en ir a salvar al marido de Aurora.

Esta vez quien pronunció la maldita palabra fue la criada.

-¿Cómo sospechó de ella? Fue quien encontró el cadáver.

Y quiso borrar la pista que dejó Gregorio para avisarnos.

¿El sol de Filipinas?

Exacto. El mismo que lleva este indeseable en su medallón.

"La habitación estaba muy desordenada y la criada quiso

limpiarlo primero".

¡Deje eso!

¿Y que me despidan? Fuera.

"Me hizo sospechar".

Pero ella no pudo cargar con Gregorio hasta la horca.

No. Tenía usted otra palabra clave para Gregorio,

por si ponía en peligro sus planes. Al oírla, se suicidaría.

¿Por qué lo hizo?

-Me ofreció una parte del tesoro. -No hay ningún tesoro.

Eso pregúnteselo al doctor. ¿O prefiere que le llame van Hook?

¿No era el pirata al que le habían robado el tesoro?

Su hijo.

-A mi padre le robaron y le mataron en esta misma casa.

Ese tesoro me pertenece.

-Pues tendré que buscarlo más a fondo.

Hay algo que no cuadra.

¿Por qué no entraron durante los diez años que estuvo cerrada?

Pasó esos años encarcelado en Londres.

Me lo dijo un contacto. Mandé un telegrama a Scotland Yard.

Me dijeron su verdadero apellido.

Uberti escapó hipnotizando a los carceleros.

-Asombroso. Solo queda que despierte a Aurora.

-¡No pienso hacerlo! -A ver..., pelanas.

¿Qué prefiere: cárcel o garrote vil?

Relájese y déjeme a mí.

Conmigo no, Lola.

No necesito compasión.

¿Por compasión?

Es usted más hombre que todos los que me follan en este burdel.

Malas noticias. Si no, no habría venido aquí.

Mañana me van a apartar de la investigación.

Necesito que me hagas un favor.

Aquí está toda la documentación del caso. Los informes. Todo.

Guárdalo.

¿Aquí?

Estará más segura aquí que en comisaría.

Sobre todo, si no la manejo yo.

No le digas a nadie que la tienes.

Sólo hay una persona en quien confiar.

¿En quién? Víctor Ros.

Es como un hijo para mí.

Y el mejor policía que conozco.

¿Algún problema?

No. Armando quería verme.

Aproveche para decirle que ha resuelto un caso magistralmente.

¿A qué espera, Humberto?

-¡Me llamo Uberti! -¡Como se llame!

¡Despiértela ya

o va a descubrir la de cosas que puedo hacer con ese medallón!

-Hay una escalera frente a ti.

Descendiste por ella.

Ahora, volverás a andarla.

Sube un peldaño, despacio,

ahora otro.

"Sólo te quedan"

tres peldaños.

¡Alto!

¡Uno,

dos,

tres!

¡Ya!

-¿Por qué estoy atada?

-¡Cariño! -¿Por qué estoy atada?

(AMBAS SOLLOZAN)

Descanse. La próxima vez no quiero ver estas ojeras.

Vamos, Armando me está esperando.

Parece que el asesino tiene un plan.

¡Quieto!

Una bala. Siete milímetros.

No pienso abandonarlas.

Ud. es necesario.

-Nuestro nuevo jefe.

-Soy Raúl Córcoles, el nuevo forense.

-¡Han matado a un coronel! -Ha muerto.

Detenida por matar a su marido.

"Borrás ha vuelto a casa. A la semana de su desaparición".

-¡Detenido el asesino de Escobar!

No me creo nada. -No me dé lecciones.

-¿No viene con vosotros? No.

-¡Por favor, no! ¡Suéltame!

¿Dónde está mi hija?

¿Quieren matar a Cánovas?

Lo intentarán pronto.

-El inspector Carballo.

-¿Me vas a pegar?

-¡Quieto!

-¡Tío Víctor! ¡Juanito!

-Encantado. "Me quiere casar con él".

Quiero hablar con tu padre.

¿Dónde está Aurora? No lo sé.

-¿Me concede el honor de su amistad?

Pídeme que sea tuya.

Y ese hombre, ¿le corresponde? Sí.

Por la brigada.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.