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Subtitulado por TVE.
El gran presidente de China, Mao Tse-tung, declaró en una ocasión
que la muerte de 300 millones de sus compatriotas
era un precio que valdría la pena pagar.
Básicamente estaba diciendo: "Estoy dispuesto a perder
a la mitad de mi pueblo para conseguir lo que quiero.
Estoy dispuesto a correr ese riesgo". Es una forma de pensar brutal
y desalmada.
Finalmente, su despiadado régimen político será responsable
del exterminio de millones de personas.
La violencia sirve para llegar al poder.
Estaba convencido de que la política tenía que ser violenta.
Esta es la historia de un autócrata sádico adicto a la brutalidad;
desde sus raíces comunistas, y a lo largo
de todo su reinado de crueldad y venganza.
Mao se encuentra al nivel de Hitler y Stalin.
Incluso después de su muerte, el miedo que infundía Mao
hace que se le siga adorando a día de hoy.
"La evolución del mal". Capítulo 3.
"Mao, el presidente de la muerte chino".
En 1911, el antiguo orden imperial de China se tambalea.
Después de 2000 años de Gobierno dinástico
el pueblo derroca a su emperador;
y lo que sigue será una década de anarquía y violencia sin ley.
China estaba sumida en una profunda depresión a finales del siglo XIX
y principios del XX. Había un sistema imperial
que no permitía el debate, la discusión o la crítica.
De modo que si no eras feliz con la situación
en la que habías nacido tenías que rebelarte,
luchar contra el orden, hacerte revolucionario.
De las ruinas del Imperio empiezan a emerger dos grupos políticos
de ideologías opuestas.
Los nacionalistas, que buscan la transformación de China
en una república capitalista de corte occidental;
y los comunistas, un pequeño grupo inspirado
por la revolución bolchevique de Lenin en Rusia.
Ambas facciones dicen representar a los 600 millones de campesinos
que viven en condiciones casi medievales en el país.
Pero este choque de ideologías planta las semillas
de una sangrienta guerra civil que asolará China
durante dos décadas.
Provincia de Hunan.
Hijo de un granjero, el joven Mao Tse-tung
experimenta de primera mano la dureza del Gobierno imperial
y la crueldad con que el ejército ejecuta
a los campesinos que se rebelan.
Si pensamos en las experiencias que tuvo,
sobre todo en la adolescencia, se pueden ver muchas cosas
que influirán en su forma de comportarse.
En este entorno de opresión, Mao se convierte en un joven rebelde
en busca de una causa.
Ansioso por ser considerado un intelectual,
lee traducciones de filosofía europea.
Pero cuando en 1917, a los 24 años,
entra en contacto con la literatura marxista,
algo se despierta en él.
Lee el manifiesto, el manifiesto comunista,
y encuentran la descripción perfecta de por qué China está sometida
y en el estado que estaba. Mao parte de ahí,
y a partir de ese momento es un comunista convencido.
Pekín, 1921.
Radicalizado por sus mentores de la Universidad de Pekín,
en 1921 Mao ya es un activista de izquierdas destacado.
Está convencido de que el comunismo es el único camino
para hacer triunfar una revolución, porque el partido
tiene amigos poderosos.
No fue su simpatía por los campesinos chinos
lo que hizo de él un comunista.
Mao se dio cuenta de algo muy importante:
que el vecino más poderoso de China, Rusia,
estaba decidido a poner al Partido Comunista Chino
en el poder.
De modo que en 1922, un año después de su fundación,
Mao se une al recién nacido Partido Comunista Chino.
Él piensa que son los únicos que tienen la determinación
para alcanzar el poder, y quiere estar
en el bando de los ganadores.
Pero en 1924, los rivales nacionalistas de Mao
se hacen con el poder, y establecen un Gobierno oficial en China.
Mao se da cuenta de que él tiene la clave para conseguir el triunfo
de los comunistas chinos, y se produce el primero
de sus numerosos choques con sus camaradas rusos.
Los rusos estuvieron estrechamente relacionados
con el Partido Comunista Chino, y Mao era uno
de sus hombres de confianza cuando lucharon contra los nacionalistas.
Pero siempre tuvo la sensación de que los rusos
les decían a los comunistas chinos lo que tenían que hacer;
y Mao no dejaba de repetir que sobre el terreno
no era así como funcionaba.
Mao está convencido de que la revolución china
no se puede llevar a cabo de la misma forma
que la revolución rusa.
Los rusos creían que la revolución nacería
entre los pobres de las ciudades, y Mao decía:
"No, la revolución en China surgirá de las zonas rurales;
es un sistema diferente, y no podéis decirme lo que tengo que hacer".
La firme convicción de Mao de que la chispa de la revolución
tenía que surgir de los campesinos chinos
se convierte en la piedra angular de su filosofía política
durante las cuatro décadas siguientes.
A lo largo de los años siguientes, mientras los comunistas se esfuerzan
por ganar adeptos, Mao solo piensa en ascender en la jerarquía.
En 1927 los jefes del partido nombran a Mao,
que tiene 34 años, comandante en jefe del Ejército Rojo
En realidad es una pequeña milicia de desharrapados.
La misión de Mao es llevarlos a las aldeas
para promover la revolución.
Para Mao Tse-tung es una experiencia que cambiará su vida.
Su método para hacer la revolución es simple:
volver a los campesinos en contra de sus señores.
Recordando lo aprendido en sus libros de filosofía,
que el fin justifica los medios, a Mao le da igual
quién sufra las consecuencias.
En cada aldea a la que llegan se reúne a los campesinos,
y se les obliga...
a denunciar a un número de víctimas cuidadosamente seleccionadas
a las que se considera tiranos, terratenientes o traidores.
Se dice que los campesinos detienen a los opresores de las masas,
los pasean atados, los humillan y los ejecutan.
La violencia de 1927 marca el inicio oficial
de la sangrienta guerra civil china,
y enseña a Mao una lección que le será muy útil
en su imparable ascenso al poder.
La violencia funciona. Él mismo dijo
que en aquel momento se había convencido de que la política
tenía que ser violenta, porque nadie abandona el poder voluntariamente,
hay que arrebatárselo. Él dijo la famosa frase:
"Todo poder nace del cañón de un arma".
Esta brutalidad tiene un efecto personal en Mao
particularmente perverso.
Cuando vio con sus propios ojos en sus viajes por las aldeas
la violencia y las atrocidades, él mismo dijo que había cambiado.
Sintió una especie de éxtasis;
con esas palabras, como nunca había experimentado hasta entonces.
Mao se transforma en un sádico intoxicado por la violencia.
Y esto no es más que el principio.
En las altas esferas del Partido Comunista
se reconoce el talento de Mao.
Su carrera política despega, pero lejos del frente de la guerra.
El mando del Ejército pasó a manos de otros,
y Mao se encontró en un papel político,
en el cargo de comisario político.
Un comisario es una especie de supervisor ideológico,
responsable de que en las bases del partido nadie se desvíe
del "pensamiento correcto".
En este papel Mao aprende otra lección crucial:
controlar lo que piensa la gente te convierte en alguien
sumamente poderoso.
Promovía el culto hacia su persona. La gente ya hablaba
del pensamiento de Mao Tse-tung, y lo veía como a una especie
de líder filosófico del Partido Comunista.
Erigirse en suprema autoridad del pensamiento comunista
es una maniobra que será muy útil a Mao en su magistral ascenso
a la cima del poder.
Su posición se afianza aún más cuando los extranjeros aprovechan
el caos político en que se debate China.
Japón, el enemigo histórico de China,
la invade,
y se apodera de la provincia septentrional de Manchuria.
El Gobierno nacionalista intenta resistir,
pero no es lo bastante fuerte.
Una invasión japonesa a gran escala parece inevitable.
Los comunistas intentan aprovechar el caos
para derrocar al Gobierno nacionalista; pero fracasan.
La fama de Mao se consolida durante una retirada que dura un año entero
huyendo del Ejército nacionalista.
Es la llamada Larga Marcha de 1935.
Según aumenta el saldo de víctimas, al final Mao
es casi literalmente el único que queda en pie.
Lo único que hizo Mao fue seguir vivo.
Cada vez que más comunistas leales seguían las órdenes
de sus superiores y morían, Mao subía otro escalón hacia el poder.
Así, a los 42 años,
gracias al uso estratégico de la violencia
y del control ideológico y con un poco de suerte,
Mao Tse-tung alcanza su objetivo.
Es nombrado líder del Partido Comunista Chino,
una posición desde la cual puede poner en marcha su plan maestro:
convertirse en gobernante supremo de toda China.
A principios de 1937, los comunistas de Mao Tse-tung
tienen que combatir a la vez a los nacionalistas chinos,
dirigidos por el general prooccidental, Chiang Kai-shek,
y a los invasores japoneses, que intentan aplastar
a una nación inestable.
Como nuevo líder del Partido Comunista de China,
Mao Tse-tung establece su cuartel general en Yenán.
Es una ciudad en las montañas destruida por los bombardeos
durante la guerra civil, pero su fama se extiende
por todo el país. La creencia popular es que Yenán
es una utopía comunista, un paraíso donde los radicales,
los intelectuales y la juventud idealista pueden pensar libremente.
Eran adolescentes, y por supuesto, pensaban que el comunismo
luchaba por la igualdad.
Durante una década fueron llegando allí
para unirse a la causa de la liberación de China.
Pensaban que Chiang Kai-shek no lo estaba haciendo bien
en la guerra contra Japón.
Y aquellos jóvenes, incluido mi padre,
fueron al norte, donde estaba Mao,
pensando que iban a incorporarse a la lucha contra los japoneses.
Pero Mao tiene otros planes para ellos.
Su intención es convertir a los fieles comunistas de Yenán
en una fuerza que le obedezca ciegamente,
y que le lleve al poder.
Realmente vio la invasión japonesa y la guerra
como la oportunidad de destruir el estado de Chiang Kai-shek,
y hacerse con el poder cuando terminara la guerra.
Para ello desempolva las lecciones de violencia
y manipulación que había aprendido en su juventud, y las perfecciona
hasta convertirlas en su receta personal de terror.
Primero erradica el principio de utopía igualitaria,
y establece una jerarquía... con él mismo en la cúspide.
En Yenán no había nada parecido a la igualdad.
En las casas había grados;
en la comida había grados, en la ropa había grados;
y mientras tanto, Mao vestía con el algodón más fino
importado de las zonas nacionalistas.
Entonces Mao utiliza su poder para tender una trampa,
atrayendo a opositores potenciales para que se muestren abiertamente.
Mao sugiere que la gente pueda criticarle.
"Debatamos entre todos, discutamos nuestras diferencias;
esforcémonos juntos por decidir qué es lo mejor para nosotros".
Un grupo transmite sus quejas a un hombre al que eligen
como su representante: Wang Shi Wei,
un escritor.
Wang Shi Wei era su héroe. Daba voz a su desilusión con el comunismo.
Wang manifiesta públicamente las quejas de sus seguidores,
y pega carteles con sus críticas en las calles
para que todos las vean.
Mao fue a ver los carteles de Wang Shi Wei,
y comprobó que la gente veía a Wang Shi Wei como a su héroe.
Una vez descubierto Wang, Mao entra en acción,
y pone en práctica su convicción de que el poder llega
a través de la violencia.
Mao somete a Wang Shi Wei a un sádico método de tortura
rompiéndole las rodillas.
Es el llamado "banco del tigre".
De todos los instrumentos de tortura disponibles, es su favorito.
Mediante la tortura Mao consigue que Wang Shi Wei diga cualquier cosa
Hace una falsa confesión: que es espía de los nacionalistas.
Además, se le obliga a implicar a otros camaradas inocentes,
aunque nada de lo que diga puede evitar su ejecución.
Porque Mao quiere enviar un claro mensaje:
si no piensas como Mao quiere que pienses,
vas a morir.
Wang Shi Wei fue asesinado por el KGB de Mao.
Aquello tuvo un efecto devastador en aquellos jóvenes.
Pero Mao no tarda en extender su campaña de torturas
para infundir el terror entre las filas.
Desarrolla un poderoso instinto dramático.
"Si vas a hacer algo, hazlo a la mayor escala posible,
para que todos aprendan y se beneficien de ello,
o aprendan y te tengan miedo".
Pero tiene cuidado de no mancharse nunca las manos personalmente.
Mao es siempre la figura que observa entre las sombras.
No creo que se pueda encontrar ninguna prueba que sitúe a Mao
apretando un gatillo o colgando a alguien.
La violencia era algo que otros aplicaban por él;
y esto ocurriría cada vez más a lo largo de su vida.
Igual que Stalin en la Unión Soviética,
Mao justifica su campaña de terror afirmando ver espías
por todas partes.
Mao sabía muy bien que no eran espías.
Su verdadero objetivo era aterrorizar a aquellos jóvenes,
y moldearlos para formar el ejército que necesitaría en el futuro.
Desde este momento, el asesinato y la tortura
quedan firmemente establecidos como los pilares
de su filosofía política personal.
La violencia no es un aspecto accidental del maoísmo,
es una parte necesaria. Él decía:
"No los ejecutes antes de sacarles todo lo que puedas".
El resultado es que Mao se convierte en líder de un ejército
de medio millón de leales
a los que ha lavado el cerebro a través del miedo.
En 1945 China lleva ocho años combatiendo
a los invasores japoneses.
Con millones de desplazados, China se encuentra de rodillas
y es campo abonado para la revolución.
Mao decide que ha llegado el momento de dar el siguiente paso.
Desciende de las montañas de Yenán, con un ejército
de tres millones de soldados bien equipados
con el armamento proporcionado por su aliado comunista, Stalin.
En 1949 los nacionalistas no solo han perdido el apoyo popular,
sino la voluntad de seguir luchando.
Su líder, el general Chiang Kai-shek, renuncia.
Pekín. 1 de octubre de 1949.
Pocos días después Mao Tse-tung se proclama líder supremo
de 600 millones de personas.
El nacimiento de esta nueva nación es la culminación
de 27 años de terror, tortura y manipulación.
Pero es aclamado como un héroe por el pueblo.
Mao era genuinamente popular entre la población china en 1949,
porque había dirigido una revolución de campesinos.
Había acabado con siglos de opresión, derrotado a los terratenientes,
a los señores de la guerra, a los japoneses, los nacionalistas...
y dijo: "Nos hemos levantado como pueblo,
y ahora podemos crear nuestro mundo".
Lo que los chinos no saben es que lo más terrible
del mandato de Mao aún están por llegar.
En 1950, bajo el nuevo régimen comunista del presidente
Mao Tse-tung, China sigue siendo desesperadamente pobre,
e intenta recuperarse de tres décadas de guerra sangrienta
y revolución.
Como líder supremo, Mao proclama
que la industrialización a gran escala es la clave
para transformar la nación en una superpotencia económica.
Y está decidido a conseguirlo de la noche a la mañana,
sea cual sea el coste humano.
Mao bautiza su plan como "El gran salto adelante".
La idea "del gran salto adelante" era supuestamente,
llevar a China al futuro,
crear una utopía comunista, y hacerlo en solo 15 años.
El plan es comprar fábricas enteras a sus aliados rusos
y pagarles con cereales cultivados por los campesinos chinos.
Mao tenía un sueño, incluso antes de conquistar China;
y para hacer realidad ese sueño
Mao necesitaba comprar grandes cantidades de tecnología
y equipamiento nuclear, de tecnología y equipamiento de misiles,
todo tipo de material militar, complejos industriales...
El presidente no tiene duda de que el fruto de su visión
será el ascenso meteórico de China a la categoría
de superpotencia económica y al dominio global...
con él al timón.
Pero todo depende de que todo el mundo haga exactamente
lo que se le diga.
Mao empieza por ilegalizar la empresa privada en el campo.
A partir de ahora, hasta el último grano de cereal
será propiedad del Estado.
El grano va directamente de los campos
a los graneros del Estado. No hay mercado privado
ni comercio privado.
A continuación despoja a los campesinos
de todas sus posesiones, forzándolos a vivir y a trabajar
en grandes granjas colectivas.
En realidad la colectivización no es otra cosa
que arrebatar a la gente hasta la última
de sus pertenencias privadas.
Se confiscan las casas, las herramientas,
los cacharros de cocina, los utensilios, se colectivizan.
El ganado se colectiviza.
Mao impone a las granjas colectivas
unos objetivos de producción inalcanzables,
y se dice a los campesinos que no recibirán raciones de comida
si no cumplen con sus cuotas.
Literalmente,
la gente que no puede trabajar se muere de hambre.
Esto incluye a los niños, las mujeres embarazadas,
los ancianos... Todos ellos se quedan fuera
del reparto de alimentos.
Las autoridades no tardan en perder el control de la situación
El pueblo, hambriento, cada vez está más débil
y es más incapaz de trabajar.
Así que en lugar de un gran salto adelante,
lo que se produce es un absoluto desastre.
Por todo el país millones de personas
mueren de hambre al colapsarse la cadena
de producción de alimentos.
Mao cree que el problema no es su brutal plan,
sino que los pájaros se comen el grano reservado para el pueblo;
yY promulga un edicto.
Los chinos deben eliminar hasta el último gorrión.
Una de sus ideas más enloquecidas fue la guerra contra los gorriones.
Decidió que si los chinos podían matar a todos los gorriones
de la nación, los diez granos que comía cada uno de esos gorriones
serían para los humanos. Todo parece muy lógico.
Así que pone a los chinos a correr de aquí para allá
golpeando cacharros, manteniéndolos despiertos
hasta que caen muertos de cansancio al suelo.
Cazaban pájaros días enteros, haciendo ruido con cualquier cosa
para que los pájaros no pudieran posarse y descansar,
hasta que caían del cielo. Reunían miles de pájaros muertos,
los colgaban y los paseaban por los pueblos para mostrar
la gran contribución que había hecho la aldea a la producción de alimento.
Muy bien presidente Mao; solo que ahora ya no hay nada
que se coma los insectos, de modo que el siguiente año
se pierden todas las cosechas porque las orugas y las langostas
se comen todo el grano, y la hambruna es terrible.
Lejos de aliviar el sufrimiento de su pueblo,
la intervención de Mao empeora aún más las cosas.
25 de marzo, 1959.
En Pekín la historia oficial es muy diferente.
La máquina propagandística del Partido Comunista
retrata "el gran salto adelante" como un éxito deslumbrante.
Muchos miembros destacados del partido no tienen idea
del verdadero alcance de la hambruna.
Pero hay un hombre que sí sabe la verdad.
Llega información muy detallada sobre la hambruna,
que acaba en las mesas de la cúpula del partido.
Los informes demuestran que Mao tiene pleno conocimiento
de los millones de muertes que está provocando.
Pero para él es simplemente un precio que vale la pena pagar.
Claramente estaba dispuesto a sacrificar las vidas de los demás
hasta un 50 % de la población.
Tenía gente de sobra, y estaba dispuesto a todo
si con ello conseguía crear la China que él quería.
En la primavera de 1959 la verdad empieza a salir a la luz.
Es difícil esconder 14 millones de muertos;
pero en lugar de intentar frenar la hambruna,
Mao planea ampliar aún más su "gran salto adelante".
Entre los más veteranos del Partido Comunista
hay dudas sobre su liderazgo,
pero nadie sabe muy bien qué se puede hacer.
El problema que tiene China es que no hay oposición.
Todo el mundo está de acuerdo en que ya viven en una utopía,
así que nadie puede decir que haya nada malo en esa utopía.
Entre bastidores, la mano derecha de Mao empieza a tener serias dudas.
Liu Shao-chi es el número dos.
Ahora es el jefe del Etado,
y respalda prácticamente en todo a Mao;
pero Liu Shao-chi está horrorizado por los efectos de la hambruna.
Liu Shao-chi decide hacer lo impensable
y contradecir al líder supremo.
Es una decisión que requiere un extraordinario valor.
En julio de 1959 Mao convoca un congreso del Partido Comunista
para que apoye la expansión de su "gran salto adelante".
Lo que pasa entonces coge a todos por sorpresa.
Liu realizó el mayor acto de valor de su vida.
Básicamente dijo que había una terrible hambruna,
que había sido un error humano, y que había que pararla.
Decir que había sido un desastre causado por el hombre
era en realidad un ataque directo contra la totalidad de la visión
propuesta por Mao con el "gran salto adelante".
Y... eso era realmente romper un tabú.
Para Mao es la peor traición imaginable.
Mao estaba furioso, porque odiaba que le quitaran la razón.
Desde aquel momento, el presidente se vuelve extremadamente desconfiado,
y cree haber identificado al hombre que puede destruir su legado
y también su reputación.
Pero Mao no puede actuar contra Liu de inmediato.
Liu es muy conocido y apoyado dentro del partido.
Mao tiene que maniobrar con cautela.
Mao era lo bastante inteligente para saber que Liu
seguía siendo muy útil como administrador.
De modo que lo mantiene, pero a partir de ese momento
es un hombre marcado.
Esta será una venganza servida excepcionalmente fría.
El plan de Mao para destruir a su segundo
será una obra maestra de crueldad que afectará a toda la nación
y durará una década.
En 1965 el presidente Mao,
a sus 71 años, ha sido líder supremo de China durante 16.
Pero a causa de la desastrosa hambruna
provocada por sus políticas, por primera vez se murmura
en las altas esferas del partido que quizá habría que sustituir
al gran timonel. Pero en lugar de esperar
a que sus enemigos vayan a por él, Mao decide tomar la iniciativa.
Estaba decidido a recordar a su pueblo que, en sus palabras,
"una revolución no es una fiesta".
Vamos a tener que romper algunas cabezas,
vamos a tener que ser muy duros con nosotros mismos para no sucumbir
a las tentaciones de lo que él llamaba "el camino capitalista".
El plan de Mao es desatar una revolución tan devastadora
como la primera, pero aún más siniestra en su ejecución:
una revolución cultural.
Mao propone limpiar la nación de la ideología burguesa
que según él sigue viva en la vieja generación.
Igual que en Yenán, lo que quiere es
que los 600 millones de chinos practiquen el verdadero
"pensamiento correcto" comunista.
Y una vez más, él será la única persona que decida cuál es
el pensamiento correcto.
Ahora Mao necesita a un colaborador
para que le ayude a ejecutar su plan.
Con el "gran salto adelante" Mao había cometido el error de confiar
en sus subordinados del partido. Y no piensa repetir ese error.
Esta vez recurre a la única persona en la que puede confiar plenamente:
su esposa, Chiang Ching,
"Madame Mao".
Chiang Ching es una actriz de Shanghai
que se convierte en la amante de Mao
durante la década del terror de Yenán en los años 40.
Durante el ascenso de Mao en el partido,
Chiang Ching adopta el papel de una especie de secretaria cultural
Empieza a poner en marcha políticas culturales,
a decir qué espectáculos se deben representar
y qué películas se deben proyectar. Empieza a tener un papel
cada vez más invasivo; y con la edad se vuelve cada vez más neurótica,
pero nadie se atreve a llevarle la contraria.
Ella misma se describió como "el perro de Mao".
"Cuando él decía 'muerde', yo mordía".
Pero los demás la llamaban "el demonio de los huesos blancos".
Juntos, Mao y Madame Mao,
forman una pareja formidable e intocable.
Una vez más, Mao inicia su nueva revolución cultural
con una declaración política tan vaga
que la puede moldear a voluntad para servir a sus fines.
Lo que dijo Mao fue que había que atacar lo que llamaba
"los cuatro viejos", las viejas ideas, los viejos usos,
las viejas costumbres y la vieja cultura.
Eso lo comprendía todo, era una manta que lo cubría todo.
Así que todo lo que no le gustase sería atacado.
Como guía de su pensamiento, Mao publica su "Libro Rojo",
su versión del "Manifiesto Comunista" de Marx
o del "Mein Kampf" de Hitler.
Esta colección de más de 400 pensamientos de Mao
es una ventana a la mente de un dictador empeñado
en fomentar la violencia.
"La guerra es la continuación de la política.
La guerra es la forma más elevada de lucha.
Depende de nosotros organizar al pueblo.
Donde no llega la escoba el polvo no desaparece solo.
Alcemos su bandera bien alto y marchemos adelante
por el camino teñido de rojo con su sangre".
Con más de mil millones de ejemplares,
el "Libro Rojo" es una de las obras más publicadas de la historia.
El objetivo de Mao es capturar las mentes de aquellos
que son más fáciles de moldear: los jóvenes.
Cobrará mayor importancia más adelante,
al educar una generación entera con los pensamientos de Mao Tse-tung.
Estos niños crecerán para convertirse
en un ejército obediente, igual que el de Yenán,
que impondrá la voluntad de Mao.
Es su tristemente famosa Guardia Roja.
Ahora su pasión por la violencia y el caos da un giro siniestro.
Incita a su ejército de adolescentes a levantarse
y masacrar a sus mayores.
Hace algo muy inteligente psicológicamente hablando.
Apela a los jóvenes: "Vosotros sois China,
sois el futuro. Jóvenes, levantaos y purificad nuestra sociedad
de elementos corruptos".
Este era el procedimiento habitual de Mao.
Cuando quería hacer algo siempre implantaba el terror.
Mao elige cuidadosamente su primer objetivo.
Los jóvenes de la Guardia Roja se vuelven contra sus profesores.
Mao no odiaba especialmente a los profesores.
Él mismo se consideraba un profesor,
pero para generar el terror necesitaba víctimas.
Así que fue una medida completamente cínica y calculada.
Miles de profesores sufren ataques.
Solo en Pekín cientos son asesinados.
En mi escuela hubo una violencia terrible.
El director no pudo soportarlo, e intentó suicidarse
cortándose el cuello.
Un jardinero de la escuela, que había sido oficial nacionalista,
fue detenido y lo mataron a golpes.
La Guardia Roja crece hasta contar con millones de miembros,
que asolan el país en una espiral de vandalismo y muerte.
Pronto... nadie está a salvo.
China se convierte en un desierto cultural.
Arte, libros, música...
Cualquier cosa con influencias remotamente occidentales
es prohibida o destruida.
Pero el verdadero objetivo de Mao apenas empieza a vislumbrarse.
Pekín. Septiembre de 1967.
Mao ordena a sus guardias rojos que extiendan su reinado de terror
a sus rivales en el Partido Comunista.
Es su ajuste de cuentas personal.
Se utiliza la metáfora de la cirugía.
Hay que extirpar el cáncer para que el cuerpo político
se recupere. De modo que la violencia
no es solo un medio para alcanzar un fin,
es algo esencial en cualquier situación revolucionaria
Violencia es revolución.
Cientos de miles de funcionarios del partido son enviados
a campos de trabajo, empujados al suicidio, encarcelados
o simplemente asesinados.
Son las personas que han mostrado dudas
sobre el "gran salto adelante" de Mao.
Por fin puede concentrarse en su objetivo original:
su mano derecha, Liu Shao-chi.
El hombre que años atrás osó contradecirle,
pagará ahora el precio de la forma más increíblemente cruel
En 1968, la revolución cultural del presidente comunista
Mao Tse-tung, concebida para destruir a todo aquel
que se oponga a él en China, está a punto de alcanzar su objetivo
Mao está más decidido que nunca a mantenerse en el poder.
Pero cree que un hombre se interpone en su camino.
Mao siempre ha experimentado un placer sádico
en infligir dolor y humillación,
y ahora sella el destino de su fiel segundo, Liu Shao-chi.
Pero dado que Liu cuenta con muchos apoyos en el Partido Comunista,
primero Mao tiene que minar su credibilidad.
Nadie se habría puesto de su parte si hubiera dicho cuál era
la verdadera razón de su odio hacia Liu Shao-chi.
Por eso tuvo que inventar todo tipo de acusaciones,
como que Liu era un traidor, que había traicionado al partido,
etcétera.
La maquinaria de la propaganda estatal
se pone en marcha obedientemente.
Prácticamente, de la noche a la mañana,
la reputación de Liu queda destruida.
Y a continuación... viene la humillación.
Como cientos de sus camaradas antes que él,
Liu es acusado y humillado públicamente.
Normalmente los hacían subir a un escenario
frente a una multitud histérica;
y les daban patadas, golpes, los torturaban,
los hacían arrodillarse sobre cristales rotos,
los paseaban por las calles,...
y finalmente los mandaban a los campos.
Liu sufre más de un año de tortura.
Al final, en su celda, le llega la muerte.
Pero no es ningún acto de compasión.
El capítulo final de la vida de Liu es planificado personalmente
por Mao, para que sea lo más lento y doloroso posible.
Para entonces era diabético,
y Mao le niega el derecho al tratamiento.
Murió en el suelo de una celda sobre sus propios excrementos.
Como para demostrar que su depravación no tiene límites,
Mao exige que la dolorosa muerte de Liu sea filmada...
para su disfrute personal.
Es una historia terrible, porque era un hombre
de la Larga Marcha; había sido el mayor compañero de Mao
en cierto sentido.
Hay quien dice que si se hubiera examinado a Mao,
se habrían encontrado en él aspectos de un desorden de personalidad
que lo clasificaría como clínicamente enfermo
hasta el extremo de la demencia.
La revolución cultural de Mao,
instigada para desatar su venganza sobre sus rivales,
reales e imaginarios, dura una década.
Al final, dos millones de las personas
mejor educadas de China han sido asesinadas,
y varios millones más acaban en campos de trabajo.
Lejos de crear una sociedad utópica,
Mao ha creado una sociedad basada en el terror.
Mao no intentó construir una nación, Mao destruyó la nación.
No unificó China; él no era un constructor,
era un destructor.
El legado de muertes innecesarias de Mao es tan inmenso,
que puede que nunca se llegue a saber la cifra total de víctimas.
Nunca tendremos cifras exactas.
He visto cálculos de 40 millones, y estaban justificados.
A menudo decimos que en el ranking del horror
está en lo más alto.
A principios de la década de 1970,
acerca de su 80 cumpleaños,
la salud de Mao empieza a deteriorarse.
Conoció a gente como Nixon en 1972
y a otros después, y decían que se le veía muy consciente,
muy alerta, aunque le costaba hablar, pero entendía perfectamente,
y respondía a través de intérpretes, pero iba perdiendo facultades.
En 1974 Mao queda silenciado por una enfermedad degenerativa
que hace que nadie le entienda excepto su enfermera personal.
Pero el miedo que ha infundido en su partido es tal
que aun siendo incapaz de gobernar, sigue siendo intocable.
Perdió la capacidad de hablar los dos últimos años,
solo balbuceaba. Pero mientras estuvo vivo y moviéndose,
nadie fue capaz de hacer nada contra él.
El deterioro de la salud de Mao
hace que el progreso de China como nación se paralice.
Y bajo la superficie, Mao sufre una paranoia
cada vez más intensa.
Estuvo en el poder 27 años,
y siempre vivió como si estuviera en una zona de guerra,
preparado para huir todo el tiempo.
En vísperas de tomar el poder en 1949,
Mao temblaba como una hoja, como se suele decir,
cada vez que veía a un extraño.
Estaba a punto de tomar el poder en China,
y estaba completamente aterrado.
Quizá es un castigo psicológico por su total falta de empatía
hacia las vidas de sus semejantes.
Pero sobre todo, en sus últimos años,
Mao es consciente de que su partido piensa que ha fracasado.
No había cumplido su sueño de convertir China
en una superpotencia militar para poder dominar el mundo.
No se sentía satisfecho,
se compadecía de sí mismo.
Pero no sentía nada por la tragedia que había infligido al pueblo chino,
ni por la muerte de más de 70 millones de chinos
en tiempo de paz, solo porque él tenía un sueño.
El 9 de septiembre de 1976,
después de 27 años en el poder,
muere Mao Tse-tung, supremo líder de China.
El Partido Comunista llora su muerte
con escenas histéricas de duelo nacional.
Pero después de su muerte,
la ideología de Mao es casi totalmente rechazada,
y muchos de aquellos que encarceló
serán los futuros líderes del país.
Aunque era un sádico y un déspota, igual que Stalin o Hitler,
hoy en día su retrato sigue estando en todas partes.
Por un lado es porque admitir lo que realmente hizo
socavaría el poder del Partido Comunista;
pero también es... porque para bien o para mal,
Mao Tse-tung... es el padre de la China moderna.
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