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(Música)
(Música tensión)
(Música)
Hillstrom. -¿Qué?
-Tengo sed. -Yo también.
-No es nada, Fred, que ha tirado la cantimplora.
Cógela. ¿Por qué, Larry? Está vacía.
-Ya has oído, soldado, obedece. -Ya no soy soldado, sargento.
Te va a hacer falta si encontramos agua, cógela.
La cogeré en cuanto me enseñe algo para llenarla.
-Ya has oído al teniente, chico, haz lo que dice.
-¿Qué ocurre aquí? Sabéis que la guerra ha terminado.
¿Qué demonios os pasa? Es que...
¡Suéltame, déjame!
-Tiene las manos muy largas, la próxima vez, te las cortaré.
No habrá próxima vez.
Y ahora, vamos allí a descansar.
No te comprendo, Fred.
Estoy harto de dar vueltas por ahí.
Al salir, tú estabas de acuerdo en que yo mandaría el grupo.
Yo no te disputo el mando, pero y los otros, ¿qué?
Tenemos que mantener una disciplina.
Ya no hay rebeldes, pero temo a los indios.
Si queremos sobrevivir, hay que seguir unidos.
Sí, señor.
¿Estás de acuerdo de verdad?
Sí, Larry. Me alegro, Fred.
¿Qué hay, Hillstrom? -¿Qué pasa, te estás ablandando?
-No te preocupes de eso.
Dime, ¿qué hacemos aquí?
-Pues...
Somos un resto del ejército victorioso de la Unión
que marcha a través de Oklahoma hacia Nuevo México,
en busca de unas exóticas tierras de promisión.
-Ya. -Allí podremos casarnos,
hay muchachas preciosas. Después, a vivir como príncipes.
-Ya, pero, ¿qué hago yo aquí?
-Te digo que estás loco. -Puede ser.
Pero tú vas a establecerte como granjero, por lo visto.
-Sí, y vosotros trabajareis para mí durante un año.
-Ni hablar.
A lo mejor yo me vuelvo ahora mismo.
-No creo que te atrevas. -¿Por qué no?
-Perderías tu caballera antes de andar una milla.
Bueno, muchachos, tenemos que seguir, hay pozos en Fort Grant.
Allí podremos hartarnos de agua. En marcha.
Bueno, puede que también haya whisky.
Eh, McKay, aunque no me gusten del todo los de tu raza,
espero que el whisky que haya en Fort Grant sea escocés.
-Es la primera cosa inteligente que ha salido
de una cabeza de chorlito irlandesa.
-Me parece que no son ellos, no veo a ninguna mujer.
-Son esos condenados yanquis.
7, 8, 9, 10...
Son 10, señor. ¿Solo 10?
Son pocos, prepare 20 hombres a caballo.
No lo haga, Mac. Tenemos que detenerlos, ¿no?
Pero de otra forma.
Me parece que usted simpatiza con los yanquis.
Yo estoy aquí porque me ha hecho creer
que aún luchábamos por la Confederación.
Y así es, debemos estar aquí cuando aparezca la caravana,
vivos, no muertos, y yo tengo el mando. ¿Alguna pregunta?
No.
Ahora, McNamara, alerte a los a centinelas,
y tráiganme un uniforme yanqui. De capitán, servirá.
¿Un uniforme yanqui? ¿Para qué? Para ponérmelo,
usted se pondrá otro,
seremos jefes de un campo de prisioneros de guerra yanqui.
(Música)
Fort Grant. ¡Agua!
Ahí están, no quiero complicaciones, ¿eh?
Ya saben lo que hay que hacer, y no tiren a matar.
¡Quietos! No somos ladrones.
Y a ver si os portáis como caballeros.
Somos licenciados del 45 de Caballería, camino de Santa Fe,
queremos comida y agua, soy el teniente Winton.
Esto no es Santa Fe, sigan su camino.
¿Qué forma de hablar es esa?
Quiero ver al comandante en jefe, soldado, lléveme enseguida.
Solo pedimos comida y agua.
-Quiere ver al capitán. -De acuerdo, pero solo él.
Pase usted solo, teniente.
Quedaos aquí y silencio.
Las mociones de censura,
están pensadas,
para resolver una situación de inestabilidad.
No desmonte.
Llevando a la presidencia del gobierno,
Quiero hablar con usted.
No tenemos nada que hablar. Es cuestión de vida o muerte.
Se equivoca, amigo, es solo cuestión de muerte.
No sé de qué está hablando, capitán. Lo diré más claro,
queremos partirnos la cara ante la ciudadanía,
usted y los suyos se van a ir de aquí rápidamente.
Mire, vamos camino de Nuevo México y...
reclamando su voto en las urnas,
Me es igual, sigan su camino.
lo único que nos importa,
Se olvida usted de las ordenanzas, capitán,
esto es propiedad del Gobierno, ¿no?
¿Es que ha venido a recordarme las ordenanzas?
a mí me parece de una falta de seriedad,
Todos hemos cumplido con nuestro deber.
por parte de nuestros dirigentes,
El personal licenciado tiene derecho a agua y comida,
si realmente ahí elecciones,
no puede negarse a ayudarnos.
pisoteando la constitución.
¿Le gustaría verse en nuestra situación?
Es un asunto muy menor,
Pablo Iglesias esta situación,
le ha venido bastante bien,
Mire señor... Winton, teniente Larry Winton.
está tapando un debate,
que por un tema poco relevante,
Les daré una cantimplora por hombre y un galón por caballo,
para su público y sus electores,
y se irán de aquí enseguida. Eso apenas es nada.
Ya oído mi propuesta, señor Winton.
destacado como es el famoso chalé.
Mis hombres dispararán sin avisar.
Esto es un campo de prisioneros, y también aquí cuentan las ordenanzas.
Todas estas situaciones y declaraciones,
Dispararán sin avisar. ¿Lo ha oído?
es tan tapando todo este debate.
De acuerdo.
Váyanse ya, podemos perder la paciencia.
Después de este panorama,
-Yo voy a buscar agua. -¡Quietos todos!
Recordad las órdenes del teniente, ese está loco.
está también el punto de Esquerra republicana,
que en esta situación,
Teniente Winton, este territorio es de los indios,
procure no olvidarlo.
le viene muy bien a su horizonte,
cuanto peor mejor.
Todo lo que puedan apoyar esta situación de inestabilidad,
pero mis hombres están hambrientos, se me diera algunas provisiones...
en el gobierno central,
a mi juicio es bueno.
McNamara. Sí, señor.
Una cantimplora por hombre y un galón por caballo, nada más.
(Disparos)
¡Alto, no disparéis!
¡Quieto! Acabo de salvarle la vida.
¡Todo por no obedecer mis órdenes!
¡Cubridnos!
¡Ya habéis oído, rápido, vamos a cubrirlos!
(Disparos)
Conseguirán escapar. Déjalos.
Coge las cantimploras y salgamos de aquí.
¡Alto el fuego! ¡Alto el fuego!
Los deja escapar. Ya conoce nuestra misión, Bannister.
No vamos tras ellos. Ahora hablarán,
y muertos no dirían nada. Se equivoca, huirán.
Han matado a un soldado de la Unión, se irán lejos y deprisa.
Con 20 hombres en una hora...
Repito que esperaremos aquí la llegada de los carros.
¡Todos!
¡Eh, Zubarri, Sharpe! Poneos en retaguardia
sin perdernos de vista, hay que galopar deprisa,
puede que vengan detrás. Matar a un centinela,
ese chico es idiota, ¡que se marche!
Comenzamos juntos y terminaremos juntos,
ahora hay que encontrar más agua,
estamos metidos en pleno territorio indio,
así que tened los ojos bien abiertos,
que cada uno coja su cantimplora y la administre bien.
Puede que no encontremos más.
(Relincho)
(SUSURRA) He sido yo quien lo ha echado todo a perder.
-¿Qué te pasa, qué estás pensando?
-He visto algo muy raro en el fuerte. -¿Raro, qué?
-Siempre me fijo en el hombre que trata de matarme.
-Yo ni me paré a mirar.
-Puede que me equivoque, pero me pareció que aquellos tipos
llevaban el uniforme rebelde.
-Siento mucho hablarte de esto, Larry,
pero es muy difícil para mí empezar de nuevo.
No soy un soldado, y Santa Fe significa volver a la granja,
que es lo mío, es preciso llegar, hay que dejarse de tiros y peleas.
Llegaremos, Slim. Mira, creo que es una ciudad. ¡Vamos!
Tres carros y una carroza
en Páramo Point. Una carroza.
Entonces, ¿salimos ya, señor?
Los carros son importantes, pero... ¿Pero qué?
Que ella es más importante. McNamara, envíe este mensaje.
Que comprueben y contesten si miss Belmont viene en la caravana,
envíelo enseguida. Sí, señor.
(Música tensión)
Hay agua.
¿Cómo sabremos que es buena?
-Porque los que han vivido aquí no han muerto envenenados.
-No me gusta nada este lugar. -¿Qué te pasa?
¿Por qué el saloon está cerrado? -A mí no me gusta de ninguna manera.
Acampemos fuera. No, aquí, podemos encender fuego
sin ser vistos. No nos siguen, vigilé todo el camino.
Puede ser, pero con lo que ha hecho Fred, estamos fuera de la ley.
No creo que seamos proscritos. Ya hablaremos de eso más tarde,
pasaremos aquí la noche. Vamos a dar agua a los caballos
y a meterlos en la herrería. Zubarri, tú con Mayer y Sharpe
llevad los caballos, nosotros vamos a echar un vistazo.
(Música)
¿Tiene prisa, amigo? -Sí, ¿por qué?
-Olvídelo, ahora ya no tiene prisa.
Los caballos tienen el tesoro.
Sí, tesoros de todas clases.
¿Conoce a este hombre, señorita? La verdad es que él me conoce a mí,
sargento Benham.
Sargento Delmer, señorita. ¿Puede usted venir con nosotros?
Lo siento, miss Belmont, imposible, tengo órdenes concretas.
Solo he venido a comunicarle que la esperan en Fort Grant.
Gracias, sargento Delmer. Me agrada saber
que los caballos tienen el tesoro. Hasta pronto.
Adiós, informaré a Fort Grant que la primavera se acerca.
Usted sabrá lo que tiene que decir, que tenga suerte.
Adelante, sargento Benham.
(Música tensión)
Si los carros están en camino, ella debe venir.
¿Qué hacemos con los prisioneros? Ya veremos más tarde.
¿Cuándo? ¿Qué espera para fusilarlos?
Veo que le entusiasma la idea.
Es la guerra. La guerra ha terminado.
(Música tensión)
No lo entiendo,
han destrozado casi todas las casas,
parece como si hubieran buscado algo, y muy valioso.
¿Pero por qué aquí, en este poblacho perdido en el desierto?
Sea lo que sea, no consiguieron dar con ello.
Quizá fueron los soldados de Fort Grant buscando a Fred.
Déjale en paz. Claro, de eso no se puede hablar.
Como ha sido nuestro niño mimado...
-Dejémoslo, aquellos pagaron su merecido.
No tenían derecho a negarnos el agua, todos luchamos en la guerra.
-Sí, pero me gustaría saber de qué lado lucharon.
Todo parece muy extraño aquí.
Como en Fort Grant. No puedo adivinarlo.
Fred, Hillstrom, vamos a ver los caballos.
Buenos días, mayor Benton, siento interrumpir su sueño,
pero hay que salir ahora mismo.
Debiera comprenderlo, mayor, mi único propósito
es salvar sus vidas. Muy amable por su parte,
mayor Hyde. Viajaremos juntos
hasta que yo les deje libres. Debo hacerle saber
que cuando asaltaron este fuerte la guerra había terminado,
ustedes ya no eran soldados, sino unos vulgares bandidos.
Le repito que si vienen con nosotros, se salvarán.
Solo exijo su palabra de honor. No se la daré.
Mis hombres y yo escaparemos a la primera oportunidad.
Siento no poder apreciar su valor en estas circunstancias.
(Disparos)
Le veré luego, mayor, piénselo.
Bienvenida a Fort Grant, miss Belmont.
¿Por qué? Porque llevamos esperándola
mucho tiempo, y porque es usted más bonita de lo que esperaba.
¿Es usted Adam Hyde? Sí.
El sargento Delmer me dio la contraseña
a unas millas de aquí, la primavera se acerca.
Y creí que estarían preparados para salir.
Lo estamos, pero usted necesitará descansar.
Gracias, mayor, deseo terminar con esto lo antes posible.
De acuerdo, saldremos dentro de un par de horas.
Los indios están cerca, los hemos visto...
Esperemos o no, nada les impedirá atacarnos
si ese es su propósito.
(Música tensión)
Eh, Larry. ¿Qué hay?
Fíjate.
Qué curioso. ¿Qué es eso?
Un crisol de joyero.
¿Pero esto no era una herrería? Por eso te lo he dicho,
porque solo se emplea para fundir metales preciosos.
Puede que también arreglaran muelas de oro.
Vamos a ver los caballos.
(Continúa la música)
Teniente Bannister, ahora que me ha mirado bastante,
¿quiere marcharse? Ya le advertí al mayor Hyde
que tardaría media hora, 30 minutos, y aún falta mucho.
Soy una señora, aunque usted no sea un caballero, adiós.
No me asusta matar a un hombre, he vivido esta guerra.
(Música tensión)
Eh, Larry, eche un vistazo a esas herraduras.
Seguramente han tenido aquí muchos caballos.
Y demasiado pequeños. Ninguna le serviría a los nuestros.
¡Qué diablos...!
Esa serpiente iba derecha a tu pierna.
Gracias. -¿Qué pasa aquí?
-Queríamos comprobar si te habías dormido.
-Qué gracioso.
Eh, Larry...
¿De dónde has sacado una bala de oro? Es de plomo del norte.
Es de oro. -No, pero tiene oro en la punta.
¿Dónde habrá rebotado?
Hillstrom, déjame tu cuchillo.
Esto sí es de oro. Sí, es de oro.
¿Dónde está el oro?
Teniente Bannister, a mi padre le mataron
por saber guardar el secreto. Olvide la pregunta, miss Belmont.
Tengo derecho a preguntárselo, ya que nosotros
hemos de cumplir sus propias órdenes.
Llevar ese oro a México.
Es parte del tesoro de la Confederación,
y pertenece a sus legítimos dueños.
Mi padre era banquero, un hombre honrado,
prometió entregarlo y lo entregaremos.
Desde luego, pero no creo que el teniente Bannister
haya puesto en duda la honradez de Carlos Belmont.
Espero que no, mayor.
Pues yo, con todos los respetos, no juzgo conveniente
que una sola persona, aunque esa persona sea usted,
conozca el secreto de una fortuna tan importante.
Un verdadero tesoro.
Si algo le sucediera a usted, miss Belmont...
Quiere decir si me mataran. Por ejemplo.
No se preocupe, teniente,
mi padre ya tuvo en cuenta esa posibilidad.
Bannister, salimos dentro de 10 minutos.
Sí, mayor. Comprendido, ya me voy.
La veré luego, miss Belmont.
Mayor Hyde, ¿cree usted que llegaremos a México?
¿Por qué lo dice? Empeñé mi palabra de honor
con su padre para terminar este asunto.
Él creía en mi honradez.
Confío en usted, ¿pero y los otros? No le garantizo nada.
Si hubiera dificultades, ¿en quién confiaré?
De haber un verdadero apuro, en nadie.
No me refiero a los indios. Sé a quién se refiere.
(Metales)
Ya hemos comprobado bastante, son todas de oro.
Aunque lo dividamos en 10 partes... -La de whisky que podemos comprar.
-Aunque se divida, todos ricos. -Yo me haré una trompeta de oro.
No es precisamente eso lo que vamos a hacer.
Bien, Larry, ¿qué vamos a hacer entonces?
Si nos llevamos este oro, seremos unos ladrones.
Y devolviéndolo al Gobierno, tendremos una recompensa legal,
lo suficiente como para empezar una nueva vida.
De otra forma, nos puede acarrear muchos disgustos.
Sería de tontos devolverlo. -Hay que llevárselo.
¿Cómo? Perdona, Larry,
pero Mckay tiene razón. No hay más que cargarlo en los caballos.
¿Cuánto puede cargar un caballo llevando de más al jinete?
Que se lleve cada uno lo que pueda.
¿Y vais a dejar aquí la mayor parte de él?
Debo confiar en alguien. ¿Conoce usted el poblado
de Southerville? Sí, muy bien.
El oro está allí.
No es posible, lo registramos a conciencia.
Entonces, se nos adelantaron y...
Propongo volver a Fort Grant, justificarnos,
y recibir la recompensa legal.
Yo estoy con Larry. -Yo también.
-Perdona, Larry, si vuelvo al fuerte, me colgarán.
Yo me quedo.
-Creo que estás esperando mi contestación.
De acuerdo, Larry.
(FORCEJEAN)
(Disparo)
Si te mueves, eres hombre muerto.
Los que estén de mi parte, que salgan,
los demás, que se queden aquí y que decidan.
Levantad las manos al salir,
si no estáis de acuerdo, mucho cuidado,
porque estaremos con el dedo en el gatillo.
(Música)
¿Hacemos un pacto?
Si no se trata de arriesgar la vida...
¿La arriesgaría por un millón de dólares?
¿De qué dinero, confederado? Nada de eso. En oro.
Por menos que eso arriesgo yo cinco vidas.
¿Qué hay que hacer? Pelear con los indios.
¿Y luego? Quizás tengamos que luchar con otros
por ese millón de dólares. Ya, contra todo.
Seguro. ¿Dónde está el millón?
Por el momento, solo ella lo sabe.
De acuerdo.
(Continúa la música)
(Música tensión)
Agua...
Agua, agua...
-Tú quiere agua, primero decir por qué vacíos carros.
-No están vacíos, agua...
-Indios sabe que caballos andar más lento con carga.
¿Por qué azules y grises luchar en fuerte?
¿Por qué mujer blanca en feo carro? Habla, pronto.
-Yo no sé, agua...
-Tu lengua no bastante seca.
-Y ahora, ¿qué hacemos?
-Lo llevaremos todo de una vez, no importa cómo.
Lo sacaremos como los indios, arrastrándolo del caballo.
-Pero nos tienen cercados aquí. -Nos dejarán salir.
¿Olvidas que tenemos el oro?
-¿Qué hacemos ahora, jefe? Nada.
No saldrán de ahí sin que les veamos.
¿Y los vamos a dejar?
Hemos estado juntos mucho tiempo, no quisiera matarlos.
Si se van con las manos vacías, los dejaremos.
Banca Belmont.
Oye, ¿no será este el banquero de Nueva Orleans?
Dicen que Carlos Belmont era un gran hombre,
extraordinariamente rico, amaba el arte, la buena mesa,
y honrado, además.
-Ese Belmont no solo era grande, era único.
Carlos Belmont,
el hombre que abandonó el banco para escapar de la guerra.
Bien, creo que Southerville aclara muchas cosas.
Nadie iba a creerse que he pasado la noche en un banco,
vigilando un par de millones que un banquero maniático
camufló en una herrería. Yo creo que no era tan maniático.
No, estaba loco.
Oíd, de haberlo escondido en otra parte, se lo habrían robado,
ya visteis cómo registraron todo. Afortunadamente,
no miraron en la herrería.
Zubarri. -¿Qué?
-¿Qué te pasa, escocés? ¿Te da miedo? -No, pero mientras yo vigilo
la puerta principal, me gusta que otro vigile la de atrás.
-¿Cuándo nos vamos de aquí, teniente? ¿Andando?
Los caballos están dentro, no podríamos llegar a Fort Grant.
Nunca hubiéramos llegado. Vea.
(Música)
¿Qué idiotez estarán diciéndose?
Dirán que cuidemos nuestras cabelleras.
Eh, Hillstrom, quiero hablar contigo.
Hillstrom, ¿me oyes? Es importante.
Te estoy escuchando.
Habla ya.
¿Has visto la ventana de atrás?
Sí, ¿qué pasa? Asómate a ella.
¿Se ve algo, Mayer?
(Música tensión)
Señales de humo. Nada más.
-Claro. Indios, ¿qué piensas hacer?
Solo nos salvaremos en Fort Grant, con el tesoro o sin él.
¡Allí, no, imposible, allí, no, a Fort Grant, no!
-Quítate de ahí y calla, estúpido.
(Música tensión)
¡Calla la boca cuando hablen los hombres!
Está bien, escucha. Ahí va mi respuesta.
Si tenéis miedo a los indios, ¿por qué no os largáis?
Porque los caballos están ahí dentro.
¡Ya sé que están aquí! ¡Id andando!
¿Has perdido la cabeza, Hillstrom? No podéis comprar vuestras vidas
con ese oro. Pensad bien la tontería que estáis haciendo.
No tenéis salvación.
(Música intriga)
Tiene razón, estas herraduras traen mala suerte.
¡Salgamos de aquí! -¡Quieto, Slim!
Vuelve a tu sitio, de aquí no se mueve nadie.
-Prefiero una fecha a que me cuelguen de un árbol.
-Eso es cosa tuya. Yo uso el sentido común
y tengo poco tiempo para ello. -¡Eh, Larry! ¿Me oyes?
¡Sí, te oigo! ¡Seguirás siendo el jefe!
Eso está mejor.
(Música tensión)
Si alguien opina lo contrario, que se marche ahora mismo.
De acuerdo, todos nos tenemos que marchar cuanto antes
porque los indios van a aparecer dentro de poco tiempo.
¿Qué estáis esperando? Yo no espero nada, Larry,
me iré por otro camino. ¿Es que te has vuelto loco?
He dicho que no puedo ir. Lo siento.
-Yo me quedo con él. No podéis impedírnoslo.
Suerte, Fred.
(Música)
(Música tensión)
(Música)
(Música intriga)
(GRITA) ¿Qué haces, idiota? Los indios pueden vernos.
Eso es lo que quiero. -¿Eh?
-Tú quieres llegar vivo a Santa Fe, ¿verdad?
-Claro, pero... -¡Pues escúchame!
Ten calma, sigue mis consejos y llegaremos vivos... y ricos.
(Música tensión)
(Traqueteo)
(Galope)
(CON DIFICULTAD) Agua...
Agua.
Agua.
Vamos a ayudarle. -Cállate. No te muevas.
Déjame hablar a mí. -Ah, ah...
(HABLA EN SU IDIOMA)
Un momento, jefe, quiero hablar contigo.
-Hablar, luego. -Yo no he venido aquí
para que me hagas prisionero. He venido a proponerte algo.
Puedo hacerte el más grande de los jefes indios.
-Numitah ser más grande de los jefes indios.
No necesitar ayuda de chacales. -Ya...
Pero no puedes vencer con arcos y flechas.
Puedo ofrecerte... rifles, municiones... ¡hasta un cañón!
-¡Tawk!
-Te ofrezco un millón de dólares... en oro.
-Tú dicho "rifles". -Se compran con oro.
-¿Quién vender a mí? -Yo.
Sé dónde conseguirlos. -¿Por qué hacer eso?
¿Quieres a indios? -Y al dinero también.
-Me das la mitad del oro, un carro y voy a buscar los rifles,
tú te quedas con el resto. -Cuando vuelva con ellos,
me devuelves el oro. -¿Cómo sé que tú volver?
(RÍE) No me has comprendido.
¿No ves que te dejo mi parte aquí?
-Espera, hablaremos.
(SUSURRA) Debiste estudiar para abogado.
Carros muchos...
Abandonar fuerte con blancos y grises también azules.
Venir aquí mañana.
Carros estar vacíos.
(REPITE) "Carros vacíos...".
Claro, alguien tenía que venir a por él.
-¡Hombre blanco! ¡Hablar conmigo!
-Sí, jefe, será fácil. Les dejaremos cargar el oro...
y les quitaremos los carros.
-Yo quitar bien. -Lo sabía. Seremos socios.
Dos de esos carros van muy cargados. Llevan las municiones.
Hay que quitárselos antes de pasar el...
(RÍE) Ya te diré el sitio.
Rostro pálido listo. Se hará.
(SUSURRA) ¿Nadie te ha dicho que no te fíes de un indio?
¿Averigua quién ha dicho a los indios que no se fíen de un chacal?
-¿Qué van hacer con él?
-Yo no necesitar prisionero.
-Oh.
(Música intriga)
(Música tensión)
¡Ah!
¡Detrás de aquellas rocas, pronto!
(GRITAN)
¡Todos en posición!
¡Fuego!
(Disparos)
(Relincho)
¡Ah!
¡Vámonos de aquí!
(Disparo)
¡Arre, arre!
(GRITAN)
(Disparos)
(Relincho)
¡Ah!
(Traqueteo)
(Música solemne)
Resguardaos lo mejor posible y no malgastad las municiones.
Puede que tengamos que estar aquí más tiempo del que pensamos.
Me siento como atrapado en una caja fuerte.
(RÍE) Buen sitio para morir un escocés.
Indios...
No, esos caballos están herrados. ¡Venid!
¡Tiren sus armas! ¡Bannister!
Le he dicho mil veces que soy yo quien da las órdenes.
Tiren las armas, serán tratados con justicia.
Ya... Recuerdo cómo fuimos recibidos en el fuerte.
Haced lo que os dice.
¿Quiénes son? Renegados.
Son los que mataron a dos de nuestros hombres en el fuerte.
¿Cuánto tiempo hace? Un par de días.
¿Por qué está usted aquí? No recuerdo haberla visto antes.
Eh... Miss Belmont, el teniente Winton.
Belmont...
Ahora comprendo por qué han venido. Vamos a la herrería.
Pronto, llevadlos al salón con el resto de los prisioneros.
Exteniente Larry Winton, del Ejército de los Estados Unidos.
Mayor Benton, del Ejército de los Estados Unido.
En activo. ¿Quiénes son?
¿Esos? Una partida de indeseables.
Creo que han venido aquí para apoderarse
de un tesoro de la Confederación. Son unos renegados.
Y de no ser por Hyde, nos habrían asesinado a todos.
Aún están a tiempo, mayor. Hay un par de millones de dólares
solo en esa herrería.
Cargue los carros, Bannister.
Se acabó, Adam. Deme su revólver.
Le fusilarán por esto. Es posible...
Pero tendrán que encontrarme. El oro es de la Confederación.
¿Qué Confederación?
Estamos hartos de luchar por una causa perdida.
El tesoro es nuestro y nosotros somos la Confederación.
Discúlpeme.
Llevadlos con los otros. Se alegrarán de verlos.
No, Bannister, no se saldrá con la suya.
¿Es que va usted a impedírmelo?
(Relincho)
¡Miss Belmont!
Si no le importara unirse a nosotros...,
estoy dispuesto a repartir con usted.
¿Quiere acompañarnos?
Resultaría todo mucho más legal.
Y además de socios, podríamos ser amigos.
¿Ahora qué va a hacer usted con ese oro, miss Belmont?
Cállese, Winton.
De acuerdo, rebelde.
Es que los yanquis luchamos de una forma distinta
a la de los caballeros del sur. ¡He dicho que se calle, Winton!
Sol ponerse ya. Indio preferir lucha de día.
-Sí, pero sería mejor cercarlos ahora para acabar con ellos mañana.
-¿Y máquina de fuego? -Capturaremos las municiones.
Podríamos traernos los carros ahora. -Ah.
(Ruido metálico)
Todo cargado.
(Traqueteo)
(GRITAN)
¡Indios! ¡Los indios! ¡Sacad los carros de la calle!
¡Pronto!
(Disparos)
(Gritos)
Bien, ahora ataca la caballería.
Estupendo...
Y además, han dejado los carros intactos.
-¡No me gusta esto!
Habrán matado a muchos amigos.
-Olvídalo. Ya no tenemos amigos.
Muy bien, jefe.
(Gritos)
¿Qué se llevan? Los carros de la munición.
Tenemos el oro, vámonos. ¿Estás loco? Hay miles de indios.
Con esos carros, tendrán para un par de horas.
Esta es la ocasión. ¿Qué hacemos con los prisioneros?
Que lo digan los indios. ¡Vamos!
Johnson, deme su revólver. Apártese, mayor, no quiero matarle.
Por última vez, todavía soy su jefe...
¡Démelo!
¡Bannister!
¡Quédese donde está! ¡No se mueva!
(Disparo)
Ah...
¡Benham! ¡Vuelvan todos a sus puestos!
¿O quieren que los indios acaben con ustedes?
A la orden.
(Murmullo)
Winton...
Voy a hacerle una proposición. Deme su palabra
de que no luchará contra nosotros hasta que rechacemos a los indios
y le dejaré ir libre y armado. Usted quiere salvar el oro, ¿verdad?
Primero quiero salvar sus vidas. ¿Y qué pasará después?
Comenzaremos de nuevo.
Trato hecho. Bien.
No es necesario, le he dado mi palabra.
¿Qué dice usted? De acuerdo.
¡Johnson! Diga, señor.
Devolved las armas a estos hombres. Vamos fuera, McNamara.
Teniente Winton...
¿Puedo hablar con usted un momento? Dígame.
¿Querría colaborar con nosotros para llevar este oro a México
cuando todo termine? No puedo.
Ese oro era de mi padre. Sé que usted intenta entregárselo
a los confederados de México. Es lo que pretendía mi padre.
Todos pretendíamos hacer cosas durante la guerra sin conseguirlo.
Entonces, no nos pondremos de acuerdo.
Yo creo que sí. Grant y Lee lo consiguieron.
Podemos intentar... vivir todos juntos y pacíficamente.
Olvídese de su Confederación, miss Belmont,
y también de su oro.
Hace unos meses, no hubiéramos hablado así
porque usted es sudista y yo, yanqui; pero hoy...
se han terminado todas las diferencias en nuestro país.
Porque todos somos americanos.
Piense usted en ello miss Belmont.
(Galope)
¡Quieto!
-Quería ver lo que tenemos, jefe. -Tú no tener nada.
Yo tener todo. -¿Ya no somos amigos?
-Numitah no tiene amigos hombres blancos.
Todos indios. Tú mi prisionero hasta que yo ordene.
(SUSURRA) Me parece que hemos ido demasiado lejos.
Ya no podemos retroceder. -No tenemos salvación.
-¡Tú mirar carreta! Ver si estar todo.
(Relincho)
(SUSURRA) Malditos salvajes... ¿Dónde está la pólvora?
-Sí, hay muchas balas, pero sin pólvora.
-¡Numitah! Tus guerreros están ciegos,
se han dejado la pólvora. -No hablar, traidor.
Tú morir ahora.
Ladrón blanco cometer gran error. -¿Sí?
Te equivocas, jefe. Ellos tienen la pólvora,
pero no tienen las balas. Cuando estén los carros cargados,
nos apoderaremos de ellos. -Tú siempre hablar con astucia.
Nosotros escuchar. -¿Por qué no les atacamos ahora?
Antes de que se preparen. -Día acabar ya.
Indios dormir noche. Atacar a primera luz.
Yo creer que tu esperarme. ¿Sí?
Ya habéis oído. Id allí, al extremo del pueblo.
Vosotros con ellos. Bien.
A vuestros puestos. El resto, con el sargento,
cubrid la posición detrás de la casa.
No sé si eso dará buen resultado. ¿Se le ocurre algo mejor?
Sí, en mi opinión, mucho mejor. En vez de esperarlos,
hay que atacar. Es una buena idea.
Debe haber más de un millón de indios allí.
Con eso, nivelaremos las fuerzas. Será divertido.
Hay mucha pólvora, pero ninguna bala.
¿O se ha propuesto solo asustarlos? Tiene que haber hierro
en algún sitio. Es posible...
Pero... dígame cómo fundimos el hierro.
Está bien. Iremos a hablar con miss Belmont.
¿Para qué? ¿Para ofrecerle un té?
Vamos.
No ha pensado en desprenderse del oro, ¿verdad?
Sería lo último que hiciera. ¿Ni para salvar su vida?
En tal caso, pues...
Tengo una idea. Nos llevará toda la noche.
Fundiremos el oro para hacer balas de cañón.
Debe aceptarlo. Lo siento.
(Música intriga)
¿Qué le pasa a McKay? -Que es escocés.
Y un escocés no puede soportar que arrojen el oro a los indios.
-Tiene razón. Yo también voy a llorar con él.
(LLORA)
Entonces, ¿me hago cargo de la zona norte?
Sí, yo vigilaré el sur. De acuerdo,
me quedaré al mando del cañón.
(Música intriga)
¿Todavía nada? Nada...
Bien, seguid vigilando.
(Continúa la música)
¿Qué? ¿No hay novedad, McKay? No...
Será verdad que hay millares de indios, pero no lo parece.
(RÍE) Ya los verás.
(GRITAN)
(Silencio)
¡Indios al ataque!
(Disparos)
(Gritos)
(Relincho)
¡Girad el cañón! ¡Carguen!
(Disparos, gritos)
(Galope)
Tú mentir, traidor blanco. Gran máquina fuego matar indios.
-Aún los venceremos, ten calma. No los rodees ni ataque de frente.
Es preciso atacar por los flancos.
Conozco...
conozco una forma para proteger a tus guerreros contra sus rifles.
-¡Habla!
El cañón puede hacer poco aquí. Vienen desplegados.
(Disparos)
¡Por allí detrás! ¡Vamos, vamos!
(Continúan los disparos)
Que den la vuelta al cañón, van a atacar
por el otro lado de la calle. Bien.
¡Girad el cañón!
¡Vamos, rápido!
¡Fuego!
(Estruendos)
(Barullo)
Hombres blancos mentir otra vez. Indios atacar como tú decir.
¡Y perder! Ahora, como yo digo.
Rodearlos y matar como indios.
-Ese pueblo está seco como la estopa.
Podemos quemarlo y todos morirán. -Hombre blanco hablar bien
para ver indios morir. -No, jefe.
Si nos devuelves las armas, lucharemos a tu lado.
Incendiaré el pueblo yo mismo. -Yo daros las armas;
pero si esta vez mentir..., indios matarte.
-No, no podemos hacer eso.
-¿Tienes otra solución?
(GRITAN)
(Disparos)
¡Ah!
¡Ven aquí!
(Disparos, gritos)
-¡No podemos hacerlo! -¿Que no? ¡Mira!
(Disparo)
(Galope)
(Disparos)
Eh, todos vosotros... ¡Seguidme!
(Relincho)
(Estruendo)
(GRITA)
¡Uh!
-¡Ah!
(Relinchos)
Buen tiro, rebelde. También el tuyo es bueno, yanqui.
No lo hicimos mal en Gettysburg. Tuvisteis suerte.
Yo estaba en Shiloh.
(Gritos)
No le acertaste, escocés. -Yo no sé tirar
contra la gente desnuda. Palabra.
Es como disparar contra un hombre mientras se baña.
-Hombre, si vosotros lucháis con faldas.
-¡Te he dicho cien veces que se llama kilt!
-¡Pues dímelo 101!
(RÍE)
No ahorres balas, McKay, que este no es el momento
de ser avaro.
(RÍE)
Supongo que tú no lo sabías, pero te juro que eras...
el mejor amigo que he tenido.
(FORCEJEAN)
¡Bajad el cañón dos grados! Apuntad bien a aquella casa,
no hay más remedio que volarla. ¡Fuego!
(Estruendo)
Bueno, mayor...
Mis hombres y yo hemos cumplido nuestro compromiso.
No, todavía no, volverán. Claro que sí.
Volverán y volverán mientras no se acaben
todas las tribus de América. ¿Qué quiere usted que hagamos?
¿Correr por todo el país detrás de ellos?
¿Por qué no?
Uno de los principios de la guerra, señor capitán,
es destruir las bases de aprovisionamiento del enemigo.
Muy bien...
Y si su campamento está a cinco millas de aquí,
¿cree usted que llegaría con este cañón?
No he querido decir eso. ¡No disparen! ¡Soy yo!
¡No disparen!
¿De dónde vienes, Fred? Creo que me debes una explicación.
Sí. Ya lo sé, luego... Ahora vienen los indios
por la colina. ¿A qué estáis esperando?
¡El cañón al otro lado de la calle!
Vamos, moveos, rápido.
¡Están detrás de aquella roca!
¿Listos? ¡Fuego!
(Estruendos)
¡Fuego!
¡Fuego!
Vamos a por el de la suerte.
Dos grados a la derecha.
¡Fuego!
¡Carguen! ¡No! ¡Quietos!
Se acabó.
¡Arre, arre! ¡Eh, Fred!
¡Winton!
(RESOPLA)
Ahora sí que hemos terminado con ellos.
Desde luego... Con las balas más caras del mundo.
(RÍE)
¿Me da la mano?
(Latigazo)
Ah, ah.
(Disparo)
(AGONIZA)
(CON DIFICULTAD) Por fin, el oro es de los yanquis.
No es de nadie, rebelde. Lo había tratado poco,
pero creo que era uno de los últimos caballeros del sur.
Tal vez...
Pero aún quedan muchos...
en el norte y en el sur.
(Música intriga)
(Galope)
(Corneta)
Seguiremos nuestro camino. Con la muerte de Numitah,
ha desaparecido la mayor tribu enemiga.
Hum... No creo que nos metamos en otro lío de estos.
(RÍE)
Miss Belmont, espero que le guste Santa Fe.
Estoy seguro.
Oiga, ¿qué ha pensado hacer con Fred?
(RÍE) Quiere volver al Ejército. ¿Qué le parece?
Que es un buen soldado...,
aunque le crean loco.
¿Viene conmigo? Sí, será mejor que en la carroza
para esta clase de viaje. El oro es suyo, mayor.
Con desenterrarlo, basta. Eso haremos.
Hasta la vista. Adiós.
-¡Eh, Larry!
Iré a Santa Fe cuando me licencie. Te esperaremos allí.
(Música)
¡Arre!
(Música créditos)
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