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(RÍE)
¡Ah!
¡Ah!
(BALBUCEA)
(JALEAN)
(RÍE)
(GRITAN)
"LOS TRES INVENCIBLES"
(GRITA)
(RÍE)
(Risas)
Ponle más ganas, Manina, o no se lo creerán.
(RÍE)
¡Ah! -¡Eh, sinvergüenzas! ¡Mi burro!
-¡Por las barbas del profeta, sacúdele!
¡Sacúdele, sacúdele!
-Estás loco. -¡Serás sinvergüenza!
-¡Amed! ¡Amed! ¿Dónde está mi marido?
-Está ahí, mujer. Es el de los ojos morados.
-¡Vamos, Manina! ¡Aprisa o se darán cuenta!
-¡Fuera! ¡Largo, pordioseros! ¿Qué pasa?
-¡Quietos! ¡Están prohibidas las riñas!
(RÍE)
Tartamudeas como el que más, pero tus puños hablan bien claro.
Otro robo, ¿eh?
Desde que os cruzasteis en mi camino,
perdí la paz y la tranquilidad.
Robó dos manzanas.
También mentirosos. ¿Veis?
(BALBUCEA)
Es mejor tartamudear que contar mentiras.
Calla. Yo se lo explicaré.
Está muy claro. ¡Madre mía!
¿Quién ha puesto esto aquí?
Pobres angelitos. Vais a devolverlo todo.
Pero, Ursus...
¡Deprisa!
(BALBUCEA)
Culpa mía, eh.
Aparte de ladrón, eres un mentiroso.
Recoged las manzanas y ponedlas aquí dentro.
Y daos prisa, ¿entendido?
Aprisa. Fuisteis muy rápidos al robarlas.
Tenéis que daros la misma prisa en devolverlas.
Y tú, Manina, deja de protestar.
Ahora, id.
¡Ahí están! ¡Ahí están! -Fue culpa suya. ¡Han sido ellos!
-Ya está, amigos míos.
-¿Sabéis cómo castigamos a los ladrones?
Les cortamos las manos.
Un momento. Mis amigos han devuelto todo.
¡Arrestadle a él también! ¡Es su cómplice!
Paz y tranquilidad, amigos míos.
Nosotros no queremos líos. ¿Por qué los buscáis vosotros?
¡Fanfarrón!
-¡A por ellos! ¡A por los ladrones!
¡Atrás! Hagamos sitio. ¡Ahora, Manina!
-¡Venid! Merece la pena ver este espectáculo.
-Esos son una broma para Ursus. -¿Ursus has dicho?
(RÍE) Cabezas de alcornoque.
¡Ursus, a tu espalda! ¡Vienen más!
Te lo regalo.
¡Aaaaah!
-Un hombre con esa fuerza solo puede ser Ursus.
Nunca dejes que se desarmen.
¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!
¡Que vengan otros dos! Veamos qué sois capaces de hacer.
¿Quieres que adivine los pensamientos secretos
que anidan en tu mente?
Feroz como un león.
Fuerte como un toro.
Y aún más rápido que una serpiente.
Lástima que las serpientes
vean tan poco.
Pero te sonríe.
¿Acaso crees que a una mujer joven como yo
le basta con una sonrisa?
Eres la esposa del rey.
No deberías ser tú el que me lo recordara.
-Los entrenamientos te fascinan.
Querida, te estuve esperando en vano.
Sabes que quiero que estés junto a mí.
Perdónala, señor. Pero tú tampoco
hubieras renunciado a este espectáculo.
Fíjate en nuestro Ursus. Realmente es formidable.
Ven, querida.
-Cómo resistir tanto ímpetu.
Los tanusis no pudieron resistirlo.
Ningún pueblo, por muy batallador que sea,
puede hacer frente a la potencia de Ursus, nuestro héroe.
Señor, he visto en el mercado a un hombre
que dice llamarse Ursus. Sucedió en el mercado,
fuera de la muralla.
¡Ah! -¡Ah!
-Señor, un hombre con una fuerza extraordinaria
y junto con dos amigos han derrotado
a los soldados del mercado. Dice llamarse Ursus,
como tú. ¡Ah!
(Suena el gong)
¡Drakis!
¡Drakis!
Reúne a todos los hombres que puedas.
Hay tres espías tanusis en el mercado.
Quiero verles personalmente.
¿Esto es otro robo? No.
Es el mismo de antes, Ursus. Pero yo no tengo nada que ver.
(RÍE) ¿De qué te ríes?
Estate quieto. Por vuestra culpa,
siempre estoy metido en líos.
No os entra en la cabeza que la honradez
es el mayor don de la naturaleza
Que poder acostarse con la conciencia
tranquila es el mejor premio
que se pueda desear. De acuerdo, pero...
Desear, ser apreciado por todos.
Ser amado.
Que apaguen tu sed.
Que apaguen tu sed.
Escucha, muchacha de los cabellos dorados.
¿Puedes darme un poco de agua?
Nuestra ciudad, los campos, la gente. Él lo salvó todo.
Le colmamos de honores y de riqueza.
Pero no le queremos como tirano. Ursus no es el conquistador,
sino el defensor de Atra, nuestro mejor amigo.
Ursus el leal, el generoso.
Eso decían voces llegadas de muy lejos.
Pero hemos visto cómo le cortaba las manos
a un prisionero de guerra. Es un bárbaro.
Cuidado, hijo mío.
Ursus es un héroe protegido por los dioses.
Intentas justificar tu miedo. Has perdido toda dignidad
convirtiéndote en el lacayo de ese tirano.
¡Darío!
¿Cómo osas hablarle así al rey?
La entrometida de siempre entre mi padre y yo.
Una doncella de palacio convertida en reina.
¿Te atreves a intervenir, tú que ni esperaste
la muerte de mi madre para usurpar su puesto?
¡Darío! Si no fueras mi único hijo...
Me avergüenza serlo. Pero juro que pondré fin
a esta deshonra y liberaré a Atra de la tiranía.
(GIME)
Alina... -Oh, Igos.
Ven. Ven y siéntate. No tienes que alterarte, Igos.
Debes tranquilizarte.
Tranquilo. Ese chico es un cabezón.
Y tú necesitas mucho reposo.
¡Idiota! Yo los habría descubierto y los habría machacado
como aceitunas en un molino.
(GRITA)
Ursus, aterrorizas al pobre Drakis.
(RÍE) Dudo que la paciencia
sea la virtud de los fuertes.
Aunque tú eres una auténtica excepción en todo.
Disculpa mi interrupción. Pero sería peligroso
que en la ciudad se esparciera el rumor
que te tomas en serio al hombre que usurpa tu nombre.
Tenemos una baza muy interesante que jugar.
¡El príncipe Darío!
Una importante razón nos ha hecho llamarte, príncipe Darío.
Ursus ha decidido abandonar las penosas tareas de gobierno
y volver a su patria.
Así todos los asuntos de estado
recaerían en tus espaldas.
Acaba, Teómaco. ¿Qué quieres?
¿Yo? Yo nada.
Es tu pueblo el que espera de ti grandes empresas,
que les defiendas de los tanusis,
nuestros eternos enemigos.
¿Siguen pensando en una revancha? Ahora más que nunca.
Espías tanusis se introdujeron en la ciudad.
Tienes la posibilidad de obtener la confianza de tu pueblo.
Te diré los planes que debes seguir.
No te preocupes. Estaré a tu lado, si así lo deseas.
No necesito tu ayuda. (RÍE)
Domina tus impulsos, Ursus.
El tiempo es el maestro de la sabiduría.
Nuestros informadores no pueden estar equivocados, príncipe.
Esos tres espías vendrán por aquí tarde o temprano.
Dos de ellos son pequeños pero muy habilidosos.
El tercero es un coloso con la fuerza de un toro.
Ahí están.
-¡Oh!
Hemos cogido un pollo. Ponlo en mi cuenta.
(BALBUCEA) ¡Cállate!
¿Por qué no dejáis de pelearos de una vez?
¡Tabernero, tráenos algo de vino!
(RÍEN)
¡Eh, vosotros! ¿Sois extranjeros?
Ajá. Mostradnos los permisos.
¿Por qué deberíamos hacerlo? ¿Quién eres?
¿Cómo te atreves? Hablas con Darío, el hijo del rey.
Enséñanos el permiso. ¡Vamos, deprisa!
Lo siento, no lo tenemos. (RÍEN)
Entonces, tendréis que acompañarnos a palacio.
Te interrogará Ursus.
¿Ah, sí? Realmente interesante.
Paz y tranquilidad, amigos míos.
Nosotros no queremos líos. ¿Por qué los buscáis vosotros?
¿Cómo te llamas? Mi nombre es Ursus.
Vaya caras. ¿No os gusta?
Al contrario. Es un nombre muy popular por aquí.
Él es quien manda en la ciudad.
Ajá. Ya.
Él manda en la ciudad. Drakis, encárgate de ellos.
Lo siento, pero me temo que tendré que arrestaros.
En esta ciudad tienen la manía de detener a todos.
Evidentemente, hay muchos ladrones por aquí.
Pero nosotros no lo somos. Pero sois espías de los tanusis,
nuestros enemigos más odiados.
¿Quiénes son los tanusis? Los primos de los batusis.
Parientes de los viribisis. (RÍEN)
Dices llamarte Ursus.
¿Lo pones en duda, acaso?
Te daremos la posibilidad de demostrarlo.
Manina, ¿qué hacía esa tía tuya para que fuera tierna
la carne de asno? (BALBUCEA)
Calla. Yo lo explicaré. Decía que el secreto estaba
en darle una buena paliza durante un buen rato.
(GRITAN)
¡Volved, cobardes! ¡Volved!
¡Para ti, Manina! ¡Este es tuyo! ¡A tu espalda!
-¡Huy, huy, huy, huy!
(RÍE)
¡Eh!
¡Toma! ¡Cógela!
¡Adelante!
(RÍE)
¡Soltad las armas!
Ursus los quiere vivos.
(RÍE)
¡Ah!
¡Vamos, vamos, Manina! ¡Despierta!
¡Ursus, Ursus!
Bribonzuelos. (RÍE)
(RÍEN)
¡Ábrela!
Ciérrala, o se resfriarán.
¡Deprisa! ¡Vámonos de aquí!
¡Ah!
¡Rápido, cierra!
Han atrancado la ventana.
¡Tenemos que alcanzarles! ¡Todos por ahí!
(BALBUCEA)
Han huido por allí.
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